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Hablemos de Ylenia Padilla, esa rubia 'cañón' que agita España.

Foto: Ilustración realizada por Paco Sordo para 'Vanitatis'

“Mamotreto de:”
NACHO GAY26.09.2015 – 05:00 H.
TAGSYLENIAGRAN HERMANO

Esta historia arranca el último viernes del pasado mes de julio en Atocha y es verídica como la vida misma.
El reloj de la estación marca las 21:20 horas y faltan apenas diez minutos para que salga mi tren hacia Sevilla, donde voy a perder el fin de semana en unas conferencias tituladas 'Cómo ser un hombre de éxito'. Las ofrece uno de esos gurús americanos, 'coaches' de la nada, que antes fueron tiburones de bolsa y que, cuando el efecto narcótico del dinero (y de otras sustancias) dejó de hacerles efecto, se dieron cuenta de que la vida, aun podridos de pasta, seguía siendo una mierda. Pero también se percataron de que ellos tenían tiempo libre para intentar solucionarlo. Y entonces leyeron a un tal Marinoff. También a un tal Ferry. Después se hicieron un Power Point con toda esa mierda sobre la superación personal, la autoestima y las diferencias entre el éxito rápido y la gloria eterna. Y, ahora, dan conferencias.
Perdón, ¿por dónde íbamos? Ah, sí, estábamos en Atocha y el reloj marcaba las 21:20 horas de la tarde. Compruebo con sorpresa que una turba de chavales se dirige hacía mi persona. Miro a mi espalda, todos lo hacemos en estos casos, por si hubiera alguien más interesante en la diagonal de aquellos chicos, pero solo veo a una rubia pechugona de no más de metro y medio enchufada a unos cascos. La joven viste un top y unos shorts tan descaradamente minúsculos que la parte más tapada de su cuerpo son precisamente las orejas.
Confirmado, los chavales vienen hacía mí. ¡Me han reconocido! Ensayo mi entrada: “ ¿Qué pasa, chicos? Sí, soy Nacho Gay, el autor de la Carta de Ajuste”... Pero no. Pasan de largo y se dirigen hacia la Barbie oxigenada al grito de “ ¡Ylenia, Ylenia!”.
¿Ylenia? ¿Quién es Ylenia?

Tras los 'selfies' de rigor con los fans, sigo a la rubia por el andén. Mi persecución acaba donde empieza la clase Turista, que es el fin de su trayecto; ella, claro, va en Preferente. Me coloco en mi asiento y busco inmediatamente en el iPad información sobre aquella misteriosa rubia que despierta pasiones en los andenes, como la Penélope de Serrat. Ylenia resulta ser una cotizada cantante. Encuentro el videoclip de su primera y creo que última creación, 'Pégate'. Me pongo los cascos y le doy al play. A los 30 segundos me estoy retorciendo en mi asiento a ritmo de 'reggaeton', mientras ella mueve los labios y se pasa las manos incansablemente por los pechos y las nalgas al mismo son. A mi lado va una señora gorda de unos 50 años. No sé si han reparado alguna vez en que, si montas solo en el AVE, siempre se sienta al lado una señora gorda de unos 50. Sospecho que las pone Renfe. El hecho es que la tía me está mirando raro, como incómoda. Ella no escucha la música y creo que piensa que estoy viendo una película porno o algo así. Que mis ojos estén a poco de divorciarse de su órbitas no ayuda nada. La señora intuye que estoy a punto de caramelo, mientras yo me muero por dentro escuchando una bazofia muy grande.
¿Que quién coño es Ylenia? Hablamos de Ylenia Padilla, de los Padilla de toda la vida, una estirpe repleta de guerreros, cronistas y nobles castellanos. Ella es poetisa. De las buenas, pero sobre todo de las malditas. Lean sus versos,
(Mejor no leerlos)

De repente, vomito. Cierro el iPad de inmediato y me pongo a ver la película con la que Renfe ameniza el viaje: 'Whiplash'. Narra la obsesión de un chaval por alcanzar la gloria sentado en una batería y su duelo brutal con un profesor de música que cree que las dos palabras más perjudiciales de la historia de la humanidad son 'buen trabajo' y cuyos métodos de motivación rozan lo imprudente. Hay una escena particularmente perturbadora, en la que el profesor obliga al alumno a repetir la misma melodía, 'Whiplash', durante horas, hasta que le sangran las manos.
La señora gorda sita a mi derecha, que también estaba viendo la película, rompe entonces su silencio.
–Es una secuencia acojonante, ¿no crees? Por cierto, me llamo Gloria.
Y, tras las presentaciones, aquí voy, a dos vagones de Ylenia, hablando del éxito con la Gloria.
Sí, bromeaba. Reconocí a Ylenia desde que la vi en la estación. Todo lo demás es cierto: era viernes 31 de julio, ella y yo estábamos allí, la chavalería la reclamaba, ella iba en Preferente y yo en Turista, a mi lado había una señora gorda de unos 50 y lo que canta esta rubia es una bazofia muy grande. Claro que sé quién es Ylenia... ¿Quién no conoce ya a esta tipa? Es imposible. Pero, para aquellos que aún no sepan de quién se trata, escribiré a continuación la que debería ser su entrada en la enciclopedia de la mugre.
Ylenia Padilla: Todavía estaba buscando Lydia Lozano a Ylenia Carrisi en Santo Domingo, cuando la divina providencia nos regaló otra Ylenia, Ylenia Padilla. Desde que ella apareció en escena, todos los 'holas' en España son 'holis' y todas las frases de los adolescentes acaban con un odioso “ ¿vale, tete?” (prolonguen la 'e' mientras arquean las cejas si quieren bordarlo). Podríamos afirmar sin lugar a equivocarnos que la contribución de Ylenia a la evolución de nuestra lengua es a estas alturas bastante más de la que logró nunca, por ejemplo, Jacinto Benavente. La joven tiene 27 años y es natural de Benidorm, donde veranea Belén Esteban. Aunque parezca imposible, no son familia. Se hicieron amiguísimas, eso sí, en la edición más chabacana que recuerdan los tiempos de 'Gran Hermano VIP', la última, donde Ylenia engordó unos diez kilos tras pasarse dos meses metida en una cama, a ratos debajo de un 'viceverso' italiano llamado Fede. En realidad, los gemidos de Ylenia los conocimos antes, en 'Gandía Shore', donde un tal Labrador le araba las tierras. Su gran logro, momento épico donde los haya, fue echar de la casa a otra 'choni' amenazándola con un insecticida. Mientras fue carne de telerrealidad, esa especie de existencia paralela que vomita la televisión de hoy en día, quedó acreditado que Ylenia Padilla tenía buena boca. Así que después se recicló como cantante, o más bien como señora que canta. Sin embargo, a mitad de su fulgurante carrera, esto es, un mes después de empezar, se dio de baja por “estrés”. Literal. Se cansó la tía de no hacer nada. Pero ni por esas. Su éxito siguió en aumento. Hoy, su 'single', ese “pégate a mi cosa buena”, (¿viene el Kinder con sorpresa?) es disco de oro en nuestro país y acumula más visualizaciones en Youtube que habitantes tiene Portugal, lo que confirma que España es la única película de terror en la que las rubias no serán nunca las primeras en caer.

Esta noche es otra vez viernes, 25 de septiembre, e Ylenia reaparece tras su baja laboral en 'Sálvame Deluxe'. Su episodio de estrés no le ha impedido pasar por quirófano para reforzar sus curvas, la máxima expresión de su talento artístico, y Telecinco le paga una pasta por mostrar su obra en primicia.
Mientras veo cómo Ylenia baja por las escaleras, mientras escucho su discurso banal, no puedo evitar pensar en aquella escena de la película 'Whiplash'. Aquella escena sobre las falsas mieles del éxito que vi en el tren junto a la Gloria, ¿recuerdan? Esa escena que vale por todas las insustanciales conferencias de todos los pobres gurús que antes fueron ricos.
Sí, Ylenia, te has operado,. te has operado las nalgas, vienes a contárnoslo hoy... “Buen trabajo”, nena, supongo que es lo que te podemos decir. Pero coge las puñeteras baquetas y tócanos 'Whiplash'......... ¿otra vez, Ylenia.?

O sea, > con la licencia
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