Foro Común


Mensajes de Opinión, repasando columnas enviados por Triana:

EL CONTRAPUNTO.

Por el bien de España.

El PP ha hecho valer sus magras mayorías y la jugada le ha salido bien gracias a la responsabilidad de Ciudadanos y Vox.

Isabel San Sebastián.

Actualizado:

17/06/2019 00:13h.

El centro-derecha sale fortalecido de la constitución de los ayuntamientos gracias a que, salvo contadas excepciones, tanto en Ciudadanos como en Vox ha primado la coherencia sobre la conveniencia cortoplacista. El PP ha hecho valer sus magras mayorías, en ocasiones con órdagos muy arriesgados («o Almeida o Carmena», proclamó Casado, tajante, en lo concerniente a Madrid), y la jugada le ha salido bien, merced a la responsabilidad de sus socios. Llegará la hora de juzgar en las urnas las actitudes de unos y otros, sumando a esta predisposición inicial la capacidad de gestión. Ahora falta por ver qué sucede en las comunidades autónomas y en el Gobierno de España, donde los de Rivera sufren una presión brutal para que abdiquen la palabra dada a sus votantes y actúen con arreglo a «lo que conviene», más o menos según a quien.

Ciudadanos habría obtenido mucho más mando en plaza municipal y autonómica entendiéndose con el PSOE, eso es seguro. Tanto Castilla y León como Aragón, por citar solo dos ejemplos, le habrían abierto las puertas de unas cuantas capitales. Sin embargo, prometieron no pactar con el sanchismo y a eso se han atenido, ya que Emiliano Page, el «barón» castellano-manchego con quien sí han tejido acuerdos, nunca ha estado en la órbita del candidato a la presidencia, sino más bien en sus antípodas, aunque con escaso ruido; todo hay que decirlo. En la política actual la valentía brilla por su ausencia, entre otras razones porque dicho atributo no solo no obtiene premio por parte de la sociedad, sino que sufre un implacable castigo. Que se lo digan a los héroes históricos del PP o el PSOE vascos, laminados, sin excepción, por sus respectivos partidos. Los naranjitos se han decantado por cumplir sus compromisos, a costa de jugosas poltronas, porque la dirección ha impuesto su criterio y su disciplina. ¿Coherencia o conveniencia a largo plazo? Quisiera pensar que aquella se traduce necesariamente en esta, aunque la realidad me ha desengañado a menudo.

Si las cosas se desarrollan con arreglo a lo que dicta la lógica, el mapa de las autonomías reproducirá colores semejantes al de los ayuntamientos. Esto es, allá donde la suma PP-Cs-Vox resulte suficiente, habrá gobiernos de centro-derecha, por mucho teatro que preceda a la constitución de esos ejecutivos. Navarra, pieza clave en el tablero nacional por la voracidad con que le apetece el nacionalismo separatista vasco, quedará en manos de UPN, porque los socialistas no van a atreverse a recibir el apoyo de Bildu, formación inequívocamente vinculada al terrorismo. O sí. Está por ver hasta dónde llega la falta de escrúpulos de Pedro Sánchez.

Lo cual nos lleva a la investidura por excelencia, que es precisamente la suya. De aquí a que se produzca esa votación, los diputados que encabeza Albert Rivera van a ser empujados por tirios y troyanos a dar su sí al candidato del puño y la rosa, hasta el punto de cargar sobre sus espaldas una decisión que no es suya, sino de quien urdió una moción de censura con la extrema izquierda y el independentismo golpista. Los mismos que le afeaban haber sostenido a Susana Díaz cuando la derecha no sumaba en Andalucía le instan ahora a que apalanque a Sánchez «por el bien de España», apelando a su condición de bisagra, aunque ello signifique renegar de sus principios, incumplir una promesa firme y cavar su sepultura política. Para mí que hay quien confunde el bien de España con el suyo…


Isabel San Sebastián.

Articulista de Opinión.
EL BURLADERO.

Porca miseria.

En esta España de los complejos se maneja la posibilidad de mirar para otro lado por si acaso fuera necesario su concurso para mantenerse en el poder.

Carlos Herrera.

Actualizado:

14/06/2019 08:21h.

En la asonada militar del 23 de febrero de 1981 concurrió, si mal no recuerdo, una suerte de violencia que consistió en secuestrar mediante el uso de las armas -con ráfagas de subfusil incluidas- a la soberanía popular reunida en el Congreso. La intención de los golpistas era la de cambiar, mediante maniobras ilegales, la legislación y el ejercicio del poder. Los distintos cabecillas fueron juzgados y condenados a severas penas, como alcanzamos a recordar, tras unas sesiones que vistas desde los años resultaron apasionantes. Desde aquel juicio es muy probable que no se haya dado otro de tal envergadura penal. El de hogaño, el que finalizó anteayer, ha intentado desvelar los hechos ocurridos en lo que hemos conocido como «procés» y ha expuesto, uno a uno, cada paso dado en los días en los que se proclamó durante siete segundos la República Catalana -esa que no existe, idiota- con el fin de cambiar la legislación mediante otras maniobras ilegales. La finalidad de lo que todos vimos y oímos era desgajar Cataluña del resto de España por las bravas. Y esas bravas son las que deben ser etiquetadas como violencia o no a fin de conocer el alcance del delito y, como consecuencia, de las penas.

Ningún país del mundo habría dejado de actuar así en cualquiera de los dos casos: si en nuestro entorno, unos militares entran a punta de pistola en el Parlamento y secuestran a los diputados, pueden darse por presos a lo largo de muchos años; y si en esos mismos países, una administración regional se declara independiente de París, Londres o Berlín, yo no quisiera estar en sus pellejos. Todos los Estados se habrían defendido en el 23-F y en el 1-0. Y hasta donde alcanzo a imaginar, en ninguno de ellos se manejaría, ni de forma remota, la posibilidad de indultar a cualquiera de los implicados.

Pero España parece diferente. Los implicados en las proclamas y en las acciones disruptivas del momento de marras han proclamado en sus alegatos que ellos no hicieron lo que hicieron y que, en cualquier caso, lo volverían hacer de estar libres, lo cual parece una contradicción de término a término. Sensibleros, victimistas, arrogantes y mentirosos, nos quisieron convencer de que no pasó lo que pasó y pretendieron que el Tribunal dejase de aplicar Justicia para dejar hacer a la política, justo lo que ellos no hicieron en aquel tiempo, entregándose de lleno a la ruptura de la legalidad reiteradamente recordada por parte del Tribunal Constitucional. Ninguno de los que allí alegó su condición de ungido por el pueblo catalán para guiarles en el difícil tránsito por el Jordán, reconoció haber cometido un error o manifestó arrepentimiento alguno; antes al contrario, en virtud de un mandato cuasi divino sugirieron estar por encima de la ley y actuar acorde a un supuesto mandato del pueblo catalán expresado libremente en un referéndum. Pero también quisieron evidenciar que todo fue una puesta en escena propia de la cultura popular. Al estilo de los «Pastorets» de Navidad. Lo cual vuelve a ser una contradicción. Ninguno de ellos ha salido a los medios y ha dicho: «Si, fui yo, yo lo hice y quise proclamar la independencia de Cataluña».

Si en cualquiera de los países de referencia democrática para España, el acusado de un golpe de Estado dijese que no lo ha hecho pero que lo volverá a hacer y advierte de las consecuencias sociales y para la paz ciudadana que podría tener una sentencia condenatoria, le caería encima, literalmente, todo el peso del Estado que ha intentado destruir. En cambio, en esta España de las componendas, los complejos y los cómplices, se maneja la posibilidad de mirar para otro lado por si acaso fuera necesario su concurso para mantenerse en el poder. Porca miseria.

Carlos Herrera.

Articulista de Opinión.
EL CONTRAPUNTO.

Mientras nos toman el pelo...

El poder Ejecutivo y el Legislativo han dejado solo al Judicial en el combate contra el golpe, que sigue su curso.

Isabel San Sebastián.

Actualizado:

13/06/2019 00:39h.

Mientras el presidente en funciones rebusca en el diccionario eufemismos que insultan nuestra inteligencia a fin de brindar a Pablo Iglesias una coartada con la que tapar su rendición incondicional en la investidura, el Supremo aborda una sentencia determinante para la nación española. La llamada a calificar los gravísimos hechos acaecidos el 1 de octubre de 2017 en Cataluña y dictar las correspondientes penas, a ser posible disuasorias de futuras intentonas. Porque, fuera lo que fuese en terminología legal esa patada a la convivencia propinada por las máximas autoridades locales, sigue su curso, tranquilamente, con el beneplácito del poder Ejecutivo y la indiferencia del Legislativo, que han dejado solo al Judicial en el combate contra lo que la Fiscalía ha definido con acierto como un golpe de Estado. El Gobierno autonómico presidido por Joaquín Torra persiste en el desafío a la Ley, agrava de día en día el foso abierto en la sociedad catalana, que enfrenta a una mitad con la otra, y jalea sin pudor a los reos pendientes de condena, quienes, lejos de mostrar arrepentimiento, han pedido a través de sus abogados que se «devuelva la pelota» al campo de la política, obviando que se les juzga por la (presunta) comisión de varios delitos y no por nada relacionado con la difusión de ideas. Ellos siguen a lo suyo, burlándose de nosotros. Ahí está esa portavoz del Ejecutivo autonómico, Meritxell Budó, negándose a responder a preguntas formuladas por un periodista en la lengua común a todos los españoles, con total impunidad. Ahí está la chulería de Rufián, amenazando con responder en la calle la decisión de los jueces. Ahí está la Abogacía del Estado (más bien del Gobierno de Pedro Sánchez), apoyando que el acusado Junqueras tome posesión de su acta de eurodiputado, aunque con ello se paralice durante meses o años la conclusión de este juicio. ¿Hasta cuándo abusarán de nuestra infinita paciencia?

Mientras los distintos partidos juegan al postureo, amagando rupturas o reconciliaciones con el único propósito de beneficiar a sus respectivas siglas a costa del interés general, el sistema de pensiones está al borde de la quiebra. Agotada la célebre «hucha», hay que tirar de crédito para abonar la extra de verano e incrementar con ello una deuda que alcanza ya los 43.000 millones de euros. Lo cual significa que usted, querido lector, y yo, y sobre todo nuestros hijos, estamos pagando a costa de un ingente esfuerzo una nómina política que crece sin cesar en las distintas administraciones y que, lejos de resolver nuestros problemas reales, genera otros nuevos que pronto nos estallarán en las manos. Problemas tan acuciantes como la imposibilidad de cobrar, cuando llegue la jubilación, aquello por lo que hemos cotizado durante toda una vida laboral. Una patata caliente que se pasan unos a otros hasta sin atreverse a hincarle el diente.

Mientras nos toman el pelo con alardes retóricos, mohines pueriles de «no te ajunto» y exigencias que no se cree ni siquiera quien las formula, España se desintegra en diecisiete sistemas educativos distintos que destruyen el patrimonio cultural común, impidiendo que cuaje cualquier proyecto de futuro, dificultan la movilidad dentro del propio país y causan terribles injusticias, como que un alumno canario apruebe el examen de selectividad con un examen mucho más fácil que el de un muchacho valenciano.

Es hora de que acabe el espectáculo y se pongan de una vez a trabajar para quien les paga el sueldo, que somos los ciudadanos. Ya han perdido suficiente tiempo pintándonos trampantojos.

Isabel San Sebastián.

Articulista de Opinión.
EL RECUADRO.

Los marqueses de Galapagar.

Parece que el título falso es el de Vicente del Bosque, Marqués del Bosque.

Antonio Burgos.

Actualizado:

12/06/2019 08:07h.

En España estamos perdiendo el popular sentido del humor. La nobleza ha firmado un acuerdo con los notarios para evitar los títulos falsos. La culpa la ha tenido un cara que iba por ahí como Príncipe de Marbella...

- ¿Pero el Príncipe de Marbella no era don Alfonso de Hohenlohe, creador del Marbella Club e inventor del «glamour» de la capital de la Costa del Sol?

No, este título falso que ha movido al acuerdo entre la Diputación de la Grandeza de España y Títulos del Reino, con su decano el duque de Fernández-Miranda, y el Consejo General del Notariado, con su presidente don José Ángel Martínez Sanchiz, no era un señor, como Hohenlohe, sino un timador de los de «déjame ahí veinte mil euros, que mañana mismo te los devuelvo». Este falso Príncipe de Marbella, mediante una escritura notarial, hasta consiguió aparecer como tal en el BOE, amparado por la fe pública. ¿Hay arte o no hay arte en la picaresca de los títulos falsos? Hasta hay falsos reyes de armas que se dedican a buscarte un título, y lo que te encuentras es que te han tomado el pelo pidiéndote provisiones de fondos para rebuscar archivos.

Los títulos falsos son de dos clases: estos de los timadores y los pintamonas oficiales, que quieren ponerse unas armas nobiliarias en sus tarjetas de visita y en sus cartas, y los que concede el pueblo, en plan de cachondeo. Estos últimos no sólo no deberían estar perseguidos y penados, sino premiados. Porque el pueblo, que es sabio, cuando le pone a alguien un título nobiliario falso, suele darle en todo el bebe, con muchísima gracia. Es una pena que sea una costumbre que se vaya perdiendo. En Sevilla había hasta hace poco títulos falsos de gran prestigio, como el recordado Barón de la Castaña, o el no menos celebre Conde de las Natillas, secretario de la peña ferial-humorística de «Er 77» que presidía otro título falso, el Marqués de las Cabriolas. Le pusieron lo de Natillas porque era maestro pastelero en el obrador de la Confitería La Campana. A una inglesa que cogía una papas mortales en una histórica taberna, Casa Morales, le otorgaron el título de Marquesa de Morales. Y a uno que se buscaba la vida alquilando sillas para los bautizos, lo crearon como Duque de la Enea.

Menos mal que nos queda el humor de los títulos falsos en la política, que ha otorgado una maravillosa dignidad nobiliaria completamente apócrifa a Pablo Iglesias y a Irene Montero, a quienes tras comprarse su casoplón de Galapagar han hecho, naturalmente, Marqueses de Galapagar. «Vivir como un marqués» es algo que no se quita de la mente al español medio. Conocí a un duque, grande de España, que se pegaba la gran vida, y a quien un amigo le dijo:

-Hijo, tú serás duque, pero vives como un marqués.

Así viven los Marqueses de Galapagar, que tienen su casa solariega vigilada por la Guardia Civil las veinticuatro horas del día. Han contratado a una salus que cuida de sus hijos a 100 euros la noche, para que los señores marqueses puedan descansar sin que los despierten los llantos de los niños. La casa en sí, a la que sólo le falta un escudo de piedra sobre la puerta con las armas de los Galapagar, está construida sobre una parcela de 2.300 metros cuadrados y tiene piscina, jardín y casa de invitados. Y les salió tirada, ya se sabe que a los marqueses suelen hacerles precio: 600.000 euros de nada. Yo por eso sugeriría a la Diputación de la Grandeza que editara el «Elenco de Verdaderos Títulos Falsos del Reino». Hay marqueses falsos, como los Galapagar, que parecen más verdaderos que los verdaderos creados por Don Juan Carlos I. Por ejemplo, Vicente del Bosque, Marqués del Bosque. Parece que el título falso es el de Marqués del Bosque, no el de los muy distinguidos don Pablo y doña Irene, a los que con su casta de nobleza Podemos llamar Marqueses de Galapagar.

Antonio Burgos.

Articulista de Opinión.
El queso es muy caro.

De los once aspirantes iniciales a suceder a May, siete admitieron haberse drogado. Como si los Panero quisieran ser líderes tories.

Rosa Belmonte.

Actualizado:

11/06/2019 00:22h.

Lo de «First Dates» es en inglés, aunque se trate de un programa español. Una vez salió una chica haciendo grandes afirmaciones. Nada que envidiar a Montaigne o a Gómez Dávila: «Cuando una se hace mayor se da cuenta de dos cosas, de que el queso es muy caro y de que todo el mundo se droga». La vida iba en serio, que diría el señorito Gil de Biedma. A falta de saber qué toman aquí los negociadores en ayuntamientos y en comunidades autónomas (si queso o de eso), parece que hable de los candidatos a suceder a Theresa May. De los once aspirantes iniciales a liderar a los tories, siete admitieron haberse drogado. Como si los Panero quisieran ser líderes conservadores británicos. De los más fuertes, Andrea Leadsom, Dominic Raab, Jeremy Hunt o el propio Boris Johnson. Marihuana todos. Rory Stewart dijo haber fumado opio y Michael Gove confesó haber esnifado cocaína cuando era periodista en «The Times» hace 20 años.

No consta que Boris Johnson estuviera fumado cuando mintió a los votantes durante la campaña del Brexit (por lo que fue citado ante un juez). Y tampoco cuando siendo corresponsal en Bruselas del «Daily Telegraph» (echa a remojo los periódicos serios) publicó en 1994: «Prohibidas las bananas curvadas por los burócratas de Bruselas. Las tiendas están obligadas a no vender fruta que sea demasiado pequeña o anormalmente curvada». Por supuesto, era falso. Ahora es el gran favorito a suceder a May y quiere irse sin pagar de Europa. También Michael Grove es partidario de una salida dura. Pero lo más importante en su caso parece ser que esnifó cocaína hace veinte años. Lo contó porque iba a publicarse su biografía («A man in a hurry», un hombre con prisa). Antes era laborista y luego conservador. Antes era periodista y luego político. La gente cambia.

Hay cosas que están más permitidas o mejor vistas que otras. Lo sabía el golfo y corrupto gobernador de Luisiana Edwin W. Edwards: «Que nunca te pillen en la cama con una chica muerta o con un chico vivo». Como lema para la política es muy útil. ¿A quién irán a elegir en Gran Bretaña? Pues cualquiera sabe. En los años 80 la decoración con muebles viejos heredados seguía siendo un símbolo de estatus. Michael Heseltine, secretario de Estado para el Medio Ambiente y secretario de Estado para la Defensa con Margaret Thatcher, era un millonario que había hecho su fortuna con el negocio editorial. Un hombre hecho a sí mismo sin muebles heredados. Un miembro del partido conservador y de la clase alta dijo de él con sorna: «El problema con Michael es que tuvo que comprar todos sus muebles».

Eso para algunos era intolerable, como para no dejarlo entrar al club. Pero el baremo de lo tolerable cambió. Años después, y retirado de la política, Heseltine contó que estranguló al perro de su madre. Empezó a morderle, así que le apretó el collar hasta que dejó de moverse. «Lo adoraba pero se volvió loco». También había contado que disparó a 350 ardillas grises en seis meses. Pero es que la ardilla gris norteamericana, introducida en el Reino Unido a finales del XIX, es una villana ecológica que está acabando con la ardilla roja (oriunda de Gran Bretaña) y causa daños a los árboles. Las grises son especies exóticas invasoras según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza. Heseltine contando lo del perro puede sorprender en este mundo donde Walt Disney ha hecho tanto daño. Pero lo de liquidar ardillas grises es de buen británico. Como ser partidario del Brexit y de desokupar Europa. Pero ni el Stilton es caro ni todo el mundo se droga.

Rosa Belmonte.

Articulista de Opinión.
Nadie se fía de Sánchez.

Ciudadanos no perdona sus tejemanejes con el separatismo y votará «no» a su investidura, pese a las presiones.

Isabel San Sebastián.

Actualizado:

10/06/2019 00:23h.

¿Gobernará Pedro Sánchez con el respaldo de los socios que lo encumbraron en la moción de censura o buscará otros aliados? El líder socialista desearía, sí, otros compañeros de viaje más respetables desde el punto de vista democrático y más fácilmente conciliables con el mundo económico-financiero cuyos intereses ha de tener en consideración cualquier jefe del Gobierno de España, le guste o no. Esos «poderes fácticos», a su vez, también desearían fervientemente otro tipo de coyunda, y empujan con fuerza en esa dirección… en vano. Ciudadanos no cambiará de postura porque no se fía de Sánchez. En realidad, nadie se fía de él. Ni siquiera aquellos con quienes terminará pactando en razón de su mutua dependencia. El actual presidente en funciones acumula méritos sobrados para despertar recelos insalvables en cualquiera que lo haya tratado, lo que significa que solo tejerá acuerdos con quienes no tengan alternativa. A saber; Podemos, PNV, UPN y esa formación regionalista cántabra cuyo abanderado es el inefable Revilla. Los tres presuntos golpistas encarcelados de JpC le han hecho un gran favor conservando el acta y rebajando así el precio de su investidura en segunda vuelta, a cambio de contrapartidas que todavía desconocemos. El resto del Parlamento se constituirá en oposición.

Los de Rivera no perdonan los tejemanejes de Sánchez con el separatismo traidor. No olvidan que su actual diputado, Edmundo Bal, fue purgado de su puesto en la Abogacía del Estado por negarse a rebajar la acusación contra Junqueras y los demás sediciosos catalanes, de rebelión a sedición, en la calificación del delito que se juzga en el Supremo. No hacen la vista gorda ante las ofrendas apaciguadoras que realizó en su día a los independentistas la vicepresidenta, Carmen Calvo, empezando por la de un «relator» encargado de mediar en el «conflicto», para vergüenza de nuestro Estado de Derecho. Ciudadanos no se fía y hace bien en no fiarse. Por eso no se abstendrá en la investidura, sino que votará «no». «No» a la posibilidad de que Sánchez utilice su respaldo para entregar nuevas parcelas de soberanía nacional o garantizar impunidad a quienes se sientan en el banquillo. «No» a que el relativista por excelencia se sirva momentáneamente de ellos para luego cambiar de pareja, de discurso y de política. «No», en cumplimiento de la palabra que dieron a sus electores, por más que arrecien las presiones.

Sánchez contará seguro con los «síes» de Podemos, no porque la extrema izquierda confíe en este PSOE cambiante, sino porque Iglesias no tiene otra salida. Pende sobre él y sus confluencias la espada de Damocles de unas elecciones anticipadas que les llevarían a la irrelevancia y consiguiente desaparición. Lo saben ellos y lo sabe el candidato del puño y la rosa, que escucha, divertido, sus exigencias de ministerios justificadas en que únicamente desde el Consejo de Ministros pueden asegurar el cumplimiento de lo pactado. En realidad, son rehenes que habrán de mostrarse dóciles, exactamente igual que el PNV, que ya dice Diego donde dijo «digo» respecto a Navarra. Los de Ortúzar necesitan a los socialistas para consolidar en el País Vasco su poder en municipios y diputaciones, y habrán de pagar en Madrid con idéntica moneda. «Do ut des». El mismo principio regirá en la Comunidad Foral, que será gobernada por la coalición de centro-derecha, merced a la abstención del PSN, a cambio de los dos escaños de UPN en el Congreso. El acuerdo está prácticamente cerrado, sin perjuicio del teatro al uso. En cuanto al resto de España, prevalecerá la lógica. Que no cunda el pánico.

Isabel San Sebastián.

Articulista de Opinión.
¡Si pudiera hablar el Rey!

Los catalanes, quiera o no quiera Laurita, tienen Rey.

Carlos Herrera.

Actualizado:

07/06/2019 01:20h.

Duro trabajo el de Rey. Ignoro si lo es en Holanda o en Suecia; sé que tiene su guasa serlo en Bélgica; parece agradable serlo en Dinamarca; y soporta un notable peso institucional si lo eres en Gran Bretaña, que supone ser Jefe de Estado también de Australia y Canadá -aunque hay que reconocer que son países que dan poca guerra- y debes recibir a Donald Trump como si fuera un primo cercano. Pero ser Rey de España conlleva algo más: recibir y escuchar a una colección de idiotas de importante peso específico dispuestos a darte lecciones de oportunidad democrática, poner buena cara y soportar que salgan de la reunión diciendo bobadas de diverso grado haciéndose los importantes. Afortunadamente, el Rey recibe gente normal, habla con gente normal y escucha lo que tiene que decir mucha gente normal, sea política o no. Pero tras cada elección, le toca abrir la puerta de su despacho a algún que otro mindundi en busca de su minuto de gloria y escuchar las supuestas frases imaginativas que reivindican las diversas ensoñaciones que han hecho fortuna en algunos idearios fantasiosos.

Ayer, Felipe VI recibió a una manifiesta indocumentada que presumió de ser portavoz y exégeta de todos los catalanes vivos, de nombre Laura Borràs, representante suplente de Junts Per Catalunya. Dice Laura que le dijo al Rey que los catalanes no tienen Rey, cosa que supongo le ha supuesto preguntarle uno a uno a todos los censados en la comunidad. Aunque vaya usted a saber si le dijo eso: salir del despacho del Rey asegurando que se le ha afeado tal conducta o que se le ha reñido por tal discurso es muy fácil; decírselo cara a cara ya no lo es tanto. Pero imaginemos que Laurita así lo hizo, asumiendo en su voz la opinión de todos los catalanes, lo cual es muy habitual entre la hez nacionalista: la respuesta que pudo darle el Rey es muy parecida a la que un mosso dio a un manifestante en Barcelona meses atrás: la República no existe, idiota. Los catalanes, quiera o no quiera Laurita, tienen Rey, como tienen Constitución, como tienen Seguridad Social o Servicio de Correos, como tienen Liga de Fútbol o AVE en las cuatro provincias. Lo que no tienen es presidente de la Generalitat, cargo ocupado por una ameba política que a lo largo de un año ha demostrado con creces su incompetencia e inoperancia. Más deberían la Lauritas de turno de preocuparse por la gobernación de las cosas: Cataluña es una región sin administración efectiva y con una especie de semidiós tontuno en permanente fuga al que elementos como la susodicha rinden veneración.

¡Si pudiera hablar el Rey! Sería del todo interesante que Felipe VI pudiera emitir su versión de los hechos y los dichos, desmentir a los fanfarrones y puntualizar a los torticeros: sabríamos cuánto presuntuoso se pavonea inmerecidamente en las ruedas de prensa posteriores a las audiencias con el Jefe del Estado. Laura Borràs, para su desgracia -o para una fortuna que no querrá reconocer- tiene el mismo Rey que yo, y tiene un Estado organizado como una Monarquía parlamentaria, mucho más democrática que un montón de repúblicas en el mundo, tal como afirmó brillantemente Alfonso Guerra en COPE con Cristina López Schlichting. El Rey es la garantía de moderación y equilibrio de un Estado en el que se contempla la posibilidad de que una soplagaitas pretenda hacerse la heroína ante la máxima autoridad constitucional, que al no poder entrar en debate político, no puede contestar a la sarta de consignas amarillas que va soltando en cada exhalación. Este Rey significa la garantía de que, incluso, golpistas contra la legalidad y quienes les secundan puedan ser recibidos en audiencia como si fueran personas decentes.

Carlos Herrera.

Articulista de Opinión.
Paco, llevas mucha razón, te diré que si el artículo hubiese sido referido a criticar algún tema que le afectara a la izquierda pues hubiesen salido todos los "izquierdosos" como fieras a darte una manta de "palos" como hacen siempre.

Saludos.
SUBVENCIONADOS? A ver dónde busca y rebusca ahora el PP despues del trompazo en las urnas que conlleva menos dinero, y que se ha acabado (espero que sí) la corrupción.

El PP comienza a despedir a sus trabajadores en el Congreso y el Senado recortándoles la indemnización
El Partido Popular -en apuros financieros desde que perdió las generales- ha comunicado ya a 6 de sus trabajadores con contrato fijo que pasa a considerarlos "eventuales" para ahorrarse la indemnización, según la documentación ... (ver texto completo)
No hay derecho, ahora lo que tienen que hacer es pasarse al "enemigo" y así todos y todas contentos, malos, malos, y malos.
Solamente el poder, le interesa al Sr. Sánchez. Ha dado suficientes pruebas y seguirá con su insensata hoja de ruta.
Creo que es lo único que le mueve y eso es muy peligroso para todos, ¡una pena que aún sigamos así!
El empeño en jugar con los muertos.

La prioridad era retener el poder. Para ello, una buena idea es jugar a ser el bombero pirómano, el que apaga los fuegos que él mismo prende.

Ramón Pérez-Maura.

Actualizado:

05/06/2019 00:27h.

Doctor Sánchez llegó al Gobierno empeñado en agitar la propaganda. La prioridad no era gobernar, lo que quiere decir resolver los problemas de la ciudadanía y facilitar su vida. La prioridad era retener el poder. Para ello, una buena idea es jugar a ser el bombero pirómano, el que apaga los fuegos que él mismo prende. Y eso es exactamente lo que hizo el presidente en su primera entrevista en TVE tras la moción de censura de hace un año. Decretó que el problema era un hombre que llevaba cuarenta y tres años muerto y que era prioridad en su Gobierno solventar ese problema del que nadie hablaba en España. Prendamos el fuego y después seremos los héroes que lo extinguieron.

Ha pasado un año y el bombero pirómano no ha conseguido cumplir con la palabra dada. Ya ha dado dos fechas y en ninguna de ellas se ha llevado a cabo la exhumación de los restos mortales del general Franco. Lo de ayer fue especialmente humillante para el Gobierno de Pedro Sánchez. Antes de la celebración de las elecciones generales del 28 de abril, con los comicios ya en camino, la portavoz del Gobierno, Isabel Celaá, anunció la fecha del 10 de junio para el traslado de los despojos de Franco. Era algo que anunciaba sin acuerdo con la familia, lo que hubiera equivalido a una profanación de la tumba. Pero en la prepotencia propia de quien se cree con un mandato sólido para gobernar con sólo 123 escaños sobre 350, jugaron a ser maquiavelos monclovitas: si ganaban las elecciones, podrían ejecutar el traslado en plena negociación de pactos poselectorales con la fuerza que ellos creían que ese movimiento les daría. Y si el ganador de las elecciones era otro, le dejaban un problema que resolver: porque hubiera tenido que empezar por no cumplir la orden legal del Gobierno de España sobre el traslado. Era lo que los anglosajones llaman un win/win situation.

La familia Martínez-Bordiú, la comunidad benedictina, la Asociación para la Defensa del Valle de los Caídos y la fundación que lleva el nombre del difunto optaron por recurrir a la Justicia porque algunos todavía tenemos razones para creer que en este país no hay derecho, pero sí hay Justicia. Y la fecha del 10 de junio, la foto de Sánchez ante la tumba vacía de Franco, no va a ser posible. El recurso de los cuatro actores ha sido atendido por unanimidad. Por supuesto, eso no quiere decir que el Supremo vaya a dar la razón a los recurrentes cuando se dicte la sentencia final sobre el procedimiento. Pero sí ha quedado muy claro que el empeño en mantener la fecha del 10 de junio implicaba una clara voluntad de Sánchez y los suyos de violar los derechos fundamentales de una familia: el muerto y sus nietos que son ciudadanos con los mismos derechos que Sánchez, su mujer, sus hijos y su suegro.

España sigue siendo un país donde algunos hacen de su capa un sayo. Pero es difícil saltarse al Tribunal Supremo como bien están viendo en estas horas los autores del golpe de Estado de octubre de 2017. Sánchez se quedó ayer sin argumentos en el caso de Franco porque no se puede permitir la más mínima crítica a la sentencia unánime del Supremo. Porque eso permitiría cuestionar la futura sentencia de ese tribunal en el caso de la rebelión en Cataluña. Y creo que ni siquiera Sánchez, que está dispuesto a casi todo a cambio de mantener el poder en España, se atrevería a poner en riesgo la condena a los procesados golpistas. O, bien pensado, tal vez se atreva incluso a eso.

Ramón Pérez-Maura.

Articulista de Opinión.
TRIBUNA ABIERTA.

Quo Vadis, Rivera?

«Ha llegado el momento de que cambies de estrategia, pues es en estos trances cuando la mirada larga hacia adelante ha de imponerse a la táctica, es decir, al cortoplacismo y a la mercadotecnia»

Joaquín Leguina.

Actualizado:

04/06/2019 08:57h.

Querido Albert: cuando hace bastantes años -quizás en 2006- viniste a mi despacho para contarme lo que entonces era un proyecto que enseguida tomaría el nombre de Ciudadanos, me pareció muy conveniente para aplicar a la realidad política catalana, que ya entonces amenazaba ruina. Desde aquellos días habéis tenido éxitos indudables y desde luego lo fue el conseguir en las elecciones autonómicas de 2017 ser el partido más votado en Cataluña; pero, como en toda andadura humana, ha habido errores.

Y uno grave ha sido, en mi opinión, optar por abandonar el papel de bisagra para pasar a disputar el liderazgo del centro-derecha al PP. Este giro estratégico sólo ha conseguido volver a la divisoria de aguas izquierda-derecha, cuando lo que aquí se ha de dilucidar está en otra frontera: la de constitucionalistas versus separatistas y otros populismos, como el de Pablo Iglesias, que defiende la celebración de referendos de autodeterminación en todas partes del territorio nacional.

Esa partición izquierda-derecha no podía beneficiar sino a Pedro Sánchez, quien, de una tacada, no sólo se ha hecho dueño de su partido (de entre quienes apoyaron a Susana Díaz no ha dejado a uno vivo), sino también de toda la izquierda, dejando a Pablo Iglesias (que siempre lideró con mano de hierro un partido que nació, creció y murió entre mentiras) a la intemperie.

En las condiciones que marca la ley electoral y con el centro-derecha partido en tres, era casi imposible ganarle a Sánchez las elecciones generales, pues existen gran cantidad de circunscripciones (provincias) en las cuales, por ser pequeñas, no funciona la proporcionalidad.

Pues bien, visto lo anterior y contando vuestra notable implantación territorial, ha llegado el momento de que cambies de estrategia, pues es en estos trances cuando la mirada larga hacia adelante ha de imponerse a la táctica, es decir, al cortoplacismo y a la mercadotecnia. Deberíais verlo así para conseguir un compromiso de medio y largo plazo que impida que una política roma y cortoplacista lleve a las instituciones -y con ellas a la sociedad española- al despeñadero.

Para que eso no ocurra, lo primero que es preciso aclarar es dónde está el peligro, y en el caso de la España actual ese peligro tiene un nombre escrito en letras capitales: SEPARATISMO. Un separatismo-nacionalismo que obtiene sus mejores réditos políticos de la debilidad e inestabilidad gubernamentales.

Por eso debéis apostar en primer lugar por la estabilidad gubernamental, lo cual exige un acuerdo con el PSOE de Sánchez. Ya sé que tenéis buenas razones para desconfiar de él, pero también es cierto que el objetivo principal (o único) de Sánchez no es «el diálogo» con los separatistas, ni la España «plurinacional», ni nada que se le parezca. Su objetivo es permanecer en el palacete de La Moncloa, y es un precio que deberéis pagar. ¿A cambio de qué? Sólo citaré algunos puntos elementales:

-Que él corte amarras con el separatismo catalán y que se comprometa a no usar el indulto a favor de los golpistas si estos son condenados, al menos hasta que los presos y fugados reconozcan la derrota.

-Plantar cara a los aprovechateguis vascos, empezando por eliminar la Transitoria Cuarta de la Constitución, impidiendo así definitivamente que jueguen con el destino de Navarra. Siguiendo con la exigencia de que paguen, vía cupo (el cupo se calcula, pero no se negocia), por ejemplo, los déficits de la Seguridad Social que allí se generan.

-Impedir que el uso de las llamadas «lenguas propias» sirva para expulsar al español de algunas sociedades, marginando en la enseñanza a los alumnos que lo tienen como lengua materna.

-Comprometer unos presupuestos razonables y ajustados a la normativa europea.

-Utilizar las competencias estatales para que la sanidad pública no sea jamás parcelada.

En otras palabras, la conjunción constitucional (PSOE, PP, Ciudadanos), que cuenta con la inmensa mayoría de los votos, tiene la obligación de dar estabilidad a las instituciones, empezando por el Gobierno, y a través de esa estabilidad y de ese apoyo electoral acabar con las pretensiones desestabilizadoras y expansionistas (Navarra, Baleares, Valencia).

Conseguir, en fin, imponer la Constitución y las leyes, y que los del lazo amarillo y los aprovechateguis de Euskadi sepan de una vez que -como escribiera el Dante- deben abandonar cualquier esperanza separatista… Y dejen ya de engañar al personal.

En cuanto al baile de los pactos que se ha organizado tras el domingo 26 de mayo, estarás conmigo en afirmar que se trata de un espectáculo lamentable que os desprestigia a vosotros y desprestigia a la política. Dejaos, pues, de postureos y aclarad cuanto antes lo que vais a hacer, por ejemplo en Madrid... Y, por favor, no nos dejéis a los pobres madrileños en manos del inoperante buenismo «carmenita» y de sus confluencias populistas.
Y vuelta el burro a las berzas! Os hace falta ETA, cada vez está más claro.
VERGONZOSA LA DERECHA ESPAÑOLA.
Dais pena.
Mucha pena.
EL CONTRAPUNTO.

Actas de una ignominia.

«El carácter de la concepcióndel proceso es político -dice Eguiguren a ETA-. Estamos de acuerdo»

Isabel San Sebastián.

Actualizado:

03/06/2019 00:28h.

Leídas con detenimiento e infinito asco las actas de la negociación entablada por los enviados de Zapatero con los asesinos de ETA, entre julio de 2005 y mayo de 2007, queda demostrado que nos mintieron como bellacos, pagaron un alto precio político para que una banda ya derrotada policial y judicialmente anunciara públicamente su decisión de perdonarnos la vida y se humillaron hasta límites inconcebibles. Tanto que, según el relato pormenorizado de uno de los primeros encuentros, los propios representantes de la fundación Henri Dunant, «facilitadora» del proceso, vieron «equilibrado el terreno de juego. En su experiencia -dice el documento- no habían visto nunca nada así, pues siempre se ha dado un desequilibrio a favor del Gobierno».

Con el fin de ablandar la voluntad de los pistoleros, los embajadores de ZP se rebajaron hasta comprometer la derogación de la doctrina Parot y la paralización de las detenciones por parte de las Fuerzas de Seguridad españolas y francesas, además de «aceptar de facto que Batasuna y otras organizaciones de la izquierda abertzale (entonces declaradas ilegales por el Supremo) puedan desarrollar una vida política». Como, muy a pesar del Ejecutivo, la policía judicial siguió haciendo su trabajo, en los meses siguientes se produjeron medio centenar de arrestos presentados ante la opinión pública como la prueba irrefutable de que todo lo que denunciábamos los pocos que lo denunciábamos era rotundamente falso. En paralelo, el emisario del Gobierno suplicaba el perdón de los terroristas, culpando de las capturas al entonces juez Marlaska, abducido años después por la cartera ministerial: «Marlaska nos superó -se justificaba-. No hay detención achacable al Gobierno». Y suma y sigue.

«Los accidentes se definirán en referencia a las garantías y se discutirán en la mesa», así se refieren las actas a los atentados terroristas y las detenciones, metidos en el mismo saco con idéntica consideración. «En caso de “accidente”, éste se resolverá en la mesa con la voluntad de seguir avanzando en las negociaciones». Lo cual explica que Zapatero utilizara esa palabra, «accidente», para referirse al coche bomba que dejó dos muertos en la T4 de Barajas, en diciembre de 2006, provocando la ira de los mediadores: «Después de la acción de Madrid, el mediador estuvo muy enfadado y enloquecido, pero GorBuru (Zapatero) al parecer le dijo que estuviera tranquilo y que tenía que seguir con las conversaciones, eso sí, reduciendo el riesgo al máximo». Es de suponer que, en su afán de contribuir a la seguridad de los terroristas, el propio Zapatero se encargó poco después de avisar al mediador de que la Policía francesa preparaba un golpe importante contra la banda. Y suma sigue.

Una vez salida a la luz pública, la versión oficial del «proceso» se presentó como la fórmula «paz por presos». En realidad, los presos se dieron por supuestos («si Iñaki (de Juana Chaos) sufre daños irreparables, nosotros pondremos un muerto», avisa con chulería el matón etarra) y el noventa por ciento de las conversaciones versaron sobre cuestiones políticas. En concreto, el derecho de autodeterminación, siempre referido a «cuatro territorios», incluida Navarra, ofertada como tributo a los terroristas a través de un órgano común con el País Vasco. «El carácter de la concepción del proceso es político -dice textualmente el socialista Eguiguren, identificado como GO-. Estamos de acuerdo. El problema no está ahí, sino en cómo se plasma eso en papel».

Y se plasmó en una gigantesca mentira. Una infamia perpetuada bajo el gobierno de Rajoy a costa de traicionar la memoria, dignidad y derecho a la justicia de las víctimas. Una ignominia que sigue su curso.

Isabel San Sebastián.

Articulista de Opinión.
UNA RAYA EN EL AGUA.

Sapos.

Un fracaso del pacto en Madrid hundiría los proyectos de Vox y de Ciudadanos. No le harán al PP ese regalo

Ignacio Camacho.

Actualizado:

31/05/2019 00:12h.

Cuando el PP, Ciudadanos y Vox pactaron en Andalucía sellaron sin saberlo su suerte adversa en las elecciones generales que han confirmado a Sánchez en la Presidencia. Y no sólo porque el Gobierno utilizó el acuerdo para agrandar el fantasma de la ultraderecha sino porque los tres partidos perdieron algo tan esencial como la capacidad de sorpresa. Además, tanto los dirigentes como sus electores, quizá esos últimos sobre todo, cometieron pecado de soberbia al descontar la siguiente victoria como cosa hecha. Aquella alianza era imprescindible para acabar con una hegemonía socialista de tres décadas y media, y esa necesidad se acabó imponiendo por encima de las mutuas reticencias, pero constituía un espejismo respecto a las posibilidades reales de trasponerla a la nación entera. El factor de cohesión fue, al final, la ansiedad y el miedo por desperdiciar la ocasión histórica de abrir una etapa nueva; la demanda social de cambio se impuso a cualquier reflexión sobre las secuelas de una fractura atropelladamente recompuesta.

A tenor de ese precedente, y desde una perspectiva estratégica, lo mejor que le podría ocurrir a Pablo Casado sería que en Madrid terminase gobernando la izquierda: que el desacuerdo y la animadversión entre Vox y Cs entregaran el poder a Gabilondo y/o a Carmena. A corto plazo significaría una catástrofe; a largo, la oportunidad cierta de reunificar bajo su liderazgo al centro-derecha. Muy pocos votantes de ese sector perdonarían la pérdida de las instituciones madrileñas por culpa de dos formaciones incapaces de superar sus prejuicios y querellas. Ese tipo de fracasos es de los que marcan para mucho tiempo, de los que dejan en la memoria del electorado una larga, casi imborrable huella. Y habida cuenta de que sólo el PP tiene interlocución posible, aunque por separado, con ambos partidos, y de que es el principal beneficiario de la suma de fuerzas, su responsabilidad objetiva quedaría a salvo de cualquier contingencia. Sería el único adulto en el patio de una escuela. Cualquier jugador de ajedrez principiante conoce la importancia de sacrificar de vez en cuando alguna pieza.

No habrá caso porque que el triple pacto acabará, como en Andalucía, fraguando. Más tarde o más temprano, con mayor o menos esfuerzo, con contrapartidas grandes o pequeñas y engullendo muchos o pocos sapos, Abascal y Rivera entenderán que no pueden asumir la culpa de un fiasco de ese tamaño. Si no encuentran el modo de asociarse, aunque sea a través de intermediarios y con recíproca cara de asco, sus respectivos proyectos estarán acabados y el PP se reconstruirá apoderándose de su espacio. No le harán a Casado, o a quien lo suceda, ese regalo. Cuando se presentaron a las elecciones ya contaban con este previsible escenario. Y en el último minuto entenderán que no es Madrid sino su propio futuro, el de ellos, lo que bien vale un mal trago.

Ignacio Camacho.

Articulista de Opinión.
Manzanas traigo, y son de cosecha.
Y que vosotros necesitáis a ETA, bueno la derecha. Cada vez lo estáis dejando más claro.
ZAPATERO VENCIÓ A ETA.
Sí, yo también te aprecio Dña. Clara.
No tienes mas bobadas qué sacar ahora? Zapatero consiguió derrotar a ETA.
¿Os hace falta ETA? Parece que la necesitáis
No son bobadas, son realidades, ocurre que a ti no te gustan pero es lo que hay Dña. Clara.
No me extraña que Zapatero se equivocara con lo que tenía el PP escondido debajo de la alfombra en las CCAA y en las Cajas.
Hasta se engañaron a ellos mismos. Una vez descubiertas todas las cloacas del PP seguro que no hubiera fallado tanto. EL PP MENTIROSO compulsivo es el culpable del error de cálculo de Zapatero. Y ya vale de seguir pregonando como mal de Zapatero lo que es culpa del PP.
Qué pesadez!
Zapatero ofreció a ETA un órgano común vasco-navarro.

Era el primer paso para un referéndum de anexión ya previsto en los Fueros.

Actualizado:

30/05/2019 09:03h.

El Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero ofreció a ETA durante las conversaciones mantenidas entre junio y septiembre de 2006 para acabar con el terrorismo la creación de un órgano común vasco-navarro, de carácter consultivo, al tiempo que recordó a los terroristas que en los Fueros navarros había una previsión legal de hacer un referéndum de anexión entre ambas comunidades. ABC ya adelantó en 2007 que el Gobierno socialista había hecho ese ofrecimiento a Arnaldo Otegui y ahora se confirma que el asunto se retomó en las reuniones con los etarras. La banda, por su parte, quería que hubiese un estatuto único para ambas comunidades, lo que fue expresamente rechazado por el Ejecutivo, según fuentes de la negociación consultadas por este periódico.
CON PERMISO.

Calma chicha en España... otra vez.

¡Ojo! La caída del ahorro de las familias ha llegado demasiado lejos.

María Jesús Pérez.

Actualizado:

30/05/2019 00:12h.

Desde el punto de vista de los últimos indicadores económicos publicados en nuestro país sería una temeridad decir que en España estamos cerca de una recesión. No, no lo estamos. Pero tampoco conviene caer en la tentación de negar la mayor y pensar que todo va viento en popa como en tiempos que parecen ya inmemoriales (¿se acuerdan de aquel 21 de agosto de 2007 cuando el entonces presidente del Gobierno, Rodríguez Zapatero, decía como si tal cosa, tras el estallido de las hipotecas «subprime», aquello de «España está totalmente a salvo de la crisis financiera»? ¿O cuando, pocos meses después, el 14 de enero de 2008, decía: «La crisis es una falacia, puro catastrofismo»? Pues si no se acuerdan, aquí queda dicho).

Hoy, afirmar alegremente que la economía española es un jolgorio de buenas cifras y que podemos tirar de ella hasta hartarnos de medidas sociales muy sensato no es. Sobre todo, porque los vientos de fuera no son precisamente de lo más halagüeños -guerra comercial EE. UU.-China, Brexit, menor crecimiento en las grandes economías europeas...-, y ya nos está afectando.

Esta semana, el Banco de España ha tenido a bien recordar que no es oro todo lo que reluce. Unos cuantos recados a tener en cuenta contra la política económica del presidente Sánchez entre los que resalto uno que parece haber pasado desapercibido y debería preocuparnos, y mucho: la caída del ahorro de los hogares y su endeudamiento para consumir. Una situación, por cierto, que resulta ya más delicada para los hogares con menor nivel de renta. Por dos razones: primero, porque son quienes están financiando su consumo con crédito. Y, segunda, porque tienen una situación laboral más precaria, y en una hipotética (crucemos los dedos) nueva crisis serían los primeros en perder el empleo. ¿Se imaginan qué puede pasar si llega una nueva recesión y perdieran su empleo estando además de nuevo endeudados? ¿Les suena?

Los números lo dicen todo: de cada 100 euros de ingresos, las familias españolas ahorraron 4,9 euros en 2018, el nivel de ahorro más bajo nunca registrado en España, lo que refleja hasta qué punto los hogares emanan furor consumista. Las familias gastan prácticamente toda la renta que ingresan, lo que, por cierto, ha sido muy bueno para impulsar la demanda interna que ha tirado de la economía del país... hasta ahora.

Pero, esta caída del ahorro ha llegado demasiado lejos. Es la primera gran advertencia que hace el Banco de España desde el estallido de la burbuja inmobiliaria y no deberíamos trivializarla. Esta confianza incontrolable en el futuro puede derivar en errores pasados que desembocaron en la anterior crisis, con una diferencia importante: las familias no emplean su capacidad financiera para invertir (por ejemplo, en vivienda) sino para consumir. ¿El resultado? Catastrófico, ya que detrás de esa deuda no hay activo que pueda servir como garantía para cubrirla. ¡Ojo pues! La economía española, en calma chicha.

María Jesús Pérez.

Redactora jefe.
Ocho por ciento.

La idea de que Ciudadanos encabece la oposición se ha esfumado en cuatro semanas: el sueño de una noche de primavera.

Ramón Pérez-Maura.

Actualizado:

29/05/2019 00:27h.

Desconcierto es lo que exuda la dirección de Ciudadanos desde la mañana del pasado lunes en que se enfrentaron a un resultado malísimo. Un resultado que no es que no cumpliese sus expectativas, es que destruía la estrategia que se habían trazado.

A principios de año Albert Rivera fijó una nueva posición para su partido: estaba frente a Sánchez y no pactaría con él. Con ello se alineó claramente en la oposición, la antítesis de un partido bisagra. La apuesta le salió bien de entrada porque en las pasadas elecciones generales situó su partido a 219.423 votos, es decir 0,84 puntos porcentuales del Partido Popular. Eso permitió a Rivera empezar a proclamar, a partir del 29 de abril, que el jefe de la oposición era él porque su partido estaba en ascenso y el PP, en caída libre hacia los infiernos. Con esa posición, resultaba evidente que era inútil pretender que Ciudadanos respaldara la investidura de Sánchez. Cuando aspiras a liderar la oposición no puedes apoyar al Gobierno. Sea el que sea.

En menos de un mes se han vuelto las tornas. Los resultados del pasado domingo fueron catastróficos para las expectativas de Ciudadanos y para la estrategia que se habían marcado. En las elecciones municipales consiguieron 3.181.636 votos menos que el PP, es decir un 13,98 por ciento por detrás. Se puede argumentar que es un dato matizable porque Ciudadanos no tiene la misma infraestructura que el PP y hay muchos ayuntamientos donde no se presenta. Es cierto. Por eso la prueba del algodón es el resultado de las elecciones europeas, donde España es una circunscripción única y no hay una sola urna donde no esté disponible la papeleta de Ciudadanos. En esos comicios el PP aventajó a Ciudadanos en 1.783.551 votos, es decir un 7,956 por ciento de los votos. Para entendernos, un ocho por ciento. Con esa diferencia de votos Rivera y los suyos saben que es una broma pretender encabezar la oposición. La España de circunscripción única habla con más claridad que ninguna otra elección o encuesta.

A partir de ahí, en las últimas horas hemos visto a Ciudadanos como un pato mareado, dando tumbos por el escenario político. Ya no se sabe dónde están. Su cabeza en Castilla y León, Francisco Igea, da señales inequívocas de querer echarse en brazos del PSOE. Y en otras regiones donde Ciudadanos podría apoyar al PP, el PSOE estudia la «fórmula Revilla», que es la que el socialismo puso en marcha en 2003 en Cantabria. Allí, las dos legislaturas precedentes había habido una colación de PP y Partido Regionalista de Cantabria con Miguel Ángel Revilla como vicepresidente. En ese año Revilla volvió a quedar en tercera posición tras PP y PSOE. Pero con tal de echar al PP, el PSOE hizo presidente a Revilla. La consecuencia para el PSOE ha sido que en las siguientes elecciones de 2007 el PRC le arrebató la segunda posición y desde entonces el PSOE nunca ha mejorado su tercer puesto. Un éxito de estrategia. Pero no parece que le importe mucho a la dirección federal del PSOE que ahora parece dispuesta a captar a Ciudadanos aún a costa de correr el riesgo de convertirse en un partido secundario como le ha pasado en Cantabria.

Pero lo más relevante es que los bandazos de Ciudadanos en las últimas horas demuestran que tiene serias dudas sobre su propia posición. La idea de encabezar la oposición empieza a fluctuar en sólo cuatro semanas: el sueño de una noche de primavera. Puede que a estas alturas hayan llegado a la conclusión que ser bisagra permite pillar poder casi siempre. Pero también implica no encabezar un gobierno nunca.

Ramón Pérez-Maura.

Articulista de Opinión.
EL CONTRAPUNTO.

Madrid defiende la España constitucional.

Los «alcaldes del cambio» cosechan sonoras derrotas y rubrican la decadencia de Podemos.

Isabel San Sebastián.

Actualizado:

27/05/2019 02:14h.

La capital de España será el principal dique de contención frente la marejada independentista que arrecia con la complicidad de Pedro Sánchez. La ola independentista crece, tal como proclamaba ayer noche un eufórico Arnaldo Otegi, derrotado por el PNV en su pugna por el electorado separatista vasco, pero Madrid regresa al bloque constitucional, salva los muebles de un PP maltrecho y rubrica la decadencia imparable del populismo podemita. Pocas bazas negociadoras ha conseguido Pablo Iglesias en las urnas municipales y autonómicas para exigir carteras de peso en la negociación del nuevo Gobierno. Con la excepción de Cádiz, donde Quichi revalida mandato, los cabezas de cartel de los «ayuntamientos del cambio» cosechan sonoras derrotas. Claro que ninguna tan dolorosa para ellos como la sufrida por Manuela Carmena, víctima de la fragmentación de su grupo y del hundimiento local del PSOE, que paga muy caro el servilismo mostrado durante los últimos cuatro años a la alcaldesa derrotada. Madrid resiste, gracias a la excelente campaña ralizada por el candidato popular, Martínez Almeida, y al merecido crecimiento experimentado por los Ciudadanos de Begoña Villacís. Madrid regala al centro-derecha una victoria indispensable para mantenerse a flota ante la durísima legislatura que se avecina. A tenor de los resultados, la que pondrá a prueba el régimen constitucional vigente desde 1978.

Y es que las elecciones municipales y autonómicas celebradas este domingo consolidan el dominio absoluto del separatismo catalán y vasco en sus feudos territoriales, de donde prácticamente desaparece el PP y el PSOE salva los muebles a costa de abrazarse a un «diálogo» que, según confesión de Miquel Iceta, debe abocar a la celebración de un referéndum de autodeterminación en un plazo de diez a quince años. O sea, una claudicación en toda regla a las exigencia del separatismo y la liquidación, de facto, de la soberanía nacional. Pronto tendrán ocasión los de Sánchez de mostrar cómo respiran, pues el socialismo se enfrenta en Navarra y Barcelona a sendas alternativas diabólicas: en la Comunidad Foral, entregar el poder a la coalición vencedora integrada por PP, UPN y Cds o bien dárselo a Geroa Bai. En la Ciudad Condal, dirimir el empate entre ERC y Ada Colau, logrado por los de Junqueras merced a un crecimiento espectacular proporcional al descalabro de la lista ciudadana encabezada por Manuel Valls. Si el independentismo termina haciéndose con la plaza, Podemos perderá su segundo bastión, debilitando aún más la posición de Pablo Iglesias ante un Sánchez crecido por su victoria undiscutible en número de votos, ensombrecida, eso sí, a medida que avanzaba la noche, por la remontada de los populares en la comunidad más anhelada. La que salvará la cabeza de Casado, que algunos daban por guillotinada. Esa Comunidad empeñada en preservar su condición de baluarte liberal y servir de contrapeso al Gobierno. Madrid comunidad resiste también, al igual que la capital, gracias a que Aguado compensa con su crecimiento el descenso de Isabel Ayuso, y nos brinda a los madrileños un oasis fiscal donde proteger la cartera de los sablazos que se avecinan. Madrid nos devuelve la esperanza en una España unida, capaz de plantar cara al desafío secesionista. Madrid aguanta y a ellas se suman las históricas Aragón y Navarra, que se unen a la batalla constitucional.

El nuevo mapa político se sobrepone al de una Europa donde las fuerzas eurófobas crecen, aunque no tanto como deseaban. Habrá tensiones, se pondrán a prueba las costuras de la unión, pero también ese edificio resiste a las embestidas.

Isabel San Sebastián.

Articulista de Opinión.
Sí, para eso ya tenemos a Sánchez y su grupo de zamborrero.
Y la tuya de este foro también.
Eso es lo que te gustaría a ti y a otra, pero lo llevas claro, Clara.
Y la tuya de este foro también.
¿Pero que dices, majarona?
COMENTARIOS LIBERALES. Opinión.
'Prevaritxell'

FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS.

Viernes, 24 mayo 2019 - 02:08

Desde entonces, Batet viene prevaricando con subterfugios de rábula, apelando a cualquier instancia.

Si ya era dudosa la legalidad de unas Cortes constituidas gracias a unos diputados cuyas credenciales no han sido obtenidas mediante el obligado juramento a las leyes, sino mediante el insulto a la soberanía nacional y a la legalidad constitucional, los días que lleva Meritxell Batet al frente de ese circo son un monumento a la más escandalosa prevaricación. Empezó interpretando de forma deliberadamente torticera, es decir, prevaricando, una sentencia boba del Constitucional que admite diversas formas de acatamiento legal, pero no tan boba como para admitir que se acata la Ley negándola, votando por la República, negando que España sea una democracia porque hay "presos políticos" y atacando la soberanía del pueblo que les paga. Lo que dice el TC es que se pude mantener el sentido de acatamiento a la Ley usando otra fórmula, nunca negándose a cumplirla. Pero con su típica fatuidad de nariz enhiesta aseguró muy campanuda que "hay jurisprudencia"... sin pedir consejo a los letrados de las Cortes.

Desde entonces viene prevaricando con subterfugios de rábula, apelando a cualquier instancia, desde los letrados que ignoró al Supremo que insultó, para incumplir su obligación: aplicar el Reglamento de las Cortes y respetar la Ley de Enjuiciamiento Criminal.

Dice el primero en su artículo 21.1.2: "El Diputado quedará suspendido en sus derechos y deberes parlamentarios cuando, concedida por la Cámara la autorización objeto de un suplicatorio y firme el Auto de procesamiento, se hallare en situación de prisión preventiva y mientras dure ésta". Y la Ley de Enjuiciamiento Criminal, en su artículo 384 bis: "Firme un auto de procesamiento y decretada la prisión provisional por delito cometido por persona integrada o relacionada con bandas armadas o individuos terroristas o rebeldes, el procesado que estuviere ostentando función o cargo público quedará automáticamente suspendido en el ejercicio del mismo mientras dure la situación de prisión". Más claro, agua.

Es evidente que, a través de la prevaricación continuada y desde la presidencia de las Cortes, Batet quiere "normalizar" su golpe de Estado, imponer en toda España el modelo de Justicia en Cataluña: incumplir todas las sentencias y seguir cobrando ricos sueldos en nombre de la legalidad que se burla.

Debe promoverse de inmediato su inhabilitación.
¿Y vamos a tener a Podemos en algún ministerio? ¡Jesús, Jesús!
Miedo me da solo pensarlo, ¡menuda tropa!
Triana. Estamos empezando, mejor dicho, todavía no hemos empezado. Nos espera el calvario, el rosario y la fe. Todo se compra y todo se vende.

Un saludo.
Ángel, habrá que tomarlo con filosofía, no nos queda otra, ya sabemos que esta gente cada uno quiere su trozo de pastel.

Un saludo.
La «incalificable» provocación de Ciudadanos.

Lo único que lamento es no haberles acompañado.

Carlos Herrera.

Actualizado:

24/05/2019 00:43h.

No sé quién es el estratega de Ciudadanos que le aconseja a Albert Rivera determinadas «performances» del estilo a la que han desarrollado en Estella, en Alsasua o ayer en Miraballes, pero convendré en reconocer que es un tipo o una tipa con arrestos y sentido de la oportunidad. Lo que otros quieren calificar de oportunismo no tengo dudas en tildarlo de valentía escénica: y no dejo de agradecérselo. En nombre de los represaliados que habitan esas tierras y de las víctimas de quienes son, por lo que se ve, sus hijos más preclaros. En Miraballes nació y creció una de las bestias más sanguinarias que el nacionalismo vasco ha regalado al mundo: Josu Ternera. El autor intelectual de cientos de crímenes de ETA fue apresado, como sabemos, hará apenas una semana después de una operación extraordinaria de la Guardia Civil en territorio francés después de diecisiete años en permanente fuga, en los que ha esquivado a las Fuerzas de Seguridad tal vez gracias a alguna colaboración interesada y en los que, dicen, ha hablado con autoridades del Estado negociando el final de la banda cuando la banda estaba ya en los estertores gracias al trabajo de Guardia Civil, Policía Nacional y CNI. Tras ser puesto a disposición de la Justicia francesa, tras ser llamado «Héroe de la Retirada» por un socialista vasco, tras escuchar lamentar su detención por elementos como Otegui, algunos vecinos de Miraballes, en número suficiente como para resultar bochornoso, se manifestaron en solidaridad y aprecio con el autor intelectual de asesinatos colectivos absolutamente pavorosos.

Esa manifestación no creó, por lo visto y leído, ningún reparo en la autoridad vasca, ni municipal ni autonómica. A los prebostes nacionalistas no les motivó ningún comentario que un buen puñado de ciudadanos de Miraballes se solidarizasen con un asesino particularmente cruel. Nada. Silencio cómplice, como siempre. Sin embargo que se acerquen a ese mismo suelo un grupo de miembros de Ciudadanos encabezados por su líder y por una víctima de los asesinos de ETA, Mayte Pagaza, les ha parecido una provocación. Textualmente: una provocación.

La gentuza de Bildu y del PNV que gobierna el municipio pidió a los ciudadanos no caer en la «provocación» que suponía pisar una tierra que no era suya con motivos tan sacrílegos como solidarizarse con las víctimas. Aún así las sirenas, los insultos y la presión escénica que nadie como los filoetarras saben practicar hubieron de faltar. Por supuesto la lejía con la que limpiar el suelo pisado tampoco, como en Estella, como en la Cataluña de interiores. Pero el colmo de la indecencia lo ha protagonizado el jefe del PNV, Ortúzar, que ha significado la visita como estigmatización de los pueblos de la CAV, utilización de las víctimas y una indignidad contraria a la convivencia. Observen bien. Es indigno ir a un pueblo de España a solidarizarse con las víctimas y no lo es manifestarse a favor del asesino. No es de extrañar: Ortúzar y toda esa miserable banda nacionalista agrupada bajo sus siglas jamás se ha solidarizado con las víctimas y siempre ha estado más cerca de los victimarios. Tanto más en el caso de un partido rival que osa pisar su suelo sagrado y señalar con su simple presencia el grave problema de convivencia que los peneuvistas son incapaces de atisbar. Y los pueblos vascos como Miraballes no necesitan que nadie vaya a estigmatizarlos: se estigmatizan solos mediante la acción de aquellos que campan a sus anchas aplaudiendo asesinos y rechazando la presencia de partidos con la decencia intacta, a diferencia de quienes gobiernan su ayuntamiento, PNV y Bildu.

Lo que lamento es no haberles acompañado. La próxima visita que hagan ellos u otros, si me es posible, contarán con este humilde articulista. Aunque solo sea por contemplar la rabia de los cómplices.

Carlos Herrera.

Articulista de Opinión.
Tendrá indignidad y minoría.

El silencio ominoso de Batet ante las injurias de los golpistas presos no encuentra amparo en ninguna sentencia del Constitucional.

Isabel San Sebastián.

Actualizado:

23/05/2019 09:32h.

Por mucha euforia que desatara en el PSOE su victoria el pasado 28-A, lo cierto es que sus siglas obtuvieron 123 diputados, evidentemente insuficientes en el empeño de gobernar. Ni siquiera sumando a esa exigua representación los 42 escaños de Podemos alcanzan los de Pedro Sánchez una cifra cercana a la mayoría imprescindible para sostenerse en la poltrona. Si pretende conseguir la investidura y aprobar alguna ley, empezando por la de Presupuestos, el ambicioso líder socialista va a tener que tejer pactos. Y dada la actual configuración del Congreso, así como los compañeros de viaje que escogió para adelantar su llegada a La Moncloa desahuciando de allí a su inquilino antes de tiempo, parece claro que solo tiene una opción, carísima en términos políticos: los separatistas. ¿Con qué pagará el jefe del Ejecutivo ese poder que tanto ansía? El martes lo dejaron muy claro tanto él como Batet en la sesión constitutiva de las Cortes. La contrapartida de ese oscuro trueque va a ser nuestra dignidad colectiva. La de la Nación española. La de la democracia española. La de la Constitución que nos rige. La del pueblo español escarnecido en su soberanía por quienes declararon unilateral y violentamente la independencia de Cataluña, incurriendo en un presunto delito de rebelión que se juzga en el Supremo, y ahora tienen la desfachatez de proclamarse «presos políticos». Ante ellos habrá de agachar el testuz una y otra vez el señor Sánchez, so pena de acabar igual que su predecesor.

Esto no ha hecho más que empezar. Si hemos de guiarnos por lo sucedido en esa jornada esperpéntica, la legislatura va a someter a dura prueba nuestra capacidad de resistencia a la humillación. La presidenta de la Cámara, o sea, la que se supone debería representarnos a todos, impondrá silencio a quienes traten de alzar la voz para denunciar los excesos de los sediciosos, tal como hizo al cortar el micrófono a Rivera, mostrando al tiempo una tolerancia infinita a sus insultos. ¿O acaso no es un insulto hablar de «presos políticos» en un Estado de Derecho impecable, como es España? El silencio ominoso de Batet ante esa injuria no encuentra amparo en ninguna sentencia del Constitucional. Esa callada por respuesta la retrata a ella como cómplice necesaria del escarnio y deja al descubierto el mandato que ha recibido de su jefe de filas: tragar lo que sea menester con tal de no indisponer a la rufianesca izquierda republicana.

Sucede, no obstante, que la voracidad de los independentistas es ilimitada. No hay tributo de sumisión capaz de satisfacerla ni servilismo que les parezca suficiente. Tuvo ocasión de constatarlo recientemente Miquel Iceta, cuya ofrenda apaciguadora en forma de propuesta de referéndum de aquí a diez o quince años fue respondida con un veto en toda regla a su nombramiento como senador. Podrá arrastrarse cuanto quiera el president del Gobierno, que nunca serán sus aliados. A lo sumo, se servirán de él para alcanzar alguna meta en su deriva independentista, antes de traicionarle y seguir haciendo camino. Exactamente igual que el PNV, cuyo peculiar sentido de la «lealtad» pudieron comprobar en persona hace algunos meses Rajoy y Sáenz de Santamaría, desalojados del poder vía moción de censura, ante quienes los vascos habían comprometido días antes esa palabra que presumen de no romper nunca, a cambio de un cuponazo multimillonario en las cuentas aprobadas con su apoyo.

Nuestro calvario va a ser doloroso, aunque en modo alguno comparable al que le espera a Pedro Sánchez. Ganó y será investido, sí. Pero con 123 escaños tendrá indignidad y minoría.

Isabel San Sebastián.

Articulista de Opinión.
HORIZONTE.

La España de podredumbre.

No hubiera estado de menos que Abascal se aplicara su medicina. Porque tampoco hay que jurar «por España». Eso ya se hace jurando la Constitución.

Ramón Pérez-Maura.

Actualizado:

22/05/2019 00:21h.

España quedó retratada ayer en las Cortes. De manera muy significada en el Congreso de los Diputados. Que un golpista que está siendo juzgado por rebelión, sedición y malversación dé la mano al presidente del Gobierno con toda normalidad es muy grave. Son más delitos que los que acumulaba el teniente coronel Antonio Tejero Molina, y estoy seguro de que Sánchez no le hubiera dado la mano, como nunca se la dio Adolfo Suárez. Más grave aún es que el presidente del Gobierno diga al golpista «no te preocupes». Un presidente del Gobierno de una democracia debe ser consciente de las consecuencias que tiene para su imagen y la del país el compadreo con golpistas. El último caso que recuerdo fue el de Rafael Caldera amnistiando a Hugo Chávez. Miren dónde acabó Chávez y dónde está Venezuela. Y Oriol Junqueras tiene muchas razones para preocuparse. Como debe tenerlas todo criminal. Pero está claro que Sánchez no lo considera como tal. Y los españoles lo sabían antes de votarle porque Sánchez llegó al poder con el respaldo de Junqueras y de todos los independentistas, creando el primer gobierno democrático de Occidente sostenido por los que quieren destruir el país sobre el que gobierna ese presidente. Verdadermente memorable. Inverosímil, pero esa es la España del presente.

Que cinco golpistas asistan a la sesión constitutiva de las Cortes es un hecho para el que será difícil encontrar paralelismos. Desde luego somos un país garantista. Pero lo que supera todos los límites es que para aplicar una ley que no deja lugar a equívocos, haya que pedir tiempo y quizás un dictamen a los letrados de las Cortes. ¿Qué dudas ofrece el artículo 21 del Reglamento de la Cámara? Se dice en él «el diputado quedará suspendido en sus derechos y deberes parlamentarios cuando (...) se hallare en situación de prisión preventiva y mientras dure ésta». ¿Qué parte del enunciado genera dudas? ¿De verdad hace falta hacer una de las oposiciones más duras que hay en España para ser capaz de aclarar este texto? ¿O será que yo soy un genio porque lo entiendo sin haber estudiado ni un año de Derecho? Ya se comprende que los arrumacos ayer en el salón de sesiones entre Junqueras y Pablo Iglesias eran el anticipo de lo que estamos viendo. Sánchez depende de los independentistas porque Podemos es su aliado y Sánchez necesita a Podemos.

Por no hablar de las fórmulas de juramento. Este es el mejor reflejo de la hora presente de España: cada uno jura lo que le da la gana saltándose la ley. Menos mal que Vox tuvo la buena iniciativa de palmear sus pupitres para impedir oír las insidias de tantos diputados. Aunque no hubiera estado de menos que Abascal se aplicara su medicina. Porque tampoco hay que jurar «por España». Eso ya se hace jurando la Constitución sin añadidos.

Hay razones para estar muy preocupados. Esta España de la podredumbre -en su tercera acepción del DRAE: «corrupción moral»-, esta España rota y sin valores, en la que se premia la mentira, está ampliamente representada en nuestro Congreso de los Diputados porque esto es lo que quieren los españoles. Somos un país en el que el esfuerzo no tiene ningún valor y no se premia. Una España en la que se persigue al que triunfa y, si encima es generoso con la sociedad, se le vapulea públicamente. Y esa es la España que quedó retratada ayer en la Cortes Generales. Esa es, hoy, la España mayoritaria. Cuerpo a tierra.

Ramón Pérez-Maura.

Articulista de Opinión.
EL CONTRAPUNTO.

Peste nacionalista.

Junqueras y Ortuzar podrán celebrar el triunfo en las elecciones junto a Salvini, Le Pen y Farage, sus alter-egos europeos.

Isabel San Sebastián.

Actualizado:

20/05/2019 00:36h.

No han pasado ni cien años desde que sus postulados fanáticos devastaran nuestro continente y ya vuelve a la carga con fuerza en España y en Europa la peste nacionalista, empeñada en destruir los pilares sobre los que se asientan nuestro progreso, libertades y convivencia pacífica. Su sustrato «ideológico» (si es que puede otorgarse la categoría de «idea» a los más bajos instintos) es idéntico, aunque la bacteria se haya adaptado a los tiempos con el fin de parecer respetable. En el fondo, estamos ante el mismo supremacismo de casta, la misma búsqueda de un chivo expiatorio sobre cuyas espaldas cargar la responsabilidad de todos los problemas, igual simpleza en la formulación de los mensajes y parecida simbología. También hoy triunfa por doquiera su discurso del odio, sembrado en el terreno abonado de una crisis económica, aunque la gravedad de la situación no tenga parangón con la que se vivía en los años veinte y treinta del siglo pasado. Y, calcando la conducta de sus predecesores históricos, los dirigentes nacionalistas actuales no solo no se manchan personalmente las manos, sino que predican a los cuatro vientos su vocación pacifista, mientras alientan a su parroquia a utilizar la intimidación o recurrir a la violencia con el fin de doblegar a sus adversarios. Son cuña de la misma madera podrida.

Las encuestas se muestran unánimes: el nacionalismo separatista, el nacionalismo desintegrador ganará holgadamente las elecciones municipales tanto en Cataluña como en el País Vasco, de donde ha expulsado prácticamente cualquier viso de resistencia a base de leyes excluyentes, dictadura lingüística, control férreo de la educación, manipulación de los medios de comunicación públicos puestos al servicio de su causa, dominio de las fuerzas de seguridad locales, acoso sistemático al discrepante que osa plantar cara, o a sus hijos, y, durante décadas, tiros en la nuca. El nacionalismo separatista, el nacionalismo desintegrador de España, el nacionalismo supremacista e insolidario que levanta barreras y desprecia al foráneo redondeará su victoria del pasado 28-A con unos resultados espectaculares en sus respectivos feudos. ¿A quién podría extrañarle? Desde los albores de la democracia todo han sido facilidades para que medrara en sus territorios, políticas apaciguadoras, inversiones multimillonarias, «diálogo», sobornos inútiles, manos tendidas al opresor y abandono de sus víctimas. Estas últimas se han marchado, o bien han aceptado el yugo, y el opresor consolida su dominio. El PNV únicamente tiene ya como rival a Bildu, que le disputa la cosecha de nueces. ERC ha barrido del escenario a la antigua CiU y solo en Barcelona se las ve con los Comunes de Colau, que ya tomaron partido en su día apoyando al bloque independentista en el parlamento autonómico. El imperialismo catalanista extiende su manto hacia Baleares y la Comunidad Valenciana, sin perder de vista Aragón, mientras el vasco ansía Navarra, moneda de cambio con el PSOE para un eventual respaldo a la investidura de Sánchez.

Junqueras y Ortuzar están de enhorabuena. Si se cumplen los pronósticos, podrán celebrar el triunfo de sus formaciones junto a Salvini, Le Pen y Farage, sus alter-egos en Italia, Francia y Reino Unido, a quienes las encuestas auguran igualmente fantásticos resultados en las elecciones europeas de sus respectivos países. Brindarán todos a una por el regreso a las fronteras cerradas y la hostilidad entre vecinos. Discutirán, amistosamente, cuál de sus terruños es el mejor y cómo combatir la influencia perniciosa de los forasteros, ya sean castellanos, andaluces o africanos. Sentarán, si nadie le pone remedio, las bases de una nueva tragedia.

Isabel San Sebastián.

Articulista de Opinión.
Leonor Sánchez, candidata de IU-Equo en Ávila, está siendo víctima de una campaña de acoso por su imagen. Ella lleva media vida luchando por los que más lo necesitan.
Pobrecita que poco favorecida ha salido.
EL BURLADERO.

Ternera: carne de celda.

¿Cómo es posible que en la sociedad del siglo XXI pudiera un tipo como ese pasar inadvertido durante más de quince años?

Carlos Herrera.

Actualizado:

17/05/2019 00:03h.

Probablemente han sido tres las ocasiones en las que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad han tenido a Josu Ternera a tiro. Bueno, digamos a mano para no herir sensibilidades. Cuando no era por una cosa era por otra, pero jamás se le detuvo. Incluso una de esas veces hubo de ser advertido para que se quitara de en medio: la técnica consistió en que tres paisanos se acercaran a sus proximidades y pusieran cara de estar buscando. Él, que estaba avezado en muchas cosas, casi todas siniestras, puso pies en polvorosa. ¿Cómo es posible que en la sociedad del siglo XXI, donde tan difícil es esconderse, pudiera un tipo como ese pasar inadvertido durante más de quince años?: porque había que negociar, que era palabra maldita, pero fue una realidad constante. No estamos hablando de pactar las condiciones de una rendición, cosa que se estableció muy al final, estamos hablando de negociar, tú que me das, yo que te doy. Tu podías detener a Thierry, pero no podías tocar a Josu Ternera, un criminal de un currículo apabullante.

Belloch, antiguo ministro del Interior, lo ha dicho claramente y sin cortarse lo más mínimo: «Ya no hay nada que negociar con ETA». Josu Ternera ya está amortizado. Eso debía saberlo él, Ternera, y sin que eso suponga que no dejara de tomar muchas precauciones, no debería tener muchas dudas de que antes o después acabarían echándole mano. No me ha sorprendido la extrañeza de Eguiguren, presidente de los socialistas vascos y encargado por Rodríguez Zapatero de negociar con ETA: a buen seguro estaba convencido de que, una vez cerrada la oficina asesina, seguirían haciendo la vista gorda con Urruticoechea y éste podría defenderse en la vida en cualquiera de sus pueblecitos franceses favoritos. Pero no. Ignoro mediante qué intención -que siempre la hay, siempre-, una vez vuelto a localizar, el dedo pulgar del Gobierno ha señalado hacia el suelo (en campaña electoral): han caído sobre él los gendarmes franceses después de que los guardias civiles le hayan señalado el objetivo, y se disponen a enviarlo ante los jueces del país vecino donde ha de responder de algunos delitos.

Difícilmente llegará a España en condiciones de ser juzgado. Tiene casi 70 años, le esperan cerca de diez en cárceles francesas y está, al parecer, enfermo, aunque desconocemos en qué grado. Puede que venga a ser juzgado por unas causas que habrá que actualizar para que no prescriban, pero a meterse en una prisión española es poco probable a simple vista. En cualquier caso es suficiente saber que, después de tanto periplo, el asesino contumaz en el que algunos ven un realista y sobrevenido hombre de paz, pasa al lado enrejado de la realidad.

No es necesario recordar quién ha sido este individuo. Hoy, en cualquier medio, se detallará de forma minuciosa cada una de sus proezas. Baste anotar en su currículum las órdenes despiadadas que suministró a su yihad durante tantos años como ocupó responsabilidades asesinas en ETA y baste también saber que alguno de los crímenes aún por aclarar podría ser desentrañado si se le invita suavemente a colaborar. Los muertos de Zaragoza y otros muchos más no se van a levantar de sus tumbas ni van a sentarse a la mesa de la vida en los improbables otoños de sus familias, pero al menos -y aunque les pese a los que tuercen el gesto cuando se detiene a un criminal de esta característica- sentirán el alivio de la justicia tardía, en la prórroga de las cosas, cuando algunos estaban extendiendo una densa capa de olvido sobre toda la sangre derramada. No lo siento por él: mi vergonzante falta de piedad me lleva a celebrar que la vida se le haga interminable en inciertos días llenos de contrición, contrariedad y aburrimiento.

Carlos Herrera.

Articulista de Opinión.
ESPAÑA | CASTILLA Y LEÓN.

IU y Podemos presentan a una okupa y a una condenada por asesinato como candidatas a la alcaldía de Ávila.

Publicado el Lunes, 13 Mayo 2019 21:29.

Los ciudadanos abulenses lo tienen harto complicado el próximo 26-M para elegir al representante de su municipio, o en jerga progre, a la representante, ¡porque menudas dos joyitas! Para muestra un botón, ¿quién preferirían ustedes, a Pilar Baeza, podemita condenada a una treintena de años de cárcel por ser cómplice del asesinato de su presunto violador o a Leonor Sánchez, feminazi número tres de IU-Equo?

Lo primero que llama la atención en este consistorio de Castilla y León es que la izquierda concurre a los comicios divida. Lo segundo, sin ninguna duda, las esperpénticas rarezas de las candidatas propuestas. Izquierda Unida ha debido pensar que vista la ex convicta podemita, su candidata no iba a ser menos polémica. Así, la punky Leonor Sánchez se muestra como una “activista a favor de los derechos de las personas desfavorecidas” y como no podía ser de otra manera, es “feminista”. “Ávila ciudad sin ducha”, perdón, “en lucha” ha sido el eslogan elegido por la formación izquierdista para empapelar las paredes de la ciudad amurallada.
ESCRACHE A VILLACÍS.

Villacís critica "la falta de humanidad" tras el escrache que sufrió en la pradera de San Isidro.

Activistas antidesahucios protestaron este miércoles ante la candidata de Ciudadanos en el Ayuntamiento de Madrid, en la caseta de su partido en la pradera de San Isidro, donde acudió acompañada por Ignacio Aguado y Albert Rivera.

Actualizado: 16/05/2019 13:14.

EUROPA PRESS.

La candidata de Ciudadanos en el Ayuntamiento de Madrid, Begoña Villacís, ha criticado "la falta de empatía y humanidad" de quienes como la edil de Ahora Madrid Romy Arce legitimaron ayer "el acoso" que sufrió en la Pradera de San Isidro, donde activistas antidesahucios la insultaron cuando estaba sola.

La candidata madrileña se ha pronunciado así en una entrevista en Antena 3 en la que ha hablado sobre el escrache sufrido ayer a manos de activistas antidesahucios en la caseta de su partido en la pradera de San Isidro, donde acudió acompañada por su homólogo de Ciudadanos para la Comunidad de Madrid, Ignacio Aguado, y el presidente del partido, Albert Rivera.

La líder municipal de Ciudadanos ha destacado que en democracia hay que aprender a "desterrar" este tipo de comportamientos y ha reconocido que le llama la atención "la falta de humanidad y empatía" que hay detrás de quienes "justifican" y "legitiman" este tipo de acosos.
Noemi, no me gusta nada lo que dicen o hacen. Tanto si son feministas o no lo son

Dicho esto las feministas solo. defienden. a la mujer de izquierdas
¡Cuanto verdad acabas de decir!
UNA RAYA EN EL AGUA.

La gota china.

Los independentistas son magos del enredo, maestros del numerito, virtuosos del ardid, artistas del victimismo.

Ignacio Camacho.

Actualizado:

16/05/2019 00:02h.

La gran virtud que es preciso reconocer a los independentistas es su perseverancia. Su determinación para defender su proyecto, sus objetivos y su causa con una persistencia y una tenacidad que ya quisiéramos ver en el Estado, en general, y en los defensores de la Constitución, en particular. No cejan nunca. No decaen nunca. No aflojan nunca. Y no desaprovechan jamás una ocasión para meter su cuña por cualquier rendija que ofrezca la ley, sea con los lazos amarillos, con la presunción de inocencia de los dirigentes encausados, con los debates electorales o con la técnica procesal del juicio. Son magos del enredo, maestros del numerito, expertos del ardid, artistas del victimismo. Por adversas que les resulten las circunstancias, se las apañan para extraer de ellas algún truco propagandístico.

Lo han hecho esta semana con el nombramiento como senador de Iceta, error importante de un Sánchez ebrio de victoria que no ha respetado la autonomía del Parlamento de Cataluña. Han sacado partido al lío de los debates electorales con los presos y los fugados, y han apretado a fondo la tecla de la presunta indefensión en la vista oral del Supremo. Cuestionan el firme criterio director del juez Marchena y reclaman la inmunidad sobrevenida de los candidatos electos. Van a montar el circo cuando Junqueras y compañía comparezcan custodiados por la Policía en la inauguración del Congreso. Piensan exhibir esa foto en todos los medios europeos. Están acumulando agravios supuestos para elevar a la Corte de Estrasburgo un recurso por violación de las garantías del Derecho. Y son plenamente conscientes de su poder decisivo en la investidura del presidente y la formación del Gobierno.

No es en absoluto casual que todo este jaleo lo estén armando en plena campaña. Tanto ERC como el partido de Puigdemont se juegan muchas alcaldías, la base de su tejido de poder clientelar. Saben lo que hacen, y lo hacen con enorme convencimiento aunque estén peleados a muerte entre ellos: otro aspecto del que podrían aprender sus adversarios, que en sus disputas internas olvidan la defensa del modelo de sociedad que los une. No se les escapa un detalle del que puedan extraer provecho. En abril sacaron buen rédito -seis diputados más- del post-procés, que en la práctica ha quedado, por voluntad de los catalanes y del resto de los españoles, políticamente absuelto.

Ésa es su ventaja. Que mientras los demás desisten por hartazgo o galbana, ellos nunca se cansan. Y cuando Sánchez sea investido, cuando se constituyan los ayuntamientos, cuando salga la sentencia, seguirán ahí, impertérritos con su matraca. Y buscarán nuevos desencuentros, nuevos lances con los que abrir grietas en el muro de la democracia. Su táctica es la gota china: la insoportable percusión de una constante lágrima de agua. Y su estrategia, avanzar pasito a paso en la ruptura progresiva con España.

Ignacio Camacho.

Articulista de Opinión.
Puertas al campo (laboral)

El registro horario complica más la vida de las pequeñas empresas, ese atomizado tejido productivo de la clase media.

Ignacio Camacho.

Actualizado:

14/05/2019 00:27h.

La vocación del Estado socialista -en cierta medida todos los Estados lo son, como certificó Hayek en su famosa frase- consiste en controlar el trabajo, el dinero y, hasta donde es posible, la vida de los ciudadanos. La vida la dirige con leyes de ingeniería social, el dinero lo expropia con impuestos (renta, patrimonio, sucesiones, donaciones, viviendas, energía, vehículos, consumo) y el trabajo lo regula con un piélago de variedades contractuales y registros de horarios. Pero como la Administración se rige por una mentalidad burocrática, la misma por cierto que los sindicatos, cualquier intento de imponer normas de supervisión en un mercado mucho más flexible suele desembocar en el caos. Es lo que le ha pasado al Gobierno con su decreto de reglamentación de jornada: que además de haberlo improvisado, con los consiguientes desajustes, ignora que la realidad laboral de la nueva economía no cabe en un convencional modelo rutinario. Y naturalmente se le ha ido de las manos.

Como casi siempre, existe una intención recaudatoria bajo la impecable y plausible intención de evitar el escamoteo frecuente de las horas extra. Unos cientos de millones cree el Ejecutivo que puede aflorar en cotizaciones sisadas por la picaresca. Sucede, sin embargo, que las grandes compañías tienen desde hace tiempo organizadas sus entradas y salidas con métodos telemáticos o tecnologías diversas, y que lo único que logra el nuevo sistema es complicar el funcionamiento de las pequeñas, ese denso microtejido productivo en el que se afana una clase media que ahora deberá agobiarse con más trámites, más papeleo, más gestiones, más formularios, más problemas. La confusa obligación universal de fichar olvida, o más bien ningunea, las peculiaridades del teletrabajo -esencial para la conciliación familiar-, de los autónomos, de los transportes y desplazamientos, de la libre disponibilidad, de todas esas dinámicas internas que escapan de la rigidez normativa oficial para hacer frente al implacable desafío de la competencia. Del mundo real, en suma, en que se desenvuelven a trancas y barrancas las empresas.

En España hace tiempo que el sector del empleo se mueve en compartimentos estancos y paralelos. De un lado el medio público, en continuo crecimiento y bien regulado en términos de acceso, estabilidad y derechos. De otro, el privado, sometido a una constante presión competitiva que pone a prueba su capacidad de adaptación al dinamismo de la economía del rendimiento. Sobre éste, atomizado además en extremo, recae el principal esfuerzo de costes, tributos, sacrificios y aprietos. Y lejos de facilitarle la tarea, los Gobiernos lo asfixian con una progresiva carga fiscal y una escalada ordenancista de protocolos e impedimentos. Lo menos que cabría pedirles no es ya que ayuden sino que no estorben y, al menos, clarifiquen de un modo razonable las reglas del juego.

Ignacio Camacho.

Articulista de Opinión.
COMENTARIOS LIBERALES-Opinión.

Esto pinta fatal.

FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS.

Lunes, 13 mayo 2019 - 02:12.

"En la grande polvareda" de la demolición nacional, será el turno de Pablo Iglesias, que sobre las ruinas del Estado querrá levantar su república bolipersonal.

Para los defensores de España y la libertad, claro. Sus enemigos van a encontrarse, si las urnas no lo remedian el día 26, el camino libre dos o tres años para liquidar el Estado de Derecho y el régimen constitucional que lo sustenta, con la monarquía parlamentaria y la soberanía nacional de todos los españoles como bases esenciales y, por tanto, derruibles. Unos irán a la república catalana, referéndum ilegal mediante, con la asistencia de los jueces de medio Supremo y tres cuartos de Prostitucional, que ya han mostrado la patita acomodaticia al sanchismo-podemismo con su obsceno respaldo a la candidatura de Puigdemont, por órdenes fiscales de Delgado a la que oímos: "información vaginal, éxito asegurado". Y si es fiscal, igual.

Otros irán a la república étnica vasca o euskaldún, seguramente por el camino de la catalana, que parece el más fácil, con Iceta al frente de los mozos de escuadra parlamentarios que deben favorecer el Golpe de Estado, no ya sólo en Cataluña, sino en toda España y acaudillado por un Gobierno que jurará defenderla con tanto énfasis como empeño pondrá en derribarla. Los comunistas, en fin, para los que abre camino el PSOE como en 1936, irán en lo que vaya quedando de la España nacional a la República Bolivariana Ibérica por el camino del Estado Federal, engendro palabrero con el que el PSOE viene disimulando su férrea alianza con el separatismo.

No faltarán en ese trance miñones profesorales que pidan a la Corona que se federalice, siguiendo algún ejemplo retroaragonés, pre-austracista o post-carlista, que de todo habrá y para todo sobrarán historiadores de lance. Ya en su día lo predicó el padre Arzallus (a quien sus feligreses emigrantes en Alemania llamaban El nazi, cómo sería), que exigió, en su estilo, una relación personal de la Corona con los "territorios históricos" vascos, entiéndase también navarros. El Rey debería jurar ante el roble de Guernica "Jaungoikoa eta lege zarra", o sea, "Dios y leyes viejas", como si Zumalacárregui no hubiera perdido nunca la primera guerra carlista ante los liberales.

Entonces, "en la grande polvareda" de la demolición nacional, será el turno de Pablo Iglesias, que sobre las ruinas del Estado querrá levantar su república bolipersonal, con los restos del PSOE/PPCC/PV/G/C, para entonces sólo emoticonos. Nos quedan dos semanas.
Liderar el fracaso.

Esa primacía interna que disputa la derecha no es más que el Ministerio de la Oposición, el liderazgo de la miseria.

Ignacio Camacho.

Actualizado:

10/05/2019 00:34h.

La única oposición operativa en esta legislatura será la que puedan ejercer los partidos de la derecha desde las autonomías en las que consigan ganar uniendo a posteriori sus fuerzas. Que no van a ser muchas según las encuestas -ojo a Tezanos, que a veces, aunque sea calculando a ojo, acierta- porque dos elecciones tan seguidas no permiten un fácil cambio de tendencia; ése fue el éxito táctico de Sánchez cuando alteró el orden lógico y adelantó las generales por sorpresa. Este ciclo electoral puede dejar un mapa de poder pintado de rojo hasta en Madrid, Castilla y León o Valencia, los bastiones históricos en que incluso durante el zapaterismo logró el PP asentar puntales de resistencia. Si eso ocurre, el proyecto refundador de la izquierda consolidará una nueva Transición inversa, en la que el espíritu de la reconciliación quedará sustituido por la hegemonía de media España sobre la otra media. Por eso resulta un suicidio político la pugna fratricida entre Casado y Rivera, que se dedican a darse pellizquitos de monja mientras el adversario real los rodea de alambradas y trincheras. Enfrascados en una estúpida lucha por la primogenitura interna no reparan en que van a quedarse sin nada que liderar más que un irrelevante montón de miseria. Ni siquiera se han dado cuenta del ridículo que ambos han hecho al enterarse por la prensa, después de pasar varias horas en La Moncloa, de que el presidente le va a entregar el Senado a Iceta. He ahí una muestra de lo que les espera: una oposición impotente, malquistada, ninguneada de la peor manera, fácil de chulear por su falta de consistencia y sin el recurso de contrapesos territoriales que puedan proporcionarle un mínimo de fortaleza. Para aguantar así cuatro años necesitarán mucha paciencia.

Claro que aún hay margen para remediarlo. Pero no mucho, apenas quince días que de nada servirán si nadie enmienda los errores inmediatos de una campaña desastrosa que sólo podía desembocar en fracaso. Un fracaso compartido que afecta también a Vox y a Ciudadanos; el primero se ha estrellado contra su espejismo sobredimensionado y el segundo no ha ganado nada ni ha podido superar a un PP en pleno descalabro. Ninguno tiene nada de lo que presumir y sí mucho que rectificar antes de sufrir otro batacazo que ya ni siquiera tendría la coartada del voto fragmentado porque los ayuntamientos y las autonomías cuentan con mucha mayor proporcionalidad en el reparto de escaños. Todo sigue igual, sin embargo; una triple estrategia empantanada en los mutuos recelos y olvidada de motivar al electorado con la defensa de un modelo común de sociedad que está bajo amenaza de colapso. En estas condiciones, si el centro-derecha mantiene algún baluarte local o regional en pie podrá considerarse un milagro. Y en el tiempo que viene, con poca pinta de ser apacible ni grato, no va a bastar el consuelo de ningún magro liderazgo.

Ignacio Camacho.

Articulista de Opinión.
VIDAS EJEMPLARES.

El icetazo.

No dejaría de ser colocar a un nacionalista al frente del Senado.

Luis Ventoso

Actualizado:

09/05/2019 00:03h.

Aveces pueblos de mérito y ejemplar trayectoria se dispersan y comienzan a no dar pie con bola. En ocasiones logran remontar. Otras asistimos sin saberlo al banderazo de salida de un declive imparable. Cataluña, y apena decirlo, ofrece desde hace un lustro un panorama político más cercano a Berlanga que a Jefferson. La pátina «seny» de antaño parece haberse evaporado y ahora se dan por normales situaciones bananeras, como la defunción legislativa de su Parlamento, convertido en una perpetua «performance» de amuletos amarillos y arrebatadas arengas sentimentaloides, que jamás se traducen en hechos que mejoren la vida cotidiana de los catalanes. El circo de las emociones nacionalistas nunca cierra, pero mientras tanto las empresas continúan largándose en goteo sigiloso, los servicios sociales dejan que desear. La comunidad, antaño admirada como la vanguardia de nuestro país, se torna antipática por el daño que le inflige el discurso xenófobo (y como triste ejemplo me remito a cómo se recibió en todo España el batacazo en Liverpool de un club que se ha vuelto enojoso por sus coqueteos con el independentismo, pues en todos los órdenes de la vida es complicado que recibas afecto si siembras desprecio al prójimo).

Un síntoma de la degradación política catalana es el pobre sentido de la responsabilidad de sus dirigentes, incluidos los constitucionalistas. No es serio que los líderes de Cs, PSC y PP que concurrieron a las elecciones autonómicas de diciembre de 2017 dejen en menos de dos años aquellos escaños por los que compitieron. Inés Arrimadas, magnífica ante el golpe de octubre e incapaz de extraer luego el menor rédito de su extraordinaria victoria, se ha fugado a Madrid en busca de mejor y más cómodo futuro, dejando tirados a los catalanes unionistas que cifraron sus esperanzas en ella. Albiol ha retornado a la vida municipal (de donde tal vez nunca debió salir, porque donde no hay mata no hay patata). Ahora podría darse el piro también Iceta, al que Sánchez pretende nombrar presidente del Senado sin ser siquiera senador.

El icetazo no sería noticia alentadora para España, pues supondría situar a un nacionalista en la presidencia del Senado (cámara de donde emana el 155). Cierto que Iceta no es independentista. Pero su corazón está donde está: en primar a Cataluña con más autogobierno, aun a costa de aflojar la unidad de España. Iceta demanda un trato fiscal ventajoso y a la carta para Cataluña, lo cual castigará a otras regiones. Cuando comenzó a sopesarse el 155, casi gimoteaba para que no se aplicase. Criticó en un artículo en el NY Times «la desproporcionada actuación» de la Policía española. Ha abogado por el indulto de los organizadores del golpe truncado de 2017. Se le ha calentado la boca y ha confesado en una entrevista en la prensa separatista vasca («Berria») que llegado el momento desearía un referéndum de independencia.

Comienza Sánchez 2. Puede durar ocho años, si la derecha sigue con su estupenda idea de inmolarse partiéndose en tres, y no presagia muchas dichas.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
Hace falta ser miserables.

Cuando Fraga les arrollaba en las urnas no había lo que ahora dicen tener para atreverse a promover una moción así.

Ramón Pérez-Maura.

Actualizado:

08/05/2019 00:25h.

España fue un ejemplo para el mundo entero de cómo hay que hacer una transición de la dictadura a la democracia. Recién caído el Muro de Berlín el 9 de noviembre de 1989 los ojos de los pueblos que se habían liberado del yugo soviético y de otros comunismos buscaban en España una explicación de cómo lograr lo que nosotros habíamos conseguido. Recuerdo muchas conversaciones con Gabriel Cisneros, padre de nuestra Constitución, contándome sus viajes por Europa dando conferencias y participando en coloquios para explicar cómo hacer una reforma. Le desesperaba el caso de Yugoslavia donde veía que el socialismo mezclado con el nacionalismo iba a llevar inevitablemente a la guerra. Como así fue. «Eso sí, sigue siendo un país maravilloso: ¡Te dejan fumar en todas partes!», se reía Gaby.

España fue un ejemplo para el mundo porque desde dentro del régimen franquista se promovió la reforma. Para empezar, porque Franco restauró la Monarquía en la persona de Don Juan Carlos después de haber creado unas condiciones que hacían de la designación del sucesor una Monarquía electiva sometida a su exclusiva voluntad. Esa designación fue posible, en buena medida gracias a la labor de Laureano López Rodó, comisario del Plan de Desarrollo entre 1962 y 1973, la mayor parte del tiempo con rango de ministro, y posteriormente ministro de Asuntos Exteriores. Como cuenta con datos incontestables en su libro «La larga marcha hacia la Monarquía» (Barcelona. Noguer, 1977) desde dentro del régimen se procuró la reforma para llegar a la democracia. Igual que lo hizo Manuel Fraga Iribarne, ministro de Información y Turismo entre 1962 y 1969 que fue uno de los promotores del cambio desde dentro. Fraga reforzó esos méritos con muchos otros hechos bien conocidos. El más relevante de ellos, sin duda, fue el de conseguir llevar a la derecha democrática a casi todo el franquismo. La Falange se diluyó como un azucarillo y el propio Fraga fue uno de los siete padres de la Constitución de 1978. Por si eso fuera poco, entre 1990 y 2005 ganó cuatro veces la Presidencia de la Junta de Galicia con mayoría absoluta y una quinta sin ella lo que sirvió para que el socialismo y el nacionalismo, siempre tan bien avenidos, en Belgrado como en Compostela, lo desalojaran del poder.

Pues los méritos de Fraga y López Rodó son insuficientes para sobrevivir al sectarismo del Bloque, de Marea Atlántica -disfraz de Podemos en La Coruña- y el propio PSOE. Los tres partidos han aprobado una moción que insta a revocar el título de «hijo adoptivo» que la ciudad concedió a ambos en su etapa de ministros del general Franco. Y ahí estaba el voto del PSOE de Sánchez también. Hace falta ser miserables y cobardes. Cuando Fraga les arrollaba en las urnas en plena democracia, no había lo que ahora dicen tener para atreverse a promover una moción así. Y había exactamente la misma libertad que hay hoy para intentar sacarla adelante. Una vez más, demuestran con los muertos la valentía que les falta con los vivos.

España es hoy una democracia porque hombres como Fraga y López Rodó buscaron hacer un cambio moderado (Reforma Democrática se llamó el partido que fundó Fraga en 1976). Y aunque sea políticamente incorrecto decirlo, Franco se murió en la cama sin apenas protestas porque la terrible dictadura que nos pintan ahora no fue tal. Por más que hogaño nos digan hasta que el levantamiento de los madrileños el 2 de mayo fue contra Franco.

Ramón Pérez-Maura.

Articulista de Opinión.
Al son de Sánchez.

El 26-M no va a ser la segunda vuelta del 28-A, como se decía. Va a ser su ratificación.

José María Carrascal.

Actualizado:

08/05/2019 00:38h.

Aunque la campaña electoral del 26-M no ha empezado, ese saltador de vallas legales que es Pedro Sánchez ha puesto en marcha la suya, convocando en La Moncloa a los tres rivales oficiales para ponerlos en sus sitios y mantener extramuros al paria, Abascal, para que siga zurrando a sus compadres. Todo muy presidencial, diría incluso solemne, con sonrisa y cordialidad por su parte, los otros más bien tiesos. Porque el 26-M no va a ser la segunda vuelta del 28-A, como se decía. Va a ser su ratificación. Al menos es lo que busca Sánchez, que no da puntada sin hilo. ¿Qué han hecho sus visitantes? Pues lo que han podido, dadas sus circunstancias. Casado, cuya necesidad más urgente es no ser descabalgado al frente del PP, le ha dicho que ejercerá una oposición firme y leal pero no apoyará directa ni pasivamente su presidencia, con un pullazo a Rivera invitándole a abstenerse para facilitar la investidura del nuevo gobierno. Rivera, cuyo objetivo inmediato es hacerse con el liderato del centro derecha, lo ha rechazado de plano, pero dio un medio paso atrás al no descartar pactos en ayuntamientos y comunidades con los socialistas «disidentes», calificativo un tanto exagerado al referirse a los no siervos de Sánchez. E Iglesias, recién convertido al constitucionalismo y la moderación, consciente de su debilidad, ha vuelto a pedir sitio en el Gobierno, pero ya sin amenazas ni chantajes. En cuanto al excluido, ha redoblado sus acusaciones, pero el enfado de Abascal son buenas noticias para Sánchez, que tiene ante sí un panorama tan prometedor como risueño.

Su punto débil, aparte de la economía, siempre frágil, es el que le llevó a La Moncloa: los nacionalistas, que han crecido y reclaman el derecho a la autodeterminación, algo a lo que la inmensa mayoría del pueblo español, socialistas incluidos, se opone. De ahí que intente montar un gobierno sin ellos, algo imposible sin Podemos o Ciudadanos. Su plan es gobernar en minoría con apoyos de unos u otros según los asuntos, como ha hecho hasta ahora. Pero también ha comprobado que eso sirve en circunstancias especiales, no para una legislatura larga y sólida como la que él busca. Conociéndole, podemos decir que no cejará en su empeño, buscando pactos incluso con el PP «en asuntos de Estado», a los que Casado tendrá difícil negarse. Su sueño es el modelo portugués: un gobierno de izquierdas con una política, especialmente en el terreno económico, de derechas. Seguro que Iglesias se subiría por las paredes, pero a la mayoría de los españoles no les parecería mal, como no le pareció la de Felipe González. Pero hay dos grandes inconvenientes: el problema catalán seguiría creciendo, como sus exigencias del derecho a decidir y la libertad de sus líderes procesados. Más decisivo incluso: los portugueses no son españoles ni Portugal tiene un partido independentista, mientras España tiene una docena. Aparte de que siempre podrá argumentar que no le han dejado gobernar. Habiendo gente que aún le crea.

José María Carrascal.

Articulista de Opinión.
EL RECUADRO.

¿No hay extrema izquierda?

Estamos aceptando un sistema en el que sólo hay extrema derecha, nada de extrema izquierda.

Antonio Burgos.

Actualizado:

05/05/2019 00:03h.

Hoy hace justo una semana, y parece que las elecciones generales fueron hace un año. No sé si por previstos o por asumidos sus resultados. Y como la que será como su segunda vuelta, las municipales, europeas y autonómicas del 26 está ya ahí, todo el mundo anda tentándose la ropa o rezando lo que sepa, como si aquí no hubiera pasado nada. Por eso mismo, porque parece que todo fue hace un año y habrá quien quiera irse de rositas, quiero fijarme en Pablo Casado. ¡Gran triunfo el de Casado! Ya tiene mérito, increíble, perder los 137 diputados de Rajoy cuando dejó que Soraya pusiera el bolso en su escaño y se fue Juan Naja de Levante, dejándonos este mochuelo que tendremos que padecer cuatro años y que de momento se ha anunciado con una subida de impuestos de caballo cuando el nuevo Gobierno aún no ha tomado posesión. Que con el bolso del escaño se me fue el santo al cielo, pero venía diciendo que lo de Casado tiene un mérito grandísimo: estando frente a la amenaza de tener que aguantar cuatro años el extremismo de Sánchez, pasar de los 137 diputados de Rajoy a 66.

Casado está haciendo bueno a Rajoy no sólo por esto, sino por sus incomprensibles salidas de pata de banco. Dicen que legislar en caliente es malo, ¿no? ¡Pues anda que cambiar de ideología en caliente, tras una derrota! La metedura de pata de Casado con Vox ha sido de antología. En menos de horas veinticuatro, vencido y derrotado por las urnas, ha pasado de ofrecer ministerios a Vox para una gobernación conjunta a proclamar, para parecer más centrado y progre que nadie, que Vox es «la extrema derecha». ¡Qué originalidad más grande decir que Vox es la extrema derecha! Sin pensar, además, que los de Vox, como así ha ocurrido, se podían cabrear con toda la razón, y dejar al PP y a Cs agarrados a la brocha de la Junta de Andalucía, porque se llevaban la escalera de su apoyo de investidura o, sin ir tan lejos, negar la aprobación de los presupuestos. ¿Pero no ha pesando este hombre, Casado, que cabreando a Vox podía romperse el acuerdo de gobierno en Andalucía y rodarse las cosas de modo que el poder volviera a Susana Díaz, que fue la más votada?

¿Y quién ha dicho que Vox es de extrema derecha? ¿Es de extrema derecha acaso defender a España, su Monarquía Parlamentaria, sus Fuerzas Armadas, su Constitución de 1978, su sistema de valores democráticos en una nación de ciudadanos libres e iguales? O sea, defender todo lo que ahora se quiere destruir. No es que yo a estas alturas de curso quiera defender a Vox, por mí a Vox que le vayan dando, y más con sus salidas de pata de banco como lo de las escopetitas dichosas. Abascal se creyó Reagan y por poco si nos funda la Asociación del Rifle o por lo menos de las escopetas de plomillos de las casetas de tiro al patito en las ferias.

Es un genio el que ha conseguido ponernos un parche oftalmológico en el ojo izquierdo para ver solo extremismos en Vox. ¿Y la extrema izquierda, dónde me la dejan? ¿No existe? Aquí por lo visto no hay más ultra que Vox. La ultraizquierda de comunistas bolivarianos, separatistas y bilduetarras no existe. Según el concepto acuñado, Vox es de extrema derecha, pero Podemos no es de extrema izquierda. Estamos todos aceptando un sistema en el que sólo hay extrema derecha, nada de extrema izquierda, por Dios, ¿qué es eso de la extrema izquierda? Los que quieren derribar la Monarquía, acabar con la Constitución, los que ultrajan la Bandera, los que queman las fotos del Rey, ninguno es de extrema izquierda. Son gloria bendita de la democracia y libertad de expresión. Y así nos ha ido. No se lo digan a nadie, pero las elecciones han sido un gran cordón sanitario contra Vox impuesto por la extrema izquierda.

Antonio Burgos.

Articulista de Opinión.
PROVERBIOS MORALES.

Promesas.

Es un error prometer a los viejos mañanas radiantes.

Jon Juaristi.

Actualizado:

04/05/2019 23:59h.

Ante los resultados de las elecciones del 28 de abril, es lógico que los derrotados (es decir, los partidos que esperaban sacar votos suficientes para desalojar a los socialistas del Gobierno) se pregunten por las causas de su fracaso y que lo hagan también muchos de sus votantes. La más fácil y tentadora de las hipótesis consiste en atribuir a los votantes de la izquierda una condición perversa o estúpida (lo que, mutantis mutandis, hicieron los socialistas en Andalucía con los votantes de la derecha tras las últimas elecciones autonómicas). Tranquiliza mucho suponer que quien vota a tu enemigo es malo y tonto, pero eso no explica nada, porque la maldad y la estupidez están generosamente repartidas por toda la humanidad y todos hemos recibido nuestro lote. Otra hipótesis se deriva del síndrome de guerra civil alentado por la izquierda pero asumido acríticamente por la derecha. Es cierto, por ejemplo, que el gobierno socialista salido de la moción de censura adoptó una estructura de alianzas similar a la del Frente Popular de 1936 y que ha sido frentepopulista en su práctica, hasta el final. Pero el PSOE no se ha presentado a las elecciones del pasado domingo dentro de un frente popular. En las elecciones de febrero de 1936 hubo violencia y pucherazos en grandes cantidades. No creo que pueda probarse nada de esto en las del 28 de abril, por más que proliferen las denuncias.

A los perdedores les convendría plantearse cuanto antes cuáles han sido los fallos tácticos de su campaña y cuáles los aciertos de los triunfadores. La autoría de las tesis doctorales, en este tiempo de titulaciones devaluadas y de plagios generalizados, no es un motivo eficaz para desacreditar al adversario. Casado no la utilizó en los debates porque su partido tiene el techo de cristal. Rivera lo hizo y, salvo en sus votantes más puretas, no hizo mella en nadie, porque a nadie le importa que Sánchez plagie o mienta. La mayoría de los españoles están convencidos de que todos los políticos plagian y mienten. Pero la política no va por ahí, sino por lo que los votantes esperan que los políticos les den.

Sospecho, por ejemplo, que los pensionistas han votado en masa a la izquierda y lo han hecho así porque confían en que los socialistas y los bolivarianos les darán mucho más que la derecha, sacándolo de aumentos de los impuestos sobre la renta de la población activa o del saqueo de los bancos. A la mayor parte de los pensionistas les importa muy poco cómo y de dónde saque el Estado el dinero para sus pensiones, porque tienen miedo. Miedo a congelaciones, a pérdidas de poder adquisitivo, a recortes. Miedo a la pobreza, en definitiva. Y sabiendo eso, que no se le oculta a nadie, ¿qué han hecho los partidos de la oposición al respecto en la campaña electoral? Vox, nada. Qué iba a hacer. Todo lo que pensaban ahorrar en chiringuitos autonómicos lo invertirían en pensiones. Si eso es una promesa ilusionante, venga Dios y lo vea. Ciudadanos ha echado el resto en ganarse a los autónomos, y ello es comprensible, toda vez que Rivera, como Margaret Thatcher y yo mismo, viene de esforzados y heroicos tenderos. No me cabe la menor duda de que el aumento del voto a Ciudadanos se debe en buena parte a los autónomos, pero no a los pensionistas. Si alguno de estos conservaba simpatía por el PP ha debido de huir al escuchar a Casado que el fortalecimiento de las pensiones dependerá de la creación de empleo. Es cierto, pero largo me lo fiais. Los viejos no están para esperar mañanas radiantes. Hay que hablarles del presente, y Casado no lo ha hecho. En política no basta que los argumentos sean razonables. Deben resultar simpáticos.

Jon Juaristi.

Articulista de Opinión.
Esto es lo que hemos votado.

Apuesto a que Torra no volverá a denunciar la dependencia de la Fiscalía del Gobierno.

Ramón Pérez-Maura.

Actualizado:

03/05/2019 23:44h.

Ahora que ya no hay que demostrar pusilanimidad electoral, la Fiscalía ya puede ponerse del lado de los golpistas catalanes. Después de que la Junta Electoral Central vetase la presencia de Carles Puigdemont, Clara Ponsatí y Antoni Comín en la candidatura Lliures per Europa, la Fiscalía de Madrid se opone a la decisión. Habrá que reconocer que la Junta Electoral es un órgano con una composición plural que se ha caracterizado por defender los derechos de los candidatos a lo largo de su historia. Que esta vez dejase fuera a unos golpistas y la Fiscalía se oponga resulta cuando menos sorprendente. Y que la Fiscalía de Madrid adopte una posición aparentemente tan diferente de la que está sosteniendo la Fiscalía General del Estado en el Tribunal Supremo es, por decirlo de una forma sencilla, abracadabrante. Confieso que no he podido cotejar el dato, pero me gustaría saber cuántas veces la Fiscalía de Madrid se ha opuesto a decisiones de la Junta Electoral Central al fijar posición en los múltiples recursos en cada elección.

Unos prófugos de la Justicia que intentan eludir al Supremo han recibido el amparo de la Fiscalía de Madrid. El recurso tendrá que resolverlo el juzgado de los Contencioso Administrativo número 2 de la capital de España. Sería fabuloso que un órgano judicial de inferior rango diera amparo a los prófugos que escapan a la acción de la justicia del Supremo.

En medio de todo esto, conocemos en el mismo día el despido del ex ministro de Sanidad Bernat Soria de su cargo en la Fundación Progreso y Salud -el nombre apuntaba maneras. Es un caso que ejemplifica perfectamente la hipocresía de la izquierda tan aficionada a denunciar el mileurismo y las puertas giratorias. Soria empezó a trabajar para esa fundación en 2005 y estuvo en ella hasta que fue nombrado ministro de Sanidad en el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero el 9 de julio de 2007. Se mantuvo en el cargo hasta el 7 de abril de 2009 en que cesó. Pero menos de un mes después de salir del gabinete ministerial era recuperado por la fundación pública andaluza con un sueldo de 150.000 euros anuales, lo que casi duplicaba su salario en el Ministerio. Desde 2009 los emolumentos de Soria han llegado a 1,2 millones de euros. A nadie le extrañó esto en la Junta andaluza en la que los casos de despilfarro y corrupción abundan pero son siempre de menor relevancia pública para la mayoría de los medios de comunicación. Sólo ahora al llegar al poder la coalición del PP y Ciudadanos ha salido a la luz un caso escandaloso en el que, además, Soria cobraba 5.000 euros mensuales por su plena dedicación mientras se le amparaba consintiendo que cobrase de cualquier otro sitio.

No contentos con incorporar a Soria, la Junta nombró a su mujer directora del Biblioteca Virtual de Andalucía, una organización creada en 2003 pero para la que no se había apreciado la idoneidad de la señora de Soria hasta que su marido no volvió a beneficiarse del cargo en la Fundación Progreso y Salud. Hay coincidencias maravillosas.

Lo peor de todo esto no son los casos concretos. Lo más grave es que la corrupción de la Junta de Andalucía en tiempos del PSOE es sabido que ha sido la mayor de la democracia española. Y todo el mundo sabe desde hace meses que Pedro Sánchez aspira a gobernar con el apoyo de los independentistas que quieren romper la unidad de España. Y aún así los socialistas obtuvieron el domingo una holgada mayoría, aunque con el menor porcentaje de votos obtenido por un partido ganador de unas elecciones generales desde la Transición. Apuesto a que Torra no volverá a denunciar la dependencia y sumisión de la Fiscalía al Gobierno.

Ramón Pérez-Maura.

Articulista de Opinión.
El penúltimo fraude.

Puigdemont sabe que no tiene nada que ofrecer, que su llama lentamente se apaga, que Esquerra ha empezado a ocupar la centralidad del independentismo y que el cambio de hegemonía en este sector puede darse ya por descontado.

Salvador Sostres.

Actualizado:

02/05/2019 16:16h.

Carles Puigdemont y sus acérrimos saben que no tienen nada que ofrecer, que su llama lentamente se apaga, que Esquerra ha empezado a ocupar la centralidad del independentismo político y que el cambio de hegemonía en este sector de la sociedad catalana puede darse ya por descontado y es sólo cuestión de tiempo que las distintas convocatorias electorales lo vayan confirmando.

La semana pasada, justo antes de que la Junta Electoral suspendiera su candidatura, y en previsión de que Esquerra iba a ganar las elecciones generales en Cataluña, Puigdemont tenía previsto su enésimo truco de magia —es decir, su enésimo engaño— para animar su campaña a las europeas. El enredo habría consistido en publicar la imagen de un billete de avión a su nombre para regresar a España y en anunciar su presencia en el mitin final en el pabellón de Fontajau (Gerona). Evidentemente, Puigdemont no tenía pensado volver, y su idea era decir a última hora que por razones de seguridad el viaje al final no podría realizarse. Para no defraudar del todo a los asistentes, Puigdemont pensó en encomendar a Pep Guardiola que le sustituyera en la presentación del acto, pero Pep declinó amablemente la invitación. Entonces la campaña de Junts per Catalunya pensó en Beatriz Talegón para dar el cambiazo.

El intento de fraude no está aún del todo descartado, pero dos cosas han sucedido que hacen dudar al expresidente de la Generalitat. La primera, los pésimos resultados que su candidatura obtuvo el pasado domingo. Una Convergència que estaba ya en mínimos históricos, perdió todavía un escaño, tras haber confeccionado Puigdemont una lista sólo de intensos partidarios y de la que los discrepantes y moderados fueron purgados. La segunda cosa tiene que ver con la decisión de la JEC de no permitirle presentarse a las elecciones.

Tras su última rueda de prensa, el abogado Jaume-Alonso Cuevillas, candidato de JuntsxCat por Gerona, explicó en un «off the record» con los periodistas que «España quiere blanquearse ante Europa, y prohibir la candidatura de Puigdemont minaría la credibilidad de su sistema judicial. Para hacer ver que son un estado garantista, seguro que el Supremo le permite presentarse. Y además, la Junta Electoral nos habrá hecho media campaña con la prohibición provisional».

De modo que si su candidatura queda finalmente prohibida no tendría ningún sentido que se arriesgara a volver, ni a quedar como un mentiroso prometiéndolo y luego no haciéndolo; y si finalmente el Supremo la autoriza, tal vez le baste con la épica victimista de la «injusta» y «antidemocrática» España como revulsivo de una campaña que ahora mismo está muerta y de unas expectativas que están por los suelos.

El único recurso que le queda a Puigdemont es la épica —y además engañosa— para sus entusiastas más emocionales y menos inteligentes. Le funcionó el 21 de diciembre de 2017, en las elecciones convocadas en virtud del artículo 155, y aunque las ganó Inés Arrimadas, él pudo derrotar a Junqueras, que en el fondo es lo único que le interesaba, para mantener la hegemonía de su partido en el submundo independentista. Pero parece que al aprendiz de brujo se le han agotado los trucos y que los catalanes, incluso los más independentistas, se han dado cuenta de mentiras como la de que existe una supuesta república catalana, y han votado moderación, pragmatismo y pacto, confiando en la Esquerra de Junqueras. Está por ver -y sería la primera vez- si ERC entiende el mensaje y a última hora no acaba cediendo —como hasta ahora siempre ha hecho— a los que luego llama locos, estúpidos, hiperventilados, y nos piden el voto para pararlos.

Salvador Sostres.

Articulista de Opinión.
Tocar las narices.

Lo que en los 90 era machista o intolerable lo sigue siendo. Pero ahora se añade el qué dirán.

Rosa Belmonte.

Actualizado:

30/04/2019 00:45h.

Cuando Serrano Suñer era paseado por el Retiro en silla de ruedas, pellizcaba el culo de su enfermera. «Don Ramón, nos van a ver». «Por eso lo hago». De George H. W. Bush, también nonagenario, la actriz Heather Lind contó en pleno impulso airado del #MeToo que en 2014 coincidió con él. No le dio la mano, le tocó el culo desde la silla de ruedas y soltó una guarrada. Barbara Bush entornó los ojos y un guardaespaldas le regañó por haberse puesto tan cerca. La chica aseguró que hizo público el asunto por la valentía de quienes estaban compartiendo sus experiencias. Sí hay que ser valiente para contar semejante afrenta. Nena, you too, vale, pero no me compares.

En Veep tuvieron un debate hace un par de capítulos. Selina Meyer se dirigía a una emergente senadora negra y le decía que dejara de quejarse por ser mujer, que ella tuvo que aguantar de joven, cuando era abogada, que le pellizcaran el culo. «Sé un hombre». Y ante esta recriminación recibía un ruidoso aplauso. «Dios bendiga a América, que odia a las mujeres tanto como yo», dice luego a un asesor. Es una comedia, la vida se la toman más en serio. Las odiarán, pero a ver quién les tose. Antes de anunciar su candidatura a la presidencia, Joe Biden escuchó las denuncias de dos señoras a las que había tocado. Biden parece un sobón, pero como muchos de esos conocidos simpáticos a los que evitas. Como Soraya Sáenz de Santamaría debería evitar a Monedero. Aunque ahora no sé dónde demonios iban a coincidir. Según una de las denunciantes, Biden la agarró por detrás y le besó la cabeza. Otra dice que la agarró por la nuca y tocó su nariz con la suya. ¿Pero qué somos? ¿Esquimales? Las comparaciones son ridículas y por supuesto que lo que se permite a Trump no se permite a un demócrata como Biden.

Otro frente que Biden tiene abierto es el de Anita Hill. Ya saben, la política presente se hace con hechos pasados. En 1991, las acusaciones de Anita Hill contra Clarence Thomas, que aspiraba a un puesto en el Tribunal Supremo en el que aún continúa, pusieron el término acoso sexual en el diccionario. La declaración de Hill en el Cómite Judicial del Senado, compuesto en su totalidad por hombres blancos (Hill y Thomas son negros), dejó estupefactas a las mujeres por cómo se «la había insultado, despreciado, desacreditado incluso, al terminar confirmando a Thomas» (Buenas y enfadadas, de Rebecca Traister, en Capitán Swing). Esa ira provocó que las señoras se movilizaran. 24 mujeres fueron elegidas en el Congreso, más que en toda la historia de la cámara. Ahora esas sesiones son consideradas un interrogatorio machista. Y aunque el senador Biden votara en contra de la confirmación de Thomas, lleva la losa. 28 años después, ha llamado a Anita Hill. Pero hace poco, Christine Blasey Ford declaró contra Brett Cavanaugh, candidato al Tribunal Supremo de Trump, por un intento de violación cuando eran jóvenes. De los 21 miembros, solo cuatro eran mujeres. De Hill a Blasey va un trecho y el #MeToo. Y desde luego, el cambio de tono en el interrogatorio. Pero da igual. Trump se rio de Christine Blasey Ford en un mitin y sigue recibiendo amenazas de muerte.

Es un error mirar el pasado con ojos del presente. Y no hay que ir a Hernán Cortés. Si ves un telediario español de los 90 y a gente opinando sobre, digamos, homosexualidad o feminismo, te llevas las manos a la cabeza. Lo de Biden es de 1991. Tampoco ha dejado ahogarse a Mary Jo Kopechne. Pero ¿y el éxito de Bildu y Otegi? Eso es triunfar en el presente a pesar del pasado. O por el pasado. Tocar la nariz. Tócate.

Rosa Belmonte.

Articulista de Opinión.
Luis Herrero.

¿De qué se ríe la izquierda?

2019-04-29.

Hace ya muchos meses que los análisis políticos exigen puntos de vista distintos de los habituales. Antes, ganar y gobernar eran la misma cosa. Ahora gana quien gobierna, aunque gobierne quien pierda. Que se lo pregunten, si no, a Ximo Puig o a Moreno Bonilla, que se convirtieron en presidentes de sus Comunidades Autónomas después de haber firmado los peores resultados electorales de la historia de sus respectivas siglas. La identidad del partido más votado ha dejado de ser el dato más relevante de unos comicios. Ahora lo que importa es el tamaño de los bloques que pueden pactar mayorías de gobierno. Y, desde esa perspectiva, los resultados del 28-A no son, ni mucho menos, lo que parecen a simple vista.

La izquierda obtuvo anoche menos porcentaje de voto que en las elecciones generales de 2016. Casi un punto menos (43,0 frente a 43,8). La derecha, en cambio, ha tenido un poco más que hace tres años (42,9 frente a 43,1). Es verdad que España sale de las urnas de anoche partida en dos bloques ideológicos de tamaño casi idéntico, cuando hasta hace pocos días parecía que el de la derecha iba a sacarle 3 o 4 puntos de diferencia al de la izquierda. Pero eso sólo demuestra que no se han cumplido las expectativas, no que la realidad haya empeorado. Ahora ya sabemos que la alta participación —mucho más elevada de lo que pronosticaban las encuestas— se ha debido a la movilización de la izquierda y de los partidos independentistas. Bien, ¿y qué? Con la izquierda más movilizada que nunca, la derecha ha sacado una décima más de porcentaje que la izquierda. ¿Acaso es eso una pésima noticia?

El PSOE ha subido 6 puntos respecto a las elecciones de 2016. Podemos ha bajado 7. Sánchez ni siquiera ha sido capaz de capitalizar en beneficio propio todo el desgaste de Iglesias. ¿De verdad ese hecho justifica la alegría impostada que ayer exhibieron los dirigentes socialistas desde el balcón de Ferraz?

Sánchez tenía un objetivo prioritario: no necesitar el concurso de los independentistas para obtener la investidura como presidente electo —ahora sí— del Gobierno de España. Pero ese objetivo no lo ha conseguido. Ni siquiera con el apoyo de Compromís, PNV, PRC y CC (en el improbable supuesto de que Ana Oramas quisiera prestarse al juego de apoyar al dúo Sánchez-Iglesias) alcanza la cifra mágica de los 176 escaños. Así que una de dos: o negocia el voto favorable de ERC-Bildu o/y Junts para ser investido en primera vuelta, o negocia su abstención para ser investido en la segunda En todo caso, la visita a Lledoners o/y a Waterloo resultará obligatoria.

Y por si ese disgusto no fuera suficientemente amargo, en 27 días hay elecciones municipales y autonómicas. ¿Alguien ha hecho números de lo que puede pasar el 26 de mayo en aquellas plazas donde la izquierda atesora su poder poder territorial más preciado? Veamos:

En Aragón (con el 98,9% escrutado), la suma de votos de socialistas y podemitas asciende a 341.701. El de las tres derechas, a 389.780. ¿Tiene algún motivo Lambán para dar botes de alegría?

En Castilla-La Mancha (con el 98,9% escrutado), la izquierda suma 503.758 votos. El centro-derecha, 656.966. ¿Se imaginan ustedes a Emiliano García-Page haciendo soplar los matasuegras?

En Extremadura (con el 98,9% escrutado), el bloque de la izquierda obtiene 311.777 votos. El de la derecha, 328.580. No creo que Guillermo Fernández Vara sea el hombre más dichoso de su Comunidad Autónoma.

En Madrid capital (con el 98,9% escrutado), PSOE y Podemos se quedan a más de 600.000 votos de los que han conseguido Ciudadanos, PP y Vox. ¿Dormirá Carmena estos días a pierna suelta?

Ya sabemos que la política que nos ha traído hasta aquí, la que Sánchez esgrime como modelo a seguir, ha derivado en una noche electoral donde las caras más felices —y éstas sin ápice de impostura— han sido las de Oriol Junqueras y Arnaldo Otegui. ¿También presumirá de eso el PSOE a la hora de hacer el análisis de los resultados electorales o de diseñar la campaña de las elecciones municipales y autonómicas?

Es altamente probable que Sánchez sea presidente del Gobierno durante la próxima legislatura. ¿Qué precio estará dispuesto a pagar para que —ahora sí— los separatistas le apoyen los presupuestos generales del Estado? ¿O es que piensa prorrogarlos otra vez? Parece bastante claro que la legislatura se anuncia corta y problemática, salvo en el supuesto de que Sánchez se decida de una vez por todas a romper la legalidad constitucional a cambio de permanecer en la cabecera del banco azul. Y si es así tal vez sea menos corta, pero resultará mucho más problemática.

Que no haya sido una buena noche para la izquierda —honradamente creo que no lo ha sido—, no significa que lo haya sido para la derecha. Lo del PP solo admite un adjetivo: demoledor. Vox se ha quedado muy por debajo de las expectativas. Ciudadanos, por último, ha resistido bien, pero más por demérito de sus vecinos que por méritos propios. Su 15,9 % solo mejora en 1,3 puntos el pronóstico que le adjudicaba el promedio de las encuestas. Es verdad que se queda a menos de un punto del PP, que resiste con suficiencia el mano a mano con Podemos por la tercera posición y, desde luego, que desbarata cualquier conjetura de empate técnico con Vox, pero nada de eso justifica que Rivera mostrara anoche tanto empeño por exhibirse como el nuevo macho alfa del centro derecha español. Él solo no vende un peine.

De que PP, Ciudadanos y Vox sepan jugar bien las cartas que les han repartido las urnas dependerá que tengamos una España sensata o desquiciada. Si a partir de ahora sus líderes se enzarzan en el noble deporte de ver quién de ellos mea más lejos, apaga y vámonos.