Opinión, repasando columnas

Verdad de carga profunda....

Algo que celebrar.

Acertó ayer Pablo Casado colocando al jefe del Gobierno ante el espejo de su infamia. No dijo más que la verdad.

Isabel San Sebastián.

Actualizado:

25/10/2018 00:57h.

En tiempos tan oscuros como los que nos afligen, cuando arrecian los rumores sobre una nueva rendición del Gobierno ante el golpismo catalán a través de la Abogacía del Estado, es más necesario que nunca celebrar las buenas noticias. Y la que nos ha brindado esta semana el Tribunal de Estrasburgo es de las que alegran el corazón y animan a recuperar la confianza perdida en la Justicia.

Ha tenido que salir de allí el peón enviado por Zapatero a hacer el trabajo sucio para que los etarras perdieran al fin su primera batalla. Porque, paradójica y repugnantemente, la Corte europea encargada de velar por los derechos humanos llevaba años respaldando las demandas de esos asesinos múltiples. Amparó al secuestrador de Gaby Cisneros, Arnaldo Otegi, cuando fue condenado por injuriar al Rey Don Juan Carlos, condenó a España por maltratar a varios sicarios del hacha y la serpiente, en cuyo «manual del buen terrorista» estaba la obligación de denunciar a los cuerpos y fuerzas de seguridad, y apoyó la derogación de la doctrina Parot, requisito indispensable para que fueran excarcelados decenas de etarras mezclados con violadores multirreincidentes, muchos de los cuales han vuelto después a las andadas. (Cabe recordar que el ejecutor de esa sentencia, cumplida de un día para otro pulverizando todos los récords de velocidad judicial, Fernando Grande Marlaska, fue premiado primero con la presidencia de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional y más recientemente con el Ministerio del Interior). Una y otra vez los togados de Estrasburgo deshonraron su cometido, despreciaron el sentido común y dieron más credibilidad a la palabra de los pistoleros que a las sentencias del Supremo, inducidos por un individuo llamado Luis López Guerra, jurista de cabecera del PSOE, cuyo cometido era satisfacer las exigencias de ETA en esa negociación infecta que algunos llaman «proceso de paz». Y todavía ayer mismo el alter ego de ese presidente de infausta memoria alardeaba en el Congreso de la supuesta victoria conseguida frente al terrorismo por su maestro y mentor. ¿Victoria? ¡Lo que hizo Zapatero fue rendir nuestra dignidad y el derecho de las víctimas a la Justicia! Hasta hoy.

Sin la ayuda inestimable de López Guerra, los etarras se han topado al fin con un muro de decencia. Resulta difícil comprender que la misma ley merced a la cual fueron liberados Parot y otras escorias de su calaña sirva para mantener preso a Pakito, pero así es. Múgica Garmendia permanecerá entre rejas, hasta que termine de cumplir su condena, y el mismo destino aguarda a otros sesenta y nueve miembros de la banda que esperaban beneficiarse de un nuevo fallo favorable a sus intereses. En ausencia del juez socialista, su principal valedor, los secuaces de ETA han visto fracasar por una vez sus pretensiones. La pena es que dos de los demandantes, Santiago Arróspide Sarasola «Santi Potros», y Alberto Plazaola Anduaga, ya andan sueltos por la calle. Potros fue condenado por cuarenta asesinatos probados a miles de años de reclusión, de los cuales cumplió treinta. La derogación de la doctrina Parot hizo que pagara menos de un año de cárcel por cada vida robada. ¿Y hay quién llama a eso «victoria»?

Acertó ayer Pablo Casado colocando al jefe del Gobierno ante el espejo de su infamia. Mostró un coraje encomiable acusándole sin tapujos de ser partícipe y beneficiario del golpe protagonizado por el separatismo catalán. El nuevo líder del PP no dijo más que la verdad, aunque hay muchas más verdades que esperan ser desveladas. Ojalá no le falten arrestos para poner el dedo en esas llagas.

Isabel San Sebastián.

Articulista de Opinión.

Verdad de carga profunda.

Durante demasiado tiempo hubo miedo a ofender a quienes viven de la mentira histórica.

Hermann Tertsch.

Actualizado:

26/10/2018 01:09h.

Más allá de las malas bromas que gasta ese prestidigitador fracasado que es José Félix Tezano para enchufarnos sus fabulaciones por cortesía del CIS, las cosas se han puesto interesantes. No porque Pedro Sánchez se haya hecho el ofendido porque le han dicho algo muy cierto: que es socio de los golpistas, colabora con los golpistas y es lo que es gracias a los golpistas, a los que él corresponde con el continuo desarme del Estado. Cuando, para aferrarse al cargo que asumió con una promesa traicionada, está dispuesto a tener de socios a una banda de asesinos y secuestradores, a otra de delincuentes que proclamaron una república en una región española y a todos los enemigos de España y la Constitución, no se puede tener la piel muy fina. Ni pretenderse muy digno en esta siniestra alianza que había jurado jamás haría. La dignidad no se simula como una tesis.

Además, el propio Sánchez en el Congreso y Carmen Calvo ayer confirman las palabras de Pablo Casado. Han asumido la defensa de los golpistas en la calificación del delito frente a los cargos que presenta la acusación. Así, el Gobierno está con los golpistas en este juicio. No quieren sentencias serias que sean disuasorias para cualquier nuevo golpe. El Gobierno quiere liberar cuanto antes a los golpistas para poder hacer negocios con ellos. Igual que los comunistas de Podemos y los demás que ven cerca sus pequeñas tiranías en los despojos de la nación y geografía españolas.

Los españoles que saben algo de historia son conscientes de lo importante que es que los cabecillas del golpe sean condenados a largas penas por rebelión y sedición y que las cumplan como lo hicieron los jefes del golpe de Estado del 23-F. Es necesario para neutralizar definitivamente el peligro del Estado fracasado y de un brote incontrolado de tiranías de izquierda chavista y nacionalistas comunistas, esa muerte de España. En 1917, salvo Indalecio Prieto, que se escabulló, los responsables de la huelga revolucionaria que causó un estallido de odio, violencia y muerte, entre ellos Largo Caballero y Besteiro, fueron detenidos, juzgados y condenados a reclusión perpetua. Meses después, estaban en las listas de las elecciones a las Cortes. Y los liberaba una amnistía que firmó Alfonso XIII. En 1934 ocurrió lo mismo. Los golpistas condenados por la República, Lluis Companys a 30 años, eran liberados con el triunfo fraudulento del Frente Popular. Poco después llegaba el golpe del otro lado y volaba por los aires un régimen ya pelele de la izquierda revolucionaria. El liberado Companys volvió a Barcelona y se convirtió en un azote culpable de miles de asesinatos y fusilamientos de inocentes. Fue una tragedia que lo fusilara Franco. Si lo hubiera hecho la República cinco años antes, se habrían salvado miles de víctimas del propio Companys. Y quizá se había salvado la II República misma.

Ahora, la gran novedad está en que Pablo Casado y Albert Rivera no tienen miedo a usar verdades de carga profunda. Han sido 35 años de insultos a España en el Congreso sin que nadie recordara a ERC la sangre inocente que vertió. Se ha hecho. El PSOE es otro con siglas que no soporta una memoria histórica con mínima decencia. Durante demasiado tiempo hubo miedo a ofender a quienes viven de la mentira histórica. Así era imposible defender la verdad. Ahora surge en toda España una ofensiva por la verdad. Sin miedo. Contra esa mentira histórica que el Frente Popular quiere convertir en Código Penal para intentar acabar definitivamente con la libertad de los españoles.

Hermann Tertsch.

Articulista de Opinión.