Tribuna libre

Nos falta la letra

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Carmen Lomana en el Prix de la Moda de «Marie Claire»
Agotadora semana llena de emociones y también de dolor, de esas que uno no sabe si desaparecer, irse a un spa o meterse en la cama, así que me he decidido por el plan B: rumbo a Sevilla Feria del Caballo, que no es mal plan para seguir «zascandileando» y contagiarme de esa alegría y calidez de la ciudad hispalense. Después de los bestiales atentados de París me quedé sin palabras. Creo que ya las he gastado en condenas a esta gente sin alma que quiere meternos el miedo en el cuerpo, buscando terminar con nuestra forma de vida, porque estos atentados han ido directos a nuestra forma de divertirnos, a nuestra alegría de vivir. Alegría es una palabra que no existe en su vida, son almas muertas, bestias no consustanciales con la especie humana. Me aburre esa cantinela tan escuchada estos días de: «Qué envidia me dan los franceses cantando La Marsellesa... Aquí no cantamos nada». ¡Qué vamos a cantar! ¡si por no tener no tenemos ni letra! Si cualquier símbolo de la patria a la primera de cambio lo abuchean y parece que ser patriota sea sinónimo de ser fascista. ¿Se imaginan que la oposición de Hollande estuviese convocando manifestaciones y llamando asesino a su presidente? Pues en nuestro país lo hicieron, y lo peor es que ganaron las elecciones. Por eso me parece de una doble moral insoportable que los mismos que alentaron eso estén ahora alabando el comportamiento de los franceses. Francia es un país con un enorme orgullo de ser franceses, algo que nuestros políticos se han encargado de desmantelar liquidando cualquier orgullo de ser español.
En lo que sí somos un ejemplo es en solidaridad y generosidad ante cualquier llamada para colaborar en obras sociales. Lo he podido comprobar durante los tres días que ha durado mi mercadillo, en el cual vendo gran parte de mi ropa para ayudar a la ONG Ningún niño sin techo, que recoge a niños abandonados o sin familia ni medios. Les damos cariño, educación y la oportunidad de que puedan ser hombres de bien.
Para completar esta semana de sorpresas, mi candidatura al Senado como independiente en la plataforma de Vox, un partido en el que están muchas juventudes del PP que han querido seguir defendiendo las ideas de siempre. Fundamentalmente, la familia, la libertad para educar a los hijos y la defensa de la vida del no nacido. Hay otro punto en el que pensamos igual: el Senado es una Cámara que no sirve para nada. Excepto para generar enormes gastos. Como representación territorial es igual de innecesario, para eso están los parlamentos autonómicos y las diputaciones. Por eso me presento al Senado, para que se cierre. Puedo asegurarles que no tengo ambiciones políticas, pero sí la responsabilidad como ciudadana de decir lo que muchos piensan.