MARÍA

La belleza presidía aquel salón;
gallarda lozanía
que más que sentimientos de pasión
inspiraba candores, fantasías.
Era bella, bella al natural y bella al óleo,
perla exótica a la luz de los trópicos.

Mis dedos acariciaron el lienzo
con miedo, con miedo de ultrajar tanta armonía.
Sus ojos sonreían desde lejos,
desde esa lejanía donde no existe invierno.
Celos tuve del aire
que acarició su pelo.

En el salón brillaba como geisha etérea,
como amor de mis sueños,
pero tenía dueño.

Poema libre no ajustado a reglas. Basado en el sonetillo "Para la misma" de Rubén Darío. (La cubana japonesa)