Madrid

Bueno, por la calzada no van, tanto las unas como los otros, sino que van por la acera, como

Bueno, por la calzada no van, tanto las unas como los otros, sino que van por la acera, como se puede apreciar en las cuadrículas.

Creo que conoces Madrid y sabrás que la gran vía tiene unas aceras muy anchas, y sobre todo las del tramo que va de Callao a la Plaza de España.

No sé si entonces sería como un poco más tarde, unos años después, que los guardias municipales -Policía Municipal creo que se llamaba el cuerpo- "los del orinal" del decir popular, cuando veían peatones caminando por la calzada, o cruzándola por cualquier sitio menos por los pasos de peatones, les llamaban la atención. En cuanto veían a alguien así, ya le estaban "tocando el pito" -el silbato- y hasta en algunos casos echaban a la gente para atrás, otra vez a la acera, y la obligaban a que cruzase por su sitio. Lo mismo pasaba si te ponías a cruzar con el letrerito encendido de PEATONES PAREN, que fue antes del "hombrecillo" en rojo y en posición de firmes.

Había uno de aquellos del "orinal" que lo conocí cuando trabajaba yo en la calle Mayor (1964-1967). Se ponía desde la salida de Milaneses al cruce de la de Ciudad Rodrigo con la Cava, en la placita que hacía con Mayor y Comandante las Morenas y precisamente el conocimiento fue llamándome la atención por cruzar al salir de la tienda, hacia el Palacio de los quesos que quedaba enfrente, pues iba a un estanco que había, y que aun está, en esa misma manzana, a la vuelta con el comienzo de la Cava. Creo que ese tramo es la Travesía de Bringas. Según se cruza de Ciudad Rodrigo hacia esa manzana, justo en medio de la acera hay un quiosco de la ONCE, pues justo detrás está el estanco.

Precisa, o casualmente, el del "orinal" desayunaba todos los días en la Cafetería Chiky, la de "arriba", como decía alguien de por allí que no recuerdo, en compañía del de la ONCE, un hombre que siempre iba con el mismo traje marrón. Al menos yo no le conocí otro en todo el tiempo que estuve por allí trabajando.

Después, al pasar de unos cuantos años (en 1972 hasta... ¡buf!), estando yo de repartidor por la capi con una mercedes, la del modelo siguiente a la DKV, la "cauve" de los gitanos, me lo encontré por varios sitios como La Red de San Luis y calle Montera, la Gran Vía -Av. de José Antonio entonces-, y abajo de la Cuesta de San Vicente -Pº. de Onésimo Redondo entonces-, en la glorieta donde había una fuente de "tres o cuatro pisos" y que siempre cuando pasaba por allí -era camino obligado para mí, y lo hacía dos o tres veces al día-, me mojaba el agua que salpicaba de los vasos. Si hacía aire, hasta se me mojaban los albaranes que llevaba sobre el salpicadero. Y es que yo, fuese verano o invierno, siempre llevaba la ventanilla de mi lado bajada. Así tengo yo el oído izquierdo, como un "abrevadero patos".

Lo curioso es, que este hombre resultó ser primo de otro de los conductores de la empresa (Demetrio "el abulense"), y también resultó, que tenía más morro que espalda y eso que con la chaqueta y el abrigo, y con las hombreras que llevaba, parecían bien anchas. La cara desde luego que no la tenía de pasar hambre, ni el bigotazo que llevaba tampoco, que bien "gordo" que lo tenía.

Cuando el "primo" -"el Deme"-, que era más tonto y fantasioso que mandado hacer de encargo, me lo presentó como pariente suyo, el "poli" le dijo que él y yo ya somos casi de la familia desde hace años. Pues bien, "el pájaro", cada vez que me veía parado en la Calle Montera o por la Cuesta de San Vicente, ya que yo tenía allí clientes y tenía que dejarles "el pedido", se acercaba a la furgoneta y por la cara se llevaba -me lo pedía eso sí- una longaniza o un "imperial" -fuet-, para desayunar, decía. Yo creo que, o comía mucho el andoba, pues el aire no se lo llevaba, no, o convidaba a desayunar a los compañeros.

Saludos