Política

La figura lo retrata

¿Alguien lee a HETERODOTO en la Moncloa?
El ESPAÑOL (Pedro J. Ramirez)

Aunque nuestro ecosistema informativo sea el reino de lo efímero, en el que, hasta las más justificadas llamaradas de indignación, se evaporan como los fuegos fatuos de las bengalas en la noche, el escándalo del CIS pervive en el oprobio. Ningún demócrata puede amortizar a beneficio de inventario que un organismo público, cuyos datos son difundidos a bombo y platillo por todos los medios, abra un abismo de 13,4 puntos de intención de voto entre el PSOE y el PP, cuando el promedio de las estimaciones de los más variados institutos demoscópicos no pasa de 2,5.

Que eso suceda cuando se ha colocado al frente del CIS a un miembro de la ejecutiva del PSOE con al menos diez trienios de acreditado sectarismo guerrista, como José Félix Tezanos; cuando la periodicidad de sus sondeos electorales ha pasado de trimestral a mensual; y cuando se invoca una nueva metodología, basada en añadir al voto declarado la "simpatía", no viene sino a avivar la indignación con el escarnio

En el caso de que tuviera que existir una institución pública como el CIS, una ley debería prohibirle hacer predicciones electorales. Incluso si dispusiera de un estatuto que garantizara su independencia y lo encabezara un profesional ajeno a la política, la sombra de la sospecha planearía, como ha ocurrido siempre, sobre sus estimaciones.

Ahora, la obscenidad de su partidismo, sólo parangonable a la de los institutos análogos de algunas autonomías, ha convertido la sospecha en certidumbre. Hasta el extremo de que, tal vez, lo más deseable fuera que Tezanos terminara de pasarse de frenada y destruyera los últimos atisbos de credibidilidad del CIS con nuevas oleadas, crecientemente favorables a la causa gubernamental. Bastarían un par de empujoncitos más, para acercar la ventaja de Sánchez sobre Casado a los veinte puntos y convertir la indignación en rechifla.

A nadie medianamente avisado se le escapa que Tezanos pretende activar el mecanismo de la profecía autocumplida, según la clásica definición de Merton: "La profecía que se autorrealiza es, al principio, una definición falsa de la situación, que despierta un nuevo comportamiento, que hace que la falsa concepción original de la situación se vuelva verdadera".

Es el trasunto del mito clásico de Pigmalión, cuando el escultor que se enamora de la estatua por él tallada, termina dándole la vida. Todos hemos visto en el teatro o en el cine cómo el profesor Higgins de My Fair Lady consigue que la vendedora ambulante, Liza Doolittle, se convierta en una gran dama, a base de presentarla como tal.

Sánchez se encuentra rodeado de problemas cual náufrago en el islote menguante de un mar infestado de tiburones: la chapuza de la tesis, los líos de sus ministros, el bloqueo de los presupuestos, las piruetas de Pablo Iglesias, el bumerán de la exhumación de Franco, la pesadilla de la venta de armas a los saudíes, los avisos de recaída económica... Y ahora, el simultáneo machaque de constitucionales y separatistas, tras su pirueta, entre ridícula y ya veremos si trágica, de permitir a la Fiscalía acusar por rebelión a los golpistas y obligar a la Abogacía del Estado a hacerlo sólo por sedición para rebajar las penas. Todo un sabotaje al Estado, desde dentro del Estado, en línea con el doble juego que ha venido practicando, desde que fue aupado por los votos de quienes quieren dinamitarlo.
Cuando lo lógico sería que todo esto minara su precaria base electoral, Tezanos inocula el mensaje opuesto: este presidente está hecho un campeón y su respaldo no deja de crecer frente a una oposición "crispadora" que se derechiza y entra en barrena. Simultáneamente, el aliado podemita se mantiene al alza, como si una protección superior le preservara del castigo al extremismo. La suma no tiene vuelta de hoja: 31,6 más 17,3: 48,9. O sea, mayoría absoluta para un gobierno de izquierdas.

No hay que descartar que la especiada cocina del CIS, bien aliñada con las imágenes recurrentes de los viajes internacionales de Sánchez, pueda terminar haciendo de la mentira, verdad. Ya se sabe que mucho más que el poder, desgasta la oposición y no debe desdeñarse el capital súbitamente acumulado por Sánchez, mediante la audacia del golpe con el que liquidó al Estafermo. No sería la primera vez que, a base de repetir que alguien tiene el 32% de los votos, termine teniéndolo.

Pero aquí hay algo que no cuadra. Si Sánchez creyera que, hoy por hoy, le saca casi 14 puntos a Casado y casi 11 a Rivera, el decreto de disolución de las Cortes y convocatoria de elecciones ya estaría en el BOE. ¿Acaso no firmaría la mitad de esa ventaja, como margen para el triunfo en unas elecciones generales?

Si Sánchez creyera que, hoy por hoy, le saca casi 14 puntos a Casado y casi 11 a Rivera, el decreto de disolución de las Cortes y convocatoria de elecciones ya estaría en el BOE
¿Para qué prolongar entonces este sinvivir, comprando apoyos parlamentarios entre quienes no dejan de elevar el precio, mientras aguardan el momento de apuñalarle? ¿Se ha vuelto acaso Sánchez tan masoquista como para empecinarse en prolongar la miseria de su minoría escuálida, cuando cuenta con augurios tan favorables y toda la sociedad aplaudiría que apelara cuanto antes, como se comprometió a hacer, a las urnas? ¿Cómo es posible que alguien prefiera vivir en la pensión de mala muerte, invadida por las liendres, de los 83 escaños, cuando tiene en el bolsillo la reserva de una suite en el hotel de cinco estrellas de la mayoría absoluta?

Tras mucho cavilar sobre este enigma, sólo se me ocurre que alguien en Moncloa, sea la vicepresidenta Carmen Calvo, la portavoz Celáa, el jefe de gabinete Iván Redondo o alguno de los chicos listos de su equipo, tipo Lucía Velasco, haya leído a Herodoto y se acuerde de la historia de Creso, rey de Lidia.

Considerado el hombre más rico y dichoso de su tiempo, Creso reinaba en el siglo VI antes de Cristo sobre gran parte de la península de Anatolia -o sea, sobre la actual Turquía- pero su ambición le empujaba a ampliar sus dominios, a costa del vecino imperio persa. Obsesionado, como tantos grandes de la antigüedad, por los auspicios de los dioses, consultó al oráculo de Delfos, tras inundar el templo de Apolo de valiosos regalos. La Pitia o pitonisa emitió entonces dos augurios. De acuerdo con el primero, "si emprendía la guerra contra los persas, destruiría un gran imperio". De acuerdo con el segundo, su reinado perduraría "hasta que un mulo sea rey de los medos".

"Evidentemente, una vez que estuvo convencido de que el oráculo le había dicho la verdad, decidió llevarla a cabo por completo", explica Herodoto en sus 'Historias'
Fue el inicio de lo que desembocó en el colapso del reino de Creso. Batiéndose ya en retirada, de una ciudad a otra, envió emisarios a Delfos para protestar por lo errado del vaticinio del oráculo del templo de Apolo. La pitonisa les contestó que "ni siquiera un dios puede eludir un destino fatal", que Creso estaba abocado a purgar las culpas de uno de sus antecesores -usurpador del trono lidio- y que, si no se hubiera cegado por la perspectiva de la victoria y hubiera pedido que le aclarara la profecía, ella misma le habría advertido que el "gran imperio" que "destruiría", si atacaba a los persas, era el suyo propio.

Creso fue hecho prisionero por Ciro y condenado a la hoguera. Según Herodoto, en el último momento el rey persa le perdonó la vida y lo mantuvo a su lado como consejero. Otras versiones posteriores aseguran que murió en la pira, recordando una advertencia de Solón de Atenas sobre lo tornadizo de la fortuna y maldiciendo el día en que pretendió llevar a término la profecía que no dudó en interpretar como favorable.

Creso, en lo alto de su pira funeraria tras ser condenado a muerte por Ciro el Grande. Grabado en un ánfora ática del siglo V a. C. que expone el Museo del Louvre de París.
Creso, en lo alto de su pira funeraria tras ser condenado a muerte por Ciro el Grande. Grabado en un ánfora ática del siglo V a. C. que expone el Museo del Louvre de París.
Podríamos pensar, pues, que ese sabio consejero monclovita, letrado en historia clásica, ha advertido a Sánchez de que, levitando aun por el obsequio supremo de haber sido nombrado presidente del CIS, el sectario y adulador Tezanos estaría haciendo un pronóstico tan falaz, con el anhelo de convertirlo en verdadero, que, si disolviera ahora las Cortes, el "imperio" destruido en unas elecciones anticipadas, sería el suyo y no el de la oposición.

El problema del presidente es que, así como Creso podía haber prolongado felizmente su reinado sin invadir Persia ni en el 550 a. c. ni nunca, él tiene fecha de caducidad y está obligado a acudir a las urnas en un máximo de dieciocho meses. Eso explica que, por muy consciente que sea del autoengaño, no vaya a dejar de propiciarlo hasta el final. Si luego resulta que el desenlace contraría la predicción, siempre podrá intentar dar el cambiazo, de forma que quien arda en la hoguera sea el errado arúspice fanático. Tezanos podrá alegar por su parte que cuando auguró que Sánchez sólo caería cuando un "mulo" le reemplazara, se refería al gobierno de coalición, nacido de padre popular y madre ciudadana que se está engendrando ya, en la espesura del bosque de Birnam