Foro Común


Mensajes de Opinión, repasando columnas enviados por Triana:

EL CONTRAPUNTO.

Parásitos.

Mientras toda España sufre la crisis del Covid, nuestros gobernantes no se han tocado el sueldo ni hecho el menor sacrificio.

Isabel San Sebastián.

Actualizado: 01/07/2020 23:33h.

Ayer publicaba ABC la carta de un padre de familia residente en Benidorm, de profesión cocinero, que se declaraba endeudado, abocado al paro y angustiado ante un presente sombrío y un futuro tenebroso. Era el enésimo lamento de una larga lista que este periódico ha querido difundir con el fin de brindar un cauce de expresión a la desesperación de todo un pueblo y retratar verazmente la España del Covid-19, que nada tiene que ver con el cuadro triunfalista dibujado por Pedro Sánchez en sus intermimables sesiones de «Aló Presidente». En contra de la propaganda oficial repetida hasta la saciedad, aquí muchísima gente se está quedando atrás. Millares de españoles que ven quebrar sus negocios sin que el Gobierno les brinde el menor auxilio o alivie siquiera parcialmente su abrumadora presión fiscal. Cientos de miles cuyos puestos de trabajo se tambalean como consecuencia del hundimiento de sectores tan claves como la hostelería o el turismo. Millones afectados por recortes de sueldo, ertes o reducciones drásticas de ingresos en el caso de los autónomos. Una generación de jóvenes condenada de nuevo a la precariedad y la desesperanza cuando empezaba a levantar cabeza tras la crisis de 2008. Esa es la fotografía actual de este país azotado por la pandemia aliada a la ineptitud de los peores timoneles posibles. Locales cerrados, tiendas vacías, sueños quebrados, miedo y miseria, desigualmente repartidos, eso sí. Porque existe un colectivo al que la situación no parece afectar, al menos en lo económico. Un sector a salvo de recortes, eres o cualquier otra forma de sacrificio: el de los políticos «progresistas» tan dados a llenarse la boca con la palabra «solidaridad».
Mientras toda España sufre las consecuencias de esta crisis brutal, nuestros gobernantes no han prescindido de un solo asesor/tiralevitas (se calcula que unos ochocientos integran este ejército de enchufados nombrados a dedo). Huelga decir que no se han tocado el sueldo; ¡hasta ahí podíamos llegar! No han ahorrado un solo euro susceptible de nutrir una partida presupuestaria destinada a gasto social. Lo suyo no es dar trigo, sino hablar y hablar de lo que no hacen. A título de ejemplo, Iván Redondo, el todopoderoso jefe del Gabinete sanchista, cobra 126.124 euros anuales que permanecen intactos. Los de otros consejeros en nómina son secretos, aunque sabemos que solo el vicepresidente Iglesias cuenta con una decena larga y los ministerios de Podemos acumulan medio centenar. En un momento que todos los expertos definen como dramático, únicamente comparable a los años de la posguerra civil, los españoles tenemos que sostener el Ejecutivo más nutrido de la historia, repleto de cargos y «cargas» de carácter puramente ideológico y nula utilidad práctica. Cuatro vicepresidencias, veintidós ministerios, doscientos cincuenta y nueve altos cargos... Una estructura elefantiásica sin precedentes, terriblemente gravosa para el erario público y opuesta a las recomendaciones de las instituciones financieras nacionales y europeas, que instan a que la Administración «reequilibre» impuestos (es decir, los suba) y suprima gastos superfluos. ¿Adivina el lector qué parte del consejo van a seguir a rajatabla nuestros próceres?

Habrá quien me acuse de hacer demagogia, aunque mi crítica sea una pálida sombra de lo que estaríamos oyendo por parte de la izquierda si quien gobernara con semejante despliegue de amiguetes colocados fuese el PP. No faltará quien arguya que, dada la gravedad que alcanza la situación, el gasto al que me refiero es el chocolate del loro. Y probablemente lo sea. Pero cuando el hambre entra en casa, el loro se pone a dieta el primero.

Isabel San Sebastián.

Articulista de Opinión.
La ley del más fuerte.

OKDIARIO. 01/07/2020 06:50.

La historia de Ascensión y Claudina demuestra hasta qué punto las libertades y derechos individuales están siendo acosadas por un Gobierno que no admite las críticas. El delito de estas dos mujeres imputadas por desobediencia -el juicio será hoy mismo- fue negarse a identificarse y cruzar el perímetro de seguridad del chalé de Iglesias y Montero, según recoge la denuncia. Es cierto que hicieron oídos sordos a las recomendaciones de los agentes de la Guardia Civil, pero el incidente se enmarca dentro de un contexto que parte de la decisión del ministro de Interior, Fernando Grande-Marlaska, de convertir los alrededores de la vivienda de la pareja gubernamental en una zona de exclusión vedada al tránsito, en una especie de coto privado.

El atestado señala con toda claridad que ambas mujeres se negaron a identificarse mientras “llevaban banderas España”, “hacían sonar el himno de España” y criticaban el dispositivo de la Guardia Civil en Galapagar.
Textualmente reza así: «Siendo las 17:23 horas del presente día [29 de junio] aparecen un grupo de personas conformado por cuatro individuos de sexo femenino, que las mismas se han bajado de unos vehículos y se han dirigido hacia la zona del perímetro de seguridad de la casa, cita esta en el lugar descrito anteriormente y que es la residencia del vicepresidente del Gobierno don Pablo Iglesias y la ministra del Gobierno Doña Irene Montero”.
Los agentes cumplieron con su obligación. Su actuación fue correcta y respetuosa en todo momento. Es cierto que las mujeres se mostraron reacias a acatar el requerimiento de los guardias civiles, pero el problema de fondo, más allá del incidente concreto, es que el Ministerio de Interior ha impuesto en la zona una suerte de estado de excepción, un dispositivo exagerado y desproporcionado.

La vigilancia del chalet de Pablo Iglesias e Irene Montero es comprensible, pero el despliegue de efectivos en las inmediaciones y el bloqueo de una vía pública resulta incomprensible. Unas cacerolas y unas banderas de España no representan ninguna amenaza para la pareja gubernamental. Comparadas con los escraches que ellos practicaban -su «jarabe democrático»- lo de estas dos mujeres, Ascensión y Claudina, resulta una broma.
VIVIMOS COMO SUIZOS.

Chimpancitos.

La única supremacía blanca que reconozco es la de David Beckham vestido de campo.

Rosa Belmonte.

Actualizado: 29/06/2020 23:37h.

A veces la mejor residencia es una residencia quemada. No hablo de añadir más desgracias a las desgracias. Tampoco hablo como aquel abogado de mafiosos que aseguraba en la Escuela de Práctica Jurídica que la mejor defensa solía ser pegar fuego al sumario. No, hablo de Sophia Petrillo, que se fue a vivir a la casa de Blanche, Rose y su hija Dorothy cuando se quemó la residencia donde vivía. Bueno, la casa era de Blanche, que puso un anuncio al que respondieron las otras dos (eso había pasado un año antes de que las conociéramos). Y así, «Las chicas de oro», creada por la gran Susan Harris, fue una serie en la que tres viudas y una divorciada compartían casa en Miami. Suele ser tema de conversación entre mis amigos. Lo de buscarnos un chozo donde pasar juntos la vejez. Pero en Miami hace demasiado calor. Y no tenemos intención de ir a un país del tercer mundo. Mucha NASA, mucho MIT, mucha separación de poderes, pero es un país más atrasado que la España de los torreznos.
«Las chicas de oro» se han unido (las han unido) a John Wayne, «Lo que el viento se llevó», «30 Rock», los Conguitos y las cosas demoníacas que se hayan añadido desde que escribo hasta que esto se publica. Episodio retirado por Hulu, la plataforma, ya saben. Uno de «blackface». En ese capítulo, titulado «Mixed Blessings» (1988), el hijo de Dorothy se echa una novia negra mayor que él (lo de mayor le molesta más). La madre de la chica era Virginia Capers, una actriz de culo gordo como Isco a la que hemos visto en multitud de series (era la abuela paterna de Carlton, Ashley y Nicky en «El príncipe de Bel Air»). La escena conflictiva se produce cuando Virgina Capers y su familia se presentan en la casa y aparecen Blanche y Rose con una mascarilla en la cara. De las de crema, no de las de ahora. Si hubiese sido verde habría molestado a Diana, la lagarta de «V», pero como es marrón es «blackface». Lo cierto es que en eso consiste el gag, en la incorrección de lo que está pasando, incluso en 1985. Blanche y Rose se dan cuenta de ello, no sólo la familia negra. Desde luego, la escena es de soltar carcajadas. Y no me voy a disculpar.

Pero tampoco voy a ir por ahí comiendo Conguitos como los señores de Vox. Sólo creo en la supremacía blanca de David Beckham vestido de campo. Y claro que voy a reivindicar los cacahuetes cubiertos de chocolate. Los m&m’s para quien los quiera. Pero si ahora se llaman Don Limpio o aeropuerto Adolfo Suárez lo mismo me va a dar. Aunque me gustaba la idea de los Chimpancitos, que imitaban a los Conguitos. Hubo pleito. Lo gracioso es que Lacasa ha aclarado que los Conguitos son cacahuetes, no personas (ante la campaña en contra de Change. org: como diría Titania McGrath, «las redes sociales han posibilitado que demostremos lo íntegros que somos sin tener que hacer nada en absoluto»). Lo curioso es que cuando el pleito con Chimpacitos (se parecían en todo, hasta en el envase), el Tribunal Supremo acabo dictaminando: «En el certificado del Registro de la Propiedad Industrial se describe el gráfico de tres africanos, sin referencia a color o envase…». Mmm, tres africanos. Pero tampoco eso cambia nada. Sigue escandalizándome más que la piña de los Fruitis se llame Gazpacho y tenga acento andaluz.

Y claro que estamos hablando de idioteces en lugar de cosas importantes. Pero es que llega L’Oréal y decide retirar los términos blanco, blanqueador y claro de todos sus productos destinados a homogeneizar la piel. Cualquier día a Betty White, la única de las chicas de oro que queda viva, le afean el apellido.

Rosa Belmonte.

Articulista de Opinión.
EL CONTRAPUNTO.

Historias del harén podemita.

Ningún partido se compara al de Iglesias a la hora de emplear la cama como ascensor meteórico.

Mucho «Unidas Podemos», mucho chiringuito regado con dinero público y mucha reivindicación feminista, pero ninguna formación política se compara a la de Iglesias a la hora de emplear la cama como ascensor meteórico. Una cosa es la cuota en las listas electorales, que yo considero insultante, y otra muy distinta aceptar que una relación íntima con el «macho alfa» garantice el salto automático en el escalafón del partido. Para este viaje, la verdad, no necesitábamos alforjas. Escalar por esta vía es más viejo que la tos. Ya en los harenes de Al-Ándalus la favorita del emir o califa gozaba de plenos poderes sobre los habitantes del serrallo y empleaba sus saberes ocultos para ejercer influencia en las decisiones de Estado. Desde entonces hasta nuestros días esa forma de medrar ha sido empleada a discreción por mujeres de todo tipo y condición, que solían ser juzgadas con severidad incluso cuando ese camino era el único a su alcance. Ahora que la ley nos garantiza plena igualdad, en cambio, las podemitas derrochan buena conciencia. Ellas se llenan la boca de críticas al «machismo que mata más que el virus» y despliegan sus pancartas cada ocho marzo, mientras compiten entre sí por el favor del líder máximo. Saben que él será generoso con la escogida de turno, aunque, una vez sustituida, la lejanía de su lecho suponga ser relegada a las sombras. Que se lo digan a Tania Sánchez, degradada hasta la irrelevancia desde que Irene Montero conquistó el corazón de Pablo y, con él, un ministerio...
La última «historia de faldas» (expresión incorrectísima con arreglo a los dogmas vigentes, pero de aplicación exacta al asunto al que me refiero) daría para un guión de película mala de los setenta si no fuese porque su protagonista masculino resulta ser el vicepresidente del Gobierno de España: profesor universitario cultiva la «amistad» de una alumna jovencita, se la lleva de asistente muy bien pagada a Estrasburgo y comparte con ella secretos inconfesables («azotaría a Mariló Montero hasta que sangrara») guardados en una tarjeta telefónica misteriosamente «robada», no sabemos por quién, y filtrada a cuentagotas por el infame Villarejo. Convertido en astro fulgurante de la política patria, el profesor, Iglesias, se presenta ante la opinión pública como «víctima de las cloacas policiales» y basa su campaña en ese lamento falaz. Pero hete aquí que un juez honrado, de apellido García Castellón, investiga el asunto y descubre que de víctima nada, puesto que el sujeto en cuestión es parte activa en el asunto denunciado y ha ocultado información crucial para la investigación. A esas alturas nuestro prócer parece haber sentado cabeza, pero en su entorno no faltan féminas dispuestas a conseguir sus propósitos recurriendo al antiguo método que eufemísticamente asociamos a la manzana de Eva. Y así nos enteramos de que la abogada que les asiste a él y a su ex asesora, Marta Flor, mantiene una comunicación «estrecha» con el fiscal anticorrupción Ignacio Stampa, quien le chiva lo que no debiera en relación al caso aprovechando los ratos de solaz que comparten.

Veremos en qué quedan las pesquisas de la Audiencia y la Fiscalía referidas al monumental escándalo que enturbia las aguas podemitas. De momento, lo que se va descubriendo confirma la inmensa distancia que separa el feminismo de boquilla del que hacen bandera sus huestes de la lucha verdadera consistente en eliminar barreras y crear oportunidades para que en todos los ámbitos de la vida la mujer haga valer su talento, su capacidad y su esfuerzo sin que ciertas artes no muy dignas prevalezcan sobre sus méritos.

Isabel San Sebastián.

Articulista de Opinión.
VIDAS EJEMPLARES.

Así están las cosas.

Mucha ignorancia y mucho odio de rasgos nihilistas.

Luis Ventoso.

Actualizado: 27/06/2020 23:32h.

Cooper’s Tavern es un café-restaurante ni fu ni fa de la ciudad de Madison, situado frente al capitolio del Estado de Wisconsin, allá al norte de EE. UU. El martes al mediodía su terraza estaba llena y su interior, casi vacío. Ambiente tranquilo y aburrido. Hasta que llegó un tal Devonere Johnson, un mulato de 28 años, de rastas y pantalón corto, megáfono en una mano y bate de béisbol en la otra, con las palabras «Black Lives» sobreimpresas. Johnson comenzó a pasearse por el local gritando consignas a través del megáfono e intimidando a los camareros preguntándoles con su altavoz: « ¿Por qué eres racista?». El encargado, frito, llamó a la Policía. Como Johnson se resistía, acabaron juntándose cinco agentes, que sujetándolo en horizontal lo metieron en el coche patrulla. Al abrirse una investigación, se ha sabido que había repetido la operación en otros locales exigiendo dinero a cambio de no molestar.
Esa misma noche comenzaron en Madison los disturbios para exigir la liberación del bueno de Devonere Johnson. A la una de la madrugada, tras tirar cócteles molotov a un par de tiendas, un grupo de unos trescientos manifestantes se dirigió al Capitolio e intentó entrar por la fuerza. Los guardias los repelieron con gas pimienta. Entonces se fijaron en las dos estatuas de la entrada, la llamada «Forward», que representa a una mujer al modo clásico romano, y la de Hans Christian Heg, un hombre joven de barba ataviado con el uniforme de la Unión. «Forward» acabó pintarrajeada y por los suelos. A Heg le fue peor: tras derribar su escultura del pedestal tirando con una furgoneta, la decapitaron y tiraron el cuerpo al lago Monona. Un senador demócrata que se acercó a ver qué pasaba fue pateado e insultado por los defensores de las libertades y la igualdad.

Heg, cuya memoria insulta una extrema izquierda supuestamente antirracista, fue un inmigrante noruego, buscador de oro y luego periodista, que consagró su vida a luchar contra el esclavismo (de hecho la perdió peleando contra el Sur en la batalla de Chickamauga). En cuanto a la estatua «Forward», fue sufragada en 1893 por sociedades de mujeres y esculpida por otra, la artista Jean Pond Miner. La figura representa la fe en el progreso y en su día también simbolizó allí la lucha sufragista.

En resumen, los defensores de las minorías se cargaron una estatua de un héroe antirracista y otra de una escultora pionera, costeada por el esfuerzo de las mujeres. Pero resulta estéril apelar a la lógica, porque todo esto se alimenta de un odio rencoroso de rasgos nihilistas, que ya no acepta el debate racional. La excusa que han dado para la idiocia de Madison es que «con esas estatuas el Estado de Winsconsin quería dar una falsa imagen progresista, cuando realmente no lo es, porque todo su sistema está montado para encarcelar a los negros».

(PD: en Inglaterra, el Arzobispo de Canterbury, cabeza religiosa de la Iglesia Anglicana, advierte que ya está bien de que se represente a Jesucristo como un hombre de raza blanca y que «habrá que retirar muchas estatuas de las iglesias». Se llama híper corrección política -o tontuna represiva de la libertad de expresión-, y ya no habrá quien la pare).

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
EL BURLADERO.

La cloaca eres tú.

Las cloacas, como las alcantarillas en las ciudades, existen, y son necesarias porque defienden al Estado.

Carlos Herrera.

Actualizado: 26/06/2020 08:58h.

El caso Dina, que también es el caso Villarejo, está siendo el caso Iglesias y no habrán de pasar unas lunas para que sea, por igual, el caso Marta Flor. No sé si tienen noticias de Marta Flor. Es abogada del equipo jurídico de Podemos, equipo que ha llegado a liderar después de varias carambolas no necesariamente ejemplares. Es a quien el juez García Castellón ha apartado de la investigación, advirtiendo a Dina que se busque a otro abogado. ¿Y quién es Dina? Una asistente de Pablo Iglesias a la que robaron el móvil, cuya tarjeta acabó en Interviú, la revista, después de que ella denunciara la desaparición. Esa tarjeta revelaba información sensible y conversaciones con Pablo Iglesias; desde Interviú se la hicieron llegar a él, que la ocultó seis meses y, previo paso por un microondas, la intentó dañar sin acabar de conseguirlo. Marta Flor, abogada de Dina, más ha parecido la abogada de Iglesias. A Dina, Podemos le ha abierto un chiringuito digital en forma de periódico, que ya pueden imaginarse que clase de bodrio es. El juez ha recriminado a Marta Flor por hacer que su defendida cambie una y otra vez la versión de los hechos para defender a un Iglesias que puede acabar encausado en el Supremo. Podrá exhibir toda su facundia fermentada sobre las supuestas cloacas del Estado, que, si al final, el juez ve delito, tendrá que dar cuenta de ello ante un tribunal. El desarrollo de este thriller deparará grandes momentos, por lo que les aconsejo que no pierdan hilo. Pero, lógicamente, hay más.
Podemos tenía en la persona de José Manuel Calvente, abogado, una suerte de vigilante de asuntos internos al uso del que tienen los policías de las películas. Para ese departamento fue contratada Marta Flor, que paso a paso y codo a codo fue acercándose a la cumbre. Cuando Calvente advirtió en el Partido que se habían detectado sobresueldos en black y se había despedido a trabajadores sin cumplir la ley, su suerte quedó echada. Por si fuera poco, quiso apartar a Marta Flor del equipo jurídico porque había constatado que ésta mantenía una relación íntima con el fiscal anticorrupción encargado del caso Dina, lo cual constituye un escándalo de aúpa. «Ironman», como conocían en clave al fiscal Stampa, habría filtrado información privilegiada a Marta Flor, la cual habría servido para la defensa de Iglesias. No tanto para la de Dina Bousselham. Cuando Calvente advirtió de lo delicado de esa relación, Marta Flor se lo quitó de encima con la más fácil de las acusaciones: acoso sexual. Cuando te acusan de ello, aunque no haya pruebas, date por jodido. A Calvente le acusaron de haber acosado a Marta Flor y le mandaron a la puñetera calle. Marta Flor, por supuesto, ascendió al puesto de su jefe. Calvente tiene en los juzgados este asunto, pero por ahora está en la calle. O en sus cosas.

¿Y qué pasa con Iglesias?: que todo lo atribuye a esas cloacas. Las cloacas, como las alcantarillas en las ciudades, existen, y son necesarias porque defienden al Estado, ese al que Iglesias quiere desmontar para edificar su republiquita bolivariana con vistas a La Habana. Esas cloacas desde las que, supuestamente, se quería acabar con su proyección imparable, son las que, en realidad, protagoniza este charlatán que decía en esas grabaciones que iba a azotar hasta el sangrado a una periodista no de su agrado. El escándalo no lo protagoniza un Estado que por sus husillos ve transitar los detritus de la cotidianidad. El escándalo lo protagoniza una abogada en tratos con un fiscal que utiliza información privilegiada para exonerar de culpa a un sujeto que ha hecho del partido que preside un coto de caza y un parque de privilegios incompatible con la decencia. La cloaca, querido, eres tú.

Carlos Herrera.

Articulista de Opinión.
EL CONTRAPUNTO.

La verdad no tiene mercado.

Si hemos de hacer caso a las encuestas, los electores premian a PSOE y Ciudadanos por engañarles.

Isabel San Sebastián.

Actualizado: 25/06/2020 00:35h.

Me viene a la memoria la frase lapidaria con la que titulé la segunda entrevista que tuve el honor de hacer a Indro Montanelli y publicar aquí, en mi casa de ABC, hace ya casi dos décadas: «La calidad no tiene mercado». El maestro (lo fue de varias generaciones de periodistas, incluida la mía) acababa de ver morir el periódico «La Voce», fundado por él mismo al frente de un grupo de colaboradores leales, como respuesta al chantaje de Berlusconi, quien había comprado «Il Giornale» y pretendía que su director, mi admirado entrevistado, lo pusiera al servicio de sus intereses electorales. Fracasó la valerosa intentona de ejercer el periodismo libre, por falta de apoyo financiero y de lectores, y triunfó el extorsionador, cuyo inmenso poder económico sofocó a la criatura antes de que pudiera emprender el vuelo. Montanelli, superviviente de mil persecuciones, incluidas la de las Brigadas Rojas y la que lo envió al exilio por orden de Mussolini, defensor a ultranza del oficio que ejerció con extraordinaria brillantez, hombre de vasta cultura y espíritu renacentista, afrontaba sus últimos días vencido, pero indoblegable en su reivindicación de la independencia como condición sine quanon de la dignidad profesional. «La independencia siempre es posible -me dijo en aquella charla inolvidable para mí- pero cuesta cara». ¡Cuán lejos estaba yo de imaginar entonces hasta qué punto sería profética la sentencia de ese gran hombre!
Montanelli se ha convertido hoy en blanco de la barbarie ultraizquierdista, liberticida e ignara que recorre el mundo derribando estatuas de cuyos protagonistas nada sabe ni quiere saber. A semejanza del Cid Campeador, aunque tristemente en sentido inverso, pierde batallas incluso después de muerto, porque lo que domina nuestra actualidad es el embuste, la propaganda engañosa, la sumisión perruna a la dictadura de lo políticamente correcto, el dogmatismo «progre» y la apariencia. En la comunicación social prácticamente todo es maquillaje, artificio. «El relato» ha sustituido a la historia, previa adaptación a lo que conviene al poder, y así cuarenta años de terrorismo etarra se han convertido en un «conflicto» entre dos bandos del que hacemos borrón y cuenta nueva en aras de «la paz». Así la sedición se considera respetable e impecablemente democrática porque quien la reivindica como inalienable derecho es un partido que sustenta parlamentariamente al Ejecutivo. Así el formidable legado cultural español es vilipendiado impunemente en el continente americano, ante la indiferencia de unas representaciones diplomáticas acobardadas o cómplices. Y así la mentira pura y dura se convierte en «postverdad» para hacer la fortuna de quienes usan y abusan de ella.

La calidad sigue teniendo poco o ningún mercado, pero la verdad y la coherencia venden todavía menos, especialmente en el terreno de la política. Si hemos de creer a las encuestas, el Partido Socialista de Pedro Sánchez no solo no sufre desgaste alguno tras estos meses, sino que consolida cómodamente su liderazgo a pesar de haber incumplido todas sus promesas electorales y basar su gestión en mentir hasta en la cifra de muertos imputables a la pandemia. Otro tanto ocurre con Ciudadanos, a quienes los electores, al parecer, premian por hacer lo contrario de lo que dijeron y servir de muleta a un Gobierno conformado por PSOE y Podemos con apoyo de los independentistas. Si hemos de hacer caso a las encuestas, tal vez lo que convenga al PP sea dejarse llevar por Zapatero a ese árbol del compadreo, con el fin de conseguir buen cobijo en las televisiones amigas... aunque unos pocos ilusos, discípulos de Montanelli, nos veamos abocados a desertar para siempre las urnas.

Isabel San Sebastián.

Articulista de Opinión.
VIVIMOS COMO SUIZOS.

Sin vergüenza.

Fernando Simón cae bien a la media España que siempre está muriendo de la otra media.

Rosa Belmonte.

Actualizado: 22/06/2020 23:36h.

Una vez pasado el invierno de nuestro confinamiento seguimos igual pero con calor y mascarilla. Yo con la normal, la quirúrgica, que es como llevar las bragas grandes de Bridget Jones. Algunos han vuelto a las chanclas. Algunos están sin trabajo. Y algunos andan con la duda de si ponerse una camiseta con la cara de Fernando Simón o una con la de Belén Esteban. Es bonito que acusen a Belén Esteban de repetir mentiras y bulos sobre la pandemia, sobre los test, sobre lo que sea. No está muy claro que el político y sociólogo Pat Moynihan lo dijera, pero habría tenido razón en la frase que le atribuyen: «Todos tienen derecho a tener su opinión, pero no a tener sus propios datos». En todo caso, y dándole la vuelta, Belén Esteban tendría el mismo derecho que el Gobierno a tener sus propios datos. Y, sobre todo, a tener su opinión. Además, siempre será más elocuente (nadie cuenta las cosas como Belén) que Sánchez, Iglesias, Casado o Abascal. Y no necesita hablar como si estuviera dictando un telegrama, técnica que bordan Iglesias y Olona.
Nos ha venido a decir el escritor Manuel Vilas que las series de televisión están sobrevaloradas, que ha visto un montón y no se acuerda de ninguna, que son un amasijo de escenas, de trucos y de psicópatas, que se va con Fellini y compañía. Cierre al salir, buen hombre. ¿Pero por qué ves series? ¿Cuál es la obligación? Yo no tomo café con leche ni le doy a los videojuegos. Pero no siento la necesidad de que el mundo lo sepa. Y, demonios, que hay series desde que nacimos. Otra novedad, como el vermut, no te digo.

No tengo ningún empacho en reconocer que la tele (series o no) ha sido para mí fuente de conocimiento, desconocimiento, diversión y chaladura. E igual que sé que Muriel Spark trabajaba en una radio falsa del Foreign Office británico durante la guerra difundiendo noticias falsas a los alemanes, sé que los medios difunden noticias falsas sin que haya guerra declarada ni enemigo. Hay autodenominados críticos culturales que dicen que no han visto un minuto de «Gran Hermano». Vale. Tu opinión me sirve lo mismo que la de Irene Montero sobre el feminismo.

Como no quería que se me acabara la última temporada disponible, he ido racionándome «Shameless». Y me ha coincidido Frank Gallagher (William H. Macy) con Fernando Simón en la tele. Son iguales. Cuando veía a uno pensaba en el otro. Veía a Simón y lo imaginaba esposado a la cama, con pañales y torturado por Faye (Elizabeth Rodriguez). Frank Gallagher, pese a ser lo peor, cae bien. No digo que Simón sea lo peor, pero también cae bien. Por lo menos a la media España que siempre está muriendo de la otra media, según Larra. Porque esto de darnos garrotazos no es de ahora, aunque Jorge Javier Vázquez y Belén Esteban lo hayan escenificado tan bien. Lástima que con el lío Belén no pudiera hablar de todo lo que quería en su vuelta al plató. Porque cuando Jorge Javier recordó de pasada que «Sálvame» es un programa de rojos y maricones, ella dijo que iba a ir a eso después. Y no fue. Hay que recordar lo de Pedro Sánchez en su libro, en el de Irene Lozano, a propósito de su intervención en el programa de tarde cuando el toro de la Vega: «Hay un componente elitista, incluso clasista, según el cual ciertos programas, y ahora estoy pensando en “Sálvame”, tienen un público de mujeres mayores e incultas». Y que él tiene amigos varones de reconocido prestigio que lo ven. Amárrame los pavos. Si no sabemos si «Sálvame» es de rojos y maricones o de mujeres mayores e incultas, vamos a saber los muertos por el coronavirus.

Rosa Belmonte.

Articulista de Opinión.
EL CONTRAPUNTO.

Mentecatos iconoclastas.

Un mal corrosivo avanza por Occidente destruyendo las bases de nuestra convivencia y libertades.

Isabel San Sebastián.

Actualizado: 21/06/2020 23:50h.

Dudo que algún vándalo de esos que andan por el mundo atacando estatuas conozca el significado de la palabra «iconoclastia». Su vocabulario rara vez supera las trescientas palabras y su conocimiento de la historia, en el mejor de los casos, se basa en Juego de Tronos. No saben lo que son ni les importa, pero su conducta imita la de los exaltados cristianos que allá por el siglo VIII se dedicaron a desfigurar bellísimos iconos bizantinos en su cruzada contra la devoción que el pueblo mostraba a esas imágenes o, más recientemente, la de los talibanes cuya dinamita destruyó los budas de Bamiyan. Son la versión laica de los islamistas que la emprendieron a martillazos contra las esculturas conservadas en los museos y yacimientos arqueológicos de Irak y Siria porque su religión prohíbe las representaciones humanas. Estos actuaban a impulsos del fanatismo religioso azuzado por sus clérigos. Los «estatuicidas» estadounidenses y europeos cabalgan a lomos de una ignorancia igualmente alimentada por quienes ansían liquidar nuestro libre albedrío. Son mentecatos violentos jaleados por la extrema izquierda y comprendidos por la secta del pensamiento políticamente correcto temerosa de plantarles cara. Masa amorfa semejante a los bancos de amebas, movida por las corrientes creadas en las redes sociales con un propósito bien definido que, al amparo de un presunto abolicionismo retrospectivo, condena a Colón o Montanelli mientras salva de la quema a grandes genocidas como Stalin o Mao.
Llamarles «iconoclastas» es por tanto hacerles un favor; presuponerles una motivación espiritual por completo ajena a su causa, basada exclusivamente en la estulticia y la disposición a dejarse manipular por fuerzas cuyo interés no es terminar con el racismo sino con la democracia. Los cafres que han embadurnado de pintura el monumento a don Miguel de Cervantes, insigne literato víctima de un cautiverio atroz en Berbería; los que han derribado la estatua de fray Junípero Serra, en cuyas misiones de la costa californiana encontraron refugio millares de indígenas perseguidos por los colonos norteamericanos ávidos de hacerse con sus tierras; los que han ensuciado la figura pétrea de la reina Isabel la Católica, bajo cuyo impulso España prohibió por ley esclavizar a los nativos americanos en el año 1511, además de recomendar los matrimonios legítimos entre españoles e indias con el fin de garantizar plenos derechos sucesorios a los hijos habidos de esas uniones; los que han dirigido su ira contra el Almirante descubridor del continente americano cuya vida y hechos desconocen hasta el punto de creerle, en muchos casos, italiano; los que se han cebado en Milán con la efigie de Indro Montanelli, periodista y escritor poseedor de una trayectoria que constituye en sí misma un monumento a la independencia, la honestidad y la excelencia profesional… Los autores de esas y otras fechorías semejantes solo inspiran repugnancia y solo merecen desprecio. Tal vez no sean completamente responsables de sus actos, en la medida en que el sistema de enseñanza ha faltado estrepitosamente a su deber de educarlos, pero precisamente por eso deberían pagar su deuda con la sociedad restaurando pieza a pieza todo lo que han dañado y recibiendo cursos intensivos de historia y de urbanidad.

Sorprende la escasa condena pública que están teniendo unos hechos reveladores de la grave enfermedad cultural que padecemos. Un mal profundo, corrosivo, que avanza silenciosamente por Occidente destruyendo los pilares sobre los que se asientan nuestra convivencia y nuestras libertades. Una patología cuya única cura es volver a la educación en humanidades, recuperar el valor de los saberes clásicos, de la lectura, del placer de aprender… Justo lo contrario de lo que estamos haciendo.

Isabel San Sebastián.

Articulista de Opinión.
Ofendiditos de guillotina.

«La Abogacía al servicio de Sánchez ya tiene hecho un argumentario contra la igualdad»

Manuel Marín.

MADRID. Actualizado: 20/06/2020 04:21h.

Solo en una sociedad sobreactuada en la que aumenta el odio ideológico puede producirse esa anomalía viciada por el afán de protagonismo de contemplar a un individuo disparando contra dianas en las que su objetivo son Pedro Sánchez o Pablo Iglesias. En esta España fracturada de balcones ejemplares y radicalidad progresiva, algo en la extrema izquierda y en la derecha más obtusa parece ya claramente enfermo. Pueden ser episodios anecdóticos de fanfarronería, o exhibiciones sabatinas con armas para el grupete de amigos de whatsapp mientras apuran entre risas su cuarto whisky. Pero cuando un exceso pseudomilitarista se convierte en noticia, sus protagonistas elevan su desvarío a categoría, y su único logro es victimizar a quien menos lo merece. En este caso, Pedro Sánchez y Pablo Iglesias.
Entonces, ahí entra la izquierda «ofendidita» con su fanfarria de pureza y su marchamo de inocencia democrática, amenazadas por ese fascismo latente que ha creado una democracia corrupta de élites financieras, fachas por doquier y cayetanos agobiados sin golf. La Abogacía del Estado va a actuar contra el individuo que ha simulado matar a Iglesias o Sánchez. Natural. Un delito de odio, sostiene la izquierda. Y probablemente lo sea. Sin embargo, es un delito peculiar y complejo. Y no por consideraciones jurídicas, sino porque su demostración depende más del sectarismo ideológico y mediático que de la jurisprudencia. Más sencillo: cuando odia la derecha, es delictivo, y cuando lo hace la izquierda es libertad de expresión.

Así, la Abogacía al servicio de Sánchez ya tiene hecho un argumentario contra la igualdad. Cuando unos militantes socialistas se fotografían sonrientes de su hazaña ante una guillotina con la cabeza de Rajoy cortada, no hay odio, y la Abogacía respira. Cuando las juventudes de ERC, CUP o Bildu queman fotografías del Rey, tampoco hay odio. Solo libertad de opinión. Cuando la dirección de Podemos reía a Iglesias sus gracias tuiteras mientras apelaba al paredón para los Borbones, a la guillotina - ¡qué enfermiza obsesión!- o a los tiburones, era solo libertad de expresión. Cuando dirigentes de Podemos se mofaban de las víctimas del terrorismo mientras se retrataban con Otegi, no había odio. O cuando juguetean con la idea de asesinar a Santiago Abascal, todo es una broma inocua.

Sánchez e Iglesias lo están consiguiendo: la ideologización de los delitos como antesala de una justicia dependiente, y los fusilamientos virtuales como coartada para el guerracivilismo. En efecto, hay peligros latentes incluso más preocupantes que el sectarismo impuesto por esos «ofendiditos de guillotina» de la Abogacía que tanto la están desprestigiando.
HORIZONTE.

Cuando Iglesias está por encima del Rey.

¿A quién ha investigado la Fiscalía por querer llevar a la Familia Real a la guillotina?

Ramón Pérez-Maura.

Actualizado: 18/06/2020 23:32h.

Ayer hubo una lluvia de denuncias en las redes sociales y en las televisiones -las del duopolio y las públicas- del video distribuido en la red en el que una mala bestia (humana) dispara con un rifle -o quizá sea un fusil- a fotografías del presidente del Gobierno, el vicepresidente segundo, el ministro del Interior y los portavoces parlamentarios del PSOE y de Podemos. Algo absolutamente deleznable. Los miembros del Gobierno y los parlamentarios deben tener una especial protección que garantice su libertad de iniciativa y de defender las ideas que tengan por conveniente. En una democracia eso no es discutible. Es un derecho de todos los miembros de todos los partidos. Porque últimamente la libertad de algunos tiene mejor derecho que la de otros. Pablo Iglesias se apresuró a twittear -no sé si desde la comodidad de la Vicepresidencia del Gobierno o desde la de la mansión de Galapagar- que «ni siquiera las amenazas de muerte de estos pseudocomandos de la ultraderecha van a distraernos de nuestra tarea de reforzar la justicia social y una recuperación económica que no deje a nadie atrás. Frente a los ultras: justicia social, democracia, libertad, Gobierno». Queda claro que para él, lo primero es su concepto de lo que deba ser la justicia social. Y eso va antes que la democracia, la libertad y el Gobierno -más que nada por si en algún momento llegaran a perderlo-. Pero lo que se veía en el video no es que no llegara a «comando». Es que no llegaba ni a «pseudocomando». Porque según el Diccionario de la Real Academia Española -prepárate estimado Santiago Muñoz Machado, verás la que te va a caer por contradecir al vicepresidente- un comando es «un pequeño grupo de tropas» o un «grupo armado de terroristas». La RAE todavía no reconoce la existencia de grupos de una persona, pero si Iglesias se lo pide, todo se andará.
Lo más interesante del caso, como destacaron todos los medios, ABC. es incluido, es que la Abogacía del Estado se apresure a presentar una denuncia ante la Fiscalía para investigar y averiguar la identidad de los autores del video y de los disparos. Obviamente, me parece bien que se haga. Pero me gustaría que la Abogacía del Estado y la Fiscalía ofrezcan a la opinión pública, a los contribuyentes que pagamos sus sueldos y que tenemos derecho a tener conocimiento de su trabajo, todas las iniciativas que han tomado en los últimos tres años para investigar e identificar a las personas -especialmente en Cataluña, con perdón por señalar- que ante las cámaras han quemado imágenes de los Reyes, la Princesa y las Infantas y que proclamaban que había que llevarles a la guillotina. Por si doña Dolores Delgado García, la Fiscal General del Estado, no lo sabe, es bastante más probable sobrevivir a un disparo mal tirado de fusil que a la cuchilla de una guillotina. Lo digo por la relevancia penal que la amenaza pueda tener. Pero en estas circunstancias ella parece preferir no denunciarlo.

Ésta es la España de la hora presente: un imbécil hace un video disparando a fotos con retratos de miembros del Gobierno e interviene la Abogacía del Estado. Las turbas queman fotos de la Familia Real, incluyendo fotos de niñas menores de edad y no pasa nada. Deben de ser las únicas niñas no protegidas de España. Al que llaman «el jefe del Estado» le desean el mismo final que querían para el único que ostentó legalmente esa definición y con el que le equiparan. Pero contra aquél, estuvieron sentados en su casa, sin oponerse, durante 35 años. Con un par.

Ramón Pérez-Maura.

Articulista de Opinión.
EL CONTRAPUNTO.

¿Dónde está hoy la bolita?

De Sánchez sabemos que su palabra no vale nada. De Cs, que ha mutado de bisagra a veleta.

Isabel San Sebastián.

Actualizado: 17/06/2020 23:41h.

En el Partido Socialista denominan «geometría variable» lo que en español castizo siempre se ha llamado «trilerismo»: una habilidad especial para estafar a los incautos haciéndoles creer que son más listos que quien les engaña. Un arte que requiere rapidez de movimientos, labia, ausencia de principios y falta de escrúpulos, en el que Pedro Sánchez acredita el grado de maestro.

El presidente del Gobierno ganó las elecciones asegurando que jamás metería en su Gabinete a Pablo Iglesias, por las pesadillas que tal presencia le provocaría, y acabó aupándose a la poltrona con la ayuda del líder podemita, a cambio de nombrarle vicepresidente. Esa investidura precisó igualmente el apoyo de ERC y Bildu, a quienes ha colmado de arrumacos desde la tribuna del Congreso además de hacerles regalos tan valiosos como la cabeza del coronel Pérez de los Cobos, bestia negra de ambos grupos, la «mesa de diálogo» exigida por los independentistas catalanes para tratar su presunto derecho de autodeterminación, o los privilegios otorgados a varios etarras presos, a quienes han podido ir a ver sus familiares mientras millares de españoles permanecían confinados en sus domicilios sin poder visitar a sus seres queridos ni siquiera para despedirse.
El presidente del Gobierno negó la importancia de la pandemia durante semanas, a pesar de las alertas que lanzaban diversos organismos internacionales y otras instancias tan cercanas como el jefe de prevención de riesgos laborales de la Policía Nacional, cesado fulminantemente por su insistencia en que el Cuerpo proporcionara mascarillas y demás material de protección a los agentes desplegados en las calles. Entonces era prioritario preservar a toda costa la manifestación del 8-M y, con ella, el empeño de la izquierda por arrogarse la representación de todas las mujeres, porque el machismo, decían, mataba más que el coronavirus. Ahora resulta que ha sido Pedro Sánchez en persona quien ha salvado cuatrocientas cincuenta mil vidas (ni una más, ni una menos) con el estado de alarma que impuso demasiado tarde y mantiene más de lo necesario. Seguimos sin saber cuántas personas han muerto, porque nos ocultan las cifras reales, pero la maquinaria propagandística ha calculado exactamente cuántas víctimas se han evitado. El cubilete se mueve rápido.

El presidente del Gobierno sacó adelante la penúltima prórroga de esa excepcionalidad rayana en el secuestro colectivo gracias al apoyo de Bildu, previa firma de un documento en el que el PSOE se comprometía a derogar íntegramente la reforma laboral. «Íntegramente», remachó el vicepresidente Iglesias, con dedo amenazador. Un mes después la reforma laboral no se toca, según reconocen las ministras de Trabajo y de Hacienda. Ahora Sánchez ya no hace ojitos a la bilduetarra Aizpurúa sino al portavoz de Ciudadanos, Edmundo Bal, quien ha sucumbido a sus encantos y se muestra dispuesto a negociar los presupuestos generales del año próximo, a poco que nuestro trilero le diga lo que quiere oír. ¿Dónde estará la bolita cuando se produzca ese encuentro? Tendrá que parecer que huye de las pretensiones confiscatorias podemitas en materia fiscal tanto como de las exigencias del separatismo en lo tocante a la soberanía nacional, aunque en realidad esas dos posiciones sigan sobre la mesa, dispuestas ser ocupadas si así conviene a los interses de Sánchez. De él sabemos que su palabra vale lo que tarda en terminar de pronunciarla. De los naranjas, que han mutado de bisagra a veleta. De Podemos, que sus líderes le han cogido el gusto a la moqueta y la mansión. Todo lo cual aleja la posibilidad de un cambio rápido, especialmente porque lo que no sabemos es dónde está o qué pretende el Partido Popular.

Isabel San Sebastián.

Articulista de Opinión.
EL BURLADERO.

Desmilitarizar la Guardia Civil es acabar con ella.

Es la transformación en un grupo policial en el que ejercer abiertamente un control político.

Carlos Herrera.

Actualizado: 11/06/2020 23:06h.

Cuando el extravagante charlatán que hace las veces de vicepresidente segundo del Gobierno comparece en ámbito público y entremezcla su papel institucional con el de presidente de su partido para teorizar sobre el carácter militar de la Guardia Civil, a nadie se le escapa que está definiendo una de las líneas argumentales de su chiringuito para acabar con el Instituto Armado, posiblemente la institución más valorada, o una de ellas, por los españoles. Iglesias afirma, envuelto en supuesta beatería, que quisiera para los guardias unos derechos de los que no gozan, aparentemente, por la característica militar del Cuerpo. Convendría que no nos dejáramos engañar: abogar por la desmilitarización de la Guardia Civil es apostar claramente por su desaparición o, cuando menos, por la transformación en un grupo policial en el que ejercer abiertamente un control político.
La Guardia Civil es una policía integral. De carácter militar, lo que la hace dependiente del Ministerio del Interior, pero, también, del Ministerio de Defensa. El carácter militar garantiza una cohesión que no resulta tan fácil de alcanzar en otras estructuras. La jerarquía, la disciplina, definen su forma de actuar, y ello configura la esencia fundamental del Cuerpo. Guste más o menos, el carácter militar otorga una operatividad específica. En ningún momento quiero que se desprenda de estas palabras que la esencia meramente civil y administrativa de la Policía Nacional, tan admirable, la haga sospechosa de nada: dan lo mejor de su esfuerzo y ofrecen todo su sacrificio por la paz y el orden, y resultan imprescindibles. Digo solo que la Guardia Civil forma, con los Ejércitos, una reserva activa que resulta esencial para la Defensa del Estado. Una nada despreciable parte de la operatividad de la Defensa pasa por la GC. Eso no quiere decir que forme parte de las Fuerzas Armadas: es un Instituto Armado de naturaleza militar, y en esa naturaleza reside gran parte de su éxito, pero no es ningún Cuerpo de Ejército. Es lo que es. Es lo que viene siendo desde mucho antes de que nacieran los bisabuelos del mamarracho que estos días anda alentando su conversión. Conversión que es la primera parte de su desaparición.

En ningún país de nuestro entorno conviven dos cuerpos policiales de estructura semejante. Ni Francia, ni Italia, ni Portugal tienen dos cuerpos policiales. Tanto la Gendarmería como los Carabinieri, por ejemplo, están estructurados militarmente, y conviven con sendos cuerpos policiales de manera más o menos armónica. Si mañana un gobierno irresponsable desmilitariza la Guardia Civil, ésta se transforma en un apéndice de la Policía. Lo cual es probablemente lo que quieran aquellos que recelan de su independencia y su carácter difícilmente sobornable.

La Guardia Civil, con todos los defectos que queramos achacarle, es un baluarte contra la deformación del Estado que juraron defender. Aquellos que acarician la idea de subvertir la forma de gobernarnos que nos hemos dado los españoles desde el 78 saben que tienen un estorbo en los hombres y mujeres que siempre atenderán a la legalidad vigilando por los derechos de los ciudadanos. De hecho, la han sabido todos los gobiernos que han convivido con los hijos del Duque de Ahumada, a los que la benemérita ha sido lealmente fiel. No debe extrañarnos que los que están por el desmontaje del Estado, la abolición de la Monarquía, el troceamiento inconstitucional de España y la configuración de nuestro país como una república bolivariana pobre y miserable, estén por la desaparición de la Guardia Civil. Desmilitarizarla es el primer paso y el segundo transformarla en un reducto funcionarial más. El ejemplo dado por los miembros del Instituto fidelizando la legalidad y no dejándose manejar por estos sujetos es la prueba elemental de que resulta absolutamente necesario para los intereses de la mayoría.

Carlos Herrera.

Articulista de Opinión.
UNA RAYA EN EL AGUA.

¿Y si al virus le gusta el fútbol?

El Gobierno no puede abrir al público los estadios sin arriesgarse a la misma frivolidad letal del 8 de marzo.

Ignacio Camacho.

Actualizado: 09/06/2020 23:55h.

Durante mucho tiempo, y al menos hasta la irrupción de los populistas de toda laya, en las cancillerías de la Unión Europea había una especie de regla para abordar crisis: hacer lo que haga Alemania, cuando lo haga Alemania y como lo haga Alemania. Y aunque la fiabilidad teutona ha decaído bastante -incluso en su estandarte de la industria automovilística-, por comparación sigue siendo, de lejos, el país que ofrece mayor confianza y, por tanto, en cuyas decisiones estratégicas conviene fijarse.

El Gobierno de Merkel cometió, como todos, errores al comienzo de la emergencia, pero menos que la mayoría, lo que le permitió aplicar un confinamiento más liviano que ni siquiera llegó a ser completo. Su balance oficial -contrástese con la población- es de 8.800 muertos. A mediados de abril abrió las tiendas y a principios de mayo, los colegios. Una semana más tarde reanudó la Liga de fútbol, no sin un intenso debate social y bajo la firme decisión de jugar sin público hasta el final de la temporada. Ése ha sido el criterio dominante en Europa sobre los deportes de masas: utilizarlos como elemento simbólico de normalización social pero con una estricta regulación sanitaria que desde luego excluye la presencia de espectadores en las gradas.
Por alguna esotérica razón, en España alguien -quizá no sólo Javier Tebas- ha dado en considerar que es aceptable la asistencia controlada de público a los partidos antes de que se decrete el final de la pandemia. No de inmediato, por aquello de la desescalada asimétrica -el palabro desescalada ya lo ha aceptado la Academia-, pero parece una posibilidad plausible cuando decaiga el decreto de alerta. Asombrosa prioridad teniendo en cuenta que hasta el próximo curso no van a volver los alumnos a las escuelas mientras podemos ir ya a bares y discotecas. Se dirá que es cuestión del modelo productivo, pero eso puede entenderse respecto al consumo y el turismo; sin embargo ni siquiera la vieja praxis de pan y circo justifica las prisas por abrir las puertas de los recintos deportivos. Debe de ser un reflejo del mimetismo de hooligans asumido por nuestros políticos.

Porque no se trata sólo de los estadios, donde los asistentes pueden estar razonablemente separados. Es el transporte público abarrotado, las colas de acceso, el cerveceo de antes y de después, y sobre todo el mensaje irresponsable de que todo ha terminado cuando las estadísticas diarias siguen dejando un rastro -mucho más contenido, eso sí- de contagios. Si cuaja ese planteamiento disparatado el Gobierno demostrará que no ha entendido la lección de su letal ligereza del ocho de marzo. Es demasiado tarde para colgarse medallas; España no se puede permitir una segunda crisis epidémica en pleno verano. Y aunque el virus se hubiese esfumado, hipótesis sobre la que no existe ningún consenso clínico, lo último que cabe hacer es volver a llamarlo.

Ignacio Camacho.

Articulista de Opinión.
Así lo ve la derecha interesada.
No, es la pura realidad, los intereses son los que tiene este Gobierno socialcomunista que nos lleva al precipicio.
EL CONTRAPUNTO.

La crispación se llama Iglesias.

Sánchez le abrió las puertas en el peor de sus muchos dedazos y ahora la pesadilla es real.

Isabel San Sebastián.

Actualizado: 08/06/2020.

El enconamiento de la vida pública, el brutal recrudecimiento de la pulsión cainita que habita en el pueblo español tiene un culpable cuyo nombre destaca por encima de cualquier otro: Pablo Iglesias. Él es el principal responsable de la crispación que preocupa a ocho de cada diez ciudadanos, según la encuesta publicada ayer en ABC. Él agita las aguas de la política con sus acusaciones infundadas, sus constantes provocaciones, sus bravatas y su chulería, redobladas estos días a fin de tapar las dramáticas consecuencias de su negligente gestión al frente de una vicepresidencia social que, en el momento más trágico de la pandemia, faltó clamorosamente a su deber de atender las necesidades de las residencias de ancianos. Él ha convertido el Congreso en un lodazal inmundo; un campo de batalla que no solo niega cualquier atisbo de seguridad a una población atemorizada, severamente empobrecida y angustiada ante un futuro negro, sino que le inspira un rechazo creciente. Él amenaza nuestra convivencia.
El abanderado de la formación morada ya no acaudilla un grupúsculo antisistema acampado a las puertas del Gobierno autonómico de Madrid. No dirige a los okupas aposentados con total impunidad en Barcelona o La Coruña, por mucho que sea su referente «intelectual». El líder de Podemos es, gracias a Pedro Sánchez, vicepresidente del Gobierno de España, lo cual multiplica y agrava la trascendencia de sus acciones. En el terreno internacional, un tipo como Iglesias es sinónimo de desconfianza, sobradamente justificada por los estragos que acreditan sus correligionarios en todo el orbe, lo cual acaba traduciéndose inevitablemente en intereses más altos para el dinero prestado. En el plano doméstico, empieza a salir a la luz el aterrador abandono en que dejó a nuestros abuelos durante todo el mes de marzo, después de reclamar para sí el control absoluto sobre los centros geriátricos. Ni asistencia sanitaria, ni medios humanos o materiales, ni material de protección, ni respuesta a los llamamientos de auxilio lanzados por los gerentes de esos centros, ni nada de nada. Únicamente propaganda y maledicencia. Incapaz de aportar soluciones, Iglesias centró todos sus esfuerzos en desviar la atención de su estrepitoso fracaso, y cuando vio la magnitud que alcanzaba el desastre pasó la «patata caliente» a las comunidades autónomas, en un acto de cobardía imitado después por algún cargo público indigno con la pretensión, esperemos que inútil, de zafarse de la Justicia.

Pablo Iglesias siembra discordia y miseria porque en la miseria y la discordia es donde medran sus siglas. ¿Acaso no dio su salto al estrellato aprovechando la crisis de 2008? Claro que aquella hubieron de gestionarla otros, mientras él y sus acólitos hacían ruido en las calles y envenenaban mentes juveniles en las universidades, beneficiándose a menudo de becas financiadas con nuestros impuestos. Lo suyo no es gobernar, sino destruir, para encaramarse sobre los escombros y ahí perpetuar su poder. Basta ver la dirección a la que ha confiado el partido: una guardia pretoriana de incondicionales suyos (más bien «incondicionalas», puesto que como buen macho alfa se encuentra más cómodo entre mujeres), en la que destaca el nombre de Isabel Serra, condenada a diez y nueve meses de cárcel, multa e inhabilitación por atentado, daños y lesiones a varias agentes del orden durante una algarada destinada a impedir un desahucio legal. La ley no va con ellos. Su concepto de la democracia es meramente instrumental. Pero Sánchez le abrió las puertas en el peor de sus muchos dedazos y ahora la pesadilla es real.

Isabel San Sebastián.

Articulista de Opinión.
Un hombre sin honor contra un Cuerpo de honor.

EDUARDO INDA. 07/06/2020 06:54.

Ana Beltrán, la presidenta del PP de Navarra, dio en el clavo en su intervención del pasado miércoles en el Congreso, tal vez la mejor de cuantas han radiografiado el caso Marlaska. La brillante política navarro-aragonesa lo resumió mejor que nadie ante la cara de sorpresa de un ministro del Interior que no se esperaba un relato tan completo, tan equilibrado y que tanta justicia hace a lo que está pasando:

—Su valentía como juez y su lucha contra ETA fueron razones para que yo me dedicara a la política en Navarra. Era usted un referente del respeto a la Ley, al Estado de Derecho y a nuestra democracia. ¿Qué queda de aquella persona? Usted ha manoseado y denigrado las instituciones del Estado hasta lograr lo imposible: que servidores públicos que nunca se rindieron ante nada ni ante nadie se vayan por su culpa… ¿Hubiera aceptado ser ministro de Sánchez de saber que tendría que deshonrar a quienes le han protegido durante tantos años? ¿Hubiera aceptado de haber sabido que este Gobierno trataría como socios preferentes a los que le querían ver a usted asesinado? Si la respuesta es no, dimita porque se ha traicionado a sí mismo, si la respuesta es sí dimita porque nos ha traicionado a todos—.

La verdad es que pocos casos he conocido de descomposición personal tan brutal como el de Fernando Grande-Marlaska. De ser un tipo admirado que detenía comandos terroristas como el que hace churros, jugándose el tipo día sí, día también, ha pasado a ser un fiel aliado de los herederos políticos de la banda terrorista ETA y un enemigo declarado de la Policía y la Guardia Civil. Al punto que estoy en condiciones de proclamar, sin necesidad de caer en la hipérbole, que estamos ante el ministro del Interior más vil de la democracia excepción hecha de un José Barrionuevo que fue condenado por el secuestro de un pobre hombre que nada tenía que ver con ETA, Segundo Marey, y por el robo de dinero público. Sea como fuere, en descargo del primer ministro del Interior de la era González hay que subrayar que aquéllos eran los tiempos de plomo, temporadas en las que los colegas de Bildu asesinaban a 50, 60, 70 y hasta 100 personas al año. Nada que ver con la España relativamente tranquila de nuestros días.

Así como lo peor que puede hacer un médico es romper su juramento hipocrático y lo más malvado que puede protagonizar un policía es la falsificación de pruebas para empurar a una persona inocente, el acto más abyecto que se presume en un magistrado de carrera es la prevaricación. Que no es otra cosa que dictar una resolución injusta a sabiendas. Pues bien, Fernando Grande-Marlaska prevarica como si no hubiera un mañana, como si le produjera un placer semejante al de un orgasmo. ¿O acaso no incurre en este tipo penal al ordenar al jefe de una investigación judicial que le revele detalles de la misma? ¿No es otro ilícito penal inducir a un funcionario a cometer un delito de revelación de secretos?

Emplear medios policiales para escudriñar lo que opina la gente es una de las características de cualquier dictadura que se precie

Lo mejor de todo para los que seguimos creyendo en el Estado de Derecho es que son muy tontos. Sólo a un lerdo compulsivo se le ocurre confeccionar una farragosa nota en la que se reconoce que se ha destituido al coronel Pérez de los Cobos “por no informar del desarrollo de investigaciones de la Guardia Civil en el marco operativo y de Policía Judicial con fines de conocimiento”. Así consta textualmente en la nota redactada por la directora general de la Guardia Civil, la muy incompetente y muy cobarde —está ardiendo Troya y ella sigue missing— María Gámez. ¿O tal vez es que es más lista de lo que pensamos y se quería cubrir las espaldas ante la investigación judicial de la bomba biológica que representó el 8-M que la podría dejar a los pies de los caballos toda vez que ella no goza de ese privilegio medieval que es el fuero?

Prevaricación sobre prevaricación=prevaricación al cuadrado. ¿No entra dentro de este tipo penal la orden dada a la Guardia Civil de perseguir en redes sociales a “los desafectos al Gobierno”? Una orden más propia de un régimen dictatorial que de uno democrático. Una instrucción que parece salida del mismísimo Palacio de Miraflores, guarida del narcoasesino que dirige Venezuela, Nicolás Maduro. Eso de emplear medios policiales para escudriñar lo que opina la gente es una de las características de cualquier dictadura que se precie. Recuerda a lo que veíamos en esa deliciosa obra maestra que es La vida de los otros, oscarizada película alemana que retrata cómo la Stasi de la Alemania comunista investigaba la vida personal de cualquier ciudadano del que hubiera sospecha de disidencia. La Policía política de la dictadura tenía en nómina a 100.000 agentes y 200.000 chivatos o informantes en el mundo civil.

Prevaricación sobre prevaricación sobre prevaricación= prevaricación al cubo. No menos impresentable fue la decisión de este miserable de perseguir las caceroladas contra el Gobierno mientras hacía la vista gorda en una concentración en mi pueblo, Pamplona, para pedir la excarcelación del hijo de Satanás etarra que asesinó al concejal de UPN Tomás Caballero. Eso de enviar más antidisturbios a la calle de Núñez de Balboa, al Paseo de La Habana, a Alcorcón, a Vallecas, a La Alameda de Valencia o al Paseo de la Independencia de Zaragoza que a un partido de alto riesgo Real Madrid-Barcelona demuestra la persecución política de este Gobierno totalitario a los que no piensan como él. Lo mismito, por cierto, que hacía su odiado Franco. Ver cómo instan a la Policía a multar por manifestarse en la calle contra los socialcomunistas o identificar todos los días a una familia por portar una bandera a modo de pancarta con el lema “ ¡Gobierno dimisión!” es inconcebible en la España constitucional. El vídeo publicado por este periódico es revelador. Supone, ni más ni menos, que emplear a los agentes como matones de Franquito Sánchez. Claro que no todos aceptaron estas órdenes arbitrarias y optaron por traspapelar las denuncias falsas que les obligaban a imponer a españoles pacíficos.

Hasta 10 coroneles dieron calabazas cuando se les propuso sustituir al purgado al frente de la Comandancia de Madrid

Por no hablar del millón de sanciones impuestas por este Beria de tres al cuarto durante la pandemia en aplicación de la Ley de Seguridad Ciudadana, lo que sus compañeros de Gabinete denominaban Ley Mordaza. ¡Menos mal que era una fascistada del PP! Porque si no lo llega a ser nos meten una recetita marlaskeska a cada uno de los 46 millones de españoles. Un dato lo dice todo: en tres meses han metido más sanciones por la Ley de Seguridad Ciudadana que el Ministerio del Interior del PP en sus últimos cuatro años. Esto no sé si es un acto prevaricador pero desde luego lo parece. Y normalmente las cosas son lo que parecen.

Lo más grave de todo es que este pájaro tiene a la Benemérita en pie de guerra por mucho que el antaño guardia y ahora diputado podemita Juan Antonio Delgado intente calmar los ánimos mientras promueve de manera espuria la desmilitarización de la institución fundada por mi paisano el duque de Ahumada hace casi dos siglos. Total y absolutamente sublevada: desde el primero de la cadena de mando hasta el último número recién salido de la Academia de Úbeda. Le dimitió el director adjunto operativo (DAO), el jefe de verdad del Instituto Armado, el no político, y luego él echó por sus bemoles al número 3 tras haber hecho lo propio con Pérez de los Cobos por anteponer la legalidad a las malas artes del ministro. Cómo estarán las cosas que 10 coroneles dieron calabazas cuando se les propuso sustituir al purgado al frente de la Comandancia de Madrid. Al final aceptó un tipo del que tengo las mejores referencias pero que en estos momentos es tan sólo teniente coronel: David Blanes. Aunque yo de él tampoco hubiera aceptado para continuar dando carrete al plante a un ministro al que, de eternizarse la revuelta interna, no le hubiera quedado otra que dimitir.

Termino como termina el himno de la Guardia Civil, Cuerpo por cierto que cuenta con más víctimas mortales que nadie (300) a manos de la banda que dirigía ese Otegi que ahora es socio de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias:

—Instituto, gloria a ti,

por tu honor quiero vivir,

viva España, viva el Rey,

viva el orden y la ley,

viva honrada la Guardia Civil.

Lástima que los mande un prevaricador sin honor, que está con los que se quieren cargar España y al Rey, que está contribuyendo a destruir el orden constitucional, que no cumple ni hace cumplir la ley sino todo lo contrario y que quiere convertir la Guardia Civil en una suerte de mafia a su servicio. Algo que conociendo a sus integrantes es física y metafísicamente imposible. Antes se helará el infierno. Todavía queda Estado. Y todavía queda decencia. La de la Guardia Civil.
SALVADOR SOSTRES - ENFOQUE.

Mi querido juez Marlaska.

Destituciones en la Guardia Civil.

Salvador Sostres.

Actualizado: 06/06/2020 09:07h.

Yo soy uno que gracias a ti creció libre y seguro. Eres mi álbum de cromos, la valentía inspiradora, mi primera noción del valor de la vida. Contigo aprendí que el Estado no era sólo una siniestra maquinaria, terrible y extractora, y que también estaba hecho de cultura y honor y hombres dispuestos a arriesgarlo todo para que los demás pudiéramos vivir en paz. Tú eres Historia, mi historia. Nada de lo que puedas hacer como ministro, y menos en este Gobierno, con estos socios, será más importante que la luz de tus años míticos. No enjuagues tu trayectoria en turbios asuntos. No nos rompas mi álbum de cromos. No es propio de ti cesar al magistrado Azón como director de la Guardia Civil porque no fuiste tú quien lo nombró.
Tu autoestima tendría que estar muy por encima de absurdas rivalidades con Margarita Robles. Tu valentía, también. Si tú lo has olvidado, yo no: encarnas la última medida de honor de los hombres generosos y libres que dan su vida por los demás. Es por ti que los débiles, los perseguidos y los asesinados tuvieron por fin su victoria. Sin ti, y otros hombres como tú, no lo habrían podido conseguir. No habríamos ganado. Tú nunca serás un ministro o cualquier otro oficio. Tú eres el juez Marlaska. Tú eres nuestro juez Marlaska y aunque quede raro decirlo así, y decírtelo a ti, ni tú mismo puedes robarnos este patrimonio, este orgullo, el sentido que aún das a un destino colectivo y a que cada país es su idea de lo que es justo.

Soy de Barcelona y tenía 25 años cuando ETA asesinó a Ernest Lluch y al policía Gervilla con pocos días de diferencia y muy cerca de mi casa. No mataron a Luis del Olmo de milagro. Y tuvimos miedo, yo tuve mucho miedo y no sé si sería capaz de lo que años más tarde fuiste capaz tú; y no sé si las piernas me temblarían demasiado si un día mi trabajo me pusiera ante el abismo que la Justicia te puso a ti. Formas parte del resumen de España y de mi resumen. No tiene ningún sentido que te rebajes a mentir y que pretendas continuar mintiendo cuando te han descubierto la mentira. No guarda ninguna proporción con tu brillante y heroica trayectoria que ataques a la Guardia Civil porque no haya escrito el informe que te habría gustado, ni al coronel De los Cobos porque no se plegara a tu dudosa orden de reclamárselo; ni que hagas de tu condición sexual tu ideología, y de esta ideología tu modo de convertirte en lo que como juez combatiste: me recordaste a Otegui con lo que dijiste del ataque de las mamarrachas a Ciudadanos el día del orgullo gay. Tú nunca hiciste de tu miedo tu resentimiento, sino nuestra libertad. Tú nunca nos has cargado la factura de tu dolor -y no me cuesta imaginar que de niño no lo tuviste precisamente fácil- sino el beneficio de tu valentía y de tu calidad. No puedes ahora dejarte arrastrar por las tropelías de este Gobierno de broma. Te sobra talento -y gloria- para ser tan vulgar.

Salvador Sostres.

Articulista de Opinión.
EL CONTRAPUNTO.

Marlaska, patada en la toga.

No se recuerda en la Guardia Civil un episodio de gravedad comparable a la purga del coronel Pérez de los Cobos.

Isabel San Sebastián.

Actualizado: 03/06/2020 23:21h.

Si Corcuera es recordado como el ministro «de la patada en la puerta», Marlaska acredita ya méritos sobrados para pasar a la historia de la infamia como el que utilizó su cartera de Interior para emprenderla a puntapiés contra la toga: la suya propia, arrastrada por el fango de la mentira y el partidismo, la de la juez Carmen Rodríguez Medel, que instruye la causa contra el delegado del Gobierno en Madrid por permitir las manifestaciones del 8 de marzo en pleno estallido de la pandemia, y la de la Policía judicial, representada por el coronel de la Guardia Civil Diego Pérez de los Cobos, purgado con alevosía por negarse a secundar la intromisión del Ejecutivo en la investigación de la magistrada. Los jueces están que braman. Consideran a Marlaska deslegitimado para dirigir a los cuerpos y fuerzas de seguridad y, en el caso de los agrupados en la Francisco de Vitoria, piden su dimisión al considerar inaceptable «tomar represalias contra un alto mando de la Policía judicial por negarse a desvelar actuaciones de investigación en el marco de una instrucción», que fue exactamente lo que hizo el coronel fulminado: rehusar cumplir la orden ilegal cursada a través de persona interpuesta por la directora general de la Guardia Civil, María Gámez, quien poco después le comunicó su cese, en una resolución manifiestamente injusta, dado que ella misma la achacaba a que él no informó «del desarrollo de investigaciones y actuaciones de la Guardia Civil, en el marco operativo y de Policía judicial, con fines de conocimiento». ¿A qué «conocimiento» se refería la comisaria política Gámez? La única que debía conocer esas actuaciones era la juez. Y haría bien su señoría en llamar a declarar cuanto antes a la señora Gámez y derivar al juzgado que corresponda este caso, que apesta a prevaricación, obstrucción a la Justicia y revelación de secreto, si no quiere perder el pulso que este Gobierno ha echado a toda la carrera judicial al tratar de doblar su brazo. Porque ella encarna y simboliza al tercer poder del Estado, sometido en este momento a un acoso sin precedentes. Nunca el Ejecutivo había llegado tan lejos en sus presiones. No se recuerda en la Guardia Civil un episodio de gravedad comparable a la del miserable castigo infligido a un hombre de honor cuya conducta fue y sigue siendo intachable. Y tenía que ser un juez el autor de tal atentado. ¡Qué siniestra paradoja!
Fernando Grande Marlaska no tiene altura moral para mandar a la Guardia Civil, cuyo prestigio intenta en vano manchar probablemente con el fin último de liquidar una institución reacia a dejarse manosear por intereses ajenos a los del cumplimiento de la ley y la defensa de España. En una iniciativa sin precedentes, la Asociación Escala de Suboficiales ha hecho público un comunicado en el que expresa la vergüenza de los agentes ante la utilización espuria que el Gobierno intenta hacer de su trabajo y asegura que «la directora ya no cuenta con el respaldo ni la confianza de los guardias civiles». En los últimos cuarenta años, jamás se había visto tal cosa.

Marlaska ha mentido y sigue mintiendo en sede parlamentaria, ha deshonrado su cargo y perdido el respeto de los hombres y mujeres a quienes manda. Si le quedara un ápice de dignidad, lo emplearía para dimitir, hoy mejor que mañana. Pero no lo hará, porque le respalda el presidente Sánchez, cómplice y beneficiario último de las oscuras maniobras con las que intenta desesperadamente tapar la responsabilidad del Gobierno en los más de cuarenta mil muertos que acumula ya la pandemia.

Isabel San Sebastián.

Articulista de Opinión.
VIVIMOS COMO SUIZOS.

Los amigos tuertos.

Cuando Podemos era una gaseosa recién abierta e iba contra el sistema no necesitaba más enemigo que el mundo en general.

Rosa Belmonte.

Actualizado: 01/06/2020 23:44h.

La mejor manera de llevarse bien es no llevarse. Qué ideal la relación no relación de Woody Allen y Judy Davis. La actriz australiana ha trabajado con el director en «Alice», «Maridos y mujeres», «Desmontando a Harry», «Celebrity» y «A Roma con amor» con los simples nombres de Vicky, Sally, Lucy y Phyllis. Aunque nada como llamarse Cani Fernández y ser futura presidenta de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia. Me tiene fascinada.

Woody y Judy también (más que antes). Nunca se han hablado. Lo cuenta él en «A propósito de nada» (Alianza). Le resulta una actriz tan impresionante que se siente intimidado. No se ha atrevido a hablarle por miedo a que ella descubriera que no era nada interesante y que desilusiona a los que llegan a conocerle. «Hicimos varias películas en las que yo la saludaba con un gesto y una sonrisa floja en las pruebas de vestuario y no volvía a verla hasta que se presentaba en el plató. Acción. Y ella actuaba, siempre estupenda, excitante, sexy e imprevisible. Corten. Y yo añadía: “Genial, sigamos”. Ella se marchaba y yo volvía a encontrármela más tarde ese mismo día o al día siguiente o a la semana siguiente siempre con el mismo silencio instalado entre los dos…». Hablar está sobrevalorado. Pero Manuel Alejandro siempre tiene razón, en lo que compone o en lo que dice en el documental de Álvaro Zancajo: «Lo que te gusta de los demás es aquello que tú ya tienes en tu interior». Y en tu interior puedes tener silencio. O en tu exterior poner cara de querer vomitar. Es lo que contaba Thelma Ritter que Hitchcock hacía si no le gustaba un actor en una escena. Si le gustaba no decía nada.
Para tener enemigos hay que hablar. Al menos en la política espectáculo en la que estamos instalados. No se mantiene vivo un enfrentamiento si no se intercambian mandobles verbales. Cuando Podemos era como una gaseosa recién abierta y sólo iba contra el sistema no necesitaba más enemigo que el mundo en general. Ahora que se le ha ido el gas y sólo es un jarabe gubernamental necesita a Vox. O a Cayetana. Leo que la imagen de Irene Montero ha sufrido con el vídeo de ETB publicado ayer por ABC. ¿Pero qué imagen? ¿Qué podía deteriorarse ahí? Como escribió Julio Tovar, Irene Montero es Tamara Falcó sin gracia y peronista. Lo mejor, aparte de la periodista que le sigue el rollo oseástico, es la corte de defensores que le ha salido a lo Sara Montiel cuando se descubrió que se había casado con Toni Hernández. « ¿Pero qué pasa? ¿Qué invento es esto?». Si es lo que decía todo el mundo entonces y tal. Es el hecho de que reconozca que las cosas son así pero no lo va a decir. Pla solía citar a Joubert: «Cuando mis amigos son tuertos los miro de perfil». También decido, dependiendo de lo que me toque, qué es un grupo terrorista y qué no. Si Antifa, el FRAP o el Capitán América. Y, sobre todo qué es el fascismo. Fascismo eres tú, dirían Pablo y los suyos como Bécquer. Cuando Orwell escribió en 1946 el ensayo «The prevention of literature» (años antes de que Arendt o Friedrich hablaran de totalitarismo) afirmó que el totalitarismo hace imposible la literatura. Cualquier clase de prosa. Pero no hacen falta regímenes totalitarios, hay personas y grupos de personas que adoptan puntos de vista totalitarios y encima se llaman antifascistas con todo el cuajo. El problema es que en lugar de los apocalípticos e integrados de Eco, lo que tenemos en abundancia son sectarios y fanáticos. Y ni unos ni otros se quedan callados. Con lo bien que nos vendrían los saludos con un gesto y una sonrisa floja.

Rosa Belmonte.

Articulista de Opinión.
EL CONTRAPUNTO.

Los sucios trapos de Iglesias.

La oposición entra al capote del provocador podemita y deja a España sin alternativa.

Isabel San Sebastián.

Actualizado: 31/05/2020 23:57h.

Las tácticas de Pablo Iglesias son burdas, rastreras, contrarias en fondo y forma al sentido de la palabra «democracia», repugnantes en términos éticos e indignas de un servidor público, pero útiles para alcanzar la meta que persigue con ahínco este Gobierno: liquidar el régimen del 78, abolir de facto la Constitución fruto de aquel consenso, empezando por las libertades consagradas en su articulado, y alumbrar una España irreconocible, más pobre, más dividida, más débil y más enfrentada. Una España sin Rey y sin Ley común, de taifas gobernadas por caudillos locales, ciudadanos sujetos al alpiste estatal, votantes cautivos, empresas expulsadas o controladas, jueces dependientes del poder político, cuerpos y fuerzas de seguridad subyugados y medios de comunicación sometidos, donde establecer «sine die» su tiranía encubierta; ésa que están ensayando con tanto éxito como impunidad aprovechando una epidemia atroz para perpetuar el estado de alarma.
El vicepresidente es la cara más fea del Gabinete, pero no es un verso suelto. Antes al contrario, constituye un pilar esencial de la estructura levantada por Pedro Sánchez en su afán de consolidar la poltrona. Si hasta su investidura le quitaba el sueño (o al menos eso decía tratando de pescar en los caladeros socialdemócratas) ahora saca el máximo partido de un reparto de papeles consistente en reservarse el de hombre de Estado, moderado, dialogante, templado y seductor, cediendo a su número dos el de matón de discoteca, que Iglesias desempeña con gusto pues le va como anillo al dedo. Está en su naturaleza de chekista nacido a destiempo, en su ideología comunista, en su mentor, Hugo Chávez, en sus referentes políticos, encabezados por Marx o Lenin, y en su proyecto de «tomar el cielo al asalto» y «convertir lo imposible en real», siguiendo las enseñanzas de los revolucionarios a quienes venera. El totalitarismo es su credo. La intimidación, su herramienta. Así como la mentira es el arma favorita de Sánchez, las suyas son el amedrentamiento y la provocación. Atrás quedó la época en la que recorría los platós de televisión fingiendo ser un tipo cordial, mientras utilizaba las redes sociales para pedir a sus seguidores munición comprometedora contra sus interlocutores. Ya no intenta parecer simpático. Ahora asoma sin pudor la patita de extrema izquierda, amenaza a diputados rivales desde la tribuna del Congreso y embarra el campo de juego con cortinas de fango hediondo, viendo con delectación cómo la oposición en pleno embiste a pedir de boca los sucios trapos que pone ante ella.

¡Pobre España, huérfana de alternativa ante este tándem liberticida carente de frenos o escrúpulos! Mientras el peón que han colocado en Interior desmonta pieza a pieza la cúpula de la Guardia Civil, con el claro empeño de minar la obediencia del Cuerpo a la legalidad vigente; mientras su comisaria en la Fiscalía General amordaza a los fiscales; mientras la Abogacía del Estado se transforma en abogacía del Gobierno y azote de jueces independientes; mientras avanza a gran velocidad el proceso de liquidación de las instituciones democráticas, tanto el PP como Vox entran al capote del provocador podemita y se olvidan de lo importante para seguir, como principiantes, los señuelos que les arroja. Así, el debate público gira en torno a marquesas, padres, grupos terroristas disueltos o inexistentes intenciones golpistas, en lugar de centrarse en el pacto de la vergüenza con Bildu, el ataque a la Guardia Civil, el arresto domiciliario masivo que emboca ya su sexta prórroga o lo que más aterra al Ejecutivo: los cerca de cuarenta mil muertos achacables a su negligencia en la gestión del coronavirus. Y la oposición, a por uvas.

Isabel San Sebastián.

Articulista de Opinión.
CAMBIO DE GUARDIA.

Iglesias, novela negra.

Laberinto de sexo, dinero y odio, tras el cual, como siempre, el poder se enmascara.

Gabriel Albiac.

Actualizado: 28/05/2020 00:14h.

«En aquella época estaba de moda conocer a un gánster. Una especie de esnobismo al revés», deja caer la turbia heroína de La hermana pequeña. Aquella época es, en la novela de Raymond Chandler, el Cleveland de los años treinta. Pero es siempre cualquier año en todas las geografías de los hombres. Que se rigen por muy pocas pulsiones básicas: dinero, sexo…; poder, que es epítome de ambos.

Claro está que un gánster sabe eso tan elemental: le van vida y manduca en desplegar con maestría tal tipo de afinidades. «Un burdel para políticos: buena información vaginal...». Pero esa fórmula no está en ninguna novela de gánsteres y proxenetas. Lo enuncia un comisario español ante un juez y una fiscala en amigable sobremesa. La fiscala asiente: «...Éxito garantizado». El juez será luego expulsado de la carrera judicial indignamente. La fiscala llegará a ministra. De justicia. A fiscala general, luego. Y el comisario sonríe: otra inversión exitosa. Para todos.
«Las calles del mundo están pavimentadas con maridos desechados», sentencia la lunar heroína de La hermana pequeña. Ahí sí, las cosas han cambiado desde los tiempos de Raymond Chandler: las calles, ahora, están empedradas equitativamente de esposos y de esposas que acabaron en la papelera de los kleenex. Pero, en política, los despechos sentimentales enmascaran cosas más serias. Casi siempre.

Cuando el caudillo populista anunció urbi et orbi, a través de las pantallas amigas, que el mismo comisario de la ya entonces ministra había intentado mercadear con «fotos íntimas» de él y de una subordinada suya en Bruselas, sus próximos expresaron sonrojo: « ¡Pero si esa historia la conocía todo el mundo!» Su anterior cónyuge iba a peregrinar de la primera fila del Parlamento a la última y detrás de una columna. La segunda emergía. ¿A quién demonios podía importarle lo más mínimo la vida «privada», en Bélgica, de un eurodiputado soltero? Ni siquiera a Interviú. Y la tarjeta sim fue devuelta.

¿A quién? ¿A la legítima propietaria del teléfono robado? No. Los depositarios de la tarjeta localizan al jefe que la acompañaba. Y, en un acto de falocentrismo abracadabrante, se la entregan a él sin dar parte siquiera a la propietaria. Pasan los meses. En secreto, el tal jefe guarda, para su uso personal, copia de la tarjeta. Después, la destruye físicamente. Sólo entonces contacta a la subordinada para entregarle una chatarra chamuscada e irrecuperable.

El caudillo político ha empezado a cotizar al alza mientras tanto. Denuncia, sólo entonces, una conspiración de las «cloacas policiales» para aniquilarle. Dirigida por el comisario proxeneta. La propietaria del teléfono se enreda en declaraciones contradictorias ante el instructor del caso. El tiempo al cual remite esa tarjeta es el de los prolegómenos del fratricidio Errejón-Iglesias. Y el juez concluye que los documentos, supuestamente robados, fueron puestos en circulación por la dueña del teléfono vía WhatsApp. Anula, entonces, la personación del jefe Iglesias como víctima. Y anota que apropiarse de una tarjeta ajena y destruirla es un doble delito. La fiscalía -bajo el mando de la comensal del «éxito garantizado»- se lanza al rescate, animando a la víctima a «perdonar» a su ex superior. El juez atisba una maniobra dudosa de la fiscalía… Suntuoso laberinto de sexo, dinero y odio, tras el cual, como siempre, el poder se enmascara.

Sí, era una época en la que «estaba de moda conocer a un gánster. Una especie de esnobismo al revés». ¡Qué gran novela negra!

Gabriel Albiac.

Articulista de Opinión.
EL CONTRAPUNTO.

Sánchez y el diablo.

Al pacto con los bilduetarras habrá que contraponer una alianza del centro-derecha por la libertad y por España.

Isabel San Sebastián.

Actualizado: 25/05/2020 00:04h.

En el caso de EH-Bildu, la expresión «pactar con el diablo» adquiere un sentido literal que corresponde exactamente a lo que ha hecho Pedro Sánchez. Pactar con el diablo entendido como sinónimo de abyección, de inmoralidad, de la más absoluta vileza. Pactar con los representantes y herederos de ETA. Pactar con quienes señalaron víctimas a los pistoleros, les brindan coartadas ideológicas y jamás han condenado sus crímenes o amenazas. Pactar con la peor escoria de nuestra fauna política. La formación conducida por el terrorista Arnaldo Otegui es legal, sí, pese a no reunir los requisitos indispensables en una democracia, porque ese blanqueamiento fue el precio que pagó Zapatero a cambio de que su brazo armado nos perdonara la vida. El Tribunal Supremo había acreditado sobradamente su vinculación con la banda asesina, pero el entonces líder socialista obtuvo otro veredicto del Constitucional a fin de consumar su infame «proceso». Un proceso fruto de la cobardía, unida a un revanchismo enfermizo, cuyas consecuencias empezamos a entrever en toda su crudeza.
El jefe del Gobierno ha pactado con el diablo encarnado políticamente en Bildu porque esa cópula encaja a la perfección en el esquema de su asociación con comunistas y separatistas. No tenía necesidad alguna de abrazarse a quienes tienen las manos manchadas de sangre. Mucho antes de firmar el documento de la vergüenza que acredita su traición, el PSOE contaba con el respaldo de Ciudadanos para sacar adelante la votación de un estado de alarma de dudosa necesidad en términos de salud pública y que el presidente ha utilizado para laminar las garantías que nos brinda el Estado de Derecho. La teoría del «mal menor» esgrimida como justificación de esa ignominia constituye por tanto un burdo engaño, no solo porque EH Bildu es en sí misma el mal, sino porque la prórroga anhelada por Sánchez para seguir ejerciendo de tirano estaba garantizada con el «sí» de los naranjas. La consigna lanzada en paralelo por la factoría Lastra, consistente en culpar al PP, resulta tan insultante para cualquier inteligencia que no merece ser comentada.

Sánchez avanza a paso firme en el proyecto de liquidación del régimen constitucional que conocemos y aprovecha esta terrible pandemia para embarcar en él con luz y taquígrafos a quien tuvo un papel protagonista en su gestación, aunque haya permanecido en la sombra por lo escandaloso de su presencia. Se nos intenta hacer creer que es cosa de Pablo Iglesias, que en realidad es el socio de Podemos quien alimenta la relación con la serpiente venenosa, cuando lo cierto es que el vínculo del socialismo con los bilduetarras viene de lejos. Tras las elecciones autonómicas se tradujo en la formación de un gobierno de perdedores en Navarra, abocada a su absorción por el País Vasco, y allí bien pudiera manifestarse en la expulsión del PNV del poder que ha ejercido en las últimas décadas y su sustitución por una coalición semejante. De momento, independentistas de derechas e izquierdas se disputan ante sus respectivos electorados el título de chantajista mayor del jefe del Ejecutivo español, quien paga su supervivencia con nuestro dinero y soberanía. Solo hay un modo de frenar esta deriva, y es echándolo de La Moncloa. Es posible que nos ayude la Unión Europea imponiendo al inevitable rescate económico unas condiciones que rompan el tándem Sánchez-Iglesias y obliguen a convocar elecciones. Si es así, al pacto con el diablo habrá que contraponer una alianza del centro-derecha por la libertad y por España, salvando las diferencias que sea preciso salvar. Tal vez sea ésa nuestra última oportunidad.

Isabel San Sebastián.

Articulista de Opinión.
LA ALBERCA.

Víctimas de ETA y del coronavirus.

Para este Gobierno los únicos muertos que importan son los del franquismo.

Alberto García Reyes.

Actualizado: 22/05/2020 23:35h.

Nos está pasando como a un gitano de bastón y pañuelo al que camelo bien, un señor de la cabeza a los pies curtido en las penurias de la posguerra, pero siempre maqueado y oliendo a Agua Brava, que se tiró de cabeza en una olla de berza durante una reunión de cabales. El hombre, currista de los que siempre llevan una mata de romero en el ojal, estaba eufórico por el triunfo del Faraón que se festejaba en aquella mesa, así que cuando vio las generosas teleras que había, de miga blanca y espesa, se arrojó a navegar sobre ellas a la deriva por las profundidades del guiso, al que aún le bullían los calores como si los garbanzos fueran grumos de lava. Cuando se vino a dar cuenta, se había zampado la olla entera y los vapores le estaban saliendo por las orejas. Y en un ay musitado con los huesos de todo su cuerpo, sentenció mientras se abanicaba los reflujos que atravesaban su pecho: « ¡Dios mío, no me mató el hambre y me va a matar la comida!».
A quienes no nos ha matado el virus nos va a matar la salud, que conservamos a cambio de miseria. Las colas en los comedores sociales en busca de un borbotón de lentejas son cada vez más angustiantes y, en muchos casos, han desaguado en la metáfora del ruido de las cacerolas vacías. El vicepresidente de la Comisión Europea, Valdis Dombrovskis, le ha pedido a España que actúe urgentemente contra la crisis y vaticina que seremos uno de los países que más ayuda necesitará. Pero mientras el estómago ibérico pide pan, el del Gobierno está liberando bilis para consumar su programa velado. No nos mató ETA y nos va a matar su blanqueo político. Ya estábamos amoratados por el conciliábulo navarro y por el palo que le dio a la dignidad de los españoles el discurso de Mertxe Aizpurua durante la investidura de Pedro Sánchez, a quien apoyó con frases como esta: «Ustedes son la única oportunidad del Estado para resolver la situación de Euskal Herria y Cataluña. Son el último tren hacia la última estación». El socialista está hoy en La Moncloa gracias a los herederos de las pistolas, con quienes avanza hacia la última estación de la democracia. Sánchez ha promovido un conato de legitimación social de los bilduetarras acordando en secreto la derogación de la reforma laboral de Rajoy. Los presentó como luchadores por los derechos de los trabajadores la misma noche que los borrokas ultrajaban la casa de la líder socialista vasca, Idoia Mendia. No importa que la medida suponga una hecatombe económica ni que la haya repudiado su vicepresidenta Calviño. El presidente está secuestrado por un copiloto que va decidiendo la ruta: paga para todos, censura, control de la televisión pública y del CNI, veto al turismo, persecución a los empresarios, la Justicia en manos del Ejecutivo, prohibiciones a mansalva, normas hasta para ducharse, maquillaje demoscópico a brochazos, colaboración con los separatistas... Ruina.

Si no nos mata la neumonía del coronavirus, nos matará la asfixia de la economía. Y si no acaba con nosotros la quiebra, nos dará la puntilla la pérdida de libertades. La propia Comisión Europea ha dicho ya que la gestión de España es un desastre que nos va a tener hipotecados hasta sabe Dios cuándo y a tenor de los acuerdos políticos tiendo a pensar que todo esto es aposta. Este caos es premeditado con el objetivo de anular nuestra capacidad crítica. Pero además nos maltrata como víctimas del coronavirus y como víctimas de ETA. Porque a este Gobierno sólo le importan los muertos del franquismo.

Aquel gitano currista lo bordó: España venció al subdesarrollo y va a ser derrotada por el «progreso».

Alberto García Reyes.

Articulista de Opinión.
EL CONTRAPUNTO.

El Gobierno se ensaña con Madrid.

Hagamos sonar las cacerolas para que sepan que no olvidamos y nos vengaremos en las urnas.

Isabel San Sebastián.

Actualizado: 17/05/2020 23:38h.

El tándem Sánchez-Iglesias ataca a Madrid y los madrileños con mucha más virulencia de la que pone en combatir el Covid-19. Por tierra, mar y aire: decisiones arbitrarias de consecuencias ruinosas, señalamiento de supuestas deficiencias sanitarias ignoradas en el caso de otras comunidades, linchamiento mediático de sus dirigentes. El dúo de La Moncloa se ensaña con la región como si le fuera en ello la vida que, a decir de Carmen Calvo, dependía el pasado 8 de marzo de asistir a una manifestación convocada a sabiendas en pleno estallido de la pandemia. Y es que probablemente les vaya la vida política en ello. Y el horizonte judicial también. De ahí su empeño en desviar hacia el territorio que gobierna Isabel Díaz Ayuso no solo la atención de un público harto de mentiras, abusos e inepcia, sino la culpa que les alcanza de lleno en ese llamamiento criminal sumado a otras negligencias susceptibles de acabar con medio Ejecutivo en la cárcel.
El PSOE y Podemos han puesto a Madrid en el punto de mira, no solo por ser la locomotora nacional y el principal bastión de la oposición popular al social-comunismo gobernante, sino para tratar de tapar su propio fracaso en la gestión, tanto como el de los separatistas de cuyo respaldo depende su permanencia en el poder. Los madrileños son castigados a permanecer encerrados, con el consiguiente coste económico, social y humano, a fin de que los catalanes no se queden solos en el escalón más bajo de eso que llaman «desescalada». Los vascos, eso sí, progresan de grado, porque quienes controlan el proceso han de amarrarse sus votos en el Congreso. ¿En base a qué criterios? Depende del día, del lugar y de la conveniencia de Pedro y Pablo, toda vez que no existe una única vara de medir, ni conocemos los nombres de los presuntos «expertos» en cuyas manos está nuestra libertad, ni se nos proporciona información pormenorizada susceptible de permitirnos comparar el nivel de exigencia aplicado a cada región. Todo es arbitrariedad, atropello, embudo. Y cuando, harta de discriminación, la presidenta amenaza con recurrir a los tribunales, se sacan de la mano un «informe», repleto de vaguedades, firmado tres horas después de que el epidemiólogo de cámara de la Presidencia, Fernando Simón, y el filósofo encargado de nuestra salud, Salvador Illa, anunciaran oficialmente nuestra condena a permanecer confinados.

El objetivo de La Moncloa es hundir Madrid y a los madrileños, empezando por quien con más valentía se atreve a plantarles cara: Isabel Díaz Ayuso. Todo vale contra ella y sus gobernados: desde la falsificación y posterior filtración de un documento destinado a desacreditarla (que debería haber provocado ya la destitución fulminante del consejero Alberto Reyero, de Ciudadanos) hasta la elaboración de una demencial pauta de conducta «ad hoc», en virtud de la cual se permite la apertura de mercadillos pero no de tiendas de Zara y se autorizan las visitas a la peluquería pero no a los hijos, sin olvidar la abyección protagonizada por Rafael Simancas, cabeza socialista de cartel perdedor reconvertido en correveidile de Adriana Lastra. «España tiene tantos muertos porque Madrid está en España», profirió en la Sexta ese resentido, cerrando el círculo de la infamia. Y no hubo quien le replicara.

Quién sabe qué nos espera si se prorroga un mes más esa patente de corso que es el estado de alarma, vigente a día de hoy gracias a Inés Arrimadas. Solo nos queda aferrarnos a la cacerola y hacerla sonar con fuerza, para que sepan que no olvidamos y nos vengaremos en las urnas.

Isabel San Sebastián.

Articulista de Opinión.
TRIANA. Carrascal en su escrito dice verdades como puños ¿Qué sabrá este ministro del turismo?
ÁNGEL, ¿ya te ha dado permiso ESA para poder nombrar a TRIANA?, cuida que igual se enfada y ya no te habla más, jejejejejejeje,
POSTALES.

¿En qué manos estamos?

Iglesias echa mano del remedio más trillado: subir los impuestos.

José María Carrascal.

Actualizado: 17/05/2020 00:43h.

«No fue un crimen, fue un error», dijo Fouché del fusilamiento del Duque de d’Enghien por orden de Napoleón. Parodiándolo, podríamos decir que considerar «de poco valor añadido, estacional y precario» el turismo español como ha hecho Alberto Garzón, no es un error, es una melonada. Primero, porque el turismo es la primera industria de España, que, en 2018, supuso 191.000 millones de euros, el 15% del PIB y creó 2.600.000 empleos. Debería saberlo el ministro de Comercio. Y si no lo sabe, no debería estar un minuto más en el cargo. E incluso si fuese verdad, su deber era exponer la riqueza cultural, climática, culinaria de nuestro país, como hacen todos los ministros de todos los países. Claro que lo compensa su jefe al habernos ahorrado 300.000 muertos con el Estado de alarma. Ya le oyeron ayer a la hora del aperitivo. ¿Quién le dio la cifra, su comité científico? Otra razón para que conozcamos sus nombres. ¿O fue investigación suya? Entonces, habría que pedir para él el Nobel de Medicina, de la Paz o de Literatura.
Aunque tampoco ha estado mal su vicepresidente segundo, Pablo Iglesias, que insiste en tener la fórmula para domesticar la otra gran crisis que amenaza aplastar nuestra económica. Ya que desde la introducción del euro los estados que lo aceptaron como moneda no pueden darle a la maquina de fabricar billetes para pagar sus deudas, Pablo Iglesias echa mano del remedio más trillado: subir los impuestos: a los más ricos (olvidando que pueden llevar su capital a lugares donde lo tratan mejor); a las transacciones financieras (con lo que devaluará la Bolsa); a los patrimonios (lo que significa la ilegal «doble imposición», pues ese dinero ya tributó al ganarse) y alguna otra genialidad del que está fascinado por lo bien que le va a Venezuela. Y si las recetas de estos miembros destacados del gabinete no bastasen para arruinar España, la ministra de Trabajo se dispone a despachar agentes al campo «para detectar esclavitud». Que allí hay abusos, seguro, como en todas partes. Pero se denuncian y persiguen para eso están inspectores y sindicatos. Que la agricultura española ha dado un salto gigantesco, no hace falta más que ver sus desfiles de tractores. España es hoy la huerta de Europa con explotaciones grandes y pequeñas que compiten con las más avanzadas

Que la ignorancia abunda en los casos citados es evidente. Pero que se hayan impuesto en el gabinete, donde hay personas mucho más enteradas en economía, turismo y agricultura, resulta preocupante, al demostrar que el «jefe» está con aquellos. Sánchez dijo en su día que la idea de Podemos en el gobierno no le dejaba dormir. Pero resulta que quien gobierna es Unidas-Podemos, -anticapitalista, antimercado, antidemócrata- al que pertenecen los citados y están llevando al pie de la letra su programa, empezando por arruinar un país y terminando por quitarle sus libertades, para conducirlo más fácilmente. Otro día se lo explicaré con detalle, pues me queda sólo espacio para decir que quien tenemos hoy problemas de sueño somos los españoles.

José María Carrascal.

Articulista de Opinión.
¿Por casualidad esa casa de campo no la tendrá usted en Segovia? ahí los precios van muy baratos.

Saludos a las "ovejitas".
EL CONTRAPUNTO.

Se masca el rescate.

Si el centro-derecha que ayer votó dividido es incapaz de unirse, no habrá esperanza para España.

Isabel San Sebastián.

Actualizado: 07/05/2020 00:06h.

Mientras el Gobierno celebra su victoria pírrica en la votación de la prorroga al estado de alarma, España está a punto de entrar en bancarrota. Esa es la triste realidad. Algunas comunidades especialmente dependientes del turismo, como Canarias, ya se encuentran de hecho en esa situación. Las demás no tardarán en comprobar lo que es tener la caja vacía y un sinfín de manos tendidas desesperadamente necesitadas de ayuda. Las vacas flacas que se avecinan van a lograr que parezcan gordas las que trajo la crisis de 2007. El desplome del PIB superará el 10 por ciento, el índice de parados ya ha empezado a batir marcas históricas y en cuestión de meses no habrá fondos para pagar las pensiones, ni las prestaciones por desempleo, ni los otros muchos gastos que genera este Estado elefantiásico cuyos gobernantes no aprovecharon los años de bonanza para generar reservas. ¿Quién dijo ahorrar? Esa palabra desapareció hace tiempo del vocabulario nacional. Mariano Rajoy la empleaba en su primera campaña electoral, cuando insistía en aquello de «no podemos vivir por encima de nuestras posibilidades», pero la olvidó pronto. Ahora los ministros comunistas alardean de tener a millones de españoles en la nómina de las subvenciones públicas mientras Pedro Sánchez, que derrochó cientos de millones en medidas electoralistas destinadas a garantizarse la poltrona, trata de maquillar unas cuentas que ya nadie se cree ni aquí ni en Bruselas.
España se acerca inexorablemente al precipicio de la quiebra. Y cuando ésta sobrevenga, cuando en julio haya que abonar la paga extra de los jubilados y en la hucha solo queden telarañas, será preciso acudir a Europa en busca de auxilio; de una inyección masiva de liquidez sin la cual las consecuencias de esta crisis trascenderán el ámbito de lo sanitario o lo económico para entrar de lleno lo humanitario. Entonces los países del norte a quienes tanto denuestan algunos acusándolos de «insolidarios», los que hicieron sus deberes a tiempo, las hormigas del club que trabajan y hacen despensa mientras las cigarras bailamos, acudirán al rescate. Pero pondrán condiciones, por supuesto. ¿Usted no lo haría? Yo creo que sí. Y no me parece ni inteligente ni justo reclamar como un derecho sagrado lo que constituye una necesidad fruto de nuestros errores.

Los socios más ricos y previsores proveerán, porque es el único modo de salvar la moneda única, aunque lo harán velando por sus legítimos intereses. ¿O acaso los españoles actuaríamos de otro modo? En Alemania y Países Bajos, por ejemplo, donde el porcentaje de lo que cobra un pensionista con respecto a su último sueldo es bastante más bajo que aquí, las pensiones no se revalorizan automáticamente con el IPC, como sucede en España. ¿Aceptarán esos pensionistas seguir financiando nuestro sistema con su dinero? Lo dudo. En buena parte de la Unión Europea rige alguna fórmula de copago sanitario en virtud de la cual el usuario financia parte del tratamiento que recibe. Aquí todo es gratuito, excepto un porcentaje de las medicinas. Y además está a punto de instaurarse una paga universal destinada a fomentar la vagancia. ¿Podremos convencer a nuestros vecinos para que sufraguen con sus ahorros unas prestaciones de las que ellos mismos se privan? No creo.

El mismo Sánchez que hoy ríe no tardará en lamentarse. Se avecinan tiempos de recesión y recortes inevitables que probablemente hagan añicos la coalición de Gobierno y nos aboquen a unas elecciones. Si el centro-derecha que ayer votó de nuevo dividido se une y presenta una papeleta ganadora, habrá esperanza. En caso contrario, no habrá Unión Europea capaz de remediar la catástrofe.

Isabel San Sebastián.

Articulista de Opinión.
Sí, los BUENOS SON LOS SOCIALISTAS Y SUS SOCIOS COMUNISTAS Y TODOS LOS QUE TERMINEN EN ISTAS.
UNA RAYA EN EL AGUA.

Harry el Sucio.

Sánchez ha hecho del decreto de alarma un envite plebiscitario. No hay asunto de interés público que no haya ensuciado.

Ignacio Camacho.

Actualizado: 03/05/2020 23:45h.

El órdago cesáreo-bonapartista de Sánchez sobre el estado de alarma -«no hay plan B» dice un gobernante al que le pagamos para hacer planes B, C y hasta Z- esconde una trampa política para el PP, una de esas celadas de ajedrez a las que el director estratégico de la Presidencia es tan aficionado. Moncloa atisba en el debate sobre las medidas de excepción, que soliviantan ya a una buena porción de ciudadanos, una oportunidad para cambiar el eje del «relato» y deshacerse al menos en parte de la responsabilidad de sus continuos fracasos. El presidente mira a Pablo Casado como Harry el Sucio miraba a un forajido -«venga, alégrame el día»- mientras lo esperaba con el dedo en el gatillo. Venga, atrévete, vota que no y te convertiré en culpable alternativo de todo lo que pueda pasar y hasta de los errores que yo mismo haya cometido. Vota que no y transformaré mi incompetencia en tu pecado político. Vota que no y te culparé del más mínimo rebrote, retiraré los ERTE y las ayudas sociales para echarte encima a autónomos y trabajadores, y no tendrás dónde esconderte cuando ponga el aparato de propaganda oficial a tope de revoluciones. Vota que no y tendré lo que mejor me viene en este momento: una cortina de humo tan espeso que nadie recordará quién provocó el incendio. Hazme ese regalo y lograré que nadie hable del caos, ni de los test averiados ni del récord mundial de contagio de sanitarios. Y si no te atreves, aunque te abstengas, quedarás ante los tuyos como un calzonazos y yo seguiré encaramado en mis poderes semiautocráticos. Te tengo en el cepo y me vas a alegrar el día aunque te propongas lo contrario porque soy un especialista en marcos falsos y hagas lo que hagas saldré ganando.
El chantaje del sábado -otra mentira porque las leyes sanitarias sí ofrecen margen para medidas parciales de emergencia- obliga al líder popular a afinar mucho la respuesta. Casado no es sólo el jefe de la oposición sino del único partido de la derecha con experiencia de Estado; no puede o no debe actuar como un populista al que sólo le importa estimular la visceralidad de sus partidarios. Pero hay un sector de sus votantes entre el que Sánchez suscita una mezcla de rabia y fobia, un compulsivo rechazo que reclama gestos contundentes y drásticos. Esos electores que usan como un agravio la palabra «moderado» no se van a conformar con un discurso de mucho empaque parlamentario. Quieren darle a la mesa del presidente un manotazo y Vox está bien atento a recoger su desencanto.

Lo más deshonesto del envite sanchista es que ha hecho del decreto de alarma un pretexto plebiscitario. Ya da igual si sirve o no para algo; se las ha apañado para dejar su utilidad en segundo plano y convertirlo en un instrumento de aclamación de su liderazgo. Éste es el peor rasgo moral de su mandato: que no hay cuestión de interés público, por seria que sea, que no haya ensuciado.

Ignacio Camacho.

Articulista de Opinión.
EL CONTRAPUNTO.

Chantaje al PP.

¿Dará Casado patente de corso a Sánchez para dos meses de desescalada caótica?

Isabel San Sebastián.

Actualizado: 29/04/2020 23:54h.

La jugada es muy zafia: el Gobierno dicta su trágala y el PP lo respalda en el Congreso, so pena de sufrir el ataque despiadado de la formidable maquinaria propagandística que trabaja al servicio de Moncloa. Si se opone y vota no, las televisiones y demás medios adictos, debidamente subvencionados, le culparán de lo que pueda ocurrir, del mismo modo que ahora cargan las tintas contra los «padres insensatos» que pasearon con sus hijos el pasado domingo, en lugar de señalar la responsabilidad de Pedro Sánchez en la desastrosa gestión de esta crisis. La coacción ha funcionado hasta ahora a plena satisfacción del PSOE, que sale victorioso de cada lance parlamentario no con el apoyo de sus socios, sino con el del rival al que muestra un desprecio creciente a medida que pasa el tiempo ¿Hasta cuándo se dejará maltratar Pablo Casado?
Hay que reconocer al presidente una habilidad para la política de bajos fondos equiparable a la inepcia demostrada en la de altos vuelos. No es capaz de impedir la escalada de víctimas mortales, ni de frenar los contagios, a pesar de tenernos confinados desde hace más de cinco semanas, ni de brindar protección a los sanitarios, proveernos de mascarillas o pruebas de detección del virus, ni mucho menos paliar el descalabro económico, pero domina el campo de la mentira y alcanza la maestría en el de la manipulación. Porque hace falta mucho arte para conseguir que la oposición a la que ofendes en cada intervención, la oposición con la que no compartes una sola decisión ni consultas una disposición, te saque las castañas del fuego cuando necesitas sus votos para prorrogar un Estado de Alarma que aprovechas para colar de rondón medidas por completo ajenas a la lucha contra la pandemia, encaminadas a avanzar en el proyecto sectario de izquierda extrema que esa fuerza, el PP, ha combatido desde su fundación.

Hasta la fecha, Sánchez ha utilizado la situación de excepcionalidad para colar por la puerta trasera, entre otros, los siguientes caballos de Troya: La presencia de Pablo Iglesias en el CNI, que a él mismo le quitaba el sueño hasta que lo metió en su cama. El decreto ley de Medidas Procesales y Organizativas, cuya aprobación sin debate ni dotación de recursos tecnológicos tiene en pie de guerra a la Carrera Judicial, que abre la puerta de facto a tribunales especiales y altera gravemente el funcionamiento de la justicia. La orden del Ministerio de Educación que faculta a las comunidades autónomas para conceder aprobados generales con total desprecio del esfuerzo y mérito de los alumnos, antesala de una reforma de mayor calado que pretende eliminar la educación especial y poner serias trabas a la concertada, en coherencia con la tesis expresada por la ministra Celaá según la cual los niños no son propiedad de sus padres, sino del Estado, para que los adoctrine a su antojo. La propiedad es de hecho un concepto clave en esta serie de abusos liberticidas, toda vez que, con el pretexto de la epidemia, el Ejecutivo ha declarado abolida la propiedad privada de viviendas desocupadas, si alguna Administración las necesita para realojar a víctimas de violencia de género, o la de test de detección del Covid-19 adquiridos por las empresas para garantizar la seguridad de sus trabajadores, incautados con total impunidad en un acto de arbitrariedad absoluta.

Ahora el telepredicador Sánchez nos anuncia dos meses de desescalada caótica, sin más guía que el primitivo método de ensayo/error. ¿Le dará Casado otra patente de corso o se plantará ante este burdo chantaje?

Isabel San Sebastián.

Articulista de Opinión.
HORIZONTE.

Entre la mentira y la incompetencia.

Sánchez sigue citando la falsa estadística que presentó la OCDE el lunes y retiró después.

Ramón Pérez-Maura.

Actualizado: 29/04/2020 00:12h.

Confieso que no sé qué es peor, si ser mentiroso o ser incompetente cuando se gestiona una pandemia como la que nos está asolando. Si es que no estamos ante un caso de ser ambas cosas a la vez. Hemos pasado dos días de polémica por la estadística de la OCDE sobre el número de pruebas realizadas en España por el coronavirus. El lunes la organización situó a España en el octavo puesto de los países miembros y ayer tuvo que corregir y relegar a España al decimoséptimo lugar. Las autoridades españolas rápidamente echaron la culpa a la propia Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico por haber sumado unas pruebas, las serológicas que se hacen extrayendo sangre, que no son contabilizadas por la OCDE y las pruebas PCR que sí son consideradas válidas. Las PCR son las que se hace mediante la introducción de un bastoncillo con algodón en cada orificio nasal. Lo que quiere decir que el Gobierno español, que en España no contabiliza las pruebas serológicas, se las mandó a la OCDE a ver si allí sí colaban. Porque esta estadística no es sobre los resultados de las pruebas sino sobre el número total de pruebas realizadas. Ahí convenía engordar la burra. Y tampoco se entiende por qué lo enviaron, porque el criterio de la OCDE no incluye en esa estadística ese tipo de prueba. No se sabía si era una muestra más de incompetencia del Ministerio de Sanidad o un intento de meter un gol. Ayer quedó bastante claro que era más bien lo segundo.
La prueba del algodón de las mentiras del Gobierno se produjo el lunes por la mañana cuando tanto Pedro Sánchez como Salvador Illa salieron a felicitarse por la estadística de la OCDE. Porque si no estaban mintiendo, la cosa era casi peor: así se demostraría la incompetencia flagrante del Gobierno al no conocer ni las cifras más básicas de esta crisis. Llevamos casi dos meses esperando a que la sanidad pública haga pruebas a todos los españoles y el presidente y el ministro de Sanidad ni siquiera saben cuáles son las cifras reales. Sale una cifra errónea en la estadística de la OCDE y en lugar de avisar a la organización de que se están equivocando, se lanzan a las redes a celebrar el dato erróneo.

Lo malo es que el propio Sánchez demostró ayer por la tarde en la rueda de prensa para hablar de la progresiva flexibilización de la reclusión que se cree sus propias mentiras. Porque a pesar de que el mismísimo Ángel Gurría, secretario general de la OCDE, desmintió la estadística ayer por la mañana y anunció que España quedaba relegada al puesto diecisiete, Sánchez volvió a citar la falsa estadística del lunes. Supongo que la sección de agitación y propaganda de La Moncloa dirá que Sánchez no mintió porque dijo que el lunes la OCDE había situado a España entre los diez países con más pruebas realizadas, lo que ciertamente hizo. Simplemente Sánchez no mencionó que el martes la OCDE se desmintió a sí misma. Pero es un detalle menor.

En este contexto cualquiera puede echarse a temblar cuando Sánchez nos decía ayer que el avance del proceso de salida de la reclusión «se decidirá por criterios objetivos». ¿Qué criterio objetivo vale con Sánchez? Todas sus comparecencias se sustentan en las aportaciones que dice le han hecho los «expertos». De forma que nada de lo que hace es responsabilidad suya. Lo es de unos anónimos especialistas a los que no les vemos la cara. En estas manos estamos. Me encantaría creerme el calendario de levantamiento de la reclusión que dio Sánchez ayer. Pero ni loco me lo creería.

Ramón Pérez-Maura.

Articulista de Opinión.
POSTALES.

Última rectificación.

De lo que no cabe duda es de que el Gobierno sigue yendo detrás de los acontecimientos.

José María Carrascal.

Actualizado: 26/04/2020 23:51h.

Pedro Sánchez gobierna como un barco contra el temporal, dando guiñadas, la última ha sido el anuncio de que a partir del próximo sábado podremos hacer deporte individualmente y pasear en familia, «siempre que la evolución de la pandemia sea favorable». Lo que significa el principio del fin del confinamiento que nos ha retenido en casa 42 días. Se hará de modo gradual y asimétrico, según la situación de cada comarca y siempre bajo la dirección del Gobierno, lógico, para evitar que las autoridades locales saquen rédito político, como Torra viene haciendo en Cataluña. La medida sigue al permiso de salir dado a los menores de 14 años, que ni pisaban la calle, siempre que fueran acompañados de un familiar. Los chavales lo han pasado en grande, aunque les hubiera gustado jugar con sus amigos y para eso no tenían permiso. Pero todo se andará, nunca mejor dicho, pues la pregunta que flota en el aire es ¿no hubiera sido mejor hacer el confinamiento gradual desde el principio, evitando los daños de todo tipo causados por «cerrar el país»? Fue lo que hizo Alemania, y le ha ido muy bien tanto económica como sanitariamente. Se me dirá que no somos alemanes, vamos del todo a la nada y sentimos una casi instintiva tendencia a considerar que leyes y normas están hechas para ser violadas (los más bestias añaden «las mujeres»), pero visto el comportamiento de la inmensa mayoría de los españoles durante este mes y medio de arresto domiciliario pienso que no hubiera habido muchos más incidentes (multas y detenciones) de los que hubo.
De lo que no cabe duda es de que el Gobierno sigue yendo detrás de los acontecimientos, incluso él lo reconoce al advertir que la «desescalada», como llama al desconfinamiento (su afición a la hipérbole alcanza cimas gongorinas, posiblemente para colar mejor sus mentiras), podrá costar cara si el virus reaparece el próximo verano o invierno, como más de un experto teme, sobre todo si se aflojan las medidas. Pero, entonces, Pedro Sánchez podrá decir «ya os lo dije» y echar la culpa a los demás, como acostumbra. Pues en sus más que largas, interminable peroratas nunca ha admitido un error. Todo lo más, que «Nadie lo había previsto». Verdad a medias, o sea, media mentira, pues algunos están saliendo de la crisis y otros no, como nosotros, que «seguimos doblando la curva», o sea, en ella, y sus hechos hablan más claro que sus palabras. Estas continuas rectificaciones son la mejor prueba. Como algunos gestos significativos, por ejemplo, que en las ruedas de prensa para darnos el «parte» de la guerra del virus ya no hay uniformes llenos de medallas, seguro merecidas, ni expertos llenos de estadísticas, ya no tan fiables. Fue otra metedura de pata: pensaron que así venderían mejor su relato, pero los «lapsus», como les llamaron, descubrieron lo averiado de su mercancía.

José María Carrascal.

Articulista de Opinión.
"Sorprende que ahora, precisamente ahora, cuando más falta nos haría el sentido común, no solo no se haya mejorado nada de esto, sino que por el contrario se haya disparado la utilización más burda de la insidia y la mentira". Escribe Manuela Carmena

unos y otros, es imprescindible el manejo de datos. No se puede hacer política si no se manejan datos, no valen ni las opiniones, ni las sensaciones, ni las suposiciones. Por ello, para poder debatir, hay primero, y como base de partida, que consensuar ... (ver texto completo)
¡Menos mal que no nos ha tocado que esta señora aún estuviese en el Ayuntamiento! la cosa hubiera sido aún mucho peor, esta mujer lo hizo fatal, lo mejor que puede hacer es quedarse en su casa leyendo algún libro o haciendo magdalenas.
EL BURLADERO.

España nos mata.

Mientras la población catalana padecía los rigores de una Administración sin pies ni cabeza, llegó un virus.

Carlos Herrera.

Actualizado: 23/04/2020 23:54h.

Cuando acaeció el desmoronamiento económico de 2008, poco después de la caída imprevista de Lehman Brothers, un algo se despertó en el interior de uno de los tipos más mediocres que Cataluña ha brindado a Occidente, Artur Mas, por entonces máximo responsable de la administración del Estado en Cataluña. La pobreza que sobrevoló a medio mundo, y que en España se acrecentó por la inacción del Gobierno de aquellos años, ensimismado y enrocado en decisiones imprudentes, despertó el oportunismo nacionalista catalán al objeto de aprovechar la debilidad conjunta para obtener beneficios ilegítimos. Mas, el creador e impulsor de todo este disparate que ha hecho de la Cataluña de hogaño un marasmo de histeria y mediocridad, olisqueó su momento. Como es sabido, se plantó en La Moncloa de Rajoy para exigir lo que sabía que no le podían dar y, de ahí, recorrer un camino suicida que llevara a su terruño a las proclamas varias que podrían resumirse en uno de los eslóganes más felizmente repetidos por la masa lanar del Principado: España nos roba. Cataluña sería un manantial de leche y miel -y oro en proporción del 3%- de no ser por esos hirsutos gandules españoles a los que mantenemos con nuestro trabajo mientras ellos sestean a la sombra de las higueras. El mensaje cuajó, a la vista está. Una buena parte de los catalanes perforados por la crudeza de la crisis se acunaron en la cómoda facilidad del mensaje. «El problema son ellos». A partir de ahí, el cóctel explosivo de una población amedrentada por la fiereza de la pandemia económica más las generaciones educadas en el odio a España, generó un movimiento que ha proporcionado a Cataluña uno de sus más lamentables episodios históricos, degenerativo y absurdo, que ha concluido con el ascenso al poder de tipos tan sumamente mamertos como Torra o Puigdemont.
Mientras la población catalana padecía los rigores de una Administración sin pies ni cabeza, llegó un virus. Letal. Imprevisto, se asegura. En unos países se actuó con decisión y en otros, infelizmente el nuestro, con tardanza, lo que se ha traducido en más muertes que en cualquier otro lugar de nuestro entorno. La tentación, reconozcámoslo, era muy grande y cualquier individuo criado en el permanente lamento no podía desaprovecharla: si antes España nos robaba, ahora nos mata, ya que el caso es tener siempre un elemento exterior al que echarle las culpas. Comenzó la infeliz Clara Ponsatí bromeando con mensajes tipo «De Madrid al cielo» para bromear con los muertos de la capital de España. Siguió Joan Canadell, líder de comerciantes menores, asegurando que España es muerte y Cataluña vida. No faltó el bufón de la corte, Toni Albá, un supuesto humorista subvencionado, identificando a los que matan catalanes. Y coronó la cima la portavoz del Gobierno catalán (es un decir ambas cosas), Meritxell Budó, afirmando en opiácea comparecencia que «con una Cataluña independiente no habríamos tenido estos muertos». Como decía: España nos mata. Se supone que la España de Sánchez, al que ellos alzaron al poder. Según la pintoresca portavoz, en la Cataluña libre de manos se habría actuado dos semanas antes, cuando se da la circunstancia de que por esas fechas estaban todos los hiperventilados del independentismo en Perpiñán dándose restregones a mayor gloria del nuevo amanecer al que habría de conducirles el pastelero de Gerona.

Es una pena que la estricta observancia del socialismo patrio sobre los recurrentes recortes del PP no haya reparado en los verdaderamente asombrosos recortes de los gobiernos catalanes en materia sanitaria con tal de acaudalar fondos para su lucha histórica, para su travesía del Jordán. Que ningún miembro de esa cosa que es la plantilla dirigente española haya sido capaz de defender el nombre del país al que, teórica e insolventemente, gobiernan, lo dice todo. Así está el vertedero.

Carlos Herrera.

Articulista de Opinión.
EL CONTRAPUNTO.

Libertad de expresión.

Álvarez de Toledo no ha sido linchada por ser una política que ataca a un medio, sino por representar al PP y cuestionar los dogmas de la izquierda.

Isabel San Sebastián.

Actualizado: 05/03/2020 00:11h.

La libertad de expresión en España se rige por la ley del embudo: lo ancho, para la izquierda y el independentismo; para los demás, lo estrecho.

Viene esta sentencia a colación de la lluvia de improperios caída sobre la portavoz del PP, Cayetana Álvarez de Toledo, por criticar a un grupo de comunicación cuya labor resulta tan cuestionable al menos como la que ejercen la propia diputada o su grupo. En uno de los buques insignia de ese conglomerado, la Sexta, no se cansan de ofender a los partidos del centro-derecha, sus dirigentes, militantes e ideario, con armas que van desde la descalificación sistemática en programas de «pseudoanálisis» político a la burla más grosera en otros de presunto humor, sin olvidar la «información» selectiva. Pero ellos son intocables. Ellos representan a «la progresía» y además tienen capacidad para colocar o vetar tanto a políticos como a periodistas en la multitud de espacios que controla su holding, lo que significa que disponen de patente de corso para tirar a matar sin que el objetivo responda. ¿Cómo osa expresarse en libertad esa «marquesa ultra del PP», según la muy respetuosa definición del segundo brazo de su pinza televisiva, Antena 3? Ella no tiene libertad de expresión. Quienes piensan como ella, tampoco. La libertad de hablar sin cortapisas pertenece en régimen de monopolio a la izquierda y sus socios independentistas, que para eso ponen y quitan el altavoz a quien les place.
Álvarez de Toledo no ha sufrido este linchamiento por ser una política que ataca a un medio de comunicación, sino por representar a un partido liberal y cuestionar los dogmas sagrados del pensamiento políticamente correcto. Pablo Iglesias, vicepresidente del Gobierno y líder de Podemos, nos ha señalado en más de una ocasión a periodistas y medios enfrentados ideológicamente a él, con total impunidad y una corte de corifeos riéndole las gracias. Pedro Sánchez, presidente del Gobierno y número uno del PSOE, ha acusado reiteradamente a este periódico de mentir, sin atreverse a emprender acciones legales ante la certeza de estar acusando en falso. Pero nadie se escandaliza. Vuelve a funcionar el embudo. La izquierda dispone de bula para hacer o decir lo que quiera, mientras a la derecha le toca callar. No dieron la batalla audiovisual cuando estaban en condiciones de hacerlo y ahora han perdido la guerra.

No es elegante hablar de una misma en una tribuna de lujo como la que me brinda ABC, pero voy a contar una anécdota muy ilustrativa de hasta qué punto es flagrante la doble moral de estos inquisidores contemporáneos. Hace algunos años, en un debate nocturno de la cadena Ser, uno de los contertulios estuvo a punto de agredirme físicamente. No llegó a pegarme porque, cuando estaba a punto de hacerlo, se interpuso entre él y yo un tercero, a quien siempre estaré agradecida. Dirigía a la sazón los informativos de la casa Antonio García Ferreras, hoy entusiasta defensor de la causa autoproclamada «feminista» que, por cierto, no ha tenido a bien romper ni una lanza ni un palillo por la «hermana» Cayetana, víctima de un linchamiento. Pues bien, ¿saben ustedes cómo se zanjó aquel incidente? Ante mi amenaza de abandonar el programa, pidieron al violento a disculparse con la boca chica. Yo me fui poco después de la cadena y él siguió allí, tan campante. Yo era mujer, pero «facha». Él, un violento «progre». Y el embudo se aplicaba ya entonces implacablemente.

Isabel San Sebastián.

Articulista de Opinión.
Esto es entre tú y yo. Me das la paliza tú. Aquí no pinta nada ni la derecha ni la izquierda.
Entre tu y yo no hay nada, nunca podrá existir nada, somos polos opuestos, jamás me tomaría un rioja contigo, no me agrada tus formas y maneras. LA CULPA LA TIENE LA DERECHA.
Eso es lo que crees tú. ¿No serás un Creido? o
La culpa la tiene la derecha, la derecha, la derecha.
Y tú también. Nadie te lo prohibe. Y eres un palizas impresionante.
No, yo no, yo tengo que estar aquí, pero tu no haces ni puñetera falta, ¡sinvergüenza! ¿nadie te ha dicho aún que estás fatal de la regadera?
¿También nos vas a pegar la paliza por las tardes?
Si quieres te puedes ir a pasear y dejar al Foro en paz, a ti nadie te llama, es más por mi parte sobras y si te apetece te puedes largar con viento fresco.
EL RECUADRO.

El beneficiario del coronavirus.

Todo el mundo habla del virus, pero nadie de que Sánchez se ha rendido ante los sediciosos.

Antonio Burgos.

Actualizado: 04/03/2020 11:11h.

Me sorprende que nadie hasta ahora haya hablado de la «baraka» de Sánchez. De su buena suerte, con la palabra rifeña que en la guerra de Marruecos sus compañeros aplicaron a Franco. Sánchez nació de pie y así ha llegado donde está. Baraka pura. El azaroso camino hasta su llegada a la Presidencia del Gobierno ha sido una sucesión de golpes de suerte que le han ido favoreciendo incomprensiblemente, dentro de su partido y fuera de él, en la oposición, en la economía, en el Congreso, en las autonomías. En todas las Españas, posibles o imposibles. Y ahora, por si toda esa sucesión de golpes de fortuna fuera corta, el coronavirus. En cada informativo nos dan, y nos entra más miedo todavía en el cuerpo, «el parte» de la situación de la que si no ha declarado pandemia la Organización Mundial de la Salud está a punto de hacerlo. Aunque lo que más miedo me da es la poca capacidad de resolución, información y autoridad que se le ve a la OMS. En cada informativo, decía, nos dan el parte de esta triste guerra: países donde acaba de llegar el virus, número de muertos hasta la fecha, de afectados, de aislados por sospecha de tener la enfermedad, número de personas con las que han tenido contacto y que permanecen en cuarentena. Pero no dan los informativos la otra cara de esta triste moneda informativa, en la que, por cierto, se quejan y con razón los que de verdad saben de Sanidad que la gente le da misma la importancia informativa a un comunicado oficial del Ministerio de Salud de un gobierno solvente que al WhatsApp alarmista con un bulo que te acaba de poner un amigo para que lo pases. Con lo cual se demuestra una vez más que las nuevas tecnologías nos han llevado a una situación en la que la verdad y la mentira ocupan el mismo lugar, sin que nadie se tome el trabajo de comprobar la realidad con fuentes solventes.
En cada boletín horario de la radio nos meten más miedo todavía en el cuerpo al darnos el parte de guerra de esta batalla del mundo contra el coronavirus. Pero nunca dicen, y lo proclamo ahora, el número de beneficiarios del coronavirus. Porque haberlos, haylos. Es uno solo, y se llama Pedro Sánchez. Sánchez es el gran beneficiario del coronavirus. Mientras todos estamos hasta las mismas trancas de miedo con el coronavirus dichoso, pendientes del último enfermo dado de alta o del descartado como afectado por el jodido bichito «made in China»... Mientras la economía mundial se hunde, el mundo se detiene, caen los indicadores económicos, y tienen que cerrar las fábricas y las lineas aéreas suspenden trayectos a las zonas rojas de peligro de la enfermedad... Mientras los muy miedosos agotan las mascarillas en las farmacias, como si eso sirviera para algo... Mientras escuchamos los solventes consejos de lo que hay que hacer, venga a lavarte las manos y a no frecuentar aglomeraciones... Mientras todo eso ocurre y el coronavirus campa a sus anchas y nos rodea y cada vez lo tenemos más cerca, nadie se preocupa de lo que Sánchez y su Gobierno de coalición, aprovechando la psicosis colectiva, están haciendo con España, que empiezan a dejarla hecha unos zorros. Todo el mundo habla del virus, pero nadie de que Sánchez se ha rendido de hecho ante los sediciosos catalanes, y ha consentido que en Cataluña sea tratada España como un país extranjero. Que ya no se hable de golpismo, ni de Constitución, que los presos del independentismo ya estén en la calle y que el Gobierno acepte como lo más normal del mundo hasta el uso de inaceptables, por anticonstitucionales, palabras cual «autodeterminación» o «amnistía». Sánchez haciendo de su capa un sayo en la mesa de negociación con Cataluña, de igual a igual, y todos, indiferentes, mientras, muertos de miedo con el coronavirus. ¡Qué tío con más baraka!

Antonio Burgos.

Articulista de Opinión.
EN PRIMERA FILA.

¿Cuál es la dictadura?

El independentismo catalán, como movimiento tirano, cada vez se atreve a ir más lejos en la vulneración de derechos.

Ana I. Sánchez.

Actualizado: 03/03/2020 09:01h.

SI en nuestro país hay un movimiento totalitario es en Cataluña. Paradojas de la vida, el movimiento independentista es hoy justo lo contrario de lo que pretendía ser. Decía defender una mayor democracia y libertad para los catalanes pero intenta imponer su credo a la mayoría social constitucionalista mediante la persecución y las amenazas, tácticas de primero de dictadura. Promulgaba el pacifismo pero ha convertido la violencia en un eje de su estrategia, materia de segundo de dictadura. Los trazos de semejanza entre el independentismo y cualquier movimiento tirano afloran cada día. Desde los tintes xenófobos de Jordi Pujol con su descripción del andaluz como «un hombre poco hecho» hasta los de Joaquim Torra con su famoso retrato de los españoles como «bestias con forma humana». Desde el serio problema que tiene Gabriel Rufián con la libertad de prensa hasta la normalización de las agresiones a niños que pintan o llevan la bandera de España. El «nacionalismo» continúa dando pasos hacia el «nazionalismo».
El informe anual de «Catalunya somos todos» pone cifras a esta realidad confirmando que las violaciones de derechos y libertades siguen la preocupante tendencia creciente de los últimos años. En 2019, esta asociación contabilizó 660 preceptos legales vulnerados por el independentismo en una cuenta que solo incluye las noticias publicadas en los medios. Es decir, que la cifra total de ataques es superior porque ni todos los casos se denuncian ni todas las denuncias llegan a los informadores. Las cifras más que duplican las tasas de 2018 por la violencia desatada tras la sentencia que condenó a los líderes del procés.

Como ya se imaginarán, el delito favorito cometido por un secesionismo cada vez más agresivo es la coacción. Unas veces, para impedir actos de Cs, PP, Vox o incluso del PSC. Otras para impedir el uso del castellano como lengua. Los daños contra la propiedad ajena ocupan el segundo puesto en el modus operandi del independentismo radical pero no solo por los sucesos de octubre sino también por las frecuentes pintadas en comercios y casas de ciudadanos constitucionalistas como método de intimidación. A estos delitos siguen los desórdenes públicos, las lesiones leves, injurias, incitaciones al odio o atentados contra la autoridad. El informe confirma con crudos números cómo la llegada de la izquierda a La Moncloa lejos de aplacar los ánimos del independentismo le ha dado alas. Los secesionistas se atraven a vulnerar la ley cada vez más y de forma más grave. Y con ellos, con los pequeños dictadores que dicen que España es una dictadura, se ha sentado Pedro Sánchez sin exigir siquiera el final de la violación sistemática de los derechos y libertades de los catalanes constitucionalistas o el cumplimiento de la ley en todos sus ámbitos.

Poniendo por delante la condena a cualquier forma de fascismo, merece la pena reflexionar sobre estas palabras escritas por José Antonio Primo de Rivera hace 85 años: «La abierta rebeldía de la Generalidad de Cataluña contra el Estado español nos hace asistir a un espectáculo más triste que el de la misma rebeldía: el de la indiferencia del resto de España, agravada por la traición de los partidos, como el socialismo, que ha pospuesto la dignidad de España a sus intereses políticos». Una denuncia con tal actualidad que la mayoría de españoles asentirían al leerla. Para que luego se pregunte Rufián por qué sube Vox.

Ana I. Sánchez.

Corresponsal.
¿Ya empiezas a darnos la matraca? ¿Por què no metes tus periódicos completos en el foro? ¿No te das cuenta de que nadie comenta nada y de no activas el foro nada?
De momento tu ya has dado tu opinión, con eso ya sobra.
ENFOQUE.

Una farsa.

Salidas de prisión para trabajar.

Hughes.

Actualizado: 27/02/2020 23:46h.

La historia se repite, primero se manifiesta como tragedia y luego como farsa. No es una frase muy original, pero en España es así.

Un cúmulo de circunstancias ha propiciado un indulto encubierto a los líderes del golpe de 2017 que ya empieza a ser efectivo. Se dirá que lo permite el PSOE, pero es quedarse corto, porque sabemos sólo que ha sido una suma de circunstancias: la sentencia de un Tribunal, es decir, una estructura de poderes, y el ejercicio de unas competencias, es decir, una estructura territorial. Esta especie de indulto es, pues, el resultado del constitucionalismo del 78 tutelado por un gobierno del PSOE.

Y por escandaloso que resulte, tampoco será el primero. Azaña ya indultó a quienes proclamaron el Estado Catalán en 1934, Lluís Companys y sus colaboradores. Algunas diferencias hay, sin embargo. El golpe de Companys no era separatista, proclamaba un Estado Catalán dentro de una federación; entonces hubo muertos, ahora no, y Azaña se presentó a unas elecciones prometiendo amnistía, al contrario que Sánchez. Porque aquí encontramos un rasgo fundamental de lo que está sucediendo: el engaño, el subterfugio, el encandilamiento de los españoles. Azaña cumplía una promesa electoral, Pedro Sánchez la incumple.
El indulto de los golpistas catalanes ya es una costumbre en España. En 1931, Macià, fundador de ERC que había participado en el complot de Prats de Molló con el que pensaba invadir Cataluña desde Francia y por el que allí fue condenado solo a dos meses de cárcel, proclamó tras su estancia en Bruselas (nos suena) un Estado Catalán el 14 de abril. De ahí saldría otra negociación inmediata con el gobierno provisional de la Segunda República que daría como resultado el Estatuto de Autonomía catalán. Y aquí estamos de nuevo ante algo parecido pero diferente, incruento, por fortuna, pero quizás más grave. Cataluña buscaba empujar hacia la federalización de España. En la actualidad, la izquierda española admite fórmulas federativas y el Estatuto parece un lugar de salida ante unas pretensiones separatistas explícitas. Este proceso se parece al 34, pero coge maneras del 31 y encubierto con eufemismos como «diálogo» o «encuentro» repite la convergencia entre nacionalismo e izquierda que ya forzó el cambio de régimen en los años 30. Reaparece a modo de farsa, con personajes que cuesta tomar en serio, y un lenguaje equívoco y cursi con el que el español que quiera podrá aducir engaño. Lo que entonces no se aceptó se tragaría ahora envuelto en la larga melaza conceptual elaborada desde Rodríguez Zapatero.

Hughes.

Articulista de Opinión.
EL CONTRAPUNTO.

Sánchez abre La Moncloa al torravirus.

Mientras el centro derecha no construya una alternativa viable, no habrá vacuna democrática capaz de frenar la epidemia.

Isabel San Sebastián.

Actualizado: 27/02/2020 00:15h.

Un patógeno mucho más letal para España que el coronavirus penetró ayer bajo palio en el Palacio de la Moncloa, abierto de par en par para él por quien juró defenderlo de los ataques enemigos. Entró por la puerta grande, precedido de la pompa reservada a los más ilustres visitantes foráneos, con un despliegue de cámaras como jamás se había visto y la insignia autonómica catalana colocada al mismo nivel que la bandera de España en señal de sumisión. No en vano se trataba de una «reunión bilateral entre la delegación española y la delegación catalana», tal como reiteró el invitado en su posterior comparecencia ante los periodistas. Irradiaba satisfacción el inhabilitado okupa de la Generalitat desde que se había bajado del coche e iniciado su paseíllo triunfal al encuentro de un Pedro Sánchez entregado de antemano, quien salió a recibirlo como si de un gran mandatario extranjero se tratara, después de haber ordenado a los primeros espadas de su gobierno que colmaran de obsequiosidad al equipo independentista llegado unos minutos antes. La imagen revolvía las tripas.
Nunca un dirigente español se había humillado tanto públicamente, y menos ante un tipo de tan baja catadura moral e intelectual como Torra, alumno aventajado de Sabino Arana en lo que atañe al racismo, supremacista declarado, analfabeto lingüístico y delincuente condenado, que no pierde oportunidad de ofender a cuantos españoles amamos a nuestra Nación y respetamos nuestro Estado de Derecho. Ayer mismo lucía en la solapa ese lazo infame que constituye un insulto a la Justicia, sin que su anfitrión manifestara incomodidad alguna por tener que soportar esa afrenta. ¿Cómo iba a protestar si en el comunicado conjunto suscrito por ambos tras el cónclave se plegó a utilizar la expresión «seguridad jurídica» con tal de no mencionar las palabras Ley o Constitución? Se habría hincado de hinojos para besar los pies a su huésped si eso hubiera garantizado el «sí» de éste a los presupuestos.

Otros jefes del Ejecutivo incurrieron antes que él en el error de creer que amansarían a la fiera hablando con ella, cediendo, apaciguando, comprando, pagando en euros y soberanía, consintiendo y amparando la corrupción del «tres per cent», abandonando a su suerte a los catalanes hispanohablantes, así como a los constitucionalistas, o mirando hacia otro lado ante la apertura de embajadas y otros derroches causantes de un gasto desbocado, para después encubrir la quiebra mediante un fondo de liquidez que sufragamos a escote. De hecho, todos los predecesores de Sánchez cayeron antes o después en esa trampa, empujados por la soberbia. Pero al menos disimulaban. Ocultaban sus tejemanejes más sucios por sentido del pudor. Éste no se atreve ni a eso. Sus socios separatistas lo tienen tan cogido por los pantalones que le obligan a mostrar al mundo sus vergüenzas. Le orinan en la boca y él pondera la calidad del licor. Después, sus corifeos mediáticos alaban la «valentía» inherente a un «diálogo» destinado a resolver un «conflicto político», cuando la realidad es que está legitimando una intentona golpista y demostrando su inanidad, cobardía, impotencia y desesperación. Porque dudo que el líder socialista espere algo positivo de ese paripé orquestado a mayor gloria de los sediciosos. De ahí no saldrá nada más que oprobio o, a lo peor, rendición. El virus llamado Torra (Otegi, Puigdemont, Junqueras, Rufián, Urkullu, Iglesias) conduce a la destrucción de España, previa liquidación del régimen nacido de la Transición. Y, mientras el centro-derecha no construya una alternativa viable, no habrá vacuna democrática capaz de frenar la epidemia.

Isabel San Sebastián.

Articulista de Opinión.
VIVIMOS COMO SUIZOS.

La música escandalosa de los antitaurinos.

Lo de Estrella Morente en «Operación Triunfo» ha sido a la vez de puerta grande y de enfermería. Las dos Españas.

Rosa Belmonte.

Actualizado: 25/02/2020 00:09h.

Qué escándalo elogiar los toros en el prime time de TVE. Como si fuera la televisión sueca. Como si no estuviéramos en España. Ha causado tanta sorpresa como Tamara Falcó siendo católica. Qué extravagancia, siendo nosotros de tradición budista y rastafari. También es verdad que Bergamín se ha oído en «Operación Triunfo», algo inaudito. Qué coincidencia entre Estrella Morente y Cioran. A ninguno les importa o importaba la coherencia. Hace un año, cuando sacó su disco «Copla», no incluyó «Falsa moneda» porque «que de mano en mano va» le parecía ofensivo para la mujer. Pero también ponía pegas a «Capote de grana y oro» «por sus connotaciones taurinas». En una entrevista decía que le encantaban los toros pero que había gente a la que les ofendían. Entonces recordé que en el disco estaba «Madrina», que a ver si no iba de toros, ganaderas y toreros. Pero hete aquí (y ahí va lo de la bendita incoherencia) que se planta en OT el domingo, canta «Volver» y le añade unos versos de Bergamín sin que nadie lo supiera (ni audiencia ni producción ni Nia, que la acompañaba). Y la cosa ha sido, por un lado, de enfermería y, por otro, de puerta grande. Las dos Españas, etcétera.
Antes de empezar con «Yo adivino el parpadeo...» se marcó un «Ni el torero mata al toro,/ ni el toro mata al torero:/ los dos se juegan la vida/ al mismo azaroso juego. No trafiquéis con su alma./ No le perdonéis la vida/ al toro bravo en la plaza./ Que es humana cobardía/ robarle al toro su muerte/ a solas con su agonía». Pues como si hubiera cantado el «Mein Kampf» (claro, que le habría durado lo que una canción a Umm Kalzum). Las sales, las sales. Ejemplo tipo de español patidifuso y blandengue ante el agravio de la cantante, además de desconocidos de Twitter, fue Javier Calvo (la mitad de los Javis): «En realidad tengo que tuitear porque me parece tan fuerte la narrativa de la Morente y el toro que no sabría por dónde empezar». Ja, ja, ja, ja. «Tengo que tuitear». Es como un sketch de Joaquín Reyes. ¡La narrativa de la Morente! «No puedo parar de crear». Hace unos días, Maialen (qué nombrecitos, pudiendo llamarse Marisol o Conchita Bautista), Maialen, digo, otra de las concursantes, había hecho sus declaraciones en una conversación informal (no en la gala o en una entrevista) sobre los toros: «A un animal se le puede sacrificar con una inyección para que no sufra o metiéndole en una plaza haciéndole pasar un estrés del copón y clavándole banderillas mientras un montón de gilipollas están en una plaza bebiendo, fumando y descojonados». Y más: «Hostia, es que es muy nazi. Hay que ser muy psicópata. Y encima te vienen y te dicen que es que da mucho dinero». Mujer, te habrán dicho que mucha gente vive de eso. Vamos, que hasta el programa pidió perdón por los insultos a los aficionados a los toros. Había habido quejas a TVE de la Fundación Toro de Lidia y de unas 300 personas.

Como dice Chapu Apaolaza, los toros son el punk del siglo XXI. Bergamín sería Sid Vicious. A su gusto por los toros le podemos añadir su etapa de Fuenterrabía, donde simpatizó con el abertzalismo, quizá influido por Alfonso Sastre y Eva Foret. Colaboró en «Egin» y «Punto y hora». Menos mal que antes tuvo la obra literaria más extensa y variada de la generación del 27 (él prefería llamarla generación de la República). Y escribió «El arte del birlibirloque» (dedicado a Juan Belmonte) o «La música callada del toreo» (dedicado a Rafael de Paula). Estrella Morente será la Patti Smith de mediados de los 70. Pero sin bigote. Lo rebelde son los toros.

Rosa Belmonte.

Articulista de Opinión.
De lo mejorcito que tenemos, D. Carlos Herrera.
? Por qué le gusta a la rosa brlla que una mexicana diga kas bobadas que dice? Por supuesto que estamos mejor que en su país.
¿Que dices, madre que justita estás hoy.
El brutal asesinato de una niña de siete años en un barrio del sur de la capital mexicana obliga al Gobierno de México a tomar medidas urgentes sobre la violencia que vive el país. Después de seis días desaparecida, este fin de semana, el cadáver de Fátima Cecilia Aldriguett Antón fue encontrado en bolsas de basura y con señas de tortura. Este caso se ha convertido en el último símbolo de indignación de un país que cada día rompe los récords de la tragedia. En México mueren asesinadas 10 mujeres ... (ver texto completo)
Permite que te diga que estás muy limitada para hacer comentarios sobre estos desgraciados hechos, piensa, respira y luego suelta, justo, justo para no hacer ni caso a tus diatribas.