CAMBIAMOS DE TEMA?. HABLEMOS DE COMO DEBEMOS TRATAR...

CAMBIAMOS DE TEMA?. HABLEMOS DE COMO DEBEMOS TRATAR A NUESTRAS PAREJAS

LA FLOR
Había una vez un jardín que ostentaba las flores más bellas del mundo. La fragancia y el aroma de esas flores era diferente pudiéndose apreciar desde los cercanos bosques y derramándose hasta el cercano rio que constante absorbía ese aroma para llevarlo al mar, donde moría envuelto entre gotas salobres que todo lo acibaran.

Un día un príncipe se enamoró de l fragancia de esas flores, y acercándose tomó en su mano una roja rosa, pero el rosal se quejó llorando porque se llevaba la rosa más bella.
El joven, un tanto extrañado se quedó sin palabras. Sabía que las flores daban fragante olor, pero ignoraba que hablases.
Lo notó la flor y le dice:
-De qué te asombras? ¿No sabes que las flores tenemos nuestro corazoncito y nos gusta que nos amen?
-Sí, lo sé. Pero ignoraba que hablaseis.
-Pues natural que hablamos. Lo que sucede es que no dejamos oír nuestra voz a personas extrañas.
-Tengo yo un jardín HERMOSO. También hay flores bellísimas. Pero no hablan, no me entienden. Si tú quieres venir a mi jardín serás la reina de las flores.
-Si me llevas contigo es para estar siempre contigo. Pero no olvides que toda flor tiene espinas.
-Eso ya me lo supongo. ¿Te arranco y vienes?
- ¡Ah, no! ¿Qué te has creído? Si me llevas contigo me llevas en tus brazos y muy cerca de tu corazón. Yo sé aspirar los latidos de otros corazones. Es por eso que cantamos al dulce son de la lira y del viento, y al alma humana que suspira le enviamos nuestro aroma.
-Pues vamos. A mi jardín vienes.

El príncipe se llevó esa flor a su jardín. Cada mañana charlaba un ratito, y luego al medio día, cuando volvía cansado de su trabajo visitaba su flor y aspiraba su aroma, mientras ella le hablaba de aromas y hermosos colores, le contaba como las solícitas abejas saltaban de flor en flor para libar en sus cálices el néctar embriagador, le decía que era feliz. Estas conversaciones hacían que el príncipe se sintiera enardecido de alegría

Pasó el tiempo y poco a poco el Príncipe se fue desenamorando de la bella flor, y ésta se iba poniendo cada día más mustia y pesarosa.
Por fin dejó de visitarla.
Un labriego que contemplaba al pasar el marchitarse de la flor comenzó a regarla cuando en las tardes de suave armiño pasaba cerca del vergel.
Pero la rosa roja que tanto había amado al príncipe no bebía del agua del nuevo jardinero, y poco a poco se iba dejando morir de pena...

Una noche, cuando los luceros iban asomándose bajo el manto de la sombra de la oscuridad el Príncipe se acordó de su flor y se fue al jardín.
Ya la flor marchita cantaba a los luceros su dolor, y entre suspiros se dejaba morir.
Entonces el Príncipe se compadeció de su flor. Quiso regarla con su cariño, pero ya era tarde, y la flor, apagando su hermosa voz expiró

Ahora el Príncipe se arrepintió del maltrato y lloró y lloró. Su llanto regaba a la flor, que él tomaba en sus brazos y besaba. Pero la Flor ya no sentía.
Entonces la enterró en un hermoso lugar del jardín.

Pasó el invierno, comenzó la primavera, y el melodioso trinar de los ruiseñores despertó a la flor de su letargo, y comenzó a brotar.

Cuando el Príncipe vio esto, entonces la regó nuevamente con sus lágrimas de amor. La besó, y le dedicó más tiempo para acompañarla en su nueva vida.

La flor se hizo otra vez hermosa, y enamorada enviaba a su amado nuevos y deliciosos aromas de su amor.
Pero el tiempo había pasado, y el príncipe ya viejo murió.
Cuentan que la flor ha sido trasladada hasta cerca de la tumba de su amado, y dicen que por las noches aun se oye el dulce canto de la bella flor que entona para su amado.

Aquí veo a personas que están enamoradas, que cantan su amor a los que deseen escucharlas. Yo os digo: El amor es bueno. Conservad siempre la pureza y la grandeza del amor. Y cuando el príncipe llegue a vuestra vida no os separéis jamás de él.
HOMBRES, TRATAD CON AMOR A VUESTRAS MUJERES. ELLAS SERÁN SIEMPRE LA FLOR MAS PEREGRINA, MAS BELLA y amotrosa SI LE DAIS TODO VUESTRO AMOR.
Bueno, otro día contaré otro chiste.