HUELE A VERANO...

HUELE A VERANO
Aunque hay que tener siempre en cuenta ese refrán nuestro, tan certero como todos los demás, de que “hasta el 40 de Mayo no te quites el sallo”, este año nos ha fallado porque hemos empezado a oler a verano, ahora, a partir del cincuenta de Mayo.
Bueno pero ya respiramos ese aire calentito que nos hace desprendernos de las prendas de vestir para aliviar el agobio y el sudor y empezamos a utilizar las chanclas, las camisetas y el pantalón corto, que nos permiten ir más ligeros más fresquitos y hasta más preparados para la diversión, el baño en la piscina o en la playa y para empezar a disfrutar de ese seguro buen tiempo que nos acompañará durante todo el verano.
Yo recuerdo mis veranos infantiles que consistían en disponerme con mis amigos a irnos a los “chilancos” del río a bañarnos, hasta que llegaban al Hote los veraneantes de Jaén que venían todos los años y como mi padre tenía gran amistad con Manolo Pérez que en aquella época era el dueño del hotel yo entonces me iba a bañar con ellos a la alberca que tenían allí que entonces servía como piscina aunque en realidad con agua sucia y sin depuradora, que entonces eso en el pueblo no existía
Había otros dos sitios donde todo el mundo disfrutaba del verano y nosotros los niños nos lo pasábamos bomba, uno era la clásica visita al paseo de la Fuente de la Negra para disfrutar del fresco de la noche, establecer charla y contacto con los vecinos y, lo más importante, cuando llegaba la hora de irse para la cama había que llevarse el botijo lleno de ese agua, casi helada, que en verano proporciona nuestra fuente y poder preparar el cuerpo para conciliar el sueño mitigando el excesivo calor canicular.
El otro sitio era el cine de verano, que no era a diario pero si al menos dos o tres días por semana.
Era este otro lugar que en nuestro pueblo era de casi obligada visita porque las familias se congregaban allí, botijo incluido, para ver una película, de Saez de Heredia, tomar una gaseosa de aquellas de tapón de bola o comer una bolsa de pipas de girasol, a la vez que acariciaban el aire fresco que llevaba del río y y que se convertía en nuestra brisa particular,
Era un verano muy humilde, un verano con muchas carencias y limitaciones, pero un verano feliz y tranquilo con mucho olor a pueblo, a vecinos, a hogar, a familia y a ilusión por un futuro más halagüeño y más esperanzador. Pero después de todo era nuestro verano y yo lo recuerdo. con mucho cariño.