¡Marchaaando!, Vamos a contar mentiras

¡Marchaaando!
Una de dragones y jinetes sobre caballitos albos.

Cuentan que un dragón había
que tenía tanta gazuza
que se acercó hasta poblado
por ver si allí algo comía.
Le salió al paso una gentuza
que se lo querían comer asado,
pero él le dio unos lengüetazos
y los engulló sin quedar saciado.
Relamiéndose todavía, vio
que en una plaza se cocía
en una olla que allí había
dos arrobas de garbanzos
con morcillas y tocino
y las ancas de un cochino
con bellotas bien cebado
de la dehesa del condado.

Como no era remilgado
se zampó todo de un trago,
eructó a continuación
y ya sin más dilación
a buscar postre marchó
al jardín del castillo
del señor de la región
donde, distraída se holgaba
tierna damita vestida
con sedas teñidas de azul
leyendo un libro con poesías.

¡Qué placer para mi cuerpo!
-Dijo para sí el dragón
mirándola con ojos tiernos
y de sus belfos resbalando
largas hilachas de babas.

Mas cuando ya se abalanzaba
sobre tan suculenta zagala
que aterrorizada temblaba
porque se veía tragada,
entró en escena un infanzón
que la tenía enamorada,
caballero sobre alazán
níveo como nieve blanca
con la celada calada,
lanza en ristre y decisión
atacó al dragón felón
que le quiso plantar cara
pero sucumbió ensartado
por la pica del infanzón
justito clavada en su corazón.
Pataleó panza arriba,
soltó unas cuantas llamaradas
y se le acabó la combustión.

Todo gallardo el infante
que no era muy ricachón,
descabalgó muy galante
y acercándose a la dama
un beso en su mano dio
y luego, de un rosal cortó
rosa roja perfumada
con las esencias del amor.

Ella, tierna gacela prendida
hasta el tuétano de su salvador,
correspondió la galantería
dándole cuanto tenía
y aquél libro que leía
cuando el bicho la sorprendió.

Y colorín coloreado,
así se llevó a la imprenta
el encuentro que un día
tuvo una niña postinera
con un joven lugareño
chulapo y bien plantado
que le dio dragón por lagarto.

Pero a que es bonito el cuento Eeeh.

Salud.