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MIGUEL HERNÁNDEZ, EL POETA DEL PUEBLO FALLECIA HACE...

MIGUEL HERNÁNDEZ, EL POETA DEL PUEBLO FALLECIA HACE 78, AÑOS EN LA CARCEL DE ALICANTE.
Fueron años de penumbras, con personas reprimidas, que entre las sombran seguían sin poder vivir sus vidas. Cárceles con sus castigos de libertades cerradas, celdas con malos motivos para personas nombradas. Miguel Hernández moría, en su tierra tan amada, soñando la luz del día, de una ciudad encantada. Su sangre llena de penas por las celdas arrastraba, el pasó cierta condena, entre Palencia y Ocaña. Fueron tiempos de penumbras, esperando a la esperanza, las luces que poco alumbran en tan sufrida templanza. Alicante de testigo, en Benalua se enmarca, el vivir es un castigo cuando el indulto se aparca. Aquel veintiocho de marzo, la vida se le acababa, la muerte no tiene plazo y a la tumba le llevaba. Sus versos quedaron mudos, más con el tiempo volaban, dicen que corren el mundo y a la gente la enseñaban. “Vientos del pueblo nos llevan”, “Nanas que siguen soñadas”, “El Labrador de más aire corriendo campos de España”. Miguel marcando los signos que pueden ser esperanza, a veces viendo destinos que no son buena templanza. Se marchó con tres heridas, entre sus manos cerradas, hoy que sentimos ver vidas que se van de madrugadas. Miguel muriendo en su celda, con sus sueños enjaulados, que su recuerdo no pierda aquellos versos cantados. Para la Libertad dando sangre, era un sueño duplicado, su sentimiento más grande era verse liberado. Alicante le recuerda, como un poeta nombrado, y España le tiene en cuenta como un hombre iluminado. Dejar que vuelen sus versos, que corran por los sembrados, que lo reciban los presos si se sienten marginados. Miguel muriendo entre rejas, dejó versos encantados, quedaron frases complejas de sus días más penados. Orihuela le recuerda, aquel joven hoy nombrado, que fue pastor en su huerta y se murió encarcelado. Hoy recordamos su muerte, llena de pasos contados, Miguel tuvo mala suerte en los penales penados. Setenta y ocho años hace de aquel momento sonado, Miguel muriendo se crece al morirse encarcelado. Alicante fue testigo, Benalua lo ha contado, la cárcel siempre es castigo para el hombre bien pensado. Ya llego la primavera, las flores están brotando, en la soledad se espera que el virus vaya acabando. La muerte sigue presente, y puede seguir dañando, el cuerpo se queda inerte y la mente va volando. Las celdas dejan castigos que siempre son despreciados, dicen los buenos amigos que son lugares marcados. Que no mueran los poetas que sueñan versos dorados, que todos tienen sus metas en caminos anhelados. “Jaén levántate brava con tus olivos plantados”, no vayas a ser esclava de aquellos tiempos pasados. G X Cantalapiedra. 28 – 3 – 2020.