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Mensajes de Tribuna libre enviados por la señu:

Hoy estoy de bricolaje
en este humilde taller
mucho frío, más que ayer,
veo helarse el utillaje.

Se trataba de imitar
con un poquito de acierto
la prensa sin ser experto
tal cual, o algo similar.

Había hecho alguna que otra
algunos años atrás
pero alguien dijo... ande vas?
con este trasto, esta esotra.

Tenía mucha razón,
era tal el armatoste
que regalado y sin coste
quiso nadie una impresión.

Más mi orgullo me decía
hoy hare algo que sorprenda,
que sea fino y que atienda
a la exigencia del día.

Pasé por Leroy Merlín
compré un tablero de pino,
la caladora del chino,
tuerca y tornillo sin fin.

! Vaya por Dios! faltan clavos,
y el corte salió torcido,
el ancho está mal medido,
esta obra no vale un chavo.

Una y otra vez lo intentaba con paciencia, más, siempre faltaba algo, repasaba mis planos y en la teoría parecían perfectos, pero al llegara la ejecución, pocas cosas cuadraban, y es que en bricolaje casero, con escasez de herramientas en un precario taller, la perfección no existe, no obstante, aquí les presento la obra para que la puedan criticar.
Si hoy fuera ayer
y Rosalías tuvieras
mas cosas comprarías
que con tres euros de ahora.
Querida Rosalía de castro, dicen de usted, que era la más triste del mundo, no se quién puede afirmar tal cosa, quizás sea alguien muy lejano, de otra época, o siendo tan joven, no fue nunca al cine con ni con la morena cordobesa ni con usted. Yo le puedo decir que rara vez lo hice, pero el día que ocurrió, me acuerdo perfectamente que la tuve entre mis manos durante algunas horas, y era tal el gozo que encontraba, que de tanto tocar su cara hasta le hice perder el brillo azulado que a mi tanto me gustaba, y cuando perdía su contacto, era yo, el más triste del mundo.
Como era de esperar, los Reyes pasaron de largo otra vez más,! ni carbón!, y eso que les dejé en la ventana tres lonchas de jamón, unas cuantas rebanadas de pan y un porrón de vino, por supuesto que la ventana la dejé entreabierta por si querían entrar y hasta le dije a Sultán: si ves entrar a alguien esta noche, no le asustes con un ladrido, tú solo vigilas que no se lleven nada, no te fíes ni de los camellos. al levantarme, hice un barrido con la vista, y encima de una mesa vi un paquete muy vistoso que hasta tenía un lazo y pensé... será para mí?, estaba a punto de abrirlo cuando aprecio "la jefa", ehhhhh, que eso es para Sultán, y Sultán loco de contento bajó a la calle con su pelota nueva, la cual compartimos en esta fría mañana. Lo que no sé, es que pasó con el jamón, ya que el plato estaba vacío.