Foro Común


Mensajes de Llora por tí, España enviados por Triana:

EL ESTADO DEFIENDE QUE NO HUBO VIOLENCIA.

La Abogacía del Estado sale al rescate de los acusados y choca con el criterio de la Fiscalía.

Llegado el momento de la verdad, el de informar después de una vista de cuatro meses y cientos de testigos, considera que no hay prueba de su uso instrumental de la violencia.

ACTUALIZADO: 05/06/2019 11:07.

La Abogacía del Estado escenificó este martes ante el tribunal del 'procés' un alejamiento de las tesis de la Fiscalía hasta ahora nunca visto en el juicio. Durante 50 jornadas, el Ministerio Público y la representante estatal parecían caminar en un mismo sentido. En ocasiones, incluso parecía que Rosa María Seoane acusaba por rebelión. Espejismo. Nada más lejos de la realidad. Llegado el momento de la verdad, el de informar y condensar las conclusiones finales después de una vista de cuatro meses y cientos de testigos, negó la violencia. Aseguró que no hay prueba ni de que fuera "estructural" ni de su uso instrumental, o sea, el que se ejerce como un medio para lograr una meta.
La Razón dice que "Batet vuelve a dilatar la suspensión de los diputados presos". " Es incomprensible que los cuatro acusados por graves delitos contra la Constitución no hayan sido suspendidos, existiendo legislación para poder hacerlo", dice el editorial. "Batet ha optado por dar más largas a la suspensión y solicitar un informe jurídico a los letrados de la cámara aunque estos llevan desde el primer día analizando esta polémica jurídica. Ha sido la propia presidenta del Congreso la que ha propiciado este enredo, que podría ser puramente técnico si no se tratase de un nuevo frente abierto por el independentismo para socavar la legitimidad democrática. De no decidir la mesa hoy la suspensión, dañaría gravemente el perfil institución de Meritxell Batet". Pobre Meritxell, la que le está cayendo cuando ella solo cumple órdenes de Sánchez. En fin, si aguanta un poco más las elecciones son el domingo. Que se ponga hoy enferma o algo.
El Mundo abre con un informe sobre la inmersión lingüística en Cataluña que revela que "las normas discriminan a los niños que hablan español". El problema ya lo denunció Jiménez Losantos en su libro Barcelona, la ciudad que fue, que se ha reeditado ahora. Se trata, dice el editorial, de "una poderosa herramienta de ingeniería social que impulsaron los socialistas catalanes en la esperanza de fomentar la integración de las clases trabajadoras, pero que pronto Pujol convirtió en una máquina de generar buenos catalanes: aquellos que pagaban el peaje de renunciar a su personalidad castellanoparlante, empezando por su lengua materna, para abrazar una identidad alternativa diseñada desde el poder". "Promueven la segregación, el apartheid de la comunidad castellanoparlante" y "se les educa en el hábito de la exclusión identitaria. Se les enseña desde niños a sentir lo español como extranjero". Pues hay que admitir que lo han bordado. Emilia Landaluce tiene ganas de "largarse de España" tras el "grotesco espectáculo" en el Congreso, y le parece "raro" que Amancio Ortega, "viendo el linchamiento al que ha sido sometido no coja la sede de Zara y se la lleve a Portugal". Sí, hombre, y jorobarnos todos por un puñado de enloquecidos enrabietados. Mejor ponga una cláusula en sus donaciones que prohíba a los podemitas y sus hijos beneficiarse de ellas. Raúl del Pozo cree que no hay que dramatizar tanto. "La legislatura se ha iniciado entre voces, insultos y pateos, como ocurre desde que los senadores romanos daban con sus anillos contra el mármol. Mejor que los escándalos sucedan en el escenario del Parlamento que en la calle". Lo malo es que también sucede en la calle, Raúl. "En la sesión volvieron los basiliscos, los apóstatas, los tramposos, los bufones y, como siempre, los jabalíes, los tenores, lo arbitristas y los repúblicos. Nada nuevo, señora baronesa. En ese mismo Hemiciclo se han sacado pistolas y se han pronunciado sentencias de muerte". Visto así, la sesión del martes fue de lo más pacífica, cierto, ni un solo tiro.
La Razón: "Rebelión en las Cortes". Dice el editorial que el espectáculo fue "humillante", pero que "nuestra democracia demostró ayer su fortaleza, aguantando un nuevo envite que no tenía más objetivo que romper las costuras del sistema". Sí, los leones siguen ahí, impertérritos, ni un pelo de la melena se les movió. "Las Cortes fueron ayer un plató donde se exhibió sin pudor lo que lleva años mostrando en el Parlament y en las calles de Cataluña". El Congreso lleva siendo un plató desde que rufianes y podemitas se apoderaron de él. Pedro Narváez también está muy enfadado con la peña. "El pueblo está tan anestesiado de lo que ha visto que ya le trae al pairo un episodio de más o de menos, consume la pedagogía independentistas con pasmosa facilidad". Que sepamos quienes han permitido que los presos se presenten a las elecciones y vayan al Congreso a recoger sus actas han sido los jueces, no los ciudadanos. Así que, menos broncas.
Esperpento en el Congreso.

Valle-Inclán pareció ayer reencarnarse en una Cámara donde todo resultó una burla.

Pedro García Cuartango.

Actualizado:

22/05/2019 08:56h.

Me pellizqué por si estaba soñando a esa primera hora de la mañana, pero no: estaba despierto, bien despierto. Ello no hizo más que aumentar mi perplejidad al ver subir al personaje a la tribuna del Congreso y declarar abierta la sesión. Con su larga barba de chivo, la mirada penetrante bajo las gafas y una florida corbata digna del marqués de Bradomin, allí estaba don Ramón, elevando su armónica voz en el Hemiciclo lleno de diputados.

El insigne autor de «Luces de Bohemia» había tenido el buen gusto de morirse unos meses antes del estallido de la Guerra Civil, pero por unos instantes pensé que había resucitado para no perderse lo que iba a suceder ayer en Las Cortes. Sólo un talento como el suyo hubiera podido narrar el esperpento con el que se nos obsequió, que convirtió la carrera de San Jerónimo en un escenario semejante al Callejón del Gato, aquel en el que dos espejos –uno cóncavo y otro convexo– servían para deformar la realidad.

Ya decía el eximio escritor que «en España no se premia el mérito. Se premia el robar y ser sinvergüenza. Se premia todo lo malo». Y lo malo, lo peor es lo que afloró en un Congreso transformado en un escenario teatral en el que los independentistas quisieron emular a Max Estrella y Don Latino en el arte valleinclanesco del esperpento. Lo intentaron pero no lo consiguieron porque carecían de gracia y de talento. En realidad, todo quedó en una astracanada que recordó a aquel Parlamento en el que Groucho Marx declaraba la guerra a Sylvania.

Lo único bueno de la sesión inaugural de la legislatura fue esa resurrección momentánea de Don Ramón gracias a la contribución de un médico jubilado de 73 años de mi pueblo, Miranda de Ebro, llamado Agustín Javier Zamarrón. Sólo le faltó haber sido manco como el pendenciero literato, que perdió el brazo a causa de una discusión de café.

Su quevedesco rostro y su donaire merecían mejor suerte que presidir durante unas horas la humillación a la que sometieron a la Cámara que representa la soberanía popular Oriol Junqueras y sus tres compañeros, recibidos como héroes por la bancada independentista.

Si buscaba un foto, el líder de ERC la consiguió al dar la mano a Pedro Sánchez, con el que luego cambió impresiones durante unos instantes. «Tenemos que hablar», le dijo. ¿De qué? ¿De cómo sabotear la soberanía nacional o de cómo destruir la convivencia en Cataluña?

El momento más esperpéntico –con perdón del maestro de Villanueva de Arosa– fue el acatamiento de la Constitución, convertido en una nueva burla de un independentismo que no tolera bromas en su sede parlamentaria pero al que le gusta hacer escarnio de la legalidad en casa del prójimo.

Junqueras prometió acatar la Carta Magna «desde el compromiso republicano, como preso político y por imperativo legal», lo equivale a jurar por Snoopy. Rull, Turull y Sànchez hicieron lo mismo, al igual que los demás diputados independentistas que aprovecharon el momento para lanzar un alegato contra las instituciones que desprecian.

Laura Borràs, diputada de Junts per Catalunya, habló de «democracia fake», una definición perfecta para el modelo político que ella defiende. Todo es un «fake» en quien utiliza el garantismo del sistema para intentar destruirlo sin escrúpulo alguno.

Pero no lo lograrán mientras líderes políticos como Albert Rivera se mantengan firmes frente a las provocaciones. Aunque no obtuvo el amparo de la nueva presidenta del Congreso, muchos españoles se sintieron identificados con sus palabras cuando advirtió que su partido no va a consentir tales insultos y humillaciones.

Puede que Meritxell Batet tuviera razón desde el punto de vista legal al permitir el denigrante espectáculo, pero políticamente la actitud de los independentistas es inaceptable. Y lo es porque el respeto a las formas y a los que no piensan igual resulta esencial en una democracia.

Junqueras y los suyos fueron al Congreso a provocar y lo consiguieron. La prueba es que estamos hablando hoy y ahora de ellos. Obtuvieron sus minutos de gloria, sí, y la foto que buscaban, pero no convencieron. Lo único que demostraron es que el sistema es suficientemente generoso para dar voz a los que quieren destruirlo. Pero eso no es una debilidad sino una fortaleza. Lo único que quedó patente es que la democracia española es muy superior moralmente a un independentismo catalán para el que el fin justifica los medios, mentiras incluidas.

El sabio y perspicaz Don Ramón, que conocía muy bien la condición humana, señalaba que «la ética es lo fundamental de la estética». Los diputados independentistas carecen de estética porque les falta la ética. Y eso no tiene arreglo. Ayer quedó retratada su mezquindad moral. No hace falta cambiar las leyes para evitar espectáculos como éstos. Lo mejor es dejarles que se muestren tal y como son: unos miserables.

PD: VER IMAGEN EN LA (Web)
¡Pobre España!, nos espera tiempos tormentosos con esta marabunta en el Congreso, ¡pufffffffffff, que gente!
El astrolabio.

Por: Bieito Rubido.

Amancio Ortega.

Bieito Rubido.

El 20 may, 2019.

Envidia e ingratitud: nada nuevo. Dos materiales que llevan años cimentando el caduco y revanchista discurso de la extrema izquierda. Estaba claro que esa impostura de moderación de Iglesias Turrión, el líder podemita, era de cartón piedra. Ha vuelto a confirmar el viejo aforismo de que «hay quien no agradece un favor, pero es mucho peor el que no lo perdona». Una parte de la sociedad pertenece a esa categoría de ingratos y envidiosos. Ojalá hubiese en España muchos Amancio Ortega. Ya no porque puedan donar equipos médicos que valen millones de euros, sino por lo que aportan a la economía, al empleo y al progreso los emprendedores e innovadores como él. Honestamente, el dueño de Inditex no necesita defensa. La mayoría lo admira y otra gran parte le está agradecida. Hoy, por ejemplo, la ciudad de La Coruña no podría entenderse sin la riqueza que genera y reparte la primera multinacional de la moda. Que casualmente reside en Galicia y paga allí cientos y cientos de millones. La extrema izquierda continúa con su casposa y cavernícola política de hacernos a todos pobres en lugar de celebrar que podemos ser ricos.

PD: PARA QUE QUEDE CONSTANCIA DE ESTA EXTREMA IZQUIERDA.
Al paso que llevamos pronto lloraremos todos por lo que quede de esta nuestra España.