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UNA NOCHE TENEBROSA DEL MES DE JULIO....

UNA NOCHE TENEBROSA DEL MES DE JULIO.
Aquella noche de tormenta de verano, el cielo se encendía con la cantidad de rayos que sobre aquella aldea caían, era un día 11, del mes de julio, el calor durante el día había sido infernal, y aquel lugar acostumbrado más bien al frío, se sentía como atormentado, entre sudores que parecían no terminar, ni estando la tormenta encima, soltando su maldita carga de electricidad. Aquel campesino que su vida era trabajar de sol a sol, sentía como una fuerza extraña se abalanzaba sobre sus huertos. Quiso salir de su casa, para proteger a sus animales, que estaban pastando en los prados de su propiedad, además de las plantas, que podían sufrir las envestidas de dicha tormenta, en sus huertos familiares, con los rayos granizo y lluvia, que sobre la aldea estaban cayendo, todo parecía raro, la temperatura no bajaba, a pesar de la tormenta, y de vez en cuando desde la puerta de su casa miraba al cielo, que parecía más bien un infierno, su esposa le estaba quitando la idea de salir en busca de los animales, ya que ella sabía que eran posibles llamadas a los rayos, el hombre lo pensaba, pero la idea de poder perder parte de su subsistencia, le hacía sentirse con más valor que paciencia, por fin se decidió y agarro el paraguas, que le podía salvar de recibir una buena tromba de agua. Había como caminado medio kilometro de la aldea, cuando los rayos se acercaban hasta donde él se encontraba, el miedo le hacía temblar, y sus manos a pesar del agua que caía, estaban sudando, su frente, era mitad de agua y mitad sudor, sin a ver llegado a el prado donde pastaban sus animales, un rayo ilumino el árbol que estaba a su lado, rasgando parte de sus ramas, y el resplandor, le hizo ver algo raro, allí había algo colgado, que no tocaba el suelo, con la luz de su linterna, enfoco hacia donde colgaban las piernas de un hombre, casi vecino de su casa, su respiración se quedó muda, el sin saber que hacer en aquel momento, no tuvo valor para acercarse mucho más, y sin pensarlo dos veces, volvió sobre sus pisadas en los charcos, con el terror en sus ojos, quería andar ligero, pero el miedo le sujetaba sus piernas, y la mirada no sabía controlarla, por fin entre rayos y truenos, entro en la aldea, y se dio cuenta que alguien gritaba con voz desgarrada, su grito se escuchaba a bastante distancia, y eso que la tormenta amortiguaba los ecos del sonido, enseguida se dio cuenta, que era la voz del hijo del suicida, sin pensarlo dos veces, se acerco hasta donde se escuchaban los gritos, el hijo acababa de encontrar a su madre en un charco de sangre muerta, y su padre no aparecía, intento calmar al hijo que era imposible, y le dijo, si fue tu padre el asesino, ya lo ha pagado, el hijo no se enteraba de lo que aquel hombre le decía, solo el llorar le consolaba, y el hombre se marchó a buscar al alcalde de la aldea, que al recibir tales noticias, su tez de la piel se quedo blanca, sin saber como tendría que actuar, los pocos vecinos de la aldea, enseguida se enteraron de la fatal tragedia, y aunque la tormenta seguía dando rayos y de vez en cuando granizos, se decidieron ir a buscar al hombre suicidado, el grupo de hombres le acompañaba una mujer, que entre todos eran cinco personas, y la mujer prima del suicida, todos llevaban paraguas, y algunos botas de goma, ya que los charcos seguían aumentando, y el camino de los prados era un lavajo peligroso. La llegada al árbol donde se encontraba el hombre ahorcado, fue terrible, los rayos parece que aumentaban, con un mínimo tiempo de uno a otro, los resplandores se hacían continuos, y el hombre colgado, parecía no parar de dar vueltas, el momento aquel era demasiado duro, el alcalde y juez de paz, que les acompañaba, decidieron cortar la cuerda donde se suspendía el suicida, que parece que al bajarle de su extraño lugar, soltó como un suspiro, y uno de los hombres presentes dijo, esta respirando, a lo que enseguida el juez de paz, le dijo, es lo normal de los que mueren en estas circunstancias, sin saber que hacer, en aquel momento de la tormenta, decidieron por fin ir a buscar algún caballo o animal de carga, para trasladar al muerto. Y de vuelta a la aldea, se encontraron de nuevo con el hijo de los dos muertos, que en su desesperación no dejaba de llorar, entre los rayos y truenos de aquella maldita noche trágica y tenebrosa. Sin entender el por que de tan mal final. G X Cantalapiedra