Columnistas y Tertulianos


VIDAS EJEMPLARES.

Dos y dos son siete.

Con su visión renovadora están dejando obsoleto a Pitágoras.

Luis Ventoso.

Actualizado:

14/06/2019 00:29h.

No paran de inventar. Lo cual es admirable en un país que flaquea en I+D. Nunca se debe infravalorar la capacidad de la Nueva Política para modernizar prácticas vetustas (que por lo demás funcionaban estupendamente). En la era del casposo bipartidismo y las soporíferas mayorías estables, ya felizmente superada, los mandatarios eran elegidos para cuatro años. Qué ordinariez. Por fortuna, Rivera se ha percatado de que eso de gobernar toda una legislatura es más antiguo que la cinta en la calva de Mark Knopfler. Así que acaba de inventar los Mandatos de Quita y Pon. PSOE y Ciudadanos se repartirán con el nuevo método las Alcaldías de Albacete y Ciudad Real («dos añitos pa ti, dos pal menda»). Ambas partes sacian sus egos, aunque sea a costa de tratar como borregos a los votantes, cuyas preferencias electorales son burladas en el zoco del mercadeo partidista.

Cs demanda que la fórmula del Quita y Pon se aplique también en la Alcaldía de Madrid: dos años para Almeida, el del PP, dos para Villacís. La exigencia la presentó ayer Miguel Gutiérrez, ese miembro de la ejecutiva de Cs de porte pícnico, barbado y cabal. El señor Gutiérrez explicó muy serio que es de justicia que ambos turnen en la Alcaldía, dado que en las elecciones se registró un «empate técnico». Tal vez Malú y los muy iniciados entiendan esta forma de hacer las cuentas, pero el viejo Pitágoras debe estar flipando. Almeida logró cuatro concejales más que Villacís y un 5% más de votos. La Nueva Matemática de la Nueva Política lo llama «empate técnico». El público no parece muy convencido. Ayer, en una encuesta en la web de ABC, el 82% de los lectores condenaban la idea. La Nueva Matemática alberga más sorpresas. En Castilla y León, Cs ha puesto como condición para apoyar al PP que acepte el límite de ocho años de mandato, una medida de higiene democrática que el naranjismo considera crucial. Casualmente, Rivera lleva trece como presidente de su partido.

Cuando nació en Cataluña en 2006, Ciudadanos supuso un magnífico revulsivo contra el rodillo nacionalista. Prestaron un importante servicio. Tras su salto a la política estatal, sus llamadas al juego limpio resultaban atractivas y muy necesarias en un momento que el PP salía a gamberrada por semana. El problema es que el escenario va mudando. El PP ha endurecido su postura contra el separatismo y ha aseado su cocina, lo que priva al riverismo de parte de su originalidad. Ciudadanos atraviesa el complicado tránsito desde la frescura juvenil a la madurez. La coletilla escapista del «no somos ni de derechas ni de izquierdas» ya empieza a dar el cante. Las constantes fluctuaciones pueden degenerar en un partido bisagra, de mucha labia y poco crédito. A nadie le gusta dejar de ser el único divo de su compañía, pero a medio plazo el gran servicio de Rivera a España sería construir con Casado un partido único de centro-derecha. Porque las taifas se apellidan «Sánchez para rato», con los conocidos efectos secundarios (ayer ya empezó a gestarse Frankenstein 2, un nuevo Gobierno sostenido por ERC, que se cobrará un carísimo peaje).

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
CON PERMISO.

Atacar la independencia.

¿Para qué crear instituciones independientes si sus recomendaciones no gustan?

María Jesús Pérez.

Actualizado:

13/06/2019 00:20h.

Atacar la independencia de las instituciones está de moda. No hace ni una semana, el Gobierno se ponía de uñas con el Banco de España porque osó cuestionar la subida de sopetón de un 22% del SMI -en vigor desde principios de año-, en lugar de hacerlo de forma paulatina como estaba pactado entre el Ejecutivo de Rajoy, empresarios y sindicatos para ir viendo sus efectos sobre el mercado laboral. Piensa el supervisor español que, aunque aún es pronto para medir el impacto, algo se está notando ya. Y no es precisamente para bien.

También está siendo estos días objeto de críticas otra de nuestras instituciones independientes. De las más jóvenes. La Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (Airef), que nació para velar por la sostenibilidad de las finanzas públicas como vía para asegurar el crecimiento económico y el bienestar de la sociedad española a medio y largo plazo. Y, desde entonces (2014), ha construido una reputación de objetividad, independencia y transparencia en sus trabajos de los que adolecíamos desde hace tiempo. Unos informes independientes que en la mayoría de las ocasiones levantan más que ampollas. Y no solo en el seno del Gobierno, de este y del anterior. También entre directivos o representantes de los trabajadores de empresas según qué sector cuestione.

Entre las últimas «ocurrencias» de la Airef, dos que han dolido a más de uno. La primera, un informe que critica el apabullante gasto farmacéutico, y, el segundo, otro en el que diseña un plan de ahorro de costes en la Sociedad Estatal Correos y Telégrafos. En el primero de ellos, la institución calcula un ahorro acumulado de algo más de mil millones con una batería de recomendaciones para reformar el sistema en profundidad para ganar en eficiencia, pero también en equidad y justicia. «El estudio de la Airef sobre gasto en recetas se centra en la reducción de costes a corto plazo y deja de lado el valor y el ahorro que aporta la inversión pública en medicamentos», lamentaron desde la patronal Farmaindustria. Y es que cuando a uno le tocan los márgenes...

Y el segundo, de ayer mismo, un estudio que examina el desembolso destinado a Correos -compañía estatal por cierto con unas pérdidas de más de 200 millones anuales pero con unas previsiones sin parangón de mejorar condiciones a sus trabajadores bajo la presidencia del exjefe de gabinete de Sánchez- en el que recomienda ahorro masivo de costes, con reducción de oficinas y puntos de entrega. Sugerencias que han encontrado una fuerte oposición desde la compañía y sus sindicatos.

Más que curioso me resulta pues que la deseada independencia cuando uno está en la oposición siente tan mal cuando uno pasa a estar al frente del país, y máxime cuando me viene a la memoria uno de los retos de la ministra Calviño: la creación de una autoridad macroprudencial que advierta de los desequilibrios de la economía. ¿Para qué? ¿Alertará de deficiencias incluso cuando no sea del agrado del Ejecutivo? Yo, lo dudo.

María Jesús Pérez.

Redactora jefe.
VIDAS EJEMPLARES.

Silencios abrasivos.

No se escucha una queja sobre los regímenes más represivos del orbe.

Luis Ventoso.

Actualizado:

12/06/2019 00:04h.

La semana está resultando amena en las mecas de las libertades y derechos humanos. En la amable Rusia putiniana, oasis de buenas prácticas democráticas, el jueves fue detenido el periodista Iván Golunov, de 36 años. Se había distinguido por sus denuncias de la corrupción y tocaba aplicarle un correctivo edificante. Los medios libres y la poca oposición que perviven acusan a la Policía de haber colocado coca y drogas sintéticas en la mochila del reportero, a fin de justificar su detención. Ya enjaulado, le aplicaron un repaso y el sábado hubo de ser hospitalizado. Curiosamente, el conspicuo drogota no acaba de dar positivo en ningún análisis. Tres periódicos osados han salido en defensa del arrestado, titulando a toda plana: «Somos Iván Golunov». Uno de los supuestos corruptos denunciados por el reportero es el coronel que dirigió el operativo de su detención. Ayer por fin lo soltaron. Detenido por nada.

En Irán, edén de las libertades para el que labora Iglesias a través de su tele en España, el régimen ha clausurado 547 restaurantes y cafeterías y ha detenido a once propietarios. Era necesario. En esos establecimientos se contravenía la ley islámica, con «música no permitida» y «alentando el libertinaje». También se han decomisado 559 coches por circular con la música alta. Los paternales ayatolás protegen a la gente de bien.

La admirada Arabia Saudí es hoy un referente mundial en buenas prácticas jurídicas y respeto a la libertad de expresión, como acreditó con el caso Khashoggi. Allí se enfrenta a una posible pena de muerte -espadazo en el cuello- un chaval chií de 18 años, que cometió el imperdonable delito de que a los diez participó en manifestaciones al calor de la fallida Primavera Árabe.

China será pronto la primera potencia. Si su sistema político se extiende por el planeta, la humanidad lo va a pasar bomba. Los chinos pretenden introducir su tecnología 5G en las redes de las administraciones occidentales, pero bloquean a Google y Facebook en su país, acusándolos de dar pábulo a la disidencia. Están explorando la tecnología de identificación facial para controlar a sus ciudadanos. Mantienen a un millón de musulmanes iugures en campos de reeducación, donde a buen seguro la gozan. La semana pasada se cumplieron los 30 años de la matanza de Tiananmen, tapada por un telón de silencio, y en Hong Kong acaban de manifestarse casi un millón de ciudadanos, espantados por una reforma que permitirá juzgarlos en la China continental y finiquitar sus libertades.

Pero, afortunadamente, el progresismo obligatorio, siempre perspicaz, ya ha detectado los dos problemones de la humanidad: Trump e Israel. Contra ellos batallan con denuedo eminencias como Bernie Sanders, Ocasio-Cortez, Albertito Garzón, Chomsky, la crema de Hollywood, nuestra tele al rojo vivo y las 37 facciones cabreadas entre sí de Desunidas Pinchamos. Por su parte, el populismo nacionalista añade a la pérfida UE como tercer pilar del eje del mal. No vemos el día de mudarnos a Irán, China o Rusia, de huir de esta abyecta Europa, líder mundial en recepción de collejas del actual Vaticano.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
Vega a soltar hipótesis.
Son tantas la que lleva que, alguna puede parecerse a la realidad.
Hipótesis sin base
La moto de Sánchez
El «gran triunfo electoral» se empieza a ver como lo que es: una victoria pelada.

Luis Ventoso.

Actualizado:

11/06/2019 08:48h.

La memoria de la humanidad guarda el recuerdo de gestas legendarias, que siempre se estudiarán con admiración. El 1 de octubre de 331 a. C., en una llanura no lejos de Mosul, Alejandro Magno ofreció la mayor exhibición de su genio y derrotó al rey persa Darío III en la batalla de Gaugamela. En octubre del 52 a. C., Julio César venció en Alesia a un jefe bárbaro con nombre de tebeo de Astérix, Vercingétorix, y se consagró como el gran talento militar capaz de doblar la mano de los irreductibles galos. El 7 de octubre de 1571, la flota comandada por Juan de Austria se impuso al turco en Lepanto, tal vez la batalla naval más tremenda de la historia. El 18 de junio de 1815, un general inglés de maneras cautas, Wellington, le dio boleto a Napoleón en Waterloo.

En tiempos recientes solo se ha producido un triunfo de genio estratégico equiparable a los referidos. Se trata de la victoria de Sánchez Pérez-Castejón el 28 de abril de este año. Tal es la conclusión a la que llegaron tras los comicios fuentes tan ponderadas como la TVE de Rosa María Mateo, la tele número 6 y ciertos chiringuitos digitales al rojo vivo, que estallaron en una trompetería eufórica por los resultados del PSOE. Los observadores neutrales, que no son tan sagaces como los politólogos del «progresismo» obligatorio, lo único que constataban es el hecho empírico de que Sánchez se había quedado en 123 escaños pelados. Exactamente la misma victoria anémica que obtuvo Rajoy en 2015, y con la que sudó tinta (hasta el punto de que hubo que repetir las elecciones, debido al enfático «no es no, ¿qué parte del “no” no entiende?» del por entonces líder de la oposición, un tal Sánchez, que advertía de sol a sol que con un triunfo tan rácano en modo alguno estaba Mariano legitimado para gobernar).

Pasado solo un mes y medio desde los comicios, la mayor gesta política que vieron los tiempos empieza a achicarse y a contemplarse como lo que realmente es: una achuchada victoria, con la que Sánchez gobernará de prestado y a lo Simeone (partido a partido y haciendo bastantes faltas). Ayer su hombre de guardia, Ábalos, lo vino a confesar al amenazar con nuevas elecciones. Su órdago es un farol, pues de repetirse los comicios probablemente el perjudicado sería el propio Sánchez, debido a que se produciría un reagrupamiento del voto de derechas, dilapidado en tres el pasado 28-A. Pero aún así, las palabras del escudero de Sánchez apuntan a una verdad: si Iglesias se pone estupendo y no se apea de su exigencia de ministerios, si el PP y Cs se mantienen en el no y si los conservadores navarros son toreados por el PSN y se enojan, Sánchez va a ser un presidente en el alambre. Paseará en el Falcon, se hará selfis por doquier y seguirá batiéndose gallardamente con el espectro de Franco. Pero gobernará más bien poco. O nada. Su eficaz factoría marketiniana no despeja la ecuación que importa: ¿Cómo se las apañará para sacar adelante los Presupuestos? ¿O acaso se llegaría a la aberración de indultos por apoyos?

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
«Objetivo Sánchez»: Abolir a todos los «Pepito Grillo»

Vuelta al nepotismo más recalcitrante a costa de minar la reputación de quien ose cuestionar decisiones o ideas del Gobierno.

María Jesús Pérez.

Actualizado:

06/06/2019 00:24h.

Al presidente Sánchez no le gusta nada que le cuestionen. Y quien ose toserle, tendrá los días contados. O eso, dicen, parece que será su objetivo. El último en su punto de mira, Pablo Hernández de Cos, por sus críticos informes sobre las políticas de empleo y de economía del Ejecutivo socialista. Y es que desde que el gobernador del Banco de España aterrizara en el cargo -curiosamente, casi a la par que Pedro Sánchez lograra el suyo, allá por junio de 2018-, la institución ha vuelto por sus fueros, aquellos tiempos en los que la independencia, rigurosidad y profesionalidad eran marca de la casa. Lo lógico, en cualquier caso. Una reputación tristemente cuestionada desde que estallara la crisis global financiera, pero debilitada aún más si cabe por la propia crisis doméstica y su torpeza en cómo afrontarla.

El caso es que a nadie se le escapa ya que las comparecencias de Hernández de Cos ante el Congreso han devuelto al órgano supervisor un tono severo y nada complaciente ni con el Gobierno ni con el discurso dominante superficial y tópico del que parecíamos «disfrutar» desde hace ya mucho tiempo. Su informe sobre el extraño Presupuesto 2019 o sobre el efecto del Salario Mínimo Interprofesional -que ha desatado finalmente la ira del Ejecutivo español esta misma semana, con la exigencia de perdon inmediato-, o, también, el del futuro de las pensiones, han devuelto al Banco de España el carácter de «Pepito Grillo» que tanto echábamos de menos.

Pues bien, al gobernador le pasa algo similar que al famoso personaje de Walt Disney, ataviado como un elegante señor, de sombrero y chaqué, que osaba susurrar al oído de Pinocho las veleidades del buen camino, sin conseguir buenos resultados la mayoría de las veces, por no decir en ninguna, como podría ser el caso que nos ocupa. Porque a Sánchez le sobra tener esa especie de conciencia externa. Y menos si esta tiene un perfil profesional y sin sesgo partidista. Él tiene la suya, y con esa le basta. O estás con él, o contra él. Y si decides la segunda opción, lo mismo te quedas sin silla. Y la del gobernador es golosa para un Gobierno que no necesita verbos sueltos que le enmienden la plana ante Bruselas, mientras la ministra de la cuestión, Nadia Calviño, hace malabarismos para mantener medio contentos a los señores de negro.

¿Se avecina pues el tan esperado baile de sillas en instituciones y empresas vía minar reputaciones? Al más puro estilo Correos. Ya se habla por ahí no solo de la del gobernador del Banco de España, algo dicen también de la de la Comisión Nacional del Mercado de Valores y de alguna que otra gran empresa de sector clave. Vuelta pues a ese nepotismo recalcitrante del que tanto acusaba el propio Sánchez a su antecesor. En su ADN primará el silencio de los corderos.

María Jesús Pérez.

Redactora jefe.
VIVIMOS COMO SUIZOS.

¿Y ahora qué?

Ramón Espinar parece Recio queriendo quitar a Enrique Pastor de la presidencia en «La que se avecina»

Rosa Belmonte.

Actualizado:

04/06/2019 00:09h.

Cualquiera se toma más en serio a Leticia Sabater que a Ramón Espinar. Supongo que Pablo Iglesias e Irene Montero, a los que quiere derribar, también. Espinar ganó unas elecciones por el control de Podemos en Madrid contra Rita Maestre, la que habla como si el abecedario fuera de gominola. Dimitió de sus cargos cuando Pablo Iglesias decidió oponerse a Errejón al fugarse este a Gretna Green con Carmena. Espinar ha propuesto una Asamblea Ciudadana, un Vistalegre, para refundar Podemos y que haya un relevo en la dirección. Espinar siempre ha sido objeto de chufla. Ya fuera por una Coca-Cola o por una mariscada. Se ha ganado sus galones. Mi frase favorita: «Pertenezco a una generación en la que los ingresos han oscilado dependiendo del trabajo que tenías». Una generación a la que pasan cosas extraordinarias, vaya. Pero a la vista del personal que dirige Podemos, lo mismo resulta que Ramón Espinar es el Kevin Spacey de «Sospechosos habituales», aunque parezca Recio queriendo quitar a Enrique Pastor de la presidencia en «La que se avecina».

Y claro que otros partidos están llenos de zotes, aunque gasten mejor fama. Espinar no parece menos listo que José María Lassalle. Recordemos cuando era secretario de Estado de Cultura y le hicieron un reportaje en EPS en su calidad de señor que trotaba: «Entrar en la Casa de Campo todavía de noche y encontrarme allí con el amanecer es toda una experiencia estética e íntima. El sol, tan bajo, alfombraba mis pasos, y en medio del silencio yo me escuchaba a mí mismo: oía mis pulsaciones, notaba la progresión del sudor, sentía que mi cuerpo y mi mente se sintonizaban plenamente. Hay algo místico en esas emociones. He acabado de correr con la sensación de que ya había hecho el día». He tenido que copiarlo entero porque soy incapaz de eliminar algo de semejante cursilería. Ahora es de esos sectarios centristas que andan contra Vox. Como Luis Garicano, la lumbrera económica de Ciudadanos, que también anda contra el PP. La ejecutiva de Ciudadanos aprobó ayer por unanimidad no negociar con Vox, tener al PP como socio preferente y no descartar acuerdos excepcionales con el PSOE allí donde no puedan llegar a acuerdos con el PP. A Ciudadanos sólo le ha faltado llamar «completo perdedor» a Vox, como Trump al alcalde de Londres. De estos hay que estar pendiente. De Espinar, no. Sigue sirviendo para la diversión, aunque al final resultara Kevin Spacey.

El último libro de Juan A. Ríos Carratalá es una fuente inacabable y divertidísima de españolidad. En «Un franquismo con franquistas» (Renacimiento), uno de los capítulos tiene como título «Don Francisco, censor residente de RTVE». Don Francisco Ortiz Muñoz. El gran censor. El suegro de Gunilla. Por supuesto, estaba en contra de «Historia de la frivolidad» (1967), que tuvo que emitirse tras la despedida y cierre, sin aviso, para que pudiera participar en certámenes internacionales (si no se había emitido no podía concursar). Fue una operación de Adolfo Suárez y Juan José Rosón para mostrar la buena televisión española en el extranjero. Cuando ganó el premio UNDA del Vaticano, Chicho Ibáñez Serrador fue a ver don Francisco: « ¿Y ahora qué?». «Allá ellos», contestó el censor. Los de Ciudadanos poniendo vetos a Vox son como don Francisco, el censor. Juan Abreu ha explicado muy bien que lo de Vox no es un asunto ideológico sino psicológico. Que se ha creado una manada moral y quien se atreve a retarla es enemigo. Lo que no sé es si vamos a acabar diciendo « ¿Ahora qué?» o «Allá ellos». Que al final Espinar va a ser el listo.

Rosa Belmonte.

Articulista de Opinión.
NA RAYA EN EL AGUA.

La coalición republicana.

Los adversarios de la Constitución no le han perdonado al Rey su papel en el fracaso del golpe contra el Estado.

Ignacio Camacho.

Actualizado:

03/06/2019 00:31h.

Hay una mala noticia para los republicanos, y es que la monarquía parlamentaria mantiene el prestigio intacto cinco años después de la abdicación del Rey Juan Carlos, cuyo diseño político y legal fue el último gran éxito del bipartidismo dinástico. La Corona se ha consolidado resistiendo dos pruebas cardinales como la prisión de Urdangarín y el golpe separatista contra la integridad del Estado; sólo una institución muy sólida podría absorber sin tambalearse esa clase de impactos. Felipe VI ha levantado cortafuegos de transparencia para mantener la ejemplaridad a salvo y ha afrontado una crisis política descomunal jugándose el liderazgo, como su padre, cuando el resto de autoridades de la nación amenazaba con entrar en colapso. En aquel discurso de octubre asentó la legitimidad de ejercicio y se ganó la estima de la mayoría de los ciudadanos, aunque los enemigos de la Constitución no se lo hayan perdonado.

Porque también hay una mala noticia para los monárquicos, y es que los partidos rupturistas tienen la abolición fijada en el entrecejo. El independentismo catalán, el vasco, legatario de ETA, y el conglomerado poscomunista de Podemos alientan un programa destituyente, de cambio radical de modelo, en el que la Jefatura de Estado constituye un objetivo directo. Esa coalición anticonstitucionalista goza de elocuente peso específico en el Congreso, como pudo verse cuando sus diputados convirtieron el acto de jura en un inaceptable esperpento. Hoy no podría abordarse una operación como la del relevo en el Trono sin grave riesgo de sabotaje del consenso. Y la cuestión se vuelve especialmente delicada ante el hecho de que los adversarios del sistema han sido, y con alta probabilidad volverán a ser, los socios preferentes del Gobierno encargado de hacer respetar las reglas del juego.

Porque de eso se trata. De que una parte de la izquierda -incluido el PSOE, al menos en significativa proporción de su militancia- y casi todo el nacionalismo sienten una sobrevenida nostalgia republicana y consideran la destrucción de la Corona como elemento clave -lo es- de su ofensiva global contra la Carta Magna. Saben lo que atacan: el Rey se ha revelado como el más firme garante de la unidad de España y de su vigente estructura de convivencia democrática. Por eso resulta como poco inquietante el papel de relevancia que el sanchismo viene concediendo a quienes profesan hostilidad declarada a una legalidad que consideran fruto de una imposición autoritaria.

Lo que se ventila en el próximo mandato no es quién va a ostentar el poder desde el Consejo de Ministros, sino su voluntad de sostener el ordenamiento político y jurídico. Es decir, las bases del pacto de libertades compartidas que cuestiona el nacionalpopulismo y del que la monarquía constituye bastante más que un símbolo. La correlación de fuerzas en la investidura dará algunas pistas en ese sentido.

Ignacio Camacho.

Articulista de Opinión.
HORIZONTE.

Con distintas varas de medir.

Una legislatura después, a la vista está lo que queda del poder de Podemos. No es lo mismo predicar que dar trigo

Ramón Pérez-Maura.

Actualizado:

31/05/2019 00:03h.

Resulta extremadamente fácil hacer política cuando no se tienen responsabilidades de Gobierno ni perspectiva próxima de tenerlas. Así llegó el repentino auge de Podemos hace un lustro cuando irrumpieron en las elecciones europeas de 2014 con cinco escaños y un año más tarde conquistaban las alcaldías de Madrid, Barcelona, Zaragoza y La Coruña, entre otras muchas. Una legislatura después, a la vista está lo que ha quedado de aquel poder. No es lo mismo predicar que dar trigo. Ahora el partido en auge en las elecciones generales de hace un mes ha sido Ciudadanos, que también se ha mantenido limpio de polvo y paja hasta el pasado mes de diciembre en Andalucía -aunque amparando las corruptelas del PSOE allí hasta que resultó evidente que aquello ya era insostenible.

Los resultados del pasado domingo han generado un nuevo escenario en el que Ciudadanos está obligado a pactar. Es decir, a mojarse. Y Albert Rivera huye de compromisos así. El panorama es muy sencillo: o te alineas en el bloque de la derecha o juegas a ambos bandos, lo que implica que no puedes pretender llegar a liderar ninguno.

El primer hecho relevante ha surgido de Barcelona, donde el candidato de Ciudadanos, Manuel Valls, ha anunciado su disposición a apoyar a la podemita Ada Colau para que sea la próxima alcaldesa. Es evidente que Valls tiene vida propia -no sólo en política- y no es un militante de Ciudadanos, pero ese fue el candidato que Ciudadanos ofreció a los suyos. Y lo hizo con lógica, porque es un histórico miembro del Partido Socialista Francés y las raíces de Ciudadanos están en ese ámbito ideológico. Su presente, quién sabe dónde está.

Desde Madrid la dirección del partido ha salido rápidamente a contradecirle, pero es el candidato que Rivera puso libremente y por el que pidió a sus muchos votantes barceloneses que sufragaran -quizá por eso lo hicieron muchos menos de lo previsto-. Ahora tiene que hacer frente a sus contradicciones.

Cuando se conoció el resultado de Andalucía, Ciudadanos dijo que ellos sólo iban a pactar con el PP, no con Vox. La mano izquierda de Teodoro García Egea y Juan Manuel Moreno Bonilla, logró convencer a Vox para que apoyase sin retribución. Vox acababa de llegar a un parlamento y era injustificable que su voto impidiese el cambio tras cuarenta años de socialismo en Andalucía.

Pero en mayo de 2019 hemos entrado en otra fase. Vox es hoy un partido ampliamente implantado como lo era Podemos hace cuatro años. Y como el anticonstitucional partido de izquierda entonces, hoy aspira a tener cuotas de poder. Con la enorme diferencia respecto a Podemos de que son un partido plenamente constitucional que aspira a reformar aspectos de la Carta Magna que no comparte -no a quemar la Constitución como desea Podemos-.

Así las cosas, es muy grave que el candidato de Ciudadanos en Barcelona respalde a la candidata de Podemos mientras en Madrid y el resto de España escuchamos decir a Rivera que ellos sólo negocian con el PP y que después Vox puede sumarse a lo acordado. Yo entiendo perfectamente a Rocío Monasterio cuando declaraba ayer a Juan Pablo Colmenarejo en Onda Madrid que el modelo andaluz está ya superado. Una misma vara de medir, por favor. No puede ser legítimo pactar con un partido que quiere derribar nuestro sistema e ilegítimo hacerlo con uno que quiere reformarlo (y del que discrepo ampliamente).

Ramón Pérez-Maura.

Articulista de Opinión.
VIDAS EJEMPLARES.

Y les dio igual.

Desolador que 7,4 millonesde votantes perdonasen el fraude de la tesis.

Luis Ventoso.

Actualizado:

29/05/2019 23:53h.

En junio de 2016, Boris Johnson, líder de la campaña pro-Brexit, recorrió Inglaterra con un gran bus rojo que lucía un lema pintado con letras enormes: «Enviamos 350 millones de libras a la UE cada semana. En lugar de eso, los destinaremos a la sanidad pública. Vota Leave. Recuperemos el control». Boris ganó el referéndum, pero con el tiempo varios estudios independientes han probado que su promesa era falsa. La trola no quedó impune. Acaba de comenzar un juicio contra él, acusado de «mala conducta» por engañar al público a sabiendas en la campaña. La denuncia fue promovida por un particular y los tribunales la han aceptado. Aunque a raíz del desbarre del Brexit los ingleses parecen haber perdido el compás, su democracia sigue resultando admirable en comparación a otras. En el Reino Unido lisa y llanamente no se tolera que un político mienta y engañe al pueblo.

La Asociación de la Prensa de Madrid, la más importante del gremio, acaba de elegir «periodista del año 2018» a Javier Chicote, de ABC. La razón es que el 13 de septiembre de 2018, Chicote reveló en este periódico que la tesis doctoral de Pedro Sánchez, sobresaliente cum laude en 2012 por la Universidad Camilo José Cela, incurría en plagios e incumplía las más elementales exigencias académicas. En los corrillos ya circulaba que la tesis no era trigo limpio, pero nadie lograba verla. Chicote se hizo con ella y antes de publicar una línea se pasó meses inmerso en el exhaustivo trabajo comparativo que reveló los plagios (luego destapó también que el tribunal presentaba irregularidades). Andando el tiempo, se ha demostrado incluso que para defender a Sánchez la oficina de prensa de La Moncloa emitió un comunicado mendaz aludiendo a supuestos test de plagios superados, que en realidad no existieron.

La reacción del doctor Sánchez ante la exclusiva fue lamentable. A las ocho de la mañana del día de su publicación lanzó vía Twitter un insólito mensaje amenazando a este periódico, propio de un autócrata. Amenazó con demandas, que por supuesto jamás ha presentado, pues carece de defensa posible. Los medios de su cuerda salieron en tromba a denigrar a ABC e iniciaron una campañita para desprestigiarlo. A pregunta de Rivera en el Congreso, Sánchez mintió de nuevo y aseguró que la tesis estaba disponible en internet, pero al día siguiente el Gobierno anunció que por fin la colgaba, delatando así al presidente. Por último, en sus días de oposición, Sánchez había puesto como ejemplo de moral a Alemania, señalando que allí los plagiarios dimiten.

Ahora la profesión periodística hace examen de conciencia y reconoce el valor del trabajo de Chicote. ABC y su periodista, doctor en Periodismo por la Complutense, dijeron siempre la verdad y revelaron algo irrefutable: Sánchez incurrió en plagios e hizo trampas en su tesis doctoral, lo cual debería haberle costado el puesto. Por eso deja un poso de tristeza que sabiendo todo eso, 7,4 millones de españoles hayan antepuesto sus fijaciones ideológicas a la verdad y hayan votado a un político que debería llevar meses en su casa. No. La democracia española aún no es la inglesa.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
UNA RAYA EN EL AGUA.

Nudillos.

Sánchez nunca tendrá a Iglesias en actitud más genuflexa. Más que pedir, mendiga; más que ofrecerse, se entrega.

Ignacio Camacho.

Actualizado:

29/05/2019 00:23h.

Contra la lógica a menudo falible de las apariencias, las elecciones del domingo han situado a Sánchez en las mejores circunstancias para acceder a la súplica de Pablo Iglesias. Nunca lo tendrá en actitud más dócil ni en posición más genuflexa, tan dispuesto a dejarse apretar las tuercas aunque acaso haya perdido tras el batacazo la oportunidad de recabar para sí mismo una cartera. La entrada en el Gabinete, siquiera mediante persona interpuesta, es ya para el líder de Podemos un asunto de mera supervivencia, mientras que para el presidente se trataría apenas de un guiño poco trascendente a su izquierda, una forma de garantizarse sumisión a cambio de la cesión en alquiler de una pequeña parcela. No tanto por tener, como decía Lyndon Johnson con rudeza, al indio dentro de la tienda meando para afuera, sino por aprovechar la ocasión de neutralizarlo por el procedimiento de resolverle su mayor problema.

A principios de siglo, cuando el entonces portavoz de IU en Andalucía, Antonio Romero, reclamaba un sitio en el Gobierno de Manuel Chaves, éste se burló de sus pretensiones en un debate. «Se le van a romper los nudillos de tanto llamar a la puerta», le dijo con sonrisa de vinagre. El acuerdo lo acabó firmando Griñán doce años más tarde: dio tres consejerías a los comunistas y con mano suave los convirtió en socios obsequiosos y leales. Iglesias sabe que sin poder tangible no irá a ninguna parte y no siente el menor reparo en aporrear el portón de La Moncloa de un modo sonrojante; debe de tener sus puños chorreando sangre. Más que pedir, mendiga; más que ofrecerse, le entrega a Sánchez una capitulación en regla que puede proporcionarle la base barata de un mandato estable.

Aceptar ese apoyo supondría para el presidente asegurarse durante toda la legislatura el respaldo de 165 diputados. Aún le faltarían otros once y en cada ley o decreto tendría que buscarlos, pero no es lo mismo que negociar los 53 necesarios si opta por gobernar con sus 123 escaños. Claro que podría tenderle la mano a Ciudadanos pero ese trato moderado y razonable está mutuamente descartado debido a diferencias esenciales sobre el proyecto político, el conflicto catalán y el modelo de Estado.

Así que por su propia debilidad, este Podemos en saldo, necesitado de rescate, es para él un aliado perfecto y el que probablemente acabe escogiendo: el único que promete colaboración incondicional a cambio de un par, incluso de un solo Ministerio. Tal vez en los próximos días salte también la posibilidad de incorporar a un tercero: en el PNV puede abrirse el debate sobre una hipotética solicitud de entrada en el Gobierno para ocupar algún departamento estratégico como Industria o Fomento. Al final, las coaliciones políticas se rigen por los mismos principios de la economía y del comercio: la relación entre oferta y demanda o el beneficio como diferencia entre coste y precio.

Ignacio Camacho.

Articulista de Opinión.
Carmena a la guardería.

Si Sánchez, el doctor fake, el socialista fake, el fake amigo de Rubalcaba es el futuro, ¡qué suerte ser ya cosa del pasado!

Gabriel Albiac.

Actualizado:

27/05/2019 02:13h.

Reivindica Sloterdijk, en su ensayo En el mismo barco, el tópico de Bismarck: la política como arte de lo posible. Porque pedir lo imposible es lo propio de los niños. La política es arte de adultos. No de Carmena. Adulto, Pedro Sánchez lo es. Adulto y deleznable: o sea, político. Que el más deleznable de esa especie triunfe, debería movernos a reflexión. Da un fiel retrato terminal de la política hoy. Y advierte de un crepúsculo de la democracia. De su extinción, tal vez.

Digo que es el más deleznable. No el más lerdo. Comparado con Zapatero, Sánchez sería candidato al Nobel. Deleznable -RAE: «inconsistente»-, en la medida en que Sánchez carece de entidad alguna. Y aun de identidad. Es pura adecuación a lo que le conviene. Dirá «A», si «A» le trae beneficio. Y «no A», si «no A» le es rentable. El Doctor Sánchez carece de principios y de convicciones. Todo le vale, siempre que sea para beneficio del Doctor Sánchez. En esa exacta medida radica su modernidad. Sánchez aspira a enterrar aquellos tiempos, en los que al político español le convenía revestir un discreto barniz ético. Si Sánchez, el doctor fake, el socialista fake, el fake amigo de Rubalcaba es el futuro, ¡qué suerte ser ya cosa del pasado!

No es un fenómeno español. La mutación de los partidos en agencias publicitarias ha borrado aquel principio de la presencia ciudadana en las cosas del Estado, sobre el cual nacieron las sociedades burguesas. No, ni es exacto llamar democracia a los regímenes en los que vivimos, ni es exacto llamar libertad al margen de actuación que en ellos se nos concede. Vivimos en Estados oligárquicos benévolos: esto es, en máquinas herméticamente blindadas a cualquier intervención externa, que cambiaron la brutal represión por la simpática condescendencia. Sale más barato y es más eficaz.

Tras las elecciones municipales y autonómicas de ayer -las europeas son un divertimento para dar sueldo a los amigos-, España queda sólo parcialmente en manos del clan Sánchez. Hablo, no de partido. Hablo de clan. Por elemental rigor analítico. El clan Sánchez es tanto o más enemigo del viejo PSOE cuanto lo es de todos cuantos podamos estorbar su avance. Todos, en estos días, hemos oído a no pocos de nuestros amigos o conocidos de la primera generación socialista declararse dispuestos a votar a cualquiera que no fuera candidato de Sánchez. Y candidata modélica de Sánchez era la Manuela Carmena cuyo número dos estaba llamado a ser el baloncestista Pepu: tierna alianza de infantes y adolescentes. No es «la derecha» lo que aspiran a destruir Sánchez, Podemos e independentistas: es un régimen constitucional adulto, el del 78. Todo él. Nación incluida. PSOE incluido. Sin hipótesis de alternativa.

Madrid era la clave del asalto final. Este Madrid, que Carmena hibridó entre jardín de infancia y basurero, entre utopía pueril y delincuencia consentida. Se estampó contra Madrid. Se estampó Gabilondo. Esta madrugada se enquistaba Sánchez. ¿Carmena? Carmena a la guardería..

Gabriel Albiac.

Articulista de Opinión.
No molestéis a Oriol.

Sánchez ordena a Batet enredar, en lugar de aplicar una norma clarísima.

Luis Ventoso.

Actualizado:

24/05/2019 00:36h.

Un viejo chascarrillo, que me temo que no deja de albergar cierta verdad, reza que los periodistas somos capaces de hablar durante un minuto con gran solvencia sobre cualquier asunto, pero incapaces de disertar más de tres con profundidad. Lo comento para asumir que en comparación a Meritxell Batet, flamante presidenta del Congreso, soy un zoquete en cuestiones jurídicas. Ella estudió Derecho y ha sido profesora de Constitucional en una universidad de prestigio, la Pompeu Fabra. Además lleva años como diputada y ha sido ministra, por lo que trabajar con leyes y reglamentos constituye su dieta diaria. Pero sin llegar a la altura de Meritxell, siendo un simple gacetillero, me ha llevado unos ocho minutos concluir que los presos golpistas que han sido elegidos diputados deberían haber sido suspendidos nada más tomar posesión de sus actas.

El capítulo 4 del reglamento del Congreso, en su artículo 21.2, establece taxativamente que perderá su condición de diputado quien «se hallare en situación de prisión preventiva y mientras dure esta». ¿Están el cerebro golpista Junqueras y sus compañeros elegidos diputados en prisión preventiva? Parece que sí. Pues ahí concluye el debate. No hay nada que discutir. No hay nada que consultar. Solo toca cumplir las normas. Pero además, por si no bastase lo anterior, la Ley de Enjuiciamiento Criminal, en su artículo 384 bis, señala que los procesados por rebelión y en prisión provisional verán «suspendido el ejercicio de cargo público mientras estén en la cárcel».

Lo entendería un Teletubbie. Sin embargo, ¿qué ha hecho Meritxell, la eminente jurista, al verse en la tesitura de aplicar las normas a los aliados que llevaron a su jefe a La Moncloa? Pues ponerse de canto, enredar, tratar de dilatar la decisión y, sobre todo, escenificar que el PSOE ha puesto trabas para evitar la suspensión inmediata. ¿Por qué? Pues porque el domingo hay elecciones y mostrarse expeditivo con los separatistas podría restar algún voto a Sánchez en Cataluña. Además, en cierto modo el actual presidente es rehén de Junqueras, quien sabe -y podría contar- cómo fueron realmente las negociaciones PSOE-ERC para echar a Rajoy (¿o es que alguien se cree que no hubo una trama previa entre bambalinas de socialistas y separatistas?). Así que Sánchez ha obligado a Meritxell a hacer el ridículo, enviando la patata caliente al Supremo. Jugada torpona, porque el maestro Marchena, que es muy largo y les da unas vueltas a todos en sapiencia y señorío, les ha devuelto el centro envenenado con dos simples párrafos que sonrojan al Gobierno y vienen a decirle a la gran Meritxell, profe de Derecho Constitucional, que al parecer ni se sabe la Constitución.

En resumen, lo habitual: Sánchez embadurnando el prestigio de las instituciones con prácticas marrulleras al servicio de sus intereses particulares. Pero da igual. Ninguna televisión lo denunciará a las claras y el domingo volverá a ganar los comicios, merced a la absurda partición en tres de sus adversarios. En la práctica, el invento de Abascal se puede traducir en ocho años con Sánchez.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
VIDAS EJEMPLARES.

El país más tonto del mundo.

No lo somos, pero a veces nos esforzamos en parecerlo.

Luis Ventoso.

Actualizado:

21/05/2019 07:25h.

Tras su máscara mansurrona y sus cínicas buenas palabras hacia los españoles, Oriol Junqueras, de 50 años e historiador de formación, es hoy el mayor enemigo de España, pues se trata del auténtico cerebro del único movimiento que amenaza la existencia de la nación española. Cuando Puigdemont dudaba, él fue quien presionó a favor de la declaración de la Declaración Unilateral de Independencia, aprobada el 27 octubre de 2017, en hecho insólito e hiriente para millones de españoles (incluidos más de la mitad de los catalanes). Por su plan golpista, está siendo juzgado bajo acusación de rebelión, malversación y sedición.

Junqueras vive su credo independentista como una fe religiosa. Ha contado que abrazó la causa con solo ocho años. En 2006, sembrando lo que luego germinaría, fue cofundador de una plataforma en pro de la autodeterminación y el referéndum. Desde 2010 inició una ronda de arengas por pueblos y ciudades para predicar que Cataluña sufría un robo sistemático del Estado español. Su tono queda bien resumido en estas palabras de marzo de 2013 en Sant Andreu: «Ya sé que hay gente que dice: “Ya está Junqueras diciendo que la culpa es del Gobierno español”. Ya, pero es que es así. El año pasado nos jodieron 13.000 millones. Pero es que Junqueras siempre dice que es culpa del Gobierno español. Claro, pero es que nos jodieron 13.000 millones. Pero es que ya lo ha dicho. Ya, ya, pero es que nos los jodieron, y con 13.000 millones no habría ningún recorte en Cataluña, ni uno». Sus cifras eran falsas. Como su aserto de que Canadá, Alemania y Estados Unidos publican cada año balanzas fiscales internas. O como su promesa de que la UE aceptaría encantada a una Cataluña independiente. O como su vaticinio de que con la independencia la economía catalana se dispararía (la realidad es que se han fugado cerca de 6.000 empresas desde el golpe de 2017). En resumen: un fanático de una causa supremacista, que opera como un mentiroso compulsivo y tiene como meta destrozar España.

¿Y cómo nos defendemos de este adversario? Pues siento decirlo, pero a veces España parece el país más tonto del mundo, aunque no lo sea. Según nuestro ordenamiento, los presos golpistas tenían derecho a presentarse a las elecciones y ser elegidos. Es cierto. Pero se podía haber evitado perfectamente que ayer convirtiesen la recogida de sus actas en un acto de propaganda. Llegaron incluso a grabar vídeos promocionales. Y tenemos un país tan dadivoso con quienes vienen a por nosotros que no solo se toleró, sino que la televisión pública española se pasó el día reproduciendo esas soflamas. El reglamento del Congreso establece claramente en su artículo 21 que todo diputado en prisión preventiva «será suspendido de sus derechos y deberes parlamentarios». No caben dudas. Hoy mismo deberían ser apartados. Sin embargo habrá consultas superfluas, dudas, melindres... El país más tonto del mundo -que no lo es, pero que a veces lo parece- jamás perdona la ocasión de hacer carantoñas «progresistas» a quienes trabajan a destajo para liquidar la nación más antigua de Europa.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
UNA RAYA EN EL AGUA.

Pacifistas.

No es posible una sociedad sana en un clima de impunidad moral putrefacta que normaliza los homenajes a los canallas.

Ignacio Camacho.

Actualizado:

20/05/2019 00:38h.

Sólo la Justicia podrá establecer si Josu Ternera participó personalmente en algún atentado de ETA o dio la orden de cometer crímenes sanguinarios como los de Hipercor o la casa-cuartel de Zaragoza. Lo que no está sometido a discusión es su responsabilidad como dirigente de la banda armada durante muchos años -algunos de ellos en incomprensible comisión de servicio en instituciones democráticas-, ni su condición de líder de los terroristas vascos hasta el momento mismo de su detención la semana pasada. Tampoco admite duda que el enaltecimiento, apología o justificación del terrorismo constituye un delito tipificado en el Código Penal vigente junto con el de menosprecio o humillación a las víctimas y sus familiares. Alguien debería explicar, por tanto, la razón por la que ni la Audiencia Nacional ha prohibido ni la Fiscalía ha denunciado el homenaje que los paisanos del pistolero recién arrestado le tributaron este sábado en su pueblo natal de Miravalles ante la inaceptable tolerancia de la justicia y de las autoridades.

Serían pacifistas. Como Otegui. Gente apacible que celebraba la contribución de Ternera, ese «héroe de la retirada» según el socialista Eguiguren, a la «normalización» de Euskadi. Alguna razón tienen porque allí se ha convertido en normal que los asesinos que salen de la cárcel -la mayoría sin muestra alguna de arrepentimiento- sean recibidos en sus localidades de origen como si fuesen prisioneros de guerra recién liberados. Porque esa venturosa tranquilidad social que ahora se respira en las pujantes capitales vascas contrasta con la atmósfera opresiva, propia de la novela de Aramburu, que continúa imperando en las comarcas de hegemonía abertzale. Porque muchos antiguos (?) etarras ocupan cargos públicos o figuran en las candidaturas electorales. Y porque la historia del fin de ETA la están contando sus legatarios políticos como si tratara de una especie de empate. Quién podría negarles la «normalidad» de ese desenlace cuando los diputados de Bildu votaron la moción de censura -y aún están dispuestos a repetir en la próxima investidura- para hacer presidente del Gobierno a Pedro Sánchez.

El día del apresamiento de Urruticoetxea, muchos ciudadanos españoles sintieron ante este panorama un inevitable pellizco de suspicacia sobre la posibilidad de que el jefe terrorista, enfermo de cáncer, protagonice en el futuro otro caso Bolinaga. Puede que ni siquiera llegue a plantearse la cuestión si, dada su edad y sus expectativa de vida, cumple los ocho años de condena que tiene pendientes en Francia. Por eso es importante que la memoria, el dolor y la dignidad de las víctimas, que simbolizan a toda una nación agredida, queden a salvo de humillantes tergiversaciones en el relato de la infamia. No es posible una sociedad sana en un clima de impunidad moral putrefacta que concede honores patrióticos a un manojo de canallas.

Ignacio Camacho.

Articulista de Opinión.