Esto ya es el colofón para tus días de vacaciones primero...

UN VUELO ACCIDENTADO
Ha manifestado aquí, en más de una ocasión, mi irremediable miedo a montar en un avión porque aunque está demostrada científicamente su seguridad, comparándolo con otros medios de transporte, el hecho de estar en el aire, a miles de metros de altura, y su escasa posibilidad de supervivencia, en caso de siniestro, a mi, me produce pánico el despegue, el trayecto y el aterrizaje, de un vuelo en avión.
Pues hace unos días en un viaje de Barcelona a Málaga sucedió algo, inusual que voy a contaros y, que ha venido a aumentar ese miedo tan visceral que de siempre he tenido a ese medio de transporte.
Teníamos un billete con salida a las 16.15 de la tarde y con una prevista llegada a las 17.30, y resultó que nuestra llegada se produjo a las 22 de la noche. O sea que tardamos 4,30 horas en llegar a Málaga.
Cómo es habitual llegamos al aeropuerto del Prat dos horas antes, realizamos la facturación, pasamos el control de la policía y el embarque, con total normalidad, y el avión se dirige a la pista de despegue anunciando el comandante su inminente salida. Y es ahí cuando empiezan los problemas. Primero se nos dice por el altavoz que unos pájaros habían chocado con el avión que acababa de salir y que había que esperar 5 minutos para inspeccionar la pista. Después se nos dice que había un problema de frenos y que habían venido unos mecánicos a solucionarlo.
Imaginaros la reacción, el nerviosismo y la zozobra, de más de 200 personas que estábamos dentro del aparato, sudando a chorros, observando un ruido fortísimo de la nave como si el piloto intentara moverla y aquello no había forma de conseguirlo. Así estuvimos casi una hora y ya el pasaje alterado, protestando, algunas mujeres con ataque de nervios, oímos de nuevo al comandante que nos dijo que había que volver al hangar, desalojar el avión y esperar a que lo reparasen.
Imaginaros nuestro estupor, nuestras protestas y nuestra negación a volver a montar en el mismo aparato.
Nos llevaron de nuevo al aeropuerto, nos dieron unos bonos para una bebida y un bocadillo, nos tuvieron esperando un par de horas y al final todos accedimos a volver a montar en el avión, que aseguraron ya estaba totalmente reparado, porque en definitiva lo que queríamos era vernos en nuestro lugar de destino y dar por finalizado aquel desagradable y penoso incidente.
Con mucho miedo y con mucha incertidumbre, nos metimos de nuevo en el avión y gracias a Dios el vuelo fue perfecto, pero indudablemente hasta que no nos vimos en tierra la procesión iba por dentro. Yo ahora no quiero ni pensar que otra vez me tenga que someter a tal suplicio, así que para mi el avión va a ser que no.

Esto ya es el colofón para tus días de vacaciones primero la llegada al hotel con tus aventuras nocturnas, ¿no sería que habías estrenado pijama y querías lucirlo? Y luego el regreso, yo también soy de las que lo pasa fatal en los vuelos, pendiente de cada ruido"sospechoso" me imagino lo feliz que te sentirías al llegar, si es que como la casa de uno no hay nada; bueno Manuel hasta otra, saludos.