Teatros varios (representaciones)

Seguimos el orden de la representación

Seguimos el orden de la representación.-

CUADRO 12

> Las criadas

SOLANGE. —Los jueces han tenido la cara dura de soltarle. Es un escarnio para la justicia. ¡Se nos insulta! Si el señor está libre querrá hacer una encuesta. Registrará la casa para descubrir a la culpable. Me pregunto si te das cuenta de la gravedad de la situación.
CLARA. —Hice lo que pude. Por nuestra cuenta y riesgo.
SOLANGE. —Buena la has hecho. Enhorabuena. Tus denuncias, tus cartas, todo sale a las mil maravillas. ¿Y si reconocen tu letra, miel sobre hojuelas? ¿Y por qué va primero al Boliche en vez de venir aquí? ¿Puedes explicarlo?
CLARA. —Ya que eres tan hábil, tenías que haber logrado tu propósito con la señora. Pero tuviste miedo. El aire estaba perfumado y la cama tibia. Era la señora. Ahora nos toca seguir con esta vida, volver a nuestro papel.
SOLANGE. —Desgraciada. Pero si precisamente el papel en sí es peligroso. Estoy segura de que hemos dejado huellas. Por tu culpa. Siempre dejamos. Veo grandes cantidades de huellas que nunca podré borrar. Y ella, se pasea en medio de todo esto amaestrándolo. Lo descifra. Coloca la punta de su pie sonrosado sobre nuestras huellas y una tras otra nos descubre. Por tu culpa la señora se burla de nosotras. La señora lo sabrá todo. Basta con que llame para que la sirvan. Se enterará de que nos poníamos sus vestidos, de que robábamos sus ademanes, de que embaucábamos a su querido con nuestras zalamerías. Todo va a hablar, Clara. Todo nos acusará. Las cortinas con la señal de tus hombros. Los espejos con la de mi cara, la luz que estaba acostumbrada a nuestras locuras. La luz va a confesarlo todo. Por tu torpeza todo se echa a perder.
CLARA. —Todo se echará a perder porque no tuviste fuerza para...
SOLANGE. —Para...
CLARA. —Matarla.
SOLANGE. —Aún puedo encontrar la fuerza necesaria.
CLARA. — ¿Dónde? ¿Dónde? No estás tan alejada como yo. No vives encima de la copa de los árboles. Un lechero se presenta a tu mente y te trastorna.
SOLANGE. —Fue por no ver su cara, Clara. Por haber estado de repente tan cerca de la señora, porque estaba cerca de su sueño. Iba perdiendo las fuerzas. Había que quitar la sábana que su pecho levantaba, para dar con su garganta.
CLARA (irónica). —Y las sábanas estaban tibias. La noche, oscura. Esas cosas se hacen en pleno día. Eres incapaz de cometer un acto tan terrible. Pero yo puedo conseguirlo. Soy capaz de todo, lo sabes.
SOLANGE. —El gardenal.
CLARA. —Eso es, hablemos tranquilamente. Soy fuerte, intentaste dominarme...
SOLANGE. —Pero, Clara...
CLARA (con calma). —Con perdón, sé lo que digo, soy Clara. Y estoy preparada. Estoy harta. Harta de ser la araña, la funda del paraguas, la monja siniestra, ¡sin dios y sin familia! Estoy harta de tener un hornillo en vez de altar. Soy la orgullosa, la podrida. Ante tus ojos también.
SOLANGE (coge a CLARA de los hombros). —Clara... Estamos nerviosas. La señora no llega. Yo también estoy que no puedo más. Yo también estoy hasta………………si hasta allí

P. O. de Trinidad