Foro Común


Mensajes de Opinión, repasando columnas enviados por Triana:

UNA RAYA EN EL AGUA.

Si esto es un candidato.

Sánchez sólo es leal a sí mismo, a una ambición en cuyo servicio somete a las instituciones a un estrés continuo.

Ignacio Camacho.

Actualizado: 13/12/2019 00:08h.

Con la ley en la mano, Pedro Sánchez podría jubilarse como presidente en funciones porque el artículo 99 de la Carta Magna dejó abierta una grieta de plazos. Los constituyentes no previeron -por ser bien pensados- que el aspirante a la investidura pudiese recibir el encargo sin tener amarrados previamente los apoyos necesarios. Ocurrió por primera vez en 1996, cuando el Rey Juan Carlos encomendó formar Gobierno a Aznar y éste cerró en dos semanas el pacto con Pujol que le permitió arrancar el mandato. Pero desde 2016, el derrumbe del bipartidismo obliga a Felipe VI a moverse en un incómodo limbo que deja al postulante la responsabilidad de activar el llamado «reloj de la democracia»: la votación que abre la cuenta atrás para obtener una mayoría, absoluta o relativa, en la Cámara. Esa decisión del Monarca implica un depósito de confianza que en último término depende de que el designado cumpla su palabra. Pero por absurdo que parezca, el candidato puede en teoría demorar a su antojo la tarea sin que el jefe del Estado disponga de posibilidad alguna de fijarle fecha o de retirarle la encomienda. Ésa es la situación actual: el bloqueo elevado a la enésima potencia.

Tras las elecciones de abril, Sánchez tardó tres meses en presentarse ante el Parlamento. Se comprende que tras fallar dos intentos sienta recelos de volver a naufragar en un tercero, pero más allá de un plazo razonable incurriría en abuso fraudulento, en un manejo doloso de la Constitución del que sería cómplice la presidenta del Congreso. El problema es que lo ha fiado todo a un apaño con el nacionalismo insurrecto, que no sólo no le va a poner fácil el acuerdo sino que trata de llevarlo a una guerra de nervios administrando a su conveniencia los tiempos. Con otras alternativas a su alcance, ha elegido los socios menos leales y más inciertos, y si se estrella en el empeño no tendrá derecho moral a pedir que los partidos liberales lo saquen del aprieto, por más que haya metido en él al país entero.

Porque el presidente sólo es leal a sí mismo, a una ambición personal en cuyo servicio supedita la estabilidad de las instituciones y somete el orden político y hasta el jurídico a la tensión de un conflicto continuo, en el que ha llegado a repetir unas elecciones por capricho y a legitimar una sedición sentándose a negociar con el independentismo. Su carencia de principios ha hecho de la fullería un patrón de conducta, un método y un estilo. Se ha llevado por delante el prestigio de la universidad, el consenso parlamentario, el crédito de su propia palabra, la dignidad de la nación y la del Estado; y ahora, salvo que le haya dicho al Rey algo que él sepa y los demás ignoramos, ha arrastrado a la Corona al límite de su papel de árbitro en un proceso de investidura opaco. Tal vez salga elegido, pero con esos trazos el futuro sólo puede pintar el retrato de un fracaso.

Ignacio Camacho.

Articulista de Opinión.
CAMBIO DE GUARDIA.

Sánchez no es Zapatero.

Pedro Sánchez habla como un ejecutivo analfabeto. Pero ser analfabeto no es defecto.

Gabriel Albiac.

Actualizado: 11/12/2019 23:37h.

No, no es Zapatero. Fue un espejismo ver en Sánchez la reencarnación del leonés que pilotó este país, toda vela desplegada, hacia la ruina. Lo de la tesis plagiada llevaba a suponer que la inteligencia de éste estaba a la envergadura despampanante de la de aquel. Pero hay que ser muy listo para plagiar enterita una tesis doctoral, que te pillen y que no pagues por la fechoría un solo céntimo.

Zapatero hundió al país y acabó por regalar al PP su más vistoso éxito electoral: y eso, con un candidato tan seductor como Mariano Rajoy, tiene su mérito. Sánchez lleva ya un año y medio de gobiernos transitorios; si hace falta, prorrogará la provisionalidad indefinidamente; en el ínterin, el hombre que al borde estuvo de la decapitación dentro de su partido ha decapitado a todos sus opositores, ha incinerado y aventado los cadáveres de la vieja guardia felipista, ha reducido a la antaño opulenta faraona andaluza a una anorexia ciertamente envidiable. En suma, ha liquidado el PSOE sin necesidad de cambiar las siglas: donde leí «Socialista», leo «Sanchista». Y el que quiera conservar su puesto, pues ya sabe. Y el que quiera medrar con cargo público, tres cuartos de lo propio.

Sánchez es la política del siglo XXI. Lo digo sin un asomo de ironía. Nada de memoria doliente de abuelos fusilados: eso queda para los vejestorios que exhiben retoñas punkis en sarao obamita. En contraste con el cejuno panticorto, los trajes de Pedro Sánchez están bastante bien cortados. Es además un chico guapo, sin asomo de histrión inglés ni de personaje de novela de Kosinski en versión cinematográfica del Míster Chance Peter Sellers.

Zapatero era una anacronía andante: hablaba la rayada lengua de los años treinta; lengua de corcho, enternecedora tal vez, pero risible. Pedro Sánchez habla como un ejecutivo analfabeto. Pero ser analfabeto no es defecto para uno cuya tarea consiste en ir ejecutando. Con eficiencia. Las demasiadas letras, los demasiados libros, introducen preguntas, dudas. Un ejecutivo eficaz no debe preguntarse nada. Debe sólo apisonar en su camino a cualquiera que pueda serle una resistencia. Y es lo que el actual inquilino de La Moncloa ha hecho, hasta ahora, con raro arte. Ni un solo listo queda en la dirección del PSOE. Es la hora de los Lastra. Nadie que sepa leer tiene ya sitio en el socialismo español.

¿No hay objetivo estratégico en la cabeza del presidente? No. No lo hay. Es su mayor virtud: táctica sólo. El líder hodierno -no sólo en política- desprecia los objetivos y las estrategias. Nada de eso sirve para lo único en lo cual ocupa sus neuronas: el propio beneficio en un territorio sobrepoblado de predadores. Perder el tiempo en grandes proyectos e ideas distrae de aquello que es, de verdad, lo único para lo cual la vida de un político modernísimo está planificada. Instalarse en el palacio presidencial, barrer el exterior de enemigos, barrer el interior de camaradas, asalariar como es debido una guardia pretoriana que sólo de los beneficios de su jefe dependa. Y dejar pasar el tiempo. Sin prisa. Ni ideología.

¿Es Iván No-Sé-Cuántos, como tantos dicen, o es Sánchez el inventor del concepto? Pregunta por completo irrelevante. Lo es la mercadotecnia, hoy única política: bello autómata. Y en ese automatismo no existe, hoy por hoy, salida: Sánchez, Junqueras, Iglesias ganan en todas las hipótesis. Día a día, se irá pagando el precio para que la máquina ruede. No hay límite en ese precio. Ninguno: tampoco la independencia de Cataluña.

Gabriel Albiac.

Articulista de Opinión.
EL RECUADRO.

Sánchez se cruza de acera.

¿Qué mayor estabilidad tendríamos que un Gobierno de Sánchez apoyado por los partidos constitucionalistas?

Antonio Burgos.

Actualizado: 11/12/2019 00:23h.

Esta es la contradicción mayor del mundo. Cuando hoy acaben las consultas del Rey con los líderes de los partidos que obtuvieron representación parlamentaria el 10-N, Don Felipe VI no tendrá más remedio que encargar formar Gobierno al que lo está deseandito (y ninguneando al Monarca), a Sánchez, como la lista más votada. Y se dará el caso más curioso que en mi vida he visto. La investidura del señalado por Don Felipe dependerá de unos señores que no han aparecido en estas consultas por La Moncloa, aun debiendo haberlo hecho, y le han hecho ese indigno desplante al Rey, como suelen. Me refiero a ERC, claro. ¿Cómo es posible que el futuro del Gobierno del Reino de España dependa de unos señores que no se dignan acudir a la consulta del Rey por autoproclamarse republicanos? Pues es posible.

Es posible, aparte de «que se fastidie el coronel, que yo no como rancho», por lo que afirma el verso de un bolero de Machín: «Lo que pudo haber sido y no fue». Ay, lo tranquilos que estaríamos en este sobresaltado Adviento de la Navidad si Sánchez hubiera renunciado a aferrarse al poder pactando con la ultraizquierda y con los independentistas de toda laña, y le hubiera descolgado el teléfono a Casado, que nunca se le puso al aparato, y hablado con Ciudadanos, y hubiese conseguido, en lugar del apoyo de la ultraizquierda más radical y del separatismo más peligroso, la «abstención patriótica» de PP y Cs.

Lo que digo es lo que hubiera deseado y sigue queriendo una inmensa mayoría de españoles: dejarnos de la aventura de sabe Dios dónde nos va a llevar toda esta locura del egocentrismo de Sánchez y aferrarnos a cuanto comenzó a destruir Zapatero, cual fue la concordia nacional y la estabilidad política basadas en la Constitución de 1978. Aquí no sólo se ha desenterrado a las dos Españas, sino que, si Dios no lo remedia, vamos a padecer a un presidente que se ha cambiado de bando y cruzado de acera. Aparte de las dos resucitadas Españas de siempre, tenemos ahora otras dos: la que defiende la Constitución de 1978, y la que quiere subvertir los pilares del Estado que sustenta. Son como dos orillas: en la una, los constitucionalistas; en la otra, los que buscan cualquier fórmula que vaya contra lo que hasta ahora entendíamos por España, su unidad y su Monarquía Parlamentaria. No sé si a nado o en catamarán como Greta, Sánchez se ha cruzado de orilla y se ha cambiado de acera y de bando, y se ha puesto del lado de los que están contra la Constitución. Con el falso pretexto de la estabilidad y del progreso. ¿Qué mayor estabilidad tendríamos que un Gobierno de Sánchez, sí, pero apoyado en los asuntos fundamentales del Estado, entre otros la unidad de España y la oposición frontal y tenaz al independentismo, por los otros partidos constitucionalistas? Y aquí me entra la duda: ¿están Sánchez y su nuevo PSOE con la Constitución o contra ella, como sus parece que futuros socios ultraizquierdistas e independentistas? En este punto es como gallego: no sabemos si sube o si baja. Es más: no sabemos si este Sánchez es el mismo de antes de elecciones o es otro señor distinto que lo suplanta, como un especialista de los que sustituyen a los actores en las escenas de riesgo de las películas. Aquel Sánchez que decía que perdería el sueño si tenía que gobernar con Podemos, ¿dónde está? ¿Existió realmente antes? ¿O fue, como tantas cosas de estos días, como tantos paripés de las negociaciones en curso, un puro teatro?

Sé que Fernando VII tiene mala prensa y nunca estuvo de moda. Pero qué tranquilidad nos daría a todos si Sánchez, en vez de ir con tan malas compañías, hubiera llamado al PP y a Cs y les hubiera dicho la frase del Deseado: «Marchemos todos juntos y yo el primero por la senda de la Constitución».

Antonio Burgos.

Articulista de Opinión.
LIBERALIDADES.

¡No, juro!

Los parlamentarios de la calderilla debutante niegan con triquiñuelas de párvulo lo mismo que a continuación juran o prometen.

Juan Carlos Girauta.

Actualizado: 05/12/2019 08:46h.

En el Congreso acabarán jurando el cargo por el Osasuna y por la Pachamama. Antaño solo amorcillaban la jura vascos hoscos, dedos de la mano del brazo político de ETA. Hogaño la calderilla toda aprovecha el momento para lucir su aversión a la Constitución, certificando una vez más que vileza y cursilería son hermanas. La ambición cejijunta de la peña provinciana es a veces una carretera para su pueblo, o que los dejen a solas con los niños en el aula. Pero salvo en el caso de los peneuvistas, únicos virtuosos del privilegio una vez asilvestrada Convergencia (no te escondas), las más de las veces les basta con quejarse.

El malestar de los terruños flota sobre el hemiciclo como una bruma deprimente y tenaz que nunca se disuelve. Es el contagio vasco-catalán, el parcelar España para venderle a España sus pedazos. Los principales afectados son los supuestos «países catalanes» remanentes. Convenientemente teñidos de ofensa y humillación histórica, los retales cantonalizantes no encajan en federación alguna (el federalismo pide lealtad), apuntando más bien al contradiós de la Primera República y al buen rollo de la Segunda.

El agravio, saltarín, pasa de Canarias a Teruel, que curiosamente existe. Y de cada puesta de largo toman nota cuantos pueden alegar una leyenda. O sea, todos, que aquí nadie ha nacido ayer salvo Madrid, líder del PIB y de la culpa. Y de ahí la calderilla o el centón, el collage de listos que burlan la solemnidad de la toma de posesión. Sus discursos y sus cerebros van embutidos en camisetas reivindicativas con los campanarios de sus aldeas estampados.

Hizo mal la presidenta del Congreso de los Diputados en permitir, de nuevo, las originalidades. Los parlamentarios de la calderilla debutante niegan con triquiñuelas de párvulo lo mismo que a continuación juran o prometen. Pero en la democracia y en el arte la forma es el fondo. Nadie serio discute que estamos entre las primeras democracias del mundo en cualquier ranking aseado. Lástima que nos embarremos por culpa de la dejadez parlamentaria con que Batet afloja la laxitud del Constitucional. Una flexibilidad flexible es una nueva rigidez, y por eso ha nacido un género chico: un a modo de relato corto que sustituye a la nuda jura.

Otrosí: absténgase doña Meritxell de guarecerse bajo el nombre de Fernando de los Ríos. Los socialistas del siglo XXI conocen poco o nada a sus ancestros. «En España, lo verdaderamente revolucionario es el respeto», citó. En la época de don Fernando, desde luego. Hoy la frasecita es una china que se tira a los únicos que respetan la Constitución, entre los que no se cuenta, por cierto, el PSC de Batet, diseñador del no-modelo territorial del PSOE. Por analogía de tendencias izquierdistas, debería prescindir la presidenta del profesor De los Ríos y evocar a Araquistáin y a Álvarez del Vayo. Dos que serían más del gusto de sus socios neocomunistas si supieran algo de elllos.

Juan Carlos Girauta.

Articulista de Opinión.
HORIZONTE.

La reinvención de la izquierda.

Se ha entrado en una rueda que es un pierde-pierde seguro. Siempre habrá uno más radical que tú.

Ramón Pérez-Maura.

Actualizado: 04/12/2019 00:03h.

Durante mi última visita a Londres, hace diez días, me sorprendió ver en Sloane Square a una activista conservadora repartiendo panfletos que anunciaban que «El distrito de Kensington y Chelsea ha declarado la emergencia climática». Reivindicaba un triunfo, porque es un distrito gobernado por su partido. La izquierda en todo Occidente demuestra una enorme adaptabilidad para ocultar el fracaso atronador de sus políticas y sustituirlas por otras que parece imposible denunciar. Algunos recordamos cómo en las décadas de 1970 y 1980 la gran motivación de la izquierda internacional era el desarme nuclear. Nos explicaban que aquel armamento nos llevaba al apocalipsis desencadenado por un holocausto. ¿Quién podía estar a favor de eso? Nadie. Pero los hechos, más bien, acabaron demostrando lo contrario. Gracias a la existencia de ese armamento y a la denostada Iniciativa de Defensa Estratégica (vulgo Guerra de las Galaxias) del presidente Ronald Reagan, llegó un momento en que el Imperio Soviético quebró y se derrumbó sin que se disparara, no ya un misil nuclear, ni siquiera una pistola de salón.

Ahora se trata de contarnos el apocalipsis al que nos lleva el Cambio Climático. Que efectivamente existe, como ha existido desde hace miles de años. Hay múltiples referencias de glaciares que existían donde hoy no queda ni resto de ellos, mares que hoy son desiertos, ciudades que hoy son submarinas o de cómo la inmensa Groenlandia cubierta de nieve era una región boscosa -por algo su nombre se traduce como «tierra verde».

El problema es que partidos de centro-derecha de todo Occidente han comprado esta mercancía defectuosa, como hace cuarenta años compraban la del desarme nuclear. Ahora nos encontramos con que los partidos liberal-conservadores en toda Europa hablan de conseguir «cero emisiones» para 2050 y rápidamente quedan como blandos y destructores del medio ambiente, porque frente a ellos surgen los fanáticos iluminados que dicen que hay que conquistar ese objetivo en 2030. Se ha entrado en una rueda que es un pierde-pierde seguro. Siempre habrá uno más radical que tú que prometa la conquista de la Luna y la propaganda oficial le convenza de que es posible. Me ha estremecido en estos días ver informativos de televisión presentando los datos del cambio climático evitable como una verdad incontestable. Las cortinillas de los informativos eran idóneas para la propaganda de la Alemania nazi. Ni una opinión discrepante de entre las muchas que hay en el mundo académico. Ni una sola referencia a cuántos calentamientos y enfriamientos ha tenido el planeta en los últimos mil años, cuando no había ni la más mínima afectación industrial sobre el clima.

Sería muy conveniente que alguien explicara cómo este discurso lo ha impuesto «Extinction Rebellion», grupo de presión conocido como XR. Su objetivo es fomentar los desórdenes públicos, la denuncia de Occidente y del capitalismo. Una de sus fundadores, Gail Bradbrook, sostiene que «realmente te sientes diferente cuando violas la ley, especialmente si no te cogen», y el otro, Roger Hallam, cree que «las emociones son la única forma de conseguir que las gentes hagan algo», lo que dijo antes de justificar el Holocausto judío como algo menor frente al cambio climático. Se disculpó después, pero insistió en que «está pasando otra vez, a una escala mucho mayor y a la vista de todos. El norte global bombea CO2 letal a la atmósfera y erige muros a la inmigración, haciendo de grandes regiones campos de la muerte». Con un par.

Ramón Pérez-Maura.

Articulista de Opinión.
VIVIMOS COMO SUIZOS.

El tostón de las siete palabras.

Anna Paquin tiene frase de milagro en «El Irlandés». Scorsese no lo consideraba necesario.

Rosa Belmonte.

Actualizado: 03/12/2019 00:12h.

Creo que al feminismo no le gusta la última película de Scorsese. Un disgusto para Scorsese. Y otro para el feminismo. O para Irantzu Valera, que es a quien se lo he leído: «La última de Scorsese molaría si todavía soportáramos historias de señoros y sus movidas, en las que las mujeres solo cocinan, crían, ponen cara de resignación y aguantan a mangarranes que no las tratan como a personas, siempre calladas. Pero ya no». Y perdonen por haber escrito ese palabro tan mentecato de «señoro». Lo curioso es que el planteamiento de Varela es seguido por muchos. Por muchas. Pero, vaya, no te guste una película es la cosa más habitual del mundo. Una mala o una buena. Por las razones que sea. Puede uno hacer el borrico como quiera. La borrica. A mí no me gusta «Casablanca». Ni me suele gustar la gente a quien le gusta «Desayuno con diamantes». Una melonada como cualquier melonada. Lo increíble es querer cambiar el pasado. Aunque «El Irlandés» sea reciente, retrata una época, a un círculo concreto de criminales. Anna Paquin (que hace de hija de Robert de Niro) tiene frase de milagro. Scorsese no lo consideraba necesario. ¿Saben que la actriz que hace el papel de niña se llama Lucy Gallina? Esta en España no habría llevado muy bien el colegio. Sí, eso es lo que más me ha llamado la atención de la película. Como que en las películas de los 80 y 90 el piloto del helicóptero se llamara Al Cerullo.

El asunto de la falta de personajes femeninos ha generado lío por cómo queda la representación de la mujer en el cine. Hombre, a mí también me preocupa la representación de la mujer en la política cuando veo a Adriana Lastra o a Irene Montero. Pero más me preocupan los hombres. Gallina/Paquin solo tiene una frase, el resto son silencios y miradas. La mirada moral. A ver quién queda mejor en «El Irlandés», ¿los hombres o las mujeres? Las mujeres, las mujeres. Además, el mujerío rabioso con esta película de tíos tendría que dar las gracias a Scorsese por mostrar una sociedad patriarcal muy real. Mafiosa, pero tan real como la sociedad cotidiana, donde la gente no se mata entre sí pero también es muy bruta. Gracias por darles la razón, que tampoco hacía falta. Ya sabemos cómo son las cosas y, sobre todo, cómo han sido. Hace 80 años que se estrenó «Mujeres», de George Cukor. Basada en la obra de Clare Booth Luce y adaptada por Anita Loos, estaba interpretada solo por mujeres. Norma Shearer, Joan Crawford, Rosalind Russell, Paulette Godard, Joan Fontaine… Hasta Hedda Hopper. Y los animales eran todos hembras. Pero lo único que hacían era hablar de hombres (las mujeres). Claro que eso pasa también en «Sexo en Nueva York». Los años 30 fueron muy de mujeres en el cine, desde la screwball comedy a «El Mago de Oz» (la promoción de Judy Garland por todo el país me recuerda mucho a las llegadas de Greta Thunberg a los sitios).

Hay un ejemplo de representación de la mujer en los medios de comunicación, en la cultura popular, que siempre me ha fascinado: el de las hermanas Izquierdo. Los asesinos de Puerto Hurraco son los hermanos Izquierdo, pero la foto de las mujeres en un tren llorando y con las manos en la cara es mucho más poderosa. Son como Anna Paquin en «El Irlándés». Los importantes son ellos, pero a ellas las recordamos más. Lo cierto es que Anna Paquin hace una de las mejores interpretaciones en «El Irlandés», por mucho que los otros sean vacas sagradas y anden parloteando más de tres horas. Paquin mira, calla y dice «Why? Why?» y «Why haven’t you called Joe?». Siete palabras. Y el follón que están dando.

Rosa Belmonte.

Articulista de Opinión.
EL CONTRAPUNTO.

¿Salvará Sánchez al Chicle?

Lo peor que podría pasarle al PSOE sería que el Constitucional le diera la razón y derogara la prisión permanente revisable.

Isabel San Sebastián.

Actualizado: 01/12/2019 23:46h.

Hace tiempo que el PSOE no se refiere a la prisión permanente revisable. Concretamente, desde que Sánchez llegó al Gobierno merced a una moción de censura. En su día, en cambio, cuando el PP utilizó su mayoría absoluta en el Congreso para aprobar esta abrumadora demanda social, la cosa fue muy distinta. En ese lejano marzo de 2015 la bancada socialista puso el grito en el cielo, acusó a los populares de estar conculcando el sacrosanto derecho de los criminales a la reinserción y se apresuró a recurrir la ley ante el Tribunal Constitucional, cuyo dictamen todavía estamos esperando. Sus señorías son muy dadas a perder en algún cajón oscuro las «patatas calientes» que afectan a alguno de los dos grandes partidos políticos, cuando estos cambian de parecer y no quieren que se les dé la razón en un asunto de principios susceptible de perjudicarles electoralmente. Solo así se explica que el recurso presentado por el PP contra la ley del Aborto de Zapatero esté durmiendo el sueño de los cobardes nada menos que desde 2010 y éste, planteado por los del puño y la rosa para rescatar de la cadena perpetua a individuos como el Chicle, vaya camino de los cinco años sin que el tribunal se pronuncie. ¿Existe mejor modo de eludir posicionarse en un asunto espinoso que esconderse bajo las togas de los magistrados, al mismo tiempo que se les instruye discretamente para que se abstengan de tomar una decisión u otra mientras no esté claro cuál es la que más conviene al recurrente? Rajoy pasó por La Moncloa y por Génova sin tener que mancharse las manos con un asunto que le causaba una infinita pereza y Sánchez está atrincherado tras una resolución llamada a seguir mucho tiempo pendiente porque lo peor que podría sucederle ahora sería que el TC acogiera favorablemente su petición y lo convirtiera en el salvador del asesino de Diana Quer.

José Enrique Abuín, un depredador peligroso con un historial delictivo aterrador, será recluido en una cárcel de por vida (a menos que demuestre fehacientemente haberse rehabilitado, cosa harto complicada dada su trayectoria vital) gracias a que el PP tuvo el valor de oponerse al pensamiento políticamente correcto y adoptar una medida que la ciudadanía reclamaba a voces. Al igual que él, otros delincuentes de su calaña, violadores homicidas multireincidentes, terroristas, asesinos de niños y demás ralea criminal, cumplen idéntica pena o se enfrentan a ella ante el juez, para alivio de las personas de bien, por más que la actual mayoría Frankenstein llamada a respaldar al Gobierno haya dejado muy clara su posición contraria a encerrarlos permanentemente. Estos autoproclamados «progesistas», encabezados por un PNV impaciente por liberar a los pocos etarras condenados a penas largas que aún están presos, estiman que la prisión permanente, aunque revisable, es demasiado severa. Su empatía está con los agresores antes que con las víctimas, muy en línea con lo que ha sido desde hace décadas la doctrina oficial de la jurisprudencia española. A esas mentes biempensantes les ofende que el Chicle no vuelva a ver la luz del sol, pero no nos brindan soluciones alternativas para librar de sus garras a futuras presas, sencillamente porque no existen. Se vé que Pedro Sánchez se ha caído del caballo y asumido al fin esta cruda realidad, o simplemente quiere evitar seguir cayendo en las encuestas con propuestas tan impopulares como la derogación de esta ley. Sea como fuere, la prisión permanente ha dejado de importarle... gracias a Dios.

Isabel San Sebastián.

Articulista de Opinión.
EL RECUADRO.

¿Pero hubo ERE alguna vez?

Lo más preocupante es que el futuro inmediato de España está en manos de Rufián.

Antonio Burgos.

Actualizado: 30/11/2019 23:54h.

Esto va a tal velocidad (hacia el caos) que noticias de hace una semana parece que nunca existieron. Verbigracia, los ERE. ¿Hubo alguna vez sentencia en el caso de los ERE de Andalucía y sus casi 900 millones de euros hurtados a las arcas públicas no para los bolsillos particulares de nadie, qué va, sino para obras de caridad con dinero ajeno? Al parecer, por lo que Pedro Sánchez ha comentado la sentencia (que ha sido nada, absolutamente nada, los 0 grados de Lepe, ni frío ni calor), nunca hubo escándalo de los ERE, ni nadie malversó fondos públicos, y mucho menos favoreció a los amigos y apuntó a conmilitones, parientes y vecinos para trincar.

Y nadie ha ido a la cárcel. Aunque las condenas han sido de cárcel, nadie ha ido a ella. Ni los 4 condenados, 4, para los que pedía trena la fiscal, como Viera y Fernández, ex consejeros de la Junta, y los muy conseguidores directores generales Guerrero y Márquez. Lo que más gracia me hace es la razón del tribunal para «hacer un Pujol» con ellos, esto es, para dejarlos sin pisar ni Sevilla 2 ni Puerto 1: que no tienen posición económica desahogada y no hay el menor riesgo de fuga. Para «hacer un Puigdemont», esto es, para huir de la Justicia y de España cogiendo las de Villadiego, hay que tener por lo visto una posición económica sólida, estar rico potrico. Y como estos señores, a pesar de haber desaparecido 864 millones de euros no se embolsaron un duro, pues como dijo Guerrero el del largo abrigo-capote en sus idas y venidas a los tribunales: « ¿Adónde voy a ir yo?». Pues a la cárcel, hijo. Si es que los ERE hubieran existido. Que a juzgar por lo absolutamente nada que ha dicho Sánchez sobre la cuestión, no debieron de existir nunca. Eso debe de ser de una serie de Nexflit, que se han creído que es verdad. Y de devolver lo mangado, nada. Olvídense del Catecismo Ripalda: «No se perdona el pecado sin devolver lo robado». Como no se ha robado, que nadie duda de la honorabilidad de unos señores como Griñán y Chaves que fueron presidentes del PSOE y no se han llevado un euro a su bolsillo, no hay que devolver nada. Lo de «devolvemos su dinero» es sólo del Cortinglés. Para eso se encargó Susana Díaz de retirar la petición de responsabilidad civil, para que en estos ERE que nunca existieron nadie tuviera que devolver un duro, ni le embargaran el piso. Lo que sí vamos (¡encima!) a apoquinar es la millonaria minuta de los abogados de la defensa de estos señores con tanta honorabilidad como poca vergüenza. La Junta desvalijada es la que tiene que pagar a los defensores de los apandadores. ¿No te digo lo que hay?

Sí, parece que nos hemos vuelto locos, entre el Black Friday y la prescindible Cumbre del Clima de la niñata del catamarán. O que el mundo está al revés. En vez de exigir que devuelvan el dinero de los ERE, pagamos la defensa de los condenados. Y en vez de pronunciarse el presidente del Gobierno en funciones, toque de silencio. Aquí solamente las viejas glorias, la vieja guardia, los camisas viejas del PSOE, como Leguina, Paco Vázquez, Borbolla, Valle, Guerra, o González (que ya no mandan nada) han mantenido la cabeza fría, la voluntad firme y la vergüenza en su sitio al preguntarse lo que todos: ¿dónde quiere llevar a España este Sánchez que se pone en manos de los que quieren destruirla? Lo más triste y preocupante es que el futuro inmediato de España está en manos de ERC y del repugnante Rufián. Aquel Sánchez que no dormiría tranquilo con Podemos en el Gobierno está a pierna suelta en su colchón de La Moncloa, cediendo lo que haya que ceder. Y a España y su unidad, que le vayan dando. Y perdiendo de entrada la batalla del lenguaje y admitiendo que el separatismo independentista es «el conflicto político catalán». No sólo es para llorar. Es para alquilar plañideras como los romanos.

Antonio Burgos.

Articulista de Opinión.
EL BURLADERO.

Pablo llama a Pedro.

De ser Pedro un tipo con la cabeza sobre los hombros consideraría seriamente esta oferta.

Carlos Herrera.

Actualizado: 29/11/2019 00:03h.

Hola Pedro, soy Pablo; ¿tienes cinco minutos? Esta conversación podría comenzar así, siempre y cuando Pedro descolgase el teléfono, cosa que no ha hecho hasta ahora y que, a buen seguro, no tiene muchas ganas de hacer. Pero Pablo tendrá que intentarlo, de forma discreta, sin anuncios previos. «Voy a verte y te cuento qué se me ha ocurrido». Sin necesidad de ocultarse pero sin alharacas, Pablo se planta en Moncloa, se sienta en el sofá blanco y se dispone a beber el espantoso café de la casa.

-El Parlamento cuenta con unos cien diputados dispuestos a reventar las costuras del país que te ha votado a ti para dormir en este colchón. Son, más o menos, los que quieres que te apoyen para gobernar. No lo entiendo, pero es lo que hay. Lo que te propongo es cambiar el plano, la fotografía y la orientación. Ahora mismo las estructuras productivas de media España están temblando solo de pensar que puedas organizar un gobierno con estos gañanes, que por lo visto es lo que te apetece. Pero si lo que tú quieres es gobernar solo yo te ofrezco una solución. Creo que puedo contar con Ciudadanos para esto. Entre vosotros y nosotros sumamos unos doscientos y pico diputados, suficientes para investirte con desahogo. Sé que la investidura no es suficiente para garantizar una legislatura tranquila, pero piensa que meter a Podemos en el Consejo de Ministros y apoyarte en gente como los de Esquerra, el PNV, Bildu y todo lo demás puede torturarte el resto de tu mandato. Ese Gobierno te dura lo justo. Nosotros te apoyamos, quiero decir que te votamos directamente, y te dejamos gobernar. Sólo te pedimos cuatro cosas que no te habrán de condicionar más que lo meramente razonable. Tú te comprometes a no subir impuestos, a no agobiar a las empresas en un momento delicado de recesión como el que puede llegar. Dejas la Reforma Laboral más o menos como está, o, si acaso, retocas algún aspecto que no la deshaga pero que justifique tu programa. Te comprometes a seguir las normas de estabilidad fiscal y financiera de la Unión Europea, especialmente el compromiso del déficit. Olvidas la tentación de indultar a delincuentes que han promovido un Golpe de Estado contra el orden constitucional. Le explicas a tus colegas del PSC que ahora no es el momento de jugar a las naciones ni de abrir debates de plurinacionalidades que no aportan nada positivo para la estabilidad de España, incluido el intento «aprovechategui» del PNV de estudiar un nuevo estatuto vasco que quiera desmontar la presencia del Estado en aquella Comunidad. Entre los tres respaldamos al Rey sin someterle a tensiones innecesarias. Y a partir de ahí decides tú la política del día a día. Yo te ayudo a sacar adelante unos presupuestos en los que no creo que vaya a ser muy difícil ponernos de acuerdo, haces la política social que creas que corresponde y determinas si prefieres invertir en trenes o en autopistas, yo que sé. De esta forma garantizamos estabilidad y nos protegemos ante las sacudidas que van a venir y que se anuncian delicadas. Evitamos que seas un nuevo Zapatero. Yo me voy igual de discretamente que he venido y te dejo a ti la iniciativa. Tú lideras la operación, haces como que me llamas y yo vuelvo con las cámaras y los plumillas. Tú quedas como el hombre de Estado que promueve un pacto que habrá de gustar mucho en Europa y Ciudadanos y yo como españoles responsables que te decimos que sí. España no tiene nada que perder con este acuerdo, antes al contrario, ¿Qué te parece?.

De ser Pedro un tipo con la cabeza sobre los hombros consideraría seriamente esta oferta. Ocurre, desgraciadamente, que lo más probable es que diga que no. Es el atractivo del abismo.

Carlos Herrera.

Articulista de Opinión.
Vamos a ver. Poco a poco y menos pico.

Mi objetividad es la misma que la de ella en sentido contrario, a veces, pocas, coincidimos y por ello la leo.

No me des poderes que ni tengo ni quiero. Jamás he tenido a ningún político relevante cerca de mi; menos aún a pro o filo etarras, salvo en un coche en dos ocasiones ellos armados y yo con la manos en los bolsillos. Así que este tema apartalo cuando te dirijas a mi

No creo que nadie quiera hacer con España desde el gobierno, lo que dices
... (ver texto completo)
Y DICES:>> menos aún a pro o filo etarras, salvo en un coche en dos ocasiones ellos armados y yo con la manos en los bolsillos. Así que este tema apartalo cuando te dirijas a mi>>

Te recuerdo que dejaste de cumplir el punto 5º del DECÁLOGO- ****. ¿Lo recuerdas? ¡Mira que ir con las manos en los bolsillos!, ¡a quién se le ocurre!
Normal, lo contrario sería para preocuparse.
Esta Sra. Lleva 25 años diciendo lo mismo hacia diferentes personas. No ha acertado (por suerte)
nunca. Espero que siga igual hasta dentro de otros cincuenta.
Se te ve la objetividad que tienes con esta periodista, sois tremendos los izquierdistas, ¡de pena! unos cuantos como tu, Pedro, Pablo y otros de la mismas ideología seréis los culpables del futuro gobierno de extremistas, comunistas, lifoterrorístas, y proetarras que piensan desgobernar España, y todo por el afán que tiene de seguir en el sillón de la Moncloa, es lo peor de lo peor que ha tenido España, capaz de todo, ese es el señor de las tesis.
EL CONTRAPUNTO.

Se le va de las manos.

Sánchez ofrece mansamente la mejilla presidenciable para que los independentistas crecidos se harten de abofetearla.

Isabel San Sebastián.

Actualizado: 27/11/2019 23:46h.

Con la «elegancia» que le caracteriza y refleja a la perfección su apellido, Gabriel Rufián ha dicho una verdad como un templo: «A un Sánchez débil y derrotado se le puede obligar a sentarse a una mesa y dialogar». La premisa que sostiene esta afirmación es innegable. Tanto, que tras las elecciones en las que el PSOE perdió tres escaños en el Congreso y la mayoría absoluta en el Senado su candidato tardó veinticuatro horas en abrazarse literalmente al líder podemita cuyo extremismo le quitaba el sueño dos semanas antes. Ni siquiera se molestó en disimular. Sonado por esa paliza electoral, se avino a componer un gobierno de coalición con representantes de un partido en quienes, según sus propias palabras, no se podía confiar, supeditando de ese modo el interés y la seguridad de los españoles a su propio apetito de poder. ¿Cómo reprochar a Rufián que saque su pecho de pavo real al referirse a esa baza servida en bandeja de plata?

Ha sido Sánchez quien ha cerrado la puerta a cualquier posible pacto ajeno a «rufianes», eligiendo por compañero de viaje a Podemos antes incluso de que el Rey iniciara el trámite constitucional pertinente. Él ha abortado de ese modo un eventual acercamiento del PSOE a fuerzas como el PP o Ciudadanos, inequívocamente leales a la Constitución. Él y solo él es responsable de poner un arma de tan grueso calibre político en manos de los independentistas catalanes y vascos, al otorgarles en exclusiva la capacidad de decidir si su investidura sale o no sale adelante. ¿Qué esperaba, que se la regalaran por su cara bonita? ¿Que le hicieran presidente por ser la encarnación misma del «progresismo»? ¿Nadie a su alrededor le advirtió de que el precio exigido por semejantes aliados sería sencillamente impagable, a la corta o a la larga? Lo cierto es que la situación se le ha ido de las manos y cada día le trae una nueva humillación, pese a lo cual él sigue ofreciendo mansamente la mejilla presidenciable para que los independentistas crecidos se harten de abofetearla.

Sostienen los más voluntaristas que ERC no es tan radical como parece; que está actuando de cara a su galería, con vistas a las elecciones autonómicas catalanas, aunque su deseo último sea aceptar unas condiciones compatibles con el marco constitucional vigente. La misma condición presuntamente posibilista se atribuye desde hace lustros al PNV, pese a sus denodados esfuerzos por demostrar lo contrario con gestos tan elocuentes como exigir, junto a la marca local de Podemos, un nuevo estatuto que reconozca a los vascos el derecho de autodeterminación y garantice una relación bilateral entre el País Vasco y España, como si se tratara de dos estados diferentes. En realidad, tanto ERC como el PNV son y siempre han sido partidos separatistas, al igual que Bildu o las CUP. Al menos no han mentido respecto de sus intenciones. Cosa distinta es que haya quien se haya querido engañar, con tal de justificar lo injustificable. Los socios de cuyo pulgar depende la presidencia de Sánchez están en la voladura de la Carta Magna y de la Nación española. En el respaldo expreso del intento de sedición perpetrado por Junqueras y compañía. En el chantaje permanente a España. Esas son las fuerzas a las que el candidato socialista ha ligado su futuro y el del PSOE. Como bien ha recordado Rufián, «ERC pone y quita gobiernos» cuando quien aspira a presidirlo anda tan sobrado de ambición como escaso de dignidad y sentido de la responsabilidad.

Isabel San Sebastián.

Articulista de Opinión.
POSTALES.

Mujeres y hombres.

Partidos que presumen de igualitarios, como el comunista, son viveros de machos alfa.

José María Carrascal.

Actualizado: 27/11/2019 00:09h.

Negar que existe una violencia machista es como negar que la Tierra es esférica, que hemos ido a la Luna o que Elvis Presley ha muerto. Un ejercicio de tozudez o macabra ironía. Las cifras son incuestionables. Cada día mueren en el mundo 137 mujeres a manos de un hombre. En España, son 52 las muertas este año y 1.028 desde que empezaron a contabilizarse en 2.003, bastantes más que las ochocientas y pico víctimas de ETA. Y no son ardores meridionales o de nivel cultural o económico. Los escandinavos y otros pueblos ricos y cultos hacen lo mismo, tal vez con más refinamiento, lo que no mejora en absoluto la cosa. No entro en las causas, tal vez pertenezcan al lado oscuro de la naturaleza humana, no importa que la mujer cumpla la más importante tarea: la perpetuación de la especie, aparte de cuidar a la prole y cultivar la huerta que proporcionaba el alimento cuando el pater familia volvía de la caza sin presa. Lo único seguro es que, acabada la esclavitud, el «la maté porque era mía» y otras excusas tan bárbaras como falsas, esto no puede continuar, por puro desarrollo histórico. Sin duda va a costar, al remontarse a los orígenes de la humanidad y estar incrustado en la mayoría de las sociedades, ideas, culturas y religiones. Algunas han empezado a soltar ese lastre al darse cuenta de su error, pero les queda aún mucho camino por recorrer. En política, partidos que presumen de igualitarios, como el comunista, son viveros de machos alfa. La viuda de Mao fue la excepción, no la regla.

No quiere eso decir que no haya mujeres viles, criminales, asesinas. Las hay. Pero la proporción de asesinatos de parejas es de 1 a 100 comparado con los hombres. Aparte de existir en la mayoría de los casos una respuesta a la victimización anterior por parte de él, que, me apresuro a decir, no es ninguna excusa, más, si la venganza se generaliza. Es la sociedad en todo sus niveles, el educativo en primer lugar, la que tiene que coger el toro por los cuernos y establecer una nueva relación entre hombres y mujeres que sea enriquecedora para ambos. No se trata de hacer de la mujer otro hombre, ya hay bastantes, sino de complementarlos. ¡Somos tan distintos! Y, al mismo tiempo, ¡nos necesitamos tanto!, que un mundo sólo de hombres sería espantosamente aburrido. (D’Ors decía que el día que pasaba sin hablar con una mujer era un día perdido). De ahí que el feminismo radical esté a la postre tan equivocado como el machismo elemental, y si Vox no entiende esto pasará a la historia como una nota a pie de página.

Para acabar esta postal voy a reproducir un párrafo del ensayo que Sebastian Haffner publicó, con el mismo título en la revista «konket» hace medio siglo: «Hombres y mujeres no son enemigos naturales, al revés, son los amigos más naturales del mundo, hechos para gustarse mutuamente. Casi cada hombre y casi cada mujer son una perfecta pareja amorosa, todavía, a Dios gracias».

José María Carrascal.

Articulista de Opinión.
EL CONTRAPUNTO.

Vamos derechos al Frente Popular.

¿Queda algún socialista a quien le repugne echarse en brazos de Iglesias Junqueras y Otegi? Ninguno que se atreva a abrir la boca.

Isabel San Sebastián.

Actualizado: 24/11/2019 23:54h.

Pedro Sánchez amenaza con hacer bueno a José Luis Rodríguez Zapatero… ¡Que ya es decir! Si aquél entabló un proceso de negociación política con una banda terrorista a la que ofreció ominosas contrapartidas a cambio de que nos perdonara la vida, éste se dispone a humillarse y humillarnos aceptando las condiciones de un partido independentista llamado Ezquerra Republicana de Cataluña, cuyo máximo dirigente está en la cárcel por los delitos de sedición y malversación. Un partido frontalmente opuesto a la Constitución por la que nos regimos y a la Nación consagrada en esa Carta Magna. Un partido que va de la mano en Europa con los filoetarras de Bildu, encabezados por un terrorista que jamás ha condenado el sanguinario historial de la banda. Un partido corresponsable de haber arruinado Cataluña propiciando la fuga masiva de empresas y un enfrentamiento civil que ha dañado la convivencia hasta el punto de romper familias. A esa tabla de salvación va a agarrarse con tal de conservar la poltrona.

En tres años nuestro presidente en funciones ha liquidado tres de las cuatro siglas del partido que encabeza. O, mejor dicho, dos, puesto que la «O» de «obrero» era ya antes de él una mera concesión al romanticismo nostálgico. Resistían a duras penas la «E» de «español», que Sánchez está a punto de sacrificar definitivamente al separatismo, entregando nuestra soberanía y nuestra dignidad en pago por el alquiler temporal del Gobierno, y la «S» de «socialista», trocada por la «R» de «relativista» en función de lo que convenga. Permanece vigente la «P» de partido, puesto al servicio de un líder pagado de sí mismo, de ambición ilimitada, sin el menor escrúpulo en lo tocante a los medios necesarios para alcanzar o conservar el poder y sin más estrategia política que la precisa en cada momento con la vista puesta en La Moncloa.

Lo cierto es que tiene mérito. Pocos políticos sobreviven a una fetua como la que dictaron contra él sus propios compañeros en octubre de 2016, cuando el Comité Federal trató de salvar la honra y la identidad de la formación impidiendo a este iluminado trepar hasta la Presidencia con semejantes compañeros de viaje. Contra todo pronóstico, él solo venció a una organización centenaria, apoyándose en la misma militancia que ahora avala a la búlgara su pacto «progresista» con Podemos y, de manera tácita, el consiguiente acuerdo con ERC y Bildu, imprescindible para rematar la operación de «asalto al cielo». No hay más PSOE que esas bases y Sánchez es su profeta. Los órganos de dirección han muerto. La dirección colegiada no existe. El césar Pedro ordena y manda, al frente de su legión de doscientos mil afiliados, y quien discrepe, a callar, o ya sabe dónde está la puerta. ¿Queda algún socialista español a quien le repugne echarse en brazos de Iglesias, Junqueras y Otegi, tragando con sus condiciones? Ninguno que se atreva a abrir la boca, más allá de Rodríguez Ibarra o González, cuya influencia en el partido es a día de hoy nula. De los actuales, con voz y voto, no tenemos noticia. Si es que alguno se abochorna ante lo que está pasando, le faltan redaños para denunciarlo.

De modo que vamos derechos al gobierno de frente popular, con ministros comunistas en el Gabinete, una mesa de negociación bilateral encargada de tratar la «cuestión política catalana» al margen de las instituciones democráticas y un sistema de financiación privilegiado para Cataluña, que pagaremos a escote el resto de los españoles. Gracias, Sánchez, por tan alto servicio a la patria.

Isabel San Sebastián.

Articulista de Opinión.
EL BURLADERO.

El mazazo de la culpabilidad.

El Tribunal dice que lo sabían y que les parecía muy bien.

Carlos Herrera.

Actualizado: 21/11/2019 23:45h.

En ABC se ha escrito ya casi todo acerca de la sentencia de los ERE falsos, el fondo de reptiles y el régimen clientelar andaluz. Pero a este columnista le ha cogido a tres días de su escrito semanal y no tiene más remedio que pedir disculpas por incidir de nuevo en el asunto. Ustedes sabrán disculparme. Hace poco más de año y medio escribí en esta misma página -y perdón por la autocita- un suelto titulado « ¿Responsables o Culpables?»: tenía dudas de si la conducta de Chaves y Griñán estaba guiada por la torpeza como administradores o la intención malsana de malversar dinero público en beneficio de los intereses electorales de su partido. Advertí ser cercano humanamente a ambos, personas de afabilidad y austeridad personal ciertamente contrastada: Chaves y Griñán, añadía, no son Pujol, que se ha enriquecido, ha evadido capitales, ha defraudado a Hacienda y ha fracturado la sociedad catalana de forma no sé si reversible. Los presidentes andaluces no manejaron un 3% de todo lo que pasara por sus manos, vine a decir. Solo cabía dilucidar si se trataba de responsables políticos que incumplieron la obligación de saber lo que se movía bajo sus pies, que no detectaron ni cortaron de raíz un fraude masivo, que no supieron lo que pasaba siendo su obligación saberlo todo o si fueron consentidores y autores, y por lo tanto culpables, de un manejo pervertido de recursos públicos en beneficio de la presencia electoral todopoderosa del PSOE en la tristísima Andalucía clientelar.

Las evidencias han llevado al Tribunal a dar respuesta categórica: son culpables. La responsabilidad no era solo política: también lo era penal, ya que los jueces no conciben que un manejo de ese calibre pudiera realizarse a espaldas de los máximos responsables de la Administración. Desde ese momento, la situación de ambos es bien distinta: Chaves ha sido condenado a inhabilitación para el desempeño de unas funciones a las que jamás planeaba volver a postularse, con lo cual solo le pesa la erosión en el prestigio personal, que no es poco, pero Griñán ha sido condenado a seis años de cárcel, a expensas de que el Supremo lo confirme o no.

Ambos han recibido solidaridad humana de sus próximos, pero saben que están solos y que hoy son el objeto de todo tipo de invectivas, muchas humanamente exageradas. Pero lo cierto es que lo que el Tribunal ha venido a hacer es condenar una forma de gobernar, la soberbia de creerse inexpugnables después de más de treinta años de poder y la acción calculada y consciente de más de una ilegalidad. Esa soberbia de saberse ganador una y otra vez a la que me refiero conduce, en ocasiones, a despreciar los mecanismos de intervención y control que toda Administración posee. Y ese fue el gran error que impide hoy a los responsables juzgados y condenados a argumentar su inocencia: el Tribunal dice que lo sabían y que les parecía muy bien. En la Andalucía que tantas glorias electorales ha dado al socialismo patrio merodeaba un sentido de impunidad del que pocos quisieron deshacerse, sabedores de que no había más reproche público a sus repetidas conductas que los llevados a cabo por un puñado de resistentes al acomodaticio papel de la mayoría de medios de comunicación, debidamente regados en función de sus posturas más o menos críticas.

La sentencia deja en lugar políticamente comprometido a diversos actores del teatrillo local y nacional. Por mucho que Pedro Sánchez quiera esconderse o que Susana Díaz advierta que con ella no va la cosa, la decisión de los jueces es un volquete de basura vertido sobre sus predios. Ciertamente lo que les acaezca a ambos nunca significará una milésima parte de lo que puede significar en prestigio o libertad para varios socialistas aturdidos por un mazazo considerable.

Carlos Herrera.

Articulista de Opinión.
EL RECUADRO.

ERE: Por menos echaron a Rajoy.

Son tan habilidosos que parece que Griñán y Chaves son de otro partido que Pedro Sánchez.

Antonio Burgos.

Actualizado: 20/11/2019 01:05h.

Nada tan socorrido como un cordón sanitario. Ayer lo volvió a utilizar habilísimamente el PSOE tras la sentencia condenatoria de sus altos cargos en el vergonzoso caso de los ERE. Son tan cucos, que se las han ingeniado para que pareciera que el partido al que pertenecían los condenados por prevaricación y malversación en los ERE eran de otro partido distinto al que se ha sacado Sánchez de la manga, como Felipe González creó al PSOE renovado en Suresnes. Con la diferencia de que González reclamaba la continuidad para sí, con los famosos «100 años de honradez», del partido de Pablo Iglesias el de la gorra, mientras que Sánchez se las ha ingeniado con todo su aparato de poder para hacernos creer que lo de Griñán y Chaves, Guerrero y compañeros de mangoleta, condena y futura trena eran de un partido distinto.

Escuchen estas palabras de ayer tras una sentencia que nos ha hecho volver a confiar en la independencia de la Justicia y en la separación de poderes, tras tantas sospechosas unanimidades en el Supremo en catalanas separatistas materias y exhumación de dictadores: «Es un hecho que nos avergüenza. Es un día triste para Andalucía, aunque por fortuna los tiempos son otros y también las maneras, las prioridades y las personas». ¿Quién hablaba así? ¿Sánchez? Eso es lo que ha dicho Sánchez y todo el aparato de su partido, con sus hechos, con su ponerse de perfil a lo Rajoy. Pero quien hablaba así era Moreno Bonilla, el actual presidente de la Junta de Andalucía que sufrió la mayor mangoleta que vieron los siglos y que la Fiscalía calcula entre los 855 y los 680 millones de euros, de los que no han devuelto ni uno. Son tan habilidosos que parece que Griñán y Chaves son de otro partido que Pedro Sánchez. Porque han repetido que fueron presidentes de la Junta en esta década ominosa de meter la mano en el cajón del dinero de los parados para mandar al chófer por cocaína y beneficiar con las regulaciones de empleo a señores apuntados al clientelismo del partido sin haber trabajado en su vida en esas empresas favorecidas por el espurreo de millones a pelón entre los amiguetes. Pero no debe olvidarse que los tan repetidos presidentes de la Junta, los dos, Chaves y Griñán, fueron también presidentes del PSOE, del partido con el que Sánchez nos quiere hacer creer que no tiene nada que ver con los ERE, que esos fueron «cuatro golfos», incrementados luego por lo menos a veintiuno. Ah, y no lo olviden. Si Sánchez no estaba allí ni tiene nada que ver con el partido condenado por los ERE, Susana Díaz es que nunca sucedió a Chaves gracias al dedo de Griñán. Son falsos testimonios. Susana tampoco tiene nada que ver con esos años de cárcel y de inhabilitación a sus antiguos compañeros. Inhabilitación que me hace muchísima gracia. Inhabilitan nueve años por prevaricación a un jubilado como Chaves. ¿De qué cargo publico lo van a inhabilitar? Como no sea de ir a juzgar al dominó al hogar del pensionista... Y eso que para escuchar la sentencia se puso el antiguo uniforme oficial de aquel PSOE de las mayorías absolutas; una chaqueta de pana, como la que usaban en aquellos entonces Guerra y González, para que se viera que lo que ahora pasa por PSOE es el mismo que él presidió en la era de la Junta de los ERE.

Por menos, por muchísimo menos que esta vergüenza de hechos probados y condenados le hicieron una moción de censura y echaron a Rajoy. No hay color. Sí, bueno, sí hay color; azul o rojo. Y lo que esos dos colores traen: las dos varas de medir, en la superioridad moral que se otorga la izquierda. ¿Sánchez dimi... qué, dice usted? ¡Si eso de los ERE era en otro partido, hombre, no en este que va a romper a España entregándose en manos de los comunistas bolivarianos, los separatistas catalanes y los proetarras vascongados!

Antonio Burgos.

Articulista de Opinión.
VIVIMOS COMO SUIZOS.

Vacas locas.

A Torra el chiste de las judías no le sale tan bien como a Paco Gandía el de los garbanzos.

Rosa Belmonte.

Actualizado: 18/11/2019 23:39h.

Después de escuchar a Quim Torra tuve que ponerme en Youtube el chiste de los garbanzos de Paco Gandía. Para elevar el nivel intelectual. Podía haber tirado de Quevedo y su «Gracias y desgracias del ojo del culo» o de Jonathan Swift por «El beneficio de las ventosidades». Pero Paco Gandía tenía más gracia. Y más entidad política que Torra. El chiste es un clásico larguísimo donde sale hasta Curro Romero. Torra lo había dejado claro el día antes en una actuación como de actor malo de la «stand up comedy», micrófono en mano: «No iré a defenderme, iré a atacar al Estado». Pero no sabíamos que iba a atacarlo con flatulencias. De las de verdad, no de las mentales tan habituales en él y otros de su cuadra. Había amenazado al tribunal ante el que compareció ayer. Dijo que se había tomado un plato de butifarra con judías muy contundente y, según lo que le preguntaran en el juicio, la cosa saldría por un lado o por otro. Un poco el «Opá, que voy a largar» del niño de Gandía en la plaza de toros.

No consta que nada de eso pasara ayer. Hombre, de un día para otro ya se le habría pasado. No consta tampoco que Torra, como le pasaba a Hitler, tenga meteorismo, es decir, un exceso de flatulencia. Hitler olía a huevos podridos. Para combatir el meteorismo (con Hitler hay que tener cuidado al emplear el término gases porque se malinterpreta), tomaba unos veintiocho medicamentos diferentes. Ahí estaba el doctor Morell haciendo de matasanos. Y esto no es una manifestación de la ley de Godwin (la de analogías nazis). Es sólo que Hitler es un modelo práctico para ventosidades. Las sufría especialmente desde Stalingrado. Quevedo y Jonathan Swift sólo eran unos teóricos y satirizadores del asunto.

En el juicio, la defensa se creyó Tom Cruise preguntando a Torra si había cumplido la orden de la Junta Electoral Central de retirar los lazos amarillos (aunque el abogado se parezca más a Wallace Shawn). «No, no la cumplí. Sí la desobedecí. Pero era imposible cumplir una orden ilegal». En todo caso no ordenó el Código Peo (miren, yo soy de Murcia y pedo allí es borrachera, para lo otro no usamos la de). También dijo Torra que la Junta Electoral Central «no es un órgano superior al de presidente de la Generalitat». Hombre ya. Por encima de mí, nada. Y por debajo, el caos.

Antes de todo eso, una cachorra de Arran (lástima de guapura) había desplegado en TV3 el discurso fascista del independentismo violento (violento a la par que mentecato, que no hay incompatibilidad). Núria Martí, que así se llama la chiquilla, dijo no creer en los derechos individuales. Yo no creo en la cosmética masculina. A Núria sólo le parecen legítimos los derechos colectivos. Que a ver qué es eso de quejarse por no poder entrar en la universidad, no poder circular por una autovía, no poder llegar al trabajo. Pequeñeces pequeño burguesas de quien no está en lo que hay que estar. Parece que eso es una visión egoísta frente a la de miles de personas que se están jugando la libertad. «Nuestro límite no son los derechos individuales de los demás ni la ley. Nuestro límite es la razón porque la tenemos». ¿Habrá oído la inquietud del presidente de Seat por la situación? Esa posibilidad de que Seat en Martorell deje de ser Seat en Martorell. Los derechos colectivos de los trabajadores de Martorell les darán igual a los jovenzuelos de Arran. Opá, que voy a largar.

Decía ayer en ABC Carmen Linares que lo que pasa en Cataluña puede afectar al flamenco. Sobre todo afecta a los cerebros. Los hace espongiformes, como el mal de las vacas locas.

Rosa Belmonte.

Articulista de Opinión.
EL CONTRAPUNTO.

Primero irán a por las escuelas...

Después atacarán a los medios de comunicación, la soberanía popular, el Rey y la Nación, cuando no quede nadie para defenderla.

Isabel San Sebastián.

Actualizado: 18/11/2019 09:03h.

Las palabras de Isabel Celaá en el Congreso de Escuelas Católicas no fueron fruto de un equívoco o un lapsus, como han pretendido argumentar los defensores de la ministra, sino de un acto fallido. Ambos términos suelen confundirse a menudo, aunque su significado es opuesto. Un lapsus es un error involuntario cometido por descuido. Un acto fallido, por el contrario, constituye un canal por el cual el inconsciente de la persona logra poner de manifiesto los deseos ocultos que se encuentran depositados en él. Dicho de otra manera; cuando la ministra de Educación designada por Pedro Sánchez pronunció su célebre sentencia: «De ninguna manera se puede decir que el derecho de los padres a escoger la enseñanza religiosa o elegir centro educativo podrían ser parte de la libertad de enseñanza que recoge el artículo 27 de la Constitución», estaba anunciándonos sus intenciones. Unos planes que, por razones obvias, era preciso mantener secretos durante la campaña electoral, pero que ahora salen a la luz sin empacho, con el descaro añadido de aflorar precisamente en casa de aquellos a quienes se pretende aniquilar.

El Gobierno de frente popular que se disponen a formar, a dúo, el líder del Partido Socialista y el de Podemos, con el respaldo de los independentistas catalanes y vascos, pondrá su mejor empeño en controlar en su totalidad el sistema nacional de enseñanza, herramienta indispensable en su proyecto de ingeniería social. Si algo han aprendido Sánchez e Iglesias de sus socios separatistas es el modo de adoctrinar conciencias vírgenes desde los colegios, sin miedo a sembrar mentiras, odio o intoxicación, con el fin de conseguir adeptos entre las generaciones jóvenes. Los comunistas, expertos en la materia, no necesitaban lecciones al respecto, pero nunca está de más una experiencia exitosa reciente. Hay que empezar desde abajo, inculcando en todas las mentes la dictadura ideológica de lo políticamente correcto, también llamado «pensamiento progresista», para lo cual es fundamental terminar con la educación concertada e imponer un único modelo público, a costa de retorcer la Carta Magna hasta hacerle decir lo contrario de lo que dice. Y en ello están, tal como nos ha desvelado Celaá. Primero irán a por las escuelas…

Después, se cebarán con los medios de comunicación que osen criticar sus políticas, destapar sus vergüenzas y proponer alternativas a su gestión, haciendo uso de la libertad de información y opinión consagrada en esta misma ley de leyes. Hay muchas formas de censurar y a todas ellas recurrirán, porque detestan la libertad aunque se llenen la boca invocándola. Harán lo que esté en su mano por silenciar las voces molestas, tal como demostraron, nada más consumarse la moción de censura, al desembarcar en RTVE y tomar posesión de la plaza, expulsando de los despachos de mando, la pantalla y el micrófono a todos los profesionales ajenos a su cuerda ideológica. Su modelo será TV3, no solo en las públicas, sino allá donde alcance su mano. Y quienes se aferren (nos aferremos) a la independencia, pagarán (pagaremos) cara la afrenta.

A continuación, vendrá una nueva ofensiva contra la soberanía popular, que nos convierte a todos los españoles en dueños de nuestra patria en régimen «pro indiviso», mediante el procedimiento falaz de exigir que sea parcelada por comunidades autónomas en nombre del «derecho a decidir».

Lo siguiente será la Monarquía, encarnada por el Rey Felipe VI, si la reforma constitucional necesaria encuentra cómplices que la respalden.

Y, por último, la Nación, cuando no quede nadie para defenderla.

Ese es el plan.

Isabel San Sebastián.

Articulista de Opinión.
EDITORIAL.

Un Gobierno que asusta antes de nacer.

2019-11-14.

Por mucho que las medidas que recoge el preacuerdo entre el PSOE y la extrema izquierda podemita sean pocas y todavía muy ambiguas, por mucho que Sánchez haya ofrecido a Nadia Calviño la vicepresidencia económica y la haya presentado como adalid de la ortodoxia presupuestaria y por mucho que la ministra en funciones Reyes Maroto tenga la desfachatez de calificarlo de "Gobierno moderado", está visto que el Ejecutivo socialcomunista hace temblar la economía antes incluso de haberse conformado.

Y es que no es casual que, justo en el momento en que Sánchez e Iglesias se fundían en un abrazo, los mercados se dieran la vuelta y el Ibex 35 cosechara pérdidas, ampliando su desmarque del Eurostoxx. Además, este miércoles el selectivo español abrió con fuertes caídas, por encima del 1,5%, hasta cotizar en el nivel de los 9.100 puntos, pérdidas que mantuvo durante toda la jornada, hasta cerrar en el 1,2%.

Y no es para menos: ni la ambigüedad de las medidas del preacuerdo ni las falaces palabras del Gobierno en funciones para tranquilizar a los mercados y a los inversores pueden llevar a nadie engaño. El de Sánchez es el partido socialista más radical de cuantos hay en Europa y, para colmo, abre la puerta de su Gobierno a una formación comunista como Podemos, algo que ya no sucede en ninguna democracia occidental. Así las cosas, no hace falta ser un analista muy perspicaz para saber que Podemos, lejos de moderar, va a excitar todavía más las letales propensiones del PSOE de Sánchez a subir los impuestos, incrementar el gasto, incrementar el salario mínimo, controlar los alquileres, hacer más rígido el mercado laboral y subir irresponsablemente las pensiones a costa de los actuales trabajadores y de un mayor endeudamiento público. Todo lo contrario de lo que hay que hacer para espantar la crisis económica en la que el desgobierno de Sánchez nos ha sumido.

Algunos trataran de buscar consuelo en el hecho de que aún está por ver que Sánchez e Iglesias encuentren los apoyos suficientes para sacar adelante la investidura; pero, aun estando ciertamente el futuro siempre abierto, no menos cierto es que a Sánchez le basta el apoyo de Iglesias y de Errejón para salir investido presidente en segunda votación, mientras las formaciones separatistas no se sumen al PP, a Vox y a Cs en contra de este Gobierno social-comunista que, a diferencia también de cualquier otro Gobierno europeo, tendrá un vicepresidente y varios ministros partidarios del mal llamado derecho de autodeterminación de las regiones que conforman la nación española.

A este respecto, más sentido tiene buscar algo de consuelo en la pertenencia de España al euro y en la falta de acreedores que va a padecer este espantoso e irresponsable Ejecutivo. Con todo, aun cuando este hecho imponga límites al endeudamiento, las tragaderas de los burócratas del BCE que financian con dinero del contribuyente a los Gobiernos manirrotos son enormes y nunca han constituido un dique para la subida de impuestos. Así las cosas, para cuando el Gobierno de Sánchez ya no pueda seguir gastando y endeudándonos más por falta de acreedores institucionales, la situación económica nacional bien podría ser absolutamente calamitosa.

En definitiva: no es de extrañar que los mercados estén tan alarmados ante un Gobierno como el que Sánchez dijo en su día que "no dejaría dormir tranquilos al 95% de los españoles".
UNA RAYA EN EL AGUA.

Moncloa bien vale un ridículo.

¿Quedará algún español, incluido Pablo Iglesias, que pueda fiarse de la palabra de Sánchez?

Ignacio Camacho.

Actualizado: 12/11/2019 23:41h.

Lo más llamativo es la desfachatez, el cinismo para no sonrojarse. Desde la noche del domingo, cuando el escrutinio le cantó el éxito «redondo» de su jugada maestra, Sánchez era perfectamente consciente de que se iba a tener que tragar la célebre declaración sobre el insomnio que le producía -a él «y al 95 por ciento de los españoles», había añadido para mayor recochineo- la idea de tener a Iglesias de vicepresidente. De que iba a haber rechifla general cuando se comiese su veto con habitas y Chianti, como se zampaba su menú de caníbal Hannibal Lecter. Ayer se debió de tomar una caja de barbitúricos para dormir y otra de antiácidos para mantener la sonrisa cuando el hombre que no le dejaba conciliar el sueño le dio un abrazo mientras en el país estallaba el jolgorio a cuenta de su vigilia en ese también célebre colchón monclovita, que acaso vaya a ser el único elemento del palacete que no tenga que compartir con su flamante socio. Moncloa bien vale un ridículo. Ande yo caliente y ríase la gente.

Pero sucede que en aquellos días de verano, el presidente utilizó más argumentos que el del desvelo, y más serios, para justificar su negativa a la coalición. Dijo, por ejemplo, que la UE era claramente reacia a ese proyecto porque lo consideraba contraproducente para la estabilidad presupuestaria. Dijo que no podría fiarse del secreto de las deliberaciones del Consejo de Ministros. Dijo que no podía compartir la dirección del Estado con una formación partidaria de la autodeterminación de Cataluña. Dijo que necesitaba «un vicepresidente que defienda la democracia y no diga que en España hay presos políticos». Dijo que Iglesias no controlaba su propia organización. Dijo que un pacto de ese tipo significaría la existencia de «dos ejecutivos en uno». Dijo que Podemos no tenía dirigentes con experiencia «política ni de gestión» para encargarse de una cartera. Dijo que no habría una segunda oportunidad.

Y no fue sólo él. Colaboradores de la ejecutiva hablaban de la conflictiva, imposible coexistencia de «dos gallos en el mismo corral». Un miembro (o miembra, que diría Bibiana Aído) del Gabinete expresó ante este cronista su recelo de que los ministros podemitas desestabilizaran las relaciones con Marruecos o con los aliados de la Defensa atlántica, de que sembraran la desconfianza entre las fuerzas de seguridad o de que cuestionaran la Corona. Motivos consistentes, lúcidos, incluso patrióticamente irreprochables. Y siguen intactos porque la otra «parte contratante» no se ha movido ni ha cambiado. Pero tan firmes convicciones de razón objetiva se han vuelto reversibles con la simple pérdida de tres escaños.

Esos tres escaños menos van a convertir a Sánchez en presidente de un Gobierno de Podemos y del frente anticonstitucional. La cuestión es si después de lo de ayer quedará algún español, incluido Pablo Iglesias, capaz de fiarse de su palabra.

Ignacio Camacho.

Articulista de Opinión.
Nadie gana.

A Abascal le ayudaron más los errores de sus adversarios que sus aciertos, aunque muchas de sus críticas estaban en sintonía con la opinión general.

José María Carrascal.

Actualizado: 11/11/2019 00:01h.

Agrosso modo, puede decirse que, menos Vox, que de un salto se ha convertido en el tercer partido, todos los demás han perdido. Pero hay perdedores y perdedores. Ciudadanos, el que más, y Rivera haría bien en pensar ceder el mando de la formación a Arrimadas, que ha mostrado mucho más talento y juicio que él, que prácticamente se equivocó en todo, desde mantener su duelo con el Partido Popular por el liderato del centro-derecha, con lo que sólo aumentó su fama de tarambana, a mantener una actitud arrogante, casi despectiva, hacia Vox, que ha estado mucho más a tono con ese segmento del electorado. Dos errores de novato que pueden truncar una carrera política. Tampoco Casado logra sus objetivos. Aunque aumenta sustancialmente sus escaños, fue a costa de Cs, con lo que el cómputo general de ambos bloques sigue dando ventaja a la izquierda. Le faltó arrojo, pasión, inspiración y le sobró cautela, lo que en un momento como el que atravesamos, con la ciudadanía harta de politiqueos, tácticas e incertidumbres, produce suspicacia y desapego. Iglesias logra minimizar las pérdidas que se le auguraban, pero no alcanzar el número necesario, 176, junto a Sánchez para formar un soñado «gobierno progresista», incluso si se le añaden los dos diputados de Errejón, que tampoco alcanza los cinco para formar grupo propio a que aspiraba para pintar algo. Y Sánchez no gana, como creía, escaños, sino que los pierde y ve alejarse el «gobierno sólido para emprender las reformas que España necesita», necesitando, y esto es lo más duro para él, no ya a Iglesias, algo que decía que le quitaba en sueño, sino a los nacionalistas que ya sabe lo que van a exigirle: la libertad de sus líderes y el derecho a la autodeterminación. Que no puede darles.

En cuanto a la victoria clara, rotunda, de Santiago Abascal, déjenme advertir dos cosas. Le ayudaron más los errores de sus adversarios que sus aciertos, aunque muchas de sus críticas estaban en sintonía con la opinión general. Pero no debe olvidar que tanto Pablo Iglesias como Albert Rivera vivieron un idilio con ella tras aparecer, para luego despeñarse. Y si él se limita a sus extremismos y criticismos a ultranza, terminará pasándole lo mismo.

Para resumir, el 10-N no ha resuelto nada, es más, puede haber enfangado el escenario político español aún más de lo que estaba. Y otras elecciones ya no se ofrecen como solución. Lo único claro de estas es que Cataluña las ha decidido y las seguirá decidiendo. Hay que coger ese toro por los cuernos sin que sirvan manipulaciones de ningún tipo. Abascal debe su triunfo a la Barcelona incendiada de las últimas semanas y si ayer llegan a repetirse las revueltas, como algunos predecían, Vox hubiera sido el vencedor absoluto. No ocurrió y no creo que fuera por el refuerzo policial allí enviado, sino por cálculo político: les convenía a más dejar votar en paz y no como la última vez. ¿Cuándo vamos a exhibir nosotros tal arte politico?

José María Carrascal.

Articulista de Opinión.
HORIZONTE.

Un poco de hombría, presidente.

Rivera llamó adoquín a lo que era una baldosa, cosas muy distintas, pero España entera se pasa 24 horas hablando del adoquín.

Ramón Pérez-Maura.

Actualizado: 06/11/2019 00:30h.

Parece una conclusión bastante segura decir que no está claro quién ganó el debate del lunes, pero sí quién lo perdió, por más que sus medios afines se empeñen en decir que fue el vencedor. El gran derrotado fue Pedro Sánchez, al que le dieron una paliza considerable. Principalmente Pablo Casado, que tenía claro quién era su rival a diferencia de otros partidos que disparaban en múltiples direcciones. Casado enunció las cinco razones en las que Sánchez había sustentado su moción de censura a Rajoy y demostró la falsedad de las mismas: no obtuvo respuesta. Le pidió que definiera lo que es una nación y si Cataluña lo es: obtuvo la callada. Le preguntó por las pensiones: nada respondió. E inquirió por sus posibles pactos con los independentistas: Sánchez se quedó mirando el folio en el que parecía escribir todo lo que dejó redactar a Irene Lozano en su libro sobre su asalto al poder. Hay que ser muy cobarde para no mirar a la cara a ninguno de los cuatro interlocutores que tuvo Sánchez el lunes. Quizá fuera una estrategia genial para intentar disimular la falta de respuestas. Pero, si ésa es la razón, habrá que reconocer que es muy preocupante que en esta sociedad no pese nada el plagiar una tesis y el no tener la hombría necesaria para mirar a la cara a quien te critica con argumentos.

No son pocos los que consideran que el gran ganador de la velada fue Santiago Abascal. Desde luego consiguió colocar todos los puntos que había preparado bien. Su tono populista quedó marcado desde su llegada al plató sin corbata. Era una forma de manifestar un posicionamiento en un momento en que algunos estudios sociológicos indican que Vox está faenando en los caladeros de Podemos. Como todo populista, empleó datos falsos al hablar de la inmigración. Dijo que el 70 por ciento de los imputados en delitos de manadas, de las que dijo que había 100, son extranjeros. La realidad es que ni ha habido 100 manadas ni un 70 por ciento de extranjeros. El dato real es que el 75 por ciento de los condenados son españoles. Pero Abascal supo hacer llegar con efectividad su mensaje y se mantuvo aferrado a la defensa de la Constitución y la legalidad en Cataluña, acompañado de poner en práctica las medidas más extremas que permitiría la Carta Magna. Empezando por la reforma de la misma para acabar con el Estado autonómico. Que es una medida perfectamente legítima si se realiza por la senda de marca la Constitución. Y lanzó la machada de pedir «eliminar la sanidad universal para los inmigrantes». Cabe suponer que se refería a los ilegales, porque si de verdad lo pedía para todos, ya pueden tomar nota los emigrantes españoles repartidos por países de la UE donde disfrutan de una sanidad que una medida como la de Abascal les haría perder.

El papel de Iglesias y Rivera fue discreto. Probablemente Iglesias convenció a sus fieles y eso podría haberle permitido recortar pérdidas en otras direcciones, pero ese tono profesoral empieza a resultar cansino. Y más a una hora en que no dan clase ni en las universidades laborales nocturnas. Más notorio fue el caso de Albert Rivera, el que fuera campeón de España de debate universitario, que no tuvo su mejor día. Para mí resultó especialmente penosa su exhibición del detritus resultante de los choques de salvajes con la Policía en las batallas campales de Barcelona. Llamó adoquín a lo que en realidad era una baldosa, cosas muy distintas, pero España entera se ha pasado 24 horas hablando del adoquín. Tres décadas de educación socialista tienen esas consecuencias.

Ramón Pérez-Maura.

Articulista de Opinión.
Pobre Sánchez.

El mejor exponente de lo que ha sufrido en el debate es que cuando le criticaban sus rivales, cuando se dirigían a él, no se atrevía a mirarles a la cara.

Ramón Pérez-Maura.

Actualizado: 05/11/2019 08:56h.

El papel de Sánchez en el debate de esta noche ha sido verdaderamente penoso. Lo acorraló Casado recordando las razones por las que planteó la moción de censura y explicando en qué ha quedado. E incluso más las dos veces en que le pidió que aclarase si pactaría con Torra, Junqueras y Otegui. Le dejó sin palabras Rivera al preguntarle por los ERE; también guardó silencio. Iglesias le acorraló con su petición de abstención al PP y ciudadanos para que se abstuvieran. El mejor exponente de lo que ha sufrido Sánchez en el debate es que cuando le criticaban sus rivales, cuando se dirigían a él, no se atrevía a mirarles a la cara. Eso sólo puede ser cobardía. Confieso que hubo momentos que me dio pena. Y eso empezó a pasar desde su primera intervención, cuando demostró estar muy nervioso. Llegó incluso a prometer otra Vicepresidencia del Gobierno y otro Ministerio. Debe de ser que eso no le cuesta a nadie porque el dinero público, como gusta decir la (todavía) vicepresidenta del Gobierno, el dinero público no es de nadie.

Sánchez tuvo que volver a recurrir a Franco con el que volvió a equipararse al decir que “la España democrática es fruto del perdón, pero no del olvido”, igual que el general decía “Españoles: perdonad, pero no olvidéis”. Y Abascal le respondió muy bien poniendo la memoria en su sitio, algo que también hizo Casado al recordar que él tiene un abuelo republicano víctima. Quedó claro, una vez más, que Sánchez exhumó a Franco por razones electorales. Un acto de propaganda sin matices.

Pablo Iglesias estuvo especialmente hábil para quitar votos a Sánchez -veremos el resultado- denunciando la falta de mujeres en el debate en un tono en el que, confieso, casi se me saltan las lágrimas o pidiendo que el Estado lo pague prácticamente todo. Sólo le faltó anunciar que su Gobierno va a pagarnos la gasolina. En conjunto, hay que decir que fue un debate muy vivo para ser uno en el que había cinco participantes. El que se decidiese permitir todas las interrupciones que quisieran le dio mucha vida. Quizá a ratos se pisaban demasiado. En todo caso, dudo que lo acontecido cambie sustancialmente la orientación de voto. Entre otras cosas porque nadie cometió un error relevante. Baste decir que el más relevante fue el de Pablo Iglesias cuando se trastabilló y mencionó las “mamadas” cuando pretendía decir las “manadas”. En qué estaría pensando.

Ramón Pérez-Maura.

Articulista de Opinión.
EL CONTRAPUNTO.

Miedo.

La vanguardia armadadel secesionismo gobernanteen Cataluña pretende impedirel normal desarrollo de la jornada electoral.

Isabel San Sebastián.

Actualizado: 04/11/2019 00:13h.

Es, sin lugar a dudas, la emoción que mueve el mundo y especialmente éste nuestro, porque desde hace tiempo en España se expande a una velocidad preocupante. Lo fomenta quien debería combatirlo. Se utiliza desde el poder para perpetuarse en él. Se azuza utilizando las pantallas. Se impone a pedradas en las calles. Se alimenta con amenazas por personajes siniestros con poder institucional. Se amplía hasta lo infinito en lo que atañe al qué dirán y hay quien sucumbe a él sin mostrar vergüenza alguna, porque ser miedoso está bien visto ahora que lo llaman «prudencia».

El miedo a lo que pudieran hacer unos cuantos independentistas violentos ha alterado la agenda del Rey y de la Princesa de Asturias en Cataluña, después de provocar el humillante aplazamiento del partido que debían jugar en la Ciudad Condal el Barcelona y el Real Madrid. Los actos vandálicos que planeaban esos indeseables deberían haber sido impedidos recurriendo a la fuerza cuyo monopolio ostenta el Estado, pues precisamente para eso está. En lugar de actuar con firmeza, empero, el Gobierno ha preferido plegarse a la intimidación y agachar la cabeza. El miedo ha podido más que la dignidad, la razón o el cumplimiento de un deber elemental. La fortaleza democrática ha cedido ante la coacción, con el argumento falaz de actuar con «moderación» (eufemismo empleado por Sánchez para referirse a la cobardía), a fin de no incrementar la tensión.

¿Logrará ese mismo miedo impedir que los no independentistas acudan libremente a votar el próximo día 10? Es evidente que ésa es la pretensión de quienes agitan su fantasma en esta recta final de la campaña, hablando de ocupar los colegios y organizar «actividades culturales» en las proximidades de esos centros durante el sábado de reflexión. Después de incendiar las ciudades, bloquear las comunicaciones e imponer una huelga salvaje en las universidades, la vanguardia armada del secesionismo gobernante se dispone a impedir el normal desarrollo de la jornada electoral, sembrando el terror en las almas de cuantos no comulgan con sus delirantes «ideas». ¿Cuántos valientes se atreverán a desafiar el peligro de ser agredidos por esos vándalos? ¿Cuántos se arriesgarán a verse envueltos en algún jaleo si es que las fuerzas de seguridad se ven obligadas a intervenir para garantizar que se cumpla la Ley? Si el mismísimo Gobierno de España retrocede ante su chulería, sea por falta de gónadas, sea por necesidad de complacer a sus socios y obedecer lo que manda Iceta; si la principal autoridad autonómica encabeza la banda de los matones y los jalea para que «aprieten»; si a los policías les ordenan aceptar mansamente que les agredan y a la Guardia Civil le impiden hacer su trabajo, ¿cómo pedir a unas personas de cierta edad, o a una familia con hijos, o a cualquier ciudadano decente, que se deje el miedo en casa y acuda a votar a quien le plazca? Muchos lo harán, como ya hicieron en el pasado, recurriendo a un coraje enormemente meritorio. Pero otros, demasiados, optarán por la cautela. Son numerosos los que ya se han ido, igual que del País Vasco, en busca de una vida «normal», alejada de la violencia y el odio. Fueron más de doscientos mil, cuyos hijos y nietos no han regresado. Los venció el hartazgo. Desistieron. Y el miedo acabó ganando por falta de masa crítica dispuesta a plantarle cara.

La historia se repite ahora ante nuestros ojos, mientras los responsables de evitar que acabe del mismo modo andan muy ocupados propagando el miedo a Franco, a ver si arañan papeletas. Ellos no dan miedo. Dan asco.

Isabel San Sebastián.

Articulista de Opinión.
UNA RAYA EN EL AGUA.

Pringaos.

Ante la impunidad de un presidente plagiario, los diputados del Blablacar son unos pardillos en la picota del escarnio.

Ignacio Camacho.

Actualizado: 31/10/2019 00:43h.

Esos diputados andaluces -de Cs y de Podemos- que han dimitido por llevar pasajeros de Blablacar en viajes por los que ya cobraban dietas son unos roñas y unos pringaos. Hay que ser bastante cutre para transportar viajeros, a veinte euros por cabeza, en trayectos cubiertos por el viático parlamentario. Ésa, la del miserabilismo ventajista y mostrenco, es la verdadera razón por la que no son dignos del escaño. Pero si el listón estético lo tenían muy bajo, el ético lo han puesto en la estratosfera, aunque les hayan obligado, si se les compara con los presidentes del Gobierno y del Senado, o con la juez Bolaños, que ponen cara de mármol ante palmarias evidencias de plagio. Por eso lo de pringaos: se sentirán unos pardillos en la picota del escarnio mientras las altas magistraturas de la nación se mantienen en sus cargos. Así como Valle decía que en España se puede robar un monte pero no un pan, en nuestra escena política sale gratis copiar media tesis o varios manuales universitarios pero constituye piedra de escándalo cobrar a escote la gasolina de tu coche privado. Eso les pasa por alinearse en el bando equivocado; hay que estar en el PSOE para gozar de la bula oficial y del silencio mediático.

La lección está clara: la exigencia de ejemplaridad sólo rige para el que esté dispuesto a aplicársela. Si estás en la cumbre del poder o en el partido alfa puedes dar lecciones de moral democrática con un doctorado trucho a la espalda o recibir derechos de autor por obras escritas con mano prestada. Puedes ganar premios de ensayo con obras de originalidad problemática, enchufar a media familia en el ayuntamiento o eludir impuestos con sociedades pantalla. Si te pillan te haces el digno con la jeta apretada y la mandíbula alta: temas menores, pura hojarasca, hipérboles de la prensa sensacionalista, mal perder de los fachas. Y si por un raro ataque de coherencia sientes la tentación de irte a tu casa, te presionarán para que no dejes al jefe en situación desairada. Prietas las filas, alta la guardia y a disimular, que siempre que llueve escampa.

Eso sí: como seas de la oposición, aunque sólo ocupes una concejalía de pueblo, como te saltes un semáforo o no recojas la caca del perro te espera un juicio sumarísimo en el que tu propio partido te dejará indefenso para presumir de rigor políticamente correcto. Les ha pasado a los pinchaúvas del Blablacar, obligados a renunciar tras retractarse con afligidos golpes de pecho, en esa misma Andalucía donde se compran votos a cambio de empleo y se han pagado putas a cuenta del presupuesto. Aunque se lo merecen por listillos, y sobre todo por la pringosa sordidez de su trapicheo, son víctimas de un clamoroso doble rasero. Han dejado su decoro por los suelos pero nadie les hubiese podido reprochar que se aferrasen a sus puestos hasta que Sánchez y otros ilustres fulleros prediquen con el ejemplo.

Ignacio Camacho.

Articulista de Opinión.
POSTALES.

Una del Oeste.

Tal como está el patio, no se puede descartar nada.

José María Carrascal.

Actualizado: 30/10/2019 00:24h.

La encuesta de Tezanos, ¿qué es? ¿Un chiste, un brindis al sol, un platillo volante o el Quinto de Caballería llegando a galope al son del cornetín a salvar la diligencia del ataque de los indios? Lo que usted quiera menos algo parecido a una encuesta seria, formal, creíble. La veo más como una carta de La Moncloa a los Reyes Magos expresando sus deseos para el 10-N: «Me gustaría sacar 150 escaños, que con los pocos de Podemos formarían mayoría absoluta, sin tener que depender de los catalanes, ni de los vascos, ni de Ciudadanos, ni, naturalmente, del PP, que sube, pero una ridiculez, y además, Vox no presenta una amenaza…». Algo así, infantil, ingenuo, idílico, que venga a romper la atmósfera bronca, incierta, amenazadora que nos envuelve. Y es que el CIS, en su última etapa parece todo menos un instituto de investigaciones sociales y se aproxima al tarot, los horóscopos o la lectura de la palma de la mano, política, eso sí, sin ella no se va a ninguna parte.

Me habrán oído decir más de una vez que una encuesta aislada no dice nada. Es la foto fija de un momento dado, que incluso puede inducir al error al depender de un solo factor o hecho, que cambia a la semana siguiente. Lo único que vale es la tendencia, el curso que va tomando la opinión pública a lo largo de semanas y meses, que apunta al que avanza, para señalar al vencedor final. Y todas las encuestas, repito, todas, vienen apuntando un estancamiento, o retroceso incluso, del PSOE, un avance sólido del PP, un desplome de Ciudadanos, un agónico bracear para no hundirse de Podemos y, la gran sorpresa, un salto de Vox, que se encarama a la tercera oposición, como esos equipos recién ascendidos a primera división que luchan ya por el liderato. La última encuesta del CIS nos ofrece justo lo contrario. Tal como está el patio, no se puede descartar nada, pero a tal extremo de dar por completo la vuelta al escenario no creemos que llegue.

Y si bien es verdad que no es probable que se produzca un vuelco hacia la derecha, menos lo es, sobre todo tras los recientes sucesos catalanes, que Pedro Sánchez consiga recuperar la cómoda posición que tenía. Más bien parece lo del Quinto de Caballería de que les hablaba en apoyo del amigo en peligro. Es incluso posible que surta el efecto contrario. Me habrían oído también decir que hoy se vota, más que a favor de alguien en contra de otro, el famoso voto del miedo, y que estas elecciones va a decidirlas el tema de su campaña, de ser Vox, ganaría el PSOE, de ser Cataluña, las cosas cambiarían.

Con su amplia, clara, espléndida victoria de Pedro Sánchez y la desaparición de Vox como peligro, el CIS puede devolver la tranquilidad a los socialistas que pueden quedarse en casa el 10 de noviembre, como ocurrió en Andalucía. Y es que los tiempos cambian. Pero no tan deprisa como dice Tezanos. Vamos, digo yo, que también puedo equivocarme.

José María Carrascal.

Articulista de Opinión.
EL CONTRAPUNTO.

Retrasando el reloj de España.

Sánchez resucita a Franco y nos lleva de vuelta a la crisis, mientras sus socios separatistas añoran las taifas medievales.

Isabel San Sebastián.

Actualizado: 28/10/2019 00:35h.

Pido perdón por el gerundio. Es un tiempo verbal inapropiado en un titular, pero indispensable para describir lo que está en curso; lo que acontece de forma sostenida en el tiempo. Y esa es, precisamente, la cuestión nuclear de este asunto. Ayer todos retrasamos las manillas de nuestros relojes (pretérito perfecto), en un gesto que nos hará perder una hora de luz. Nuestro presidente del Gobierno en funciones y sus aliados separatistas no se cansan de retrasar el reloj de España lustros, décadas o incluso siglos, con políticas que llevan camino de hacernos perder el tren del futuro.

Acabamos de presenciar el espectáculo obsceno orquestado por el candidato Sánchez con el empeño de retrotraernos a 1975, resucitar el fantasma de Francisco Franco, agitar el miedo a la Guerra Civil, avivar rencores sepultados en el olvido y desacreditar una Transición ejemplar, en su afán desesperado por arañar los votos que se empeñan en negarle las urnas. Un salto hacia atrás de cuarenta y cuatro años, retransmitido en directo por las televisiones públicas con un despliegue de medios costosísimo, no sólo innecesario en términos de preocupación social, sino abiertamente contraproducente, toda vez que solo ha servido para ahondar divisiones, crear crispación y reabrir heridas.

Claro que para crispación, la que alientan día sí, día también, los socios independentistas del líder socialista. Esos con quienes gobierna la Diputación de Barcelona y medio centenar de ayuntamientos catalanes, además de haberse aupado en sus escaños para trepar hasta La Moncloa. Ellos no se contentan con el siglo XX, sino que aspiran a volver al XI y reeditar la España de las taifas, los reinos y los condados enfrentados entre sí. Sienten una nostalgia malsana de la época en la cual Cataluña era un territorio más de la Corona de Aragón, pero como esa condición no termina de satisfacer sus elevadas aspiraciones, se han inventado una historia a la medida de sus delirios de grandeza y la imponen sin pudor en la escuela, la universidad y los medios de comunicación que controlan a base de subvenciones pagadas con dinero procedente de nuestros bolsillos. Dado que ni por ésas logran engañar a tantos como quisieran, han revivido igualmente la figura de los «mesnaderos», generosamente recompensados por su señor feudal para repartir estopa con todas las armas a su alcance. Ahora los llaman CDR, pero no constituyen una novedad, sino un vestigio polvoriento de ese pasado medieval que añoran con toda su alma y al que pretenden retrotraernos ante la impotencia o la complicidad de los tres poderes del Estado obligados a pararles los pies: el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial.

El tercero anda muy ocupado dejándose manosear por el segundo. Éste, disolviéndose y constituyéndose para volverse a disolver, mientras quienes deberían legislar se dedican a ocupar posiciones dentro de sus respectivos partidos, obedecer y adular, con el fin de «salir en la foto» (es decir, repetir en las candidaturas en un puesto de salida). Y el primero, el Gobierno, haciendo electoralismo a base de prometer lo que no podrá cumplir además de gastar mucho más de lo que tenemos, para luego darse el gustazo de subirnos los impuestos. La ministra de Hacienda está encendida con la Comunidad de Madrid por reducir la presión fiscal sobre los ciudadanos, como si dejarnos respirar un poco constituyese una deslealtad a la patria. ¡Habrase visto atrevimiento! ¿Cómo osan Díaz Ayuso y Aguado entorpecer los planes de Sánchez para llevarnos de regreso a la crisis? Aquí no vale más política que la del retrovisor. Y lo llaman «progresismo»...

Isabel San Sebastián.

Articulista de Opinión.
EL BURLADERO.

Ahora a ocuparse de los vivos.

La democracia no la has traído tú, ni has cerrado círculo alguno.

Carlos Herrera.

Actualizado: 25/10/2019 07:58h.

Sánchez ya tiene su juguete recolocado y va a tener que hacer no pocas piruetas para seguir sacándole provecho a algún muerto. Conociendo la materia esencial de la que está hecho, no tendrá demasiadas dificultades en estirar su particular continuación de la Guerra Civil por otros medios, es decir, siempre le quedará José Antonio, con otro despliegue de docenas de cámaras de TVE, o cualquiera de los muchos inhumados en el Valle que no fueran debidamente identificados. Ahora vamos a dedicar nuestro tiempo a la tarea de reorganizar cementerios, cosa que entendería si estuviera inspirada por nobleza administrativa, pero que repugna especialmente cuando se sabe que la motivación es exclusivamente electoralista y revisionista.

Que Franco tuviera que dejar el Valle de los Caídos estaba decidido por unanimidad parlamentaria y respaldo judicial, con lo que hay poco que discutir, solo que hay muchas formas de hacer las cosas, y las presentes han resultado inusitadamente descaradas. Después de buscar votos en la tumba y mover un cadáver que lleva más de cuarenta años en un lugar al que muy pocos iban de visita, podía haber comparecido ante los medios remedando el discurso que puso fin a la Guerra en el 39: cautivos y desarmados los familiares de Franco, las tropas sanchistas han alcanzado sus últimos objetivos electorales. «Nos costó mucho librarnos de la dictadura de Franco», dijo ayer el doctorcito. ¿Peeerdona? La dictadura de Franco acabó gracias al «hecho biológico», es decir, merced a su muerte en la cama. Sin que las masas se rebelaran para deponerlo. Y mucho menos este individuo, que tenía, creo, cinco años a la fecha del deceso.

Tanto ellos como los demás tenemos dudas de la efectividad recaudatoria de esta maniobra que de forma sonrojante han querido vender como el cierre del círculo de la democracia en España. No sé hasta qué punto es rentable la sobreactuación: pretende, con aire adanista, que hasta la llegada y gestión del actual presidente no ha culminado verdaderamente la democracia y la Transición en este antiguo solejar. Ello es proferir un sonoro desprecio por aquellos que elaboraron, de verdad, un tiempo para la reconciliación. La democracia no la has traído tú, bonito, ni has cerrado círculo alguno. La Democracia con mayúsculas fue un trabajo que encabezó un hombre llamado Juan Carlos de Borbón, al que había elegido el exhumado, y que ejecutaron gente como Adolfo Suárez y Torcuato Fernández Miranda. Y muchos más: Carrillo, González, Guerra, Fraga, Camacho, Calvo Sotelo… Y millones de personas con ellos. La Democracia estaba consolidada lo suficientemente como para que una banda de políticos de todo jaez votaran una moción de censura que eligió presidente a un sujeto que basó su estrategia en una frase pactada -que no correspondía- en una sentencia que colaboró a redactar un juez amigo. A ese juez, José Ricardo de Prada, por cierto, ha tenido que relevarlo la Audiencia de otro caso relacionado con el PP.

Ahora, una vez manoseado el muerto, hay que preocuparse de los vivos. Ahora hay que enfrentarse a unas elecciones que, de no aparecer sorpresas, ofrecerán un escenario de bloqueo muy semejante al actual, aunque con alteraciones particulares. Ahora hay que empezar a preocuparse por la EPA, que ofrece los peores datos de paro y empleo desde 2012 y que anuncian un futuro poco confortable. Ahora hay que hacer cálculos en razón de la advertencia de Bruselas: ¿cómo piensa este gobierno, de salir reelegido, afrontar el desequilibrio de gastos e ingresos? Atracando los bolsillos con los impuestos, imagino. Ahora hay que desactivar el independentismo en Cataluña y asegurar el cumplimiento de la ley y el mantenimiento del orden público. Ahora, a ser posible, toca dejar de hablar de este asunto que tanto le interesa al sanchismo y pasar a ocuparse de las cosas que de verdad le interesan a España.

Carlos Herrera.

Articulista de Opinión.
CAMBIO DE GUARDIA.

Un réquiem catalán.

«La vida es cruel para los patriotas», sentenció. Y saltó al vacío.

Gabriel Albiac.

Actualizado: 23/10/2019 23:43h.

Tera el hijo un pelín cortito que va en el fatal lote de todas las familias. De las nacionalistas como de las plebeyas, de las más patrióticas como de las más escépticas. Montaba estupendos números en los aviones si alguien no condescendía a hablar su lengua nativa. Clasificaba como bestia parlante a quien cayese en la degradación de hablar o de escribir en el brutal dialecto de los españoles. Medía cráneos. Nadie se lo tomaba demasiado en serio: cosas del chico, ya se sabe, naderías del terruño.

Como portador de tan notorias virtudes, lo detectó un día P. Y lo invistió en su heredero. Porque alguien tenía que cargar con el muerto de la Generalitat en fuga, mientras él se oreaba la aburrida neurona, allá por la gris Bruselas. «Tú vas para presidente, hijo, te lo digo yo, que de eso sé un rato. Y, con un poco de suerte, salvarás a la patria catalana. Es un destino glorioso, ¿eh? Lástima que yo no pueda acarrear sobre mis espaldas tan magnífica tarea. Pero es que, ya ves, ando muy ocupado con estas cosas serias y aburridas de poner pisito en Waterloo». Es de suponer que T no cabía en sí de gozo cuando volvió a casa para contarlo: «No os lo vais a creer, voy a ser presidente. Y héroe. Y, a lo mejor y con un poco de suerte, hasta mártir...»

Pasó el tiempo. La sonrisa belga de P se fue ampliando. Las dichosas moules-frites tampoco eran tan asquerosas. Y, a la monotonía de la lluvia flamenca, uno acaba hasta por hallarle su encanto. Rejuveneció. Se vistió mejor. Hasta cambió de flequillo. El hijo pelín cortito se fue mustiando, mientras tanto, en su ilustre palacio de Barcelona. Los jueces empezaban a sitiarlo: mala gente mesetaria. La alegre juventud dorada de los barrios bien empezó a quemarle su bonita capital patria y a emputecerla despiadadamente de basura y ladrillazos. El espectro de la inhabilitación empezó a sobrevolar sus sueños de gloria. El presidente de la tercermundista España miserable se negaba a cogerle el teléfono. «Qins collons!», se lamentó con triste mirada a la cámara fingidamente oculta; «quins collons!» que un espécimen de la raza inferior castellana pudiera hacerle ese desprecio a él, ser supremo de la suprema tierra que parió a Da Vinci (en realidad, De Vich), Cervantes (es decir Cervant) y Colón, y Erasmo y Santa Teresa (de Aristóteles, por el momento, aún no se sabe, pero se está en ello).

«Quins collons!» No le quedaba más que la final tarea del héroe: la oblación salvífica. P, desde Waterloo, le sonreía persuasivo: «Salta, hijo, salta, ¿a qué esperas? La patria te acogerá en el panteón de sus héroes. No hay mejor destino». Las carcajadas del de Lledoners resonaban en la plaza de San Jaime. «Salta, salta», coreaban los rufianescos botiflers de la insidiosa Esquerra. Y, en voz más baja: «Vete a saber. Con el caletre de este chaval, lo mismo se lo cree y se tira por el barranco él solito». «Salta, muchacho. Te guardamos un lugar de honor, aquí, en la cárcel».

El imperialista madrileño se dio un paseo triunfal por su Barcelona. En coche blindado y muy vistosos subfusiles. Ni se detuvo a desearle los buenos días. Y al chico un pelín cortito comenzó a rondarle la sospecha. ¿Cómo era lo de aquel andrajoso que escribía en el tan feo dialecto castellano? ¿«…El payaso de las bofetadas…»? Algo así. Se miró en el espejo. Tenía el rostro empastado en blanco. Nariz roja. Y todos se reían. En Bruselas, en Madrid, en Lledoners. También en Barcelona. «La vida es cruel para los patriotas», sentenció. Y saltó al vacío.

Gabriel Albiac.

Articulista de Opinión.
TRIANA. Antonio Burgos es mucho Antonio Burgos. Coincido plenamente donde dice que a lo mejor cerrando el grifo obtendríamos que se hablara de otra cosa. Yo soy partidario también dejar que el grifo solo gotee.

Un saludo.
Ángel un artículo impecable, yo estoy de acuerdo totalmente con lo que dice.

Un saludo.
EL RECUADRO.

¿Y si cerramos el grifo a Cataluña?

Si no quieren ser España, ¿por qué España sigue pagando a Cataluña más que a las otras leales autonomías?

Antonio Burgos.

Actualizado: 23/10/2019 12:06h.

Dice Grande-Marlaska, que tiene bastante poco de grande y mucho de Marlaska, que el caos en que ha quedado lo de Cataluña tras la sentencia del Supremo por sedición y (no se olvide) malversación de fondos, es un mero problema de orden público. No, es un problema de muchos años de transferencia de las competencias educativas, utilizadas para enseñar el odio a España en lugar del amor a la Patria común e indivisible; es un problema de partición de la sociedad en dos mitades irreconciliables hasta en el propio seno de las familias. Lo mismo que Zapatero desenterró las dos Españas, desde la presidencia del nada honorable Pujol podemos hablar de las dos Cataluñas: la constitucional y la separatista. Y es un problema de dinero. No es cierto que «España nos roba». La que nos viene robando a los contribuyentes españoles, desde hace mucho tiempo, es Cataluña. Y siguen, aún después de la rebelión callejera de los CDR y la paralización de toda una región mientras el citado Marlaska decía que se puede ir a Barcelona con toda normalidad, que No Passssa Nada.

Pues sí pasa: que igual que les pagamos la industria del odio, que es la principal ahora de una Cataluña cada vez más empobrecida, seguimos dándole dinero a Torra para que se lo gaste en completar la hoja de ruta hacia la ensoñación de la independencia. Como en los chistes: ¿sabes el último de lo que les estamos pagando a los catalanes para que se lo gasten en querer separarse de España? Pues a pesar de todos los pesares, a pesar de la imagen que han dado de España ante el mundo, de que se han cargado a una ciudad que era meca del turismo, en pleno fregado del caos, del incumplimiento de la Constitución y de la verdadera guerra de guerrillas desatada contra la sentencia del Tribunal Supremo, Sánchez le ha dado 8.044 millones de euros más a Cataluña con cargo al FLA (Fondo de Liquidez Autonómica). La cuestión no tendría mayor interés si esa cantidad no representara nada menos que el 30,6 por ciento de los Fondos del FLA: la autonomía a la que el Gobierno en funciones ha aportado más dinero. Sí, a la autonomía de donde se marchan las empresas, colapsan los aeropuertos, cortan las carreteras, cierran virtualmente la frontera con Francia en La Junquera, destrozan las ciudades... todo con cargo a nuestros bolsillos.

¿Y saben qué han recibido en ayudas financieras presupuestarias otras autonomías en las que no hay el menor interés por dejar de ser parte de España? Pues los 8.044 millones de la «convidá» de Sánchez a Cataluña con cargo a su bolsillo de usted y al mío son más del doble de los 3.453 millones de euros que recibirá Andalucía; más de mil millones superior a los 6.784 millones que recibirá la Comunidad Valenciana; casi cinco veces los 1.746 millones que obtendrá Castilla-La Mancha o casi 16 veces los 508 millones de Extremadura, estas dos últimas regiones claramente los territorios más pobres que Cataluña. Es el chantaje que no cesa desde que Pujol tomó el poder e inició a la chita callando el camino disimulón hacia la independencia que nos ha llevado a este callejón sin salida. Y digo yo, en mis cortas luces: ¿y si les cortamos el grifo de las ayudas financieras para que no se lo gasten en arrancar adoquines con que poner al borde de la muerte a los abnegados policías nacionales? Si no quieren ser España, ¿por qué España sigue pagando a Cataluña más que a las otras leales y constitucionales autonomías?

Coda breve sobre Franco. Estuve frente a la dictadura cuando Franco estaba vivo y lo mío me costó. Por eso puedo decir sin rubor que la profanación de su tumba mañana en el Valle de los Caídos quizá sea un póstumo servicio de Franco a su España querida. ¡Lo bien que le viene a Sánchez que hablemos de la tumba de Franco en el Valle de los Caídos y no de la tumba de la Constitución en Cataluña!

Antonio Burgos.

Articulista de Opinión.
UNA RAYA EN EL AGUA.

Nadie al mando.

En Cataluña han colapsado las autoridades territoriales. Y si el Estado no ocupa ese vacío de poder, lo hará la calle.

Ignacio Camacho.

Actualizado: 21/10/2019 23:56h.

En este momento en Cataluña no hay nadie al mando. Se trata de una certeza, no de una sensación. Torra no tiene el poder porque se lo ha entregado por una parte a Puigdemont y por otra a la calle; está encerrado en una burbuja solipsista sin más apoyo que el de un reducido cinturón de leales. Junqueras, que fue quien realmente dirigió el procés -eso está en el sumario-, apenas puede muñir cierta influencia desde la cárcel. Los brazos civiles del golpe de 2017, ANC y Ómnium, han quedado desbordados por los CDR y su espiral de violencia rampante. Torrent, el presidente del Parlamento autonómico, no sabe cómo obedecer consignas, ni de quién, sin desobedecer los imperativos legales. A Rufián lo abuchearon en las marchas de protesta tildándolo de botifler infame. La delegada del Gobierno está en su búnker y Colau se ha escaqueado de los disturbios refugiada en los trámites municipales. Hay un vacío de interlocución institucional y social, una clamorosa ausencia de autoridad en las supuestas autoridades, un caos tan visible y palpable que el propio Sánchez se movió ayer por Barcelona como un zombi en tierra de nadie y lo único que logró fue que en su visita al hospital de los policías heridos le montaran un escrache.

En esta clase de circunstancias, la política se relaciona más que nunca con la física de los espacios: cuando se deja un hueco libre surge alguien dispuesto a ocuparlo. Ésa es la clave de los procesos revolucionarios, que triunfan o fracasan según la resistencia que encuentren en el Estado. Con el sistema de poder territorial destruido o sumido en un descontrol palmario, el Gobierno tiene la obligación de ejercer su papel jerárquico, aunque sólo sea por un principio subsidiario. Tiene también los mecanismos constitucionales para ello y sólo le falta la voluntad de activarlos. Pero el presidente no se atreve porque su cabeza anda en otro cálculo: el de la probable necesidad de contar con Esquerra cuando llegue la hora de tejer pactos. No piensa como gobernante sino como candidato. Y a estas alturas, con los sondeos en la mano, ya sabe que el sueño de liberarse de la colaboración separatista se ha disipado. Las cuentas sólo le salen con ellos o con un PP que, pese a la presión de ciertas élites, se mostrará remiso a darle paso.

Quizá ya no le importe por esa razón que Cataluña continúe unos días, unas semanas o unos meses más a la deriva. Su pensamiento se proyecta primero hacia una investidura que no le va a resultar sencilla y luego hacia una legislatura de difícil geometría. Iceta, el susurrador, intriga con el diseño de fantasías tripartitas y el regreso al confederalismo zapaterista. Pero todo eso está lejos todavía. Lo inmediato es este escenario de pesadilla: una comunidad desasistida de una mínima articulación de su estructura representativa… y con síndrome de Estocolmo ante la hegemonía del régimen nacionalista.

Ignacio Camacho.

Articulista de Opinión.
Venga no digas chorradas que estás muy visto caradura.
VIDAS EJEMPLARES.

Al menos no mientan.

«No habrá impunidad», dice Sánchez cuando ya la está habiendo.

Actualizado: 19/10/2019 13:00h.

Al mediodía de ayer, exactamente cuando el ministro Marlaska aseguraba que «se puede visitar Barcelona con total normalidad», el emblemático templo de la Sagrada Familia cerraba sus puertas por temor al vandalismo separatista. ¿Dónde está la «normalidad»? Desde Bruselas, Sánchez advertía en tono solemne: «No habrá espacios para la impunidad». Lo hacía mientras la AP-7, arteria que une España y Francia, estaba cerrada en La Junquera, con colas de 30 kilómetros, porque un grupo de alegres CDR perfectamente impunes tuvieron a bien cortar el paso a miles de vehículos. En el Prat, 58 vuelos se quedaron en tierra. La Seat mandó a sus 3.500 empleados a casa. Uno de los supermercados Mercadona que decidieron abrir fue invadido por la turba y los piquetes forzaban el cierre de comercios. A partir de las cinco de la tarde comenzó la violencia desatada en Barcelona, con imágenes propias del Beirut de los malos tiempos, colofón de una «huelga política» que nuestra legalidad no admite. Las llamas subían al cielo tras las furgonetas de la Policía Nacional. Los radicales intentaron asaltar la Jefatura Superior y lanzaron bolas de acero a los agentes. ¿Dónde está la «normalidad», señor ministro? ¿Cuál es esa «impunidad» que usted no tolera, señor presidente, cuando la violencia lleva cinco días rampando impune? El mandatario que soporta Cataluña incluso cortó personalmente una autopista y no ha pasado nada. Por favor, al menos no nos mientan.

La imagen que transmite España desde el lunes es la de un país de riesgo, lo que pagaremos con mermas en el turismo, la inversión foránea y el prestigio internacional. Además Barcelona se está convirtiendo en imán para anarquistas antisistema de toda Europa y puede comenzar un peligroso efecto contagio (ayer ya hubo incidentes en el País Vasco). Se ha tolerado que una minoría de separatistas violentos, espoleada por el propio Torra, haya secuestrado la vida pública de una comunidad puntera. No ha habido previsión gubernamental ante un desafío anunciado. ¿Qué dice Sánchez mientras la guerrilla urbana destroza Barcelona? Pues que el Gobierno lo tiene todo previsto, pero que «la sociedad no entendería» que se tomasen ya medidas de emergencia (léase la Ley de Seguridad o el 155). Falso. Lo que la sociedad no entiende es que su Gobierno haga el avestruz mientras el orden público se hace añicos en la segunda ciudad de España.

Sánchez, maniobrero hasta el final, no olvida que dentro de 22 días hay elecciones. Está sopesando si intervenir en serio en Cataluña le puede aportar o restar votos. Probablemente en unos días tomará las medidas que hoy dilata y entonces se investirá en ropajes de patriota. Pero puede que el público haya despertado: se está desinflando en los sondeos.

Muchos españoles se sienten abandonados, muy en especial nuestros queridos compatriotas catalanes, y ayer, digamos la verdad, echamos de menos un gesto al respecto de nuestro magnífico Rey. A las nueve de la noche, mientras las calles seguían ardiendo, comparecía Marlaska para minimizar la huelga ilegal y las manifestaciones salvajes. Este es el No Gobierno que tenemos.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
ENFOQUE.

La victoria del capitalismo.

Fracasa la huelga política.

Salvador Sostres.

Actualizado: 19/10/2019 00:24h.

Tras la «huelga de país» del 3 de octubre de 2017, tuvo que salir el Rey a recordarnos las bases de la convivencia y de nuestro ordenamiento constitucional. Tras la jornada de ayer sólo tuvieron que salir los antidisturbios y el camión de la basura. Mis amigos independentistas se negaban a creerlo, pero siempre les dije que acabarían así. Señorita, tenga la bondad: hágame un gintónic, tráigame la cuenta y llame a la Guardia Civil.

De una huelga de la que el mundo entero estuvo pendiente, el independentismo ha pasado en dos años a una huelga masivamente ignorada dentro y fuera de casa, con la gran mayoría de comercios abiertos en una Barcelona que por fin plantó cara a los que quieren arruinarla, y a unas manifestaciones que todo el mundo sabe que no pueden conducir a nada. No fue una huelga, fue una Diada. Almorzamos en Coure, pletórico de concuerrencia y de pecorino trufado.. Y Via Veneto, Gresca, Nairod, Nobu, La Lonja, Yashima o Rías de Galicia también abrieron. Todos abrieron. El comercio fue la victoria del capitalismo sobre la barbarie.

No fue una revuelta: fue el folclore folclorizado, turba amontonada. Fue lo de siempre pero con la vergüenza de la violencia y con una asistencia muy mermada: la Guardia Urbana habló de medio millón, exageradísimo dato, pero que en cualquier caso ni llegó la mitad de las anteriores Diadas. Entre los convocantes destacaba el asesino Carles Sastre. Fundó Terra Lliure y segó la vida de José María Bultó colocándole una bomba en el pecho. Buena gente de verdad. Som gent de pau.

El independentismo celebró ayer su primer funeral, reducido ya a un problema de orden público. Sólo estuvieron pendientes de ellos los antidisturbios y las imágenes que resumieron su jornada fueron las de las capuchas y los contenedores incendiados. A nadie le importaron las marchas y hasta sus medios orgánicos se centraron en retransmitir los altercados. Puigdemont desde Waterloo -Tsunami- y Torra desde San Jaime -los CDR- han puesto la violencia en el corazón de la estrategia independentista y las cargas de la Policía fueron la esperanza de una ciudad que quiere vivir en paz y ser libre. Ayer se impuso la Barcelona decente y las sonrisas ardieron en las hogueras. Y mientras en Asturias nuestra Princesa confirmaba la dinastía, y el Destino, con su padre al lado, lleno de orgullo; los hijos de la burguesía catalana, con su cara tapada y sus piedras, certificaban la derrota no sólo del «procés» sino de una sociedad arrogante, frívola, estéril y que ha de entender qué es la libertad antes de reclamarla.

Salvador Sostres.

Articulista de Opinión.
EL BURLADERO.

Cuando no hay amparo.

¿Dónde están los políticos?, se preguntan algunos. ¿Dónde están los que deben gestionar la salida a esta absurda locura?

Actualizado: 18/10/2019 07:37h.

Los catalanes tienen serios problemas; los suficientes como para estar preocupados. Una turba hiperventilada que considera que la calle es suya y a la que desde los poderes locales se le ha hecho creer que es así, goza de una libertad de movimientos absolutamente inaudita. Cierto es que, en esta ocasión, los policías autonómicos están echando el resto, cosa que no hicieron dos años atrás, pero ello no impide que se quemen vehículos, se prendan fuegos, se corten carreteras o se saboteen infraestructuras, todo ello ante la mirada complaciente de quienes mandan los operativos de seguridad. El problema al que vengo a referirme y que debe crear perplejidad en buena parte de los catalanes que quedan adscritos a la sensatez es el que tiene que ver con la contradicción surrealista que vive el antaño reino de la modernidad y el progreso industrializado: el mismo presidente gestor de la vida administrativa catalana es el que corta las carreteras o el que insta a las masas a que boicoteen los accesos al segundo aeropuerto del país o a que impidan la salida de los trenes destino a ninguna parte, mientras los alegres muchachos lobotomizados por la educación del odio queman neumáticos, levantan barricadas y disparan cohetes a los helicópteros que sobrevuelan las algaradas. Hay algo que falla, y los catalanes no suelen ser gente acostumbrada a que las estructuras elementales que generan el beneficio diario se pongan en peligro por acción de sus propios gestores. Los ciudadanos de Cataluña empiezan a tener miedo, todos; incluidos los pasteleros acomodaticios que siempre encuentran una excusa para justificar a los más rupturistas y que en esa comunidad son legión. Las circunstancias más extremas, las que presumían que nunca podían concurrir en la tierra de la sensatez pastueña elevada a característica programática, están haciendo tambalear ese convencimiento tan septentrional de que, en aquella esquina, no estaba contemplada la autodestrucción.

Está ocurriendo. Cataluña se aboca a una sorprendente muerte lenta a la que se llega por el amedrantamiento de aquellos que alimentan la sangre de la comunidad a través de la inversión, propia o ajena. Los jubilados no quieren vacacionar con el Imserso, los congresistas prefieren cambiar el lugar de celebración por cualquier otro, los turistas dudan si acercarse a Barcelona, las empresas salen en goteo lento pero continuado y los propagandistas de las innegables bellezas de la comunidad empiezan a dudar de la conveniencia de difundirlas. La que, teóricamente, era Revolución de las Sonrisas se ha transformado en una cohorte de violentos anarcoides que no dudan en hacer la vida imposible a sus propios conciudadanos, a los que parecen odiar y a los que, a los hechos me remito, culpan de todos los supuestos males que aquejan a la vaporosa y absurda idea de la independencia. En Cataluña empieza a cundir la sensación de abandono de una buena parte de la población que, incluso, puede empezar a darse cuenta de que clase de gente es en la que ha confiado. No digamos si esa parte de la ciudadanía es la que no comparte ni por asomo las tesis independentistas: cuando les acosa el poder maléfico establecido, tanto en la calle como en las oficinas, miran hacia quienes pueden salvarles de su infierno y ¿a quien encuentran?: a Sánchez.

Encuentran a un sujeto que tal vez no le quita importancia a lo que ocurre, pero que lo parece. Y a un ministro del Interior que dice que todo pasará gracias a la colaboración de las policías. Se dan de bruces con un presidente que le debe mucho a gente nacionalista, independentista y extremista como para mostrar una firmeza que sea algo más que una colección de interesados gestos electoralistas. ¿Dónde están los políticos?, se preguntan algunos. ¿Dónde están los que deben gestionar la salida a esta absurda locura?

Carlos Herrera.

Articulista de Opinión.
EL CONTRAPUNTO.

Manicomio catalán.

El loco mayor, Torra, blindado por la cobardía de Sánchez, apoya la insurrección abandonando a su suerte a los catalanes de bien.

Isabel San Sebastián.

Actualizado: 17/10/2019 00:19h.

Cataluña se asemeja cada día más a la película «Asylum: el experimento», ambientada en una institución psiquiátrica donde los locos han tomado el control, mantienen encerrados a los auténticos profesionales y gestionan el establecimiento a golpe de terror, bajo la dirección del doctor Lamb (magistralmente interpretado por Ben Kingsley), que aparenta ser un eminente psiquiatra cuando en realidad padece una demencia peligrosa. El parecido entre Joaquín Torra y Lamb/Kingsley es tan extraordinario que merecería un guión adaptado a la Generalitat.

El mal que aflige a la mitad de la sociedad catalana no es una locura al uso, sino una mezcla perversa de supremacismo, odio, empecinamiento y ceguera política, cuyos efectos resultan tan devastadores como la peor de las patologías descritas en los tratados de medicina. Al igual que ocurre con éstas, existen distintos grados de afectación. Los casos más leves se traducen en la convicción de ser personas distintas y mejores que el resto de los españoles. Los más graves llegan a provocar conductas extraordinariamente violentas, como las manifestadas estos días en las calles de Barcelona y otras ciudades, con agresiones a miembros de las fuerzas de seguridad o a mujeres «culpables» de ondear la bandera rojigualda aborrecida por esos sujetos, cortes de vías de comunicación, bloqueo del aeropuerto, incendio de locales y mobiliario urbano e incluso la preparación de atentados terroristas, felizmente abortada por la Guardia Civil. Entre medias se sitúan los especímenes que en la película encarnan los ayudantes del doctor Lamb y en Cataluña ocupan puestos tan decisivos como los rectorados de las universidades públicas, desde donde secundan las algaradas estudiantiles al urgir a los pocos profesores responsables que aún conservan su puesto a desconvocar exámenes y apoyar de ese modo la huelga, privando de sus derechos a los alumnos deseosos de continuar con sus estudios; la televisión autonómica, dedicada las 24 horas del día a ensalzar y jalear cualquier iniciativa independentista, empezando por las más opuestas a la legalidad y la convivencia; la dirección de las prisiones locales, que ensayaron recientemente lo que se disponen a hacer con los sediciosos condenados, al soltar al corrupto Pujol mucho antes de cumplir su pena, o la gestión de los presupuestos, repartidos a manos llenas entre los múltiples colectivos que agrupan al resto de locos.

Capítulo especial merece el perturbado mayor, el «president» al mando de este manicomio donde quienes deberían estar a buen recaudo son los que imponen su autoridad a los cuerdos, exhibiendo un comportamiento que en cualquier situación de normalidad democrática le llevaría a ser apartado del poder y posiblemente recluido, ya fuese en una cárcel o en un centro para trastornados. Ahí está Torra/Lamb, el usurpador, apoyando con entusiasmo los llamamientos a la insurrección que denomina con desvergüenza «protestas pacíficas». Ahí está, tan campante, amenazando con perseverar en los delitos cometidos por su predecesor, huido de la Justicia. Ahí está, en su torre de marfil blindada por la cobardía de Sánchez, abandonando a su suerte a los catalanes de bien, deseosos de vivir en paz en una comunidad sujeta al imperio de la ley y el orden. Ahí está, atrincherado en la impunidad que le brinda un Gobierno rehén de sus socios separatistas, creando el marco perfecto para que Cataluña se hunda en la ruina.

Claro que acaso los locos seamos nosotros por creer en la Constitución y el Estado de Derecho. ¿No acaba de sentenciar el Supremo que el golpe de 2017 fue solo una ensoñación? Tal vez toda esta sinrazón sea también una pesadilla... O tal vez no.

Isabel San Sebastián.

Articulista de Opinión.
Va a se que no.
No he dicha nada respecto al tiempo o formulas de trato.
Mi educación, respeto y nulo conocimiento de tu persona me impiden gastar bromas de este tipo.
¡A Salamanca pesado!, ¿tu hablas de educación?, ¡anda y sal corriendo don limpio!
Nunca he visto aquí que, ningún forero a las primeras de cambio te haya mandado a ti a estudiar a parte alguna.

No trates a los demás como a ti no te gustaría ser tratado.
¿A las primeras de cambio?, no hombre no, ya llevamos mucho tiempo tratándonos, unas veces de usted y otras de tu, te veo muy desmemoriado, a mi también me puedes mandar a Salamanca y ya de paso veo a los amigos de la universidad.
Te he hecho una pregunta a tu aseveración. Si quieres y sabes la respondes, cosa que por tu argumento insultante dudo, y si no no insultes.
¿Mandarte a Salamanca a estudiar es un insulto?, ¡anda ya!, te contesto por educación, ¿sabes lo que es eso?
Que gana la izquierda comunista que no le venga bien a la extrema derecha?
Tu sabrás, y si no lo sabes a Salamanca a estudiar que falta te hace.
TRIANA. Artículo de Carlos Herrera que no tiene parangón. Los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado Español no están contentos con lo que sucede en los catalanes separatistas. No liemos la madeja que no sepamos hilvanar. Aquí, en esta España se habla demasiado sin saber.

Un saludo.
Ángel, buenos días, efectivamente así es, ningún español está contento que lo que sucede en Cataluña, aunque siempre habrá alguno por ahí que le parecerá estupendo, sobre todo a la izquierda comunista.

Un saludo.
EL BURLADERO.

Vergonzoso e infame.

Una vez más Viva la Guardia Civil y, a ser posible, que viva cerca.

Carlos Herrera.

Actualizado:

11/10/2019 07:32h.

De tal guisa ha calificado el vicepresidente de la Generalitat de Cataluña el discurso del general Pedro Garrido en el acuartelamiento de San Andrés de la Barca con motivo del día de su Patrona. De vergonzoso e infame; lo cual, entrando en la débil psicología del independentismo catalán, es comprensible. Las palabras del mentado general están al alcance de cualquiera, aunque me permito resaltar algunos pasajes indudablemente inmaculados alrededor de la defensa de la legalidad y de la vocación indudable de la Guardia Civil por preservar el orden constitucional ahora y siempre. Las palabras de Garrido, hombre de probada eficacia y prestigio entre los suyos -que sería importante recordar que son los buenos- resaltaban la misión irrenunciable de la Guardia Civil por garantizar el libre ejercicio de los derechos y libertades que atañen a todos los españoles, incluidos los que no quieren serlo, añadiendo un escrupuloso distingo entre catalanes e independentistas e independentistas y terroristas, cosas todas ellas no necesariamente coincidentes. Garrido, con un aplomo que merece algo más que una distinción, afirmó que el Instituto Armado volverá a posicionarse, de así ser necesario, al lado de lo que las leyes y los tribunales ordenen, investigando y actuando a favor de lo que dicta, no solo el sentido común, sino también el ordenamiento de todas las normas que nos hemos dado los españoles en su conjunto. Más correcto imposible.

También habló del odio, cosa que los guardias de ese acuartelamiento conocen bien: a su misma vera, en el colegio público de muchos de sus hijos, un miserable grupo de profesores increpó y avergonzó a todos ellos haciéndoles responsables de la «represión» ejercida por quienes cumplían órdenes de un juez el día de autos, aquél 1 de Octubre de infausta memoria. Garrido podía haber hablado de quienes coaccionan e insultan a la población no independentista, a periodistas o a políticos constitucionalistas, de los que acumulan explosivos, de los que planean amargar la convivencia de los catalanes al poco de que aparezca la Sentencia, de los que piden «apretar» con el fin de alterar el orden público, pero no lo hizo. Podía haber estructurado un discurso con titubeos, tan propio de la tierra, o con tonterías y adornos de melifluo, y no lo hizo. Dijo lo que tenía que decir y, lógicamente, enrojeció la piel sensible de quienes, desde la Administración, están con la vulneración de la Ley. El mejor homenaje que se podía llevar era que un tal Aragonès, vicepresidente de la Cosa, exija su cese por exhibición impúdica de «ideología».

Conviene no perder de vista todo lo que tendrá que trabajar la Guardia Civil, además de Policía Nacional y los Mossos que se pongan al servicio de la legalidad, en fechas venideras. La sentencia tiene visos de ser condenatoria aunque no sepamos en qué medida exacta. Los Aragoneses de Cataluña y toda la calaña viscosa que les acompañan desafiarán todo aquello que tengan a su alcance: conviene, por tanto, obrar con tanta efectividad como sensatez. De ahí que uno quiera interpretar la visita de la delegada del Gobierno a los mandos de la Policía autonómica como un intento de lubricar la colaboración y no como una vergonzosa petición de disculpas (nunca se sabe). Es exigible a la autoridad de Interior que apoye sin fisuras, sin dobleces, sin fugas verbales, a quienes dan la cara por la defensa de aquello que nos atañe a todos. Es necesario que el jefe de Interior, Marlaska, no se ponga exquisito y apoye a Garrido de la forma que no ha hecho con Manuel Contreras, general de Brigada de Cádiz, al que ha quitado de la circulación después de haber hecho un trabajo extraordinario contra el narcotráfico en el Campo de Gibraltar. Una vez más Viva la Guardia Civil y, a ser posible, que viva cerca.

Carlos Herrera.

Articulista de Opinión.
EL BURLADERO.

Para alquilar sillas.

Iglesias, a pesar de sus repentinos cambios de criterio, tiene razón al quejarse de ser maltratado por Sánchez.

Carlos Herrera.

Actualizado:

05/09/2019 23:46h.

Se están viviendo momentos inigualables en esta negociación teatral y figurada entre los dos partidos de izquierda, la extrema y la supuestamente socialdemócrata. Si no fuera por todos los soportes mediáticos que permiten seguir el espectáculo cómodamente desde casa, algún avispado empresario haría un buen negocio alquilando sillas; lo cual, por cierto, es una expresión catalana muy común: «Aixó es per llogar cadires». Dense cuenta de algunas cosas: Pablo Iglesias, que el día en el que Pedro Sánchez se postulaba candidato ante el Rey después de la negativa de Rajoy a encabezar candidatura alguna a la investidura, comparecía ante la prensa y se autonombraba vicepresidente y reclamaba el CNI, RTVE, además de otras joyas de la Corona… Pues ese es el mismo que ayer se hacía el molesto y expresaba una incomodidad rayana con el sentimiento de ofensa por recibir la oferta de ocupar la televisión pública a cambio de su voto afirmativo antes del 23 de los corrientes (que no sé para qué se la ofrecen, si ya la tiene). Ayer Iglesias dijo lo debido, ciertamente, pero es la primera vez que lo hace: siempre reivindicó controlar los informativos antes que ocupar una consejería o un ministerio. Ahora, en cambio, ha escenificado un escrupuloso sentido democrático y común mediante el cual defiende que determinados cargos públicos sean ocupados por profesionales, no por políticos. Otrosí: el tabernario y pendenciero Rufián es quien quiere ahora jugar a fiel de la balanza, a sereno mediador que busca componer un acuerdo tan necesario como interesado, al igual que la derecha más reaccionaria de Europa, la vasca del PNV, que suspira por un acuerdo de quien entiende España como un mecano presto a ser desmontado, o al igual que la derecha más ladrona del continente, la catalana, que sabe que o gana Sánchez con Podemos o sus presos y encausados lo van a tener muy mal para salir indemnes tras la sentencia del TS.

Iglesias, a pesar de sus repentinos cambios de criterio, tiene razón al quejarse de ser maltratado por Sánchez: el socialista lo hace a propósito para ver si el podemita se harta y obliga a convocar elecciones, que es lo que el Doctor Plagio desea fervientemente. Primero le dijo que el problema era él, y cuando se retiró, hubiera querido yo saber qué se habría inventado para no firmar en el caso de que Iglesias hubiese aceptado la oferta -no precisamente rácana- de tres ministerios y una vicepresidencia. Aún no he entendido por qué dijo que no, pero lo dijo. Ahora le dice Sánchez a Iglesias que si quiere algo tiene que aceptar cargos menores y, a cambio, comprometerse a apoyar cuatro Presupuestos seguidos, todo un trágala hecho a medida de la madre de todas las humillaciones. En el fondo, en Ferraz, o en La Moncloa, o donde sea, los sanchistas temen que, a poco de sonar el pitido final, Iglesias les apoye sin tiempo de poder reaccionar y, después, se siente cómodamente en su escaño y se decida hacerle la vida imposible al debilísimo gobierno resultante. Pero pase lo que pase, ceda al final o no, siempre tendrá el manojo de llaves. Si hace presidente a Sánchez, le puede amargar la vida y tumbarle cuando considere oportuno. Si provoca las elecciones que ansía Sánchez, seguirá siendo necesario por muchos escaños que pierda Podemos y podrá exigir lo que considere oportuno. Ahora o más tarde, a no ser que el PSOE consiga mayoría absoluta o sienta un repentino ataque de constitucionalismo y proponga un acuerdo con PP y Cs, a esta banda les seguirá siendo necesario el apoyo morado. Solamente una abstención del PP, con la idea de reducir a Ciudadanos, le salvaría la investidura después de noviembre. Pero eso no te garantiza poder gobernar después. Por eso va a ser bueno alquilar sillas.

Carlos Herrera.

Articulista de Opinión.
¿Quién dijo que la democracia fuera justa?

Si se repiten las elecciones, Sánchez hará buena la estrategia consistente en reírse de la voluntad popular.

Isabel San Sebastián.

Actualizado:

05/09/2019 00:05h.

Si hemos de creer a la demoscopia, en el caso probable de que se repitan las elecciones el máximo beneficiario de esa estafa democrática será, precisamente, el culpable de la misma. En otras palabras; Pedro Sánchez rematará su jugada de tahúr acrecentando su victoria de abril, lo que reforzará su posición en el tablero político y hará buena la estrategia consistente en reírse de la voluntad popular. Nadie dijo que la democracia fuese justa. La única razón para tenerle fe es que todos los otros sistemas ensayados hasta ahora han resultado ser mucho más dañinos.

En el cuartel general socialista ya se ha movilizado a la tropa para una nueva campaña electoral. Los generales del puño y la rosa la preparan desde hace semanas, sin molestarse en disimular, y lo cierto es que la carrera ha empezado de facto, por cauces ajenos a los debidos, al convertir el presidente del Gobierno sus presuntos encuentros sectoriales en auténticos mítines de partido a la caza y captura del voto. Toda la actividad desarrollada por Sánchez desde su fallida investidura ha sido la propia de un secretario general ansioso por subirse de nuevo al cartel con el fin de afianzar su posición negociadora y no la de un jefe del Ejecutivo preocupado por el interés general. Cada paso dado ha ido encaminado a abonar el terreno para esos comicios, aun a costa de prolongar irresponsablemente la situación de interinidad en la que se encuentra y que condena al país a la parálisis, la inestabilidad y la imposibilidad de acometer las reformas urgentes que demanda un horizonte plagado de nubarrones de crisis, donde el paro repunta de manera alarmante y el resto de indicadores lanza señales de alarma. Sánchez piensa en Pedro, no en España. A pesar de lo cual, a tenor de lo que nos dicen los sondeos, el electorado estaría dispuesto a premiar su conducta con veinte diputados más para la bancada del PSOE. ¿Paradoja? Más bien una «paradoja». Un desafuero incomprensible en términos éticos y de sentido común, que no hace sino acrecentar el desapego de los ciudadanos respecto a un sistema corrupto en el sentido más profundo del término.

Porque si en la calle Ferraz se relamen avizorando un triunfo de sus siglas, la opción llamada a crecer con mayor vigor es sin duda la abstención; es decir, el desistimiento, la desvinculación del votante de un modelo de participación cuya premisa es la confianza y que demuestra su incapacidad para responder a esa exigencia. ¿Cómo motivar al elector para ir a las urnas si los gestores de su papeleta hacen con ella lo que les viene en gana? Millares de ciudadanos darán la espalda a la farsa y seguirán con sus asuntos, cada vez más alejados de unos políticos que dicen hablar en su nombre pero se burlan de su veredicto y no solo no pagan por ello, sino que sacan tajada a esa burla.

En una vuelta de tuerca más a ese desprecio absoluto por el respetable que les paga el sueldo, ahora los socialistas sacan a subasta nuestras instituciones como si fueran pescado en la rula: « ¡Un par de asientos en el CGPJ, la presidencia del Consejo De Seguridad Nuclear y el Defensor del Pueblo, a cambio de tus diputados, Pablo, ¿qué nos dices?» Y el respetable de izquierdas contesta con tres puntos más en las encuestas. Curioso...

Isabel San Sebastián.

Articulista de Opinión.
Barra libre de odio a la Guardia Civil.

ETA sigue causando terror en las almas de los pusilánimes aunque sus pistoleros ya no maten.

Isabel San Sebastián.

Actualizado:

02/09/2019 02:35h.

¿Se imagina alguien un Día del Adiós o de la Expulsión celebrado en cualquier pueblo de España bajo el lema «fuera judíos», «fuera musulmanes», «fuera mujeres», «fuera gais» o «fuera negros»? ¿Sería concebible un Día del Inútil referido a esas mismas personas? No ¿verdad? Si cualquier autoridad municipal, peña popular o ciudadano particular tuviese la ocurrencia de convocar semejantes barbaridades, se enfrentaría de inmediato a un sinfín de denuncias que se saldarían con una condena segura, los medios de comunicación se le echarían unánimemente encima y todos los partidos políticos harían frente común para expresar su más firme rechazo. En España están prohibidas expresiones de odio de ese tipo formuladas contra judíos, musulmanes, mujeres, gais o negros. Son delito. De hecho, constituyen flagrantes delitos de odio manifestaciones de esa naturaleza lanzadas contra cualquier colectivo, excepto la Guardia Civil y la Policía. En su caso hay barra libre. Somos tan «demócratas», tan tolerantes... tan cobardes y desagradecidos que permitimos que se injurie impúnemente a los integrantes de nuestros cuerpos y fuerzas de seguridad como si les fuera en el sueldo aguantar lo que nadie más aguanta. En opinión de Ismael Moreno y otros jueces de la Audiencia Nacional, la Ley no les ampara a ellos. A ellos se les puede odiar, menospreciar, insultar, amenazar, zaherir y humillar a voluntad, por un salario mensual que pocas veces supera los mil euros netos y, sobre todo, porque el honor es su divisa. Porque a pesar de sufrir ese trato infame ellos cumplen con su deber y permanecen en su puesto, soportando lo insoportable y arriesgando a diario la vida por proteger la suya, querido lector, la mía y la de Ismael Moreno.

Lo sucedido estos días en Alsasua, Echarri Aranaz (cuna de mi llorado Salvador Ulayar, quien tuvo que exiliarse de su tierra después de que su padre, Jesús, fuese abatido de un tiro en la cabeza cuando caminaba por la calle con él, un chaval de 13 años) y otras localidades del País Vasco y Navarra produce tanta repugnancia como estupor, tanta indignación como vergüenza, tanta pena como rabia. ¿Y aún tienen nuestros líderes la desfachatez de decirnos que ETA ha sido derrotada? ETA sigue causando terror en las almas de los pusilánimes aunque sus pistoleros ya no maten. ETA ha impuesto su relato. En los nidos donde asentó históricamente sus camadas, las crías de esa bestia asesina se divierten hoy mofándose de quienes durante décadas le plantaron cara a costa de un sacrificio inmenso. Más de trescientos guardias civiles y doscientos policías murieron víctimas de atentados a lo largo de los años en esa pugna contra el terror, defendiendo nuestro Estado de Derecho, para verse obligados ahora a agachar mansamente la cabeza y apretar los dientes porque odiarles e injuriarles está amparado, o eso dicen, por la libertad de expresión. «Fiestas» lo llaman los hijos de Satanás que les señalan. Y, con el beneplácito de la Justicia, se dedican a escenificar supuestos actos de tortura en las calles, emulando los que sus mayores de la metralleta denunciaban sistemáticamente, siguiendo el manual del buen terrorista, en cuanto eran detenidos; pasean carteles exigiendo la marcha de los uniformados; abren puestos de «tiro al fatxa» o montan homenajes por todo lo alto a los etarras hijos del pueblo, tanto más grandiosos cuanto mayor número de víctimas acumulara el homenajeado. Ni que decir tiene que al frente de esos ayuntamientos ondean las insignias negras de Bildu y Geroa Bai, con quien Pedro Sánchez negoció su investidura y la socialista Chivite ha pactado el Gobierno foral.

¡De vomitar!

Isabel San Sebastián.

Articulista de Opinión.

R-1º.
No sin mi pompa.

Hay anécdotas que tal vez revelen un talante.

Luis Ventoso.

Actualizado:

02/09/2019 02:35h.

Tal vez no signifique nada. O tal vez la anécdota revele un cierto talante. Son dos escenas registradas este agosto en idéntico lugar, la entrada de un hospital madrileño.

-Toma 1: Llega un enorme Audi negro, una berlina clásica de cuatro puertas, que se detiene frente a la fachada del hospital. Una joven escolta con traje negro y un hombre de idéntico atuendo, con corbata y pinganillo en la oreja, se sitúan frente a las puertas traseras del vehículo y las abren de manera sincronizada. De la parte izquierda sale una mujer rubia, ataviada con americana verde, camiseta blanca y vaqueros ceñidos. De la derecha emerge un hombre alto, de corbata estrecha y traje apretado a lo Pep Guardiola. La mujer y el hombre que han salido del coche se juntan sin mirar a nadie y comienzan a caminar hacia la entrada, donde les espera una mujer con bata médica. Un fotógrafo encorbatado, parte de la comitiva, va tomando instantáneas de la pareja. Ellos saludan a la facultativa brevemente y entran con ella a la clínica, rodeados por cuatro guardaespaldas y el fotógrafo, que sigue disparando fotos para no perder detalle. Se une todavía más gente. Al final, ocho personas forman el corrillo movilizado tras la pareja.

-Toma 2: Llega otro Audi de cuatro puertas y de gran porte, aunque de tamaño algo menor que el anterior. Se detiene frente a la entrada del hospital. Los dos pasajeros ocupan las plazas delanteras, abren sus puertas y bajan. Por la derecha desciende el conductor, un hombre alto de barba cana, en la primera cincuentena. Viste una americana azul pálida, camisa oscura, pantalones informales claros y mocasines sin calcetines. Su primer reflejo al salir es saludar con una sonrisa a los periodistas que aguardan frente al hospital. Ellos le hacen una pregunta. El hombre les responde con cortesía, explicándoles que los informará cuando disponga de datos. La mujer que lo acompaña observa la conversación con otra sonrisa y se despide también de la prensa. La pareja camina entonces hacia la entrada, saludan afablemente a la facultativa que los aguarda y entran.

La toma 1, la del despliegue de escoltas, la distancia afectada y el fotógrafo de cámara, la protagonizó el matrimonio Sánchez-Gómez, el presidente en funciones y su mujer, en su visita al Rey Juan Carlos. En la toma 2, la pareja que llega sin pompa ni guardaespaldas, con él conduciendo y saludando con cordialidad a los periodistas, eran los Reyes de España. Ver las dos escenas de modo sucesivo deja la sensación de haber contemplado a nuevos ricos en contraste con el tranquilo saber estar clásico.

Nuestro eventual presidente es como es, considera que levita sobre las aguas. Hoy cumple 127 días en funciones, con lo que ya ha batido el récord de Rajoy de 2016, cuando necesitó 125 días en el limbo para ser investido. La victoria electoral del 28 de abril, vendida por el eficaz aparato de propaganda como la mayor desde la de Alejandro Magno en Gaugamela, se ha ido escuchumizando hasta quedarse en lo que siempre fue: un triunfo pelado a 53 escaños de la mayoría absoluta. Pero el divo, enamorado del coche oficial, imposta que sigue sin enterarse.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
TODO IRÁ BIEN.

La gallina.

Lo que le ha sucedido a Podemos, y el ridículo que está haciendo, es especialmente aparatoso y parodiable.

Salvador Sostres.

Actualizado:

30/08/2019 04:49h.

Podemos en su intento a la desesperada por evitar unas nuevas elecciones que van a destrozarles; Podemos en su vana pretensión de disimular que ha perdido todo lo que anhelaba y que le tiene miedo a la democracia, a la gente a la que no hace ni un año tanto apelaba, me recuerda a estos vídeos que se han hecho virales sobre los dementes que separan a las gallinas para que no las violen los gallos. Los que querían tomar el cielo por asalto, y de verdad creían que iban a tomarlo, se han quedado como cuatro lunáticos repitiendo sandeces que a nadie importan y que ya nadie teme. Tal vez éste haya sido el mayor desprestigio de Podemos: que han dejado de darnos miedo. Para nosotros son sólo ya youtubers perturbados de pobres gallinas que no deben de entender nada.

Lo que le ha sucedido a Podemos, y el ridículo que está haciendo, es especialmente aparatoso y parodiable, pero sería un error creernos definitivamente a salvo de que también a nosotros nos pase. Cuando nos obcecamos, cuando perdemos el sentido de la realidad, cuando nos hacemos los salvadores de un mundo que funciona perfectamente sin nuestra ayuda, y sobre todo sin nuestra locura, nos parecemos mucho más de lo que creemos a los chiflados youtubers de las gallinas. Le ha pasado a Podemos, les ha pasado a los independentistas. Tuvieron su momento y no supieron entenderlo, ni administrarlo, y una mezcla de ignorancia y de arrogancia, de narcisismo y de alarmante falta de gratitud les convirtió en parodias de sí mismos, en cronistas de gallinas, en majaderos expuestos a la gran carcajada del mundo.

Es normal que Pedro Sánchez no te quiera, Pablo. Y no porque seas comunista -que también es muy feo-, sino porque eres el loco de las gallinas. Es normal que no quiera pactar contigo, porque nadie quiere tener en su gobierno a iluminados que confunden a las personas con los animales, los parlamentos con los corrales, o lo que es lo mismo: España con Venezuela, con Irán o con Cuba; la bella y difícil libertad con las más oscuras y criminales tiranías.

Puedes rendirte, humillarte, convertirte en el felpudo de los socialistas. Ni así les gustarás, ni así confiarán en ti, pero es el único modo que tal vez tengas de evitar que la turba a la que excitaste contra el orden y el sistema te demuestre ahora su desprecio, y lo que es peor, su ninguneo, el total olvido. Entre el descalabro electoral y lo que quede de dignidad política, está tu única elección, siempre en el corral de las gallinas.

El cielo que querías tomar no existe, y el Cielo de verdad no se toma por asalto sino por amor, por ternura y por generosidad, algo que es dulce y digno que hayas tenido con tus hijos, pero con nosotros nunca tuviste esta clase de piedad, y así te ha ido.

Cacarean los youtubers de las gallinas como Monedero y tú cacareasteis para hacernos chantaje y aterrorizarnos: al final, es una cosa y lo mismo no entender que los gallos no «violan» a las gallinas y no entender que la libertad, la prosperidad y la redistribución de la riqueza sólo son posibles desde el más rutilante, brillante, boyante capitalismo.

Salvador Sostres.

Articulista de Opinión.
EL CONTRAPUNTO.

Malversación de la democracia.

Sánchez practica una estrategia de tahúr bloqueando la gobernabilidad con el fin de forzar otras elecciones.

Isabel San Sebastián.

Actualizado:

26/08/2019 16:17h.

Pedro Sánchez quiere darse mus; cada día lo evidencia con mayor descaro. Al líder socialista no terminaron de gustarle las cartas que repartió el pueblo soberano español en las elecciones de abril y, en lugar de jugar con ellas, como manda el manual democrático, pretende forzar otra asignación de triunfos más acorde a sus intereses, aunque sea a costa de España. No es el primero en practicar esta estrategia de tahúr, todo hay que decirlo. En su momento, Mariano Rajoy hizo lo propio, atrincherándose en su mayoría minoritaria sin moverse un ápice de la posición, hasta que el Rey se vio obligado a disolver las Cortes y convocar nuevos comicios. Al entonces dirigente popular le salió bien la jugada (por más que al cabo del tiempo acabara pagándola muy cara con un final ignominioso) y quien entonces lo criticó con dureza se dispone a seguir sus pasos, a ver si en la segunda vuelta consigue algún escaño más que lleve a su principal adversario a despejarle con una abstención el camino hacia la poltrona.

Esa actitud del molusco, consistente en aferrarse a la roca indiferente al estado de la mar, funciona para los mejillones, pero en política resulta no solo peligrosa, sino profundamente desleal al modelo en el que se basa nuestra convivencia. A su espíritu y su razón de ser. Dicho de otro modo, lo que hizo en su día Rajoy y lo que se dispone a hacer Sánchez constituye una malversación de nuestro voto y, por consiguiente, de un elemento nuclear de la democracia. No el único, desde luego, pero sí uno sin el cual la palabra pierde su sentido. Porque el electorado distribuye el poder entre los partidos con un horizonte de cuatro años, que debería ser tan sagrado como el escrutinio mismo. ¿O acaso tiene alguna lógica que nos obliguen a expresar nuestra voluntad en las urnas una y otra vez, para después pasársela por el arco de sus conveniencias? La ley actual, que pide a gritos una reforma, permite al vencedor bloquear la gobernabilidad indefinidamente, pero el juicio de la ciudadanía debería ser implacable con quien recurre a esa táctica vil. Una sucia trampa de mal jugador que habría de invalidar al tramposo para estar en la vida pública administrando nuestro patrimonio.

¿No quiere el señor Sánchez un gobierno de coalición con Podemos, que plantea esa condición como irrenunciable? Pues búsquese otros aliados y asuma que con 123 diputados está obligado a ceder. Por un lado o por otro. En eso precisamente consiste la grandeza de un sistema que establece contrapesos y mecanismos de control a fin de impedir abusos. ¿Por qué cree el candidato del puño y la rosa que los españoles liquidaron el bipartidismo, dando entrada en el escenario a otras fuerzas de carácter nacional? Es evidente que el presidente en funciones añora épocas pasadas, hoy felizmente perliclitadas, de turnismo, mayorías absolutas y ejecutivos monocolor obtenidos del separatismo a cambio de soberanía y dinero. Mal que le pese, no obstante, con repetición electoral o sin ella, él se verá obligado a pactar mirando a su izquierda o a su derecha y doblegando esa soberbia que se refleja hasta en su modo de caminar. ¿A qué viene entonces esta pérdida de tiempo que no hace sino aplazar el arranque efectivo de una legislatura llamada a afrontar problemas acuciantes como el polvorín catalán o la crisis económica cuyos negros nubarrones asoman ya en el horizonte?

Solo nos queda esperar que, en el nuevo reparto de naipes, en lugar de un solomillo se encuentre con un perete.

Isabel San Sebastián.

Articulista de Opinión.