Foro Común


Mensajes de Columnistas y Tertulianos enviados por Triana:

VIDAS EJEMPLARES.

Buscando ultras desesperadamente.

Enternecedor el denuedo con que se busca la maldad de «las tres derechas»

Luis Ventoso

Actualizado:

15/08/2019 23:52h.

Alarma. ¡Paren las rotativas!, como se voceaba antaño en los viejos periódicos Gutenberg. ¡Escándalo y pánico en la Comunidad de Madrid! Isabel Ayuso gobernará aceptando los acuerdos que ha firmado «con la ultraderecha». Uff, qué horror. Titulares estremecidos en la prensa sanchista. Sudores fríos entre el progresismo de guardia en agosto. Adriana Lastra, número dos del PSOE -lo que acredita su buen momento intelectual-, siempre amiga de las opiniones matizadas, arde en justa indignación ante la barbaridad fachosa de Ayuso de bajar los impuestos: «Cualquier día acabará defendiendo el terraplanismo, o a los antivacunas», le reprocha enfurruñada. Adriana, que fuma en pipa, no quiere perder su precioso tiempo en analizar las propuestas de Ayuso: «No voy a comentar cada tontería que diga la presidenta de Madrid», zanja la pensadora asturiana en un rapto de dignidad.

Como el progresismo obligatorio siempre tiene la razón, a mi no me cabe duda de que Ayuso ha firmado unos acuerdos tremebundos, prietos de postulados propios del peor Mussolini. Así que consulto la prensa oficialista para conocer las medidas concretas de «ultraderecha» a las que ha sucumbido la flamante presidenta de Madrid. Ahí van:

-Los centros educativos públicos de la Comunidad tendrán que informar a los padres sobre qué temáticas van a abordar en los talleres y charlas en los que participan sus hijos. Sin duda necesito con urgencia el curso intensivo de Reeducación en el Espíritu Progresista, porque no pillo la maldad de la medida. De hecho me parece de lo más razonable y un ejemplo de transparencia a la escandinava.

-Hay que combatir al machismo, pero no a los hombres. Sigo un poco espeso. Esta frase, al parecer digna de Himmler, también me resulta razonable.

-Promover la natalidad y crear una consejería de Familia. Por lo visto otro zarpazo súper facha. Pero -y ya lo siento- también me parece positivo en un país con un pavoroso problema demográfico y donde se están desatendiendo a las familias y a las clases medias mientras se centra el foco en las minorías.

-Las Fuerzas de Seguridad tendrán acceso a los datos de la Administración sobre los inmigrantes en situación irregular. Si están de manera ilegal en España, ¿no debe la Policía poder acceder a la información sobre su situación? ¿Cuál es el problema?

-Destinar ayudas al desarrollo, a luchar contra la despoblación. Otro terrible imperativo ultra de Vox, que en realidad viene a ser lo mismo que les dijo Sánchez la semana pasada a los representantes de la España vacía en sus rondas de propaganda.

Este es el terrible «programa ultraderecha» al que se ha plegado Ayuso. Pero el mantra funcionará, porque en este alegre país nadie se toma la molestia de leerse la letra pequeña.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
HORIZONTE.

Vaciar la Corona de contenido.

Si corresponde al Rey conceder un título, ¿cómo puede corresponder a Sánchez o a las Cortes retirarlo?

Ramón Pérez-Maura.

Actualizado:

09/08/2019 05:26h.

Pedro Sánchez empieza a dar demasiados signos de ninguneo a la Corona. Quizá no sean gestos muy ostentosos ni se aprecie una aparente gravedad en ellos. Pero demuestran el nulo respeto que siente el doctor Sánchez por la institución de la Monarquía. Es decir, su deseo de no respetar la Constitución vigente. Porque la Monarquía Constitucional es la forma de Estado que nos hemos dado los españoles por medio del referendo que validó nuestra Carta Magna en 1978. Cambiar el Título II para suprimir la Corona es algo difícil de hacer porque los españoles le otorgaron una especial protección en el texto que se votó por mayoría aplastante. Pero vaciar la figura del Rey de contenidos es algo más difícil de impedir.

Habrá quien crea que los reiterados desplantes horarios de Sánchez al Rey no tienen importancia, pero tienen muchísima. Porque es una forma de decir que el que prima es Sánchez, no el Rey. El retraso del pasado miércoles, llegando 50 minutos tarde, ya supera todo lo admisible. Moncloa explicó malamente que se le habían complicado las reuniones de la mañana en la Presidencia del Gobierno, donde recibía a colectivos de industria y turismo a las 9,30. Cuando uno da prioridad a esos colectivos sobre la figura del Monarca, está demostrando con hechos el valor que da a la figura del Rey. Por no hablar de la inexistente educación del doctor Sánchez. Y eso no es culpa de que su tesis fuese plagiada. Eso es porque en su casa no lo educaron. Y la buena educación no es una cuestión de clase social, ni de nivel económico. Las personas mejor educadas que he conocido suelen ser las más modestas. Y cuando crees que el mundo gira en torno a tu persona, la buena educación desaparece porque el número uno eres tú. Y el Rey, como mucho, puede aspirar a ir detrás de ti.

En las últimas horas hemos tenido otro ejemplo de injerencia en las competencias del Rey. La nueva ofensiva contra el Ducado de Franco es también un ataque a las competencias del Monarca. Porque ése fue un título concedido por el Rey Juan Carlos I. Si corresponde al Rey conceder un título ¿cómo puede corresponder a Sánchez o a las Cortes retirarlo? A lo largo de nuestra historia la pérdida de títulos por sus legítimos poseedores se ha dado en muy pocas ocasiones. La última fue la que realizó el propio Rey Felipe VI cuando decidió retirar la dignidad de duquesa de Palma de Mallorca a la Infanta Cristina por razones sobradamente conocidas.

Puestos a sacar la guadaña, Sánchez quiere acabar con todos los títulos concedidos en el Reino de España durante el mandato del general Franco. Que debe de ser algo que tenía a los españoles clamando por ello y yo no me había enterado. Un título se concede para reconocer una aportación relevante a la patria: intelectual, artística, económica, deportiva… pero Sánchez va a hacer tabla rasa y acabar con todos al margen de qué fuera lo bueno que hicieron. Porque ya se sabe que si Franco reconocía algo, tenía que ser malo. Creó en 1948 el Ducado de Calvo Sotelo para reivindicar la figura del asesinado el 13 de julio de 1936. Pues para Sánchez bien muerto estuvo. Creó en 1955 el Condado de Fenosa para reconocer el desarrollo que posibilitó la acción de Pedro Barrié de la Maza, pero mejor hubiera sido la vida de las aldeas gallegas sin tendido eléctrico. Y, en fin, en 1952 creó el Marquesado de Ramón y Cajal para reconocer a título póstumo al premio Nobel, muerto en 1934, pero ahora Sánchez ha descubierto que don Santiago era un valeroso falangista.

Además de sectarios, iletrados.

Ramón Pérez-Maura.

Articulista de Opinión.
RONDA DE CONTACTOS SECTORIALES.

Sánchez, en el calendario Pirelli.

Jesús Lillo.

Actualizado:

06/08/2019 23:42h.

Todavía no está claro qué mes del año ilustrará Rosalía en el calendario Pirelli, para el que ha posado como parte de su febril proceso de diversificación comercial. En las fotografías realizadas por Paolo Roversi, la postcantaora catalana va vestida de entretiempo, pero nunca se sabe dónde puede acabar una cuando se quita el chándal. Abril, octubre, marzo... Quién sabe. Agosto está pillado, el de este año y, al paso que vamos, también el del que viene. La chica de agosto es Pedro Sánchez, que posa como Rosalía para un calendario cuyas páginas llegan hasta septiembre y en el que todo es pose. Todo es Pirelli.

El estilismo de la imagen que aparece sobre estas líneas da cuenta del tono casual con que Pedro Sánchez afronta su ronda de contactos con los colectivos de lo que se ha venido en llamar sociedad civil, que no es otra cosa que gente en bermudas y con bambas. Pasan los días y caen las hojas del almanaque, encuadernado en canutillo y concebido como un folioscopio que aparenta movimiento. Es una mera ilusión óptica. Como cuando la tesis doctoral, Sánchez no hace nada. Se limita a posar. Todo es Pirelli.

Si la elaboración de aquel programa electoral con que el PSOE concurrió a las elecciones del pasado abril fue el resultado de un supuesto trabajo de campo, respuesta inequívoca a las inquietudes y demandas de la sociedad a la que se dirigía su candidato -Cataluña no entraba en aquel pasquín, de lo bien hecho que estaba-, algo ha debido de fallar para que solo tres meses después de aquella magna tormenta de ideas el secretario general socialista tenga que reunirse con pobladores de la España vacía, estudiantes de veraneo, ecologistas en reposo o, mañana mismo, ganaderos y gente de campo para hacerse una idea de lo que va el país. Aunque selectivo y sectario, el trajín es tal que hasta la Guardia Civil ha pedido la vez para salir un día de estos en lo que viene a ser el remake del «Si yo fuera presidente» de García Tola, programa donde hace más de treinta años y entre canciones de Sabina se dejaba retratar la España menos conocida y más quejica. Ahora es Rosalía la que canta y Sánchez el que recibe. Vamos a mejor. Tenemos a un presidente que considera que el centro consiste en sentarse en medio con un montón de gente dispuesta a ponerse a los lados. La chica de agosto muestra sus atractivos. Hasta septiembre todo es Pirelli.

Jesús Lillo.

Redactor.
EN PRIMERA FILA.

Cien días sin Gobierno.

El Rey no ha podido estar más acertado: España lo aguanta todo pero un día puede dejar de hacerlo.

Ana I. Sánchez.

Actualizado:

06/08/2019 07:50h.

Hoy se cumplen 100 días desde las últimas elecciones. Y ni España tiene Ejecutivo ni puede asegurarse que vaya a tenerlo pronto. Tampoco tarde. La incertidumbre sobre lo que pasará en las próximas semanas es absoluta pero el verano abre un paréntesis y, ahora mismo, en lo que están pensando los líderes políticos es en sus vacaciones. Dos campañas electorales seguidas les han dejado agotados y hay que recuperar fuerzas. A la vuelta estudiarán cómo ha evolucionado la opinión de los españoles y tomarán sus decisiones. En política, los casi dos meses de plazo que aún quedan para que se convoquen elecciones es mucho tiempo. España lo aguanta todo.

Este verano volveremos a vivir la situación política como si estuviéramos en un bucle. Ya llevamos varios años así. Los españoles que se fueron de vacaciones en junio o julio sin Ejecutivo, sin saber quién iba a pactar con quién, se han encontrado a la vuelta que el debate sigue siendo el mismo. Lo único que se han perdido es el vodevil protagonizado por Pedro Sánchez y Pablo Iglesias en el Congreso y los días previos al debate. Los españoles que se vayan ahora a descansar se encontrarán a la vuelta, muy probablemente, con que la situación sigue igual. España lo aguanta todo.

¿Dónde están todas esas urgencias que obligaban al Gobierno socialista a aprobar decretos sin parar antes de las elecciones? ¿Han desaparecido acaso la pobreza, el paro, la precariedad laboral y la emigración al exterior que tanto PSOE como Podemos denunciaban cada día cuando gobernaba Mariano Rajoy? Desde luego, no dicen eso los indicadores. Más bien, apuntan a una ralentización que puede agravar todas estas cuestiones y para la que el Ejecutivo socialista no está preparando al país porque ¿cómo iba a hacerlo? Está en funciones. Tenemos cada día más cerca un posible Brexit sin acuerdo, suficiente por sí solo para meternos en un ajuste económico aún difícil de cuantificar. Y estamos viendo cómo la guerra comercial entre Estados Unidos y China no solo no amaina sino que se recrudece. Una pugna que, si no se distiende, puede llevar a la economía mundial de cabeza a una nueva crisis. Pero tampoco nada de esto es aliciente suficiente para desbloquear el Gobierno. España lo aguanta todo.

El colmo de esta desidia es que con una amenaza yihadista elevada y un riesgo «alto» de ataque terrorista, al Gobierno socialista le sirva con tener la jefatura del CNI en situación de interinidad. Obcecado en sacar medidas electoralistas durante las últimas semanas de legislatura, el Ejecutivo de Sánchez no calibró que Félix Sanz Roldán llegaría al final de su mandato el 5 de julio, sin posibilidad de prórroga después de diez años, y que no podría nombrar a su sustituto si para entonces estaba en funciones. Es lo que ha sucedido, como era evidente, con cinco partidos en liza por alcanzar La Moncloa. Ahora mismo no hay director del CNI y las funciones de Sanz Roldán han caído temporalmente y de manera interina en la secretaría general del organismo, Paz Esteban. Cuando con este panorama los socialistas se quejan de que se cuestione su esfuerzo, «no digáis que no trabajamos, que no es justo», una no sabe si reír o llorar. El Rey no ha podido estar más acertado al decir lo que todos los españoles piensan: los políticos deben buscar una solución antes de pedirle a los ciudadanos que voten otra vez, solo porque no les gusta el resultado. Porque ya saben, España lo aguanta todo... pero un día puede dejar de hacerlo.

Ana I. Sánchez.

Corresponsal.
EL ÁNGULO OSCURO.

Navarra y la utopía.

El conciliábulo urdido en las Cortes de Navarra se repetirá en septiembre en la Carrera de San Jerónimo.

Juan Manuel de Prada

Actualizado:

05/08/2019 07:54h.

Escribía Pemán en este mismo periódico, hace más de medio siglo, que «Navarra es la partitura a la que el director de orquesta dirige, de vez en cuando, una mirada de reojo para que su sinfonía se parezca lo más posible a la que está allí escrita». Hermoso símil en el que se sobrentiende que, si Navarra es la partitura, España es la sinfonía. O sea, que Navarra es la partitura que todo gobernante mira para que luego España entera se rija por las notas que allí han sido escritas. Pero, si Navarra fue antaño partitura para interpretar una sinfonía, también puede serlo hogaño para interpretar una fanfarria.

Para entender esta mutación hay que reparar en el efecto letal que ha tenido lo «utópico» sobre Navarra. El mismo Pemán lo explicaba maravillosamente en este mismo periódico: Navarra se constituyó «a través del fuero, la carta-puebla, el gremio, el municipio, que son el extremo opuesto de la “utopía”. Es lo tradicional y lo local; lo plenamente ajustado, como un guante, a la magnífica imperfección del tiempo y del espacio». Pero a Navarra llegará también el veneno de la utopía «en pleno impulso racionalista, iniciando geometrías revolucionarias o constitucionales -prosigue Pemán-. Las Constituciones son “utopías” articuladas. Pero la gloria de Navarra está en que escogió resueltamente la fórmula de vida tradicional histórica: la viva y antigeométrica imperfección realista de lo foral, de lo municipal y regional; la “antiutopía” por definición. (…) Lo más contrario, pues, que puede hacerse con esa sustancia viva y tradicional que es la esencia de Navarra, es petrificarla en “utopía”».

No hay intelectualillo sistémico que, para explicar la progresiva tendencia separatista de las tierras de España que en otro tiempo más apegadas estuvieron a la tradición, no repita la sandez de que el culpable es el carlismo, o una misteriosa supervivencia atávica del mismo. Es como si, para explicar el cambio de un señor antaño muy religioso y fidelísimo marido que un día perdió la fe y se convirtió en formidable putero, se dijese que la culpa de ese cambio la tuvo... la religión. ¡La culpa la tendrá el haberla perdido, acémilas! Y habrá que investigar cuál fue el veneno que a aquel marido fidelísimo le hizo renegar de su fe, convirtiéndolo en putero. Si las tierras de España antaño más tradicionales, más apegadas a «la viva y antigeométrica imperfección realista de lo foral, de lo municipal y regional», han acabado haciéndose separatistas, o -como le ocurre a Navarra- dejando de ser partitura de una sinfonía, es porque el veneno narcisista de la «utopía» las ha desbaratado.

Señalaba Dostoievski, refiriéndose a Rusia, que las naciones apegadas a sus tradiciones, cuando finalmente se rinden al veneno que las destruye, no reaccionan al modo pacífico de las serviles naciones luteranas, sino vengándose, porque esa rendición ha subvertido su naturaleza. Así ocurrió en Rusia, que envenenada de liberalismo reaccionó haciéndose bolchevique. Y así le ocurrirá a la otrora tradicional Navarra, que mediante sucesivas Constituciones -«utopías articuladas»- fue envenenada primero con la «utopía» del centralismo estatal, después con la “utopía” del centralismo regional (mediante esos desquiciados entes de razón llamados «autonomías»); y que ahora ya está siendo envenenada con otra «utopía» delirante (sin sustento histórico ni político), que es la de su anexión al País Vasco, a través de la disposición cuarta de la Constitución. Hacia esa «utopía» se encamina Navarra; y, mientras tanto, le toca ser partitura de la fanfarria dirigida por el doctor Sánchez. Porque el conciliábulo urdido en las Cortes de Navarra se repetirá en septiembre en la Carrera de San Jerónimo.

Juan Manuel de Prada.

Escritor.
VIDAS EJEMPLARES.

Día del Orgullo del Currante Pureta.

La obsesión con las minorías desatiende a la clase media que sostiene los países.

Luis Ventoso.

Actualizado:

01/08/2019 23:59h.

De «Verano azul» hemos pasado a entretener los estíos con «Verano colorado», tostón por entregas de PSOE y Podemos que casi hace añorar al multirresucitado Chanquete. El miércoles, Sánchez envió una carta a la militancia del PSOE. El texto es interesante, pues en él detalla de manera límpida que durante la negociación ha ido haciendo lo contrario de lo que él mismo proclamaba solemnemente el día anterior. El autor de «Manual de Resistencia» ratifica que todo le sirve con tal de resistir. Según cuenta, al principio ofreció a los comunistas antisistema «un acuerdo de legislatura basado en el programa». Cuando Iglesias le respondió que si estaba de coña, Sánchez salió del paso con «un Gobierno de cooperación», eufemismo de la nada que tampoco engatusó a los populistas. El presidente ofreció entonces la incorporación de independientes de la órbita de Podemos «de reconocido prestigio». Nuevo «no» de Iglesias (amén de que «prestigio» y «podemismo» es un oxímoron). Así que finalmente Sánchez levantó todas sus líneas rojas previas y acabó ofertándoles un Gobierno de coalición en toda regla, con una vicepresidencia para la mujer de Iglesias y tres ministerios. El gran enigma todavía por desvelar es por qué Iglesias, de capa caída, rechazó unas canonjías que no volverá a oler.

En su carta a la militancia, Sánchez anuncia que seguirá peleando para evitar otras elecciones (lo cual se contradice con el último orgasmo demoscópico de Tezanos, que le otorgaba mayoría absoluta). Según explica el presidente, su nueva táctica consistirá en buscar el acuerdo «a la portuguesa». Traducción: yo mando y tú me prestas los escaños por la patilla por el bien del infalible ideal progresista. Para tocarle un poco la zanfoña a Pablo, Pedro añade que no iniciará la nueva negociación hablando con Podemos, sino abriendo un diálogo con «diferentes colectivos de la sociedad civil», que arrancó ayer mismo. ¿Y cuáles son esos colectivos que según el PSOE representan al pueblo español? Pues feministas, ecologistas, sindicatos y oenegés. Sánchez quiere reunirse con ellos «para crear un espacio común para alcanzar un Gobierno progresista». ¿Y habrá reunión con los aburridos padres de familia estándar, hombres y mujeres con un par de hijos al cargo, que curran hasta la extenuación para sacarlos adelante y progresar en la vida? No, esos no importan.

Como le ha sucedido al Partido Demócrata en EE. UU., que por eso fue derrotado por Trump, la izquierda se centra tanto en las minorías que desatiende la corriente central que sostiene a los países: la clase media. El mal llamado «progresismo» no se está ocupando de los problemas de cuarentones y cincuentones cargados de responsabilidades, usualmente con deudas y una familia a cargo, de poder adquisitivo menguante y víctimas de una fiscalidad hostil que los oprime. Tal vez España vaya necesitando un Día del Orgullo del Currante Pureta. No son glamurosos, no habrá lentejuelas brillando en carrozas. Pero son legión. La inmensa mayoría social.

Un error pretender gobernar un país dado la espalda a su armazón por tics ideológicos.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
VIDAS EJEMPLARES.

Greta y el Apocalipsis.

Con sus recetas el mundo se sumiría presto en la miseria.

Actualizado:

31/07/2019 23:46h.

Una pena que la noble causa del ecologismo se sirva aliñada con tics neomarxistas y pataleos contra el progreso. Conservador viene de conservar, por lo que preservar el legado natural y protegernos del calentamiento deberían ser banderas estelares del conservadurismo. Al haberlas abandonado en manos del «progresismo», sus eslóganes soslayan el debate en profundidad y asoma el caduco odio marxiano al pérfido «capital», esta vez encarnado en diablo contaminador. En ocasiones se cae incluso en lo infantiloide, como con el culto papanatas que dedican los líderes universales a una niña sueca de 16 años, Greta Thunberg, que debería estar en el cole, en vez de dando la vuelta al mundo y pregonando el apocalipsis en foros que le quedan anchos, como la ONU, Davos, el Europarlamento o la Asamblea Francesa.

Vecina de Estocolmo, Greta no viene de un hogar cualquiera. Su madre es una conocida cantante de ópera, que acudió a Eurovisión, y su padre es actor y productor. Ambos dominan el arte de la promoción. La niña, muy inteligente, padeció una depresión severa a los once años y estuvo un tiempo sin hablar. Entonces le diagnosticaron un desorden obsesivo compulsivo, el síndrome de Asperger y comportamientos autistas. Como ella misma reconoce, tiende a verlo todo en blanco y negro, cuando el mundo se compone de una escala de grises. A los 15 años decidió faltar a clase todos los viernes para protestar contra el calentamiento terráqueo. «Tú casa está en llamas», reza uno de sus alarmantes y exitosos eslóganes. Greta cree que si en diez años no alcanzamos las «emisiones cero», el planeta alcanzará un punto de no retorno y se irá al garete. Su protesta de los viernes ha sido exportada a niños de todo el mundo, que se fuman las clases por la causa.

A diferencia de la gran Greta, soy lego en ciencia. Pero parece que existe consenso entre los estudiosos sobre que la Tierra se está calentando por mano del hombre. Hay un problema y urgen medidas. Pero si se aplicasen las recetas de nuestra heroína (no viajar en avión, despedirnos ya de los combustibles fósiles, vivir como ascéticos eremitas...), lo que se lograría es sumir a la humanidad en una espiral súbita de miseria. Greta tiene que volver al cole. Con su buena cabeza, enseguida entenderá esa cita liberal que recuerda que «tu gasto es mi ingreso». Es decir: si liquidamos su odiado consumismo, alguien dejará de vivir de lo que nos vendía. Greta se jacta de que no irá en avión a la cumbre del clima de Nueva York. Viajará en un velero 100% ecológico. ¿Y el casco de poliéster de donde sale? ¿Y los estupendos paneles solares de a bordo no se han servido de la malvada minería que araña a la madre Tierra? ¿Qué pasa con el transporte de personas y mercancías si mañana todos nos volvemos Greta y prohibimos los aviones? ¿Por qué nunca recordamos que en la era del horrible progreso contaminante la esperanza de vida se ha disparado, o que en 1990 era pobre uno de cada tres habitantes del planeta y hoy solo uno de cada diez? Por último: ¿es lícito someter a una niña de 16 años con problemas de conducta a una extenuante agenda de estrella pop?

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
EN PRIMERA FILA.

Tú a Telecinco y yo a Antena 3.

El colmo del disparate: Sánchez e Iglesias estuvieron a punto de medirse en televisión antes de la última votación de investidura.

Ana I. Sánchez.

Actualizado:

29/07/2019 23:44h.

El miércoles por la tarde, cuando aún quedaban una cuantas horas para la segunda votación de investidura, Pablo Iglesias se encontraba en Antena 3. Estaba reunido con un alto directivo de la cadena para trasladarle por qué habían fracasado las negociaciones con el Gobierno. Como se podrán imaginar no había asomo de autocrítica y la culpa recaía absolutamente en el Ejecutivo. No fue la única cita de este tipo que Iglesias llevó a cabo en los días previos a la última votación. Las reuniones «off the record» son una herramienta muy útil en la gestión de crisis y el líder de Podemos hábilmente visitó a los directivos de los principales medios. Tonto el último.

La cuestión es que mientras él estaba aquella tarde en Antena 3, La Moncloa llamaba a Telecinco para ofrecer una entrevista a Pedro Sánchez en el informativo de Pedro Piqueras. A las nueve de la noche. Como también se podrán imaginar, en el plan no había asomo de autocrítica, sino la intención de trasladar la culpa a Podemos. Además, de imprudente, la operación era totalmente irrespetuosa con el Congreso al producirse en las 48 horas abiertas entre la primera y la segunda votación de investidura. Un tiempo para la reflexión y negociación. Pero Presidencia daba por reventadas las conversaciones y lo que más le importaba era imponer su versión.

Afortunadamente Ferraz puso el grito en el cielo al enterarse y La Moncloa decidió dar marcha atrás. Pero ¡ay! Telecinco ya había anunciado la entrevista con el presidente y los teléfonos sonaban en Podemos. TVE, La Sexta y Antena 3 pedían contar con Iglesias, para esa misma noche a las nueve. La oferta suponía retransmitir un duelo en televisión entre ambos, sin interlocución, cada uno desde una cadena en mitad del duelo parlamentario. A ver quién lograba ser más creíble y colocar mejor su historia. El colmo del disparate. ¿Alguien pensó en la lamentable imagen que hubieran trasladado y el aumento de la tensión en su ya descompuesta relación? En ese momento no. Iglesias aceptó el reto y decidió prepararse para entrar en Antena 3, dado que estaba allí. Pero de manera condicionada a que Sánchez apareciera en Telecinco. Para no irritar a La Moncloa, la dirección de Antena 3 avisó de que Iglesias se encontraba en sus instalaciones listo para ser entrevistado si Sánchez acudía a Telecinco. Poco después, se conoció que el presidente se sometería a las preguntas de Piqueras, pero al día siguiente. Iglesias volvió a recibir la misma oferta de las televisiones, pero ya no aceptó. Tras el fracaso de la investidura, Podemos busca rebajar su exposición y la tensión con el Gobierno.

Esta anécdota del duelo televisivo que afortunadamente España no llegó a ver, demuestra hasta qué punto La Moncloa y Podemos estuvieron más pendientes de gestionar el fracaso del acuerdo, que del propio acuerdo. Y obliga a reflexionar sobre la falta de consecuencias que el bloqueo del Gobierno tiene para los políticos. Cuando la responsabilidad desaparece, no hay nada que les disuada de imponer el interés partidista sobre el bien general. Esta vez los damnificados han sido los votantes de izquierdas que anhelaban un gobierno progresista. Pero la próxima vez pueden ser los conservadores. De hecho, el PP ya sufrió el bloqueo en sus carnes en 2016. Ambos bloques harían bien en sentarse y buscar una fórmula que impida que el país se quede sin gobierno porque a uno o dos partidos les resulte más rentable. Los políticos son, a ojos de los españoles, el segundo problema del país. Y si siguen repitiendo actuaciones como la de la semana pasada, acabarán convirtiéndose en el primero

Ana I. Sánchez.

Corresponsal.
De la indignidad al fracaso.

Debe de ser frustrante haberse arrastrado tanto ante Bildu y ERC para acabar chocando con la intransigencia de Iglesias.

Isabel San Sebastián.

Actualizado:

29/07/2019 00:04h.

Si Pedro Sánchez tuviese más cabeza y menos arrogancia, más sentido del Estado y menos ego, más humildad y menos ambición, el mismo jueves, fracasada la investidura, habría llamado a María Chivite para ordenarle abandonar de inmediato la pretensión de convertirse en presidenta de Navarra con el apoyo de nacionalistas y bildutarras. Acto seguido, habría utilizado esa baza como prenda de buena voluntad ante Cs y/o el PP con el fin de tratar de tejer un acuerdo entre fuerzas constitucionalistas. Eso habría sido un buen comienzo. Una prueba de madurez política amén de un acto de patriotismo. O sea, un auténtico imposible dada la naturaleza de un personaje empeñado en ser investido sin entregar nada a cambio, doblegando a sus adversarios mediante la coacción.

Merced a tan «inteligente» estrategia, Sánchez ostenta el dudoso récord de llevar cuatro intentos fallidos por alcanzar La Moncloa a través del camino recto que manda la Carta Magna; esto es, consiguiendo el respaldo de la mayoría del Congreso a un programa de gobierno y no impulsando un voto de censura a un ejecutivo anterior. De hecho, según hemos sabido a raíz de su bronca con Pablo Iglesias, ni siquiera fue él quien tuvo la iniciativa de esa moción contra Rajoy, sino que se limitó a seguir las instrucciones de su entonces socio preferente, hoy aborrecido enemigo, escoltado por una tropa de separatistas incrédulos del regalo que les caía no precisamente del cielo, sino de la mismísima cúpula de la dirección socialista. La misma hueste integrada por ERC, PNV y Bildu cuyos cabecillas oficiaron en el hemiciclo como celestinas del matrimonio frustrado entre izquierda y extrema izquierda llamado a alumbrar otro ejecutivo Frankenstein por el momento nonato. ¿Cabe espectáculo más obsceno que el protagonizado por el defensor de golpistas, Gabriel Rufián, dándonos lecciones de talante conciliador desde la tribuna y hablando sin aparente sarcasmo del «bien de España»? ¿Puede un dirigente español aspirante a liderar la Nación humillarse más de lo que hizo el candidato Sánchez ante la portavoz biltutarra, Aizpurúa, a quien brindó una réplica obsequiosa rematada con un «discrepamos del pasado, y ahí me quedo...»? Nuestro presidente en funciones, el mismo que no se dignó dirigirse a Santiago Abascal por si tal acto de mínima cortesía parlamentaria fuese a contagiarle algún mal, «discrepa» de los 850 asesinatos perpetrados por la banda terrorista ETA que su heredada política, Bildu, se niega significativamente a condenar. ¿O acaso discrepa solo de los que eran «innecesarios», tal como afirmó Arnaldo Otegi entrevistado en RTVE?

Debe de ser muy frustrante haber caído tan bajo para nada. Haberse arrastrado tanto por el barro de ciertos grupos que en cualquier otro país estarían condenados al ostracismo sin otro resultado que acabar chocando con la intransigencia de un alter ego como el jefe de las filas podemitas, que es a Sánchez Castejón lo que la sartén al cazo: cuña de la misma madera llamada a tiznar irremediablemente a quien la toca. Ahora el aspirante ha quedado compuesto y sin novio, exigiendo nuevamente al PP y a Ciudadanos que le apoyen porque sí, mientras el PSOE se entiende con gentes situadas extramuros de la democracia en ayuntamientos y comunidades autónomas. No termina de comprender que la responsabilidad de gestionar su magra victoria electoral es únicamente suya, como lo son los fracasos que acaba de cosechar. No aprende de sus errores. Solo nos cabe confiar en que vuelvan a llamarnos a votar y el electorado castigue la prepotencia baldía de esos gallos de pelea incapaces de compartir corral.

Isabel San Sebastián.

Articulista de Opinión.
«Creíble y verdadero»

Terrible ejemplo de la importancia de la presunción de inocencia.

Luis Ventoso.

Actualizado:

27/07/2019 00:08h.

Encajonado entre la deliciosa Chelsea y la monumental zona del Parlamento, el barrio londinense de Pimlico resulta gris y deslavazado. Allí se alza el enorme bloque de apartamentos estatales de Dolphin Square, frío e inexpugnable, donde se hospedan diputados de fuera. Al ver el edificio siempre sentía una punzada de repulsión, pues era público que allí se habían producido brutales abusos a menores a cargo de una red de pederastas del establishment británico. Como corresponsal de este periódico hube de ocuparme varias veces de contar la investigación policial al respecto, noticia estelar a finales de 2014 y durante todo el 2015.

Un sensacional testimonio parecía confirmar un rumor que corría por Westminster desde hacía años: un anillo de insignes pederastas, con cargos en el Número 10 y el Parlamento, habían tejido una malla de impunidad para abusar sistemáticamente de menores. Todo se destapó gracias a un valiente testigo, cuyo seudónimo era Nick. Hoy sabemos su nombre real: Carl Beech. En 2014 denunció que su padrastro, un militar, había abusado de él en su adolescencia y que formaba parte de un grupo de pederastas con puestos de categoría. Nick contó su historia a un portal digital de «periodismo de investigación», Exaro, que la vendió a varios periódicos. El asunto interesó a la BBC, que entrevistó a Carl-Nick en uno de sus grandes reportajes de investigación, con su imagen velada. Nick se fue soltando y comenzó a dar nombres de abusadores: el expremier conservador Edward Heath, ya fallecido; Lord Bramall, héroe en el Día D y exjefe del Ejército; Leon Brittan, el inteligente ministro del Interior de Thatcher; dos exdirectores del MI5 y el MI6; y dos diputados, uno laborista y el conservador Harvey Proctor, apartado en su día por contratar a un chapero menor de edad. Nick reveló que había visto a Proctor matando a un chico del que había abusado y aseguró que existían dos víctimas mortales más. Figuras de la élite inglesa habían formado entre tinieblas un clan de pervertidos capaces de todo.

La Policía Metropolitana lanzó la Operación Midland para investigar las denuncias, que costó 2,5 millones de libras, y registró las viviendas de los sospechosos. El detective al frente declaró en televisión que las acusaciones de Nick eran «creíbles y verdaderas». Proctor perdió su empleo y su hogar. Convertido en un paria huyó a España. Brittan murió de cáncer en plena galerna. La sombra de la pederastia empañó sus obituarios. Tom Watson, el todavía número dos laborista, apoyó a Nick y exigió explicaciones parlamentarias a los conservadores. En una entrevista televisiva, el premier Cameron se encontró con que el presentador le esgrimía indignado una lista de pederastas tories.

Ayer, el acusador, Carl Beech, fue condenado a 18 años de cárcel por fraude y obstrucción a la justicia. Pedófilo él mismo, se lo había inventado todo. La historia refleja de nuevo la importancia de la presunción de inocencia, hoy machacada. También pone en solfa al periodismo -y me incluyo- y refleja el sensacionalismo oportunista de la Policía y la clase política. Dura, tremenda lección.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
Ya solo queda una en el candelero, los demás están donde les corresponde a cada uno...........................
VIDAS EJEMPLARES.

Que mande el bufón.

Lo de Boris recuerda a Sancho al frente de la Ínsula Barataria.

Luis Ventoso.

Actualizado:

24/07/2019 08:06h.

En la segunda parte del Quijote, Cervantes cuenta el bromazo de un duque que convierte a Sancho Panza en gobernador de la quimérica Ínsula Barataria. En otra isla de mitos, la del empacho nacionalista del Brexit, ayer se dieron el lujo de culminar la gran chanza de nombrar premier a quien durante tres lustros era considerado el bufón oficioso del Reino: Boris Johnson, una curiosidad extravagante que amenizaba el circo mediático de Westminster con sus pelos de estrella del rock y sus declaraciones chocarreras: «Tengo más posibilidades de convertirme en aceituna que de ser primer ministro», bromeaba años atrás.

El pasado día 17, en el último debate entre los aspirantes a liderar el Partido Conservador, el paladín brexitero Boris esgrimió una bolsa de arenques como gesto efectista para arremeter contra la UE. La normativa alimentaria obliga a que ese pescado se conserve en hielo, lo que sirvió a Johnson de ejemplo para clamar contra «los devastadores excesos regulatorios de la UE». Bruselas aclaró al instante que la norma que regula la preservación de los arenques es exclusivamente británica. Johnson volvía a quedar como un cantamañanas. Da igual. Vivimos en la era del populismo, el repliegue nacionalista en el terruño y el culto a la diversión, así que ayer barrió a su rival en las primarias tories por 92.513 votos frente a 46.656.

Los arenques no son una excepción, sino más bien su pauta de conducta. Boris fue despedido por «The Times» en su primer empleo como periodista por inventarse citas. Más tarde, su partido lo sancionó por mentir sobre una relación adúltera. Además de al público, también engañó a su mujer, entreteniendo su matrimonio con un par de vástagos extramatrimoniales. En 2013, siendo alcalde de Londres, defendía los beneficios de la UE. Tres años después, calculó que el Brexit podía ser el camino más rápido al Número 10 y se puso al frente de la campaña del Leave. Su promesa estrella fue que dejando la UE el Reino Unido dispondría de 350 millones más por semana para su sanidad pública. Era mentira. Pero para cuando Johnson lo reconoció, los británicos ya habían votado salir.

Que Boris duerma en el Número 10 merced a un discurso populachero y simplista y sin haber ganado unas elecciones es un indicio más de la crisis que padece la democracia liberal, incluso en el extraordinario país que la inventó. El Reino Unido tiene 66 millones de habitantes. A su nuevo primer ministro lo han elegido 139.169 afiliados del Partido Conservador. La victoria de Boris indica además uno de los virus que corroen a Gran Bretaña: la incurable brecha clasista, con una élite patricia que mangonea al país. De las exclusivas aulas de Oxford han salido 27 primeros ministros y de Cambridge, 14. El selecto colegio de Eton educó a 19. Boris es de catálogo: primero Eton y luego, Clásicas en Oxford.

El flamante primer ministro, como todos los brexiteros, se quedaría mudo ante esta simple pregunta: Tres años después del referéndum, ¿dígame algo concreto en que haya mejorado la vida de los británicos? Y es que el Brexit es un sentimiento. Como Torra. Pero en legal y finolis.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
EN PRIMERA FILA.

Porno, móviles y niños rotos.

Jobs no dejó el iPad a sus hijas hasta pasados los quince años. Nosotros nos creemos más listos y dejamos el móvil a los bebés.

Actualizado:

22/07/2019 23:42h.

El neuropsicólogo español Álvaro Bilbao pronosticó en 2015 que dentro de unos años los teléfonos móviles y las tabletas se venderán con un largo prospecto que informará de los riesgos y efectos secundarios de su uso. Ese click sucederá cuando las cifras de jóvenes con vidas rotas por el abuso de estas tecnologías llegue a percibirse como un problema.

Sus fabricantes ya saben que lo es. En 2010, Steve Jobs admitió que sus hijas de 15 y 12 años aún no habían usado el iPad y que su acceso a la tecnología estaba restringido. Jobs tenía fama de extraño pero no fue el primer ni el único genio tecnológico que apartó a su prole de los productos que vendía al mundo. Bill Gates vetó el uso del ordenador e internet a sus tres hijos hasta los diez años. Y no les permitió acceder con barra libre. El libro «El cerebro del niño explicado a los padres» cuenta que no podían dedicar más de 45 minutos de lunes a viernes, y una hora diaria el fin de semana. Ni uno ni otro pensaba que el acceso precoz a la tecnología fuera a hacer más inteligentes, a sus hijos, sino que primero debían conocer y entender el funcionamiento del mundo real.

Nosotros nos creemos más listos que ellos y le estamos dando el móvil o la tableta a los bebés de menos de tres años durante 22 minutos de media. Una cifra que crece con la edad hasta los 87 minutos en los chavales de 16 a 18 años, según Tiendeo. Como hablamos de media, habrá críos que se pasen cinco horas aislados en su aparato, mientras las bicicletas y pelotas crían polvo en el garaje.

Cuando Jobs y Gates restringían el uso de la tecnología a sus hijos ni siquiera existían los peligros de hoy. Ni el «sexting» (intercambio de mensajes de tipo sexual), la «sextorsión» (chantaje tras compartir contenido erótico propio) o el «grooming» (engaño y acoso de adultos a menores). Sin embargo, en España hay una fiebre por los «smartphones». Es el país que tiene más dispositivos de este tipo por habitante. Y este ansia ha adelantado hasta los ocho años la edad del primer contacto con la pornografía en los casos más precoces. Lo advirtió en junio un estudio de la Universidad de Baleares: «Nueva pornografía y cambios en las redes interpesonales». El dato no es baladí. El mismo trabajo recoge que en 2015 un metaanálisis, realizado en siete países, reveló una «asociación significativa» entre el consumo de contenido obsceno y las agresiones sexuales. Cuanto antes accede el cerebro a la pornografía, menos preparado está para entender que no es real.

Nuestra sociedad está completamente tecnologizada y no se puede -ni se debe- dar marcha atrás a este fenómeno. Pero las familias deben ser conscientes de que el abuso y el mal uso de los dispositivos entrañan peligros potenciales y son perniciosos para un cerebro en desarrollo. ¿Es la solución prohibir el uso? Evidentemente no, sería como intentar poner puertas al campo. La Policía Nacional, neurólogos y sociólogos aconsejan esperar a los 12 años antes de entregar un móvil sin internet a un niño. Y recuerdan que el propio WhatsApp establece el acceso a su red en los 16 años. Hablamos, por tanto, de retrasar la edad de acceso, limitar el tiempo de uso, controlar el contenido y educar en los peligros. Igual que se enseña a un niño pequeño que no puede cruzar la calle sin mirar. Para eso también necesario superar tabúes y educar en sexualidad dentro de la familia. Si no lo hacemos, se zambullirán en la red con su fantástica y maravillosa inocencia. Y correrán el riesgo de convertirse en niños rotos.

Ana I. Sánchez.

Corresponsal.
VIDAS EJEMPLARES.

Y ahora, ¡hormigas!

Casi es preferible morirse un poco antes que cumplir los consejos saludables.

Luis Ventoso.

Actualizado:

22/07/2019 00:04h.

Algunas mañanas me planto legañoso en el baño para afeitarme y al contemplar mi careto en el espejo doy un respingo de auténtica sorpresa: ¿Qué diablos hago vivo? En realidad la ciencia calcula que debería llevar una temporada fiambre. Rara es la semana en la que no surge alguna nueva alerta médica llamativa. Unas vienen rubricadas por ilustres instituciones y revistas científicas, otras son de ignotas universidades que buscan su minuto de gloria. Por lo visto, cenar tarde viene a ser como pisar un campo de minas. Así lo asegura el «European Journal of Preventive Cardioloy», que concluye que si te vas a la cama en menos de dos horas después de la cena, el riesgo cardíaco se dispara (bingo: lo hago casi todos los días). Las tostadas del desayuno me gustan un poco bronceadas. Mal: amenaza de cáncer. Las patatas fritas, un manjar en compañía de las birras heladas estivales, contienen la peligrosa acrilamida, por lo visto cancerígena y objeto de debates en la UE casi tan complejos como los del Brexit. El mito de la copita de vino saludable, aquella coartada que tan felices nos hacía (y que los fines de semana multiplicábamos por tres) también se ha venido abajo. La Sociedad Española de Médicos de Familia aclara que todo el alcohol es nocivo, sin excepciones. «Lancet», ilustre revista médica que nunca falla a la hora de tocarnos la zanfoña, concuerda y proclama que «no existe un nivel seguro de alcohol». La OMS, otro inefable amuermador universal, advierte que la carne procesada aumenta el riesgo de cáncer colorrectal. Pero se hace muy arduo renunciar a una de las razones que junto a Bach y el mar justifican la existencia: un buen jamón.

Los huevos, mundo complejo, están entrando ya en la categoría de misterio teologal: cada quince días te dicen una cosa diferente sobre sus efectos. El café, otro tanto. La última sorpresa es que la Universidad Queen Mary de Londres sostiene que hasta las 25 tazas diarias resultan saludables, lo cual también me acerca a la tumba, porque solo tomo tres al día y con cinco no pegaría ojo. El pescado, que siempre fue sinónimo de salud alimentaria, ha entrado de repente en la lista de enemigos públicos: ahora aseguran que al ingerirlo tragamos mercurio y microplásticos. Dormir menos de siete horas te acorta la vida; y más de nueve, también. Por supuesto, hay que caminar diez mil pasos al día (aunque los médicos jamás te explican de dónde sacar el tiempo para darlos).

Un infierno. Pero el sumun, lo que me ha decidido a pasarme al anarquismo alimentario, es un estudio de investigadores italianos de esta semana, que revela que nada mejor para protegerse del cáncer que comer hormigas y otros insectos, pues «son ricos en antioxidantes y reducen las reacciones químicas que producen los radicales libres en el cuerpo». Tras leer esa loa a los insectos, contemplo el rioja, las patatillas fritas y las tostadas chamuscadas como conquistas irrenunciables de la civilización.

Por cierto, hoy comienza el debate de investidura. Lleno también de radicales libres y recetas insalubres, que por desgracia nos tragaremos sin pestañear.
EDITORIAL ABC.

Irán eleva el tono de sus amenazas.

Si el régimen de Teherán insiste en sus provocaciones, en algún momento será necesario frenarlas antes de que sea demasiado tarde para todos.

ABC.

Actualizado:

20/07/2019 23:31h.

La dictadura teocrática iraní ha escogido la peor de las opciones para reivindicar sus posiciones, porque entorpecer la navegación en aguas internacionales es un gesto totalmente inaceptable desde cualquier punto de vista. El secuestro de un petrolero de bandera británica en el estrecho de Ormuz solo puede entenderse como una acción arbitraria e ilegal que dice muy poco de la voluntad de Teherán para comportarse como un miembro fiable y razonable de la comunidad internacional. Es más, si se suma este hecho, simbólico pero hostil, a la constatación de que han dejado de tomarse en serio los compromisos que ha contraído para abstenerse de fabricar armamento nuclear, es evidente que ha de considerarse como un comportamiento que representa una amenaza clara para la estabilidad no solo de la región, sino de un área que puede ir incluso hasta Italia, el radio de alcance de sus misiles.

Desde su instauración en 1979, el régimen de los ayatolás no ha tenido más objetivo que desestabilizar a todos sus vecinos buscando consolidarse entre un horizonte de países más débiles. Nunca se ha preocupado ni del bienestar ni del progreso de los iraníes y siempre ha puesto por delante sus intrigas al desarrollo de un país que en otras manos tendría posibilidades gigantescas de avanzar. En los últimos años se le había abierto una puerta a la normalización a través, sobre todo, de las gestiones de la Unión Europea, cuyos países miembros -el Reino Unido entre ellos a pesar de sus particulares tribulaciones relacionadas con el Brexit- han hecho todos los esfuerzos posibles para ayudarles, incluyendo cerrar los ojos ante el incumplimiento de sus compromisos sobre la congelación de su desarrollo del armamento nuclear. Esa actitud desafiante y hostil en el Golfo solo sirve para dinamitar las posibilidades de que Estados Unidos pudiera reconsiderar su decisión de abandonar este acuerdo y para debilitar las de los países europeos que -por ahora- aún esperan poder mantenerlo.

De modo que, en estos momentos, los países democráticos saben que la ruptura de esta situación abriría la puerta a todo tipo de proyecciones catastróficas y eso explica la reacción comedida de Londres ante un hecho tan grave. La enemistad ancestral de Irán con Arabia Saudí -protegida por Estados Unidos- por un lado y su alianza con Rusia, la segunda potencia nuclear del mundo, por el otro, son ingredientes cuya sola mención describe un escenario infernal que nadie puede desear. Pero si el régimen de Teherán insiste en sus provocaciones, en algún momento será necesario frenarlas antes de que sea demasiado tarde para todos.
HORIZONTE.

Afrenta desbaratada.

El objetivo de la pacífica abuelita Carmena se ha logrado: arrastrar por el fango a gente honorable.

Ramón Pérez-Maura.

Actualizado:

19/07/2019 00:19h.

Confieso que los días que tengo la suerte de almorzar en mi casa aprovecho para dar una cabezada mientras veo el «Telediario-1». De vez en cuando, entre nubes, algún titular te despierta. Lo del miércoles pasado fue notable. A medio programa Ana Blanco anunció que la Sala de Enjuiciamiento del Tribunal de Cuentas -la que resuelve las apelaciones- había absuelto a la exalcaldesa de Madrid Ana Botella y a su equipo de siete colaboradores de la condena que les había impuesto el mismo tribunal el año pasado por haber vendido fraudulentamente 8.844 viviendas a empresas de las llamadas «fondos buitre». Lo que de verdad me impactó fue el oír a la periodista aclarar en la breve noticia que la sentencia había sido adoptada por dos votos a uno y que uno de esos dos votos había sido de «Margarita Mariscal de Gante, que fue ministra en el Gobierno de José María Aznar». Otros medios se sumaron ayer a esa turbia insinuación de prevaricación.

Para poder entender la relevancia de ese dato, habría que explicar también que Mariscal de Gante es magistrada de carrera y que el voto en contra vino de un miembro de la sala, Felipe García Ortiz, que no es de carrera. Igualmente, se entendería mucho mejor todo lo ocurrido si el público conociera que la consejera del tribunal que dictó la sentencia ahora tumbada por instancia superior, doña María Antonia Lozano, tampoco es magistrada. Es una abogada laboralista ya activa en la década de 1970. Ella tomó la precaución -que no era más que un truco autoexculpatorio- de recusarse aduciendo que Marta Higueras, número dos del equipo de Carmena, había sido la jefa de su secretaría en el Tribunal. Se le dijo que eso no era causa de recusación. Pero ella ocultó la íntima amistad que le une a Carmena desde la década de 1970.

Sucede además que en este proceso, la Fiscalía ha estado alineada con la defensa casi sin matices y en todo momento. La primera instructora de la causa también pidió que ésta se archivara. Pero nada, esto siguió porque llegó a las manos adecuadas. A las manos de quien le importaba una higa la Justicia. Sentenció entonces a los ocho condenados a pagar de su patrimonio personal 25,8 millones de euros. Es decir, el objetivo era no sólo la destrucción de la vida política de unas personas honorables: buscaba su destrucción personal y familiar, pues eso es lo que le ocurre a cualquiera que tenga que asumir una condena así. Y en ese grado de destrucción no creía ni el consejero de voto discrepante, que pide en la última sentencia rebajar la condena a la décima parte de la cifra originaria. Otra cosa.

La redacción de la sentencia de la Sala de Enjuiciamiento es además extremadamente contundente en muchos aspectos que bastantes medios prefieren ocultar. Así, dice que hay valoraciones donde debería haber hechos probados; afirma que el relato de los hechos es defectuoso; niega la responsabilidad directa de los miembros de la Junta de Gobierno; no acepta la argumentación en la que se basa la consejera del Tribunal de Cuentas para establecer el valor teórico de las viviendas y afirma que no es irrelevante el contexto en que se producen esas operaciones, dado que la Empresa Municipal de Vivienda y Suelo estaba a punto de quebrar. Ni una, oiga.

Estas ocho personas, víctimas de una persecución estalinista, que han sido absueltas han visto su nombre embardunado y sus familias amenazadas por una sentencia política dictada por una consejera que afortunadamente ha sido desautorizada por órganos superiores. Pero el objetivo de la pacífica abuelita Carmena, tan buena gente ella, ha sido logrado: arrastrar por el fango el nombre de unas personas con una honorabilidad muy superior a la de la exalcaldesa. Sin matices.

Ramón Pérez-Maura.

Articulista de Opinión.
¡Grande Triana!, jejejejejejeje
VIDAS EJEMPLARES.

Buenismo y realismo.

Una sociedad eficaz no puede ocultar sus problemas bajo la alfombra de la corrección política.

Luis Ventoso.

Actualizado:

18/07/2019 04:49h.

El buenismo, cuyo epítome fueron aquellos ayuntamientos populistas de izquierdas de los que España acaba de desembarazarse, parte de una visión utópica de la sociedad. Para ellos todo el mundo es bueno (excepto los malévolos empresarios que crean empleo y los profesionales que se desloman para hacer una buena carrera profesional, prosperar en la vida y sacar a sus familias adelante). En los parámetros del buenismo podemita, a lo Ada y Doña Manuela, todos los inmigrantes son probos ciudadanos, cuya integración no generará fricción alguna; los okupas emergen como los admirables Robin Hood del siglo XXI; el top manta -robar en el mercado negro las obras de empresas y creadores que pagan sus impuestos- supone una nueva forma de filantropía, y zarpazos de enorme peligro, como el terrorismo yihadista, directamente no existen en sus programas políticos preadolescentes (están muy ocupados con Amancio Ortega, que ha cometido el delito de donar quirófanos y aceleradores de partículas).

España necesita la inmigración de manera acuciante. Nuestro modo de vida hedonista y unos bajos salarios han provocado una severa crisis demográfica, que a la vuelta de tres décadas comprometerá las pensiones y la propia energía del país, pues una nación envejecida pierde fuelle y creatividad. Pero la llegada de esas personas ha de ser ordenada y con opciones laborales y educativas para ellas. El problema del buenismo radica en que se fuma los detalles. Instalados en el mito del buen salvaje de Rousseau, abogan por abrir las puerta de par en par y olvidan por completo el día después. Pensar que un chaval magrebí o subsahariano, con problemas lingüísticos para entenderse, de formación mínima -o nula- y unos parámetros culturales diferentes a los de un país puntero de Occidente, va a integrarse a la perfección es pueril e irresponsable. Los estamos recibiendo. Pero no sabemos qué hacer con ellos, desbordados por su número y víctimas de nuestra falta de previsión y organización política. Aunque se les proporciona un techo, apenas se los educa u orienta al mercado laboral. Un chaval extranjero sin familia, sin un tutelaje afectivo, deambulando por un país nuevo, abierto y desconcertante para él, acaba convirtiéndose muchas veces en un marginal abocado al vandalismo y la delincuencia. Ante esa realidad cabe hacer el avestruz, o asumirla con realismo y tratar de solucionarla. Lo que no solventará el reto es ocultar en las informaciones el origen de los sospechosos, como han hecho la mayoría de los medios ante las dos «manadas» de Manresa.

Necesitamos inmigrantes, sí. Lo sabe todo el mundo, excepto el flamígero matrimonio Monasterio-Espinosa. Pero para que su llegada sea un éxito se requiere un plan estatal dotado de fuertes inversiones, esfuerzo, control, y a veces, mano dura. La corrección política no encarrilará la vida de los menas. Solo los esconderá bajo una alfombra de inacción y huecas proclamas quedabien.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
EN PRIMERA FILA.

Rufián contra Rufián.

La moderación del republicano no es fruto de la conversión sino de la impostura. Y fingir suele pasar factura en política.

Ana I. Sánchez.

Actualizado:

15/07/2019 23:47h.

El indómito Gabriel Rufián quiere aprender a ser político. De esos que son capaces de negociar y entenderse con otros líderes por un módico precio. Al más puro estilo PNV. Ya sean gobiernos de izquierdas o de derechas, los vascos logran vender muy caros sus escasos diputados: traspasos de competencias por aquí, inyecciones de inversiones por allá y siempre con negociaciones absolutamente opacas. Tanto que los ciudadanos ajenos a la política suelen sorprenderse mucho cuando se enteran de que este partido nunca ha superado los ocho diputados. En los días previos al último reparto del hemiciclo, cuando se conoció la decisión de los socialistas de enviar a Vox al gallinero, manteniendo el partido vasco en la primera fila siendo seis veces más pequeño, un diputado de otra formación resumió así. «En España solo hay dos cosas inamovibles, la Iglesia y el PNV». Nada se mueve en la Cámara sin tener en cuenta a los vascos.

Esto mismo aspira Rufián a conseguir para ERC. En las últimas semanas le hemos visto hablar casi como un estadista de que el país no debe ir a unas nuevas elecciones, desligarse del manifiesto Koiné que aboga por situar al catalán como lengua única en Cataluña, e incluso salir a defender públicamente a Albert Rivera ante intolerables invasiones de su vida privada. ¿Será que habrá madurado? No apostaría por esta causa, sino porque la cúpula de ERC le ha ascendido a portavoz parlamentario con la condición de que se olvide de la impresora, las esposas y las faltas de respeto en el pleno, para meterse en la pomada política.

Hace ya un tiempo que el partido republicano se dio cuenta de que los discursos fieros no sacan tajada, y de que necesita ofrecer algo más que proclamas si quiere convertirse en la fuerza política hegemónica de Cataluña. Es consciente de que solo negociando podrá situar el referéndum como opción real dentro del debate político. Y cree que una vez conseguido, el secesionismo conquistaría la mayoría social y con ella vendría rodado el apoyo internacional. Pero esta hoja de ruta solo es alcanzable desde un discurso transversal. Y ello requiere moderación. Ningún Gobierno va a sentarse a negociar la solución con Cataluña con alguien que antepone el espectáculo al mensaje político. Y los votantes nacionalistas mesurados piensan que estrategias de ese tipo son incapaces de llevar el movimiento secesionista a alguna parte seria. ¿Cómo se ha convertido Rufián en portavoz parlamentario? Probablemente porque no había nadie más. Con Oriol Junqueras en prisión, Marta Rovira huida en Suiza y Joan Tardà abandonando el Congreso cansado de «lo difícil que está todo», este hijo y nieto de andaluces era el nombre activo más conocido del partido.

¿Llegará a ser creíble su mutación política? Difícil. Para cualquier otro diputado de ERC sería más fácil imprimir cierto giro a su discurso, pero Rufián se extremó tanto en su personaje de independentista irreductible que su principal enemigo es él mismo. La imagen de la impresora le perseguirá el resto de su vida, al igual que el tuit de las «155 monedas de plata» que llevó a Carles Puigdemont a declarar la independencia de Cataluña. Y en la antología de los ultrajes parlamentarios quedará su «PSOE Iscariote» en la segunda investidura de Mariano Rajoy. Siempre hay que dar la bienvenida a las conductas que buscan el acuerdo en la política. Son las que mejor y más rápido hacen progresar a la sociedad. Pero la moderación de Rufián no es fruto de una conversión sino de una impostura. Y simular lo que uno no es, suele pasar factura en la política.

Ana I. Sánchez.

Corresponsal.
VIDAS EJEMPLARES.

No, Carmen, no.

Es mentira que el triunfo del feminismo fuese monopolio de los socialistas.

Luis Ventoso.

Actualizado:

15/07/2019 00:05h.

La anécdota ocurrió en el Senado y figura en los anales de la burramia parlamentaria. En febrero de 2005, Van-Halen, senador del PP, hizo una crítica retórica a la por entonces responsable de Cultura, recurriendo varias veces al latinajo «la ministra dixit». En su réplica, la ministra del PSOE, confundiendo el dixit latino con los célebres ratones de dibujo animados, le respondió airada que «ni Pixie ni Dixie», que ella no iba a tolerar que la insultase. Aquella eminencia se llamaba Carmen Calvo y aún sigue en política. Ahora es vicepresidenta. Los años han pasado, ya peina 62 abriles, pero se mantiene fiel a los derrapes oratorios.

Ayer, en una conferencia en la fundación del PSOE, Calvo, que alardea de feminista, declaró que esa causa pertenece en exclusiva a los socialistas. Lo remarcó con garbosa dialéctica choni: «El feminismo no es de todas, no bonita; nos lo hemos currado en la genealogía del pensamiento socialista». También equiparó derecha con machismo y explicó que la prostitución, que existe desde la noche de los tiempos, es fruto del «capitalismo liberal».

Siento decir que vuelve a ponerse de manifiesto la mala relación del sanchismo con la verdad. Hubo mujeres y hombres socialistas cruciales para la causa del feminismo, cierto. Pero también hubo liberales que fueron claves en la llegada de los derechos de las mujeres, y muchos socialistas que los taponaron. El voto femenino se aprobó en España en 1931. La iniciativa la defendió la gran Clara Campoamor, liberal, no socialista. Victoria Kent, diputada del PSOE, votó sonoramente en contra, al igual que la izquierdista Margarita Nelken. Ambas veían a las mujeres «entregadas al confesionario», por lo que temían que si se las dejaba votar las dirigiesen los curas, dañando así la causa republicana. San Azaña, patrón de progresistas, tachó de «tontería» el sufragio femenino. El socialista Indalecio Prieto abandonó iracundo la cámara cuando se aprobó, dando voces de « ¡puñalada a la República!». No, Carmen: el PSOE no siempre estuvo con el feminismo.

El más temprano defensor en un Parlamento de los derechos de las mujeres fue probablemente el filósofo John Stuart Mill. Me temo que era hombre, y para más inri, liberal. La batalla más célebre de las mujeres por sus derechos fue la de las sufragistas británicas a comienzos del siglo XX. En su primer intento por entrar en política, su gran líder, la mancuniana Emmeline Pankhurst, fue rechaza por los laboristas por su sexo. Tras organizar una audaz y larga campaña de activismo callejero en pro de su causa, Pnakhurst acabó como candidata a diputada por el Partido Conservador. Normal: fueron los tories los que el 2 de junio de 1928 sacaron adelante la ley que igualaba la edad de voto de mujeres y hombres en 21 años (antes ellas solo podían votar a los 30).

La historia, la de verdad, está llena de matices y debe contarse en toda su amplitud, sin orejeras ideológicas. Resulta un poco cansino tanto catecismo dogmático; especialmente, Carmen, cuando viene trufado de falsedades y de desprecio sectario a opciones políticas tan legítimas como la tuya.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
VIDAS EJEMPLARES.

Una solución (imposible)

Lo ideal es una salida a la alemana, pero nadie sitúa al país por encima de las siglas.

Luis Ventoso.

Actualizado.

11/07/2019 23:58h.

Sí, ya lo sabemos: fue el contumaz Dr. No, y sin embargo ahora, con los mismos escaños pelados que tenía Rajoy, demanda por «razón de Estado» que PP y Cs se abstengan en su favor. Lo sabemos: echó al PP hace hace solo 13 meses, retorciendo una sentencia y en una maniobra urdida con Podemos y los separatistas. En su breve Gobierno, su primera medida fue someter al interés del PSOE instituciones del Estado como RTVE y el CIS. Arrastra el baldón de la vidriosa tesis. Ayer advirtió a Podemos que tal vez se necesite otro 155, pero hace solo siete meses se reunía con Torra y aceptaba en secreto observadores para una negociación bilateral. Ahora se presenta en modo presidente constitucionalista, pero con la otra mano permite que los suyos pacten en Navarra con nacionalistas vascos y Bildu, o que los socialistas obtengan la Diputación de Barcelona ¡en comandita con el partido de Puigdemont! (ocurrió ayer). Lo sabemos, sí: no es fiable y su trayectoria deja mucho que desear. Pero en Sánchez 2 hay una importante novedad respecto a Sánchez 1: esta vez ha ganado las elecciones, los españoles le han votado, y debe aceptarse con fair play democrático su victoria (aunque él no lo hiciese con el PP, porque un mal no justifica otro mal).

Con la llamada Nueva Política hemos arribado a una sopa de letras amenísima, pero que ha vuelto el país ingobernable. La inestabilidad es norma. Numerosas administraciones ya dan por sentado que los presupuestos, herramienta esencial de todo Gobierno, jamás se aprobarán en plazo. España sigue en piloto automático, con las cuentas que sacó adelante Rajoy en mayo de 2018 con apoyo de Cs y PNV (y el voto en contra feroz de Sánchez, Podemos y los separatistas). En realidad el país lleva tres años malgobernado, porque Rajoy se pasó sus dos últimos años en el alambre y consumido por el pulso independentista y porque el mandato de Sánchez fue magro en leyes y duró solo un año (lo reventaron los separatistas, socio imposible). Hemos arribado a un laberinto kafkiano, donde el fiel de la balanza son un partido populista de extrema izquierda y unas formaciones que tienen como meta expresa romper España. Entonces, ¿qué hacer? Los alemanes lo tienen claro. En 2005, cuando Angela Merkel ganó con una victoria corta, en lugar de dejar al país en el limbo del desgobierno se unieron democristianos y socialistas, situaron el interés del país por delante del de sus siglas y formaron la Gran Coalición. Desde entonces la fórmula se ha repetido en otras dos legislaturas. Alemania evitó ser rehén de extremistas.

Una solución obvia para España sería que el PP hiciese de tripas corazón y presentase a Sánchez unas exigencias mínimas para poder abstenerse y dejarle gobernar (renuncia a indultos a los golpistas, compromiso de 155 en caso de desafío frontal, acuerdo para no pactar con fuerzas separatistas y un marco de prudencia contable). Pero a veces lo mejor es enemigo de lo posible. Ni Casado ni Sánchez aceptarían esa salida, aunque todos, empezando por ellos, sabemos en nuestro fuero interno que sería la mejor para España.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
ENFOQUE.

Alegato contra el canalla.

El general Figuera habla para ABC.

Álvaro Martínez.

Actualizado:

11/07/2019 00:25h.

ABC entrevista hoy al general Cristopher Figuera, chavista de primera hora y exresponsable del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional, el temible Sebin, que con solo pronunciar su nombre a un venezolano la mirada se le cubre de miedo y el cuerpo de espantos preventivos. Figuera, que no fue ningún santo, decidió escapar a Miami tras facilitar la liberación de Leopoldo López. Desde el exilio reconoce el daño causado y pide perdón a los familiares de los torturados por el régimen. Figuera sabe de lo que habla.

Huyó este jefe militar cuando entendió el futuro que quizá le esperaba si no seguía pegando cabezazos sumisos al autócrata. Seguramente su final sería idéntico al que tuvo el capitán de fragata Rafael Arévalo, detenido hace doce días por el siniestro aparato represor dispuesto para los militares no afines (Dgcim), al que se torturó con extrema crueldad hasta la muerte. El informe de lo que se encontró el forense es espeluznante, con casi todas las costillas fracturadas, el tabique nasal roto, graves lesiones en órganos vitales y abrasiones en los pies que indicaban que fue sometido a descargas eléctricas durante el martirio. Fue molido a palos y murió. Ni juicio, ni posibilidad de defensa ante la acusación de conspirar contra Maduro que arrastraba desde hace años. Había que dar ejemplo y eligieron su cuerpo. La ciega brutalidad del chavismo supera incluso la muerte. Ayer mismo, la esposa de Arévalo, Waleswka Pérez, denunciaba que no le ha sido permitido ni reconocer el cadáver de su marido, enterrado bajo custodia oficial en un cementerio de Caracas. De la morgue, a la tumba. Ni el último adiós le ha concedido Maduro a la viuda.

Hace unos días, y con la tradicional tardanza con la que el progresismo mundial suele encarar la denuncia del chavismo y la condena de sus atrocidades, Michelle Bachelet, que dirige el Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, publicaba un informe de su investigación sobre las tropelías del régimen. Pese al aguachirri que le salió -la izquierda es incapaz de desproveerse de un cierto tufo de simpatía al movimiento bolivariano- sí refleja el documento el matarile en que se han convertido las calles, con más de 1.500 ejecuciones extrajudiciales. Venezuela es el infierno en la tierra. Tardará en llegar el día, o quizá no, pero lo justo sería que Maduro conozca ese banquillo de La Haya donde terminan los canallas que han atormentado a la humanidad.

Álvaro Martínez.

Redactor jefe.
De lo mejorcito del Foro.
Informes filtrados al servicio del Sr. ministro.

Marlaska ha cometido dos graves errores, que lo comprometen seriamente.

Luis Ventoso.

Actualizado:

09/07/2019 17:31h.

El sábado, a las puertas de la manifestación del Orgullo Gay, el ministro del Interior, el juez Fernando Grande-Marlaska, de 56 años, recibió a los representantes del colectivo LGTBI del PSOE. Marlaska, que comparte su opción sexual, se dejó llevar por la emotividad y denunció que Ciudadanos participaba en la cita solo para «lavarse la cara» y que su relación con Vox debería tener «consecuencias». Con sus imprudentes palabras, inadmisibles dado su cargo, el responsable del orden público y la Policía ponía en la diana a los representantes de Cs que esa misma tarde acudían a la manifestación. Las «consecuencias» que pedía el ministro llegaron pronto. Los políticos marcados fueron insultados, les lanzaron líquidos y objetos, les cerraron el paso y al final tuvieron que marcharse protegidos por una nube de policías. Sufrieron un bronco acoso, cuando habían acudido allí para apoyar los derechos de los homosexuales. Tras lo sucedido, Inés Arrimadas, que padeció las vejaciones, exigió la dimisión de Marlaska.

En medio de la polémica, el periódico más próximo al PSOE ha publicado este martes un supuesto informe de la Policía Nacional, oportunamente filtrado, que resta importancia a lo sucedido. Bajo el titular «Un informe policial contradice la versión de Ciudadanos sobre los actos del Orgullo», se asegura que «no hay constancia de agresiones físicas», y que solo hubo – ¡solo!– insultos, salpicaduras y «el lanzamiento de aislado de algún objeto no peligroso». Sindicatos policiales contradicen esa versión y aseguran que fueron agredidos seis agentes que protegían a Arrimadas y sus compañeros.

Una vez más, estamos ante el desprecio de las buenas prácticas democráticas por parte del Gobierno de Sánchez. Aunque en nuestra degradada vida pública parece que ya todo vale, lo ocurrido es grave: el ministro del Interior señala a un partido rival, que sufre como consecuencia acoso e insultos; y cuando los agredidos piden la dimisión de Marlaska, se filtra al periódico más afín al Gobierno un informe policial a la carta en favor del ministro. ¿Queremos una democracia donde el responsable de protegernos espolea el acoso callejero a sus adversarios políticos? ¿Queremos una democracia donde el ministro del Interior utiliza a la Policía para tratar de enjugar sus patinazos personales?

En política no vale todo. Lo sucedido es impropio de un Estado de derecho. Lo peor que ha traído el sanchismo es el deterioro de las prácticas saludables que engrasan toda democracia y la instauración de la mentira como treta aceptable. Tenemos como presidente a una persona que hacía comparaciones con Alemania para advertir que allí los plagiarios dimitían al instante, pero que cuando fue descubierto en plagio flagrante por este periódico no solo no dimitió, sino que amenazó con demandas judiciales que nunca llegaron y ordenó a la Oficina de Prensa de Moncloa emitir un comunicado falsario sobre supuestos test exculpatorios del plagio, luego desmentidos. Esta es la democracia de Sánchez.

Marlaska, que tan bien estuvo como juez frente a ETA, debería buscar en su conciencia un rescoldo de dignidad y como mínimo pedir disculpas, en lugar de enredar con filtraciones para tratar de justificar lo injustificable.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
VIDAS EJEMPLARES.

Hasta se cortaría la coleta.

En su desdoro final, Iglesias se arrastra por un puestecito.

Luis Ventoso.

Actualizado:

09/07/2019 00:11h.

Con arrogancia sobrada, el gran Iglesias Turrión -al igual que Rivera- irrumpió en política divinizando la juventud, condenando la experiencia y las canas como si fuesen la peste bubónica y despellejando a toda la clase dirigente previa a él (en la que había algún chorizo, cierto, pero también muchísima más gente valiosa). Iglesias -como Rivera- proclamó endiosado que con él arrancaba una nueva era, la de la limpieza absoluta y las soluciones milagreras. Había nacido la Nueva Política, la efebocracia.

Pero ahora, ay, el joven ya tiene 40 tacos, dos churumbeles (y otro de camino), una mujer a la que ha enchufado en la cúpula de su empresa y una hipoteca de varios ceros. Iglesias se ha vuelto mayor y se ha desgastado más rápido que la moda de las esterillas de bolas en los taxis. Cometió un error de cálculo garrafal. En su soberbia, tomó a su público por pánfilo e incurrió en los gustos mundanos de alto burgués que antaño denigraba. Iglesias comenzó a pinchar el día que le echó el ojo a Villa Galapagar y exclamó « ¡mía!». El resto del declive de Podemos atiende a cuatro motivos: ponerse de canto en la unidad de España, su chapucera gestión municipal, el circo de las trifulcas internas y el hecho de que la ideología comunista es un añejo despropósito utópico (ahí están los griegos, que tras probar la medicina del populismo zurdo acaban de propinar un puntapié al Podemos heleno, Syriza).

Con todo, quienes pensaban que Iglesias había tocado fondo con la finca de recreo de Galapagar se equivocaban. Ha logrado desacreditarse todavía más, arrastrándose ante la puerta de Sánchez implorando un puestecillo. Transita por los platós televisivos como si fuese el Gollum de Tolkien salmodiando aquello de «mi tesoro, mi tesoro». Este Iglesias mendicante llega al extremo de que sus principios le importan un carajo con tal de que Sánchez le otorgue la prebenda. Véase el tema catalán, donde sin discutirlo con nadie (lo cual es lógico, porque Podemos son hoy él y su mujer) ha anunciado que a cambio de un carguito se olvidará de su tontuna de los referéndums de independencia y será un leal constitucionalista. Iglesias se cortaría la coleta por un ministerio. Haría el Camino de Santiago de rodillas. El asalto a los cielos resultó ser esto: trepismo y canonjías.

Al final, Podemos facilitará Frankenstein 2. Sánchez gobernará de nuevo con comunistas y separatistas (ya ha pactado con ellos en Navarra y en la Diputación de Barcelona, con el partido del prófugo Puigdemont). Luego llegarán los presupuestos. Como la cabra siempre tira al monte, los separatistas le exigirán el indulto para los golpistas o un referéndum (o el doblete). Dado que ningún presidente de España puede conceder eso, ni siquiera uno tan elástico como Sánchez, vuelta a la casilla de salida: elecciones (donde los votantes conservadores deberían olvidar los experimentos con gaseosa verdes y naranjas, si no quieren seguir desayunándose durante ocho años con un país sumido en la inestabilidad y la tutela de comunistas y separatistas).

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
La «lógica» de Iglesias y Marlaska.

El sectarismo de la izquierda.

Álvaro Martínez.

Actualizado:

09/07/2019 00:02h.

Dice Pablo Iglesias que a nadie le puede sorprender que «si pactas con la ultraderecha» te ataquen con lejía y antes de que te escabechen te tenga que sacar la Policía de la manifestación cuando te acorrala una turba violenta. «Es lógico», afirmó ayer el líder de Podemos, sumándose así a la campaña y precampaña organizadas por la izquierda contra Ciudadanos, a quien esa misma izquierda no le perdona que no se avenga a investir otra vez a Sánchez como presidente para que lleve a cabo unas políticas «progresistas y de izquierdas».

De acuerdo con la «lógica» de Iglesias también sería normal que los colectivos LGTBI le trasmitiesen a él que no les parece bien que el movimiento podemita haya sido financiado generosamente por Irán, donde a los homosexuales se les cuelga de una grúa en las calles de Teherán. Incluso, y de acuerdo con esa «lógica», esos colectivos podían haber cercado en la manifestación del otro día a lo que ha quedado en pie de Izquierda Unida tras el paso por allí de Alberto Garzón, por la «difícil» relación histórica de los comunistas con los homosexuales. Ahí tienen a Ernesto «Che» Guevara, el héroe con boina de la progresía mundial, que en Cuba metía a los gais en «centros de reeducación». Pues aún se ven camisetas del Che en la manifestación del Orgullo. Qué importante es haber leído.

Caso aparte es el del ministro Grande-Marlaska, a quien Ciudadanos acusa, con pruebas, de haberles echado a la turba encima al afirmar la víspera de la manifestación que «pactar con quien trata de limitar los derechos LGTBI tiene que tener una consecuencia». Y la tuvo: el sábado, lejía y acoso violento a Cs. Lo que según Grande-Marlaska no debe tener consecuencia alguna es que a un homosexual le llamen «maricón», como hizo con él la hoy ministra Delgado. Y no una vez sino dos en la misma conversación, así que la cosa tiene pinta de hábito léxico. Cuando se hizo pública la grabación en la que Delgado le llamaba eso, Marlaska le quitó importancia.

Tampoco tuvo consecuencia alguna que, con la ley del matrimonio homosexual recurrida ante el Tribunal Constitucional por el PP, este partido propusiera a Grande-Marlaska como vocal del CGPJ. Entonces el hoy ministro socialista no renunció a la oferta y tan ricamente se sentó en el órgano de gobierno de los jueces. Todo muy lógico...

Álvaro Martínez.

Redactor jefe.
UNA RAYA EN EL AGUA.

155: Manual de instrucciones.

El 155 «largo y duro» queda descartado: la intervención no es un fin en sí mismo sino un recurso de última ratio.

Ignacio Camacho.

Actualizado:

07/07/2019 23:58h.

Excepcional, subsidiario y temporal. Estos tres adjetivos resumen el manual de instrucciones que el Tribunal Constitucional ha redactado para la aplicación futura del Artículo 155. La doble sentencia sobre los recursos contra la medida del Gobierno de Rajoy contiene una noticia buena y otra (relativamente) mala. La primera es que la decisión fue justificada y correcta: el procés, en su objetivo de «quebrar el Estado» (sic), había saltado todas las barreras. La segunda es que se trata de un arma legal expeditiva que sólo puede utilizarse por tiempo limitado y no incluye la suspensión completa de la autonomía en ningún caso. «Roma locuta, causa finita», dice el adagio clásico. Es decir, que ese 155 «largo y duro», o indefinido, que propugnaban los partidos del centro y la derecha, queda descartado porque no se trata de «un fin en sí mismo» sino de un procedimiento instrumental de ultima ratio. El TC no entra, como es lógico, en el debate político sobre si pudo y debió aplicarse antes, cuando el Parlamento catalán aprobó las leyes de desconexión que rompían con la legalidad española. No juzga hipótesis; sólo resuelve sobre el hecho efectivo, la realidad factual de un orden jurídico desafiado por las instituciones y autoridades que estaban obligadas a preservarlo. Y decide que la respuesta fue adecuada y se atuvo a las advertencias, garantías y protocolos necesarios.

El Tribunal ha aprovechado para fijar términos, condiciones y cláusulas doctrinales a contemplar en lo sucesivo, dado que la redacción de la Carta Magna es muy escueta y genérica. Su conclusión es que el derecho de una región a su autonomía constituye un bien protegido y no puede derogarse: sólo cabe restringirlo por plazo tasado y con medidas parciales. El Senado debe acotar la duración y el alcance. Y las disposiciones de emergencia contemplan también, si así se considera preciso, al Parlamento autonómico, que en Cataluña «no resultó en absoluto ajeno» al proyecto de ruptura y sabotaje.

El fallo del TC invita a pensar a bote pronto en una cierta desprotección de la nación ante un desafío como el planteado por los separatistas. No es del todo cierto: lo que el intérprete de la Constitución sugiere es que los Gobiernos deben acudir antes a otras vías que forman parte de su potestad política. Y tiene razón porque existen leyes específicas redactadas para que el Estado ejerza su autoridad coercitiva, aunque históricamente no lo haya lecho por apocamiento o cobardía. La revuelta de 2017 se produjo precisamente por esa lenidad que otorgó al secesionismo campo libre hasta que no quedó más remedio que una actuación invasiva. La próxima vez, que la habrá -«ho tornarem a fer», repiten como un mantra los secesionistas-, todas las partes están advertidas. Y si se reproduce el conflicto, ya existe al menos una guía. Otra cosa es que siga faltando determinación para seguirla.

Ignacio Camacho.

Articulista de Opinión.
VIDAS EJEMPLARES.

Denme de baja.

¿Por qué hemos de sostener una televisión que blanquea a Otegui?

Luis Ventoso.

Actualizado:

27/06/2019 00:05h.

Los veteranos lo recuerdan perfectamente. Durante el franquismo existían en España periódicos del Estado, la Prensa del Movimiento. Si hoy se intentasen crear unos diarios propiedad del Gobierno nos parecería un mal chiste, un anacronismo antidemocrático intolerable. El servicio a los lectores de prensa lo cubre perfectamente la oferta privada, con cabeceras de distintas sensibilidades. Sin embargo, aquello que en prensa consideraríamos inadmisible continúa vivo en radio y televisión, donde perduran las cadenas estatales. Su existencia siempre acaba provocando perturbaciones en el correcto funcionamiento de la democracia, pues indefectiblemente reman a favor del Gobierno de turno, dañando el juego limpio electoral (tal presión tendenciosa se exacerba en las cadenas autonómicas, pues todas, de Canal Sur a TVG, pasando por la delirante TV3, son botafumeiros entregados del poder).

TVE, sostenida por nuestros impuestos, ofrece los mismos concursos de cocina, baile y canto que las privadas, sus telediarios son partidistas, y sus series, casi siempre peores que en las cadenas comerciales. Entonces, ¿por qué mantener una televisión pública española? Hay tres razones que la justificarían: defender la idea de España, el español y la cultura española; ofrecer unos contenidos de alta calidad y unos informativos más o menos imparciales, al estilo de la BBC; y ejercer de gran plataforma para impulsar a nivel mundial las ventas y el prestigio del audiovisual español, como hace también el consorcio británico. El problema es que la actual TVE no muestra el menor interés por defender la idea de España y su cultura; sus informativos están al servicio de Sánchez y hasta desatiende el español (alardea, por ejemplo, de haber cuadriplicado sus horas en catalán, lo contrario de lo que debería ser su función de unir a los españoles en lo común).

Ayer, el canal informativo de TVE hizo una entrevista de cámara en horario estelar al exterrorista Otegui, inhabilitado por la justicia hasta 2021 y condenado en su día a seis años de cárcel como secuestrador etarra. Otegui, por supuesto, nunca ha pedido perdón de manera rotunda por los más de 800 asesinatos de ETA y lidera el partido que encarna la sucesión política de la banda terrorista. Además, su objetivo declarado en la vida es destrozar España, independizando el País Vasco y Navarra. Entrevistarlo constituye una ofensa a los muertos y sus familias, a la unidad nacional y a la propia dignidad de los profesionales de TVE. Entonces, ¿por qué se incurre en esta infamia? Pues porque Sánchez, con su victoria pírrica, podría necesitar los votos de Bildu para la investidura. Así que urge iniciar la operación blanqueo (y ahí está Rosa María para lo que toque). Llega entonces la pregunta final: ¿por qué tenemos que sufragar con nuestros impuestos una televisión que con la entrevista de anoche en realidad nos provoca repugnancia? ¿Qué sentido tiene una cadena pública española cuando da cancha a un exterrorista que es un furibundo enemigo de España? Por favor, denme de baja. No quiero pagar por esto.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
Los enanos crecen.

Álvaro Martínez.

Actualizado:

26/06/2019 00:24h.

Lo que le faltaba al «procés» era la intervención de ese gran estadista leonés llamado José Luis Rodríguez Zapatero, que en mala hora abandonó el oficio de «contador de nubes» al que prometió dedicarse una vez saliera de La Moncloa tras dejar el país para el arrastre, porque en cuanto él fija su atención en un asunto los problemas empiezan a agigantarse. Ocurrió en Venezuela, donde con su mediación (siempre a favor del chavismo, nunca de la oposición) las cosas pasaron de estar muy mal a estar muchísimo peor. Por eso se agradecía su silente actitud respecto al problema separatista que, cuán ingenuos éramos, quizá achacábamos a un ataque de vergüenza propia pues no en vano, con su irresponsable gestión de aquel Estatuto catalán que resultó ser inconstitucional, fue él quien abrió la puerta al formidable lío del presente.

Pero no, ya le tenemos aquí enredando de nuevo, liando todo un poco más y poniendo su granito de arena para que el embrollo del lazo sea un poco más agudo. Ayer pidió a los magistrados del Tribunal Supremo que su sentencia «no comprometa el diálogo», en lo que supone una intromisión incalificable en la labor de los jueces. Y ya lanzado, y por si la cosa se pone fea para los reos, dijo estar a favor de que el Gobierno de Sánchez valore un posible indulto para unos individuos acusados de gravísimos delitos contra el Estado, no de robar cuatro gallinas en una masía de Gerona. «Y no digo más sobre el asunto -remató- para que no me digan: ya está aquí este listo». Descuide que nadie dirá eso.

Muy mala noticia supone que Zapatero quiera involucrarse a fondo en encontrar una solución a algo, lo que sea. No solo por el mencionado currículum de fracasos estrepitosos que presenta en su actividad como mediador, sino porque es evidente que supone una intromisión en una tarea que en la esfera penal corresponde a los jueces del Tribunal Supremo, y en la política, al Gobierno de España y a sus Cortes Generales. Su conversación telefónica con el preso Junqueras supera su pamplinera condición de «militante del diálogo y el entendimiento con Cataluña», supone una injerencia lamentable que consolida su papel de engreído metomentodo (qué boda sin la tía Juana) que ha olvidado el rol institucional, residual pero innegable, que conservan quienes han ocupado la segunda magistratura del Estado. Con él empezó todo y con él puede que ahora nos comiencen a crecer los enanos del circo que él y Artur Mas inauguraron hace ya trece años.

Álvaro Martínez.

Redactor jefe.
La desmemoria histórica.

No hay feminismo de Sánchez y Calvo para recordar a aquellas mujeres.

Luis Ventoso.

Actualizado:

24/06/2019 00:02h.

Son mujeres, españolas y dieron la vida por mantenerse leales a unas creencias perfectamente honorables. Pero el seudofeminismo de Sánchez, Carmen Calvo, Irene Montero y Manuela Carmena jamás tendrá un elogio para ellas, o siquiera un recuerdo. Aquellas mujeres valientes -empoderadas, que dirían los horteras de ahora- fueron asesinadas por un pelotón de hombres fanáticos, pero han sido ubicadas por el «progresismo» en el lado incorrecto de la historia. Así que son pasto de la Desmemoria Histórica, reverso del indigestible proyecto de ingeniería social llamado Memoria Histórica, que impone por decreto un único modo de relatar e interpretar lo ocurrido en España durante la primera mitad del siglo XX.

El sábado beatificaron en La Almudena de Madrid a 14 monjas concepcionistas franciscanas, mártires de la Iglesia católica. Fueron asesinadas en 1936 en la oleada final de la persecución religiosa lanzada por socialistas, comunistas y anarquistas. El Papa pidió ayer en El Vaticano un homenaje para ellas. En España, denso silencio, salvo en medios próximos al catolicismo. Diez de las religiosas procedían del convento madrileño de San José, dos de El Pardo y otro par de Escalona, en Toledo. Desde la proclamación de la República vivían bajo un temor constante a ataques violentos. En mayo de 1931 se vieron forzadas a abandonar por primera vez su convento de Madrid y durante 26 días permanecieron escondidas en un piso y ataviadas con ropas seglares. En febrero de 1936 hubieron de ocultarse de nuevo, esta vez 36 días. En los meses de total deterioro del orden público que siguieron al triunfo del Frente Popular se refugiaron en un entresuelo de la calle Silvela. Esta vez para no volver. Una portera las delató y los milicianos se las llevaron en noviembre del 36 y las asesinaron, se cree que en un descampado de Ventas o de Paracuellos. Los cadáveres nunca han aparecido. Sin embargo se conocen detalles de sus últimas horas, como que Isabel Labaca, la monja líder del grupo, les hizo la siguiente advertencia mientras permanecían hacinadas en su escondite de Silvela: «Sed fuertes, porque es preciso que demos la vida por Dios». Todas aceptaron tan tremendo destino, que al final incluyó culatazos, golpes, insultos, vejaciones y el fusilamiento.

Un mal -la brutal represión franquista- no puede servir para ocultar otro mal, la salvaje persecución de religiosos en la España republicana (amén de la de católicos seglares, personas pudientes y adversarios ideológicos). Abruma la burramia de tantos chavales que disfrutando de la extraordinaria democracia actual, un paraíso de derechos y libertades, enarbolan para todo tipo de causas la bandera de la Segunda República, que tan solo simboliza un completo fracaso. Veremos el día en que la historia de España se volverá a contar completa, sin presiones ideológicas gubernamentales. El rodillo de nuestras leyes de memoria histórica es un abuso antiliberal tan asombroso que no superará el cedazo del tiempo.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
VIDAS EJEMPLARES.

Frankenstein 2.

Navarra ha probado que el PSOE vuelve a elegir aliarse con los separatistas.

Luis Ventoso.

Actualizado:

20/06/2019 00:25h.

El PSOE podría ser definido como el singular partido que apellidándose «Español» no pierde jamás la ocasión de optar por los enemigos declarados de España. Obama, que adoraba las frases rimbombantes, solía decir que «debemos situarnos en el lado correcto de la historia». Sospecho que cuando los historiadores más ecuánimes repasen en un futuro la ejecutoria de alianzas del socialismo español constatarán pasmados su empecinamiento en situarse en «el lado incorrecto». Su falta de lealtad con la nación viene de lejos. Cuando Companys declara el Estado catalán en octubre 1934, el PSOE, que formaba parte de la llamada Alianza Obrera, llega al extremo de sumarse en las calles al apoyo armado a la causa golpista.

Tras el largo paréntesis del franquismo, salta la sorpresa y el PSOE parece recuperar la cordura en la cuestión nacional, hasta el punto que en una sonada definición «The New York Times» saluda a González y Guerra como «jóvenes nacionalistas españoles». Todo se embarra con Zapatero, ideólogo de la gran empanada conceptual que todavía arrastra su partido: confundir patriotismo y franquismo. Debido a su historia familiar -su abuelo fue un capitán republicano fusilado por el bando nacional-, el nuevo presidente enfatiza una visión idealizada de la República, que lo lleva a la deformación psicológica de percibir la defensa de la nación española como un tic retrógrado. Tal reflejo queda delatado cuando suelta una frase inadmisible en un presidente: «España es un concepto discutido y discutible». Con irresponsabilidad pasmosa, Zapatero reabre el debate del modelo territorial y promueve unas reformas estatutarias que nadie reclamaba, pero que darán alas al independentismo. La ejecutoria del PSOE es siempre la misma: cada vez que toca elegir compañeros de pacto en ayuntamientos, comunidades o en el Gobierno, los socialistas siempre prefieren a nacionalistas y separatistas. Cordones sanitarios para el PP, el otro gran partido de Estado, pero besos y abrazos con ERC, BNG, el PNV y hasta Bildu.

Ayer en el Parlamento de Navarra, tras una pamplina previa de disimulo, el PSOE volvió a hacer lo de siempre: entre constitucionalistas y separatistas volvió a elegir poner la alfombra roja a los antiespañoles. Esa decantación privará a Sánchez del apoyo en el Congreso de Navarra Suma. Dado que la supuesta victoria épica de Sánchez es en realidad un churro de 123 escaños pelados, no le quedará otra que volver a donde solía, a buscar el plácet de los separatistas catalanes. Retorna lo que Rubalcaba, que destestaba el sanchismo, apodó sagazmente como «Gobierno Frankenstein». Se está cosiendo ya la momia de Frankenstein 2, que tras echar a andar dará muy pocos pasos. Llegados los presupuestos, ERC -partido que lidera el cerebro golpista, Junqueras- pedirá lo único que lo colma: el referéndum de independencia. Como ningún presidente de España puede concederlo sin delinquir, tumbarán los presupuestos. Elecciones y vuelta a barajar. Tal es el viaje que augura la inexplicable pasión del PSOE por el nacionalismo insolidario.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
LA ALCALDESA LLORA EN ANTENA.

El llanto selectivo de Colau.

Álvaro Martínez.

Actualizado:

18/06/2019 23:41h.

Emocionada al pensar en el sufrimiento de sus hijos, la alcaldesa de Barcelona se echó ayer a llorar en antena al recordar los insultos que le han proferido los separatistas por no pactar con ERC en el ayuntamiento, regüeldos de tan alto voltaje y vileza que no merecen ser reproducidos en estas páginas. Colau ha definido como «insoportable» la presión que ha tenido que aguantar estos días hasta tomar la segunda vara, cuando su nombre era voceado por las calles de Barcelona con un feo denuesto al lado. «Traidora» y «botiflera» son los rebuznos más suaves que ha escuchado en «estos días terribles». Lejanos, pues, en su memoria los tiempos en los que ella protagonizaba escraches, insultando a los poderosos, a los bancos, a los políticos «que condenan a la miseria a la gente», a todo lo que se movía y muchas veces con nombre y apellido. Hasta se hizo un traje de superheroína justiciera para recorrer los tumultos frente a las oficinas bancarias y los pisos a punto de desahucio.

Selectiva en su pena, Colau no condenó las agresiones a militantes de Vox en época prelectoral, si acaso su único lamento fue que «esos rancios consiguieron lo que buscaban». Es decir, que te abre la cabeza un salvaje con lazo y la culpa es tuya por «provocar». Se lo buscaron ellos, vino a decir.

Quizá lo que no entiende Colau, y el motivo final de su llanto, es que considera injusto que los «indepes» la acosen. A ella, que se ha prodigado en gestos de cariño con los golpistas presos (el último, volver a colgar la birria del lazo en el ayuntamiento); a ella, que ha intentado menospreciar al Rey de España, negándole el saludo; a ella, que mandó al brioso Gerardo Pisarello a quitar la bandera de España del balcón consistorial, como si fuera un trapejo sucio; a ella, que se ha hartado de decir (como Guardiola, pero sin chándal) que «es una vergüenza que en España haya presos políticos»; a ella, que ha insultado a la Policía poniéndole hasta una placa « ¡por franquista!»; a ella, que abrió instalaciones municipales para que albergaran las urnas ilegales del 1-O...

A Colau no la manchan esos estúpidos insultos cimarrones del CDR de guardia frente al ayuntamiento. A esta Inmaculada solo le tizna, desde el punto de vista político, su sectarismo irreductible y el desprecio sostenido a todo el que no opina como ella. Si hasta dedicó un mohín de asco a los votos de Valls que la hicieron alcaldesa. Y eso también da para echar unas cuantas lágrimas.

Álvaro Martínez.

Redactor jefe.
IÑAKI GABILONDO.

Buenos días, buenos días a todos, ¿de verdad que es esto lo que hemos votado? debieron preguntarse muchos españoles al ver de qué forma se constituian en algunos municipios, Los pactos han dado lugar a combinaciones inesperadas, aunque eso sí irreprochablemente democráticas, y han engrosado las filas de los que creemos que convendría estudiar la fórmula de una segunda vuelta, pero sobre todo, han servido para confirmar que PP Ciudadanos y Vox las tres carabelas de Colón navegan ... (ver texto completo)
¡Ay, Iñaki, Iñaki, quien te ha visto y quien te vio!, si tu amigo Segismundo levantara la cabeza!, creo que volvería a "plancharla".................. ..........
VIDAS EJEMPLARES.

El cabreo de Doña Manuela.

Lo sano sería que gobernase el ganador, sí. Pero siempre.

Luis Ventoso.

Actualizado:

17/06/2019 00:08h.

Manuela Carmena encarnó en su pobre etapa como alcaldesa lo que podríamos definir como sectarismo de modales exquisitos, o intransigencia en guante de seda. Nunca perdió el amable tono de una abuela bien educada y de posibles. Pero en la práctica se dejó mangonear por una tropa de extremistas que le llevaba el día a día, con radicales como su concejala Rommy Arce, cuyas majaderías desbordaban hasta los estrafalarios parámetros podemitas. Doña Manuela y su equipazo no supieron hacer ni lo elemental (limpiar las calles y ejecutar el presupuesto). La exalcaldesa también falló en lo trascendente: carecía de una visión para Madrid y lo iba disimulando con ocurrencias, eslóganes progres huecos («welcome refugees», para luego no atenderlos y emplumárselos a Cáritas) y obras menores (ensanchar unas aceras no supone proeza alguna). Su lucha contra la contaminación fue chapucera: tras molestar a todos el aire sigue como siempre, sucio. Madrid va como un tiro, merced al empuje de su sociedad civil y empresas, la fiscalidad baja del PP y el pinchazo de Barcelona por la autolesión separatista. Pero Carmena no supo aprovechar esa ola con ideas nuevas. Le parecía más urgente molestar a los católicos con un anticlericalismo obsoleto que mejorar la imagen internacional de una magnífica urbe, atraer más capital o lanzar proyectos urbanísticos ambiciosos. Todo eran sermones, micro-rencores dogmáticos y mucha pose LGTBI.

Hace cuatro años, Sánchez decidió apoyar en los ayuntamientos a candidatos derrotados del populismo neocomunista, a pesar de su incompetencia y planteamientos frikis. En Madrid ganó las municipales Aguirre, pero fue entronizada Carmena, y a ella le pareció estupendo. Ahora que le han devuelto la jugada, Doña Manuela olvida el talante guay y luce un notorio cabreo: mal tono, incluso con comentarios faltones a su sucesor, Almeida. En su adiós, la exregidora exigió que se «cuide la democracia», aludiendo a que debe gobernar el más votado. Estamos de acuerdo. Debería ser así. Pero siempre. No solo cuando conviene a Podemos y PSOE. La constitución de los ayuntamientos ha evidenciado que urge reformar la ley electoral con una doble vuelta, aunque nunca se hará, porque los partidos prefieren este zafio chalaneo. Ha habido situaciones sonrojantes a cargo de todas las siglas. En Melilla será presidente un tío de Ciudadanos con un solo escaño. En Orense ha habido un cambalache inaudito entre el PP de la diputación de los Baltar, hereditaria y caciquil, y su máximo crítico, un excéntrico que se inventó un partido, al que han hecho alcalde a cambio de conservar el poder provincial. En Jerez de los Caballeros gobernará un señor de Podemos que quedó último con un concejal... Picaresca por doquier. Toca cuidar la democracia, en efecto, porque el minifundismo de la Nueva Política la está convirtiendo en un zoco de pillos, empezando por Sánchez, que decía airado que Rajoy no podía gobernar con 123 diputados y ahora que él tiene los mismos demanda sentido de Estado a los demás para que apoyen su victoria histórica. Una coña.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
VIDAS EJEMPLARES.

Dos y dos son siete.

Con su visión renovadora están dejando obsoleto a Pitágoras.

Luis Ventoso.

Actualizado:

14/06/2019 00:29h.

No paran de inventar. Lo cual es admirable en un país que flaquea en I+D. Nunca se debe infravalorar la capacidad de la Nueva Política para modernizar prácticas vetustas (que por lo demás funcionaban estupendamente). En la era del casposo bipartidismo y las soporíferas mayorías estables, ya felizmente superada, los mandatarios eran elegidos para cuatro años. Qué ordinariez. Por fortuna, Rivera se ha percatado de que eso de gobernar toda una legislatura es más antiguo que la cinta en la calva de Mark Knopfler. Así que acaba de inventar los Mandatos de Quita y Pon. PSOE y Ciudadanos se repartirán con el nuevo método las Alcaldías de Albacete y Ciudad Real («dos añitos pa ti, dos pal menda»). Ambas partes sacian sus egos, aunque sea a costa de tratar como borregos a los votantes, cuyas preferencias electorales son burladas en el zoco del mercadeo partidista.

Cs demanda que la fórmula del Quita y Pon se aplique también en la Alcaldía de Madrid: dos años para Almeida, el del PP, dos para Villacís. La exigencia la presentó ayer Miguel Gutiérrez, ese miembro de la ejecutiva de Cs de porte pícnico, barbado y cabal. El señor Gutiérrez explicó muy serio que es de justicia que ambos turnen en la Alcaldía, dado que en las elecciones se registró un «empate técnico». Tal vez Malú y los muy iniciados entiendan esta forma de hacer las cuentas, pero el viejo Pitágoras debe estar flipando. Almeida logró cuatro concejales más que Villacís y un 5% más de votos. La Nueva Matemática de la Nueva Política lo llama «empate técnico». El público no parece muy convencido. Ayer, en una encuesta en la web de ABC, el 82% de los lectores condenaban la idea. La Nueva Matemática alberga más sorpresas. En Castilla y León, Cs ha puesto como condición para apoyar al PP que acepte el límite de ocho años de mandato, una medida de higiene democrática que el naranjismo considera crucial. Casualmente, Rivera lleva trece como presidente de su partido.

Cuando nació en Cataluña en 2006, Ciudadanos supuso un magnífico revulsivo contra el rodillo nacionalista. Prestaron un importante servicio. Tras su salto a la política estatal, sus llamadas al juego limpio resultaban atractivas y muy necesarias en un momento que el PP salía a gamberrada por semana. El problema es que el escenario va mudando. El PP ha endurecido su postura contra el separatismo y ha aseado su cocina, lo que priva al riverismo de parte de su originalidad. Ciudadanos atraviesa el complicado tránsito desde la frescura juvenil a la madurez. La coletilla escapista del «no somos ni de derechas ni de izquierdas» ya empieza a dar el cante. Las constantes fluctuaciones pueden degenerar en un partido bisagra, de mucha labia y poco crédito. A nadie le gusta dejar de ser el único divo de su compañía, pero a medio plazo el gran servicio de Rivera a España sería construir con Casado un partido único de centro-derecha. Porque las taifas se apellidan «Sánchez para rato», con los conocidos efectos secundarios (ayer ya empezó a gestarse Frankenstein 2, un nuevo Gobierno sostenido por ERC, que se cobrará un carísimo peaje).

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
CON PERMISO.

Atacar la independencia.

¿Para qué crear instituciones independientes si sus recomendaciones no gustan?

María Jesús Pérez.

Actualizado:

13/06/2019 00:20h.

Atacar la independencia de las instituciones está de moda. No hace ni una semana, el Gobierno se ponía de uñas con el Banco de España porque osó cuestionar la subida de sopetón de un 22% del SMI -en vigor desde principios de año-, en lugar de hacerlo de forma paulatina como estaba pactado entre el Ejecutivo de Rajoy, empresarios y sindicatos para ir viendo sus efectos sobre el mercado laboral. Piensa el supervisor español que, aunque aún es pronto para medir el impacto, algo se está notando ya. Y no es precisamente para bien.

También está siendo estos días objeto de críticas otra de nuestras instituciones independientes. De las más jóvenes. La Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (Airef), que nació para velar por la sostenibilidad de las finanzas públicas como vía para asegurar el crecimiento económico y el bienestar de la sociedad española a medio y largo plazo. Y, desde entonces (2014), ha construido una reputación de objetividad, independencia y transparencia en sus trabajos de los que adolecíamos desde hace tiempo. Unos informes independientes que en la mayoría de las ocasiones levantan más que ampollas. Y no solo en el seno del Gobierno, de este y del anterior. También entre directivos o representantes de los trabajadores de empresas según qué sector cuestione.

Entre las últimas «ocurrencias» de la Airef, dos que han dolido a más de uno. La primera, un informe que critica el apabullante gasto farmacéutico, y, el segundo, otro en el que diseña un plan de ahorro de costes en la Sociedad Estatal Correos y Telégrafos. En el primero de ellos, la institución calcula un ahorro acumulado de algo más de mil millones con una batería de recomendaciones para reformar el sistema en profundidad para ganar en eficiencia, pero también en equidad y justicia. «El estudio de la Airef sobre gasto en recetas se centra en la reducción de costes a corto plazo y deja de lado el valor y el ahorro que aporta la inversión pública en medicamentos», lamentaron desde la patronal Farmaindustria. Y es que cuando a uno le tocan los márgenes...

Y el segundo, de ayer mismo, un estudio que examina el desembolso destinado a Correos -compañía estatal por cierto con unas pérdidas de más de 200 millones anuales pero con unas previsiones sin parangón de mejorar condiciones a sus trabajadores bajo la presidencia del exjefe de gabinete de Sánchez- en el que recomienda ahorro masivo de costes, con reducción de oficinas y puntos de entrega. Sugerencias que han encontrado una fuerte oposición desde la compañía y sus sindicatos.

Más que curioso me resulta pues que la deseada independencia cuando uno está en la oposición siente tan mal cuando uno pasa a estar al frente del país, y máxime cuando me viene a la memoria uno de los retos de la ministra Calviño: la creación de una autoridad macroprudencial que advierta de los desequilibrios de la economía. ¿Para qué? ¿Alertará de deficiencias incluso cuando no sea del agrado del Ejecutivo? Yo, lo dudo.

María Jesús Pérez.

Redactora jefe.
VIDAS EJEMPLARES.

Silencios abrasivos.

No se escucha una queja sobre los regímenes más represivos del orbe.

Luis Ventoso.

Actualizado:

12/06/2019 00:04h.

La semana está resultando amena en las mecas de las libertades y derechos humanos. En la amable Rusia putiniana, oasis de buenas prácticas democráticas, el jueves fue detenido el periodista Iván Golunov, de 36 años. Se había distinguido por sus denuncias de la corrupción y tocaba aplicarle un correctivo edificante. Los medios libres y la poca oposición que perviven acusan a la Policía de haber colocado coca y drogas sintéticas en la mochila del reportero, a fin de justificar su detención. Ya enjaulado, le aplicaron un repaso y el sábado hubo de ser hospitalizado. Curiosamente, el conspicuo drogota no acaba de dar positivo en ningún análisis. Tres periódicos osados han salido en defensa del arrestado, titulando a toda plana: «Somos Iván Golunov». Uno de los supuestos corruptos denunciados por el reportero es el coronel que dirigió el operativo de su detención. Ayer por fin lo soltaron. Detenido por nada.

En Irán, edén de las libertades para el que labora Iglesias a través de su tele en España, el régimen ha clausurado 547 restaurantes y cafeterías y ha detenido a once propietarios. Era necesario. En esos establecimientos se contravenía la ley islámica, con «música no permitida» y «alentando el libertinaje». También se han decomisado 559 coches por circular con la música alta. Los paternales ayatolás protegen a la gente de bien.

La admirada Arabia Saudí es hoy un referente mundial en buenas prácticas jurídicas y respeto a la libertad de expresión, como acreditó con el caso Khashoggi. Allí se enfrenta a una posible pena de muerte -espadazo en el cuello- un chaval chií de 18 años, que cometió el imperdonable delito de que a los diez participó en manifestaciones al calor de la fallida Primavera Árabe.

China será pronto la primera potencia. Si su sistema político se extiende por el planeta, la humanidad lo va a pasar bomba. Los chinos pretenden introducir su tecnología 5G en las redes de las administraciones occidentales, pero bloquean a Google y Facebook en su país, acusándolos de dar pábulo a la disidencia. Están explorando la tecnología de identificación facial para controlar a sus ciudadanos. Mantienen a un millón de musulmanes iugures en campos de reeducación, donde a buen seguro la gozan. La semana pasada se cumplieron los 30 años de la matanza de Tiananmen, tapada por un telón de silencio, y en Hong Kong acaban de manifestarse casi un millón de ciudadanos, espantados por una reforma que permitirá juzgarlos en la China continental y finiquitar sus libertades.

Pero, afortunadamente, el progresismo obligatorio, siempre perspicaz, ya ha detectado los dos problemones de la humanidad: Trump e Israel. Contra ellos batallan con denuedo eminencias como Bernie Sanders, Ocasio-Cortez, Albertito Garzón, Chomsky, la crema de Hollywood, nuestra tele al rojo vivo y las 37 facciones cabreadas entre sí de Desunidas Pinchamos. Por su parte, el populismo nacionalista añade a la pérfida UE como tercer pilar del eje del mal. No vemos el día de mudarnos a Irán, China o Rusia, de huir de esta abyecta Europa, líder mundial en recepción de collejas del actual Vaticano.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
La moto de Sánchez
El «gran triunfo electoral» se empieza a ver como lo que es: una victoria pelada.

Luis Ventoso.

Actualizado:

11/06/2019 08:48h.

La memoria de la humanidad guarda el recuerdo de gestas legendarias, que siempre se estudiarán con admiración. El 1 de octubre de 331 a. C., en una llanura no lejos de Mosul, Alejandro Magno ofreció la mayor exhibición de su genio y derrotó al rey persa Darío III en la batalla de Gaugamela. En octubre del 52 a. C., Julio César venció en Alesia a un jefe bárbaro con nombre de tebeo de Astérix, Vercingétorix, y se consagró como el gran talento militar capaz de doblar la mano de los irreductibles galos. El 7 de octubre de 1571, la flota comandada por Juan de Austria se impuso al turco en Lepanto, tal vez la batalla naval más tremenda de la historia. El 18 de junio de 1815, un general inglés de maneras cautas, Wellington, le dio boleto a Napoleón en Waterloo.

En tiempos recientes solo se ha producido un triunfo de genio estratégico equiparable a los referidos. Se trata de la victoria de Sánchez Pérez-Castejón el 28 de abril de este año. Tal es la conclusión a la que llegaron tras los comicios fuentes tan ponderadas como la TVE de Rosa María Mateo, la tele número 6 y ciertos chiringuitos digitales al rojo vivo, que estallaron en una trompetería eufórica por los resultados del PSOE. Los observadores neutrales, que no son tan sagaces como los politólogos del «progresismo» obligatorio, lo único que constataban es el hecho empírico de que Sánchez se había quedado en 123 escaños pelados. Exactamente la misma victoria anémica que obtuvo Rajoy en 2015, y con la que sudó tinta (hasta el punto de que hubo que repetir las elecciones, debido al enfático «no es no, ¿qué parte del “no” no entiende?» del por entonces líder de la oposición, un tal Sánchez, que advertía de sol a sol que con un triunfo tan rácano en modo alguno estaba Mariano legitimado para gobernar).

Pasado solo un mes y medio desde los comicios, la mayor gesta política que vieron los tiempos empieza a achicarse y a contemplarse como lo que realmente es: una achuchada victoria, con la que Sánchez gobernará de prestado y a lo Simeone (partido a partido y haciendo bastantes faltas). Ayer su hombre de guardia, Ábalos, lo vino a confesar al amenazar con nuevas elecciones. Su órdago es un farol, pues de repetirse los comicios probablemente el perjudicado sería el propio Sánchez, debido a que se produciría un reagrupamiento del voto de derechas, dilapidado en tres el pasado 28-A. Pero aún así, las palabras del escudero de Sánchez apuntan a una verdad: si Iglesias se pone estupendo y no se apea de su exigencia de ministerios, si el PP y Cs se mantienen en el no y si los conservadores navarros son toreados por el PSN y se enojan, Sánchez va a ser un presidente en el alambre. Paseará en el Falcon, se hará selfis por doquier y seguirá batiéndose gallardamente con el espectro de Franco. Pero gobernará más bien poco. O nada. Su eficaz factoría marketiniana no despeja la ecuación que importa: ¿Cómo se las apañará para sacar adelante los Presupuestos? ¿O acaso se llegaría a la aberración de indultos por apoyos?

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
«Objetivo Sánchez»: Abolir a todos los «Pepito Grillo»

Vuelta al nepotismo más recalcitrante a costa de minar la reputación de quien ose cuestionar decisiones o ideas del Gobierno.

María Jesús Pérez.

Actualizado:

06/06/2019 00:24h.

Al presidente Sánchez no le gusta nada que le cuestionen. Y quien ose toserle, tendrá los días contados. O eso, dicen, parece que será su objetivo. El último en su punto de mira, Pablo Hernández de Cos, por sus críticos informes sobre las políticas de empleo y de economía del Ejecutivo socialista. Y es que desde que el gobernador del Banco de España aterrizara en el cargo -curiosamente, casi a la par que Pedro Sánchez lograra el suyo, allá por junio de 2018-, la institución ha vuelto por sus fueros, aquellos tiempos en los que la independencia, rigurosidad y profesionalidad eran marca de la casa. Lo lógico, en cualquier caso. Una reputación tristemente cuestionada desde que estallara la crisis global financiera, pero debilitada aún más si cabe por la propia crisis doméstica y su torpeza en cómo afrontarla.

El caso es que a nadie se le escapa ya que las comparecencias de Hernández de Cos ante el Congreso han devuelto al órgano supervisor un tono severo y nada complaciente ni con el Gobierno ni con el discurso dominante superficial y tópico del que parecíamos «disfrutar» desde hace ya mucho tiempo. Su informe sobre el extraño Presupuesto 2019 o sobre el efecto del Salario Mínimo Interprofesional -que ha desatado finalmente la ira del Ejecutivo español esta misma semana, con la exigencia de perdon inmediato-, o, también, el del futuro de las pensiones, han devuelto al Banco de España el carácter de «Pepito Grillo» que tanto echábamos de menos.

Pues bien, al gobernador le pasa algo similar que al famoso personaje de Walt Disney, ataviado como un elegante señor, de sombrero y chaqué, que osaba susurrar al oído de Pinocho las veleidades del buen camino, sin conseguir buenos resultados la mayoría de las veces, por no decir en ninguna, como podría ser el caso que nos ocupa. Porque a Sánchez le sobra tener esa especie de conciencia externa. Y menos si esta tiene un perfil profesional y sin sesgo partidista. Él tiene la suya, y con esa le basta. O estás con él, o contra él. Y si decides la segunda opción, lo mismo te quedas sin silla. Y la del gobernador es golosa para un Gobierno que no necesita verbos sueltos que le enmienden la plana ante Bruselas, mientras la ministra de la cuestión, Nadia Calviño, hace malabarismos para mantener medio contentos a los señores de negro.

¿Se avecina pues el tan esperado baile de sillas en instituciones y empresas vía minar reputaciones? Al más puro estilo Correos. Ya se habla por ahí no solo de la del gobernador del Banco de España, algo dicen también de la de la Comisión Nacional del Mercado de Valores y de alguna que otra gran empresa de sector clave. Vuelta pues a ese nepotismo recalcitrante del que tanto acusaba el propio Sánchez a su antecesor. En su ADN primará el silencio de los corderos.

María Jesús Pérez.

Redactora jefe.
VIVIMOS COMO SUIZOS.

¿Y ahora qué?

Ramón Espinar parece Recio queriendo quitar a Enrique Pastor de la presidencia en «La que se avecina»

Rosa Belmonte.

Actualizado:

04/06/2019 00:09h.

Cualquiera se toma más en serio a Leticia Sabater que a Ramón Espinar. Supongo que Pablo Iglesias e Irene Montero, a los que quiere derribar, también. Espinar ganó unas elecciones por el control de Podemos en Madrid contra Rita Maestre, la que habla como si el abecedario fuera de gominola. Dimitió de sus cargos cuando Pablo Iglesias decidió oponerse a Errejón al fugarse este a Gretna Green con Carmena. Espinar ha propuesto una Asamblea Ciudadana, un Vistalegre, para refundar Podemos y que haya un relevo en la dirección. Espinar siempre ha sido objeto de chufla. Ya fuera por una Coca-Cola o por una mariscada. Se ha ganado sus galones. Mi frase favorita: «Pertenezco a una generación en la que los ingresos han oscilado dependiendo del trabajo que tenías». Una generación a la que pasan cosas extraordinarias, vaya. Pero a la vista del personal que dirige Podemos, lo mismo resulta que Ramón Espinar es el Kevin Spacey de «Sospechosos habituales», aunque parezca Recio queriendo quitar a Enrique Pastor de la presidencia en «La que se avecina».

Y claro que otros partidos están llenos de zotes, aunque gasten mejor fama. Espinar no parece menos listo que José María Lassalle. Recordemos cuando era secretario de Estado de Cultura y le hicieron un reportaje en EPS en su calidad de señor que trotaba: «Entrar en la Casa de Campo todavía de noche y encontrarme allí con el amanecer es toda una experiencia estética e íntima. El sol, tan bajo, alfombraba mis pasos, y en medio del silencio yo me escuchaba a mí mismo: oía mis pulsaciones, notaba la progresión del sudor, sentía que mi cuerpo y mi mente se sintonizaban plenamente. Hay algo místico en esas emociones. He acabado de correr con la sensación de que ya había hecho el día». He tenido que copiarlo entero porque soy incapaz de eliminar algo de semejante cursilería. Ahora es de esos sectarios centristas que andan contra Vox. Como Luis Garicano, la lumbrera económica de Ciudadanos, que también anda contra el PP. La ejecutiva de Ciudadanos aprobó ayer por unanimidad no negociar con Vox, tener al PP como socio preferente y no descartar acuerdos excepcionales con el PSOE allí donde no puedan llegar a acuerdos con el PP. A Ciudadanos sólo le ha faltado llamar «completo perdedor» a Vox, como Trump al alcalde de Londres. De estos hay que estar pendiente. De Espinar, no. Sigue sirviendo para la diversión, aunque al final resultara Kevin Spacey.

El último libro de Juan A. Ríos Carratalá es una fuente inacabable y divertidísima de españolidad. En «Un franquismo con franquistas» (Renacimiento), uno de los capítulos tiene como título «Don Francisco, censor residente de RTVE». Don Francisco Ortiz Muñoz. El gran censor. El suegro de Gunilla. Por supuesto, estaba en contra de «Historia de la frivolidad» (1967), que tuvo que emitirse tras la despedida y cierre, sin aviso, para que pudiera participar en certámenes internacionales (si no se había emitido no podía concursar). Fue una operación de Adolfo Suárez y Juan José Rosón para mostrar la buena televisión española en el extranjero. Cuando ganó el premio UNDA del Vaticano, Chicho Ibáñez Serrador fue a ver don Francisco: « ¿Y ahora qué?». «Allá ellos», contestó el censor. Los de Ciudadanos poniendo vetos a Vox son como don Francisco, el censor. Juan Abreu ha explicado muy bien que lo de Vox no es un asunto ideológico sino psicológico. Que se ha creado una manada moral y quien se atreve a retarla es enemigo. Lo que no sé es si vamos a acabar diciendo « ¿Ahora qué?» o «Allá ellos». Que al final Espinar va a ser el listo.

Rosa Belmonte.

Articulista de Opinión.
NA RAYA EN EL AGUA.

La coalición republicana.

Los adversarios de la Constitución no le han perdonado al Rey su papel en el fracaso del golpe contra el Estado.

Ignacio Camacho.

Actualizado:

03/06/2019 00:31h.

Hay una mala noticia para los republicanos, y es que la monarquía parlamentaria mantiene el prestigio intacto cinco años después de la abdicación del Rey Juan Carlos, cuyo diseño político y legal fue el último gran éxito del bipartidismo dinástico. La Corona se ha consolidado resistiendo dos pruebas cardinales como la prisión de Urdangarín y el golpe separatista contra la integridad del Estado; sólo una institución muy sólida podría absorber sin tambalearse esa clase de impactos. Felipe VI ha levantado cortafuegos de transparencia para mantener la ejemplaridad a salvo y ha afrontado una crisis política descomunal jugándose el liderazgo, como su padre, cuando el resto de autoridades de la nación amenazaba con entrar en colapso. En aquel discurso de octubre asentó la legitimidad de ejercicio y se ganó la estima de la mayoría de los ciudadanos, aunque los enemigos de la Constitución no se lo hayan perdonado.

Porque también hay una mala noticia para los monárquicos, y es que los partidos rupturistas tienen la abolición fijada en el entrecejo. El independentismo catalán, el vasco, legatario de ETA, y el conglomerado poscomunista de Podemos alientan un programa destituyente, de cambio radical de modelo, en el que la Jefatura de Estado constituye un objetivo directo. Esa coalición anticonstitucionalista goza de elocuente peso específico en el Congreso, como pudo verse cuando sus diputados convirtieron el acto de jura en un inaceptable esperpento. Hoy no podría abordarse una operación como la del relevo en el Trono sin grave riesgo de sabotaje del consenso. Y la cuestión se vuelve especialmente delicada ante el hecho de que los adversarios del sistema han sido, y con alta probabilidad volverán a ser, los socios preferentes del Gobierno encargado de hacer respetar las reglas del juego.

Porque de eso se trata. De que una parte de la izquierda -incluido el PSOE, al menos en significativa proporción de su militancia- y casi todo el nacionalismo sienten una sobrevenida nostalgia republicana y consideran la destrucción de la Corona como elemento clave -lo es- de su ofensiva global contra la Carta Magna. Saben lo que atacan: el Rey se ha revelado como el más firme garante de la unidad de España y de su vigente estructura de convivencia democrática. Por eso resulta como poco inquietante el papel de relevancia que el sanchismo viene concediendo a quienes profesan hostilidad declarada a una legalidad que consideran fruto de una imposición autoritaria.

Lo que se ventila en el próximo mandato no es quién va a ostentar el poder desde el Consejo de Ministros, sino su voluntad de sostener el ordenamiento político y jurídico. Es decir, las bases del pacto de libertades compartidas que cuestiona el nacionalpopulismo y del que la monarquía constituye bastante más que un símbolo. La correlación de fuerzas en la investidura dará algunas pistas en ese sentido.

Ignacio Camacho.

Articulista de Opinión.
HORIZONTE.

Con distintas varas de medir.

Una legislatura después, a la vista está lo que queda del poder de Podemos. No es lo mismo predicar que dar trigo

Ramón Pérez-Maura.

Actualizado:

31/05/2019 00:03h.

Resulta extremadamente fácil hacer política cuando no se tienen responsabilidades de Gobierno ni perspectiva próxima de tenerlas. Así llegó el repentino auge de Podemos hace un lustro cuando irrumpieron en las elecciones europeas de 2014 con cinco escaños y un año más tarde conquistaban las alcaldías de Madrid, Barcelona, Zaragoza y La Coruña, entre otras muchas. Una legislatura después, a la vista está lo que ha quedado de aquel poder. No es lo mismo predicar que dar trigo. Ahora el partido en auge en las elecciones generales de hace un mes ha sido Ciudadanos, que también se ha mantenido limpio de polvo y paja hasta el pasado mes de diciembre en Andalucía -aunque amparando las corruptelas del PSOE allí hasta que resultó evidente que aquello ya era insostenible.

Los resultados del pasado domingo han generado un nuevo escenario en el que Ciudadanos está obligado a pactar. Es decir, a mojarse. Y Albert Rivera huye de compromisos así. El panorama es muy sencillo: o te alineas en el bloque de la derecha o juegas a ambos bandos, lo que implica que no puedes pretender llegar a liderar ninguno.

El primer hecho relevante ha surgido de Barcelona, donde el candidato de Ciudadanos, Manuel Valls, ha anunciado su disposición a apoyar a la podemita Ada Colau para que sea la próxima alcaldesa. Es evidente que Valls tiene vida propia -no sólo en política- y no es un militante de Ciudadanos, pero ese fue el candidato que Ciudadanos ofreció a los suyos. Y lo hizo con lógica, porque es un histórico miembro del Partido Socialista Francés y las raíces de Ciudadanos están en ese ámbito ideológico. Su presente, quién sabe dónde está.

Desde Madrid la dirección del partido ha salido rápidamente a contradecirle, pero es el candidato que Rivera puso libremente y por el que pidió a sus muchos votantes barceloneses que sufragaran -quizá por eso lo hicieron muchos menos de lo previsto-. Ahora tiene que hacer frente a sus contradicciones.

Cuando se conoció el resultado de Andalucía, Ciudadanos dijo que ellos sólo iban a pactar con el PP, no con Vox. La mano izquierda de Teodoro García Egea y Juan Manuel Moreno Bonilla, logró convencer a Vox para que apoyase sin retribución. Vox acababa de llegar a un parlamento y era injustificable que su voto impidiese el cambio tras cuarenta años de socialismo en Andalucía.

Pero en mayo de 2019 hemos entrado en otra fase. Vox es hoy un partido ampliamente implantado como lo era Podemos hace cuatro años. Y como el anticonstitucional partido de izquierda entonces, hoy aspira a tener cuotas de poder. Con la enorme diferencia respecto a Podemos de que son un partido plenamente constitucional que aspira a reformar aspectos de la Carta Magna que no comparte -no a quemar la Constitución como desea Podemos-.

Así las cosas, es muy grave que el candidato de Ciudadanos en Barcelona respalde a la candidata de Podemos mientras en Madrid y el resto de España escuchamos decir a Rivera que ellos sólo negocian con el PP y que después Vox puede sumarse a lo acordado. Yo entiendo perfectamente a Rocío Monasterio cuando declaraba ayer a Juan Pablo Colmenarejo en Onda Madrid que el modelo andaluz está ya superado. Una misma vara de medir, por favor. No puede ser legítimo pactar con un partido que quiere derribar nuestro sistema e ilegítimo hacerlo con uno que quiere reformarlo (y del que discrepo ampliamente).

Ramón Pérez-Maura.

Articulista de Opinión.
VIDAS EJEMPLARES.

Y les dio igual.

Desolador que 7,4 millonesde votantes perdonasen el fraude de la tesis.

Luis Ventoso.

Actualizado:

29/05/2019 23:53h.

En junio de 2016, Boris Johnson, líder de la campaña pro-Brexit, recorrió Inglaterra con un gran bus rojo que lucía un lema pintado con letras enormes: «Enviamos 350 millones de libras a la UE cada semana. En lugar de eso, los destinaremos a la sanidad pública. Vota Leave. Recuperemos el control». Boris ganó el referéndum, pero con el tiempo varios estudios independientes han probado que su promesa era falsa. La trola no quedó impune. Acaba de comenzar un juicio contra él, acusado de «mala conducta» por engañar al público a sabiendas en la campaña. La denuncia fue promovida por un particular y los tribunales la han aceptado. Aunque a raíz del desbarre del Brexit los ingleses parecen haber perdido el compás, su democracia sigue resultando admirable en comparación a otras. En el Reino Unido lisa y llanamente no se tolera que un político mienta y engañe al pueblo.

La Asociación de la Prensa de Madrid, la más importante del gremio, acaba de elegir «periodista del año 2018» a Javier Chicote, de ABC. La razón es que el 13 de septiembre de 2018, Chicote reveló en este periódico que la tesis doctoral de Pedro Sánchez, sobresaliente cum laude en 2012 por la Universidad Camilo José Cela, incurría en plagios e incumplía las más elementales exigencias académicas. En los corrillos ya circulaba que la tesis no era trigo limpio, pero nadie lograba verla. Chicote se hizo con ella y antes de publicar una línea se pasó meses inmerso en el exhaustivo trabajo comparativo que reveló los plagios (luego destapó también que el tribunal presentaba irregularidades). Andando el tiempo, se ha demostrado incluso que para defender a Sánchez la oficina de prensa de La Moncloa emitió un comunicado mendaz aludiendo a supuestos test de plagios superados, que en realidad no existieron.

La reacción del doctor Sánchez ante la exclusiva fue lamentable. A las ocho de la mañana del día de su publicación lanzó vía Twitter un insólito mensaje amenazando a este periódico, propio de un autócrata. Amenazó con demandas, que por supuesto jamás ha presentado, pues carece de defensa posible. Los medios de su cuerda salieron en tromba a denigrar a ABC e iniciaron una campañita para desprestigiarlo. A pregunta de Rivera en el Congreso, Sánchez mintió de nuevo y aseguró que la tesis estaba disponible en internet, pero al día siguiente el Gobierno anunció que por fin la colgaba, delatando así al presidente. Por último, en sus días de oposición, Sánchez había puesto como ejemplo de moral a Alemania, señalando que allí los plagiarios dimiten.

Ahora la profesión periodística hace examen de conciencia y reconoce el valor del trabajo de Chicote. ABC y su periodista, doctor en Periodismo por la Complutense, dijeron siempre la verdad y revelaron algo irrefutable: Sánchez incurrió en plagios e hizo trampas en su tesis doctoral, lo cual debería haberle costado el puesto. Por eso deja un poso de tristeza que sabiendo todo eso, 7,4 millones de españoles hayan antepuesto sus fijaciones ideológicas a la verdad y hayan votado a un político que debería llevar meses en su casa. No. La democracia española aún no es la inglesa.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
UNA RAYA EN EL AGUA.

Nudillos.

Sánchez nunca tendrá a Iglesias en actitud más genuflexa. Más que pedir, mendiga; más que ofrecerse, se entrega.

Ignacio Camacho.

Actualizado:

29/05/2019 00:23h.

Contra la lógica a menudo falible de las apariencias, las elecciones del domingo han situado a Sánchez en las mejores circunstancias para acceder a la súplica de Pablo Iglesias. Nunca lo tendrá en actitud más dócil ni en posición más genuflexa, tan dispuesto a dejarse apretar las tuercas aunque acaso haya perdido tras el batacazo la oportunidad de recabar para sí mismo una cartera. La entrada en el Gabinete, siquiera mediante persona interpuesta, es ya para el líder de Podemos un asunto de mera supervivencia, mientras que para el presidente se trataría apenas de un guiño poco trascendente a su izquierda, una forma de garantizarse sumisión a cambio de la cesión en alquiler de una pequeña parcela. No tanto por tener, como decía Lyndon Johnson con rudeza, al indio dentro de la tienda meando para afuera, sino por aprovechar la ocasión de neutralizarlo por el procedimiento de resolverle su mayor problema.

A principios de siglo, cuando el entonces portavoz de IU en Andalucía, Antonio Romero, reclamaba un sitio en el Gobierno de Manuel Chaves, éste se burló de sus pretensiones en un debate. «Se le van a romper los nudillos de tanto llamar a la puerta», le dijo con sonrisa de vinagre. El acuerdo lo acabó firmando Griñán doce años más tarde: dio tres consejerías a los comunistas y con mano suave los convirtió en socios obsequiosos y leales. Iglesias sabe que sin poder tangible no irá a ninguna parte y no siente el menor reparo en aporrear el portón de La Moncloa de un modo sonrojante; debe de tener sus puños chorreando sangre. Más que pedir, mendiga; más que ofrecerse, le entrega a Sánchez una capitulación en regla que puede proporcionarle la base barata de un mandato estable.

Aceptar ese apoyo supondría para el presidente asegurarse durante toda la legislatura el respaldo de 165 diputados. Aún le faltarían otros once y en cada ley o decreto tendría que buscarlos, pero no es lo mismo que negociar los 53 necesarios si opta por gobernar con sus 123 escaños. Claro que podría tenderle la mano a Ciudadanos pero ese trato moderado y razonable está mutuamente descartado debido a diferencias esenciales sobre el proyecto político, el conflicto catalán y el modelo de Estado.

Así que por su propia debilidad, este Podemos en saldo, necesitado de rescate, es para él un aliado perfecto y el que probablemente acabe escogiendo: el único que promete colaboración incondicional a cambio de un par, incluso de un solo Ministerio. Tal vez en los próximos días salte también la posibilidad de incorporar a un tercero: en el PNV puede abrirse el debate sobre una hipotética solicitud de entrada en el Gobierno para ocupar algún departamento estratégico como Industria o Fomento. Al final, las coaliciones políticas se rigen por los mismos principios de la economía y del comercio: la relación entre oferta y demanda o el beneficio como diferencia entre coste y precio.

Ignacio Camacho.

Articulista de Opinión.
Carmena a la guardería.

Si Sánchez, el doctor fake, el socialista fake, el fake amigo de Rubalcaba es el futuro, ¡qué suerte ser ya cosa del pasado!

Gabriel Albiac.

Actualizado:

27/05/2019 02:13h.

Reivindica Sloterdijk, en su ensayo En el mismo barco, el tópico de Bismarck: la política como arte de lo posible. Porque pedir lo imposible es lo propio de los niños. La política es arte de adultos. No de Carmena. Adulto, Pedro Sánchez lo es. Adulto y deleznable: o sea, político. Que el más deleznable de esa especie triunfe, debería movernos a reflexión. Da un fiel retrato terminal de la política hoy. Y advierte de un crepúsculo de la democracia. De su extinción, tal vez.

Digo que es el más deleznable. No el más lerdo. Comparado con Zapatero, Sánchez sería candidato al Nobel. Deleznable -RAE: «inconsistente»-, en la medida en que Sánchez carece de entidad alguna. Y aun de identidad. Es pura adecuación a lo que le conviene. Dirá «A», si «A» le trae beneficio. Y «no A», si «no A» le es rentable. El Doctor Sánchez carece de principios y de convicciones. Todo le vale, siempre que sea para beneficio del Doctor Sánchez. En esa exacta medida radica su modernidad. Sánchez aspira a enterrar aquellos tiempos, en los que al político español le convenía revestir un discreto barniz ético. Si Sánchez, el doctor fake, el socialista fake, el fake amigo de Rubalcaba es el futuro, ¡qué suerte ser ya cosa del pasado!

No es un fenómeno español. La mutación de los partidos en agencias publicitarias ha borrado aquel principio de la presencia ciudadana en las cosas del Estado, sobre el cual nacieron las sociedades burguesas. No, ni es exacto llamar democracia a los regímenes en los que vivimos, ni es exacto llamar libertad al margen de actuación que en ellos se nos concede. Vivimos en Estados oligárquicos benévolos: esto es, en máquinas herméticamente blindadas a cualquier intervención externa, que cambiaron la brutal represión por la simpática condescendencia. Sale más barato y es más eficaz.

Tras las elecciones municipales y autonómicas de ayer -las europeas son un divertimento para dar sueldo a los amigos-, España queda sólo parcialmente en manos del clan Sánchez. Hablo, no de partido. Hablo de clan. Por elemental rigor analítico. El clan Sánchez es tanto o más enemigo del viejo PSOE cuanto lo es de todos cuantos podamos estorbar su avance. Todos, en estos días, hemos oído a no pocos de nuestros amigos o conocidos de la primera generación socialista declararse dispuestos a votar a cualquiera que no fuera candidato de Sánchez. Y candidata modélica de Sánchez era la Manuela Carmena cuyo número dos estaba llamado a ser el baloncestista Pepu: tierna alianza de infantes y adolescentes. No es «la derecha» lo que aspiran a destruir Sánchez, Podemos e independentistas: es un régimen constitucional adulto, el del 78. Todo él. Nación incluida. PSOE incluido. Sin hipótesis de alternativa.

Madrid era la clave del asalto final. Este Madrid, que Carmena hibridó entre jardín de infancia y basurero, entre utopía pueril y delincuencia consentida. Se estampó contra Madrid. Se estampó Gabilondo. Esta madrugada se enquistaba Sánchez. ¿Carmena? Carmena a la guardería..

Gabriel Albiac.

Articulista de Opinión.
No molestéis a Oriol.

Sánchez ordena a Batet enredar, en lugar de aplicar una norma clarísima.

Luis Ventoso.

Actualizado:

24/05/2019 00:36h.

Un viejo chascarrillo, que me temo que no deja de albergar cierta verdad, reza que los periodistas somos capaces de hablar durante un minuto con gran solvencia sobre cualquier asunto, pero incapaces de disertar más de tres con profundidad. Lo comento para asumir que en comparación a Meritxell Batet, flamante presidenta del Congreso, soy un zoquete en cuestiones jurídicas. Ella estudió Derecho y ha sido profesora de Constitucional en una universidad de prestigio, la Pompeu Fabra. Además lleva años como diputada y ha sido ministra, por lo que trabajar con leyes y reglamentos constituye su dieta diaria. Pero sin llegar a la altura de Meritxell, siendo un simple gacetillero, me ha llevado unos ocho minutos concluir que los presos golpistas que han sido elegidos diputados deberían haber sido suspendidos nada más tomar posesión de sus actas.

El capítulo 4 del reglamento del Congreso, en su artículo 21.2, establece taxativamente que perderá su condición de diputado quien «se hallare en situación de prisión preventiva y mientras dure esta». ¿Están el cerebro golpista Junqueras y sus compañeros elegidos diputados en prisión preventiva? Parece que sí. Pues ahí concluye el debate. No hay nada que discutir. No hay nada que consultar. Solo toca cumplir las normas. Pero además, por si no bastase lo anterior, la Ley de Enjuiciamiento Criminal, en su artículo 384 bis, señala que los procesados por rebelión y en prisión provisional verán «suspendido el ejercicio de cargo público mientras estén en la cárcel».

Lo entendería un Teletubbie. Sin embargo, ¿qué ha hecho Meritxell, la eminente jurista, al verse en la tesitura de aplicar las normas a los aliados que llevaron a su jefe a La Moncloa? Pues ponerse de canto, enredar, tratar de dilatar la decisión y, sobre todo, escenificar que el PSOE ha puesto trabas para evitar la suspensión inmediata. ¿Por qué? Pues porque el domingo hay elecciones y mostrarse expeditivo con los separatistas podría restar algún voto a Sánchez en Cataluña. Además, en cierto modo el actual presidente es rehén de Junqueras, quien sabe -y podría contar- cómo fueron realmente las negociaciones PSOE-ERC para echar a Rajoy (¿o es que alguien se cree que no hubo una trama previa entre bambalinas de socialistas y separatistas?). Así que Sánchez ha obligado a Meritxell a hacer el ridículo, enviando la patata caliente al Supremo. Jugada torpona, porque el maestro Marchena, que es muy largo y les da unas vueltas a todos en sapiencia y señorío, les ha devuelto el centro envenenado con dos simples párrafos que sonrojan al Gobierno y vienen a decirle a la gran Meritxell, profe de Derecho Constitucional, que al parecer ni se sabe la Constitución.

En resumen, lo habitual: Sánchez embadurnando el prestigio de las instituciones con prácticas marrulleras al servicio de sus intereses particulares. Pero da igual. Ninguna televisión lo denunciará a las claras y el domingo volverá a ganar los comicios, merced a la absurda partición en tres de sus adversarios. En la práctica, el invento de Abascal se puede traducir en ocho años con Sánchez.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
VIDAS EJEMPLARES.

El país más tonto del mundo.

No lo somos, pero a veces nos esforzamos en parecerlo.

Luis Ventoso.

Actualizado:

21/05/2019 07:25h.

Tras su máscara mansurrona y sus cínicas buenas palabras hacia los españoles, Oriol Junqueras, de 50 años e historiador de formación, es hoy el mayor enemigo de España, pues se trata del auténtico cerebro del único movimiento que amenaza la existencia de la nación española. Cuando Puigdemont dudaba, él fue quien presionó a favor de la declaración de la Declaración Unilateral de Independencia, aprobada el 27 octubre de 2017, en hecho insólito e hiriente para millones de españoles (incluidos más de la mitad de los catalanes). Por su plan golpista, está siendo juzgado bajo acusación de rebelión, malversación y sedición.

Junqueras vive su credo independentista como una fe religiosa. Ha contado que abrazó la causa con solo ocho años. En 2006, sembrando lo que luego germinaría, fue cofundador de una plataforma en pro de la autodeterminación y el referéndum. Desde 2010 inició una ronda de arengas por pueblos y ciudades para predicar que Cataluña sufría un robo sistemático del Estado español. Su tono queda bien resumido en estas palabras de marzo de 2013 en Sant Andreu: «Ya sé que hay gente que dice: “Ya está Junqueras diciendo que la culpa es del Gobierno español”. Ya, pero es que es así. El año pasado nos jodieron 13.000 millones. Pero es que Junqueras siempre dice que es culpa del Gobierno español. Claro, pero es que nos jodieron 13.000 millones. Pero es que ya lo ha dicho. Ya, ya, pero es que nos los jodieron, y con 13.000 millones no habría ningún recorte en Cataluña, ni uno». Sus cifras eran falsas. Como su aserto de que Canadá, Alemania y Estados Unidos publican cada año balanzas fiscales internas. O como su promesa de que la UE aceptaría encantada a una Cataluña independiente. O como su vaticinio de que con la independencia la economía catalana se dispararía (la realidad es que se han fugado cerca de 6.000 empresas desde el golpe de 2017). En resumen: un fanático de una causa supremacista, que opera como un mentiroso compulsivo y tiene como meta destrozar España.

¿Y cómo nos defendemos de este adversario? Pues siento decirlo, pero a veces España parece el país más tonto del mundo, aunque no lo sea. Según nuestro ordenamiento, los presos golpistas tenían derecho a presentarse a las elecciones y ser elegidos. Es cierto. Pero se podía haber evitado perfectamente que ayer convirtiesen la recogida de sus actas en un acto de propaganda. Llegaron incluso a grabar vídeos promocionales. Y tenemos un país tan dadivoso con quienes vienen a por nosotros que no solo se toleró, sino que la televisión pública española se pasó el día reproduciendo esas soflamas. El reglamento del Congreso establece claramente en su artículo 21 que todo diputado en prisión preventiva «será suspendido de sus derechos y deberes parlamentarios». No caben dudas. Hoy mismo deberían ser apartados. Sin embargo habrá consultas superfluas, dudas, melindres... El país más tonto del mundo -que no lo es, pero que a veces lo parece- jamás perdona la ocasión de hacer carantoñas «progresistas» a quienes trabajan a destajo para liquidar la nación más antigua de Europa.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
UNA RAYA EN EL AGUA.

Pacifistas.

No es posible una sociedad sana en un clima de impunidad moral putrefacta que normaliza los homenajes a los canallas.

Ignacio Camacho.

Actualizado:

20/05/2019 00:38h.

Sólo la Justicia podrá establecer si Josu Ternera participó personalmente en algún atentado de ETA o dio la orden de cometer crímenes sanguinarios como los de Hipercor o la casa-cuartel de Zaragoza. Lo que no está sometido a discusión es su responsabilidad como dirigente de la banda armada durante muchos años -algunos de ellos en incomprensible comisión de servicio en instituciones democráticas-, ni su condición de líder de los terroristas vascos hasta el momento mismo de su detención la semana pasada. Tampoco admite duda que el enaltecimiento, apología o justificación del terrorismo constituye un delito tipificado en el Código Penal vigente junto con el de menosprecio o humillación a las víctimas y sus familiares. Alguien debería explicar, por tanto, la razón por la que ni la Audiencia Nacional ha prohibido ni la Fiscalía ha denunciado el homenaje que los paisanos del pistolero recién arrestado le tributaron este sábado en su pueblo natal de Miravalles ante la inaceptable tolerancia de la justicia y de las autoridades.

Serían pacifistas. Como Otegui. Gente apacible que celebraba la contribución de Ternera, ese «héroe de la retirada» según el socialista Eguiguren, a la «normalización» de Euskadi. Alguna razón tienen porque allí se ha convertido en normal que los asesinos que salen de la cárcel -la mayoría sin muestra alguna de arrepentimiento- sean recibidos en sus localidades de origen como si fuesen prisioneros de guerra recién liberados. Porque esa venturosa tranquilidad social que ahora se respira en las pujantes capitales vascas contrasta con la atmósfera opresiva, propia de la novela de Aramburu, que continúa imperando en las comarcas de hegemonía abertzale. Porque muchos antiguos (?) etarras ocupan cargos públicos o figuran en las candidaturas electorales. Y porque la historia del fin de ETA la están contando sus legatarios políticos como si tratara de una especie de empate. Quién podría negarles la «normalidad» de ese desenlace cuando los diputados de Bildu votaron la moción de censura -y aún están dispuestos a repetir en la próxima investidura- para hacer presidente del Gobierno a Pedro Sánchez.

El día del apresamiento de Urruticoetxea, muchos ciudadanos españoles sintieron ante este panorama un inevitable pellizco de suspicacia sobre la posibilidad de que el jefe terrorista, enfermo de cáncer, protagonice en el futuro otro caso Bolinaga. Puede que ni siquiera llegue a plantearse la cuestión si, dada su edad y sus expectativa de vida, cumple los ocho años de condena que tiene pendientes en Francia. Por eso es importante que la memoria, el dolor y la dignidad de las víctimas, que simbolizan a toda una nación agredida, queden a salvo de humillantes tergiversaciones en el relato de la infamia. No es posible una sociedad sana en un clima de impunidad moral putrefacta que concede honores patrióticos a un manojo de canallas.

Ignacio Camacho.

Articulista de Opinión.
¡Cuanta tirria te tiene alguna!, ¡ay, ¡ay mi triana. Al que no le gustes ya saben......................... ....
Los pasos perdidos.

Emana una cierta melancolía de quienes un día mandaron mucho y ya no.

Luis Ventoso.

Actualizado:

11/05/2019 23:52h.

Mi columnista favorito no se ocupa de tormentas en vasos de agua. Las redes sociales le resbalan. Tampoco ejerce de tertuliano. Ni siquiera escribe en medio alguno porque se murió en 1592, a los 59 años, por unas anginas traidoras. Mi columnista favorito era culto, elegante y sereno, a pesar de que lo martirizaban las piedras del riñón. Pero a veces soltaba algún capón que sentaría bien a nuestra dicharachera clase política: «Nadie está libre de decir estupideces. Lo malo es decirlas con énfasis». También dejó sagaces definiciones irónicas: «El mejor matrimonio sería aquel de una mujer ciega con un marido sordo». E incluso una condena protoliberal de la cansina subcultura de la queja que padecemos: «A nadie le va mal durante mucho tiempo sin que él mismo tenga la culpa».

Michel Eyquem de Montaigne descendía de prósperos judíos sefardíes y nació en un castillo de la Aquitania, uno de esos paraísos europeos a los que uno se mudaría mañana (de ser libre y de posibles). Su padre lo sometió a un excéntrico experimento pedagógico. Hasta los tres años lo hizo vivir en una cabaña de labriegos, para que mamase la vida de los humildes, y luego lo obligó a que latín y griego fuesen sus idiomas cotidianos. Estudió leyes, trabajó en tribunales y se convirtió en cortesano influyente en el círculo de Carlos IX, que lo ensalzó con altos honores. Pero hete aquí que el último día de febrero de 1571, fecha de su 38 cumpleaños, Montaigne renuncia al gran teatro del mundo y a todos los oropeles del poder. «Cansado de la servidumbre de la corte y los empleos públicos», decide encerrarse en la torre circular de su castillo para dedicarse a leer y a escribir sobre su yo. ¿Qué ha pasado? ¿Por qué deja la droga del poder?

Ocho años antes, la peste se había llevado a su mejor amigo, Étienne de la Boétie, al que probablemente Montaigne amaba más que a su mujer, madre de sus seis hijos. Repara entonces Michel en una certeza terrible, que todos conocemos, pero que enterramos bajo una losa de amnesia para seguir viviendo: «Todos los días van hacia la muerte. El último, la alcanza». Montaigne se impone un nuevo orden de prioridades. «La principal ocupación de mi vida es pasarla lo mejor posible». Sabe que es «más soportable estar siempre solo que no poder estarlo nunca», así que se enclaustra en su torre, dedicado a responder por escrito a una pregunta: « ¿Qué sé yo?». La contestación son sus «Ensayos», libro inagotable.

Hacer lo que hizo Montaigne, soltar el poder con alegría y sin mirar atrás, es tan arduo que casi semeja antinatural. Salón de los Pasos Perdidos en el adiós a Rubalcaba. Personas que antaño lo podían todo transitan envueltas en una melancolía tenue, inaprensible, pero real. El teléfono suena poco. La embriagadora sensación que el mundo depende de ti se ha esfumado. Nuevos actores te convierten en una sombra respetable, pero irrelevante. Montaigne les ofrece su consuelo: «La verdadera libertad consiste en el absoluto dominio de uno mismo». Pascal lo dice aún más claro: «Todas las desgracias del hombre derivan de no saber estar tranquilo y solo en una habitación». Amén.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.