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Mariana está en otro lugar, alejado del mundanal ruido; y los arcos, fuentecillas y arrayanes

Mariana está en otro lugar, alejado del mundanal ruido; y los arcos, fuentecillas y arrayanes del Convento de Santa María Egipcíaca son ahora su morada.
Al levantarse el telón se diría de ella que la pena se la hubieran conmutado por su aspecto tranquilo y sosegado, y el escenario mismo; mezclado con el rumor del agua, la música de órgano y el canto de las jóvenes novicias entonando las melodías conventuales. Toda una estampa en que el dolor deja paso a aquello que es inevitable.
En primer plano hay unas novicias charlando acerca de la nueva mujer que ha llegado esta misma mañana, a la hora del ángelus; y ya a media tarde parece una mas entre todas las demás monjas. Lo único es que ella está ahí de paso. Las monjas se quedarán rezando sus rezos y atendiendo sus quehaceres y ella se despedirá del mundo y de la vida para siempre. Por ser mujer enamorada y saborear el gusto amargo de la traición del que tanto amaba y que en el último momento no acudirá. Pero ella todavía tiene plena fe en él y es lo único que la mantiene en pie.