Foro Común


Mensajes de Columnistas y Tertulianos enviados por Triana:

CAMBIO DE GUARDIA.

Votar sin ilusiones.

En la inestabilidad, la ocasión para proclamar la independencia de Cataluña es óptima.

Gabriel Albiac.

Actualizado:

25/04/2019 00:23h.

En 1940, Winston Churchill podía comparecer ante el votante británico como un curtido reaccionario. Pero la alternativa a Winston Churchill se llamaba Adolf Hitler, protector progresista de la paz europea. Y en nada cambiaban eso, ni los ensueños pacifistas, ni las plegarias demagógicas. Sin aquel testarudo conservador en el 10 de Downing Street, del Reino Unido -y, por extensión, de Europa- no hubiera quedado nada.

Pasado ya nuestro minuto de opereta, transitado con paciencia el estruendo hortera del circo televisivo a doble vuelta, llega en España la hora de las cosas adustas -y adultas, perdón, señora Montero-, la hora de una seriedad que nada tiene que ver con los escénicos candidatos: un candidato es cualquier cosa menos una cosa seria. Y sí tiene que ver, todo, con lo que se juega cada uno de cuantos en las urnas depositarán -o no- la tenue dinamita de su papeleta. Una campaña electoral es, para los partidos que a ella concurren, exhibición rentable. Para los desvalidos ciudadanos es supervivencia.

Esforcémonos por hacer, pues, un balance glacial de lo que está en juego. Una cautela de higiene moral exige que ese ejercicio se haga al margen de personales preferencias; que sólo el cálculo de coste y beneficio para la nación -o sea, para cada ciudadano- determine una decisión en la cual no se juegan ni nuestros sueños, ni nuestras leyendas, ni nuestros afectos, ni nuestras mitologías. Se juega, en rigor, sólo el grado de dureza que habremos de soportar durante los cuatro años que vienen. Si es que ese plazo de cuatro años se cumple: tengo mis dudas.

La política, pasadas las rabietas infantiles de una nación o de un hombre, es administración serena de las determinaciones lógicas. Lo que es lo mismo: cálculo sin ilusión de los males menores. Enseñaba Freud que la ilusión es una forma menor del delirio. En política, sus costes son letales. Votemos, pues -o no votemos-, desilusionadamente. Con el mismo criterio con el que seleccionamos un tomate en el supermercado: con atención sólo al precio y a que no esté podrido. La representación política no es una épica. La democracia no es un heroico asalto al cielo. Representación y democracia son recursos institucionales para ir viviendo lo menos mal posible. Que ya es mucho.

Balance, pues. 1) El país está dividido por la mitad en votos: su oscilación a un lado u otro deriva de aleatorios avatares ligados a una mala ley electoral y a anécdotas imprevisibles. 2) Bascule hacia quien bascule el mínimo resto que va a decidir, la inestabilidad institucional está garantizada. 3) De esa inestabilidad sólo se saldrá con una nueva ley electoral que imponga un sistema de doble vuelta: ningún partido lo quiere. 4) En la inestabilidad, la ocasión para proclamar la independencia de Cataluña es óptima.

¿Vale la pena jugar en tales condiciones? No es función de un analista dar consejos. El voto toca decidirlo a cada uno, es un acto innegociablemente solitario. Y esa decisión, si es fruto de un elector racional, será la de un adulto que nada salvífico espera de sus gobernantes. Y que sí tomará en cuenta hasta qué punto algunos gobernantes pueden ser catastróficos.

No, no era Winston Churchill, en 1940, una figura seductora. Pero la alternativa se llamaba Adolf Hitler. No, no es la historia del PP nada que pueda exaltar el entusiasmo de nadie. Pero la alternativa se llama Pablo Iglesias. Y un gobierno a la venezolana con Sánchez. Que cada cual apueste como se lo exija la lógica. No el afecto.

Gabriel Albiac.

Articulista de Opinión.
En cancha amiga.

El formato ayudó a Sánchez, escamoteando el debate catalán hasta la medianoche.

Luis Ventoso.

Actualizado:

24/04/2019 00:28h.

El refrán sostiene que «segundas partes nunca fueron buenas». Pero no es necesariamente cierto. Ahí está «El Padrino 2», donde Coppola tentó un doble salto mortal, cruzando historias y tiempos, y salió airoso filmando la que para muchos es la mejor entrega de su trilogía. Esta vez no cayó esa suerte. El formato elegido -periodistas de parte preguntando a los candidatos- sesgó el debate y lo convirtió a ratos en un correcalles (por no hablar de la árbitra de filias al rojo vivo, que planteó varias preguntas que eran directamente salvavidas lanzados al rescate de un atribulado Sánchez). La manipulación de la velada llegó al extremo de que a las doce menos cuarto de la noche, con parte del público ya rumbo a la cama, todavía no se había tocado la mayor amenaza que soporta España, el desafío separatista. Era el punto débil de Sánchez, por lo que tocaba escamotearlo todo lo posible. Nuestra democracia es de tal calidad que el libro de memorias del presidente ha sido editado por la compañía que organizó el debate electoral.

El nivel fue de nuevo flojo en lo que hace a hablar de los problemas de los españoles y sus soluciones. Un ejemplo de esa inanidad llegó cuando se les preguntó sobre cómo hacer viable el sistema de pensiones. Iglesias: «Las pensiones tienen que ver con la calidad del empleo». Una perogrullada. Y acto seguido, su plan: gastar sin control ni cerebro. Sánchez: «Tenemos que hacer sostenible nuestro sistema público de pensiones» (gracias, pero hasta ahí ya llegamos). ¿El plan de Sánchez? Poner por escrito en la Constitución que las pensiones están blindadas, como si la letra constitucional crease por si sola una realidad contable. Rivera: «Me comprometo a ser el presidente de las familias y los contratos de calidad». Más allá de su gesticulación efectista y huera, eso es todo lo que acertó a decir sobre el problemón de su sostenibilidad. Casado: « ¿Cómo se crea empleo? Bajando impuestos», magra respuesta también.

¿Ganadores y perdedores? Sánchez, un dialéctico flojo, que por su egotismo sufre al verse cuestionado y se enfurruña, sale vivo. Aunque recibió un repasillo, Casado y Rivera no lograron un movimiento de jaque mate. Rivera, ganador el primer día, sobreactuó en exceso, rondando la descortesía con sus interrupciones marrulleras y muchas de sus propuestas sonaron a respuestas de catálogo. Iglesias se presentó en plan ponderado Dalai Lama, y con el gallinero que allí había, a ratos hasta daba el pego. Iglesias echó más de un capote a Sánchez, porque sabe que si Pedro no flota Pablo naufraga. Casado probablemente ganó el debate. Se tomó el cafelín que le faltó el primer día y anduvo más vivaz; además resultó el más articulado en sus propuestas. ¿La humorada de la noche? Sánchez llamando mentirosos a los demás.

Conclusión tras el doble maratón: los dos debates no van a cambiar el panorama electoral y el elefante ausente seguía caminando por el fondo de una habitación a la que se le negó la entrada, Vox (el lunes en La Coruña se quedaron casi dos mil personas sin poder acudir a su mitin en la ciudad, abarrotado). Puede pasar de todo. La cara de Sánchez no era precisamente la de creerse a Tezanos.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
No es mentira si lo crees.

La desfachatez de Iglesias leyendo la Constitución equivale a que Trump nos lea el «New York Times» para informarnos.

Rosa Belmonte.

Actualizado:

23/04/2019 04:11h.

En sus memorias, «Am I too loud?», el pianista Gerald Moore se sorprendía de los horarios españoles. También decía que, por suerte, en sus conciertos veraniegos, Victoria de los Ángeles, a la que acompañaba, imponía horarios europeos. Así, en lugar de actuar a las once de la noche lo hacían a las ocho y media. La televisión española todavía es peor. Y hasta hay que agradecer que los debates empiecen a las diez y no a la hora en que lo hacen los programas del prime time. El de ayer empezó a las diez, y cien minutos por delante de tostón. ¿Debate? Monólogos sucesivos con alguna interrupción. «Cójanse la cartera si Iglesias gobierna con Sánchez», dijo Rivera. Como Bette Davis en «Eva al desnudo» y su abróchense los cinturones. O cuando Sánchez exclamó ofendidísimo que a ver si decían alguna verdad (Casado le había restregado, entre otros, datos del paro) y Rivera le soltó: «Usted con su tesis doctoral también puede decir la verdad». Y antes del debate, dos horas de turra por parte de TVE. Qué gran error que Telecinco no haya empezado ayer u hoy sus Pantoaventuras. Íbamos a ver lo que interesa a la gente.

Lo más chistoso de la noche fue Pablo Iglesias con esa Constitución que blande como un misal. Como el primo Collins de «Orgullo y prejuicio». Leyéndonosla cada cierto tiempo. Su desfachatez es adorable. Como si Donald Trump nos leyera el «New York Times» para informarnos. Lo más increíble, que Pablo Casado no contestara a Sánchez cuando este le recriminó lo que dicen sus candidatos sobre el consentimiento y el sí es sí, el no es no y todas esas vainas. ¿Es que Casado se avergüenza de la hereje Cayetana Álvarez de Toledo? ¿Él tampoco es capaz de entender lo obvio? Por lo menos al hablar de pensiones, que es lo que prefirió en el bloque social, dejó en evidencia a Sánchez. Toda esa moderación de Casado quizá es fruto de la vehemencia de Cayetana Álvarez de Toledo. Ay, no, no vayamos a parecer agresivos, que luego dicen que no nos diferenciamos de Vox. ¿Y cuál es el resultado? Que Rivera te gana. Que Rivera habla con viveza y pasión. Que interrumpe cuando debe. Que su fogosidad tranquila está por encima del robot Sánchez, del primo Collins y del discreto Casado. Salvo en lo sobreactuado del minuto final. Pero no, que llegó el bloque de política territorial y Cataluña. Parece que Casado estaba reservándose y se crece. Pero el cambio de tono es evidente. Con Cataluña, Rivera no se queda atrás hablando a Sánchez de los indultos, de que pacta con Torra, con Rufián, con Puigdemont. «Yo quiero un Gobierno sin separatistas» (Rivera).

Pedro Sánchez se empeñaba en recordar la corrupción del PP. Eso es lo que lo llevó al Gobierno, pero ya no es el tema de estas elecciones. Casado ha pasado la mopa, como esa señora por el plató antes de empezar el debate. Se empeñaba también en las mentiras de los demás. «Llevan diez meses mintiendo las dos derechas». Cuenta el Mr. Belvedere de «Fotogramas» que en 1988 Robert Mitchum y Anthony Quinn coincidieron en TV3 para unas entrevistas. Mitchum pidió no cruzarse con Quinn en ningún momento. «Si lo veo, le rompo la cara. Aunque no explicó por qué. Carmen Calvo, además de sus asentimientos, ha estado muy preocupada por cómo se trata a su jefe. Por si alguien le rompía su cara bonita. Por la educación de los chicos. «Por nosotros no habrá ni insultos ni mentiras», había avisado. Ya. Pero como diría el George Constanza de «Seinfeld», no es mentira si tú lo crees. A las 23.14 horas, Santiago Abascal tuiteó «Encuentra las diferencias» y la foto de cuatro loros iguales.

Rosa Belmonte.

Articulista de Opinión.
Paz, amor y pachuli.

Sánchez se presentará hoy como un serenísimo Siddharta.

Luis Ventoso.

Actualizado:

22/04/2019 00:52h.

Llega la primera sesión del debate, en cancha amiga para el PSOE, la TVE de Rosa María Ferraz. En víspera de la contienda, Sánchez ha recibido el espaldarazo de Otegui, el jefe de Bildu, quien ha adelantado que lo apoyará para parar al «trifachito». El jueves salió de la cárcel David Pla, último jefe de ETA, una banda terrorista que descerrajaba tiros en la nuca a perfectos inocentes, o los despanzurraba con bombas bajo sus coches. Lo primero que hizo Pla al verse libre fue enarbolar una bandera de Bildu. También el PNV anuncia su respaldo al PSOE, pero siempre que se reconozca la «soberanía nacional vasca» y se establezca «un nuevo modelo territorial» (es decir, siempre que Sánchez abra la puerta a la partición de España). El candidato socialista cuenta además con el apoyo de los presos que en 2017 impulsaron un golpe de Estado en Cataluña para intentar proclamar una república. Con tales simpatías, lo normal sería que Sánchez tuviese ya perdidas las elecciones. Pero estamos en España. El respetable está muy atareado con las cañitas, el fútbol y «Sálvame» como para pensar en serio en su país.

Hoy toca baile de disfraces. Con rostro de titanio, Sánchez, el socio de Bildu que va meter mano a nuestra cartera para crujirnos a impuestos, comparecerá transmutado en un estadista de centro, del que emanarán efluvios de paz, amor y pachuli. Hablará despacito, gustándose, con voz queda y buscando la complicidad con el votante mediante un tono santurrón, con apelaciones huecas a la justicia social y críticas contritas a la «extrema derecha» de PP, Cs y Vox (el tipo que ha gobernado sostenido por Junqueras, Puigdemont y los comunistas).

¿Le funcionará la metamorfosis exprés? Depende de la habilidad de Pablo Casado. La próxima mayoría de gobierno solo podrá articularse alrededor de PSOE o PP, por eso lo crucial esta noche es esa liza mano a mano. Casado debe evitar dispersarse en todo lo que no sea Sánchez, un presidente que en sus nueve meses ha disparado el gasto público y lastrado el empleo, que ha asaltado las instituciones de todos para hacerse propaganda, que tiene un concepto elástico de la verdad y que promete más autogobierno para los nacionalistas, cuando en realidad España necesita más Estado. Casado no debe perder el tiempo con Iglesias, un secundario. Para anularlo, basta recordar que el valladar de «la gente» se chotea de sus votantes desde su chaletazo-casta. El meollo es Sánchez. Para aspirar a ganar las elecciones, el aspirante conservador deberá ser más sucinto y directo de lo que acostumbra e intentar dejar claras en la mente del público dos ideas básicas: con Sánchez la unidad de tu país peligra y tu economía personal y la de tus hijos, también. Si te acuestas con Sánchez, te levantarás encamado con Puigdemont, Junqueras, Otegui e Iglesias. Si votas a Sánchez, no te quejes del agobio fiscal.

Casado, cuyo partido ha hecho una campaña discreta, dispone de dos bolas extra, que decidirán si España avanza por una senda de normalidad o inicia un experimento que podría llevarla a una irreversible argentinización (o algo peor: dejar de existir).

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
«Sánchez es un “no” a España»

Albert Rivera confía en la victoria y mantiene firme su portazo al PSOE: «O Gobierna el bloque de la moción de censura o lo hacemos nosotros con el PP. No hay más opciones»

Isabel San Sebastián.

Madrid.

Actualizado:

21/04/2019 02:52h.

No resulta fácil representar a la España constitucional en Cataluña, pero para eso exactamente nació Ciudadanos y tan bien dio la batalla que ganó las últimas autonómicas, aunque el bloque independentista le arrebatara el gobierno local. No está de moda reivindicar el centro político en esta España polarizada entre populismos extremos, pero en esa centralidad liberal es donde se sitúan ellos.

No era necesario que se cerraran puertas de futuro diciendo de antemano «no es no» a un pacto postelectoral con el PSOE, donde muchos los cortejan y dan por hecho el matrimonio de conveniencia, pero Albert Rivera y su ejecutiva se pronunciaron de forma inequívoca y no se han movido un ápice: «Sánchez es un peligro para España, que es la causa de estas elecciones. Lo que se dirime en las urnas es un «sí» o un «no» a España. Y Sánchez es un «no» a España porque es un «sí» a Podemos y a los separatistas. Si Otegi y Junqueras apuestan por él, los que queremos a España tenemos que echar del poder a Sánchez, que lleva escrito en la frente un indulto a los golpistas».

Su negativa a cualquier posible acuerdo con el Partido Socialista es tan firme como irrevocable. Por interés (sabe que romper esa promesa sería un suicidio político) y por principios. De ahí que reaccione airado cuando menciono las presiones que sufrirá, llegado el caso, por parte del mundo empresarial, ante el temor al desastre que traería otro Frankenstein.

«Quienquiera hacer de lobby para presionarnos, que se presente a las elecciones. ¡Ponlo! Los escaños de Ciudadanos son de los ciudadanos que votan.» ¿Y un socialismo sin Sánchez? «Quien no quiera a Sánchez en el PSOE, que mande al PSOE a la oposición. Con Sánchez en la Moncloa ese partido no va a cambiar, y él tiene ya amarrado el gobierno con los separatistas. Ha roto con el constitucionalismo. Por eso solo hay dos opciones: o gobierna ese bloque (el de la moción de censura) o lo hacemos nosotros con el PP. Esa fue nuestra apuesta en Andalucía y fuimos el partido que más creció».

No incluye a Vox en la ecuación, sabedor de que su aliado natural es el PP de Pablo Casado, a quien sigue tendiendo la mano, seguro de poder salvar en un gobierno constitucionalista las «pequeñas diferencias» (sic) que les separan. El líder de la formación naranja se ha encerrado este fin de semana a preparar los debates televisados, que a última hora ha tenido que aceptar el candidato socialista ante el plante conjunto de sus adversarios. «A Sánchez se le ha visto el plumero y ha hecho el ridículo», sentencia Rivera.

«Cuando Rajoy no quería debates, todos pedíamos legítimamente que los hubiera, como en cualquier democracia, y ahora el que más los reclamaba intenta negarse y manipular». Lo cierto es que debates habrá, lunes y martes, y serán determinantes para inclinar la voluntad de ese cuarenta por ciento de indecisos en cuyas manos reside el único escrutinio válido.

«Confiar en la victoria»
Inquiero qué puede hacer su partido para vencer a las encuestas que auguran un triunfo holgado de la izquierda, y la respuesta salta como impulsada por un resorte: «Lo primero, no tirar la toalla y confiar en la victoria. Nosotros confiamos en la victoria en Cataluña y ganamos a los separatistas, a pesar de la maldita ley electoral. Confiamos en dar la vuelta a la tortilla en Andalucía, y se la dimos en la recta final, y se la vamos a dar el 28 de abril. Todo depende de la movilización».

En el acto al que acudía en Madrid la mañana del Viernes Santo le esperaban un centenar de urbanitas acompañados de sus mascotas, para escuchar sus propuestas en materia de animales. Protección sin prohibición, como en tantas otras esferas. Y es que el programa de Ciudadanos no se dirige a «la gente» ni a cualquier otro colectivo amorfo, sino a personas.

Es un programa innovador, de fomento del emprendimiento y defensa de las libertades. Acaso por eso, cuando traslado a su líder la pregunta de una mujer de 32 años indecisa, que le pide una razón para votarle a él y no a Casado, contesta, tras una breve reflexión: «Porque Casado quiere volver al pasado y al bipartidismo, cuando hay tantas reformas por impulsar. Yo no he oído a Casado en la ejecutiva del PP quejarse de nada de lo que hizo Rajoy. Casado es un hombre de partido y yo soy un hombre de la sociedad civil que cree en la necesidad de reformar la educación, la justicia, con el fin de garantizar su independencia, la administración pública… Casado y el PP arrastran los pies y necesitamos a alguien que tire del carro sin complejos, ni pereza, ni mochilas».

Y pese a todo, es mucho más lo que les une de lo que les distancia: tanto ellos como sus compañeros de siglas sufren similares insultos, acoso y agresiones en el País Vasco y Cataluña, feudos del independentismo que combaten con igual fuerza; coinciden en la necesidad de aplicar el 155 cuanto antes, si Torra persiste en el desacato a la Constitución; los dos propugnan bajar impuestos, eliminando el de sucesiones en toda España, y, por si todo eso no bastara, se necesitan mutuamente. Si quieren tener opción a gobernar, habrán de hacerlo juntos, entendiéndose. Solo cabe esperar que sumen, porque la alternativa es aterradora.
UNA RAYA EN EL AGUA.

Que pasen.

En democracia, los debates no son un privilegio graciable, sino un derecho. Y no de los políticos sino del pueblo.

Ignacio Camacho.

Actualizado:

12/04/2019 00:12h.

El defecto más sectario del debate político es el doble rasero, y sin embargo el que mejor perdonamos los ciudadanos porque es el más nuestro, el que con más exactitud refleja nuestras pasiones y sentimientos. Qué denuestos habría pronunciado la izquierda, por ejemplo, si en 2015 Rajoy se hubiese negado a celebrar un debate con Sánchez para protegerse de su adversario más directo. En realidad el condicional sobra: lo pusieron de vuelta y media sólo por amagar con hacerlo. Como, en ausencia de una ley que los regule, esta clase de encuentros dependen de que el César de turno suba o baje el dedo, ahora es el mismo Sánchez el que rechaza debatir con el jefe de la oposición para no comprometer su cómodo primer puesto. Habrá debate, pero de todos los candidatos revueltos; a la medida del presidente y de su deseo de mostrarse víctima de una embestida conjunta por el flanco derecho. Así lo ha decidido sin que nadie de los suyos ponga el grito en el cielo; al revés, sus medios de confianza aplauden con las orejas el clamoroso ninguneo y se deshacen en elogios de su talento estratégico. Ventajas de ver la vida desde el lado correcto.

Siendo costumbre arraigada en todos los partidos la de medir sus actos y los de los demás con un criterio distinto, en el PSOE sanchista se trata de un hábito que alcanza rasgos paroxísticos. Todo su quehacer propagandístico, desde la ocupación por decreto de la televisión pública hasta el uso electoralista del CIS o del Consejo de Ministros, constituye una flagrante contradicción de todo lo dicho hasta el momento en que la moción de censura entronizó al «Gobierno bonito». Carmen Calvo lo resumió en aquel fantástico concepto disociativo según el cual entre el Sánchez opositor y el Sánchez presidente no existía ningún nexo de continuidad que justificase un compromiso. La simple entrada en La Moncloa disolvía cualquier preexistente vínculo y dejaba al líder con las manos libres para presentar una enmienda a la totalidad contra sí mismo. El poder es un salvoconducto mediante el cual todo está permitido: revocar promesas, mentir sobre una tesis doctoral, colocar a los amigos o declarar secreto el uso de aviones oficiales como transporte turístico. Y, por supuesto, decidir cómo, cuándo, dónde y quiénes pueden discutir con el Ungido, una prerrogativa graciable que administra en su propio beneficio como un señor feudal de horca y cuchillo. Agradecidos deberían de estar los elegidos de que les conceda un cara a cara entre cinco. Haced que pasen, los pobrecitos.

Y pasarán, qué remedio, tal vez hasta contentos de servir de atrezo en la función que el Gran Timonel ha diseñado a su conveniencia y provecho. Olvidando que en democracia, con éste o con otro Gobierno, los debates no son un privilegio, ni un favor, ni un regalo, ni una recompensa, sino un derecho; y no de los políticos sino de sus electores, del pueblo.

Ignacio Camacho.

Articulista de Opinión.
EL CONTRAPUNTO.

Tezanos, sin pudor.

Tómense ustedes el CIS a beneficio de inventario. Tiene tanta fiabilidad como echar una moneda al aire.

Isabel San Sebastián.

Actualizado:

11/04/2019 00:36h.

Con un cuarenta por ciento de españoles todavía indecisos, cualquier encuesta de intención de voto es un mero brindis al sol. Si tenemos en cuenta, además, que en esta ocasión participan en la carrera cinco formaciones con implantación nacional y que nuestro sistema electoral asigna los últimos escaños de cada circunscripción en base a un complejo recuento de restos basado en muy pocas papeletas, atribuir un número concreto de diputados a los distintos partidos en liza constituye una temeridad, incluso recurriendo al socorrido refugio de escudarse en horquillas amplias. Resumiendo; ni siquiera desde la honesta búsqueda de la realidad demoscópica puede realizarse a día de hoy un diagnóstico fiable de lo que nos depararán las urnas, puesto que todo está en el aire y se decidirá en el último momento. Pero es que el último CIS de Tezanos riza el rizo de la desvergüenza. Insulta nuestra inteligencia. Es tan burdo en la manipulación que, de no haberse financiado con dinero de nuestros bolsillos, provocaría casi más risa que indignación.

En justicia, el presidente del Centro de Investigaciones (tergiversaciones) Sociológicas, asesor de Pedro Sánchez durante su travesía del desierto y arquitecto de la campaña que culminó con su regreso triunfal al timón de mando socialista, debería haber dimitido tras el fracaso estrepitoso de su pronóstico para Andalucía. Su macroencuesta previa a las últimas autonómicas atribuía entre 45 y 47 asientos al PSOE, que obtuvo finalmente 33. Daba entre 20 y 22 al PP, que alcanzó los 26. Regalaba 3 de más a Adelante Andalucía, la marca local de Podemos, que se quedó en 17, y restaba nada menos que 11 o 12 a Vox, a quien auguraba entre 0 y 1. Únicamente acertó el resultado de Ciudadanos, no sabemos si por puro azar o porque no le interesaba trastocar la verdadera expectativa de dicho grupo. Más bien me inclino a pensar lo segundo, porque no resulta verosímil que, disponiendo de los medios con los que cuenta el CIS, un estudio suyo pueda equivocarse de forma tan clamorosa y que el responsable de semejante patinazo se vaya de rositas, sin ni siquiera una reconvención pública por parte de quien lo nombró. ¿O sería que fue colocado allí precisamente con ese propósito y el presunto error no fue tal, sino una zancadilla destinada a confundir y tumbar a la rebelde Susana Díaz, insumisa a la autoridad de Sánchez?

Lo seguro es que los datos conocidos este martes tienen tanta credibilidad como los citados y probablemente una intencionalidad semejante. La elaborada «cocina» aplicada a la muestra de 16.000 entrevistas pretende claramente desincentivar el voto al PP y a Ciudadanos, azuzando el miedo a «la derechona» representada por Vox y al «trifachito» que, según la terminología sanchista, resultaría de una alianza que lo desalojaría a él del poder. El PSOE, en cambio, aparece como único referente útil de la izquierda. Tan descarado es el guiso que, cuando se va a la letra pequeña, aparecen perlas como estas: el partido más aborrecido por los electores, pásmense ustedes, no es Bildu, las Cup o ERC, sino Foro Asturias, seguido de UPN. ¿Y el más querido, el que menos rechazo suscita? El PNV. Sí, sí, han leído bien, ni PP, ni PSOE ni siquiera el animalista Pacma; la creación supremacista del racista de Sabino Arana.

Si estamos ante un caso de incompetencia manifiesta, nos sale demasiado caro. Si es la instrumentalización de un organismo público a beneficio de parte, la cosa es mucho más grave. Sea como fuere, tómense ustedes el CIS a beneficio de inventario. Tiene tanta fiabilidad como echar una moneda al aire.

Isabel San Sebastián.

Articulista de Opinión.
Careta nueva.

Este Sánchez patriótico es como AC/DC tocando Chopin.

Luis Ventoso.

Actualizado:

08/04/2019 11:40h.

En junio de 2017 faltaban solo tres meses para el intento de golpe de Estado en Cataluña. Los dirigentes separatistas ya habían hecho público con alharacas su calendario de leyes de independencia y habían anunciado un referéndum ilegal. Conocedor como todo el país de ese envite frontal, Sánchez pronunció el 18 de junio su discurso de clausura del 39 Congreso Federal del PSOE. ¿Y qué dijo? ¿Qué propuso el dirigente del partido apellidado «Español» ante la amenaza de golpe de Junqueras y Puigdemont? Pues su respuesta fue enfatizar que España es «una nación de naciones», exigir que se reconociese «la identidad nacional de Cataluña dentro de la Constitución», presentar la Carta Magna del 78 como una antigualla que urgía reformar y poner a parir al PP y al Gobierno de Rajoy por su inmovilismo y falta de diálogo. Es decir, la receta de Sánchez para parar a los golpistas consistía en darles más autogobierno, aflojar los hilvanes constitucionales que mantienen al Estado unido y establecer que Rajoy era tan culpable del golpe como Puigdemont y Junqueras.

Los separatistas, convencidos de que España era una momia soñolienta que no actuaría, fueron cumpliendo paso a paso su programa de ruptura (perfectamente organizado desde el Gobierno catalán y sufragado con dinero público, como hoy sabemos). Dado que el 155 era un paso inédito, Rajoy intentó sumar a PSOE y Ciudadanos. Sánchez remoloneó todo lo que pudo, planteó pegas y solo accedió cuando llegó el aldabonazo del explícito discurso del Rey, que dijo en alto lo obvio: ningún Estado del mundo puede tolerar que autoridades públicas vulneren su Constitución. Sánchez se vio forzado a aceptar el 155, pero impuso su versión más liviana, dejando incluso fuera de control a una televisión pública que es el mayor ariete de propaganda sediciosa.

El siguiente paso de Sánchez fue negociar entre bambalinas un acuerdo con los nacionalistas vascos, los insurrectos catalanes y Bildu para derribar al «inmovilista» Rajoy. Consumada la maniobra, abrió una «operación diálogo» con Torra, que consistió en dejarle hacer, adularlo con gestos tan inadmisibles como recibirlo en La Moncloa con el lazo amarillo pro golpista en la solapa, o tolerar silente sus desplantes y vetos reiterados al jefe del Estado. Por último, Sánchez aceptó un documento secreto de Torra con 21 puntos, que ocultó a los españoles y que incluía una negociación con observadores, como si se tratase de un proceso de descolonización. Ese plan se truncó solo porque Torra lo sacó a luz jactándose de ello y los españoles salieron a la calle en Colón a denunciar la traición del presidente, que se vio forzado a recular, perdiendo así el favor de sus socios separatistas, única razón por la que hay elecciones. Por último, Iceta acaba de revelar que los socialistas concederán un referéndum de independencia en cuanto se alcance una mayoría pro separatista en Cataluña. Sánchez todavía no ha desautorizado expresamente a Iceta.

Ayer, en un mitin en Zaragoza, Sánchez se presentó en tono enérgico como un valladar contra la ruptura de España. Lo que equivale a AC/DC proclamando que lo suyo es Chopin. Un choteo.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
No tan mal.

España tiene sus problemas, pero otros países merecen más regañinas.

Luis Ventoso.

Actualizado:

01/04/2019 00:24h.

Amuchos católicos españoles, admiradores del Papa actual, su valentía, la franqueza de su discurso y su inquebrantable compromiso evangélico con los pobres, les han sorprendido sus enigmáticas declaraciones en el vuelo Roma-Rabat. Preguntado por una periodista española sobre cuándo visitará nuestro país, Francisco respondió que «cuando haya paz». Lo cierto es que el cabeza de la Iglesia ya ha viajado a potencias cristianas como Emiratos Árabes, Corea del Sur, Turquía, Sri Lanka, Birmania y este fin de semana, a Marruecos. También ha estado en las vecinas Francia y Portugal. Y en Irlanda, Polonia, Grecia, Suecia, Rumanía, Bulgaria... Pero España, país que guste o no convirtió el catolicismo en religión universal, nunca acaba de encontrar hueco en la agenda. En general, y tal y como se volvió a percibir anoche en una singular entrevista televisiva, el tono hacia España suele ser de reconvención. Y bien está, pues ciertamente podemos mejorar en muchos aspectos. Sin embargo, tal vez al Papa no le estén facilitando una fotografía bien enfocada de lo que hoy es España.

El país que no encuentra la paz resulta que es uno de los más seguros del mundo, con una tasa de delitos que está 17 puntos por debajo de la media de la UE. En cuanto a homicidios y asesinatos, han caído un 30% respecto a hace tres décadas. Hoy la cifra media es de 0,7 muertes violentas por cien mil habitantes. En el oasis de Maduro son 57 muertos; en México, 16,3; en Rusia, 11; en Argentina, 6,5.

Otro reproche que se le suele hacer a España -y a toda la UE- es su dureza de corazón ante la ola de inmigrantes y refugiados. Todo es mejorable, pero jamás se reconoce el esfuerzo que en los últimos años ha hecho nuestro país. En España, un Estado medio de 46,5 millones de habitantes, viven 769.000 marroquíes registrados, 673.000 rumanos y una gran comunidad latinoamericana. En la actualidad hay dos millones de musulmanes. Los casos de acoso y violencia contra el extranjero son muy bajos en relación a otras naciones y la integración, bastante ejemplar (y quien no lo crea que se dé una vuelta por el Molenbeek bruselense, el Este de Londres o los suburbios de París).

Existen más ejemplos de la buena entraña moral del pueblo español, líder mundial en donación y trasplante de órganos. Cuando en 2011 se registró el pavoroso terremoto de Haití, España fue el tercer país en donaciones. Cuando en 2015 tembló Nepal, los que más dinero enviamos en las primeras 24 horas fuimos nosotros. Según las encuestas de Eurostat, dentro de la UE somos los que más apoyamos la ayuda al desarrollo, junto a alemanes y portugueses. Por último, el país que no encuentra la paz ha dado un salto de gigante económico respecto a la generación de mis padres; y debe resultar bastante agradable, porque el año pasado recibió 82 millones de turistas, encantados con la cordialidad de la gente, la tranquilidad, el buen humor y el gusto por vivir imperantes.

Tenemos que mejorar, sí. Pero un poco de simpatía activa también ayuda...

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
Los que aguantan.

¿Está en la izquierda el sostén del catolicismo español?

Luis Ventoso.

Actualizado:

26/03/2019 13:07h.

Es tan obvio que recordarlo resulta perugrollesco: España es uno de los grandes países católicos del mundo. Lo es hoy, con un 68,5% de su población que se declara como tal, y lo ha sido a lo largo de la historia, desangrándose incluso en los campos de batalla de medio mundo en defensa de la ortodoxia de Roma. La Iglesia católica es hoy universal porque hubo un imperio, el español, que la propagó por todo el planeta. Tal fue la importancia de la fe religiosa en la aventura de la conquista que esta se hizo siempre en nombre del catolicismo. Si a Isabel y Fernando los recordamos con el sobrenombre de los Reyes Católicos no fue porque defendiesen el credo budista o mahometano. Merced a su fe, la Corona española se negó a que los indios fuesen esclavizados y la Escuela de Salamanca definió a los indígenas como lo que son, personas con plenos derechos, convirtiéndose así nuestros teólogos en formidables precursores de los actuales derechos humanos. Tal es el extraordinario nudo entre España y el catolicismo.

Un pequeño -o gran- milagro español es la preservación de los lazos familiares. Durante lo más crudo de la crisis esa malla de afectos operó como un colchón de mutua ayuda, que palió las lesiones de ERES y despidos crueles. Quien viva un tiempo en el Reino Unido, o en los países nórdicos, observará con sorpresa la frialdad en las relaciones entre padres e hijos, o nietos y abuelos. A ojos españoles ese desapego resulta extraño y desolador, porque aquí la familia todavía constituye una realidad ancha y vibrante. Sin duda la preservación del catolicismo tiene mucho que ver con el fenómeno familiar, porque es en su seno donde se transmite. La fe católica nos ha moldeado como sociedad, está en la médula de nuestra cultura y mantiene una obra social discreta y constante, que no se pone medallas, pero que siempre está ahí: Cáritas.

Por supuesto los católicos españoles viven en el mundo y no se ponen vendas en los ojos. Saben que hay clérigos buenos, malos y regulares. Se abochornan y exigen reparaciones cuando surgen vergüenzas tan lacerantes como los abusos. Pero lo que no hacen los creyentes es confundir una parte con el todo y utilizar las páginas oscuras del clero, que las hay, para levantar un alegato acusador que en realidad aspira a la condena total de la Iglesia. Quien sí hace eso es la actual izquierda política y mediática española, que ridiculiza con falsa comicidad nuestras tradiciones religiosas (en contra de lo que se piensa, insultar a bocajarro nada tiene que ver con el humor); que arremete contra la enseñanza concertada por su matriz católica; que presenta el hecho cristiano como algo rancio, machista y retrógrado. La izquierda mediática y política nunca va a defender la causa de la vida, un principio irrenunciable del cristianismo. Las televisiones al rojo vivo se sitúan exactamente en las antípodas de la Iglesia y todo lo que predica y representa. Por eso muchos católicos piensan con tristeza, o pensamos, que alguien no está asesorando muy bien al Papa cuando elige a qué medios españoles concede entrevistas.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
Trapero, juguete roto.

Trapero apostó: mejor juguete roto que cadáver. Va a ser dura la vida lejos del mito.

Gabriel Albiac.

Actualizado:

18/03/2019 08:43h.

Después de la derrota, quedan sólo cadáveres y juguetes rotos. Y uno debe elegir en cuál de las dos pilas de despojos ser arrumbado. El mayor Trapero ha elegido: cachivache tronchado. Y puede que los suyos acaben por hacer de él un muerto en vida. Están en ello. No hay piedad para el vencido. No la hay, sobre todo, que venga de aquellos mismos que fueron sus camaradas en la batalla mal dada. Porque una batalla que se libró mal sólo puede ser rescatada con sacrificios humanos: la plebe descuartiza a los caudillos que no supieron llevarla a la victoria.

El 1 de octubre de 2017 tuvo lugar en Cataluña un golpe de Estado. Con todos sus atributos: el primero, la proclamación de una nación nueva, bajo el código de un Estado nuevo que cerraba su proceso constituyente. De manual. Pero no hay golpe de Estado si no hay armas. Y profesionales cualificados en el uso eficaz de ellas.

El golpe de Estado estaba milimetrado en Cataluña. Tiempo, lo había habido más que suficiente: en rigor, la independencia viene preparándose desde Pujol, al abrigo de ciertas ambigüedades léxicas de la Constitución del 78 que han permitido a la Generalidad funcionar como un Estado paralelo. Lo de los años que vinieron tras el apaño entre Maragall y Zapatero, fue el remate de las últimas condiciones institucionales para que esa región española pudiera proclamar su independencia sin más que pulsar el interruptor de desconexión.

Se requería sólo la garantía del después. Que era lo que falló en 1934, cuando el Ejército de la República apisonó el golpe de Estado de Companys en menos de veinticuatro horas. Se requería, esta vez, la puesta a punto de un ejército catalán lo bastante eficiente para garantizar algo elementalísimo: la protección plena del gobierno, el control de los medios de comunicación, la defensa hermética de las fronteras. No es necesaria para eso una tropa enorme. Ni aviación, ni armada, ni apenas artillería. Basta con una disciplinadísima unidad de élite. Pequeña, pero bien preparada y de fidelidad inquebrantable. Sin necesidad de armamento pesado, pero sí de lo más sofisticado en armas ligeras. Una fuerza ágil de intervención rápida. Asentada sobre territorio amigo y población reclutable. Y, por supuesto, dispuesta a dar la vida por patria y dirigentes. Tal era la mitología que el ajedrez del golpe asignaba a los Mozos.

Trapero era la clave de ese envite. Como todo en un golpe, la jerarquía de los hombres en armas debía ser inexorable. Y su cabeza suprema, revestida de la solemnidad legendaria sin la cual los padres de la patria son calderilla. Fue inventado el «héroe Trapero». Tal vez él mismo creyó serlo. Luego vino la derrota. Y el horizonte verosímil de largos años de cárcel: la muerte en vida. Y Trapero apostó: mejor juguete roto que cadáver. Y cantó: «Teníamos un dispositivo para detener al presidente Puigdemont y a sus consejeros». O sea: «Soy de fiar. Trabajaré para quien me pague. Perdonadme». Sólo escombros: va a ser dura la vida lejos del mito.

Gabriel Albiac.

Articulista de Opinión.
La candidata.

Ha cumplido su pena, pero carece de la ejemplaridad necesaria.

Luis Ventoso.

Actualizado:

06/03/2019 00:47h.

La noticia publicada por ABC el fin de semana llamaba la atención: Podemos elige como candidata a la alcaldía de Ávila a una mujer que en 1985, cuando tenía 23 años, fue condenada a 29 de cárcel como cómplice de un asesinato. Mi primer reflejo fue el natural: otra provocación estúpida y gratuita del populismo comunista. Pero como no me gusta pensar con las tripas, lo debatí un poco conmigo mismo y con mi mujer, de cuyo péndulo moral me fío más. Tras sopesarlo, mi conclusión es esta: Pilar Baeza Maeso tiene todo el derecho a presentarse a las elecciones, pues legalmente nada se lo impide. Pero carece de la ejemplaridad necesaria que se le presupone a quien opta a un cargo público, por lo que no debería haberlo hecho.

La joven Pilar era hija del dueño de una armería de Leganés, donde vivía. Un día le cuenta a su novio que ha sido violada por un conocido de ambos, Manuel López, de 24 años. Pilar convence a su pareja para que vengue la afrenta matando al supuesto violador. La chica roba una escopeta de la armería paterna y se la facilita a su novio, quien junto a un amigo embauca a López para llevarlo a un descampado. Allí le pegan cuatro tiros a bocajarro. Acto seguido ocultan el cuerpo en un pozo. Los padres denuncian la desaparición de su hijo. Finalmente los investigadores desentrañan la madeja y acaban encontrando el cadáver, ya semidescompuesto. Pilar es condenada a 29 años como cómplice e instigadora, de los que cumple solo siete en la cárcel de mujeres de Brieva (Ávila). Al salir se afinca en la ciudad amurallada, donde logra rehacer su vida y hoy posee un negocio. En 2012, se convierte en una cabecilla local de las protestas por las preferentes, en las que perdió un dinero heredado. De allí pasa a Podemos.

En algunos grandes países, la norma es que nada importa tu vida anterior si has saldado tus cuentas con la Justicia. A priori es un planteamiento razonable, que entronca también con la prédica católica de perdón absoluto. Sin embargo hay dos cuestiones que invitan a pensar que Pilar Baeza dista de ser una persona ejemplar, merecedora de un cargo. En primer lugar, se tomó la justicia por su mano, negando a la víctima la presunción de inocencia. Nunca se ha probado la violación, solo tenemos su versión. Si la pauta universal de conducta fuese la de Pilar, imperarían la Ley del Talión y la de la selva. Otro punto oscuro es que el hermano del asesinado ha revelado que en los días de búsqueda, Pilar se presentaba en casa de los padres de la víctima y sabiendo que estaba muerto, pues ella lo había organizado, se interesaba cínicamente por el caso. Eso destapa una entraña terrible, y no es eximente que tuviese 23 años, pues a esa edad la conciencia ya está formada.

«Hace muchísimo tiempo que cumplí con la Justicia», alega Pilar. Y es cierto (aunque solo pagó un cuarto de la pena). Estoy viviendo un linchamiento moral por ser mujer», añade. Y es falso. Pilar ha rehecho su vida, y está bien que así sea. Pero privó a Manuel de la oportunidad de hacer lo propio (si es que realmente cometió un crimen). Por eso yo no la votaría como alcaldesa ni ahora, ni en dos vidas.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
Deuda, «llorar» y no echar gota.

«Ríe y el mundo reirá contigo; llora y el mundo, dándote la espalda, te dejará llorar» (Charles Chaplin)

María Jesús Pérez.

Actualizado:

28/02/2019 01:14h.

Nuevo tirón de orejas de la Comisión Europea al Gobierno de Pedro Sánchez. Y van... En realidad yo ya he perdido la cuenta, y total ¡para lo que me va a servir! Porque si al presidente no le preocupa, ¡apaga y vámonos! De hecho, por un oído le entra y por el otro le sale. Quizás el Doctor Okupa pensará en aquel dicho tan poco decoroso, y sí grosero, de «para lo que me queda en el convento...», en fin, acábenlo ustedes. Ayer Bruselas avisó de nuevo de que España sigue siendo vulnerable a la alta deuda pública y privada en un contexto de desempleo elevado. El mensaje, muy clarito: mientras no arreglemos el problema del alto endeudamiento del país siempre estaremos en el punto de mira y seremos propensos a volver a caer en desgracia.

Cierto es también que el anterior inquilino de La Moncloa, Mariano Rajoy, al final de su mandato no logró aprobar la asignatura de la deuda, ya que, una vez pasado el testigo al nuevo presidente, apenas había registrado alguna leve reducción en los tres últimos años, al alimón con la recuperación. Echando la vista atrás, en 2011, los populares recibían una deuda sobre el PIB del 69,50% (734.530 millones de euros) que no dejaría de incrementarse en los años siguientes hasta tocar techo en 2014 con una deuda del 100% del PIB (más de un billón de euros). Produciéndose desde entonces un descenso leve hasta cerrar el ejercicio de 2017, último año completo para Rajoy al frente del país, en el entorno del 98% del PIB (1,14 billones de euros) y una deuda per cápita de 24.583 euros frente a los 15.881 euros de hace siete años. Se antojaba pues urgente que el nuevo Gobierno -desde junio de 2018-, continuase con el esfuerzo de reducirla para evitar disgustos futuros.

Pues no. Sánchez desde el minuto uno propuso lo mismo que Zapatero. Subir todos los impuestos para poder despilfarrar a sus anchas con promesas sociales que deben hacerse, sí, pero cuando se pueda y deba. La receta socialista de siempre vamos. Y encima en un contexto internacional que no ayudaba nada a empezar con el derroche -Brexit, guerra comercial, tipos con previsión de revertir la tendencia y, sobre todo, el impacto que pueda tener la desaceleración económica de nuestros vecinos europeos-, sin pensar en colchones futuros por si acaso.

Sánchez recibió también un país saneado, que ingresaba 50.000 millones más de recaudación que en 2011, y en vez de ahorrar, bajar el déficit y amortizar deuda, lanzó brindis al sol con más gasto, aumentando el déficit y subiendo impuestos. Y, para colmo de males, a golpe de decretos. Hoy la deuda del país -herencia para nuestros hijos no lo duden- sigue en el entorno del 97%.

Ahora en plena carrera electoralista, el presidente se compromete a más gasto social para acaparar votos: al menos 2.300 millones. ¿De dónde lo sacará? No sé ya si reír o llorar. Como dijo Charles Chaplin «Ríe y el mundo reirá contigo; llora y el mundo, dándote la espalda, te dejará llorar».

María Jesús Pérez.

Redactora jefe.
La huelga feminista mañana en Malasaña.

«El espacio virtual, al igual que el espacio público debe ser nuestro». Lo han leído bien. No deben ser de todos, deben ser suyos.

Ramón Pérez-Maura.

Actualizado:

27/02/2019 01:03h.

Créanselo o no, las hojas volanderas siguen existiendo. Ha caído en mis manos una convocando a una huelga feminista en Malasaña el 8 de marzo. Es una joya del despropósito, la mentira y la falta de respeto hacia los congéneres de las convocantes. Aunque quizá debiera decir los convocantes, porque en este tipo de idiotez siempre hay un hombre.

La cosa promete desde el principio donde se anuncian -en un recuadro- las «Acciones 8-M Malasaña Hacia la Huelga Feminista 2019» (sic). Se anuncia la primera para el 28 de marzo a las 17.30 en la plaza del 2 de mayo. «Es carnaval. Trae tu delantal y participa con él en el desfile. Decoraremos delantales y pintaremos colgadores reivindicativos.» Sospecho que el convocante se había fumado algo para resaltar su feminismo y se le fue el detalle de que el 28 de marzo no hay carnaval en Madrid porque sus fechas son del 1 al 6 de marzo. O sea, que los delantales los van a decorar mañana, 28 de febrero. Delantales y colgadores, que según el DRAE son el «utensilio para colgar algo, especialmente ropa». O sea, una percha. Yo les aconsejo que no se molesten en pintar perchas porque lucen muy poco en una manifestación.

Manifiestan que el suyo es un «movimiento transfronterizo y transcultural» -y algún otro trans que no mencionan, también- que «planta cara al orden patriarcal, racista, colonizador, capitalista y depredador del medio ambiente». ¿Puede alguien explicarme qué tiene que ver el machismo con el racismo, el capitalismo o el medio ambiente? Me consuela saber que el racismo de las boers surafricanas, el capitalismo ejercido por mujeres o mi amiga la presidenta del Real Club de Monteros están excluidos de ser denunciados por esos «crímenes» sólo por ser mujeres quienes lo practican.

El panfleto reivindica que «el espacio virtual, al igual que el espacio público debe ser nuestro». Lo han leído bien. No deben ser de todos, deben ser suyos. Reivindican que «ninguna mujer tenga que migrar forzada por la políticas coloniales, neoliberales y racistas del Norte Global que producen situaciones económicas, bélicas, sociales y ambientales insostenibles». Como si el ataque terrorista que vencieron las tropas españolas en Mali el domingo fuera resultado de Occidente y no del islamismo yihadista. Como si los miles de inmigrantes que intentan alcanzar nuestras costas no fueran víctimas de los tiranos que les tienen sometidos a regímenes esclavistas y anti liberales.

No quieren que las mujeres cuiden de los necesitados, niños o ancianos. Quieren una huelga de consumo en la que «no tenga cabida la explotación laboral ni la destrucción del planeta» -tampoco entiendo qué tiene eso que ver con el feminismo. Debe de ser que a los hombres sí se les puede explotar y sólo nosotros queremos detruir el mundo. Piden huelga educativa para informar sobre «la situación de las mujeres estudiantes: cuestionamiento, humillación, invisibilización, acoso en las aulas, etc» ¿En qué punto del planeta viven estas feministas? ¿De verdad pueden sostener que eso ocurre en la Universidad española? Y reivindican una huelga laboral de las mujeres porque «así hacemos visible el vacío que queda cuando desaparecemos físicamente de estos lugares de trabajo». Debe de ser que cuando desaparecemos los hombres no se nota nuestra ausencia. En fin, las ilustraciones del panfleto ensalzan el lesbianismo y piden que «se nos garantice que todas podamos abortar en los servicios públicos de salud». Menos mal que no dicen «todas y todos».

Ramón Pérez-Maura.

Articulista de Opinión.
Y España traga.

No pasa día sin una ofensa del separatismo catalán.

Luis Ventoso.

Actualizado:

26/02/2019 01:08h.

Viernes pasado. Me entra un correo de una tal Miriam Santamaría Brichs. Asunto: «Queixa formal del President Carles Puigdemont». Al abrir el mensaje, resulta ser una nota de protesta porque Tajani, el presidente del Parlamento Europeo, no ha permitido que Puigdemont, un presunto delincuente a la fuga, intervenga en la Cámara de Estrasburgo. Me fijo en la dirección de correo de la remitente: gencat. cat. Es decir, quien ha mandado la nota lo hace en nombre del Gobierno de la comunidad autónoma de Cataluña. Indago un poco. Resulta que la señora Santamaría Brichs, la firmante del correo, es una exmeteoróloga televisiva, que ha sido contratada por el Departament de la Presidència del Ejecutivo catalán y que ahora por lo visto cuida la agenda de Puigdemont. Conclusión: una Administración pública sostenida por los impuestos de todos los españoles -pues la Generalitat estaba en quiebra y fue rescatada por el Estado- se encarga de las relaciones públicas de un prófugo de la Justicia. Y España traga.

Domingo por la mañana. Sánchez, instalado en los años treinta del siglo XX, se sube al Falcon y se va a Colliure (Francia) a homenajear al exilio republicano ¡de hace ochenta años! Una vez allí, resulta que el paladín del «diálogo» con los separatistas es increpado por manifestantes con esteladas, que lo insultan llamándolo «fascista» y «sinvergüenza», entre gritos de « ¡fuera, fuera!». Sánchez continúa ufano con su acto y da un discurso entre banderas republicanas. Sobre el aquelarre que la han montado los separatistas, ni una queja. Resumen: el presidente de España admite sin inmutarse que unos fanáticos xenófobos lo insulten en Francia y rinde homenaje allí a una República que fue un enorme fracaso, rodeado además de símbolos anticonstitucionales. Y España traga.

Domingo por la tarde, el Rey acude a Barcelona para apoyar con su presencia y prestigio la importante feria internacional del móvil. Pero es desairado por la alcaldesa de la ciudad y por el presidente catalán, que ni siquiera salen a darle la bienvenida. El Jefe de Estado humillado de nuevo en una región española. Y España traga.

Ayer. El Jefe del Estado vuelve al Congreso Mundial del Móvil, esta vez con Sánchez. Cuando llegan al pabellón de España, Torra, que por cargo institucional es el máximo representante del Estado en Cataluña, los deja plantados y se larga, en otra muestra de pésima educación, chulería paleta y nulo respeto al protocolo. Y España traga (y por supuesto Sánchez, que en ese chapucero libro de memorias que le han escrito se jacta de su complicidad con el Rey, no osa a afear su conducta a los separatistas ni a defender a Felipe VI ante el desprecio de la autoridades locales).

Y así se va escribiendo la intrahistoria de un país que ha dejado de respetarse y tolera silente el insulto diario de los sediciosos separatistas. Ahí, y no en otro sitio, anidan ciertas sorpresas demoscópicas.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
Sánchez, feliz.

No hay mejor regalo para el PSOE que la derecha fragmentada.

Luis Ventoso.

Actualizado:

25/02/2019. 00:11h.

El formidable Manuel Fraga, el unificador del conservadurismo español, gastaba un temperamento volcánico. Siendo un gacetillero pipiolo, acudí con un querido compañero a entrevistarlo en el Palacio de Rajoy, frente a la catedral compostelana, donde tenía su despacho de presidente de la Xunta en la era previa a la suntuosa hipertrofia autonómica. Pasado un rato de agradable interrogatorio, le pregunté si iba a presentarse una vez más a las elecciones gallegas. La pregunta lo indignó: «Lo saben hasta los niños de escuela. Lo sabe un tonto de baba. ¡Nooo!», bramó el viejo león, dando la entrevista por concluida. Huelga decir que sí se presentó.

Aquel hombre torrencial y peculiar, que lo mismo era capaz de dejarte seco con un exabrupto que de emocionarse hasta las lágrimas, fue el autor de un gran logro político, que contribuyó durante décadas a la estabilidad del país: la unificación de todo el conservadurismo bajo una única marca. Allí cabían desde el centrismo de corazón social hasta la derecha más firme. Hoy la obra de Fraga ha sido desmontada. El voto conservador se divide en tres partidos, lo que contribuye a acercar al poder a una izquierda sin sentido de Estado y que hoy encabeza Sánchez, paradigma del oportunista poliédrico.

El PP se ha ido desinflando por sus dos flancos. A babor se le escurren votantes hacia Ciudadanos, hartos de corrupción y deseosos de un conservadurismo más moderno. Por estribor la fuga es a Vox, que engancha a quienes desean máxima contundencia frente al nacionalismo y creen que el Estado autonómico fue un error. Según la encuesta que hoy publica ABC, el flamante y joven líder del PP no está logrando parar esa sangría, ni por el costado izquierdo ni por el derecho. El 28 de abril, Casado obtendría 40 diputados menos que Rajoy en junio de 2017. Pero además la división del voto conservador en tres marcas será una alfombra roja para Sánchez, porque la suma de PP, Cs y Vox no alcanza la mayoría absoluta. Por el contrario, Sánchez, que sería el más votado y subiría 37 escaños ante el desplome de Podemos, sí podría armar otro Gobierno zombi con separatistas y comunistas.

La disyuntiva de Casado es endiablada. Si vira al centro, engorda a Vox. Y si emula a Vox, engorda a Ciudadanos. Para regatear ese dilema ha comenzado a apelar al voto útil, lo cual es razonable, pues tal estrategia ha funcionado otras veces. Pero al final las elecciones se ganan proyectando una idea-fuerza muy clara que una alrededor de ella a una gran mayoría social. González en 1982, con «el cambio». Aznar en 1996, prometiendo acabar con la corrupción felipista y liberalizar el país. Rajoy con su oferta de rescatar a España de la quiebra zapaterista, que le valió su mayoría absoluta de 2011. Trump en 2016, con su eslogan de atender a la América olvidada y hacerla grande otra vez. Macron con su plan de poner en hora el reloj de Francia, que le dio la victoria en 2017. ¿Cuál es la idea nítida de Casado para distinguirse de los dos partidos que beben en su caladero? Esa es la pregunta que tendrá que responder de aquí a abril, so pena de despeñarse (él y España).

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
Del esperpento.

Sánchez nos condujo devuelta a los espejos cóncavosdel callejón del Gato.

Luis Ventoso.

Actualizado:

22/02/2019 00:40h.

Qué pena que un talento para la sátira como el del divino Valle-Inclán ya no habite entre nosotros. Qué lástima que la crónica política esté hoy en manos de gacetilleros que no llegamos a la suela del zapato al creador del esperpento, genio literario que supo ver que a veces la realidad española se torna tan grotesca que solo puede retratarse con la imagen distorsionada que nos devuelven los espejos cóncavos del callejón del Gato.

El Valle más esperpéntico revivió ayer en su esplendor con la presentación del libro de Sánchez, obra no escrita por su autor, como es norma en él, y absolutamente insólita: ningún presidente en ejercicio se vincula a una editorial, y menos si ésta posee un grupo mediático, pues pasa a tener vínculos con la misma que comprometen su independencia. Pero esto es España, patria del esperpento, donde los escrúpulos democráticos ya no importan un carajo. En plena precampaña, la televisión pública le ha dedicado a Sánchez un doble botafumeiro: el martes, entrevista de cámara en TVE; ayer, emisión en directo de la presentación de su libro.

La jornada prometía desde el inicio. A la izquierda del no autor del «Manual de Resistencia», el simpático alpinista Calleja, al que una vez Sánchez invitó a dormir en su casa para que lo emitiese en su programa y hacerse el guay (el resultado es conocido: toña épica en las urnas y los míticos 84 escaños). A la izquierda, directamente rescatada del circo de Gran Hermano y también teñida de rubio, la veterana Mercedes Milá. En el público, los ministros, que les iba en el sueldo, y el Padre Ángel (en Madrid si haces un acto y no te viene el Padre Ángel debes hacértelo mirar, porque no se pierde una). El desarrollo de la charla discurrió entre el asombro y la vergüenza ajena. Pasmo al ver que Sánchez, hasta ayer socio de separatistas y comunistas y ahora templado centrista, se lanzaba con rostro de hormigón a elogiar a Rajoy por su «enorme sentido de Estado». Sonrojo al ver a Milá planteando la siguiente pregunta a «mi persona»: «Tú que eres un gran patriota, ¿por qué aguantas que te llamen traidor?». Una cuestión que Sánchez escuchó con el tolerante pesar de un beatífico santón hindú. Luego, ya en calor, el show tomó sesgo «Sálvame». Críticas de Milá a Rivera, que parece que «está despistado con esto de que anda con la Malú». Una expresión sexista de libro. Pero Gandhi Sánchez, mirando al techo contrito, se limitó a responder apesadumbrado: «En política hay demasiado cortoplacismo». Interesante frase en un tipo que muda de principios cada tres meses, que apuñaló a Rajoy tras prometerle en La Moncloa lealtad contra el separatismo, que pone verdes a sus compañeros en su libro, que imposta que es amigo del Rey y lo manipula como herramienta de marketing para su causa.

Al principio me sonreía. Luego se me agrió un poco la mueca. Es desasosegante que hayamos tenido que soportar a este presidente, la tómbola que lo rodea y el festival de gas de sus ocho meses. Si lo que se lleva es esto, habría sido mejor tener directamente en La Moncloa a Jorge Javier.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
TRIANA. Pues sí, nos metió un mitin de aúpa. Lo mismo que Pablo Casado.

Ahora bien, si para anunciar unas elecciones cargas contra tu contrario, mal vamos.

Un saludo.
Ángel, 25 minutos de reloj para decir lo que le hubiera bastado con 1, bueno toda la prensa lo comenta, ha dado su primer mitin, ahora toca esperar y ver que va sucediendo, ya sabemos que en esta España nuestra cualquier cosa puede suceder.

Un saludo.
Derrotado y mitinero.

Pedro Sánchez dio la sensación de estar desesperado, dolido, justificándose y reprochando a la oposición que haga oposición.

Juan Fernández-Miranda.

Madrid.

Actualizado:

15/02/2019 11:19h.

Menudo mitin. Pedro Sánchez ha convertido la sala de prensa del Palacio de La Moncloa en el escenario del primer acto de campaña electoral. Con 5 minutos de intervención y una ronda de preguntas a todos los periodistas convocados habría suido suficiente. Es más, con tres palabras bastaba: 28 de abril. Todo lo demás es verborrea, partidismo y lecturas interesadas de una realidad que tiene poco que ver con el país que gobierna. Más de 20 minutos para justificarse: con doctrina, con media verdades y con mentiras.

Acorralado. Sánchez dio la sensación de estar desesperado, dolido, justificándose, reprochando a la oposición que haga oposición, culpando a los demás de no dejarle gobernar y lo más importante: obviando que sólo tiene 84 escaños, ésa es su principal debilidad: no ha sido capaz siquiera de aprobar unos Presupuestos. ¿Existe mayor fracaso de un gobernante? A pesar de todo, tras esa cínica retórica de la política con mayúsculas está un presidente agotado. El mensaje sonó a despedida. «Espero que nos sigamos viendo durante mucho tiempo», ha concluido.

Sánchez ha contado su verdad, la del secretario general del PSOE, y ha obviado que es presidente del Gobierno de todos los españoles. Pero esto no es novedad: en su ejecutoria como presidente nunca se ha elevado por encima del debate política. Tal vez por estrategia, tal vez por incapacidad, lo cierto es que han sido ocho meses y medio de confrontación con los constitucionalistas y acercamiento a los independentistas, de abuso del decreto como fórmula de Gobierno y de desprecio a la transparencia.

En su intervención inicial apenas ha mencionado Cataluña, y ha disparado doctrina electoral a cascoporro: la bandera de la lucha contra la desigualdad, como si el Gobierno anterior no hubiese creado varios millones de empleos; y diálogo con todos, cuando se ha dedicado a estigmatizar a sus rivales como «las tres derechas», o la derecha «trifálica» como dijo la deslenguada ministra de Justicia, y a apoyarse.

Juan Fernández-Miranda.

Redactor jefe.
«Fachas»

Un alto burgués que insulta a las personas de Colón.

Luis Ventoso.

Actualizado:

15/02/2019 00:30h.

Los anglosajones denominan «self made man» a quien con malas cartas en el inicio de su vida acaba logrando considerables éxitos. Aunque lo que nos pone en España es que el Estado se ocupe hasta de atarnos los zapatos, personalmente siento enorme admiración por quienes han conseguido progresar por puro mérito, sin el empujón inicial de una cuna propicia. Resulta fascinante recordar que algunos inmigrantes europeos, que desembarcaron en la aduana neoyorquina de la isla de Ellis con solo una maleta de cartón, acabaron triunfando en el nuevo mundo. Si me soltasen a mí allí en tales circunstancias no rascaría bola.

José Blanco López, de 57 años, es un ejemplo de «self made man». Partiendo de unos orígenes humildes en una parroquia extraviada de los montes verdes de Lugo, ha logrado pasar de Pepiño a Don José merced a su inteligencia, habilidad y laboriosidad. El niño Pepe era hijo de Jesús, que se fue de su aldea a Lugo y acabó de peón en Obras Públicas, y de Erundina, costurera. Chaval espabilado y locuaz, ingresó enseguida en el PSOE. Sus padres hicieron el esfuerzo de enviarlo a Santiago a estudiar Derecho. No funcionó. Plantó enseguida la carrera para sumergirse en política. No se puede decir que resultase una apuesta errada. Blanco no ha tenido nómina en la empresa privada, pero ha sabido buscarse la vida. A los 27 ya era senador. Intentó convertirse en alcalde de su pueblo, Palas de Rei, pero cayó derrotado. Da igual, del Senado saltó al Congreso, donde trabó amistad con un tal Zapatero. El resto ya lo saben. Blanco fue el cerebro electoral del contador de nubes de León, que lo hizo número dos del partido y más tarde ministro de Fomento (cargo en el que Pepe se desempeñó bien, sobre todo en comparación a su predecesora, la tremenda Magdalena). Caído Zapatero, ha continuado enganchado a la más opípara nómina pública como eurodiputado.

Al parecer, don José es hombre de profundas convicciones socialistas. ¿Qué hace entonces con la pasta gansa que le aporta la política? ¿La dona a la Internacional Socialista, Amnistía Internacional y Greenpeace? No parece. Lo que hizo fue comprarse dos finas propiedades inmobiliarias y enviar a sus hijos a uno de los colegios más caros y exclusivos de Madrid. Esta semana, de visita en un juzgado de Madrid, ha insultado a las personas que se manifestaron en Colón contra Sánchez tachándolos de «fachas». Don Pepe, católico practicante, un altoburgués que gana un sueldazo y posee un par de viviendas (más la casa paterna de Palas), vive en realidad muchísimo mejor que la mayoría de las personas que se acercaron a Colón. En la práctica, nada lo separa de aquellas familias: le gusta la estabilidad económica, cree en los valores cristianos y envía a sus hijos a la mejor educación privada que encuentra. Entonces, ¿por qué los insulta? ¿A qué viene el latiguillo de «fachas»? Pues a que el PSOE está hueco, sin ideas, y disfraza su vacuidad con rancios e insufribles tics sectarios.

Pepe tiene mérito. Sin acabar siquiera la carrera ha volado alto y se ha forrado. Si fuese un poco congruente con su vida real, mañana llamaría a Génova y se daría de alta.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
Misión cumplida.

Se equivocan quienes creen que los ocho meses de Sánchez han sido un fracaso.

Luis Ventoso.

Actualizado:

14/02/2019 00:15h.

La legislatura, que ya era un zombi que se arrastraba, se convirtió ayer en una momia disecada. Un Gobierno incapaz de aprobar sus presupuestos carece de razón de ser. Así lo remarcó en su día un preclaro estadista, para más señas doctor «cum corta y pega» en Economía: «O Presupuestos, o elecciones», eso le espetó a Rajoy Sánchez hace un año. Mañana está previsto que el oráculo de La Moncloa se digne a hablar a los españoles y les permita conocer sus designios. Ayer, el hombre que acusaba a su predecesor de escaquearse tras «el plasma» pasó entre la prensa del Congreso como si fuese una melé de fútbol americano, mudo y desdeñoso. Acababa de perder la votación que liquidaba la legislatura, pero no tuvo a bien decir ni pío. Con semejante ambientazo, los politólogos vaticinan que huele a elecciones en abril. Aunque con nuestro Sánchez nunca se sabe. Lo mismo saca el «Manual de Resistencia», lo achanta en la cerradura de La Moncloa y nos okupa aquello hasta 2020. También podría ser que la anunciada comparecencia del viernes fuese para comunicar alguna relevante nueva relativa a los huesos de su ministro sin cartera, Franco.

Este Gobierno, que en su génesis se hizo llamar «bonito», ha caducado más rápido que las fresas de invernadero que me compro en el colmado del barrio. Dicen los analistas que el balance de Sánchez no es muy boyante. Tras una catarata de propaganda, en economía al final ha gobernado con los «presupuestos antisociales» del viejo Mariano (que por cierto, eran bastante socialdemócratas). En el envite independentista, todo queda igual (o peor). Sánchez ignoró un sabio principio político, aquel que establece que «quien con niños se acuesta, meado se levanta». Con un adanismo jactancioso pensó que él sí podría negociar con los fanáticos separatistas que lo sostenían. Pero el único diálogo que admite el nacionalismo catalán se llama «dame ya la independencia». Ayer se hizo patente con el doloroso rejón parlamentario que le aplicaron sus amiguetes Quim y Oriol.

Se enfatiza por doquier que los ocho meses de Sánchez han sido un fiasco, una pérdida de tiempo, una cantamañanada. Discrepo. Este Gobierno ha cumplido la única misión para la que fue constituido: permitir que una persona de una vanidad hipertrofiada se diese el gustazo de ser presidente pese a haber sido zarandeado en las urnas. El Gobierno ha logrado todos sus objetivos: la mujer de Sánchez tiene un buen empleo; Pedro se ha hecho selfis en el Falcon y se ha llamado «presidente» a sí mismo unas veinte veces al día; el matrimonio Sánchez-Gómez ha conocido mundo a costa de nuestros impuestos; el presidente por accidente ha podido corretear por La Moncloa, veranear en los palacetes oficiales de Doñana y Lanzarote y hasta relanzar su carrera literaria -apolillada por los plagios- publicando un nuevo libro (por supuesto obra también de un negro). ¿Logros concretos del Gobierno? Solo uno, pero importantísimo: colmar el ego de Sánchez.

Las urnas, si llegan, no serán cariñosas con esta enorme impostura. Aunque ojo: Sánchez se beneficiará del hundimiento de Podemos y de las mermas del PP a manos de Vox. Si no se prima el voto útil podemos despertarnos con más Sánchez.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
Si delinques, pagas.

No le pongan mística amarilla: cometieron graves delitos y responden por ellos.

Luis Ventoso.

Actualizado:

13/02/2019 08:57h.

Desde el siglo XX hasta hoy, España ha frenado tres intentonas separatistas de quebrar por la fuerza su unidad, aunque no sin esfuerzo y sufrimiento. El primer envite llegó el 6 de octubre de 1934, cuando Companys, de ERC, declaró atolondradamente la República Catalana en un balcón de Barcelona. El general tarraconense Batet se encargó de cumplir con su deber y reinstaurar la legalidad. Batet, que tenía lo que hay que tener, incluso empleó su artillería contra los insurrectos. Lógicamente, la justicia de la República Española impuso severas condenas a los independentistas que se habían sublevado para romper el país: pena de muerte para los militares cómplices (luego conmutada por cadena perpetua) y 30 años de cárcel para los dirigentes políticos del levantamiento. Además fue suspendida la autonomía catalana. No pudieron con España.

El segundo gran ataque a la unidad de España comenzó en 1958 y se prolongó medio siglo. Se llamaba ETA y amargó la vida del país hasta 2010, cuando fue derrotada por el Estado. Con una crueldad extrema, que costó más de 800 muertos y 3.000 heridos, el movimiento terrorista trató de imponer la independencia del País Vasco mediante la violencia y el chantaje. Policías, militares, políticos y muchas personas anónimas se dejaron la vida contra aquel bárbaro proyecto totalitario. No pudieron con España.

El tercer y último intentó llegó en octubre de 2017, cuando políticos separatistas de ideario xenófobo desoyeron todas las advertencias del Gobierno central y pisotearon la Constitución y las leyes autonómicas para declarar por fuerza la República Catalana. Además, utilizaron para su golpe las instituciones de todos los catalanes, cuando la mayoría no querían la independencia. Tampoco pudieron con España y ayer comenzaron a ser juzgados por sus gravísimos delitos.

Por mucha mística amarilla que le pongan el separatismo, sus tontos útiles tipo Colau y los nacionalistas foráneos, el asunto resulta sencillo: ningún país permite que una parte de su territorio se desgaje a la brava y violentando las leyes nacionales. Algo así te lleva a la cárcel de cabeza en Francia, EE. UU., China, Rusia... y lógicamente también España. Eso sí, la democracia española garantiza un juicio justo, público y con respeto a la presunción de inocencia (aunque resulta complicado que no te declaren culpable si tú mismo te has jactado con alharaca de cómo te fumabas la ley). Existen una serie de coletillas huecas que el nacionalismo catalán -y el vasco, y el escocés...- repiten como si fuesen mantras sagrados. Por ejemplo: «Decidir no es delito». Uno, gallego al fin, respondería con un «depende». Si decides atracar un banco me temo que habrá delito. Y si machacas la norma medular de un Estado, su Constitución, pues también. Los magistrados del Supremo, juristas eruditos de acreditado prestigio, analizarán las acciones de los doce acusados, las compararán con lo que establece la ley y emitirán su sentencia. Así de simple. Y si Junqueras tiene que cenar una larga temporada en la cárcel, pues tampoco nos deprimiremos en demasía, porque intentar romper un país y destrozar la convivencia de los catalanes no es regalar rositas en Sant Jordi.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
El problema de Ciudadanos.

Visto lo visto, Rivera debe pensar en pactar con el PSOE tras las elecciones de mayo.

Ana I. Sánchez.

Actualizado:

12/02/2019 08:25h.

La inmadurez ideológica de Ciudadanos acabará convirtiéndose en objeto de análisis político en la querida facultad de Pablo Iglesias. El enredo con la fotografía de la manifestación del domingo lo dice todo. Albert Rivera no solo hizo todo lo posible por colocarse lo más lejos posible de Santiago Abascal -solo le faltó subir a su familia al escenario- sino que al quedar al descubierto negó toda estrategia cual adolescente pillado in fraganti. Dijo ayer que no concedió importancia alguna a la fotografía porque la imagen trascendente era el lleno de Colón. Pero ¿no fue él quien peleó los días previos por salir al escenario a dar un mitin que cerrara el acto? Vaya cuajo. El mismo que tuvo para colocar a uno de sus concejales en Madrid de sujeta-banderas tras él. Bosco Labrado apareció portando el emblema del colectivo LGTBI mientras Rivera intervenía ante las cámaras para que su presidente pudiera marcar distancia con Vox. Aunque el pacto era que los tres líderes comparecieran con el mismo fondo.

Todo viene del problema que tiene Cs. El rearme ideológico del PP tras la llegada de Pablo Casado y la irrupción de Vox le han obligado a retroceder en la conquista de la derecha a la que estaba entregado. Y cree haber encontrado un nuevo nicho de votantes en los socialistas descontentos. Varios dirigentes de Cs los llaman los socialistas «buenos». Aquellos votantes de la generación de Felipe González que tienen en su cabeza un modelo de España mucho más construido que el de Pedro Sánchez. Calcula Rivera que es factible llegar a ellos sacudiéndose el halo conservador que le rodea tras dos años de apoyo al PP. Y eso incluye rechazar de plano a Abascal como símbolo de la ultraderecha. Dice que Vox es tan populista como Podemos. De acuerdo. Y que no tiene nada que hablar con un grupo de semejante ralea. Error. Un demócrata siempre tiene que dialogar con sus rivales, por muy opuestas que sean sus ideas. Solo así su país puede avanzar con estabilidad. Se olvida también Rivera de que el populismo de Pablo Iglesias no le impidió fotografiarse con él en 2015 entre gestos de complicidad. Incluso pasearon por la calle y compartieron la parte trasera de un coche para la televisión. No es cuestión de populismos sino de oportunismos.

Visto lo visto, Rivera debe estar pensando en pactar significativamente con el PSOE tras las elecciones de mayo para recuperar su imagen centrista. Pero se equivoca de plano. No valora que esos socialistas «buenos» tienen principios ideológicos. Y eso implica que pueden no votar al PSOE pero tampoco olvidarán las alianzas que Cs tejió con el PP. Antes optarán por la abstención que ver a Rivera como alternativa. Si se hubiera mantenido en el centro que hoy pretende recuperar, estaría robándole votantes al PSOE. A manos llenas. El problema de Cs es creer que puede cambiar de espacio político en función de cómo marcha la partida. Es esa inmadurez ideológica la que le marcará un techo electoral por detrás del PP. Y no con quien salga en una foto.

Ana I. Sánchez.

Redactora.
Todos los «negros» del presidente.

Ni la tesis ni el «Manual de resistencia». No hay volumen que salga de la mano de Sánchez. Eso sí, sus «negros» y «negras» acaban muy requetebién colocados.

Álvaro Martínez.

Actualizado:

10/02/2019 01:30h.

Sabe de buena tinta este batallón que en el mundo editorial hay una legión de «negros». Tantos hubo, hay y habrá ocultos y silentes en los anaqueles de las librerías que hasta la Real Academia define desde hace años como negro o negra, en su acepción 17 de la palabra, a «la persona que trabaja anónimamente para lucimiento y provecho de otro, especialmente en trabajos literarios». La última en llegar a este grupo de escribas por cuenta ajena es Irene Lozano, que ha sido quien al parecer se ha encargado de escribir de verdad el «Manual de resistencia» de Sánchez. Lo cierto es que el doctor va depurando su «práctica redaccional» de tal forma que ha pasado del corta/pega a mansalva de textos de múltiples autores en su tesis (que hacen de «negros» sin saberlo), a endosarle la redacción enterita del escrito que él firma a una sola persona. Hasta copiar parece que le da pereza al líder socialista.

Lozano es periodista y escritora y tiene una solvente experiencia en escribir para otros, así lo hizo por ejemplo en el libro de la excapitán Zaida Cantera, aunque en este caso era cofirmante del texto, no como en el Manual de Sánchez, donde entre la foto tamaño póster del doctor y las letras dimensión Hollywood con su augusto nombre, ha sido imposible encontrar un huequito mínimo en la portada donde ponga Irene Lozano.

Pero tampoco es como para enfadarse por esta omisión pues el nombre de Irene Lozano sí aparece en el «Gobierno bonito», adonde llegó en octubre, tres meses después de la provindencial fundación de tan ejemplar gabinete ministerial. Pero llegó con todo el porte, el tronío y un lustrosísimo sueldo como secretaria de Estado de la España Global. Con los complementos de productividad, cobra Lozano más que el ministro del que depende, José Borrell. ¿Es o no es España una tierra de oportunidades?

Lo es, sin duda, y no solo en el salario. También ofrece España la posibilidad de arrimarse siempre al sol que más calienta. De hecho, Lozano comenzó su carrera política en Unión Progreso y Democracia, aquel UPyD de Rosa Díez, partido por el que fue diputada durante cuatro años y en el que dejó duras críticas al PSOE. Un ejemplo: «Les voy a explicar lo que es la antipolítica, señores del PSOE y del PP. La que han hecho ustedes al permitir las prácticas corruptas de cargos públicos, la impunidad de los acusados, cuando han usado las instituciones públicas para colocar a sus amigos». Cuando empezó a apagarse el tímido empuje del partido magenta se mudó Irene al socialismo de Sánchez, no sin antes perder unas elecciones internas para presidir UPyD, donde fue derrotada con claridad por Andrés Herzog, hoy retirado de la política. Perdió, y a los pocos meses, fichaba por la lista del PSOE.

Ahora, además de escribirle los libros al presidente del Gobierno, la secretaria de Estado de la España Global asume las competencias del Comisionado para la Marca España, que durante seis años ejerció Carlos Espinosa de los Monteros sin cobrar un solo euro por el cometido. Ni uno. Es pronto para ver la eficacia de la gestión de Lozano en la proyección y buen nombre de España en el exterior. Por lo pronto, parece más centrada, a medias con Tezanos, en la propaganda de Sánchez, redactándole un libro que firma él desde La Moncloa. Resuenan ahora, como un clamor olvidado, aquellas palabras con las que, en vibrante discurso, Lozano acusaba a los socialistas de «usar las instituciones públicas para colocar a sus amigos». ¡Ole mi «negra»!

Álvaro Martínez.

Redactor jefe.
Genocidio en Pedralbes.

Si Sánchez admite que es preciso un «relator» externo, está llamándose a sí mismo genocida. Por extensión, nos lo llama a todos.

Gabriel Albiac.

Actualizado: 07/02/2019 00:13h.

De esto alza acta un «relator»: «Tenía 14 años. No sé cómo perdí a mi familia. Lo que sé es que, allá donde se encuentren, tendrán más paz que la que yo tendré nunca. El dolor y la tristeza no pueden alcanzarlos… Hombres, mujeres, niños y viejos eran golpeados a machetazos y bastonazos. Unos perecían, los otros avanzábamos sobre sus cuerpos mutilados en descomposición. Fui golpeada con machete y bastón, y seguí corriendo. Fui violada y apaleada, y seguí corriendo. Vosotros diréis que fui valiente y animosa. Y sí, miré a la muerte cara a cara y pagué un precio atroz por sobrevivir. De algún modo, tuve suerte: no vi matar a mi familia. Y ni siquiera sé si fueron torturados… Los bebés eran utilizados como dianas en los campos de tiro». Ruanda, abril-julio de 1994.

Hasta la noche del martes pasado, tú ponías «relator» en Google y aparecía un nombre: René Degni Ségui. Y una institución: la ONU. Y una misión: el último genocidio del siglo XX. Y unas cifras: entre 800.000 y 1.200.000 tutsis asesinados en el intervalo de tres meses y diez días. Y un país devastado: Ruanda. A partir de la noche de anteayer, esas entradas de Google se entreveran con los nombres de Joaquín Torra y Pedro Sánchez. En lo que es, sin duda, la mayor vergüenza para un político español desde el año 1978.

Al aceptar la figura del «relator», el presidente del Gobierno español admite la sospecha más horrible que pueda caer sobre un país en el mundo moderno. Si está justificado introducir un observador externo -ya veremos con qué rango y de qué nacionalidad- en la relación entre el aparato ejecutivo del Estado y los altos funcionarios de una de sus administraciones locales, es que la verosimilitud de un genocidio ha sido contemplada. Sólo en ese caso se justifica que el acta notarial de tal encuentro recaiga, no sobre la administración nacional que lo regula, sino sobre una «parte neutral», que opere como garantía de que el más débil no sea exterminado.

La figura del «relator» funciona, en las lógicas de la ONU, como designación de un específico experto independiente que el Consejo de Derechos Humanos designaría para presentar informe formal de las violaciones contra esos derechos humanos en un país concreto. Sus testimonios pueden -deben- servir de base al inicio de los procedimientos por genocidio, crímenes contra la humanidad o crímenes de guerra ante los tribunales internacionales. Así sucedió con los dosieres de René Degni Ségui en Ruanda, que llevaron a la condena del presidente Jean Kambanda. Cuesta trabajo pensar que Torra pretenda hacer lo mismo con Pedro Sánchez. Pero sería lo lógico. En su lógica.

En condiciones de normalidad jurídica, dos personas que se reúnen para negociar pueden reclamar la presencia de un notario. En el caso de una Administración y un subordinado suyo, el Estado dispone de cierta función específica: la del Notario Mayor del Reino. Que coincide en la persona del ministro de Justicia. Torra puede juzgar un mentiroso a Sánchez. Y a la inversa. Ambos están en su derecho de mutuamente despreciarse. Y es sensato que pongan al notario general del reino por testigo. Para eso existen las instituciones. Cuando existen.

Pero, si Sánchez admite que es preciso un «relator» externo, está cediendo el criterio de verdad a Torra y está llamándose a sí mismo genocida. Por extensión, nos lo llama a todos. Es la mayor vileza que haya cometido un político español en lo que va de democracia. Torra gana. A cambio, Sánchez mantiene domicilio en La Moncloa.

Gabriel Albiac.

Articulista de Opinión.
Sánchez, al límite.

Constitucionalmente, el presidente del Gobierno no puede abrir diálogo bilateral y con mediadores con una región.

Luis Ventoso.

Actualizado:

06/02/2019 08:56h.

Afinales de mayo, Sánchez ganó una moción de censura y se convirtió en presidente, con solo 84 escaños y aliado con los separatistas que habían dado un golpe solo siete meses antes. Su pretexto fue que la condena de unos alcaldes menores del PP en el caso Gürtel salpicaba a Rajoy de tal manera que no podía continuar en su cargo (esta semana han entrado en la cárcel por robar del erario dos excargos del gobierno del socialista extremeño Vara, pero supuesto no ha dimitido nadie). Sánchez anunció durante la moción que el suyo sería un Gobierno de transición para convocar pronto elecciones (hoy es evidente que mintió). También afirmó que su objetivo era «recuperar la normalidad política e institucional y regenerar la vida democrática». Tampoco ahí ha cumplido. De hecho su gobernanza se caracteriza por una sucesión de malas prácticas, que degradan la vida pública, como tomar TVE o el CIS. La última es la publicación de un libro de su autoría, dedicado al autoelogio. Algo inaudito, que ningún presidente en ejercicio hace, pues al establecer una relación contractual con una editorial -en este caso un importante grupo mediático- deja de ser neutral en lo que hace a sus relaciones con los medios.

Todo lo dicho es lamentable. Pero ayer ocurrió algo aún más grave. En una nueva rendición para que los separatistas le validen sus presupuestos y seguir en La Moncloa, ha aceptado la exigencia de Torra de que haya mediadores -«relatores»- en sus conversaciones con la Generalitat. Como si España fuese una república tercermundista envuelta en una guerra civil, o un territorio en proceso de descolonización. En diciembre, Sánchez solicitó una entrevista con Torra -cuando este acababa de llamar a la vía bélica eslovena- y el día 21 se entrevistó con él en Barcelona. Torra le entregó un documento con 21 exigencias que Sánchez ocultó a los ciudadanos. De hecho, engañó a los españoles e hizo un balance positivo del encuentro, porque se abría «un espacio para el diálogo». Dos días después, Torra reveló que le había entregado por escrito sus exigencias, que Sánchez jamás hizo público, a pesar de la reiterada petición de la oposición y de ABC. Ayer el líder separatista divulgó por fin esas demandas. Entre otras, la autodeterminación, renuncia al 155, el fin de la «vía judicial» y mediadores internacionales (concedidos ya por el Gobierno).

¿Puede un presidente de España abrir una negociación con observadores con el Gobierno de una comunidad autónoma que demanda la «autodeterminación», una figura que no contempla nuestra Constitución? ¿No está Sánchez violando de manera flagrante sus obligaciones constitucionales, de las cuales la primera es proteger la integridad y unidad de la nación? ¿Puede el Estado abrir una mesa bilateral con una comunidad autónoma, cuyo poder deriva del propio Estado? ¿No supone eso un absurdo constitucional, algo así como el Estado negociando consigo mismo? En su afán ególatra por aferrarse al cargo, Sánchez ha ido demasiado lejos. Si pasa de las palabras a los hechos y finalmente abre esa mesa podría incurrir en un delito.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
Otra torpeza que saldrá cara.

A las puertas del juicio por el «procés» lo mínimo que puede pedirse al Gobierno es que no regale bazas al independentismo.

Ana I. Sánchez.

Actualizado:

05/02/2019 09:13h.

La impericia del Gobierno en el manejo de la crisis catalana está alcanzando cotas realmente sorprendentes. La secretaria de Estado de España Global, Irene Lozano, fue elegida con un único cometido: mejorar la percepción de nuestro país en el extranjero. A las puertas del juicio del «procés» su único propósito debería ser divulgar que España es una gran democracia que respeta la ley, la separación de poderes y en la que no existen presos políticos. Es decir, desmontar las mentiras del independentismo y restarle toda credibilidad en el plano internacional. Sin embargo, se ha estrenado en la BBC haciendo todo lo contrario, brindando un argumento al secesionismo. Lozano ha concedido una entrevista en la que afirma que los líderes separatistas cometieron delitos penales, saltándose la presunción de inocencia ante un escaparate que observan millones de personas. A una semana del juicio, lo mínimo que puede pedirse a los miembros del Gobierno es que sepan diferenciar entre lo que piensan -ellos y casi toda España- y las declaraciones que pueden realizar con carácter oficial para no dar bazas al independentismo. Recuerden la respuesta de Julio César a las matronas del patriarcado tras su divorcio de Pompeya: «La mujer del César no solo debe ser honrada, sino parecerlo». España es ya una sólida democracia pero la crisis catalana le obliga a reflejarlo, porque la partida contra los independentistas no solo se gana con los juzgados, sino también en la imagen. En defensa de Lozano cabe decir que las entrevistas en inglés pueden generar malas pasadas para quien no domina el idioma y que las respuestas sobre temas jurídicos son difíciles de ajustar en otra lengua. Pero si éste es el caso de Lozano, no debería haber cometido la imprudencia de conceder la conversación. Y menos sin haberse preparado con antelación la respuesta a un tema que cualquiera se hubiera imaginado que sería objeto de pregunta. España no puede cometer impericias como ésa: el independentismo no descansa y no dudará en utilizarlas.

La torpeza de Lozano es la última pero no la más grave cometida por el Gobierno socialista, cuya gestión de la crisis catalana empieza a dar para preguntarse si no debería especificarse la negligencia política dentro del catálogo de imprudencias castigables por la ley. Por depuración de responsabilidades, pero también por prevención de conductas temerarias. ¿O no es una imprudencia cruzarse de brazos mientras el presidente de una autonomía alienta a seguir la vía eslovena contra el Estado? ¿O mirar hacia otro lado mientras los mossos que cargan contra los CDR son acosados? ¿O permitir que un movimiento político como el independentista divida una sociedad inventando embustes y mentiras con impunidad? No se trata de maniatar la acción política, sino de evitar su uso de manera temeraria. Las conductas negligentes de quienes juegan a ser líderes no deberían salir gratis.

Ana I. Sánchez.

Redactora.
Retrospectiva de un fracaso.

Un secretario de Estado y dos ayudantes trabajando en despachos prestados: ése fue el contingente de desembarco.

Ignacio Camacho.

Actualizado:

04/02/2019 08:58h.

Aunque sólo sea por aprender del pasado, en vísperas del juicio de la insurrección separatista parece inevitable repetir la pregunta de si pudo existir algún modo de detener aquel conflicto dramático. La respuesta es que sí, por más que la afirmación se bifurque según la perspectiva del caso. La más benévola atribuye a Puigdemont la responsabilidad final del impacto por no haber convocado elecciones cuando en pleno choque institucional tuvo la decisión en su mano. La menos complaciente para el Estado señala a un Gobierno de España estupefacto, preso de la parálisis por su falta de liderazgo. Un Gabinete pasmado que nunca creyó que el procés fuese capaz de avanzar hasta el último paso, que dejó a los independentistas más margen del que ellos mismos habían soñado y que incluso a la hora ineludible del 155 lo aplicó en su mínima expresión, con un talante encogido y timorato. A esas alturas, de todas formas, la sublevación ya se había consumado y para que el desafío no quedase impune sólo quedaba la Justicia como ultima ratio.

En la excelente entrevista que Sostres le hizo ayer en ABC a Roberto Bermúdez de Castro, el hombre encargado de gestionar la intervención de la autonomía catalana destilaba una suerte de amargo desencanto. Por un lado, el alivio de haberse encontrado, en vez de una feroz resistencia civil, un ambiente balsámico; por el otro el resquemor de saber que Rajoy y su vicepresidenta habían delegado ese crucial cometido en un simple secretario de Estado. Él y otras dos personas instaladas en despachos prestados: ése fue el contingente de desembarco. El enviado gubernamental concluye que no hay un artículo 155 más duro o más blando, sino más corto o más largo. Y el marianismo optó por el de juguete, el que le causaba menos embarazo.

Pero en ese momento ya era tarde para casi todo, porque el golpe estaba ejecutado aunque sin otro destino que el fracaso. Hubo un punto de inflexión, en cambio, en que fue posible desactivarlo: cuando el Parlament aprobó en septiembre las leyes de desconexión que suponían la ruptura con la Constitución y su marco. Era el paso previo al referéndum que el marianismo pudo impedir de haberse conducido con el convencimiento necesario. Le faltaba consenso, sí, pero un presidente con suficiente energía moral y audacia política habría forzado a la oposición a dárselo. No sucedió y ya no cabe otra que lamentar el destrozo causado. No sólo en Cataluña; todo lo que ocurrió después en la política española, incluida la moción de censura, tiene su origen en aquellos días de colapso.

Desde entonces sólo dos instituciones, la Corona y los tribunales, han funcionado. La primera cumplió su papel en medio de un vacío de poder que amenazaba caos. A los segundos les llega ahora el tiempo de completar su trabajo. Que no es el de reparar agravios, sino el de establecer y pasar al cobro la factura de los daños.

Ignacio Camacho.

Articulista de Opinión.
Tezanos se viene arriba.

Pero no son bromas, se trata de subversiones descaradas de la democracia.

Luis Ventoso.

Actualizado:

01/02/2019 01:03h.

José Félix Tezanos, de 72 años, es sociólogo y militante desde siempre del PSOE. En un abuso contra la higiene democrática elemental, Sánchez lo sacó de la Ejecutiva de su partido para enchufarlo sin transición alguna al frente del CIS. Allí Tezanos se ha aplicado con énfasis y sin pudor a aquello que le encomendaron: convertir el centro demoscópico del Estado, pagado por nuestros impuestos, en un aparato de propaganda para sacarle lustre a Sánchez. Para ello tomó dos decisiones: convertir en mensuales los sondeos de intención de voto y manipularlos con un descaro inédito.

Siempre ha habido algo de cocina en el CIS. Pero los guisos de Tezanos directamente atufan a pucherazo. Sus desmanes han sido objeto de duras críticas de los medios, de sus colegas sociólogos y de los partidos de la oposición. Sin embargo el veterano aparattchick socialista no solo no se corrige, sino que va a más. Ayer, rozando ya el chiste, remarcó el primer puesto de Sánchez con un escaño más respecto al sondeo de diciembre y restó cuatro al PP. Según Master Chef, el partido de Casado ya se hunde en el cuarto puesto. En el último mes se han acumulado varios ridículos y rectificaciones de Sánchez, que además mercadeó en secreto con Torra y ni así ha logrado apoyo para sus presupuestos. Además, Podemos se está yendo al garete, desangrado por los facazos internos. Mas hete aquí que en la bola mágica de Tezanos el único que retrocede es el PP, y lo hace justamente cuando acaba de firmar la proeza política de desalojar al PSOE de la Junta de Andalucía, poniendo fin a su hegemonía histórica.

El alegre mundo de Tezanos no es algo anecdótico. Que se manipulen los sondeos pagados por el Estado para favorecer al partido que gobierna supone un escándalo democrático, que en Alemania o el Reino Unido no se dejaría pasar. Que el Banco de España denuncie claramente que el Gobierno ha manipulado las cuentas en sus presupuestos y que los números no cuadran, porque se han inflado los ingresos, pues lo mismo: otro abuso gravísimo. Que el presidente de la tesis trucada siga sin explicarse y sin corregir el libro donde también plagió es una gamberrada democrática, como tomar al asalto la televisión pública. Y queda, por supuesto la más grave de todas las tropelías: gobernar sostenido por los separatistas y por el partido heredero de ETA mientras se pone divino con Vox.

Tezanos acomete sus pillerías demoscópicas con tal brocha gorda que empezamos a tomárnoslo de chufla, como un personaje pintoresco en una política despendolada. Un error. Su caso supone un síntoma más de que el presidente que proclamó que venía a regenerar nuestra democracia la está mancillando como nunca.

(P. D.: si la mitad de lo que augura el gran Tezanos fuese cierto, Sánchez, convocaría elecciones hoy mismo. Pero se atornillará hasta el 2020, caiga quien caiga, con las cuentas de Rajoy y con el parlamento paralizado. ¿Por qué? Respondo con otra pregunta: ¿Conoce usted a alguien en su círculo próximo que diga que le gusta Sánchez?).

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
El gran circo.

Jamás os fieis, queridas hijas, ni de las bondadosas abuelitas ni de los dulces polluelos.

Gabriel Albiac.

Actualizado:

31/01/2019 01:31h.

Recuerdo el cómic. Hace de eso no sé cuántas glaciaciones. Yo era joven; o aún peor. Sobre la pantalla, una pulcra abuelita -era su nombre en los Looney Tunes, Abuelita, Granny, su único nombre- le arreaba de bolsazos a un malvado gato negro, que era, en realidad, el pobre «pringao» al cual está permitido siempre moler a bofetadas para mayor regocijo del respetable. En un rincón discreto, un dulce polluelo de canario, ojigrándico y cabezón, se despepitaba furtivamente de la risa: «Creo haber visto a un lindo gatito», repetía con gesto adorable, mientras el lindo gatito no fenecía porque a los pobres dibujos animados no les está permitido ese alivio. Era divertidísimo. Cuando tuve hijas en edad, se lo propuse como aprendizaje de la única verdad moral irrefutable: los buenos son los malos. Porque para mala, mala, la inocente abuelita. Jamás os fieis, queridas hijas, ni de las bondadosas abuelitas ni de los dulces polluelos.

Lo que no podía imaginar yo era que, un día, iba a haber alguien lo bastante perverso como para hacer que el cómic transitara tal cual a la realidad política. En el fondo, sigo siendo un ingenuo: haber leído a Guy Debord a los 18, hubiera debido enseñarme que no hay dibujo animado que pueda alcanzar las cotas de delirio a las cuales se abalanza la política contemporánea. En 2015, un partido político -o una asociación, o una barra brava peronista, o una alegre pandi, o lo que sea- apostó por materializar a Granny en carne y hueso, proponiendo como candidata a alcaldesa de Madrid a aquella tierna aporreadora del cómic de la Warner, simpática abuelita que repartiría estopa a los malos malísimos. Y la cosa tuvo éxito. En tan sólo cuatro años, Manuela Carmena aporreó Madrid. Y lo dejó más malherido de lo que dejaban los bolsazos de Granny al pardillo de Sylvester. El coro de los polluelos se lo pasaba en grande y, de paso, promocionaba a la familia. Se llama nueva política: no hay más representación que la de los televisores.

Después de eso, la lección fue aprendida. Éste es el nivel intelectual de nuestro electorado: tomémoslo como modelo. En 2019, el PSOE apuesta como alcalde de Madrid, no por un monigotito de la Warner. Apuesta por un baloncestista de éxito. Al espectáculo infantil sucede el espectáculo adolescente. Queda por saber cuál de los dos se acerca más a la edad mental de los votantes. Se admiten apuestas. La coreografía de los concejales socialistas haciendo la ola en los plenos municipales estará, en todo caso, a la altura de las rosquillas de Carmena. Seguro. Ha llegado el momento de plantearnos la pregunta decisiva: ¿para cuándo Belén Esteban

presidenta? Arrasaría. No creo que nadie tenga la menor duda: la política es hoy una prótesis menor de los televisores.

En la España de los años treinta, ocupaban escaño en el Parlamento sujetos que se llamaban Miguel de Unamuno, Julián Besteiro, José Ortega y Gasset, Manuel Azaña, Ramiro de Maeztu…: las mejores cabezas de la España contemporánea, las mejores cabezas de la Europa de su tiempo. Comparen eso con los Iglesias, Garzones, Monteros, Sanchezes, Rufianes… Y si logran contener el llanto es que son ustedes más duros que Sonny Liston.

Y nadie piense que este gran circo es cosa sólo de la subespecie política. 2018, Feria del Libro en Madrid, kilométricas colas ante una caseta. Pregunto a un amigo librero. « ¡Ah, sí, es una influencer!». « ¿Y en qué influencia?». «En maquillaje». «No se hable más, entonces. Es el futuro». Supongo que será ya ministra de algo.

Gabriel Albiac.

Articulista de Opinión.
Nunca se fue..................
El mitin de los Goya.

No pienso perderme los Goya porque no sé contra quién será este año el habitual mitin.

Antonio Burgos.

Actualizado:

30/01/2019 01:37h.

En España hay ritualmente grandes mítines: el de cierre de campaña del PSOE, el del PP en Madrid y, si cae, algo en Vista Alegre de Podemos. Estos mítines los organizan los partidos y los pagan ellos, aunque sea con nuestro dinero a través de las subvenciones. Pero hay un mitin anual que, como suele decirse en Tertulianés, «tiene otro formato». Y es tan ritual como los que acabo de citar. Me refiero al mitin de la entrega de los premios Goya, donde todo el que se tiene por un genio del cine, al recoger su estatuilla si lo galardonan, se siente en la obligación de largar fiesta contra lo que se lleve ese año en la izquierda. Por no hablar de los propios presentadores de la gala, que interpretan un guión que tiene mucho de argumentario del día, como los que reciben los dirigentes de los partidos para que no se metan en contraflecha y sigan el canto llano de lo que hay que decir contra el adversario.

Los mítines de entrega de los premios Goya son ya tan antiguos como el hilo negro. Empezaron cuando a algún genio de la propaganda, en la que la izquierda española es de Oscar al mejor guión, se le ocurrió convertir la ceremonia de la entrega en un mitin contra Aznar, entonces presidente, y contra la guerra de Irak, de la que todavía Zapatero no había retirado a nuestras tropas en menos de horas veinticuatro nada más ser investido. Aunque en la invitación a la gala ponía, supongo, que la etiqueta era esmoquin para los caballeros y traje largo para las señoras, lo que fue obligatorio en verdad fue la pegatina del «No a la guerra», que todo el mundo lució y que TVE llevó en directo a todos los hogares españoles.

Este año la entrega de los premios Goya sale de Madrid y la ceremonia de los que se ponen la camiseta negra en vez del esmoquin (porque es más progre) se celebrará en Sevilla. Donde hay una partida importante de catetos contentísimos con que los premios Goya (sin premio) vengan a su tierra. Hasta han puesto a la Torre del Oro al servicio de los Goya, como pantalla para una proyección con el título de los premios e iluminándola de rojo. Color más adecuado no han podido hallar. Los Goya, como la Academia de Cine que los otorga, como el subvencionadísimo cinematógrafo nacional que casi nadie ve, está en manos de la izquierda. Y hasta hemos exportado el modelo Goya a Estados Unidos, donde la entrega de los Oscar también suele convertirse en un mitin contra algo derechoso. Hasta el punto de que oí el otro día que un actor nominado este año para un Oscar lo tenía muy difícil, porque había hecho campaña a favor de Trump.

No sé cuánto nos cuesta cada año que por TVE una serie de engreídos que se creen genios del cine celebren su habitual mitin contra lo que le interese en ese momento al PSOE, a IU o a Podemos, en cuyas estribaciones andar suelen. Debe de ser una cifra bastante superior a los ridículos 65.000 euros que los Presupuestos del Estado consignan para la Tauromaquia. De otra forma no me explico que anden ya poniendo los paños calientes de que los Goya van dejar en Sevilla un lucro de cinco millones de euros, ni uno más ni uno menos: ya lo saben con toda exactitud, como los coches que van a moverse en la próxima Operación Salida de las vacaciones de Semana Santa. No pienso perderme los premios Goya porque no sé contra quién será este año el habitual mitin político en que se convierten. Contra el PP y Rajoy ya no, porque está en el Gobierno el PSOE y a lo mejor hasta Sánchez coge el Falcon y viene a Sevilla, codo con codo con sus huestes. Contra el PSOE, desde luego que no será. ¿Será contra los taxistas que tienen «acolapsado» Madrid ante la dejación del Gobierno? Lo dudo. No sé si se admiten apuestas, pero me pongo lo que sea a que este año la gala de los Goya será un horterísimo y pretencioso mitin contra Vox.

Antonio Burgos.

Articulista de Opinión.
Cutre, muy cutre.

Fue mezquino defender a Sánchez hablando de Rajoy y alcohol.

Luis Ventoso.

Actualizado:

29/01/2019 01:12h.

EL 5 de enero, en plenas vacaciones navideñas, la vicepresidenta Carmen Calvo descansaba en casa, en su ciudad natal de Cabra (Córdoba), cuando un urgente asunto de Estado irrumpió en su asueto. Al instante, en pantuflas y desde su sofá doméstico, trasladó a la Fiscalía una gravísima ofensa contra Sánchez, a su juicio susceptible de delito. Durante un par de horas, el PP - ¡horror!- había subido a su cuenta de Twitter un chiste macabro sobre el presidente progresista de todas y todos, obra de un cómico sevillano que simulaba leer la siguiente carta a los Reyes: «Queridos Reyes Magos: Mi cantante preferida era Amy Winehouse, y te la llevaste. Mi actor favorito era Robin Williams, y te lo llevaste. Mi humorista favorito era Chiquito, y también te lo llevaste. Solo te escribo para decirte que mi presidente favorito es... Sánchez».

El PP borró el tuit enseguida y pidió disculpas. El chiste, malillo y más viejo que el gramófono, se había hecho antes a costa de otros políticos, como Zapatero, Rajoy o Macri, que lógicamente ni se fijaron. Pero Sánchez levita sobre un pedestal labrado en ego y postureo, así que esta vez el chiste pasó a constituir un ataque delictivo contra el honor de El Presidente (por cierto, ese mismo Sánchez, cuando era otra persona, que diría Celaá, había salido a defender al rapero Valtonyc tras su condena por recomendar una bomba de nitroglicerina en un bus del PP).

En España el «ofensómetro» se calibra de manera distinta según la faltada provenga de derecha o izquierda. Ayer, la portavoz adjunta del PSOE en el Congreso, la ibicenca Sofía Hernanz, participaba en un debate en la Cámara sobre la adicción de Sánchez al Falcon, el helicóptero y a conocer el mundo a costa de nuestros impuestos. Ante las críticas del PP, la diputada socialista defendió a su jefe alegando que Sánchez viaja lo mismo que Rajoy, pero «sin el avituallamiento extra de vino y whisky». El comentario resulta de una vileza notable, pues sin prueba ni necesidad alguna siembra la especie de que el anterior del Gobierno tenía problemas con el morapio. Imaginemos que un destacado diputado del PP hubiese acusado a Carmen Calvo, o a su predecesora De la Vega, de atizarle al whisky en los vuelos oficiales. Twitter ardería de ira justiciera y feminista. Los tertulianos se estremecerían de estupor.

Lo que se debatía ayer en el Congreso era otra cosa: un presidente que utilizó el avión oficial para pegarse una fiestuqui con su mujer en un concierto de rock, y que programa viajes estériles al exterior para darse pote mientras desatiende la agenda interna. Un escapista que para evitar una comparecencia en el Senado sobre sus tratos secretos con Torra se largó a Davos dos días (a informar al capital global de que gracias a él España creará este año 120.000 empleos menos). Un personaje que vuela en helicóptero oficial a la boda de su cuñado y se niega a informar del coste.

Pero para el coro de un Gobierno que no existe -véase el taxi- el problema radica en si Rajoy se tomaba un vino en el avión, algo que no sé si hacía, pero que nada tendría de extraordinario. Y que le pregunten a Churchill, un estadista a la altura incluso del mismísimo Sánchez.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
Era muy fácil.

Nuevo regate de Sánchez en lugar de romper ya con Maduro.

Luis Ventoso.

Actualizado:

27/01/2019 00:13h.

Sánchez, ese valiente que se bate a brazo partido contra el espectro de Franco, muerto hace 43 años, es incapaz de cortar rápido y rotundamente con la atrabiliaria y cruel dictadura de Nicolás Maduro. Ayer recurrió a otro rebuscado regate dialéctico para evitar reconocer al presidente provisional Juan Guaidó y romper así toda amarra con Maduro, cabeza visible de una narco dictadura que ha destrozado Venezuela. Sánchez, el supuesto líder «progresista» para «todas y todos», el rey del Falcon, el pensador que acude a Davos a arreglar el mundo -pero que se niega a explicar en el Senado sus cambalaches secretos con Torra-, resulta que no se atreve a condenar con claridad y energía a un tirano excéntrico e incompetente. No osa a desmarcarse de un sátrapa que usurpa la presidencia tras unas elecciones-pucherazo en las que solo concurrió él, que se ha inventado un Parlamento a su medida tras perder la mayoría en el legítimo.

A pesar de algunos tics antiespañoles, nuestro país conserva un importante ascendente en Hispanoamérica. Además, esta crisis la sentimos como propia, y más cuando una creciente colonia de venezolanos nos han elegido como tierra de refugio (es la comunidad de inmigrantes que más crece en España y aquí viven los padres de Guaidó y Leopoldo López). Así que Sánchez lo tenía fácil cuando compareció ayer en La Moncloa para fijar su posición. Bastaba con que dijese algo así: «Nicolás Maduro gobierna Venezuela de manera dictatorial e ilegal tras haber vulnerado la legalidad constitucional de su país. Además, su tiranía ha sumido a su país en el desabastecimiento, la híper inflación y la miseria y ha provocado el éxodo del 10% de la población. Por todo ello, España se ve obligada a condenar a un régimen que ha acabado con las libertades en Venezuela y reconoce como nuevo mandatario a Juan Guaidó, legítimo presidente provisional de conformidad con la Constitución vigente en su país, esa que Maduro ha incumplido. Por último, como país de referencia en la UE para las relaciones con Hispanoamérica, recomendamos a nuestros socios europeos que reconozcan también al presidente provisional Guaidó, que debe convocar unas elecciones libres e inmediatas». Así de sencillo y honorable, tal y como le pedía Felipe González. Pero no pudo ser. Maduro es un dictador... de izquierdas, y además se trata del padrino de Podemos, el socio de Sánchez. Toca caminar de puntillas.

Pedir a Maduro que convoque elecciones, como hizo Sánchez ayer, equivale a darle cuartelillo, pues supone asumir que tiene derecho a seguir dirigiendo Venezuela. Es notable que Sánchez no repare en que el argumento que otorga legitimidad a Guaidó es el mismo que le permite a él presidir España. Ninguno de los dos ha ganado su presidencia en las urnas, pero ambos la ostentan porque así lo prevén los arreglos constitucionales de sus países para determinadas circunstancias.

Venezuela necesita unas elecciones, ciertamente. Y España también, y con urgencia, porque no es justo seguir bajo el capricho de un prestidigitador de ideario de goma, principios multiusos y verdades elásticas.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
Madrastra patria.

El amparo de España se echa de menos cuando tantos venezolanos demócratas se están jugando literalmente el pellejo.

Ignacio Camacho.

Actualizado:

25/01/2019 00:57h.

Si ha habido un golpe de Estado reciente en Venezuela fue el que organizó Maduro para atornillarse en la presidencia. Mandó a un Parlamento ya disuelto nombrar un Tribunal Supremo de su cuerda, suprimió el referéndum que iba a revocarlo y por último, como la oposición controlaba por amplia mayoría la asamblea, se inventó una cámara constituyente paralela. Todo en los últimos años ha sido un despropósito, incluidas las elecciones presidenciales que ganó por práctica incomparecencia, dado que los partidos adversarios habían sido dados de baja en una criba previa. Al menos Chávez siempre procuró una cierta formalidad democrática para mantener las apariencias. Su sucesor no se ha molestado en disimular la conversión del régimen autoritario en una tiranía bananera, con presos políticos, brigadas de presión callejera y éxodo masivo de una población desesperada ante la galopante pobreza. Los mediadores internacionales, excepto Zapatero -él sabrá por qué-, se han cansado de malgastar fuerzas en un simulacro de negociación sin voluntad de avenencia. El país vive hace tiempo en un conflicto civil que sólo de milagro no se ha convertido en guerra abierta. Y el Gobierno ha abierto bases a Rusia para tratar de amedrentar a Trump y a la siempre pusilánime Unión Europea.

La autoproclama del opositor Guaidó, líder de la única mayoría legítima, es como poco extraña porque todo es irregular en este marco, un caos en el que el tardochavismo ha convertido su propia Constitución en papel mojado. Pero las principales naciones libres del continente le han dado su respaldo y la UE se lo acabará expresando cuando se sacuda su rutinario apocamiento diplomático. España, de la que se espera una natural posición de referencia en asuntos latinoamericanos, puede hacer al respecto dos cosas: impulsar desde su autoridad moral y política un proceso de transición con elecciones libres o cruzarse de brazos, que es lo que hasta el momento ha hecho Sánchez mirando de reojo a sus socios bolivarianos. Al presidente debe de producirle urticaria que Rivera y Casado coincidan con la opinión de un Felipe González al que es imposible escuchar sin sentir nostalgia de su liderazgo.

El Gobierno bonito tiene una oportunidad de demostrar si sabe desenvolverse en problemas feos, aunque para ello tenga que desmarcarse de sus aliados de Podemos, últimos mercenarios del chavismo irredento. La cuestión esencial no consiste tanto en reconocer a Guaidó, si bien se debería empezar por eso, como en aislar a Maduro para quitarle cualquier esperanza de amparo europeo y otorgársela en cambio a los venezolanos demócratas que se juegan literalmente el pellejo. Eso es exactamente lo que han hecho sus colegas argentinos, ecuatorianos, brasileños, estadounidenses, colombianos, canadienses o chilenos. A la madre patria se la está echando de menos: una cosa es la prudencia y otra el mamoneo.

Ignacio Camacho.

Articulista de Opinión.
La purga.

Pablo Iglesias cuestionó suavemente a Nicolás Maduro, Errejón entonó su oda a las tres comidas caraqueñas.

Gabriel Albiac.

Actualizado:

24/01/2019 00:48h.

No viene de la tradición marxista; es una consigna acuñada por Ferdinand Lassalle, socialista prusiano al cual Karl Marx detestaba. Derechos de autor aparte, se ha convertido en dogma político: «el partido se fortalece depurándose». Mao lo tomó de Lenin, que sí conocía su origen. De dónde lo haya recuperado Podemos, me parece menos claro. Tal vez, de ese hábito de liquidarse en familia que define a la mafia peronista. Tal vez, de la facundia con que los Castro borraron a sus colegas de Sierra Maestra. O de la metódica limpia con que Chávez y Maduro se quitaron de en medio a sus primeros compañeros de armas. Tal vez. Yo, sin embargo, conociendo la exhibida debilidad de Errejón e Iglesias por el teorizador del Estado hitleriano, Carl Schmitt, tiendo a pensar que la purga que rueda sobre Podemos es más bien una versión de bolsillo e incruenta de aquella Noche de los Cuchillos Largos en el curso de la cual la primera generación del nazismo -la de las SA de Röhm- fue ajusticiada in situ por la segunda generación: la Sección de Seguridad de las SS, al mando de Reinhard Heydrich.

La creación de Podemos remite a una necesidad estrictamente venezolana. Consumada su toma total del poder, tras la suma de incompetencias de unos opositores que, habiéndolo apresado, acabaron por reponerlo en la plenitud de su presidencia, Hugo Chávez necesitaba poner en juego una estrategia poliédrica. Para la represión interna, no era seguro recurrir a Policía y Ejército venezolanos: el golpe fallido dejaba en evidencia lo hondo de las fracturas de sus fuerzas armadas. El recurso estaba, sin embargo, al alcance de la mano: Cuba poseía la más alta competencia represiva de todo el subcontinente latinoamericano. Venezuela disponía del petróleo que escaseaba en Cuba. El intercambio fue lógico y sumamente beneficioso para ambas partes. En Cuba se puso un alivio al colapso energético. En Venezuela, la policía política y los servicios de inteligencia militar cubanos engranaron un bien disciplinado ejército paralelo, sobre el eje de la Guardia Nacional Bolivariana y las milicias civiles armadas por el chavismo.

En el exterior, la diplomacia venezolana necesitaba introducir cuñas dentro de aquellos Estados a los que veía como territorio no rendido a sus pretensiones. Fueron los años de las invitaciones, las becas y los contratos a un sector del joven profesorado universitario español, al cual la inteligencia chavista juzgaba susceptible de ser guiado al culto del Caudillo, para dar nuevas texturas a las más cursis retóricas de Evita Perón y Fidel Castro. Todo, bajo el paraguas de aquel Simón Bolívar al cual la izquierda europea de su siglo juzgaba un espadón indeseable. De Venezuela y de la amiga República Islámica de Irán vinieron los apoyos materiales que permitirían a los entonces aún amigos complutenses proyectarse -es verosímil que eso creyeran- al «asalto del cielo».

Muerto Chávez, un colosal incompetente llamado Maduro se las apañó para arramblar con su herencia. Y empezaron las purgas bolivarianas. La escabechina se trasladó a España: Iglesias cuestionó suavemente a Maduro, Errejón entonó su oda a las tres comidas caraqueñas. Los venezolanos siguieron malviviendo, a la espera del próximo golpe de Estado. Y, en su versión de bolsillo e incruenta, a la espera de los sucesivos golpes de partido, siguió Podemos. ¿Entre derechos iguales, entre el derecho madurista de Errejón y el chavista de Iglesias, quién decide? La fuerza. Por supuesto. En Madrid como en Caracas.

Gabriel Albiac.

Articulista de Opinión.
Unos, 67 € menos; otros, 93 € más.

Cuando se prima a una región descaradamente otras lo pagan.

Luis Ventoso.

Actualizado:

23/01/2019.

Como norma general, las opiniones politológicas de los actores conviene cogerlas con pinzas, porque se puede ser un portentoso intérprete y un perfecto gañán. Pero reconozcamos que Carmen Maura ha estado sembrada en su somero análisis del proyecto de presupuestos de Sánchez. La actriz, madrileña de Chamberí de ilustre familia, goza de la libertad de decir lo que le place, lujo propio de quienes están ya de vuelta. Carmen peina 73 años, vive alejada en Francia, su talento es reconocido en toda Europa y le importa un bledo que la crujan en nuestras redes sociales por aventar su verdad. Su valoración de los presupuestos de Sánchez, diseñados para comprar el apoyo de los separatistas y seguir durmiendo en La Moncloa, resume el sentir de millones de españoles: «Cada vez que veo que para conquistar a los catalanes les están dando dinero me pone negra, porque no es precisamente la comunidad que más lo necesita. Si acaso es la comunidad que más gasta en tonterías».

Con su verbo coloquial y desenvuelto, la actriz está apuntando una realidad: el dinero público es finito y si se prima descaradamente a una región, otras lo pagan. Existe un dato que resume a la perfección lo que ha hecho Sánchez (y no lo digo porque yo sea gallego, que también): en su proyecto de presupuestos, cada catalán recibe 93 euros más de inversión respecto al ejercicio anterior, mientras que cada vecino de Galicia se queda con 67 euros menos. Esta flagrante discriminación presenta grandes problemas. De entrada, se da de bruces con lo que se supone que es la izquierda, pues no fomenta la igualdad, sino todo lo contrario: prima al más rico en detrimento del rezagado. En segundo lugar vulnera el principio de solidaridad interterritorial, consustancial a todo Estado. Si se aplicase el criterio de Sánchez (otorgar más inversiones a quien tiene más población y aporta más al PIB), los de Barcelona serían alzaprimados frente a los de Tarragona, con muchas mejores calles y servicios, pues el peso de ambas ciudades no es comparable; o los del barrio de Salamanca recibirán más que los de Vallecas. Por último, la decisión de Sánchez crea un pésimo precedente: si eres desleal con el Estado y lo pones en jaque, si no te preocupas por cuadrar tus cuentas y llevas a tu comunidad a la bancarrota, y si te pasas el día insultado desde tu Gobierno autonómico al resto de los Españoles, entonces el Ejecutivo central te dará un 52% más de inversión. Pero si eres leal al Estado, como los gallegos; si cuadras bien tus cuentas, como la Xunta de Feijoó, y si no das la murga con el victimismo separatista, el Gobierno central te laminará las inversiones un 20%, como le ha sucedido a Galicia.

España necesita elecciones. Se requiere un estadista que sitúe el interés general por encima del de su ombligo; en vez de un oportunista que diseña las cuentas públicas disparando con pólvora del rey y con la única meta de salvar un puesto que no ganó en las urnas.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
Ni por decreto.

Álvaro Martínez.

Actualizado:

23/01/2019 01:19h.

La prueba de que España tiene un Ejecutivo enclenque, incapaz de gobernar con la solvencia y acierto que merecen los españoles, es que un partido menguante (según todas las encuestas) y sumido en la crisis más profunda que haya conocido en su corta y populista vida, Podemos, acaba de propinarle una severa derrota parlamentaria a cuenta del tope a los precios del alquiler. Es como si un tipo que crees tu amigo y que ahora mismo no tiene ni media «guantá» te mete un palizón y regresas a casa sin entender por dónde te han venido las tortas. Pues por aquí vinieron...

Sánchez se las prometía muy felices gobernando por decreto, sabedor de que con los socios que eligió para que le llevaran La Moncloa (un batiburrillo al que solo une su odio al PP y las ganas de deshacer España) le iba resultar muy difícil sacar ley alguna en el Congreso. El problema de gobernar por decreto, que es lo que hacen los malos dirigentes porque eso tiene más que ver más con «mandar» que con «gobernar», es que luego esos decretos hay que convalidarlos en las Cortes y que en esa votación se vuelve a depender de los socios elegidos, que siguen siendo la misma tropa. Cuando no sean los de Podemos quienes te muelan las costillas sin quitarse tan siquiera la goma de la coleta, serán los separatistas o los proetarras, que hay tantos a pasar la factura del viaje a La Moncloa del doctor que ya hacen fila sus acreedores en la carrera de San Jerónimo, como aquellos que en el avión de «Aterriza como puedas» aguardaban en el pasillo a apalizar a aquella pasajera débil e histérica.

Porque lejos de ser «bonito», el gabinete ministerial de Sánchez es lo que se conoce como «un hombre al agua», un equipo de presuntos expertos a la deriva, al albur de que cinco diputados filoterroristas o de la banda del lazo te manden humillado al rincón de pensar recordándote tu menesterosidad política al grito de «sin mí no eres nada». Y si no, serán los del PNV quienes pasen al cobro, que ya le han rascado la transferencia de Prisiones al País Vasco para 2020 («Euskal presoak etxera», recuerden) y a los que a Sánchez solo le falta bailarles un aurresku. Un Gobierno, en fin, incapaz, insólitamente presumido y con tendencia a la molicie, que ahí tenemos al ministro de Fomento que, tras sacudirse el problemón del taxi como si no fuera con él, no se trabajó el apoyo de sus socios al decreto del alquiler. Ni por derecho, ni por decreto.

Álvaro Martínez.

Redactor jefe.
Irene y el sector público.

Pablo Iglesias, la mano que mece las cunas, debe de ser el primer líder carismático de baja por paternidad.

Rosa Belmonte.

Actualizado:

22/01/2019 00:55h.

La felicidad debería ocupar un escaño en el Congreso. Amárrame los pavos con un lazo rosa. He leído varias veces la entrevista a Irene Montero en el Fashion & Arts y no doy con esa frase de la entradilla. Sí con esto: «Desde Podemos pensamos que las emociones tienen que entrar con protagonismo en el ámbito de lo político, y el deseo de una vida feliz tiene que ser el centro de la política. Eso también es feminismo. Cuando nos ponemos a pensar cómo hay que organizar la sociedad, que en eso debería consistir la política, la base de la vida común es el deseo de vivir bien, felices, y de que eso sea para todos y para todas». Pero mujer, ya sabemos que el populismo lo que hace es colocar al pueblo como sujeto político apostando por una estrategia de comunicación donde un líder carismático (creo que nunca hubo uno de baja por paternidad) tira de la emoción. Aunque a veces se pase. Anda que la carta a Errejón de la mano que mece las cunas… Oye, y que dice Montero que el permiso de maternidad y paternidad «tendría que ser de dos años para cubrir todo el periodo de desarrollo inicial de los niños, que la mujer tenga un año y el padre otro». Perder de vista a Pablo Iglesias un año entero no estaría mal, pero si no podemos permitirnos la subida del salario mínimo no sé cómo íbamos a pagar esos dos años. La entrevistadora le pregunta si nuestro sistema podría soportarlo y contesta: «También nos dijeron que no se podía hacer una moción de censura para echar al PP y se pudo». ¿Esto qué es? ¿El teléfono averiado?

Pero mi parte favorita de la entrevista es la de millennials descubren la maternidad. Dice esto: «Muchas veces [ella y su novio] hemos reflexionado que los hijos son los primeros seres a los que quieres sin conocerlos. Los quieres sin saber cómo son, ni cómo van a ser, y eso solo pasa con ellos. Los padres y las madres amamos incondicionalmente a nuestros hijos y esas es una de las bases. Pero lo más importante para los niños tan pequeñitos, bueno, para todos los seres humanos a lo largo de nuestra vida, es el amor». Bueno, cuando eran novios, Tania Sánchez y Pablo Iglesias reflexionaban sobre House of Cards. Sobre si era creíble que el protagonista se encargara en persona de asesinar a sus enemigos. Pablo creía que no y Tania que sí.

No sé si Irene Montero tiene opinión sobre ese asunto. Sí la tiene sobre la huelga de taxis. «Que quede claro: Ahora Podemos está con el sector público del taxi y frente a los buitres que quieren precarizar el empleo y llevarse el dinero de los españoles a paraísos fiscales. La función de un buen gobernante es defender al sector público. Fuerza en esta pelea», escribió en Twitter. No sé, un servicio público no es el sector público. Porque si no, también lo sería Mediaset o cualquier televisión privada por ser concesiones administrativas. Me fascinan algunas de las respuestas dadas a Montero. Alguien que dice que el taxi no es básico en la vida, que es un transporte caro, que existen los autobuses y los metros. Me he acordado de que teniendo 18 años y al volver a casa de madrugada desde Radio Universidad iba a coger un taxi (claro) para volver a mi casa y me ofrecí a llevar a una compañera porque me quedaba de camino. La tía va y me dice: «Mis principios me impiden coger un taxi». Mis principios me impedían (y me impiden) que me atraquen, violen o den un susto caminando por la calle a las tantas. El descampadismo (tengo derecho a ir por un descampado y sentirme segura) no es de ahora. Ni el adanismo. Ni la cursilería. Pero qué bien se les da a los de Podemos.

Rosa Belmonte.

Articulista de Opinión.
La pandi a tortas.

Y resultó que eran humanos (e incluso demasiado)

Luis Ventoso.

Actualizado:

18/01/2019 00:55h.

Thomas Hobbes hizo suya en el XVII la cita clásica de Plauto: «El hombre es un lobo para el hombre». Los hobbesianos tendemos a darle la razón. Las personas no meamos agua de colonia. Somos mundanas, concupiscentes, falibles. Tendemos a velar por el bienestar de nuestro ombligo. Los liberales han entendido al ser humano mejor que las utopías comunistas, porque se conforman con aceptarlo tal cual es, movido por las pulsiones del propio beneficio y el orgullo (aunque existan maravillosas almas altruistas). En cambio el socialismo sueña despierto con una humanidad angelical, que en nombre del supremo ideal igualitario asumirá el reparto de bienes con una sonrisa de oreja a oreja. Los liberales saben que no es así, que al privar a los ciudadanos del incentivo de ir a más, la prosperidad de la nación queda acogotada.

El 17 de enero de 2014, tal día como ayer, se produjo la puesta de largo en el Palacio de Vistalegre del flamante partido Unidos Podemos (que hoy ya no puede ni está unido). Unos treintañeros henchidos de soberbia se jactaron de que había nacido una nueva forma de hacer política, solidaria, ejemplar, joven, sin mácula. Desde los conciertos de Viva la Gente no se había visto tal desparrame de almíbar sobre un escenario. «Somos un grito de alegría, porque somos mayoría», clamaba el joven Lenin de coleta y camisa arremangada.

Luego los padres fundadores se hicieron una foto, exultantes y abrazados: Luis Alegre, Carolina Bescansa, Monedero, Tania González, Iglesias y Errejón. Hoy ves aquella imagen y te viene a la mente el «Diez negritos» de Agatha Christie: todos han ido cayendo, hasta que solo ha quedado Iglesias (con su nueva mujer, a la que ha nombrado su lugarteniente). Al filósofo Alegre lo purgaron en Vistalegre 2. Monedero, honrando su apellido, se vio forzado a abandonar la escena por pícaro fiscal. Tania González está olvidada y ganando dinero como eurodiputada. Bescansa protestó por el pasteleo con los separatistas y fue oportunamente laminada. Y Errejón, ay, le devuelve ahora la puñalada a Iglesias y se va de ganchete con la taimada Abuelita Paz (que ella solita, con su plácida sonrisa, se ha cargado a Podemos en Madrid, roto ya en tres marcas: el carmenismo, el Podemos de Iglesias y los Anticapitalistas).

El partido implosiona justo en su quinto aniversario. Está en caída libre en los sondeos y es una jaula de grillos, a bofetada limpia en las comunidades. Los ángeles eran humanos. Odiaban y se apuñalaban por un carguito. El austero líder supremo chocheaba por el confort burgués y se compró un chaletazo. La apuesta por el modelo bolivariano se percibe hoy como lo que siempre fue: una chaladura. Hacían pillerías fiscales. Mercadeaban con pisos sociales. Cuando tocaron poder en los ayuntamientos impartieron un recital de incompetencia y sectarismo. Alguno, como el admirado Errejón, hasta hurtó una beca (por un importe veinte veces superior a los dos botes de crema de Cifuentes). Pero nunca se fue a casa y hasta imparte lecciones morales.

Podemos naufraga. Bueno para España, su democracia y su futuro. Al final resultó que el más serio del clan casi era el bebé de Bescansa, que por lo menos estaba callado en el Congreso.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
Fuese y no hubo nada.

Jesús Lillo.

Actualizado:

17/01/2019 00:02h.

Susana Díaz trató ayer de quitarle importancia a lo que, pese a su formalismo parlamentario, fue el último acto político de un régimen de secano que se ha perpetuado durante casi cuatro décadas, un endemismo sin par en Europa y cuyo final exigía altura de miras, conciencia histórica e incluso cierta dosis de mitología y folclore, como en una clausura olímpica. Las manifestaciones parafeministas del pasado martes aún tenían la épica que a bordo de un autobús y bocadillo en mano, carretera y manta, ha cultivado el socialismo andaluz desde finales del siglo pasado para institucionalizar su contrarrevuelta. De lo ocurrido ayer en el Parlamento regional, en cambio, nadie podrá pintar un cuadro como el que imaginó Pradilla de la rendición de Granada, esa fiesta regional de Andalucía que pretende Vox, partido cuyo nombre no sale de la boca de la última presidenta de la Andalucía clásica. En su lugar dice y repite «Fuerza Política de Extrema Derecha», más aséptico. De la misma manera que hay cordones sanitarios, existen enjuagues bucales.

«Aquí estaré yo», anuncia Susana Díaz, funcionara sistémica cuya supervivencia parlamentaria parece garantizada en los próximos meses, pero cuya permanencia política depende ahora de una militancia descolocada, sin nada que echarse a la boca e históricamente dócil a un poder que ya no tiene la expresidenta. De aquí en adelante, lo que diga Pedro Sánchez, doctor cum laude en la especialidad de esperar sentado.

«Con mi secretario general puedo tener discrepancias específicas, pero no orgánicas», asegura ahora la diputada Díaz, suave como la seda y flexible como un traje canastero. En lo orgánico, como Sánchez, la expresidenta trata de normalizar la peor situación posible, que en su caso es personal y que intenta relativizar en su nuevo destino corporativo de jefa de la oposición. Como si nada hubiera pasado en Andalucía o, hace año y medio, en Madrid. Frescura nunca le ha faltado a quien reivindica su proyecto de memoria histórica para que los niños andaluces «conozcan de dónde venimos» -se refiere a la guerra de hace casi un siglo, a Lorca y a la madre de Machado, Ana se llamaba- sin enterarse de ese pasado imperfecto que se llamó Andalucía. Hasta el nombre, y no solo la fiesta regional, habría que cambiarle, como a ese partido cuyas siglas lava Susana con colutorio.

Jesús Lillo.

Redactor.
El de las manos dice «no»

Álvaro Martínez.

Actualizado:

15/01/2019 03:43h.

Era cuando Franco iba a salir de inmediato del Valle de los Caídos; cuando Marlaska iba a quitar las cortantes concertinas de las vallas de Ceuta y Melilla que puso Rubalcaba, «porque el control de las fronteras debe estar ligado a la dignidad humana»; cuando se iban a terminar las «ilegales devoluciones en caliente del PP» y cuando La Moncloa difundía una imagen de las manos de Sánchez que marcaban «la determinación del Gobierno». ¿Recuerdan?...

Por entonces era cuando el recién llegado al poder comenzaba a subirse en el Falcon de la Fuerza Aérea, para ya no bajarse, y montaba un formidable despliegue propagandístico para recibir al buque Aquarius, con más de 600 inmigrantes a bordo. Movilizó entonces un dispositivo sin precedentes con más de 2.300 personas de los servicios asistencial, jurídico, de seguridad y de emergencia, con decenas de intérpretes en lenguas africanas, con mil kits de primera necesidad, con ropa, con reservas en albergues, con trescientas camas desmontables y con quince toneladas de comida. Hubo permisos especiales de estancia, de 45 días, para tramitar las peticiones de asilo, y allí apareció el ministro de Fomento, José Luis Ábalos, a supervisar el festival solidario y retratarse dando la mano a los de la Cruz Roja en el puerto de Valencia. Sánchez iba a arreglar el mundo... y el año terminó con récord mundial de pateras.

Seis meses después se constata que aquello no pasó de ser un ejercicio de propaganda buenista, sin contar con los socios europeos. Fomento ha ordenado a la Capitanía Marítima de Barcelona que bloquee la salida de la ONG Open Arms, dispuesta a seguir trayendo inmigrantes. Ayer, su responsable se fotografiaba en el puente del barco hojeando, con cara larga, el escrito que prohíbe su próxima travesía. Acusa al Gobierno de Sánchez, aquel de las manos determinantes, de «dejar morir a la gente en el mar» y de «hacer lo mismo que hace Salvini» en Italia. Todo ello después de que Fomento incluyera a Open Arms en el dispositivo de Salvamento Marítimo. Ahora Ábalos, el de la foto en el puerto de Valencia, acusa a la ONG de incumplir ocho convenios internacionales con su manera de actuar.

Y entre tanto, las concertinas siguen en las vallas y cada vez que se tercia se echa mano de un vetusto acuerdo con Marruecos para devolver en caliente a los inmigrantes que entran de manera irregular. Y Franco sigue en Cuelgamuros, claro.

Álvaro Martínez.

Redactor jefe.
¿Franco?

Ningún problema de España pasa por la tumba del Valle de los Caídos.

Luis Ventoso.

Actualizado:

11/01/2019 00:33h.

Era para agosto. Pero se resiste. Ha caído Lopetegui, han terminado las temporadas de «OT», «Gran Hermano» y «MasterChef», se ha muerto Aretha Franklin y los chinos han hollado la cara oculta de la Luna. Han sucedido un porrón de cosas. Pero Franco ahí sigue, como metáfora surrealista de la incompetencia de Sánchez, incapaz de cumplir el primero y casi único de sus anuncios programáticos, pues resultó que en España había leyes y derechos familiares. Incluso el Vaticano zurdo de Francisco ha ido toreando al Gobierno con largas cambiadas. Lo cual tampoco resulta muy difícil, pues la vicepresidenta Calvo es faena fácil para una diplomacia tan sutil y astuta como la vaticana, la más legendaria del orbe.

Cuando se murió Franco, hace 43 años, yo tenía once y gastaba flequillo beatle. Mi recuerdo más nítido de aquello es que el autobús que nos llevaba al cole se dio la vuelta y el propio chófer nos anunció que teníamos una semana de vacaciones, con gran alboroto de aplausos y vítores de la chavalada. Sánchez tenía entonces tres años. Poca huella pudo dejar el franquismo en su memoria. Al igual que Sánchez, he pasado toda la vida adulta disfrutando de la formidable democracia del Rey Juan Carlos, Fernández-Miranda y Suárez. Lo siento, pero Franco nunca ha formado parte de mi existencia ni de mis preocupaciones (tampoco Azaña y Negrín, ni el autogiro de De la Cierva, el submarino de Peral o las comedias de Echegaray). La Transición fue un acuerdo para perdonarse y ponerse a trabajar por el futuro. Luces largas y mucho optimismo. Así de bien funcionó. Resulta desconcertante, absurdo, que la revisión de la historia se acometa cuando nada del franquismo pervive en nuestra sociedad y en nuestra política, salvo el énfasis «progresista» en una vendetta imposible contra un mundo ya extinto, con la que intentan camuflar su inanidad programática (en especial en economía).

Mientras Sánchez da la murga con Franco, las preocupaciones reales de muchos españoles son otras. La primera y más elemental, porque es la base de todo: ¿Dentro veinte años seguirá existiendo nuestro país como tal, o degenerará en una suerte de Confederación Ibérica de taifas debido a la lacerante carencia de patriotismo de la izquierda española? Hay más: ¿Cómo se van a pagar nuestras pensiones en un país con una deuda pública de casi el cien por cien del PIB? ¿Qué futuro le aguarda a un país con una pirámide demográfica tan pavorosa? ¿Continuará el magnífico proyecto europeo, que es nuestro único modo de competir en el mundo, o sucumbiremos al simplismo del populismo autárquico? ¿Qué va a pasar con nuestros empleos ante la gran disrupción tecnológica, que ha empezado ya y que en unos años liquidará, por ejemplo, todos los puestos de trabajo relacionados con el volante? ¿Qué vamos a hacer para mejorar nuestra educación y ser más competitivos (y no creo que la solución sea la de la gran Celaá: trabajar menos)? ¿Lograremos integrar a los inmigrantes? ¿Cómo será una sociedad orwelliana, donde los más ricos podrán programar hijos más inteligentes y sanos que los pobres? Ninguna de esas incógnitas pasa por el Valle de los Caídos.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
Y el PP con el ku kus klam
Saludos
Clara te comunico que hago una captura del mensaje y lo remito al departamento de DELITOS TELEMÁTICOS DE LA POLICÍA NACIONAL por si constituyera un ilícito penal.
Rosa «Maria Mateu»

Más que un servicio público, la nueva RTVE es un servicio al sanchismo y su estrategia.

Álvaro Martínez.

Actualizado:

10/01/2019 00:59h.

Rosa María Mateo es la administradora provisional de RTVE. Pero al paso que va la burra en el concurso de méritos organizado en las Cortes es como si la expresentadora, una histórica del ente que ya salía en la tele cuando era en blanco y negro y había carta de ajuste, hubiera llegado para quedarse. Al menos eso parece con las decisiones que están guiando su mandato, como la purga masiva de profesionales, colaboradores y directivos presuntamente no afines a la causa progresista, a los nuevos tiempos en los que, al parecer, con el sanchismo iba «a desaparecer la manipulación informativa de la época del PP». Aunque al tercer telediario de la era Mateo lo que comenzó a desaparecer fue la audiencia: la cadena pública perdió el pasado verano el liderazgo en los informativos que mantenía desde mediados de 2016. Ya no se ven lacitos naranjas contra «la manipulación» y como esto siga así lo que desaparecerán serán los televidentes, igual que desaparecieron de pantalla casi un centenar de despedidos, postergados, arrinconados, degradados o el personal al que se le ha mandado a «hacer pasillos», que es como históricamente en TVE se ha mandado a hacer puñetas a los profesionales caídos en desgracia.

Más que un servicio público, la nueva RTVE es un servicio al sanchismo y su estrategia. Mateo, decidida a echar una mano en la «distensión» en Cataluña, anunció que tiene intención de cuadruplicar las horas que la tele estatal emitirá en catalán, en las desconexiones de la programación nacional, de tal forma que el castellano toma el rumbo que lo mantiene a la deriva en TV3, la cadena del régimen «indepe», donde en vez de lazos naranjas hay lazos amarillos y donde los presentadores te hablan en catalán aunque no entiendas esa lengua. Debates en catalán, informativos en catalán, un magazine en catalán, documentales en catalán, retransmisiones en catalán, películas dobladas al catalán y hasta una serie en catalán, anunció ayer la que ya es conocida como Rosa Maria (así, sin tilde) Mateu, todo en catalán. El resultado será el previsible, que la audiencia de RTVE en Cataluña bajará porque los castellano-hablantes de esa comunidad se irán a una cadena privada donde hablen la lengua que ellos utilizan, esa que la Constitución dice que es de todos los españoles, incluidos los catalanes.

Álvaro Martínez.

Redactor jefe.
COLUMNA.

Por qué gana la nueva derecha.

Los partidos tradicionales han menospreciado el cultivo de las virtudes cristianas o patrióticas.

VÍCTOR LAPUENTE.

8 ENE 2019 - 08:22.

¿Por qué, cuando el capitalismo pasa sus horas más bajas, la izquierda se desinfla? ¿Cómo es posible que, en Europa, exvotantes socialistas voten a la derecha populista, o que, en EE UU, los condados más pobres y contaminados, y, por tanto, que más se beneficiarían de una vigorosa acción de gobierno, opten masivamente por el Tea Party y Trump?

A mi juicio, el secreto del éxito de la nueva derecha es que antepone lo moral a lo material. Los políticos progresistas siguen operando con una mentalidad materialista o marxista, centrada en la explotación económica. Y, sin duda, la globalización y la automatización han precarizado muchos puestos de trabajo. Urge mejorar la capacidad de negociación y los salarios de trabajadores que encadenan míseros contratos temporales. Pero muchos ciudadanos sienten que, con la inestabilidad laboral, no están perdiendo solo bienestar, sino también identidad, el orgullo de formar parte de una idea que les trascienda: su comunidad, su profesión o su fábrica.

La nueva derecha no es marxista, sino weberiana. A diferencia de Marx, Weber creía que el motor del mundo no son los recursos materiales, sino las ideas. Siguiendo esta lógica, la derecha radical no ansía llenar las carencias materiales, sino los huecos existenciales de los votantes.

Vende un nacional-cristianismo excluyente, una ideología simple y peligrosa, pero trascendente. Una meta que supera al individuo. La derecha convencional, desatada de la moral democristiana por neoliberales y Berlusconis varios, abandonó hace tiempo la promoción de valores trascendentes entregándose al materialismo más rampante. Y la izquierda convencional ha dejado de lado su ancestral patriotismo, el ideal de folkhemmet (el hogar del pueblo) sobre el que los socialdemócratas nórdicos edificaron su mensaje de integración social durante décadas. La izquierda es ahora alérgica a la patria. Ya no pide respeto a los símbolos nacionales ni sacrificios, como el servicio militar o civil, que formaban parte del progresismo europeo.

Los partidos tradicionales han menospreciado el cultivo de las virtudes cristianas o patrióticas. Los populismos, nacionalistas o independentistas, se han aprovechado, ofreciendo una versión deformada del cristianismo y el patriotismo. Pero, por incomparecencia del resto de partidos, los votantes ya no tienen otros ideales de trascendencia más inclusivos.

@VictorLapuente.
Me voy a la piltra, hasta mañana si Dios quiere y no pasa nada.

Buenas noches.
Bromas y bromazos.

El PP no debió retuitear el chiste faltón, pero el Gobierno lo ha sacado de quicio.

Luis Ventoso.

Actualizado:

06/01/2019 00:53h.

El humor es uno de los atributos de la inteligencia y en el mundo anglosajón constituye una tarjeta de presentación obligada, el aceite que engrasa las relaciones públicas. En Estados Unidos o Inglaterra resulta improbable que una alocución ante un auditorio arranque sin un guiño humorístico del orador. El sentido del humor sigue vigente en la Cámara de los Comunes, incluso en estas horas irascibles de la locomía del Brexit. Antaño, personajes como Churchill destacaron por sus invectivas envueltas en el animus iocandi. «Winston, estás borracho. Es más, diría que desagradablemente borracho», le espetó en 1946 en el Parlamento la corpulenta diputada laborista Bessie Braddock. Sir Winston replicó así: «Bessie, querida, eres fea. Es más, desagradablemente fea. Pero mañana yo estaré sobrio y tú seguirás siendo fea». Huelga decir que el chascarrillo no pasaría el corte en nuestros días de atosigante corrección política. Hoy Quevedo no podría escribir ni una línea.

En el parlamentarismo y la vida pública española siempre había imperado un agudo sentido del humor. Hasta Franco recurría alguna vez a la ironía burlona («haga como yo, no se meta en política»). Los líderes de la transición eran dados al alivio de los juegos de palabras, los chistes, las anécdotas. Hoy, en cambio, padecemos a la clase política más enfurruñada de nuestra historia. El humor parece proscrito en el Congreso y en las entrevistas (hasta Rajoy, poseedor en privado de una formidable retranca, apenas la sacaba a pasear). Políticos como Rivera se muestran tan forzadamente solemnes que viéndolos a veces piensas que si sonríen les va a doler la cara. Otro tanto sucede con Sánchez, alérgico al buen humor.

Ayer un humorista sevillano grabó en vídeo un chiste viejo, malillo y macabro, que todas las navidades se repite aquí o allá con diversos personajes (el año pasado le había tocado a Rajoy y en Argentina lo han hecho con Macri): «Queridos Reyes Magos, mi cantante preferida era Amy Winehouse, y te la llevaste. Mi actor favorito era Robin Williams, y te lo llevaste. Mi humorista favorito era Chiquito, y también te lo llevaste. Solo te escribo esta carta para decirte que mi presidente favorito es Pedro Sánchez». Un operario torpón del PP lo encontró graciosete y lo subió a las redes sociales oficiales del partido. Al cabo de hora y pico, alguien con más cabeza y jefatura ordenó retirarlo y pedir disculpas. Pero el Gobierno aprovechó raudo la metedura de pata para sobreactuar, con la vicepresidenta Calvo pidiendo desde su casa de Córdoba que la Fiscalía investigase la acción del PP. Hipocresía, una vez más. Sánchez defendió el pasado mayo al rapero Valtonyc cuando fue condenado por sus ofensas, entre ellas, recetar una explosión con nitroglicerina en un bus del PP. Este Gobierno, que presa del culto al líder se rasga las vestiduras ante un chiste malo, es el mismo que tolera impasible todo tipo de salvajadas en las redes sociales catalanas, o el que ha apoyado que se despenalicen las injurias al Rey. El chiste más zafío del día fue en realidad la hipérbole de Calvo con la Fiscalía.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
Entre el pedrismo y el pedrochismo.

Hay personajes en nuestro país que dan una cierta pereza.

Luis Ventoso.

Actualizado:

04/01/2019 01:23h.

Siendo España un país extraordinario, un oasis de buen vivir no reconocido como se debería por sus habitantes, también es verdad que existen situaciones y personajes que dan bastante pereza. Hemos pasado las navidades entre los pequeños ridículos del pedrismo y los del pedrochismo. Ambos personajes tratan de de endilgarnos como modernos unos comportamientos de modé, que en realidad rezuman bastante caspilla.

Salvo el engreído Macron, que hasta dispone de una partida presupuestaria para maquillaje y peluquería, hoy la mayoría de los mandatarios europeos se pagan sus vacaciones y se comportan en ellas como personas privadas (con la excepción de la presencia de la obligada escolta de seguridad). May suele irse con su marido a caminar por los Alpes, en viajes particulares sin alardes. Lo mismo hace Merkel, que en verano acostumbra a elegir algún hotel de la Costa Amalfitana. El presidente de Irlanda se acaba de subir a un avión de bajo coste de Ryanair y ha venido a Canarias a despedir el año al sol, como un turista norteño normal. En ese contexto de proximidad al ciudadano resultan rancios los gustos de nuestro Sánchez, adicto al avión oficial, a los palacios de Estado y a ocultar al contribuyente el precio de su súbita afición al lujo costeado por los impuestos ajenos. Sánchez ha adoptado todos los tics del nuevo rico. Intenta disfrutar al máximo de un boato que está descubriendo y que teme que no le dure. Repasando su agenda internacional, tan hiperactiva como magra en resultados, a veces cunde la sensación de que le estamos pagando una segunda luna de miel (¿qué aporta exactamente su mujer en todos esos viajes oficiales más allá de contribuir a la colección de selfies de la familia Sánchez-Gómez?). Una persona que ha ordenado trasladar obras del Palacio Real a la mansión de Estado de Lanzarote para sentirse a gusto en unas cortas vacaciones revela que se le ha subido el pavo, y de una manera que contrasta poderosamente con sus homilías igualitarias para todas y todos.

Y del pedrismo, al pedrochismo. «Eres muy grande. Vanguardia sobre las reglas preestablecidas», escribe en las redes sociales el cocinero michelín Muñoz para ensalzar el heroico hecho de que su mujer, la presentadora Pedroche, dio las campanadas de Fin de Año ataviada con un bikini de flores. Nada más facilón, camp -y anti feminista- que buscar fama enseñando un poco de cacha. El márketing carnal es tan antiguo que han pasado ya cuarenta años desde que una voluntariosa vedete, Susana Estrada, esgrimió teta en un acto público junto a Tierno Galván para buscar su cuarto de hora de gloria. El mordaz alcalde, que observaba el alarde con terno cruzado y mirada picarona, se limitó a darle un irónico consejo de salud: «No vaya usted a enfriarse».

El pedrismo y el pedrochismo comparten mucha fachada, mucho chafardeo y poca sustancia. Mentalidad Instagram para días de usar y tirar.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
La diligencia.

La España vacía tiene mucho que ver con la asimetría de equipamiento surgida de una política sin proyecto estratégico.

Ignacio Camacho.

Actualizado:

03/01/2019 00:24h.

Ese tren extremeño es una burla hiriente, vejatoria, contra la cohesión de España. Y hasta contra las leyes de la física mecánica, porque apenas hay diferencias entre cuando está parado y cuando anda. El modelo de desarrollo a dos velocidades que quiso impedir la estructura autonómica, ahora tan denostada, aún rige en buena parte de la organización ferroviaria. Existe un AVE rutilante, prototipo tecnológico de nación avanzada, que convive con vetustos trenes del siglo pasado, si no del anterior, en muchos trayectos de media distancia. Una ciudad de un cuarto de millón de habitantes como Granada ha estado tres años sometida por pura incompetencia a una incomunicación sádica. El despliegue de la red puntera, que es un acierto incuestionable, sólo tiene sentido combinado con un sistema racional de escala mediana. El contraste chirriante entre regiones modernas y atrasadas proyecta una idea de desigualdad discriminatoria que genera entre la población preterida una amarga sensación de desconfianza. El esfuerzo de equilibrio territorial que propició el ingreso en la Europa comunitaria se ha descompensado en los últimos años de forma clara. Hay un país hiperconectado, con ferrocarriles rápidos, aeropuertos de última generación y banda ancha, y otro sumido en la soledad y el aislamiento de las viejas sociedades agrarias. La llamada «España vacía» tiene mucho que ver con esa asimetría de equipamiento generada por una política sin previsión estratégica y atenta sólo al relumbrón y la propaganda.

El caso de Extremadura es el paradigma de esa dualidad dramática. La modernización de su ferrocarril quedó supeditada al AVE a Lisboa, una idea de vertebración transnacional tan brillante como necesaria. Pero Portugal canceló su parte del proyecto y la comunidad se quedó descolgada, o más bien colgada de un transporte primario, lento, infradotado, impropio de la civilidad contemporánea. Una suerte de diligencia desvencijada, pero no como la de John Ford sino como aquella en que Groucho aprovechaba el traqueteo para saltar sobre el regazo de las damas. Entre la nada y el todo, ha salido nada; nadie se ha ocupado de sustituir la fallida alta velocidad por una línea de prestaciones sensatas. La utilidad social de la inversión ha sido desestimada en un cálculo cínico de rentabilidades inmediatas. Y como los extremeños no formulan delirios victimistas ni reclamaciones identitarias, como los gobierna un tipo razonable como Fernández Vara, como no fomentan la desafección ni cuestionan la unidad de la patria, continúan atrapados en un bucle de abulia insolidaria que da la razón a quienes piensan que en este país sólo progresan los que saben convertir su problema en una causa. Y si tardan, como el otro día, ocho horas de Badajoz a Madrid, les piden una disculpa de protocolo sin darles siquiera las gracias por aguantarse las ganas de armar una asonada.

Ignacio Camacho.

Articulista de Opinión.