La Guardia Civil

LA TERCERA....

LA TERCERA.

El honor, su principal divisa.

«La Guardia Civil tiene además, en el momento presente, dos virtudes añadidas a las muchas acumuladas durante los 175 años de su existencia: está integrada en la Marca España, hasta el punto de ser una verdadera referencia en el prestigio internacional de nuestro país, y es además, aquí y ahora, uno de los fundamentales instrumentos de vertebración de España»

Ramón Rodríguez Arribas.

Actualizado:

13/05/2019 08:23h.

Ahora hace 175 años, el 13 de mayo de 1844, D. Ramón María Narváez, a la sazón presidente del Consejo de Ministros y ministro de la Guerra (por aquel entonces los eufemismos eran solo una licencia literaria), presentó a la firma de Su Majestad la Reina Isabel II el real decreto que instauró la Guardia Civil. Fue el fruto de todo un proceso de creación que se inició el 28 de marzo del mismo año y que culminó de acuerdo con la iniciativa y personal intervención del ilustre militar de la más alta graduación, D. Francisco Javier Girón y Ezpeleta, duque de Ahumada, que pasaría a la Historia como fundador del Cuerpo de Policía de carácter militar que, en la actualidad, es reconocido como uno de los primeros entre los que se dedican a la seguridad, a la investigación y a la protección del orden jurídico en los países más avanzados del mundo.

Por aquel entonces el campo español y los caminos que le atravesaban no eran lugares seguros, porque había partidas de bandoleros y el temor ciudadano exigía medidas de protección; a servir esta necesidad obedeció la promoción de «una fuerza armada de Infantería y Caballería» (como la Gendarmería francesa y los Carabinieri italianos) que desde entonces ha compartido su dependencia entre el Ministerio del Ejército, después Defensa y el de la Gobernación, ahora Interior, distinguiendo la interna estructura y disciplina militar y la externa función de seguridad, policía administrativa y especialmente policía judicial, en cuyas funciones encontré el más eficaz apoyo durante los muchos años en que fui juez de instrucción. Esta doble condición de fuerza policial y militar no puede perderla nunca nuestra Guardia Civil, porque es la esencia de su más íntima naturaleza.

También en lo personal mis recuerdos infantiles están en las casas-cuartel, en las que me crié y en las que, desde niño, aprendí a valorar y a asumir como propios los principios de la Guardia Civil, de honor, disciplina, vocación de servicio, patriotismo y lealtad. Tampoco me resisto a contar otra anécdota personal: hace años tuve ocasión de compartir mesa en un almuerzo en Madrid con Rudolph Giuliani, que acababa de cesar como alcalde de Nueva York, después de haber sufrido la terrible experiencia del atentado contra las Torres Gemelas y de haber dejado una Policía Metropolitana que había servido ejemplarmente a los ciudadanos durante su mandato, reduciendo la criminalidad en la gran ciudad americana. En el curso de la conversación salió a relucir que mi padre había sido coronel de la Guardia Civil y al oír el nombre de nuestro Cuerpo, levantó los brazos y pronunció una exclamación claramente admirativa, lo que revela que su prestigio ha traspasado todas las fronteras y tiene ahora valedores en quienes han conocido sus méritos en sus ya muchas actuaciones en el extranjero al servicio de las Naciones Unidas, de la OTAN y de la Unión Europea; y ya no solo como ejemplo de servicio y lealtad a su país y a su orden político, sino también por sus logros en el campo de la criminalística y de la investigación científica, al servicio del Derecho.

En España, tanto en nuestras vías de comunicación, en las cordilleras, en las costas, en las fronteras del país, como en todas partes, la presencia de los verdes uniformes inspira tranquilidad y confianza, porque los ciudadanos aprecian en los guardias civiles las virtudes que les llevan a asumir el riesgo en el salvamento y llegar hasta el sacrificio para cumplir sus deberes, como de hecho sucede hasta extremos heroicos, con la serenidad de quien no presume del servicio que presta en la inundación, en el fuego y en el accidente, ya sea en la montaña, en la carretera o en el mar.

También es singularmente estimada la conducta de los guardia civiles cuando en el cumplimiento de sus deberes y tras el respetuoso saludo militar, se dirigen a un ciudadano para advertirle de una infracción que va a ser denunciada; la misma correcta postura adoptan al reclamar la exhibición de un documento u ordenar una conducta de colaboración ciudadana. Sin duda, todas esas actitudes tienen su origen en un excepcional documento que, aunque ya no esté en vigor, es el fundamento de toda una tradición; me refiero a la «Cartilla de la Guardia Civil», directamente salida de las manos del duque de Ahumada y que, desde la fundación del Cuerpo, ha impregnado los sentimientos, la forma de pensar y, por lo tanto, de actuar, de los guardias civiles.

Fruto visible del reconocimiento que ha encontrado en los ciudadanos españoles esa trayectoria, a lo largo de los años, son las cerradas ovaciones y los aplausos en que prorrumpen los espectadores de un desfile militar, tan pronto como asoman los tradicionales tricornios, prenda que, aunque también haya dejado de usarse en el servicio ordinario, sigue siendo signo de identidad del Cuerpo y continúa simbolizando sus más preciados valores.

La Guardia Civil tiene además, en el momento presente, dos virtudes añadidas a las muchas acumuladas durante los 175 años de su existencia: está integrada en la Marca España, hasta el punto de ser una verdadera referencia en el prestigio internacional de nuestro país, y es además, aquí y ahora, uno de los fundamentales instrumentos de vertebración de España, como lo pone de manifiesto en una estadística indiscutible, ser, con el Cuerpo Nacional de Policía y las Fuerzas Armadas, el primer destinatario de la confianza de los ciudadanos españoles.

Finalmente hay que recordar la firmeza con que la Guardia Civil expulsa de sus filas, en los escasos supuestos en que así sucede, a quienes manchan el uniforme y por eso lo mantienen limpio siempre, haciendo realidad el principio de su Cartilla con el que se da título a este artículo.

Ramón Rodríguez Arribas es guardia civil honorario.
Respuestas ya existentes para el anterior mensaje:
TRIANA. estoy de acuerdo con lo que dice la carta o artículo periodístico. Y destaco lo que dice acerca de la TRANQUILIDAD cuando ves un Guardia Civil. No como antes, hace años que casi, casi, nos metían el miedo en el cuerpo. Bueno, había de todo. Conocí guardias civiles grandes personas, otros no tanto. Había de todo. Ahora es diferente y les hablas de tú a tú. A un amigo mío le pusieron una multa de tráfico y el Guardia Civil le echó "un mitin". Mi amigo le dijo: ¿Me va a quitar la multa? No, dijo el Guardia Civil y mi amigo contestó: PUES ENTONCES AHÓRRESE EL SERMÓN. El G. Civil sonrió.

Un saludo.