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Vengo de ver tierras que pisaron mis sandalias, y unas...

Vengo de ver tierras que pisaron mis sandalias, y unas llanuras que pisarían estas hace muchos años (las sandalias de Segarra eran un calzado cómodo, para caminar sobre las dunas, con el inconveniente que cuando la arena estaba caliente, quemaban los diminutos granos, cuando se introducían entre los dedos.)
Vengo de ver imagenes, que me han llevado a meditar sobre aquellos años. Y he sentido una gran tristeza, mientras he sentido amigo fiel de aquellas gentes, que me inviar´çian a su jaima, y me ofrecían su té, dede una especie de cafetera brillante, como brillante era su amistad: algo que no viviría en Ifni, allí no tuve ocasión, de gozar de parecida acogida. Amigos sahauirías, me siento muy cerca de vosostros, y de el destino que os está marcando el mundo.
Tengo algo que agradeceros,: no solo la amistad de aquella familia, que vivía, en aquella caseta, blanca y redonda, entre otras muchas, que crecían la ciudad del Aiún hacia el SUR, si no por aquella acogida, algunas tardes, antes de regresar a la tienda de campaña. Radio "El Aiún" lanzaba sus hondas, escuchabais, y me deciaís, cuando la canción era para mi: "Al otro lado del mar, hay alguien que te ama" Yo cambiaba de conversación y el mas viejo se interesaba, cuando le contaba, que en mi tierra cantaba el arado en el barbecho donde luego crecerían trigales, corría un río de agua transparente que desembocaba en otro río, que desde unas sierras pobladas de arbustos, recoría llanuras de provincias castellanas. Viera llorar al viejo que era resperado por todos. Cuando el hablaba, hablaba en hombre sabio, y todos callaban. El mas pequeños se arrebujaba entre las piernas del anciano, y cuando yo hablaba, en silencio me miraba de sus grandes ojos. Iban descalzos: todos los niños iban descalzos. Todos los niños sentían respeto, yo diría adoración por los mayores.
Hoy esso niños habrán crecido. Hoy esos niños, tal ves se acuerden, de aquella tarde, que les llevaría un bote de melocotón en almibar, y... que to dejaría, pi parte para los mas pequeños. El viejo, también daría la mitad de lo suyo a una niña, que también en silencio, permanecía abrazada a su madre.
me llamó la atención en aquella familia, el hecho de que, hombres y mujeres, se reunían y que diferían de otras, en que as mujeres también, (aunque menos) participaban de las conversaciones. Una de ellas, ya mujer, si sería reprendida, por que se atrevió a preguntar, si quien me enviaba canciones por la radio, era mi novia. "No respondas" cortó su abuelo.
El abuelo y ella, ignoraban, que sobre las dunas al Sur de la ciudad, yo leería y reelería la última carta, que en cierto modo, era una traición, a aquellas canciones que alguien me dedicaba.
Allí apenas hay, algunos matojosd, en la llnuna interminable y alguna palmera, me lo están recordando, los muchos árboles que con el viento, se están desnudando, recordándome, la proximidad del invierno. Amigos saharauis, apenas si recuerdo, como eran allí los inviernos. Si quiero recordar qe me siento vuestro amigo... hoy mas que nunca