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EDITORIALES/TRIBUNAS.

Negligencia mortal.

OKDIARIO.

ACTUALIZADO: 04/11/2021 06:50.

El Ministerio de Interior -Instituciones Penitenciarias- sabía que el asesino de Lardero había cambiado de domicilio y, más aún, buscó la colaboración de su hermana para que ejerciera sobre él algún tipo de control. En un primer momento, la mujer accedió a alojar a su hermano en su casa con su pareja y con una de sus hijas, pero a los tres meses fue su pareja quien exigió que se marchara y junto con su mujer le buscaron a Almeida el piso desde cuya ventana observaba jugar a los niños en el parque de Lardero. Lo más grave es que al asesino comunicó el traslado a su nueva vivienda y que Interior llevó a cabo 16 actividades de control, incluyendo una visita a la casa. El trabajador social encargado de hacerlo tuvo que pasar junto al colegio y atravesar el parque infantil cercanos a la casa del asesino, pero no hizo mención alguna al hecho de que un depredador sexual como Almeida viviera rodeado de pequeños.

Fueron los trabajadores sociales quienes convencieron a la hermana del asesino de tenerlo bajo control, de modo que en esta terrible historia lo que ha fallado estrepitosamente es la información. Porque si Interior tenía constancia del paradero del asesino, que no ocultó el cambio de domicilio, lo inexplicable es que ni la Policía Municipal de Lardero ni la Guardia Civil supieran del mismo. Esa fue precisamente la razón por lo que tardaron en personarse en su vivienda, dando tiempo a al asesino a llevar a cabo su siniestro plan criminal.

Resulta inaudito que tratándose de una persona con un historial delictivo como el que tenía Almeida, Interior, en lugar de extremar la vigilancia, ‘encargara’ a su hermana la tarea de tenerlo controlado. A medida que pasan los días y se van conociendo las negligencias de los responsables de velar por el cumplimiento del sistema penitenciario, más claro está que la muerte del pequeño pudo haberse evitado.