"Canales-La Magdalena" Un solo pueblo

JOSÉ MARÍA GÓMEZ DE LA TORRE "HOY NAVALMORAL DE LA MATA"

JOSÉ MARÍA GÓMEZ DE LA TORRE "HOY NAVALMORAL DE LA MATA"
17 agosto 2016

Sé que a muchos no les va a gustar este artículo. Pero lo voy a escribir a pesar de todo.

Lo hago asqueado por las matanzas sin sentido que en las últimas semanas han perpetrado fanáticos obnubilados en Francia y Alemania, que todos hemos lamentado y a todos nos han horrorizado. Y por otros sucesos, tan sangrientos o más, como los que han sucedido en Líbano, Yemen, Bangladesh, Turquía, Irak, Arabia Saudí... que no nos espeluznan porque no nos caen tan cerca, porque pertenecen a mundos de diferente cultura, distinta raza, que desconocemos o porque esos países nos preocupan poco.

Lo hago con vergüenza ajena al pensar que aún hoy hay quien cree que puede existir algún Dios que se recree, se complazca o exija el sufrimiento de los hombres. Que hay quien pueda creer que un Dios omnisciente y todopoderoso necesite el auxilio de manos asesinas para cumplir objetivos que alguien les atribuye. Que haya quien sea capaz de suponer que el creador de un Universo grandioso puede estar preocupado por la dirección en que se orienta el pico de un pollo o el hocico de un borrego que vayan a ser sacrificados, por lo que alguien come un viernes de Cuaresma o por el orden de las bendiciones que hay que echar a un desayuno con leche, cereales y zumo de fruta.

Me horroriza que un chaval de diecisiete años, un crío inmaduro, al grito de que su Dios era grande se lanzase a repartir hachazos en un tren regional cerca de la ciudad alemana de Wurzburgo. ¿Qué pudo cruzar por su mente al propinar cada golpe sobre alguien al que no conocía, del que no sabía nada? ¿Pensaría que su Dios crece, se hace más grande, con cada tajo? ¿Alguien puede creer que eso es la voluntad o el deseo de algún Dios? ¿Quién puede tener una mente tan cruelmente retorcida como para ponerle como ejemplo?

Nunca fui admirador de los Beatles, aunque triunfaron en mi época de adolescente. Creo, sin embargo, que la letra de la canción 'Imagine, de John Lennon, debería ser el germen de la filosofía que impregnase la mentalidad del género humano.

«... Imagine there's nothing to kill or die for and no religion too. Imagine all the people living life in peace...» (Imagine que no hay nada por lo que matar o morir, ni tampoco religión. Imagina a todo el mundo viviendo la vida en paz...).

¿Costaría mucho hacer un esfuerzo de imaginación en la línea de la letra de la canción de John Lennon?

Imaginen:

Imaginen que no hay terroristas suicidas envueltos en bombas. Que no existió el 11-S, ni el 7-J, ni el 13 M, ni los atropellos de Niza, ni tantas otras masacres ocurridas en los últimos años.

Imaginen que nunca hubiera habido Cruzadas, ni caza de brujas, ni quema de herejes; que nunca se hubiera perseguido a los judíos como «asesinos de Cristo».

Imaginen que en ningún sitio se hubiesen llevado a cabo sacrificios rituales de seres humanos.

Imaginen que no se hubiera producido la partición de la India, y que no hubieran ocurrido las masacres serbo-croatas-musulmanas; que tampoco han existido confrontaciones religiosas en Irlanda del Norte o que ni hubo ni hay guerras árabe-israelíes.

Supongan que no existen telepredicadores con vestidos brillantes desplumando a sus crédulos espectadores o llevándoles al suicidio en masa.

Imaginen que no hay talibanes para volar estatuas antiguas, ni fanáticos que destruyen -por «mandato divino»- huellas arqueológicas de la historia de la Humanidad.

Imaginen que no hubiese decapitaciones, lapidaciones o degollamientos filmados, ni blasfemias públicas, ni azotes a mujeres por enseñar un centímetro de piel.

¿No viviríamos en un mundo menos malo?

A lo mejor, pensando en eso, tendríamos que dar la razón a Saramago cuando dijo que «En ningún momento de la historia, en ningún lugar del planeta, las religiones han servido para que los seres humanos se acerquen unos a los otros. Por el contrario, sólo han servido para separar, para quemar, para torturar».

A lo mejor tenemos que hacer un esfuerzo para que en todo el mundo se comience a pensar que las creencias religiosas son algo íntimo, que no debe traspasar los límites de lo personal, que el único proselitismo admisible es el antiproselitismo, y que sobre todas las creencias deben imperar lo razonable, la sensatez y el respeto a los demás.

A lo mejor hay que empezar a pensar que palabras como patria, raza y aquellas otras que nos definen como seguidores de creencias o ideologías determinadas se deban pronunciar en voz baja y en el reducido círculo familiar.