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DÍA A DÍA

JOSÉ MARÍA GÓMEZ DE LA TORRE
Viernes, 8 enero 2021, 18:31
Día a día la política española se encanalla más y más. La mala baba de los políticos que pintan algo es más destructiva que el virus y, desgraciadamente, más contagiosa.

En su irrupción, la pandemia nos puso delante de los ojos todas las carencias de nuestro sistema público de salud, que llevaban años amasándose por bastardos intereses ocultos bajo decisiones políticas y por la complacencia de los gobiernos que nos hacían creer que era el mejor del mundo.

Fue entonces cuando nos enteramos de que en Madrid se habían perdido mil camas hospitalarias en los últimos diez años, que gastamos en salud 1.656€ per cápita, y para que nos hagamos una idea de por dónde van los tiros y podamos comparar, en Dinamarca el gasto es de 4.409€, en Suecia 4.290€, en Alemania 3.903€ y así un rosario de países que superan nuestro gasto en salud que se codea con el de Malta.

También nos enteramos que en investigación sanitaria se invierten menos de seis euros por persona al año. No es de extrañar que nuestros investigadores emigren a otras tierras.

Creí entonces, cuando a mediados de marzo se decretó el primer estado de alarma, que el peso de la realidad forzaría a los dirigentes de los partidos a alcanzar un grado de sensatez, un sentido de la responsabilidad equivalente al de los ciudadanos que de un día para otro cambiamos nuestros hábitos y acatamos el encierro. Que seguirían el ejemplo de nuestros sanitarios a los que todos los días aplaudíamos, aunque olvidábamos a muchos otros colectivos que hacían posible nuestra vida cotidiana (empleados de comercio, abastecedores, transportistas, empleados de gasolineras, de depuradoras de agua, de producción de electricidad, agricultores, ganaderos...).

Pero no. En vez de colaborar, de llegar a acuerdos, en buscar las mejores soluciones, en aportar algo a las medidas que con más o menos acierto tomaba el Gobierno, la política fue destructiva. Se criticaba todo sin aportar nada que tuviera visos de sensatez y de viabilidad. La mirada no estaba puesta en las personas que enfermaban o morían. Lo que importaba, con la política rastrera de «cuanto peor mejor», era derribar al Gobierno y el virus era un estupendo aliado para conseguirlo, para forzar unas nuevas elecciones medio año después de las últimas.

La prueba fue que tras «esta es la última vez que apoyamos el estado de alarma» haciendo que la responsabilidad del control de la covid-19 recayese en las comunidades cuando ya parecía estar controlada, se pasase a acusar al Gobierno de dejación de funciones cuando se vio que la expansión de la enfermedad y del número de muertes no dependía del ministro sino del cumplimiento de las precauciones individuales de cada uno. Ese cumplimiento fue, y es, más o menos estricto en función de los mensajes que los líderes políticos hacen llegar a los ciudadanos, que a lo largo de todo este tiempo no han podido ser más contradictorios.

Lo malo de la actitud de los dirigentes de los partidos es que es contagiosa, altera la percepción de la realidad de la gente corriente y crea un estado de opinión contestataria y poco sensata. Sólo hay que entrar en las redes sociales o en la prensa para constatarlo leyendo las sandeces que se escriben en los comentarios.

Contra la covid19 se van mejorando los tratamientos paliativos. Contra el virus ya hay vacunas, que serán más o menos efectivas. Contra el veneno de la baja estofa política parece que no hay remedio. Y la insensatez, la falta de sentido común no se limitan a la pandemia que nos asola. Se extiende a cualquier aspecto de la vida cotidiana poniendo contra la pared a cualquier autoridad o colectivo que no encaje con nuestras ideas políticas.

Ejemplos locales

¿Ejemplos? Sin salir de Navalmoral:

«Piden que se limpie la basura que se acumula en las traseras del campo municipal de deportes». El comentario que hay, en vez de criticar a quienes echan allí la basura, pide que se vaya la alcaldesa. Seguramente con la dimisión de la alcaldesa la basura se diluye y quienes la echan se arrepienten y no vuelven a hacerlo.

«Se aprueban los presupuestos municipales con el apoyo de Ciudadanos». Comentario: Esos son unos delincuentes que se aprovechan de mi dinero.

Ante un gráfico que muestra lo que se prevé hacer en la provincia de Badajoz (Matadero Ibérico, Fábrica de baterías de litio, Amazon, Macrocomplejo de ocio, Planta azucarera) frente a ninguna previsión en Cáceres un comentario dice: «Los cacereños votaron PSOE. A disfrutar de lo votado». ¿Quiere decir que el Gobierno de la Junta (PSOE) castiga a sus votantes cacereños para fidelizarlos? ¿Será que le caen mejor sus votantes de Badajoz, donde también ganó?

Decía Antonio Machado en Proverbios y cantares XXIV: «De diez cabezas, nueve embisten y una piensa». Hay veces que al llegar la noche me pregunto dónde estarán esas cabezas que piensan porque a lo largo del día sólo me he encontrado las que embisten.

Cambiando de tema: he finalizado la lectura de 'Rey Blanco' de Juan Gómez-Jurado. Entresaco dos frases del mismo que no tienen relación con el artículo. O tal vez sí.

«Hay una enorme cantidad de idiotas en el mundo real que se creen inteligentes, capaces de entrenar a la selección, operar a corazón abierto y arreglar el problema de la inmigración. Emiten sentencias incontestables sobre cada uno de esos temas en el lapso de pocos minutos. Las personas realmente inteligentes dudan sobre todo y sobre todos, pero por encima de todo dudan de ellos mismos.

El mundo es mucho más fácil cuando eres idiota, porque una de las bendiciones de serlo es que no sabes que lo eres».