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La Opinión de Zamora

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*Teresa de Jesús*

"Andando solos nos perdemos en el laberinto de los propios errores"

LUCIANO PAJARES BEATO.-

Hace unos días, un conocido, al enterarse de mi pertenencia a la Familia Idente, me pidió que le explicara cuál había sido la seducción o carisma que habían conseguido el milagro de la transformación de mis costumbres, le extrañaba mi asistencia diaria a la Eucaristía. Le decía que no pretendo ser Pablo de Tarso, ni Agustín de Hipona, pero tuve mi encuentro o mi camino de Damasco al conocer a un misionero idente con quien compartía las horas de trabajo.

Desde hacía mucho tiempo que andaba buscando, en solitario, la manera de encauzar mi vida y me perdía en paseos alternativos y circulares que no llevaban a ninguna parte, hasta que quiso la Providencia, que me encontrara a mi abnegado hermano Manuel, que me dedicó meses para hablarme del ideal de la santidad bajo la forma que me entusiasmó, en comunidad, según el lema del siervo del Señor Fernando Rielo, fundador de Misioneros y Misioneras Identes: "No hagáis solos lo que podáis hacer juntos".

Con motivo del fallecimiento -en New York, el 6 de diciembre del año 2004- del fundador, conocí la condición de apóstol de mi hermano Manuel y le hice la misma pregunta que me han hecho a mí: ¿Qué son los Idente y cuál es su carisma? Hoy, me toca responder y digo que el carisma Idente, desde mi apreciación, tiene dos vertientes: Es un camino de perfección, al estilo de las Moradas teresianas, pero vivido en comunidad y mediante un examen ascético-místico periódico, que consistente en compartir el acontecer de nuestra vida espiritual en comunidad y bajo la dirección de un rector ascético, que corrige, aconseja y exhorta en cómo seguir el camino de la perfección a cada uno de los miembros de la comunidad y a todos en su conjunto. Hay que subrayar la gran experiencia que se da cada vez que se tiene ese encuentro, porque al estar reunidos en nombre del Señor, Él se hace presente. Es como entrar y subir por el Castillo Interior teresiano, pero acompañado directamente por Jesús y un hermano que sube contigo escalón tras escalón.

Es el compromiso misionero al que estamos ordenados los cristianos siguiendo el imperativo de Cristo: Id por todo el mundo y proclamad el Evangelio? (Mc, 16, 5). Y, a la sazón, el neologismo idente viene de este "Id", de esta profesión apostólica o misionera con que Jesús de Nazaret inviste a todo quien decide seguirle.

Hace tiempo, descubrí que Cristo me compromete -en término de hermandad- con la humanidad entera y, específicamente, con los próximos en el ideal de vivir la santidad en común. Ha mucho tiempo percibí que, andando solos, nos perdemos en el laberinto de los propios errores, que se necesita a los demás para que la llamilla de la Fe sea una llamarada, y sabemos, por el Señor, que cuando estamos en su nombre, su presencia transforma la llamarada en hoguera inextinguible. Ahí radica el sentido de la comunidad eclesial, pero nos cuesta comprender que la vida del cristiano no puede ser en solitario; que el amor entre hermanos solo tiene sentido cuando se proyecta al servicio de los demás, y que somos seguidores de un Dios que es amor y libertad, proclamado desde una cruz martirial libremente aceptada.

El instituto Id, Misioneras y Misioneras Identes, como todo instituto religioso -este de derecho pontificio- tiene una observancia que incluye la Eucaristía y oración diarias; que está inmerso en la sociedad, en el mundo laboral y familiar, donde es necesario y útil vivir el encuentro misionero. Podemos sintetizar diciendo que la finalidad de la institución, Misioneros y Familia Idente, es vivir el camino de perfección evangélico con firme obligación personal, en comunidad de espiritualidad y compromiso misionero.

BUENOS DIAS

R. 1