Foro Común


Mensajes de Opinión, repasando columnas enviados por Triana:

POSTALES.

Altruismo temerario.

La inmigración irregular sólo se arregla en origen, África, dotando a aquellos países de medios.

José María Carrascal

Actualizado:

17/08/2019 23:29h.

Tanto la ONG Open Arms como la tripulación de su barco se han dado cuenta de que juegan con fuego con los inmigrantes recogidos frente a las costas libias sin haberse asegurado antes un puerto donde llevarlos, al crecer en ellos la frustración, el desencanto e impotencia, incluso tras haber desembarcado 27 menores, al ver tan cerca Lampedusa sin poder desembarcar, tras haber cruzado países hostiles y sufrir humillaciones de todo tipo. El capitán tuvo que emplearse a fondo para que algunos de los 107 restantes no se arrojaran al mar y trataran de alcanzar la orilla. Que muchos no sepan nadar, al proceder de países del interior de África, puede que haya influido. También la Guardia Costera italiana tiene un problema dada la división de sus autoridades, con un ministro de Interior cerrando herméticamente sus puertos a inmigrantes ilegales, el primer ministro dispuesto a acogerlos y un tribunal regional aceptando la «asistencia inmediata a las personas rescatadas más necesitadas». Mientras la Comisión Europea intenta repartir esos refugiados entre los países dispuestos a acogerlos, Alemania, Francia, Malta, España, Portugal y Luxemburgo, sin acabar de alcanzar un acuerdo. Y es que no se trata sólo del Open Arms. Es que detrás viene el Ocean Viking con 356 «pasajeros» a bordo. ¿Qué se hace con ellos? ¿Y con los que llegan a continuación?

He olvidado casi todo el Derecho Marítimo que estudié en Tercero de Náutica, pero no la obligación de socorrer a los náufragos que se encuentren en alta mar y llevarlos «al puerto más cercano y seguro». Ahora bien, estos no son náufragos normales, son náufragos voluntarios, aparte de ¿cuál es el puerto más seguro para ellos? Los italianos, no, porque no los quieren. Ni, de hecho, ninguno, por lo que debería encargarse al país del barco que los acogió, España en este caso. Pero resulta que el Gobierno español ha cambiado su actitud desde que recibió con banda de música a los que traía el Aquarius. Poco después, el Open Arms desembarcaba en Algeciras 300 náufragos, desobedeciendo las instrucciones de devolverlos a Libia, de donde habían salido. Pero una nueva ruta hacia Europa se había abierto y rara es la semana en que los guardacostas e incluso pesqueros no nos traen unos cientos, pese a haber dicho el Gobierno que tiene bastantes con los del Mediterráneo Occidental para aceptar los del Oriental, si no se reparten con otros países europeos. Veremos en lo que queda. Porque el «efecto llamada» es tan poderoso que resulta imparable, habiendo gentes dispuestas a jugarse cuanto tienen, a veces sólo la vida, para alcanzar el paraíso. Y eso no lo arreglan unas ONG, con más buena voluntad que medios, ni doña Carmen Calvo acusando al Gobierno italiano de llevar una política «inentendible», cuando la ininteligible es ella, pese a haber sido ministra de Cultura. La inmigración irregular sólo se arregla en origen, África, dotando a aquellos países, un día colonias europeas, de medios para ofrecer una vida digna a sus habitantes. Mientras eso no ocurra, seguirán llegando. Y llegando.

José María Carrascal.

Articulista de Opinión.
TODO IRÁ BIEN.

Plácido.

Que al cabo de 40 años alguien pueda manchar y destruir la vida de un artista lanzando acusaciones sin que resulten probadas, es una forma de estalinismo.

Salvador Sostres.

Actualizado:

17/08/2019 12:21h.

No conozco a ningún demandado por acoso sexual que sea pobre o un don nadie. No conozco ninguna demanda que no haya sido retirada cuando se alcanza una cifra agradable. Tampoco he visto que ni una sola de estas quejas se haya pronunciado mientras duró el provecho de lo que se obtuvo a cambio.

He conocido a mujeres maravillosas a lo largo de mi vida. Mujeres valientes, fuertes, responsables, que en su relación con los demás sabían marcar los límites y controlaban ellas lo que ocurría y nunca se quejaron de las consecuencias de lo que aceptaron. Mujeres que fueron siempre dueñas de su destino y que si alguien las agredía o las pisoteaba lo denunciaban al instante. No había ninguna cifra para callarlas. Ni la pedían ni la aceptaban. Cuando reclamaban su dignidad era lo único que reclamaban.

He visto también que sexo y poder han tenido siempre relaciones fronterizas y vendimiadas. He visto que Arcadi Espada ha escrito que los hombres utilizan su poder y las mujeres su sexo, y he visto que era cierto. Lo he visto muchas veces, muy cerca y más lejos. He visto las alcantarillas desbordadas de repugnantes ratas corriendo a morder a Plácido, como siempre que el submundo tiene la ocasión de intentar destruir cualquier indicio de belleza porque le mata el resentimiento de vivir sin ella.

He visto el perfil en Twitter de la mujer que nos acusa -porque yo soy Plácido y lo somos todos los hombres blancos y libres, aunque algunos sean demasiado estúpidos para entenderlo- presumiendo con gran orgullo de haber trabajado con él, justo hasta que además de verle como un maestro empezó a verle como un cajero automático. He visto a los padres de aquellos niños que se quedaron una noche a dormir en el Neverland de Michael Jackson, y los millones de dólares que aceptaron por retirar sus estudiadas demandas. Veo también cada día a mi hija y sé que los únicos millones que aceptaría si alguien le hiciera daño son los que algún amigo me prestara para contratar a un sicario. Y probablemente ni esos, porque preferiría hacerlo yo, con mis propias manos, aunque fuera lo último que hiciera, y no tendría ningún remordimiento ni ningún miedo de ir a la cárcel.

Vivimos vidas de imperfección, de excesos, de algunas cosas me arrepiento y muchas veces me he disculpado. Pero los linchamientos son intolerables. Que sin ninguna demostración y al cabo de 40 años alguien pueda manchar y destruir la vida de un artista lanzando acusaciones sin que resulten probadas, es una forma de estalinismo y si no nos alzamos y decimos basta nos vendrán a buscar uno por uno hasta que no quede nadie.

He visto a Plácido Domingo, a Montserrat Caballé a Jaume Aragall o a Josep Carreras recorrer el mundo entero y cómo el mundo entero se rendía a su genio y a su hermosura, y deseaba tocarlos, abrazarlos, poseerlos. A la denunciante nunca antes había escuchado nombrarla y no creo que volvamos a saber de ella cuando cobre la cifra establecida y retire su dignidad -y su demanda.

Salvador Sostres.

Articulista de Opinión.
ENFOQUE.

Madrid se alza.

El futuro del centro-derecha.

Salvador Sostres.

Actualizado:

15/08/2019 23:57h.

Una idea de la libertad resiste en Madrid con el centro-derecha gobernando el Ayuntamiento y la Comunidad. PP, Ciudadanos y Vox tendrían que reflexionar sobre ello. Sobre la idea de libertad que encarnan y sobre el peligro que para esta idea representa la extrema izquierda de Podemos o un Pedro Sánchez fuera de control.

De un lado, como Narciso Michavila explicaba en la contraportada del miércoles, mientras la derecha se presente dividida en tres partidos, continuará gobernando la izquierda, a la que ni siquiera le basta con Podemos sino que necesita la fiesta añadida de los independentistas. Si la vanidad de los líderes de los tres partidos pasa por encima de su obligación de defender las libertades fundamentales de los españoles, nos estarán abandonando y nos estarán traicionando; y no podrán nunca más apelar sin cinismo a su supuesto amor por España ni al orgullo de ser españoles.

Del otro lado, sobre todo PP y Ciudadanos, tendrían que tener una estrategia para, antes o después de una eventual repetición electoral, ser capaces de comprometer a Pedro Sánchez a un acuerdo programático de cumplimiento obligado, y facilitarle en estas muy concretas condiciones la gobernabilidad para evitar que acabe cayendo en las zarpas de los que quieren destruir nuestra economía y nuestro modo de vida libre, y de los que quieren destruir España.

En Madrid ha ganado la libertad pese a la inmadurez y las pataletas de algunos líderes de la derecha. Ha habido momentos en que el espectáculo que han dado no se ha diferenciado demasiado del que suelen dar las izquierdas. Lo digo porque criticar a la izquierda está bien, y es necesario señalar sus defectos, pero es mucho más interesante, y creíble, diferenciarse de ella también en los actos y en los comportamientos. Que Luis Pastor no pueda cantar en Madrid es un despropósito estalinista cometido por la derecha, que pocas lecciones de libertad podrá dar si resulta que ahora es ella quien se dedica a inaugurar checas.

La derecha tiene que recordar que la libertad es un deber, y un deber que nos obliga a ser mejores: más generosos, más desprendidos, con más capacidad de pensar en los otros y de saltar los muros de los prejuicios y el resentimiento para servir mejor al conjunto del país. De momento, todo esto, lo ha más o menos recordado, aunque a veces en el último segundo y sobre la misma línea del abismo.

Madrid se alza como un dique de contención contra la barbarie populista. En noviembre, probablemente, los españoles seremos llamados otra vez a las urnas. El espíritu de Madrid tendría que estar en la forma y el fondo de cómo se presenta la derecha a las elecciones. Insistir en una división que ya sabes que asegura una victoria de la izquierda y de la extrema izquierda, no es una opción ideológica, ni siquiera partidista, sino una forma miserable de tirar España a la basura.

Salvador Sostres.

Articulista de Opinión.
HORIZONTE.

La que se avecina.

Y luego nos preguntamos cómo es posible que los políticos populistas tengan cada día más éxito.

Ramón Pérez-Maura.

Actualizado:

13/08/2019 23:45h.

Corren tiempos en que las protestas sacuden el mundo. Las multitudes se concentran y manifiestan de uno a otro confín. Estos días, de manera especialmente notable, en Hong Kong. La próxima semana la gran batalla será muy cerca de la frontera española.

Biarritz es una localidad francesa de enorme impronta española. El paso por ella entre 1853 y 1870 de la Emperatriz Eugenia de Montijo -hermana de la duquesa de Alba y mujer de Napoleón III- marcó esta villa en la que levantó entre 1854 y 1855 Villa Eugenia, un edificio que hoy es el Hôtel du Palais. En este hotel se reunirá la próxima semana el G7, el grupo de los principales gobernantes del mundo. Y contra su presencia se anuncian ya manifestaciones multitudinarias que serán relegadas a Bayona pero que también se prevén ¡en Irún!

Pasear por las calles de Biarritz estos días es muy instructivo. Es una lástima que no lo haga el presidente de la República Francesa, Emmanuel Macron. Sea cual sea el comercio en el que se entra, desde las tiendas de lujo que ofrecen productos exclusivos hasta las queserías o las tiendas de vino, no hay comerciante que no denuncie la encerrona que le ha preparado Macron. Como tantas localidades balnearias del mundo, Biarritz es una ciudad que multiplica su población en el mes de agosto. Es el único mes del año en que no necesita apoyo al turismo. Este año no sólo no lo van a apoyar, sino que lo han prohibido. El mejor ejemplo es el propio Hôtel du Palais, donde a clientes que tienen una «cabanne» desde hace lustros, por la que tienen que pagar la temporada entera de junio a septiembre, se les ha comunicado que no podrán disponer de ella durante una semana. En los parking públicos del centro de la ciudad carteles anuncian el cierre total de los mismos y la prohibición de dejar ningún vehículo entre el 21 y el 27 de agosto. Ni siquiera para los que las tienen arrendadas de forma permanente. Nadie. Habrá quien piense en la publicidad en el mundo entero que dará la cumbre a Biarritz; a eso responde uno de los afectados con una pregunta: « ¿Dabe usted dónde fue el G7 el año pasado?». Otros creen que lo rentable es el personal que rodea al G7, pero no parece que el comerciante que va a perder a los turistas vaya a encontrar compensación en esos visitantes. El personal que forma las delegaciones se pasa los días encerrado, negociando comunicados y preparando reuniones bilaterales de sus jefes en las que todo debe salir perfectamente.

A quien le va más que bien es al propio Hôtel du Palais, en el que se ha hecho una enorme inversión a lo largo del último año para poner al día sus instalaciones. Aunque, no haya lugar a equívoco: en la mejor tradición francesa, ahí no hay un céntimo de inversión privada. El inmueble es propiedad del ayuntamiento y el gasto es enteramente público. De los impuestos de los ciudadanos a los que se está castigando con la cumbre. Cornudos y apaleados. Ciudadanos a los que se aconseja abandonar el lugar en los días centrales (24 al 26 de agosto) y los inmediatamente anteriores. « ¿No podría Macron haber convocado la cumbre el 15 de noviembre?», me dice una tendera enfurruñada que está al frente de un local de ropa de lujo de señora -abrigos a 1.220 euros- a 150 metros de la verja del Palais y tiene la certeza de que su ruina no se arregla ni aunque irrumpa en el comercio Melania Trump blandiendo su American Express. Y luego nos preguntamos cómo es posible que los políticos populistas tengan cada día más éxito. Se las ponen como a Fernando VII.

Ramón Pérez-Maura.

Articulista de Opinión.
VIVIMOS COMO SUIZOS.

Mira que eres gorda.

Escudriñar ahora el machismo de canciones y películas clásicas es otro tipo de memoria histórica con la que darnos lecciones.

Rosa Belmonte.

Actualizado:

13/08/2019 08:48h.

Ya sólo escucho a Emilio el Moro y Juanito Valderrama. Y a Aute: «Una de dos, o me llevo a esa mujer o te la cambio por dos de quince, si puede ser». También veo El hombre tranquilo y Siete novias para siete hermanos. Letras donde se rían de las mujeres. Películas donde las arrastren o las secuestren. Qué hartura. Sólo faltaba el ministro Guirao con la bobada de C. Tangana. Critica la cancelación de conciertos por ideología aunque admite que con C. Tangana tiene dudas por «el tema de género». Género. ¡Bingo! Que si llega a ser ministra Estrella Morente también iría por ese carril. Que no incluyó Falsa moneda en su último disco, aunque la grabó, porque lo de «que de mano en mano va» le pareció ofensivo para la mujer.

Hace poco leí un artículo sobre lo machista que es Siete novias para siete hermanos. Amárrame los pavos. Y la Biblia, no te digo. Sara Montiel en sus últimos años tuvo que dejar de cantar Es mi hombre porque había quien le daba la tabarra («Si me pega me da igual, es natural»). Françoise Giroud, feminista avant la lettre, aunque Simone Veil creyera que le importaba un pito la causa de las mujeres, dijo cosas curiosas a Ira de Furstenberg en Bella a cualquier edad (un libro también curioso). Giroud, que fue secretaria de Estado sobre la condición femenina con Giscard, entendía a una mujer que permanece junto a un hombre que le pega ocho veces al día si ella lo quiere. Pero no entendía que lo hiciera si no podía pagar el alquiler. No poder pagar el alquiler es importante. Escudriñar ahora el machismo de canciones y películas clásicas es una manera como cualquier otra de pasar el rato. Como hacer catedrales con palillos. O no. Es algo importante. El problema es que se ha convertido en otro tipo de memoria histórica con la que darnos lecciones. Qué más darán ahora los Rolling Stones (aunque sigan), los Beatles o las peleas en broma de Juanito Valderrama y Dolores Abril: «No es hombre ni bien nacío el que ofende a una mujer. No es hombre ni bien nacío si no le da su querer y luego la tira al río con una piedra en los pies».

Por eso pienso reivindicar a Emilio el Moro. Sus canciones parodia. Sus vuelcos al idioma español. Como contracultura y por dar el follón. Cantar Mira que eres gorda («las facturas de modista fueron siempre un dineral, pues como estaba tan gorda tuvo que pagar mil duros para hacerse un delantal»). Pero se reía de todo, también de sí mismo. Su versión de La vida sigue igual: «Siempre hay por qué morir, por qué gritar. Nunca hay un albañil pa repellar. Al final, las obras quedan, el tío se va. Otros que vengan la continuarán. Mi casa sigue igual». Emilio el Moro era un maestro del idioma, como podía serlo Tono, renovador del lenguaje y dinamitador de tópicos. Hay hallazgos suyos que me recuerdan incluso a MFK Fisher cuando escribía que en Dijon se le colaba el aroma del pan de jengibre de un horno cercano, un aroma pesado «como una cortina de felpa». Emilio el Moro hablaba de «solomillos como alfombras de convento». Y de «bocadillos como almohadas». Esto se parece más al «axilas como cálices» de Elizabeth Smart en En Grand Central Station me senté y lloré (Periférica).

A veces la parodia era difícil porque el original ya era fuerte. El original de Juanito Valderrama: «Me voy a hacer un rosario con tus dientes de marfil...». La parodia de Emilio el Moro: «Tengo que hacer un cepillo con pelo de jabalí, pa que te laves los dientes con gaseosa y con Flit». ¿Por qué no cantas en serio?, le preguntaron una vez. «Pero si cuando canto nunca me río».

Rosa Belmonte.

Articulista de Opinión.
Agosto.

Escribo esta postal para subrayar lo difícil que se ha vuelto todo, incluidas las vacaciones.

José María Carrascal.

Actualizado:

12/08/2019 07:56h.

El mejor sitio para veranear en agosto es Madrid, o cualquier otra ciudad para sus habitantes, siempre que no haya sido ocupada por los turistas, como Barcelona. Lo advirtió Francisco Silvela hace más de un siglo: «Madrid, en verano, con dinero y sin familia, Baden-Baden». Mejor incluso, sin las aventurillas de los famosos Rodríguez de antaño. La ciudad cambia el primero de este mes. Se transforma. Da un vuelco. No necesitamos abrirnos paso a codazos por las aceras ni disputarnos el paso a bocinazos por la calzada. El aire es más limpio y las personas con las que nos cruzamos, más amables, dándonos los buenos días cuando bajamos temprano a comprar los periódicos en la próxima gasolinera porque el kiosko ha cerrado. No importa, el médico nos ha recomendado andar. El calor aprieta a lo largo de la mañana, pero el aire acondicionado ayuda mejor que el botijo de tiempos de Silvela, y tras enterarnos de que los políticos continúan sin ponerse de acuerdo para formar gobierno, el espectáculo que nos ofrecen las televisiones de aeropuertos, estaciones de ferrocarril y autobuses (donde los empleados hacen huelga como acostumbran por estas fechas), carreteras y autovías nos confirma que, como en casa, en ningún sitio. Tampoco las imágenes de playas, montañas, templos asiáticos e islas de Pacífico son lo bastante tentadoras como para incitarnos a abandonar nuestra paz estival. Y no digamos las de los desiertos africanos o selvas amazónicas, vistos los riesgos que allí corremos. El primero, encontrarnos con ese vecino pelma del que nos hemos librado este mes.

Exagero naturalmente, y comprendo a quienes deseen que llegue agosto y salir pitando hacia cualquier sitio, para dejar detrás la rutina del taller o la oficina, los problemas de todo tipo con la Administración, sobre todo si eres autónomo, y poder tumbarte sobre la arena o la hierba para no pensar en nada. Lo malo es que esos problemas, hoy, viajan con nosotros. En el móvil o en el ordenador, que ninguno dejará detrás por si las moscas y sería la única forma de huir de ellos. Con más urgencia e intensidad, pues en casa o en el trabajo siempre hay alguien al que acudir para resolver el problema. Sin nadie a quién consultar y los que llamamos están fuera de cobertura. La solución venía siendo que los listos cogían las vacaciones en septiembre. Pero son muy pocos los que pueden hacerlo, pues septiembre es el mes de examen del mercado, ajustar cuentas, tomar las decisiones adecuadas para la próxima temporada que será, naturalmente, más novedosa y reñida que la anterior. O sea, que hay que estar en el tajo si no quieres que te ocurra lo que al camarón que se duerme.

Escribo esta postal, como el resto, no para dar envidia ni tenerla, sino para subrayar lo difícil que se ha vuelto todo, incluidas las vacaciones. Lo hemos vuelto, mejor dicho, pues hemos sido nosotros quienes nos complicamos la vida con nuestra manía de ir más rápido, abarcar más y tenerlo todo, sin pensar que ya no es difícil, sino imposible. En cualquier caso, buenas vacaciones donde estén.

José María Carrascal.

Articulista de Opinión.
POSTALES.

Marrullerías.

Si necesita los votos de los secesionistas, accederá a lo que le pidan, empezando por el indulto de los líderes del procés.

José María Carrascal

Actualizado:

08/08/2019 23:28h.

Ya que no puede convencer a Pablo Iglesias de que le ceda gratis sus escaños (por ser más alto, más guapo, más listo y tener más votos), Pedro Sánchez corteja a los «agentes sociales», colectivos profesionales, para escuchar sus muchas cuitas y prometerles que, en cuanto logre la investidura, se las resolverá, sin explicarnos de dónde sacará el dinero ni por qué no lo ha hecho durante el tiempo que lleva de presidente. Si a ello se le añade que tales colectivos no tienen representación parlamentaria y son mayoritariamente de izquierdas, es lícito pensar que su verdadero objetivo es que presionen al líder de Podemos a ceder o quedar como un traidor a los trabajadores. La jugada se completa con una llamada a Casado y Rivera de abstenerse «por interés de Estado». Para resumir: si Iglesias cede, asunto arreglado: Sánchez será confirmado presidente en solitario, como deseaba. Si no cede, la culpa de que haya nuevas elecciones será de Podemos, el PP y Cs. Rajoy, hombre serio y educado, las llamaba ocurrencias. Yo prefiero llamarlas marrullerías.

Puede ser el último y verdadero objetivo de la jugada o jugarreta. Nadie sabe cómo responderemos los españoles a unas cuartas elecciones en cuatro años. La experiencia advierte que el cansancio provoca un descenso general del voto, con castigo especial a quien las provoca. Estamos viendo cómo Sánchez hace cuanto está en su mano para echar las culpas a los demás. Pero no hace falta ser un genio para darse cuenta de que el principal culpable es él. Dispuso las últimas de forma que dieran la vuelta al mapa político, lo que consiguió, pero no tan rotundamente como deseaba. Es más, en las municipales y autonómicas, el equilibrio izquierda/derecha se ha restablecido al fallar su estrategia negociadora y mucho apunta que de repetirse, perderá más. Podemos, por su parte, no da síntomas de rendirse, por saber que, de hacerlo, su colapso puede ser total, aparte de tener razón al decir que sólo ellos pueden garantizar que se cumpla un «programa de izquierdas», ya que, en solitario, Sánchez gobernará según sus intereses personales. Lo que quiere decir que, con la economía ralentizándose, no va a hacer lo que hizo Zapatero en 2008: gastar más, subir los impuestos y ponernos al borde de la bancarrota. Seguirá hablando de «presupuestos progresistas», pero estén seguros de que no liquidará la reforma del mercado laboral de Montoro ni otras medidas que amenacen su estancia en La Moncloa. Entonces, me preguntarán ustedes, ¿mejor dejarle donde está? Pues tampoco. Tampoco porque queda el rabo por desollar: el problema catalán. Y si necesita los votos de los secesionistas, accederá a lo que le pidan, empezando por el indulto de los líderes del procés y lo que siga, que ya sabemos lo que es. Y a esos no les engatusa tan fácilmente como a Pablo Iglesias. Con tipos como Pedro Sánchez, lo mejor es no creerles nada de lo que dicen y esperar siempre lo peor, como ya sabe todo el mundo, empezando por sus socios preferentes.

José María Carrascal.

Articulista de Opinión.
¡QUIA! Opinión.

El Rey tiene razón.

ARCADI ESPADA.

Jueves, 8 agosto 2019 - 02:01.

Vi ayer al Inescrupuloso al salir de la audiencia con el Rey. A la que acudió con una hora de retraso, por atender a diversos compromisos electorales con la que llama sociedad civil. Allí, ante los medios, desgranó el que será su primer mensaje de campaña: estas elecciones nunca debieron celebrarse. El Inescrupuloso no va a alterar su naturaleza a la hora de los argumentos y, sin mover más músculo que los relacionados con la voz -siempre un poco cansina: la única traición que se permite ese hermoso aparato de mentir-, dijo que habrá elecciones porque la derecha impide que haya un gobierno de izquierdas. De qué bárbara derecha dispone España, ciertamente.

Como era de esperar, Sánchez se apoderó también de las torpes palabras del Rey del 4 de agosto ("Es mejor encontrar una solución antes de ir a otras elecciones"), falseándolas a su impávido antojo para asegurar ("Como dijo el Rey", se atrevió a decir) que los españoles no quieren la repetición de elecciones. Un alto, ejemplar e improbable ejercicio de pedagogía política consistiría ahora en que el Rey convocase formalmente a los partidos para una consulta precisa: cómo verían que, dada la falta de acuerdo evidenciada en la investidura, la búsqueda de otro candidato que suscitara el apoyo de una mayoría parlamentaria. Los españoles comprobarían entonces cómo Sánchez se negaba tajantemente a esa posibilidad, argumentando que él ganó las elecciones. Lo que les demostraría, a los españoles, al Rey y a Sánchez mismo, la obviedad de que evitar otras elecciones no es la prioridad absoluta. La prioridad es el poder y quién lo ejercE. Y Sánchez no lo tiene, pero en su afán está el tenerlo, y por eso ayer en Marivent dio inicio formal a una campaña que pretende reeditar el buen resultado que obtuvo Rajoy de la repetición electoral. Partiendo de un suelo superior y de la descomposición que presagia de parte del electorado del partido Podemos y de Ciudadanos, Sánchez se ve cerca de la mayoría absoluta o, al menos, de una mayoría incontestable.

De modo que llegado a este punto, Majestad, debo pedirle perdón por mi apresuramiento y hasta por mi plebeya ligereza al juzgar de torpes sus palabras de la otra mañana. Por el contrario estaban tocadas de una razón benéfica y sutil. Realmente, es mejor encontrar una solución antes de ir a otras elecciones.
VIDAS EJEMPLARES.

Navarra y el mito.

El PSOE se ha plegado a un mito nacionalista que se fuma la realidad.

Luis Ventoso.

Actualizado:

07/08/2019 08:33h.

Sobre Navarra, que ya era Reino cuando otros no pintaban nada, me he hecho el máster completo. Durante cinco años (felices) estudié en su excelente universidad, en cuyo pórtico se me agitó el pulso una mañana ante una chica con la que perseveré. Más tarde, el matrimonio me ha llevado allí una y otra vez y solo puedo hablar bien de los navarros, de su sentido del orden y su solidaridad congénita. El tópico siempre alberga algo de verdad y el de la «nobleza navarra» es cierto. Con su laboriosidad, magnífica organización, ubicación geográfica óptima y unos privilegios forales que suponen una bicoca fiscal, Navarra se ha convertido en una de las comunidades más ricas y hasta sus localidades minúsculas lucen cuidadas al detalle. Dentro de España y con su actual estatus ha alcanzado un nivel de vida altísimo. No alberga motivos para quejas y ensoñaciones territoriales míticas.

En mi máster de navarridad fui extrayendo conclusiones. La primera es que hay dos tipos de navarros. Por un lado, la mayoría, aquellos que se consideran tales por encima de todo y lo tienen muy a gala (y me estoy acordando de mi compañero Manolo Erice, un supernavarro encantador que se murió hace ahora un año). Por otra parte están quienes creen que Navarra forma parte del mundo vasco y debe integrarse bajo la férula de lo que se ha rebautizado como Euskadi. Con una sonrisilla privada, en mi máster de navarridad observé que en Pamplona la mayoría de los simpatizantes locales del nacionalismo vasco no tenían ni flores de euskera, y ni se molestaban en aprenderlo, porque es ardua tarea. Por supuesto, llegada la hora de la verdad, no enviaban a sus hijos a las ikastolas, sino a buenos colegios en español (y con inglés y francés). La última gran encuesta refleja lo que siempre sospeché a pie de calle: en Pamplona solo emplea el vasco como lengua habitual un 2,9% y en el conjunto de Navarra, un 6,9%. Es decir: el 93,1% no hablan un idioma que les quieren imponer como obligatorio en su función pública. Por último, en las fiestas familiares y amicales, cuando corrían el Ochoa y el Chivite y llegaba la jarana, lo que cantaban y bailaban eran jotas (en castellano) y no el aurresku o los himnos vascos con que ayer se autohomenajeó la flamante presidenta socialista Chivite, sostenida por los nacionalistas.

Navarra tiene una diversidad única. En solo 160 kilómetros se pasa del desierto meridional de las Bardenas a los bosques atlánticos del Bidasoa. El Norte guarda la impronta vasca y hay localidades donde es la lengua común. Pero desde la capital Pamplona hacia abajo esa huella se diluye. En Tudela, segunda ciudad navarra, se ofreció un modelo escolar con euskera y solo se anotó... ¡una familia! Chivite viene de un pueblo del sur profundo, Cintruénigo, no sabe hablar vasco y es del PSOE, partido que se supone leal a España y su Constitución. ¿Qué extraña fijación sectaria la ha llevado a detestar a sus socios naturales, los otros constitucionalistas, para suplantar lo votado por los navarros aliándose con la sucursal del PNV y los proetarras de Bildu? Ahí queda retratada la triste anomalía del PSOE.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
VIDAS EJEMPLARES.

La gran liza.

La batalla de este siglo será, otra vez, entre autoritarismo y libertad.

Luis Ventoso.

Actualizado:

05/08/2019 07:50h.

Dos escalofriantes tiroteos en Estados Unidos. Nada insólito, por desgracia, en el país con más armas. En un centro comercial de El Paso (Texas), un xenófobo que odia a los inmigrantes hispanos mató a balazos a 20 personas. En una zona de ocio nocturno de Dayton (Ohio) otro tirador asesinó a nueve paseantes. Con los servicios de socorro todavía sobre el terreno, voces de la izquierda estadounidense y europea se apresuraron a acusar a Trump de instigar los atentados con su agresivo discurso contra la inmigración descontrolada. Un desbarre. ¿Gobernaba Trump en Noruega cuando en 2011 otro cabrón supremacista, Breivik, mató a 77 chavales en la isla de Utoya? ¿El hecho de que Nueva Zelanda esté gobernada por una amable y estupenda premier laborista evitó el lacerante atentado racista de Christchurch?

La exigencia puntillosa con que el progresismo enjuicia las acciones de Trump contrasta con su silencio ante otros poderosos. Este fin de semana, la policía detuvo a 800 manifestantes en Moscú, apaleando a varios en el suelo cuando ya los había reducido. Los «criminales» pedían juego limpio en las elecciones moscovitas. El principal opositor ruso, Alexei Navalny, está encarcelado por demandar lo mismo y hace ocho días fue hospitalizado por posible envenenamiento (los opositores rusos tienen una curiosa afición a envenenarse). En Hong Kong, la policía volvió a aplicarse con gases lacrimógenos y gas pimienta contra manifestantes que pelean por preservar la excepción democrática heredada de los ingleses. No hallarán un comentario del progresismo español, o medios afines, contra esos regímenes autoritarios y en defensa de quienes se baten en la primera línea del frente de las libertades. Del mismo modo que el feminismo zurdo enmudece si la represión de las mujeres lleva cuño islámico.

Impresiona la ceguera de la izquierda occidental ante la gran batalla en curso: la liza entre los sistemas de libertades y el modelo autoritario que encarnan Rusia, y sobre todo, China. Cuando Putin dio por muerto al liberalismo en la última cumbre del G-20 sabía lo que se hacía. Chinos y rusos han iniciado una cruzada ideológica que intenta propagar por el mundo esta tesis: los países funcionan mejor sin libertad que con ella, por tanto no existe la pretendida superioridad moral del liberalismo occidental. China se irrita si Trump pone trabas a Huawei en su plan para colarse en las tripas tecnológicas más sensibles de los países occidentales. Pero tras su muralla ha prohibido Twitter, Facebook y Google, a los que tacha de puertas a la disidencia. China está iniciando una expansión mundial a golpe de inmensas inversiones de amable apariencia... que podrían ser el caballo de Troya para una segunda fase a mediados de siglo: el acatamiento obligado del modelo autoritario por parte de los países rehenes del capital chino. China y Rusia acaban de suscribir un acuerdo energético para no depender en nada de Occidente. La batalla ideológica es enorme. Trump ha identificado al adversario y está actuando. Pero no parece enterado de lo que le toca defender: las virtudes de la democracia liberal.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
TIEMPO RECOBRADO.

La barbarie sigue entre nosotros.

Es especialmente repugnante que todavía haya miles de vascos que homenajean a los asesinos.

Pedro García Cuartango.

Actualizado:

31/07/2019 23:38h.

EL azar ha hecho coincidir en el tiempo el centenario del nacimiento de Primo Levi con la celebración de varios homenajes a etarras en el País Vasco. ¿Qué relación se puede establecer entre la experiencia de un intelectual judío italiano superviviente del Holocausto y los actos de exaltación de unos asesinos que se vanaglorian de sus crímenes?

La relación existe y hay que buscarla en la similar actitud moral que sustenta el exterminio de los judíos y la glorificación de los crímenes de ETA. Y esa actitud no es otra que la deshumanización del adversario, su despersonalización y su reducción a la condición de cosa. Para matar, antes hay que privar a la víctima de su humanidad.

Eso se observa de forma evidente en los campos nazis de exterminio, donde a los presos se les daba un número, se les vestía con un uniforme harapiento y se les marcaba con un símbolo para diferenciar su identidad, ya que el régimen nacionalsocialista concedía un trato bien distinto a los delincuentes comunes que a los judíos.

En el País Vasco, durante muchas décadas, el mecanismo mental ha sido el mismo: excluir de la condición de ciudadanos y de hombres a quienes no compartían los ideales del nacionalismo que encarnaba ETA. En nombre de ese prejuicio, se marginaba, se señalaba, se amenazaba y se mataba a quien simpatizaba o pertenecía al PP o al PSOE.

No importaba la ideología y, por eso, asesinaron a mi compañero José Luis López de Lacalle, periodista, sindicalista, demócrata y hombre de izquierdas. Y tampoco, en la Italia ocupada por los nazis, importaba el estrato social, las ideas o la relevancia profesional. Los judíos fueron enviados a las cámaras de gas por el hecho de serlo, como muy bien subraya Primo Levi.

Por ello, es especialmente repugnante y refleja una profunda degradación moral que todavía haya miles de vascos que homenajean a los asesinos y los consideran héroes por haberse arrogado el derecho a eliminar a quienes no pensaban como ellos.

La única explicación de este fenómeno es que esas personas, entre ellas, padres de familia ejemplares, están convencidos de que las víctimas de la banda terrorista no eran seres humanos y que se habían merecido un tiro en la nuca por vestir un uniforme, ser jueces o concejales.

Si no es así, resulta imposible explicar esa complicidad con el asesinato y el terror, ese supremacismo que pretende pasar por virtud y esa contumacia en banalizar el mal, tan bien descrita por Hannah Arendt.

Quienes salen a la calle para recibir como campeones de una competición deportiva a etarras con las manos manchadas de sangre se retratan y evidencian el largo trecho que queda por recorrer en el País Vasco para normalizar la convivencia. Lo condenable de estas actitudes no está tanto en el terreno de la legalidad, aunque esto sea importante, como en el de la ética.

La gran lección de Primo Levi, de obligada lectura en estos tiempos convulsos, es que resulta muy peligroso olvidar el pasado y trivializar los horrores del nazismo porque en cualquier momento se pueden repetir. Tenía tanta razón que vimos materializada su advertencia en Yugoslavia, pocos años después de su fallecimiento, cuando el nacionalismo desató un infierno que provocó más de 150.000 víctimas mortales y un millón y medio de refugiados. Hoy el fantasma de la barbarie sigue instalado entre nosotros, aunque tendemos a ignorarlo cuando se manifiesta en actos tan miserables como los del País Vasco.

Pedro García Cuartango.

Articulista de Opinión.
Tus artículos son tediosos y llenos de odio.
Tú eres la única que desprendes odio en todos tus mensajes, eres de lo peor de este foro, tus vecinos tienen que estar aterrorizados teniéndote a su lado, ¡vaya vecina!
¿Vejar la sangre derramada por los suyos? ¿pero què es ésto?
¡Lárgate a la escuela que eres muy pesada y adoctrinada por esa izquierda trasnochada!, ¡que pesadez de forera! me tienes hasta el gorro.
HORIZONTE.

Vejar la sangre derramada por los tuyos.

Que los afiliados del PSOE piensen por qué las bases de Bildu quieren que los socialistas gobiernen Navarra.

Ramón Pérez-Maura.

Actualizado:

30/07/2019 23:44h.

El Gobierno vasco considera que los afines a los terroristas deben dejar de «organizar recibimientos a etarras tras su salida de la cárcel por sensibilidad y respeto a la memoria de las víctimas y al dolor de sus familias». Enternecedor. Se agradece mucho esta sensibilidad del PNV hacia la memoria de las víctimas y el dolor de sus familias. Mas nótese que esta compasión por los allegados de los asesinados no va acompañada de un reconocimiento de que el crimen no estaba justificado. De que el terrorismo estuviera mal. El objetivo estaba bien.

El PSOE está a punto de empezar a gobernar en Navarra con Geroa Bai, la rama foral del PNV, el partido que no denuncia frontalmente ese terrorismo que se ha llevado por delante la vida de decenas de socialistas. Para ello tiene que contar con el tácito apoyo de Bildu, quien con sólo abstenerse garantiza el gobierno del Viejo Reyno a los socialistas. Todos los españoles de bien hemos contemplado anonadados las imágenes de los recibimientos otorgados el pasado fin de semana a dos asesinos: José Javier Zabaleta Elósegui «Baldo» al llegar a Hernani y Xavier Ugarte Villar en Oñate. Baldo, que fue número dos de ETA, fue condenado por el asesinato de varias personas, y Ugarte por ser uno de los secuestradores de José Antonio Ortega Lara, el hombre sentenciado a morir enterrado vivo. Quienes salieron a aclamarlos en actos multitudinarios que han hecho sonrojarse incluso a sus compinches nacionalistas son las bases de Bildu.

El PSOE de Pedro Sánchez espera formar Gobierno en Navarra antes del final de la semana con el apoyo de esa formación, cuyos afiliados en la Comunidad Foral están votando su consentimiento al gobierno socialista mientras escribo estas líneas. Son unos afiliados imposibles de diferenciar de los que se veían en las calles de Hernani el sábado o de Oñate el domingo. Esas gentes con aspecto de ser fugados de un penal de alta seguridad de Arizona. Esos son los que ayer fueron llamados a ratificar la tácita alianza con el PSOE. Y, con toda seguridad, hoy, a las 10,00 horas, se anunciará que las bases de Bildu -«democracia asamblearia» lo llaman- han ratificado esa abstención en favor del PSOE. Yo rogaría a los afiliados socialistas de Castilla-La Mancha o a los de Extremadura -donde el PSOE gobierna con mayoría absoluta- que se sienten durante un minuto a pensar por qué las bases de Bildu quieren que los socialistas gobiernen Navarra. Esos simpatizantes abertzales que el pasado domingo jaleaban a Ugarte, el asesino frustrado de Ortega Lara, mientras él apretaba los puños y agitaba los brazos en un gesto de decir «tenía razón», son las bases que forman en el País Vasco y Navarra el partido que ayer dio en consulta popular su apoyo al PSOE.

En estos días en que ha muerto Sylvita Baleztena, me viene a la cabeza mi visita a mediados de la década de 1980 a Leiza, el corazón de la Navarra euskadizada. La hostilidad contra todo lo que no fuera parte del racismo vascongado era ya entonces estremecedora. Algunos pocos valientes, como los Baleztena, seguían plantando cara. Con el paso del tiempo hemos ido descubriendo cómo la memoria, no digo ya de los constitucionalistas, la memoria de los socialistas, ha sido rendida por Zapatero, primero, y Sánchez, después. El honor y la verdad son conceptos irrelevantes. Lo único que importa es el poder a cualquier precio. El que Sánchez ha pagado por ubicar a su candidata en la Presidencia de Navarra. El precio de vejar la sangre derramada por los tuyos.

Ramón Pérez-Maura.

Articulista de Opinión.
JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS.

La mierda moral y los 'ongietorris'

Mis paisanos honrados escuchan pero no oyen, miran pero no ven. Se niegan a asumir que los excrementos de ETA siguen ahí. Se indignan, sí, pero en privado.

30/07/2019 05:00.

Bilbao es ahora una ciudad geriátrica pero verdaderamente agradable, bonita, llena de rotondas ajardinadas y espacios peatonales. Se anuncia una obra extraordinaria: la ampliación del Museo de Bellas Artes con el proyecto Agravitas que firman los arquitectos Foster y Uriarte. Una atracción más para una urbe que camina hacia su conversión en un pequeño parque temático con el icónico Guggenheim de Frank Gehry. Donostia sigue siendo una postal inmarcesible en la que Woody Allen rueda su última película con la bahía de la Concha como coreografía en una ciudad afrancesada, impoluta, ordenada y satisfecha. Y ¿qué decir de Vitoria-Gasteiz? Pues que es la capital (formal) de Euskadi, el conjunto urbano más sostenible de España, con una calidad de vida en el 'top' de los 'rankings' europeos. Y en las tres ciudades vascas se vive bien, se hacen obras constantemente, se pintan fachadas, se instalan macetas de flores y las calles están primorosamente aseadas. Un país para vivirlo.

Sin embargo, sigue ahí, sin barrer, toda la mierda moral del terrorismo nacionalista de ETA, tan lleno de complicidades, desde las que mantuvo la Iglesia vasca hasta las del PNV, pasando por las de los colaboracionistas emboscados que callaban y las de los brutales partidarios del tiro en la nuca que aplaudían. Una mierda que, de vez en cuando, se muestra obscenamente a la vista de todos como los restos del naufragio en la arena mojada cuando baja la marea. Son los 'ongietorris' (bienvenida en idioma vasco) a los asesinos y delincuentes que regresan a sus domicilios. Como ocurrió el sábado y domingo pasados en Hernani y Oñati, ambos consistorios gobernados por EH Bildu. En los pueblos fueron recibidos con algarabía en las calles dos etarras excarcelados y no arrepentidos: Javier Zabaleta 'Baldo', exdirigente de ETA, y Xabier Ugarte, uno de los secuestradores de Ortega Lara (este julio ha hecho 22 años de su liberación) y asesino de cuatro guardias civiles. En Oñati, el ayuntamiento dio publicidad en su web y en las redes sociales a la llegada del terrorista para que fuera acogido como un 'gudari'. Un detalle: en el recibimiento popular estuvo presente el 'carnicero de Mondragón', Jesús María Zabarte.

El grueso de la sociedad vasca no quiere asumir que no se ha desprendido de la mierda moral que suponen estos homenajes públicos a asesinos juzgados y condenados y que no se han arrepentido de sus crímenes sino que los reivindican como una hazaña. EH Bildu es la fuerza política que recoge los rescoldos de ETA para mantener vivo su recuerdo en la versión falsaria de su lucha “en el conflicto”, y Arnaldo Otegi es el máximo representante de esa cloaca organizativa. Ya se comprobó su catadura —si hicieran falta acreditaciones adicionales— en su entrevista con TVE (nunca se la agradeceremos bastante a quienes pensaron que era, como efectivamente fue, una magnífica idea darle voz para que se notase su pestilencia discursiva). EH Bildu es la segunda fuerza política en el País Vasco. No es necesario ofrecer más datos.

El Gobierno, a través de la Fiscalía, ha denunciado esos 'ongietorris'. Correcta actuación. No lo fue la actitud de la Ertzaintza, que no levantó atestado de los actos de Hernani y Oñati porque no le pareció que en esos pueblos se produjeran indicios de delito. A seguir tragando mierda en una sociedad que pelea duramente contra sí misma para desplomarse en una somnolienta amnesia. Los vascos que siguen allí —se han ido a decenas de miles y siguen haciéndolo— no quieren recordar porque no han asumido aún que deben consumar una catarsis. Y los 'ongietorris' a los terroristas son la muestra de su parálisis moral. Mis paisanos honrados escuchan pero no oyen, miran pero no ven. Se niegan a asumir que los excrementos de ETA siguen ahí. Muchos se indignan, sí, pero en privado.

Mientras EH Bildu y todos sus representantes —en el Congreso, en el Parlamento vasco, en las diputaciones forales, en los ayuntamientos— no abjuren de estos asesinos, quienes pacten, por activa o por pasiva, con Otegi y su gente se contaminarán. Empezando por ERC, que ha hecho un pacto con los 'abertzales' (comillas, sí, comillas) en la Cámara Baja y continuando —y siento mucho tener que escribirlo— por los socialistas que van a aceptar gobernar Navarra con la aquiescencia de los 'bildutarras'. El PNV acuerda con EH Bildu con total naturalidad.

Sánchez en la tribuna del Congreso debió afirmar taxativamente que no deseaba la abstención de EH Bildu. No lo hizo. Pues ahí tiene los 'ongietorris' a dos asesinos etarras para que se lo siga pensando en agosto. Porque allí, en el País Vasco, cuando se rasca, sigue oliendo mal. O sea, no es tiempo todavía para el regreso desde el exilio interior sino de continuar en la 'ancha Castilla' a la que nos remitió felizmente el fallecido Xabier Arzalluz a decenas de miles de vascos. Para nosotros no se celebran bienvenidas.
Gobierno para qué.

El deseable fin del bloqueo no justifica cualquier Gobierno. No si frena el crecimiento y nos funde a impuestos.

Ignacio Camacho.

Actualizado:

29/07/2019 00:07h.

El coste estimado de las promesas económicas que contenía el vago discurso de investidura de Pedro Sánchez se cifra entre veinticinco y treinta mil millones de gasto extra que, aunque el candidato no aclaró cómo obtendría, sólo se pueden financiar a través de impuestos y de deuda. Es decir, por vía directa o indirecta, del bolsillo de los contribuyentes y de las empresas. Añádanse las previstas exigencias de Podemos, cuyo programa electoral -aparte de esa cartera de Bienestar Animal, léase restricción o abolición de la caza y los toros, y otras peticiones pintorescas-, es una auténtica OPA hostil al sistema, y se entenderá el alivio de las clases medias ante el fracaso de una alianza de izquierdas que en la práctica suponía poner a cuarenta de cada cien españoles a trabajar en el sostenimiento subsidiado de los otros sesenta. Por la misma razón, no resulta comprensible la preocupación expresa de los dirigentes patronales y de las grandes firmas tecnológicas y financieras, que dicen lamentar la ausencia de un Ejecutivo estable sin que al parecer les importe quién lo forme ni con qué consecuencias. Ver al alto empresariado reclamando más presión fiscal y más regulación produce la misma sorpresa que un procesado que pidiera que lo metiesen cuanto antes entre rejas.

La salmodia de la inestabilidad o el vacío de poder es un mantra falso. Está en funciones el Gobierno, no el Estado. Los servicios públicos funcionan con normalidad gracias al presupuesto prorrogado, Hacienda continúa recaudando y el músculo autónomo de la economía mantiene la inercia de crecimiento y un descenso aceptable del paro. Lo que no se puede es gastar más, como solicitan las insaciables autonomías, ni derogar reformas como pretenden los que convirtieron en casus belli el control del Ministerio de Trabajo. La consabida reclamación de un Gabinete de coalición transversal olvida que en este momento existe de facto: hay un presidente socialista con unas cuentas liberales heredadas del anterior mandato. Ciertamente es una situación transitoria cuyas ventajas se acabarán agotando pero tampoco viene mal, en un país tan intervenido y sobrelegislado, una pausa de seis meses o un año en la persistente intromisión oficial en la vida de los ciudadanos. Sobre todo es mejor que una ofensiva de proyectos de ingeniería social, despilfarro subvencional y avasallamiento tributario, que es lo que anunciaba el fallido pacto de frentepopulismo bolivariano.

Ciertos capitanes de empresa deberán explicar su prisa por acabar con un bloqueo político que en principio no parece haber afectado a sus beneficios. Quizá sólo creen de boquilla en las virtudes del liberalismo. Pero si el impasse institucional termina con el desenlace previsto, les oiremos quejarse en cenáculos y corrillos. Y de no ser por lo que perjudicaría al interés general, cabría colegir que se lo tienen merecido.

Ignacio Camacho.

Articulista de Opinión.
Frankenstein sin piernas.

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias han cavado a fondo la fosa del desencuentro. Han roto tantas cosas que les costará recomponerlas en un hipotético futuro acuerdo. Podemos y parte del PSOE quieren seguir negociando.

Ignacio Camacho.

Madrid.

Actualizado:

26/07/2019 04:11h.

La nueva política española no tiene estrategas sino guionistas. Ya no se trata siquiera de fabricar contenidos, que era el estado intermedio con que la posmodernidad había sustituido a esa antigualla de las ideas; ahora la prioridad es «construir un relato» para cebar la conversación de las redes sociales y anticiparle los argumentos al adversario. Los guionistas de los partidos parecen saturados de devorar series y necesitan crear episodios trepidantes acabados en clímax, como si en vez de gobernar, o algo parecido, un país tuviesen que alcanzar records de audiencia a base de suspense y tramas rocambolescas. La negociación (?) de la investidura de Sánchez, desarrollada bajo esta pauta, ha registrado más episodios en los platós que en los despachos, y reservaba el final para el mismísimo Congreso como manda el canon de los seriales.

Fue a las 13.15 de ayer, un cuarto de hora antes del pleno decisivo, cuando se conoció el desenlace. Esta vez no habría gol en la «zona Cesarini» -un antiguo futbolista conocido por su habilidad de marcar en el descuento-ni exhibición de efectos especiales. Tras una jornada entera de caótico forcejeo, ofertas y contraofertas, Podemos había decidido tumbar la candidatura de Sánchez. Éste, por su parte, ya se había dado por derrotado ante su ejecutiva un par de horas antes, pero el famoso guión exigía dejar la última esperanza en el aire. Comenzó entonces la guerra del último minuto, el pulso propagandístico por declarar culpables. Con el ministro Ábalos al frente, los socialistas se lanzaron a colocar su versión en el escaparate. Como si al cabo de dos meses de postureo estéril hubiese faltado tiempo para establecer responsabilidades.

Por si quedaban dudas, Pablo Iglesias entró al hemiciclo con la camisa de cuadros arremangada y la mochila a la espalda, elementos que en su semiótica visual constituyen el uniforme de combate. Forjado en la televisión, utiliza su ropa, su gesto y su semblante para emitir señales, y todas ellas eran propias de momentos graves. El acuerdo de coalición, que nunca llegó a formarse, estaba roto y le tocaba pasar como pudiera el trámite.

El presidente le soltó desde la tribuna una descarga de imputaciones políticas. Lo acusó de requerir sillones a toda costa, de desentenderse del programa, de pretender controlar los ingresos y gastos del Estado y de carecer de experiencia de gestión. «No se puede poner la Hacienda de los españoles -llegó a decir- en manos de quien jamás ha administrado un presupuesto». Cada argumento cavaba un poco más hondo la fosa del desencuentro; quizá ni él mismo, en su afán de autojustificarse, se daba cuenta de hasta qué punto estaba rompiendo cosas que le será muy difícil arreglar ante un hipotético futuro acuerdo. Cuando apeló a sus convicciones - ¡sus convicciones!- la bancada le tributó en pie un aplauso cerrado y largo, mitad de ánimo y mitad de consuelo. Los diputados socialistas no terminan de saber si están ante una jugada maestra de su jefe o ante un descomunal desacierto. Como tampoco se lo ha explicado nadie, muchos tienen la sensación de estar jugando con fuego.

Casado y Rivera hicieron lo esperado. El primero casi repitió, más breve, el discurso del lunes, añadiendo menciones a Venezuela y al candado constitucional que Podemos quería romper en pedazos. «Nuestros hijos se avergonzarán cuando estudien esta sesión», dijo en un alarde de optimismo académico acendrado. Hasta señaló las enormes estatuas de los Reyes Católicos como testigos pétreos de tanto fracaso. El segundo volvió a aludir a «la banda» de Sánchez y preguntó retóricamente si alguien creía que puede ser un buen presidente. (Le respondieron al final: eran 124).

En su turno de palabra, Iglesias hizo algo inédito: ofreció desde el ambón una nueva tentativa de mercadeo. Su pasión, tan televisiva, por las sorpresas en el libreto le llevó a una última cabriola con las competencias de Empleo. Encelado en su éxito dialéctico del primer día, volvió a retransmitir las negociaciones en directo, y atribuyó la pirueta final a un mensaje que acababa de recibir de un ex dirigente del PSOE en el que no fue difícil reconocer a… Zapatero. Sánchez, que probablemente conocía la paternidad de la idea, la desdeñó con displicencia sin alterar el gesto. Puesto a perder, trataba de conservar al menos una cierta, artificial aureola de respeto.

Luego, tras una breve acometida de Abascal, con su verbo brioso y su mandíbula prieta, salió Rufián reconvertido en papel de estrella. El jabalí separatista se ha investido de líder moral de la izquierda, a la que reprochó la pérdida de una oportunidad señera. Rufián sacó su veta más sincera para advertir que en septiembre, cuando el Supremo evacue sentencia, no estará en condiciones de apoyar nada porque su partido se declarará en son de guerra. Pero quizá el episodio más chocante de la mañana lo había protagonizado antes de la sesión, cuando salió a clamar desesperadamente por el pacto con Mertxe Aizpurúa, la representante de Bildu, como compañera. El embajador de los golpistas catalanes y la portavoz de los herederos de ETA.

La imagen resultó demoledora de puro siniestra: era el laboratorio del Gobierno Frankenstein en plena faena. El PSOE aportaba el cuerpo y la cabeza, Bildu y ERC los brazos y sólo faltaban las piernas, que por supuesto las tenía que ajustar Iglesias. Pero el líder de Podemos decidió dejar al monstruo inerte sobre la mesa, a pesar de que Alberto Garzón, su socio de IU, pidió a la presidenta Batet un receso para intentar muñir antes de la votación un acuerdo de urgencia.

Cuando todo acabó, a las 15.45 nadie sabía con exactitud el siguiente paso. Para la oposición y gran parte del periodismo, Sánchez ha puesto rumbo a las elecciones, convencido de ganar la mano. Podemitas, y no pocos parlamentarios del PSOE, abogaban por continuar negociando. Y sin esperar a septiembre, aprovechando la quietud del verano. El camino a noviembre es muy largo. El presidente está herido en su narcisismo; sólo la moción de censura le evita el marbete de coleccionista de fracasos. En las últimas dos semanas ha sufrido un ataque de vértigo al darse cuenta de que estaba abocado a compartir el poder con un enemigo más que con un aliado. Y acaso haya oído en la Moncloa esas voces telúricas, profundas, que brotan como cacofonías subterráneas de las entrañas del Estado. Las que informan de que hay asuntos que no se pueden poner al alcance de cualquier oportunista de saldo. Las que provocaron la sacudida de placas tectónicas que lo derribó hace tres años.

Es probable que la ruta la vuelvan a dirigir los guionistas en la sala de mapas del Gabinete. Allá donde se examinan encuestas, se estudia la respiración sociológica y se analizan tendencias. Sobre el PSOE sanchista pesa una vieja disputa genética: la de la propiedad del ADN de la izquierda. Algo que no tiene que ver con la reforma laboral ni con los precios de la vivienda sino con la custodia ideológica de las esencias. Los dirigentes de Podemos proceden en su mayoría de las Juventudes Comunistas y la tradición socialdemócrata, desde González, considera al comunismo su bestia negra. Se le hace cuesta arriba pactar con ella; la quiebra del bipartidismo impone estrategias nuevas pero a la hora de la verdad, incluso a un populista (mal) encubierto como Sánchez, un yonki del poder refractario a los debates de ideas.

Pero se equivocará el que minusvalore su tenacidad, su audacia y su resistencia. Y su absoluta falta de miramientos para darse a sí mismo la vuelta completa.

Ignacio Camacho.

Articulista de Opinión.
POSTALES.

¿Quién engaña a quién?

¿No le hubiera controlado mejor desde dentro? Lo sabremos las próximas semanas. O meses.

José María Carrascal.

Actualizado:

21/07/2019 23:40h.

Empiezo a estar cansado de escribir siempre la misma columna y supongo que ustedes estarán hartos de leerla. Pedro Sánchez ha vuelto a caer en su propia trampa. Creyó tener a Iglesias en el talego acusándole de no creer en España ni en sus instituciones, e Iglesias le ha devuelto la pelota renunciando a formar parte de su gobierno, pero colándose en él a través de su gente. ¿Reacción de Sánchez? Aceptar el envite seguro, como el jugador de fortuna, de que el otro tiene más miedo que tú. En este caso, a unas nuevas elecciones. Es verdad que el PSOE puede retroceder. Pero Podemos puede desaparecer o poco menos. Iglesias lo sabe, de ahí que haya dado un paso al lado. ¿Qué negocian en las pocas horas que quedan hasta la primera votación de investidura? Pues un compromiso como los puercoespines hacen el amor: con muchísimo cuidado. El plan de Sánchez es empezar por la investidura para pasar luego al programa de gobierno. Justo lo contrario que quiere Iglesias -el programa primero, el gabinete después- pero no va a tener más remedio que aceptar si no quiere ser de nuevo acusado de «impedir la formación de un gobierno progresista» o, dicho en lenguaje electoral, «votar lo mismo que Vox».

Para disimular la trampa, Sánchez va a hacer un discurso de investidura tan tierno como vacuo: enarbolar la bandera de la igualdad, del feminismo, del cambio climático, de la juventud que no puede abandonar la casa paterna y de los jubilados que no pueden llegar a fin de mes con su pensión, buenismo puro y de la mejor marca. ¿Quién puede estar contra ello? De cómo va a pagarlo se encargará el presupuesto ya rechazado. Si ocurre otra vez, la culpa será de quienes lo rechacen, y a vivir con el de Rajoy, que no va tan mal. De la reforma del mercado laboral, ni palabra, de Cataluña una vaga referencia a la singularidad histórica, lingüística, cultural, política de las distintas comunidades españolas, que conviene precisar en sus estatutos y leyes generales. Eso sí, garantizando la «libertad e igualdad de todos los españoles». ¿Pero no está ya garantizado? preguntarán ustedes. Claro que está, pero a Sánchez lo único que le interesa es ser investido. Luego. ya veremos. Su modelo es el portugués: gobierno de izquierdas con programa de derechas. Lo malo es que los españoles no somos portugueses y ¿cómo van a reaccionar los ministros «podemitas» al ver que sus planes sociales quedan aparcados? Supongo que Sánchez contará con que las poltronas adormecerán sus afanes reformistas y, si insisten, les amenazará con « ¡Qué viene Vox!».

Olvida, con el optimismo de quienes han forzado siempre su apuesta, que al impedir a Iglesias entrar en el gobierno, pero dejando a sus caballos de Troya, le ha dado la oportunidad de demostrar que la única y verdadera izquierda de España es la suya. ¿No le hubiera controlado mejor desde dentro? Lo sabremos las próximas semanas. O meses.

José María Carrascal.

Articulista de Opinión.
MUY BUENO EL ARTÍCULO DE ANTONIO BURGOS. Sencillo, lúcido y transparente.

Un saludo, Triana.
Ángel, buen periodista, siempre sus artículos hay que tenerlos en cuenta.

Pasa buen domingo.
EL RECUADRO.

Iglesias el humilde.

Se ha pedido ser vicepresidente del Gobierno. ¡Qué modestia, teniendo 42 diputados pedir sólo la Vicepresidencia!

Antonio Burgos.

Actualizado:

21/07/2019 06:33h.

No sabía yo bien hasta ahora lo humilde, pero humildísimo, que es Pablo Iglesias, el de Podemas Unidos, que es más bien Podemenos Unidos, a la vista de cómo, a la hora en que escribo al menos, se están desarrollando las negociaciones de la investidura, investidurísima, de Sánchez. Que si fueran hombres de fe y las investiduras tuvieran Patrón, de la que está programada para mañana lunes día 22 debería ser San Ramón Nonato. Dicho con otras palabras: si sale con barbas será San Antón y, si no, la Purísima Concepción.

Pero íbamos con la humildad de Iglesias. Pudiendo ser Duque de Galapagar con Grandeza de España, se conforma con ser Marqués, de los que vienen siete mil en el Elenco de Títulos del Reino. Y pudiendo tener un pedazo de chalé en La Finca, como todo futbolista o artista defraudador de Hacienda que se precie, se conforma con un simple casoplón en Galapagar, con lo lejos y lo mal comunicada por transporte público que está Galapagar.

Toda esta civil virtud de la humildad de Iglesias se está viendo en estas horas en las que está al caer, como si fuera una llegada de la Vuelta a Francia, la «foto finish» de los apoyos a Sánchez como presidente de verdad y no como ahora, que todavía no es presidente, pero como si lo fuera, de cómo estando en funciones gasta el dinero, de cómo entrampa al Reino de España con sus caprichos, de cómo está todo el santo día con el que-voy-que-vengo del Falcon. Iglesias, en sus dudas de la investidura, se ha pedido ser vicepresidente del Gobierno. ¡Qué modestia, teniendo una mierda de 42 diputados pedirse solamente la Vicepresidencia del Gobierno! Yo que él, con ese respaldo frente a los 123 diputados de Sánchez, me pedía por lo menos ser, además de presidente del Gobierne, presidente del Real Madrid para hacer la limpia de plantilla y sacar un dinero

¿Y los ministerios? Qué lástima de hijos los poquísimos ministerios que pide con esa proverbial modestia. ¿Cómo es posible que se limite a pedir la Vicepresidencia del Gobierno y los ministerios de Hacienda, Teabajo, Comunicaciones y Seguridad Social, o algo así de modesto y de poco ambicioso? ¿Para eso hicimos una guerra? Perdón, que me he equivocado, que esta frase es de otra novela. ¿Para esto llenamos la Puerta del Sol de tiendas de Quechua un 15-M, para ahora apenas pedir nada o casi nada de Ministerios? Le falta empuje y, sobre todo, cara para pedir. No lo ha hecho la boca de un fraile. Podía haber pedido no solamente ministerios existentes, sino inventados. ¿Por qué no pedir el Ministerio de Contar Nubes, que queda como muy lírico y muy del anterior presidente del Gobierno? ¿Por qué no pedir el Ministerio de las Puestas de Sol, para ordenar las de todas las costas de España? Aquello antiguo de «ministtro, aunque sea de Marina», como ya no hay tal departamento dedicado exclusivamente a la gloriosa Armada, a la honra con barcos y a los barcos sin honra, podía perfectamente quedar sustituido por el Ministerio de las Puestas de Sol. ¿Y el Ministerio de las Cabañuelas, por qué no, superación y puesta en tradición española de la Agencia Estatal de Meteorología?

Pero algo me extraña más todavía. Que no haya pedido no digo ya un Ministerio, sino una simple Secretaría de Estado o una Dirección General para Alberto Rodríguez, el Hombre de las Rastas, el que sustituyó Pablo Echenique cuando cogió su carricoche y se fue con la competencia. Igual que vacaciones sin Kodak eran vacaciones perdidas, Ministerio sin Titular con Rastas es Gobierno perdido. Entre otras cosas, para tranquilidad de Celia Villalobos y su champú anti-piojos. Si no hay investidura y ni hay ministro con rastas, ni esto es un Gobierno de Progreso ni esto es nada.

Antonio Burgos.

Articulista de Opinión.
EL BURLADERO.

Menuda comedia.

Pasemos el trámite de esta próxima semana y vayámonos a la playa que ya está haciendo mucho calor.

Carlos Herrera

Actualizado:

19/07/2019 00:13h.

Si un partido te ayuda a montar una moción de censura, te permite gobernar con menos de noventa escaños, te ofrece apoyo para sacar los Presupuestos y luego te garantiza sus votos en una investidura, lo más normal es que quiera un mordisco del bocadillo, es decir, colocarse donde se manda, donde se decide, donde se gasta. Otra cosa es que tú quieras sus votos pero no su presencia cercana: si eso ocurre el que debe afrontar la contradicción eres tú y dar las explicaciones pertinentes. Ayer Pedro Sánchez lo vino a decir: cualquiera gobierna con ese tipo. Yo meto en el gobierno a quien haga falta, pero que no sea Iglesias, la iluminada de su pareja o pobres bobos como Monedero y así. Es decir, Sánchez puede querer pacto, pero con humillación, y a eso no parecen dispuestos los morados. Normal, por otra parte.

Aunque también parece normal que el candidato propuesto por el Rey no quiera en su gobierno, y menos que en ninguna parte en la Vicepresidencia, a un individuo que va diciendo por ahí que en España hay presos políticos, que Cataluña y quien lo pida tiene derecho a la autodeterminación, que es el Ibex el que manda, o que hay que echar al Rey. Con eso no se gobierna: eso te monta cualquier día un cisma en el consejo de ministras y sale a la opinión pública a hacer posturitas de revolucionario (con chalé). Bien. Entendido. Este ataque de responsabilidad de Estado le sienta muy bien al mismo tipo que en Navarra admite pacto con Bildu, en Baleares con independentistas y en Barcelona le ríe las gracias a Colau, la que planta lazos amarillos así tenga oportunidad. Le sienta muy bien pero no acaba de convencer. Sánchez, no debería extrañarnos, acaricia otros horizontes. No resultaría descabellado llegar a la conclusión de que, en realidad, ha estado utilizando a la gente podemita para fabricar la excusa con la que llegar a nuevas elecciones, y ello posiblemente por estar convencido por alguien de que sus opciones se dispararían. Además del factor disolvente de la sentencia del Supremo sobre el «procés». Basta con hacerse la víctima y cargar las responsabilidades en la cuenta de Iglesias y sus mariachis: Sánchez es un perfecto cuentista y este tipo de comedias las hace bien, apoyado por dos escuderos que se reparten los argumentos cada mañana en función de las pequeñas tácticas, Ábalos y Calvo, la más bonita. La vicepresidenta decía ayer que si Podemos votaba que «no», haría lo mismo que Vox: nadie le ha replicado, que yo haya oído, que ellos en Murcia han hecho lo mismo, votar como Vox no al candidato López Miras.

Unas nuevas elecciones permitirían gastar cada viernes todo lo que fuera necesario para garantizarse apoyos cautivos hasta la próxima convocatoria de noviembre y hacer cargar a Iglesias con la culpa del bloqueo. Podemos sabe que entrar en el gobierno es lo único que les permitiría salvar la cara y evitar el fracaso, pero eso también lo sabe Sánchez, que quiere su derrumbe y sus votos. Un poco de comedia y de nuevo a las urnas.

Este perfecto comediante -que prometió elecciones de inmediato si removía a Rajoy de su asiento, cosa que evidentemente no cumplió- no ha querido trabajar su investidura, ha pretendido la adhesión gratuita y sin contrapartidas de unos y otros para, finalmente, hacerse la víctima dolida de un frente antidemocrático formado por todos los que no son él. Cita en noviembre, 155 si hace falta de por medio, desmerengamiento de su competidor directo y y con un poco de suerte y regando a todos los Santos que la izquierda no se desmovilice -ojito con eso-, arreando que es gerundio a partir de enero. Pasemos el trámite de esta próxima semana y vayámonos a la playa que ya está haciendo mucho calor.

Carlos Herrera.

Articulista de Opinión.
EL CONTRAPUNTO.

Rendición o rendición.

Todavía puede Sánchez renegar del separatismo y hacer una oferta a Ciudadanos imposible de rechazar.

Isabel San Sebastián

Actualizado:

18/07/2019.

O Pedro Sánchez se rinde ante Pablo Iglesias o es éste quien se rinde ante aquél o bien vamos de nuevo a las urnas, perdemos un tiempo precioso y regresamos a un escenario de rendición inevitable. Porque rendición habrá, se ponga como se ponga el líder socialista, dado que ni en sus mejores sueños, ni siquiera en las encuestas que le cocina Tezanos, puede aspirar a obtener una mayoría absoluta. En una democracia normal, con actores razonables, no emplearíamos este lenguaje bélico para referirnos a los acuerdos entre distintas fuerzas políticas necesarios para formar un gobierno, pero dada la actitud que ha mantenido el candidato a la presidencia desde que recibió el encargo del Rey, «rendición» es la palabra adecuada. La única posible. Cuando se despliega tanta arrogancia, tanto desprecio, tanta altanería, tanta superioridad ante los rivales, todo lo que no sea una victoria incondicional es una rendición o una derrota.

Sánchez se ha topado, además, con la horma de su zapato. Porque en una pugna contra el jefe de Unidas Podemos por ver quién de los dos goza de una más alta autoestima, habría que dirimir el asunto recurriendo al foto finish. Aquí se han juntado el hambre con las ganas de comer. Dos gallos de pelea henchidos de sí mismos que luchan por la supervivencia, cada cual a su manera. Iglesias tiene menos que perder en el corto plazo, puesto que solo dispone del poder condicionante que está haciendo valer sin arredrarse ante las presiones del PSOE, pero en caso de repetición electoral se enfrenta a una derrota histórica que seguramente acabaría con su liderazgo. A través de los medios de comunicación que controlan la inmensa mayoría, los del puño y la rosa ya hacen guiños descarados a Íñigo Errejón para que se meta en la carrera nacional y le haga un buen roto a su antiguo compañero y amigo, como si la correspondiente división de la izquierda no fuese a dañar al bloque que encabeza su propio «campeón». Éste, a su vez, agita el fantasma de esas elecciones sabiendo que saldría de ellas reforzado, aunque no puede ignorar el riesgo de que la abstención y la fragmentación acaso dieran al traste con la oportunidad de prorrogar cuatro años más el uso y disfrute del Falcon. ¿Quién dará su brazo a torcer? El jueves que viene lo sabremos… O no.

Tengo para mí que las cosas han llegado a un punto que desborda lo político para entrar de lleno en lo personal. Y es que, además de narcisista, Sánchez es rencoroso. No perdonó a Rivera que esgrimiera su tesis plagiada desde la tribuna del Congreso y tampoco olvida que Iglesias le privó en 2015 de instalarse en La Moncloa, votando contra el pacto acordado entonces entre el PSOE y Ciudadanos. Hay algo de venganza, por tanto, en ese veto obstinado que el dirigente podemita no puede aceptar sin merma de su dignidad, por más que en él pesen, además, otro tipo de consideraciones de índole geoestratégica vinculadas a la presencia de uno o varios comunistas de manual en el gobierno de España. Algo que en la Unión Europea y en la OTAN no se vería con excesivo agrado. ¿Dónde encontrar la salida a este callejón tortuoso?

Lo dicho; o se rinde Iglesias o se rinde Sánchez, que tiene al menos la opción de elegir ante cuál de sus adversarios claudica. Todavía puede abjurar de sus devaneos con el independentismo y hacer una oferta al partido naranja imposible de rechazar. Está en sus manos, siempre que Iceta se lo consienta.

Isabel San Sebastián.

Articulista de Opinión.
UNA RAYA EN EL AGUA.

¿Y si...?

Si Podemos se abstuviese y los separatistas votasen a Sánchez sería un escándalo superlativo. El éxito como castigo.

Ignacio Camacho.

Actualizado:

18/07/2019 04:57h.

Aunque Iglesias dé su brazo a torcer in extremis -condición necesaria pero no suficiente en el razonamiento escolástico- y renuncie a ser ministro, la investidura dependerá en última instancia del separatismo. En el argumentario presidencial, la culpa será de Ciudadanos, que ha renunciado a impedirlo, pero la realidad es que ya sucedió con la moción de censura sin que el candidato pusiera el más mínimo reparo ni observase en ello ningún conflicto. Los nacionalistas, ahora volcados en la ruptura, siguen siendo determinantes tras la recomposición del sistema de partidos porque los socialistas los contemplan como una parte natural de su entorno político. El bloqueo a Rajoy de hace tres años, el célebre no-es-no, se basaba, de hecho, en la inclusión del soberanismo como parte esencial del proyecto alternativo; Sánchez nunca ha tenido escrúpulos en ese sentido. El largo postureo de estas semanas tiene como objetivo aparentar que buscaba un consenso distinto aunque el patrón multipartito ha sido su opción preferente, la única en realidad, desde el principio. Así lo prueba la declaración de Podemos como socio prioritario, pese a que juntos les faltan once escaños: componen la cabeza, el tronco y las piernas del modelo Frankenstein pero necesitan los brazos.

Hasta ahora, sin embargo, la colaboración prevista se limitaba a una abstención a la que el Gobierno se declararía ajeno, pese a que Adriana Lastra fue enviada a explorar/negociar la postura de Esquerra y recibió por respuesta un tranquilizador «no bloquearemos». Pero el emperre de Iglesias plantea la posibilidad de que el nacionalismo ejerza con su apoyo directo y explícito el papel de árbitro casero. Si el que se abstiene al final resulta ser Podemos, bien por no coincidir con la derecha o por la improbable pérdida del referéndum interno, el eventual voto afirmativo de los golpistas catalanes podría decidir en el último momento. Y Sánchez se encontraría en la surrealista, flagrante e incomodísima evidencia de deber su elección a los testaferros de ETA y los reos del Supremo. ¿Difícil? Mucho. ¿Imposible? En absoluto. Ya lo votaron una vez, sin que el beneficiado se quejara, por cierto, y nada les impide volver a hacerlo.

De los independentistas, por divididos que estén, se puede esperar cualquier cosa que les sirva para trolear a España y colocar al Estado en situación contradictoria. La hipérbole del absurdo, la esquizofrenia barroca, el retorcimiento de la paradoja hasta los límites de la lógica, siempre resulta para ellos una tentación seductora. Una jugada de esta clase dinamitaría la legislatura en su mismo inicio, dejando al presidente políticamente inhabilitado por un escándalo superlativo. Se trata sólo de una hipótesis casi extravagante pero debe de producirle escalofríos. Y sólo sería la consecuencia extrema de su arriesgado ejercicio de funambulismo: el éxito como castigo.

Ignacio Camacho.

Articulista de Opinión.
EL RECUADRO.

Investidurización.

Me extraña que a nadie se la haya ocurrido decir que el día 22 tenemos la «investidurización» de Sánchez.

Antonio Burgos.

Actualizado:

17/07/2019 02:50h.

No es Politiqués ni es Tertilianés, lenguas de tanto éxito social en los últimos años. Es otra variante lingüística del español que cada vez se habla más: el Gilipollés. Consiste en hablar del modo más rebuscado posible, para que se crean que eres cultísimo, renunciando a las voces claras y clásicas para sustituirlas por otras que se han inventado para vestir la mona de los conocimientos que no se tienen. Pondré varios ejemplos, por si no ha quedado claro, que parece que no. Ya no se ven las cosas: se «visualizan». Cuantas más veces digas «visualice», más culto se creen que eres los que no son menos que tú. ¡Con lo hermoso que es el verbo «ver», qué manera de enrevesar las cosas para hacerlas ridículamente complicadas!

«Visualizar» es casi prima hermana de otra voz del mismo hierro, reata y camada; «visibilizar». No es hacer patente algo, o llamar la atención sobre ese asunto, no. Hay que «visibilizarlo». Por ejemplo, todas las cabalgatas del Orgullo (a secas, sin mayor adhesivo) celebradas últimamente en España han sido para dar «visibilidad» a los LGTBI. No basta con llamar la atención sobre algo, con hacerlo patente: hay que «visibilizarlo». Que conste que la visibilidad escasa o nula por causa de la niebla que cierra por el invierno tantos aeropuertos no tiene nada que ver con eso. La «visibilidad» en las pistas de los aeropuertos «visualizan» en todo caso que están poco o mal señalizados y dotados para poder volar en condiciones meteorológicas adversas. Que, a su vez, no son «meteorológicas». Ahora a lo meteorológico se le llama «climatológico», será por lo del cambio.

- ¿Cómo está la meteorología?

-Perdone, no tengo cambio. Cambio climático, por supuesto.

La tercera voz de este catálogo apresurado del léxico del Gilipollés es «culpabilizar». No se culpa a nadie, eso está muy antiguo: ahora se «culpabiliza», que parece que es mayor inculpación. Lo que me extraña es que se mantenga el «mea culpa», o sea el «por mi culpa» en el Confíteor de la misa. Será que como la mayoría de hablantes del Gilipollés no son muy de la Iglesia que digamos, la frecuentan poco. Si no, en el «Yo pecador» habría que decir «me culpabilizo», ¡vamos que si había que decirlo!, mientras se da uno golpes de pecho, pero, vamos, sin romperse las costillas, tampoco hay que ponerse así para «culpabilizarse» ante Dios.

A todas estas voces quizá les eche la pata otra preciosa: «verbalizar», en vez de decir. Yo, por ejemplo, no llevo hasta aquí escrito un artículo sobre el Gilipollés, sino que estoy «verbalizando» lo que pienso sobre estas tonterías tan gordas que cada vez se oyen más en España y donde cada vez hay más acémilas que creen que pasan por cultismos con estas tonterías tan grandores que tanto éxito social tienen.

Ahora bien, en vísperas de la investidura del presidente del Gobierno del Reino de España, lo que me extraña es que aún no haya verbalizado nadie una palabra en la que se visualice la visibilización de lo complicado que se pone el panorama previsto para el día 22. A estas alturas de curso y de mes me extraña bastante que todavía los hablantes del Gilipollés se refieran a la «votación de investidura» y la de semana de tejemanejes que llevamos con ello y que a nadie, por ejemplo, se la haya ocurrido decir que el día 22 tenemos la «investidurización» de Sánchez como presidente del Gobierno. ¿Pero cómo no están visibilizando la «investidurización» de este hombre, ni la están verbalizando, ora como gobierno de coalición, que sería la «coalicionalización», ora de cooperación, que sería la «cooperacionalización». ¿Será que quieren culpabilizar al PP, Cs y Vox otra vez de todos los males de la Patria? ¿O será que la investidura va a salir tan mal que tras el verano haya que ir a una «reinvestidurización»?

Antonio Burgos.

Articulista de Opinión.
¿Y a esta que tal le iría?, ¡que belleza de criatura!
ENFOQUE.

El paraíso de la cobardía.

Puigdemont planea su salida de Bélgica.

Jesús Lillo.

Actualizado:

15/07/2019 23:46h.

La Fiscalía tiene preparada la euroorden contra Puigdemont y el resto de la excursión para cursarla en cuanto el Supremo falle contra los golpistas que se quedaron en tierra. Con la sentencia grapada a su petición de extradición, el Ministerio Público tiene esperanza de que los fundamentos jurídicos del tribunal que preside Manuel Marchena terminen de convencer a sus pares europeos sobre la catadura de los fugados. Puigdemont sabe que van a por él, que las autoridades comunitarias le han cerrado todas las puertas y que tiene que esconderse. Ha visto en la tele el anuncio de la Lotería de Navidad -« ¿Y si cae en tu lugar de vacaciones?»- y es consciente de que tiene todas las papeletas para que le toque el Gordo si se queda en Waterloo. El hombre que un día creyó decidir el futuro de su nación se debate ahora entre esconderse en Tailandia o en Brasil. Al final, autodeterminarse consistía en elegir entre playa y montaña. Si tiene dudas, puede organizar una consulta ilegal y democrática, una fiesta participativa en la que al grito de «Votarem» los catalanes decidan su destino personal, que es el de esa república de gralla y pandereta de la que ni siquiera va a quedar ya el exilio.

Con la CUP desmotivada, el chiringuito constituyente de Lluis Llach convertido en una reunión de Tupperware, Gabriel Rufián adecentado, Podemos rendido al artículo 155 y Quim Torra camino del banquillo de los acusados, a la república de Puigdemont solo le quedan los lazos amarillos que recuerdan a los que dejó tirados y, como reverso, el discutible simbolismo de su huida, traición transformada en gesta por unos propagandistas que, como a Lourdes, han llegado a organizar viajes a Waterloo, con fieles de esos a los se les aparece la Virgen. Como dijeron Forcadell y Cuixart en el Supremo, todo ha sido muy simbólico.

La autodeterminación final de Puigdemont -Brasil o Tailandia- vendría a elevar el listón del heroísmo hasta donde lo dejaron El Dioni, Luis Roldán, Josu Ternera o Antonio Anglés, precursores de una república monovolumen que el expresidente catalán ha situado en sus justos términos, deslocalizada en el paraíso, mar o montaña, de una cobardía que resulta incompatible con cualquier revolución.

Jesús Lillo.

Redactor.
COMENTARIOS LIBERALES- Opinión.

La vuelta a Snchz en 80 días.

FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS.

Lunes, 15 julio 2019 - 02:23

Sánchez consigue, como Cantinflas, que, pasando de idea a mohín, perdamos de vista lo que está haciendo, una barbaridad tras otra.

Recordaba ayer Paco Rosell que se cumplen 80 días de Sánchez y el luctuoso evento me trajo a la memoria el novelón de Julio Verne que para su adaptación al cine tuvo la infeliz ocurrencia de fichar a Cantinflas. Cuando Mario Moreno hace de roto mexicano te ríes si lo entiendes, pero pasado por Hollywood era un Felipe González disfrazado por Churubusco Azteca para entrar por la cara en los USA. Amando de Miguel y José Luis Gutiérrez explicaron en La ambición del César la adaptación del lenguaje cantinflesco a la política española por el demagogo sevillano, devenido estadista por comparación con sus sucesores. Ayuno de la brillantez trilera de la prosodia felipista, Sánchez hace del cantinfleo algo parecido a una estrategia. Es otra forma de liarla que no se limita a lo verboso sino que se instala en lo que, con permiso de Arcadi, llamaríamos factual institucional.

Sánchez consigue, como Cantinflas, que, pasando de frase a frase, de idea a mohín, de ocurrencia a confesión fingida, y de falsa sinceridad a sincerísima trola, perdamos de vista no lo que va diciendo, sino lo que está haciendo, que es una barbaridad tras otra y que nos devuelve siempre a Pdr Snchz. Es como si el tiempo no pasara por sus consonantes, sin que, por falta de vocales, consigamos oír sus aspavientos musculares, sustituto cum fraude del verbo que debería usar para dirigirse a la nación que pluriniega.

Llevamos 80 días de presidente en funciones con una sola función: la perder el tiempo y el dinero de todos artillando su candidatura presidencial cuando le convenga convocar elecciones, otra de las prerrogativas que ha hurtado al Jefe del Estado. Nunca un candidato sin escaños para llegar a presidente se había coronado rey de la república de su casa, que a eso ha reducido Snchz la monarquía parlamentaria. Llevamos meses de años de interinidad permanente, en la que ayer el leptosomático Rajoy y hoy el brioso zascandil se han instalado gustosos. La desvestidura es la nueva forma de investidura; la Moncloa, una vacante siempre ocupada, dizque en funciones, pero deben de ser funciones de okupa, por un tío que no se baja del Falcon. Nos iremos a septiembre, noviembre o marzo de cualquier año y un tal Pdr Snchz seguirá provisionalmente fijo. Votar, para qué, si no sabemos más que empatar. Y han abolido los penaltis.
UNA RAYA EN EL AGUA.

Ya no llueve en Ermua.

Aquella «lluvia violenta y salvaje» que nos heló el alma ha escampado. Bildu preside una comisión de Derechos Humanos.

Ignacio Camacho.

Actualizado:

13/07/2019 08:45h.

No había en el año mejor día que el aniversario del crimen de Miguel Ángel Blanco para que las Juntas Generales de Guipúzcoa entregasen a Bildu la presidencia de una comisión de Derechos Humanos. Con el voto a favor, por cierto, de un juntero del PP que inexplicablemente aún sigue en el cargo, porque si tuvo un despiste es un inútil y si lo hizo adrede, un villano. Pero ése es sólo un aspecto colateral de un caso que demuestra la vileza que suele gastar el nacionalismo vasco. El PNV es un partido que los días impares da ejemplo de responsabilidad y criterio sensato mientras los pares se desquita sacando sus demonios más innobles del armario. El jueves le tocaba, como en aquellos tiempos de plomo de Estella, pactar con el diablo rescatando las peores inclinaciones de su pasado para humillar a las víctimas del terrorismo con un guiño macabro. Ninguna fecha resultaba más adecuada para ello que la efeméride del más célebre de los asesinatos, el que provocó aquella sacudida unánime de repugnancia y hartazgo que hoy parece sólo el eco remoto de un sentimiento apagado. Así queda bien claro quién va a escribir, y cómo, la memoria oficial del holocausto. Y que la pintura blanca de tantos millones de manos ha servido al final para enjalbegar el relato, diluir culpas y disimular el triunfo moral de los malos.

Hace dos décadas, en una comisión similar presidida por Iñigo Urkullu en el Parlamento autonómico, se sentó muy campante Josu Ternera junto a otros terroristas en excedencia como Arnaldo Otegi y Jon Salaberria. No había transcurrido ni un trienio del Espíritu de Ermua. Fue una gran idea: dos de los tres desertaron de sus escaños para regresar a la actividad carnicera y el tercero acabó en la cárcel como testaferro legal de ETA. Ahora se repite la historia de forma menos cruenta, con el objetivo de integrar en las instituciones a los que la banda señaló para administrar su herencia. Entre las canalladas que Otegi dijo hace poco en la tele con desnuda crudeza -ya saben, aquello del derecho a causar daño y otras bagatelas- destacó la naturalidad con que explicó que ya no les hacía falta la violencia. Es decir, que su proyecto de supremacía étnica continúa sin necesidad de descerrajar a muchachos con las manos atadas dos tiros en la cabeza. Sin arrepentimiento, sin colaboración con la justicia, sin mala conciencia; desde cómodos sillones oficiales en los que instalarse a redactar a su manera -y con tu dinero- las actas de su propia historia sangrienta.

Nada, o muy poco, queda de aquel lejano calambrazo democrático; apenas un protocolo memorial cada vez más vacío y rutinario. La «lluvia violenta y salvaje» de la canción de Carlos Goñi, el chaparrón de infamia que nos heló la médula y nos rebeló el alma, ha escampado. Si te sientes mojado no mires para arriba: es que te están meando encima en nombre de los derechos humanos.

Ignacio Camacho.

Articulista de Opinión.
CAMBIO DE GUARDIA.

Salteadores celestes.

¿Ministro o nada? Pues nada. Y elecciones. Después será menos que nada.

Gabriel Albiac.

Actualizado:

11/07/2019 00:24h.

Tomemos cierta distancia de esta farsa política en la cual se nos acuna desde hará pronto cuatro años. Y disfrutemos del espectáculo -malo, pero espectáculo- que se nos brinda. Algunos de sus excesos son, al menos, divertidos. Vox y Podemos, por ejemplo. Si, en plano corto, ambos exhiben feroces incompatibilidades, la panorámica permite ver en sus movimientos la hilarante sincronía de los idénticos gemelos. Enemigos, sin duda; pero iguales. Variedades enloquecidas de un universal tacticismo.

Y es que, en la política actual, la táctica lo es todo. Nada, la estrategia. Por la sólida razón de que las estrategias se elaboran ya por completo al margen de eso que un día llamamos Estado-nación. Son diseñadas lejos, en el nudo de poderes materiales sin fronteras que fijan líneas maestras, sin someterse a las cuales un país estará necesariamente muerto. En el caso de la UE, ese intercambiador de grandes flujos de potencia tiene oficina en Bruselas. Su escena visible es la Comisión Europea. Aunque lo que hay detrás sea de más envergadura y, en consonancia, no posea ni rostros ni nombre; sólo la dura constricción de una economía continental al borde del despeñadero.

Las estrategias nacionales no existen. Ni en lo económico ni en lo político. Están dictadas. Y pobre de aquel que, como la Grecia de Varufakis, tenga la estúpida arrogancia de desafiarlas. Esa inexistencia da a los artistas de lo puramente táctico una baza de oro en los gobiernos nacionales. Y bien es cierto que nada hay más ajeno a un hombre de Estado que un barajador de tácticas. Pero es que, en las naciones europeas de este primer cuarto del siglo veintiuno, no hay ya Estado nacional en sentido propio. Cuando ni siquiera lo hay aún del todo en la Unión Europea misma.

Sobre esa base, puede esgrimirse, con amplias posibilidades de éxito, un tacticismo cínico pero hábil: éste del tirando a desvergonzado Doctor Sánchez. Frente a él, un tacticismo pasado de retórica pero que tiene su público y suena moderno: el de Rivera. Y un tacticismo discreto y con pretensión de invisible, eficaz aunque antiguo -o eficaz por antiguo-: el de Casado. Estratosféricamente fuera de toda realidad, quedan dos delirios tácticos bajo disfraz milenarista: Vox y Podemos. Su lógica es la de un oxímoron: no hay milenarismo -trascendente en la señora Monasterio, secular en los señores Montero e Iglesias- que no se vea forzado a desplegar, en formación de gala, las grandiosas estrategias que llevan de cabeza al paraíso. Sea allá arriba o bien sea aquí abajo: sea Vox quien lo invoque o sea Podemos. Ore por él Monasterio u ore Montero.

Cuando el tacticismo se disfraza de estrategia, no hay frenada verosímil: no puede haberla, porque ninguna táctica es nunca suficiente a aquel que ha prometido salvación a los suyos. Y cada migaja obtenida debe ser sólo promesa de un festín celeste. A eso asistimos. En el gobierno de la nación, Sánchez le tomó la medida a los delirios del tan infantil Iglesias. No tiene más que mantenerse inmóvil y ver cómo naufraga un megalómano que ni siquiera planificó su línea de repliegue. ¿Ministro o nada? Pues nada. Y elecciones. Después será menos que nada. En el Gobierno autónomo de Madrid, Casado y Rivera aguardan, con estoicismo de jugador de póquer, que el asalto a los altares de Monasterio acabe en las catacumbas. Vendrán elecciones luego. Con un electorado francamente mosqueado. Vox será barrido, más que verosímilmente. Y vuelta al cero.

¿Se burlan de nosotros? Para eso estamos.

Gabriel Albiac.

Articulista de Opinión.
PERFIL DE AIRE.

Marlaska dimisión.

El ministro del Interior de un país democrático no puede justificar alardes de fanatismo.

Francisco Robles.

Actualizado:

09/07/2019 23:53h.

La ha pagado con Ciudadanos porque no tuvo lo que hay que tener -valentía y dignidad- para ponerse en su sitio cuando una ministra de su mismo Gobierno lo llamó maricón. Eso es todo. Lo demás es demagogia, populismo de la izquierda que se cree superior en lo moral y en lo intelectual, y un uso torticero del honor, como si ese concepto ancestral y un punto medieval estuviera localizado en las zonas genitales del cuerpo. Lo del ministro Grande-Marlaska es para exigirle la dimisión ipso facto, porque no se puede ser el encargado de mantener el orden que cimienta las libertades, y al mismo tiempo calentar la calle y justificar delitos de acoso como si esto fuera lo normal en una democracia.

A Grande-Marlaska, que tiene unos méritos indudables como juez que nadie en su sano sentido puede negarle, hay que pedirle que dimita ya. Por su propio bien. Porque los contribuyentes no le pagamos su sueldo para que distinga entre escraches buenos y malos. Porque todo el mundo, absolutamente todo el mundo, tiene derecho a manifestarse en la calle sin que reciba latas de orines, insultos y amenazas por los que se creen los dueños del orgullo de las personas que libremente optan por la homosexualidad cuando en realidad son unos secuestradores de esa forma de vivir el sexo y el amor. Que nadie es propiedad de nadie, señor ministro. A ver cuándo se enteran usted y los suyos, los integrantes de esa otra España que nos hiela el corazón. ¿O todavía piensan estos progres a la violeta que don Antonio Machado era tan sectario como ellos, y que le echaba la culpa de todo a la España negra del fascismo que están resucitando para vivir a su costa?

Lo de Grande-Marlaska es lo más grave que ha perpetrado este Gobierno en funciones que tiene de todo, incluso un astronauta que está a la luna de Valencia. Esa negación del derecho a manifestarse, y ese aplauso implícito a los que usan la violencia contra el adversario es propio de regímenes totalitarios. Los mismos donde se movía la mar de a gusto la izquierda española que jamás criticó la ausencia de libertades al otro lado del telón de acero. ¿O es que ya no nos acordamos del origen de esta forma de pensar y de actuar que se cree con la propiedad exclusiva de la democracia, de la libertad, del arte, de la tolerancia y demás valores que nacieron precisamente en el seno de la burguesía a la que pertenecen, y que por eso mismo odian hasta el exabrupto y el ataque?

El ministro del Interior de un país democrático no puede justificar estos alardes de fanatismo y de violencia. Y si quiere ponerse estupendo y tejer sofismas como el que señala a Ciudadanos como homófobo por pactar con VOX, que haga lo propio y le diga eso mismo a quien lo tildó de maricón ante un espía que atenta contra nuestras libertades. Ahí está la delgada línea roja del honor. Delgada que viene, en este caso, de Delgado. A ver si también va a tener la culpa la odiada Arrimadas de ese insulto que ha quedado impune, señor ministro. En su caso, y escuchado lo oído, cualquier cosa es posible.

Francisco Robles.

Articulista de Opinión.
El astrolabio.

Por Bieito Rubido.

La nueva política era esto.

Bieito Rubido.

El 09 jul, 2019.

Va siendo hora de que todos los que creemos en la tolerancia y la convivencia alcemos nuestras voces para convertirlas en un clamor contra la intolerancia que la nueva izquierda está instalando en España. Parece que solamente pueden demostrar sensibilidad feminista, ecologista o gay aquellos que simpatizan con determinadas ideas. Vuelven al más antiguo y cavernícola tic de la izquierda guerracivilista. Si eres de derechas, no tienes derecho a gobernar, ni a hacer periodismo, ni a participar en ciertas manifestaciones. Solo ellos pueden. No cabe actitud más antidemocrática, pero cala y se hace fuerte contra los cimientos fundamentales de la convivencia entre los españoles. Esperábamos algo más de la llamada «nueva política». Su discurso es de una simpleza escandalosa, entremezclada con arrogancia y menosprecio hacia los demás. Es hora pues, como escribió Popper, de no tolerar a los intolerantes y desde luego, denunciarlos. No sólo no se han disculpado, sino que amplifican su lenguaje agresivo y enfrentan a la sociedad.

R-3.-**
EL CONTRAPUESTO.

Navarra es el primer plazo.

Sánchez lo quiere todo, sin renunciar a nada, mientras que Rivera y Casado comparten inequívocamente el bando constitucional.

Isabel San Sebastián.

Actualizado:

08/07/2019 00:03h.

Aestas alturas de la partida, todas las fuerzas presentes en el tablero patrio han dejado clara su posición, excepto una: el Partido Socialista Obrero Español, que pretende estar al plato y a las tajadas, en la vanguardia social de la izquierda mal llamada «progresista» y en la ortodoxia económica de la liberal UE, en la defensa de la Constitución y en la alianza con el independentismo golpista o filoterrorista... sin abandonar el poder, por supuesto. Cosas de la inmejorable conciencia que impregna el alma de Pedro Sánchez y le convence de su derecho divino a mandar. Pocos rostros ha habido en política tan cercanos al cemento armado.

Mientras el líder del puño y la rosa pierde su tiempo y el nuestro azuzándonos las «encuestas» de su amigo Tezanos a modo de amenaza de repetición electoral, su socio de referencia, Pablo Iglesias, muestra una actitud mendicante, asumiendo que pasó la época de exigir una vicepresidencia todopoderosa con control directo de los servicios de inteligencia, la televisión pública y la Justicia. ¿Recuerdan cuando proponía que todos los cargos claves de la judicatura, empezando por el fiscal general y los jueces encargados de combatir la corrupción, tuvieran que manifestar su adhesión ideológica al gobierno como requisito indispensable para ser nombrados? Ahora se conforma con que le den un puestecito en el Consejo de Ministros, el que sea, que le permita sacar pecho ante sus huestes menguantes y seguir justificando su lucrativa responsabilidad. Al menos es consciente de su posición precaria y actúa en consecuencia, lo cual es mucho más de lo que vemos hacer al otro.

Incluso los separatistas evidencian sin complejos su disposición a respaldar la candidatura del socialista por un precio módico, posponiendo a más adelante sus demandas abiertamente enfrentadas a nuestro ordenamiento jurídico. El «nihil obstat» de ERC, Bildu (tanto monta, monta tanto) y PNV a la investidura parecerá gratuito, aunque diste mucho de serlo. Sánchez ya ha empezado a pagar en Navarra, entregando la comunidad foral a quienes quieren destruirla dejando que sea absorbida por la Euskadi que concibió a mediados del XIX el racista Sabino Arana, y pronto tendrá que hacer frente a los restantes plazos de la hipoteca. Hasta entonces, a los dinamiteros de Nación les interesa tener en La Moncloa a un relativista débil, rehén de sus votos, antes que a un presidente de convicciones firmes (o bien sujeto en firme por alguien con convicciones), por lo cual allanarán cuanto puedan el camino a su reelección. La alternativa sería mucho mejor para España y, en consecuencia, mucho peor para ellos.

Esa alternativa sería un Ejecutivo sostenido por Ciudadanos, respetuoso con el marco establecido en la Carta Magna y por tanto enfrentado sin ambages al secesionismo. La aritmética lo permite. ¿Cuál es el obstáculo? El obstáculo no es Albert Rivera, sino Pedro Sánchez, que no quiere enemistarse con los enemigos del Estado. Lo ha dejado meridianamente claro en Navarra, decantándose por el lado oscuro. ¿Desearía recibir gratis el respaldo de los naranjas? Desde luego. Y lo utilizaría a renglón seguido para vendernos al separatismo. En caso contrario, habría formulado alguna propuesta concreta, imposible de rechazar. Pero él lo quiere todo, sin ceder ni renunciar a nada, mientras que Rivera y Casado saben, sin sombra de duda, de qué lado del golpismo se sitúan. Se disputan a cara de perro el liderazgo del centro derecha, con matices de fondo cada vez más difusos, pero comparten inequívocamente el bando constitucional. En cuanto a Vox... después de lo visto en Murcia, es difícil decir dónde están.

Isabel San Sebastián.

Articulista de Opinión.
POSTALES.

Escabechina.

Las encuestas no son cálculos matemáticos de lo que va a ocurrir, sino intentos de influir en el voto para que su predicción ocurra.

José María Carrascal.

Actualizado:

04/07/2019 23:46h.

Hace poco corrió por periódicos y tertulias la noticia de que Iván Redondo, el gurú de Sánchez, había aconsejado nuevas elecciones para escabechar a Iglesias, al ponerle en el dilema de ceder sus votos sin entrar en el Gobierno o irse por la cañería de las urnas. Ayer, el CIS salió con otra encuesta que lo abona: un 39,5 por ciento para el PSOE, un 15,8 para Cs, un 13,7 para el PP, un 12,7 para Podemos y un 5,1 para Vox. Ni a Fernando VII se las ponían así sus cortesanos. «Lo mejor que puede ocurrir a Sánchez es no creérselo», ha dicho un comentarista próximo a él. Pero no se trata de que Sánchez lo crea, sino de meter miedo a Iglesias y a Rivera. O, más exactamente, de crear un clima favorable a tal vaticinio, que es para lo que están sirviendo últimamente las encuestas, con unos líderes políticos mirándose el ombligo y unos expertos que imponen su opinión en vez de analizar la realidad. Consecuencia de su falta de formación, de principios, de experiencia como si estuvieran en una serie de televisión, que puede interpretarse a capricho o, sencillamente, cerrarse el aparato si no gusta. Estamos viendo que las mayores batallas se libran dentro de cada bloque y que los problemas se agravan en vez de solucionarse y que, a falta de argumentos, se echa mano del insulto, cada vez más soez, como ocurre en todas las situaciones enquistadas. Ocurre en ambos campos, con resultados similares, es decir, sin llegar a ninguna parte.

Pedro Sánchez quiere gobernar en solitario con sólo 123 escaños, y pactos con unos y otros gratis, sin dar nada a cambio, como si se tratase de un adulterio que conviene mantener oculto. Como Rivera quiere gobernar junto al PP con los votos de Vox, sin darle siquiera la mano, como si fuese un apestado. Y así no se hace política, así se pudre la democracia. Tanto Sánchez como Rivera tienen razones para mantener a distancia a Iglesias y Abascal. Pero no tienen toda la razón porque tanto Abascal como Iglesias tienen derecho a que se les reconozca el mandato que les han dado sus electores, que no son pocos. En este pulso, como en todos, quienes más tienen que perder son por lo general los más pequeños. Quiero decir que, seguramente y como dicen las encuestas, se verán arrollados en caso de haber nuevas elecciones, aunque sólo sea por cansancio del electorado. Pero, como queda dicho, las encuestas no son cálculos matemáticos de lo que va a ocurrir, sino intentos más o menos descarados de influir en el voto para que su predicción ocurra. Habiendo ocurrido más de una vez que producen el efecto contrario. ¿O es que hemos olvidado el susto que nos dio Trump?

Iglesias y Abascal pueden darse el gustazo de dejar plantados a sus socios de izquierda y derecha, pero al precio de conseguir lo contrario que buscaban: dar el gobierno a la derecha e izquierda respectivamente. En Murcia empieza a ocurrir.

José María Carrascal.

Articulista de Opinión.
En cuanto a los co.... s y bandera que parece son tus poderes: ni se echan ni se tienen con tanta tela y escroto. Yo con un tarrito de esencia me es suficiente.

No entró en este hilo, no le leo, seguiré si hacerlo, ni con cantos de sirena ni con insultos.

Buenos días
¿Que le ocurre?, ¿se ha dado cuenta que se contesta a usted mismo?, ¿pudiera ser el dichoso calor?
EL CONTRAPUNTO.

Cobarde muñeco roto.

Ningún político sobrevive a un ridículo como el protagonizado por Puigdemont con su espantada en Estrasburgo.

Isabel San Sebastián

Actualizado:

03/07/2019 23:52h.

Entre la humareda de una investidura de Pedro Sánchez que empieza a oler mucho a tongo (no hay más que ver el CIS) y otra ya fallida en Murcia para vergüenza de Vox y Ciudadanos, ha pasado prácticamente desapercibido el bochornoso espectáculo protagonizado el pasado martes por el prófugo Carles Puigdemont en la frontera entre Bélgica y Francia. Una espantada a medio camino entre la ópera bufa y el esperpento, no por anunciada menos estigmatizante. Un ridículo sin paliativos al que no hay político que sobreviva.

El «expresident» con ínfulas de líder histórico y aspecto cada vez más parecido al de Chaplin en El gran dictador ya había dado pruebas sobradas de su cobardía. Huir escondido en el maletero de un coche para instalarse a todo lujo en un palacete de Waterloo, mientras sus socios de intentona golpista se enfrentaban a las consecuencias de ese desafío en la cárcel, era suficiente demostración de su catadura moral, entre otras razones porque Junqueras y demás presos estuvieron y siguen en prisión preventiva precisamente porque Puigdemont y otros cobardes como él escaparon a la acción de la Justicia. Pero lo del martes, el numerito de los autobuses fletados en balde por los incondicionales del lazo amarillo para recibirle en Estrasburgo en olor de multitud, la espera festiva del mesías por parte de esa secta enfervorecida y el plantón final, el monumental mutis por el foro de un hombrecillo incapaz de vencer el miedo paralizante que le produce ser detenido... Eso supera todo lo visto hasta ahora. No es de extrañar que su partido, compuesto por los escombros que dejó el descalabro de CiU, esté en caída libre, mientras ERC crece en número de votos y en protagonismo. No son mejores en ningún sentido, pero al menos sus dirigentes muestran algo de gallardía.

Me cuesta entender que alguien tan pusilánime, tan traidor a sus propios compañeros, tan carente de valentía como escaso de atractivo intelectual pueda conservar algún respaldo popular. Claro que el dinero público hace milagros y su lacayo, Torra, dedica todos los recursos de la Generalitat, que son cuantiosos, a mantener viva la llama de una ficción independentista republicana que ni existió ni existirá, salvo en los sueños de una masa amorfa intoxicada de propaganda. ¿Qué habría ocurrido si el 155 de la Constitución se hubiese aplicado como demandaban la situación y el sentido común; es decir, por un período más largo, privando a las fuerzas sediciosas de ese inmenso caudal de dinero salido de nuestros bolsillos? Probablemente las cosas serían muy distintas, especialmente para el grotesco personaje atrincherado en su madriguera belga, cuya Waterloo amenaza seriamente con tornarse Santa Elena.

Pero tiempo al tiempo, que todo llegará. Por más que se engañen e intenten engañarnos los cabecillas del «procés» con el soniquete de que la Justicia europea ampara sus actuaciones e incluso sus pretensiones, nada más lejos de la realidad. El Tribunal de Justicia de la Unión Europea ha dado la razón a España en su negativa a otorgar un acta de diputado a quien no se ha presentado a recogerla en su país natal, tal como demanda el ordenamiento jurídico, y lo mismo cabe esperar del Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo, donde, desde que salió de allí el socialista López Guerra, cuyo papel fue determinante para tumbar la doctrina Parot, en cumplimiento de los acuerdos suscritos por Zapatero con ETA, el Estado español ha ganado prácticamente todos los recursos presentados por etarras y gentes de semejante calaña. Europa no ampara a criminales, sean terroristas, golpistas, vascos o catalanes.

Isabel San Sebastián.

Articulista de Opinión.
POSTALES.

Las cuentas de Pedro Sánchez.

Su problema es el de siempre: ni 123 escaños es un gran triunfo ni los demás se fían de él.

José María Carrascal.

Actualizado:

03/07/2019.

Imagino que la lechera sentiría lo mismo al ver su leche desparramada por el suelo. A Pedro Sánchez no le salen las cuentas. En España, ni en Bruselas. Suele ocurrir a los ventajistas: que acaban cayendo en sus propias trampas. Ningún ejemplo mejor que nuestro presidente en funciones, que vive a salto de mata, vendiendo la burra a diestro y siniestro con singular desparpajo. Suelen ser personas sonrientes, atractivas, de elogio fácil y mirada amable, con lo que dan el pego a cualquiera. La última faena de Sánchez tuvo lugar en la Cumbre de los 20 en Osaka, que aprovechó, junto a Macron, otro que tal, para vender la candidatura del socialista holandés Frans Timmermans para presidir la Comisión Europea en vez del spitzenkandidat (candidato punta), que correspondía al alemán Manfred Weber, candidato del PP Europeo, ganador de las últimas elecciones. Para ello había que convencer a Frau Merkel, de lo que se encargaron aprovechando el bache de salud que atraviesa. Con lo que no contaban era que, en Bruselas, les esperaban los países del Este, Polonia y Hungría en especial, reforzados por Italia, que se opusieron rotundamente. La reacción de Sánchez fue culpar del fracaso a los conservadores. La cosa se solucionó poniendo al frente de la Comisión a una conservadora alemana, como debía. El cambio en la cúpula alcanza a Borrell, que asume los asuntos exteriores de la CE. Algo que no hubiera ocurrido de salir elegido Timmermans, como quería Sánchez, al haber ya un socialista. Así vela por nuestros intereses. Ahora se apuntará lo de Borrell.

Aquí tampoco le están saliendo bien las cosas. Tras haber vendido el resultado de las elecciones generales como un gran triunfo, su problema es el de siempre: ni 123 escaños es un gran triunfo ni los demás se fían de él. Creía poder gobernar en espléndido aislamiento, pactando con unos u otros, aunque con quien realmente le gustaría gobernar es con Ciudadanos. Pero Rivera sabe que eso significaría el fin de su carrera y, puede, de su partido. Así que tiene que contentarse con Podemos, que le exige ministerios, y los secesionistas, que piden concesiones. Pero él busca su apoyo gratis, por su cara bonita, o dura, a lo que los otros se niegan. Ante lo que, lanza un órdago, confiando en su buena suerte: habrá investidura el 22 y 23 de julio. Si no sale, se repetirán los intentos durante dos meses y, de fracasar, elecciones el 10 de noviembre. Él está seguro de que quienes le hicieron presidente terminarán apoyándole. Pero no sería la primera vez que el tiro le sale por la culata.

En la otra acera ocurre algo parecido. Vox exige lo menos que puede exigir alguien que presta su voto: que se le reconozca. Pero Ciudadanos, enjaulado en el centro, se niega. Lo que puede romper el pacto de las tres derechas y dar la victoria a la izquierda. Ante lo que repito lo que les dije hace poco: a votar las veces que sean necesarias. Con todos sabiendo qué prefieren licuar: España o el rival dentro de su bloque.

José María Carrascal.

Articulista de Opinión.
EL CONTRAPUNTO.

Más tontos que útiles.

El pacto PSOE, PNV, ERC y Bildu está fraguado en hormigón armado desde el mismo día de las elecciones.

Isabel San Sebastián.

Actualizado:

27/06/2019 00:16h.

Hay que reconocer al PSOE una habilidad rayana en la maestría a la hora de manipular la información en su beneficio. Nadie maneja a los medios de comunicación como ellos. Bien es verdad que, en su mayoría, estos se prestan gustosos al juego (no en vano el PP de Rajoy puso todas las televisiones al servicio de sus rivales políticos), pero no es menos cierto que los del puño y la rosa bordan el trilerismo consistente en esconder sus vergüenzas despistándonos con señuelos perfectamente escogidos. Los ejemplos son infinitos: desde el silenciamiento del escándalo de los ERE andaluces, opacado por la omnipresencia de Gürtel en las tertulias, hasta el tupido velo corrido sobre las muy lucrativas actividades del expresidente Zapatero y alguno de sus ministros en la Venezuela de Maduro, que habrían costado carísimas a cualquier otro «jarrón chino». Ellos saben cómo conseguir que nunca encontremos la bolita y cuentan además, generalmente, con la ayuda inestimable de compañeros de viaje mucho más tontos que útiles. Verbigracia, los empeñados en cargar, todavía hoy, sobre las espaldas de Ciudadanos la responsabilidad de un pacto entre la izquierda y el separatismo que está fraguado en hormigón armado desde el mismo momento en que las urnas arrojaron los números necesarios para sellarlo, o incluso antes.

Es la lógica del «proceso» que puso en marcha el ínclito ZP, hoy declaradamente partidario de que su aventajado discípulo, Pedro Sánchez, indulte a los golpistas catalanes, a quienes desea una condena leve «que no haga imposible el diálogo» (sic). Su concepto «discutido y discutible» de la Nación implica dinamitar la Constitución del 78, inequívoca respecto de su indisoluble unidad, y a ello se han dedicado él y su partido, sin luz ni taquígrafos, primero con el pretexto de logar «la paz» y ahora apostando por el apaciguamiento claudicante como respuesta a quienes desprecian y atacan nuestra democracia. Basta leer las actas de las infames conversaciones mantenidas por sus emisarios con ETA para constatar hasta qué punto llegaron en sus promesas a los terroristas, cumplidas, una a una, con implacable puntualidad. ¿Qué otra cosa es el acuerdo alcanzado en Navarra entre socialistas, delegación local del PNV y bilutarras, sino el prenúltimo plazo de esa denigrante hipoteca? ¿A qué obedece el blanqueamiento del secuestrador y dirigente etarra Arnalo Otegui en RTVE, sino al deseo de reforzar su figura de «estadista» y convertirlo de ese modo en un respaldo respetable a ojos de la opinión pública? Todo obedece a un guión escrito con detalle hace tiempo. Sánchez sabe que está abocado a entenderse con Podemos, PNV, ERC y Bildu. Es, además, lo que ansían él y sus bases: «Con Rivera no». La prueba está en que nadie ha ofrecido en su nombre un pacto alternativo ni a Ciudadanos ni al PP. Nadie ha negociado nada. Y, sin embargo, nos lanzan un anzuelo debidamente cebado y la mayoría pica, empezando por los propios dimisionarios naranjas que dicen sentirse incómodos por no apoyar a un aspirante que en realidad no quiere sus votos o los quiere gratis, como mera coartada, con la intención de seguir avanzando, junto a sus socios preferentes, en un camino que conduce a la demolición de España.

Antes de Navarra, aún era posible concebir la ilusión de que prevalecería la cordura en quien ha demostrado con creces carecer del menor escrúpulo. Ahora no queda margen para la duda. Pablo Casado y Albert Rivera no solo cumplen por tanto la palabra dada a sus votantes con su «no» a la investidura, sino que aciertan de lleno. Pedro Sánchez resulta pura y llanamente invotable.

Isabel San Sebastián.

Articulista de Opinión.
VIVIMOS COMO SUIZOS.

Gritos y portazos.

A los de Vox a veces hay que interpretarlos como al Talmud o a los extraterrestres de «La llegada»

Rosa Belmonte.

Actualizado:

25/06/2019 00:27h.

Turba feminista supremacista es buen nombre para un grupo musical femenino. Mucho mejor que Trío Acuario, Bananarama, The Supremes o The Ronettes, las de «Be my baby». No me apetece decir al juez Serrano lo de Be my sugar daddy. Porque hay que ver lo feos que son los señores de Vox (salvo Hermann y Abascal). La cara de señorito de Espinosa de los Monteros también tira para atrás. Qué vergüenza, hablar de cosas tan frívolas en lugar del ideario político o la batalla cultural. Sí, hombre, no me haga reír. Si lo hago puede ser peor. Lo del otro día de Ortega Smith, al que siempre parece faltarle la capa de Christopher Lee, haciendo de Cyrano de Bergerac con Jesús García Conde es muy significativo. El procurador de Vox en el Parlamento de Castilla y León no supo concretar ninguna medida sobre ideología de género (sea esto lo que sea). Y tenía a Ortega Smith susurrándole.

El mayor problema es que los principales personajes de Vox tampoco han sabido explicar a la sociedad lo que de malo tiene la Ley Integral de Violencia de Género y su aplicación. A veces hay que interpretarlos como al Talmud o a los extraterrestres de «La llegada». Veo a Amy Adams tratando de descifrarlos. Sólo parecen unos señores en contra de defender a las mujeres de que las apaleen o las maten. Cuando la magistrada María Poza planteó la inconstitucionalidad de los artículos 171.4 y 173.2 de la Ley alegó que la ley violaba el artículo 14 de la Constitución y que, además, podía violar la presunción de inocencia. Y ya sabemos que el Tribunal Constitucional desestimó la inconstitucionalidad por un estrecho seis contra cinco. Ahí ya triunfó la perspectiva de género.

Cómo no estar en contra de que unos gritos y portazos (lo de Boris Johnson con su novia) puedan tener importancia. ¿Ya no se puede discutir con la novia o la mujer sin ser un criminal? Que se lo digan también al marqués de Griñón, que acabó en comisaría. Por no hablar de lo que en Vox llaman chiringuitos (es una palabra de Ruano, defendámosla). Que se destine más dinero a los que cobran por trabajar en el chiringuito que a las propias víctimas. Y el juez Serrano puede decir muchos disparates. Porque los de Vox van de Dakota de «Supervivientes». En lo de la turba feminista supremacista puede tener algo de razón. Pero hay que decirlo de otra manera. «Habrá quien simpatice con los cinco ejemplares de la Manada por simple rechazo a quienes en los últimos meses, si no años, han actuado y sobreactuado como acusación particular y callejera» (Jesús Lillo, ABC). Y comparando esto con Alcácer: «…Se tapan los ojos como monjas deontológicas ante Nieves Herrero o Pepe Navarro las mismas almas que organizaron este otro juicio paralelo o aplaudieron los ataques mediáticos al abogado defensor, el juez discrepante y a cualquiera que no aceptase la doctrina de las nuevas feministas, es decir, de los partidos» (Hughes, ABC). Pero, claro, Lillo y Hughes son escritores y saben usar las palabras.

Aunque no he leído la sentencia, poco que objetar (por lo difundido) a que el TS haya cambiado la calificación penal. Y desde luego que a la víctima le perjudicó el vídeo. ¿Pero quién sabe qué pasa por las cabezas? En cuanto al consentimiento, una mujer puede sentirse paralizada por un mequetrefe. No digamos por cinco tiarrones. Y hacer lo que te pidan para acabar pronto. Pero existe la presunción de inocencia y hay que probar los delitos. En el documental «Abducted in plain sight» las víctimas hacían cosas que no podías creer. La sociedad y sus políticos también hacen cosas que no puedes creer.

Rosa Belmonte.

Articulista de Opinión.
Estoy totalmente de acuerdo con tu exposición, el señor de las tesis ya lo conocemos bien, hará cualquier cosa por mantenerse al flote, bueno, como dice el refrán, al que Dios se la dé San Pedro se la bendiga.

Saludos Paco.
Una mala comedia.

Que el autor del tautológico «no es no» pida ahora la abstención de la derecha es un guiño cínico, una mueca burlesca.

Ignacio Camacho.

Actualizado:

24/06/2019 08:04h.

Si Sánchez no quisiera de verdad gobernar con Podemos ni estuviese dispuesto a investirse con la colaboración de los separatistas y/o Bildu, podría hacer varias cosas que no ha hecho simplemente porque no ha querido. La principal, ofrecerle a Rivera un pacto formal, de coalición o de legislatura, que lo pusiera en un serio compromiso. Un acuerdo, como aquel «del Abrazo», en el que se recogiesen por escrito medidas que los votantes del partido naranja puedan entender como un beneficio. Propuestas como bajar los impuestos -o al menos no subirlos-, reformar la ley electoral y el sistema de nombramientos judiciales o garantizar que no habrá indulto a los golpistas que salgan condenados en el juicio. Eso dejaría al líder de Cs ante el grave problema de asumir una responsabilidad de Estado o persistir en un rechazo muy mal comprendido: en cualquiera de los casos, su decisión lo enfrentaría a sus propias contradicciones aproximándolo al suicidio político. Pero el presidente no está en eso porque sus preferencias van desde el inicio orientadas en otro sentido, como prueba el hecho de que Pablo Iglesias sí ha recibido una oferta de colaboración concreta que el otro socio potencial no ha visto, o que en las presidencias de Congreso y Senado haya sentado a dos personas proclives a entenderse con el soberanismo.

Lo que Sánchez dice pretender -porque es imposible que se lo crea- es que Ciudadanos e incluso el PP se abstengan, por mero patriotismo (?) y a cambio de nada, para que él pueda gobernar con la extrema izquierda. Viniendo del autor de la célebre tautología del «no es no», del hombre que hizo del bloqueo a Rajoy una palanca para su carrera, del candidato que se presentó como el dique frente a «las tres derechas», ese propósito representa un insulto a la inteligencia, un guiño cínico, una mueca burlesca. Hasta como operación de propaganda resulta chapucera; él mismo la ha saboteado al mostrar en Navarra sus cartas auténticas desdeñando la abstención que le brindó UPN con nobleza ingenua. Quizá lo que más sorprenda es que haya corifeos mediáticos dispuestos a empeñar su reputación en defender esta pésima comedia.

Como una vez le confesó a Évole, cuando lo acababan de destituir y se sentía abatido por su brusco destierro, la fórmula Frankenstein es su modelo y si de algo se arrepentía es de no haberla llevado antes a efecto. Lo hizo en cuanto recobró el aliento y a ella debe su éxito. Si la vuelve a utilizar será porque le gusta, porque se la cree, no porque no tenga otro remedio. La alianza frentepopulista es la clave de su proyecto: la base de una legislatura que arrincone a la derecha y al centro para proceder, al modo de Zapatero, a un cambio constituyente encubierto. Que lo consiga o no dependerá de la capacidad de resistencia de un liberalismo maltrecho que lo único que no puede hacer es empezar concediéndole el visto bueno.

Ignacio Camacho.

Articulista de Opinión.
Un francés en Barcelona.

El problema de España no es la extrema derecha, sino Bildu, ERC y JpC. Sus escaños apestan.

Isabel San Sebastián.

Actualizado:

24/06/2019 08:46h.

Con todos los respetos debidos a sus personas, lo que opinen Manuel Valls o Emmanuel Macron de los acuerdos alcanzados en España por las distintas fuerzas políticas nos importa poco tirando a nada. Dicho en la bella lengua de los franceses, «on s’en fout épérdument». Bastante tenemos aquí con resolver nuestras propias contradicciones y asumir las devastadoras consecuencias de la división como para otorgar derecho de veto al presidente de un país vecino o a un candidato de procedencia foránea, ponga lo que ponga en su partida de nacimiento, que evidentemente no comprenden ni la complejidad de nuestro mapa político ni las peculiaridades que hacen de España un caso único en la Unión Europea. Monsieur Valls y monsieur Macron nos harían por tanto un gran favor absteniéndose de meter las narices en nuestros asuntos, y se ahorrarían, además, el bochorno de decir tonterías derivadas de extrapolar su circunstancia a la nuestra.

El problema de esta nación, «messieurs», no es la extrema derecha, sino el separatismo abiertamente enfrentado a la legalidad, con el que ya ha pactado y está dispuesto a pactar de nuevo el presidente del Gobierno socialista, respaldado también por la extrema izquierda de Podemos. Los partidos de la vergüenza y la infamia aquí se llaman Bildu, Ezquerra Republicana de Catalunya y Junts per Catalunya. El primero, alter ego de Batasuna, tentáculo político de la banda terrorista ETA, jamás ha condenado sus crímenes, organiza asiduamente homenajes a los asesinos que van saliendo de la cárcel sin mostrar un ápice de arrepentimiento y se jacta públicamente de haber rentabilizado en las urnas cuarenta años de sangre inocente. Los otros dos tienen a sus líderes huidos de la Justicia o bien en prisión por (presuntamente) utilizar todos los resortes del poder autonómico para perpetrar un golpe de Estado destinado a robarnos la soberanía y quebrar la indisoluble unidad nacional consagrada en nuestra Carta Magna, tan respetable al menos como la de Francia. Esas son las tres fuerzas ante las cuales la más elemental decencia impone tender un cordón sanitario infranqueable. Todas las demás pueden gustar más o menos, pero se mueven dentro del terreno de juego democrático.

Ciudadanos creyó que un exministro galo procedente de la izquierda otorgaba lustre a su lista municipal por Barcelona, y se equivocó estrepitosamente. Valls tiene de español lo que yo de chilena, a pesar de que él naciera en Barcelona y yo en Santiago de Chile. La nacionalidad no se adquiere a través de un papel, sino del conocimiento. Y el suyo de nuestra patria deja mucho que desear. Si sumamos a esa grave carencia la arrogancia propia del personaje y su negativa a dejarse aconsejar, llegamos al choque de trenes que ha terminado en ruptura. Los de Rivera se quitan un peso muerto de encima, aunque pagarán caro un error enorme que ha dejado mucho huérfano de siglas en la Ciudad Condal, bastión de la resistencia contra el independentismo opresor. En cuanto a Macron o sus portavoces... ¿Con qué derecho se involucran en lo que no les concierne? Si realmente le preocupa la salud democrática de nuestro país, sugiero a su excelencia, «le président», que utilice su influencia ante Pedro Sánchez para disuadirle de apoyarse en golpistas y filoterroristas en su escalada a La Moncloa. Porque nunca nadie cayó tan bajo ni se arrastró ante gente tan vil. Y porque, diga lo que diga la voz de su amo, es decir, Isabel Celaá, no todos los escaños son legítimos. Algunos están impregnados de una suciedad de origen imposible de blanquear, y apestan.

Isabel San Sebastián.

Articulista de Opinión.
EL CONTRAPUNTO.

Asesinado por no fumar.

David es el último nombre en una lista demasiado larga que llena España de cruces blancas insoportablemente absurdas.

Isabel San Sebastián.

Actualizado:

20/06/2019 08:26h.

David Carragal fue asesinado por no fumar. Mejor dicho; por no llevar tabaco encima. O para ser más precisos, porque una panda de malnacidos sin moral, ni raciocinio, ni mucho menos conciencia, la emprendió a patadas con él, hasta matarlo, por negarles un cigarrillo aduciendo que no fumaba. Ahora dicen que les increpó, como si tal embuste bastara para justificar su agresión. Lo cierto es que ellos conservan la voz y pueden mentir en su defensa. A David, en cambio, lo silenciaron definitivamente a golpes la noche del pasado lunes. Algo debemos estar haciendo mal, muy mal como sociedad, cuando se multiplican actos tan atroces como el descrito sin que sepamos reaccionar endureciendo su castigo.

David es el último nombre en una lista demasiado larga que llena España de cruces blancas insoportablemente absurdas. Chavales brutalmente apaleados sin otro motivo que estar en el lugar equivocado en el momento inoportuno. Pasar por allí. Cruzarse en el camino de algún energúmeno criado en la creencia de que todo le es debido y no hay límite a sus caprichos ni freno posible a sus apetencias. Algún hijo deforme de este tiempo ayuno de disciplina, que confunde la tolerancia con la ley de la jungla y condena a la buena gente a vivir bajo la amenaza constante de los violentos, envalentonados por el buenismo imperante que siempre encuentra argumentos para disculpar sus excesos.

David era lo opuesto a esa ralea creciente de indeseables acostumbrados a imponer su tiranía desde pequeños, primero en la familia, después en la escuela y por último en la calle, a base de gritos, de rabietas, de fuerza bruta no controlada y de intimidación consentida. Él era un chico educado, amable, solidario, trabajador, que jamás daba una mala contestación ni respondía a las provocaciones. Un muchacho de Cudillero que se había abierto paso a base de esfuerzo hasta los Estados Unidos, donde iba a ejercer el próximo año su profesión de maestro. Sus planes se truncaron a la salida de una verbena en Oviedo, al darse de bruces con unas bestias de aspecto humano, mente podrida y alma reseca. Tres «prendas» de entre 18 y 23 años que le agredieron sin misericordia, hasta dejarlo herido de muerte en el suelo, porque no llevaba encima un cigarrillo. Tres cobardes que atacaron en manada, tres contra uno, y huyeron inmediatamente del lugar, una vez consumada su «hazaña». Tres individuos cuyas madres, padres o abuelos, es de suponer, habrían tratado de inculcarles algún principio, alguna pauta de conducta, alguna norma, algo parecido al respeto… evidentemente sin éxito. No quisiera yo estar en su pellejo, aunque siento mucho más cercano el duelo de una familia que llora al mejor de los suyos, arrancado de este mundo cuando apenas empezaba a vivir.

David ya no socorrerá a más bañistas en la playa ni enseñará a sus alumnos. Sus asesinos (de momento presuntos) se encuentran detenidos, a la espera de juicio, profiriendo calumnias. Yo me sumo desde aquí a quienes exigen que les salga cara su maldad, porque cuando no hay razón que razone, cuando no existen barreras morales, únicamente queda el miedo como forma de guardar la viña. El temor a las consecuencias. Lamentablemente, me temo, clamo en el desierto de la impotencia, porque nuestra legislación, siempre más pendiente del victimario que de la víctima, establece una pena de diez a quince años por un homicidio, y ese es el precio que pagarán, en el mejor de los casos, esas alimañas. Un precio insultantemente bajo que ofende al sentido común, a la decencia y a la justicia.

Isabel San Sebastián.

Articulista de Opinión.
EL RECUADRO.

Sin investidura.

Sánchez está apalancado en La Moncloa como si fuera no presidente en funciones, sino efectivo.

Antonio Burgos.

Actualizado:

19/06/2019 08:15h.

Es un mago del almanaque. Hace auténticas virguerías con el calendario. Siempre a su favor, naturalmente. Hablo del presidente en funciones del Gobierno del Reino de España, de Pedro Sánchez. Supo poner las elecciones generales cuando España entera estaba ya inmersa en la Semana Santa, ora de vacaciones, ora de procesiones, y no le dio el respiro de un mes siquiera para endilgarle las municipales, autonómicas y europeas. Tal borrachera de urnas hemos cogido entre todos, tal tajada de papeletas, que ya no queremos que nos hablen más de elecciones. Y mucho menos de pactos de las municipales, que no bien hemos salido de ellos cuando ya tenemos aquí los de las autonomías del artículo 143 de la Constitución, donde verá usted cómo también se produce no sé si el milagro, la contradicción o el cachondeo de que por mor de las componendas, un partido que tiene un solo diputado se hace con la presidencia de cualquier comunidad. Cosas peores han ocurrido en la Ciudad de Melilla, sin ir más lejos, aunque Melilla sea más española que el pasodoble de «Las Corsarias».

Todo esto lo ha hecho Sánchez siendo presidente en funciones. ¿Qué funciones? ¿Funciones de tarde y noche, como antiguamente en los teatros? No funciones de «mañana, tarde, noche y madrugada», como en el soneto de Rafael de León. Lo más sorprendente de este presidente en funciones es que nadie lo considera ya como tal: todo el mundo lo cree presidente chachi y bueno. Metiéndose en camisas de once varas y suplantando el papel constitucional de Su Majestad, por su cuenta, siendo presidente en funciones, llamó a consultas para formar Gobierno a los partidos que le pareció. Luego, cuando ya terminó su «jugar a las casitas» de Rey que tanto le gusta, y Don Felipe VI le encomendó formal y constitucionalmente formar Gobierno, se deja querer. ¿Qué ha hecho, qué pasos y fechas ha dado, qué promesas o pactos ha proyectado para convocar su sesión de investidura? ¿Usted ha visto alguno? Pues recomiéndeme a su oculista, porque yo no he visto ninguno. Sánchez está apalancado en La Moncloa como si fuera no presidente en funciones, sino efectivo. El Falcon famoso lo sigue utilizando como antes de las elecciones. En funciones, sin ser investido, le sube el sueldo a los funcionarios, anuncia crujidas de impuestos, asiste en nombre del Reino de España a las reuniones con los líderes europeos que sean menester, toma la batuta de la economía como si tuviera la confianza y el encargo de las Cámaras. Está encantado de estar como está, en situación tan cómoda que no podía ni imaginar, como si en vez de 123 diputados tuviera mayoría absoluta y su nombre como presidente del Gobierno hubiera ya salido en el Boletín Oficial con la firma del Rey. Por bocas prestadas de sus ministros, también en funciones, nos suele hacer amenazas de pactar con los enemigos de España, con los que quieren destruirla, si no consigue los votos suficientes para su investidura como presidente, o de convocar nuevas elecciones. Promete o deja de prometer, según le vaya conviniendo en cada momento, puestos en el Gobierno al Marqués de Galapagar, que se le mosquea o está con él a partir un piñón.

Y a todo esto, ¿usted sabe cuándo está convocada la sesión de investidura en las Cortes? España entera está ya pensando en las vacaciones, harta de elecciones y de la tabarra de los pactos postelectorales, y no quiere ni oír hablar de investidura y de más componendas y pactos. Y, ante los hechos consumados de un señor que funciona de presidente como si lo fuera de todo derecho, ya ni se le pasa por la imaginación pensar que lo es sólo en funciones. ¿Habrá investidura antes del verano? ¿O querrá que lo invistan antes como caballero de la Jarretera, para no ser menos que el Rey? Total, si como sin investidura funciona ya como «el rey de la Jarretera», que suena a Juanito Valderrama...

Antonio Burgos.

Articulista de Opinión.
EL CONTRAPUNTO.

Por el bien de España.

El PP ha hecho valer sus magras mayorías y la jugada le ha salido bien gracias a la responsabilidad de Ciudadanos y Vox.

Isabel San Sebastián.

Actualizado:

17/06/2019 00:13h.

El centro-derecha sale fortalecido de la constitución de los ayuntamientos gracias a que, salvo contadas excepciones, tanto en Ciudadanos como en Vox ha primado la coherencia sobre la conveniencia cortoplacista. El PP ha hecho valer sus magras mayorías, en ocasiones con órdagos muy arriesgados («o Almeida o Carmena», proclamó Casado, tajante, en lo concerniente a Madrid), y la jugada le ha salido bien, merced a la responsabilidad de sus socios. Llegará la hora de juzgar en las urnas las actitudes de unos y otros, sumando a esta predisposición inicial la capacidad de gestión. Ahora falta por ver qué sucede en las comunidades autónomas y en el Gobierno de España, donde los de Rivera sufren una presión brutal para que abdiquen la palabra dada a sus votantes y actúen con arreglo a «lo que conviene», más o menos según a quien.

Ciudadanos habría obtenido mucho más mando en plaza municipal y autonómica entendiéndose con el PSOE, eso es seguro. Tanto Castilla y León como Aragón, por citar solo dos ejemplos, le habrían abierto las puertas de unas cuantas capitales. Sin embargo, prometieron no pactar con el sanchismo y a eso se han atenido, ya que Emiliano Page, el «barón» castellano-manchego con quien sí han tejido acuerdos, nunca ha estado en la órbita del candidato a la presidencia, sino más bien en sus antípodas, aunque con escaso ruido; todo hay que decirlo. En la política actual la valentía brilla por su ausencia, entre otras razones porque dicho atributo no solo no obtiene premio por parte de la sociedad, sino que sufre un implacable castigo. Que se lo digan a los héroes históricos del PP o el PSOE vascos, laminados, sin excepción, por sus respectivos partidos. Los naranjitos se han decantado por cumplir sus compromisos, a costa de jugosas poltronas, porque la dirección ha impuesto su criterio y su disciplina. ¿Coherencia o conveniencia a largo plazo? Quisiera pensar que aquella se traduce necesariamente en esta, aunque la realidad me ha desengañado a menudo.

Si las cosas se desarrollan con arreglo a lo que dicta la lógica, el mapa de las autonomías reproducirá colores semejantes al de los ayuntamientos. Esto es, allá donde la suma PP-Cs-Vox resulte suficiente, habrá gobiernos de centro-derecha, por mucho teatro que preceda a la constitución de esos ejecutivos. Navarra, pieza clave en el tablero nacional por la voracidad con que le apetece el nacionalismo separatista vasco, quedará en manos de UPN, porque los socialistas no van a atreverse a recibir el apoyo de Bildu, formación inequívocamente vinculada al terrorismo. O sí. Está por ver hasta dónde llega la falta de escrúpulos de Pedro Sánchez.

Lo cual nos lleva a la investidura por excelencia, que es precisamente la suya. De aquí a que se produzca esa votación, los diputados que encabeza Albert Rivera van a ser empujados por tirios y troyanos a dar su sí al candidato del puño y la rosa, hasta el punto de cargar sobre sus espaldas una decisión que no es suya, sino de quien urdió una moción de censura con la extrema izquierda y el independentismo golpista. Los mismos que le afeaban haber sostenido a Susana Díaz cuando la derecha no sumaba en Andalucía le instan ahora a que apalanque a Sánchez «por el bien de España», apelando a su condición de bisagra, aunque ello signifique renegar de sus principios, incumplir una promesa firme y cavar su sepultura política. Para mí que hay quien confunde el bien de España con el suyo…


Isabel San Sebastián.

Articulista de Opinión.
EL BURLADERO.

Porca miseria.

En esta España de los complejos se maneja la posibilidad de mirar para otro lado por si acaso fuera necesario su concurso para mantenerse en el poder.

Carlos Herrera.

Actualizado:

14/06/2019 08:21h.

En la asonada militar del 23 de febrero de 1981 concurrió, si mal no recuerdo, una suerte de violencia que consistió en secuestrar mediante el uso de las armas -con ráfagas de subfusil incluidas- a la soberanía popular reunida en el Congreso. La intención de los golpistas era la de cambiar, mediante maniobras ilegales, la legislación y el ejercicio del poder. Los distintos cabecillas fueron juzgados y condenados a severas penas, como alcanzamos a recordar, tras unas sesiones que vistas desde los años resultaron apasionantes. Desde aquel juicio es muy probable que no se haya dado otro de tal envergadura penal. El de hogaño, el que finalizó anteayer, ha intentado desvelar los hechos ocurridos en lo que hemos conocido como «procés» y ha expuesto, uno a uno, cada paso dado en los días en los que se proclamó durante siete segundos la República Catalana -esa que no existe, idiota- con el fin de cambiar la legislación mediante otras maniobras ilegales. La finalidad de lo que todos vimos y oímos era desgajar Cataluña del resto de España por las bravas. Y esas bravas son las que deben ser etiquetadas como violencia o no a fin de conocer el alcance del delito y, como consecuencia, de las penas.

Ningún país del mundo habría dejado de actuar así en cualquiera de los dos casos: si en nuestro entorno, unos militares entran a punta de pistola en el Parlamento y secuestran a los diputados, pueden darse por presos a lo largo de muchos años; y si en esos mismos países, una administración regional se declara independiente de París, Londres o Berlín, yo no quisiera estar en sus pellejos. Todos los Estados se habrían defendido en el 23-F y en el 1-0. Y hasta donde alcanzo a imaginar, en ninguno de ellos se manejaría, ni de forma remota, la posibilidad de indultar a cualquiera de los implicados.

Pero España parece diferente. Los implicados en las proclamas y en las acciones disruptivas del momento de marras han proclamado en sus alegatos que ellos no hicieron lo que hicieron y que, en cualquier caso, lo volverían hacer de estar libres, lo cual parece una contradicción de término a término. Sensibleros, victimistas, arrogantes y mentirosos, nos quisieron convencer de que no pasó lo que pasó y pretendieron que el Tribunal dejase de aplicar Justicia para dejar hacer a la política, justo lo que ellos no hicieron en aquel tiempo, entregándose de lleno a la ruptura de la legalidad reiteradamente recordada por parte del Tribunal Constitucional. Ninguno de los que allí alegó su condición de ungido por el pueblo catalán para guiarles en el difícil tránsito por el Jordán, reconoció haber cometido un error o manifestó arrepentimiento alguno; antes al contrario, en virtud de un mandato cuasi divino sugirieron estar por encima de la ley y actuar acorde a un supuesto mandato del pueblo catalán expresado libremente en un referéndum. Pero también quisieron evidenciar que todo fue una puesta en escena propia de la cultura popular. Al estilo de los «Pastorets» de Navidad. Lo cual vuelve a ser una contradicción. Ninguno de ellos ha salido a los medios y ha dicho: «Si, fui yo, yo lo hice y quise proclamar la independencia de Cataluña».

Si en cualquiera de los países de referencia democrática para España, el acusado de un golpe de Estado dijese que no lo ha hecho pero que lo volverá a hacer y advierte de las consecuencias sociales y para la paz ciudadana que podría tener una sentencia condenatoria, le caería encima, literalmente, todo el peso del Estado que ha intentado destruir. En cambio, en esta España de las componendas, los complejos y los cómplices, se maneja la posibilidad de mirar para otro lado por si acaso fuera necesario su concurso para mantenerse en el poder. Porca miseria.

Carlos Herrera.

Articulista de Opinión.
EL CONTRAPUNTO.

Mientras nos toman el pelo...

El poder Ejecutivo y el Legislativo han dejado solo al Judicial en el combate contra el golpe, que sigue su curso.

Isabel San Sebastián.

Actualizado:

13/06/2019 00:39h.

Mientras el presidente en funciones rebusca en el diccionario eufemismos que insultan nuestra inteligencia a fin de brindar a Pablo Iglesias una coartada con la que tapar su rendición incondicional en la investidura, el Supremo aborda una sentencia determinante para la nación española. La llamada a calificar los gravísimos hechos acaecidos el 1 de octubre de 2017 en Cataluña y dictar las correspondientes penas, a ser posible disuasorias de futuras intentonas. Porque, fuera lo que fuese en terminología legal esa patada a la convivencia propinada por las máximas autoridades locales, sigue su curso, tranquilamente, con el beneplácito del poder Ejecutivo y la indiferencia del Legislativo, que han dejado solo al Judicial en el combate contra lo que la Fiscalía ha definido con acierto como un golpe de Estado. El Gobierno autonómico presidido por Joaquín Torra persiste en el desafío a la Ley, agrava de día en día el foso abierto en la sociedad catalana, que enfrenta a una mitad con la otra, y jalea sin pudor a los reos pendientes de condena, quienes, lejos de mostrar arrepentimiento, han pedido a través de sus abogados que se «devuelva la pelota» al campo de la política, obviando que se les juzga por la (presunta) comisión de varios delitos y no por nada relacionado con la difusión de ideas. Ellos siguen a lo suyo, burlándose de nosotros. Ahí está esa portavoz del Ejecutivo autonómico, Meritxell Budó, negándose a responder a preguntas formuladas por un periodista en la lengua común a todos los españoles, con total impunidad. Ahí está la chulería de Rufián, amenazando con responder en la calle la decisión de los jueces. Ahí está la Abogacía del Estado (más bien del Gobierno de Pedro Sánchez), apoyando que el acusado Junqueras tome posesión de su acta de eurodiputado, aunque con ello se paralice durante meses o años la conclusión de este juicio. ¿Hasta cuándo abusarán de nuestra infinita paciencia?

Mientras los distintos partidos juegan al postureo, amagando rupturas o reconciliaciones con el único propósito de beneficiar a sus respectivas siglas a costa del interés general, el sistema de pensiones está al borde de la quiebra. Agotada la célebre «hucha», hay que tirar de crédito para abonar la extra de verano e incrementar con ello una deuda que alcanza ya los 43.000 millones de euros. Lo cual significa que usted, querido lector, y yo, y sobre todo nuestros hijos, estamos pagando a costa de un ingente esfuerzo una nómina política que crece sin cesar en las distintas administraciones y que, lejos de resolver nuestros problemas reales, genera otros nuevos que pronto nos estallarán en las manos. Problemas tan acuciantes como la imposibilidad de cobrar, cuando llegue la jubilación, aquello por lo que hemos cotizado durante toda una vida laboral. Una patata caliente que se pasan unos a otros hasta sin atreverse a hincarle el diente.

Mientras nos toman el pelo con alardes retóricos, mohines pueriles de «no te ajunto» y exigencias que no se cree ni siquiera quien las formula, España se desintegra en diecisiete sistemas educativos distintos que destruyen el patrimonio cultural común, impidiendo que cuaje cualquier proyecto de futuro, dificultan la movilidad dentro del propio país y causan terribles injusticias, como que un alumno canario apruebe el examen de selectividad con un examen mucho más fácil que el de un muchacho valenciano.

Es hora de que acabe el espectáculo y se pongan de una vez a trabajar para quien les paga el sueldo, que somos los ciudadanos. Ya han perdido suficiente tiempo pintándonos trampantojos.

Isabel San Sebastián.

Articulista de Opinión.
EL RECUADRO.

Los marqueses de Galapagar.

Parece que el título falso es el de Vicente del Bosque, Marqués del Bosque.

Antonio Burgos.

Actualizado:

12/06/2019 08:07h.

En España estamos perdiendo el popular sentido del humor. La nobleza ha firmado un acuerdo con los notarios para evitar los títulos falsos. La culpa la ha tenido un cara que iba por ahí como Príncipe de Marbella...

- ¿Pero el Príncipe de Marbella no era don Alfonso de Hohenlohe, creador del Marbella Club e inventor del «glamour» de la capital de la Costa del Sol?

No, este título falso que ha movido al acuerdo entre la Diputación de la Grandeza de España y Títulos del Reino, con su decano el duque de Fernández-Miranda, y el Consejo General del Notariado, con su presidente don José Ángel Martínez Sanchiz, no era un señor, como Hohenlohe, sino un timador de los de «déjame ahí veinte mil euros, que mañana mismo te los devuelvo». Este falso Príncipe de Marbella, mediante una escritura notarial, hasta consiguió aparecer como tal en el BOE, amparado por la fe pública. ¿Hay arte o no hay arte en la picaresca de los títulos falsos? Hasta hay falsos reyes de armas que se dedican a buscarte un título, y lo que te encuentras es que te han tomado el pelo pidiéndote provisiones de fondos para rebuscar archivos.

Los títulos falsos son de dos clases: estos de los timadores y los pintamonas oficiales, que quieren ponerse unas armas nobiliarias en sus tarjetas de visita y en sus cartas, y los que concede el pueblo, en plan de cachondeo. Estos últimos no sólo no deberían estar perseguidos y penados, sino premiados. Porque el pueblo, que es sabio, cuando le pone a alguien un título nobiliario falso, suele darle en todo el bebe, con muchísima gracia. Es una pena que sea una costumbre que se vaya perdiendo. En Sevilla había hasta hace poco títulos falsos de gran prestigio, como el recordado Barón de la Castaña, o el no menos celebre Conde de las Natillas, secretario de la peña ferial-humorística de «Er 77» que presidía otro título falso, el Marqués de las Cabriolas. Le pusieron lo de Natillas porque era maestro pastelero en el obrador de la Confitería La Campana. A una inglesa que cogía una papas mortales en una histórica taberna, Casa Morales, le otorgaron el título de Marquesa de Morales. Y a uno que se buscaba la vida alquilando sillas para los bautizos, lo crearon como Duque de la Enea.

Menos mal que nos queda el humor de los títulos falsos en la política, que ha otorgado una maravillosa dignidad nobiliaria completamente apócrifa a Pablo Iglesias y a Irene Montero, a quienes tras comprarse su casoplón de Galapagar han hecho, naturalmente, Marqueses de Galapagar. «Vivir como un marqués» es algo que no se quita de la mente al español medio. Conocí a un duque, grande de España, que se pegaba la gran vida, y a quien un amigo le dijo:

-Hijo, tú serás duque, pero vives como un marqués.

Así viven los Marqueses de Galapagar, que tienen su casa solariega vigilada por la Guardia Civil las veinticuatro horas del día. Han contratado a una salus que cuida de sus hijos a 100 euros la noche, para que los señores marqueses puedan descansar sin que los despierten los llantos de los niños. La casa en sí, a la que sólo le falta un escudo de piedra sobre la puerta con las armas de los Galapagar, está construida sobre una parcela de 2.300 metros cuadrados y tiene piscina, jardín y casa de invitados. Y les salió tirada, ya se sabe que a los marqueses suelen hacerles precio: 600.000 euros de nada. Yo por eso sugeriría a la Diputación de la Grandeza que editara el «Elenco de Verdaderos Títulos Falsos del Reino». Hay marqueses falsos, como los Galapagar, que parecen más verdaderos que los verdaderos creados por Don Juan Carlos I. Por ejemplo, Vicente del Bosque, Marqués del Bosque. Parece que el título falso es el de Marqués del Bosque, no el de los muy distinguidos don Pablo y doña Irene, a los que con su casta de nobleza Podemos llamar Marqueses de Galapagar.

Antonio Burgos.

Articulista de Opinión.
El queso es muy caro.

De los once aspirantes iniciales a suceder a May, siete admitieron haberse drogado. Como si los Panero quisieran ser líderes tories.

Rosa Belmonte.

Actualizado:

11/06/2019 00:22h.

Lo de «First Dates» es en inglés, aunque se trate de un programa español. Una vez salió una chica haciendo grandes afirmaciones. Nada que envidiar a Montaigne o a Gómez Dávila: «Cuando una se hace mayor se da cuenta de dos cosas, de que el queso es muy caro y de que todo el mundo se droga». La vida iba en serio, que diría el señorito Gil de Biedma. A falta de saber qué toman aquí los negociadores en ayuntamientos y en comunidades autónomas (si queso o de eso), parece que hable de los candidatos a suceder a Theresa May. De los once aspirantes iniciales a liderar a los tories, siete admitieron haberse drogado. Como si los Panero quisieran ser líderes conservadores británicos. De los más fuertes, Andrea Leadsom, Dominic Raab, Jeremy Hunt o el propio Boris Johnson. Marihuana todos. Rory Stewart dijo haber fumado opio y Michael Gove confesó haber esnifado cocaína cuando era periodista en «The Times» hace 20 años.

No consta que Boris Johnson estuviera fumado cuando mintió a los votantes durante la campaña del Brexit (por lo que fue citado ante un juez). Y tampoco cuando siendo corresponsal en Bruselas del «Daily Telegraph» (echa a remojo los periódicos serios) publicó en 1994: «Prohibidas las bananas curvadas por los burócratas de Bruselas. Las tiendas están obligadas a no vender fruta que sea demasiado pequeña o anormalmente curvada». Por supuesto, era falso. Ahora es el gran favorito a suceder a May y quiere irse sin pagar de Europa. También Michael Grove es partidario de una salida dura. Pero lo más importante en su caso parece ser que esnifó cocaína hace veinte años. Lo contó porque iba a publicarse su biografía («A man in a hurry», un hombre con prisa). Antes era laborista y luego conservador. Antes era periodista y luego político. La gente cambia.

Hay cosas que están más permitidas o mejor vistas que otras. Lo sabía el golfo y corrupto gobernador de Luisiana Edwin W. Edwards: «Que nunca te pillen en la cama con una chica muerta o con un chico vivo». Como lema para la política es muy útil. ¿A quién irán a elegir en Gran Bretaña? Pues cualquiera sabe. En los años 80 la decoración con muebles viejos heredados seguía siendo un símbolo de estatus. Michael Heseltine, secretario de Estado para el Medio Ambiente y secretario de Estado para la Defensa con Margaret Thatcher, era un millonario que había hecho su fortuna con el negocio editorial. Un hombre hecho a sí mismo sin muebles heredados. Un miembro del partido conservador y de la clase alta dijo de él con sorna: «El problema con Michael es que tuvo que comprar todos sus muebles».

Eso para algunos era intolerable, como para no dejarlo entrar al club. Pero el baremo de lo tolerable cambió. Años después, y retirado de la política, Heseltine contó que estranguló al perro de su madre. Empezó a morderle, así que le apretó el collar hasta que dejó de moverse. «Lo adoraba pero se volvió loco». También había contado que disparó a 350 ardillas grises en seis meses. Pero es que la ardilla gris norteamericana, introducida en el Reino Unido a finales del XIX, es una villana ecológica que está acabando con la ardilla roja (oriunda de Gran Bretaña) y causa daños a los árboles. Las grises son especies exóticas invasoras según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza. Heseltine contando lo del perro puede sorprender en este mundo donde Walt Disney ha hecho tanto daño. Pero lo de liquidar ardillas grises es de buen británico. Como ser partidario del Brexit y de desokupar Europa. Pero ni el Stilton es caro ni todo el mundo se droga.

Rosa Belmonte.

Articulista de Opinión.
Nadie se fía de Sánchez.

Ciudadanos no perdona sus tejemanejes con el separatismo y votará «no» a su investidura, pese a las presiones.

Isabel San Sebastián.

Actualizado:

10/06/2019 00:23h.

¿Gobernará Pedro Sánchez con el respaldo de los socios que lo encumbraron en la moción de censura o buscará otros aliados? El líder socialista desearía, sí, otros compañeros de viaje más respetables desde el punto de vista democrático y más fácilmente conciliables con el mundo económico-financiero cuyos intereses ha de tener en consideración cualquier jefe del Gobierno de España, le guste o no. Esos «poderes fácticos», a su vez, también desearían fervientemente otro tipo de coyunda, y empujan con fuerza en esa dirección… en vano. Ciudadanos no cambiará de postura porque no se fía de Sánchez. En realidad, nadie se fía de él. Ni siquiera aquellos con quienes terminará pactando en razón de su mutua dependencia. El actual presidente en funciones acumula méritos sobrados para despertar recelos insalvables en cualquiera que lo haya tratado, lo que significa que solo tejerá acuerdos con quienes no tengan alternativa. A saber; Podemos, PNV, UPN y esa formación regionalista cántabra cuyo abanderado es el inefable Revilla. Los tres presuntos golpistas encarcelados de JpC le han hecho un gran favor conservando el acta y rebajando así el precio de su investidura en segunda vuelta, a cambio de contrapartidas que todavía desconocemos. El resto del Parlamento se constituirá en oposición.

Los de Rivera no perdonan los tejemanejes de Sánchez con el separatismo traidor. No olvidan que su actual diputado, Edmundo Bal, fue purgado de su puesto en la Abogacía del Estado por negarse a rebajar la acusación contra Junqueras y los demás sediciosos catalanes, de rebelión a sedición, en la calificación del delito que se juzga en el Supremo. No hacen la vista gorda ante las ofrendas apaciguadoras que realizó en su día a los independentistas la vicepresidenta, Carmen Calvo, empezando por la de un «relator» encargado de mediar en el «conflicto», para vergüenza de nuestro Estado de Derecho. Ciudadanos no se fía y hace bien en no fiarse. Por eso no se abstendrá en la investidura, sino que votará «no». «No» a la posibilidad de que Sánchez utilice su respaldo para entregar nuevas parcelas de soberanía nacional o garantizar impunidad a quienes se sientan en el banquillo. «No» a que el relativista por excelencia se sirva momentáneamente de ellos para luego cambiar de pareja, de discurso y de política. «No», en cumplimiento de la palabra que dieron a sus electores, por más que arrecien las presiones.

Sánchez contará seguro con los «síes» de Podemos, no porque la extrema izquierda confíe en este PSOE cambiante, sino porque Iglesias no tiene otra salida. Pende sobre él y sus confluencias la espada de Damocles de unas elecciones anticipadas que les llevarían a la irrelevancia y consiguiente desaparición. Lo saben ellos y lo sabe el candidato del puño y la rosa, que escucha, divertido, sus exigencias de ministerios justificadas en que únicamente desde el Consejo de Ministros pueden asegurar el cumplimiento de lo pactado. En realidad, son rehenes que habrán de mostrarse dóciles, exactamente igual que el PNV, que ya dice Diego donde dijo «digo» respecto a Navarra. Los de Ortúzar necesitan a los socialistas para consolidar en el País Vasco su poder en municipios y diputaciones, y habrán de pagar en Madrid con idéntica moneda. «Do ut des». El mismo principio regirá en la Comunidad Foral, que será gobernada por la coalición de centro-derecha, merced a la abstención del PSN, a cambio de los dos escaños de UPN en el Congreso. El acuerdo está prácticamente cerrado, sin perjuicio del teatro al uso. En cuanto al resto de España, prevalecerá la lógica. Que no cunda el pánico.

Isabel San Sebastián.

Articulista de Opinión.
¡Si pudiera hablar el Rey!

Los catalanes, quiera o no quiera Laurita, tienen Rey.

Carlos Herrera.

Actualizado:

07/06/2019 01:20h.

Duro trabajo el de Rey. Ignoro si lo es en Holanda o en Suecia; sé que tiene su guasa serlo en Bélgica; parece agradable serlo en Dinamarca; y soporta un notable peso institucional si lo eres en Gran Bretaña, que supone ser Jefe de Estado también de Australia y Canadá -aunque hay que reconocer que son países que dan poca guerra- y debes recibir a Donald Trump como si fuera un primo cercano. Pero ser Rey de España conlleva algo más: recibir y escuchar a una colección de idiotas de importante peso específico dispuestos a darte lecciones de oportunidad democrática, poner buena cara y soportar que salgan de la reunión diciendo bobadas de diverso grado haciéndose los importantes. Afortunadamente, el Rey recibe gente normal, habla con gente normal y escucha lo que tiene que decir mucha gente normal, sea política o no. Pero tras cada elección, le toca abrir la puerta de su despacho a algún que otro mindundi en busca de su minuto de gloria y escuchar las supuestas frases imaginativas que reivindican las diversas ensoñaciones que han hecho fortuna en algunos idearios fantasiosos.

Ayer, Felipe VI recibió a una manifiesta indocumentada que presumió de ser portavoz y exégeta de todos los catalanes vivos, de nombre Laura Borràs, representante suplente de Junts Per Catalunya. Dice Laura que le dijo al Rey que los catalanes no tienen Rey, cosa que supongo le ha supuesto preguntarle uno a uno a todos los censados en la comunidad. Aunque vaya usted a saber si le dijo eso: salir del despacho del Rey asegurando que se le ha afeado tal conducta o que se le ha reñido por tal discurso es muy fácil; decírselo cara a cara ya no lo es tanto. Pero imaginemos que Laurita así lo hizo, asumiendo en su voz la opinión de todos los catalanes, lo cual es muy habitual entre la hez nacionalista: la respuesta que pudo darle el Rey es muy parecida a la que un mosso dio a un manifestante en Barcelona meses atrás: la República no existe, idiota. Los catalanes, quiera o no quiera Laurita, tienen Rey, como tienen Constitución, como tienen Seguridad Social o Servicio de Correos, como tienen Liga de Fútbol o AVE en las cuatro provincias. Lo que no tienen es presidente de la Generalitat, cargo ocupado por una ameba política que a lo largo de un año ha demostrado con creces su incompetencia e inoperancia. Más deberían la Lauritas de turno de preocuparse por la gobernación de las cosas: Cataluña es una región sin administración efectiva y con una especie de semidiós tontuno en permanente fuga al que elementos como la susodicha rinden veneración.

¡Si pudiera hablar el Rey! Sería del todo interesante que Felipe VI pudiera emitir su versión de los hechos y los dichos, desmentir a los fanfarrones y puntualizar a los torticeros: sabríamos cuánto presuntuoso se pavonea inmerecidamente en las ruedas de prensa posteriores a las audiencias con el Jefe del Estado. Laura Borràs, para su desgracia -o para una fortuna que no querrá reconocer- tiene el mismo Rey que yo, y tiene un Estado organizado como una Monarquía parlamentaria, mucho más democrática que un montón de repúblicas en el mundo, tal como afirmó brillantemente Alfonso Guerra en COPE con Cristina López Schlichting. El Rey es la garantía de moderación y equilibrio de un Estado en el que se contempla la posibilidad de que una soplagaitas pretenda hacerse la heroína ante la máxima autoridad constitucional, que al no poder entrar en debate político, no puede contestar a la sarta de consignas amarillas que va soltando en cada exhalación. Este Rey significa la garantía de que, incluso, golpistas contra la legalidad y quienes les secundan puedan ser recibidos en audiencia como si fueran personas decentes.

Carlos Herrera.

Articulista de Opinión.