Foro Común


Mensajes de Columnistas y Tertulianos enviados por Triana:

Es lo mejor que podemos hacer, o sea, ¿ustedes que creen?
Deja el rebaño.
¿Cual? el tuyo.
Dirás que tú no "insultas"?
Adoctrinado y pelota tu.
Es la verdad, eso no es ningún insulto, lo demuestras todos los días del año.
Me lo dices a mí? O te has visto en algún espejo.

Después dices lo que dices a quien no se mete contigo, y no dices nada a quienes habría que decir algo.
¿Qué dices?
Que descubrimiento ha hecho para él el señor Camacho. No se cree las respuestas de Sánchez pero las pregunta. Hay de to en el mundo
Sí, sobre todo mucho adoctrinado.
UNA RAYA EN EL AGUA.

El intermediario fantasma.

Para contrarrestar a González, Zapatero zascandilea como alcahuete de influencias a favor de Sánchez… o de Iglesias.

Ignacio Camacho.

Actualizado: 29/06/2020 00:28h.

Pedirle a Sánchez que explique algo es un ejercicio de melancolía que implica además otro de ingenuidad: el de estar dispuesto a creerlo. Pero siquiera por autorrespeto debería aclarar si Rodríguez Zapatero está efectuando gestiones de algún tipo en nombre del Gobierno. Desde hace unas semanas el ex presidente va por ahí manteniendo contactos de supuesta mediación con sectores diversos, desde empresarios al PP o al separatismo catalán, y prodigando en los medios declaraciones en las que se atribuye el padrinazgo del pacto con Podemos. Un trajín que a simple vista parece el contrapeso de la implicación de Felipe González a favor de un acuerdo de amplio espectro que encauce la recuperación del país por la vía del consenso. Ya no se trata sólo de Venezuela, obvio punto común entre los intereses de ZP y de Pablo Iglesias, sino de un juego de aprendices de brujo, de un zascandileo de influencias -muy propio del personaje- para que la coalición gubernamental corteje a los independentistas y mantenga su programa de izquierdas. Y como nadie lo desautoriza es difícil saber si el gran diletante se mueve por su cuenta o si la Moncloa lo usa como alcahuete de conveniencia para retomar una agenda que ha quedado en suspenso por la pandemia.
Hubo un tiempo, no muy lejano, en que dirigentes y votantes del PSOE abominaron del hombre de la sonrisa de Gioconda tras su gran descalabro. Paradójicamente atribuían el fracaso al casi único acto de responsabilidad de su mandato, que fue el tardío ajuste al que se vio obligado para enmendar una desquiciada deriva de déficit y gasto. Sin embargo Sánchez, sin admitirlo nunca explícitamente, se ha revelado como un discípulo dispuesto a continuar su trabajo de revisión encubierta de las bases constitucionales y su estrategia de aislamiento del centro-derecha mediante un «cordón sanitario» que lo estigmatice como heredero de Franco. La aparición de Podemos, una destilación zapaterista, ha reforzado ese marco que reniega del felipismo pragmático en pos de una nueva legitimidad de corte republicano y es lógico que su autor intelectual atisbe en el actual proyecto la continuación de su plan frustrado. Lo que para buena parte de la sociedad española ha sido el peor período del régimen democrático, principio y tal vez causa de los males contemporáneos, se ha convertido en el modelo de un proceso de refundación del Estado «enriquecido» con un liderazgo cesáreo y un toque de populismo bolivariano. Sería extraño que el padre de ese designio no sintiera orgullo de reivindicarlo.

Pero el sucesor nos debe una explicación como presidente nuestro que es, que diría aquel personaje de Berlanga, sobre el papel de Zapatero como muñidor de alianzas. Y el interesado debe otra sobre la índole exacta de sus relaciones con Caracas. Más que nada para disipar cualquier sospecha verosímil de que ambas funciones estén relacionadas.

Ignacio Camacho.

Articulista de Opinión.
Eres tú quien cuelga las opiniones de otros, que hablan de lo que tú quieres
¿Y? ¿que problema tienes tu con la los artículos de estos periodistas?, estás muy adoctrinado, a parte de ser un un pelota.
VIDAS EJEMPLARES.

Pablo y su carcoma.

El coche oficial y las bravatas camuflan que es un personaje ya a la baja.

Luis Ventoso.

Actualizado: 27/06/2020.

Se trata de un fenómeno que se repite en la historia y que podríamos denominar «El efecto final del Imperio romano». Un país -o un partido, o una empresa, o un líder- arrastra contradicciones y problemas tan severos que en realidad la corrosión interna es enorme, hasta el punto de que el ocaso resulta inevitable. Pero en lugar de ver la realidad que tenemos ante nuestras narices, los observadores coetáneos somos rehenes del espejismo de una imagen anterior, la de una aureola de gloria, y no vemos venir el batacazo. Cuando a comienzos del 395 muere el emperador Teodosio I el Grande, ningún ciudadano romano habría dicho que el Imperio ya albergaba la carcoma de su próximo resquebrajamiento. Pero así era. En sus estupendas memorias -y vaya mi gratitud permanente a mi amigo Varela, que me las regaló-, Stefan Zweig describe de primera mano el grato ambiente de ligereza que imperaba a comienzos de junio de 1914 en los bulevares europeos y las terrazas de los cafés. Nadie se habría creído que a finales del mes siguiente comenzaría la espantosa I Guerra Mundial.
Ningún politólogo español predijo tras las elecciones de abril del año pasado que Rivera arrastraba tantas contradicciones que estaba políticamente acabado. Solo seis meses antes de su retirada de la vida pública, muchos «expertos» todavía lo veían como el inminente líder de la oposición. Nadie acertó a percibir que el gigante eléctrico Enron era un sepulcro blanqueado, de contabilidad trucada, que quebraría en 2001, llevándose consigo a la auditora Arthur Andersen.

El 7 de diciembre de 2015, David Bowie se presentó perfectamente atildado y con una sonrisa de oreja a oreja al estreno de su musical «Lazarus», en una sala del Off Broadway neoyorquino. Lo que no sabía el público es que aquel artista triunfante que les saludaba desde el escenario apenas podía sostenerse en pie. En cuanto cayó el telón salió por una puerta trasera sujetado por su mujer y el director de la función. El cáncer de hígado que lo consumía se lo llevó solo 34 días después.

Con Pablo Iglesias estamos ante el «Efecto final del Imperio romano». El coche oficial, sus bravatas y su eficacia como sofista teatral sostienen una fachada de falso vigor político, cuando la verdad es que ya enfila su ocaso. En 2015, Podemos obtuvo 65 diputados. En noviembre del año pasado, 33. Podemos ha perdido su poder municipal, no pinta nada en los gobiernos autonómicos y va en moto hacia abajo en las urnas. Moralmente, todo su discurso por «la gente» y contra «la casta» quedó arruinado cuando en un desliz de nuevo rico se compró un magnífico chalé serrano, incurriendo en lo que antes criticaba a otros políticos. Por último, lo embadurna el caso del pin telefónico abrasado de su excolaboradora Dina Bousselham. El vicepresidente social -a veces alegremente social-, ha pasado de pintarse como víctima de «las cloacas del Estado» a ser el posible armadanzas de la cloaca. Lo explicó perfectamente ayer en estas páginas Carlos Herrera.

La debilidad de Sánchez lo mantiene por ahora ahí. Pero no nos engañemos: Iglesias ya es un disco rayado y demodé.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
Que manera de sembrar lo que solo la derecha de este país quiere.
¡Que obsesión tienes con la derecha, te pasa lo mismo que a Clara, se os ha metido por el ojo la derecha y siempre estáis con la misma matraca.
Javier Somalo.

Ningún Franco salvará a Sánchez.

Franco ha salvado a Sánchez sólo de momento, pero si el presidente manda sobre el delegado no deberíamos tardar en ver a ese presidente, a su gabinete y a todo aquel que lo merezca en un banquillo.

2020-06-13.

Sostuve aquí la semana pasada que, en mi opinión, sí había dolo, entendido como intencionalidad a sabiendas del daño, en la gestión gubernamental de la pandemia en torno a la manifestaciones del 8-M. Y sospeché también que habría reticencias a verlo como tal porque, como suele pasar en España, el político gobernante no es igual ante la Ley que el resto de los ciudadanos. Y así empieza a suceder otra maldita vez.

De momento –me cabe a empujones una mínima esperanza–, José Manuel Franco ha hecho de dique de contención, como buen delegado del Gobierno del PSOE –como el Fiscal o la Abogacía General, siempre al servicio–, a lo que debería ser un procesamiento casi masivo del Ejecutivo de Iglesias y Sánchez. La cronología de lo acontecido en España desde enero corrobora que el Gobierno tenía pleno conocimiento del riesgo de una concentración masiva y, de hecho, aplicó algunos de los mensajes provenientes de instancias europeas a congresos de médicos o las cárceles. Pero nunca para los fastos de su aberrante –en fondo y forma– Ley de Libertad Sexual, para su jornada de reafirmación pública.

La tesis de la izquierda gobernante y mediática –tan redundante como cierto– es que Franco, el pobre, no sabía nada pero Ayuso lo sabía todo y dejó morir a los ancianos en residencias mientras paseaba por una suite de lujo. Para esto encuentran todo tipo de documentos que aconsejarían una moción de censura en la Comunidad de Madrid, único objetivo tan real como ya confesado. Pero contra el pecado original todo son conspiraciones, machismos y fascismos.

Lo resumió impunemente Sánchez con su "Viva el 8 de marzo", quizá la fecha que marca ese periodo "constituyente" que se le escapó al ministro de Justicia, no a Lastra, a la se disculparía desconocimiento, sino al ministro de Justicia, Juan Carlos Campo. Y todavía quiere hacernos creer que le entendimos mal o que hasta quiso decir lo contrario. Si los liberales –ellos sí, constituyentes– gritaron "Viva la Pepa" para celebrar la Constitución de Cádiz de 1812, hoy el "Viva el 8 de marzo" es ya la mejor consigna de la involución, "crisis constituyente" para el ministro Campo, música para los oídos de Pablo Iglesias, el segundo instigador de nuestros males, siempre después de Zapatero aunque termine aventajando al maestro.

La juez Carmen Rodríguez-Medel no ha querido dictar sobreseimiento libre para no dar la partida por perdida pero estas angustias eternas que se reservan algunos jueces de buen arranque y repentina parada tienen que terminar de una vez, diga lo que diga la izquierda o el nacionalismo o la mezcla de ambos como le sucedió al magistrado Manuel Marchena. Si no acaba sucediendo así, todo esto nos aboca a una dramática conclusión: que algunos jueces sucumben sistemáticamente a la presión de la izquierda. No hay otra forma de explicar que prosperen causas como la Gürtel –en la que hay delitos que deberían ser instruidos correctamente– y decaigan otras, en general, mucho mejor instruidas y con más elementos de juicio.

Muchos expertos en las lides jurídicas sospecharon que el caso Franco murió precisamente cuando la juez Rodríguez-Medel rechazó el procesamiento de Fernando Simón, al que Podemos quiere condecorar y otros intentan comparar con Albert Einstein. El rechazo vendría lógicamente a la vista de las enormes presiones habituales, a saber: la Fiscalía General (del Gobierno), la Abogacía general (del Gobierno) y los medios de comunicación de la izquierda, esté quien esté en el Gobierno.

A la juez se le fue quedando pequeño el patio procesal y acabó archivando con 54 páginas de auto habiendo tomado declaración al principal imputado 48 horas antes e interrogando a 15 personas la víspera de redactarlo.

Pero la causa archivada, no cerrada, contra Franco no es la absolución del Gobierno aunque con esos cañones de la juris-imprudencia disparan ya muchas baterías mediáticas de subvención. No se puede acotar la Justicia a un instante erróneo que luego se eleva a definitivo como sucedió con el golpe de Estado de la Generalidad de Cataluña al enjuiciarlo mientras se producía. Parecemos empeñados en ofrecer victorias gratuitas a los que tienen claros planes contrarios a la convivencia democrática.

Han jugado con nuestra seguridad y la de los sanitarios que se han dejado la vida –63 según el Gobierno, al menos 76 según asociaciones médicas–, han recomendado y contraindicado las mascarillas, han aprovechado el estado de alarma para avanzar a pisotones legislativos con la ayuda de mucho tonto útil y han ocultado información de obligatoria difusión pública como la composición del comité de expertos o las cifras de fallecidos, que superan probablemente los 44.000 aunque sólo cuenten 27.136. Lo último es que los muertos están "congelados" y suponemos que aflorarán más tarde si hay deshielo, como los que relata Federico Jiménez Losantos en Memoria del Comunismo citando a Anne Applebaum.

Franco ha salvado a Sánchez sólo de momento, pero si el presidente manda sobre el delegado no deberíamos tardar en ver a ese presidente, a su gabinete y a todo aquel que lo merezca en un banquillo. Y, desde luego, ni un Franco ni el otro van a sacar a este gobierno de su responsabilidad histórica.
Seguimos caminando Triana.
VIDAS EJEMPLARES.

Un mundo feliz.

La alocución semanal se parece cada vez menos a la realidad.

Luis Ventoso.

Actualizado: 17/05/2020 00:29h.

Los fines de semana se han convertido en un test de estrés sobre la fortaleza de mi matrimonio. «Por favor, ¡quítamelo de ahí!», implora ella en cuanto lo ve plantado en la televisión, presto a endilgarnos la preceptiva chapa de una hora. El deber profesional se impone a la felicidad conyugal y simulando una sordera galopante sigo garabateando notas. Sánchez arranca con el habitual autobombo sobre su gestión. A la hora del desayuno, yo había estudiado el ránking mundial de letalidad en «The Times». Su estadística es tozuda. España, con 587 fallecidos por millón de habitantes, figura como segunda peor, solo superada por Bélgica. La cifra alemana es de solo 95 muertos por millón; la del vecino Portugal, 117. Doblamos incluso a EE. UU. (267 muertos). Pero el progresismo mediático ya nos ha explicado que Trump es un gañán aturrullado que no da una, mientras Sánchez y Simón se salen.
Continúa la arenga. Sánchez presume de un «escudo social» que protege por completo a familias y negocios. «Son ya 80.000 millones, si las cifras no me bailan» (el presidente ni se sabe el dato general de su supuesto plan de ayudas). Un mundo feliz. Una amiga de Cáritas en una capital de provincia me comenta que trabajan a destajo ante una demanda de ayuda inédita. Los bancos de alimentos madrileños tienen colas, al igual que las cocinas económicas que ofrecen un menú a quienes ya no tiene qué comer. En los supermercados se pide a los clientes que donen comida. Todo este drama, que como debe ser fue muy destacado por los medios en la crisis anterior, ahora es soslayado por las televisiones oficialistas.

Un periodista que sabe hacer su trabajo plantea una pregunta pensada para evitar las habituales evasivas: « ¿Va a pedir el rescate a Europa? Respóndame sí o no». «Yo no formularía la pregunta así», le corrige Sánchez, que aclara que «rescate» fue lo que pidió Rajoy para la banca. Lo de ahora ya dispone de su flamante eufemismo redondiano: «Serán líneas precautorias, sin exigencia alguna. No habrá troikas ni hombres de negro», explica. Qué maravilla. La Europa del Norte regalará carros de dinero a una España cogobernada por los populistas de Podemos sin pedir nada a cambio. E Islas Feroe ganará el próximo Mundial...

Sigue Sánchez. Ahora anuncia una prórroga ¡de un mes! del estado alarma. Si lo peor ha quedado atrás, si «ya casi hemos derrotado al virus», ¿por qué mantener una medida excepcional que suspende libertades y derechos fundamentales y machaca la economía? Otro periodista le pregunta si dará «ayudas a la prensa escrita» como a otros sectores. «Me pregunta por el turismo...», responde Sánchez. Pero el periodista es de los buenos y le corta: «No, le pregunto por las ayudas a la prensa escrita». Sánchez larga un rollazo. Pero no contesta. En la prensa escrita perviven todavía medios que ejercen el rol esencial del periodismo: controlar al poder y denunciar sus errores y/o abusos.

Sánchez continúa perorando. Como telón de fondo, Iglesias amenaza a «ricos», jueces y toreros. Garzón ofende al turismo. Yolanda Díaz, a la gente del campo. Sin razón aparente, me acuerdo de los añejos «gags» políticos de Tip y Coll. Pero esta vez la broma escuece.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
VIDAS EJEMPLARES.

Aroma de arbitrariedad.

Si la decisión de relegar a Madrid se hubiese basado en datos técnicos los mostrarían.

Luis Ventoso.

Actualizado: 15/05/2020 23:33h.

En la Comunidad de Madrid se asientan el Gobierno de la nación, la Jefatura del Estado y el Parlamento. Cuenta con 6,6 millones de habitantes y con la mayor ciudad del país, una metrópoli que duplica de largo a su inmediata seguidora, Barcelona. Es además un altavoz mediático que crea opinión -y entretenimiento- para toda España. A día de hoy, se trata también de la región más pujante. Madrid ha adelantado a Cataluña y su PIB per cápita supera en un 36% la media nacional. Atrae el 65% de la inversión extranjera y en la Comunidad se funda una de cada cuatro empresas que nacen en este país. La mente más obtusa entiende que cada día que se mantiene Madrid bloqueado y a medio gas se está haciendo un inmenso daño a España, a su economía y hasta a su estado de ánimo.
Madrid, un torbellino de actividad y visitantes, se convirtió en el epicentro de la epidemia del Covid-19. Pero con el esfuerzo de todos le ha doblado el pulso al coronavirus. Respecto al pico máximo, registrado entre el 31 de marzo y el 1 de abril, los ingresos en las UCI han caído un 73%. El número de hospitalizados se ha desplomado: un 86% menos. Además cuenta con el número de camas que exigía el Gobierno para pasar a fase 1. Ayer se registraron en la Comunidad de Madrid 49 contagios nuevos. Cataluña tuvo el triple: 151.

Madrid ha cumplido los supuestos parámetros para pasar a la fase 1 y comenzar a revivir, dejando que los negocios salgan del coma. Pero el Gobierno ha dicho «no», que se queda en fase 0 (por usar esta jerga un poco tontorrona del sanchismo). ¿En qué criterios objetivos técnicos se ha basado el Ministerio de Sanidad para mantener Madrid cerrado? ¿Qué baremos ha incumplido? No lo sabemos. No han mostrado documentación ni datos. Solo la cháchara del doctor Simón, que ayer se evadió divagando con excusas como que no se puede abrir Madrid «porque es un importante nudo de comunicación para otros territorios de España y el extranjero». Razonamiento absurdo, pues está prohibido salir de la provincia y los aeropuertos permanecen casi cerrados y con cuarentena para todo extranjero que aterrice. Si el Gobierno manejase datos médicos concretos para justificar el cierre, los habría esgrimido al minuto. No lo hace porque todo está viciado por la política. En concreto, por la dependencia de Sánchez del apoyo de nacionalistas vascos y catalanes. Por desgracia, Barcelona ha registrado en los últimos días datos de mortalidad preocupantes. Un Gobierno que corteja a ERC desesperadamente no se ha atrevido a abrir Madrid y dejar cerrada la capital catalana. Del mismo modo que la semana pasada concedieron a sus socios del PNV una bula especial para el autogobierno de la desescalada.

(P. D.: Mientras un despliegue de furgones policiales vigila por orden gubernamental a los peligrosísimos vecinos del barrio de Salamanca molestos con Sánchez; el Gobierno toleró impasible el jueves una protesta callejera en Pamplona de homenaje a un asesino etarra. Urge recuperar la normalidad -que no la «nueva normalidad»- y dejar atrás este atosigante despotismo ilustrado del virrey del estado de alarma).

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
HORIZONTE.

Los hijos de Chávez.

Si llega a hacerlo un poco mejor, se comen viva a Díaz Ayuso en plena Puerta del Sol.

Ramón Pérez-Maura.

Actualizado: 14/05/2020 23:33h.

Comprendo muy bien que José María Aznar dijera el pasado lunes a Isabel Díaz Ayuso «no sabes lo que te envidio por que los hijos de Chávez te insulten a ti en vez de a mí». La espectacular campaña contra la presidenta regional de Madrid demuestra el éxito de su gestión. La forma en que el jefe de Podemos la ataca desde su escaño del Congreso de los Diputados prueba que la encuesta que publicó ABC el 2 de mayo ha hecho mucho daño al Gobierno y a sus mandamases. Se creían que Díaz Ayuso era una filfa política y se han encontrado frente a una mujer que les ha desbordado.

Esta cuestión del precio supuestamente escandaloso de la habitación del «hotel de lujo» de la presidenta de la Comunidad de Madrid no tiene nada de raro. Yo tengo una experiencia similar. El 2 de agosto de 1990 ABC me mandó como enviado especial a Egipto, horas después de que Sadam Husein invadiera Kuwait. Me instalé en el Hotel Marriott Zamalek, en la isla Gezira, corazón de El Cairo en medio del Nilo. Al llegar me dieron una habitación normal, que en ese hotel costaba 210 dólares diarios. Con una breve visita a casa por Navidad, estuve en El Cairo, en el Marriott, hasta el 5 de abril de 1991. En ese tiempo el hotel se había ido vaciando porque el turismo simplemente no existía. De las dos torres que tenía el hotel, una estaba cerrada y la otra sólo tenía abiertos la mitad de sus pisos. Cuando dejé el Marriott la dirección me había ofrecido -y yo aceptado encantado desde mi vuelta después de Navidad- una maravillosa suite de tres habitaciones una barra de bar que era una horterada y un amplio cuarto de baño. Me cobraban por ella 90 dólares diarios.
Cualquiera en el negocio de la hostelería sabe que cuando no hay clientes el precio cae en picado. Y por supuesto que si consultamos hoy la página web de un establecimiento, te da tarifas para tiempos normales, no para momentos de crisis como estos. Pero se trata de arremeter para crear un escándalo donde no lo hay.

La otra parte de esta falsa polémica se origina en que ella hizo la reserva antes de que le fuese diagnosticada la enfermedad. Tampoco veo cuál es el problema. A mí se me manifestó el coronavirus a última hora del 11 de marzo. No tuve ninguna duda al respecto. El 12 de marzo a las 8.39 de la mañana lo comunicaba a toda mi familia en un chat en el que estamos todos mis hermanos y sobrinos. Y empecé a actuar en consecuencia. El análisis PCR que me hicieron ese mismo día no me dio el resultado hasta el 16 de marzo. Pero yo hubiera sido un insensato si no hubiese tomado precauciones desde el primer minuto. ¿Es criticable que Díaz Ayuso, que por su trabajo debe de ver a decenas de personas cada día en tiempos normales, tomara precauciones antes de tener un diagnóstico con la confirmación de su enfermedad?

Estos hijos de Chávez que nos gobiernan están muy preocupados por los muy buenos resultados demoscópicos que la gestión de la crisis está dando a Díaz Ayuso y a Martínez-Almeida. Las encuestas muestran que un 70 por ciento de los españoles tiene una opinión mala o muy mala de cómo ha gestionado Sánchez, mientras que, por ejemplo, un 70 por ciento de los alemanes tiene una opinión buena o muy buena de la gestión de Merkel. Por más que las televisiones al servicio del poder se empeñen en mostrarnos aplausos y felicitaciones, los españoles sabemos lo que es perder a más de 27.000 compatriotas. Todos tenemos familiares muertos. También el Gobierno de la Comunidad de Madrid podría haberlo hecho un poco mejor, pero si llega a hacerlo, los hijos de Chávez se comen viva a Díaz Ayuso en plena Puerta del Sol.

Ramón Pérez-Maura.

Articulista de Opinión.
EN PRIMERA FILA.

¿Expertos? ¿Qué expertos?

El Gobierno se niega a desvelar la identidad de quiénes organizan el desconfinamiento porque solo son funcionarios.

Ana I. Sánchez.

Actualizado: 12/05/2020 00:25h.

Hay una razón por la que Fernando Simón, Salvador Illa y Pedro Sánchez se empeñan en ocultar ilegalmente la identidad de quienes gestionan la desescalada. Y me temo que es muy simple: no hay tales expertos. No busquen enchufes ni contratos a dedo. Los once ilustres que se encargan de decidir qué parámetros son seguros para ir ganando normalidad no son más que funcionarios del ministerio y no se han enfrentado en su vida a una pandemia. Pero este Gobierno que tanto juega al despiste semántico -«curva» en lugar de «fallecimientos», «escudo social» en vez de «ruina»- ha ascendido a estos técnicos al nivel de expertos para la reconducción hacia una nueva normalidad que nunca antes se ha aplicado y que nadie sabe bien en qué consiste.
Son once trabajadores del ministerio que en su vida han estado expuestos al escrutinio público y que ahora, más que nunca, quieren evitarlo. Pero el cumplimiento de la ley no es una cuestión voluntaria. Si alguien con responsabilidad pública no es capaz de asumir las exigencias que ésta conlleva, lo que debe hacer es renunciar a ella en lugar de pretender un statu quo privilegiado. Quizás así, Simón se vería obligado a esforzarse un poco más y buscar a verdaderos expertos. Como si no hubiera españoles con brillantes carreras en el ámbito de la epidemiología tanto en nuestro país como en el extranjero.

Aunque, pensándolo bien, es posible que esta tarea sea mucho pedir para el director del Centro de Coordinación de Alertas. Un doctor que, a pesar de su brillante experiencia, no fue capaz de elaborar un protocolo frente a pandemias en los casi ocho años que llevaba en el cargo antes de que estallara la actual emergencia. Y no es que no hubiera habido avisos. En lo que va de siglo, la Covid-19 es la cuarta enfermedad causada por un virus de origen animal que muta y pasa a infectar a humanos, tras el síndrome respiratorio agudo, las gripes aviar y porcina. Pero cuando llegó la pandemia, lo único que Simón tenía en la cabeza eran las palabras «contención» y «mitigación» seguidas de la nada más absoluta. Ni había previsto cuáles debían ser los indicadores relevantes, ni las operativas que tenían que aplicarse en cada fase. Por no tener, no tenía ni un esbozo cutre, ni un plan plagiado a otros centros de control de enfermedades como el alemán. Algo que se le ocurre a cualquier guionista de cine no se le había pasado por la cabeza a Simón, que lo único que ha hecho durante todo este tiempo es improvisar.

En la ocultación ilegal de quienes nos desconfinan sucede, además, que llueve sobre mojado porque la opacidad está siendo la tónica general de la gestión que está realizando el Gobierno. A día de hoy seguimos sin conocer la composición del grupo interministerial creado para las adquisiciones de material frente a la Covid-19. Las actas de las reuniones y los dictámenes de este opaco grupo también siguen bajo llave, al igual que los contratos de material sanitario firmados por el embajador de España en China. Cualquier día nos encontramos con que el Gobierno incluye todo ello en el ámbito de la información «clasificada» para no tener que dar explicaciones nunca, como hizo La Moncloa con quienes viajaron con Pedro Sánchez en el Falcon para ver un concierto de rock.

Por mucho que el Gobierno se empeñe en disfrazarlo, como hace con todo, hay algo que se está quedando atrás en esta crisis: el respeto a los derechos de los ciudadanos.

Ana I. Sánchez.

Corresponsal.
EN PRIMERA FILA.

Inoperancia... ¿o algo peor?

La falta de previsión del Gobierno también retrasó las homologaciones de material sanitario contra el Covid-19.

Ana I. Sánchez.

Actualizado: 04/05/2020 23:37h.

Demasiadas veces nos maravillamos con la capacidad de China para reaccionar ante cualquier golpe o convertir en filón la más mínima oportunidad. Teniendo en cuenta que le sobra el dinero, que su respeto por los derechos humanos es parcial y que la prioridad de sus gobernates es convertir al país en primera potencia mundial, ya no parece tan espectacular. España tiene algo con lo que competir con todo eso: talento. Pero frecuentemente se malogra por la inoperancia de quienes administran el país.

Lo hemos vuelto a ver, lamentablemente, en esta emergencia sanitaria. Empresas, autonomías y particulares se lanzaron desde el primer minuto a buscar fórmulas para ayudar a hacer frente a las perentorias necesidades del sistema sanitario. No hizo falta que ningún mando único les ordenara que se pusieran a trabajar, buscando ideas, robándole horas al sueño y a su tiempo libre. Desde múltiples puntos de la geografía surgieron prototipos de todo tipo desafiando la falta de medios humanos y materiales, trabajando codo con codo con los propios sanitarios. Pero la inmensa mayoría de diseños quedó atrapado en un asfixiante cuello de botella: las homologaciones de la Entidad Nacional de Acreditación y de la Agencia Española de Medicamentos. Diseños de mascarillas, respiradores y demás material sanitario probado y aceptado por los laboratorios quedaron varados a la espera de un simple sello, cuando más falta hacían y pese a que existía en España capacidad para producirlos. Como el Ejecutivo no había previsto absolutamente nada ante la pandemia, tampoco había reforzado el personal y medios de las agencias homologadoras para poder agilizar la fabricación de material sanitario en España. En lugar de eso, se dedicó a abonar comisiones millonarias a intermediarios de dudosa fiabilidad con el triste resultado que hemos visto: acabar pagando por material defectuoso fabricado fuera de nuestras fronteras.
El Gobierno vasco, por ejemplo, fue el primero que se lanzó a desarrollar prototipos de mascarillas quirúrgicas con la idea de compartir el diseño con el resto de comunidades y empresas. Inició los trabajos el 20 de marzo y el 3 de abril tenía ya listos cinco prototipos que no fueron homologados hasta el 26 de abril. Es decir, revisar y dar por bueno el material consumió más tiempo que diseñarlo desde cero. Otro ejemplo, la empresa Adelsys de Toledo desarrolló un ventilador portátil con funcionalidad adaptada para el Covid-19 y componentes casi en su totalidad españoles para asegurar su producción. El 14 de abril lo remitió a la Agencia del Medicamento para su homologación pero ésta lo catalogó por error como respirador invasivo y ahí comenzó un calvario burocrático que continúa a día de hoy. El mismo relato llega desde Navarra, Valencia... Las certificaciones llegaban con cuentagotas o directamente no llegaban mientras miles de personas se contagiaban por falta de mascarillas o fallecían sin respirador. ¿nula capacidad gestora? ¿o algo peor?

No es tolerable que en una situación de emergencia sanitaria y con escasez de material, la Administración sea un obstáculo -y no un vector- para que los prototipos que cumplan los estándares de calidad puedan fabricarse en suelo español y distribuirse a la mayor celeridad. Y en esto sí que somos diferentes a China. Allí sus gobernantes se ponen desde el primer minuto de parte de la producción nacional y no de intermediarios.

Ana I. Sánchez.

Corresponsal.
Seguimos aguantando el chaparrón.
EN PRIMERA FILA.

Despierten.

Una medida totalitaria aceptada hoy en silencio es un peligroso precedente para el día de mañana.

Ana I. Sánchez.

Actualizado: 20/04/2020 23:47h.

Si hace tan solo cinco semanas alguien nos hubiera dicho que el Gobierno utilizaría la pandemia para extralimitarse en la suspensión de derechos, recortar la libertad de información, paralizar el control del Congreso al Gobierno, utilizar al CIS para plantear el control de los medios de comunicación o cerrar el Portal de Transparencia probablemente no lo hubiéramos creído. ¿Un atentado en firme contra nuestro estado de Derecho, contra nuestra democracia asentada? Imposible. Incluso hoy, ahora mismo buena parte de los votantes de izquierdas lo ponen en duda con excusas del tipo «será necesario», «no hay ánimo de quitar derechos» o la consabida «es temporal».

Es lo que tiene «la doctrina del shock» formulada por la periodista canadiense Naomi Klein. La utilización del aturdimiento social ante un desastre para aplicar medidas que en circunstancias normales no serían aceptadas por la población. La autora lanzó esta tesis como advertencia a los ciudadanos sobre los supuestos manejos que gastan los gobiernos y empresas capitalistas para imponer duras reformas en tiempos de crisis, pero en esta pandemia estamos viendo su aplicación real, en vivo y en directo, por parte de un gobierno de izquierdas. Ahí tienen a los mismos que prometían derogar la Ley de Seguridad Ciudadana, que la recurrieron ante el Constitucional por considerar que vulneraba derechos fundamentales, ordenando aplicarla ahora de manera desproporcionada para sancionar a quien se salta la reclusión. Multar las salidas no autorizadas, sí, pero siempre con apercibimiento previo como establece la ley.
Los «tics» totalitarios que está imponiendo este Gobierno resultan aterradores y más aún si tenemos en cuenta que esto acaba de empezar. Parece evidente que hemos dejado atrás el pico de fallecidos diarios, pero es innegable que tenemos coronavirus para rato. Los expertos apuntan a dos años de contagios, con suerte solo uno, y aún no le hemos visto la cara al Covid-19 en pleno invierno, montado a lomos del aire frío y seco. Tampoco sabemos lo suficiente sobre a qué enemigo nos enfrentamos. ¿Mutará como la gripe? ¿Servirán las vacunas que hoy se están investigando si mañana evoluciona? ¿Por qué produce fallos multiorgánicos? ¿Por qué hay casos de necrosis de piel? ¿Pueden ser los animales foco de contagio? Esta falta de información no solo es inquietante por razones sanitarias sino también porque augura que la enfermedad condicionará nuestra vida cotidiana durante meses.

Ante la evidente prolongación de una excepcionalidad sanitaria que el Gobierno está utilizando para sus propios fines políticos es imprescindible que las instituciones democráticas y los ciudadanos despierten. Las primeras no pueden dejarse doblegar. Los segundos debemos extremar la vigilancia y reivindicar los límites que el Estado de Derecho impone al poder ejecutivo. Si el tándem PSOE-Podemos ha desplegado medidas completamente anticonstitucionales para controlar tanto a la oposición política como a los medios de comunicación en el último mes, ¿qué acciones se atreverá a aplicar dentro de tres meses? ¿y en un año?

Llevamos tanto tiempo dando por garantizada la democracia que no percibimos que pueda rondarle ningún peligro existencial. Pero es justo este pensamiento, el exceso de confianza, el mayor riesgo. Y es en situaciones de emergencia como la presente cuando la amenaza se vuelve real. Una medida totalitaria aceptada hoy en silencio es un peligroso precedente para el día de mañana.

Ana I. Sánchez.

Corresponsal.
VIDAS EJEMPLARES.

«Aló presidente» (Cap. 10)

Sánchez tiene motivos para comparecer pletórico en nuestros televisores.

Luis Ventoso.

Actualizado: 17/04/2020 23:39h.

Este verano peligra el Tour. Sería una merma para nuestro bienestar psíquico, pues nada contribuye más a una reparadora siesta-apalanque en el sofá que el relato televisivo en plan plomo de una etapa llana. Pero los españoles ya hemos encontrado un plan alternativo para planchar la oreja en la sala: los «Aló Presidente» de Sánchez, que desde que fuimos encerrados en nuestras casas y estamos a tiro de propaganda llegan cada fin de semana, a veces incluso a pares. Desde el 12 de marzo ha irrumpido nueve veces en nuestros televisores. Hoy tendremos el capítulo 10. Son unos mítines largos, de querencia caudillar latinoamericana, pues a veces superan la hora de divagación. Es notable que desde que comenzó la crisis del coronavirus el jefe del Estado solo se ha dirigido una vez a los españoles. En siete minutos, Felipe VI se las apañó para decir lo que tenía que decir, logrando además una audiencia de 14,6 millones de espectadores, de la que Sánchez siempre queda lejos.
Se comprende que Sánchez se prodigue en pantalla. El Gobierno funciona. Los que iban a ser los «nuevos Pactos de la Moncloa», ya rebajados a «pactos de reconstrucción del país», van viento en popa. Los socios preferentes que mantienen al Gobierno, ERC y Torra, ayer le explicaron que colaborarán... si les da la «autodeterminación» y «la república», es decir, si se carga España. El ministro Escrivá reconoce que se entera por la prensa de que va a haber un «ingreso mínimo vital» de inmediato, impuesto por Iglesias a sus espaldas y asaltando sus competencias. Mientras tanto, Nadia Calviño, que tiene conocimientos contables y sabe perfectamente que no hay caja para ese subsidio, se muerde la lengua y calla con tal de conservar su tarjeta de vicepresidenta, aunque Iglesias la humille cada semana.

En el frente médico, el Gobierno reconoce que ha enviado 300.000 mascarillas defectuosas a los hospitales de varias comunidades, hito que se une al ya legendario tocomocho de los test chinos de Illa. Mientras tanto, el profesor Simón, de tan sereno porte como basculantes datos y opiniones, confiesa impávido que las cifras de muertos y contagiados son «extrañas». Vaya, que ni a él le cuadran los números. En cuanto a la tragedia de las residencias de ancianos, recital de la «Vicepresidencia Social» de Iglesias Turrión: el 19 de marzo anunció a bombo y platillo en una rueda de prensa-mitin que se hacía cargo personalmente del problema... Y nada más se supo, salvo unas cifras de muertos aterradoras. Las ayudas económicas -«doscientos mil millones de euros», pregonó Sánchez en su día, a punto de quemar el polígrafo- han dejado a los empresarios tirados como colillas, pues según revela hoy ABC son seis veces menores que las alemanas y la mitad de las francesas e italianas. Por último, seguimos regenerando la democracia, con tanteos de censura previa, interviniendo el mercado y denunciando a la oposición ante la Fiscalía de la exministra Delgado. Como tétrico telón de fondo, la mayor tasa mundial de fallecidos por millón de habitantes.

No sé si ver «Aló Presidente» o poner a los Simpson. Igual son más serios.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
VIDAS EJEMPLARES.

Sonata de Galapagar.

Polémica con los sueldos, chapuza de Irene, abucheosa Pablo, ay...

Luis Ventoso.

Actualizado: 04/03/2020 23:59h.

Hay semanas en las que lo mejor es quedarse en pantuflas leyendo a Adorno y Chomsky y no salir de casa (sobre todo si posees un refugio confortable, por ejemplo un pazo serrano de casi un millón de euros). La ministerial pareja vive una semana aciaga. Un carrusel de sobresaltos está mostrando a los admirables Irene y Pablo como lo que probablemente son: un par de hábiles sofistas de asamblea universitaria, sin preparación para gestionar una partida de Monopoly y más preocupados por flotar que por servir al pueblo (antaño «La Gente»).

La semana fantástica comenzó el domingo. A Iglesias Turrión no se le ocurrió nada mejor que obligar a sus guiñoles del politburó a promover una reforma del Código Ético podemita, a fin de que el líder y su mujer puedan cobrar más. Aunque el partido es hoy el juguete de la pareja ministerial, la maniobra fue tan cutre y pesetera que algunas voces internas tuvieron la dignidad de ponerlos verdes.
La fiesta continuó el lunes. Irene quería estrenar algo chupi para el 8-M: una ley superfeminista de Libertades Sexuales, como si las mujeres españolas viviesen en el Irán que pagaba el programa televisivo de su pareja. Así que se reunió con su equipazo, el del famoso vídeo del cumple del bebé en el ministerio, y en alegre progresía y feliz vibración LGTBI se pusieron a redactar una ley. Resultó un truño de una burramia jurídica asombrosa (incluso para los estándares de Podemos). Carmen Calvo, que vive convencida de que el feminismo lo ha inventado ella, se ha tomado fatal que Irene quiera desbancarla como profeta del movimiento y la estaba esperando con la faca. Así que al ver la chapuza de la mujer de Iglesias ordenó al ministro de Justicia que la corrigiese. Había hasta errores ortográficos. Amén de que la gran Irene había incorporado 25 novedades legislativas revolucionarias... que ya estaban contenidas en reglamentos de leyes en vigor. La noche en Galapagar debió ser toledana, porque a la mañana siguiente, en cuanto tuvo un micro a la vista, un enfurruñado Pablo Manuel tachó de «machista frustrado» al ministro de Justicia (PSOE). Impera tal armonía en la Coalición Progresista que ya vemos a Pedro organizando pronto otra convivencia de ministros. Dado el nivel de madurez, propongo ir directamente a Eurodisney.

Tercera banderilla. Pablo Manuel, con una vicepresidencia florero y demasiado tiempo libre, salió ayer a entretener la tarde impartiendo una conferencia en la Facultad de Políticas de la Complutense sobre «reaccionarismo y fascismo». A priori jugaba en casa. Allí sembró el embrión de Podemos. Era el mismo auditorio donde en 2010 había capitaneado un lamentable boicot a Rosa Díez (por entonces los acosos le parecían «jarabe de democracia»). Un grupo de energúmenos, tan condenables como lo fue él hace diez años, lo interrumpieron gritándole «vendeobreros» y acusándolo de «chupar del bote». Querido Líder se mantuvo frío y hierático. Pero la mirada ardía de ira.

Nuestros chicos quieren ser a la vez activistas y ministros. Antisistemas y casta. Comunistas y alto burgueses. Y claro, la hipocresía canta.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
VIDAS EJEMPLARES.

Una España de VIPs y parias.

Lo de ayer de los policías resume un agravio que irá a más.

Luis Ventoso.

Actualizado: 04/03/2020 00:16h.

La mecánica de este embuste les sonará, porque ya es un clásico. Febrero de hace dos años, un cuarentón alto, apolíneo y muy seguro de sí mismo, vestido con una chupa vaquera y con un micro inalámbrico en la mejilla, habla a la concurrencia frente a un cartel rojo del PSOE donde reza: «Asamblea abierta de Castelló». Un joven de barbas del público, policía de profesión, le pregunta por la equiparación salarial de la Guardia Civil y la Policía Nacional con los cuerpos catalán y vasco, que cobran considerablemente más. El orador le responde con gran convicción: «Quiero que sepas que nosotros hemos defendido vuestras reclamaciones antes de que saliesen a la luz y todos se apuntasen. Llevamos defendiendo esa equiparación de los cuerpos de seguridad del Estado en todos los debates presupuestarios del Congreso. Cuando vuestra iniciativa legislativa popular llegue allí habrá que verla, pero desde luego lo que te puedo asegurar es nuestro compromiso para su tramitación y debate, eso seguro».
El orador, por supuesto, era Sánchez. Y sí, han acertado: estaba mintiendo al policía. Ayer, PSOE y Podemos vetaron en el Congreso el debate de la iniciativa popular con medio millón de firmas para que guardias civiles y policías nacionales cobren lo mismo que mossos y ertzainas (que en los casos más sangrantes perciben hasta un 30% más). El Gobierno alegó que las delicadas arcas públicas no permiten ahora mismo el gasto extra de 1.900 millones que exige la igualación. Un argumento válido... de no venir de un Ejecutivo manirroto que, por ejemplo, está ofertando a Torra prebendas que duplican ese importe.

Miles de policías y guardias civiles se manifestaron ayer muy enojados ante el Congreso, quejándose de que el PSOE los había traicionado. Repartían billetes con la efigie de Torra y explicaban con meridiana claridad lo que está pasando, pues no es menester ser un sagaz politólogo para verlo: «Mientras nos niega ese dinero, riega de millones a Cataluña y el País Vasco por la presión de los partidos que necesita para mantenerse en La Moncloa».

Así es. La idea de España como un país de personas libres e iguales, tan honorable y constructiva, ha sido traicionada por su Gobierno. Ya no somos iguales. Hay ciudadanos de primera -catalanes y vascos- y luego venimos los demás. Si un político gallego hubiese declarado una República desde el Parlamento de Santiago y le hubiesen caído 13 años, no pisaría la calle antes de cuatro, entre otras cosas porque la Xunta no ostenta la competencia de las cárceles. Pero si el preso es catalán goza de privilegio y sale de paseo solo cuatro meses después de ser condenado, caso de Junqueras y compañía, porque quien manda allí en las prisiones es tan sedicioso como ellos (o más). No somos iguales, toda vez que el modelo territorial de España, que nos marcará a todos, lo están decidiendo en una mesa el Gobierno y los separatistas catalanes (que no Cataluña, pues quienes abogan por seguir siendo españoles han sido excluidos). No somos iguales, pues algunos son agasajados con primas económicas precisamente por ser desleales.

Están creando la España de los VIP y los parias. Y eso no hay país que lo aguante...

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
ENFOQUE.

Poca cárcel y menos vergüenza.

Más permisos para los golpistas.

Álvaro Martínez.

Actualizado: 02/03/2020 23:38h.

Otro, Raül Romeva, a la calle en semilibertad. El club del 100.2 crece singularmente entre los condenados por el golpe del 1-O de tal forma que ya solo quedan literal y todo el día «entre rejas» los exconsejeros Rull y Turull, aunque en breve ambos seguirán la estela del resto de la banda del lazo, a la que las autoridades penitenciarias de la Generalitat han ido sacando parcialmente de la cárcel sin esperar ni a la progresión de grado ni a la reforma del delito de sedición en el Código Penal que les ha prometido el Gobierno de Sánchez. ¿Para qué esperar a estos trámites, más latosos y que se dilatarían en el tiempo, si podemos atajar con el rollo de su reinserción laboral? «Nada nada, vosotros haced que trabajáis fuera y solo tendréis que ir a dormir a la cárcel de lunes a viernes». Y todo en contra del criterio del fiscal, que para alcanzar esta merced penitenciaria cree necesario que los agraciados reconozcan el delito cometido y expresen formalmente que no volverán a cometerlo. Ninguno de ellos lo ha hecho, más aún, han hecho exactamente lo contrario, como es volver a amenazar al Estado con repetir el golpe. Todo parece estar escrito, quién sabe si no en cualquiera de las mesas (aquella de Pedralbes o la más reciente de La Moncloa) donde Sánchez ha arrastrado a España para que pida perdón a los golpistas. Cierto que la dignidad de España es más grande de lo que Sánchez se imagina y en realidad el único que se arrastra es él, pero el daño es ya intenso, sobre todo porque lesiona el Estado de Derecho y da alas a quienes lo agreden. Pico y pala, pico y pala, socavando la ley y la paciencia de todos.
Ayer, 2 de marzo, fue San Simplicio y no pudo escogerse mejor fecha para abrirle la puerta de la celda a Romeva, que hay que ser simple para tragarse que va a redimirse «trabajando» en un chiringuito que se dedica a chequear los Acuerdos de Dayton, firmados hace un cuarto de siglo para poner fin al conflicto de los Balcanes, último ejemplo de que el nacionalismo es la guerra, como dejó dicho Mitterrand. Al parecer, Romeva se va a dedicar a buscar concomitancias entre Cataluña y Bosnia y entre Barcelona y Sarajevo. Solo desde la falta de vergüenza y la infamia se puede comparar aquel tormento balcánico con la burquesía catalana y allegados de ocasión jugando a la independencia. En España sale tan barato dar un golpe de Estado (ni un cuarto de pena impuesta ha cumplido Romeva) como trivializar el sufrimiento de un pueblo devastado por la guerra.

Álvaro Martínez.

Redactor jefe.
VIDAS EJEMPLARES.

El paraíso.

¿Cabe dicha mayor que encerrarte en tu biblioteca?

Luis Ventoso.

Actualizado: 29/02/2020 00:08h.

Mi articulista favorito se llama Michel. Era un señor francés de ancestros sefardíes, de cabeza grande y calvilla, barbita cuidada, boca esquiva y ojos perspicaces. Se murió hace ya un trecho: en 1592, con 59 años. Pero sus observaciones siguen vigentes, como si hubiesen sido escritas esta mañana. Por ejemplo, servirían para sacarle los colores al populismo triunfante: «Nadie está libre de decir estupideces. Lo malo es decirlas con énfasis». O para desenmascarar la subcultura victimista e igualitaria en boga, alérgica a la responsabilidad personal: «A nadie le va mal mucho tiempo sin que él mismo tenga la culpa».

Michel Eyquem de Montaigne, de formación jurídica, bregó en los asuntos públicos y ocupó posiciones de influencia en la corte de Carlos IX. Pero la muerte de su mejor amigo, al que probablemente amaba más que a su mujer y a sus seis hijos, le fundió el ánimo. Ocho años después, el último día de febrero de 1571, fecha de su 38 cumpleaños, tomó la decisión de apearse de lo mundano y de la adrenalina del poder para dedicarse a meditar y escribir en la torre circular de su castillo de Aquitania. Michel había reparado en la más clara de las obviedades, que es precisamente la que siempre nos esforzamos en no ver: «Todos los días avanzan hacia la muerte y el último, la alcanza». Así que decidió regalarse su existencia: «La principal ocupación de mi vida será pasarla lo mejor posible». Se planteó una única pregunta: « ¿Qué sé yo?». Y se dedicó a contestarla allá en su biblioteca, asesorado por sus clásicos.
Dicen que no existe mejor pasaje a un divorcio que el estrés de una mudanza. Pero también hay premios. Si tienes suerte y afición, un día puedes alcanzar el sueño de contar por fin con una habitación a la que llamas «mi biblioteca». Subiendo desde el trastero aquellas catorce cajas de libros me sentí como Iñaki Perurena, el levantador de piedras. Pero abrirlas resultó como una mañana de Reyes, o un alegre reencuentro con viejos conocidos: los eminentes victorianos de Lytton Strachey, «La vida del doctor Johnson», los relatos matemáticos de Borges, la satisfacción un poco fetichista de ver todo Shakespeare allí apilado, y media docena de biografías inglesas sobre él (que al final, reconozcámoslo, fabulan más que informan). Mis paisanos Valle y Cunqueiro, un genio del estilo y un divino liante. El cénit de la prosa de Gabriel Miró (¿cuándo se evaporó aquel castellano?). Los milagros y vidas de Dylan, los Beatles y Leonard Cohen. Esos tochos de arte que son como un museo sin salir del sofá. Mis tintines y mis libros sobre uno de mis frikis favoritos: Orson Welles. Hume y Adam Smith, tan amigos el uno del otro y tan clarividentes. Novelas policíacas de usar y tirar, que nunca releeré, pero que me hicieron sonreír al volver a verlas. Un libro amarillento del que cayó aquella carta que nunca le mandé... Novelas rusas que choriceé de chaval a mi padre. Un tocho que pesa más que yo con las mejores portadas de la historia de «The New York Times». Catálogos de exposiciones y folletos de óperas que ya no recordaba haber visto... Un paraíso inalcanzable, porque nos falta el alimento de las almas: tiempo.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
HORIZONTE.

En esta fiesta hay barra libre.

No ha habido ni una petición realizada por los partidos que quieren romper España que Sánchez haya denegado.

Ramón Pérez-Maura.

Actualizado: 27/02/2020 23:53h.

Esquerra Republicana de Catalunya es un partido agradecido. Sánchez cumplió con su promesa de crear una «mesa» y en menos de horas 24 el partido independentista dio luz verde al techo de gasto y la senda de déficit, que son el primer paso para la aprobación de unos Presupuestos Generales del Estado. Sánchez va camino de cumplir dos años como presidente del Gobierno y no ha gobernado un solo día con presupuestos presentados por su partido. La clave ahora está en lo que dijo ayer Gabriel Rufián antes de que sus republicanos catalanes anunciasen su respaldo tácito a ese techo de gasto: «ERC siempre cumple sus acuerdos».

Lo que se celebró el miércoles por la tarde en La Moncloa no tenía como objetivo buscar «vías de solución» en Cataluña. Al menos no en la mente del convocante, el presidente del Gobierno. Lo que buscaba allí Sánchez es consolidarse en el Gobierno. Y para eso todos sabemos que tiene que hacer concesiones porque él es el presidente del Gobierno con menos diputados en su grupo parlamentario desde la restauración de 1975. El rollo buenista del paseo por los jardines -como si fueran un grupo de amigos de toda la vida- con un recorrido calculado para el tiro de cámara es propio de la perfecta agitación y propaganda cinematográfica que perpetraba Leni Riefenstahl para el régimen nazi. El paseo entre antorchas de aquellas juventudes se ha sustituido esta vez, sutilmente, por el caminar bajo el arco formado por los plátanos del jardín. ¡Qué sutileza! Al menos no tuvieron el valor de corresponder al recibimiento que hizo Torra a Sánchez en Barcelona con un cuerpo paramilitar rindiéndole honores cuasi de ordenanza. Salvo por eso, Quim Torra y sus hoy rivales de ERC lograron con creces su objetivo: que el presidente de la Generalidad fuese recibido en la sede de la Presidencia del Gobierno del Reino de España en igualdad de condiciones. Y que se le permitiese emplear las mismas facilidades que usan los jefes de Estado extranjeros que visitan el Palacio de la Moncloa.
Los independentistas catalanes están ahora obligados a mantener el respaldo parlamentario a Sánchez. O, lo que es lo mismo, tienen que impedir su caída. Aunque esa caída es virtualmente imposible porque para derribar al Gobierno hace falta una mayoría alternativa y los independentistas y nacionalistas vascos y catalanes saben que éste es el régimen soñado por ellos para conseguir su objetivo final. En esta fiesta hay barra libre. Desde que Sánchez anunció su acuerdo con Podemos tras las últimas elecciones no ha habido ni una sola petición realizada por los partidos que quieren romper España que Sánchez les haya denegado. Jamás soñaron los nacionalistas vascos que se pudiera romper la caja única de la Seguridad Social para que ellos se llevaran su parte. Pero ahora lo han conseguido.

El objetivo de Sánchez es aprobar unos presupuestos con el apoyo de quien sea. Sabedores de la riqueza de la ubre que amamanta en esta barra libre, hasta el Partido Regionalista de Cantabria, que tan dignamente negó su apoyo cuando Sánchez se alió a los independentistas, ha vuelto raudo para beneficiarse del nuevo caudal que mana. A nadie puede sorprender lo que nos espera. Ya lo dijimos cuando fue derrocado Rajoy en junio de 2018: por primera vez en Occidente un país está regido por un Gobierno sostenido por los que quieren destruir ese país. Éste es el resultado. Que nadie diga que no era previsible. Y lo que nos espera.

Ramón Pérez-Maura.

Articulista de Opinión.
CON PERMISO.

Pensiones, ni para mí... pero tampoco para ti.

Si el sistema se agota para cualquier hijo de vecino, para los cargos públicos... ¡también!

María Jesús Pérez.

Actualizado: 27/02/2020 00:16h.

Bruselas vuelve a tirar de las orejas a España por el tema de la viabilidad del sistema de pensiones. Bueno, más bien por su inviabilidad. Y van... Cierto es que algo se hizo con la reforma de 2013, con Mariano Rajoy al frente del país, pero desde luego no se resolvía el problemón que tenemos aún a día de hoy. No hay ya casi dinero para seguir costeando la caja destinada a la jubilación de los españoles y la última de las decisiones del Gobierno Sánchez es subir precisamente el lado de los gastos. Y si uno incrementa este lado de la balanza, debería aumentar al menos en igual proporción el otro lado, el de los ingresos. Algo que, de momento, no es lo que acordado por el tándem Sánchez-Iglesias.
El caso es que hace ya un año, la Comisión Europea recomendaba a España la urgencia de poner en marcha medidas que hicieran posible la sosteniblidad del sistema de pensiones, porque con lo hecho en la era Rajoy no bastaba, y lo único que se ha hecho desde entonces es desandar lo andado y anunciar justo lo que Bruselas nos dice que no es el camino: vincular de manera permanente las prestaciones a la evolución del IPC, lo que compromete el sistema a medio y largo plazo. Medidas, dicen desde Europa, que, al tiempo que favorecerían sin medidas compensatorias, a los pensionistas actuales, irán en detrimento de las nuevas generaciones. Además, los técnicos del Ejecutivo comunitario han calculado que vincular de nuevo las pensiones a la inflación podría conducir a un incremento en el gasto en pensiones para 2050 de aproximadamente el 4% del PIB, además de que abolir el factor de sostenibilidad -idea del equipo Rajoy- sumaría al menos un 0,7% del PIB al gasto en pensiones en el largo plazo. Lo dicho, ¡lo llevamos claro!

Ahora bien, mientras analizo la reprimenda que lanzan desde Bruselas, reparo en las diferencias que a día de hoy aún existen entre las pensiones vitalicias que nuestros políticos tienen derecho a cobrar por sus servicios prestados y las de cualquier ciudadano de a pie... A bote pronto, me vienen a la cabeza dos grandes diferencias. Una, ministros, diputados o secretarios de Estado, entre otros altos cargos institucionales, por ejemplo, tienen la posibilidad de compatibilizar dos y hasta tres tipos de pensiones como recompensa a su trabajo. Y dos, mientras que los ciudadanos debemos cotizar a día de hoy durante 35 años -y subiendo- para cobrar la totalidad de la pensión a la que en principio aún tenemos derecho, a los miembros del Gobierno les basta con jurar el cargo y acumular siete años de ejercicio para poder obtener la pensión máxima de jubilación. Y hay más privilegios, créanme.

Pues señores políticos, y sobre todo del Gobierno, que sepan que todo sale de la misma caja. Y o espabilan, o se acabó el chollo. Para todos.

María Jesús Pérez.

Redactora jefe.
EN PRIMERA FILA.

Sin alma ni corazón.

Es inconcebible que solo una menor explotada en Mallorca haya cambiado de vida: las demás siguen en las mismas manos.

Ana I. Sánchez.

Actualizado: 25/02/2020 00:12h.

El pensador irlandés Edmund Burke advertía ya en el siglo XVIII que «para que triunfe el mal, basta con que los hombres de bien no hagan nada». Es difícil saber si los máximos responsables del Instituto Mallorquín de Asuntos Sociales y del Gobierno balear son personas de bien o no. Pero lo que sí ha constatado la explotación de menores en Mallorca es que los responsables de tutelar a estas pobres criaturas se cruzaron de brazos al conocer los primeros casos de prostitución. Y que al hacerlo dejaron el campo libre para que el mal triunfara y lo que eran situaciones esporádicas se convirtieran en lo que hoy califican algunos trabajadores sociales de la isla como una situación «generalizada».

Es completamente inaceptable que ante esta responsabilidad, imposible de negar salvo por lo que Burke consideraría un hombre de mal, los menores tutelados en Mallorca sigan en las mismas inoperantes manos. Manos que cuando recibían el informe de un caso de prostitución de alguna niña de sus centros pedían un nuevo dossier en lugar de adoptar medidas. Y así, pidiendo documentación sobre la documentación, justificaban su inmerecido sueldo y lograban conciliar el sueño por la noche. Ni aplicaban los protocolos ni reunían a las comisiones de atención. Ahí tienen al presidente del Instituto Mallorquín de Asuntos Sociales, Javier de Juan, un diplomado en empresariales puesto a dedo por ser secretario de Programas de los socialistas de Baleares. Y a su segundo en el Instituto, Jaume Tortella, un licenciado en filología catalana, profesor de latín en secundaria, colocado por ser secretario de Educación de la misma formación. ¿Cómo pueden seguir estos dos genios de la protección social en sus puestos una vez destapado el escándalo, conocida su negligencia y su pertenencia al aparato como único mérito? ¿Es que no hay profesionales capaces en la isla?
El mantenimiento en el cargo de Juan y Tortella revela que el PSOE sigue mirando hacia otro lado ante la explotación de las menores tuteladas. Conclusión que refrenda el hecho de que socialistas y podemitas se negaran a abrir una comisión de investigación sobre lo sucedido y propusieran crear una comisión de expertos teledirigida. Digo teledirigida porque no pretendían que este órgano llegara a la verdad sino que emitiera conclusiones a su dictado. Para lograrlo intentaron poner al frente del mismo a un amigo de Francina Armengol, el catedrático Jorge Carlos Fernández del Valle. El mismo que cobró una suma estratosférica en 2008 por diseñar un sistema de evaluación y registro del acogimiento residencial que se ha demostrado completamente inoperante. Fernández del Valle estaba dispuesto a hacerse cargo de la comisión trucada pero ante la presión de la oposición ha terminado por darle vergüenza. Señores de PSOE y Podemos a ver si se enteran de una vez de que esto no es un juego político, esto son las vidas rotas, destrozadas, de uno de los colectivos más vulnerables que hay en la sociedad: los niños desamparados.

En estos momentos, solo una de las menores ha sido trasladada a la Península para sacarla de esa red de pesadilla. Las demás tuteladas explotadas siguen en los centros del Instituto Mallorquín, en las mismas manos, mientras los responsables intentan salvar la cara creando una comisión de expertos que proponga medidas para que esto no vuelva a pasar el día de mañana. ¿Acaso no tienen alma ni corazón? ¡No busquen qué hacer para que esto no se repita en el futuro, intervengan para que esas niñas y niños dejen de sufrir hoy, ya, ahora mismo!

Ana I. Sánchez.

Corresponsal.
VIDAS EJEMPLARES.

Superpronosticadores.

Muchas de las predicciones que emitimos con gran certeza se basan... en nada.

Luis Ventoso.

Actualizado: 24/02/2020 00:03h.

Dominic Cummings es el irritante e inteligente cerebro del Gobierno de Boris Johnson. Un irascible norteño en guerra contra la clase funcionarial de Withehall. Los considera una panda de parásitos instalados una pomposa realidad paralela, ajenos al «big data» y los avances en ciencias sociales. « ¡Leed a Philip Tetlock y no hagáis caso a los expertos políticos!», brama por los pasillos del Número 10 el insoportable Rasputín de Boris, no sin razón en su afán modernizador.

Philip E. Tetlock, de 65 años, es un científico social canadiense que ha hecho su carrera en Estados Unidos. Entre 1984 y 2003 llevó a cabo una suerte de concurso de predicciones (¿viene una crisis?, ¿habrá guerra con Corea?, ¿quién ganará las elecciones?...). Participaron figuras del periodismo, cargos del Gobierno, pensadores, profesores, gente de toda ideología. Tras 28.000 pronósticos, los resultados fueron desoladores. No eran mucho mejores que las respuestas al azar y solían empeorar a un algoritmo básico. La provocadora conclusión de Tetlock fue que aquellos expertos ofrecían el nivel de acierto de un chimpancé lanzando dardos. El fiasco se exacerbaba en casos como los santones del periodismo, que no daban una. También se constató que a mayor fama, menor acierto. El jefe de la CIA en el final de la Guerra Fría contó a Tetlock que cuando cayó el Muro los únicos agentes que lo vieron venir fueron los novatos. Los gurús con décadas de investigación sobre la RDA estaban tan inmersos en la sopa que carecían de mirada objetiva para percatarse de que el plato se rompía.
Tras el patinazo de las armas de destrucción masiva de Sadam, las agencias de inteligencia estadounidenses hicieron propósito de enmienda. En 2011 encargaron a Tetlock un enorme experimento para mejorar los pronósticos, un certamen de cuatro años, con medio millón de predicciones para responder a 500 preguntas relativas a la seguridad de EE. UU. El estudio mostró que había un 2% de personas con un don especial para acertar, los llamados «Superpronosticadores» (título de un best-seller sobre el tema que publicó el profesor en 2015). Las conclusiones son curiosísimas. Los «superpronosticadores» eran personas de todo tipo, desde un ama de casa a un informático jubilado, y no necesariamente de inteligencia o saberes superlativos. Pero había características comunes: querencia por el pensamiento lógico y analítico, tendencia a autocuestionarse, interés por la estadística. A ideología más marcada, más pifias. El súperpronosticador cuestiona sus primeras impresiones y opera con mente abierta, proclive al contraste. No emite vaticinios con las tripas, o basados en juicios morales. Intentan ver la realidad tal cual es, le guste o no. No son genios, sino personas con curiosidad, mente ancha y pensamiento metódico.

En España imperan los juicios proféticos basados en puros pálpitos emocionales e ideológicos. Pensar, contrastar y buscar datos resulta mucho más fatigoso que lanzar anatemas por filias y fobias e ir de genio. Sucede en las empresas y también en los gobiernos. De hecho, sospecho que nuestra clase política actual la dominan los chimpancés lanzando dardos de Philip Tetlock.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
Agustín se quedó agusto.
Sí, lo mismo que tu con la respuestas que has soltado.
LENTE DE AUMENTO.

Rehenes de Maduro.

Lo desolador es que Moncloa dependa de que Caracas calle y no les deje con el culo al aire.

Agustín Pery.

Actualizado: 21/02/2020 08:47h.

Que el Gobierno ha mentido en el caso Ábalos es empíricamente demostrable. Que en su miríada de falacias están implicados varios ministerios, también. Que su campaña de contraataque se sustente en un alud de tuits burdos a cargo de los boyardos del PSOE argumentando, decretando más bien, que los españoles tenemos cosas más importantes de las que ocuparnos sería una bufonada salvo por lo que tiene de redundante moralina, de tic izquierdoso que decreta qué y en qué grado importan las cosas. El silencio cómplice del otrora combativo Podemos no es más que la constatación de la fórmula pujoliana del «ahora no toca». Apoltronados en el poder, al partido de Iglesias no le interesa vocear su hermanamiento dopado con la satrapía venezolona. Ahora, ya digo, no toca. Entonces, ¿a qué obedece este esperpento? ¿Qué gana Sánchez? Nada. ¿Qué pierde? Algo. Otra grieta en su vaciado depósito de credibilidad. Se puede mentir por vicio, estaríamos ante una patología. Se puede fingir por interés. Pues eso, a falta de un sistema a la americana, con impeachment a Sánchez, y sabedores de que su troupe de asociados no tienen ningún problema en convivir con un embustero, la cosa no tiene más remedio que irse a hacer puñetas. Concretamente las de los jueces, que esperemos tengan la pericia y el valor para desentrañar lo que no es un resbalón diplomático, sino un delito. Mentir, al fin, sería entonces por necesidad. Falta desentrañar las razones. ¿Congraciarse con un régimen denostado «urbi et orbi»? Imposible, toda vez que la remilgada Europa se ha posicionado del lado de los demócratas caribeños y en contra del tirano. ¿La vía española? Una patochada con Zapatero de embajador del régimen bolivariano.

Lo desolador es que con un Congreso cautivo de la aritmética y convertido en un mercado persa tengamos que recurrir a la Justicia, otra perseguida, para poner luz en todo lo que el Gobierno quiere ocultar. Maleta arriba, maleta abajo, en cualquier otro país el rosario de dimisiones sería instantáneo. Aquí no. Aquí la mentira institucional se consolida, se tecnifica y acaba hermanando dos regímenes, el de Maduro y el de Sánchez. Ocurre que el segundo es rehén del primero. Sánchez y sus edecanes cautivos de lo que quiera desvelar el tirano venezolano. ¿Y si decide contar lo que vino a hacer Delcy? ¿O calla a cambio de prebendas? Unos linces los de Moncloa. Y mentirosos.

Agustín Pery.

Director Adjunto.
Paco, tiempo al tiempo, el problema es que siempre pagaran justos por pecadores, y ellos se irán de rositas como hacen siempre.

Saludos.
CON PERMISO.

Seis diputados y en campaña con un tema de Estado.

El PNV arranca a Sánchez la gestión de la SS pero sin el marrón de tener que pagarla.

María Jesús Pérez.

Actualizado: 20/02/2020 00:16h.

Nuevo órdago nacionalista al Gobierno de España. Y, por supuesto, al resto de ciudadanos del país que tragamos con ello. Bueno, nos obligan a tragar y encima callar. Quizás deberíamos todos lanzarnos a la calle y parar ya de una vez por todas las exigencias de unos pocos con la solidaridad de unos muchos. En esta ocasión, la presión viene del norte. Del Partido Nacionalista Vasco (PNV), que está en campaña, de cara a las elecciones del 5 de abril, y necesita más que nunca votos con los que seguir gobernando la región. A medias con los socialistas. Por ello precisamente al Partido Socialista de Euskadi (PSE) le faltó tiempo para hacer suya la noticia y el anuncio, en boca de su secretaria general, Idoia Mendia. La comunidad vasca tendrá por fin una de las dos competencias más deseadas desde hace años y años para completar las transferencias -de las 37 en total que tienen pendientes y que el Gobierno Sánchez les otorgará sin duda alguna- que recoge el Estatuto de Autonomía del País Vasco (Estatuto de Guernica): la gestión de la Seguridad Social.
El PNV se ampara en una sentencia del Tribunal Constitucional del pasado noviembre que, efectivamente, reconoce el derecho al País Vasco de gestionar los fondos de la Seguridad Social, con casi 9.000 millones en pago de pensiones, además del control sobre sanciones, inscripción de empresas, afiliación y altas y bajas de los trabajadores, junto a la gestión y control de las cotizaciones, recaudación de cuotas y los procesos de ingreso.

Cierto es, y viene de lejos, que sus verdaderas ambiciones -que quedaron al descubierto en la asamblea que el partido celebró en 2016-, es conseguir una seguridad social vasca completa, lo que rompería la caja única que, hasta hoy (y virgencita, virgencita) ampara la Constitución y que garantiza la igualdad entre todos los españoles tanto en pensiones como en el resto de ámbitos laborales. Pero... ¡ay amigo!, mucho mejor lo que consiguen ahora: el control, pero sin pagarla. Es decir, el ciudadano recibe la pensión y las notificaciones desde un organismo autonómico mientras «subcontratas» en Madrid el problema de cuadrar las cuentas del sistema. El Ejecutivo vasco logra ante sus conciudadanos y sus siempre enfurecidos pensionistas, la medalla de controlar un gasto que le transferirá el Gobierno a través de los Presupuestos Generales del Estado que se nutren de la solidaridad regional. O sea, de todos los españoles.

Pero sin duda lo más vergonzoso es que, en esta ocasión, con seis escaños, los nacionalistas vascos, con la connivencia de Pedro Sánchez, sean capaces de condicionar la vida política española como ningún otro partido, arrancando concesiones varias mientras que otros, con unos cuantos más, consiguen muchísimo menos. O incluso nada.

María Jesús Pérez.

Redactora jefe.
Paco, no creo que los foreros que aquí participan estén ya para esos "trotes", ocurre que son acérrimos defensores de sus partidos y son capaces de todo.

Un abrazo y feliz tarde.
Instruyete TU asno-analfabeto. Los agricultores llevan en esta espiral del 1977 que hicieron su primera gran huelga. Unos y otros, otros y unos les han ido tapando la boca con subvenciones sabiendo que no era el camino y ellos las han aceptado.
Este gobierno es el primero que está intentando hacer algo decente, por mucho que las impresentables tres derechas digan y cacareen.
Modere su lenguaje, si persiste en su mala educación lo mandaremos a Salamanca.
ENFOQUE.

Fiesta de pijamas en el Palacio de Invierno.

Montero, propaganda hasta de su cumpleaños.

Álvaro Martínez.

Actualizado: 19/02/2020 08:34h.

Lo pasaron... guay, por utilizar un término que se adapte a la ñoñería del momento. Al menos eso parece en el vídeo de más de siete minutos, nada zarrapastroso sino correctamente editado, que el personal a las órdenes de Irene Montero colgó en internet con la sorpresa que le dieron a su «jefa» con motivo de su 32 cumpleaños. Momento histórico para España, sin duda. Ni en el chalé de Galapagar se vivieron semejantes albricias y alborozos. En realidad, no es que aquello contuviera un gramo de interés para el resto de los españoles; más bien al contrario, el «vídeo-chupi-guay» puede dar hasta alipori por lo que contiene de exhibición del poder conquistado y el infantil alarde de lo mucho que trabaja la cúpula del Ministerio de Igualdad, que ni en las minas de Silesia en el siglo XIX. Dime de qué presumes... «Ya he tenido tres reuniones y me quedan otras cinco», asegura una de las figurantes del festejo que a simple vista parece más agobiada por quién se encarga de traer la tarta del cumple que por semejante carrusel de encuentros de trabajo. Luego otras subordinadas insisten en lo mucho que se «curra» allí mientras media docena de ellas preparan la sorpresa de acá para allá por los pasillos del Ministerio, sigilosas para que nadie reviente antes de tiempo tan emotivo evento a la gran lideresa morada. Por fin llega la tarta y todas, no menos de diez, se dirigen a un salón de rica y palaciega decoración en el que «la jefa» sostiene a su bebé, para entonar el típico (y desafinado) cumpleaños feliz. Enternecedor...
Es imposible imaginar qué cualidades adornan la sesera de quien ideó publicitar semejante vídeo-panegírico de Montero en su salsa ministerial, casi venerada por una entregada cohorte de subalternas que le doran la píldora con un desahogo que causa pasmo por su aire tardo-infantil y su inextinguible obsesión por la imagen. Cuando se fueron a los «ejercicios espirituales» de Quintos de Mora se grabaron los veintitantos ministros cogiendo el autobús en La Moncloa, casi de madrugada. Dos mensajes: «somos el poder» y «no dejamos de trabajar». «Hasta en sábado, eh», especificó la ministra de Exteriores en su vídeo propagandístico del evento. Recuerden «Spain is back» hasta los fines de semana.

Hace unos días, vídeos camperos deslomándose por España en Quintos de Mora. El pasado jueves, retransmisión del cumple desde el ministerio de las mil reuniones. ¿Y mañana qué? Quizá una fiesta de pijamas en el Palacio de Invierno, tomado heroicamente y recuperado para la «gente».

Álvaro Martínez.

Redactor jefe.
Este Sr. Dice dice y dice. Con una sola intención, buscar votantes del PSOE para el PP.

Casado, dijo antes de ir lo que iba a pedir a Sánchez, ya que de ofrecer como se podía esperar nada de nada.

Pide que cambie su política económica. Pide que se olvide de intentar intentar da te soluciones al problema territorial. Pide que no retire lo que hoy se ha aprobado sobre los despidos estando enfermos... pide pide pide y solo da... seguir bloqueando las acciones del gobierno, no entra ni a cambiar ... (ver texto completo)
Sí, manzanas traigo a muy buen precio.
VIDAS EJEMPLARES.

La verdad del caso PSOE.

La etapa de González fue solo un paréntesis en un partido nada patriótico.

Luis Ventoso.

Actualizado: 17/02/2020 23:15h.

Casado acudió ayer a La Moncloa con una oferta que permitía a Sánchez continuar como presidente de España sin depender de fuerzas antiespañolas. Resumiendo, le trasladó que el PP apoyaría sus presupuestos si renunciaba a su mesa con ERC y Torra y aplicaba las medidas para contenerlos que el propio Sánchez prometió en campaña. ¿Respuesta? La esperada. Casado fue despedido con cajas destempladas. El Gobierno incluso incurrió en la descortesía de emitir un comunicado poniéndolo verde antes de que hubiese podido valorar el encuentro.

Lo sucedido vuelve a evidenciar una realidad que muchos votantes se resisten a ver: el PSOE se siente más cercano a los que pelean por la independencia de regiones españolas que a quienes defienden la unidad de la nación; prefiere a los separatistas antes que a los partidos constitucionalistas de centro-derecha. Son cordiales -y hasta untuosos- con Torra y Rufián y bordes con Casado y Arrimadas.
Parte de la opinión pública sigue confundiendo al PSOE con la etapa de Felipe González, donde con aciertos y errores se cultivó cierto sentido de Estado. No se acaba de asumir que el Partido Socialista ha sido desde siempre una formación fascinada con los nacionalismos disgregadores, ante los que se pliega gregario. González mandó en el PSOE durante veinte años. Pero el partido soplará en mayo 141 velas. A poco que se repase su historia se descubre una andadura poco edificante. En 1910, su creador, el tipógrafo ferrolano Pablo Iglesias, firmó una de las páginas más infames de nuestro parlamentarismo, una amenaza violenta al líder conservador Antonio Maura: «Para evitar que Maura suba al poder debe llegarse hasta al atentado personal». Ese era el estilo del venerado fundador. En los años veinte, UGT y PSOE colaboran encantados con la dictadura de Primo mientras el autócrata reprime a otras formaciones. En 1934, el partido que hoy mitifica la II República hasta el empalago se alzó contra su legalidad instigando la Revolución de Asturias. Ese mismo año, el partido que se apellida Español apoyó la proclamación de Companys. La Alianza Obrera, de la que formaban parte los socialistas, incluso defendió en armas la república catalana desde las calles de Barcelona.

«La definitiva solución del problema de las nacionalidades que integran el Estado español parte indefectiblemente del pleno reconocimiento del derecho de autodeterminación de las mismas», rezan las conclusiones de su congreso de 1974. La defensa de la autodeterminación figuró en su programa hasta fecha tan tardía como 1976. Históricamente, el PSOE siempre fue federalista y contrario al patriotismo, que denominaba con desprecio «centralismo» y que veía «propio de las oligarquías» y contrario a la clase obrera. La simpatía de los socialistas por los nacionalistas, a los que siempre han elegido como socios en los gobiernos autonómicos, no atiende a un insólito viraje de Zapatero y Sánchez. En realidad ha sido casi siempre el alma del partido. El PSOE es lo que es. Sueñan despiertos los votantes que todavía lo contemplan como «un partido de Estado».

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
EN PRIMERA FILA.

Timados ¿y ahora qué?

El escándalo Crypto revela que los gobiernos de Estados Unidos y Alemania no eran más listos que el resto, sino unos fulleros.

Ana I. Sánchez.

Actualizado: 17/02/2020 23:21h.

Hace casi una semana que sabemos que la CIA y la BND alemana engañaron a nuestros dirigentes como a pardillos durante más de cincuenta años. España y otros 119 países pagaron millonadas por un sistema de cifrado para las comunicaciones secretas que luego ambas agencias descifraban a placer. La magnitud de la estafa Crypto AG, «el golpe de inteligencia del siglo» publicado por el gran Greg Miller del «Washington Post», es aún incalculable. Por eso, resulta sorprendente el silencio oficial que rodea a este caso.

El Gobierno de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, al que tanto le gusta dar patadas en la espinilla a Donald Trump por cuestiones triviales, no encuentra ahora nada por lo que protestar. No es que la interceptación se produjera por superioridad tecnológica, sino que la CIA y la BND montaron una auténtica estafa empresarial. Y no es que ambas agencias accedieran a secretos, sino que el servicio estadounidense los compartía, para más inri, con sus aliados de los Cinco Ojos -Gran Bretaña, Australia, Nueva Zelanda y Canadá-. Y no es que la operación estuviera fuera del radar de la Casa Blanca, es que la Administración Reagan fue quien entregó al Gobierno británico un dosier de Argentina elaborado gracias a Crypto que fue estratégico en la guerra de las Malvinas. El doctor en Sistemas de Información del IE, Enrique Dans, lo resume así «el país hegemónico, el que tenía más poder, cimentaba ese poder en el control de la información, con las cartas marcadas».
Además de no pedir explicaciones, da la sensación de que el Gobierno de coalición tampoco está buscando responsabilidades. ¿Fueron nuestros servicios de inteligencia lo suficientemente cuidadosos cuando confiaron sus secretos a una empresa con accionistas anónimos?, ¿qué medidas se tomaron cuando surgieron las primeras sospechas sobre Crypto en los años noventa?, ¿qué acciones va a llevar a cabo Defensa para evitar una violación similar en el futuro?, ¿está el CNI revisando las vulnerabilidades de sus comunicaciones, cambiando los protocolos?

Un escándalo de estas dimensiones, donde se perdió un buen pellizco del dinero de los contribuyentes, exige unas respuestas mínimas. Si no cabe públicas, a puerta cerrada en la comisión de secretos oficiales del Congreso. El Ejecutivo, sin embargo, calla e intenta correr un tupido velo con la inestimable ayuda de la oposición, que tampoco parece querer saber hasta dónde llega este humillante timo. Craso error por dos motivos. Primero, porque los ciudadanos sienten que sus representantes no solo se han dejado estafar sino que no protestan por ello. Es obvio que el robo de información está a la orden del día en los servicios de inteligencia, pero el que una empresa cobre por un servicio que no presta es un fraude perseguible aquí y en Sebastopol. Segundo, es de una miopía preocupante creer que esconder la cabeza en el agujero dejará atrás el escándalo. Según se vayan desclasificando los documentos secretos en EE. UU. iremos conociendo la información robada a las distintas potencias, España incluida. «Hablamos de un escándalo para las próximas décadas», advertía ayer la analista de geotecnología para Artículo 30, Andrea S. Rodríguez.

Probablemente nunca sepamos cuánto dinero tiramos en Crypto AG, ni toda la información que EE. UU. robó y utilizó en nuestra contra, pero lo que no cabe es cruzarse de brazos y avalar una práctica que está muy lejos de los mínimos éticos que deberían respetarse incluso en las operaciones de inteligencia. No todo puede aceptarse.

Ana I. Sánchez.

Corresponsal.
Es que nos metes cada perorata... Si nos pusieses todos los periódicos de derechas dentro del foro terminaríamos antes.
Estoy segura de que ni siquiera lees lo que nos mandas. Parece que cumples con el foro desde el punto de la mañana y que esperas que los demás hagamos lo que tú no haces
¿leer lo que tú ni lees?
Majadero y jeta tú.
Tic, tac, tic, tac, tic, tac.
Tú sigue insultando. No sabes otra cosa
¡Cuida que te quedas sin batería, Ornopedes.
Mi nick es Olimpio *iana.
Tú ni limpio ni na, ¡anda y déjate de monsergas, mangurriano.
No parece una apisonadora. Es un destrucctor de comentarios.
O los pisotea colgando lo que todos podemos leer o los elimina si no le gustan.
Es un apisonadora
¡Otro que se suma al grupito de intelectuales cognitivos!, ¡que poca personalidad tienes *limpio.
No sé por qué no metes en el foro todos estos periódicos y nos dejamos de debates. Pareces una apisonadora.
¡Que dices, majadera, no tienes solución!
VIDAS EJEMPLARES.

Zapatero 2.

La economía ya petardea y el Gobierno lo sabe y lo oculta.

Luis Ventoso.

Actualizado: 16/02/2020 23:57h.

El viernes, volviendo de cenar en Madrid, preguntamos al taxista qué tal iba la cosa. Al parecer tocamos fibra sensible, porque el hombre se despachó: «Está empezando a pasar lo de la otra vez. Este mes ya se ha parado todo, como cuando la crisis. Y en el supermercado, lo mismo». ¿Tienen esas sensaciones algún valor o se trata solo un pesimista agorero? En España la economía nos provoca bostezos, hasta que nos llega el agua al cuello y entonces la prima de la que más hablamos es la de riesgo. No prestamos atención al goteo de malos datos. Tras un lustro de subida constante, en 2019 la venta de viviendas cayó un 3%. La cifra de creación de empleo fue la peor desde 2014. Los trabajadores afectados por los ERE se dispararon. El consumo eléctrico, termómetro obvio del pulso económico, también está aflojando. En la foto general, la España del presidente apolíneo y superprogresista crece la mitad que la del carca y aburrido Mariano. Además al Gobierno le han surgido tres contratiempos que no figuraban en el guión del Rey Sol. El primero es que el campo se ha soliviantado y está en la calle contra la gloriosa «coalición progresista», a la que acusa de no defender sus intereses y de acogotar al sector con el salario mínimo. El segundo tropiezo imprevisto ha sido el folletín de bolas y chapuzas del caso Ábalos, que a ratos parecía un astracán del Superagente 86 y que ha enojado a Estados Unidos. El tercer revés inesperado es el clamoroso fiasco con el Mobile. Aunque se escuden en el victimismo, la suspensión revela que el Gobierno y sus socios separatistas no han sabido defender nuestros intereses comerciales.
Como es lógico, Sánchez posee sobrada información que certifica que la nave económica ya surca remolinos. Pero estamos ante Zapatero 2. El Gobierno social-comunista, para el que mentir no supone esfuerzo ni novedad, se empecina en sostener que todo va viento en popa, con una ministra de Hacienda y portavoz que además vende el embuste con pasión arrebolada. El problema económico se camufla mediante maniobras de distracción. Urge despistar al público con medidas de ingeniería social que alejan el debate de los pagos del dinero, como la ley de eutanasia u otra vuelta de tuerca a la mal llamada «memoria histórica».

Pero la propaganda y la mentira también tienen sus límites. A pesar del imperio televisivo del sanchismo, cala la idea que el Gobierno no está siendo responsable (más gasto y más impuestos solo agudizarán el problema) y que tiene a bordo demasiados aficionados, que cuando ante los retos reales no saben hacer la o con un canuto. Además, se ha tornado un clamor que Sánchez pende de Junqueras.

¿Solución? Una ronda de fotos propagandísticas con gente cabal para lavar la imagen. Hoy, reunión con Casado, y mañana, el Rey en el consejo de ministros. Muy bisoño será Casado si acepta entenderse con el virtuoso del trile sin exigirle antes unos mínimos: cordura económica, fin de una mesa donde la autodeterminación figura en el orden del día y renuncia expresa a reformar el Código Penal a la medida de Junqueras. Si el PP pastelea con Zapatero 2 a cambio de unos puestecillos iniciará un camino sin retorno hacia la irrelevancia.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
VIDAS EJEMPLARES.

Loor al pirata.

No estaría mal un Vizconde de Sabina, como Isabel II tiene a sus «sires»

Luis Ventoso.

Actualizado: 13/02/2020 23:51h.

Con 71 tacos recién estrenados y un chasis más baqueteado que el telefonillo aifon que se me ahogó el otro día en el lavabo, el poeta ubetense Joaquín Ramón Martínez Sabina no está como para la maratón. Así que al país se le puso el alma en un puño cuando el miércoles hizo un Spiderman de dos metros desde el escenario del Palacio de los Deportes de Madrid. Sabina, artista ecuménico, supera barreras sociales e ideológicas. He conocido a yonquis y pijolines que bisbiseaban sus versos con idéntica devoción. España es ese país que se divide entre los «muy de Sabina» y «los de Sabina». Milito en el segundo grupo -me parece que la música flojea-, pero me gana el salero popular de sus pareados y el personaje, un culto acanallado, nunca pedante y siempre ocurrente. Además, a diferencia de petardos y petardas que todos conocemos, es un izquierdista que quiere a su país. En pleno golpe separatista, mientras otros se escaqueaban, él era claro: «Estoy radicalmente en contra de alguien que quiere hacer una patria pequeñita teniendo una tan grande».
Sabina tiene seis gatos -que juntos no suman más vidas extras que él-, dos hijas, una biblioteca enorme y una entretenida colección de amores (hasta que hace 20 años aterrizó en la comprensión de Jimena Coronado, una fotógrafa hija de un gobernador del Banco Central de Perú). No tiene miedo a morir, pero sí le aterraría quedarse ciego, porque no podría leer. Compra tres periódicos al día y se los empolla un par de horas. Dispone de tiempo para pensar, porque como el maestro Garci es un privilegiado que no gasta ni móvil ni internete. Joaquín es hijo de Jerónimo, un inspector de policía colgado de San Juan de la Cruz, y de Adela, ama de casa. Estudió en los salesianos de Úbeda y lo de ser niño no le gustaba. Vio el cielo abierto cuando se largó a estudiar Filología Románica a Granada y tuvo en su mano la llave de una fonda. Enrolado en grupos antifranquistas, hubo de escapar pitando a Londres. Allá vivió como pudo -aunque con el colchón de seguridad de una novieta inglesa-; cantó en los bares y George Harrison le soltó un día una propina de cinco libras, fue maquillador de muertos, hombre-anuncio y okupa, «antes de que se inventase la palabra». Luego empezó a componer y fundió lo que había ido absorbiendo en libros y discos, con Cohen, Dylan y Brassens en el altar.

Su arte ha mejorado con la edad, como el vino (aunque él es de tequila). Tímido con vena golfa y fondo de orden, sus años expansivos son legendarios, con sus ímpetus nasales, el JB, el Ducados perpetuo y medio Madrid con llave de su piso de Tirso. Tales proezas cristalizaron en 2001 en un ictus, que con sarcasmo sobrado llamó «el marichalazo». Desde entonces lleva veinte años haciendo que deja de fumar y sube al escenario mermado, pero heroico, como esos toreros casi artríticos que arrancan un pase único.

Sabina es patrimonio nacional. Sería un detalle que Felipe VI crease al Vizconde de Sabina, como hizo su padre con los marqueses Del Bosque y Vargas-Llosa, o como hace Isabel II cuando eleva a «sires» a los artistas que laten en el corazón del pueblo.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
UNA RAYA EN EL AGUA.

Hegemonía por hechizo.

Existe en el País Vasco una patología política que bloquea todo cuestionamiento de la hegemonía nacionalista.

Ignacio Camacho.

Actualizado: 11/02/2020 23:59h.

Si en España las elecciones se celebran para ver qué partido gobierna con el PNV, en el País Vasco lo que se disputa es el liderazgo de la oposición al partido-guía. En el primer caso, al nacionalismo le basta con media docena de diputados cuyo apoyo alquila al candidato que aspire a formar mayoría. En el segundo simplemente ejerce el poder como una rutina porque la ley electoral establece que si no se articula una alianza en contra, la lista más votada asume la lehendakaritza. Y salvo aquel pacto de 2009 en el que el PP entregó -a cambio de nada- el Gobierno a los socialistas, éstos siempre acuden en ayuda solícita de los amos naturales de la autonomía. Quizá llegue un momento en que se atrevan a acariciar con Podemos y Bildu una fórmula tripartita, pero por ahora no cuadran las cuentas y el blanqueamiento de los posterroristas no está completado todavía. La hegemonía jeltzale no peligra. Para el sanchismo es más útil comerle en la mano a Urkullu que intentar plantearle una alternativa.
Lo más llamativo de la situación vasca es la reputación fiable de una fuerza que sabe gobernar pero que históricamente ha demostrado ser capaz de la deslealtad más abierta. De romper (con Rajoy) un pacto recién suscrito o de firmar (en Estella) un acuerdo para dar oxígeno a ETA. Para los nacionalistas, la estabilidad es un concepto que sólo funciona a su favor y en su tierra; lo que suceda del Ebro para abajo no le interesa más que para llenar su cesto de competencias. Una actitud lógica desde su perspectiva que sin embargo cuenta con la simpatía de la izquierda, abducida por una especie de síndrome de sugestión perpetua. No es fácil de explicar la razón por la que el sedicente progresismo defensor de la igualdad cede por sistema, en Euskadi como en Cataluña, ante la insolidaria reclamación de la diferencia. Esa extraña patología política es el fenómeno que convierte en una permanente almoneda el modelo territorial de la nación moderna.

Lo llamativo del caso es que el hechizo afecta asimismo al centro-derecha, que aún ha no sabido encontrar el tono ni el modo de gestionar el fin del terrorismo, y muchos de cuyos votantes se han pasado al PNV en un reflejo acomodaticio, típico de sectores conservadores que sólo desean vivir tranquilos aunque sea formando parte de la clientela y del paisaje del caciquismo. Esta incomodidad subyace al fondo de la negociación entre el PP y Ciudadanos y de las dudas sobre la designación de un candidato. En un escenario tan complejo como el vasco es difícil encontrar sitio para un liberalismo del que los peneuvistas también se han apropiado; quizá el único método de abrirse espacio, a sabiendas de que será minoritario, resida en un discurso antinacionalista sólido y claro. Una propuesta que, sin dejar de ser moderada, no tenga miedo de parecer antipática por defender un proyecto de convivencia llamado España.

Ignacio Camacho.

Articulista de Opinión.
VIDAS EJEMPLARES.

El señor Lobo.

Su súbita misión «diplomática» recuerda al personaje de Tarantino.

Luis Ventoso.

Actualizado: 10/02/2020 12:40h.

Vuelvo a ver el vídeo. Dos hombres de traje y corbata dándose la mano. El más corpulento, de bigotón negro, luce una media sonrisa que transmite aplomo, dominio de la situación. El otro, de ojos glaucos, destila una eufórica alegría por ver a su interlocutor y choca su mano con tal énfasis que no la suelta, como si hubiese sufrido una descarga eléctrica en los dedos. La escena podría parecer robada de una comedieta de Mr. Bean, o tratarse de un «deep fake». Pero al parecer es real.

El hombre de los ojos claros ha viajado 38 veces a Venezuela en los últimos tres años, en calidad de «mediador internacional». Un promedio de un vuelo mensual a Caracas. ¿Para qué? Por ahora, para nada. ¿Quién paga esos viajes? No se sabe. ¿A quién representa a día de hoy? Se ignora. ¿Qué le anima a seguir yendo a Venezuela toda vez que su misión ya se dio por fracasada hace meses y que una de las partes en conflicto, la oposición, no lo reconoce como interlocutor, porque lo ve parcial y entregado al dictador? Tampoco hay respuesta.
Mientras Guaidó era aclamado en la Cámara de Representantes de EE. UU. y se veía con Trump, Maduro recibía en Miraflores a uno de sus aliados, el ministro de exteriores de Rusia, el sinuoso Lavrov. Nada más salir el hombre de Putin del despacho entró el hombre de los ojos claros. Allí tuvo la oportunidad de conversar con el dictador y orate económico (un tipo que además de machacar los derechos humanos en seis años de mandato ha provocado el éxodo de cinco millones de sus compatriotas, un desplome del PIB del -52% y una inflación del 1.700.000%). En el encuentro participó también la vicepresidenta Delcy Rodríguez, cumplimentada hace tres semanas en Barajas por el ministro Ábalos, incumpliendo así el Gobierno español sus compromisos diplomáticos con la UE, que proscribían su presencia en suelo europeo (e irritando a Estados Unidos). Una vez que la prensa española destapó el encuentro secreto, el Ejecutivo de Sánchez se defendió con su arma predilecta: la mentira serial. Seis versiones distintas del encuentro, que fueron desde negar su existencia a reconocer que duró media hora.

En España ya da todo un poco igual. Estamos a punto de cambiar el Código Penal al dictado de un preso separatista sedicioso y negociamos con él la «autodeterminación» de una región española. Pero en Estados Unidos todavía conservan ciertos principios «carcas». Por ejemplo, distinguen perfectamente quién es un aliado fiable y quién no. Su impetuoso presidente lo tiene claro: los desaires a EE. UU. se pagan. La factura de las torpezas diplomáticas de Sánchez ya ha llegado (pregunten a los aceiteros cómo les va en el mercado estadounidense tras el rejón de los aranceles). Y el festival Delcy no ha agradado en la Casa Blanca: «Quienes apoyan a Maduro deberían tomar precauciones», advierten.

En «Pulp Fiction», la película que puso en órbita a Tarantino en 1994, Harvey Keitel encarnaba al señor Lobo, un mediador cuya misión era borrar el rastro de grandes tropelías. El «caso Delcy» atufa, las mentiras chirrían y toca esconder la roña debajo de la alfombra. El señor Lobo ha aterrizado en Caracas.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
EL ÁNGULO OSCURO.

El macaneo del doctor Sánchez.

Con lo de «la ley no basta» propone una hórrida coexistencia entre Cataluña y el resto de España basada en engaños y remanguillés.

Juan Manuel de Prada.

Actualizado: 08/02/2020 00:01h.

¿ué ha querido decir el doctor Sánchez cuando ha afirmado que «la ley por sí sola no basta»? Porque es un hecho que la ley no funda la comunidad política, ni se basta para sostenerla. Decía García Morente que «entre españoles el trato puede más que el contrato, y las obligaciones de amistad pesan mucho más que las obligaciones jurídicas». Los españoles se vinculan -o se vinculaban, cuando todavía lo eran- por lazos de amistad; «no como frías abstracciones del derecho político o del Código Civil -añade García Morente-, sino como cálidas realidades de amor y de dolor».

Pero un personaje tan maniobrero, taimado, mentiroso compulsivo y refractario a la traición como el doctor Sánchez no puede estar diciendo lo mismo que el filósofo García Morente. Pues cuando García Morente nos enseña que no puede haber auténtica comunidad política fundada en meras obligaciones jurídicas nos está refrescando la enseñanza aristotélica, tan olvidada por los modernos, que nos recuerda que la comunidad política sólo puede subsistir cuando existe amistad entre sus miembros, concordancia de pareceres y justicia política. En cambio, cuando el doctor Sánchez dice que «la ley no basta» no está vindicando los fundamentos aristotélicos de la comunidad política, que le parecerán infinitamente más odiosos que la propia ley emanada de ellos. Lo que está proponiendo es una hórrida coexistencia entre Cataluña y el resto de España basada en engaños mutuos, en apaños y remanguillés, en sobornos (o promesas de sobornos que luego incumplirá), en anfibologías y vaguedades. O sea, lo que los argentinos llaman «macaneo» o necedad en el hablar, que consiste en envolver los problemas que demandan soluciones fundadas en la deliberación aristotélica de un conceptualismo vacuo o difuso, lanzado al aire con temeridad de botarate, con la intención de contentar a todos, o simplemente de embaucarlos (que es lo que fundamentalmente busca el doctor Sánchez), por alargar una situación que conviene al macaneador (en este caso, sacar adelante unos presupuestos con el apoyo de los engañados que le permitan seguir durmiendo en el colchón de La Moncloa).
El macaneo es todavía más nocivo que el error. Pues el macaneo disfraza al error, lo maquilla con ambigüedades, lo hace pasar por verdad, lo entremezcla con la verdad y con el batiburrillo hace albóndigas, con las que alimenta y mantiene entretenidas a las masas cretinizadas. Pero este macaneo de los confusionarios acaba siempre muy malamente. Porque, a diferencia del hombre noble, que otorga aquello a lo que no está obligado y se abstiene de aquello que no se le prohíbe, el confusionario hace creer que se abstendrá de aquello que está obligado y que dará aquello que se le prohíbe. Pero sus macaneos acaban tarde o temprano siendo desvelados; y entonces quienes entretanto han perseverado y se han ratificado en el error que el confusionario no les ha señalado desde el principio - ¡autodeterminación!- se cogerán un cabreo monumental, porque se considerarán -con razón- engañados. Que, siendo catalanes, será un cabreo como el que Roque Ginart describe en el Quijote: «A mí me han puesto en [este modo de vivir] no sé qué deseos de venganza, que tienen fuerza de turbar los más sosegados corazones. Yo de mi natural soy compasivo y bien intencionado; pero, como tengo dicho, el querer vengarme de un agravio que se me hizo, así da con todas mis buenas inclinaciones en tierra». Por supuesto, el confusionario doctor Sánchez no ha oído hablar de la «venganza catalana»; y un ardite que le importa, porque esa venganza no va a caer sobre sus espaldas.

Juan Manuel de Prada.

Escritor.
TRIANA. Hay que quitarse el sombrero ante el artículo de Ignacio Camacho periodista de ABC. Dice lo que sucedió y sucedió lo que vimos por tele los actos en Cataluña.

Un saludo.
Ángel, el señor Sánchez está metido en un "atasco" que no sabe como salir, todo sea por seguir en el puesto, no creo que tenga mucho recorrido, al final irán cayendo sobre su propio peso, espero que no tarde mucho, ¡de pena el ridículo que está haciendo este Gobierno de pandereta.

Un saludo.
UNA RAYA EN EL AGUA.

Vasallaje.

Sánchez ha humillado al Estado ante un don nadie. Le ha hecho la pelota a un orate despreciado por sus propios cofrades.

Ignacio Camacho.

Actualizado: 07/02/2020 00:37h.

El presidente del Gobierno ha ido a Barcelona a hacerle la pelota a un don nadie. A un tipo estrambótico, a un orate que se cree el jefe de un Estado imaginario y vive envuelto en una ficción delirante. A un xenófobo que dice que los españoles salivan rencor por sus fauces. A un impostor que ocupa un cargo en condiciones irregulares porque la Justicia le ha quitado las credenciales. Al vicario de un prófugo, al testaferro nominal de una banda de delincuentes convictos que le dan órdenes desde la cárcel. A un déspota que ha borrado del mapa político a la mitad de los ciudadanos catalanes. Esa es la clase de dirigente con la que a Sánchez le produce «un profundo sentimiento de honor» encontrarse en medio de una escenografía de ceremoniosas solemnidades. Así se lo había exigido Rufián, el mensajero del chantaje. El problema de pelotear a alguien es que al adulado, como en la célebre escena de «Pretty Woman», nunca le parece bastante. Y el napoleoncito de San Jaime ni se inmutó ante la ridícula, humillante, sobreactuada inclinación de vasallaje del más conspicuo de los edecanes presidenciales. Disfrutaba de su momento, de sus minutos de gloria y gesto grave, del hueco protocolo de guardarropía, del escuadrón de Mossos en espardenyes, del protagonismo impagable, aunque efímero, que nunca soñó cuando era un insignificante activista despreciado por sus propios cofrades.
En realidad, si se siente orgulloso no le faltan motivos: ese circo a su medida es de las pocas promesas que Sánchez ha cumplido. No por respeto a Torra, desde luego, sino porque formaba parte del pliego de condiciones exigido por los verdaderos mandarines del separatismo, que aparentan mantener un bloque unido mientras negocian el derrocamiento del fantoche a través de un tripartito. El presidente es consciente del precio del acuerdo, y lo paga sin remordimientos arrastrando al Estado a un escarnio televisado en directo, a una vejatoria legitimación de privilegios que incluyen, además de una lista de franquicias y fueros, el indulto subrepticio a los insurrectos presos y el explícito reconocimiento -«la ley sola no basta»- de su inmunidad ante el Derecho. Y todo eso también lo tendrá que cumplir sin más remedio porque está advertido de que su mandato acabará en el mismo momento en que deje de hacerlo.

La primera cláusula consistía en aceptar y bendecir un marco visual republicano, dejarse recibir en Cataluña como un invitado, poner buena cara, tender la mano, repetir mucho el mantra del «diálogo» y someterse al teatro que Torra le tuviese preparado. Misión cumplida. A costa del deterioro de unas instituciones cada vez más enfangadas y más prostituidas en medio de la letal indiferencia, o resignación, de la ciudadanía. La próxima estación del viacrucis será probablemente más comprometedora y menos propagandística. Y el sanchismo tendrá que transitarla de rodillas.

Ignacio Camacho.

Articulista de Opinión.
EL CONTRAPUNTO.

Al son de Torra y demás ralea.

¿Tanto vale para Sánchez la poltrona como para humillar al Gobierno de España sometiéndolo al chantaje de unos delincuentes?

Isabel San Sebastián.

Actualizado: 30/01/2020 00:24h.

Triste papelón el de Pedro Sánchez, bailando al son que le marcan Torra, Puigdemont, Junqueras y demás ralea independentista. ¿Tanto vale la poltrona como para humillar al Gobierno de España sometiéndolo al chantaje de un grupo de delincuentes? Porque eso es lo que son los citados elementos: individuos condenados por transgredir las leyes que nos hemos dado los ciudadanos con absoluta libertad. Cargos públicos pagados con dinero de nuestros bolsillos, que han utilizado su poder para desafiar al Estado de Derecho y se han dado de bruces con la Justicia, impecablemente respetuosa con las garantías que brinda a cualquier acusado una democracia como la española. Malhechores. En el caso de Torra, la inhabilitación dictada contra él como respuesta a su desobediencia no es todavía firme, a la espera de una resolución del Supremo, aunque ha pesado lo suficiente como para que el Parlamento de Cataluña, en manos de ERC, le desposeyera de su escaño. Su presidencia es, más que nunca, de cartón piedra. Siempre ha sido un títere del prófugo de Waterloo y ahora, tras anunciar él mismo el fin de la legislatura y la inminente convocatoria de elecciones autonómicas, no solo es una marioneta manejada por un cobarde huido en el interior de un maletero, sino un cadáver político. Un muerto viviente sin nada que perder, con una consideración de sí mismo muy superior a la que correspondería a sus méritos y un apetito de martirio semejante al de Junqueras. Ése es el personaje ante el cual va a inclinarse Sánchez el seis de febrero en Barcelona.

En nombre de ese «diálogo» sacrosanto que no se le cae de la boca y carece de sentido más allá del voluntarismo estéril, dado que la otra parte contratante proclama a los cuatro vientos su determinación de reincidir en el delito cuantas veces hagan falta hasta lograr su propósito, Sánchez se dispone a compartir mesa de negociación con ese zombi porque así se lo exigieron sus socios de Esquerra como requisito indispensable para abstenerse en su investidura y seguir hablando de futuros precios. Ni más ni menos. Dudo que alguien en La Moncloa espere algo positivo de un encuentro semejante, cuyo interlocutor va cargado de plomo en las alas por la inhabilitación dictada contra él y, a una semana del «día D», muestra su voluntad de entendimiento lanzando desde el atril su habitual grito de guerra: «Hay que avanzar para culminar la independencia». Si el todopoderoso Iván Redondo es tan inteligente como se dice, sabrá que su pupilo va a la Ciudad Condal con el único fin de brindar a los sediciosos una fotografía digna de inaugurar su campaña. La del jefe del Ejecutivo español agachando el testuz ante un «president» de dudosa legitimidad, envalentonado ante su irreversible final político, ansioso por pasar a la historia como un mártir de la causa separatista y decidido a quedarse a gusto haciéndole tragar toda la basura propagandística que se le pase por la cabeza. ¡Por cierto! ¿Se dignará Torra a dirigirse a Sánchez en la «lengua de las bestias», según definió al español/castellano, o recurrirán a un intérprete para mantener la entrevista? ¿Y Sánchez, dará la mano como si tal cosa a quien consideraba hace unos meses «el Le Pen español»?

Triste y vergonzoso papel el de quien está dispuesto a traicionar todo aquello que dijo creer, todo aquello que dice servir, con tal de mantenerse a flote. El poder corrompe, no cabe duda, cuando todo vale para conseguirlo.

Isabel San Sebastián.

Articulista de Opinión.