Chistes, humor

Buen chiste

Aniceto, el cura y la petaca.

Va a llegar un nuevo cura destinado a Torrecilla en Cameros, y Aniceto el albañil, se ofrece para ir a recogerle con su coche a la flamante nueva estación de tren de Logroño.

Llega el cura y en el coche, de camino a Torrecilla, saca una petaca, hermosa y reluciente, con dos patos grabados y da un sorbo.

Aniceto, observa y le dice al cura:
– Jo, señor cura, qué petaca más bonita tiene Ud. Que bonitos patos, que brillo. Yo, con eso en el pueblo, iba a fardar la releche…

El cura comprometido ante la petición le responde:
– Mira Aniceto, te regalaría la petaca, pero es un recuerdo de familia, de mi difunto padre, y no me quiero desprender de ella.

Al cabo del rato, el cura, muerto de sed, vuelva a sacar la petaca.

Aniceto vuelve a la carga y le dice:
– Señor cura, qué petaca más bonita tiene Ud. Yo con eso, lo que fardaría en el pueblo. ¡Regálemela señor cura, por favor!

El cura ante la insistencia le contesta:
– Ya te he dicho que no puedo, es un recuerdo de familia y no quiero desprenderme de él.

Pasa un rato más, y el cura, para volver a saciar su sed, vuelve a beber de su petaca.

Aniceto con los ojos abiertos de par en par le ruega:
– Señor cura, qué petaca más bonita, si me la regalase, lo que iba a fardar yo en el pueblo.

Y el cura, ya hasta los mismísimos co….., le da a Aniceto la dichosa petaca.

Pasan los días, y una vez que está el cura en el confesionario de la Iglesia Parroquial de San Martín, entra Rosa, una bella chica del pueblo:

Rosa:
– Ave María purísima…

Cura:
– Sin pecado concebida. Dime hija…¿cuáles son tus pecados…?

Rosa:
– Mire señor cura, es que mi novio, quiere y quiere… y yo que no, que hasta que nos casemos, nada de eso, pero es tan tenaz y lo pide con tanta insistencia que no sé cuanto tiempo voy a poder resistir…

Cura:
– Muy bien hecho hija, tienes que hacerte respetar, y si el verdaderamente te quiere, sabrá esperar a que os caseis.

Rosa:
-Ya padre, si mis convicciones religiosas están claras, pero si ustéd conociera a mi novio, vería que no es tan fácil.

Cura:
– Pero hija, no creo que sea para tanto, de todas formas, dime ¿quién es tu novio?

Rosa:
– Aniceto, el albañil.

– ¡¿Aniceto el albañil has dicho?! ¡Pues hija, date por j*d*da!

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