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SE EQUIVOCO DE DESTINO...

SE EQUIVOCO DE DESTINO
Corrían vientos del norte, en la estepa castellana, teniendo como resorte, la nieve por la mañana. Vientos que daban pereza, nieve que llegaba helada, voces de un amor ausente en una tierra lejana. Las mañanas eran frías y las tardes enmarcadas, y el hombre busco otra vida en los brazos de su amada. Se equivoco de destino, no quiso perderse nada, y marchó por su camino, en un final de semana. El tren le llevo hasta Francia, donde su niña jugaba, y su amor que era tan dulce de día le reclamaba. El campamento era duro, la ropa no le gustaba, ni las órdenes de marcha nunca las asimilaba. Aquella tarde se fue a buscar sus esperanzas, sin comentar el por qué, quiso abrazar otras danzas. Pasaron lista deprisa, más el recluta faltaba, en su macuto una brisa que la noche iluminaba. En su pueblo de León, nadie notaba su falta, dicen que tuvo ilusión por una joven de Francia. Luego sonaron cornetas, por aquel amor de Francia, se buscaron muchas metas en palabras de su infancia. Nadie daba las razones, de aquella gran escapada, que impuso sus condiciones una mujer que él amaba. Escuchando sus misterios supimos de encrucijadas, viviendo momentos serios temiendo más escapadas. Los fusiles preparados, rellenos todos de balas, con reclutas enterados por ver a quien disparaban. Una historia de pasiones sin luchas encarnizadas, hay mujeres y ocasiones que suelen marcar andadas. La frontera bien la esquiva con sueños de madrugada, y sus amores motivan mucha senda engalanada. Una mujer deliciosa, dicen que allí le esperaba, sus cartas olor de rosa para que así se embriagara. Pudo llegar al destino en la fría madrugada, y brindo por su buen signo al ver su flor anhelada. Sin fusiles ni bandera, sin poder jurar más nada, desertor que en la frontera dejo su patria olvidada. Los reclutas lo pensamos, en una fría mañana, donde tierras de León parecen más coloradas. Atrás se quedo su tierra, allí le aguardo su amada, sin ser los tiempos de guerra, su historia fue condenada. Reclutas que no penséis, en la marcha dislocada, que en la cárcel os veréis sí la fuga es controlada. Voces de miedo sonaron en las tierras castellanas, y la bandera juramos sin sentir voces extrañas. Aquel recluta callado, que su secreto guardaba, dicen que tuvo olvidado el mes en que desertaba. León su pueblo perdido, cerca de bellas montañas, se notó más dolorido, al vivir cosas extrañas. Los amores y el destino no son la misma jugada, nadie se sienta adivino sí ve su vida amargada. Por los campos castellanos, en las frías madrugadas, se hacen esfuerzos humanos por ver tardes encantadas. Que nadie imponga silencio ni quiera borrar andadas, las mujeres deliciosas tienen sus bazas ganadas. Una mujer sí es francesa, lo mismo que colombiana, se sentirá más gozosa al ver que la ves humana. El recluta ya casado quiso volver a su casa, y se noto desplazado cuando la pena le abrasa. En su camino forzoso sin meditar la distancia, el hombre quiso orgulloso rellenarse de elegancia. Cuantas batallas perdidas, cuantas sendas olvidadas, cuantas flores escogidas parecen horas ganadas. Las mujeres más hermosas, parecen siempre admiradas, ellas quieren ser dichosas sin querer ser dominadas. Los fusiles no se olvidan aunque no exista batalla, los soldados bien los cuidan con sus balas y metralla. Aquel recluta forzoso, que se olvido de su patria, por aquel amor gozoso, no le importo la distancia, Mujeres que marcan días de trabajo y arrogancia, que temen las noches frías, hasta en los pueblos de Francia. G X Cantalapiedra.