Foro Común


Mensajes de Columnistas y Tertulianos enviados por Triana:

POSTALES.

Mentiras y más mentiras.

Aunque se necesitan, no confían un pelo unos de otros.

José María Carrascal.

Actualizado: 12/12/2019 23:35h.

Como estoy harto de oír y leer mentiras, incluso pseudooficiales, voy a denunciarlas sin rodeos, ya que una mentira no se convierte en verdad porque se repita un millón de veces, contra lo que dicen comunistas y nacionalistas.

Es mentira que el conflicto catalán sea político, como no lo es un robo o un asesinato. Los conflictos políticos se refieren a diferencias de ideas y prácticas dentro de la Constitución. Éste la desborda. Es, pues, un conflicto judicial, penal incluso, como prueba que ha sido juzgado y sentenciado por el Tribunal Supremo. Pero lo contrabandean como político, y lo están consiguiendo, a base de insistir todas las instancias y partidos envueltos en que «hay que abandonar la judicialización y la represión». (Todas las citas son literales).

Es mentira que PSOE y ERC «dialoguen», ya que negocian en «busca de los instrumentos necesarios para encauzar el conflicto político sobre Cataluña, que deseamos abordar desde el respeto y reconocimiento institucional mutuo», o sea admitiendo las tesis nacionalistas (ilegales) sobre el mismo.

Es mentira que los nacionalistas respeten el ordenamiento constitucional español cuando exigen que la negociación sea de «tú a tú», lo que significa de igual a igual, colocando al mismo nivel al presidente del Gobierno español y al president de la Generalitat, lo que sería como colocar a éste a la altura de la alcaldesa de Barcelona o Gerona. A Pedro Sánchez no parece importarle, aunque es uno de los puntos que más problemas le ha traído al violar el rango jerárquico constitucional. La parte no es igual al todo. Lo ha solucionado disponiendo entrevistas con los presidentes de todas las autonomías. Así podrá verse con Torra (si antes no le inhabilitan por los lazos amarillos) sin causar protestas. Pero estén seguros de que su conversación con el presidente de Murcia o Castilla-La Mancha no será la misma que la que tenga con Torra. El resto sólo le sirven de coartada.

Es mentira que ambas partes jueguen limpio. Con un esfuerzo de imaginación, puede admitirse que Sánchez lo haga, aunque todo apunta que su principal objetivo es seguir en La Moncloa al precio que sea, pero los republicanos catalanes han dicho «lo volveremos a hacer» una y otra vez.

Y es mentira que estén informándonos honestamente del contenido de las negociaciones. Lo que nos dicen es tan escaso como opaco, como si tuvieran miedo de esos «avances» que anuncian. Más escepticismo aún genera la atmósfera «cordial» en que se desarrollan. Las escasísimas fotos de sexteto en torno a la mesa y el lenguaje corporal de los protagonistas es todo menos afable: Ábalos hacia adelante mirando con gesto hosco a la cámara y Rufián recostado en su asiento tamborileando sobre la mesa. El resto, con cara de palo. Y es que, la única verdad de esas reuniones es que, aunque se necesitan, no confían un pelo unos de otros. Con buenas razones.

José María Carrascal.

Articulista de Opinión.
Buena reflexión, tomen nota para llevarlo a la práctica.
UNA RAYA EN EL AGUA.

Lubricantes.

Ningún barón del PSOE irá más allá del escarceo dialéctico ni usará su poder institucional para cuestionar al Gobierno.

Ignacio Camacho.

Actualizado: 11/12/2019 23:42h.

Qué pena no ser Jaime Campmany, ilustre antecesor de esta columna, para glosar con toda la fecunda riqueza del castellano la rústica metáfora de la vaselina de García-Page. Cuánto jugo le hubiera sacado el maestro a esa escatológica frase, con su zumba murciana, su rico acervo de refranes y esa maña tan socarrona que se daba para la letrilla y el romance. Uno quisiera parecerse a él en estos trances, o haber logrado aprender del también difunto Alcántara el delicado arte de la ironía estilizada y elegante, del certero dardo verbal que vuela envuelto en el suave celofán del lenguaje. Pero todo lo que se le ocurre al respecto a este escribidor corre el riesgo de resultar impublicable, por escabroso o por socialmente incorrecto, o de caer en la broma fácil. Digamos, pues, para no pisar terreno pantanoso por tratar de ser brillante, que la gráfica alusión del presidente manchego sugiere, con elegancia más que cuestionable, que le escuecen por salva sea la parte los tratos de Sánchez con los separatistas catalanes. Y que como el toma y daca cuaje en plenas navidades va a tener que echar mano del popular lubricante. Podía haber sido menos rudo pero entonces no hubiese acaparado titulares ni llamado la atención de nadie.

Sucede que esta oposición es meramente retórica, de boquilla, puro postureo. Más clara y más honesta que la de otros barones socialistas, desde luego, pero ni él ni el aragonés Lambán están dispuestos a ir más lejos. Hablan para su gente, para poner a salvo su propio trasero ante unos votantes alarmados por el posible acuerdo, a sabiendas de que su voz carece del mínimo peso en un partido cuyo líder ha laminado a golpe de referéndum la influencia de los escalafones intermedios. Ya es algo; a Susana Díaz no se le ha escuchado ni eso. El malestar de los dirigentes del PSOE más tradicional es cierto porque a su electorado le chirría el acercamiento a un nacionalismo supremacista que trata a las regiones menos desarrolladas con evidente desprecio. No pasarán, sin embargo, de la expresión más o menos transparente de su desaliento, que caerá en vacío porque el sanchismo ha erradicado cualquier atisbo de debate interno. Ninguno plantará cara más allá de estos escarceos dialécticos; ninguno usará su poder institucional para cuestionar la estrategia del Gobierno. Entre el patriotismo de partido y el de país se quedan con el primero. Así es también en todas las demás formaciones, aunque resulte un pésimo consuelo: un poquito de discrepancia para aparentar autonomía de criterio y a la hora de la verdad, todos quietos y firmes ante el mando supremo.

Así que, salvo un milagroso ataque colectivo de razón constitucionalista, los disidentes del pacto con ERC van a tener que hacer en estas fiestas provisión de antiácidos y de bálsamos de parafina. Para digerir ruedas de molino y para proteger del escozor… las palmas y las rodillas.

Ignacio Camacho.

Articulista de Opinión.
POSTALES.

¿Diálogo o trampantojo?

La autodeterminación no existe en los Estados democráticos excepto con el consentimiento general.

José María Carrascal.

Actualizado: 11/12/2019 07:49h.

Más de tres horas han necesitado las delegaciones del PSOE y de ERC en dar a luz un magro comunicado -apenas unas líneas- donde lo único claro es que no están aún de acuerdo, pero esperan alcanzarlo. La atmósfera es «cordial» y «avanzan en la definición de los instrumentos necesarios para encauzar el conflicto político catalán», prosa barroca que hace sonar los timbres de alarma al ser la que suele usar la camelancia, así que conviene estudiarla con lupa. Si avanzan, es que todavía no los han encontrado, lo que confirma que siguen buscándolos e incluso ven difícil encontrarlos antes de navidades, como quería Sánchez, amante de los golpes de mano. Mientras, los republicanos catalanes no tienen prisa y, menos, darle la investidura sin haber amarrado todos sus objetivos. Aunque ya en estas primeras escaramuzas le han metido un gol. Me refiero al haber introducido en la negociación el «conflicto político catalán». Parece una bagatela, pero en realidad es el eje, el principio y fin del contencioso. Porque si el conflicto catalán es político, que lo es, pero no sólo eso, sino también jurídico, legal, constitucional, los jueces, juicios y sentencias sobran, como vienen sosteniendo los independentistas. No sé si Pedro Sánchez se ha dado cuenta o no ha querido darse, tal es la prisa que le corre ser investido, pero sí sé que, desde esa plataforma, a los secesionistas les será mucho más fácil alcanzar sus siguientes objetivos: la libertad de sus líderes encarcelados y el derecho a la autodeterminación. Aunque saben también que sería el fin de Sánchez y un gobierno en Madrid infinitamente más duro con ellos. Así que pueden contentarse, de momento, con algo parecido, que figura en el comunicado de la reunión: «Los instrumentos necesarios para encauzar el conflicto». ¿Se refiere a que el Govern catalán tiene transferidas las instituciones penitenciarias y el próximo sábado debe clasificar a los condenados por el procés, que podrían acceder a uno de los tres grados según su condena? Tal vez sea mucho pedir el tercero, que sólo les obligaría a dormir en prisión de lunes a viernes, aunque ellos piden el indulto. El segundo grado ya se aplicó a Pujol hijo, que duerme en su celda, y el día libre. Mientras al tercer grado es el que se aplica a Iñaki Urdangarin, que recibe permisos de trabajo fuera, así como días libres. Dada la vista gorda de la Generalitat con los suyos, sería una condena más virtual que real.

La autodeterminación será bastante más difícil porque tal derecho no existe en los Estados democráticos excepto con el consentimiento general. Me los imagino buscando afanosamente en los diccionarios un sintagma que pueda camuflarlo. ¿Será «Cataluña sujeto político»? ¿Por qué no? ¿Acaso la secesión no se ha disfrazado de conflicto político sin que pase nada? Lo malo es que todos querrían serlo, armándose no la Tercera, sino la Primera República.

José María Carrascal.

Articulista de Opinión.
YOLANDA GÓMEZ ROJO.

Los sindicatos y el independentismo.

No sé en qué benefician a los trabajadores las cesiones que sánchez tendría que hacer para lograr el apoyo de ERC.

Yolanda Gómez Rojo.

Actualizado: 09/12/2019 03:02h.

Los secretarios generales de UGT y Comisiones Obreras han visitado esta semana a Oriol Junqueras, líder de ERC, en la cárcel de Llenoders, dicen que para conocer de primera mano cómo ve la situación política del país. Ante algunas informaciones periodísticas que aseguraban que la visita había sido para pedir el apoyo de la formación independentista al posible Gobierno de coalición de socialistas y podemitas, el líder de UGT, Pepe Álvarez, se justificó asegurando que no le pidieron exactamente ese apoyo y que solo hablaron de la necesidad de un pacto de fuerzas progresistas, entre las que incluye a los independentista de ERC, porque «con su voto puede cambiar leyes que beneficien a la mayoría».

Sinceramente dudo mucho de que a buena parte de los trabajadores españoles, cuyos intereses supuestamente defienden UGT y Comisiones Obreras, les haga la más mínima gracia que sus representantes sindicales se metan a hacer de intermediarios políticos con un señor al que los tribunales han declarado culpable de sedición y malversación de caudales públicos. No sé en qué medida pueden beneficiar a los trabajadores españoles las cesiones que un posible Gobierno PSOE-Podemos se vea obligado a hacer para obtener el apoyo de ERC. Quizás tuviera más sentido que Pepe Álvarez y Unai Sordo hubieran dedicado sus esfuerzos a convencer a Oriol Junqueras de que deje de hacer daño a los trabajadores, a los catalanes y a los del conjunto de España, impulsando un proceso independentista que ha provocado ya la huida de más de 4.000 empresas de Cataluña, y ha relegado a la que durante años fue la región más próspera de España, a un segundo plano.
VIDAS EJEMPLARES.

Cómico, de no ser penoso.

Ruedas de prensa de estadista que evocan a Chico Marx.

Luis Ventoso.

Actualizado: 04/12/2019 23:52h.

El prodigioso genio judío ha descollado en todos los campos, incluido el humor. Los seis hermanos Marx nacieron a finales del XIX en el Upper East Side neoyorquino, hijos de inmigrantes: un sastre alsaciano y una madre de la Baja Sajonia, de familia de ventrílocuos y músicos de variedades. Fueron enrolados en compañías de vodevil en plena adolescencia. Bailaban, cantaban, y como concepto general, hacían el ganso. Una tarde de 1912 cayeron en un teatro de Marshall, la pequeña ciudad tejana que inventó el boogie-woogie. La actuación se vio interrumpida por un vocerío a las puertas, provocado por una mula enloquecida. El público salió en tropel a curiosear. Cuando retornaron a la sala, Groucho, de 22 años, comenzó a ridiculizarlos con juegos de palabras sarcásticos. Y ocurrió lo inesperado. En lugar de enojarse, aquellos palurdos comenzaron a reírse. Los Marx tuvieron su epifanía. Los diálogos cómicos se convirtieron en la entraña de su espectáculo. A finales de los años veinte ya eran un acontecimiento teatral nacional. En 1929 los descubrió la Paramount y los hizo universales y eternos.

De cuando en vez vuelvo a ver una clásica comedia de los Marx. Siempre logran hacerme reír, al ridiculizar lo absurdo de una realidad que pretendemos seria. En «Una noche en la ópera», Chico Marx, que guarda cierto aire facial con nuestro eventual presidente del Gobierno, es un representante que intenta que Groucho contrate a un tenor. En una célebre e hilarante burla del lenguaje administrativo hueco, Chico tiende un larguísimo contrato a Groucho y le dice: «Haga el favor de prestar atención a la primera cláusula, porque es muy importante. Dice así: “La parte contratante de la primera parte será considerada la parte contratante de la primera parte”. ¿Entendido?».

Ayer, 16 días después de la sentencia de los ERE, que probó que altos cargos del PSOE robaron 680 millones de los parados, el secretario general de ese partido, Sánchez, se vio forzado a romper su silencio sobre el mayor caso de corrupción de nuestra democracia. La cumbre de la OTAN en Londres lo obligó a conceder una rueda de prensa y un periodista de ABC, Esteban Villarejo, aprovechó para preguntarle por los ERE. Sánchez, que derribó a Rajoy invocando los casos de corrupción de dos alcaldes, se sacudió el escándalo con tres frases: «Las responsabilidades se asumieron hace tiempo. Hace años que se asumieron esas responsabilidades. No hay más que hablar». Chico Marx no lo habría hecho mejor.

Los hechos y la lógica resbalan sobre las anchas espaldas de un gobernante que tiene como compás la amoralidad táctica. El hombre que repetía «no es no, señor Rajoy, ¿qué parte del “no” no entiende?», demanda ahora a PP y Cs que sostengan su gobierno con la ultraizquierda. El presidente de España promueve un «diálogo dentro de la Constitución» con unos partidos que le exigen como condición sine qua non una «autodeterminación» que no cabe en la Carta Magna. «La política es el arte de buscar problemas, diagnosticarlos incorrectamente y aplicar los remedios equivocados». Groucho nos ofrece ultratumba el más certero análisis politológico del sanchismo.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
EL CONTRAPUNTO.

Puro teatro.

No es posible un pacto de Estado entre PSOE y PP porque Sánchez no quiere. Ya lo tiene cerrado con Podemos, ERC y Bildu.

Isabel San Sebastián.

Actualizado: 05/12/2019 00:09h.

Estoy convencida de que Pedro Sánchez tiene perfectamente amarrado su gobierno con Podemos, ERC y Bildu desde hace tiempo. Mi única duda es si ligó su suerte a la de estas fuerzas rufianescas antes o después de la repetición electoral. Probablemente existiera una especie de entendimiento tácito para no dejar escapar una segunda oportunidad, pendiente de rematar flecos en función del veredicto de las urnas. Y puesto que éste resultó demoledor para tres de los cuatro participantes en la cama redonda, el mismo diez de noviembre por la noche se intercambiarían los pertinentes mensajes destinados a refrendar el preacuerdo existente, sin prejuicio del teatro político al que estamos asistiendo desde entonces, indispensable en el empeño de salvar las apariencias.

Nos están tomando el pelo, esa es la realidad. No existe la menor posibilidad de que se fragüe un gran pacto de Estado entre PSOE y PP, por la sencilla razón de que el candidato socialista no quiere. Nunca ha querido. Su deseo habría sido gobernar en solitario, al arbitrio exclusivo de su voluntad. Pero puesto que el pueblo español le ha cegado dos veces consecutivas esa vía, se ve obligado a conformarse con el mal menor, que a sus ojos es este Frankenstein monstruoso en trance de gestación.

Sánchez regresó triunfante al puente de mando de Ferraz cabalgando el tigre de una militancia radicalizada y sabe muy bien a quién debe lo que al fin ha logrado ser. No está a punto de colmar su desmedida ambición gracias a su talento, ni a su talante, ni desde luego a su buen hacer, ni tampoco a los órganos de dirección de un partido hasta no hace mucho respetable y escrupulosamente leal a la Constitución, que con buen criterio reaccionó a su veneno expulsándolo del poder, sino a esas bases sectarias más próximas ideológicamente a Pablo Iglesias que a Felipe González. Ellas son su sostén y él es consciente de que les repugna infinitamente más el término «derecha» que otros como «derecho a decidir», frontalmente opuesto a la soberanía nacional consagrada en la Carta Magna, o «conflicto político», claudicante eufemismo referido al intento de sedición perpetrado por los máximos dirigentes de la Generalitat de Cataluña, por no mencionar la verborrea con la que el terrorista Otegi sigue justificando a día de hoy el historial sanguinario de una banda asesina reconvertida en fuerza política sin renegar de ese historial ni pedir perdón a sus víctimas. Esa es la hueste que acompaña al candidato del puño y la rosa en su marcha al «asalto del cielo», en palabras de su vicepresidente Iglesias, bajo el estandarte del «progresismo dialogante», paradigma del lenguaje falsario. Aunque dialogar, dialogan; eso sí, selectivamente, con quienes abogan por romper la unidad de España y quienes lo han intentado a tiros, antes de prestar oído a las propuestas de los populares.

Basta pues de prestarnos a engaños. La pelota no está en el tejado de Pablo Casado, a quien Sánchez no se digna coger el teléfono, sino en el del líder socialista. Él y solo él será responsable de lo que ocurra en los próximos meses y años. Él ha escogido aliarse con quienes juran a regañadientes acatar «por imperativo legal» o «por los presos políticos» una Constitución que no respetan. Él se ha abrazado al comunista que hace unos meses le quitaba el sueño. Ahora escenifica el paripé de una negociación endiablada con Ezquerra, porque tanto Junqueras como él necesitan aparentar de cara a la galería que venden cara la piel. Pero es mentira. Para nuestra desgracia, «alea jacta est».

Isabel San Sebastián.

Articulista de Opinión.
JUAN CARLOS GIRAUTA - LIBERALIDADES.

La diosecilla.

Tal vez se trata de la primera escuela científica que necesita valerse del miedo, de una profetisa adolescente.

Juan Carlos Girauta.

Actualizado: 03/12/2019 07:52h.

No profeso la religión que venera a Greta Thunberg. Deploro su idolatría, me ofenden esos fervorines que justo conservan lo peor de los credos: la fe del carbonero, la exaltación gregaria que tanto impresiona a las mentalidades inmaduras. Es casi innecesario señalar la paradoja: dicen los adeptos que se trata de ciencia. ¿Ciencia? La de una diosecilla adolescente pronta a la admonición, índice acusador, ceño fruncido. ¿Ciencia? Cualquier matiz acarrea cargo de herejía negacionista. ¿Ciencia? De emociones desatadas, llantinas de fieles, misión salvífica y anuncios apocalípticos. O sea, una doctrina milenarista de manual.

O bien se trata de la primera escuela científica que necesita valerse del miedo, de una diva crispada, de una profetisa adolescente que ni siquiera va al cole porque tiene bolos en Naciones Unidas, en el Vaticano, en Madrid y en el especial navideño de la BBC. « ¡Me han robado la infancia! ¿Cómo se atreven?», espetó Greta, ingrata, a los representantes del mundo, pues no otra cosa eran los gobernantes a quienes acusó de traición en Nueva York con mirada abrasadora, rictus de fetiche maya y una voz que convierte en un moñas al Gran Inquisidor de Dostoievski.

«Pura ciencia», insistía Greta a los periodistas. Pero sin crítica posible no hay ciencia que valga, como sabemos desde Popper. Tampoco democracia, que el filósofo de la falsación sirve lo mismo para la metodología científica que para dibujarnos las sociedades abiertas. Esto no va de ideas, ni de conocimiento, ni de interpretación de estadísticas, espacios donde una miríada de expertos del clima podrían desempeñar una labor pedagógica que se echa en falta, «concienciando» al personal sin asustarlo hasta la histeria.

Lo de Greta tenía que ocurrir. En primer lugar, por el tratamiento del cambio climático desde Al Gore, el del pánico y las mentiras incómodas (véase Factfulness, de Hans Rosling). Después está el entorno familiar de Greta, portal de Belén de la sociedad del espectáculo. Pesebre sueco: en el papel de Virgen María, la artista Malena Ernman, cantante eurovisiva; encarnando a San José, Svante Thunberg, actor de televisión y productor de teatro. En esto último, a la vista está, el padre es un auténtico monstruo. Él mismo explicó: «Nuestra hija tiene síndrome de Asperger, autismo de alto funcionamiento y TOC, trastorno obsesivo-compulsivo. También podemos incluir mutismo selectivo en el diagnóstico, pero es un trastorno que a menudo desaparece con el tiempo».

Lo que difícilmente desaparecerá jamás es la tremenda huella que van a dejar en el ser humano Greta Thunberg la irresponsabilidad de unos padres que avalan la consideración de los trastornos de su hija como «superpoderes», el hambre contemporánea de fe en cualquier cosa, y el frío cálculo de varias multinacionales que han escogido esta modalidad de marketing para acelerar una transformación tecnológica por otra parte deseable.

Juan Carlos Girauta.

Articulista de Opinión.
UNA RAYA EN EL AGUA.

España evaporada.

Con el nuevo proyecto estatutario, el Estado tendrá que pedir permiso al nacionalismo para existir en el País Vasco.

Ignacio Camacho.

Actualizado: 01/12/2019 23:54h.

La primera consideración que plantea el proyecto del nuevo Estatuto vasco es la de para qué hace falta un nuevo Estatuto vasco. Y no basta la respuesta de que lo reclama una mayoría de ciudadanos -o de partidos- vascos, porque un Estatuto es una ley orgánica paccionada que se aprueba en las Cortes y por lo tanto se supone que responde a una necesidad reconocida por el Estado. Si la española fuese una democracia fuerte, en la que el concepto de la soberanía contase con suficiente arraigo, el Congreso debería limitarse a inadmitirlo sin entrar en el fondo de su articulado. Simplemente, no es un asunto prioritario. La autonomía vasca funciona con notable éxito y sus márgenes son lo bastante amplios -hay quien opina que demasiado- para garantizar los servicios y los derechos de los ciudadanos. Ir más allá, sobre todo en el sentido que propone el borrador que hoy comenzará su curso parlamentario, supone la creación de un espacio confederal en el que la idea misma de España, y desde luego su presencia institucional, se evaporan de facto. Menos mal que el PNV, su principal promotor, pasa por moderado.

Entrando en detalles, el texto se anexiona en la práctica Navarra, se apropia de todas las competencias administrativas, se permite definir una «identidad nacional» vasca, con la consecuente atribución de un sujeto político distinto del que establece la Carta Magna, y se arroga derechos propios como el de una autodeterminación a la carta. El Plan Ibarretxe 2.0, planteado con cierto decoro y en una dosis de arrogancia algo más baja. Pero la voluntad de acuerdo es mera cortesía: subyace la amenaza de abrir un conflicto si el Estado no traga. Que tragará en mayor o menor escala porque Sánchez necesita a los nacionalistas dentro de su alianza de poder y porque el PSE y Podemos ya han consensuado gran parte de su traza.

Es más: el PP ha rechazado el boceto pero ha presentado su texto alternativo, lo que significa aceptar el marco mental y político planteado por el nacionalismo. O sea, el designio de avanzar en un autogobierno que la mayoría de votantes del centro-derecha español consideran ya desigualitario y hasta abusivo. Si ésta es la posición del único partido que en Euskadi defiende la lealtad al constitucionalismo, qué se puede esperar de los que la cuestionan desde un principio. Cada vez parece más remota la posibilidad de que los populares entiendan que para existir en el País Vasco no necesitan pedir permiso.

Domina en la política nacional, a derecha e izquierda, el pensamiento de que al PNV hay que agradecerle que no reclame la independencia. En eso consiste la supuesta moderación de una fuerza que se las apaña de tal modo que parezca que las elecciones generales se celebran para ver quién tiene el privilegio de negociar con ella. En el error de caer en su trampa va incluida la penitencia que acabará pagando España entera.

Ignacio Camacho.

Articulista de Opinión.
VIDAS EJEMPLARES.

Éxitos de Sánchez.

Pensándolo un poco, a lo mejor va y resulta que no ha hecho nada.

Luis Ventoso.

Actualizado: 30/11/2019 23:48h.

Todos tendemos a considerarnos mejores de lo que somos. Y si tienes el ego pasado de revoluciones, el fenómeno se exacerba y puedes creerte Bob Dylan con el talento del DJ Paquirrín Rivera. A la hora de evaluar la gestión de Sánchez existen dos visiones. Una es la que tienen él, Bego y Adriana Lastra. La otra, la del resto del planeta. Sánchez se contempla en el espejo y ve a un providencial presidente progresista, que ha traído por fin la democracia a España desenterrando y volviendo a enterrar los huesos de Franco. Un mandatario que ha «recuperado derechos», ha subido las pensiones y el salario mínimo, ha atracado al Aquarius en Valencia y ha reabierto el «imprescindible diálogo» en Cataluña. Además es súper verde, súper feminista y súper apolíneo y gana todas las elecciones con victorias «históricas» (que lo hacen histórico rehén de comunistas y separatistas). Es el bastión que frena a «la ultraderecha» -que nunca ha tenido tantos votos como con él- y que sale a trotar con glamur atlético (mientras que el apolillado Mariano no pasaba de una marcheta tipo Imserso activo en Marina d’Or). Por último, ha regenerado la vida pública, acabando con la corrupción endémica del facineroso PP.

La otra forma de ver sus 18 meses es un pelín más pesimista. Sánchez, que desalojó a Rajoy por los chanchullos de dos alcaldes, ha perdido el habla desde la sentencia de los ERE y no ha dado acuse de recibo ante el hecho probado de que el PSOE guindó casi 700 millones de los parados. El regenerador incurrió en plagio en su tesis, y una vez destapado por ABC, trucó un test para intentar exculparse, según denunció la empresa alemana dueña del programa informático. Ha asaltado con descaro TVE y el CIS y mantiene a ministros con deslices que antaño consideraba de dimisión incendiaria.

En Cataluña, el diálogo va viento en popa: en octubre de 2017 hubo un levantamiento sedicioso y ahora estamos a las puertas de otro, con un Parlament que ya se toma a chufla las decisiones del TC y un presidente de la Generalitat que corta personalmente autopistas. Con Sánchez se han alcanzado niveles desconocidos de violencia callejera. Ha logrado aumentar el desorden en Cataluña y que suba el envite separatista en el País Vasco.

En economía, ha sido incapaz de aprobar unos Presupuestos e iniciaremos 2020 con los de Montoro, El Cid de la contabilidad pública, que sigue ganando batallas después de muerto. Con la subida del salario mínimo y su desdén hacia bancos y empresas, Sánchez ya está aumentando el paro. Con su populismo con las pensiones va camino de arruinar el sistema si no acomete reformas, según le advierten la OCDE, el Banco de España y la UE. En inmigración, se puso estupendo al llegar, provocó un efecto llamada... y ha acabado plagiando la política posibilista del viejo Mariano. En política exterior, manda al Rey a Cuba a cumplimentar a la dictadura y encabrona a Estados Unidos con desaires chuletas, provocando que nos suban los aranceles. Por último, el valor de su palabra es calderilla, o menos (véase el pacto con Podemos y la negociación con ERC). Pronóstico: va a hacer bueno a Zapatero.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
VIDAS EJEMPLARES.

La burra del diálogo.

Algún día nos explicarán de qué se puede dialogar con quien solo acepta la independencia.

Luis Ventoso.

Actualizado: 24/11/2019 00:15h.

Vamos con una parábola tipo Barrio Sésamo para intentar explicar una situación obvia, embarullada artificialmente por la empanada buenista del «progresismo». Imaginemos una bonita y agradable urbanización residencial de 17 chalés adosados. La propiedad está regida por una serie de normas generales, que obligan a todos los dueños de viviendas que allí habitan, pues las han aceptado al rubricar sus contratos. Una de las reglas estipula que el linde entre cada casa y su vecina se marcará mediante un seto de tuyas, que nunca superará el metro y medio de altura. Pero hete aquí que tras décadas de convivencia armónica, los dueños de uno de los chalés, precisamente el que ha sido primado por los promotores con las mejores calidades de la urbanización, deciden que nones, que ellos no quieren el seto vegetal común a todos, que su deseo emotivo es levantar un muro de hormigón de dos metros de alto que los aísle de los chalés vecinos. El administrador de la finca les explica que tal pretensión no es posible. Les ofrece que -como mucho y por ser ellos- podría permitirles que su cierre arbolado fuese un poquito más alto que el de los demás. Pero los del chalé VIP se empecinan en su muro de hormigón, alegando que son «diferentes» (léase superiores). Para imponer su «solución al conflicto», creado artificialmente por ellos, exigen al gestor de la propiedad «una mesa de diálogo», con un único punto de orden del día: «Reconocimiento de nuestro derecho a levantar un penco muro de hormigón de dos metros que nos separe de nuestros casposos vecinos». Lógicamente, el administrador les responderá que ahí no cabe diálogo, pues lo que le están presentando es un ultimátum para imponer algo que vulnera las normas generales.

Zapatero, personaje adornado con la singular habilidad de equivocarse casi siempre, explicó ayer que la solución ante el envite de la minoría separatista catalana es, por supuesto, «dialogar»: «La respuesta más democrática, y la más fiel a la idea de la unidad de la España democrática, es la del diálogo». La frase anterior ejemplifica uno de los problemas que enturbian hoy nuestra vida pública: se dan por buenos asertos contrarios a toda lógica. Dialogar con quien te exige como punto inexcusable para sentarse a la mesa «la autodeterminación», una figura que el derecho internacional no reconoce para casos como el español, es en realidad un absurdo conceptual. Sostener que dialogar con quienes solo aceptan la independencia supone una iniciativa «fiel a la unidad de España» es directamente una sandez. Lo que eufemísticamente llaman «diálogo» en realidad consiste en autorizar la autodeterminación. Y si la aceptas, lo que estás haciendo es fumarte la soberanía nacional, que reside en el conjunto del pueblo español, y dinamitar la unidad de España.

Ojalá me equivoque, pero se masca que habrá diálogo felón, mesa «de país a país» con los que vienen a por nosotros y nuevas sonrisas genuflexas ante xenófobos de lacito amarillo. Tras su patinazo electoral, a Sánchez le viene bien para aguantar en La Moncloa, y ahí empieza y concluye su sentido (o sinsentido) de Estado.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
EL CONTRAPUNTO.

«Desviar» fondos para el PSOE es robar.

Chaves y Griñán no son Robin Hood y Little John, sino dos altísimos dirigentes socialistas expertos en comprar votos.

Isabel San Sebastián.

Actualizado: 21/11/2019 00:19h.

Los pocos socialistas que se han atrevido a pronunciarse sobre la sentencia de los ERE coinciden en aferrarse a una misma línea defensiva: los condenados son gente honrada porque no se quedaron con un solo euro. «No se lo llevaron a casa», arguyen. Como si apropiarse del dinero del contribuyente para comprar votos fuese perfectamente aceptable, siempre que esos votos vayan al Partido Socialista, por supuesto. Cuando es otra formación la beneficiaria de un desvío de fondos destinados a un fin distinto que su lucro político, entonces las mismas voces ponen el grito en el cielo y no dudan en calificarla de «partido corrupto». Porque las únicas siglas legitimadas para emplear nuestro dinero como les plazca son las del PSOE. Para eso son los buenos, los solidarios, los progresistas, etc. Cuando ellos se saltan la legislación vigente y los controles administrativos lo hacen pensando en un bien superior que escapó a la mente del legislador. Cuando es el PP quien incurre en la misma conducta, exigen la dimisión de su líder y le montan un moción de censura para asegurarse de que no eluda su responsabilidad. Ellos se rigen por la ley del embudo: la ancho para ellos, lo estrecho para el rival.

La trama de los ERE fraudulentos, creada desde la Junta de Andalucía y mantenida durante nueve años al amparo de sus presidentes, se tragó seiscientos ochenta millones de euros. Ciento doce mil millones de las antiguas pesetas, procedentes de nuestros bolsillos, que se fueron por el sumidero de una gigantesca red clientelar cuya finalidad no era otra que fidelizar el voto a la papeleta de «la PSOE» y alimentar una ficción de paz social basada en las subvenciones a fondo perdido generadoras de dependencia: « ¿Quieres comer, aunque sea sin dar golpe? Ya sabes a quién tienes que votar...». Por ese gigantesco escándalo de corrupción sistémica han sido condenados Manuel Chaves y José Antonio Griñán, que no son la versión andaluza de Robin Hood y Little John, sino dos altísimos representantes del Partido Socialista Obrero Español expertos en el arte de perpetuarse en el poder por el procedimiento de retribuir en metálico y con cargo a los presupuestos la lealtad inquebrantable a sus siglas.

En lo que a mí respecta, me da exactamente igual que me roben el dinero para una cosa que para otra. En qué se lo gaste el ladrón me resulta indiferente. Y considero que la compra de una poltrona es un fin tan ilícito como la de una mansión en las Bahamas. Lo que a mí me molesta profundamente es ser víctima de un expolio continuado del fruto de mi trabajo, vía impuestos confiscatorios, para acabar descubriendo que una buena parte de ese dinero no está donde debería estar ni existe esperanza alguna de ir a recuperarlo. Me subleva que me tomen por idiota y pretendan convencerme de que la corrupción es o no es corrupción en función de que beneficie a la derecha o a la izquierda. Me repugna el doble rasero aplicado a una misma práctica, siempre condenable, consistente en confundir el interés común con el particular, ya sea éste personal o partidista. Y me asquea la incoherencia y la cobardía de dos individuos llamados Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, que se escandalizaban ante la podredumbre ajena y ahora se hacen los locos cuando la Justicia destapa su monumental olla podrida, infinitamente más costosa para las víctimas del atraco, por cierto. Nunca mejor dicho en referencia a su celebrado pacto, «progresista» es a «progreso» lo que «carterista» a «cartera».
ENFOQUE.

¿Cosa de «tres o cuatro golfos»?

Defraudaron casi 700 millones.

Álvaro Martínez.

Actualizado: 20/11/2019 00:23h.

Pues no, parece que no era cosa de «tres o cuatro golfos», como dijo en su día Manuel Chaves para minimizar las dimensiones de tan gigantesco escándalo de corrupción, sino, por lo menos, de diecinueve golfos, si nos atenemos al primer significado que la Real Academia ofrece del término: deshonesto. Y entre los (al menos) diecinueve golfos está, según la Audiencia Provincial de Sevilla, el propio Chaves, santo y seña del socialismo en Andalucía durante casi dos décadas. ¿Qué han sido todas estas personas con el PSOE, qué puestos han ocupado? Tenemos de todo un poco: presidentes del partido, ministros del Gobierno de España, presidentes de la Junta de Andalucía, consejeros, viceconsejeros o directores generales, casi todos con carné del partido y principalísimos agentes del socialismo español, implicados en una trama que desfalcó casi 700 millones de euros, que sabe Dios en qué manos quedaron y que será casi imposible recuperar para la Administración. Nos quedamos en aquel colchón lleno de billetes del sindicalista Lanzas, el que tenía dinero «para asar una vaca», según su madre. Y nos quedamos en los fiestones con cocaína en los más rumbosos puticlubes de Sevilla. Es lo más jacarandoso de tan formidable desfalco, pero hay mucho más... Nos quedamos en las subvenciones irregulares a fondo perdido (nunca mejor dicho) a amigotes, familiares o empresas de confianza. Nos quedamos con todos esos trabajadores «fantasma» que eran incluidos de matute, porque sí y sin haber dado un palo al agua, en el ERE de esta o aquella empresa. Nos quedamos asimismo con los fondos que desde la administración autonómica se repartían en organismos que no tenían competencia para ello. Nos quedamos, claro, en cientos de ayudas dadas sin solicitud oficial ni reglada. Nos quedamos con que mientras funcionó ese sistema corrupto más de 9.000 empresas andaluzas presentaron expediente de regulación de empleo que afectaron a 120.829 trabajadores y que prácticamente ninguno de esos ERE fue bendecido por el chorreón de fondos que arbitrariamente repartía la Junta. Nos quedamos, en fin, helados, casi congelados, al conocer las dimensiones de un fraude masivo que le va a costar casi 70 años de cárcel al grupo delincuencial, al que también se inhabilita por espacio de más de dos siglos y medio para ejercer cualquier cargo público.

Era el dinero de los parados y aún estamos esperando que tras la sentencia alguien en el PSOE pida perdón a los andaluces.

Álvaro Martínez.

Redactor jefe.
UNA RAYA EN EL AGUA.

La vía chilena.

La violenta protesta de Chile deja una enseñanza inquietante: se puede cambiar una Constitución asaltando la calle.

Ignacio Camacho.

Actualizado: 17/11/2019 23:49h.

Quizá ya no haya que mirar a Venezuela para seguir la «trazabilidad» ideológica y política de Podemos. Tampoco a Ecuador ni a esa Bolivia que años atrás inspiró la tesis de Íñigo Errejón y ahora ha enviado al exilio a Evo Morales. El bolivarismo está en horas bajas y el régimen de Maduro ya no es un referente decoroso ni siquiera para los que hasta hace bien poco daban vivas a Hugo Chávez. El Brasil del populista Bolsonaro ha reducido la influencia que Lula ejerció en los europeos de progresismo diletante. No; el eje de la izquierda iberoamericana -ellos dicen latinoamericana- está en otra parte. En la Argentina del renacido kirchnerismo de Alberto Fernández -a cuya toma de posesión quiere enviar al Rey el Gobierno de Sánchez- y en ese Chile donde el presidente liberal Piñera se ha doblegado ante una protesta incendiaria que deja en pañales los recientes disturbios catalanes. Atención a la «vía chilena»: el camino hacia una Constitución de nueva planta impuesta mediante la presión violenta de multitudes apoderadas de la calle.

El proceso constituyente -es decir, destituyente del actual marco democrático- figura en el ADN político de un Podemos que no ha renunciado a su origen revolucionario. Los optimistas piensan que el poder dotará a Iglesias de un pragmatismo sobrevenido por contacto con las responsabilidades de Estado. Pero su partido no ha abdicado, como el felipismo en la Transición, de sus objetivos programáticos: estas cosas se hacen en un congreso y se oficializan con cambios estatutarios. Así que hasta nuevas noticias, Sánchez se va a coaligar con una formación que pretende refundar «el régimen del 78» más tarde o más temprano. Y que cuenta en su empeño con la empatía de nacionalistas y autodeterministas varios y de un separatismo con el que mantiene fluidas líneas de diálogo.

Obviamente no existe una mayoría parlamentaria con masa crítica para cambiar o abolir la Carta Magna. En este punto es donde el ejemplo de Chile sugiere inquietantes concomitancias porque entronca con la veterana afición izquierdista a la movilización de masas. La claudicación de Piñera, el Gobierno más estable de Suramérica, enseña la posibilidad de un salto cualitativo, de una aceleración histórica a gran escala: el orden jurídico se puede alterar por las bravas a través de estrategias de tensión organizada. Sólo hace falta una estructura institucional lo bastante debilitada para que no resulte difícil intimidarla. Ése ha sido el propósito de los «chalecos amarillos» en Francia, donde el potente y centralista Estado ya ha efectuado concesiones impensadas. Más cerca en el espacio y en el tiempo está la tempestuosa revuelta alentada desde la propia autonomía catalana. El malestar social como coartada de una insurgencia espontánea. Acaso sea pronto para la alarma pero nadie debería olvidar que los futuros ministros se estrenaron ocupando plazas.

Ignacio Camacho.

Articulista de Opinión.
Igualmente para ti, feliz tarde Paco, la verdad es que cada día me cuesta más, ya veremos que hago el próximo año, todo depende de lo que "depende", en fin, pasamos un tupido velo.

Un saludo.
Paco, ya ves como opinan los que no quieren ver la realidad, eso es solo una parte de lo que ha dicho el marqués de Galapagar, todo verídico pero esta gente no quiere ver la realidad, ¡una pena de esta izquierda-comunista.

Un saludo.
EL BATALLÓN DE LOS PERPLEJOS.

¿Esto es lo que nos espera?

Puestas una detrás de otra, las perlas que Iglesias ha ido enjaretando en su discurso casi estremecen y, a la vez, permiten vislumbrar lo que le espera a España si Sánchez lo mete en La Moncloa.

Álvaro Martínez.

Actualizado: 17/11/2019 01:13h.

Tras el llamado «Pacto del abrazo» (del oso), este batallón cree pertinente abrir unas comillas y ver el corpus intelectual (por llamar de alguna manera a semejante ideario) de Pablo Iglesias, el supuestamente elegido para vicepresidir el Gobierno de España. Este ha sido su discurso. Sin trampa ni cartón, todo es suyo. Ahí lo tienen, de seguido y sin anestesia:

«Cualquier demócrata debería preguntarse si los presos de ETA no deberían ir saliendo ya de las cárceles».

«Sin personas como Otegui no habría paz. Y a los que han contribuido a una situación de paz y de futuro, aunque tengamos muchas diferencias, hay que reconocérselo y hay que agradecérselo».

«A los que gobiernan, los pies les huelen a franquismo. A muchos policías se les debería caer la cara de vergüenza cuando se convierten en matones al servicio de los ricos».

«El enemigo capitalista solo entiende un lenguaje: el de la fuerza».

«Nunca he dejado de proclamarme comunista».

«Una huelga no es una manera de medir un Estado de Derecho. Es una guerra. Y en una guerra nos gusta ir con nuestra mejores armas. Nosotros no somos un ejército, somos una guerrilla en todo caso, pero no nos queremos dejar nuestros Kalashnikov en casa».

«Qué envidia me dan los españoles que viven en Venezuela, un país que puede convertirse en ejemplo democrático para los ciudadanos del sur de Europa».

« ¿Qué es lo que hace un gobernante decente? Expropiar. Decir “ ¡exprópiese!” es decir democracia».

«Pido disculpas por no romper la cara a todos los fachas con los que discuto en televisión».

«Nosotros no decimos ¡Viva el Rey! decimos ¡Viva la República! Un país moderno, feminista, no se merece que a la jefatura del Estado se acceda por fecundación».

«No queremos vivir en un país con presos políticos y no queremos que se conozca la democracia española porque haya presos políticos, nos parece un escándalo».

Lo que antecede es solo una pequeña muestra, diminuta pero ilustrativa, del discurso público de Iglesias. Podrían llenarse periódicos enteros con sandeces aún más radicales. Abramos ahora otras comillas para conocer qué pensaba Pedro Sánchez de su nueva pareja de baile, hace solo año y medio.

«No pienso pactar con populistas de los que hay en nuestro país».

«Les garantizo rotundamente que el PSOE no alcanzará acuerdos con Podemos, porque Podemos no encaja en mi programa».

«Pactar con Iglesias sería perjudicar a los más débiles. Ni antes ni durante ni después pactara el PSOE con Podemos; somos un partido de izquierdas que mira al centro y que atrae al centro».

«Iglesias ha hecho de la mentira su forma de hacer política. Miente más que habla».

Ya ven, Sánchez... un hombre de palabra.
HORIZONTE.

El tafanario de Sánchez y el artículo 99.

Desde que se convirtió en presidente del Gobierno no ha parado de menoscabar a la Jefatura del Estado.

Ramón Pérez-Maura.

Actualizado: 12/11/2019 23:36h.

Artículo 99. 1 de la (aparentemente) vigente Constitución española: «Después de cada renovación del Congreso de los Diputados, y en los demás supuestos constitucionales en que así proceda, el Rey, previa consulta con los representantes designados por los Grupos políticos con representación parlamentaria, y a través del Presidente del Congreso, propondrá un candidato a la Presidencia del Gobierno». ¿Conoce alguien qué consultas ha realizado el Rey y con qué representantes designados por qué partidos políticos? Más bien parece que mientras Sánchez mandaba al Rey a Cuba a un viaje que mancha el buen nombre de la Monarquía española, el presidente del Gobierno en funciones aprovechó la página del artículo 99 de la Constitución para limpiarse lo mencionado en el titular de esta columna. Desde que Sánchez se convirtió en presidente del Gobierno no ha parado de menoscabar la institución de la Jefatura del Estado. Ayer lo hizo con especial saña mientras los Reyes eran obligados a posar ante la imágen de dirigentes cubanos que han violado los derechos humanos sin pedir perdón jamás.

Después de perder millón y medio de votos por la genialidad estratégica de Iván Redondo, el asesor tenía que dar un golpe de efecto para seguir cobrando su sueldo. Ayer lo hizo con creces e incluso se atrevió a posar ante las cámaras rodeado de los supuestos negociodares del acuerdo. Un (pre) acuerdo de gobierno con diez puntos que tenían enunciados que hasta yo apoyaría: 1) «Consolidar el crecimiento y la creación de empleo». ¿Hay alguien en contra? 2) «Trabajar por la regeneración y luchar contra la corrupción». Como para oponerse a ello. 3) «Lucha contra el cambio climático». Hay que tener demasiado valor para decir que el clima va a seguir cambiando hagamos lo que hagamos, como lleva haciéndolo miles de años. 4) «Fortalecer las pequeñas y medianas empresas». Ésta es la noticia más relevante del acuerdo. Porque es muy bueno saber que ya hasta los comunistas están a favor de los empresarios. 5) «El reconocimiento de la dignidad de las personas». ¿Hay alguien que se oponga? 6) «Asegurar la cultura como derecho». ¿Quién niega ese derecho? 7) «Garantizar la seguridad, la independencia y la libertad de las mujeres» ¿Es que Ana Pastor, Rocío Monasterio e Inés Arrimadas están en contra? 8)«Revertir la despoblación» ¿Pedía algún programa electoral seguir vaciando España? 10) «Justicia social y equilibrio presupuestario». Fabulosa petición del presidente del Gobierno que gasta sin fin, incrementando el déficit sin parar. Y 9) «Garantizar la convivencia en Cataluña». El colmo. Podemos ha firmado este documento en la misma mañana en que en el Parlamento de Cataluña ha realizado una nueva llamada a la autodeterminación violando las decisiones del Tribunal Constitucional. Para el socio de Sánchez «la igualdad entre todos los españoles» que proclama el acuerdo presentado ayer en las Cortes Españolas pasa por la autodeterminación de Cataluña. Éste es el socio que hogaño demuestra por qué decía Sánchez hace una semana que le producía pesadillas tenerlo en el Gobierno. No sería para menos. Pero no es verdad. Porque como no me canso de repetir, este Gobierno demuestra cada día que la mentira es un instrumento legítimo de la acción política. Veamos ahora hasta cuándo dura esta farsa patética.

Ramón Pérez-Maura.

Articulista de Opinión.
Sobredosis de ego y todo a peor.

El cuento de la lechera de Tezanos y Redondo llevó a Sánchez a empeorar su resultado

Luis Ventoso.

Actualizado: 11/11/2019 17:20h.

Vamos con la resaca de unas elecciones que nada han arreglado y que lo han vuelto todo más difícil todavía:

-Entre su Master Chef demoscópico y su Rasputín de cámara convencieron al Pericles de Ferraz para repetir elecciones. Ojo de Águila Tezanos - ¡que le ha dado 30 escaños de más en el CIS que pagamos todos y no dimite!- y Jugadas Redondo masajearon un ego ya de por sí hiperlativo. Así que el gran Sánchez lo vio claro: los españoles le proporcionarían una mayoría amplia, en justo premio a su porte progresista, sus proezas exhumatorias y su garboso álbum en Instagran. Pero parece que el plan no ha salido Redondo: ha ganado los comicios de nuevo, sí, pero se deja tres escaños y complica aún más la formación de Gobierno (a tenor de lo que dijo en el balcón de Ferraz entre grandes asentimientos de Begoña, intentará un “Frankenstein” 2 con comunistas y separatistas, muy inquietante para los bolsillos de empresas y familias).

-Hay otro ego bulímico que ha salido también escaldado: Rivera, que finalmente aprovechó la noche en vela para meditar y tras un amaguillo de congreso a la búlgará rectificó a la mañana y se ha despedido de la política como un caballero. Con una caída desde 57 escaños a 10, y tras una década larga al timón, no podía seguir. CS necesita una cura de humildad e iniciar bajo la batuta más cordial de Arrimadas un acercamiento al PP que culmine en una oxigenante fusión (que permitiría que alguna vez el centro-derecha derrote de nuevo al PSOE).

-El gran triunfador de la noche fue Vox, que suma 52 escaños partiendo de 24. Un éxito espectacular y esperado. Hay mucha gente legítimamente harta de los abusos y desórdenes del separatismo y ellos ofrecían la respuesta más contundente (incluso 300.000 votantes de izquierda se pasaron a los verdes). Abascal logra un gran resultado, pero en realidad tiene cinco escaños menos de los que disfrutaba en abril el ya finiquitado Rivera. Vox está aquí para quedarse, porque ocupa el hueco del nacionalismo español. Pero cautela con las euforias. El Congreso ya ha visto desfilar a muchos partidos gaseosa, empezando por la poderosa UCD y pasando por UpyD y ahora Ciudadanos, cuyo futuro es muy incierto.

-Al PP le han hecho “un Soraya”: la misma jugada que hizo en su día el sorayismo alimentando a Podemos para mermar al PSOE, pero al revés. La crecida de Vox ha dejado al PP en 88 diputados. ¿Un buen resultado? Para apuntalar a su líder, sí. Para el partido, no: continúa a 32 escaños del PSOE y en cifras de una penuria que no se veía desde los remotos tiempos de AP. Con mucha calma, sin prisas, tal vez el PP tendrá que seguir buscando un nombre, probablemente de mujer. Por lo demás, la sombra de Feijoo podría retornar. Vox no ha logrado entrar en Galicia, y si a eso le suma una nueva mayoría absoluta en la Xunta el año que viene, volverá a manejarse la hipótesis de que intente el salto nacional (a pesar de que su espantada en el último congreso sigue resultado inexplicable y mal justificada).

- ¿Y cómo se gobierna esto? Mal. O “Frankenstein 2”, o el PP hace un gesto de Estado y permite la investidura del PSOE, el ganador, previa exigencia a Sánchez de unos compromisos mínimos (respeto del marco económico de la UE, control fiscal y reponer el orden en Cataluña). La estabilidad de España pasaría porque PP y PSOE acometiesen una reforma electoral para favorecer las mayorías. O eso, o seguiremos en la chisposa embriaguez de los cócteles multisiglas. El primer reflejo del PP ha sido colocar el interés de sus actuales dirigentes por encima del de España y anunciar que no a apoyar a Sánchez, con lo que la nación podría ser rehén de nuevo de comunistas, nacionalistas y separatistas.

-Una pregunta sencilla: ¿Qué le arregla a España la crecida de Vox? Pasada su noche festiva, aquí ha vuelto a ganar Sánchez y la derecha suma 154 (añadiendo a CC y Navarra Suma), es decir, está a 22 de la mayoría absoluta. Si existe eso que Vox llama “la dictadura progre”, parece que continuará un buen rato. Merced a la gran idea de partir la derecha en tres tendremos Sánchez al menos un par de años más.

- ¿Un pronóstico? Gobierno de Sánchez con una auténtica sopa de letras (Podemos, Errejón, PNV, Revilla, los canarios y algunos separatistas; o tal vez incluso con el apoyo del nuevo Ciudadanos post Rivera). Y en un par de años, nuevas elecciones. Mientras tanto, Montoro Forever, pues de facto seguirá siendo el ministro de Hacienda, porque seguiremos con sus Presupuestos al menos hasta bien entrado el año que viene.

En fin, nos hemos levantado el lunes peor de lo que nos acostamos el domingo. Pero es lo que muy libremente hemos querido. (PD: los piquetes del separatismo ya han cortado la frontera entre España y Francia. ¿Qué ha hecho el Gobierno al respecto? Nada. Sánchez se prepara para pasar por la taquilla de ERC y no hay que molestar reponiendo el orden en Cataluña).

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
EL CONTRAPUNTO.

¡Sánchez, dimisión o destitución!

Sin el actual líder socialista sería planteable un gran acuerdo entre PSOE y PP.

Isabel San Sebastián.

Actualizado: 11/11/2019 00:03h.

Las elecciones celebradas ayer tienen dos perdedores clamorosos y una víctima. La víctima es España, que sale más enfrentada, más dividida, más ingobernable y más radicalizada aún de lo que estaba. Los perdedores no son otros que Albert Rivera y Pedro Sánchez. La permanencia del primero al frente de Ciudadanos es implanteable, tras haber hundido a la formación que él mismo alumbró. Su renuncia debería producirse hoy mismo, en favor de Inés Arrimadas, si es que ella tiene fuerzas para echarse esa tarea a la espalda. En cuanto a Pedro Sánchez, debería haber dimitido anoche si le quedara algo de vergüenza o alguna vez la hubiera tenido.

El líder del Partido Socialista nos embarcó en una repetición electoral tan innecesaria como irresponsable, con el único objetivo de mejorar sus propios resultados y, con ellos, su posición negociadora. Ansiaba mandar en solitario y a ese propósito supeditó los intereses de la Nación e incluso los de su partido, que se ha dejado en ese camino suicida tres escaños, la mayoría absoluta que tenía en el Senado y dos posibles socios de gobierno. ¿Alguien dentro del PSOE tendrá el coraje suficiente para exigir su cabeza? ¿Por ejemplo, Susana Díaz, que ha mejorado en Andalucía? Si él no da un paso atrás, cosa altamente improbable dada su personalidad narcisista, y nadie le obliga a abandonar el poder, nos esperan tiempos sombríos. Sin Sánchez, sería planteable, aunque ciertamente difícil de alcanzar, un gran acuerdo patriótico entre los dos partidos hegemónicos, forjado sobre la base de garantizar el respeto a la Constitución, frenar al independentismo, sacar adelante unos presupuestos capaces de combatir la crisis que se avizora y reformar la Ley Electoral para evitar futuros bloqueos. Con Sánchez, únicamente existen dos opciones, a cual peor: un ejecutivo Frankenstein, integrado por socialistas y podemitas, con Pablo Iglesias en la Vicepresidencia y el apoyo en el Congreso de ERC, Bildu, Torra y demás separatistas, evidentemente a cambio de un alto precio en términos de soberanía, o más bloqueo, más parálisis y vuelta a las urnas dentro de tres meses. O sea, susto o muerte.

En el campo de los vencedores pírricos se sitúa en primer lugar el Partido Popular de Pablo Casado, que pasa de 66 a 88 asientos, sin por ello incrementar sus posibilidades de alcanzar la Moncloa. De haber logrado convencer a sus rivales en el centro-derecha para configurar una alternativa única agrupada en torno a España Suma, esa marca habría rozado la mayoría absoluta o incluso la habría superado. Pero tanto Ciudadanos como Vox prefirieron ir en solitario. La formación naranja ha pagado con la irrelevancia ese grave error de cálculo, unido a sus constantes bandazos. La que encabeza Abascal pasa de 24 a 52 y supera al PP en algunas provincias, lo que justifica su euforia. Ahora, sí, la ultraderecha irrumpe en el escenario español con una fuerza semejante a la que exhibe ya en paises como Francia o Alemania, veremos con qué consecuencias. La primera es que el PP se queda sin margen de maniobra ante el socialismo sanchista, so pena de verse arrasado por es a marea verde. Casado tiene las manos atadas, a menos que quiera entregar el liderazgo de la oposición a Abascal.

En el País Vasco se confirma la desaparición del centro-derecha nacional, mientras el PNV crece y los filoetarras de Bildu consiguen el quinto escaño. En Cataluña, ese espacio ideológico queda reducido a la marginalidad, ante el auge del independentismo más extremista y violento, encabezado por las CUP que desembarcan en Madrid.

Nada que celebrar.

Isabel San Sebastián.

Articulista de Opinión.
EL BURLADERO.

Tierra de fascistas.

Tantos años después, fascistas somos casi todos.

Carlos Herrera.

Actualizado: 08/11/2019 08:43h.

El detector de fascistas de la mayoría de los actores políticos españoles está seriamente averiado. O, quizá, no debidamente actualizado.

Ahora, metidos de cabeza y algo más en el siglo XXI, un número indeterminado de portavoces de la actualidad ha regresado a la terminología descriptiva de los años treinta del siglo pasado. No pocos politólogos e historiadores han teorizado sobre ello y de forma particularmente brillante, con lo que este humilde juntaletras no se va a meter en ese jardín, pero permítanme resaltar la fiereza con la que algunos han atisbado moradores del primer tercio del siglo anterior en los predios temporales de hogaño. A lo largo de mis nutridos años de cronista de la actualidad, jamás había constatado tanta abundancia de fascistas en la realidad social española: abundan fascistas en todos los órdenes sociales, en todas las corrientes de pensamiento, en muchas de las esferas intelectuales que animan el cotarro de la actualidad, en todos los órdenes profesionales y, no digamos, en la mayoría de núcleos periodísticos de quienes nos dedicamos a la comunicación. Diría que resulta particularmente difícil salvarse de la acusación de «fascista» si no dedicas todas tus horas a glosar los beneficios de las diferentes alternativas que luchan desaforadamente contra el «sistema» y cada una de sus terminales. Hubo un tiempo en que desde grupúsculos de una ultraizquierda tan minoritaria como conmovedora por su simpleza, éramos fascistas todos los que quedábamos a la derecha de Stalin, Trotski incluido; cosa que se comprendía a poco que te acercaras al minoritario espectro ideológico en el que se recogían hijos tontos de la extrema zurda. Pero ha llegado el siglo XXI, con todos sus progresos en todos los órdenes posibles, y los emisores de etiquetas se han desatado en una orgía de acusaciones de la que no se salva nadie. A poco que uno escuche a los vociferantes vomitivos de la izquierda menos racional o del independentismo más asilvestrado, España es un país lleno de fascistas.

En la Cataluña de hogaño, esa triste caricatura de lo que una vez fue un territorio de progreso y avance intelectual (tampoco sin exagerar y sin que parezca que el resto de España era un páramo desolado) es fascista cualquiera que no sea independentista visceral. Y en la política general española, la banalización del término ha hecho que se califique de fascista a cualquiera que no comulgue con las arcaicas propuestas ideológicas de ese comunismo siempre vivo que tan orgulloso se siente de sus hazañas tiránicas y miserables. Pero no solo eso. A los votantes de Vox -conozco a algunos y son personas de curso legal, sin exceso de ademanes vociferantes- se les considera y etiqueta como fascistas desde algunos editoriales de prensa cautiva y desde alocuciones del partido que previsiblemente va a resultar el más votado el próximo domingo. La conocida e intelectualmente poco lubricada portavoz socialista, Adriana Lastra, hablaba de «fascistas salidos de la cueva» refiriéndose a los votantes del partido de Santiago Abascal -una de sus candidatas, Nerea Alzola, era agredida ayer en tierras vascas-, y no pocas veces Pablo Iglesias y sus mariachis han decretado una «alerta antifascista» motivando una suerte de persecución violenta de sus representantes y simpatizantes. Curiosamente, ni Lastra ni Iglesias han dicho nada de los que ejercen la violencia fascistoide en las calles catalanas en días recientes, soldadesca de aquellas formaciones con las que han llegado a acuerdos y pactos a lo largo de estos meses.

Si los combatientes contra el fascismo -esparcido a lo largo del arco ideológico de derecha e izquierda- que consumieron sus energías en la primera mitad del siglo pasado, levantaran la cabeza, se llevarían la sorpresa de comprobar cómo, mediante la simplificación de los términos, se le ha quitado importancia a sus batallas. Tantos años después, fascistas somos casi todos.
UNA RAYA EN EL AGUA.

El eje quebrado.

El debate premió a los dos candidatos populistas porque se está rompiendo el eje moderado que vertebraba la política.

Ignacio Camacho.

Actualizado: 06/11/2019 08:17h.

El debate del lunes dejó una mala noticia para los liberales, y es que fueron los dos candidatos populistas quienes salieron premiados. Iglesias y Abascal -o al revés, monta tanto- quizá no creciesen en votos pero sin duda consolidaron el de sus partidarios, lo que en el caso del resto de sus rivales no está tan claro. Ambos contaban con la ventaja esencial de sentirse liberados de cualquier compromiso viable o pragmático: les bastaba con soltar sus disparatados programas de máximos y batirse el uno contra el otro en plan bizarro para galvanizar a sus respectivos electorados. El líder de Podemos tiene experiencia en este tipo de asaltos y el de Vox, situado por sorteo en el centro del escenario, entró inseguro y algo desorientado pero luego supo aprovechar con intuición y habilidad el espacio que los demás le dejaron porque los gurús del PSOE y el PP habían dado la consigna de ningunearlo. Para desgracia de la España moderna, la que está harta de fantasmas del pasado, el momento más vivo de la aburrida noche fue el rifirrafe a cuenta de la memoria histórica y de Franco.

Esa noticia del auge extremista es especialmente perniciosa para la derecha, porque en el bando opuesto los socialistas ya tienen más o menos cogida la medida a Iglesias aunque no logren reducirlo a la dimensión que ellos quisieran. Pero con Vox por encima de los cuarenta o los cincuenta escaños que le dan las encuestas y con Cs en vía muerta pese a la agitada sobreactuación de Rivera, no habrá modo de cuajar una alternativa moderada a la hegemonía de la izquierda. La posverdad trumpista de Abascal, sus expeditivas recetas propias de un Gil y Gil sin guayabera, encuentran eco en un votante harto de que separatistas y comunistas se le suban a la chepa. A ese español cabreado con las autonomías, la inmigración, el feminismo o las doctrinas políticamente correctas le ha salido una cierta vena antisistema y suspira por un envite autoritario que le dé una patada a la mesa. Se siente atropellado y las garantías jurídicas le parecen una monserga: oye hablar de meter en la cárcel a Torra - ¿quién? ¿el Gobierno con una Stasi a sus órdenes directas?- y vibra como si recibiese una corriente eléctrica. Quiere a la Legión en Cataluña y a los menas en la frontera; un estado de opinión fruto de la flojera con que la democracia ha abandonado sus mecanismos de autodefensa.

Porque este florecimiento del antiliberalismo por ambos extremos responde al fracaso previo del clásico paradigma bipartidista europeo. Abascal es más templado que Salvini o Le Pen pero su clientela comparte el mismo proyecto de garantizar el orden antes que los derechos. Y en España ese orden está además amenazado por un independentismo insurrecto al que el Gobierno trata con excesivo respeto. La política española tiene un problema serio: se está quebrando el eje que la vertebraba desde el centro.

Ignacio Camacho.

Articulista de Opinión.
El voto de los tontos.

El debate fue una penosa constatación de que esta política es un espectáculo de baja calidad para un público adocenado.

Ignacio Camacho.

Actualizado: 05/11/2019 09:04h.

Hace tiempo que las campañas electorales en España parecen dirigidas a captar el voto de los tontos. No ya de los ingenuos que aún son capaces de creer en promesas, sino de los espíritus simples, de los forofos de mentalidad estrecha que eligen su papeleta en función de zascas dialécticos, consignas ramplonas o frases hechas. El espejismo de realidad aumentada de las redes digitales, la sacralización de las emociones y de la cultura de la queja, y la ausencia de una educación en el pensamiento crítico han construido una sociedad adolescente y maniquea, intelectualmente banal y políticamente hemipléjica, refractaria a razonamientos matizados y a premisas complejas. El populismo triunfa y se contagia aprovechando esa generalizada pereza que provoca en la opinión pública un desolador vacío de ideas. Qué líder se va a molestar en dirigirse a ciudadanos maduros, capaces de discurrir por su cuenta, cuando puede ganar voluntades a base de baratijas ideológicas y de demagogia garbancera.

El debate de anoche resultó una lastimosa constatación de ese proceso trivial que ha convertido la política en un espectáculo de baja calidad para un público adocenado. Reproches cansinos, recetas de brocha gorda, sofismas, argumentos vacuos. Un enredo circular sobre el bloqueo y los pactos —como si los fuesen a desvelar, caso de que lo supieran—, la sombra retrospectiva de Franco y la habitual secuencia de interrupciones y numeritos de pretendido impacto favorecidos por la heterogeneidad del formato. Sin profundidad, sin enjundia, puro vuelo gallináceo. El retrato de la actual política española, deshabitada de responsabilidad de Estado y de cualificación para el liderazgo. La sola evidencia de que Sánchez era el único con mínima experiencia de gestión — ¡y con qué resultados!— provocaba en cualquier espectador consciente un escalofrío de pánico.

El presidente estuvo casi ausente, tímido, muy incómodo con el tema catalán, envuelto en una pose de comedimiento postizo, cínico para proponerse como solución de un problema que ha creado él mismo. Estas confrontaciones no le van porque revelan su carencia de rigor discursivo. Rivera tiene una dificultad para convencer: dice cosas sensatas, irreprochables en su buen sentido, pero se confunde de enemigo y acaba pareciendo el primer indeciso. Abascal es un populista de derechas, con aire enérgico y fórmulas de arbitrismo expeditivo, pero lejos de los mítines y las banderas se le ve desarropado, fuera de sitio. Creció al atacar la memoria histórica, su mejor momento, pero está pez en economía y se agarra a la teoría de la conspiración internacional de la masonería y el globalismo. Iglesias se trabajó el perfil proteccionista en busca del voto desfavorecido y volvió a llamar, casi con desesperación, a la puerta de un Sánchez que sigue desdeñando su auxilio. Sabe a quién dirigirse, pero si no entra esta vez en el Gobierno perderá la última baza que lo sostiene al frente de su partido; está ya pesado con su versión perifrástica del “qué hay de lo mío”. Casado, siendo el más joven, parecía el único adulto de los cinco, al menos el más pragmático y constructivo, pero quizá le faltó contundencia para estimular al votante fugado del marianismo. A todos se les echó la madrugada sin propuestas sólidas; les falta solvencia, oficio, cuajo, trapío. Oyéndolos, habría que actualizar la célebre frase de Hayek: populistas de todos los partidos.

Es probable, con todo, que algunos lograsen persuadir a un número significativo de votantes inciertos, pero eso sólo demuestra el ínfimo rasero que este país exige a sus élites de Gobierno. Y que hay muchos ciudadanos que votan con la misma superficial ligereza con que otorgan likes en Facebook.

Ignacio Camacho.

Articulista de Opinión.
VIDAS EJEMPLARES.

El enfado de Aitor.

Acostumbrado a criticar sin réplica se indignó al recibir una.

Luis Ventoso.

Actualizado: 04/11/2019 00:06h.

Afalta de la liza de esta noche entre los grandes gladiadores, el debate televisivo de los portavoces parlamentarios tuvo más miga de la prevista. Nos mostró a una Adriana Lastra huera, incapaz de concretar siquiera cuántas naciones hay en la «nación de naciones», ese círculo cuadrado que el nacionalista Iceta le ha endosado a Sánchez. Asistimos a los límites de Cayetana, que estuvo cayetanísima (léase peleona), pero se quedó muda a la hora de replicar al dato cierto que esgrimió Espinosa sobre que durante la etapa de Rajoy se disparó la deuda pública y se laminó la hucha de las pensiones (lo cuál fue inevitable, porque el país estaba en quiebra y hubo que endeudarse, pero la representante del PP no supo o no quiso explicarlo). Rufián siempre evoca a un makoki de suburbio salido de alguna tonada barcelonesa de Loquillo, y se pavoneó como tal, aunque esta vez haciendo pucheritos zen de apelación a un diálogo que es solo un «trágala». Arrimadas, segura y en su línea, paga el peaje del desgaste de Ciudadanos, porque el mantra de que el naranjismo supone una esperanza prístina frente al rancio bipartidismo empieza a resultar un recurso manido. Aitor Esteban, el hombre del PNV, se mostró profesoral e intentando aportar un tono sereno en medio de un correcalles (hasta que finalmente él mismo perdió la calma, como veremos). Espinosa de los Monteros defendió con eficacia y sin aspavientos su credo simple -en Vox todo se arregla con medidas drásticas sin matices y cepillándose las autonomías- y tal vez ganó el debate.

Aitor Esteban Bravo, de 57 años, de madre soriana y padre vizcaíno, es un hombre bien formado, que imparte clases de Derecho en la excelente Universidad de Deusto. Milita desde la noche de los tiempos en el PNV, donde ha sido un poco de todo. Su tono es sosegado y su porte, de ejecutivo clásico de traje azul y corbata oscura. ¿Su discurso? El habitual de su partido: autoelogios sobre lo bien que gestionan su tierra (lo cual es cierto, aunque jamás reconocen la enorme ventaja del cupo); y un nacionalismo más moderado que el catalán, sin ensoñaciones de ruptura unilateral, pero con un énfasis constante a una supuesta diferencia que les impide sentirse «cómodos en España», a la que siempre aluden con soniquete despectivo. Hacia el final del debate, Aitor tachó a Vox de «franquista» y «fascista», epítetos muy gruesos. En realidad falaces, pues Vox no es ninguna de las dos cosas, sino un partido de derecha dura y dialéctica populista, pero que respeta la democracia. Como réplica, Espinosa le recordó las tendencias racistas, machistas y xenófobas de Sabino Arana, el fundador del PNV, intentando leerle algunas citas que así lo acreditan. Esteban, que había insultado al otro sin despeinarse, dando por sentado que el nacionalismo tiene bula para faltar a los demás, se quedó helado cuando Espinosa le dio réplica esgrimiendo los grandes éxitos de Sabino. Acabado el debate, el de Vox se acercó a darle la mano en un gesto elemental de cortesía y Esteban se la rechazó iracundo. Habría mucho que debatir sobre quiénes son los intolerantes...

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
ENFOQUE.

Nosotros y la verdad.

Sabotajes en el transporte y la Universidad.

Salvador Sostres.

Actualizado: 29/10/2019 23:59h.

La diferencia entre las dos fotografías de la derecha es el fraude del independentismo, las «decenas de miles» rebajadas a hormiguitas. La primera imagen sirvió durante unas horas para la propaganda. La segunda la tomé yo, a la misma hora, casi en el mismo instante, desde la planta 23 del Hotel Nobu, justo al lado de la estación. Entre una imagen y la otra está la mentira de un movimiento que habla en nombre de un pueblo, y de un altercado sistemático que busca sustituir a la democracia. El mayor enemigo de la libertad es el caos. No siempre estaré yo para mostraros la verdad desde Nobu, que es desde donde más claramente se ve y se muestra. Pero quiero dejar esto claro: lo que hay entre las dos imágenes no sólo es una diferencia: es una metáfora.

Lo mismo sucede con los estudiantes catetos y holgazanes, carne de aprobado general, que impiden a sus compañeros aseados, ciudadanos y libres, acceder al conocimiento que les diferencie de las bestias. Una minoría cada día más minoritaria, cada día más violenta y violentada, quiere disimular su derrota con barbarie, haciendo pasar por mayoritaria su brutalidad organizada. La libertad necesita tomar impulso en Cataluña, contra las «fake news» como la de esta fotografía, contra los vándalos que mediante el caos quieren imponer su tiranía y contra unos dirigentes políticos que, aunque sea en clave de farsa, como adecuadamente señala el juez Marchena en su sentencia -porque que sean mezquinos no significa que no sean idiotas- intentan mandar a la mitad de los catalanes a las catacumbas.

Los estudiantes quieren estudiar y los catalanes, por la noche, vamos a cenar y no a quemar contenedores. Y gracias al estudio atento y al talento podemos luego cenar en Nobu y no sólo celebrar lo bien que al tartar de atún le sienta el caviar, sino romper el círculo de ignorancia y de maldad que con la más burda propaganda quiere que ardamos en la hoguera -nosotros y la verdad.

Salvador Sostres.

Articulista de Opinión.
EN PRIMERA FILA.

Antes de ir a votar.

Los españoles tienen derecho a saber cuál es el sablazo que les dará el PSOE al año que viene para ajustar el déficit.

Ana I. Sánchez.

Actualizado: 28/10/2019 23:53h.

Pedro Sánchez aspira a no ser un nuevo José Luis Rodríguez Zapatero. Y Nadia Calviño a no repetir los errores de Pedro Solbes. El primero quiere proyectar una imagen de presidente responsable entre sus colegas europeos y tiene bien presente que el PSOE perdió el poder cuando las clases medias le dieron la espalda por su desastrosa gestión económica. La segunda tiene integrado el discurso del déficit cero después de doce años dentro de la Comisión Europea. De momento, ni Sánchez ni Calviño han incurrido en el nivel de desvarío económico de sus predecesores (tampoco han tenido tiempo ni modo). Pero, como dice el refrán, la cabra siempre tira al monte y los socialistas del sur de Europa tienen una tendencia irrefrenable no solo a elevar el gasto sino también a inflar la salud de la economía.

El último cuadro macroeconómico del Gobierno refleja esa inclinación incontenible que tan caro hemos pagado en el pasado y el último dato del mercado de trabajo lo confirma. ¿Acaso alguien puede creer que la economía vaya a crecer al 2,1 por ciento interanual -estimación de Calviño para 2019- cuando el empleo avanzó en el tercer trimestre a su ritmo más bajo desde 2013? Las cifras de evolución de empleo no casan con las previsiones de crecimiento del Gobierno y, de hecho, ningún organismo internacional cree que España vaya a crecer un 2,1 por ciento este año. En el mejor de los casos han consignado un 2 por ciento y los cerebros de las grandes casas de análisis coinciden en que la desaceleración avanza más rápido de lo previsto. Con las últimas cifras en la mano el consenso más extendido es que el crecimiento de la economía española se quedará por debajo de la barrera psicológica del 2 por ciento este año. Mala noticia para comunicar antes de unas elecciones. En concreto, apuntan a una tasa del 1,8 o 1,9 por ciento, según se interpreten los decimales.

No es que Calviño y Sánchez no lo sepan. Son plenamente conscientes. El líder socialista optó por repetir elecciones ahora convencido de que un gobierno con Podemos reventaría a mitad de 2020 y unos comicios en ese momento le pillarían con la economía en franco retroceso. De hecho, hace dos semanas la ministra de Economía tenía en su mano rebajar la previsión de crecimiento al 2 por ciento. Era la cifra que manejaban los técnicos del ministerio y el planteamiento del 2,1 por ciento les pilló completamente por sorpresa. Tanto, que desembocó en una bronca de decibelios similares a la vivida en la Abogacía del Estado cuando María Jesús Montero pidió el cambio de criterio para transferir las entregas a cuenta a las comunidades. Es cierto que hablamos de dos o tres décimas de desvío propagandístico y no de dos o tres puntos, pero esta historia revela que Calviño no es tan ortodoxa como intenta proyectar.

Desde la óptica de los ciudadanos lo más importante de todo es que el déficit que no se ajuste este año deberá embridarse al año que viene y que el nuevo Gobierno tendrá que sacar cerca de 8.000 millones de la chistera para cumplir con Bruselas. Solo hay tres vías para conseguirlo y todas meten mano a los bolsillos de los españoles: recortes, subidas de impuestos o una combinación de ambas. Antes de ir a las urnas, los votantes tienen derecho a saber cómo se aplicará el hachazo del PSOE, a quiénes afectará y con qué magnitud. Recuerden que, hoy por hoy, ni Sánchez quiere seguir los pasos de Zapatero ni Calviño los de Solbes. Y eso pasa por desviarse poco de la senda de Bruselas. Algo que solo pueden conseguir apretando el cinturón a los ciudadanos. Eso sí, después de que hayan votado.

Ana I. Sánchez.

Corresponsal.
VIDAS EJEMPLARES.

Solo faltó traer a los Stones.

No era necesario convertirlo en un festival de propaganda a 17 días de las elecciones.

Luis Ventoso.

Actualizado: 24/10/2019 23:45h.

El Gobierno de Sánchez, que siempre dice la verdad, cumplió ayer su solemne promesa de no convertir la exhumación «en un circo». Realmente estuvieron muy comedidos. No trajeron a los Rolling Stones. No hubo fuegos artificiales. Tampoco lluvias de confeti, escenarios con láser y desfiles de samba. Del resto no faltó de nada, a medio camino entre las ironías de Fellini y los astracanes patrios de Berlanga.

El 12 de mayo de 2017, el Congreso aprobó por 198 votos a favor y 140 abstenciones instar al Gobierno a retirar los restos de Franco del Valle de los Caídos. Solo se registró el voto en contra por error de una diputada del PP, partido que se abstuvo. El Parlamento lo elegimos los españoles, nos representa, por tanto es obligado respetar sus decisiones. Además la exhumación ha sido refrendada por el Supremo y el TC. Pero había muchas formas de obedecer a los poderes legislativo, ejecutivo y judicial. Todo podía haberse llevado a cabo de madrugada y de manera sobria y privada. Sin embargo se eligió lo contrario: el máximo altavoz mediático y las horas más favorables para tener eco. Además, una vez más, se faltó a la verdad: «No, no va a haber medios de comunicación», explicó muy seria la vicepresidenta Calvo hace quince días. Al final, 500 periodistas (más la propia vicepresidenta de tertuliana, comentando en directo en una televisión comercial de izquierdas el aterrizaje del helicóptero). Por su parte, Sánchez lanzó un discurso especial a la nación irrumpiendo en los telediarios. Una práctica propagandística tosca, más propia de la etapa del exhumado que de una democracia avanzada. Realmente en la España de hoy falta coherencia por doquier. Un periódico abría ayer su portada celebrando «el fin del último símbolo de la dictadura», mientras en su interior ofrecía un suplemento de propaganda del Gobierno chino, el mayor régimen dictatorial del planeta.

El afán por convertir la exhumación en el lanzamiento de la campaña del PSOE ha resultado tan burdo y empalagoso que podría resultar contraproducente para Sánchez. Recién conocida la peor EPA desde 2012, la televisión pública, fuera de quicio, convirtió la exhumación en tema único durante más de doce horas, como si hubiese caído una bomba atómica en Teruel. Pero lo grave es la filosofía subyacente: reabrir heridas ya cauterizadas, enfrentar a los españoles con las guerras de sus abuelos, dividirnos con orejeras maniqueas, acogotar con leyes la libertad de los historiadores para imponer una lectura obligatoria de la primera mitad del siglo XX. Se equivoca Sánchez al equiparar a Franco con todos los españoles que vivieron y trabajaron en su época. Marra al pintar aquella España como un averno donde todo se hacía mal. Me molesta que denigre a nuestros padres y abuelos, que despache con una sarta de topicazos el inmenso esfuerzo de su generación. Tenemos que dejar atrás este sectarismo cutre que nos envenena. Recuperar el abrazo esperanzado de la Transición. O al menos, intentarlo.

«Deja que los muertos entierren a sus muertos», zanjó el mejor de los seres humanos (Mateo. 8:22).

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
VIDAS EJEMPLARES.

Franco.

En efecto, estamos viviendo unas jornadas históricas.

Luis Ventoso.

Actualizado: 23/10/2019 23:38h.

Probablemente estamos viviendo unos días que en el futuro serán contemplados como históricos. Lo que está sucediendo es muy importante, porque marcará en el futuro un cambio reseñable en las vidas de las generaciones venideras.

Hace siete días, un equipo de investigadores liderado por el español Juan Carlos Izpisúa anunció la creación de embriones sintéticos a partir de células de ratón, un avance que permitirá profundizar en el conocimiento del origen de la vida. Este lunes, científicos del Instituto Broad de Cambridge (EE. UU.) presentaron una nueva técnica mucho más precisa de edición de ADN, que hará posible corregir el 89% de variantes genéticas humanas asociadas a enfermedades. Un revolución que evitará muchas dolencias. Pero que también abre una perspectiva inquietante, pues en un futuro se podrían hacer modificaciones eugenésicas de pesadilla. Por primera vez los más pudientes podrían lograr que los embriones de sus hijos fuesen modificados para ser superiores a los de los menos favorecidos, rompiéndose así la lotería de la cuna que igualaba a las personas. Un debate moral de enorme trascendencia, porque lo que es posible en un laboratorio al final siempre acaba haciéndose, por muchas barreras éticas honorables y preventivas que se establezcan.

Ayer llegó otro hito, esta vez tecnológico. Google, el gigante monopolístico, no solo hace nuestra vida más sencilla y se lucra a costa de nuestra intimidad (y de los contenidos de los periódicos por los que no paga). Además es un inmenso laboratorio de investigación, la punta de lanza en la Inteligencia Artificial. Pues bien, ayer anunció a través de la revista científica «Nature» que uno de sus ordenadores, el llamado «Sycamore», ha alcanzado la llamada «supremacía cuántica», el momento en el que los ordenadores cuánticos superan a los binarios convencionales. Ya no funcionan con la dicotomía 1-0, sino con ambos bit a un tiempo, lo que abre una nueva era en la computación. Según Google, su máquina logró completar en 3 minutos y 20 segundos una operación para la que un ordenador convencional necesitaría 10.000 años. IBM lo refuta y dice que sus ordenadores clásicos podrían hacerlo en dos días y medio. Incluso si esa réplica fuese cierta, el salto de velocidad de cálculo de «Sycamore» seguiría siendo asombroso. Falta todavía mucho trabajo de ingeniería informática para que los ordenadores cuánticos sean prácticos, pues hoy resultan muy frágiles y fallones. Pero cuando en unos años se conviertan en una herramienta operativa se da por descontado que revolucionarán la medicina, los cultivos, las baterías energéticas e incluso -ay- los arsenales bélicos (hasta límites pavorosos).

(P. D.: En España hoy solo se hablará de que el Gobierno socialista ha convertido en un acto de propaganda y un espectáculo mediático -22 cámaras en el Valle de los Caídos- el desentierro y cambio de tumba de un dictador muerto hace 43 años y que nada importaba ya a la sociedad actual. Francamente, no me interesa nada. Es más, me parece profundamente rancio).

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
VIVIMOS COMO SUIZOS.

La voz humana.

Al lado del vídeo de Torra, los teatrillos que María Teresa Campos hacía en su programa eran «Seis personajesen busca de autor»

Rosa Belmonte.

Actualizado: 21/10/2019 23:44h.

Me imaginaba a Quim Torra como Anna Magnani en «La voz humana» de Rossellini esperando la llamada telefónica de Sánchez. Aunque no sea su amante. Vale, más que del personaje de Magnani en esa película de historias cortas llamada «El amor», Torra esté más cerca del cerebro echado a perder de la madre de Tony Soprano. Pero ha sido enseñar ese vídeo donde teatraliza la espera de la llamada y pasar de inmediato mi cabeza de Jean Cocteau a Armando Iannucci. A «The thick of it» o a «Veep». A una cosa ridícula. A una comedia. Aunque quede más cerca «Polònia». Además, la autochufla se emitió en TV3, que hay que tener narices. Mira que me había reído con el autovídeo de Albert Rivera (antes de querer ser presidente para meter a la gente en la cárcel), pero lo de Torra supera cualquier falta de pudor. Al lado del vídeo de Torra, los teatrillos que María Teresa Campos hacía en su programa con Paco Valladares y Rociíto eran «Seis personajes en busca de autor».

Tronchante (si no fuera trágica) la reacción de Torra en su despacho ante la entrada de un miembro de su equipo que le dice que «no se pueden poner, de momento». « ¿Que no se pueden poner?». «No». «Es increíble». «Igual tienen cosas más importantes». « ¡Qué cojones!». Y sigue muy enfadado. «En días así y no se ponen al teléfono». Acabáramos. 30 segundos de hilaridad. En la vida real, Torra se ha quejado de que Pedro Sánchez se «esconda» tras Miquel Iceta. Hombre. Eso es difícil, tan difícil como que Torra pueda dar imagen de estadista, ni siquiera de provincialista. A su lado hasta Pep Guardiola (un nombre tanteado, o tonteado, por la mente de Artur Mas para ser presidente) parece De Gaulle. O no. De Gol. Yo qué sé. En ese mundo catalán que es cascada de colores, como el mundo mágico de Disney, un futbolista activista no es más descabellado que lo que tienen al frente de las instituciones. Que en Cataluña cuando parecía que Puigdemont era lo peor, llegó Torra. Y como en «La parábola del náufrago» de Delibes, sabemos que siempre se puede estar peor.

Revilla, ese otro estadista con ansias de ser la señora Danvers (pones la tele y ahí está, como Judith Anderson estaba cada vez que Joan Fontaine se daba la vuelta), sí ha hablado con Sánchez. Le pregunta Cristina Pardo: « ¿Usted ha podido hablar con Pedro Sánchez». «Sí». « ¿Y está preocupado?». «Sí, está preocupado». Y añade: «Lo de Cataluña puede dar un vuelo inesperado en las elecciones». Amárrame los pavos con la preocupación. Aunque no nos extrañe. Tampoco que de Cristina Pardo, en el mismo programa, saliera esta frase sobre el estado feliz de las cosas en un momento determinado: «Los manifestantes lanzando basura de manera pacífica por encima de las vallas. De momento está todo tranquilo». Vale, es verdad que si llevaran motosierras y la cara cubierta de cuero recosido sería menos tranquilo. O si llevaran el lanzallamas de Leonardo DiCaprio. Pero, vaya, que lanzar basura, aunque sea menos grave, no parece muy normal y tranquilo. Como diría el Sheik Ilderim de «Ben-Hur» (el dueño del carro y los caballos con los que Judah compite en la carrera), «Un sólo Dios se entiende, ¿pero una sola mujer? Eso no es sabio. Ni generoso». ¿Unas bolsas de basura? Eso no es limpio ni normal ni de gente civilizada. Claro, luego tienen que quemar los contenedores porque ¿para qué los quieren?

Quim Torra podía aprender de Tallulah Bankhead, que sirve para todos los que viven en burbujas sin pensar en los demás. Tallulah se arrodillaba cada noche de teatro y rezaba: «Querido Dios, no dejes que haga el ridículo».

Rosa Belmonte.

Articulista de Opinión.
EN PRIMERA FILA.

Héroes.

Los policías que arriesgan su vida en Cataluña agradecerían la toma de medidas más que la visita de Pedro Sánchez.

Ana I. Sánchez.

Actualizado: 21/10/2019 23:52h.

Es imposible observar la brutalidad y violencia que los terroristas callejeros despliegan sobre policías, guardias civiles y mossos en Cataluña sin que el corazón se sobrecoja. Les hemos visto en directo arriesgar su vida para intentar controlar la insumisión agresiva alentada por el presidente de la Generalitat, Joaquim Torra. Sus familias han contemplado impotentes cómo los radicales les lanzaban ácido, adoquines, bolas de acero o cócteles explosivos mientras les acorralaban, amenazaban, insultaban o escupían. Y todos hemos visto cómo han aguantado estas enormes dosis de tensión durante jornadas de 15 horas y con trajes de más de veinte kilos encima. Policías y guardias civiles luchando por mantener el orden en un terruño que no es el suyo. Unos y otros con disciplina a una consigna política: que no haya un muerto.

Son los héroes de las últimas jornadas. Han actuado de manera absolutamente impecable en una situación de enorme estrés en la que era muy fácil cometer un error. Su modélica intervención ha permitido arrebatar al independentismo uno de los comodines que tenía en la mano desde el 1 de octubre: la falsa idea de la brutalidad policial. Los secesionistas seguirán victimizándose pero con las imágenes de esta semana su queja ha perdido todo recorrido. La prueba de ello son los 300 manifestantes atendidos por el servicio catalán de salud -cuatro habiendo perdido un ojo- sin rastro de polémica en el resto de España o en la escena internacional.

Prácticamente la misma cifra de agredidos contabilizan las fuerzas de seguridad. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, acudió ayer a saludar a algunos de los policías ingresados para darles su apoyo. Pero a esos agentes no se les compensa con gestos sino tomando medidas. No es que el periplo del líder socialista esté mal, ¡qué menos!, es que es completamente insuficiente y electoralista. Primero, porque mientras Sánchez paseaba por el hospital, al presidente del PP, Pablo Casado, se le revocaba el permiso para entrar en la Jefatura Superior de Policía de Cataluña a saludar a los agentes (no fuera a ser que le robara un minuto al primero en el telediario). Segundo, porque las visitas son gestos y, como tales, deben ir acompañados de medidas si de verdad se busca su eficacia. No me refiero a la Ley de Seguridad Nacional o al artículo 155 de la Constitución sino a decisiones mucho más sencillas. Si el Ejecutivo socialista quiere demostrar su preocupación por la seguridad de los agentes puede empezar por reemplazar a los que se han jugado la vida durante las últimas noches y continuar con el refuerzo de medios materiales. Y si quiere reconocer la labor de la Policía debe hacer algo tan simple como dejarla actuar con proporcionalidad pero contundencia frente a un movimiento que no es otra cosa que terrorismo callejero. Exactamente igual que sucedió en Madrid el sábado cuando una manifestación independentista intentó cortar la calle Gran Vía. Los agentes pudieron intervenir sin interferencias políticas y resolvieron el problema rápidamente, con cargas claro está.

Entre intervenir a sangre y fuego y limitarse a «contener» la violencia hay muchos grados, entre los que se encuentra la actuación policial proporcionada. El Gobierno debe escuchar a los sindicatos que ayer pidieron con acierto poder actuar en las calles catalanas con la misma firmeza y los mismos medios que en cualquier otra ciudad. Seguro que los policías heridos agradecerían al Ejecutivo que tomara medidas en esta dirección mucho más que las visitas protocolarias de Sánchez.

Ana I. Sánchez.

Corresponsal.
ENFOQUE.

Los vaivenes del «racista» y el doctor.

Sánchez no quiere hablar con Torra.

Álvaro Martínez.

Actualizado: 20/10/2019 23:37h.

La relación entre Pedro Sánchez y Quim Torra es cambiante, sometida a una ciclotimia desconcertante que les lleva de ser socios -si se trata de desalojar a Mariano Rajoy del poder- a no hablarse tras la violencia separatista post-sentencia. Ahora, el presidente del Gobierno en funciones ha decidido no cogerle el teléfono al «dinamizador» de los CDR hasta que éste no condene la violencia de la pasada semana. Puede esperar sentado Sánchez porque no lo hará, pues a diferencia de otros episodios de salvajismo urbano acaecidos no hace tanto en algunas grandes ciudades europeas (París o Londres), la diferencia sustancial con Barcelona es que aquí las algaradas han sido animadas («Apretad, hacéis bien en apretar») por el que manda.

Vuelven por lo tanto a distanciarse Sánchez y Torra y dejan su relación en su agrio primer punto de encuentro, cuando el líder socialista afirmaba que «Torra no es más que un racista al frente de la Generalitat de Cataluña», cuando salieron a la luz los escritos del president en los que se refería a los catalanes que hablan en castellano como «carroñeras bestias españolas con una tara en el ADN. Víboras, hienas. Bestias con forma humana, que destilan un odio perturbado, nauseabundo, como de dentadura postiza con verdín». Ya ven, todo un poeta...

Luego, al cabo de los meses, a Sánchez no le importó apoyarse en el partido de Torra para llegar a La Moncloa. Comenzaba el idilio. Una vez allí, tampoco le molestó ser recibido como un jefe de Gobierno extranjero en Barcelona, en aquella infamante reunión de Pedralbes (hace diez meses de aquello) en la que se le entregaron una serie de exigencias humillantes que, tras un simple vistazo, eran como para levantase y decir «adiós muy buenas». Los españoles, al menos, merecían que su presidente defendiese la dignidad de la nación de tan tremenda ofensa. No fue así y el encuentro terminó con grandes abrazos y sonriente photo call. Era diciembre por entonces. Un mes después, el 16 de enero, Sánchez declaraba que «no nos movemos de los acuerdos de Pedralbes», mostrando así su fe en el fruto de aquella reunión. El 5 de febrero Torra sacaba los 21 puntos del documento y España conocía lo que allí se coció: observadores internacional, derecho de autodeterminación y la «desfranquización de España». Sánchez se asustó y rompió. La sentencia del «procés» ha hecho el resto.

Amores de ida vuelta, como vemos, entre aquel socio «racista» y el doctor. Quién puede asegurar que no vuelvan tras las elecciones del próximo noviembre y pasen, de no cogerse el teléfono, a ser esos tortolitos que en las películas no podían dejar de hablar. Ya saben: «Cuelga tú; no tonto, cuelga tú»... y así horas y horas.

Álvaro Martínez.

Redactor jefe.
EL ÁNGULO OSCURO.

Antisistemas sistémicos.

Entre los vándalos de Barcelona no hay sólo jóvenes indepes frustrados, sino también profesionales de la destrucción.

Juan Manuel de Prada.

Actualizado: 20/10/2019 23:45h.

La imagen de un Gabriel Rufián expulsado por los suyos de una manifestación me ha recordado Los demonios, aquella novela donde Dostoievski probaba a ilustrar la genealogía del nihilismo violento, ese hijo malcriado de la democracia que viene a completar la obra iniciada por sus papás. El gran maestro ruso arremetía en su novela contra esos liberales que se dedicaban a culpar a la religión de todos los males que azotaban al país, mientras educaban en la impiedad y en la satisfacción del capricho a sus vástagos, que empezaban por abjurar de la fe, para después frecuentar cenáculos subversivos y terminar urdiendo atentados. Cuando el padre de la novela descubre con horror los manejos de su hijo le pregunta qué está haciendo; y el hijo le responde cínicamente: « ¡Padre, completo la labor que tú has iniciado!».

Es una dinámica infalible que ahora cobra contornos truculentos en las calles de Barcelona. Hubo unos políticos que organizaron un trampantojo de secesión, culpando a España de todos los males que azotaban al país; y luego vinieron sus hijos dispuestos a completar la labor que ellos habían iniciado. Pero pretender que esta dinámica sea fruto meramente del adoctrinamiento independentista es coger el rábano por las hojas. A fin de cuentas, entre los vándalos que se han dedicado a causar todo tipo de estragos en Barcelona no hay sólo jóvenes indepes frustrados, sino también profesionales de la destrucción, algunos venidos de muy lejanas tierras, englobados en ese prototipo que difusamente llaman «antisistema» por no llamarlo por su verdadero nombre, que es «sistémico»; pues nada hay tan sistémico como un antisistema, que el fruto más granado, el vástago más acabado del sistema vigente.

En el clarividente prólogo de La tournée de Dios, Jardiel Poncela acierta a explicar el origen del proceso desintegrador que corroe a las sociedades liberales, que se dedican a halagar a sus jóvenes con un festín de derechos (de bragueta o de autodeterminación, lo mismo da) hasta convertirlos en monstruos de voracidad: «La palabra derecho -escribe Jardiel- sale de todas las bocas: “Yo tengo derecho”. -“ ¿Con qué derecho?”. -“Defiendo mis derechos”. -“ ¡No hay derecho!”-“Estoy en mi derecho”». Pero este festín de derechos tiene siempre muy mala digestión, pues se moldea una nueva generación «sin concepto ya del deber, engreída, soberbia y fatua, llena de altiveces, dispuesta a no resignarse, frívola y frenética, olvidada de la serenidad y la sencillez, ambiciosa y triste, que reclamándole a la vida mucho más de lo que la vida puede dar, corre enloquecida hacia la definitiva bancarrota». Y es una bancarrota rabiosa, porque -como el propio Jardiel observa- los hombres, cuando han perdido la perspicacia para ver dentro de sí, se convierten en alimañas sedientas de venganza.

En Cataluña esa sed de venganza se reviste con los ropajes del independentismo; pero en su fondo antropológico es puro resentimiento, que es siempre la estación final de ese proceso desintegrador que se inicia con el festín de los derechos. «El resentimiento -escribe Castellani- es indignación reprimida mal o insuficientemente que se irradia concéntricamente de objeto en objeto y de zona en zona anímica. Hay hoy día ideologías del resentimiento expuestas en lenguaje científico y con las mayores apariencias de objetividad. Este rencor convertido en septicemia no tiene más penicilina que una gran inyección de amor tan tremenda que sólo es posible por la Fe y por la Gracia -ayudadas de intermediarios humanos-, como suele Dios hacer sus cosas». Pero, ¿dónde están esos intermediarios? Tal vez Dios ya no quiera saber nada de España.

Juan Manuel de Prada.

Escritor.
ENFOQUE.

Falta Otegui en las barricadas.

Torra, en el piquete coactivo.

Álvaro Martínez.

Actualizado: 16/10/2019 23:59h.

El presidente de una comunidad autónoma, tercera autoridad del Estado en ese territorio, cortando una autovía en insurrecta desobediencia. A su lado y como ejemplo de lo que le espera, Ibarretxe, el sujeto político que trató de meter al Estado en el mismo problema años atrás, hoy reciclado en próspero conferenciante por medio mundo (a tanto la pieza) a cuenta de su estrepitoso fracaso, que de algo hay que vivir. A su vera, por tanto, Ibarretxe, pero bien podría ir junto al «president» el miembro de la célula terrorista del CDR que andaba con los explosivos y que declaró que Torra estaba al tanto de las actividades del «comando», que incluían el asalto al Parlament y otras acciones violentas como respuesta a la decisión del Tribunal Supremo. Porque si este elemento no puede ir escoltando a Torra es solo porque el juez le envió a la cárcel junto a otro seis compinches por delitos relacionados con el terrorismo. Para compensar esta triste ausencia, quizá en breve veamos a Arnaldo Otegui en una de esas movilizaciones tan pacíficas que terminan con centenares de heridos, lanzamiento masivo de piedras y lo que se tenga a mano contra los Mossos y la Policía, con las calles sembradas de barricadas de fuego y ya de paso, quema de comercios y apaleamiento de los ciudadanos que, en una eterna espera a los bomberos que no llegan, tratan de apagar el fuego que los amenaza. Con Otegui hablamos de una auténtica autoridad en materia de violencia, probada en varias sentencias judiciales que le han llevado a la cárcel por secuestrar o intentar reconstruir una ETA moribunda que, para entonces, había asesinado a casi 900 personas. Un tipo que en una algarada sabe de lo que habla. Encaja como un guante en el movimiento.

Copiando el discurso de Torra, la muy indignada grey «indepe» lloriquea estos días porque «a Junqueras le han caído 13 años de cárcel por votar; a Forcadell, 11 por permitir un debate en el Parlament, y a los Jordis, 9 por convocar una manifestación». Así andan las cabezas... Más de uno les ha recordado a quienes resumen la sentencia del «procés» con ese simplismo bobalicón que es como decir que a Tejero le cayeron 30 años por estropear la escayola del techo del Congreso. Ya saben, lo del tonto, el dedo y la Luna. Lo de siempre.

Álvaro Martínez.

Redactor jefe.
EN PRIMERA FILA.

Que corran a Estrasburgo.

El Supremo ha sido tan pulcro que la Corte Europea no podrá decir sino que Junqueras y su cuadrilla están bien condenados.

Ana I. Sánchez.

Actualizado:

14/10/2019 23:50h.

Decía Winston Churchill que un pesimista encuentra la dificultad en cada oportunidad, pero que un optimista ve la oportunidad en cada dificultad. La sentencia del procés, tal y como ha sido redactada por el Supremo, enfrenta la posibilidad de que se incumpla al no establecer ningún plazo mínimo de condena pese a estar en manos de la Generalitat catalana. En un estado de Derecho es evidente que la Justicia tiene que hacer cumplir sus sentencias y ésa es la dificultad de este caso. Pero ese mismo redactado encierra también la clave para cortocircuitar la internacionalización que busca el independentismo. Y esa es la gran oportunidad que brinda el fallo.

La amenaza de que los sediciosos acudieran al Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha estado presente desde el primer día del juicio. De hecho, nadie entendería que no lo hicieran ya que vienen denunciado la vulneración de sus derechos con persistencia. Tendrán que pasar, eso sí, por el Tribunal Constitucional primero. Pero con el texto de la sentencia en la mano pueden ir haciendo el pino a Estrasburgo si quieren porque difícilmente la Corte Europea va a estimar su recurso. Manuel Marchena y los otros seis magistrados se han cuidado muy mucho de no dejar resquicios a esta vía a lo largo de una sentencia que no se podría haber redactado de manera más pulcra con el Código Penal delante. Así que en lugar de un varapalo lo más probable es que la democracia española se anote el éxito de que un tribunal internacional sentencie que Oriol Junqueras y su cuadrilla están bien condenados. Y eso quizás no sería posible con una sentencia que hubiera ido más lejos. Recibir un fallo de Estrasburgo contrario a los intereses independentistas sería muy importante para España porque abortaría la campaña de internacionalización lanzada por el independentismo. A ver qué argumentarían, por ejemplo, aquellos 52 diputados galos preocupados por la vulneración de los derechos fundamentales en España. Sin la baza del apoyo exterior, el secesionismo sabe que la unilateralidad es vía muerta.

Hay otras consecuencias políticas de una sentencia que, como ya sabíamos, no gusta a todo el mundo. Oriol Junqueras y Jordi Cuixart llamaron ayer a la «reincidencia». Permítanme una sonrisa jocosa. ¿Están diciendo que cuando salgan de la cárcel organizarán otro procés unilateral? Con lo que han gimoteado por estar en prisión no hay quién se lo crea. ¿Están llamando acaso a Joaquim Torra, Roger Torrent o Gabriel Rufián a seguir sus pasos? Silbarán y mirarán hacia otro lado porque no están dispuestos a acabar en Lledoners, por muchos privilegios que haya conseguido Junqueras, que ayer, móvil en mano, telefoneaba a sus amigos desde la cárcel y cerraba visitas para hoy. Dos concesiones negadas a los presos comunes.

Una vez que la unilateralidad se ha convertido en sinónimo de prisión, faltarán los voluntarios que quieran pasar una temporada en la cárcel. La prueba es que con todos sus cacareos y palabrerías, ni Torra ni Torrent se han atrevido a hacer nada que pueda meterles entre rejas. Llaman a apretar y movilizarse pero que sean otros los que corten las carreteras. Da igual que la condena haya sido de 13 años o que hubiera sido 18: viven muy bien de la política y ninguno quiere perder ese tren ni siquiera por un día. Verborreas aparte, son conscientes de que no les queda otra que reconectar independentismo y legalidad... después, eso sí, de una época de algaradas.

Ana I. Sánchez.

Corresponsal.
Mucho más perturba ella y nos tenemos que aguantar.

OKDIARIO07/09/2019.00:10.

A la vicepresidenta del Parlamento balear, la muy podemita Gloria de Santiago, le "perturba" la imagen del Rey en su despacho y para dejar constancia gráfica de su "perturbación" ha realizado un vídeo casero para inmortalizar el momento. El malestar que a la dirigente de Podemos le provoca el retrato de Felipe VI no es nada comparado con la "perturbación" que su comportamiento provoca a la inmensa mayoría de los españoles, hartos del sectarismo ideológico de una formación que va destilando odio a los cuatro vientos y no hay día que no monte el numerito.

Con independencia de la perturbación que la figura del Estado genera en los dirigentes populistas, no estaría de más que Gloria Santiago se pusiera a trabajar en lugar de dedicarse a grabar los interiores de su despacho. La pagamos el sueldo todos los españoles y no es mucho pedir que deje de rodar documentales.

De un tiempo a esta parte, a los podemitas les ha dado por las artes escénicas. Un día graban un vídeo en el que insultan a la presidenta madrileña llamándola "caracoño" en una nauseabunda expresión del más rancio machismo, y otro les da por tomar imágenes de su despacho para dejar constancia de lo mucho que les molesta el Rey.

Si había dudas de lo que podía aportar Podemos a las instituciones del Estado ya se han despejado todas: nada bueno. Y prueba de ello es que la vicepresidenta del Parlamento balear, la muy progresista Gloria Santiago, no ha aportado otra cosa que sectarismo ideológico. Y para demostrarlo ha tenido la brillante idea de inmortalizar el momento en el que se detiene con su cámara ante la imagen del Rey y expresa públicamente su malestar por la fotografía del Monarca.

Puede estar segura la podemita Gloria Santiago que para la inmensa mayoría de españoles quien molesta, y mucho, es ella.

PD: ¡VAYA TROPA, PUFFFFFFFFFF!
Satán y la diputada.

¿Pueden Iglesias y Montero cuestionar el derecho de sus amos a tratarlos como siervos?

Gabriel Albiac.

Actualizado:

05/09/2019 00:02h.

No, negarse a estrechar la mano de las diputadas españolas no fue, por parte de la delegación iraní anteayer, un gesto de desprecio hacia seres inferiores. Fue barrera profiláctica: la mano femenina contagia. Porque el cuerpo de la mujer es el de un animal contaminado, que sólo la omnipotencia de Alá puede lavar para exclusivo disfrute del esposo. Sin eso, la mancha que su animalidad imprime al creyente es indeleble. Es la marca del diablo, que la Sunna codifica: «Un hombre, una mujer y Satán en medio de los dos».

Nadie tiene derecho a fingirse sorprendido. El islam será muchas cosas; desagradables algunas. Pero no es ambiguo. Y la condición de la mujer, que tanto el Corán como la Sunna fijan, no es la de una más o menos despreciable inferioridad de género, por hablar con los tópicos occidentales. No es inferioridad; es impureza. Y emponzoña.

Una política española puede comparecer ante las autoridades vaticanas con una porción generosa de su anatomía al descubierto. Podrá juzgarse más o menos inelegante, pero nada sucede digno de ser reseñado. Cualquiera de los venerables varones musulmanes que visitaron anteayer el parlamento español hubiera, por el contrario, quedado espiritualmente corrompido por el apretón de manos de la más recatada de nuestras parlamentarias. No era un capricho ocioso lo que estaba en juego. Era la salvación eterna y el paraíso con su cupo de huríes, al que sólo la varonil pureza da derecho pleno.

La doctrina coránica sobre la mujer admite pocas dudas. Corán, sura 33, versículo 59: « ¡Oh, profeta, di a tus esposas, a tus hijas, a las mujeres de los creyentes, que echen sobre ellas grandes velos; son el medio seguro para que sean reconocidas y para huir de toda ofensa». Corán, sura 4, versículo 34: «Los hombres tienen autoridad sobre las mujeres, en virtud de la preferencia que Dios les ha concedido sobre ellas… Las mujeres virtuosas son piadosas: preservan en secreto lo que Dios preserva. Amonestadlas si teméis su infidelidad, encerradlas en habitaciones separadas y golpeadlas».

Nadie tiene por qué inmiscuirse en las creencias ajenas. Por ridículas que nos parezcan. Por ofensivas o bárbaras que efectivamente sean. Y nadie -absolutamente nadie- tiene derecho tampoco a imponer sus ridículas, u ofensivas, o bárbaras creencias a quienes no están por ley divina y humana sometidos -ni sometidas, sobre todo- a ellas. Es un aporético dilema que la diplomacia internacional da por resuelto desde hace muchísimo tiempo. Mediante la aplicación de una convención sencilla: en los casos de conflicto de protocolos, prima el del país visitado; y a él se han de ajustar automáticamente las liturgias de los diplomáticos visitantes.

Si la comparecencia es en Teherán, las viajeras, por alto que sea su rango, habrán de conformarse a las normas que se les impongan allí; o bien, quedarse en casa y evitar el sofocón. Si es en Madrid, los visitantes, por alto que sea su rango, habrán de contaminarse con las perversas prácticas igualitarias de estos lares; o bien, quedarse en las purezas musulmanas de sus hogares y salvar su alma. Que cada cual elija.

Si es que puede elegir, por supuesto. Porque en el parlamento de la carrera de San Jerónimo hay un par de casos bastante peculiares. Dos cónyuges que, además del sueldo de diputado, cobran salario de la televisión iraní, a cuyo servicio trabajan. ¿Pueden Iglesias y Montero cuestionar el derecho de sus amos a tratarlos como siervos? Eso es sólo cosa suya. Pero nada sale gratis.

Gabriel Albiac.

Articulista de Opinión.
El triunfo de la mentira.

«Pero ¿cómo se puede gobernar desde la mentira? ¿Cómo se puede decir una cosa y hacer la contraria, como están haciendo tantos gobiernos, el nuestro entre ellos, sin que la gente se indigne? ¿Es que todos estamos envueltos en esa gran conspiración? No me atrevería a decir tanto, pero que algo hay de ello, seguro»

José María Carrascal.

Actualizado:

03/09/2019 02:43h.

¿Qué fue de la exhumación de Franco? ¿Qué se hizo de la convocatoria de elecciones tras la censura a Rajoy? ¿Dónde está el gobierno progresista con Podemos? Los ministros y bandas de música en el recibimiento de los inmigrantes del Aquarius, ¿fueron verduras de las eras?

Podrían hacerse unas coplas, no tan bellas como las de Manrique a la muerte de su padre, pero sí tan ciertas, a la muerte de la verdad en la política, con el agravante de alevosía, pues se ha bautizado la mentira con el nombre de posverdad, invento de Gramsci, que revolucionó el marxismo al sostener que la revolución debe empezar por el idioma, el leninismo lo llevó a la práctica con la consigna «una mentira repetida un millón de veces se convierte en verdad» y Ernesto Laclau lo predicó con éxito en España. Fue como la Unión Soviética se convirtió en paraíso del proletariado, el castrismo, en bandera del progreso y el sandinismo, en faro de las libertades. Y como la inmensa mayoría de la intelectualidad europea sucumbió a tal falacia, cerrando los ojos a la realidad, única forma de mantenerse en la mentira.

Creímos que el desplome del muro berlinés y el descubrimiento de la miseria que ocultaba, junto a la violación de todo tipo de derechos humanos, bastaban para acabar con tal patraña, pero estamos comprobando que no es así, que en pleno siglo XXI sigue habiendo vendedores de paraísos y apóstoles de la utopía, no en los países donde gobiernan desde luego, porque se encargan de impedir que sus súbditos, que saben lo que ofrecen o, más exactamente, lo que no ofrecen, se rebelen, sino en las democracias, donde hay todavía quien les escucha y apoya. ¿Es que los humanos, junto a cualidades magníficas que nos han llevado a dominar la naturaleza y explorar desde el interior del átomo hasta el universo más allá de nuestra galaxia, tenemos también un impulso negativo que nos lleva a la destrucción de lo que más amamos, es decir, de nosotros mismos, como han cantado tantas veces los poetas y han propiciado a menudo políticos y científicos? Es hora de que la última generación, tan hábil en informática, tan audaz en experimentos, investigue si existe un gen del suicidio. Los historiadores lo han intentado, buscando por qué perecen unas civilizaciones y otras sobreviven. Pero la historia es un instrumento demasiado rudo (o demasiado manipulable) para descubrir un fenómeno tan complejo.

Lo innegable es que estamos en otra era, con nuevos problemas, que intentamos resolver con viejas fórmulas, lo que nos devuelve a situaciones anteriores (son significativos los paralelismos que se hacen con la República de Weimar alemana y la II República española), que sólo pueden servir como «ejemplos negativos», para evitar que se repitan, no como solución de los problemas actuales, al ser las circunstancias completamente distintas. Si es verdad que «el que no tiene en cuenta la historia está condenada a repetirla», no menos lo es que «la historia se repite, primero como tragedia, luego como comedia». Aunque también ocurre a la inversa: primero como comedia, luego como tragedia, piensen en el Napoleón emperador y en el de Santa Elena.

Que el mundo, y Europa especialmente, no son los de 1919, salta a la vista. Ni los de los años treinta del siglo pasado. La globalización ha convertido los problemas locales en mundiales y la informática ha acelerado la historia a la velocidad de la luz. Pero los problemas siguen siendo los mismos, sólo que multiplicados. Las invasiones bárbaras ya no son a caballo con la espada desenvainada, sino en cayucos con las manos en alto. El temor a perder la identidad ha resucitado un racismo distinto en las formas, pero igual en el fondo y la carrera armamentística sólo ha cambiado a peor: las últimas armas son mucho más letales que las anteriores. Sabiendo todos que otra guerra mundial acabaría con buena parte de la vida en el planeta. Mientras los intentos de lograr un gobierno no ya mundial, sino uno europeo, americano, asiático, y no digamos africano, son más inútiles que nunca. Junto al racismo han resurgido el nacionalismo y el populismo, causantes de la inmensa mayoría de las guerras y de las crisis económicas. Mientras retroceden la democracia y el liberalismo. Junto a ello resurge la añoranza de los «hombres fuertes». ¿Está todo ello relacionado? Posiblemente. El miedo es otro de los grandes motores no sólo de la conducta humana sino también de la historia. A veces, para bien, la mayoría, para mal.

Junto al miedo, irrumpe el individualismo, con niveles de paroxismo narcisista, (ahí tienen los selfies), causando verdaderos estragos, al distanciarnos unos de otros. La formación de sociedades cada vez mayores en busca de progreso -familia, tribu, nación, Estado, comunidad internacional- se ha revertido. En vez de hacia la ciudadanía del mundo, retrocedemos hacia la aldea. Por este camino pronto buscaremos refugio en la comunidad de vecinos.

Pero lo más grave es el deterioro de unos valores que se creían inmutables. El de la verdad a la cabeza. El refranero, ese resumen de la sabiduría popular, está lleno de advertencias al respecto, empezando por «la mentira tiene las patas muy cortas». Hoy, la mentira está a la orden del día, desde el Boletín Oficial al certificado de los productos. Oscar Wilde escribió un entremés delicioso, como todos los suyos y tan equívoco como el que más, titulado, «La decadencia de la mentira» donde demostraba justo lo contrario: que la mentira empezaba a inundarlo todo, de ahí que hasta «la naturaleza imite al arte». Mientras Camba escribía: «Los concejales mienten como el buey muge y la gallina cacarea». Hoy escribiría: «Los políticos mienten por obligación. Se lo piden sus electores».

Pero ¿cómo se puede gobernar desde la mentira? ¿Cómo se puede decir una cosa y hacer la contraria, como están haciendo tantos gobiernos, el nuestro entre ellos, sin que la gente se indigne? ¿Es que todos estamos envueltos en esa gran conspiración? No me atrevería a decir tanto, pero que algo hay de ello, seguro. ¿Acaso los británicos no se creyeron que saliendo de Europa iban a vivir mejor? ¿Por qué los argentinos siguen creyendo en el peronismo? ¿Es que los españoles nos creemos que las 300 medidas que Pedro Sánchez anuncia para ser reelegido va a cumplirlas? Imagino que algunos le creerán. Serán seguramente quienes esperan sacar provecho de ellas. Quien parece no creerle es Pablo Iglesias, que le exige participar en su gobierno para investirlo. Pero la desconfianza es mutua. La frase más sonora del debate sobre el Open Arms la lanzó como una pedrada el portavoz socialista Rafael Simancas a los podemitas: «Ustedes no son de fiar». «Y ustedes, menos» les responden a diario los morados. La verdad se ha licuado en la política como en los platos de la cocina moderna y el pensamiento se ha gasificado tras el meneo que le han dado neomarxistas y marrulleros.

¿Cómo va a acabar todo esto? Pues no bien. El famoso dicho «puedes engañar a uno una vez...» tiene la apostilla «pero no a la realidad». La realidad acaba siempre por imponerse sobre la impostura, hoy mal llamada posverdad.
Sumandos.

La reagrupación del centro-derecha sólo llegará, aunque tarde, desde abajo. La harán los votantes a fuerza de fracasos.

Ignacio Camacho.

Actualizado:

02/09/2019 02:35h.

España Suma, el proyecto de coalición electoral del centro-derecha que propone el PP, es una idea sensata y útil con un defecto importante: que por el momento resulta inviable. No sólo porque no esté madura sino porque una porción significativa de ese espectro politico-ideológico no parece dispuesta a integrarse en una alianza que contradice sus líneas estratégicas actuales. La prioridad esencial de Ciudadanos consiste en superar a los populares y no va a renunciar a esa aspiración mientras la considere a su alcance. En el mismo PP tampoco existe un consenso unánime, y es difícil que Vox renuncie tan pronto a medir en solitario sus propias posibilidades. El recorrido de la operación, pues, se ciñe apenas a la eventual incorporación, como en Navarra, de algunas pequeñas fuerzas regionales, y eso en el supuesto, aún por contrastar, de que la repetición electoral vaya a celebrarse. Objetivamente se trata de una propuesta interesante: la agregación de conservadores, centristas y liberales podría alcanzar una masa crítica cercana a la mayoría necesaria para desalojar a Pedro Sánchez. Pero requiere un período de sazón, algunos ensayos parciales y un liderazgo claro que todavía a Casado no le reconoce casi nadie. Quizá se necesite una legislatura de rodaje... u otra derrota que convenza a los votantes de que una derecha fragmentada no va a llegar a ninguna parte.

En realidad, a los tres partidos se les nota -acaso al Popular algo menos- que en el fondo desean que la izquierda acabe por formar Gobierno. Rivera está ansioso de sacudirse la presión para que impida el acceso al poder de Podemos, y Abascal espera que el mandato frentepopulista le dé oportunidades de lucimiento. A Casado también le convendría un cierto margen de consolidación, para la que hasta ahora no ha tenido tiempo. En ese sentido, el de España Suma es un movimiento que le permite dar la imagen de encabezar un sector política aunque no socialmente disperso; el mensaje subliminal es que el PP sigue siendo el motor -el núcleo irradiador, que diría Errejón- de ese segmento mientras dure la travesía del desierto. Se trata de mantener la iniciativa, de dominar el relato o como se le diga a eso: de presentarse ante la opinión pública como primer referente interno del amplio bloque que abarca desde el conservadurismo radical al centro. Ganar, lo que se dice ganar, es otro proceso que tal vez hoy quede bastante lejos.

A lo más que podría llegar el invento, si hubiese comicios en otoño, sería a las candidaturas únicas para el Senado, que no estaría mal como primer paso. La convergencia completa, si alguna vez se produce, no va a venir desde arriba sino de abajo: la tendrán que hacer los electores por su cuenta, concentrando el sufragio en una decantación natural por convicción, por necesidad o por hartazgo. Y para eso antes se tendrán que cansar de recolectar fracasos.

Ignacio Camacho.

Articulista de Opinión.
CON PERMISO.

Del «baby boom» a «abuelo boom»

La reforma no deben sufrirla con todo su peso aquellos que han sostenido las pensiones durante generaciones.

María Jesús Pérez.

Actualizado:

29/08/2019 04:26h.

La generación «baby-boom» es el grupo demográfico más numeroso en los países occidentales y en Japón. Estados Unidos, por ejemplo, tiene 78 millones de nacidos en los años que conforman ese colectivo de población, mientras que en España, esa cifra es algo superior a los 14 millones de personas. El término «baby-boom» se ha traducido al español como «explosión de natalidad» para denominar a la generación nacida después de la Segunda Guerra Mundial, un periodo comprendido entre 1946 y 1964 en términos internacionales. En España, sin embargo, se identifica con un periodo similar tras la Guerra Civil. Aunque esta finalizó en 1939, las cifras de natalidad de la preguerra no se recuperaron en nuestro país hasta los años cuarenta, se intensificó en los años cincuenta y se prolongó hasta 1974, tras lo cual la natalidad entró en declive. Este fenómeno de mayor natalidad se situó en España entre 1956 y 1974 -lustro arriba, lustro abajo, según qué estudio- pero estuvo acompañado de una fuerte emigración, por lo que tiene características muy diferentes a EE. UU. y al resto de Europa.

En España, ser un «boomer» es algo diferente a serlo si se hubiese nacido en algún otro país de la Eurozona. Con la crisis que nos sacudió sobre todo entre 2011 y 2013, muchos de esos niños del «baby-boom» español pasaron a ser los «parados-boom». Para muchos ¡la generación de pobres más ilustrados de la historia! Una pérdida de talento que aún hoy es un problemón. Por primera vez en su historia, España registró entonces más gente mayor de 65 años que menores de 14 años. A partir de ahí, empezaron los verdaderos problemas de futuro para esta generación, porque, digo yo, también tendrán derecho a jubilarse, ¿no?

Y es que la viabilidad del sistema de pensiones de aquí a veinte años, que es el tiempo que según los técnicos del BCE nos resta para tener la hucha en menos cero bajo cero -en mi opinión, mucho tiempo me parece-, es un hecho constatable. Urge una reforma de verdad. Nada de pan para hoy y hambre para mañana. Pensada para sostener en el tiempo un nuevo sistema y con la realidad de la pirámide poblacional española de fondo, que es un drama de nacimientos, los futuros trabajadores que coticen.

Está claro que los hijos del «baby boom» español son al final los verdaderos agentes que están ya tensionando el sistema de pensiones cuando lleguen a la jubilación. Ahora bien, ¿no creen que sería injusto que les penalizaran doblemente, retrasando su edad de jubilación y rebajándoles la pensión? Porque sería injusto que una generación numerosa, que ha sostenido el sistema durante años y ha hecho incluso que tenga superávit, pague ahora el doble que el resto de generaciones. Los futuros «abuelos boomers» tienen derecho a que nuestros políticos y agentes sociales se dejen de parches y se pongan manos a la obra. Es de justicia. El sistema ha de tener memoria.

María Jesús Pérez.

Redactora jefe.
O sí, quien sabe.......................... ...
Federico Jiménez Losantos.

Ni "migrantes" ni "náufragos": inmigrantes ilegales traídos por negreros.

Dicen los clásicos orientales, más clásicos por más antiguos, que el que nombra una cosa, la crea para poseerla. Ahora, que hasta el concejal más lerdo habla de "relato", como si nunca hubiera existido "propaganda", son los medios de comunicación, el eslabón más débil de la inteligencia occidental, los que bautizan o rebautizan las cosas como si hasta entonces no existieran o no las hubiera nombrado nadie. Por eso, lo primero que hay que hacer ante un fenómeno mediático y político es ver los términos en que nos cuenta el fenómeno, y si hace falta, romperle la crisma en el sentido literal del término, que es desposeerlo de la fe de bautismo mediático. Y los dos últimos casos, a cuenta del "Open Arms", son "migrante" y "náufrago".

Migran las aves, las personas emigran o inmigran
Cuando se organizó la caravana de ilegales en Centroamérica para entrar ilegalmente en los Estados Unidos atravesando México fue la primera vez en que se generalizó la palabra "migrante" para referirse a lo que antiguamente se llamaban "espaldas mojadas", "carne de coyote" o, simplemente, lo que eran: inmigrantes ilegales. Migrantes lo son las aves y otras especies que, siguiendo su instinto, vuelan de una zona cálida a otra fría o viceversa cubriendo trayectos de miles de kilómetros. Doñana es el notario de esa actividad viajera entre Europa y África. Entre nosotros, las cigüeñas y las golondrinas han sido las aves migrantes más frecuentadas por los poetas: "Volverán las oscuras golondrinas", dijo Bécquer; "… y augura que vendrán los liberales /cual torna la cigüeña al campanario", añadió Antonio Machado, contra el turno de partidos en la Restauración.

Lo que los progres americanos, tan creativos como nefastos, por lo contagiosos, querían decir al llamar "migrantes" a los ilegales en los USA es que no podían hacer más que lo que hacían, que eran víctimas de algo que no podían dominar, como el instinto viajero de las aves, y no cabía pedir cuentas legales por ese delito. Doblemente falso: eran emigrantes de su país de origen y aspiraban a ser inmigrantes, aunque ilegales, en otro. Y lo hacían, en su inmensa mayoría, buscando mejor nivel de vida para ellos y para sus hijos. Noble actitud, si no fuera necesario controlar la población que disfruta de los servicios sociales de un país, porque, si no han sido parte de su creación y lo son de su financiación, lo destruirían.

Y si eso es cierto en Norteamérica, que estaba casi vacía cuando la descubrieron los españoles y se ha ido llenando con inmigrantes, más lo es en Europa Occidental, donde a la presión de la Oriental, empobrecida por el comunismo, se añadió, por culpa de Merkel y otros demagogos, una enorme avalancha de refugiados y delincuentes, que de todo había, casi siempre musulmanes y provenientes de Medio Oriente a través de Turquía. Unos venían huyendo de la guerra de Siria, en la que la UE no quiso entrar. Otros, por la trata de personas, negocio más rentable que el de la cocaína.

Y los ideólogos anticapitalistas, que desde la caída del Muro buscan siempre algo a lo que agarrarse para deslegitimar esta sociedad en que tan ricamente viven, y que tienen en la casta mediática un socio incondicional, descubrieron en los negreros del Mediterráneo, una vez que Turquía, por mucho dinero de la UE, dejó de ser puerto franco, una mina de propaganda antisistema. Creíamos que con el "Aquarius" lo habíamos visto todo, pero lo del "Open Arms" con TVE incorporada a la mafia de la trata de personas en calidad de flotador, que no salvavidas, lo ha superado con creces.

Un pájaro nada migrante, Oscar Camps, ha buscado deliberadamente destruir la imagen y la política de control de fronteras del ministro del Interior italiano, Salvini, que cumple con su obligación. Un fiscaletto ha ayudado a Camps y su banda a deteriorar aún más la legalidad europea, declarando "náufragos" a esos "migrantes" que no son ni una cosa ni la otra. Quizás también a que Salvini gane las elecciones, contra los medios y los lelos, que en Italia, la víctima de la demagogia de Merkel, son menos.

La aristocracia moral europea: Bildu y compañía
La aristocracia moral de Occidente está indignada. Ayer, en Biarritz, el hijo del terrorista Ternera, el terrorista Otegui y la forajida Rovira, al frente de la contracumbre del G7, condenaron severamente lo que pasa en el Mediterráneo. Yo también, pero por lo contrario: creo que el Open Arms debería ser desguazado; Oscar Camps, juzgado por colaboración con la mafia negrera; Rosa María Mateo, por colaborar con Camps; y así hasta el Presidente en funciones electorales, Doctor Cumfraude, que ha utilizado un buque de guerra para instalar a quince ilegales en España. Al delito político de vulnerar la frontera le ha añadido el económico del derroche. Pero todo viene por llamar "migrantes" y no inmigrantes ilegales a esos delincuentes. Sánchez puede gastar nuestro dinero y enlodar a la Armada porque cumple una "misión humanitaria", la de rescatar a pobres náufragos hambrientos. Sólo que no son pobres, porque pagan 3.000 euros por llegar a Europa por barca ilegal o por barco humanitario coordinado con la naviera negrera.

Y tampoco son náufragos
Un profesor de Derecho Marítimo, J. M. Ruiz Soroa, explicaba ayer en El Mundo, para que lo entendiera el fiscaletto, que no había náufragos en el Open Arms ni en otros barcos que objetiva y subjetivamente (de ahí sus insultos a Salvini y luego a Carmen Calvo y su empeño en desembarcar en Italia y no en el puerto más cercano: Túnez) colaboran con los negreros. "Náufragos de conveniencia", los llama Ruiz Soroa porque la obligación de auxiliar al que está en peligro en el mar no puede aplicarse en este caso, y menos todavía cuando Camps se negó a desembarcar en Túnez. No son "náufragos" porque no han sufrido ningún accidente. Reclamarlo así es un clarísimo fraude de Ley. Por no hablar del empeño en delinquir llevando a un país europeo inmigrantes ilegales –Soroa dice "migrantes", ha picado- cuya premeditación delictiva les llevó a pagar previamente su transporte. Nada hay involuntario en eso que llaman drama, cuando es simple delito.

Lo intolerable es que, contra la orden de la Autoridad Marítima, el Open Arms se ha empeñado en delinquir. Y la UE –no sólo Italia- no puede acostumbrarse a este tipo de actividad delictiva. Porque, como dice Soroa, "El caso termina y los desatados sentimientos de simpatía descansan. Pero lo que quedará es que habrá náufragos de conveniencia (y algunos morirán por ello) mientras tengan la esperanza confirmada de que habrá unos rescatadores esperándoles ahí fuera. Un bucle mortífero insostenible que por algún lado hay que cortar."

Sólo Vox ha estado en su sitio
El zascandileo de Sánchez no puede sorprender. Podemos está con el Ternerita, Otegui y la forajida Rovira por Skype, es decir, con el delito. Lo que no entiendo es la actitud de PP y Ciudadanos, que sólo han pedido que Sánchez se explique, pero no que se cumpla la Ley, en toda la UE, que incluye a España, el segundo país tras Italia más expuesto a esos pájaros nada migrantes que colaboran descaradamente con los negreros. Sólo Vox ha hecho lo que se supone que debe hacer un partido que defiende el Estado de Derecho: atacar a los delincuentes en los medios –pocos- que le hacen eco y llevarlos a los tribunales. Por lo visto, asociar el nombre de un partido al de Salvini es más peligroso que los delitos que combate. ¿Por interés electoral? ¿Y por qué actúan los partidos que colaboran con su pasividad en la actividad de los negreros y sus ayudantes? Ni siquiera por electoralismo, sino por simple pánico mediático. No acaban de entender PP y Cs que los españoles estamos hartos de sentimentalismo tercermundista, de tan sucia complicidad con los amigos de la nueva trata de negros, del blanqueo progre de la trata. Si sólo lo ha entendido Vox, mejor para Vox.
«La chica del 17» y la banda del lazo.

Álvaro Martínez.

Actualizado:

19/08/2019 23:49h.

La autodenominada Asamblea Nacional Catalana ha emprendido una campaña publicitaria para desprestigiar a España. Es la enésima. De aquí a la Diada septembrina de este año, y de cara a la sentencia del Tribunal Supremo a los golpistas del «procés», va a intentar la ANC inundar Europa de carteles y pasquines hablando mal de España y diciendo mentiras, su gran especialidad, como que la autodeterminación es un derecho. Como ya publicó ABC el 27 de julio, ya ha «decorado» Roma con la patraña y hará lo mismo en Berlín, París y otras grandes capitales. Más dinero. Con la ANC cabe preguntarse lo que a «La chica del 17» del cuplé: « ¿De dónde saca pa tanto como destaca?». Porque visto el derroche a manos llenas, lo de las cuotas y las cuestaciones no termina de colar, que ya son muchos. No cuadra, por ejemplo, que Diplocat (el entramado «diplomático» de la Generalitat) le pagase a Elisenda Paluzie, presidenta de la mencionada ANV, los viajes para dar tres conferencias en Japón. Probablemente Paluzie no llegó a pagar de su bolsillo o del de la ANC ni el taxi que la llevó al aeropuerto, porque del dinero público de todos los catalanes salieron sus pasajes de avión, sus comidas, sus dietas, el alquiler de las salas en las universidades niponas donde profirió su monserga, los intérpretes del japonés al inglés y viceversa (al menos se ahorró el de catalán, todo un detalle) y hasta lo que se pagó a los ponentes japoneses. Todo lo pagó la Generalitat. La oposición ha preguntado en el Parlament por este despilfarro.

Más oscura aún es la financiación de la llamada Casa de la República Independiente de Puigdemont, es decir, la guarida de Waterloo, cuyo alquiler cuesta cuatro mil euros al mes, a lo que hay que sumar la rumbosa vida de viajes y restoranes que lleva el huído. Cómo será la cosa que ha tenido que poner a trabajar de senador a Matamala, su presunto mecenas, para que se lleve un sueldo público apañadete.

No cuela tampoco el cuento de los patriotas desinteresados, como esa empresa de publicidad que se vanagloria de haber perdonado 80.000 euros a la Generalitat por publicidad digital del referéndum ilegal de 2017... y después ha ganado varias adjudicaciones de contratos en los dos años siguientes por valor de más de 8,2 millones. Les va a salir caro tanto patriota a los catalanes, porque al final, y si no al tiempo, serán los que paguen esta fiesta.

Álvaro Martínez.

Redactor Jefe.
VIDAS EJEMPLARES.

Pollos sin cabeza.

La principal estrategia es la improvisación marketiniana.

Luis Ventoso.

Actualizado:

18/08/2019 23:47h.

Los futboleros recordarán a John Benjamin Toshack, bon vivant amigo del golf que entrenó a la Real, el Madrid y el Dépor. El galés, de 70 años, aún anda dando tumbos por los banquillos, últimamente en un remoto equipo iraní. Como tantos cantamañanas inteligentes, Toshack tenía su coña. Con su español macarrónico resultaba una mina dando titulares. Un día explicó así sus dudas sobre la alineación: «Los lunes siempre pienso en cambiar a diez. Los martes, a siete u ocho. Los jueves, a cuatro. El viernes, a dos. Y el sábado ya pienso que deben jugar los mismos cabrones». Le gustaban los futbolistas resolutivos: «Un delantero sin gol es como un pub sin cerveza». Y cuando los suyos se dispersaban les arreaba duro: «Mis jugadores se han comportado como pollos sin cabeza».

Sirva lo de los pollos sin cabeza para resumir la errática estrategia de Sánchez ante el complejísimo problema migratorio. El 17 de junio del año pasado, solo quince días después de haber sido investido sin haber ganado las elecciones, organizó con máxima trompetería la llegada a Valencia de los 629 inmigrantes del Aquarius. «Es nuestra obligación ofrecer a esas 600 personas un puerto seguro. Cumplimos con los compromisos internacionales en materia de crisis humanitarias», alardeó. La decisión fue saludada por los medios afectos como una gran lección progresista al desalmado Gobierno anterior y a una Europa sin entrañas. Seiscientos periodistas de 138 medios en el puerto. Hasta allá viajaron dos ministros y la vicepresidenta Calvo, que coordinó un dispositivo de 2.300 personas, con mil voluntarios de Cruz Roja, 356 policías nacionales, cien guardias civiles, 450 traductores, 150 sanitarios (y el Padre Ángel, por supuesto). Este periódico se atrevió a advertir de un posible «efecto llamada» y recibió los vituperios del «establishment» buenista. Pero así fue, y Sánchez hubo de plegarse a la realidad y mudar su estrategia.

Olvidando la tradición de elegir Marruecos para la primera visita presidencial, Sánchez había preferido una fotito glamurosa con Macron en París. Pero pronto hubo de retomar la «realpolitik» del viejo Mariano: pagar a Marruecos para que controlase el flujo de pateras, como de hecho está haciendo. También cortó de cuajo las acogidas de buques de las oenegés.

Ante el Open Arms, con más de un centenar de personas dando vueltas por el Mediterráneo en una situación lacerante, el Gobierno ha hecho todo lo contrario que con el Aquarius. Del Ejecutivo más solidario pasamos a uno con corazón de piedra. «No puede ser que España sea el único puerto seguro del Mediterráneo», refunfuñaba Ábalos el pasado día 5 rechazando el barco. Sánchez, acantonado en sus vacaciones marismeñas, ni siquiera se ponía al teléfono cuando lo llamaban los dirigentes de Open Arms. Por fin ayer, en un gesto vía Twitter, el magno estadista ofrece primero el puerto de Algeciras y luego el de Mahón... sabedor de que el barco tal vez sea incapaz de completar esa singladura dada la crisis que vive a bordo.

Ni plan ni método, como de costumbre. Al igual que la UE, que se resiste a asumir que mientras Libia siga siendo un Estado fallido no habrá solución posible.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
VIDAS EJEMPLARES.

Buscando ultras desesperadamente.

Enternecedor el denuedo con que se busca la maldad de «las tres derechas»

Luis Ventoso

Actualizado:

15/08/2019 23:52h.

Alarma. ¡Paren las rotativas!, como se voceaba antaño en los viejos periódicos Gutenberg. ¡Escándalo y pánico en la Comunidad de Madrid! Isabel Ayuso gobernará aceptando los acuerdos que ha firmado «con la ultraderecha». Uff, qué horror. Titulares estremecidos en la prensa sanchista. Sudores fríos entre el progresismo de guardia en agosto. Adriana Lastra, número dos del PSOE -lo que acredita su buen momento intelectual-, siempre amiga de las opiniones matizadas, arde en justa indignación ante la barbaridad fachosa de Ayuso de bajar los impuestos: «Cualquier día acabará defendiendo el terraplanismo, o a los antivacunas», le reprocha enfurruñada. Adriana, que fuma en pipa, no quiere perder su precioso tiempo en analizar las propuestas de Ayuso: «No voy a comentar cada tontería que diga la presidenta de Madrid», zanja la pensadora asturiana en un rapto de dignidad.

Como el progresismo obligatorio siempre tiene la razón, a mi no me cabe duda de que Ayuso ha firmado unos acuerdos tremebundos, prietos de postulados propios del peor Mussolini. Así que consulto la prensa oficialista para conocer las medidas concretas de «ultraderecha» a las que ha sucumbido la flamante presidenta de Madrid. Ahí van:

-Los centros educativos públicos de la Comunidad tendrán que informar a los padres sobre qué temáticas van a abordar en los talleres y charlas en los que participan sus hijos. Sin duda necesito con urgencia el curso intensivo de Reeducación en el Espíritu Progresista, porque no pillo la maldad de la medida. De hecho me parece de lo más razonable y un ejemplo de transparencia a la escandinava.

-Hay que combatir al machismo, pero no a los hombres. Sigo un poco espeso. Esta frase, al parecer digna de Himmler, también me resulta razonable.

-Promover la natalidad y crear una consejería de Familia. Por lo visto otro zarpazo súper facha. Pero -y ya lo siento- también me parece positivo en un país con un pavoroso problema demográfico y donde se están desatendiendo a las familias y a las clases medias mientras se centra el foco en las minorías.

-Las Fuerzas de Seguridad tendrán acceso a los datos de la Administración sobre los inmigrantes en situación irregular. Si están de manera ilegal en España, ¿no debe la Policía poder acceder a la información sobre su situación? ¿Cuál es el problema?

-Destinar ayudas al desarrollo, a luchar contra la despoblación. Otro terrible imperativo ultra de Vox, que en realidad viene a ser lo mismo que les dijo Sánchez la semana pasada a los representantes de la España vacía en sus rondas de propaganda.

Este es el terrible «programa ultraderecha» al que se ha plegado Ayuso. Pero el mantra funcionará, porque en este alegre país nadie se toma la molestia de leerse la letra pequeña.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
HORIZONTE.

Vaciar la Corona de contenido.

Si corresponde al Rey conceder un título, ¿cómo puede corresponder a Sánchez o a las Cortes retirarlo?

Ramón Pérez-Maura.

Actualizado:

09/08/2019 05:26h.

Pedro Sánchez empieza a dar demasiados signos de ninguneo a la Corona. Quizá no sean gestos muy ostentosos ni se aprecie una aparente gravedad en ellos. Pero demuestran el nulo respeto que siente el doctor Sánchez por la institución de la Monarquía. Es decir, su deseo de no respetar la Constitución vigente. Porque la Monarquía Constitucional es la forma de Estado que nos hemos dado los españoles por medio del referendo que validó nuestra Carta Magna en 1978. Cambiar el Título II para suprimir la Corona es algo difícil de hacer porque los españoles le otorgaron una especial protección en el texto que se votó por mayoría aplastante. Pero vaciar la figura del Rey de contenidos es algo más difícil de impedir.

Habrá quien crea que los reiterados desplantes horarios de Sánchez al Rey no tienen importancia, pero tienen muchísima. Porque es una forma de decir que el que prima es Sánchez, no el Rey. El retraso del pasado miércoles, llegando 50 minutos tarde, ya supera todo lo admisible. Moncloa explicó malamente que se le habían complicado las reuniones de la mañana en la Presidencia del Gobierno, donde recibía a colectivos de industria y turismo a las 9,30. Cuando uno da prioridad a esos colectivos sobre la figura del Monarca, está demostrando con hechos el valor que da a la figura del Rey. Por no hablar de la inexistente educación del doctor Sánchez. Y eso no es culpa de que su tesis fuese plagiada. Eso es porque en su casa no lo educaron. Y la buena educación no es una cuestión de clase social, ni de nivel económico. Las personas mejor educadas que he conocido suelen ser las más modestas. Y cuando crees que el mundo gira en torno a tu persona, la buena educación desaparece porque el número uno eres tú. Y el Rey, como mucho, puede aspirar a ir detrás de ti.

En las últimas horas hemos tenido otro ejemplo de injerencia en las competencias del Rey. La nueva ofensiva contra el Ducado de Franco es también un ataque a las competencias del Monarca. Porque ése fue un título concedido por el Rey Juan Carlos I. Si corresponde al Rey conceder un título ¿cómo puede corresponder a Sánchez o a las Cortes retirarlo? A lo largo de nuestra historia la pérdida de títulos por sus legítimos poseedores se ha dado en muy pocas ocasiones. La última fue la que realizó el propio Rey Felipe VI cuando decidió retirar la dignidad de duquesa de Palma de Mallorca a la Infanta Cristina por razones sobradamente conocidas.

Puestos a sacar la guadaña, Sánchez quiere acabar con todos los títulos concedidos en el Reino de España durante el mandato del general Franco. Que debe de ser algo que tenía a los españoles clamando por ello y yo no me había enterado. Un título se concede para reconocer una aportación relevante a la patria: intelectual, artística, económica, deportiva… pero Sánchez va a hacer tabla rasa y acabar con todos al margen de qué fuera lo bueno que hicieron. Porque ya se sabe que si Franco reconocía algo, tenía que ser malo. Creó en 1948 el Ducado de Calvo Sotelo para reivindicar la figura del asesinado el 13 de julio de 1936. Pues para Sánchez bien muerto estuvo. Creó en 1955 el Condado de Fenosa para reconocer el desarrollo que posibilitó la acción de Pedro Barrié de la Maza, pero mejor hubiera sido la vida de las aldeas gallegas sin tendido eléctrico. Y, en fin, en 1952 creó el Marquesado de Ramón y Cajal para reconocer a título póstumo al premio Nobel, muerto en 1934, pero ahora Sánchez ha descubierto que don Santiago era un valeroso falangista.

Además de sectarios, iletrados.

Ramón Pérez-Maura.

Articulista de Opinión.
RONDA DE CONTACTOS SECTORIALES.

Sánchez, en el calendario Pirelli.

Jesús Lillo.

Actualizado:

06/08/2019 23:42h.

Todavía no está claro qué mes del año ilustrará Rosalía en el calendario Pirelli, para el que ha posado como parte de su febril proceso de diversificación comercial. En las fotografías realizadas por Paolo Roversi, la postcantaora catalana va vestida de entretiempo, pero nunca se sabe dónde puede acabar una cuando se quita el chándal. Abril, octubre, marzo... Quién sabe. Agosto está pillado, el de este año y, al paso que vamos, también el del que viene. La chica de agosto es Pedro Sánchez, que posa como Rosalía para un calendario cuyas páginas llegan hasta septiembre y en el que todo es pose. Todo es Pirelli.

El estilismo de la imagen que aparece sobre estas líneas da cuenta del tono casual con que Pedro Sánchez afronta su ronda de contactos con los colectivos de lo que se ha venido en llamar sociedad civil, que no es otra cosa que gente en bermudas y con bambas. Pasan los días y caen las hojas del almanaque, encuadernado en canutillo y concebido como un folioscopio que aparenta movimiento. Es una mera ilusión óptica. Como cuando la tesis doctoral, Sánchez no hace nada. Se limita a posar. Todo es Pirelli.

Si la elaboración de aquel programa electoral con que el PSOE concurrió a las elecciones del pasado abril fue el resultado de un supuesto trabajo de campo, respuesta inequívoca a las inquietudes y demandas de la sociedad a la que se dirigía su candidato -Cataluña no entraba en aquel pasquín, de lo bien hecho que estaba-, algo ha debido de fallar para que solo tres meses después de aquella magna tormenta de ideas el secretario general socialista tenga que reunirse con pobladores de la España vacía, estudiantes de veraneo, ecologistas en reposo o, mañana mismo, ganaderos y gente de campo para hacerse una idea de lo que va el país. Aunque selectivo y sectario, el trajín es tal que hasta la Guardia Civil ha pedido la vez para salir un día de estos en lo que viene a ser el remake del «Si yo fuera presidente» de García Tola, programa donde hace más de treinta años y entre canciones de Sabina se dejaba retratar la España menos conocida y más quejica. Ahora es Rosalía la que canta y Sánchez el que recibe. Vamos a mejor. Tenemos a un presidente que considera que el centro consiste en sentarse en medio con un montón de gente dispuesta a ponerse a los lados. La chica de agosto muestra sus atractivos. Hasta septiembre todo es Pirelli.

Jesús Lillo.

Redactor.
EN PRIMERA FILA.

Cien días sin Gobierno.

El Rey no ha podido estar más acertado: España lo aguanta todo pero un día puede dejar de hacerlo.

Ana I. Sánchez.

Actualizado:

06/08/2019 07:50h.

Hoy se cumplen 100 días desde las últimas elecciones. Y ni España tiene Ejecutivo ni puede asegurarse que vaya a tenerlo pronto. Tampoco tarde. La incertidumbre sobre lo que pasará en las próximas semanas es absoluta pero el verano abre un paréntesis y, ahora mismo, en lo que están pensando los líderes políticos es en sus vacaciones. Dos campañas electorales seguidas les han dejado agotados y hay que recuperar fuerzas. A la vuelta estudiarán cómo ha evolucionado la opinión de los españoles y tomarán sus decisiones. En política, los casi dos meses de plazo que aún quedan para que se convoquen elecciones es mucho tiempo. España lo aguanta todo.

Este verano volveremos a vivir la situación política como si estuviéramos en un bucle. Ya llevamos varios años así. Los españoles que se fueron de vacaciones en junio o julio sin Ejecutivo, sin saber quién iba a pactar con quién, se han encontrado a la vuelta que el debate sigue siendo el mismo. Lo único que se han perdido es el vodevil protagonizado por Pedro Sánchez y Pablo Iglesias en el Congreso y los días previos al debate. Los españoles que se vayan ahora a descansar se encontrarán a la vuelta, muy probablemente, con que la situación sigue igual. España lo aguanta todo.

¿Dónde están todas esas urgencias que obligaban al Gobierno socialista a aprobar decretos sin parar antes de las elecciones? ¿Han desaparecido acaso la pobreza, el paro, la precariedad laboral y la emigración al exterior que tanto PSOE como Podemos denunciaban cada día cuando gobernaba Mariano Rajoy? Desde luego, no dicen eso los indicadores. Más bien, apuntan a una ralentización que puede agravar todas estas cuestiones y para la que el Ejecutivo socialista no está preparando al país porque ¿cómo iba a hacerlo? Está en funciones. Tenemos cada día más cerca un posible Brexit sin acuerdo, suficiente por sí solo para meternos en un ajuste económico aún difícil de cuantificar. Y estamos viendo cómo la guerra comercial entre Estados Unidos y China no solo no amaina sino que se recrudece. Una pugna que, si no se distiende, puede llevar a la economía mundial de cabeza a una nueva crisis. Pero tampoco nada de esto es aliciente suficiente para desbloquear el Gobierno. España lo aguanta todo.

El colmo de esta desidia es que con una amenaza yihadista elevada y un riesgo «alto» de ataque terrorista, al Gobierno socialista le sirva con tener la jefatura del CNI en situación de interinidad. Obcecado en sacar medidas electoralistas durante las últimas semanas de legislatura, el Ejecutivo de Sánchez no calibró que Félix Sanz Roldán llegaría al final de su mandato el 5 de julio, sin posibilidad de prórroga después de diez años, y que no podría nombrar a su sustituto si para entonces estaba en funciones. Es lo que ha sucedido, como era evidente, con cinco partidos en liza por alcanzar La Moncloa. Ahora mismo no hay director del CNI y las funciones de Sanz Roldán han caído temporalmente y de manera interina en la secretaría general del organismo, Paz Esteban. Cuando con este panorama los socialistas se quejan de que se cuestione su esfuerzo, «no digáis que no trabajamos, que no es justo», una no sabe si reír o llorar. El Rey no ha podido estar más acertado al decir lo que todos los españoles piensan: los políticos deben buscar una solución antes de pedirle a los ciudadanos que voten otra vez, solo porque no les gusta el resultado. Porque ya saben, España lo aguanta todo... pero un día puede dejar de hacerlo.

Ana I. Sánchez.

Corresponsal.
EL ÁNGULO OSCURO.

Navarra y la utopía.

El conciliábulo urdido en las Cortes de Navarra se repetirá en septiembre en la Carrera de San Jerónimo.

Juan Manuel de Prada

Actualizado:

05/08/2019 07:54h.

Escribía Pemán en este mismo periódico, hace más de medio siglo, que «Navarra es la partitura a la que el director de orquesta dirige, de vez en cuando, una mirada de reojo para que su sinfonía se parezca lo más posible a la que está allí escrita». Hermoso símil en el que se sobrentiende que, si Navarra es la partitura, España es la sinfonía. O sea, que Navarra es la partitura que todo gobernante mira para que luego España entera se rija por las notas que allí han sido escritas. Pero, si Navarra fue antaño partitura para interpretar una sinfonía, también puede serlo hogaño para interpretar una fanfarria.

Para entender esta mutación hay que reparar en el efecto letal que ha tenido lo «utópico» sobre Navarra. El mismo Pemán lo explicaba maravillosamente en este mismo periódico: Navarra se constituyó «a través del fuero, la carta-puebla, el gremio, el municipio, que son el extremo opuesto de la “utopía”. Es lo tradicional y lo local; lo plenamente ajustado, como un guante, a la magnífica imperfección del tiempo y del espacio». Pero a Navarra llegará también el veneno de la utopía «en pleno impulso racionalista, iniciando geometrías revolucionarias o constitucionales -prosigue Pemán-. Las Constituciones son “utopías” articuladas. Pero la gloria de Navarra está en que escogió resueltamente la fórmula de vida tradicional histórica: la viva y antigeométrica imperfección realista de lo foral, de lo municipal y regional; la “antiutopía” por definición. (…) Lo más contrario, pues, que puede hacerse con esa sustancia viva y tradicional que es la esencia de Navarra, es petrificarla en “utopía”».

No hay intelectualillo sistémico que, para explicar la progresiva tendencia separatista de las tierras de España que en otro tiempo más apegadas estuvieron a la tradición, no repita la sandez de que el culpable es el carlismo, o una misteriosa supervivencia atávica del mismo. Es como si, para explicar el cambio de un señor antaño muy religioso y fidelísimo marido que un día perdió la fe y se convirtió en formidable putero, se dijese que la culpa de ese cambio la tuvo... la religión. ¡La culpa la tendrá el haberla perdido, acémilas! Y habrá que investigar cuál fue el veneno que a aquel marido fidelísimo le hizo renegar de su fe, convirtiéndolo en putero. Si las tierras de España antaño más tradicionales, más apegadas a «la viva y antigeométrica imperfección realista de lo foral, de lo municipal y regional», han acabado haciéndose separatistas, o -como le ocurre a Navarra- dejando de ser partitura de una sinfonía, es porque el veneno narcisista de la «utopía» las ha desbaratado.

Señalaba Dostoievski, refiriéndose a Rusia, que las naciones apegadas a sus tradiciones, cuando finalmente se rinden al veneno que las destruye, no reaccionan al modo pacífico de las serviles naciones luteranas, sino vengándose, porque esa rendición ha subvertido su naturaleza. Así ocurrió en Rusia, que envenenada de liberalismo reaccionó haciéndose bolchevique. Y así le ocurrirá a la otrora tradicional Navarra, que mediante sucesivas Constituciones -«utopías articuladas»- fue envenenada primero con la «utopía» del centralismo estatal, después con la “utopía” del centralismo regional (mediante esos desquiciados entes de razón llamados «autonomías»); y que ahora ya está siendo envenenada con otra «utopía» delirante (sin sustento histórico ni político), que es la de su anexión al País Vasco, a través de la disposición cuarta de la Constitución. Hacia esa «utopía» se encamina Navarra; y, mientras tanto, le toca ser partitura de la fanfarria dirigida por el doctor Sánchez. Porque el conciliábulo urdido en las Cortes de Navarra se repetirá en septiembre en la Carrera de San Jerónimo.

Juan Manuel de Prada.

Escritor.
VIDAS EJEMPLARES.

Día del Orgullo del Currante Pureta.

La obsesión con las minorías desatiende a la clase media que sostiene los países.

Luis Ventoso.

Actualizado:

01/08/2019 23:59h.

De «Verano azul» hemos pasado a entretener los estíos con «Verano colorado», tostón por entregas de PSOE y Podemos que casi hace añorar al multirresucitado Chanquete. El miércoles, Sánchez envió una carta a la militancia del PSOE. El texto es interesante, pues en él detalla de manera límpida que durante la negociación ha ido haciendo lo contrario de lo que él mismo proclamaba solemnemente el día anterior. El autor de «Manual de Resistencia» ratifica que todo le sirve con tal de resistir. Según cuenta, al principio ofreció a los comunistas antisistema «un acuerdo de legislatura basado en el programa». Cuando Iglesias le respondió que si estaba de coña, Sánchez salió del paso con «un Gobierno de cooperación», eufemismo de la nada que tampoco engatusó a los populistas. El presidente ofreció entonces la incorporación de independientes de la órbita de Podemos «de reconocido prestigio». Nuevo «no» de Iglesias (amén de que «prestigio» y «podemismo» es un oxímoron). Así que finalmente Sánchez levantó todas sus líneas rojas previas y acabó ofertándoles un Gobierno de coalición en toda regla, con una vicepresidencia para la mujer de Iglesias y tres ministerios. El gran enigma todavía por desvelar es por qué Iglesias, de capa caída, rechazó unas canonjías que no volverá a oler.

En su carta a la militancia, Sánchez anuncia que seguirá peleando para evitar otras elecciones (lo cual se contradice con el último orgasmo demoscópico de Tezanos, que le otorgaba mayoría absoluta). Según explica el presidente, su nueva táctica consistirá en buscar el acuerdo «a la portuguesa». Traducción: yo mando y tú me prestas los escaños por la patilla por el bien del infalible ideal progresista. Para tocarle un poco la zanfoña a Pablo, Pedro añade que no iniciará la nueva negociación hablando con Podemos, sino abriendo un diálogo con «diferentes colectivos de la sociedad civil», que arrancó ayer mismo. ¿Y cuáles son esos colectivos que según el PSOE representan al pueblo español? Pues feministas, ecologistas, sindicatos y oenegés. Sánchez quiere reunirse con ellos «para crear un espacio común para alcanzar un Gobierno progresista». ¿Y habrá reunión con los aburridos padres de familia estándar, hombres y mujeres con un par de hijos al cargo, que curran hasta la extenuación para sacarlos adelante y progresar en la vida? No, esos no importan.

Como le ha sucedido al Partido Demócrata en EE. UU., que por eso fue derrotado por Trump, la izquierda se centra tanto en las minorías que desatiende la corriente central que sostiene a los países: la clase media. El mal llamado «progresismo» no se está ocupando de los problemas de cuarentones y cincuentones cargados de responsabilidades, usualmente con deudas y una familia a cargo, de poder adquisitivo menguante y víctimas de una fiscalidad hostil que los oprime. Tal vez España vaya necesitando un Día del Orgullo del Currante Pureta. No son glamurosos, no habrá lentejuelas brillando en carrozas. Pero son legión. La inmensa mayoría social.

Un error pretender gobernar un país dado la espalda a su armazón por tics ideológicos.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
VIDAS EJEMPLARES.

Greta y el Apocalipsis.

Con sus recetas el mundo se sumiría presto en la miseria.

Actualizado:

31/07/2019 23:46h.

Una pena que la noble causa del ecologismo se sirva aliñada con tics neomarxistas y pataleos contra el progreso. Conservador viene de conservar, por lo que preservar el legado natural y protegernos del calentamiento deberían ser banderas estelares del conservadurismo. Al haberlas abandonado en manos del «progresismo», sus eslóganes soslayan el debate en profundidad y asoma el caduco odio marxiano al pérfido «capital», esta vez encarnado en diablo contaminador. En ocasiones se cae incluso en lo infantiloide, como con el culto papanatas que dedican los líderes universales a una niña sueca de 16 años, Greta Thunberg, que debería estar en el cole, en vez de dando la vuelta al mundo y pregonando el apocalipsis en foros que le quedan anchos, como la ONU, Davos, el Europarlamento o la Asamblea Francesa.

Vecina de Estocolmo, Greta no viene de un hogar cualquiera. Su madre es una conocida cantante de ópera, que acudió a Eurovisión, y su padre es actor y productor. Ambos dominan el arte de la promoción. La niña, muy inteligente, padeció una depresión severa a los once años y estuvo un tiempo sin hablar. Entonces le diagnosticaron un desorden obsesivo compulsivo, el síndrome de Asperger y comportamientos autistas. Como ella misma reconoce, tiende a verlo todo en blanco y negro, cuando el mundo se compone de una escala de grises. A los 15 años decidió faltar a clase todos los viernes para protestar contra el calentamiento terráqueo. «Tú casa está en llamas», reza uno de sus alarmantes y exitosos eslóganes. Greta cree que si en diez años no alcanzamos las «emisiones cero», el planeta alcanzará un punto de no retorno y se irá al garete. Su protesta de los viernes ha sido exportada a niños de todo el mundo, que se fuman las clases por la causa.

A diferencia de la gran Greta, soy lego en ciencia. Pero parece que existe consenso entre los estudiosos sobre que la Tierra se está calentando por mano del hombre. Hay un problema y urgen medidas. Pero si se aplicasen las recetas de nuestra heroína (no viajar en avión, despedirnos ya de los combustibles fósiles, vivir como ascéticos eremitas...), lo que se lograría es sumir a la humanidad en una espiral súbita de miseria. Greta tiene que volver al cole. Con su buena cabeza, enseguida entenderá esa cita liberal que recuerda que «tu gasto es mi ingreso». Es decir: si liquidamos su odiado consumismo, alguien dejará de vivir de lo que nos vendía. Greta se jacta de que no irá en avión a la cumbre del clima de Nueva York. Viajará en un velero 100% ecológico. ¿Y el casco de poliéster de donde sale? ¿Y los estupendos paneles solares de a bordo no se han servido de la malvada minería que araña a la madre Tierra? ¿Qué pasa con el transporte de personas y mercancías si mañana todos nos volvemos Greta y prohibimos los aviones? ¿Por qué nunca recordamos que en la era del horrible progreso contaminante la esperanza de vida se ha disparado, o que en 1990 era pobre uno de cada tres habitantes del planeta y hoy solo uno de cada diez? Por último: ¿es lícito someter a una niña de 16 años con problemas de conducta a una extenuante agenda de estrella pop?

Luis Ventoso.

Director Adjunto.