Pepe Pinto (Soleares)
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Menos faltarle a mi mare de mi alma,
tó te lo consiento, serrana;
menos faltarle a mi mare,
que a una mare no se encuentra
y a ti te encontré en la calle.
Vete, vete, vete,
si a ti te tiene cuenta.

¿Te acuerdas de aquella copla que escuchamos aquel día,
sin saber quién la cantaba ni de qué rincón salía?
Pero qué estilo, qué duende, qué sentimiento y qué voz;
creo que se nos saltaron las lágrimas a los dos.

Toíto te lo consiento menos faltarle a mi mare,
que a una mare no se encuentra
y a ti te encontré en la calle.

No vayas a figurarte que esto va con intención.
Tú sabes qué por ti tengo clavao en mi corazón
el querer más puro y firme que ningún hombre sintiera
por el que Dios, uno y trino, le entregó de compañera.

Pero es bonita la copla
y entra bien por soleares.

Toíto te lo consiento menos faltarle a mi mare;
y me he enterao casualmente de que le faltates ayer;
y nadie me la contao, nadie, pero yo lo sé.
Yo tengo entre dos amores mi corazón repartío,
si me encuentro a uno llorando,
es que el otro le ha ofendío.

Y mira, nunca me quejo de tus caprichos constantes;
quiero un vestío, quiero un reloj, de brillantes;
ni me importa que la gente vaya de mi murmurando,
que soy para ti un juguete,
que si me has quitao el mando,
que en la diestra y la siniestra tienes un par de agujeros
por donde se va a los baños el río de mis dineros;

Y a mí, ¿qué?

Yo con tal que nunca de mi lao tu te separes
toíto te lo consiento menos faltarle a mi mare;
porque ese mimbre de luto que no levanta su voz,
que en seis años no ha tenío contigo ni un sí ni un no,
que anda como una pavesa que no gime ni suspira,
que se le llenan los ojos gloria cuando nos mira,
que me crió con su sangre,
que me llevaba la mano para que me santiguara
como todo fiel cristiano
y a las candelas de un hijo consumió su juventud,
cuando era cuarenta veces mucho más guapa que tú;
tienes que hacerte a la cuenta que la has visto en los altares,
y jincarte de rodillas antes de hablarle a mi mare;
porque el amor que te tengo se lo debes a su amor,
que yo me casé contigo porque ella me lo mandó.
Conque a ver si tu conciencia se aprende esta copla mía
mu semejante a aquel cante que escuchamos aquel día,
sin saber quién la cantaba, ni de qué rincón salía.

A mi mare de mi alma
la quiero desde la cuna
por Dios, no me la avasalles,
que mare no hay más que una
y a ti yo te encontré en la calle.