Burgos

LOS FURTIVOS

LOS FURTIVOS

Tengo muchísimo que contar y voy a empezar por algo que no he contado en ningún sitio. En cómo se puede ser valiente con una cámara de fotos si conoces el percal, haces unas comprobaciones Y lógicamente llegas a unas conclusiones.

Desde que recuperé mi movilidad, vuelvo a darme buenos paseos, de hecho hace un rato me he ido con una amiga, y a la hora que más me conviene.
Saber que en Tardajos hay un coto de caza, no demasiado productivo porque tenemos muchos inconvenientes con el furtivismo. Muchos de Burgos, dicen, vamos a cazar a Tardajos, por el morro y no siempre les sale bien ya que tenemos un guarda del coto, y socios, y esposas que se preocupan de las piezas.

Un año, en la fiesta de la patata, los cazadores se encontraron a unos espabilados haciendo el subnormal por la vega pero les cazaron. En ese caso iban con halcones, que volaban lejos, y ellos tan ricamente recibían las piezas. Fueron pillados " in fraganti", no obstante.

Yo misma paseaba e iba a casa de vuelta por el Castro, y junto a las bodegas había un sujeto aparcado con un montón de galgos dispuestos a ir por donde yo venía. Me entró una mala leche increíble, ¿te apuestas que es un furtivo? Y le dije que no me parecía bien que fuera con tanto galgo, a lo que él me respondió que eran cachorrillos, y un jamón en tiempo de guerra, pensé yo. No podía hacer otra cosa que tantear el asunto.
Me fui muy mosca porque anochecía y él se fue con los perros por el Castro tardajeño.

Sin embargo a los tres días me lo volví a encontrar en el mismo lugar y a las mismas horas. Hoy es que señor furtivo no te vas a escapar, pensé. Le hice una foto, y se molestó. Tu vas a jugar con tus cachorrillos, ¿no?, pues yo me entretengo haciendo fotos a los paisajes y a los animales. ¿Que está la matrícula de tu coche,? no lo lleves al castro a estas horas. Y como se ponía borde, le dije, mira, mejor llamamos a la Guardia Civil, y ya le desarmé del todo.
Ah, sí, con que vas con esas intenciones, pues más fotos. Total que el tipo subió un trocito de camino y volvió rápido. Yo tenía un poco de miedo por si venía a por mi y mi cámara, pero qué va. Ya no subió. Llegué a casa, le pasé las fotos al presidente del coto de Tardajos, y éste al guardia del coto. Y listo. Un furtivo menos. Y cuando lo sepan otros, no vendrán a pasear a sus galguitos, tan bonitamente.

Se necesita valor, y un poco de mano zurda. Lo demás, coser y cantar.

¿Acaso el galgo era tan pequeño, si casi es tan grande como mi perdiguero de Burgos? Que se paseen por la Isla de Burgos que allí nada les dirán si van con buenas intenciones y no cazar lo que no es suyo, ni pagan por ello. Ahora hay cotos bien baratos, que se apunten y paguen.