Foro Común


Mensajes de Opinión, repasando columnas enviados por Triana:

EL CONTRAPUNTO.

No da la talla.

El domingo hay que ir a votar en masa para impedir que repita el peor presidente de nuestra historia.

Isabel San Sebastián

Actualizado:

25/04/2019 00:25h.

Si algo han demostrado los debates televisivos es que Pedro Sánchez no da, ni de lejos, la talla exigible a un presidente de Gobierno. No tiene en la cabeza los datos de su propio programa electoral ni tampoco los referidos a las grandes cuestiones de Estado, como demuestra el hecho de que ni siquiera con las cámaras enfocándole fuese capaz de hilar una sola intervención sin leer la correspondiente chuleta. No tiene más argumento que el recurso fácil de acusar a sus adversarios de mentir, aunque únicamente él fuese pillado en un embuste flagrante al presentar la carta de queja de un ciudadano particular como «lista negra» elaborada por la Consejería de Sanidad andaluza. No tiene la menor capacidad dialéctica, ninguna en absoluto, lo que resulta terriblemente inquietante si pensamos en que se trata de nuestro máximo representante en las instituciones internacionales donde es menester defender los intereses de España. No tiene el valor ni la educación de mirarnos a los ojos y dirigirse directamente a nosotros, los gobernados, sino que baja la mirada y rehúye el contacto visual, alternando una actitud chulesca con el gesto característico de quien está acobardado. No tiene el coraje de reconocer sus propios hechos, como el pacto con separatistas que le llevó a La Moncloa o el que suscribió con Torra aceptando la humillación de un mediador para Cataluña... En definitiva, le viene inmensamente grande el traje de jefe del Ejecutivo, incluso cuando le amañan el combate diseñando el temario, los tiempos y las preguntas a su medida, además de salir la moderadora en su auxilio como ocurrió, más de una vez, en el encuentro de Atresmedia.

La posibilidad de que se proclame vencedor en las urnas un candidato socialista tan hueco, tan inane, tan desprovisto de atributos intelectuales o morales, tan inferior a cualquiera de sus oponentes, sea cual sea el parámetro por el que se les mida, únicamente obedece a una razón: la división del centro-derecha en tres partidos, dos de los cuales cometieron el martes el grave error de evidenciar sus desavenencias ante más de ocho millones de espectadores. Los desastres que puede acarrear la fragmentación del PP y la fortísima irrupción de Vox en el escenario están todavía por ver, pero amenazan con ser irreparables. Porque, aunque la formación de Abascal parezca irresistiblemente atractiva a un elevado número de españoles, no son menos quienes la ven con espanto y todos irán a votar el domingo, la mayoría al PSOE, con el fin de cortar el paso a lo que consideran la ultraderecha. Es una realidad que constatan las encuestas y se palpa en las conversaciones. La radicalización de la política y la aparición de Vox han movilizado a esa izquierda tradicional descontenta con la deriva antiespañola del sanchismo hasta el punto de abstenerse en Andalucía, que en esta ocasión, empero, no correrá el mismo riesgo.

Es de esperar por tanto una participación muy alta, todavía susceptible de deparar alguna sorpresa. Si hemos de dar crédito a los sondeos todo el pescado está vendido y Sánchez gobernará inexorablemente con el apoyo de Otegui, Junqueras, Puigdemont e Iglesias, pero si la euforia de los voxistas demuestra estar justificada, acaso su entrada triunfal en el Congreso no se produzca a costa del descalabro total del PP y/o Ciudadanos y muerdan algo en otros caladeros. Por eso hay que ir a votar en masa. Para armar una mayoría capaz de impedir que repita el peor presidente de nuestra historia.

Isabel San Sebastián.

Articulista de Opinión.
Acorralado.

Rivera fue el que más brilló de los cuatro, y Sánchez el que peor salió del debate respecto a cómo había entrado.

Ignacio Camacho.

Actualizado:

23/04/2019 04:11h.

El de anoche no era el debate que Sánchez deseaba, porque no estaba Vox, pero tampoco el que de ninguna manera quería, que era un mano a mano con Pablo Casado en el que éste resultase percibido como alternativa. En un cara a cara ganas o pierdes, atizas o te atizan. A cuatro, en cambio, más que un debate es un espectáculo y como además se trataba de una especie de eliminatoria a doble vuelta, la partida de ayer no era decisiva; queda margen para remontar el resultado de la ida. Lo peor para el presidente es que el enredo de los días previos le ha arrastrado a exponerse más de lo que pretendía y abordar problemas antipáticos que trataba de camuflar en su campaña evasiva. Para eso quería a Abascal como el quinto elemento, como contrapeso sobre el que cargar el espantajo de una derecha franquista; aun en su ausencia lo invocó cuanto pudo y sólo le faltó dirigirse, como el Tenorio, al fantasma del Comendador encarnado en una tribuna vacía. También faltaban Otegui y Junqueras, los brazos y los pies de Frankenstein, los que le sostienen la silla. Era una situación rara: había tres elefantes en la sala y ninguno estaba a la vista.

Si ganar un debate consiste en ser el que mejor exponga sus propuestas, el vencedor fue Albert Rivera. Entró en tromba contra Sánchez desde el primer segundo, planteó con claridad comprensible sus proyectos y le levantó el papel de jefe de la oposición a un Casado que en su deseo de demostrar seguridad, moderación y solvencia se mostró en ocasiones más atento a los datos, a las cuestiones técnicas y a las ofertas de su programa que a colocar al presidente contra las cuerdas. El candidato de Cs jugaba a arrebatarle al PP el liderazgo de la derecha y en cierto modo encarnó ese papel incluso con cierto aire de suficiencia. Resultó bastante eficaz al apelar al voto emocional, al del corazón, al que se moviliza en torno a España como idea. El mejor momento de la noche fue cuando entre ambos acorralaron al rival común con el indulto a los golpistas como herramienta para golpearle en el flanco donde ofrece una debilidad manifiesta. No respondió, pero sus excusas huidizas eran en sí mismas una respuesta.

En realidad, el presidente no contestó a nada; incómodo, sin apenas mirar a la cámara, forzado. Hubo momentos en que, sometido al doble fuego cruzado de sus adversarios, simplemente no compareció en la discusión, escaqueándose del toma y daca para evitar daños. Pablo Iglesias, agarrado de forma casi esperpéntica a la Constitución que quiere derogar, se le ofrecía como aliado pero la estrategia socialista no pasa por hablar ahora de pactos, y eso que el de Podemos parecía conformarse con algún ministerio secundario. De los cuatro, Sánchez fue el que peor salió respecto a cómo había entrado. Al final escurrió el bulto y envió a explicarse a Ábalos. Tiene otra oportunidad pero ya lleva en negativo el saldo.

Ignacio Camacho.

Articulista de Opinión.
Sánchez no puede escaparse vivo.

Casado y Rivera tienen el deber de impedir que el candidato socialista gane en las urnas engañando a los españoles.

Isabel San Sebastián.

Actualizado:

22/04/2019 01:10h.

El debate de esta noche puede dar la vuelta a las encuestas si Pablo Casado y Albert Rivera consiguen mostrar al público la auténtica naturaleza de Sánchez y hasta dónde está dispuesto a llegar. Deben despojar al personaje de su fachada falsaria, dejar al descubierto esa ambición desmedida por la que está dispuesto a traicionar los principios constitucionales sobre los que se asienta España y sacarle la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad, lo cual no es tarea fácil, pero tampoco imposible.

Rivera y Casado tienen una oportunidad acaso única, por más que el martes repitan en otra cadena, al tiempo que una obligación ineludible: la de impedir que el líder socialista derrotado, que pactó su silla presidencial con partidos filoetarras, separatistas y golpistas, pueda ganar en las urnas engañando a los españoles respecto de sus intenciones. El candidato del puño y la rosa no debe escaparse vivo de un careo que ha estado intentando eludir, a base de artimañas varias, hasta verse obligado a ceder ante las legítimas exigencias de una democracia renuente a ser avasallada. Sus interlocutores han de obligarle a contestar tres preguntas claves para el futuro de nuestra Nación, que por vez primera se enfrenta en unos comicios generales a varias fuerzas independentistas abiertamente decididas a romper su unidad y a un dirigente socialista débil, cobarde, ávido de poder y enfermizamente narcisista, cuya respuesta a ese desafío es ofrecer un «diálogo» extramuros de la Carta Magna y aceptar lo inaceptable con tal de salvar su poltrona.

- ¿Indultará a los cabecillas del golpe catalán acusados de rebelión por el Tribunal Supremo, en caso de que sean condenados?

- ¿Privará al pueblo español de la soberanía que le pertenece de forma exclusiva e indivisible, consintiendo la celebración en el País Vasco o Cataluña de algún tipo de consulta referida al futuro político de esas regiones?

- ¿Seguirá alentando la salida de asesinos terroristas por la puerta trasera del sistema judicial?

Si en algo coinciden los candidatos de PP y Ciudadanos es en su defensa cerrada de la España constitucional, por lo que no deberían mostrar fisura alguna en la tarea de forzar al socialista a poner sus cartas boca arriba. Si calla, como hizo María Jesús Montero ante Álvarez de Toledo y Arrimadas, estará confirmando las peores sospechas y nadie podrá quejarse de haber ido a votar a ciegas. Si niega, tendrán que empujarle a hacerlo de tal manera que después no pueda volverse atrás. Y si miente, que es lo más probable, la mentira quedará registrada en la videoteca y en la memoria colectiva con vistas a futuras citas electorales. No es que nuestra ciudadanía sea muy exigente con la palabra de sus políticos, acostumbrados a utilizar el embuste como herramienta habitual en su tarea, pero hasta nosotros tenemos un límite en lo que estamos dispuestos a tragar y un «dije digo donde digo Diego» le saldría muy caro al PSOE en las autonómicas y municipales de mayo.

Esta noche pasan a un segundo plano las propuestas sociales, la economía y hasta los impuestos, por mucho que duelan. El líder de un Podemos muy menguado, Pablo Iglesias, carece de otro interés que el de calibrar su grado de sumisión al «hermano Zumosol». En ausencia de Vox, que habría sido el mejor asidero de Sánchez para escudarse en la manida «derecha trifachita» (o «trifálica», según la definición de la ministra Dolores Delgado), los protagonistas indiscutidos del debate son Casado, Rivera y España. Confiemos en que ni uno ni otro le fallen a ella.

Isabel San Sebastián.

Articulista de Opinión.
TRIANA. Una vez más Carlos Herrera en su línea normal sin salirse por la tangente; es decir, al pan, pan y al vino, vino.

Un saludo.
Ángel, efectivamente así es, este hombre dice las cosas sin rodeos, o sea, como tu muy bien dices, al pan, pan y al vino, vino.

Un saludo.
¿Debates ha dicho?

El número de indecisos es tal que aventurarse en cifras categóricas de intención de voto es muy arriesgado.

Carlos Herrera.

Actualizado:

19/04/2019 00:17h.

¿Cuántos de todos los candidatos que encabezan listas electorales pueden ser presidente del Gobierno? Si respondemos desde la serenidad de los análisis medianamente sensatos y basados en diversas prospecciones, concluiremos que, salvo sorpresas inesperadas, solo dos. El 28 de abril a las ocho de la tarde sabremos si la suma de diversas fuerzas políticas permiten aventurarse hacia la investidura a Pedro Sánchez o a Pablo Casado. O el uno o el otro. El primero cuenta con ventaja en los sondeos y la posibilidad de pactar a su derecha y a su izquierda, por más que Ciudadanos se deslengüe negando esa posibilidad. El segundo puede pactar, como en Andalucía, con la gente de Rivera y esperar el apoyo de Vox. Cierto es que el número de indecisos es tal que aventurarse en cifras categóricas de intención de voto es muy arriesgado, y por lo tanto se impone cierta prudencia en los vaticinios, especialmente en aquellos que se hacen confundiendo los deseos con la realidad; pero, insisto, presidente será Sánchez o será Casado. Por lo tanto estoy con aquellos que consideran exigible un debate entre ambos candidatos, independientemente de otros que se puedan realizar, a cuatro, a cinco o a ochenta. Los ciudadanos tenemos derecho a confrontar programas e ideas de los dos posibles jefes del Ejecutivo, muy distintos el uno de otro.

Tenemos el mismo derecho que invocaba Sánchez en pasadas elecciones cuando reclamaba debatir con Mariano Rajoy, cosa que hizo y aprovechó para llamarle indecente. Ahora, con la ventaja declarada por la mayoría de encuestas, el señorito ha decidido no arriesgar, no debatir, no mostrar sus flancos abiertos, que son muchos, ni poner en peligro el discurso multicambiante que exhibe en función de sus estrategias. ¿Debates ha dicho? Según la despiporrante teoría de Carmen Calvo, el Sánchez que reclamaba debates era un candidato anterior y el que los niega ahora es un presidente de Gobierno, y, por lo visto, no son la misma persona. Así que todo el esfuerzo de los que quieren señalar las contradicciones y absurdos de la ejecutoria sanchista se han de quedar con un palmo de narices, ya que el candidato socialista ahora solo quiere debatir en TVE y con una fórmula cómoda. ¿Qué ha ocurrido para desmontar el que había acordado con Atresmedia? Que la Junta Electoral Central ha dicho que no debía estar presente Vox, ya que no tiene presencia parlamentaria y eso le supone a Sánchez una merma de argumentos gestuales para señalar a sus oponentes de derecha como un bloque caníbal y vociferante. Con lo que se ha escapado por la trampilla y ha negado posibilidad alguna de debate a dos y ha montado una pachanga en TVE a su gusto.

La JEC, todo sea dicho, ha tomado una decisión incompatible con el sentido común. ¿Quién es la Junta Electoral Central para decirle a una empresa privada a quién puede invitar o no a un programa suyo? ¿Quiere decir eso que mañana puede llamar a COPE e impedir que entreviste a Abascal por el hecho de no tener representación parlamentaria? Esta JEC es la misma que en un anterior debate sí permitió la presencia de Podemos a pesar de no estar en el Parlamento, utilizando el argumento de la «notoria relevancia política de la formación». ¿Por qué no ahora? Con todo, la JEC le ha hecho un gran favor a Vox, que basa su estrategia en arriesgar lo justo, permitiéndole ser víctima por un día. Y le ha creado un problema a Sánchez al quitarle de enfrente a su demonio ideal. Pero más allá de ello, convendría colegir que España precisa de un articulado reglamento que obligue a los candidatos a debatir entre ellos y, especialmente, a los dos posibles presidentes a mostrarnos sus ideas de forma confrontada. Lo contrario es dejar las cosas en manos de caprichosos jefes de campaña.

Carlos Herrera.

Articulista de Opinión.
TRIANA. Isabel San Sebastián dice cosas muy aplaudibles y nos recuerda que, en efecto, que cuando se quiere se aplica la ley del embudo. Al no participar VOX, Sánchez tendrá un enemigo menos. Eso es MIEDITIS... inflamación del miedo.
Ángel, el domingo seguro que algunos se llevarán una GRAN SORPRESA, ya verás, ya verás................., creo que Sánchez está muy "confiadito" junto con sus anteriores socios.
EL CONTRAPUNTO.

Fuero y huevo de un debate.

La Junta Electoral hurta a los españoles la oportunidad de evaluar por sí mismos a todos los candidatos, sin exclusiones ideológicas.

Isabel San Sebastián.

Actualizado:

18/04/2019 00:00h.

La Junta Electoral prohíbe la participación de Santiago Abascal en el único debate de líderes previsto en esta campaña, alegando que Vox carece de representación en el Congreso. Aplica con rigor digno de mejor causa una legislación que en este caso no es fuero, sino huevo, toda vez que la lógica democrática, la libertad de expresión y opinión, el derecho de los ciudadanos a una información plural y el mapa demoscópico que trazan todas las encuestas en estas elecciones cruciales aconsejaba una discusión abierta entre los cinco candidatos, todos ellos varones, por cierto, a pesar de la insistencia con que la izquierda usa y abusa de la palabra «mujer», atribuyéndose su representación.

Los árbitros de nuestros comicios no interpretaron la norma con igual dureza cuando se trató de acoger en la pequeña pantalla a los dirigentes de Podemos y Ciudadanos, en vísperas de las anteriores generales. Tampoco Pablo Iglesias y Albert Rivera encabezaban entonces formaciones que hubieran llegado al Congreso, pero bastó su presencia en el Parlamento Europeo para autorizar su participación en un debate similar a este. Porque de lo que se trata, en definitiva, es de proteger la calidad de nuestra democracia, dotar al pueblo soberano de elementos sobre los que fundar su juicio y brindar iguales oportunidades a cuantos partidos concurren a las urnas. ¿Contribuye a esos empeños la decisión anunciada ayer? No, por mucho que se asiente en un texto legal. Flaco favor se hace a la transparencia vetando en el escenario a un actor que, guste más o guste menos, desempeña un papel protagonista. La resolución huele por tanto que apesta a prejuicio ideológico, máxime considerando la manga extraordinariamente ancha que se ha tenido siempre aquí con grupos que abogan abiertamente por dinamitar la Constitución y romper la unidad nacional, que justifican la perpetración de un golpe de Estado en Cataluña, alientan actos de acoso al adversario o se niegan a condenar el historial terrorista de ETA, entre otras razones porque su cabecilla ha sido parte integrante de la banda.

La Junta Electoral hurta así a los españoles la oportunidad de evaluar por sí mismos la formación, capacidad, cultura, cintura y educación de quienes pretenden gobernarlos. Bien es verdad que tampoco estarán presentes en esa confrontación dialéctica los números uno del PNV, Bildu, JpCAT, ERC y Bildu, que son los que llevaron en andas a Sánchez hasta la Moncloa y probablemente tendrán la llave para repetir la jugada. Una pena. Habría resultado impagable ver al presidente socialista fingir discrepancias con sus socios separatistas y a estos recordarle ciertos favores pendientes de ser cobrados. En compensación por evitarse ese bochorno, al cabeza de cartel del PSOE se le fastidia la posibilidad de contemplar a sus adversarios del centro derecha pelearse entre sí, reforzando aún más la imagen de división que lastra sus candidaturas. Excluido Abascal, involuntariamente beneficiado por el papel de víctima que le ha regalado la Junta, es de esperar que Pablo Casado y Rivera actúen con inteligencia, como hicieron el martes Cayetana Álvarez de Toledo e Inés Arrimadas, evitando el cuerpo a cuerpo y centrando sus dardos en la ministra María Jesús Montero, cuya actuación produjo auténtica vergüenza ajena. Se le abren a una las carnes pensando que una persona tan carente de respuestas como sobrada de crispación pueda repetir mandato. Pero esa es exactamente la utilidad de los debates. Poder medir a los candidatos. A todos sin excepción.

Isabel San Sebastián.

Articulista de Opinión.
Por lo menos una DOCENA de veces, por lo menos, y ya veremos como acaba la tarde........................
Ángel, cuida, cuida, cuida, que te la vuelve a liar....... jejejeje, hay que leer cada cosa, madre, madre, cuanto valor hay que tener para soportar tanto sufrimiento.

Y buenas tardes se han quedado.
El moderado Sánchez.

Cuando leo que el timo de la estampita aún funciona, pierdo la esperanza.

José María Carrascal.

Actualizado:

17/04/2019 00:20h.

Como aquellos personajes de nuestra novela picaresca que cambiaban de oficio en cada capítulo -tomo la metáfora de Ortega-, Pedro Sánchez ha cambiado de papel, ahora va de moderado, de prudente, de sensato, de apaciguador. Como Chamberlain en Múnich intentando apaciguar a la fiera nacionalsocialista, se disfraza de mensajero de la paz y el honor, a base de gestos, sonrisas y omisiones cómplices. Pero a la fiera nazi ese proceder, en vez de apaciguarla, la excita, y pide más. Es como, en vez de paz y honor, Chamberlain tuvo guerra y vergüenza, como le anunció Churchill. Aunque hay una importante diferencia entre ambos personajes: Chamberlain creía en lo que decía. Sánchez no cree en nada excepto en cómo mantenerse en la cumbre, sin importarle medios ni personas. Ello le ha llevado a verdaderos desastres, como, al evitar ser defenestrado con una votación tras un biombo, fue descubierto y salió por la ventana. Pero también es verdad que nunca se rinde, y se puso a trabajar la militancia para resurgir rugiente, recuperando el liderato. Y no sólo eso, sino que se alzó con la presidencia del Gobierno por la puerta trasera del Congreso y La Moncloa. Quien le subestime se expone a las más desagradables sorpresas.

Ahora intenta captar a esa ancha masa de indecisos que no hace más que crecer según nos acercamos a las urnas, en vez de disminuir, como sería lógico. Sin hacer distingos entre seguidores de Podemos, Ciudadanos, PP e incluso Vox, gentes que no acaban de sentirse a gusto con ninguno, ofreciendo algo tan elemental como moderación, solidez, sosiego, confianza. Justo lo contrario que es, pues no hay candidato más impredecible, menos sólido, más sinuoso, menos de fiar, como demuestra a diario eludiendo el problema catalán, ignorando el tema indultos, evitando ruedas de prensa, buscando el apoyo incluso de sus grandes enemigos, como ha hecho con Vox, al incluirlo en el único debate televisado que ha aceptado, con la esperanza de que Abascal destruya a sus rivales más peligrosos, Casado y Rivera. Sin ofender nunca a quienes le llevaron a La Moncloa, los independentistas, dejando a alguna de sus sacerdotisas criticarles.

Naturalmente, puede salirle mal. Es demasiado primitivo, grosero, obsceno, y esos indecisos que corteja, el 28 de abril, furiosos, pueden enviarle a casa o quedarse en la suya. Pero hay demasiadas variables y queda todavía una semana larga, en la que puede pasar de todo, desde errores garrafales al regreso del sentido común, ausente hasta ahora en la campaña. Bastaría pensar que Sánchez ha llevado el nacionalismo catalán al paroxismo y revivido el más sangriento nacionalismo vasco, como acabamos de ver en Rentería, para saber con quién nos estamos jugando no sólo la hacienda, sino también la vida. Pues ETA sigue viva, no en los zulos, sino en los parlamentos Y cuando leo que el timo de la estampita aún funciona, pierdo la esperanza. Sólo me consuela que España se ha visto en peores situaciones, y existe todavía.

José María Carrascal.

Articulista de Opinión.
VIVIMOS COMO SUIZOS.

Cencerros.

Maite Pagaza mandó a los salvajes a leer a Hannah Arendt. Con Patria sería suficiente para sacarles los colores.

Rosa Belmonte.

Actualizado:

16/04/2019 00:16h.

El Viernes de Dolores contó Carlos Domecq que habían quitado los cencerros a los bueyes. Que a partir del Domingo de Resurrección se les volvería a poner. Ese respeto por la Semana Santa en una ganadería no se ha dado en la idea peregrina de convocar elecciones con días tan señalados en medio. Tan señalados que a Herrera, Alsina y Federico les ha dado igual y se han ido de vacaciones, como debe ser. Estábamos tan entretenidos con los salvajes de Cataluña que se nos habían olvidado los salvajes del País Vasco. Igual que cuando estábamos entretenidos con 1984 y lo que teníamos encima era Un mundo feliz.

Pero en Rentería reaparecieron esos seres. Las cacerolas de fondo parecían cencerros. Con estos bueyes aramos. Maite Pagazaurtundúa los mandó a leer a Hannah Arendt. Hombre, leer Patria sería suficiente para sacarles los colores. Además, no tengo claro que esos semovientes llegaran a entender Los orígenes del totalitarismo. Hay un libro más fácil de leer sobre la historia de España. Se trata de «Matanzas en el Madrid republicano», de Félix Schlayer, el diplomático que descubrió, entre otras, la masacre de Paracuellos. Hubo un momento en que quería intercambiar a la gente refugiada en las legaciones con personas del otro lado. Y como no conocía a ningún ministro comunista, que eran los únicos que se oponían, le recomendaron que hablara con La Pasionaria, que no veía el asunto muy bien pero tampoco muy mal. Prometió recomendar a «los camaradas ministros» la propuesta. «Del lobo, un pelo», le dijo (es decir, que ya que no podían agarrar al lobo entero, al menos se conformaban con agarrarle unos pelos). Ya acabada la conversación le preguntó cómo se imaginaba que «las dos mitades de España, separadas una de la otra por un odio tan abismal, pudieran vivir otra vez como un solo pueblo y soportarse mutuamente». Estalló su apasionamiento: « ¡No cabe más solución que la de que una mitad de España extermine a la otra!».

Lo del guerracivilismo hace tiempo que es una palabra con muchas capas de polvo y pintura, sin significado real, como fascista o glamur. Pero el odio o el rencor, que es peor, en toda esa gente que va a montarle un pollo a Cayetana Álvarez de Toledo a Barcelona (aunque ella se baste para dar mandobles) o a los de Ciudadanos en Rentería, recuerda demasiado a esa mitad de España (o un cuarto) que no tendría problema en exterminar a la otra (otro cuarto). Que si van provocando. Como en la sentencia de la minifalda. «He venido a provocar al totalitarismo en nombre de defensa de la democracia. Lo he hecho y lo haré para quedarme. Esa es la obligación de cualquier demócrata español», dijo Cayetana en el mitin con Aznar (¿de verdad es un activo?). Y ayer lo restregó en TV3.

Lo penúltimo de toda esta locura es el incidente de Valladolid. Vale que no tiene nada que ver con las elecciones porque se trataba de una manifestación a favor de la república el 14 de abril. Y qué casualidad que coincidieran por el mismo sitio. La procesión de La Borriquilla se vio alterada por un grupo de republicanos que increparon a los cofrades de la Preciosa Sangre. Les gritaron «kuklusklaneros» y «meapilas». Ya no se respetan ni las procesiones, ¿qué será lo siguiente? ¿Acabar con la mona de Pascua? Un español pensando en el Ku Klux Klan al ver a un nazareno… ¿Qué somos? ¿De Wisconsin? Es fácil pensar que habría dado igual si no hubiera habido campaña electoral porque el 14 de abril es el 14 de abril. Pero es el clima. Los bueyes volverán a llevar cencerro el Domingo de Resurrección. Nosotros, también.

Rosa Belmonte.

Articulista de Opinión.
EL CONTRAPUNTO.

Covadonga.

Solo en España la izquierda asocia la idea de nación a la derecha. Es lógico que el separatismo quiera que gane el PSOE.

Isabel San Sebastián.

Actualizado:

15/04/2019 00:25h.

Resulta muy molesto que un determinado partido pretenda apropiarse de la historia de España haciendo suyas las hazañas de nuestros héroes, pero más desagradable aún, y desde luego más incomprensible, es que toda una corriente política se empeñe en denostar ese pasado, tergiversarlo o llegar a negar acontecimientos cruciales, asociando de manera pueril ese formidable patrimonio común a una ideología que detestan mucho más de lo que aman a su patria. No solo es absurdo y letal para la consolidación de un proyecto de futuro compartido, sino que denota un grado de sectarismo impropio de gentes cultas.

Santiago Abascal dio el pistoletazo de salida a la campaña de Vox en Covadonga, en un intento evidente de establecer una relación directa entre sus siglas y la Reconquista, culminada tras ochocientos años de lucha con la unificación (o reunificación) de España y la recuperación de la identidad cristiano-romano-visigoda que había tenido Hispania antes de la invasión islámica. La democracia que disfrutamos hoy, así como la pertenencia a la Unión Europea, son dos de las bendiciones que debemos agradecer a ese empeño de nuestros ancestros por regresar a los orígenes, y la libertad inherente a esa situación permite a cada formación organizar su campaña como mejor le parezca. Yo lo respeto, aunque repito que no me gusta en absoluto ese intento de capitalizar con fines electorales un legado histórico propiedad de todos los españoles, del que personalmente estoy tan orgullosa como para haberlo novelado en tres de mis libros, el primero de los cuales fue escrito hace catorce años. He estudiado en profundidad esa época, he viajado a ella a través de todas las crónicas que han caído en mis manos, me he empapado de ese tiempo y ese entorno del Auseva (el monte Vindonio de los romanos, los actuales Picos de Europa) lo he recorrido, a menudo a pie, de norte a sur y de este a oeste... y si me enoja que alguien lo instrumentalice de forma interesada, mucho más me irrita la pretensión irracional de negar hechos innegables o considerar perjudiciales acciones y decisiones que nos convirtieron en lo que somos: una parte nuclear del entorno geopolítico más próspero, desarrollado, libre y paritario del mundo. Ese privilegio no es fruto de la casualidad, sino que responde a un esfuerzo sostenido durante siglos.

La batalla de Covadonga existió y supuso la expulsión definitiva del gobernador musulmán instalado en Gijón, se pongan como se pongan los «intelectuales» de la progresía, incluidos no pocos licenciados en Historia e insignes académicos de la Lengua que no aceptan la realidad de la Reconquista o la califican de «empresa insidiosa». ¡Claro que la leyenda ha impregnado después lo ocurrido hasta mitificar un suceso de proporciones mucho más modestas! ¿Qué nación no se forja embelleciéndose a sí misma? Ningún francés discutiría la grandeza de Carlomagno y ningún británico escupiría sobre los caballeros de la Tabla Redonda, por muy exagerada (o incluso imaginaria) que haya resultado ser su glorificación con el correr de las centurias. Únicamente en España la izquierda en bloque asocia el concepto de nación con la derecha franquista y se empecina en alimentar toda clase de leyendas negras. ¿A quién puede sorprender que PSOE y Podemos sean los favoritos de todos los separatismos? Si empiezan por abominar de lo que fuimos, es normal que acepten con naturalidad la idea de que dejemos de ser. Triste, grotesco y suicida, pero lógico. Que nadie se llame andana cuando, si las urnas se lo permiten, pasen de las ideas a los hechos.

Isabel San Sebastián.

Articulista de Opinión.
EL BURLADERO.

Cayetana en la Autónoma.

En Cataluña florecen los fascistas por los parterres de las ciudades.

Carlos Herrera.

Actualizado:

12/04/2019 00:08h.

Supongo que Cayetana daría por descontado la agresión de ayer en la Autónoma de Barcelona. Quiero decir, que sabía que antes o después esos «pijos y niñatos» le montarían un número del estilo que le han organizado al pretender encabezar un acto en el territorio sagrado del independentismo extremista catalán. Ser del PP, o constitucionalista sin más, en Cataluña y pretender mantener una agenda pública con normalidad es un sueño vano: cada día que pasa Cataluña es un espejo deformado en el que la realidad toma forma monstruosa, en el que nada se parece a lo que alguna vez quiso ser -y no digo que siempre lo fuera-, y en el que un bandolerismo intelectual particularmente violento toma reiteradamente el mando de la cotidianeidad. La Universidad contemplada en su dibujo general, en su totalidad en España, es un buen reflejo de la intolerancia ideológica de esa suerte de totalitarismo extremista que la izquierda radical personaliza hasta la nausea. Pretender dar una conferencia cualquiera en buena parte de las universidades públicas de España es poco menos que una tarea heroica si se tiene en cuenta el bloque violento de censores extremistas que se constituyen en comisarios políticos: ellos deciden quién es «fascista» o no y, por lo tanto, quien puede o no puede asistir con normalidad a un simple intercambio de ideas en territorio universitario, todo ello ante la actitud medrosa de los rectores y la complicidad cobarde de la mayoría. Ello se hace especialmente indignante en Cataluña, donde al matonismo del ámbito ideológico que personifica Podemos y alguna que otra excrecencia, hay que añadir el iracundo componente independentista que protagonizan las juventudes hitlerianas de la CUP. Digo hitlerianas como calificativo peyorativo, pero bien debería decir, y lo hago, estalinistas.

Hoy en día en Cataluña florecen los fascistas por los parterres de las ciudades. Nunca se vieron tantos. Si los que aseguran que son fascistas todos aquellos que no coinciden con la radicalidad maloliente del independentismo catalán echan, sin anteojeras, un vistazo a su alrededor, deberán llevarse un serio disgusto ante una realidad aplastante: en Cataluña abunda un fascismo desperdigado contra el que no hay, de momento, nada que hacer. Son millones los fascistas. Cuando menos lo son los que votan a PP, Ciudadanos y ya veremos a Vox. Si me apuran, hasta algunos de los votantes del PSC también. Es fascista Arrimadas por ir a dar un mitin a Vich. Es fascista Cayetana por ir a dar una charla a Bellaterra. Pero cuando Torra desobedece a la JEC o cuando los independentistas van de picnic a Madrid es simplemente libertad de expresión. Los que ayer acosaron, escupieron, empujaron e insultaron a la número uno de la lista de los Populares por Barcelona estaban, por lo que se ve, ejerciendo su libertad de expresión y preservando espacios públicos de Cataluña del fascismo que tanto prolifera por esos andurriales. Son el producto de años de educación en el odio y la intransigencia. Y son, además, el producto de la acomplejada y pacata incapacidad para la reacción del establishment catalán: escucharán o leerán muy pocas condenas a hechos como el descrito hoy por todos los medios, escucharán o leerán muy pocas reacciones categóricas -en forma de comentario editorial, por ejemplo, de los medios de comunicación catalanes- a lo que resulta un paisaje bastante habitual en el relato cotidiano de esa tierra condenada a sí misma, condenada a verse de buena mañana en el reflejo deformado, cóncavo o convexo, que le devuelve el cristal de cada día.

Cayetana, con todo, es difícilmente acoquinable. Es una mujer con reaños a la que pocos van a conseguir amedrentar. Puede que le hayan dado una visibilidad interesante, aunque maldito sea el método. Y ahora que pienso: es una mujer. ¿Tienen algo que decir las que siempre se callan cuando la agredida no es de izquierdas?.

Carlos Herrera.

Articulista de Opinión.
MADRE SANTA QUE TOCHOS DE TOTUM REVOLUTUM. así se puede decir todos los despropósitos y todas las mentiras que a uno le dé la gana mientras no sean sobre la derecha. Vergúenza de foro. Què pena!
Vergüenza de foro, no, no, al foro se le respeta, vergüenza la suya para decir lo que le da la gana, ¡sea respetuosa con este foro y todos los que participamos!
Tezanos.

Tezanos puede producir el efecto contrario al previsto debido precisamente al miedo que causa lo que anuncia.

José María Carrascal.

Actualizado:

10/04/2019 00:45h.

José Felix Tezanos es un genio o un zote. Cabe también la posibilidad de que no sea una cosa ni la otra sino un fiel servidor de su amo, al que ofrece lo que espera de él. E incluso que sea un gracioso, que goza riéndose de los demás. Todas esas cosas y alguna otra puede ser el director del CIS, con su famosa encuesta de 10.000 entrevistados. Porque para sacar la última sobre las próximas elecciones generales dando al PSOE el doble de escaños que al PP, con la posibilidad de alcanzar la mayoría absoluta unido a Ciudadanos o Podemos, mientras PP, Ciudadanos y Vox se quedan diez escaños cortos, después de la costalada que se dio en Andalucía, hace falta tener mucho arrojo, mucha imaginación, mucha cara o mucho sentido del humor. Aunque los malpensados que nunca faltan dirán que es un agente del PP.

El resto de los encuestadores nadan y guardan la ropa. Con buenas razones, pues la carrera está tan clara en la salida como complicada en la meta. Sánchez arranca con una clara ventaja, Casado supera a Rivera, que a su vez gana a Iglesias, mientras éste siente en el cogote el aliento de Ábalos. Pero ninguno es capaz de sacar los 176 diputados necesarios para ser elegido presidente a la primera. Habrá que pactar, algo nada fácil con los vetos que se han puesto. Ciudadanos es objeto de deseo tanto de socialistas como de populares, pero el no rotundo de Rivera al PSOE de Sánchez priva a éste de su aliado ideal, no sólo por el número de escaños, sino porque le permitiría defenderse de la mayor acusación contra él: su connivencia con el separatismo catalán, mostrada en varias ocasiones, en especial al aceptar las 21 demandas que le entregó Torra en Pedralbes. A lo que se añade su pasividad y silencio ante los insultos, incluido el de « ¡nazis!», de un parlamentario de Bildu, brazo político de ETA, a guardias civiles y policías nacionales. Algo que puede costar muy caro en el resto de España. De ahí que Sánchez haya salido con un rotundo «No habrá referéndum ni independencia en Cataluña» para tapar esa vía de agua, pero le privará de su apoyo si los necesita.

Tampoco hay que olvidar que estas elecciones no se parecen a ninguna de las anteriores. El bipartidismo que venía reinando en nuestra escena política se rompió al surgir dos nuevos partidos, Podemos y Ciudadanos, que succionaron votos a PSOE y PP. Por si fuera poco, ha surgido otro, Vox, que los succiona a todos por su vehemencia y frescor. No va a ganar, pero puede hacer perder a alguno y herir a otros, seguro. Únanle el procesamiento de treinta altos cargos de la Generalitat por colaboración con el 1-O, que los indecisos son todavía el 25 por ciento y que esta vez va a votarse más contra que a favor de alguien, y tendrán que Tezanos puede producir el efecto contrario al previsto debido precisamente al miedo que causa lo que anuncia.

José María Carrascal.

Articulista de Opinión.
VIVIMOS COMO SUIZOS.

Por encima de los chistes.

A Ortega Lara no lo puede humillar una gracieta que, además, no tiene pretensión de ofender.

Rosa Belmonte.

Actualizado:

09/04/2019 00:29h.

Aun hombre que ha estado secuestrado en un zulo 532 días no le pueden humillar con un chiste. Cristina de Suecia se hizo construir un cañón de quince centímetros con diminutas balas de hierro que se guarda en el Museo del Ejército de Estocolmo. La reina Cristina, tan lista, tan alumna de Descartes, quería matar pulgas a cañonazos. Las cabezas. Ortega Lara es una víctima verdadera. Su sufrimiento sí es fuente de autoridad moral, no como el de algunos mamarrachos. Y ese sufrimiento le hace estar por encima. No va a venir un humorista a derribarlo con chistes sobre cajas y lofts que lo único que pretenden es hacer gracia, la hagan o no. No voy a ir con la tabarra de los límites del humor. No existen. En este caso existe el artículo 578 del Código Penal. A propósito de los chistes de Guillermo Zapata sobre Irene Villa, el juez Pedraz creyó que lo del cementerio de las niñas de Alcasser y los repuestos no integraba ni una conducta especialmente perversa ni se daba el dolo específico ni se había humillado a la víctima (la ausencia de humillación la certificaba la propia Villa). Era humor negro. Según Pedraz, perseguir esos comentarios podría generar una tendencia contraria a la libertad de expresión y una amenaza para los principios y garantías del Estado de Derecho. Es verdad que a Cassandra Vera la condenó absurdamente la Audiencia Nacional. Pero la absolvió el TS.

Movistar + retiró el programa de «La resistencia» donde se contaban los chistes sobre Ortega Lara. Hay una especie de efecto Streisand con estas cosas. Tras la denuncia de Dignidad y Justicia y la retirada del espacio por la empresa ya que, dice, no se ajusta «a los principios de Movistar+», lo ha visto una cantidad de gente que ni se habría enterado. Dice David Broncano de Iggy Rubín (el cómico) que «no se puede ser mejor persona». No lo conozco pero me lo creo.

Lo más molesto en supuestos como este es la matraca de la libertad de expresión. De la falta de libertad de expresión. Vamos, anda. Por saltarme al cansino Franco, no hay más que acordarse del derecho a escribir mal que Isaak Bábel invocó en 1934 en el Primer Congreso de Escritores. Sobre el derecho a escribir mal depende el derecho a escribir. Sin salir de esa siniestra URSS, Anna Ajmátova. Tiene narices que Stalin estuviera tan interesado por la poesía y siguiera las actividades de Ajmátova. También le gustaba Walt Whitman. Cuenta Martin Puchner en «El poder de las historias» (Crítica) que ser objeto de la atención de Stalin era un arma de doble filo. Por un lado, pudo escribir a Stalin para suplicar por la vida de su hijo detenido en 1935 (fue liberado). Por otro, su capacidad de escribir y publicar estaba restringida. Así que Ajmátova fue memorizando su famoso poema «Réquiem» (hablaba de mujeres y madres acudiendo a diario a las puertas de la prisión para ver si sus seres queridos estaban vivos o muertos). Lo memorizaba ella y sus amigas más íntimas. Ajmátova hacía continuas revisiones y se aseguraba de que las otras recordaran la versión actualizada. Eso son amigas. Hasta 1963 no se editaría «Réquiem» por primera vez. Y en forma de tamizdat, una especie de autopublicación de la era pre-Gutenberg, como Ajmátova llamaba a aquel periodo. Ajmátova se lo recitó antes a Solzhenitsin. El que dijo a Íñigo que qué íbamos a tener aquí una dictadura. Benet prefería verlo en el gulag. Lo último. «El Mundo Today» tituló ayer: “Movistar Plus retira de su catálogo «A dos metros bajo tierra» por si puede ofender a...». Ya saben a quién. Demonios, los humoristas no son los malos.

Rosa Belmonte.

Articulista de Opinión.
Dime con quien andas.

Pedro Sánchez no el «centro», es el que miente mejor. No poco en nuestros días.

José María Carrascal.

Actualizado:

08/04/2019 00:20h.

Pedro Sánchez alardea de ocupar el «centro, abandonado por Ciudadanos y el PP, para unirse a Vox, la extrema derecha». Resulta tan curioso como significativo que la izquierda nunca hable de «extrema» al referirse a Podemos, tan radical como Vox o más. Pero es la única referencia que le queda tras perder la «libertad, igualdad y fraternidad» clásicas. Que Sánchez no ha ocupado el centro, sino que se aleja cada vez más de él, lo demuestran los pasos que ha dado últimamente: se reunió con los ultra separatistas, como Torra. Aceptó los 21 puntos que le entregó, buena parte de ellos anticonstitucionales, ocultándolos hasta que ellos los hicieron públicos. Buscó el apoyo de Iglesias a sus presupuestos y de Otegui, para sacar adelante sus decretos ley. Los 110 puntos de su programa electoral no incluyen ninguna referencia al problema catalán. Se escabulle cada vez que le preguntan si indultará a los líderes separatistas, de ser condenados. No ha tenido el menor inconveniente en gobernar con el apoyo de Bildu y de la CUP. Ni chistó cuando Iceta sugirió conceder la independencia a Cataluña si lo pide el sesenta y cinco por ciento de aquel electorado. Ni cuando, en el Parlamento vasco, los diputados socialistas no lo abandonaron al llamar nazis los proetarras a las Fuerzas de Seguridad del Estado. Ha comprado los votos del PNV con transferencias de dinero y de poder. Si esto es ser el «centro» yo soy el rey de la China. Y aquí vienen bien dos sentencias de nuestro rico refranero: «Dime con quien andas y te diré quién eres» y «el que calla otorga».

No quiere ello decir que Sánchez sea extrema izquierda. Ni siquiera, de izquierdas. Es, como les he dicho más de una vez, sanchista, lo que significa que su único plan es permanecer en La Moncloa el mayor tiempo posible, el Falcon incluido. Hará todo lo necesario, e incluso lo innecesario, para lograrlo. De ahí que haya tanteado la aproximación a Ciudadanos para cubrir su flanco más vulnerable: Cataluña. Lo ha hecho, sin embargo, según su táctica de capitán araña: lanzar a otro que lo sugiera: Ábalos, su segundo. Pero Rivera, que se encuentra en situación bastante más apurada que la suya, sabe que la sola sospecha de que pudiera aceptar tal pacto sería suicida para él, ha rechazado tajantemente, no una sino varias veces, un acuerdo no ya con Sánchez, sino con el PSOE. Algo muy arriesgado en política, que hace extraños compañeros de cama. En cualquier caso, lo único seguro cara al día 28 es que nada es seguro, Las variables son tantas y los actores tan débiles, que los vencidos pueden resultar vencedores y los vencedores, vencidos, como en Andalucía, o no. Queda mucho partido, como dicen los cronistas deportivos, y muchos electores indecisos. Se votará más «contra» que a «favor», es decir, el mal menor, por la sencilla razón de que ningún candidato se ha ganado la confianza de la mayoría y, desde luego, Pedro Sánchez no el «centro», es el que miente mejor. No poco en nuestros días.

José María Carrascal.

Articulista de Opinión.
Sánchez se rinde a Bildu.

Pido a PP, Ciudadanos y Vox el compromiso expreso de instar a la Fiscalía a actuar contra esa aberración democrática.

Isabel San Sebastián.

Actualizado:

08/04/2019 00:16h.

Cuánto asco sentí el pasado jueves al presenciar la vomitona protagonizada por un tal Julen Arzuaga en la cámara autonómica vasca. A gritos, con la violencia inherente a su condición de heredero del brazo político de ETA, ese energúmeno escupió a placer su odio contra la Guardia Civil y la Policía, que en defensa de nuestras libertades han enterrado a más de quinientos compañeros alevosamente asesinados por los pistoleros etarras. Los denominó «lobby asqueroso», «genocidas», «nazis» y otras lindezas semejantes, tanto más infames cuanto decisiva ha sido la actuación de esos dos cuerpos en la lucha contra el terrorismo. Y es que probablemente ese fuese el motivo de su ira: la certeza de que, sin el trabajo ejemplar de esos agentes, sus colegas del tiro en la nuca habrían llegado a imponer su tiranía sanguinaria y consagrado a EH/Bildu como el amo del país, sin tener que contemporizar ni siquiera con el PNV.

Arzuaga estaba henchido de la soberbia que nace de la victoria. El Parlamento que ensucia con su presencia se disponía a votar una ley eufemísticamente bautizada como «de abusos policiales», que en la práctica equipara a las víctimas del terrorismo con sus verdugos. Una ley aprobada con el respaldo explícito del PSOE y la oposición insuficiente aunque honrosa de PP y UPyD, que constituye una vergüenza para la memoria histórica, la decencia, la verdad y la democracia. Una ley casi idéntica a la ya vigente en Navarra, humillante no solo para los policías, los guardias civiles y las personas directamente afectadas por la lacra terrorista, sino para cualquier español bien nacido.

No es de extrañar que Otegui, condenado por secuestro y pertenencia a banda armada, se muestre exultante, presumiendo de condicionar la política nacional. Puede hacerlo. El «sí» de sus representantes en el Congreso ha sido crucial para sacar adelante los últimos decretazos «sociales» con los que el presidente trata de sumar papeletas el próximo 28-O, y es probable que vuelva a serlo en una eventual investidura. Sánchez no hace ascos a nadie. Ni a populistas, ni a golpistas, ni a separatistas declarados, ni siquiera a terroristas convictos. De modo que si es menester suplicar el apoyo del cabecilla etarra y pagarle un oneroso tributo, lo hará, como acaba de demostrar rindiendo a sus pies el honor de nuestras fuerzas de seguridad.

Y pensar que puede volver a ocupar el despacho de La Moncloa...

Si en la política española de los últimos años hubiese existido dignidad, si nuestros gobernantes se hubieran atrevido a aplicar la Ley de Partidos, Eh-Bildu sería a día de hoy ilegal. Porque el objetivo de esa ley es «garantizar el funcionamiento del sistema democrático y las libertades esenciales de los ciudadanos, impidiendo que un partido político pueda atentar contra ese régimen democrático de libertades, justificar el racismo y la xenofobia o apoyar políticamente la violencia y las actividades de bandas terroristas». ¿Y qué otra cosa han hecho los bildutarras sino rentabilizar en las urnas el terror, el éxodo y la muerte causados por una banda cuyos crímenes jamás han condenado? «Se entenderá que en un partido político concurren las circunstancias para ser ilegalizado cuando brinde apoyo político expreso o tácito al terrorismo, legitimando las acciones terroristas para la consecución de fines políticos o exculpando y minimizando su significado y la violación de derechos fundamentales que comporta». O sea, el retrato de Bildu. Desde aquí pido a PP, Ciudadanos y Vox el compromiso expreso de instar a la Fiscalía a actuar contra esa aberración democrática.

Isabel San Sebastián.

Articulista de Opinión.
DIARIO DE CAMPAÑA- OPINIÓN.

El verdugo siempre llama dos veces.

La sobreactuación de Otegi no busca cooperar con Sánchez sino intoxicar la campaña socialista.

EL PAÍS.

RUBÉN AMÓN.

8 ABR 2019 - 09:57.

La rehabilitación de un delincuente expresa la de la piedad de la Constitución en su naturaleza constructiva y hasta en su voluntarismo, pero el esfuerzo de la reinserción no justifica la arrogancia y la obscenidad con que Arnaldo Otegi interpreta su incorporación insolente a la vida política.

Hace de ella un espacio de derecho propio, de despecho y de resarcimiento. Otegi ha cumplido con la justicia. Ha pagado en prisión su pertenencia a ETA. Y tiene toda la legitimidad para recuperar su vida. El problema es que pretende hacerlo en las instituciones desde una posición vengadora y hasta justiciera. Más o menos como si las armas, la cárcel, los crímenes, los años de plomo representaran el antecedente necesario, inevitable, preliminar, de la lucha política convencional.

Un etarra se puede rehabilitar, pero la deontología política y la ética deberían contraindicar el ejercicio de todas aquellas funciones que impliquen ejemplaridad y compromiso de convivencia. No debe dedicarse a la cosa pública quien la intimida con la serpiente de la paz. Otegi aspira al cargo máximo del cursus honorum de Euskadi. Quiere ser lehendakari cuando expire la inhabilitación. Blanquear en las urnas el historial homicida del terrorismo etarra. Redimirse y retorcerse en la democracia que él mismo saboteó y quiso reventar.

Es la razón por la que se ha propuesto sobreactuar con la relevancia de Bildu en el tablero nacional. Las peculiaridades aritméticas de la Diputación Permanente le han permitido proponerse como un aliado imprescindible de Sánchez. No para ayudarlo, sino para retratar la corpulencia de la extorsión soberanista y para intoxicar la campaña del PSOE.

Otegi ofrece la mano del verdugo. Más la acerca a Sánchez, más lo expone al oprobio de la oposición y a la sensibildad de los votantes que tienen memoria de la atrocidad etarra. La alianza que Bildu y Esquerra Republicana han urdido en las elecciones generales definen un cordón sanitario que el líder socialista no puede permitirse transgredir, ni si quiera como pretexto de la investidura.

Puede entenderse así el alborozo con que Sánchez se rodea de banderas españolas y se desentiende de las antiguas veleidades hacia el independentismo. Una campaña de amnesia que abjura de la pluralidad de naciones y que se recrea en el fervor de la unidad territorial. Sanchez viene a decirnos que la mejor forma de sustraerse al chantaje del soberanismo es un resultado electoral generoso, imponente, cuya traducción en escaños convierta en innecesarios los acuerdos con los partidos rupturistas.

Otegi no se ha quitado el pasamontañas. Lo lleva puesto conceptualmente. Ningún acuerdo postelectoral salubre puede concebirse entre sus manazas de sayón y el cinismo sórdido de Junqueras. Es una vía muerta. O lo sería si no fuera porque a veces las franquicias socialistas de Euskadi y Cataluña se disfrazan de guardagujas.
¡Cuanta tontería hay que leer!
Èsto tiene un fondo màs profundo Isabel.

JOSÉ MARÍA IZQUIERDO 29/03/2019 - 06:48 h. CET
Convendría no minimizar la gravedad de los actos llevados a cabo por esa llamada policía patriótica, que en realidad no era otra cosa que una pandilla de desalmados que con el dinero de todos nosotros, aupados a cargos de enorme responsabilidad, se inventaban delitos y delincuentes para mayor gloria de su partido, el PP de Mariano Rajoy. Lo hicieron con varios políticos catalanes y volvieron a hacerlo con ... (ver texto completo)
Nada, nada, todo esto es para tapar las miserias del gobierno inepto del señor Sánchez.
Titanic.

Estamos a veinticuatro días de chocar contra el iceberg. O Sánchez hunde al PSOE o arrastra al abismo a España.

Isabel San Sebastián.

Actualizado:

04/04/2019 00:40h.

Es preciso agradecer a Isabel Celaá las carcajadas que nos ha regalado al explicar el lema de la campaña sanchista. Los compañeros encargados de cubrir sus ruedas de prensa no daban crédito el lunes a lo que oían, al escuchar de sus labios la reivindicación entusiasta de ese eslogan, «haz que pase», plagiado, cómo no, del empleado por una conocida marca estadounidense de cosméticos. Un periodista llegó incluso a pedirle tímidamente que repitiera lo dicho, temiendo no haber entendido bien. « ¿No os gusta?», respondió la ministra, cual adolescente lánguida. « ¡Es precioso, es de “Titanic”!».

Gloriosa referencia donde las haya.

Más allá del pitorreo generalizado desatado de inmediato en la sala de prensa, los hilarantes memes colgados en redes sociales (con Sánchez en el papel de Leo di Caprio y Torra en el de Kate Winslet) y la reacción de la oposición sacando punta a la ocurrencia, lo cierto es que el trasatlántico siniestrado en el viaje de su botadura refleja a la perfección lo que cabe esperar de las generales convocadas el 28 de abril: o se hunde el PSOE, con su líder amarrado al timón, o arrastra al abismo a España. Esas son las alternativas. En cualquiera de los casos, Titanic es una metáfora impecable. Un nombre que trae automáticamente a la cabeza la imagen de un hundimiento. Los artífices de la propaganda socialista no habrían podido encontrar mejor modo de sintetizar nuestro futuro.

Estamos a veinticuatro días de chocar contra el iceberg. Lo que no sabemos aún es si la colisión la sufrirá el actual inquilino de La Moncloa o si será la Nación quien se estrelle contra la montaña de hielo. Pero uno de los dos sucumbe. Eso es seguro. Esperemos, por el bien de todos, que el electorado acierte en su elección de la víctima.

Basta ver los compañeros de viaje con los que ha llegado hasta aquí el candidato del puño y la rosa para presagiar, sin miedo a errar, quiénes serían sus muletas en caso de conseguir sumar una mayoría parlamentaria suficiente para gobernar: Podemos, muy venido a menos en términos de peso electoral, aunque firmemente determinado a entrar en el Ejecutivo y cobrar un precio alto por su apoyo imprescindible; separatistas catalanes y vascos, conscientes de que jamás volverán a tener una oportunidad como esta para consumar sus planes rupturistas, y, como guinda del vomitivo pastel, la voz de ETA, Bildu, cuyo respaldo manchado de sangre no provoca repugnancia alguna al cabeza de cartel sobre cuyo rostro se escribe la «original» consigna de marras. Si pasa lo que ellos quieren que pase, lo que nos invitan a propiciar con esa apelación al voto, se producirá un desastre de proporciones históricas. Una tormenta perfecta, tanto política como económica, de consecuencias similares a las descritas en la película que tanto gusta a Celaá.

Lo otro que puede ocurrir, si la elección de papeleta acaba obedeciendo a un acto de la razón y no a un impulso de las tripas, es que sea la nave capitaneada por Sánchez la que termine yéndose a pique para una larga temporada. El daño causado por la ambición desmedida de este personaje a sus propias siglas es de tal magnitud, que no resistiría a la pérdida del poder. Él lo sabe, sus asesores más cercamos lo saben y sus socios potenciales lo saben. Por eso presentarán una factura desmedida que él pagará gustoso con tal de sobrevivir. Hagamos que eso no pase. Pasémosle a él, cuanto antes, al desván de la memoria.

Isabel San Sebastián.

Articulista de Opinión.
Sánchez compra votos.

El presidente paga legalmente cada viernes con dinero público y ofrece entregar, además, nuestra soberanía.

Isabel San Sebastián.

Actualizado:

01/04/2019 00:12h.

Pocos presidentes del Gobierno han escapado a la tentación de utilizar el dinero del contribuyente para afianzarse en la poltrona, aunque ninguno con tanto descaro como su actual ocupante, a menos que incluyamos en el cómputo a los del turnismo decimonónico. Pedro Sánchez no envía a sus agentes a los colegios electorales con la misión de remunerar en monedas o billetes cada papeleta del PSOE introducida en la urna, pero recurre a los «viernes sociales» para lograr el mismo propósito de manera no solo legal, sino jaleada por una fanfarria mediática destinada a multiplicar su rentabilidad electoral. Los fondos con los que se sufraga la fiesta proceden de nuestros bolsillos, por supuesto. De lo que ya se nos ha esquilmado y de la deuda astronómica que habrán de afrontar nuestros nietos. El beneficio, por el contrario, tiene nombre y apellidos: Partido Socialista, antes obrero español, hoy «independe-sanchista». Porque esta práctica obscena de comprar legalmente votos no parece bastar a quienes usan y abusan de ella. Por si no resultase suficientemente inmoral en sí misma, el sanchismo gobernante ofrece pagar, además, con nuestra soberanía; la que la Constitución atribuye de forma exclusiva e indivisible al conjunto del pueblo español, por mucho que Iceta y él se ofrezcan a trocearla con el propósito de ganarse el favor del separatismo.

No hay Consejo de Ministros sin regalito incluido ni dádiva que no se cuente en cifras de más de seis ceros. La penúltima, una lluvia de empleo público de 11.300 nuevas plazas, más 8.000 de promoción interna, a ver si el colectivo de funcionarios, determinante por su amplitud, se decanta en las generales por la candidatura del puño y la rosa. El gasto de las distintas administraciones en dicho concepto alcanza ya máximos históricos, próximos a los 130.000 millones de euros, pero mientras haya crédito, no hay límite al despilfarro. Al fin y al cabo, según la doctrina sentada por la actual vicepresidenta, Carmen Calvo, en mayo de 2004, «estamos manejando dinero público y el dinero público no es de nadie». A fe que ella y sus colegas honran, cada semana, esta íntima convicción tan ventajosa para ellos como desastrosa para los demás. Y suma y sigue. Nuevos e incrementados subsidios a los parados de larga duración (un inequívoco desincentivo a la búsqueda de un trabajo), atractivos programas de viajes del Imserso, ampliación del permiso de paternidad… una catarata de obsequios que en conjunto nos costarán más de tres mil millones, cargados al socorrido déficit. Pólvora del rey que recaerá inefablemente sobre nuestras espaldas, vía impuestos, para que don Pedro «el guapo» pueda seguir disfrutando del despacho que tanto le gusta. Ya se vislumbran en el horizonte nuevos gravámenes infligidos a los sufridos autónomos, cuya capacidad de defensa es limitada o nula. Seremos los primeros en pagar, pero acabaremos pagando a escote, no les quepa duda.

Con todo, lo más grave es, de lejos, lo otro. Esa disposición a vender la indisoluble unidad de la Nación española, en un plazo de diez o quince años, anunciada sin rubor por Iceta al reconocer la intención de convocar un referéndum de autodeterminación en Cataluña cuando así lo demande una mayoría cualificada de los catalanes. Un proyecto traidor, claudicante ante el secesionismo, que deja chico el apaciguamiento ensayado hasta ahora por los sucesivos presidentes, para ceder de lleno a las exigencias de los (presuntos) golpistas sentados en el banquillo. Una confesión abierta, matizada después en vano, tremendamente reveladora de cuál es la hoja de ruta. Que nadie se llame a engaño cuando sea demasiado tarde.

Isabel San Sebastián.

Articulista de Opinión.
La España que no importa.

Dicen apoyar a la España vacía y escuchar sus lamentos mientras pretenden quitarle peso e influencia en el Congreso.

Ignacio Camacho.

Actualizado:

01/04/2019 08:51h.

Saben que están ante su penúltima oportunidad y que de desperdiciarla quedarán condenados. A la despoblación, a la soledad, al aislamiento, al desamparo, a la definitiva extinción de un modo y de un medio de vida que lleva décadas agonizando. Por eso ayer desfilaban por Madrid bajo la tardía lluvia de marzo buscando la manera de que la España urbana se digne concederles un poco de atención y de espacio. Es ahora o tal vez nunca porque estas elecciones se van a decidir en esos territorios ya casi abandonados, en las circunscripciones rurales que se reparten un centenar de escaños y donde vuelve a escenificarse la disputa del voto del señor Cayo. Si será antiguo el drama que la novela de Delibes tiene ya cuarenta años y aún resulta actual la historia de los candidatos que recorren las tierras semideshabitadas de Castilla para granjearse la confianza de unos pocos ancianos. Porque prácticamente nada ha cambiado; al contrario, la crisis ha envejecido aún más las comarcas interiores y ha acentuado su invierno demográfico. Y aunque las capitales de provincia se hayan modernizado, aunque la agricultura haya vivido un proceso de reconversión eficaz y rápido, el eje político y social de la democracia continúa sin pasar por el campo. Eso significa que se desmorona el empleo, que desaparecen las oportunidades, que se deterioran las infraestructuras y que, en definitiva, salta en pedazos el marco de un país teóricamente igualitario. Que fuera del litoral y de las grandes ciudades se agrieta la cohesión real de los ciudadanos.

Pero los mismos dirigentes que aparentan desvivirse por ellos están conspirando para despojarlos del único instrumento con que aún pueden reclamar algo de respeto. Muchos de esos políticos que ayer se incrustaron en la manifestación quieren cambiar la ley electoral para reducir la representación de la España vacía en el Congreso. Alegan que los votos en esa geografía dispersa valen más que en el resto, y es cierto porque lo s legisladores así lo quisieron para evitar que esas zonas se descolgasen por completo de los mecanismos de solidaridad en beneficio de los territorios metropolitanos y periféricos. Llamativa paradoja: los partidarios de la discriminación positiva de las minorías para ampliar sus derechos se oponen al mecanismo asimétrico que dota de un mínimo peso legislativo a los supervivientes del éxodo interno. Y le quieren quitar eco a su voz al tiempo que parecen escuchar sus lamentos.

No se trata tanto de un problema de inversiones como de principios: los que afectan a la igualdad de derechos y al equilibrio del desarrollo colectivo. A menudo da la impresión de que las instituciones sólo atienden a quienes crean conflictos. Y esta gente de Soria, de Teruel, de Cuenca o de Zamora son españoles pacíficos que sólo piden algo de certidumbre sobre su destino. Sin quimeras mitológicas ni lazos amarillos.

Ignacio Camacho.

Articulista de Opinión.
Palabras de Iceta.

No tengan ustedes duda de que esconden voluntades inconfesables.

Carlos Herrera.

Actualizado:

29/03/2019 00:34h.

Inapropiadas. Creo que de esa manera ha calificado Ábalos las declaraciones del inevitablemente sorprendente Miquel Iceta: ya saben, esas del 65% necesario para negociar algún tipo de independencia en Cataluña y también lo de los 15 años de moratoria. Inapropiadas lo son, estoy de acuerdo, pero no porque sean perjudiciales para el interés general, sino porque son perjudiciales para los intereses del PSOE. No por otra cosa, no se engañen. A eso se refería el subconsciente de Ábalos. Al partido que ha sustentado su presidencia en los golpistas catalanes y que ha escenificado un repentino sentido de la dignidad herida cuando no le han apoyado los presupuestos, no le convienen según que alegrías discursivas de Iceta. Ahora no toca porque no estamos en tiempo de «desinflamación». Pero ¡ojo!: Iceta casi nunca habla por hablar. No es un deslenguado irresponsable ni un infeliz propagandista. Iceta es particularmente inteligente y resulta difícil que sea víctima de un calentón o de un patinazo de difícil interpretación.

A Pedro Sánchez le complica algo esta campaña de baja expresión que ha diseñado, el hecho de que su hombre en Cataluña especule con plazos y porcentajes. El mismo que se tragó lo que se hubiera de tragar para mantenerse en La Moncloa no quiere ahora que se hable de lo que podría pasar en el escenario catalán a la vuelta de las elecciones: ahora solo quiere un perfil bajo de anuncios de manguera social de cada viernes. Y poco más. Pero no debemos olvidar que Iceta fue quien habló de indultos por primera vez, dando a entender que la Justicia podría decir lo que considerara oportuno pero, en el caso de emitir serias condenas, el poder político debería enmendarle la plana y liberar el escenario carcelario a la búsqueda de otro de consensos que tal y tal. Solo se le dijo, y seguramente estaba pactado, que no era momento de hablar de ello, cuando cualquier malpensado podía pensar que era un simple reparto de papeles. Lo cierto, es que, después de decirlo él, otros introdujeron en el debate la necesidad de establecer algún tipo de corrector político cara a establecer un futuro político «estable» en la comunidad.

Con la famosa figura del «relator» ocurrió algo parecido: Iceta volvió a ser el primero que señaló la posibilidad de un intermediario, tal y como había exigido Torra, para la famosa mesa de partidos en la que decidir el futuro de Cataluña. Muchos se echaron las manos a la cabeza y el Gobierno hubo de corregir nominalmente la iniciativa: nadie tragó el anzuelo y el esperpento de un negociador intermedio entre españoles para hablar del futuro se convirtió a un mero secretario testigo de reuniones. El Gobierno había introducido lo que le exigía el independentismo y lo había hecho Iceta. Otra cosa es que finalmente no sirviera, los golpistas optaran por no apoyar los presupuestos y los socialistas vieran en ello una oportunidad de oro para desmarcarse, hacerse los dignos y convocar elecciones una vez hubieron montado su discurso.

Y ahora ha llegado la moratoria y el porcentaje, la liebre soltada mediante la entrevista a un medio vasco (también este extremo tiene significación). Iceta ha querido corregirse posteriormente a base de mensajes en Twitter: no soy independentista, no creo en referéndums unilaterales, son todos los españoles los que deben votar, mi plan es el federalismo y así. Pero, una vez más, el bicho corre suelto, aunque la velocidad de crucero que ha adquirido haya asustado a los diseñadores de campaña sanchista y muchos de ellos piensen que a Iceta se le ha ido la mano con la sal.

Algún día, volveremos sobre estas palabras, que ya estarán dichas. Lo inapropiado es que hayan sonado demasiado estridentes en plena campaña, de ahí las matizaciones. Pero no tengan ustedes ninguna duda de que esconden voluntades inconfesables.

Carlos Herrera.

Articulista de Opinión.
La idea fuerte.

Forma parte de los escenarios socialistas celebrar un referendo sobre la independencia.

Salvador Sostres.

Barcelona.

Actualizado:

29/03/2019. 08:48h.

Educar es reprimir y lo peor que puede pasarle a un padre cuando trata de instruir a su hija en las consecuencias de sus actos es que por detrás vaya la madre y le levante el castigo. El PSOE es la madre frívola de España, la que cree que ayudar a su hijo es negociar un buen precio con el «dealer» mientras el padre intenta que el niño se dé cuenta de que tiene un problema y toque fondo y pida ayuda para curarse.

Miquel Iceta es un hombre brillante pero tienen razón Pablo Casado y Cayetana cuando dicen que forma parte de los escenarios socialistas celebrar un referendo sobre la independencia de Cataluña. Y no sólo es una idea socialista: también Ciudadanos la defiende y mi querido Juan Carlos Girauta es autor del libro «Yo votaré no», en el que que defiende una consulta de esta naturaleza, al modo «québécois».

La idea de España aún crea complejos y lo más sorprendente es que son de inferioridad. Sobre las guerras ganadas de construye la Historia y el derecho de conquista es previo a los derechos humanos, que como todo el mundo sabe, siempre administra quien manda. España está empezando a remontar en Cataluña: el 155, el juicio del Supremo y la designación de Cayetana -la primera candidata que uno de los dos grandes partidos nacionales no manda para contentar al catalanismo- forman parte de la misma regeneración sobre la que el Estado tiene que volver a resurgir entre los catalanes de buena voluntad.

La irrupción de Iceta justificando el error en lugar de confortar a quien yerra es otra advertencia del peligro de que el mes que viene ganen los socialistas. Los catalanes, desde que comenzó el «procés», hemos votado en siete ocasiones y nunca el independentismo ha llegado ni siquiera al 50 por ciento de los votos, de modo que si alguien tiene que plantearse su estrategia son los que hablan en nombre de todos siendo tan sólo una minoría.

Pero en cualquier caso, la idea fuerte que subyace, es la de la soberanía nacional en que se basa el orden, la jerarquía y la democracia. Tal vez sea una idea demasiado fuerte para las madres socialistas, y más en estos tiempos nuestros tan relativistas; pero de David Cameron aprendimos las nefastas consecuencias de escondernos tras cobardes referendos que nunca resuelven ningún problema, en lugar de guiar como padres adultos y responsables a nuestros hijos en su esfuerzo por ser libres.

Salvador Sostres.

Articulista de Opinión.
Catasalida.

Brexit y separatismo catalán siguen la misma estrategia: mentiras, intoxicación xenófoba, propaganda, dispendio e improvisación suicida.

Isabel San Sebastián.

Actualizado:

28/03/2019 00:12h.

Si prescindimos del aspecto delictivo de la cuestión y nos centramos en el camino seguido, nada se parece tanto a la actuación de los separatistas catalanes como la estrategia utilizada en el Reino Unido por los impulsores del Brexit, desencadenado por el fascista Nigel Farage y culminado por un inconsciente David Cameron: mentiras deliberadas, intoxicación xenófoba, propaganda capciosa, dispendio multimillonario e improvisación suicida, derivados hoy en un callejón sin salida. Ninguno de esos caudillos se ha quedado a lidiar con los desastrosos resultados de su gestión. Todos han huido de la vida pública, como harían los mesías de la república amarilla en caso de llevarnos al abismo logrando el objetivo que ansían.

Londres albergó el pasado sábado una manifestación masiva que expresaba esperanza y frustración a partes iguales. Yo estaba allí en familia, a los pies de Winston Churchill merecidamente inmortalizado en bronce frente al parlamento de Westminster, preguntándome si Barcelona no terminará acogiendo, en breve, una marcha semejante. La protesta indignada de los sectores más pujantes de la sociedad, los más emprendedores, los más cosmopolitas, contrarios a dejarse conducir al matadero por un puñado de incapaces carentes del menor escrúpulo. Estaba allí, contemplando ese desfile de gentes clamando por otro referéndum, por una oportunidad de enmendar el gigantesco error cometido, y diciéndome a mí misma lo letal que puede llegar a ser el fruto de la demagogia cuando su simiente envenena la tierra abonada por la circunstancia del momento. Eso es exactamente lo que sucedió en Inglaterra hace dos años y podría repetirse pronto en Cataluña, si nadie lo remedia. Que la conveniencia bastarda de unos cuantos iluminados, movidos por el anhelo de poder y los prejuicios supremacistas, acaben provocando un terremoto de consecuencias irreparables.

En el Reino Unido la ocurrencia de Farage fue secundada por Cameron sin otro propósito que fortalecer su posición dentro del partido conservador, ante la pasividad cobarde del laborista Corbyn, con el desenlace fatal de todos conocido. Falsearon los datos a fin de convencer al pueblo de que la UE resultaba terriblemente gravosa para los británicos y prometieron que la salida del club se produciría siguiendo los dictados de Londres, con enormes beneficios para ellos. Les engañaron miserablemente. Ahora nadie sabe cómo materializar ese divorcio a cara de perro que, incluso en el mejor de los casos, les va a costar una fortuna.

Cambien el Reino Unido por Cataluña y Unión Europea por España y quedará dibujado el escenario resultante de la «consulta» que exigen Puigdemont, Torra, Junqueras y compañía. La demanda interminable y falsaria cuya explicación radica en que esa reclamación machacona, ese victimismo estéril es su única razón de ser, el alfa y omega de su programa. Al igual que Farage, desprecian todo lo que viene «de fuera» y propagan burdos embustes referidos a las ventajas derivados de romper o el grave perjuicio inherente a permanecer unidos. Y a semejanza de Cameron, tienen en Pedro Sánchez a un valedor lo suficientemente ambicioso como para darles cuartel hasta donde haga falta con tal de prolongar su uso y disfrute del falcon. Solo cabe esperar que nadie desempeñe aquí el papel de Corbyn y la oposición actúe como un auténtico dique de contención haciendo valer los resortes contenidos en la Carta Magna. Sería más deseable que el electorado español aprendiera en cabeza ajena e impidiera la ocasión evitando la oportunidad, pero, a tenor de las encuestas que auguran una holgada victoria socialista sobre una derecha fragmentada en contra del interés nacional, está claro que pedir cordura es pedir un imposible.

Isabel San Sebastián.

Articulista de Opinión.
¡Deles más fuerte!

Si todo va a seguir no igual, sino peor, ¿para qué nos vamos a gastar un dineral en estas elecciones del 28-A?

Antonio Burgos.

Actualizado:

27/03/2019 00:52h.

Algunas veces las voces del tendido de los lectores que me encuentro por la calle me hacen sentirme, por un momento, Alfonso Guerra. Ojú. Pero no este Guerra que últimamente conocemos, asolerado como los vinos viejos, sensato, que dice sentencias llenas de sentido común sobre los males de la Patria, y con quien nos ocurre lo mismo que con otro que tal baila, con Corcuera, el de la patada en la puerta. Escuchamos a Guerra o a Corcuera juicios muy cercanos a los nuestros ante las actuales locuras y dispendios del Gobierno, y nos hacen pensar:

- ¿Quién me iba a mí a decir que iba a estar de acuerdo con Guerra o con Corcuera, y que podía hacer mías muchas de sus frases?

No, no es este Guerra de la nueva observancia, filósofo de las desgracias nacionales, como el que me hacen sentir esos lectores que me paran por la calle a los que me refería, sino al primitivo, al asilvestrado, al del traje de pana, al de «vamos a dejar a España que no la va a conocer ni la madre que la parió». ¿Por qué? Porque esos lectores me recuerdan una frase famosa en los mítines de Guerra en los albores de la democracia, cuidando las masas enfervorizadas por el autobús y el bocadillo con que los habían acarreado le gritaban:

- ¡Arfonso, dales caña!

A mí no me dicen lo de la caña, que me suena al Cojo de Huelva, corcho con corcho, caña con caña. Lo mío va a pelo. Sin caña y sin carnada. Pero con las mismas intenciones. Me dicen muchas veces votantes que a lo mejor me han leído dos veces o todo lo más tres, refiriéndose a mis artículos sobre las circunstancias a España y de quienes la gobiernan:

- ¡Deles más fuerte!

Y siempre les digo igual, aunque me tomen por maleducado:

- ¿Más fuerte quiere usted todavía que les dé, señor?

Me callo, por hombre, como decía el verso de García Lorca, lo que les añadiría a continuación a quienes de tal modo me espolean y tocan los costados para que me hierva el agua del radiador y les largue más leña. Les diría a estos valentones por pluma ajena:

-Y usted, ¿qué hace para que esto cambie? Usted no les da ni fuerte ni flojo, porque no les da y porque tiene muchos intereses económicos con el Gobierno como para poder significarse, y quiere que otros demos la cara en su lugar. ¡Anda ya, hombre!

Escribo todo esto descorazonado tras leer con tanto detenimiento como desánimo el último barómetro de GAD3 para ABC sobre la estimación electoral ante el 28 de abril, en el que el centro-derecha sigue sin sumar los votos necesarios para gobernar España y en el que, por el contrario, Sánchez, si pacta con Podemos, como es de temer, y si cuenta con el apoyo de esos separatistas con los que siempre anda Carmen Calvo a papitos, puede estar tranquilo, no ha de cambiar de colchón, ni de Falcon, ni de Moncloa, porque habremos de padecerlo otra vez. Y mi pregunta perogrullesca es: estos barómetros deben de hacerse preguntando a los votantes, porque no son precisamente los de Tenazas. Y mucho me temo que bastantes de los mismísimos que me dicen a mí que les dé más fuerte son los que, preguntados por los encuestadores, dicen que aquí va a ganar otra vez Sánchez, con ese peligrosísimo apoyo de todos los que quieren cargarse a España cuanto antes para desmentir la frase tan conocida del canciller Bismark. Si tal ocurre, si todo va a seguir no igual, sino bastante peor, legitimado ya por las urnas, ¿para qué nos vamos a gastar un dineral en estas elecciones del 28-A? Que sigan. Descuiden, que yo les seguiré dando más fuerte todavía. Que, a la vista está, no sirve para absolutamente nada.

Antonio Burgos.

Articulista de Opinión.
Al borde del suicidio patrio.

Leer y viajar no solo cura el nacionalismo, sino el victimismo que aumenta a medida que crecemos en progreso y bienestar.

Isabel San Sebastián.

Actualizado:

18/03/2019 00:17h.

El territorio de los afectos, sin duda el más importante de cuantos transitamos a lo largo de la vida, me regaló el viernes pasado un reencuentro inesperado con una amiga de la infancia. Una mujer francesa que ha recorrido el mundo y residido en varios países de Europa y Asia. Hacía muchos años que no venía a Madrid, me dijo, y se había quedado gratamente sorprendida por la alegría de una ciudad acogedora, luminosa, repleta de lugares apetecibles para visitar y de gentes encantadoras. Contemplaba España con ojos cargados de admiración por el cambio experimentado en las últimas décadas, e incluso mencionó a una sobrina suya que se ha instalado a vivir aquí y tiene toda la intención de quedarse. Justo lo contrario de lo que ocurría cuando ella y yo nos conocimos y éramos los españoles quienes emigrábamos a Francia en busca de un futuro mejor. Escuchar hablar de mi país en boca de esa persona tan querida y a la vez tan alejada de mi realidad cotidiana, mirarlo a través de sus ojos, constituyó una experiencia que me ha invitado a pensar.

Somos hijos de una tierra maravillosa. Tenemos la fortuna de habitar un solar situado en el rincón más privilegiado del planeta y de haber recibido en herencia una Historia única, extremadamente rica en aconteceres decisivos, cuya huella permanece intacta en nuestras calles, nuestras plazas, nuestros museos, nuestra gastronomía... en esa cultura de vida y disfrute que fascina a los foráneos y que nosotros damos por supuesta, cuando no renegamos de ella o la despreciamos escupiendo al cielo. Somos ciudadanos de una Nación libre, democrática, igualitaria, que pese a la crisis y el frecuente mal gobierno ha sido capaz de mantener unos servicios públicos ejemplares, una sanidad universal y gratuita puntera a escala internacional, una seguridad que para sí quisieran la mayoría de nuestros vecinos europeos y no digamos de quienes moran en otros continentes, una capacidad de integración y convivencia formidables, únicamente quebrada por algo que afortunadamente escapa a la vista del viajero ocasional: el empecinamiento del separatismo catalán y vasco en romper ese gigantesco patrimonio común en aras de servir los oscuros intereses de unos pocos. Nuestro clima es la envidia de cuantos nos rodean. El salto adelante que hemos dado como sociedad, en particular desde el ingreso en la UE, llama la atención de cualquiera que se moleste en mirar. Y sin embargo, pese a todas estas bendiciones, la especialidad de la casa es quejarse, enfrentarse unos a otros, protestar, criticar y abusar del maestro armero.

Decía don Miguel de Unamuno que el nacionalismo se curaba leyendo y viajando. Es verdad. Yo añado que el mismo tratamiento sería de aplicación contra el pesimismo crónico de nuestra gente y ese victimismo recurrente que parece ir en aumento a medida que crecemos en progreso y bienestar. Porque no hay como comparar con otras realidades cercanas para constatar lo afortunados que somos. Tienen que venir a decírnoslo, desde fuera, personas cuya objetividad no se ve empeñada por el sectarismo.

-Pues estamos al borde del suicidio colectivo- dije a mi amiga, con una breve explicación referida a la coyuntura patria.

- ¡Imposible!- replicó ella, risueña. -Nadie en su sano juicio cometería tal locura-.

Me gustaría creer que no se equivoca, aunque mi fe en los españoles es más endeble que la suya. Lo único que sé con certeza es que, pase lo que pase en el campo de la política, el territorio de los afectos siempre será tierra firme.

Isabel San Sebastián.

Articulista de Opinión.
Dos cachetes y un juez.

Un poco más de prudencia por todas las partes es conveniente. Por el juez y por quienes prejuzgan.

Carlos Herrera.

Actualizado:

15/03/2019 00:26h.

na madre le soltó dos bofetadas a su hijo adolescente que, al parecer, se negaba a entrar en la ducha. Pontevedra. No sabemos cómo fue el precalentamiento de esa escena, es decir, si la tensión venía de atrás o era solo inmediata. No sabemos si el adolescente ejercía como muchos seres humanos de esa edad y sometía la relación con sus progenitores a un constante «tour de force». Solo creemos que hubo un par de cachetes, o de sopapos, o de guantazos de una madre tal vez harta de que el adolescente no siguiera sus indicaciones. O de una madre de mano fácil, que a la primera de cambio suelta el brazo y te arrea sin conocimiento por no seguir sus órdenes. No he leído la sentencia y no conozco esos considerandos, que son importantes, pero no trascendentales para lo que vengo a decir. El juez, tanto en primera como en segunda instancia, no llama la atención al niño por desobedecer a su madre, sino que castiga a la madre a dos meses de cárcel por las bofetadas y a ¡seis meses de alejamiento del pequeño!, al que condena a vivir sin madre durante ese tiempo. Y, por supuesto, abronca a la madre en la sentencia diciéndole que así no se educa a un niño.

No sabemos quién puso la denuncia. Me cuesta pensar que el muchacho, herido en su orgullo, se personara en un juzgado de guardia, aunque podría ser ya que la dinámica ejemplar del momento pasa por hacerle creer a los chavales que el Estado es su auténtico padre. Suena al típico caso de disputa de mayores aprovechando el caso de un menor, aunque, todo sea dicho, en el procedimiento judicial no consta una parte denunciante. Dice el juez que el agredido sufrió «eritema» en las mejillas, que precisó de tratamiento de primera asistencia, es decir, que se enrojecieron los mofletes, cosa habitual con un bofetón. No consta si el chiquillo hubo de ser ingresado en cuidados intensivos a causa de las dos bofetadas que siguieron a las clásicas frases de «o te metes en el agua de una vez o te vas a enterar», solo consta lo que los dos jueces, el primero y el segundo, han considerado en el razonamiento (?) de su sentencia: que a los niños se les puede corregir pero no infligir castigos corporales y que tal y tal. Y que la madre se vaya a tomar viento fresco, que es justamente lo que más le conviene a un adolescente de diez años: otorgarle este tipo de victoria para toda su vida y dejarle sin la figura materna durante medio año.

Considerandos y cuestiones desde el sentido común que muchas veces no exhiben estos sandios con toga tan habituados a vivir en la magia y en la arcadia del buenismo (incluyendo en él al legislador): ¿Qué habría decidido el juez si el caso hubiera sido el contrario, es decir, si es el hijo el que pega a la madre, tan tristemente habitual? ¿Qué ocurre ahora, tiempo después de los bofetones si resulta, que no lo sé, que el caso ya se ha resuelto en el ámbito familiar y que la vida transcurre con normalidad? ¿Ha considerado el togado el influjo que en la educación del niño ha tenido que, nada menos, que la Administración de Justicia expulse a su madre de su casa convirtiéndole en el rey absoluto de la situación? ¿Cómo cree el juez que habrá de ser la próxima vez en la que la madre, después de seis meses exiliada de su casa sin poder ver a su hijo, le tenga que reconvenir por alguna cosa?

Un poco más de prudencia por todas las partes es conveniente. Por el juez y por quienes prejuzgan.

Carlos Herrera.

Articulista de Opinión.
En Alemania estaría en casa.

Está probado: para defender la tesis de Sánchez, La Moncloa mintió en una nota oficial.

Luis Ventoso.

Actualizado:

14/03/2019 00:23h.

Si la democracia española no estuviese en horas bajísimas en lo que hace a exigencia moral y respeto a la verdad, esta semana Sánchez habría tenido que dimitir como presidente, tras probarse que utilizó la oficina de prensa de La Moncloa para engañar al público en su intento de excusar los plagios de su tesis doctoral. La falsedad de Sánchez es indiscutible, pues el Ejecutivo dijo una cosa entonces y ahora ha confesado la contraria. El 14 de septiembre del año pasado, el presidente utilizó el gabinete de comunicación de La Moncloa, el cauce de la información oficial, para asegurar que se habían efectuado dos test antiplagio que probarían la limpieza de su tesis. Pero ahora fuentes del Ejecutivo y del Consejo de Transparencia -un organismo estatal que vela por la limpieza pública- han reconocido que el Gobierno nunca tuvo acceso a esos supuestos informes. No los conoció y son ajenos a toda instancia gubernamental, según Transparencia. Es decir: el Ejecutivo publicó como fuente de autoridad unos presuntos test que ahora se asume que no vio.

El 13 de septiembre, ABC reveló en exclusiva que Sánchez había cometido plagios en su tesis. Para defender al presidente, la oficina de prensa de La Moncloa publicó al día siguiente una nota informativa, titulada: «La tesis del presidente Sánchez supera ampliamente los softwares de coincidencias». El comunicado iba ilustrado con una foto retrato de Sánchez y en su subtítulo el Gobierno afirmaba que «el trabajo ha sido analizado por dos de los programas más rigurosos en el ámbito académico, Turnitin, que se emplea en la Universidad de Oxford, y PlagScan, referencia en Europa». La nota gubernamental, recogida aquel día por la agencia pública Efe y los principales medios, relataba que en el test de Turnitin había un 13% de coincidencias y en el de PlagScan, un 0,96%%, y explicaba que eran porcentajes «normales» en el ámbito académico. El 18 de septiembre, cinco días después de la nota del Gobierno, la compañía alemana PlagScan emitió un comunicado en el que acusó al Ejecutivo de manipular su programa, pues a ellos le salían un 21% de coincidencias en la tesis, y no el 0,96% del que habló el Ejecutivo. El Gobierno jamás refutó aquella gravísima acusación de PlagScan.

Con su comunicado oficial del 14 de septiembre, el Gobierno trataba de acallar el eco de la exclusiva de ABC, que había provocado en el mismo día de su publicación una amenaza de Sánchez de llevar al periódico a tribunales (algo que jamás ha hecho, pues saldría mal parado, a tenor de las pruebas del diario). Ahora se ha descubierto que el Gobierno intentó defender a Sánchez informando de unos supuestos test que en realidad no conoció, según afirma claramente el Consejo de Transparencia.

En Alemania, Francia o el Reino Unido, Sánchez estaría ya en su casa por engañar al público en un comunicado oficial. Pero en España la mentira ya es moneda homologada, la mayoría de los medios son vasallos del Gobierno y la oposición no cumple su función con rigor (y así de bien les va a Casado y Rivera). España, el país donde todo da igual.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
TRIANA. Así que Puigdemont si gana y tiene el acta, dice que regresará a España. Que venga y a ver que sucede.
Ángel, buenos días, este señor donde mejor estaría sería ingresado en un sanatorio mental, ¡vamos que está como una regadera!

Un saludo.
El espectro del forajido.

Puigdemont sabe cómo explotar las debilidades de sus enemigos, que no son PP ni PSOE, ni Ciudadanos ni Vox, sino los que le discuten la hegemonía en el independentismo.

Salvador Sostres.

Barcelona.

Actualizado:

12/03/2019 08:25h.

Esquerra y el PDECat piensan que Puigdemont es un idiota y querrían poder pactar con Pedro Sánchez los presupuestos y su regreso a la mesa de los mayores. Pero no se atreven a discutirle al fugado absolutamente nada porque temen que sus bases hiperventiladas les llamen traidores y cobardes. Que en el fondo es lo que son, porque de un lado mandaron a la turba a partirse la cara sabiendo que la habían engañado, y que nada tenían preparado, y del otro no se atreven a reconocer que no existe la república, ni la independencia a la vuelta de la esquina, ni nada que no sea volver al autonomismo de siempre, como hizo el PNV tras el fracaso de Ibarretxe.

Puigdemont sabe cómo explotar las debilidades de sus enemigos, que no son ni PP ni PSOE, ni Ciudadanos ni Vox, sino los que le discuten la hegemonía en el independentismo. Derrotó a Junqueras el 21-D y quiere volver a hacerlo en las europeas: por eso ha decidido presentarse, aún sabiendo que no podrá ni recoger el acta de diputado; y por ello de la lista del Congreso ha barrido a los moderados y ha puesto a presos y a felpudos de obediencia automática con los que intentará bloquear la política española hasta que alguien se ofrezca a arreglarle lo suyo o a negociar la autodeterminación. Carles Campuzano, uno de los barridos, sólo se ha atrevido a criticarle cuando ha sido sin remedio defenestrado. Le ha llamado incompetente: y lo es.

«Pudrirse en la cárcel»

En Esquerra le llaman, siempre en la intimidad, cosas peores, que también son ciertas, pero hasta que no tengan la valentía de tirar de la sábana del fantasma, el espectro del forajido les continuará arrebatando hasta la más pequeña victoria que crean tener al alcance. A fin de cuentas, Puigdemont es un convergente de toda la vida y sabe cómo jugar a las sombras con las esperanzas de los demás: dicho de otro modo, no es lo mismo conocer Waterloo que estar pudriéndose en la cárcel.

En la encuesta que ayer publicamos, aún sumaba aunque por los pelos el pacto que Junqueras pretende con socialistas y Podemos. Pero con su lista de rebeldes y exaltados, Puigdemont podría revertir las tristes expectativas electorales y derrotar a los republicanos no sólo en Europa sino también en Madrid, y volver inútil la vaticinada victoria de Sánchez. Esquerra lleva desde el regreso de Tarradellas creyendo que va a ganar y al final siempre pasa algo y llega Convergència a recordarle quién manda.

Salvador Sostres.

Articulista de Opinión.
Feminismo e izquierda.

El «socialismo real» odia la libertad de hombres y mujeres.

José María Carrascal.

Actualizado:

11/03/2019.

Les dije, comentando el tema en boga, que lo que menos necesitamos es una guerra de sexos. Hombres y mujeres no somos rivales, sino complementarios. La naturaleza nos ha hecho distintos, pero nos necesitamos hasta el punto de que sólo conjuntamente alcanzamos la plenitud física y mental. Lo que no es fácil, como nada en esta vida, al chocar con otra poderosa tendencia humana: el individualismo. Pero si hemos sido capaces de desintegrar el átomo, vencer la ley de la gravedad y crear la democracia, ¿por qué no vamos a poder firmar la paz entre los sexos, que tal vez nos lleva a la paz entre los hombres, mejor que la pauta de Kant y su paz perpetua, que nadie practica?

Para ello, sin embargo, es condición indispensable acabar con los papeles que ambos han venido representando desde los albores de la humanidad, con una clara subordinación de la mujer. No voy a entrar en las causas porque nos llevaría a un debate interminable. Pero el progreso, representado por los derechos humanos, la ciencia y la evolución social, nos han llevado a un punto en que hombres y mujeres deben reajustar sus relaciones. No basta con que se igualen sus derechos, si ellas no tienen las mismas oportunidades. Ni reducir la brecha salarial, si ésta continúa. Ni celebrar un el Día de la Mujer al año, cuando deben de ser 365, y otros ajustes importantes, pero que no resuelven el problema, al no atacarlo en su origen: el psicológico, el cultural, el educativo, que empieza en la casa, y no sólo con el padre o hermano, sino con la madre, buena parte de las cuales dan preferencia al hijo sobre la hija, no sé la causa. Sólo cuando se nos eduque que la cama debemos hacérnosla nosotros, empezarán a igualarse las dos mitades de la humanidad.

Hay otro campo donde veo un enorme peligro: el político. Hemos presenciado cómo la izquierda no ha dopado, sino secuestrado el feminismo. Cuando la izquierda pura, radical es la que menos puede presumir de feminista. Los ejemplos están a la vista, aunque nadie parece verlos. Díganme ustedes un país comunista, uno sólo, donde haya gobernado una mujer. No lo encontrarán. Sólo la mujer de Mao llegó a capitanear la «revolución cultural», a su muerte, con tan mala fortuna como él, Y ahí tienen a Podemos pidiendo un cambio de sistema económico. Mientras en el mundo capitalista ha habido varias con acierto, como mrs. Thatcher o frau Merkel. En los nórdicos empieza a ser habitual, pero también en los en desarrollo, como India. El comunismo, en cambio, lo que produce son dictadores como Stalin, Mao, Castro, Chávez, machos alfa muchos de ellos. ¿Por qué? Pues porque el «socialismo real» odia la libertad de hombres y mujeres. ¿Recuerdan a Lenin decir a Fernando de los Ríos: « ¿Libertad, para qué?». En este sentido, creo que los norteamericanos y los españoles del PP han desaprovechado la oportunidad de ponerse al día, teniendo excelentes candidatas a la presidencia. Pero ya les decía que este cambio es largo y difícil.

José María Carrascal.

Articulista de Opinión.
Auto de terminación de España.

La pareja Rufián-Otegui emula la formada en su día por Carod Rovira-Ternera en Perpiñán, donde todo empezó.

Isabel San Sebastián.

Actualizado:

11/03/2019 00:07h.

Mientras en el Tribunal Supremo se acumula el material inculpatorio contra los imputados por rebelión en la causa del 1-O, a través de testimonios relativos a la violencia de esa jornada que no dejan margen para la duda, los muñidores de esa intentona golpista se quitan la careta. Porque el 1-O en Cataluña no se produjo por generación espontánea, sino como consecuencia de un largo proceso destinado a liquidar España. Un movimiento conjunto del independentismo catalán y vasco, perfectamente coordinado, cuya gestación se remonta al año 2004 en esa reunión de la vergüenza, celebrada en Perpiñán y destapada por ABC, que sentó en torno a una misma mesa a José Luis Carod Rovira, a la sazón máximo dirigente de ERC, José Antonio Urrutikoetxea Bengoetxea, alias Josu Ternera, y Mikel Albisu Iriarte, alias Mikel Antza, cabecillas de la banda terrorista ETA.

El resultado conocido de ese encuentro fue el anuncio de una tregua restringida, graciosamente concedida por los asesinos a los habitantes de dicha comunidad autónoma y solo a ellos. El propósito oculto era mucho más amplio y consistía en buscar el modo de sumar fuerzas en el empeño común de dinamitar la unidad nacional consagrada en la Constitución. Porque el fin de ETA nunca fue matar por matar, sino doblar el pulso al Estado. El terrorismo siempre fue un medio, no un fin en sí mismo. De ahí que el anuncio del cese de actividad armada de la banda, a cambio de concesiones infames como la legalización de su brazo político, no supusiera en absoluto la gran victoria de la democracia que pretendieron vendernos. Antes al contrario, a partir de ese momento se rompió el consenso existente entre los grandes partidos y la idea de autodeterminación pasó a estar en la agenda política, con declaraciones tan deplorables como ésa en la que Zapatero definía la Nación como un «concepto discutido y discutible».

Aquellos polvos trajeron unos lodos que ya nos llegan al cuello. El todavía presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, llegó hasta La Moncloa apoyándose sin pudor en separatistas golpistas y proetarras (nadie había caído nunca tan bajo) y sabe que la revalidación de su mandato depende en exclusiva de ellos. Estos, a su vez, han destapado su juego y anuncian un acuerdo formal para presentarse juntos a las elecciones, con la esperanza fundada de que la unión haga la fuerza. Así, la pareja Rufián-Otegui emula la formada en su día por Carod Rovira-Ternera, con idéntica disposición a utilizar los medios que estimen convenientes para alcanzar la meta perseguida.

Nada nuevo hay bajo el sol de este 2019. Todo forma parte de una estrategia meticulosamente planificada, en la que algunos constituyen la vanguardia dispuesta a delinquir, otros marchan en retaguardia, más o menos emboscados (el PNV borda el papel), y no faltan los tontos útiles, los cómplices y los cobardes. Es tan evidente, tan burdo, que no alcanzo a comprender cómo aún hay gente inteligente que se resiste a admitirlo.

Pronto el Tribunal Supremo se pronunciará sobre los hechos acaecidos el uno de octubre de 2017, cuando desde el Parlamento autonómico fue proclamada la independencia de Cataluña. Esa sentencia será el final de este acto de la función, pero no acabará con la obra. Si el 28 de abril las urnas revalidan la actual mayoría del Congreso, el derecho de autodeterminación será el precio que pague Sánchez por volver a gobernar y le veremos firmar el auto de terminación de España.

Isabel San Sebastián.

Articulista de Opinión.
Él.

La política española hoy cabe en poco más que un meme. No va más allá de una frase, de un eslógan, un flash.

Carlos Herrera.

Actualizado:

08/03/2019 08:01h.

De no existir el núcleo existencial de Podemos, deberíamos inventar un placebo semejante que nos proporcionase momentos de éxtasis analítico como el vivido a cuenta del retorno del Jedi. De esta tropa tan entrañable como cursi, podemos aseverar variadas hipótesis de trabajo, pero la mayoría de ellas coincidirá en señalar a la formación morada como un grupo social con maneras de secta o, como poco, de pandilla de iluminados al rebufo de un líder algo mesiánico, como los conductores de masas descarriadas.

Efectivamente, a ese puñado de dirigentes menores de Podemos, les cabe el cliché de comportamiento calcado de las sectas tradicionales: uniformidad estética e ideológica, devoción incuestionable por el líder y pautas de interpretación social absolutamente primarias derivadas de decálogos tan incuestionables como invariables. Como si fueran autómatas de túnicas anaranjadas, los seguidores del Macho Alpha disponen de la comunicación con las masas para anunciar las nuevas venidas de la razón verdadera, e ignoro si con su anuencia o sin ella, diseñan panfletos comunicativos que sonrojan, incluso, a los propios interesados, o eso dicen ellos. El cartel en el que dan cuenta del retorno del líder, tan propio de los años treinta, con el puño cerrado, la actitud agresiva y la amenaza que eso supone para los no afectos, es un compendio de una declaración completa de intenciones: he estado fuera un tiempo porque no tenía más remedio pero ya vuelvo a poner orden en este patio descontrolado. Vuelvo yo, pero lo que en realidad vuelve es el mismo deseo de siempre: la colectivización de la propiedad, el control absoluto de la expresión, la normativización de todos los protocolos sociales, la sustitución de las ideologías por el pensamiento único y la prohibición de expresiones sociales al margen de la verdad revelada. Cuando eso mismo lo explicitaban Lenin y la Krupskaia a principios del siglo pasado, pocos les prestaban atención en la cómoda Ginebra de la época. Luego alcanzaron San Petersburgo y les evito el resto del relato. Hoy, ciento y pico de años después, una pareja de iluminados, Él y Ella, mantienen posturas semejantes y discursos parecidos al calor del populismo inevitable en tiempos convulsos de las crisis.

La política española hoy cabe en poco más que un meme. No va más allá de una frase, de un eslógan, un flash, una foto rápida. El mensaje simple consiste en decir: tras el heroísmo de haber dejado la primera línea para cuidar a sus nenes y mientras Irene entretenía al público, Él vuelve a darlo todo, a llevarnos a nosotros por senderos luminosos camino de la felicidad suprema. Y todos a contener la risa floja. Mientras Él estaba en el chalé dedicándose a la meditación y los pañales, según la verdad oficial divulgada en último comunicado, representa que su guardia de corps estaba preparando la mercadotecnia del anuncio de su vuelta y que lo que se les ocurrió, en la línea consecuente del Culto al Líder, fue un panfleto con su imagen revolucionaria y la leyenda precisa de la palabra mágica: Vuelve Él, por fin vuelve y ahora os vais a enterar. Y representa que eso Él no lo sabía y que se ha visto sorprendido en su humildad. Y por ello ha publicado un mensaje que dice que así no, que agradece el cariño pero que no es necesario. Y a todos los demás nos da la risa, algo nerviosa, es cierto, pero risa al fin y al cabo.

Él, el hombre cuyo ego no cabía en su bragueta, puede que esté en descenso de expectativas, pero si algún día lo tuviéramos que sufrir en responsabilidades públicas de largo alcance, deberíamos resignarnos a ver sus estatuas en los parques y sus fotos en las escuelas, que es lo que exige un líder como Dios manda. O como mande quien sea.

Carlos Herrera.

Articulista de Opinión.
¡Dejen de utilizarme!

Me declaro objetora de esa presunta identidad de género inventada para provecho de algunos. El sexo no me define. Soy persona.

Isabel San Sebastián.

Actualizado:

07/03/2019 00:22h.

Estoy harta. Cansada de que los políticos apelen a mi condición de mujer para arrimar el ascua a sus respectivas sardinas. Asqueada de verme rodeada de anzuelos cada vez que se acerca una cita con las urnas y pretenden pescar en el caladero femenino. Indignada ante la obscena utilización que hace la izquierda de mi sexo, asumiendo que por el mero hecho de ser lo que soy debo profesar su ideología. Hastiada de consignas huecas. ¡Basta ya! Déjennos en paz a las mujeres todos los partidos y céntrense en resolver los problemas acuciantes que sufre la sociedad, a menudo por causa de sus errores e indecencias. No somos seres desvalidos necesitados de tutela. No formamos un conjunto homogéneo de muñecas manipulables. No nos tomen por imbéciles.

Mañana, 8 de marzo, alcanzará su cénit la interminable campaña orquestada en torno a este Día de la Mujer que ni siquiera debería existir si de verdad tuviéramos interiorizado el concepto de igualdad. ¿O acaso conmemoramos un Día del Hombre? Mañana, qué paradoja, se declararán en huelga muchas mujeres que aseguran luchar por los derechos de sus congéneres, empezando por el que abre las puertas al trabajo remunerado, única garantía sólida de independencia real. La inmensa mayoría de ellas no arriesgará absolutamente nada, por tener el puesto y el salario asegurados o bien por estar a cargo de sus papás y mamás. Aún así, harán gala de feminismo militante negándose a ejercer una potestad que costó siglos conseguir a quienes nos precedieron en el tiempo y que en otros lugares del globo, por ejemplo en gran parte del mundo islámico, sigue vedada a millones de mujeres cuya opresión rara vez es objeto de denuncia por parte de nuestras «libertadoras». Mañana oiremos incontables discursos victimistas y reivindicativos pronunciados por niñatas ingratas, cuya ignorancia despreciará el esfuerzo de quienes llevamos décadas hablando menos y haciendo más. Mañana habrá quien diga simplezas como que «nos matan por ser mujeres», porque nos hemos pasado de frenada hasta caer en lo grotesco.

En lo que a mí respecta, me niego a formar parte del espectáculo y rechazo de plano la caricatura. Hay mujeres inteligentes y mujeres estúpidas. Mujeres valientes y mujeres cobardes. Mujeres trabajadoras y mujeres vagas. Mujeres sinceras y mujeres mentirosas. Mujeres fuertes y mujeres débiles. Mujeres asesinadas y mujeres asesinas, como la candidata de Podemos al Ayuntamiento de Ávila. Abandonemos de una vez los estereotipos, evitemos el pendulazo consistente en santificar en bloque a media humanidad con el objetivo pueril de compensar pasados agravios y pongámonos a la tarea de facilitar la vida en lo posible a todos cuantos hemos de compartir este mundo. No parece tan complicado. Se trata simplemente de remar juntos en la misma dirección, sin prejuicios ni imposiciones, construyendo juntos, apostando por la verdaddera igualdad en derechos, deberes, oportunidades y responsabilidades. Por supuesto que falta mucho por hacer en España, sobre todo en el terreno de la conciliación, si queremos un futuro distinto al inmenso geriátrico que se cierne sobre nuestras cabezas. No lo evitaremos desatando una virulenta guerra entre sexos con fines partidistas de corto plazo. La demagogia barata nunca ha resuelto problemas.

Ante tanto desatino, yo me declaro objetora de esa presunta identidad de género inventada para provecho de algunos. El sexo no me define. Mi naturaleza es mucho más compleja. Soy y siempre he sido persona. Una persona libre, fieramente independiente, madre, abuela, hija, hermana, amiga, escritora, periodista... única y distinta a cualquier otra. Dejen de hablar en mi nombre. No me incluyan en su lista.

Isabel San Sebastián.

Articulista de Opinión.
¿Capitulación?

¿Qué hemos hecho para tener estos políticos? Elegirlos.

José María Carrascal.

Actualizado:

06/03/2019 00:11h.

El pacto entre Londres y Madrid contra el fraude fiscal en Gibraltar, negociado y firmado con todo sigilo, algo siempre sospechoso, se parece a los que España tiene con muchos países, el Reino Unido entre ellos, para regular capitales, personas y empresas gravables. Pero que en Gibraltar, con 30.000 habitantes, existan 55.000 sociedades, advierte ya de una severa anormalidad. Si le añadimos que miles de españoles cruzan la Verja a trabajar, o vaya usted a saber, y un número indeterminado de gibraltareños con despacho en el Peñón duerman en mansiones de la Costa del Sol nos percatamos de la dificultad de regularlos. Sin ir más lejos ¿cómo se cuentan los 180 días necesarios para fijar la residencia? Aunque eso es una nimiedad comparado con el riesgo de que tales acuerdos parciales pueden desvirtuar los derechos que España tiene sobre esa Roca, plasmados en el Tratado de Utrecht y en la doctrina de la ONU. En Utrecht, España cedió a Inglaterra la ciudad, su puerto, defensas y fortaleza, «sin jurisdicción territorial alguna», «without any territorial jurisdiction», «sine Jurisdictione quapiam Territoriali», en las tres lenguas, español, ingles y latín, que fue firmado. Aparte de especificar que, si en algún momento, Inglaterra decide dar, vender o enajenar Gibraltar, «España tendrá la primera opción».

Los ingleses intentaron eludir tales compromisos incluyendo Gibraltar en la lista de colonias que la ONU solicitaba a quien las tuviera, seguros de que votaría seguir unida a ellos al autodeterminarse. Pero, tras largo y acalorado debate, la Asamblea General decidió, por su resolución 2.353 (XXII) del 19.12.1967, que la descolonización de Gibraltar tenía que hacerse a través de «negociaciones entre los gobiernos del Reino Unido y España, considerando que toda situación colonial que destruya total o parcialmente la unidad nacional y la integridad territorial de un país es incompatible con los propósitos y principios de la Carta de Naciones Unidas», a lo que sólo faltaba añadir: «reintegrarse en España».

Mi gran temor es que, con acuerdos parciales como el que comento y otros parecidos, en los que se obvia tal doctrina, estemos vendiendo la primogenitura sobre Gibraltar por un plato de lentejas. Aparte de que Gibraltar seguirá viviendo del contrabando y del blanqueo de dinero que le granjean la tercera renta per capita del mundo, ya sin el estigma de paraíso fiscal, lo que le facilitará ampliar su influencia en el entorno, que tiene semicomprado. Ojalá me equivoque, pero medio siglo siguiendo de cerca el contencioso me ha enseñado que los ingleses nunca cumplen su palabra, mientras nosotros, por ignorancia o polítiqueo, se lo allanamos. Es significativo que Picardo aplauda el acuerdo y que Borrell se felicite de que sea «el primer Tratado internacional entre España y Reino Unido sobre Gibraltar desde el Tratado de Utrecht». Mejor seguir en él no vaya a ser que con el Brexit, en vez de recobrar Gibraltar, lo perdamos definitivamente. Aunque comparado con Cataluña es una insignificancia. ¿O es lo mismo? ¿Qué hemos hecho para tener estos políticos? Elegirlos.

José María Carrascal.

Articulista de Opinión.
Dramático peaje.

Hay quien cree que la Tierra es redonda y quien cree que los hombres nos violan para mostrar a otros su masculinidad violenta.

Rosa Belmonte.

Actualizado:

05/03/2019 01:01h.

Es guapa y cree en los chemtrails. Raquel Martínez, antigua presentadora del Telediario del fin de semana y ahora del 24 horas, escribió en Twitter que había visto desde («dsd») su coche dos estelas. Que la primera era la de un avión y la segunda la de un chemtrail. «Me llamarán conspiracionista». No sé, es que esa palabra es muy larga. También creen en los chemtrails Chuck Norris y Kylie Jenner. Un 98,7% de los científicos atmosféricos sostiene que son nubes alargadas o estelas de condensación de aviones. No creen que haya un programa secreto para fumigar a la población, para esterilizarla, propagar enfermedades, provocar sequías o modificar el clima. Sin embargo, los antivacunas sí quieren propagar enfermedades.

Tiendo a creer que la tierra es redonda, pero hay mucha gente que no. En el documental La Tierra es plana sale un hatajo de zoquetes armados de fotografías y datos. Muy convencidos de la planicie terráquea. El jefe de los chiflados (hay otro que le disputa el liderazgo) mira a lo lejos los rascacielos de Seattle y dice que si la tierra fuera redonda no los veríamos a tanta distancia porque estarían escondidos. Aquí también sale una señora muy guapa e igualmente escéptica en cuando a la redondez de la Tierra. Van en el coche que ella conduce camino de Houston para ver un museo de la NASA. « ¿Por qué no pones la voz masculina en el GPS?», pregunta él. «Porque odio que los hombres me manden». Y mucho menos le van a mandar creer que la Tierra es redonda.

Me he leído el manifiesto feminista que explica por qué hay que ir a la huelga el 8-M. Me podía haber leído el Manifiesto Comunista y haber acabado antes. Este larguísimo argumentario (palabro) del Movimiento Feminista en España dice cosas como «porque nos violan los hombres que se creen dueños de nuestros cuerpos pretendiendo anularnos como personas, para mostrar a otros hombres su masculinidad dominadora y violenta». Cielos, para mostrar a otros hombres… También esta es buena: «Porque la mayoría de los medios de comunicación realizan un tratamiento amarillista y morboso de los casos de violencia contra las mujeres, sin considerarnos sujetos de derechos…». A los medios les da igual si el sujeto del amarillismo es una mujer. Un niño les viene bien. «Para que las mujeres psiquiatrizadas dejemos de sufrir una doble opresión por mujeres y locas». De esto, lo peor es lo de «psiquiatrizadas». Otra más: «Porque no somos dueñas de nuestros cuerpos, ni de nuestros deseos y se nos niega nuestro derecho a decidir. Ni las mujeres ni la tierra somos territorio de conquista». Se habla mucho de «migrantes» (otra palabrota). De ahí, esta proposición: «Porque nuestros cuerpos racializados se presentan como hipersexuales y exóticos asociándonos a lo salvaje y lo no domesticado, cosificándonos aún más». Y ya la última: «Para construir un modelo de banca social y pública que nos proteja de la especulación y del libre mercado y nos apoye a las mujeres en iniciativas sostenibles». Que nos proteja del libre mercado. Ampáranos, Señora, de este terrible animal, que cantaría Gato Pérez.

Pero si el manifiesto en general parece una exageración chanante, llega Carmen Calvo y lo resume: «Más de la mitad de la población del planeta pagamos un particular y dramático peaje por ser mujeres». Una mujer que no es feminista es una ceporra. ¿No querer la igualdad de derechos, de oportunidades, de salario? ¿No querer facilidades para ser madre y no obstáculos? Pero algunas feministas y algunas vicepresidentas son como los terraplanistas y los que ven chemtrails.

Rosa Belmonte.

Articulista de Opinión.
Logotipos.

El Gobierno ha convertido todo el organigrama institucional en un gigantesco aparato de dopaje publicitario.

Ignacio Camacho.

Actualizado:

04/03/2019 00:37h.

Desde el momento en que el presidente de Correos fue capaz de decirle a un subordinado que iba a usar el servicio postal como caja de resonancia del Gobierno, ningún ejercicio de sectarismo oficial debería asombrarnos. Para eso puso Sánchez la moción de censura de mayo: para abordar el ciclo electoral con la ventaja que otorga el control de los resortes del Estado. Sabía que desde la oposición, y sin ser siquiera diputado, le iba a costar mucho trabajo repetir siquiera sus ya escasos 84 escaños, y que en cambio su relevancia podía dispararse mediante el efecto de arrastre del liderazgo. Ésa fue la clave de la decisión de tomar el poder por asalto; se trataba de convertir el Gabinete en una maquinaria de propaganda funcionando a todo trapo. Sus peones de confianza aterrizaron en el sector público para apoyar el desembarco: desde la televisión a los paradores, desde AENA al CIS de Tezanos. Todo el organigrama institucional se ha transformado en un gigantesco aparato publicitario con el que acudir a las elecciones dopado. Sin dejar escapar un solo detalle, como el del logotipo diplomático en homenaje al exilio republicano o como el turismo funerario en las tumbas de Azaña y Machado. Gobernar no se ha gobernado, ni falta que hacía intentarlo mientras los spin doctors del sanchismo pudieran trabajar a destajo en la construcción de una Presidencia icónica, virtual, que sirviese de marco a la imagen prefabricada de un candidato.

Claro que, para logotipo, el del BOE, que encabeza las resoluciones del Consejo de Ministros. Como en aquellos milagrosos jueves berlanguianos que promocionaban un pueblo alrededor de un santo ficticio, cada viernes La Moncloa se propone expedir en serie decretos de gasto social para crear la ilusión de un prodigio. La campaña de reelección consta de dos grandes elementos, la comunicación y el clientelismo, y los dos confluyen en un derroche que los ciudadanos pagarán de su bolsillo. De momento, las encuestas soplan a favor y sitúan al PSOE en la pole position, en la cuadrícula del favorito. Ni siquiera en la etapa de Zapatero, con su despliegue de ocurrencias oportunistas y caprichos líquidos, se había visto una operación semejante de ventajismo político. Un Ejecutivo sin proyecto, sin programa, casi sin partido, tornado en mero instrumento de un designio de poder personalista que el líder hace girar sobre sí mismo.

Y sí, puede tener éxito. Lo tiene ya, de hecho, en la medida en que arrastra la contienda electoral al terreno banal del postureo. Los asesores de Sánchez no manejan ideas sino eslóganes porque en el debate posmoderno importa el enunciado, no el concepto. En esa confrontación de apariencias, ninguna es tan potente como la del Gobierno, con su capacidad de marcar la agenda y los tiempos. Eso sí: en caso de fracasar, el presidente no tendrá pretexto tras el que volver a ocultar su escasez de talento.

Ignacio Camacho.

Articulista de Opinión.
Admirable Tezanos.

A sus 72 años el veterano sociólogo está reinventando la ciencia demoscópica.

Luis Ventoso.

Actualizado:

01/03/2019 11:25h.

Nunca se debe desdeñar la capacidad de los científicos, eruditos e investigadores españoles. Al fin y al cabo estamos hablando del país que regaló al orbe creaciones como la fregona, el futbolín y la tortilla de patatas.

Ahora un estudioso español está revolucionando la ciencia demoscópica y llevándola a umbrales desconocidos en todas las democracias del planeta donde se elaboran encuestas. La proeza tiene el mérito añadido de que quien la protagoniza es un científico ya en edad provecta, José Félix Tezanos Tortajada, de 72 años. Saltando directamente de la Ejecutiva del PSOE a la presidencia del CIS, el eminente sociólogo, hombre de probada imparcialidad y sectarismo cero, está logrando desentrañar cuál es la verdadera intención de voto de los españoles. Su rectitud moral, su lealtad insobornable a los datos reales que arrojan las encuestas, le ha valido críticas y epítetos de la pérfida derechona y de compañías privadas de sondeos, que dudan de la fiabilidad de sus estudios. Algunas lenguas viperinas han llegado a caricaturizarlo como «MasterChef Tezanos», en alusión a su magia en los fogones del CIS. Paparruchas. El viejo profesor solo tiene una divisa: la lealtad a la verdad de los datos, sean contrarios o favorables al PSOE, donde milita desde su más tierna juventud.

En su último estudio, el respetado catedrático nos revela que Sánchez, que en 2016 se despeñó con solo el 22,6% de los votos, arrasará ahora y ganará los comicios de abril con un 33%. Con este magnífico resultado, Sánchez doblará en votos a Casado. Pero hay más nuevas singulares. El clamor universal de que Podemos se está hundiendo es un bulo. A pesar de sus peleas internas, su descrédito, la incongruencia del chaletazo de Galapagar y la baja paternal de Querido Líder, Podemos aguanta el tipo y mantiene su voto. PSOE y comunistas suman así un 47,8%, y ya rondan la mayoría absoluta, mientras que PP, Ciudadanos y Vox se quedan en un 37,9%, diez puntos menos. El PP está tan acabado que según ha descubierto Tezanos ya solo supera en dos puntillos a Podemos.

Si se entra en el detalle del estudio se descubren auténticas maravillas. Por ejemplo, cuando se pregunta qué tal lo ha hecho el Gobierno de Sánchez, solo un 13,4% responden que «bien» o «muy bien», mientras que un 41,3% dicen que «mal» o «muy mal». En cuanto a la pregunta de si Sánchez les inspira confianza, un 74% de los encuestados aseguran que «poca» o «ninguna». Se completa así el milagro mensual del gran Tezanos: la mayoría de los españoles consideran que Sánchez lo ha hecho mal y no se fían de él un pelo, pero sin embargo se disponen a votarlo en masa.

Admiro tanto las encuestas de Tezanos que las colecciono encuadernadas, en un volumen que atesoro en mi biblioteca personal al lado de «Alicia en el país de las maravillas», «Aladino y su lámpara maravillosa» y «Pinocho». En fin, que todo muy entretenido, de no ser que Sánchez y su hooligan están utilizando un instituto del Estado y el dinero público de todos como ariete de propaganda electoral, algo que en ninguna democracia de solera se admitiría ni un minuto. Pero estamos en la España sanchecista, la de la gran regeneración de la vida pública.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
Montoro y las trampas.

Las defensas utilizan cada debilidad mostrada en su día por el Gobierno de Rajoy como argumentos a su favor.

Isabel San Sebastián.

Actualizado:

28/02/2019 01:26h.

Nn el mejor de los casos, Cristóbal Montoro, a la sazón ministro de Hacienda, hablaba a humo de pajas cuando, en septiembre de 2017, afirmó tajantemente en el Congreso de los Diputados que ni un euro de dinero público había sido destinado a financiar el proceso golpista culminado días después con un referéndum ilegal y una proclamación unilateral de independencia. En el peor, mentía a sabiendas. Lo único seguro es que esas palabras, repetidas en una entrevista periodística con idéntica vehemencia y torpemente matizadas ayer ante el Tribunal, constituyen la mejor defensa de los imputados por el golpe del 1-O frente a la acusación de malversación a la que se enfrentan en el Supremo. ¿Merecía la pena poner en riesgo el desenlace de esta causa vital para nuestra democracia y para España, simplemente con el fin de salvar la cara? La respuesta evidente es «no». Pero Montoro, acosado en su día por la legítima crítica política, prefirió atrincherarse en su posición y rechazar la posibilidad de que sus tutelados catalanes consiguieran poner urnas en los colegios electorales, tal como acabó ocurriendo, antes de admitir que acaso le hubiesen engañado burlando los controles de su Ministerio. En el papel de testigo, sin embargo, a preguntas de la Fiscalía, ya no estaba tan seguro. Su discurso había mutado hasta el punto de admitir que la Generalitat pudo «hacer trampas» y «utilizar en la sombra» el dinero del contribuyente para llevar a cabo su plan ilegal. En cuanto a sus declaraciones a un conocido periódico, se refugió en que, ante los medios de comunicación, «todo el mundo simplifica». Un alarde de cinismo sumamente imprudente, indigno de quien durante años ha llevado las cuentas del Reino sometiendo al contribuyente a un trato inquisitorial propio de tiempos pretéritos.

Ya desde el principio de su instrucción el juez Pablo Llarena dejó constancia de que la polémica afirmación del ministro «contradecía las fuentes de prueba» y estaba siendo utilizada por alguno de los acusados como argumento exculpatorio. O sea, que el responsable de las finanzas nacionales había torpedeado su labor, sin otra finalidad que la de justificar su gestión ante la oposición parlamentaria negando que los separatistas al mando de la Generalitat le hubiesen metido un gol de libro al eludir los controles de su gabinete y emplear parte del dinero de nuestros bolsillos en financiar una intentona golpista. Montoro no rectificó en ese momento y tampoco se desdijo abiertamente ayer en la sala, aunque trató de evitar echar agua al molino de los abogados defensores recurriendo a confusas explicaciones, después de que Artur Mas fuese el primero en invocar esas fatídicas declaraciones para acudir en auxilio de sus correligionarios.

El juicio por el «procés» plantea un desafío demasiado importante al Estado de Derecho como para que desde las filas constitucionalistas se ponga el más mínimo bastón en las ruedas de la acusación. Las defensas están sometiendo a una dura prueba la paciencia de los jueces y la nuestra, tratando de convertir cada intervención en un insufrible mitin independentista y utilizando todas las debilidades mostradas en su momento por el gobierno de Rajoy como argumentos a su favor, lo que obliga al presidente Marchena a extremar la cautela y fuerza al Ministerio Público a afianzar cada paso que da. Ayer Montoro habría podido ayudar teniendo la humildad de admitir que erró al decir lo que dijo, pero desaprovechó la ocasión. Esperemos que las «fuentes de prueba» acumuladas por Llarena pesen más en la sentencia que la soberbia de un exministro.

Isabel San Sebastián.

Articulista de Opinión.
Rufián y las culpas de Vox.

El independentismo ha convertido la tergiversación en su modus operandi.

Ana I. Sánchez.

Actualizado:

26/02/2019 01:05h.

AGabriel Rufián, ese ídolo de masas independentistas, le escuece en extremo que se culpe al secesionismo del auge de Vox. Lleva semanas argumentando que el ascenso de este partido nada tiene que ver con el «republicanismo catalán». Debe temer que el separatismo le vea las orejas al lobo y se dé cuenta de que por la vía unilateral no solo no alcanzará más, sino que igual acaba obteniendo menos. A él, el del tuit de las 155 monedas de plata, se le achicaría el espacio. Así que el jueves decidió lanzar un sesudo y agudo análisis desde la tribuna del Congreso. Cito textual: «Lo que pasó en Andalucía -y no es opinión, es información- es culpa de la abstención del votante de izquierdas, de su votante (al PSOE) y del votante de Podemos, que no se sintió representado y decidió quedarse en casa. Nosotros no somos responsables del auge del fascismo». No es que Rufián se diera a conocer por su mente privilegiada para el diagnóstico político, pero ¿no es capaz de percatarse de un contrasentido en una misma frase? Si el auge de Vox son los 396.000 sufragios que obtuvo en Andalucía ¿cómo es posible culpar al elector de izquierdas que «decidió quedarse en casa» y, por tanto, no votó a nadie? El discurso del republicano demuestra hasta qué extremo el independentismo ha convertido la tergiversación en su modus operandi automático, sin que la veracidad marque ya frontera alguna. Ni siquiera importa que las falacias consten para la posteridad, como sucede en el Congreso con el Diario de Sesiones.

El republicano, probablemente, intentaba decir que la desmovilización de PSOE y Podemos provocó que Vox obtuviera un mayor peso en el reparto final de escaños. Una conclusión acertada pero que nada tiene que ver con lo que acabó afirmando. Es cierto que sin abstención, Susana Díaz podría haber mantenido el Gobierno de la Junta pero, en todo caso, la formación de Santiago Abascal hubiera eclosionado igualmente. No hay que olvidar que el 85 por ciento de sus votos procedieron del PP y Cs. Las cifras son incuestionables y un vistazo a la legislatura anterior demuestra la potencia alcanzada por Vox. Con la izquierda movilizada, Cs se convirtió en 2015 en socio de gobierno de Díaz con 369.000 votos: 27.000 menos que los obtenidos por el partido de Abascal en diciembre.

Abraham Lincoln decía que en la vida de todo político hay momentos en que es mejor no despegar los labios. El problema de Rufián es que esta máxima se cumple demasiado a menudo en su caso. ¿Creyó que sus salivazos verbales no iban a provocar una indignación que antes o después encontraría una vía de escape? ¿Acaso no se da cuenta de que el desprecio que dedica a España enerva a los ciudadanos que sí quieren a su país? ¿No es consciente de que la repulsa con que se dirige a PP y Cs ultraja a quienes votan a estos partidos? Así que sí, señor Rufián, sí: en el auge de Vox tiene bastante culpa el independentismo catalán, usted incluido. ¿No se comprometió a abandonar su escaño en el Congreso en junio de 2017? Si de verdad quiere frenar a Abascal, ya va 20 meses tarde.

Ana I. Sánchez.

Redactora.
TRIANA. Bonita reflexión hace Ignacio Camacho. Buen periodista.

Un saludo.
Ángel, buenos días.

Un saludo.
De votos y banderas.

En el bloque de la derecha no se reconoce un liderazgo mientras el bando de enfrente tiene un candidato claro.

Ignacio Camacho.

Actualizado:

25/02/2019. 02:49h.

Pues claro que puede ganar Sánchez. Desde luego, que vaya a ser el más votado no lo duda ya casi nadie. Para eso hizo la moción de censura, para aprovechar el poder y su máquina de propaganda como tractor de arrastre. Otra cosa es que, en las elecciones de abril, alzarse como la primera fuerza no garantiza que realmente gane porque la victoria será del que pueda reunir una coalición mayoritaria y eso está aún en el aire; cada vez más gente decide en el último momento, a menudo en la propia jornada electoral o muy poco antes. Ahora mismo no existe ningún pronóstico fiable. Pero no te engañes: el bloque del centro y la derecha se está desfondando y la fragmentación en tres partes le resta posibilidades. Al presidente le pueden salir las cuentas para otra alianza Frankestein; aunque el tirón de Pablo Iglesias sufra un enorme desgaste, el juicio del procés refuerza a los independentistas catalanes. Te guste o no, lo creas o no, ésta es la cera que arde.

Y es así porque la izquierda tiene un líder claro. La estrella de Podemos se ha apagado entre problemas de cainismo interno y personalismos doctrinarios, y muchos de sus simpatizantes se están reagrupando en torno al PSOE como opción de recambio. A Sánchez lo pueden votar también los soberanistas menos fanáticos para evitar que les caiga encima un 155 ampliado. Y en el bando de enfrente aún no cuaja la proyección de Pablo Casado ni despegan lo suficiente las expectativas de Ciudadanos. El crecimiento de Vox se va a descrestar en las provincias de pocos escaños. Nada menos que 28 circunscripciones, más de la mitad, eligen de cinco diputados para abajo: ahí no entra el quinto partido, ni siquiera el cuarto, dado que la regla de Hont tira por el sumidero miles de sufragios. La gran diferencia entre los dos bandos consiste en que en uno de ellos hay en la práctica un solo candidato y en el otro no se reconoce un liderazgo. Por muchas bromas del Doctor Pikolín que hagas en el whatsapp, puede haber colchón para rato. Las redes sociales son un espejismo de reflejos falsos. Sus algoritmos crean conjuntos sectarios, agrupan a los que piensan igual y los despistan respecto a una realidad que a veces va por otro lado.

Éstas son unas elecciones para votar con inteligencia. La gente que vota con las vísceras se queda muy desahogada y muy contenta pero a la hora del recuento le entra el crujir de dientes y se lleva las manos a la cabeza. Ya ocurrió con Zapatero en 2008, cuando media España lo veía fuera sin darse cuenta de lo que pensaba la otra media. La decepción de la derecha fue épica: durante meses había llenado las calles de manifestantes en filas muy espesas pero a la hora de la verdad le faltaron papeletas. Si vuelve a ocurrir algo similar, no le eches la culpa a las encuestas. Que se equivocan, sí, pero también sirven de advertencia. En las urnas se gana con votos, no con banderas.

Ignacio Camacho.

Articulista de Opinión.
El Rey, cubriendo ausencias.

Ya sabe el autor de «Manual de Resistencia» lo que tiene que hacer. La pauta se la ha dado el que siempre responde.

Carlos Herrera.

Actualizado:

22/02/2019 00:44h.

Es sabido que hay una Cataluña que se esfuerza en hacer de la normalidad y la rutina del trabajo un modo de vida. Es la Cataluña que se resiste a vivir en la excepcional idea levantisca de un permanente proceso, tan cansino como amenazante, en busca de una tierra prometida que no existe más que en la cabeza desequilibrada de una masa no despreciable de personas pero no, en cualquier caso, de una mayoría aplastante de la población. Esa Cataluña ayer volvió a quedarse parada en sus desplazamientos merced a los cortes de carreteras y a otras acciones de los cachorros de Puigdemont, los CDR, guiados y pastoreados por la Generalidad y por el sindicato-chiringuito de un asesino llamado Carles Sastre, lo habitual en esta Cataluña maltratada y golpeada por aquellos que dicen luchar por su libertad y no sé qué tontunas más. Sin Parlamento, sin gobierno, sin poder dar un paso sin tener que toparse con la Cataluña lanar que sigue consignas bobamente, sin escuelas que de forma independiente afronten la educación de los niños de forma equilibrada, sin servicios volcados hacia la excelencia, sin perspectivas de futuro que despierten ansias creativas por parte de quienes emprenden y crean riqueza, sin todo eso y más que no reproduzco por cuestiones de espacio... ¿Quién no entiende que la cola de inversores y empresarios que desisten y se amontonan en los registros para llevarse su negocio aumente cada día?

Mientras tanto, en el Supremo, los procesados por haber llevado a Cataluña a esta situación y por haberse querido instalar por encima de la ley, siguen con la salmodia de que todo era una broma. Nadie hizo nada y sin embargo lo reivindican todo. Pero ninguno de ellos ha dado un paso adelante y ha dicho: «Sí, señor fiscal, Yo fui quien dio la orden para que se compraran las urnas y se imprimieran las papeletas. Yo fui quien declaró a Cataluña República Independiente. Yo quien desobedeció al Tribunal Constitucional». Y podría añadir: «Y aquí está el tío, ¿qué pasa?».

No lo harán, descuide. Entre tanto, la sociedad civil muestra signos de desentendimiento, de retirada, de no efectuar ningún esfuerzo por su autodefensa. Y mira hacia el Estado esperando que éste se manifieste de forma categórica, líquida o sólida. Pero el Estado a veces parece una casa vacía, en la que todos se han ido a tomar café y en la que los que quedan nunca acaban de decidir si hay que abrir la ventana o cerrarla. Cuando, en situaciones excepcionales, uno se planta en la puerta de esa casa que se llama España y hace toc toc en la puerta, preguntando si hay alguien ahí, al fondo se escucha normalmente una voz. Es la voz del Rey. La que sonó cuando un 3 de Octubre hubo de recordar a levantiscos y abandonistas que el cumplimiento de la Constitución es tarea que nos compete a todos. Respetarla y hacerla respetar. Cumplir la ley, en suma. Antes de ayer, en el congreso de juristas más importante del mundo, Felipe VI volvió a responder desde el fondo de la habitación. Sin citar ni referir, el Rey aclaró: «Sin Democracia, el Derecho no sería legítimo, pero sin Derecho, la Democracia no sería real. No se puede apelar a una supuesta Democracia por encima del Derecho». Evidentemente es una obviedad, pero este es un tiempo en el que lo revolucionario es recordar la realidad, y lo valiente, lo imprescindible, lo transgresor es sacarle brillo a la verdad, mostrar un manojo de certezas y someter a todos a la confrontación de sus propios actos con la simple y llana defensa de la legalidad. Ya sabe el autor de «Manual de Resistencia» lo que tiene que hacer. La pauta se la ha dado el que siempre responde, el que siempre cubre las ausencias de otros.

Carlos Herrera.

Articulista de Opinión.
El futuro era Franco.

Mientras nos distraen con el difunto, el sistema de pensiones semeja cada vez más una estafa piramidal en la que nos va la jubilación.

Isabel San Sebastián.

Actualizado:

21/02/2019 00:29h.

No se trataba de la Educación, ni de la revolución tecnológica, ni tampoco de la investigación, anclada desde antaño en el unamuniano «que inventen ellos». No se referían a salir de la irrelevancia internacional o al menos a consolidar un crecimiento económico que, por primera vez en lustros, nos había situado a la cabeza de la Unión Europea. No. El «futuro» del que nos hablaban murió hace cuarenta y cuatro años en su cama. El «futuro» al que era menester mirar con ilusión lleva enterrado cuatro décadas, durante las cuales España ha experimentado una evolución prodigiosa que algunos ansían revertir cuanto antes. El «futuro» era Francisco Franco. Un fantasma sin el cual no parecen saber vivir.

El protagonista de esta campaña será el espectro del dictador, cuyos restos mortales componen el estandarte del PSOE. La exhumación de esos huesos se ha convertido en el único triunfo tangible al que aún puede aspirar Pedro Sánchez, toda vez que ha fracasado en cada una de las metas que se marcó a sí mismo al presentar su moción de censura contra Rajoy. Ni ha frenado a los golpistas catalanes (antes al contrario, están más envalentonados que nunca), ni ha tumbado la reforma laboral (afortunadamente para los trabajadores), ni ha erradicado la corrupción y las corruptelas (ostenta el récord absoluto de estrechos colaboradores titulares de sociedades destinadas únicamente a pagar menos impuestos), ni mucho menos ha hecho gala de más «decencia» (por emplear su expresión) que su predecesor. De hecho, no recuerdo a un presidente de Gobierno pillado en más flagrantes mentiras en solo ocho meses de mandato.

De todas las promesas hechas con la fatua solemnidad que le caracteriza, la de expulsar a Franco del Valle de los Caídos es la única que tal vez pueda cumplir antes de que las urnas dicten su veredicto. Y a juzgar por el énfasis que ponen en ella sus televisiones amigas, es de suponer que lo hará. Cuando el general haya sido desalojado de su actual sepulcro, si es que finalmente así es, acaso nos sea dado devolverle al feliz olvido en el que estaba antes de que el revanchismo lo sacara de su sueño... o no. Porque una «resurrección» de semejante calado produce efectos en cadena de magnitud incalculable, que tienen nombre y también siglas.

En todo caso, mientras nos distraen a placer con el insigne difunto, el sistema de pensiones semeja cada vez más una estafa piramidal en la que nos va la jubilación. Y por más que para Sánchez el futuro sea Franco, para una gran mayoría de españoles el suyo y el de sus hijos pesa más en la preocupación, ya que se trata de un porvenir sombrío donde los haya. Más de cien mil millones de déficit arrastra a día de hoy ese mecanismo obsoleto, enfrentado a la demografía, que únicamente subsiste a base de voluntarismo y créditos. No hay partido político que se atreva a ponerle el cascabel al gato, hasta el punto de que incluso las tibias reformas introducidas en su momento por el PP con el fin prolongar unos años su sostenibilidad han sido rechazados por la izquierda «progresista», cuyo modelo económico consiste en garantizar «derechos sociales» subiendo impuestos a «los ricos». O sea, la gallina que acaba en ruina. El Pacto de Toledo ha encallado y todo sigue como estaba, abocado a la quiebra... pero Franco será exhumado del valle de los Caídos. O no.

Isabel San Sebastián.

Articulista de Opinión.
Sánchez tiene la campaña hecha.

Cada día que pasa es un día más que sumar al desgaste. Eso ha llegado a entenderlo Sánchez, incluso a pesar de Tezanos.

Carlos Herrera.

Actualizado:

15/02/2019 08:24h.

Aestas horas de la mañana sigue medio país haciendo cábalas acerca del llamativo cambio de criterio que ha llevado a Pedro Sánchez a considerar razonable la convocatoria de elecciones, esas que, de no producirse alguna sorpresa llamativa, quedarían convocadas cuando este ejemplar de ABC haya sido leído por varios ojos. Es decir, a eso del mediodía.

Sánchez afirmó repetidamente que él estaría en el Gobierno y en el Falcon, contra viento y marea, hasta que resultase agotado el tiempo de la legislatura presente. Daba por hecho que sería capaz de ver aprobados sus Presupuestos, pero de no ser eso así, se avendría a gobernar con los de su antecesor mediante los retoques pertinentes que permiten los reales decretos. Nada ni nadie le iba a levantar el cargo al que había llegado después de mucha resistencia y no menos audacia. Es verdad que él le había dicho a Rajoy que no aprobar presupuestos obliga a convocar elecciones, pero eso fue antes de ser presidente del Gobierno, y, por lo tanto, era otro plano de la realidad. Como si fueran dos personas diferentes. ¿Qué ha ocurrido ahora para que considere que es preceptivo llamar a rebato a los españoles aunque sea el Domingo de Ramos?: ha encontrado el discurso adecuado y el momento oportuno, ni más ni menos.

Cada día que pasa es un día más que sumar al desgaste. Eso ha llegado a entenderlo Sánchez, incluso a pesar de Tezanos. Su compañero de aventuras, Podemos, está con las carnes abiertas, con el líder cambiando pañales y con la militancia mirando a Errejón, que es un lagarto al que pronto devorará el PSOE. Quiero decir, que ahí puede meter la cuchara. Puede presentarse ante los españoles como el Hombre Al Que Odian Los Extremos: miradme aquí, en estas manos, donde mi esfuerzo por dialogar ha dejado huella. Miradme aquí, en el centro de dos fuerzas letales, reaccionarias, enemigas del progreso de la España social, a la que yo iba a devolver lo que le ha quitado la crisis y la voracidad de la derecha. Esa España de pensionistas, parados, asalariados, dependientes, estudiantes, gente a la busca de una oportunidad que el poder no sabe darle. Miradme, mirad cómo me han dicho que no los derechones de la plaza de Colón y los insolidarios independentistas catalanes. Las derechas que coquetean con el fascio pueden ganar, ved lo que pasó en Andalucía, y a ellas hay que hacer frente: nos os durmáis el día de las urnas. Los soberanistas no están interesados en progresar hasta la situación en la que reequilibremos esta España centralista: solo quieren tensionar el Estado y hablar de procesos inconstitucionales que yo no estoy dispuesto a abordar. Con la Constitución todo, sin la Constitución nada y tal y tal.

Sánchez sabe que puede seguir hasta octubre, incluso que puede seguir hasta 2020, pero no ignora que con 191 escaños en contra no hay quien viva, con lo que lo mejor será reinventarse. Nadie dice que no se pueda dar el caso en el que se reanude el pacto de la moción de censura: con Podemos y esa panda puede sumar un nuevo escenario, pero esta vez de cuatro años en los que habrá de todo, relatores, mediadores, dineros, competencias y promesas de referéndums medio camuflados. Pero el momento para que eso pueda salir adelante es ahora. A ellos, a los indepes de los cojones que le han dejado tirado, pobrecito, también les conviene el momento. Su discurso está hecho: hemos sido fieles a nuestros presos políticos y a Cataluña, a la que han negado su derecho a decidir, y así jamás apoyaremos a un Gobierno español. En el fondo ambas partes tienen la campaña hecha.

Además, tengo entendido que el lunes o así presenta su libro. Qué mejor comienzo de una campaña electoral.

Carlos Herrera.

Articulista de Opinión.
Fin del chantaje.

Hoy es probable que Sánchez se acuerde del escorpión y la rana mientras decide la fecha a su cita ineludible con las urnas.

Isabel San Sebastián.

Actualizado:

14/02/2019 00:02h.

Ayer fue un día decisivo en dos frentes informativos íntimamente ligados entre sí: el del Gobierno rehén de Pedro Sánchez y el del juicio contra la intentona golpista que se celebra en el Tribunal Supremo. Ayer empezó a despejarse un horizonte político marcado desde hace años por la extorsión del separatismo catalán y vasco, envalentonado desde la moción de censura hasta límites insoportables para cualquier demócrata. Ayer la Fiscalía General del Estado honró su condición de Ministerio Público y defendió con brillantez la Constitución alevosamente agredida por los imputados, sin desviarse un ápice del marco jurídico vigente y de los argumentos que brindan la ley y la verdad desnudas. Ayer el Congreso de los Diputados rechazó los Presupuestos Generales de un presidente indigno de liderar esta Nación, encumbrado hasta el poder con el apoyo retribuido de los enemigos de España. Ayer empezamos a ver luz al final de un túnel oscuro de sumisión al chantaje.

La solidez de los alegatos desplegados por los fiscales Javier Zaragoza y Fidel Cadena confirmó que el Ejecutivo había pinchado en hueso al intentar a la desesperada forzarles a cambiar de postura con el fin de conseguir el sí de Ezquerra y PDECat a las cuentas gubernamentales. Las presiones funcionaron con la Abogacía del Estado, obediente a las consignas, pero no con esos dos veteranos representantes de la acusación pública. Ellos se han mantenido firmes en el delito de rebelión, uno de los más graves que contempla el Código Penal, y ayer demostraron una enorme solvencia profesional en el barrido meticuloso de la hojarasca propagandística esparcida la víspera por las defensas con el propósito de embarrar el juicio presentándolo como una persecución a la ideología de los procesados. Primero Zaragoza y después Cadena, a cuál con más elocuencia, fueron desmontando uno a uno los pretendidos razonamientos (todos de carácter político, ninguno jurídico) empleados por esos abogados para hacernos creer que los acusados son víctimas de un Estado opresor que castiga su modo de pensar. Agitprop barato, de uso común en los medios de comunicación afines a su causa y en los mítines callejeros, que un órgano como el Supremo no podía dejar pasar. Aún falta mucho proceso antes de que se dicte sentencia, pero ayer quedó muy claro que la Justicia va a cumplir con su deber de actuar como lo que es: un pilar del Estado de Derecho independiente de los demás. El baluarte mejor armado de cuantos se han enfrentado a esos ladrones empeñados en robarnos la soberanía.

Mientras tanto, en el Congreso donde reside la representación de esa propiedad, el presidente más débil que ha conocido nuestra democracia sufría un fracaso estrepitoso al ser tumbados sus presupuestos por la mayoría de la Cámara. Había aceptado la infamia a cambio de la poltrona, sin comprender que el respaldo del separatismo resulta, por definición, impagable. No hay precio asumible en términos constitucionales que satisfaga sus demandas. Son y siempre han sido socios desleales a España y, por consiguiente, a quien la gobierna. De haber cumplido su palabra de convocar elecciones al poco de acceder a La Moncloa, es probable que las hubiese ganado, aprovechando el tirón de esa victoria inesperada. Prefirió unir su suerte a la de un Podemos en plena descomposición y unos nacionalistas echados al monte de la ruptura, a quienes sabe Dios qué promesas hizo creyendo poder engañarlos.

Hoy es probable que Sánchez se acuerde del escorpión y la rana mientras decide la fecha de su cita ineludible con las urnas.

Isabel San Sebastián.

Articulista de Opinión.
La efigie y el cobarde.

La foto del día, esa imagen que de nuevo casi vale más que mil palabras, narra también la entrada de Quim Torra a la sala de vistas del Tribunal Supremo lanzando un saludo a los integrantes del banquillo.

Álvaro Martínez.

Actualizado:

13/02/2019 09:16h.

<<Les pido que sean fuertes, tener ánimo y confianza porque deben estar orgullosos del ejemplo que están dando...». Ese fue el mensaje que el forajido de Waterloo les dedicó, desde Berlín, a los procesados que ayer comenzaron a ser juzgados por el Tribunal Supremo como presuntos culpables de gravísimos delitos contra el Estado. Algo más que vergüenza ajena da el impresentable desahogo de Puigdemont, que lejos de poder presentarse como ejemplo de resistencia [no ha leído aún el libro que le han escrito a Sánchez], su figura ha entrado con fuerza en la enciclopedia de los grandes cobardes del siglo, de aquellos que salen corriendo cuando el incendio que han provocado amenaza con chamuscarles el tafanario.

La foto del día, esa imagen que de nuevo casi vale más que mil palabras, narra también la entrada de Quim Torra a la sala de vistas del Tribunal Supremo lanzando un saludo a los integrantes del banquillo, la mayoría de los cuales se vuelven al escuchar su voz. Casi todos menos Junqueras, que convertido en una efigie se niega a atender al aliento que le manda Torra, pues sabe bien que hoy por hoy el president no es nada más que ese señor de mofletes sonrosados que aparece en las imágenes al lado del Puigdemont, allá en Flandes, asintiendo a las palabras como un figurante sin frase, porque en esa facción de la banda del lazo quien manda, manda, y ese sigue siendo Puigdemont.

Que Junqueras no quiere ver a Torra ni en pintura es sabido desde hace tiempo. No lo soporta. Es lo que ocurre cuando uno se convierte en asistente de un cobarde, el deshonroso precio que se paga al ponerse del lado de quien dejó tirados a sus consejeros, sin avisar tan siquiera a su vicepresidente de que iba a salir corriendo por el oscuro túnel del deshonor. «No creo en los mártires» fue la única razón que Puigdemont alcanzó a balbucir, nervioso, cuando se le preguntó el pasado septiembre por qué no da la cara en España, pues su huida es la que seguramente ha alargado la prisión preventiva del resto.

Cuando anteanoche los doce presos cogían su bandeja de la cena en el comedor de Soto o de Alcalá Meco, Puigdemont se despachaba un sabroso menú en Berlín, donde acudió a dar un premio (al que han terminado por renunciar los premiados al ver el perfil del personaje) y donde soltó un discursito innoble erigiéndose en «la voz» de los procesados. ¿La voz? Junqueras se juega 25 años de cárcel; él cuando terminó la cena quizá le dijo a Matamala: «Hablando de todo un poco, Jami, ¿con quién juega el Gerona el domingo?».

Álvaro Martínez.

Redactor jefe.