Foro Común


Mensajes de Opinión, repasando columnas enviados por Triana:

Sánchez tiene la campaña hecha.

Cada día que pasa es un día más que sumar al desgaste. Eso ha llegado a entenderlo Sánchez, incluso a pesar de Tezanos.

Carlos Herrera.

Actualizado:

15/02/2019 08:24h.

Aestas horas de la mañana sigue medio país haciendo cábalas acerca del llamativo cambio de criterio que ha llevado a Pedro Sánchez a considerar razonable la convocatoria de elecciones, esas que, de no producirse alguna sorpresa llamativa, quedarían convocadas cuando este ejemplar de ABC haya sido leído por varios ojos. Es decir, a eso del mediodía.

Sánchez afirmó repetidamente que él estaría en el Gobierno y en el Falcon, contra viento y marea, hasta que resultase agotado el tiempo de la legislatura presente. Daba por hecho que sería capaz de ver aprobados sus Presupuestos, pero de no ser eso así, se avendría a gobernar con los de su antecesor mediante los retoques pertinentes que permiten los reales decretos. Nada ni nadie le iba a levantar el cargo al que había llegado después de mucha resistencia y no menos audacia. Es verdad que él le había dicho a Rajoy que no aprobar presupuestos obliga a convocar elecciones, pero eso fue antes de ser presidente del Gobierno, y, por lo tanto, era otro plano de la realidad. Como si fueran dos personas diferentes. ¿Qué ha ocurrido ahora para que considere que es preceptivo llamar a rebato a los españoles aunque sea el Domingo de Ramos?: ha encontrado el discurso adecuado y el momento oportuno, ni más ni menos.

Cada día que pasa es un día más que sumar al desgaste. Eso ha llegado a entenderlo Sánchez, incluso a pesar de Tezanos. Su compañero de aventuras, Podemos, está con las carnes abiertas, con el líder cambiando pañales y con la militancia mirando a Errejón, que es un lagarto al que pronto devorará el PSOE. Quiero decir, que ahí puede meter la cuchara. Puede presentarse ante los españoles como el Hombre Al Que Odian Los Extremos: miradme aquí, en estas manos, donde mi esfuerzo por dialogar ha dejado huella. Miradme aquí, en el centro de dos fuerzas letales, reaccionarias, enemigas del progreso de la España social, a la que yo iba a devolver lo que le ha quitado la crisis y la voracidad de la derecha. Esa España de pensionistas, parados, asalariados, dependientes, estudiantes, gente a la busca de una oportunidad que el poder no sabe darle. Miradme, mirad cómo me han dicho que no los derechones de la plaza de Colón y los insolidarios independentistas catalanes. Las derechas que coquetean con el fascio pueden ganar, ved lo que pasó en Andalucía, y a ellas hay que hacer frente: nos os durmáis el día de las urnas. Los soberanistas no están interesados en progresar hasta la situación en la que reequilibremos esta España centralista: solo quieren tensionar el Estado y hablar de procesos inconstitucionales que yo no estoy dispuesto a abordar. Con la Constitución todo, sin la Constitución nada y tal y tal.

Sánchez sabe que puede seguir hasta octubre, incluso que puede seguir hasta 2020, pero no ignora que con 191 escaños en contra no hay quien viva, con lo que lo mejor será reinventarse. Nadie dice que no se pueda dar el caso en el que se reanude el pacto de la moción de censura: con Podemos y esa panda puede sumar un nuevo escenario, pero esta vez de cuatro años en los que habrá de todo, relatores, mediadores, dineros, competencias y promesas de referéndums medio camuflados. Pero el momento para que eso pueda salir adelante es ahora. A ellos, a los indepes de los cojones que le han dejado tirado, pobrecito, también les conviene el momento. Su discurso está hecho: hemos sido fieles a nuestros presos políticos y a Cataluña, a la que han negado su derecho a decidir, y así jamás apoyaremos a un Gobierno español. En el fondo ambas partes tienen la campaña hecha.

Además, tengo entendido que el lunes o así presenta su libro. Qué mejor comienzo de una campaña electoral.

Carlos Herrera.

Articulista de Opinión.
Fin del chantaje.

Hoy es probable que Sánchez se acuerde del escorpión y la rana mientras decide la fecha a su cita ineludible con las urnas.

Isabel San Sebastián.

Actualizado:

14/02/2019 00:02h.

Ayer fue un día decisivo en dos frentes informativos íntimamente ligados entre sí: el del Gobierno rehén de Pedro Sánchez y el del juicio contra la intentona golpista que se celebra en el Tribunal Supremo. Ayer empezó a despejarse un horizonte político marcado desde hace años por la extorsión del separatismo catalán y vasco, envalentonado desde la moción de censura hasta límites insoportables para cualquier demócrata. Ayer la Fiscalía General del Estado honró su condición de Ministerio Público y defendió con brillantez la Constitución alevosamente agredida por los imputados, sin desviarse un ápice del marco jurídico vigente y de los argumentos que brindan la ley y la verdad desnudas. Ayer el Congreso de los Diputados rechazó los Presupuestos Generales de un presidente indigno de liderar esta Nación, encumbrado hasta el poder con el apoyo retribuido de los enemigos de España. Ayer empezamos a ver luz al final de un túnel oscuro de sumisión al chantaje.

La solidez de los alegatos desplegados por los fiscales Javier Zaragoza y Fidel Cadena confirmó que el Ejecutivo había pinchado en hueso al intentar a la desesperada forzarles a cambiar de postura con el fin de conseguir el sí de Ezquerra y PDECat a las cuentas gubernamentales. Las presiones funcionaron con la Abogacía del Estado, obediente a las consignas, pero no con esos dos veteranos representantes de la acusación pública. Ellos se han mantenido firmes en el delito de rebelión, uno de los más graves que contempla el Código Penal, y ayer demostraron una enorme solvencia profesional en el barrido meticuloso de la hojarasca propagandística esparcida la víspera por las defensas con el propósito de embarrar el juicio presentándolo como una persecución a la ideología de los procesados. Primero Zaragoza y después Cadena, a cuál con más elocuencia, fueron desmontando uno a uno los pretendidos razonamientos (todos de carácter político, ninguno jurídico) empleados por esos abogados para hacernos creer que los acusados son víctimas de un Estado opresor que castiga su modo de pensar. Agitprop barato, de uso común en los medios de comunicación afines a su causa y en los mítines callejeros, que un órgano como el Supremo no podía dejar pasar. Aún falta mucho proceso antes de que se dicte sentencia, pero ayer quedó muy claro que la Justicia va a cumplir con su deber de actuar como lo que es: un pilar del Estado de Derecho independiente de los demás. El baluarte mejor armado de cuantos se han enfrentado a esos ladrones empeñados en robarnos la soberanía.

Mientras tanto, en el Congreso donde reside la representación de esa propiedad, el presidente más débil que ha conocido nuestra democracia sufría un fracaso estrepitoso al ser tumbados sus presupuestos por la mayoría de la Cámara. Había aceptado la infamia a cambio de la poltrona, sin comprender que el respaldo del separatismo resulta, por definición, impagable. No hay precio asumible en términos constitucionales que satisfaga sus demandas. Son y siempre han sido socios desleales a España y, por consiguiente, a quien la gobierna. De haber cumplido su palabra de convocar elecciones al poco de acceder a La Moncloa, es probable que las hubiese ganado, aprovechando el tirón de esa victoria inesperada. Prefirió unir su suerte a la de un Podemos en plena descomposición y unos nacionalistas echados al monte de la ruptura, a quienes sabe Dios qué promesas hizo creyendo poder engañarlos.

Hoy es probable que Sánchez se acuerde del escorpión y la rana mientras decide la fecha de su cita ineludible con las urnas.

Isabel San Sebastián.

Articulista de Opinión.
La efigie y el cobarde.

La foto del día, esa imagen que de nuevo casi vale más que mil palabras, narra también la entrada de Quim Torra a la sala de vistas del Tribunal Supremo lanzando un saludo a los integrantes del banquillo.

Álvaro Martínez.

Actualizado:

13/02/2019 09:16h.

<<Les pido que sean fuertes, tener ánimo y confianza porque deben estar orgullosos del ejemplo que están dando...». Ese fue el mensaje que el forajido de Waterloo les dedicó, desde Berlín, a los procesados que ayer comenzaron a ser juzgados por el Tribunal Supremo como presuntos culpables de gravísimos delitos contra el Estado. Algo más que vergüenza ajena da el impresentable desahogo de Puigdemont, que lejos de poder presentarse como ejemplo de resistencia [no ha leído aún el libro que le han escrito a Sánchez], su figura ha entrado con fuerza en la enciclopedia de los grandes cobardes del siglo, de aquellos que salen corriendo cuando el incendio que han provocado amenaza con chamuscarles el tafanario.

La foto del día, esa imagen que de nuevo casi vale más que mil palabras, narra también la entrada de Quim Torra a la sala de vistas del Tribunal Supremo lanzando un saludo a los integrantes del banquillo, la mayoría de los cuales se vuelven al escuchar su voz. Casi todos menos Junqueras, que convertido en una efigie se niega a atender al aliento que le manda Torra, pues sabe bien que hoy por hoy el president no es nada más que ese señor de mofletes sonrosados que aparece en las imágenes al lado del Puigdemont, allá en Flandes, asintiendo a las palabras como un figurante sin frase, porque en esa facción de la banda del lazo quien manda, manda, y ese sigue siendo Puigdemont.

Que Junqueras no quiere ver a Torra ni en pintura es sabido desde hace tiempo. No lo soporta. Es lo que ocurre cuando uno se convierte en asistente de un cobarde, el deshonroso precio que se paga al ponerse del lado de quien dejó tirados a sus consejeros, sin avisar tan siquiera a su vicepresidente de que iba a salir corriendo por el oscuro túnel del deshonor. «No creo en los mártires» fue la única razón que Puigdemont alcanzó a balbucir, nervioso, cuando se le preguntó el pasado septiembre por qué no da la cara en España, pues su huida es la que seguramente ha alargado la prisión preventiva del resto.

Cuando anteanoche los doce presos cogían su bandeja de la cena en el comedor de Soto o de Alcalá Meco, Puigdemont se despachaba un sabroso menú en Berlín, donde acudió a dar un premio (al que han terminado por renunciar los premiados al ver el perfil del personaje) y donde soltó un discursito innoble erigiéndose en «la voz» de los procesados. ¿La voz? Junqueras se juega 25 años de cárcel; él cuando terminó la cena quizá le dijo a Matamala: «Hablando de todo un poco, Jami, ¿con quién juega el Gerona el domingo?».

Álvaro Martínez.

Redactor jefe.
Elecciones municipales de España de 1931.

Las elecciones municipales del 12 de abril de 1931 tuvieron lugar en esta fecha y determinaron el advenimiento de la Segunda República Española.
La siniestra alianza.

Sánchez es un inmenso peligro para toda la Nación.

Hermann Tertsch.

Actualizado:

12/02/2019 08:15h.

Pedro Sánchez hace saber que, si no le aprueban los presupuestos los separatistas catalanes, habrá elecciones el 14 de abril, una fecha que sirve para evocar aquellas municipales de 1931 que acabaron en un desordenado golpe de Estado que derribó a la monarquía. De golpe en golpe. Porque en abril aun estará España pendiente del juicio a los imputados por rebelión al proclamar una república en una región española y que comienza hoy ante el Tribunal Supremo. En una paradoja tan inaudita como peligrosa, los golpistas juzgados son hoy aliados objetivos de este Gobierno. Es peligroso para la Judicatura, que ha sido sometida a inauditos acosos y presiones por cómplices de los imputados sin que el Gobierno haya hecho nada por impedirlo. Por el contrario, han sido muchas -y alguna de ella obscena- las maniobras del Gobierno para favorecer a unos enemigos del Estado que se reafirman en sus objetivos como irredentos partidarios de la destrucción de España.

El juicio al golpismo tendrá enorme repercusión en un escenario político líquido y en el ánimo de la sociedad española. Algunos lo comparan con el juicio del 23-F. El golpe de Estado actual, el que se mantiene por la comunión de intereses de los golpistas con Sánchez, es mucho más peligroso. Aquél sólo quería reconducir la política nacional frente al terrorismo, el actual ataca la existencia misma de España como nación soberana. Es más pertinente relacionar el golpe de Estado actual con el 11-M y sus bombas de inmensa eficacia para hacer descarrilar la política constitucional española. Con la evidencia de que el 11-M creó las condiciones para que la política de alianzas de izquierdas y separatismo que desde Zapatero nos llevan al actual Frente Popular que se plasmó en la moción de censura.

¿Convocará elecciones Sánchez? ¿Va a cumplir con lo que algo de sentido del honor le habría conminado a hacer hace ya meses? Nadie lo sabe. Su problemática personalidad lo hace imprevisible. Él, Sánchez «y mi persona», como decía en Bilbao, tiene una pulsión profunda por alardear de su poder. Peor, por ejercerlo con absoluta arbitrariedad y sin escrúpulo. No hay razón para creerle ya nada porque es evidente su permanente voluntad de engaño. El pasado viernes, la maquinaria de intoxicación de medios audivisuales al servicio de la izquierda y los separatistas lanzó una campaña masiva para convencer a los españoles de que Sánchez había roto la negociación con los golpistas. Y que ya no era necesario acudir a la manifestación. Es grande la potencia de fuego de esa artillería mediática que gracias a entreguismo, indolencia y cobardía de la derecha está en manos de la izquierda y los separatismos.

Es grotesco ver cómo grandes bancos y corporaciones participan en medios dedicados a favorecer a unas fuerzas que quieren destruir España e imponer una demencial política económica que llevaría al país a la ruina por una senda que acaba en esas escenas de miseria, desolación y niños agonizantes que llegan de Venezuela. Dirán que es un disparate comparar a España con Venezuela. Es lo que decían los venezolanos cuando se comparaba a Venezuela con Cuba hace quince años. Si los españoles no hacen frente a este peligro, pueden quedarse sin bienestar, sin libertad y sin patria. Porque el proyecto de cambio de régimen, división territorial y fin de la monarquía está ahí. En esa alianza de Sánchez con comunistas de Podemos y separatistas antiespañoles que es la mayor amenaza para España desde Stalin. La reacción nacional que volvió a mostrarse el domingo en Madrid habrá de intensificarse hasta ganar el pulso a Sánchez. Para forzar elecciones y ganárselas a esa siniestra alianza dirigida por un caudillo sin freno moral alguno.

Hermann Tertsch.

Articulista de Opinión.
Ay, Cipriano.

A veces España parece un país inventado para que James Rhodes suelte sus ocurrencias a la manera de Dick Solomon en «Cosas de marcianos»

Rosa Belmonte.

Actualizado:

12/02/2019 08:22h.

Cuando preguntabas a Nati Mistral sobre Manuela Carmena te decía que lo primero que tenía que hacer era peinarse (también que Pedro Sánchez le parecía un peluquero de señoras). Con esa obsesión capilar, es una pena que Nati no conociera a James Rhodes, versión masculina de «Despeinada», la canción de Palito Ortega. Podía haberla acompañado al piano mientras ella cantaba «Ay, Cipriano». De todos los análisis sobre la manifestación del domingo en Madrid, el del británico no tiene competencia: «Mucha gente con banderas en el metro hoy de camino a la manifestación. 90% blancos, mayores de 55 años y aparentemente ricos (el uniforme del barrio Salamanca). ¿No son exactamente las mismas personas que nos metieron en este maldito desastre en primer lugar?». ¿Pero qué dice? Vale, luego reconoció que fue una generalización innecesaria. También contestó a otro: «Tío, amo España». Si no lo dudamos. Aquí tenemos las casas más limpias y las habichuelas las tomamos en un plato hondo como guiso. El hombre hasta se sorprende de que nos demos los buenos días en los consultorios médicos. Y ser mayor de 55 años no es malo. Las papeleras y todo el mobiliario urbano están a salvo aunque se echen a la calle, a no ser que venga de Vigo el viejo que raya coches y mete palillos en las cerraduras. Pero alguien que considera necesario señalar que el 90% de las personas que veía en Madrid eran blancas no debe de haberse coscado mucho de España. No sé si se habrá dado cuenta también de que el 90% de los españoles tiene persianas.

De Gaulle bromeaba con que Bélgica era un país inventado por los ingleses para fastidiar a los franceses. España a veces parece un país inventado para que James Rhodes diga sus ocurrencias a la manera de Dick Solomon (John Lithgow) en «Cosas de marcianos». Sobre la raza o sobre las meriendas (no de negros). A Carol Thatcher la echaron de la BBC después de comparar (tras la grabación de un programa) al tenista Gael Monfils con un «golliwog», tradicional muñeco negro de trapo. Es clavado. Eso aquí no habría pasado. Al menos hace años. En «Es peligroso casarse a los 60», Adriana Ozores se echa un novio negro y cuando se lo presenta a su padre, Paco Martínez Soria, este le saluda con un «Tanto negr… tanto gusto». Martínez Soria es nuestro Spencer Tracy de «Adivina quién viene esta noche».

Los españoles no vimos muchos negros juntos hasta que pusieron «Raíces» en televisión. Antes la cosa estaba desperdigada. Un poco Donna Hightower, un poco Phil Trim, un poco Barullo, el de Los Chiripitifláuticos (que luego Santiago Segura utilizó de adulto en «Torrente, el brazo tonto de la ley»). Yo el primer negro con el que hablé en mi vida fue un niño de la Operación Plus Ultra. No recuerdo qué heroicidad había llevado a cabo, pero me firmó un autógrafo.

En nuestra tele tampoco ha habido muchos negros. Francine Gálvez. Desirée Ndjambo. José Legrá en «Tutti Fruti», donde tenía que leer un texto lleno de trampas. Casi la misma proporción que había en la manifestación. Vi algunos negros. Desde luego, no el 10%. Pero varios. Ahora en la tele tenemos a Alfonso Arús. En su programa se ha desvelado que algunos seguidores del Cádiz se subieron en los autobuses que habían puesto los partidos políticos de derechas para ir a la manifestación, pero lo hicieron para ir a ver a su equipo, que jugaba con el Alcorcón. Encima se llevaron la alegría de la victoria (1-2). Un gol de Machís en el minuto 90 en una remontada de locos. James Rhodes tiene que entender también al pueblo gaditano para seguir conociendo España.

Rosa Belmonte.

Articulista de Opinión.
Ni con agua caliente.

Pierda toda esperanza quien crea que Sánchez reaccionará.

Luis Ventoso.

Actualizado:

11/02/2019 08:28h.

Fue una manifestación inmensa. A la que la televisión pública española dedicó una cobertura desganada, de rutina, que contrasta con sus alardes y despliegues en las Diadas separatistas. En la TVE de Rosa María no hubo imágenes aéreas para ver cómo se extendía la concentración por todas las calles adyacentes, atestadas. Tampoco organizaron telediarios en directo desde la plaza, como hacen presto cuando desfila el separatismo catalán. Pero en la web de ABC pueden verse los vídeos aéreos con la verdad completa. Un mar de gente, que iba mucho más allá del lleno de plaza de Colón. Además, la manifestación resultó cívica y templada, sin atisbo de los peligrosísimos ultras cacareados por los medios sanchecistas.

La marcha por la unidad de España y en demanda de elecciones logró el éxito previsto. Pero pierda toda esperanza quien crea que Sánchez reaccionará. Ni con agua caliente. Ni con fórceps. Ni con una grúa buldócer tirando de él se logrará desatornillarlo de La Moncloa, porque el poder por el poder es su primera y única meta.

Ha comenzado la tercera parte de «Manual de resistencia». En la primera, escrita por un negro (una secretaria de Estado), Sánchez ha contado cómo logró volver a mandar en Ferraz después de ser desalojado por González ante sus planes de aliarse con los separatistas y su empecinado «no es no», que mantenía al país bloqueado. «Manual de Resistencia 2» deberá contar cómo Sánchez vendió a España pactando en secreto con los golpistas de octubre de 2017 a fin de echar al PP del Gobierno. Ejecutó esa maniobra al tiempo que visitaba a Rajoy en La Moncloa y le prometía en público lealtad total contra los independentistas.

«Manual de resistencia 3» comenzó ayer y se puede resumir así: Sánchez intentará seguir hasta 2020, caiga quien caiga, cueste lo que cueste y con rostro de hormigón. Para entender este enroque no basta la política, han de añadirse factores psicológicos e intereses personales. Haber llegado a la presidencia desborda las expectativas iniciales de un personaje cuyo único cargo previo había sido el de concejal. Su ego se ha desmandado. Entra en éxtasis cada vez que habla de sí mismo en tercera persona llamándose «Presidente». El poder además resulta útil. Un buen empleo para tu mujer, y muchos contactos. La posibilidad de ir labrándote una agenda para colocarte bien el día de mañana, de ahí esa ronda constante de viajes sufragados por nuestros impuestos. Sánchez continuará aunque le tumben sus presupuestos, pues sabe que siguiendo con los de Rajoy evita el rejón de la UE. Sánchez aguantará hasta el límite, y cuando lleguen los comicios veremos su última metamorfosis: se envolverá en la bandera española y él mismo aplicará un enérgico 155 para llegar con opciones a las urnas.

Recién acabada la manifestación, Sánchez ofreció ayer un pequeño mitin en Santander. Allí aseguró que respetaba la marcha de Madrid, para acto seguido llamar «desleales» a los miles de españoles que protestaron contra él. Una cosa y su contraria en una sola frase. La mentira como herramienta aceptable. Ese es el peor legado de una etapa oprobiosa.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
Tal para cual.

Aliarse con el secesionismo es como montarse en un tigre: o vas adonde él quiera o te devora si intentas descabalgar.

José María Carrascal.

Actualizado:

10/02/2019 01:22h.

Pedro Sánchez y los independentistas catalanes hacen el amor como los puercoespines, con muchísimo cuidado, procurando no hacerse daño. De ahí que al portazo dado por el presidente al «diálogo» que sostenían hayan seguido declaraciones apesadumbradas por ambas partes, como si les doliese el distanciamiento e hicieran votos para aparearse de nuevo. Lo que pone de manifiesto su doblez, vaciedad y cobardía, de Sánchez sobre todo. En vez de reconocer que se equivocó desde el principio en el manejo de la cuestión catalana, hasta estallarle en las manos la lista de sus demandas, la inmensa mayoría anticonstitucionales y la presencia de un «relator» que diera fe a unas negociaciones tan turbias que intentó ocultar hasta que ellos las hicieron públicas. No es que estén libres de culpa, al pedirle lo que no puede darles, el derecho a la autodeterminación y la absolución de sus líderes procesados. Pero el principal culpable es él, sabiendo que aliarse con el secesionismo es como montarse en un tigre: o vas adonde él quiera llevarte o te devora si intentas descabalgar. Su cortedad de miras le impidió ver que tenía la mejor carta para obligarles a apoyar sus presupuestos: si se los tumbaban, iban a enfrentarse a los menos dispuestos a complacerles, al ir ellos también de farol. Suele ocurrir en las partidas entre tahúres: empeñados en engañarse mutuamente, pierden ambos. Pues, aunque Sánchez ha perdido poder, prestigio, influencia, los separatistas tampoco han ganado: al quedarse sin el interlocutor más próximo a sus tesis.

La partida va a depender en buena parte de la manifestación que se celebra hoy en Madrid. Si es lo bastante multitudinaria para crear tan pánico en el independentismo catalán que vea las orejas al lobo, no descarten que, en el último minuto, el próximo miércoles, decida apoyar los presupuestos de Sánchez, como mal menor. Pero sería una victoria pírrica, una victoria que conduciría a una derrota aún mayor, al demostrar que Sánchez e independentistas mantienen su alianza por encima de sus discrepancias, alianza que no augura nada bueno para la integridad de España. Si se le une la puesta en marcha de unos presupuestos que la mayoría de los expertos coinciden en vaticinar traerán más paro y más déficit, las elecciones regionales, municipales y europeas de mayo pueden traer un auténtico debacle de esa extraña alianza de extrema izquierda y extrema derecha, que el nacionalismo personifica, la tensión seguirá creciendo según se aproxima la fecha la megatómbola electoral de mayo, incluidas unas generales.

Con un hombre al frente del país que ha demostrado de sobra su capacidad para hacer una cosa y la contraria sin pestañear, según convenga a sus intereses personales. Puede, en fin, volver tanto al «diálogo» con los secesionistas, como a la declaración del artículo 155, pero ya indefinidamente. A fin de cuentas, las bofetadas se las llevará siempre su vicepresidenta, que para eso la ha nombrado y ella acepta con resignado progresismo. ¡Para que digan que en la izquierda las cosas no funcionan!

José María Carrascal.

Articulista de Opinión.
Fachas en Colón.

Estaremos en espíritu hasta los que no vamos a poder presentarnos a esa lista de diana para despertar a España.

Antonio Burgos.

Actualizado:

10/02/2019. 01:02h.

Los rompepatrias, que los hay a manojitos con tal de permanecer en el poder o de proclamar su independencia, dicen que los que estaremos hoy en la plaza de Colón de Madrid somos unos fachas. Cómo seremos de fachas, que en Colón estaremos, en espíritu y de corazón, hasta los que no vamos a poder presentarnos a esa lista de diana para despertar a España. Y a mucha honra.

Si defender la Constitución de 1978, garantía de nuestra democracia y nuestras libertades, y los logros de concordia de la Transición es ser facha, yo quiero ser facha y estar hoy en Colón.

Si proclamar con todo orgullo que España es una Monarquía Constitucional y que nuestro Rey es Don Felipe VI, que Dios guarde, es ser facha, yo quiero ser facha y estar hoy en Colón.

Si emocionarse al ver tremolar el rojo y el gualda de las banderas nacionales como única enseña, «Banderita tú eres roja», con los colores del «vino de Jerez y el vinillo de Rioja» es ser facha, yo quiero ser facha y estar hoy en Colón.

Si proclamar, con la Constitución, «la indisoluble unidad de la nación española, patria común e indivisible de todos los españoles», donde nadie es más que nadie y donde todos los habitantes de todas las regiones debemos tener los mismos derechos es ser facha, yo quiero ser facha y estar hoy en Colón.

Si creer firmemente que España no se negocia, sino que se defiende, y que muchos menos aquí hacen falta relatores que nos cuenten el cuento de la buena pipa de los golpistas separatistas es ser facha, yo quiero ser facha y estar hoy en Colón.

Si desear que sean convocadas cuanto antes elecciones, como prometieron los que presentaron la moción de censura contra Rajoy, y estar convencido de que los peligros inminentes que acechan a la Patria no tienen más solución que la urgente colocación de urnas es ser facha, yo quiero ser facha y estar hoy en Colón.

Si pensar que España está desgraciadamente gobernada por un Felón de toda felonía, mucho más que Fernando VII, y se está de acuerdo con todos los otros calificativos que, con toda valentía, le dedicó Casado es ser facha, yo quiero ser facha y estar hoy en Colón.

Si estar convencido de que con 84 diputados y un rebujito de todos los que quieren romper a España no puede permanecer ni un minuto más en La Moncloa este Gobierno que aparece, aunque no lo sea en Derecho, como usurpador del poder es ser facha, yo quiero ser facha y estar hoy en Colón.

Si creer que la Justicia debe ser preservada de todo tipo de presiones, en el principio de la separación de poderes, para que pueda juzgar con total independencia a los que perpetraron un referéndum como rebelión contra el propio Estado de las Autonomías que a algunos se les queda corto y que a otros les parece excesivo es ser facha, yo quiero ser facha y estar hoy en Colón.

Si entender que los padres deben tener derecho a exigir que sus hijos puedan estudiar en español y si según la Constitución «el castellano es la lengua oficial del Estado» y «todos los españoles tienen el deber de conocerla y el derecho de usarla» es ser facha, yo quiero ser facha y estar hoy en Colón.

Si gritar «Por España, todo por España», como al abdicar dijo Don Juan, Conde de Barcelona a su hijo Don Juan Carlos I es ser facha, yo quiero ser facha y estar hoy en Colón.

Si emocionarse cuando ahora, al final del acto, suena la Marcha Real y se acuerda uno de la letra de Pemán, «alzad la frente, hijos del pueblo español», es ser facha, yo quiero ser facha y estar hoy en Colón.

Antonio Burgos.

Articulista de Opinión.
Un peligro público.

Sánchez no tiene amigos, sólo cómplices, tan desleales como él, y subordinados, dispuestos a sacrificarse por él, lo que quiere decir, no muy inteligentes.

José María Carrascal.

Actualizado:

08/02/2019. 08:08h.

Por el camino que vamos, antes de mayo quienes van a salir a la calle contra Sánchez no van a ser los seguidores del PP, Ciudadanos y Vox, sino los del PSOE. Anteponiendo su agenda personal no ya a la del país, sino a la de su propio partido, este hombre representa un peligro para un socialismo que lleva en sus siglas el adjetivo de español y se alía con fuerzas que, por una razón u otra, quieren acabar con lo que España ha representado a lo largo de su historia. Si lo hizo para mantenerse en el poder, al que esas fuerzas le auparon, o porque siempre ha comulgado con ellas, es objeto de controversia. Conociéndole como ya le conocemos, doy más crédito a su ambición personal, ya que todo indica que los principios le importan un bledo. Él es pedrosanchista y subordina todo a su gloria y beneficio, de ahí que cambie de criterio según las circunstancias. No es la mejor forma de gobernar, pues la ambición desmesurada son arenas movedizas en las que te entierras sin darte cuenta.

Quiero decir que su gobernanza es una fuga constante sorteando obstáculos, sin importarle lo que arrolla a su paso. Como todos los arribistas, vive día a día, sobrevive mejor, lo que considera ya un triunfo. No tiene amigos, sólo cómplices, tan desleales como él, y subordinados, dispuestos a sacrificarse por él, lo que quiere decir, no muy inteligentes. Lo que tampoco significa que él lo sea. Lo demuestra que no aprende de los tropiezos que sufre. Lo de Andalucía, donde buena parte del voto socialista se quedó en casa el día de las últimas elecciones, pese a saber que eso significaba ceder el poder que llevaban 36 años detentando, era una lección inequívoca, Todo, por su connivencia con los separatistas. Pero ha seguido adelante en ese camino, cometiendo errores cada vez mayores, como negociar de igual a igual con quienes se han sublevado contra el Estado. Luego, admitir 21 demandas a cual más anticonstitucional, que ha mantenido secretas hasta que ellos las han hecho públicas, mostrando el poco respeto que le tienen, y, además, un «relator», mediador, notario o mamporrero entre ambos, que eleva el problema catalán al rango de conflicto entre dos naciones.

Como es imposible que no supiese la reacción que iba a producir en su partido, se saca de la manga un libro donde cuenta cómo consiguió superar la defenestración que sufrió hace poco y cómo logró superarla. El título lo dice todo: «Manual de resistencia». Esperemos que no sea un «corta y pega» como su tesis doctoral, aunque de este hombre puede esperarse cualquier cosa. Aunque lo veo, más que nada, como una advertencia a aquellos correligionarios que alberguen la idea de relevarle de nuevo. «Yo no me rindo ni olvido -viene a decirles-. Yo aguanto y, al final, gano». Por lo pronto, se ha ganado los calificativos más duros de la oposición en democracia. Parece no importarle. Con contar con independentistas y antisistema, le basta. Lo malo es que son tan poco de fiar como él.

José María Carrascal.

Articulista de Opinión.

PD: EL DOCTOR PARECE SER QUE HA DEBIDO LEER ESTE ARTÍCULO Y HA DADO MARCHA ATRÁS. ESO SÍ, DE MOMENTO, YA VEREMOS QUE NOS ESTÁ PREPARANDO A ESCONDIDAS.
El mal tono.

No es la verdad la que destruye la convivencia en España.

Hermann Tertsch.

Actualizado:

08/02/2019 01:02h.

Los separatistas catalanes y vascos, los comunistas de Podemos y la extrema izquierda que, en su delirante desprecio institucional, hoy encarna perfectamente Pedro Sánchez, están irritados. Les molesta mucho que haya irrumpido en España con fuerza un hábito ya casi no recordado que es el de renunciar al eufemismo y utilizar lengua española con toda su fuerza de verbo y sus justas y claras acepciones. Dicen ahora que eso estropea el clima político. Aquí el clima político lo han estropeado con tono suave y sonrisa permanente de «joker», los que desde principios de siglo inoculan odio de revancha en la política española. El mayor fabricante de odio en España se llama José Luis Rodríguez Zapatero y nunca elevó la voz. Sus infinitas maldades siempre se sirvieron con exquisitos modales. Ni una mala palabra ni una buena acción. Con ese lema, Zapatero extendió su veneno, por España primero, después al servicio de una causa innoble como la defensa de intereses de la dictadura que tortura, mata a hambre y aterroriza a su pueblo en Venezuela.

Cierto es que en los últimos años tanto al separatismo catalán como a los comunistas se les colaron en primera fila rufianes muy dados a la estridencia. Cierto que Sánchez, con su tono y ademán, su violencia interior, su presunción narcisa y su prepotencia, se expresa a veces como una figurín de vodevil del submundo. Pero no son las palabras malsonantes o contundentes ni los epítetos insultantes los que amenazan con volar la convivencia en toda España. Han sido las políticas conscientemente aplicadas para generar ofensas y agravios, para destruir la igualdad entre españoles, para generar resentimiento y para acosar y descalificar a amplios sectores sociales. Eso lo ha hecho la izquierda con sus leyes ideológicas. Y la derecha ha sido colaboradora necesaria porque, cuando ha podido, no ha combatido ni abolido esas leyes ni sus consecuencias que son instrumentales para la destrucción de la libertad. Esas leyes, desde las de Género a la Memoria Histórica, abren el camino a la desigualdad y a la arbitrariedad total que es la tiranía.

Han puesto el grito en el cielo algunos porque hasta en el PP ya llama comunistas a los comunistas de Podemos. La verdad no radicaliza a nadie. Que se oiga mucho solo revela que cada vez más españolas han reconocido que ocultar hechos y callar verdades, no facilita la convivencia como les decían, la acaba destruyendo. Llamar golpista a quien proclamó una república en una región española no es abuso, sino honradez. Calificar de traidor a quien, como gobernante que juró defender el Estado, es desenmascarado como urdidor o cooperador en planes inequívocamente dirigidos a destruirlo, subvertir sus leyes y acabar con su unidad, no es un exceso, es un acierto y un deber. La verdad nos hace libres. Es hora que se diga la verdad también a todos los engañados que empeñan su vida en un proyecto, destruir España, que no lograrán ni por las buenas ni por las malas. Para evitar males mucho mayores habrá que aplicar muy pronto todos los artículos constitucionales que se requiera para acabar con la destrucción del orden legal y la convivencia causada por un criminal malentendido. Que radica en la creencia de que ciertas regiones pueden decidir dejar de ser parte de España. Ese proyecto ha hecho ricos a generaciones de distribuidores de veneno y alimentado a estafadores políticos como Sánchez con soluciones al margen de la ley. Pero hemos llegado al límite y por eso reacciona la nación. Ha llegado el momento de acabar con ese negocio y de que los españoles asuman la unidad de España como una más de las realidades inamovibles en la vida que nos exigen humildad.

Hermann Tertsch.

Articulista de Opinión.
Urge echar al felón.

Si los barones del PSOE permiten a Sánchez rendir nuestra dignidad ante Torra, serán cómplices de la traición.

Isabel San Sebastián.

Actualizado:

07/02/2019 09:25h.

Lo que parecía imposible ha cobrado trágica realidad con Pedro Sánchez. El actual presidente del Gobierno ha hecho bueno a su maestro y mentor, José Luis Rodríguez Zapatero, cuyos mandatos serán recordados como uno de los periodos más funestos de nuestra historia: ruina, desempleo, división, enfrentamiento, irrelevancia internacional e indignidad. Ese fue el legado dejado por el anterior inquilino socialista de La Moncloa. Una herencia que Sánchez se propone acrecentar (ya asoman en el horizonte negros nubarrones de crisis), añadiendo a esas lacras la claudicación en toda regla ante un secesionismo catalán triunfante que se frota los ojos, incrédulo, pellizcándose para saber si de verdad le ha caído en gracia un interlocutor tan débil, tan cobarde, tan abyecto en su conducta como el que hoy tiene en sus manos la responsabilidad de dirigir España.

Zapatero negoció con una banda criminal y otorgó concesiones vergonzosas a unos asesinos que se avino a tratar de tú a tú, a costa de ignorar a las víctimas. Lo hizo al principio en secreto, traicionando el pacto antiterrorista que él mismo había propuesto y firmado, y después a media luz, ocultando las actas de esos infames acuerdos. Tenía al menos el pretexto de actuar para evitar que siguieran muriendo inocentes, y a él se agarró, cual clavo ardiente, a fin de justificar su vileza. Sánchez ni siquiera puede enarbolar el engañoso estandarte de la «paz». Su única motivación para hincar la rodilla ante Torra y plegarse a sus condiciones es la ambición pura y dura. Un afán de poltrona desmedido, narcisista y megalómano, que le lleva a aceptar lo inaceptable con tal de sacar adelante sus presupuestos y le empuja a publicar un presunto libro de memorias, escrito por lo que en la jerga del sector se denomina una «negra», destinado a cantar sus glorias. Cabe preguntarse si ese hombre está en sus cabales o ha perdido la cabeza, en cuyo caso sería urgente desalojarle del despacho que ocupa.

¿Queda en el PSOE algún diputado leal a lo que significó esa formación? ¿Alguno que esté dispuesto a arriesgarse en defensa de la Constitución y la Nación a las que ha jurado servir? Si así es, cosa dudosa, no basta con que exprese su «malestar» por lo que pasa. Las cosas han llegado tan lejos que es su deber actuar y hacerlo, además, cuanto antes. ¿Cómo se presentarán ante sus electores de Toledo, Sevilla, Zaragoza, Madrid, Oviedo, Badajoz o cualquier otra ciudad española los candidatos socialistas que hayan soportado en silencio la humillación de ver a sus compañeros de filas sentados de igual a igual con una «delegación catalana» separatista, en presencia de un mediador equidistante encargado de moderar el encuentro? ¿Qué responderán los cabezas de cartel de las autonómicas cuando sus eventuales votantes, legítimamente agraviados, les pregunten por qué la Generalitat de Cataluña no solo consigue inversiones privilegiadas, sino que impone al Estado condiciones ignominiosas acatadas mansamente por el jefe de un Ejecutivo que ha vuelto a manchar de barro el símbolo del puño y la rosa? Si aspiran a salvar los muebles, los «barones» que aún conservan influencia en el partido han de impedir que Sánchez perpetre la felonía de rendir nuestra dignidad ante Torra. Por cualquier medio a su alcance, incluido el respaldo a una moción de censura. Si consienten que su caudillo equipare la Nación a una de sus regiones y la ponga bajo la tutela de un árbitro escogido por los abanderados del golpe, serán cómplices de la traición.

Isabel San Sebastián.

Articulista de Opinión.
Sánchez contra Sánchez.

Creen haber encontrado la cuadratura del círculo en ese «relator» que toma acta notarial de lo que negocien.

José María Carrascal.

Actualizado:

06/02/2019 08:50h.

Tener enfrente a la oposición es normal, higiénico incluso, pues obliga a no dormirse en el poder. Tener críticos dentro del partido, aunque más incómodo, tampoco es mortal, pues los fallos se ven y corrigen mejor desde dentro. Lo grave es estar contra uno mismo. Es lo que le viene haciendo Pedro Sánchez desde que se instaló en La Moncloa. La primera contradicción ocurrió de inmediato: había prometido convocar elecciones rápido. Pero anunció que acabaría la legislatura. De ahí en adelante, todo han sido rectificaciones, hasta el punto de obligar a su vicepresidenta a explicarlo con la calamitosa excusa de que hay un Pedro Sánchez de antes de ser presidente y otro de después. Pero ni siquiera como presidente mantiene una línea recta. Ha tenido que surgir Guaidó en Venezuela para que abandonase el apaciguamiento con Maduro y se pusiera al frente de la demostración contra él, lo que le ha valido la reprobación de la izquierda con palabras muy fuertes. Elegir un «famoso» como candidato a la alcaldía del ayuntamiento madrileño chocó no ya con miembros de su partido, sino con su propia declaración de «quien haya creado una sociedad instrumental para pagar menos impuestos no tendrá puesto en mí equipo», y resulta que el «famoso» la había creado. Sus promesas de prosperidad se han convertido en mayor paro y menor afiliación a la Seguridad Social. La guinda la ponen los nacionalistas catalanes, advirtiéndole que, como sus líderes sigan en la cárcel y sean condenados, no apoyarán sus presupuestos. Lo que significaría, según una de sus ministras y él mismo ha dado a entender, la convocatoria de elecciones generales, aparte de ser lo más lógico, pues con 84 diputados no se puede gobernar. Claro que también él no ha descartado hacerlo con el presupuesto de Rajoy y las partidas más importantes del suyo aprobadas por decreto-ley. Iba a ser un auténtico lío, pero en otros peores se ha visto envuelto.

Estamos ante un doble chantaje: los secesionistas chantajean con no apoyar su presupuesto y Sánchez les chantajea con el gobierno de derechas que puede salir de unas nuevas elecciones, mucho menos dispuesto a hacerles favores. Pero para eso tendría que perder la presidencia y su decisión es mantenerse en ella cueste lo que cueste. Son rivales y cómplices al mismo tiempo. Se necesitan tanto como se excluyen y buscan desesperadamente una fórmula para reconciliar sus diferencias sin traicionar a sus seguidores. Algo así como la cuadratura del círculo. Creen haberla encontrado en ese «relator» que toma acta notarial de lo que negocien, pero el único relato de esta tragedia es el de las mentiras, trampas y delitos que se han cometido tanto en un bando como en otro. Algo que sólo pueden resolver los tribunales.

José María Carrascal.

Articulista de Opinión.
Rehén del banquillo.

La Justicia está sola frente a un presidente que pacta con los acusados del golpe.

Isabel San Sebastián.

Actualizado:

04/02/2019 09:13h.

España brinda a menudo espectáculos inconcebibles en otros países. Para bien y para mal. Nuestra Historia abunda en gestas heroicas (de esas que no interesan a directores y guionistas de cine subvencionado, mucho más próximos intelectualmente a personajes de tebeo que a figuras gigantescas como la de Blas de Lezo), pero nos depara también episodios tan vergonzantes como el de un Gobierno rehén de un banquillo de acusados.

¿Alguien se imagina a Angela Merkel negociando los presupuestos generales de la República Alemana con los representantes de un partido cuyo líder estuviera encarcelado, acusado de gravísimos delitos como la rebelión y la malversación? ¿Sería concebible en Francia o el Reino Unido que el primer ministro hubiese accedido al despacho merced a una moción de censura urdida con fuerzas abiertamente independentistas, después de que estas perpetraran una intentona golpista? La respuesta es no. Una y mil veces no. Ni siquiera habrían aceptado semejante apoyo denigrante sin mediar crimen alguno. Les habría bastado calibrar la catadura política de tales socios para rechazarlos de plano. Ningún dirigente que se respetase a sí mismo y se considerase demócrata se rebajaría a depender de fuerzas abiertamente enemigas no solo de la legalidad y la Constitución, sino de la Nación misma. Nadie provisto de dignidad suplicaría el respaldo de presuntos delincuentes para poder gobernar.

Escribo «presuntos» porque la Ley obliga, aunque lo cierto es que todos vimos en directo, a través de la televisión, cómo los veinticinco encausados (diez y ocho presentes en el juicio que está a punto de empezar y otros siete cobardes huidos, juzgados en rebeldía) cometían los actos por los que ahora, finalmente, responderán ante el Tribunal. Asistimos, asqueados, a la proclamación unilateral de esa «república catalana» que jamás existió, ni existirá, mientras la mayoría de los españoles no tenga a bien decidir otra cosa. Contemplamos estupefactos, entre la indignación y la incredulidad, cómo destrozaba un vehículo de la Guardia Civil y acosaba ferozmente a una comisión judicial una turba vociferante, jaleada por los dirigentes de dos asociaciones, ANC y Òmnium Cultural, dedicadas a promover la secesión, evidentemente sin hacer ascos a la violencia. Desde entonces, oímos cada día a sus correligionarios alardear de esos hechos luctuosos desde la tribuna del Congreso, el Parlamento autonómico o los medios de comunicación. Tenemos constantemente noticia de agresiones de palabra y obra sufridas por quienes se atreven a defender ideas discrepantes con el «pensamiento» único impuesto a golpe de adoctrinamiento y persecución. Y, por si no bastara, financiamos con nuestros impuestos los viajes que periódicamente realiza a Waterloo el vicario de Puigdemont, Quim Torra, máximo representante del Estado en Cataluña, para recibir del fugado instrucciones sobre cómo seguir dañando la imagen, los intereses y el prestigio internacional de España. Nos movemos entre lo dramático y lo grotesco, con la impagable colaboración del presidente Pedro Sánchez.

Llega la hora de la verdad. El Supremo se enfrenta probablemente a la sentencia más trascendente de cuantas ha debido dictar, y lo hace en una posición comprometida por mor de ese personaje. El ordenamiento jurídico es inequívoco, de eso no hay duda. La instrucción de Pablo Llarena no solo ha sido valiente, sino impecablemente minuciosa desde el punto de vista formal. Todos los elementos apuntan a una condena sustentada en una abrumadora acumulación de pruebas. Pero la Justicia está sola frente a un Ejecutivo que ha optado por pactar con los acusados y deja entrever sin recato la posibilidad de indultarlos. Sola ante el cumplimiento de su deber, abandonada por quien debiera ser el primero de sus valedores. Traicionada.

Isabel San Sebastián.

Articulista de Opinión.
Mejor este último que el anterior.

El último de los agobios de Sánchez viene de la mano, precisamente, del malabarista del CIS.

Carlos Herrera.

Actualizado:

01/02/2019 00:57h.

Entre una cosa y otra, entiendo que Sánchez sienta un cierto agobio a pesar de su consustancial desahogo: ir de la ceca a la meca cambiando o adaptando el discurso según sea el auditorio ante el que se persona, resulta del todo agotador, ya que, si tienes un mínimo de escrúpulo y pudor, debes evitar que lo dicho sea la noche y el día y que parezca que le tomas el pelo al personal. Pero, digamos, no parece que ello le condicione en exceso. Llama tirano a Maduro en la primera escala y le confía el poder de convocar elecciones en la segunda. Ahora que ya no le queda más remedio y se cumplen los plazos otorgados a Maduro -que seguro no habrá desaprovechado el tiempo-, Sánchez se encomendará a quien sea que se suela encomendar, animal, persona o cosa, y reconocerá al presidente nombrado por la Asamblea Legítima de Venezuela. Se enfadarán sus chavistas de aquí y le acusarán de seguir los pasos de Trump, pero lo hará. Y su agobio no se detendrá porque resulta que a su candidato sorpresa para el Ayuntamiento de Madrid, Pepu Hernández, se le ha entrevisto el uso de una sociedad para el cobro y posterior trámite del pago de dineros que ingresaba por diversos conceptos. ¿Ha cometido alguna ilegalidad el señor Hernández?: no, en absoluto, la legalidad lo contemplaba y procedió de tal manera antes de que Hacienda cambiara repentinamente el criterio con tal de mangarle dinero al contribuyente como fuere. ¿Entonces? ¿De qué han de preocuparse uno y otro?: de los estándares de honradez política que estableció el mismo Sánchez cuando no era aún presidente del Gobierno, es decir, cuando era otra persona según el bilocado criterio Calvo. La misma razón que se llevó por delante al breve ministro Màxim Huerta podría o debería acabar con la carrera incipiente de Pepu. De no hacerlo, el primero podría entender que se la está discriminando: a mi sí y a este otro no. Huerta, es cierto, fue reclamado por Hacienda y éste llevó a la Agencia Tributaria a los tribunales. Perdió y, consecuentemente, pagó; es decir, no delinquió. En esta ocasión Hacienda no reparó en Hernández como en tantos otros, pero lo cierto es que el exseleccionador utilizó un modelo de pago muy común por aquellas calendas. Modelo de pago que, según el baremo Sánchez de las cosas, le incapacitaría para ser nada en el PSOE. Es muy probable que, después de todo lo llovido, se quiera regatear la situación y seguir adelante con la candidatura, pero, de momento, el primer chasco ya se lo ha llevado el hombre llamado a encabezar la lista socialista al ayuntamiento (si supera las primarias), la última lista en las encuestas de intención de voto. A no ser que esas encuestas las haga la factoría Tezanos.

El último de los agobios de Sánchez viene de la mano, precisamente, del malabarista del CIS, que dice que el PSOE domina sobradamente la preferencia de voto de los españoles, de tal manera que podría gobernar sin agobios con cualquier alianza sin recurrir a independentistas y otras basuras, ya que el PP queda en cuarta posición y el segundo y el tercero andan bastante por detrás. Con un presagio así, de ser verdad, resultaría inconcebible que Sánchez no convocase de inmediato elecciones, no fuera a ser que alguien pudiera cambiar de opinión. El agobio, digo yo, vendrá de verse el vencedor, y el choque con su voluntad de permanecer en La Moncloa el máximo tiempo posible. Alma mía, si el CIS te dice que lo estás bordando de tal manera que te vas a salir por arriba ¿a qué esperas? Igual será que se acuerda de lo que preveía Tezanos a Susana en las elecciones andaluzas (con su característica poca vergüenza) y no se fía... Con razón, por otra parte.

Carlos Herrera.

Articulista de Opinión.
Diálogos infames.

Con el usurpador Maduro ya no hay nada que hablar, salvo las condiciones de su rendición. Con los taxistas violentos, tampoco.

Isabel San Sebastián.

Actualizado:

31/01/2019 01:24h.

La izquierda autoproclamada «progresista» ha usado y abusado tanto de la palabra «diálogo» que, no contenta con pervertirla, está logrando otorgarle una connotación negativa. El diccionario define «diálogo» como «acción de hablar una con otra o más personas, contestando cada una a lo que otra ha dicho antes». Nada hay en esta definición que anime a pensar en el diálogo como una fórmula mágica para solucionar problemas complejos. Tampoco se presenta el término como sinónimo de claudicación. El diálogo es una mera herramienta neutra, ni buena ni mala; una forma primaria de comunicación, incapaz de resolver absolutamente nada por sí misma, cuya conveniencia, oportunidad, margen y viabilidad dependen de cada circunstancia. Atribuirle un poder taumatúrgico milagroso equivale a escudarse en él con el fin de no hacer nada, o bien, y esto es lo que más abunda, emplearlo como pretexto para justificar lo injustificable.

Aquí, en España, fue Zapatero el primero en apelar al «diálogo» indefinido, inconcreto, insustancial e ilimitado como una especie de mantra recurrente cada vez que se topaba con una situación difícil. Ante las preguntas incómodas, sonrisita y «diálogo». Ante el chantaje separatista, sonrisita y «diálogo». Ante la evidencia de una crisis económica de proporciones gigantescas, sonrisita y «diálogo». Ante los terroristas de ETA, sonrisita y «diálogo». Un diálogo casi siempre estéril, a menudo inconfesable y las más de las veces a caballo entre lo inútil y lo infame. ¿O no es infame, además de inútil, otorgar la misma condición de interlocutor al verdugo y a la víctima? ¿Qué diálogo puede establecerse entre el carcelero liberticida y el encarcelado por la libertad? ¿De qué pueden charlar la pistola y la nuca?

No es casual que la dictadura chavista recurriera a él como «mediador» a sueldo, asignándole la tarea de blanquear ante el mundo la brutal persecución sufrida en Venezuela por la oposición democrática. Tampoco lo es que los hijos españoles de ese régimen representado hoy por Nicolás Maduro, encuadrados en Podemos y sus «círculos», traten de ocultar su complicidad con el dictador apelando al mismo «diálogo» entre el opresor y los oprimidos. Ni que su hijo político, Pedro Sánchez, balbucee patéticas súplicas al tirano para que convoque elecciones, en lugar de liderar con valentía una postura común que conduzca al inmediato reconocimiento del presidente Juan Guaidó por parte de la Unión Europea. Todo forma parte de la misma lógica equidistante, pusilánime, ruin y miserable.

Con el usurpador Maduro ya no hay nada que dialogar, salvo las condiciones de su rendición, que deberán negociar los venezolanos entre ellos. Tampoco puede establecerse diálogo alguno con unos taxistas como los de Madrid, echados al monte, que cortan calles, bloquean el tráfico, insultan a ciertos viandantes, dañan gravemente vehículos VTC y perjudican a millones de ciudadanos, con total impunidad, en apoyo a unas exigencias destinadas únicamente a proteger su monopolio. Ningún diálogo encuadrado dentro de los márgenes de la Constitución satisfará jamás a los independentistas catalanes, cuyos hechos demuestran a las claras su peculiar manera de entender ese concepto: nosotros imponemos, vosotros tragáis. Todas las conversaciones mantenidas durante los últimos treinta años, todas las cesiones, las transferencias, las inversiones, los privilegios, los miramientos sin cuento han conducido al mismo callejón sin salida de victimismo, insatisfacción y desafío renovado, lo que debería tapar la boca a quienes siguen apostando por el bálsamo milagroso de Zapatero-Fierabrás. Pero nada. Erre que erre, la progresía hispana sigue aferrada a la fe en un ídolo de barro moldeado por sus seguidores para servir la mentira, la impotencia y la cobardía. Esa es su interpretación del «diálogo».

Isabel San Sebastián.

Articulista de Opinión.
Sentado sobre las bayonetas.

Los lazos de España con Iberoamérica la convierten en referencia obligada en esta crisis.

José María Carrascal.

Actualizado:

30/01/2019 01:42h.

Nicolás Maduro reconoció su derrota, posiblemente sin darse cuenta, al mostrarse dispuesto a negociar con Juan Guaidó a las pocas horas de proclamarse éste presidente de Venezuela ante cámaras y micrófonos en una plaza de Caracas. Ningún presidente en ejercicio acepta negociar con quien le desafía de forma tan excepcional, a no ser que esté lleno de miedo o de dudas sobre su mandato. Pero no sabemos cuál fue la última causa de la insólita oferta, rechazada, como era previsible. Se me advertirá que Maduro cuenta con el apoyo del Ejército, con mucho peso en Venezuela. Pero diferenciaría entre su cúpula, a la que ha favorecido con todo tipo de prebendas, incluidos los trapicheos en el negocio de la droga, y la oficialidad, también favorecida, pero mucho menos y está más en contacto con la miseria que reina en la calle. De momento, ha habido un motín de sargentos, aplastado, pero significativo. De momento, ha lanzado contra Guaidó al Fiscal General, que le ha prohibido salir del país y embargado sus cuentas. Pero tendrá que tener cuidado con no hacerle un héroe y, sobre todo, un mártir, porque la sangre de los mártires es el mejor abono de las revoluciones. Ni siquiera los que quieren ayudarle podrán hacerlo. Aparte de seguir vigente la advertencia de Talleryrand «las bayonetas sirven para todo, menos para sentarse sobre ellas».

El mayor peligro para Maduro le llega de Estados Unidos. Espero que Trump no cometa la barbaridad de intervenir militarmente, que podría resultar en otra Bahía de los Cochinos o Afganistán. Más, teniendo un arma mucho más eficaz: el petróleo que Venezuela vende a Estados Unidos por valor de unos 10.000 millones de dólares anuales. Con la congelación de los fondos de la petrolera venezolana, ya anunciado, deja a Maduro a la intemperie. Está también por ver qué pasa con el personal de la embajada USA, que no ha abandonado el país, pese a habérselo ordenado Maduro, con su principal aliado, Rusia, muy lejos. Como China, la mayor compradora de deuda venezolana: unos 70.000 millones. Pero los chinos pueden pensar que la mejor forma de recuperarlos es apostar por Guaidó.

Europa, con el Brexit tiene de sobra. España es otra cosa. Sus lazos de todo tipo con Iberoamérica la convierten en referencia obligada en esta crisis. Tras fracasar su intento de frenar un ultimátum a Maduro, Sánchez no ha tenido más remedio que exigirle celebrar elecciones democráticas y limpias, que es como encargar al zorro el cuidado del gallinero. No sabemos si por escapar de los líos que tiene aquí con los presupuestos y los catalanes o para hacer que hace, nuestro presidente ha ido para allá, con una agenda chocante: visitará México, el único gran país iberoamericano que sigue reconociendo a Maduro, y Santo Domingo que ha reconocido a Guaidó. Es difícil saber dónde causa más estragos, en España o fuera. Claro que está sentado sobre podemitas e independentistas, no mucho más cómodos que las bayonetas.

José María Carrascal.

Articulista de Opinión.
Idiotas morales.

Quien prefiere a Iglesias y Otegi a Abascal y Ortega Lara no tiene planes sanos.

Hermann Tertsch.

Actualizado:

29/01/2019 11:19h.

Federico, que ausente Lorca es Jiménez Losantos, dice que Alfonso Guerra es un mentiroso incorregible incapaz de verdad alguna. Los más damnificados por aquel tándem de tahures que eran Felipe y Alfonso de jóvenes no aceptan que la edad los haya podido mejorar. Pero a Guerra sí se le escucha últimamente alguna verdad. Aunque, como a otros ilustres socialistas que ahora denuncian el daño devastador para España causado por el PSOE de Zapatero y Sánchez, le asalte la pulsión por la verdad cuando ya nada significa. A Guerra se le han revuelto en las redes las jaurías izquierdistas, esas que reaccionan ante la verdad como un vampiro ante los ajos, por decir que hay dictaduras y dictaduras. Que todas son malas, faltaría más, pero que hay algunas que consiguen el desarrollo económico y otras que son una catástrofe sin paliativos porque a la falta de libertad y la represión se suman miseria y hambre. Lo hizo con la comparación de la dictadura de Pinochet con la de Maduro. Habría sido un exceso que Alfonso Guerra pusiera la de Franco como ejemplo de dictadura evolutiva, racional y próspera frente a la brutalidad paralizante y pauperizante de los satélites soviéticos centroeuropeos. Aunque probablemente no lo niegue en privado. Es la perogrullada de decir que la dictadura de Primo de Rivera no fue lo mismo que la albanesa de Enver Hoxha.

La jauría se ha echado encima de Guerra para insultarlo ante lo que consideran una herejía, es decir, la verdad. En estos tiempos hay que agradecer a Guerra que sepa distinguir entre lo claramente distinguible. Y que solo cobardía, ideología y tontería logran mezclar y confundir. Esto se ha llenado de idiotas morales intoxicados por el pensamiento débil socialdemócrata de izquierdas, derechas y extremo centro, que todo lo confía a la trampa intelectual y la mentira hecha hábito. Todo por conveniencia. Ahí tienen a ese Juan Carlos Cano del PP en el País Vasco, menguante partido que tras haber tenido a Gregorio Ordoñez y María San Gil hoy tiene a Borja Semper y a Javier Maroto. Y a Cano, claro. Dice Cano que para él son lo mismo Vox y Bildu. Es decir Santiago Abascal y Jose Antonio Ortega Lara son para él lo mismo que Arnaldo Otegui o José Ternera. Como Juan Benet, uno entre tantos idiotas morales de los juntaletras de nuestra Transición, que decía que Alexander Soljenitsin era, no ya igual, peor que Stalin.

No crean que estas confusiones son exclusivas del PP. Ahí tienen a Ciudadanos, que se queja, con razón, de que separatistas y ultraizquierdistas agreden a sus militantes. Pero después se sientan con los agresores a firmar un cinturón sanitario que prohíbe las alianzas, no con los agresores, golpistas y filoterroristas, no. Las prohíbe con Vox. En la cadena amiga del golpismo, La Sexta, se junta Inés Arrimadas con Irene Montero, la del partido comunista franquicia de un régimen criminal que ahora agoniza. Como antes Albert Rivera confraternizó con Pablo Iglesias, partidario de esa mafia de Maduro que asesina, trafica, roba y siembra el terror. Jamás se oyó eso del cinturón sanitario contra ese partido creado para destruir la democracia, la monarquía y la unidad de España. Lo hubo contra el PP y lo hay ahora contra Vox. Lo querrá siempre la izquierda contra quien haga peligrar su hegemonía en el mensaje y en el lenguaje. Ciudadanos verá lo que hace. Con ese cordón entregaría todo el poder municipal a la izquierda. Y en las generales quedaría de vagón socialdemócrata en via muerta. Sánchez debería facilitar la elección. Quien quiera restablecer la ley en toda España ha de contar con Vox. Si no, está a otra cosa.

Hermann Tertsch.

Articulista de Opinión.
Europa, Venezuela y la cobardía de Sánchez.

La UE tarda demasiado en reconocer a Guaidó porque el presidente español rehúye cumplir con su deber.

Isabel San Sebastián.

Actualizado:

28/01/2019 03:48h.

La Unión Europea dista mucho de ser perfecta. Le sobra burocracia, le falta agilidad, ha perdido buena parte del vigor económico y democrático que alumbró su nacimiento y, lo peor de todo, parece haberse dejado por el camino muchos de los principios del humanismo ilustrado que inspiraron a sus fundadores. La UE necesita profundas reformas capaces de convertirla en el espacio compartido de libertad y progreso que puede llegar a ser, que debe llegar a ser y será, si impedimos que acabe imponiéndose la eurofobia populista y/o ultranacionalista que asoma las garras de norte a sur y de este a oeste del continente, con distintos rostros y pretextos.

La Unión Europea no es perfecta, pero desde luego es infinitamente mejor que la no existencia de una estructura supranacional bajo la cual ampararnos. ¿Alguien puede citar un mejor antídoto contra las enemistades históricas, los enfrentamientos entre vecinos, el totalitarismo, la pobreza y el aislamiento? La historia de la Europa anterior a la Unión abunda en guerras devastadoras que constituyen la mejor defensa de esta creación. Hace menos de treinta años aún estaba en pie el Muro de la Vergüenza, al otro lado del cual millones de seres humanos vivían bajo el yugo del comunismo, ansiando poder integrarse en este club de privilegiados. Y nosotros mismos, los españoles de mi generación, hemos constatado en carne propia la diferencia sustancial existente entre ser o no ser considerados parte de la Europa unida. Una diferencia mucho más honda que la inherente a la recepción de ingentes cantidades de dinero, con haber sido estos fondos decisivos para nuestro desarrollo. Nadie con un mínimo de conocimientos y honestidad intelectual puede renegar de los incontables beneficios tangibles e intangibles que se derivan para España de la pertenencia a la UE, salvo que, con tal de arañar algún voto, esté dispuesto a escupir al cielo.

Dicho lo cual, la Unión Europea está tardando demasiado en reconocer a Juan Guaidó como presidente legítimo de Venezuela; cierto. Poner de acuerdo a 28 países para que den unánimemente un paso semejante no debe de resultar sencillo, especialmente cuando quien debería impulsar esa decisión rehúye ejercer la función a la que está llamado en virtud de la responsabilidad que pesa sobre su país. Y esa persona no es otra que Pedro Sánchez Castejón, presidente del Gobierno español, cuya actuación en este trance decisivo constituye una muestra más de su incapacidad para honrar el cargo al que accedió mediante una moción de censura pactada con los discípulos de Chávez y Maduro.

La Unión Europea no tiene la culpa de que a Pedro Sánchez le falten fuerza, valor, convicción, talento y determinación para cumplir con su deber respecto del pueblo venezolano. No tiene la culpa de que el líder socialista español deba su poltrona a un partido como Podemos, generosamente alimentado en sus comienzos por quienes ejercen en Venezuela una dictadura sanguinaria. No tiene la culpa de que su mentor en el PSOE fuese precisamente José Luis Rodríguez Zapatero, máximo valedor internacional del dictador caribeño, cuya conducta servil y cómplice constituye un motivo de oprobio para nuestra nación. No tiene la culpa de que ni siquiera se haya atrevido a mostrar públicamente su respaldo al valiente Guaidó, como sí han hecho los máximos dirigentes de Francia o el Reino Unido, además de los presidentes del Parlamento y el Consejo europeos, Tajani y Tusk. Esa cobardía solo es imputable a Pedro Sánchez.

Isabel San Sebastián.

Articulista de Opinión.
Ahhhhhhhhhhhhhhh, bueno, ¡menudos son los de la Uni de Sala...............
Sí, debe ser un privilegiado, ¡que cosa más rara, ¿verdad?, raro, raro, raro, habrá estudiado en la Universidad de Salamanca.................
Kantiana.

Urge llevar a Maduro ante el Tribunal de la Haya.

Jon Juaristi.

Actualizado:

27/01/2019 00:16h.

Me cuenta mi amigo Santiago González que coincidió hace unos días con Iñaki Anasagasti en una manifestación contra el sátrapa Maduro, lo que no cambia en términos absolutos mi opinión sobre el exsenador abertzale, pero, en los relativos, lo sitúa años luz por encima de Rodríguez Zapatero. Nacido en Cumaná y antiguo alumno de los jesuitas en la Universidad Católica Andrés Bello de Caracas (después de un bachiller en el colegio de los Marianistas de Aldapeta, donde compartió pupitre con Fernando Savater), Anasagasti nunca ha sentido la menor simpatía por la gentuza bolivariana. Tampoco por mí, es cierto, pero intuyo que ve alguna diferencia, como yo la veo en su caso.

De Anasagasti me habló muy bien su antiguo profesor y rector de la UCAB, Luis de Ugalde, jesuita, guipuzcoano de Vergara, y la personalidad más respetada de la oposición intelectual y ética al chavismo. Ugalde no es, ni de lejos, nacionalista vasco. Yo aparecí por la UCAB hace una docena de años, cuando Chávez comenzaba a tomar bajo su protección a una florida colección de etarras. En la Escuela de Letras de la universidad caraqueña de los jesuitas, cercada entonces por las bandas violentas del régimen, me encontré con Jesús Olza, un gran lingüista que estudió y enseñó en la Universidad de Deusto de mis mocedades. Olza se ha dedicado a la gramaticalización de lenguas indias y a la lingüística teórica. Esta pasada semana me trajo sus saludos una investigadora venezolana que ha recalado en la Universidad de Alcalá. Me emocionó comprobar que el Padre Olza me recordaba aún con afecto.

Yo me he acordado mucho de él durante estos doce años, a lo largo de los cuales ha ido perpetrándose en Venezuela uno de los estúpidos genocidios que han marcado la llegada de los nuevos tiempos: un genocidio llevado a cabo contra su propio pueblo por la mafia chavista y su ejército de ladrones (y que se haya realizado con el consentimiento de una masa de resentidos destinados a convertirse en sus propias y paradójicas víctimas no debería cuestionar la calificación de los hechos). En Venezuela no ha habido arios ni judíos, a pesar de que Chávez y sus asesores peronistas fueran unos antisemitas furibundos y de que gran parte de los venezolanos judíos tuvieran que optar desde hace dos décadas por el exilio. La gentuza chavista planteó su tarea de otra forma, como la gran revancha de los pobres contra los ricos, consiguiendo matar de hambre a los pobres, eso sí, con tres comidas al día (y con muchas más en el caso del asesino bulímico que sucedió al matasiete fundacional, o sea, el porcino Napoleón que heredó de su correspondiente Old Major la orwelliana granja tropical).

Algo que no me ha gustado del nuevo presidente legítimo de Venezuela, Juan Guaidó, es que se haya apresurado a insinuar que se podría amnistiar a Maduro. No. Los autores de crímenes contra la humanidad no deben quedar impunes. Ni siquiera para facilitar la transición a la democracia. En fin, es el talón débil del presidente de una Asamblea Nacional digna y fuerte que debería reclamar la entrega del bandido Nicolás al Tribunal de la Haya, sobre todo para que podamos seguir creyendo en el Derecho de Gentes. Sospecho que Guaidó, como socialdemócrata, se inclinará al pasteleo con lo que tiene por izquierda. Así y todo, apoyarle es puro imperativo categórico.

Mientras tanto, Sánchez se aleja por el paisaje nevado de Davos, dando la espalda a la cámara y a la historia, como si nada de esto tuviera que ver con él. Como Heiddeger esquiando por los mismos lugares, hace noventa años, después de arremeter contra el kantiano Cassirer y todos los imperativos categóricos. En fin, que Dios los cría y ellos hacen deporte invernal.

Jon Juaristi.

Articulista de Opinión.
Un victorino en el Senado.

Si la tauromaquia no es necesaria igual tampoco lo son la danza o el teatro, sin las cuales podríamos existir, aunque de forma más pobre.

Carlos Herrera.

Actualizado:

25/01/2019 00:51h.

Acostumbraba a decir el inolvidable Juan Pedro Domecq que la Fiesta de los toros se basaba en un animal fiero y bravo al que, siguiendo lentos criterios ganaderos, se le enseñó a embestir metiendo la cabeza en un trapo y haciendo el avión. Otro ganadero, y no cualquiera, Victorino Martín, anduvo de comparecencia en una Comisión del Senado -de Cultura y Deporte- para ilustrar a sus señorías acerca de aspectos elementales del toro, ese animal que, guste más o menos, vertebra de norte a sur nuestro país desde hace siglos, manifestándose en cada territorio acorde a sus muchas expresiones. Victorino dio una lección impagable, bellísima y valiente acerca del dominio del ser humano sobre otros sujetos con los que compartimos planeta, como lo es el toro, amén de nuestra relación con los animales, a los que el ser humano recurre no solo para alimentarse, también para vestirse, para trabajar y para nuestro ocio.

Contó Victorino que cada día se matan en España 1.560 animales por minuto sin contar los peces. Si nos planteamos no seguir utilizando los animales, como pretende el animalismo -que impone que los hombres no tienen derecho a utilizarlos y que nos quiere poner en pie de igualdad-, triunfaría una corriente internacional muy bien financiada que trata de imponer un nuevo orden moral en el mundo y un pensamiento único con consumidores homogéneos. Eso es absolutamente incompatible con nuestra cultura y con el humanismo mediterráneo. El ganadero sostiene, y creo que tiene razón, que el animalismo supondría una hecatombe cultural, económica y ecológica: se acabarían las romerías, el arte ecuestre, la rapa das bestas, los encierros, la cetrería o los correbous; las explotaciones ganaderas, los agujeros, el cuero de Ubrique, el jamón, las mantas de ezcaray o los zapatos de alicante; y, finalmente, olvídense del paisaje con la biodiversidad de España, adiós a la dehesa, a los prados cantábricos, a la transhumancia. Es un adiós al mundo rural. Y un adiós al toro, primera cabeza que se quieren cobrar. Dice el hombre de Galapagar que nadie debería engañarse: el toro, efectivamente, es lo primero, pero luego vendría todo lo demás. El animalismo no se detendrá ahí. Si se sigue el juego a esa horda de bárbaros e intolerantes y no se les limita al folclore de su expresión pintoresca, la aniquilación de nuestra cultura queda a un tiro de piedra.

Cualquier persona no afectada por fiebres internacionales restrictivas y absurdas, sabe que el hombre puede y debe utilizar a los animales, entre otras cosas porque no son lo mismo. Un ser humano no es igual a un caballo, lo que no quiere decir que al caballo haya que maltratarlo, pero sí domarlo y montarlo, por ejemplo. Si podemos utilizar los animales, ¿por qué hay gente que quiere prohibir los toros? -preguntaba Victorino-. Es un espectáculo cruel, dicen; ¿en serio la tauromaquia somete a animales a una vida más dura que cualquier explotación industrial? ¿Lo relevante es que la tauromaquia es pública? ¿El problema es verlo? Habrá que preguntarse entonces si queremos una sociedad donde una parte se arrogue el derecho de decir a los demás lo que puede ser visto y lo que no, lo que es moral y lo que no, lo que es cultura y lo que no. Y si la tauromaquia no es necesaria igual tampoco lo son la danza o el teatro, sin las cuales podríamos existir, aunque de una forma mucho más pobre.

Añado a lo dicho por el ganadero ante el Senado que asistir a espectáculos relacionados con la Tauromaquia es un derecho inherente a la libertad, como viene siendo reconocido por los tribunales una y otra vez. Todos los que quieren impedirlo exhiben una indisimulable mueca totalitaria. Enhorabuena a Victorino Martín por esta deslumbrante intervención que, a buen seguro, habrá abierto algunos ojos adormilados.

Carlos Herrera.

Articulista de Opinión.
Secuestrados.

Sea el golpe catalán o los taxistas, la moraleja es la misma: la fuerza de la razón sucumbe ante la razón de la fuerza.

Isabel San Sebastián.

Actualizado:

24/01/2019 00:50h.

Somos rehenes. Peones indefensos en un tablero de juego que ha entronizado la coacción como argumento supremo. Paganos de un sistema aberrante cuyo perverso funcionamiento premia cualquier desafío a las normas mientras castiga sin piedad a quien las acata. ¿Y aún hay quien se sorprende de que ciertas posturas extremas, antaño repudiadas por serlo, resulten crecientemente atractivas a ojos de los ciudadanos? ¡Esto no ha hecho más que empezar!

Las calles de Madrid y Barcelona llevan varios días tomadas por hordas de taxistas furiosos que deciden a su antojo quién circula y quién no, además de provocar disturbios cada vez más violentos. No están en huelga, no. De ser así, se limitarían a no prestar su servicio, lo que reduciría la discusión a tratar de diferenciar entre paro patronal (ilegal) y derecho constitucional a la protesta del trabajador. Lo suyo es otra cosa. En nombre de una santa indignación tan fundamentada o no como la de millones de españoles sujetos a condiciones de competencia similares a las suyas, ellos vuelcan su rabia contra todo lo que se mueve, o, mejor dicho, intenta moverse en vano. Nos impiden llegar a estaciones y aeropuertos, acudir a la oficina o el taller, regresar a casa con la familia. Han secuestrado con total impunidad a la ciudadanía, abandonada a su suerte por unos gobernantes a cuál más cobarde e inepto en las distintas administraciones, confiando en que, a base de presión, quienes deberían pararles los pies se plieguen a pagar nuestro rescate cediendo a sus exigencias. Y lo peor es que, a tenor de los precedentes, lo más probable es que lo consigan.

Si es usted un honrado tendero, puntual cumplidor de sus obligaciones fiscales, deberá enfrentarse desarmado al pujante comercio electrónico, a las grandes superficies y hasta a los manteros que campan a sus anchas por nuestras aceras, distribuyendo mercancía robada. Si es escritor, músico, diseñador o cineasta, verá cómo su creación es pirateada sin riesgo alguno para quien la disfruta. Si es periodista, sabrá lo que ha supuesto para la profesión la irrupción de los digitales gratuitos y de las redes sociales: la caída en picado de unos ingresos ya de por sí modestos. Si es propietario de un medio de comunicación, su lucha desigual se librará contra las grandes plataformas que se lucran distribuyendo contenidos por los que nada han pagado. Si posee un piso «okupado» por intrusos, no se le ocurra tomarse la justicia por su mano. Ármese de paciencia, recurra a los canales oficiales, que al cabo de meses, con suerte, le permitirán regresar a su casa, y olvídese de cobrar por los daños. Ese es el horizonte de un Juan Español cualquiera, sin medios de intimidación a su alcance. Ahora bien, si usted forma parte de un colectivo con capacidad para bloquear el país y voluntad de ponerse el mundo por montera, está usted de enhorabuena. En el actual escenario político, tiene las de ganar. La fuerza de la razón retrocede en todos los frentes, arrollada por el avance imparable de la fuerza convertida en razón.

¿Cuál es la enseñanza del proceso golpista catalán? La más demoledora de las posibles: que quien escupe a la Carta Magna, se cisca en la legislación vigente, se mofa del Estado de Derecho e incita a sus huestes a «apretar», obtiene una financiación extraordinariamente generosa, además de una interlocución privilegiada con el Gobierno, mientras que las comunidades leales, solidarias y competitivas, como Madrid, resultan sistemáticamente castigadas, sea cual sea el partido gobernante. Moraleja: si quiere usted recoger nueces, sacuda el árbol sin miramientos. En el peor de los casos, le saldrá gratis total.

Isabel San Sebastián.

Articulista de Opinión.
Va de chantajes.

Las opciones que se apuntan han sido rechazadas, aparte de ser tan complicadas como peligrosas.

José María Carrascal.

Actualizado:

23/01/2019 01:23h.

La política en nuestros días se ha convertido en una partida entre chantajistas, que ni siquiera lo disimulan. Chantajean los euroescépticos británicos a su primera ministra con la amenaza de dejarla caer si no logra de Bruselas mejores concesiones para el brexit, y ella les chantajea con la advertencia de que, como la dejen caer, van a cargar con el tremendo fardo de un brexit sin acuerdo. Al mismo tiempo, mrs. May chantajea a los europeos con que, de no darle más bazas, tendrán que vérselas con individuos muchos más duros que ella. Y Bruselas, a todo ello, diciendo que en el acuerdo ya alcanzado no se toca ni una letra. Las opciones que se apuntan -un nuevo referéndum, unas nuevas elecciones, posponer la fecha de salida- han sido rechazadas, aparte de ser tan complicadas como peligrosas. Así están todos ellos, en espera de ver quién es el que cede primero. ¿Y si no cede ninguno? Pues entonces vamos de cabeza a la que todos reconocen es la peor de las soluciones: el brexit sin acuerdo, con cada uno por su lado. En estos casos, lo que suele ocurrir es que ceda el que más pierde, antes de arrojarse al precipicio. Y dado que quien más tiene que perder en este caso es el Reino Unido, sería quien cediese. Pero eso ocurre en las partidas en que sólo el dinero está en juego, pero en las que también cuentan factores tan poderosos como el prestigio de un país, su rango en el escalafón de naciones y la dignidad de sus habitantes, ya nada es seguro ni predecible.

Y no es seguro, no porque a los ingleses les disguste el dinero. Les gusta tanto o más que a los escoceses, a quienes les han echado encima ese sambenito, cuando son tan agarrados como ellos, sino porque, además, son duros como el pedernal. Que se lo pregunten a cuantos han intentado invadirlos, empezando nosotros con la Invencible, luego Napoleón, y Hitler el último. Aparte de contar con excelentes peones en el Continent, como llaman a Europa. Holanda y Dinamarca los primeros, que harán lo posible para facilitar un brexit blando. Claro que franceses y alemanes no están por la labor, y son quienes llevan la batuta en el asunto. Sin olvidar que son conscientes de que van a perder todos, de no haber acuerdo.

¿Y nosotros, que pintamos en el asunto? Deberíamos pintar bastante, pues tenemos un contencioso de siglos con los ingleses, que podría solucionarse en este reajuste de la Unión Europea. Pero a la luz de nuestra actitud, mucho me temo que no aprovechemos la oportunidad que se nos presenta en bandeja. No por ser inferiores militar y económicamente, como hasta ahora, ni por faltarnos títulos, desde el Tratado de Utrecht a resoluciones de la ONU, sino porque nos falta su firmeza, su tesón, su patriotismo, y, sobre todo, porque preferimos pelearnos entre nosotros a enfrentarnos a los extranjeros en la defensa de nuestros derechos.

José María Carrascal.

Articulista de Opinión.
Y Errejón no quiso morir.

La partida está aún a la mitad: quedan muchos movimientos.

Ana I. Sánchez.

Actualizado:

22/01/2019 08:12h.

<<Pablo envía a Íñigo a morir a Madrid». Una persona muy cercana al líder de Podemos explicaba así hace un año por qué Errejón no podría moverse como un caballo de ajedrez desde su retirada a la Comunidad central. Un paso al lado, para poder avanzar hacia adelante. «No solo no dará el sorpasso al PSOE, sino que es muy probable que empeore el resultado de 2015. Podemos está tocando suelo en toda España y ya no podrá competir por el liderazgo del partido», se frotaba las manos el mismo. En ese mismo instante, Iglesias hinchaba en público las expectativas del cofundador. «Es un candidato ganador allá donde se presente», proclamaba, preparando el terreno para cortarle la cabeza tras su derrota. Era cuestión de posturear y esperar. Ése era todo su afán. Matarle políticamente. Contagiarle de la caída de Podemos para que nadie pudiera ver en él la respuesta a la crisis del partido.

Un año antes, Vistalegre II había lanzado un mensaje claro: el apoyo a la continuidad de Iglesias era abrumador, pero casi un tercio de la asamblea respaldaba el plan transversal de Errejón. El secretario general no podía laminarle sin alimentar su nociva imagen estalinista. Así que en plena huida de votantes, Iglesias ofreció al que había sido su amigo la candidatura de Madrid para «mancharle» con el declive. Enfrentándole a las urnas en las horas más bajas del partido, anulaba sus opciones de aspirar a liderarlo en el futuro. Vestía de generosidad y perdón una oferta envenenada.

Las maniobras de la cúpula de Podemos desde entonces fueron en una clara dirección: atenazar la autonomía de Errejón y negarle recorrido propio. El último movimiento, el que precipitó el cisma, fue la imposición de Sol Sánchez de IU como número dos de la lista. Justo después de comprobar en Andalucía el mal resultado de la coalición con este partido. A sabiendas de que Errejón es combatiente activo de esta unión. Y saltándose las primarias que situaron a Clara Serra segunda del partido en la Comunidad. Una decisión que a todas luces socavaba las opciones del candidato. Errejón acudió a la marca de Manuela Carmena porque no quería dejarse morir. Y los de Iglesias aprovecharon para lo que querían hacer desde hace tiempo: situarle fuera del partido. Un sacrificio necesario para evitar un futuro jaque al rey.

Pero ¿quién es el rey en este tablero? Pablo Iglesias ha perdido la esperanza de ser presidente del Gobierno y ya no aspira a nada más que a convertir a su partido en una comparsa del PSOE. Hacer oposición le divierte más desde la moción de censura, pero, antes o después, sabe que su retirada es inevitable. Entonces, ¿por qué anular las opciones de un cofundador? ¿solo por testosterona? Quizás porque la pregunta adecuada sea ¿quién es la reina en este tablero? Iglesias quiere asegurar el control del partido para Irene Montero. Y si quiere conseguirlo, tiene que despejarle el camino de rivales. En ello está. Ayer Errejón dejó su escaño. Pero no la formación. La partida está aún a la mitad: quedan muchos movimientos por delante.

Ana I. Sánchez.

Redactora.
Navajas afiladas en la izquierda.

Podemos se fragmenta en taifas regidas por caudillos locales, mientras el PSOE destruye sus señas de identidad.

Isabel San Sebastián.

Actualizado:

21/01/2019.

De momento solo han perdido Andalucía, pese a lo cual en la izquierda se afilan por doquiera las navajas. Tanto en Podemos como en el PSOE. A medida que se acerca la cita de las municipales y autonómicas el apetito de poder se acrecienta, el miedo al desalojo muerde con fuerza las entrañas y las viejas rencillas pendientes se tornan crueles venganzas. El espectáculo resulta fascinante. Ya ni se molestan en disimular. Están en el sálvese quien pueda, sacando a relucir la auténtica naturaleza de una ideología que se disfraza con ropajes de igualdad, solidaridad, progreso y demás palabrería al uso, cuando la realidad demuestra que en su seno habita un impulso de control y dominio tanto más absoluto cuanto más se escoran las siglas. Dicho de otro modo, y citando al Alfonso que explicó hace muchos años las razones de esta guerra: «quien se mueve no sale en la foto». En el vértice de la pirámide solo hay sitio para uno. «Uno», sí, en masculino; nunca «una», toda vez que, por mucha matraca que den con la bandera feminista, al final siempre acaba imponiéndose la voz de mando de un hombre.

En la casa del puño y la rosa Pedro Sánchez ha ordenado la ejecución política de Susana Díaz. No hay piedad para los vencidos, especialmente cuando la vencida ha osado desafiar al líder. Ciertas ofensas proferidas en debates presuntamente «amistosos» no se perdonan, por muchas sonrisas y abrazos que intercambien los púgiles ante las cámaras. Hay agravios que se infectan y envenenan al agraviado hasta convertirlo en un pozo de rencor. ¿Sobre qué otro pilar apoyó el actual presidente del Gobierno su regreso? La ambición y la revancha; esos fueron los motores de su increíble recuperación. Y tan potentes fueron esas motivaciones que aún hoy prevalecen sobre cualquier otra, incluida, por supuesto, la lealtad a España y a la Constitución. De ahí su disposición a pactar con separatistas, extremistas de la siniestra, antiguos cómplices de ETA y cualquier otro indeseable, con tal de llegar al despacho que permite saldar cuentas.

Sucede, no obstante, que las cuentas y cuentos de Sánchez no coinciden con los intereses de muchos de sus compañeros. No solo con los de la lideresa derrotada, sino, por ejemplo, con los del presidente extremeño, quien la pasada semana votaba en su parlamento a favor de aplicar en Cataluña el 155, en lugar de seguir cebando el proceso independentista con fondos públicos sustraídos a otras comunidades, como la suya. ¿Convicción o conveniencia? Probablemente una mezcla de las dos. Un intento desesperado de marcar distancias con los aliados del inquilino de La Moncloa, consciente de que, para él, esos aliados suponen la muerte en las elecciones de mayo.

Y hablando de muerte, viene inevitablemente a la mente la jugada que Errejón ha orquestado contra su propio partido. Un golpe certero, letal, propinado a traición en el corazón mismo de la organización de los círculos: Madrid, epicentro del poder. Es sabido que en política los enemigos a medio matar reviven para sacar los ojos de quienes fueron sus verdugos, que es exactamente lo que acaba de hacer Íñigo a Pablo, con el concurso indispensable de la otrora despreciada Tania Sánchez. Podemos se desintegra, se fragmenta en taifas regidas por caudillos locales que auguran a la formación un sonoro fracaso en las urnas, mientras el PSOE destruye sus señas de identidad. Aún no les falta la harina y todo se les ha vuelto mohína.

Isabel San Sebastián.

Articulista de Opinión.
La gatera de Podemos.

Iglesias ya no puede aspirar a la hegemonía de su proyecto, pero aún tiene a su alcance una entrada oblicua al Gobierno.

Ignacio Camacho.

Actualizado:

21/01/2019 00:39h.

El pasado diciembre, bajo la marca de Adelante Andalucía, Podemos sufrió en ese territorio un severo descalabro en coalición con Izquierda Unida. Transcurridos casi dos meses, no se ha oído en la formación tardocomunista nada parecido a una razonable autocrítica. La reacción de Pablo Iglesias consistió en llamar a sus bases a una «alerta antifascista» que trataba de disimular la evidente caída colocando el foco sobre el éxito de Vox y su inesperada fuerza disruptiva. Los hechos, sin embargos, son tercos: en el escenario andaluz su partido ha pasado de tercera a cuarta fuerza política y las encuestas le auguran un resultado similar a escala nacional en las próximas elecciones legislativas. Ni siquiera la confluencia con las llamadas «mareas» regionales le permiten hoy una proyección optimista.

La sonada defección de Íñigo Errejón en Madrid ahonda la percepción de esa crisis de modelo y de liderazgo. Con un Podemos fuerte como el de hace cuatro años, ni Manuela Carmena hubiese independizado su lista ni Errejón se habría echado por sorpresa en sus brazos. Ambos huyen de una organización que parece haberse convertido en un chicharro para buscar a la izquierda del PSOE -o en discreta aproximación a él- su propio espacio. El manifiesto deterioro de las relaciones personales de ambos con Iglesias no basta para explicar este paso; el cofundador del partido, el teórico de su estilo populista, tiene motivos para sentirse preterido y humillado pero sin las evidencias de declive es difícil que se hubiese atrevido a un desmarque tan claro. El mensaje a la opinión pública de los dos dirigentes madrileños es que Podemos está estancado, y que la impronta personalista, autoritaria, del líder y su pareja Irene Montero lo conduce hacia una inevitable cuesta abajo. La creación de candidaturas autónomas apunta un último intento de eludir el fracaso, al otro lado del cual espera un socialismo siempre dispuesto a acoger a los arrepentidos bajo su manto.

Pero aunque los podemitas hayan dejado pasar su momentum, ese estado de eclosión que en 2015-16 estuvo a punto de consumar su célebre asalto a los cielos, continúan teniendo serias posibilidades de llegar al Gobierno. Para Pedro Sánchez, la principal opción de renovar mandato pasa por una alianza con ellos, aun al ineludible precio de entregarles el control de varios Ministerios. El desplome del bipartidismo va a liquidar los Gabinetes monocolores en España por bastante tiempo, de manera que cualquier formación en retroceso podrá sacar de sus escaños un rendimiento estratégico. En ese sentido, aunque Iglesias ya no esté en condiciones de aspirar a la hegemonía de su proyecto, todavía tiene a su alcance, por la gatera, el ejercicio de un poder real, incompleto pero tangible y auténtico. Qué importan los errores si al final tienen premio: un verdadero comunista siempre sabe que el camino nunca es recto.

Ignacio Camacho.

Articulista de Opinión.
No les queda ná...

Cuando ya se hayan apagado las velas del pastel y todos hayan marchado a casa, ellos saben que empieza lo difícil.

Carlos Herrera.

Actualizado:

18/01/2019 10:08h.

No habrán de pasar más de dos o tres lunas antes de que conozcamos la composición del Gobierno de Moreno al frente de la Junta de Andalucía. Independientemente de los nombres que lo formen -digamos que no se esperan grandes sorpresas-, ese gabinete se enfrenta a un ramillete de desafíos capaz de asustar a cualquiera. Hay cosas que la ilusión y el vapor de estos días resultan incapaces de amortiguar, y casi todas pasan por desarmar y desalojar una estructura casi indesmontable: la que ha formado un partido político a lo largo de casi cuarenta años de ejercicio del poder en la confianza, ojo, de que difícilmente sería removido de sus estructuras.

Pero las dificultades también discurren por otro sendero: el gobierno PP-Cs despierta una serie de expectativas que difícilmente podrá cumplir por muy buena voluntad que luzca y por mucha dedicación y valentía que le eche. Podrá bajar los impuestos y aligerar los trámites para los inversores que crean en las posibilidades de Andalucía, pero de repente no van a caer en manada los creadores de riqueza y los dueños del dinero; podrá estimular la creación de puestos de trabajo, pero el paro no va a bajar de un mes a otro hasta cifras homologables con otras regiones o países; podrá mejorar estructuras educativas, pero el fracaso y el abandono escolar no son cosa de dos días ni de dos años; podrá racionalizar las estructuras sanitarias, pero las listas de espera se van a poner ellas mismas en lista de espera y no se disuelven de la noche a la mañana, ni las urgencias multiplican por tres sus instalaciones y profesionales en unas semanas; podrá recortar el gasto superfluo pero reajustar los diversos capítulos en los que se desparrama el dinero público no es tarea de unos meses; podrá intentar racionalizar Canal Sur, pero hasta para nombrar director general deberá contar con el PSOE, no digamos para reducir una radiotelevisión de 1.500 trabajadores que, a excepción de los informativos, encarga todos los programas a productoras externas.

Las cosas no se arreglan en unos meses ni en un año, ni posiblemente en dos o tres, teniendo, además, que asumir que les culpen de cualquier desahucio, crimen machista, violación en manada o tragedia con inmigrantes. Es decir, cuando ya se hayan apagado las velas del pastel y todos hayan marchado a casa, ellos saben, Moreno y también Marín, que empieza lo difícil.

Sin embargo no podrá ser excusa para ejecutar lo que saben que se espera de ellos. A pesar de ser un gobierno de dos patas deberán mantener cohesión interna, tendrán que acostumbrarse a que los susanistas o el resto de socialistas les hagan la vida imposible en la calle y deberán aguantar a un Gobierno central presidido por un tipo sin escrúpulos que no les va a ayudar absolutamente nada. Y desde el mismo lunes deberán comenzar a inspeccionar el estado en el que le han dejado las cosas por una sencilla razón: queremos saberlo todo. Y si para eso han de pasar un tiempo abriendo cajones y falsos techos que lo hagan. Queremos saber cuántos colocados a dedo hay ahí dentro mantenidos con el dinero que nos han venido confiscando a los andaluces, cuántas fundaciones son de verdad y cuántas son una filfa, cuántas asociaciones se han dedicado al pesebreo y cuántas al noble fin encomendado, cuántos centros de interpretación de la almeja y el mejillón, grupos de formación, cursos de danza del vientre, empresas instrumentales, mariscadas y puticlubes venimos pagando los ciudadanos con el único dinero que hay, que es el nuestro. No va a ser fácil por cuánto son muchos años haciendo uso del poder y, por lo tanto, de los resortes administrativos necesarios para el camuflaje de las cosas. Pero ni siquiera ello es excusa. Gocen de fortuna y muestren dedicación. La causa lo merece.

Carlos Herrera.

Articulista de Opinión.
¿Aprenderemos algo del Brexit?

Adivinen quién entrena para hacer el papel de Cameron.

Isabel San Sebastián.

Actualizado:

17/01/2019 00:17h.

os errores de un solo hombre pueden resultar letales para toda una nación. Lastrar irremediablemente el futuro de generaciones. Destruir siglos de esfuerzos y proyectos compartidos. La historia abunda en ejemplos que ignoramos con obstinación, aunque resplandezcan ante nosotros como semáforos en rojo. El último, sin ir más lejos, es ese malhadado Brexit que empezó con una moneda lanzada irresponsablemente al aire y va camino de acabar como el rosario de la aurora.

Fue la ultraderecha británica, un grupúsculo insignificante encabezado por Nigel Farage, la primera en pedir la salida del Reino Unido de la Unión Europea, augurando incontables e inmediatos beneficios para los ciudadanos de a pie, esgrimiendo burdas mentiras a guisa de argumentos y envolviéndose en la bandera como si fuese de su propiedad. Ni Londres aportaba al club el dineral denunciado, ni recibía de éste migajas despreciables, ni soportaba un flujo migratorio insostenible procedente de los países miembros, ni podía permitirse dar semejante portazo sin sufrir onerosas consecuencias. Pero ¿a quién importaba la realidad cuando ese discurso demagógico reportaba a sus portavoces una elevada rentabilidad en las urnas? A nadie. Tan así fue, que el primer ministro conservador, David Cameron, cuya obligación habría sido oponerse frontalmente a esa basura, combatirla con todos los medios a su alcance y enarbolar valientemente la verdad, se dejó llevar por la corriente con el fin de promocionar su propia carrera. Movido por una peligrosa mezcla de ambición personal, arrogancia, imprudencia y estulticia (¿les suena?), convocó un referéndum de autodeterminación con respecto a la UE que implicaba otorgar al cuerpo electoral de ese momento concreto la potestad de jugarse semejante decisión a cara o cruz. Y perdió. Perdieron él y el Reino Unido, que desde entonces se desliza por una pendiente resbaladiza hacia el aislamiento internacional, la pérdida de influencia, la devaluación tanto de su moneda como de sus empresas y un empobrecimiento generalizado que ya se deja notar con fuerza.

Han pasado dos años. Ni Farage ni Cameron han sobrevivido políticamente al fracaso, lo que constituye un triste consuelo para los británicos, abocados a un Brexit sin acuerdo, de terribles consecuencias económicas, o, en el mejor de los casos, desandar lo andado y asumir los daños. Europa ha hecho valer la fuerza de sus convicciones, aceptando el órdago sin achantarse. Los embustes con los que se armaron las huestes de la ruptura han demostrado tener las patas muy cortas, aunque los lamentos lleguen a destiempo.

¿Aprenderemos algo los españoles de esta magistral lección? Sinceramente, lo dudo. Nuestros populistas de ambos lados del espectro mantienen sus mensajes eurófobos, renegando de múltiples aspectos de la Unión y propugnando la recuperación de parcelas de soberanía en base a razones distintas y hasta contrapuestas, como si la incorporación a ese espacio de paz, libertad, progreso y democracia no fuese lo mejor que nos ha ocurrido, como pueblo, desde hace varias centurias. Demasiado tarde se han dado cuenta los ingleses de lo que supone escupir al cielo. Aquí muchos no se enteran o no se quieren enterar.

¿Y qué decir de los separatistas, obstinados en repetir toscas consignas falsarias semejantes a las empleadas por los impulsores del Brexit para hundir a sus compatriotas en el fango? «España nos roba». «Cataluña aporta mucho más de lo que recibe». «Los catalanes y vascos trabajan para mantener a un atajo de vagos». «Una Cataluña o un País Vasco independientes de España serían países más ricos integrados sin problemas en la UE». ¡Bazofia destinada a los incautos! Mientras tanto, adivinen quién entrena duro para hacer el papel de Cameron...

Isabel San Sebastián.

Articulista de Opinión.
Un trabajo de Hércules.

¿Va a ser capaz el gobiernode Juanma Moreno de desmontar todo esto?

José María Carrascal.

Actualizado:

16/01/2019 11:52h.

La víspera de tomar posesión del Gobierno sudafricano, Nelson Mandela confesó a sus más íntimos colaboradores: «Ahora llega lo más difícil». Eso lo decía un hombre que había pasado la mayor parte de su vida en la cárcel, enfrentado a los más arduos desafíos. Sin establecer una equivalencia, simplemente como recurso literario, es lo que Juan Manuel Moreno diría a sus íntimos colaboradores, si los tiene, tras ser investido presidente de la Junta de Andalucía. Porque si desplazar al PSOE de lo que ha sido su fortín y feudo desde la llegada de la democracia a España fue tan largo como difícil, acabar con la herencia que deja semeja uno de los doce trabajos de Hércules: la limpieza de los establos de Augías, con 3.000 bueyes, no baldeados desde hacía años. En Andalucía había, más que una administración donde ejecutivo, oposición, cámaras, partidos, funcionarios, empresarios, trabajadores, sindicatos y ciudadanos desempeñan el papel que les corresponde en una democracia, un régimen, un sistema donde todos ellos formaban parte de una espesa red clientelar por encima y debajo de los cauces administrativos.

Como en una inmensa familia, sin importar el bando a que perteneciera cada uno, se hacían negocios, establecían relaciones, promovían iniciativas y cerraban tratos, la mayoría de las veces sin necesidad de firmar otros papeles que los absolutamente necesarios, como cuando se accedía a un cargo o recibía una subvención. Ha venido siendo la tierra de «mi padre trabaja en el paro» y de los empleados que no los conocían en sus puestos de trabajo por no aparecer en ellos. Eso, por no citar los casos más obscenos, como los salidos a la luz en el juicio de los ERE, cuya mayor obscenidad era tratarse de dinero para los parados. Leo que hay 247.797 funcionarios autonómicos, 27.304 en chiringuitos, 15 fundaciones, 17 sociedades mercantiles dependiendo en mayor o menor grado de la Junta. Más lo que pueda haber debajo.

¿Va a ser capaz el gobierno de Juanma Moreno de desmontar todo eso? Porque sin desmontarlo, no se logrará la renovación que le llevó a presidir la Junta. Y que va a enfrentarle a buena parte de la población, incluidos bastantes de su partido. Por no hablar de que sus socios de gobierno ni siquiera se hablan y se odian entre sí. De la oposición, con Susana Díaz a la cabeza, qué voy a decirles. No es que vayan a ponerle palos en las ruedas, es que, si puede, le deja sin ruedas y sin carro. La expresidenta no ha tardado ni un minuto en darle el primer aviso, fletando una caravana de autobuses para protestar ante el Parlamento de su toma de posesión, con Vox como su blanco favorito. Si pensamos que del éxito o fracaso del tripartido andaluz va a depender en buena parte lo que ocurra en el resto de España, uno se echa a temblar. Aunque también parecía imposible arrebatar su cortijo al PSOE, y ya ven. Pero Mandela tenía razón: lo más difícil viene ahora.

José María Carrascal.

Articulista de Opinión.
¡Es la democracia, estúpido!

Como dijo Maura «es menester oponer a las izquierdas todas las derechas y traerlas con plenitud de sus fuerzas sociales a la vida y a la influencia en el Estado»

Ramón Pérez-Maura.

Actualizado:

16/01/2019 00:09h.

Bill Clinton, aquel adalid de la progresía internacional y valedor político de Hillary Clinton, la fracasada contendiente de Donald Trump, ganó la Presidencia de los Estados Unidos a George Bush padre en 1992 espetando en los debates electorales el lema «It’s the economy, stupid!». El Bush que presidió Estados Unidos durante la caída del Muro de Berlín y la implosión del Imperio Soviético, el ganador de la guerra del Golfo con la que se liberó Kuwait, el que derrocó al dictador Noriega en Panamá perdió las elecciones tras un solo mandato porque no se dio cuenta de lo que estaba ocurriendo más cerca de su despacho. Perdió el contacto con la realidad.

Ayer asistimos a unos hechos de enorme gravedad en Sevilla. Esta izquierda española que se dice tan antinorteamericana, en realidad sólo es anti los que no son de los suyos. Porque lo primero que ha hecho el PSOE -el de Díaz y el de Sánchez por igual- ha sido convocar dos manifestaciones en Sevilla ayer, mañana y tarde, contra el resultado de las elecciones. Exactamente lo mismo que hizo la izquierda norteamericana al día siguiente de la victoria de Trump contra Hillary Clinton. ¿Hay algo más antidemocrático -«fascista» como dicen ellos, no yo- que manifestarse contra el resultado de unas elecciones? Esta izquierda española -y la de muchas otras latitudes- no cree en la democracia. Porque la democracia sólo les vale cuando ganan los que ellos quieren. O, como mucho, los que no les disgustan demasiado.

Mas la cosa es aún peor. Quien ha promovido esta manifestación antidemocrática ha sido el propio PSOE, que no sólo se ha sumado a la convocatoria, sino que repartió hojas volanderas con el anagrama del partido informando del servicio de autobuses para ir a la manifestación. Los manifestantes fueron acarreados por el partido derrotado. Nunca antes vimos al perdedor de una elección organizar una manifestación ante la asamblea que elige a su sucesor para rechazar la nueva mayoría. A este rechazo de la democracia juega la izquierda española que no acepta el auge de una extrema derecha que es mucho más constitucional que la extrema izquierda de podemos.

En estos días el think tank Floridablanca, que puso en marcha Isabel Benjumea años atrás, ha recordado una cita de Antonio Maura, el gran estadista asaeteado por la izquierda española al grito de « ¡Maura no!», sus argumentos no daban para más... «Es menester oponer a las izquierdas todas las derechas y traerlas con plenitud de sus fuerzas sociales a la vida y a la influencia en el Estado», proclamó don Antonio hace más de un siglo. Entonces, como ahora, la izquierda se rebeló. «Hasta el atentado personal está justificado en el caso de Maura». Eso no lo ha dicho Pablo Iglesias (Turrión) en La Sexta. No. Eso lo dijo Pablo Iglesias (Posse) en la tribuna del Congreso de los Diputados. Y los herederos del PSOE de Pablo Iglesias, que llegaron a encarnar una izquierda razonablemente moderada, están en una deriva totalitaria de extremada gravedad. Me gustaría que alguien me diese un ejemplo siquiera remotamente similar de irrespeto de la voluntad popular por parte del Partido Popular. Ni siquiera después de las elecciones de 2004, en las que el PSOE violó las reglas de la democracia violentando la jornada de reflexión y participando en manifestaciones ante las sedes del PP. Pero vivimo en la gran mentira y los enemigos de la democracia reparten carnets de demócratas. El acabose.

Ramón Pérez-Maura.

Articulista de Opinión.
Croquetas antifascistas.

No me queda claro que Teresa Rodríguez tenga en regla la certificación de hervores homologados.

Rosa Belmonte.

Actualizado:

15/01/2019 03:43h.

En «Mis diez Mandamientos», Cecil B. DeMille escribe que el principal obstáculo para su fundación fue el antisemitismo. «Aunque ignoro las causas (los psicólogos podrían desentrañarlas mejor que yo), los movimientos llamados conservadores suelen atraer a ciertos colectivos de chiflados. Tal vez la extrema izquierda tenga también sus propios locos, pero no estoy muy seguro». A ver, una señora que dice hacer «croquetas antifascistas» tampoco se puede decir que tenga en regla la certificación de hervores homologados. Ya saben que Teresa Rodríguez se fotografió en su cocina apañándolas con este texto: «Estaba preparando el discurso de investidura y me he puesto a liar croquetas. Me han salido unas croquetas antifascistas de 10...». Según la foto, parecía que las había liado con las manos y no con una hoz y un martillo. Eso sí tendría mérito.

Enseguida me acordé de Julita en «Muchos hijos, un mono y un castillo». De cuando la madre de Gustavo Salmerón recuerda que de joven estaba enamorada de José Antonio Primo de Rivera y que tuvo un sueño donde hacía croquetas con su carne. A lo Sweeney Todd. No las llamó croquetas fascistas. Pero, oye, entre tantas tempuras, carrilleras y tatakis de atún en los restaurantes de medio pelo y uno de 50, casi echo de menos esa novedad culinaria. Ya no preguntaremos si son de jamón, pollo o carabineros. ¿Son croquetas fascistas o antifascistas? Cuando gobernaba el PP hubo un tipo que dijo querer comerse la papada de Zoido. La de Zoido no sé, pero la papada de Joselito es una de las cosas más deliciosas que se pueden comer para engordar. Una tortilla poco cuajada, unas lascas por encima transparentándose, algo de cebollino y a jalar. Issei Sagawa, el caníbal japonés que se zampó a una estudiante holandesa después de invitarla a su casa para hablar de literatura, también había tenido un sueño. Atribuía sus querencias caníbales a uno que había tenido de niño. Veía a sus padres servir a su hermano pequeño como comida en una olla. Qué cosas. Cualquiera nos lo habríamos imaginado boca abajo como un cochinillo y con una manzana en el morro.

Pero también me he acordado de otra cosa anterior a Julita (bueno, anterior a la película). En 2008, Bibiana Aído puso el grito en el cielo por unas croquetas. No sólo ella, también alguna ofendida del PP. Fue por un anuncio de Letras del Tesoro siendo Pedro Solbes ministro de Economía. La campaña acabó suprimiéndose porque el PP pensó que era sexista y Bibiana puso todo su empeño para que fuera retirada de inmediato. En el anuncio había una voz femenina: «Como psicóloga te digo que deberías dejar ese trabajo y olvidarte de tu mujer, que te absorbe toda la energía positiva». Y entonces se oía a un hombre. « ¿Dejar a mi Puri? ¿Pero tú estás loca? Si mi Puri es lo más grande. Cómo se nota que no has probado las croquetas de mi Puri». El anuncio acababa con una voz en off que decía: «Si tu vida es como tú eliges que sea, ¿tu inversión no debería ser igual? Compra Letras del Tesoro. Tesoro Público. Gobierno de España». Pues en una Comisión de Igualdad de la Cámara Alta, a la senadora del PP María Jesús Sainz le pareció «indignante» el anuncio. Dijo que reproducía «los estereotipos más discriminatorios y alejados de la sociedad democrática». Que atentaba «contra los valores éticos y morales». Y era propio «de un país en el que las mujeres ocupan un papel subordinado». Ahí la derecha poniendo en su sitio a la izquierda por las cosas importantes. Ahora mi Puri es Teresa con cocina propia. ¿Serán antifascistas las magdalenas de Carmena?

Rosa Belmonte.

Articulista de Opinión.
El retorno de Rufus T. Firefly.

La política española está tomando tintes de astracán.

Luis Ventoso.

Actualizado:

15/01/2019 03:43h.

La comedia «Sopa de ganso», de 1933, es saludada como la obra maestra de los hermanos Marx y el cénit del humor del absurdo en el cine. Un hilarante logro de la cultura estadounidense, que se custodia entre los tesoros de la Biblioteca del Congreso. Woody Allen asegura que verla sirve para alejar depresiones y elucubraciones suicidas. En la película, Groucho es el arribista Rufus T. Firefly, un tunante con jeta de acero inoxidable que llega a hacerse con la presidencia de Freedonia, un país imaginario cuyas arcas están sumidas en la penuria. La gobernanza de Rufus acaba resultando un sainete excéntrico y los Marx hacen así una parodia vitriólica y salvaje de la peor política.

Una de las mejores bromas de Groucho es falsa (aunque bien podría ser cierta). No es verdad que en el epitafio de su tumba rece un «perdonen que no me levante». En realidad se trata de una austera lápida negra en el cementerio Eden Memorial de Los Ángeles, donde solo figuran sus fechas de nacimiento y defunción y una estrella de David que honra su raíz judía. Si Groucho se levantase de su tumba y tuviese ganas de coña -que sería lo probable-, no tendría grandes problemas para inspirarse y rodar una secuela de «Sopa de ganso». Un par de semanas en España y le sobrarían situaciones chocarreras con las que dar forma a un nuevo guiñol surrealista. Y es que no paramos:

¿Es normal que un partido del que depende que España tenga presupuestos, el PDECat, haya celebrado ayer su comité ejecutivo en el chalet de alquiler de Waterloo de un fugitivo de la Justicia española, aquejado del síndrome de Napoleón en Santa Elena? ¿Es normal que ese partido, ¡que es legal en España!, denomine al chalet del prófugo «Casa de la República en Waterloo»?

¿Es normal que se premie con un enorme plus presupuestario, en detrimento de otras comunidades perfectamente cumplidoras, precisamente a aquella que ha puesto al país en jaque sin necesidad alguna? ¿Es normal que se repita una y otra vez, siendo falso, que el Estado está obligado a cumplir las obligaciones de gasto que le ha fijado una región en su Estatuto?

¿Es normal padecer a un presidente del Gobierno que jamás ganó unas elecciones, que de hecho fue vapuleado dos veces, y que intenta comprar con el dinero de todos la voluntad de partidos separatistas que trabajan abiertamente para intentar destruir España? ¿Es normal acometer la mayor subida de impuestos desde 2012 -ralentizando así el consumo, la inversión y el empleo- justo cuando la economía está desacelerándose? ¿Es normal hacer guiños populistas con las pensiones cuando la caja de la Seguridad Social ya no las cubre y se están pagando a crédito (y mientras se pueda)? ¿Es normal que seamos rehenes de una persona egocéntrica, que maniatada y rehén de los separatistas incumple su palabra dada y se niega a convocar elecciones, pues su única meta es el poder por el poder?

Rufus T. Firefly no lo haría mucho peor.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
Feminismo de secta.

Cada mujer es un mundo. No dejemos que la izquierda nos convierta en peones de sus políticas.

Isabel San Sebastián.

Actualizado:

14/01/2019 08:49h.

No se alcanza la igualdad desde la discriminación; es una contradicción «in terminis». Tampoco son buenos puntos de partida el miedo, la desconfianza y la sensación de superioridad o inferioridad. La perspectiva de género se empeña en destruir la evidencia de que cada persona, independientemente de su sexo, es única en su complejidad, soberana e irrepetible. De ahí que resulte insultante ese feminismo de secta empeñado en meternos a todas en un mismo saco, atribuirnos una ideología consustancial a nuestra condición femenina y convertirnos en marionetas al servicio de una causa perfectamente definida: la de la izquierda que se autodenomina «progresista» cuando los hechos demuestran que solo sus dirigentes progresan bajo su gobierno. Conmigo que no cuenten. Me niego rotundamente a dejarme utilizar.

Yo ejercía de feminista, en el sentido literal de la palabra, cuando Irene Montero no era ni un proyecto en la mente de sus padres. Escogí un oficio eminentemente masculino entonces, en una especialidad, el periodismo político de prensa diaria, en el que esa prevalencia se traducía en condiciones laborales prácticamente incompatibles con la conciliación familiar. A diferencia de la lideresa podemita, crié a mis hijos con dos meses escasos de baja y nulas ayudas a la maternidad. Mi generación trabajó muy duro para conseguir los derechos que ella ha disfrutado, exigir oportunidades, demostrar capacidad y desmontar incontables prejuicios arraigados en la sociedad, después de que la anterior hubiera logrado, con la participación activa de muchos hombres, derribar los obstáculos legales que impedían a las mujeres ser dueñas de su destino en España. Guárdense por tanto sus lecciones Adriana Lastra, Carmen Calvo, Teresa Rodríguez y demás sacerdotisas de la nueva religión que nos trata como a seres desvalidos, necesitados de tutela y ventajas. Basta ya de usurpar la representación de un colectivo que engloba a la mitad de la humanidad. Yo no comulgo con sus dictados ni acepto sus dogmas. No se atrevan a hablar en mi nombre. No me incluyan en su lista.

La palabra de un varón no puede valer más que la de una mujer, ni tampoco menos, como ocurre en las denuncias por violencia de género. Esa presunción contraviene un principio esencial de la democracia y en nada contribuye a combatir ese delito. A las mujeres no «nos» matan ni «nos» violan por ser mujeres, tal como postula el discurso oficial de esas gurús, entre otras razones porque la inmensa mayoría los hombres no va por ahí violando o matando a nadie. Algunas mujeres, afortunadamente muy pocas en nuestro país si lo comparamos con otros vecinos, son víctimas de esos crímenes, porque algunos hombres, los menos, son criminales cuyo lugar está o debería estar en la cárcel, de por vida en el caso de los multirreincidentes. De por vida, sí, digan lo que digan las mismas voces biempensantes que se atribuyen en exclusiva la defensa de esas víctimas. Condición femenina y anticapitalismo o socialismo son conceptos que nada tienen que ver entre sí. Magnitudes de ámbitos distintos. Las mujeres no tenemos un derecho sacrosanto al aborto, porque en el acto de abortar hay dos vidas implicadas y dos derechos contrapuestos: los de la madre y los del hijo, por no mencionar los del padre, paradójicamente librado de cualquier responsabilidad. Ignorar esta realidad es falaz y deshonesto. Identificar feminismo y aborto, como dos caras de una misma moneda, denota, una vez más, una falta de respeto absoluta a los valores y creencias de millones de mujeres tan consagradas como la que más a la lucha por conseguir la plena y total igualdad. Cada mujer es un mundo. No dejemos que nos conviertan en peones de sus políticas.

Isabel San Sebastián.

Articulista de Opinión.
Te habrás quedado "calvo" con esa reflexión, pues claro que solo se ve en Telecinco, pero te los meten cuando tú estas viendo otros programas, quieras o no quieras.

¿Los chismes nos gustan a todo el mundo? Depende de que chismes, a mi un buen programa de entrevistas, con gente que tenga algo de "importancia" me gusta y me entretiene, lo que no me hace ni pizca de gracia es que me metan en medio a gente de la farándula tipo de los citados.
No, no, calvo no me he quedado, tengo una buena mata de pelo, date cuenta que cuando voy a la montaña me hago una coleta para que el aire no me lleve la melena al aire, por lo que veo tu sabes bastante de "chismes" ¿el motivo?, pues eso que estás siempre con TELE-5, en las demás cadenas no te ponen nada de lo que tu dices, eso no es verdad, a ti te gusta la Belén y sus mariachis, no disimules que lo haces muy mal., seguro estoy que ahora mismo estás viendo a esta "panda", las demás cadenas no interrumpen nada de lo que tu comentas.
Lo he leído detenidamente y dice verdades como puños, verdades que por otra parte podemos comprobar por nosotros mismos.

No se entiende que programas como Gran Hermano, y similares tengan la audiencia que tienen, ý personajes del corazón tipo Isa Pantoja y demás estén ganando mas dinero que cualquier médico o investigador, señalo esos dos "fenómenos" ya que nos los meten a diario estés viendo lo que estés viendo, cosa que debería estar totalmente prohibida.

Yo creo que El Gobierno debería ... (ver texto completo)
No llevas razón en lo que dices de:<<ya que nos los meten a diario estés viendo lo que estés viendo, cosa que debería estar totalmente prohibida>>. Y yo digo: esto solo se ve en el canal de TELE 5, cadena que por cierto según los sondeos es la que más se ve, pero si usted está viendo TVE, TV2, TV3 y así otras cuantas más ni la pantoja ni el pantojo salen en ellas, o sea, que el "asunto" es bien fácil...................., pero............. ocurre que los "chismes" nos gustan o tod@s mucho.
Pues toma NOTA y aplícate la máxima, o sea........................... ..
Ciudadanos parece que tiene miedo a gobernar. El débil Pacto de Andalucía, se puede romper en cualquier momento. Ciudadanos, no es de fiar y posiblemente entorpezca, la gobernabilidad de la Comunidad Andaluza.
Ya se comentó en el Foro, que al fin y al cabo, ayudaron a gobernar a Doña Susana. Cuando empiezan las Auditorías?.
Ciudadanos pagará caro el desprecio que hace a VOX, en las próximas se verán los resultados, luego que no se llame a engaño, VOX arrasará.
Una frase de Barrés.

Los líderes políticos españoles están hoy tan enfrentados como cuando Emile Zola escribió su famoso artículo Yo acuso.

Pedro García Cuartango.

Actualizado:

11/01/2019 00:47h.

Leyendo los diarios de André Gide, me encuentro una cita que el autor atribuye a Maurice Barrès que me hace reflexionar: «Lo más terrible, lo más cruel, es tener que votar siempre con el propio partido». Barrès, que murió en 1923, era nacionalista y conservador, pero su lucidez intelectual le llevaba a ser muy crítico con los usos políticos dominantes en la Francia de la Tercera República.

El escritor, diputado, académico y novelista francés estaba enamorado de España y fue autor de una obra titulada El Greco o el secreto de Toledo. Viajaba con frecuencia a nuestro país, donde tenía muchos amigos como el pintor Ignacio Zuloaga, que le retrató vestido de negro y con un libro en la mano, en actitud contemplativa con Toledo al fondo. El cuadro se puede ver hoy en el Museo de Orsay.

Barrès acabó adoptando una postura cínica, asqueado por las transacciones de los partidos y el sectarismo que dominaba la vida pública. «La política no es asunto propio de filósofos ni moralistas. Es, por el contrario, el arte de sacar de una situación determinada el mayor beneficio posible», afirmó.

Aunque la España de nuestros días es muy distinta de la Francia de la Tercera República, nacida del desastre de Sedan, hay un clima semejante de intolerancia y oportunismo entre los partidos que recuerda a aquel periodo histórico.

Los líderes políticos españoles están hoy tan divididos y enfrentados como cuando en 1898 Emile Zola escribió su famoso artículo Yo acuso, denunciando la manipulación de las pruebas en el caso Dreyfus y la injusta condena del oficial. Fue entonces cuando se desató un violento antisemitismo que le llevó al propio Barrès a culpabilizar al capitán Alfred Dreyfus con el argumento de que era de raza judía, negándose a reconocer las artimañas de la cúpula de Ejército.

Barrès acabó actuando con el mismo sectarismo que repudiaba y optó por anteponer unas ideas preconcebidas a la verdad, una mancha que todavía le persigue y que opaca su trayectoria intelectual, mientras que Zola ha pasado a la historia por su incómodo alegato en defensa de Dreyfus.

Lo que me pregunto es por qué un político tan consistente y perspicaz como Barrès fue capaz de negar unos hechos evidentes y de caer en un antisemitismo radical que le cegaba para analizar la realidad. Carezco de respuesta, pero observo que hay muchos líderes en nuestro país, a uno y otro lado del espectro ideológico, que se dejan llevar por el fanatismo.

Los sentimientos y las pasiones sólo conducen al error en la política. Manca finezza, como observaba Andreotti, y sobra trazo grueso. Los insultos y las descalificaciones han desplazado a los razonamientos mientras un aroma de guerracivilismo impregna los debates.

Si he sacado a colación a Barrés es porque no se me ha ocurrido otro ejemplo mejor de cómo personas inteligentes y sensibles, con sólidos valores, pueden dejarse arrastrar por los prejuicios hasta rozar la estulticia.

Pedro García Cuartango.

Articulista de Opinión.
Postureo estéril.

El único que ha remado hacia el pacto en Andalucía ha sido el PP de Casado, mientras Ciudadanos y Vox ponían palos entre las ruedas.

Isabel San Sebastián.

Actualizado:

10/01/2019 01:19h.

Las negociaciones que han permitido alcanzar un pacto de cambio en Andalucía provocan incredulidad tendente a la melancolía. No hablo de los dirigentes desalojados, no. Esos vivieron la jornada electoral con estupor, pusieron en marcha las trituradoras al considerar inminente su salida de los despachos que habían ocupado durante casi cuatro décadas y se dieron por cesados, muy a su pesar, ante la derrota sufrida a manos de PP, Ciudadanos y Vox. De haber conseguido PSOE y Podemos nueve escaños más de los alcanzados habrían fraguado de inmediato un acuerdo destinado a seguir repartiéndose el poder, por lo que en aquellos días de diciembre uno y otro se dijeron que eso harían los vencedores no tardando mucho. ¡Craso error de percepción! Fiel a su tradición fratricida, el centro-derecha español se enzarzó en peleas intestinas en lugar de sumar fuerzas, con el consiguiente espectáculo de lucha en el barro resuelto ayer, in extremis, merced a la mediación popular.

Y es que aquí el único que ha remado decididamente hacia la playa del consenso ha sido el PP de Pablo Casado, pese a sufrir en sus siglas el ataque de unos y otros. Contra su barca se han levantado el postureo estéril de Cs y el extremismo de Vox, dedicados a poner palos entre las ruedas de un posible acuerdo. Los de Rivera adoptaron desde el inicio una actitud esnob, de ninguneo ostentoso a las huestes de Abascal, percibidas y tratadas como un socio indispensable al que era preciso, no obstante, mantener oculto a los ojos del mundo democrático. Abrió las hostilidades el recién llegado Manuel Valls, profundo desconocedor de nuestro país, y nadie en su formación se atrevió a pararle los pies. Los malditos cálculos electorales, avizoro, mandarían priorizar el célebre «cordón sanitario» sobre el sentido común, el coraje y el interés de los andaluces. De manera que ahí ha estado Juan Marín, subido a su pedestal biempensante, esperando a que fuera Teodoro García Egea quien se «manchase las manos» consiguiendo los votos necesarios para proclamarle vicepresidente de la Junta. Al otro lado de la mesa negociadora se sentaba un Javier Ortega Smith cuya posición era, hasta ayer, contraria de facto al entendimiento. El documento de 19 puntos presentado como base para el diálogo satisfacía sin duda las expectativas de sus militantes más ardorosos, pero no constituía un punto de partida serio si de verdad se pretendía llegar a algo. Era una refutación en toda regla de la Carta Magna, un batiburrillo de medidas viscerales que no distinguía entre competencias autonómicas y estatales, un brindis al sol patriotero, que no patriótico, un desahogo tendente a marcar terreno ideológico a costa de poner en riesgo la posibilidad de un relevo efectivo, o acaso una respuesta a los desplantes de la formación naranja, a todas luces pueril, ya que perjudicaba al conjunto de los ciudadanos andaluces, ansiosos por ver aire nuevo impregnar los pasillos de San Telmo.

Al final se ha impuesto la cordura gracias a los buenos oficios de los embajadores populares, cuyo trabajo hará presidente a Juan Moreno Bonilla a costa de un serio desgaste para su partido a escala nacional. Las encuestas no parecen premiar los riesgos que ha corrido Casado tendiendo la mano a sus rivales por un mismo espacio electoral, sino que castigan esa labor constructiva con una pérdida de apoyos a ambos lados del espectro. España es un país ingrato, además de cainita. Siempre lo ha sido. Tal vez eso explique la abundancia de cobardes, mediocres, sectarios, extremistas y corruptos en nuestra escena política. ¡Ojalá que esto cambie algún día!

Isabel San Sebastián.

Articulista de Opinión.
Los muy volubles principios políticos de Ciudadanos.

¿Qué tiene que ocurrir para que Albert Rivera exija la inmediata expulsión del PDECat del Grupo ALDE?

Ramón Pérez-Maura.

Actualizado:

09/01/2019 08:52h.

Estos días se ha comentado mucho la distante actitud de Ciudadanos en Andalucía, donde quiere hacerse con su cuota de poder sin «mancharse» con el respaldo de los casi 400.000 andaluces que sufragaron por Vox. Este juego de Ciudadanos ya lo hemos visto antes, porque su victoria histórica en Cataluña se tradujo en no molestarse ni en presentar la candidatura de Inés Arrimadas en el Parlamento, ratificando así que la verdadera victoria seguía siendo la de siempre: la de los catalanistas que ahora buscan abiertamente destruir España.

Veo ahora otro ejemplo verdaderamente notorio de la doblez de Ciudadanos, esta vez en el Parlamento Europeo. Ya hemos comentado en esta columna alguna vez la libertad con la que sigue actuando en el grupo liberal europeo el PDECat, a pesar de que en el mismo se sienta también Ciudadanos. Como ocurre con la mayoría de los partidos europeos, éstos tienen dos organizaciones: el partido como tal y el grupo parlamentario en el Parlamento Europeo. Así, hay un Partido de la Alianza de los Liberales y Demócratas por Europa (ALDE) y un Grupo ALDE en el PE. Todos los diputados miembros de partidos del ALDE tienen que sumarse al Grupo ALDE, pero no es necesario ser miembro de una formación integrada en el Partido ALDE para formar parte de su grupo.

Hace cuatro años, Enrique Calvet, eurodiputado superviviente del naufragio de Upyd, y miembro del Grupo ALDE solicitó la expulsión del PDECat del Partido ALDE. Ciudadanos dijo entonces que no era el momento. Ese momento no llegó hasta hace exactamente dos meses, cuando el Partido ALDE se reunió en Madrid y Albert Rivera podía hacerse la foto expulsando al PDECat. Conste, eso sí, que el PDECat no fue expulsado por su racismo, ni por su voluntad de violentar la Constitución Española, ni por su deseo de sacar a Cataluña de la UE -como ocurriría si la independizaran de España. Fueron expulsados por algo mucho más pedestre: sus casos de corrupción.

Veo ahora que Calvet ha tenido que volver a la carga porque ni Ciudadanos ni el propio Partido ALDE ha hecho nada por expulsar al PDECat del Grupo ALDE. lo que sigue otorgando al eurodiputado convergente Ramón Tremosa -pillado ya demasiadas veces en mentiras flagrantes- la condición de coordinador de Economía del Grupo ALDE. Y aliado habitual de los separatistas flamencos.

Cuesta entender qué pretende Ciudadanos con su lenidad ante la presencia en su grupo del Parlamento Europeo del partido creador del mayor problema político de la España de esta hora. ¿Por qué no combaten Rivera y su gente al secesionismo catalán en su grupo parlamentario europeo con el mismo empeño que demuestran en las tribunas españolas? ¿Qué tiene que ocurrir para que Rivera exija la inmediata expulsión del PDECat del Grupo ALDE? ¿Está Albert Rivera esperando a la oportunidad de hacerse otra foto como la del congreso de su partido en Madrid? Pues la realidad es que estamos ya casi en campaña electoral para las elecciones europeas de mayo. Aunque claro, bien pensado, supongo que a Rivera lo que le importa más es hacerse la foto en el último tramo de la campaña sin importarle que el PDECat se haya beneficiado de haber sido miembro del Grupo ALDE durante cinco años. Y créanme si les digo que ser parte de uno de los grandes grupos del Parlamento Europeo es una verdadera sinecura.

Ramón Pérez-Maura.

Articulista de Opinión.
El desprestigio del cálculo.

Es poco sabio imitar a quien naufraga.

Hermann Tertsch.

Actualizado:

08/01/2019 08:28h.

Nadie sabe cómo acabará el culebrón andaluz y si los miedos a los efectos de la propaganda «antifascista» de la izquierda y las ganas de buscar posiciones ante unas elecciones, primero europeas y municipales y después generales, van a obrar el milagro de salvar a Susana Díaz. Es improbable. El partido que crece como esperanza de aquellos que la habían perdido, basa su mensaje e identidad en ser distinto a los demás. Y debe suponerse que en la investidura primará el interés de España. Sin caer en trampas de fuerzas filosocialistas para una investidura de Díaz por rebote o nuevas elecciones que permitan a Marín volver al redil socialista como algunos querrían. El bien de España hoy pasa por no frustrar el poderoso mensaje de esperanza para toda la nación que es el acontecimiento de que los socialistas saquen sus sucias manos del poder en Andalucía por primera vez en 37 años. Aunque se vea como premio a la petulancia de Cs, incapaz de tratar con respeto a quien le cede los votos necesarios para el gobierno con el PP.

Deberían saber entretanto que las ofensas a Vox siempre benefician al ofendido. El despreciar a sus demandas ha provocado el extraordinario fenómeno de que hoy toda España es consciente de la existencia de unas leyes de género grotescas, injustas, anticonstitucionales y bribonas que la izquierda impuso en Andalucía. Que son además de una aberración jurídica y un rodillo totalitario que despoja de derechos a los españoles, un mecanismo de saqueo continuado, masivo y obsceno del erario español. Como dice el que fuera dirigente de UPyD Andrés Herzog: «No había leído la ley de violencia de género de Andalucía, pero, una vez hecho, me parece un auténtico despropósito, de fondo y forma». Las brutales, injustas e infames leyes de género, como las de memoria histórica, que en Andalucía agravan las nacionales promulgadas por el zapaterismo, han quedado en evidencia y todos saben ya que son inaceptables. Cs y el PP no pueden defenderlas sin perder la razón, coherencia y credibilidad política.

Por eso no debieran confiar demasiado en Cs en que, ninguneando a Vox, van a ganar mucho aplauso. Más allá del de un decrépito Emmanuel Macron y un Manuel Valls cada vez más desubicado. La sociedad española está harta de maniobras, de listos y de tacticismos. Quiere verdades articuladas. Los cálculos maniobreros del politiquerío están tan desprestigiados como el eufemismo. Es probable que los gestos inequívocos de denuncia política de Vox, parejos a su generosidad al dar a quien le ofende unos votos necesarios para abatir al corrupto socialismo andaluz, le suponga un rédito mayor a ese partido que a Ciudadanos su altanería. A Albert Rivera le perseguirán las muchas imágenes de sus idilios y carantoñas con el líder de un partido antisistema, anticonstitucional, comunista, antidemócrata, amigo de Bildu y de las FARC y de Maduro y Ortega y de los golpistas en Cataluña. Con el que no tuvo empacho de hacer programas comunes. Mientras le niega una foto y no tiene más que desplantes e improperios para un partido nuevo que se declara ferviente defensor de la legalidad y la unidad de España, del Rey, las instituciones y la Constitución, aunque aspire a cambiarla legal y constitucionalmente. El furor antifascista frente a quienes no son fascistas sino fuerzas que desafían el marco del consenso socialdemócrata que impide la representación real es un autoengaño de los partidos tradicionales. Lo inaudito es que obnubile a Ciudadanos, que se ponga a imitar al náufrago, como si quisiera seguir al PSOE a la agonía final de la socialdemocracia en las sociedades desarrolladas.

Hermann Tertsch.

Articulista de Opinión.
Pactos.

La ley de violencia de género es un asunto muy menor para ser considerado obstáculo en este tiempo que exige grandeza de miras.

Isabel San Sebastián.

Actualizado:

07/01/2019 01:08h.

El pueblo puede equivocarse, y de hecho se equivoca a menudo, pero sigue siendo soberano. La historia demuestra con creces que cualquier alternativa es peor, dado que los errores individuales suelen pagarse más caros y no durante un tiempo tasado, sino a lo largo de períodos sujetos únicamente al arbitrio del dictador. La democracia, en su sabiduría, establece que sea el cuerpo electoral quien reparta las cartas otorgando a cada fuerza política una determinada cuota de poder que administrar, y deja en manos de estos administradores la responsabilidad de adecuar su actuación a la voluntad de los electores. El mayor o menor acierto en la interpretación de ese mandato determinará la suerte de los jugadores al final de la partida, cuando la ciudadanía recupere la voz y el voto.

Esas son las reglas del juego. En cuanto a los participantes, han ido aumentando en número a lo largo de los últimos años, lo que complica la situación y les obliga a hilar más fino a la hora de desentrañar el mensaje oculto de las urnas. Hasta hace poco, la cosa era muy sencilla: ganaba el PSOE o ganaba el PP, con propuestas claramente diferenciadas, al menos en teoría. En caso de que no dieran los números, se compraba el respaldo de los nacionalistas con dinero público y parcelas de soberanía, procurando ocultar los detalles del cambalache a la opinión pública con el fin de convertirlo en una transacción respetable. Así ha funcionado el sistema de Gobierno español desde la Transición hasta las pasadas elecciones generales, en que la irrupción de Podemos y Ciudadanos multiplicó las combinaciones posibles. Ahora la sólida presencia de Vox en el escenario da una nueva vuelta de tuerca a la complejidad del mecanismo, cuya prueba de fuego está teniendo lugar en Andalucía después de haber mostrado en la moción de censura el riesgo inherente a sus engranajes.

La España del bipartidismo ya no existe, ni a escala estatal ni tampoco en la mayoría de las autonomías que la integran. Los ciudadanos, equivocados o no, han decidido obligar a sus políticos a que alcancen pactos y están a la espera de ver hasta dónde llega su capacidad de acuerdo. Descartada una gran coalición entre los viejos adversarios de siempre, que ni siquiera ante la terrible crisis mostraron la menor disposición a remar en la misma dirección, queda el recurso a coaliciones de centro-izquierda o centro-derecha, con o sin el apoyo de fuerzas de una u otra adscripción ideológica no ya nacionalistas, sino lanzadas de lleno al monte del independentismo, tanto en Cataluña como en el País Vasco. En la fragua de esas alianzas van a retratarse de ahora en adelante nuestros representantes políticos, en un circo de cinco pistas que requerirá de ellos tanta firmeza como flexibilidad y tanto diálogo como fortaleza en el trato con el interlocutor, pero, sobre todo, un alto grado de acierto en la identificación de sus propias prioridades y en la determinación de sus líneas rojas. Es decir, un análisis profundo y certero de lo que para sus votantes son propuestas más o menos atractivas y lo que, por el contrario, son principios irrenunciables.

El PSOE de Pedro Sánchez ha escogido por amigos a podemitas y separatistas. Una elección elocuente. El PP de Pablo Casado trata de alcanzar un pacto con Ciudadanos y Vox. Abascal y Rivera retienen la pelota en su tejado, mientras dilucidan su discusión bizantina sobre la ley andaluza contra la violencia de género. Un asunto muy menor para ser considerado obstáculo en este tiempo convulso que exige grandeza de miras.

Isabel San Sebastián.

Articulista de Opinión.
Finura y firmeza ante un desafío.

Hasta los más intensos seguidores de Vox saben que no pueden ser quienes impidan el desalojo socialista.

Carlos Herrera.

Actualizado:

04/01/2019 01:14h.

Ya verás tú como al final todo se va al garete por una pendencia acerca de las diferencias sobre una ley concreta que mantienen unos y otros, principalmente Ciudadanos y Vox. A la gente de Rivera siempre le ha dado asco saber que va a gobernar Andalucía merced a los votos de la gente de Abascal, y a los derechistas emergentes les revuelve el estómago tragarse los desprecios estratégicos que les dedican un día y otro también los llamados liberales naranjas, esos a los que, de verdad, de verdad, lo que les gustaría es gobernar con el PSOE en todas partes. Al PP le coge enmedio, y algo me dice que estaría dispuesto a cambiar lo que hiciera falta (con un poco de disimulo) ahora que están a punto de tocar el poder en Andalucía después de haber obtenido el peor resultado de su historia, sabiendo, no obstante, que serían los grandes perjudicados del enroque de Vox ya que Cs dejaría pasar el turno, esperaría unas nuevas elecciones y siempre podría pactar con Susana sin importarle ya todo lo que hubiera dicho anteriormente.

Vox, supongo, es conocedor de lo que se juega, puede presionar, forzar posiciones, buscar espacio mediático, demostrar que son decisivos, hacerse los machotes, contentar a sus seguidores más hiperventilados, lucir exhibición de principios y todo eso, pero no pueden pasar por ser los causantes de una repetición de elecciones que, a buen seguro, movilizarían al electorado socialista que está a punto de ver desaparecer sus prebendas. Allá ellos si quieren cargar con ese mochuelo, pero si hay cabezas inteligentes y con la debida proyección política en el seno de esa formación, deben saber que sus propios votantes, de poder elegir, no elegirían repetición de elecciones. Si se han de tragar algo, harían la vista gorda ante un punto de los noventa que configuran el acuerdo y permitirían el cambio. Hasta los más intensos seguidores de Vox saben que no pueden ser quienes impidan el desalojo socialista por el breve articulado de un fragmento menor del pacto. Deben saber también que los asientos de los que disponen en el Parlamento les habilitan para permitir gobiernos, pero no para condicionar pactos.

Pero tampoco debería extrañar a nadie que un partido que se presenta como gente de principios capaz de renunciar a todo con tal de no traicionar su ideario, consuma parte de su crédito renunciando a protagonizar el relevo histórico en Andalucía. Siempre podría echarle la culpa a los demás y exhibir una gallardía que, a lo mejor, es lo que les gusta a sus votantes. Vayan ustedes a saber, pero a esta hora el socialismo andaluz se está frotando las manos pensando que algo ha conseguido con la demonización de Vox, nada menos que impedir un acuerdo que haría de ellos materia del pasado mediante el consabido efecto de exacerbar el asco en Ciudadanos. A la gente de Rivera le gustaría presumir de una integridad progre que a veces le restan sus pactos con los populares y, como decía más arriba, no se sentiría especialmente perjudicado por la repetición de elecciones ya que mostraría las credenciales de no haber consentido ceder ante la llamada ultraderecha.

Y a todo esto, la casa sin barrer. Las próximas horas nos dirán hasta qué punto están dispuestos a llegar los diputados que encabeza el ex juez Francisco Serrano, muy inamovible en cuestiones como la que ha llevado a su partido a denunciar el pacto. Convendría no ponérselo muy difícil, pero tampoco renunciar a un punto del articulado que no habla más que de buenas intenciones y con un asunto de alta sensibilidad y fácil manipulación demagógica como son las disposiciones legales contra la violencia de género. Habrá que desplegar finura y cierta firmeza. Al PP le coge en el centro de la disputa, así que tendrá que hacer un esfuerzo imaginativo. Suerte.

Carlos Herrera.

Articulista de Opinión.
Pendulazos.

Los dogmas impuestos de la izquierda y la sumisión de la derecha a su dictadura han provocado una rebelión.

Isabel San Sebastián.

Actualizado:

03/01/2019 00:27h.

España ya no se gobierna desde el centro, concepto que ha perdido su sentido. La moderación no solo carece de valor, sino que es percibida por muchos como sinónimo de claudicación, ambigüedad o debilidad. La firmeza se confunde con extremismo. La vehemencia, con licencia para insultar. Durante los últimos años la izquierda ha impuesto con tal virulencia su discurso de lo políticamente correcto y la derecha se ha plegado tan sumisamente a ese conjunto de dogmas ajenos al sentido común, que entre las dos han provocado una verdadera rebelión contra la dictadura del pensamiento único. Y así ha llegado este pendulazo, de alcance aún desconocido.

No es el primero que sufre esta España tan dada al exceso, desde luego. De hecho, nuestra historia abunda en ejemplos que deberían habernos enseñado algo. Pero como desde hace tiempo dicha área de conocimiento ha sido supeditada a los intereses cortoplacistas de los gobiernos de turno, nacionales o autonómicos, una gran cantidad de españoles desconoce su pasado o ha sido intoxicada en la escuela y en ciertos medios de comunicación con el relato de unos hechos falsos. El más flagrante ejemplo es el referido a la Transición, un referente de viaje a la democracia estudiado como modelo a seguir en universidades de todo el mundo, que hoy es vilipendiado aquí hasta la náusea por el revanchismo resentido de algunos líderes que ni vivieron la Guerra Civil ni padecieron con el franquismo. Políticos irresponsables cuya ambición es semejante a su total falta de escrúpulos. Pónganles ustedes nombres, empezando por Zapatero y siguiendo por Iglesias, hasta llegar a Sánchez. La infame «memoria histórica» consistente en dar la vuelta a la tortilla con el fin de convertir a los vencedores en vencidos ha despertado a un fantasma que dormía plácidamente, pensábamos que para siempre. Veremos cómo se comporta y qué consecuencias produce su puñetazo en la mesa.

La Constitución del 78 representa lo mismo. No se elaboró sin cesiones ni renuncias. Logró forjar un amplísimo consenso basado en la buena voluntad y el deseo compartido de progreso, valores que han saltado hechos pedazos por culpa del separatismo insaciable, antaño disfrazado de nacionalismo. No han dejado de pedir, amenazar, quejarse, traicionar, abusar de su poder decisorio en el Congreso e imponernos hechos consumados, pero tampoco han dejado de recibir. Los que deberían haber puesto pie en pared tras las primeras muestras de deslealtad no lo hicieron, y ahora hay quien aboga directamente por dinamitar el edificio y volver a la situación del 77. El apaciguamiento conduce inevitablemente a la indignidad y el enfrenamiento, que es exactamente en lo que estamos, sin que sea posible adivinar cómo acabarán las cosas.

Item más es de aplicación al feminismo, término pervertido a fuerza de interpretaciones sectarias. Se lo dice una feminista convencida, de la época en la que ser mujer, madre y periodista en la redacción de un diario no era tarea fácil. Entonces luchamos por conseguir iguales derechos y oportunidades a cambio de asumir idénticas obligaciones, aunque cada una pensara con su propia cabeza; esto es, sin una ideología única basada en la pertenencia a un «género». Tal intento de equiparación nos habría parecido profundamente ofensivo. Ahora está de moda asumir que el sexo condiciona la personalidad de manera determinante y, con un afán justiciero ajeno a toda mesura, se desequilibra la balanza otorgando un plus de credibilidad, de oportunidad y de capacidad a las representantes del femenino, en detrimento de los varones. Lo cual no solo es injusto, amén de discriminatorio, sino que está desatando una ola de neo-machismo tan previsible como inevitable. Otro pendulazo más. Y son muchos.

Isabel San Sebastián.

Articulista de Opinión.
Francodependencia.

«Un hombre tan pendiente de su imagen no puede ir a las urnas con Franco en el Valle. No votaremos hasta que lo saque»

Ignacio Camacho.

Actualizado:

02/01/2019 00:15h.

Terminaba el año cuando me encontré a un viejo amigo por la calle. Hablamos de esto y de lo otro y, cómo no, saltó a la conversación la política: Sánchez, el problema de Cataluña, el cambio en Andalucía, las perspectivas electorales. Entonces mi amigo, entre bromas y veras, soltó una hipótesis guasona pero interesante. «Estáis todos equivocados, los políticos, los periodistas, los analistas profesionales. Las elecciones no dependen de los presupuestos, ni de las encuestas, ni del apoyo de los separatistas catalanes. Dependen de la exhumación de Franco, ésa es la clave. Hazme caso: por estrambótico que te parezca, en situaciones como ésta hay que fijarse en los detalles más extravagantes. Este presidente, que no ha hecho nada relevante, que se estrella en casi todo lo que intenta, necesita un éxito en el que apoyarse. En la economía está viviendo del legado de Rajoy, y en todo lo demás depende de golpes de efecto que apenas le salen. Desenterrar al dictador es la única promesa que ha hecho, el único envite en el que se ha mostrado tajante, y lo tiene encallado en un laberinto de problemas legales. Por simbólico que sea, si quiere que los suyos lo tomen en serio tiene que llevar eso adelante. Créeme: un hombre tan obsesionado con la imagen no puede ir a las urnas con Franco en el Valle. Habrá otros factores, claro, pero no vamos a votar hasta que no lo saque».

«Sí, sí, ríete; claro que no es serio. Pero dime qué punto de seriedad, así en general, has encontrado en un Gobierno cuyo compromiso más firme, en la práctica, consiste en desenterrar y cambiar de sitio unos simples restos. Y encima se le atasca por fallos de procedimiento. Ponte en sus zapatos o, para que no nos riña (con razón) Javier Marías, en su pellejo: con todo lo que presume de mandar, pone todo su empeño en un asunto políticamente tan superfluo y se enreda en un pleito con los nietos de un dictador que lleva cuatro décadas muerto. La familia le ha echado un pulso y, aunque lo acabe perdiendo, sabe que corre a su favor el tiempo. Es absurdo pero Sánchez se está jugando lo que le quede de crédito. Está al borde del ridículo más tétrico, carne de memes, puro cachondeo. Es el problema de la política de gestos: que si te salen mal se te queda una mueca de muñeco patético. De esperpento».

«Mira, yo no soy un entendido, sólo un ciudadano al que le da exactamente igual lo que hagan con la momia de Franco. Pero veo el panorama y digo: quién va a votar a un tío que ni siquiera es capaz de organizar un traslado funerario. Y si lo puedo pensar yo, lo piensa él: sería un absoluto fracaso. Por eso te digo que ese maldito proyecto se puede haber convertido en la clave de este mandato. Y que será difícil que haya elecciones anticipadas sin solucionarlo porque es la única satisfacción que va a poder ofrecer a sus partidarios. ¿A que ya no te parece tan raro? Ea, feliz año…»


Ignacio Camacho.

Articulista de Opinión.
TRIANA. Muy bueno Antonio Burgos. En su línea. Yo si vi el día de la votación, hace unos días, que Susana estaba muy cabreada y le salían en la cara unos rojeces "rojos", eso es señal de cabreo, rabia, odio... Así no. Hay que saber perder.

Un saludo.
Ángel, se vio en televisión el cabreo que tenía la señora Susana, ¡menudo perder tiene la señora!, pues eso, agua y ajo, ya llevaban casi cuarenta años haciendo de su capa un sayo en Andalucía, ahora toca aguantarse a la izquierda.

Un saludo.
Coplas para susana.

Antes que se vean más coplas, como Susana pidiendo el 155 para Cataluña, quiero dedicarle dos letras de Rafael de León.

Antonio Burgos.

Actualizado:

30/12/2018.

Con la constitución del Parlamento andaluz y el desalojo del PSOE de su presidencia por vez primera desde que la autonomía existe, se ha visto la copla. La copla andaluza. Y se va a seguir viendo. Cuando la verdadera oposición al virtual presidente Juanma Moreno no la haga Susana Díaz desde Sevilla, sino Sánchez desde Madrid. Ya hemos empezado. Ante el anuncio de supresión del Impuesto de Sucesiones, la ministra de Hacienda se ha apresurado a decir, para bloquearlo, que hay que «armonizarlo» en toda España. Por arriba, por la estocá, claro, no por abajo, por el sucesiones cero de Madrid y ahora de Andalucía. Antes que se vean más coplas, como Susana pidiendo el 155 para Cataluña frente a Sánchez, quiero dedicarle dos a la señora Díaz. Dos popurrís de letras de tío Rafael de León. El primero, «No te mires en el río»:

«En Sevilla hay un palacio que San Telmo le llamaban y en el palacio una presi que le decían Susana. Desde allí a su Andalucía como un cortijo miraba, que no se movía una mosca, sin que ella la mandara. ¡Ay, corazón lo que manda mi Susi, ay, corazón, lo que Susi mandaba! Ay, ay, ay, no te metas en el lío; ay, ay, ay, el lío de una elección. Tú piénsalo, piénsatelo bien mío, piénsalo bien, porque la puedes perder, y que gane con sus socios el PP. Lo sabes tú, que el CIS ya te lo ha advertío, no sabes tú qué estirón va a pegar Vox, matarile, rile, rilerón. En las urnas andaluzas las papeletas echaban el día 2 de diciembre y quedó como la Chata. Y parecía una reina, una reina destronada. Ay, corazón, le decía el partido, ay, corazón, coge carretera y manta. Ay, ay, ay, te has metido en un buen lío; ay, ay, ay, que el poder vas a peder, cuando pacten Ciudadanos y el PP. Y falta Vox, que ha sacado 12 escaños, que perdición, aunque sean tan ultras tós, matarile, rile, rilerón. Y una tarde de las Pascuas que llegó a las Cinco Llagas, vio que sumaban sus votos y su poder se alejaba. Que ganaba la derecha y de San Telmo la echaban. Ay, corazón, la carita que puso, ay, corazón, porque tó se acababa. Ay, ay, ay, como se metió en el lío, ay, ay, ay, el PSOE perdió el poder, ocho lustros y tan ricamente en él. Ay, qué dolor, dice el PSOE que ha pordío, ay, qué dolor, la culpa es de la ultra Vox, matarile, rile, rilerón».

Y también le dedico el «Romance de la Reina Mercedes»: «Una dalia cuidaba el PESOE en el Parque de los Montpensier, en San Telmo que estaba en Sevilla mantenía Susana el poder. Desde tiempos de Felipe y Guerra lo tenían todo muy bien atado, más que Junta aquello era un Régimen, que lo montaron como el de Franco. Pero un día ocurrió, que ya no era todo así, y la gente ya no les voto, y daba el cante el Guadalquivir: Susana. Susana Díaz, ya no mandas en Sevilla, y desde Huelva a Almería se acabó tu mayoría. Que quieras o que no quieras, y aunque tú te presentaras, el PP con sus amigos el poder te lo quitaban. Susana de Andalucía, ay sultana de los ERE, que ya va llegando el día que pierdas tu mayoría, y sin la Junta te quedes. Una tarde del mes navideño Susanita cambió de color; y Ramírez que estaba a su vera fue y le dijo: ¿Qué tienes mi amor? Y lo mismo que la Mula Francis se le puso de larga la cara, porque vio que el PP y Ciudadanos por vez primera al PSOE echaban. Y Susana quedó sin saber qué decir, pues quedaba en la oposición, no se creía qué pasaba allí. Y Susana quedó sin poder, y Susana quedó sin vivir, por el pacto que hicieron los tres, “de la vergüenza”, pá echarla de allí. Susana, Susana Díaz, ay rosita de Triana, que te echaron de San Telmo de la noche a la mañana. Ya estaba harta la gente ante tanto desengaño y de tanta mangoleta después de cuarenta años. Te vas dejando San Telmo a la derecha que viene, tú sabes por lo que ha sido, que todo tiene sentido: fue por culpa de los ERE». Así que rematemos con «La Niña de la Estación», y sin popurrí, a pelo: «Adiós, adiós, buen viaje; adiós, que lo pases bien; recuerdos a la familia, al llegar escríbeme...».

Antonio Burgos.

Articulista de Opinión.
El recambio andaluz.

Otros llegarán que, incluso, pueden hacerles buenos, pero es imprescindible que demuestren si se puede gobernar de otra manera.

Carlos Herrera.

Actualizado:

28/12/2018 08:50h.

Si finalmente nadie lo jode, como reza el famoso azulejo, va a acabar siendo un hecho el desalojo por las buenas de toda la tropa instalada en la Junta de Andalucía desde hace un viaje de años. No éramos pocos los que dábamos por imposible ese elemental e higiénico cambio en una administración regional sometida a todos los vicios que conlleva el apalancamiento durante décadas y el convencimiento interno de que la administración estaba hecha para el partido y al revés, el partido para la administración, de manera que pudieran confundirse tranquilamente lo uno y lo otro. De hecho, quien esto firma estaba convencido de la renovación, en tándem con Podemos, del socialismo susanista. Durante el mismo recuento era un servidor de los que sostenían que no podía ser, que al final surgiría el carretón de votos ocultos que por algún lado andaban, y todo volvería a ser como siempre. Y no fue así.

Y muchos de los que esa noche creían que no iba a pasar nada e iban a continuar en sus canongías sintieron estremecerse algo por dentro y palidecieron pensando que van a tener que hacer lo que no han hecho jamás: enfrentarse a la vida civil, tanto los buenos como los malos, ya que en el aparatoso entramado de la Junta hay no pocos cargos políticos de probada solvencia, directores generales, jefes de departamento, funcionarios con responsabilidad que han intentado hacer lo mejor para su Comunidad y gracias a los cuales las cosas han salido más o menos adelante. Pero saben que hay que hacer las maletas y que otros llegarán que, incluso, pueden hacerles buenos, pero que es imprescindible que demuestren si se puede gobernar de otra manera, desarrollar otras políticas y solucionar nudos insufribles en las cosas diarias de los andaluces: las sucesiones, el IRPF, las listas de espera sanitarias, la dependencia, el desarrollo educativo y, si quiere, hasta Canal Sur, que soy de los que cree que pretender cerrarlo es una barbaridad: es urgente redimensionarlo y favorecer mayor operatividad, cosa que no es nada fácil habida cuenta de la estructura de la casa y el poder sindical, pero no desechar una legítima herramienta de entretenimiento e información que puede acometer la labor de vertebrar socialmente una comunidad tan dispersa y grande como Andalucía.

El acuerdo, según se veía y escuchaba a los actores protagonistas y a los secundarios, ha brindado momentos de incertidumbre e inquietud. Ciudadanos, esencialmente Rivera, se dispuso a realizar algún desfile de posturas y pudo parecer que se llevaba el pacto al traste, pretendiendo no mancharse con Vox, aunque fuera a costa de no dejar fuera a los socialistas. Cuando supo que eso hacía que los restos del susanismo permanecieran, y la negativa de Abascal costara unas nuevas elecciones, el temor a ser culpado de impedir un histórico cambio le hizo reconsiderar las cosas. Cada uno ha hecho lo que podía, el reparto de cargos es sensato y la actitud de Vox merece que el resto de fuerzas y todos los que quieren el relevo les agradezcan no haber hecho imposible el programa de gobierno. Ahora, a lidiar con la realidad, que bien se parece a una jungla administrativa en la que pueden encontrarse de todo y una calle repleta de aquellos que van a perder el cargo, el chollo, el pesebre, la ayudita, la paga y la tontería. Que no tenga ninguna duda este nuevo gobierno, que no la tenga Moreno (que era de los pocos que creía en sus probabilidades), que la oposición se la va a hacer el PSOE en la calle, con todas las movilizaciones de cesantes posibles, ayudados en los actos más duros o violentos por Adelante Andalucía. Se repartirán el trabajo y no lo pondrán fácil: hay demasiado andaluz acostumbrado a que la mamá Junta le mantenga.

Carlos Herrera.

Articulista de Opinión.