Foro Común


Mensajes de Columnistas y Tertulianos enviados por Triana:

TRIANA. Pues sí, nos metió un mitin de aúpa. Lo mismo que Pablo Casado.

Ahora bien, si para anunciar unas elecciones cargas contra tu contrario, mal vamos.

Un saludo.
Ángel, 25 minutos de reloj para decir lo que le hubiera bastado con 1, bueno toda la prensa lo comenta, ha dado su primer mitin, ahora toca esperar y ver que va sucediendo, ya sabemos que en esta España nuestra cualquier cosa puede suceder.

Un saludo.
Derrotado y mitinero.

Pedro Sánchez dio la sensación de estar desesperado, dolido, justificándose y reprochando a la oposición que haga oposición.

Juan Fernández-Miranda.

Madrid.

Actualizado:

15/02/2019 11:19h.

Menudo mitin. Pedro Sánchez ha convertido la sala de prensa del Palacio de La Moncloa en el escenario del primer acto de campaña electoral. Con 5 minutos de intervención y una ronda de preguntas a todos los periodistas convocados habría suido suficiente. Es más, con tres palabras bastaba: 28 de abril. Todo lo demás es verborrea, partidismo y lecturas interesadas de una realidad que tiene poco que ver con el país que gobierna. Más de 20 minutos para justificarse: con doctrina, con media verdades y con mentiras.

Acorralado. Sánchez dio la sensación de estar desesperado, dolido, justificándose, reprochando a la oposición que haga oposición, culpando a los demás de no dejarle gobernar y lo más importante: obviando que sólo tiene 84 escaños, ésa es su principal debilidad: no ha sido capaz siquiera de aprobar unos Presupuestos. ¿Existe mayor fracaso de un gobernante? A pesar de todo, tras esa cínica retórica de la política con mayúsculas está un presidente agotado. El mensaje sonó a despedida. «Espero que nos sigamos viendo durante mucho tiempo», ha concluido.

Sánchez ha contado su verdad, la del secretario general del PSOE, y ha obviado que es presidente del Gobierno de todos los españoles. Pero esto no es novedad: en su ejecutoria como presidente nunca se ha elevado por encima del debate política. Tal vez por estrategia, tal vez por incapacidad, lo cierto es que han sido ocho meses y medio de confrontación con los constitucionalistas y acercamiento a los independentistas, de abuso del decreto como fórmula de Gobierno y de desprecio a la transparencia.

En su intervención inicial apenas ha mencionado Cataluña, y ha disparado doctrina electoral a cascoporro: la bandera de la lucha contra la desigualdad, como si el Gobierno anterior no hubiese creado varios millones de empleos; y diálogo con todos, cuando se ha dedicado a estigmatizar a sus rivales como «las tres derechas», o la derecha «trifálica» como dijo la deslenguada ministra de Justicia, y a apoyarse.

Juan Fernández-Miranda.

Redactor jefe.
«Fachas»

Un alto burgués que insulta a las personas de Colón.

Luis Ventoso.

Actualizado:

15/02/2019 00:30h.

Los anglosajones denominan «self made man» a quien con malas cartas en el inicio de su vida acaba logrando considerables éxitos. Aunque lo que nos pone en España es que el Estado se ocupe hasta de atarnos los zapatos, personalmente siento enorme admiración por quienes han conseguido progresar por puro mérito, sin el empujón inicial de una cuna propicia. Resulta fascinante recordar que algunos inmigrantes europeos, que desembarcaron en la aduana neoyorquina de la isla de Ellis con solo una maleta de cartón, acabaron triunfando en el nuevo mundo. Si me soltasen a mí allí en tales circunstancias no rascaría bola.

José Blanco López, de 57 años, es un ejemplo de «self made man». Partiendo de unos orígenes humildes en una parroquia extraviada de los montes verdes de Lugo, ha logrado pasar de Pepiño a Don José merced a su inteligencia, habilidad y laboriosidad. El niño Pepe era hijo de Jesús, que se fue de su aldea a Lugo y acabó de peón en Obras Públicas, y de Erundina, costurera. Chaval espabilado y locuaz, ingresó enseguida en el PSOE. Sus padres hicieron el esfuerzo de enviarlo a Santiago a estudiar Derecho. No funcionó. Plantó enseguida la carrera para sumergirse en política. No se puede decir que resultase una apuesta errada. Blanco no ha tenido nómina en la empresa privada, pero ha sabido buscarse la vida. A los 27 ya era senador. Intentó convertirse en alcalde de su pueblo, Palas de Rei, pero cayó derrotado. Da igual, del Senado saltó al Congreso, donde trabó amistad con un tal Zapatero. El resto ya lo saben. Blanco fue el cerebro electoral del contador de nubes de León, que lo hizo número dos del partido y más tarde ministro de Fomento (cargo en el que Pepe se desempeñó bien, sobre todo en comparación a su predecesora, la tremenda Magdalena). Caído Zapatero, ha continuado enganchado a la más opípara nómina pública como eurodiputado.

Al parecer, don José es hombre de profundas convicciones socialistas. ¿Qué hace entonces con la pasta gansa que le aporta la política? ¿La dona a la Internacional Socialista, Amnistía Internacional y Greenpeace? No parece. Lo que hizo fue comprarse dos finas propiedades inmobiliarias y enviar a sus hijos a uno de los colegios más caros y exclusivos de Madrid. Esta semana, de visita en un juzgado de Madrid, ha insultado a las personas que se manifestaron en Colón contra Sánchez tachándolos de «fachas». Don Pepe, católico practicante, un altoburgués que gana un sueldazo y posee un par de viviendas (más la casa paterna de Palas), vive en realidad muchísimo mejor que la mayoría de las personas que se acercaron a Colón. En la práctica, nada lo separa de aquellas familias: le gusta la estabilidad económica, cree en los valores cristianos y envía a sus hijos a la mejor educación privada que encuentra. Entonces, ¿por qué los insulta? ¿A qué viene el latiguillo de «fachas»? Pues a que el PSOE está hueco, sin ideas, y disfraza su vacuidad con rancios e insufribles tics sectarios.

Pepe tiene mérito. Sin acabar siquiera la carrera ha volado alto y se ha forrado. Si fuese un poco congruente con su vida real, mañana llamaría a Génova y se daría de alta.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
Misión cumplida.

Se equivocan quienes creen que los ocho meses de Sánchez han sido un fracaso.

Luis Ventoso.

Actualizado:

14/02/2019 00:15h.

La legislatura, que ya era un zombi que se arrastraba, se convirtió ayer en una momia disecada. Un Gobierno incapaz de aprobar sus presupuestos carece de razón de ser. Así lo remarcó en su día un preclaro estadista, para más señas doctor «cum corta y pega» en Economía: «O Presupuestos, o elecciones», eso le espetó a Rajoy Sánchez hace un año. Mañana está previsto que el oráculo de La Moncloa se digne a hablar a los españoles y les permita conocer sus designios. Ayer, el hombre que acusaba a su predecesor de escaquearse tras «el plasma» pasó entre la prensa del Congreso como si fuese una melé de fútbol americano, mudo y desdeñoso. Acababa de perder la votación que liquidaba la legislatura, pero no tuvo a bien decir ni pío. Con semejante ambientazo, los politólogos vaticinan que huele a elecciones en abril. Aunque con nuestro Sánchez nunca se sabe. Lo mismo saca el «Manual de Resistencia», lo achanta en la cerradura de La Moncloa y nos okupa aquello hasta 2020. También podría ser que la anunciada comparecencia del viernes fuese para comunicar alguna relevante nueva relativa a los huesos de su ministro sin cartera, Franco.

Este Gobierno, que en su génesis se hizo llamar «bonito», ha caducado más rápido que las fresas de invernadero que me compro en el colmado del barrio. Dicen los analistas que el balance de Sánchez no es muy boyante. Tras una catarata de propaganda, en economía al final ha gobernado con los «presupuestos antisociales» del viejo Mariano (que por cierto, eran bastante socialdemócratas). En el envite independentista, todo queda igual (o peor). Sánchez ignoró un sabio principio político, aquel que establece que «quien con niños se acuesta, meado se levanta». Con un adanismo jactancioso pensó que él sí podría negociar con los fanáticos separatistas que lo sostenían. Pero el único diálogo que admite el nacionalismo catalán se llama «dame ya la independencia». Ayer se hizo patente con el doloroso rejón parlamentario que le aplicaron sus amiguetes Quim y Oriol.

Se enfatiza por doquier que los ocho meses de Sánchez han sido un fiasco, una pérdida de tiempo, una cantamañanada. Discrepo. Este Gobierno ha cumplido la única misión para la que fue constituido: permitir que una persona de una vanidad hipertrofiada se diese el gustazo de ser presidente pese a haber sido zarandeado en las urnas. El Gobierno ha logrado todos sus objetivos: la mujer de Sánchez tiene un buen empleo; Pedro se ha hecho selfis en el Falcon y se ha llamado «presidente» a sí mismo unas veinte veces al día; el matrimonio Sánchez-Gómez ha conocido mundo a costa de nuestros impuestos; el presidente por accidente ha podido corretear por La Moncloa, veranear en los palacetes oficiales de Doñana y Lanzarote y hasta relanzar su carrera literaria -apolillada por los plagios- publicando un nuevo libro (por supuesto obra también de un negro). ¿Logros concretos del Gobierno? Solo uno, pero importantísimo: colmar el ego de Sánchez.

Las urnas, si llegan, no serán cariñosas con esta enorme impostura. Aunque ojo: Sánchez se beneficiará del hundimiento de Podemos y de las mermas del PP a manos de Vox. Si no se prima el voto útil podemos despertarnos con más Sánchez.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
Si delinques, pagas.

No le pongan mística amarilla: cometieron graves delitos y responden por ellos.

Luis Ventoso.

Actualizado:

13/02/2019 08:57h.

Desde el siglo XX hasta hoy, España ha frenado tres intentonas separatistas de quebrar por la fuerza su unidad, aunque no sin esfuerzo y sufrimiento. El primer envite llegó el 6 de octubre de 1934, cuando Companys, de ERC, declaró atolondradamente la República Catalana en un balcón de Barcelona. El general tarraconense Batet se encargó de cumplir con su deber y reinstaurar la legalidad. Batet, que tenía lo que hay que tener, incluso empleó su artillería contra los insurrectos. Lógicamente, la justicia de la República Española impuso severas condenas a los independentistas que se habían sublevado para romper el país: pena de muerte para los militares cómplices (luego conmutada por cadena perpetua) y 30 años de cárcel para los dirigentes políticos del levantamiento. Además fue suspendida la autonomía catalana. No pudieron con España.

El segundo gran ataque a la unidad de España comenzó en 1958 y se prolongó medio siglo. Se llamaba ETA y amargó la vida del país hasta 2010, cuando fue derrotada por el Estado. Con una crueldad extrema, que costó más de 800 muertos y 3.000 heridos, el movimiento terrorista trató de imponer la independencia del País Vasco mediante la violencia y el chantaje. Policías, militares, políticos y muchas personas anónimas se dejaron la vida contra aquel bárbaro proyecto totalitario. No pudieron con España.

El tercer y último intentó llegó en octubre de 2017, cuando políticos separatistas de ideario xenófobo desoyeron todas las advertencias del Gobierno central y pisotearon la Constitución y las leyes autonómicas para declarar por fuerza la República Catalana. Además, utilizaron para su golpe las instituciones de todos los catalanes, cuando la mayoría no querían la independencia. Tampoco pudieron con España y ayer comenzaron a ser juzgados por sus gravísimos delitos.

Por mucha mística amarilla que le pongan el separatismo, sus tontos útiles tipo Colau y los nacionalistas foráneos, el asunto resulta sencillo: ningún país permite que una parte de su territorio se desgaje a la brava y violentando las leyes nacionales. Algo así te lleva a la cárcel de cabeza en Francia, EE. UU., China, Rusia... y lógicamente también España. Eso sí, la democracia española garantiza un juicio justo, público y con respeto a la presunción de inocencia (aunque resulta complicado que no te declaren culpable si tú mismo te has jactado con alharaca de cómo te fumabas la ley). Existen una serie de coletillas huecas que el nacionalismo catalán -y el vasco, y el escocés...- repiten como si fuesen mantras sagrados. Por ejemplo: «Decidir no es delito». Uno, gallego al fin, respondería con un «depende». Si decides atracar un banco me temo que habrá delito. Y si machacas la norma medular de un Estado, su Constitución, pues también. Los magistrados del Supremo, juristas eruditos de acreditado prestigio, analizarán las acciones de los doce acusados, las compararán con lo que establece la ley y emitirán su sentencia. Así de simple. Y si Junqueras tiene que cenar una larga temporada en la cárcel, pues tampoco nos deprimiremos en demasía, porque intentar romper un país y destrozar la convivencia de los catalanes no es regalar rositas en Sant Jordi.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
El problema de Ciudadanos.

Visto lo visto, Rivera debe pensar en pactar con el PSOE tras las elecciones de mayo.

Ana I. Sánchez.

Actualizado:

12/02/2019 08:25h.

La inmadurez ideológica de Ciudadanos acabará convirtiéndose en objeto de análisis político en la querida facultad de Pablo Iglesias. El enredo con la fotografía de la manifestación del domingo lo dice todo. Albert Rivera no solo hizo todo lo posible por colocarse lo más lejos posible de Santiago Abascal -solo le faltó subir a su familia al escenario- sino que al quedar al descubierto negó toda estrategia cual adolescente pillado in fraganti. Dijo ayer que no concedió importancia alguna a la fotografía porque la imagen trascendente era el lleno de Colón. Pero ¿no fue él quien peleó los días previos por salir al escenario a dar un mitin que cerrara el acto? Vaya cuajo. El mismo que tuvo para colocar a uno de sus concejales en Madrid de sujeta-banderas tras él. Bosco Labrado apareció portando el emblema del colectivo LGTBI mientras Rivera intervenía ante las cámaras para que su presidente pudiera marcar distancia con Vox. Aunque el pacto era que los tres líderes comparecieran con el mismo fondo.

Todo viene del problema que tiene Cs. El rearme ideológico del PP tras la llegada de Pablo Casado y la irrupción de Vox le han obligado a retroceder en la conquista de la derecha a la que estaba entregado. Y cree haber encontrado un nuevo nicho de votantes en los socialistas descontentos. Varios dirigentes de Cs los llaman los socialistas «buenos». Aquellos votantes de la generación de Felipe González que tienen en su cabeza un modelo de España mucho más construido que el de Pedro Sánchez. Calcula Rivera que es factible llegar a ellos sacudiéndose el halo conservador que le rodea tras dos años de apoyo al PP. Y eso incluye rechazar de plano a Abascal como símbolo de la ultraderecha. Dice que Vox es tan populista como Podemos. De acuerdo. Y que no tiene nada que hablar con un grupo de semejante ralea. Error. Un demócrata siempre tiene que dialogar con sus rivales, por muy opuestas que sean sus ideas. Solo así su país puede avanzar con estabilidad. Se olvida también Rivera de que el populismo de Pablo Iglesias no le impidió fotografiarse con él en 2015 entre gestos de complicidad. Incluso pasearon por la calle y compartieron la parte trasera de un coche para la televisión. No es cuestión de populismos sino de oportunismos.

Visto lo visto, Rivera debe estar pensando en pactar significativamente con el PSOE tras las elecciones de mayo para recuperar su imagen centrista. Pero se equivoca de plano. No valora que esos socialistas «buenos» tienen principios ideológicos. Y eso implica que pueden no votar al PSOE pero tampoco olvidarán las alianzas que Cs tejió con el PP. Antes optarán por la abstención que ver a Rivera como alternativa. Si se hubiera mantenido en el centro que hoy pretende recuperar, estaría robándole votantes al PSOE. A manos llenas. El problema de Cs es creer que puede cambiar de espacio político en función de cómo marcha la partida. Es esa inmadurez ideológica la que le marcará un techo electoral por detrás del PP. Y no con quien salga en una foto.

Ana I. Sánchez.

Redactora.
Todos los «negros» del presidente.

Ni la tesis ni el «Manual de resistencia». No hay volumen que salga de la mano de Sánchez. Eso sí, sus «negros» y «negras» acaban muy requetebién colocados.

Álvaro Martínez.

Actualizado:

10/02/2019 01:30h.

Sabe de buena tinta este batallón que en el mundo editorial hay una legión de «negros». Tantos hubo, hay y habrá ocultos y silentes en los anaqueles de las librerías que hasta la Real Academia define desde hace años como negro o negra, en su acepción 17 de la palabra, a «la persona que trabaja anónimamente para lucimiento y provecho de otro, especialmente en trabajos literarios». La última en llegar a este grupo de escribas por cuenta ajena es Irene Lozano, que ha sido quien al parecer se ha encargado de escribir de verdad el «Manual de resistencia» de Sánchez. Lo cierto es que el doctor va depurando su «práctica redaccional» de tal forma que ha pasado del corta/pega a mansalva de textos de múltiples autores en su tesis (que hacen de «negros» sin saberlo), a endosarle la redacción enterita del escrito que él firma a una sola persona. Hasta copiar parece que le da pereza al líder socialista.

Lozano es periodista y escritora y tiene una solvente experiencia en escribir para otros, así lo hizo por ejemplo en el libro de la excapitán Zaida Cantera, aunque en este caso era cofirmante del texto, no como en el Manual de Sánchez, donde entre la foto tamaño póster del doctor y las letras dimensión Hollywood con su augusto nombre, ha sido imposible encontrar un huequito mínimo en la portada donde ponga Irene Lozano.

Pero tampoco es como para enfadarse por esta omisión pues el nombre de Irene Lozano sí aparece en el «Gobierno bonito», adonde llegó en octubre, tres meses después de la provindencial fundación de tan ejemplar gabinete ministerial. Pero llegó con todo el porte, el tronío y un lustrosísimo sueldo como secretaria de Estado de la España Global. Con los complementos de productividad, cobra Lozano más que el ministro del que depende, José Borrell. ¿Es o no es España una tierra de oportunidades?

Lo es, sin duda, y no solo en el salario. También ofrece España la posibilidad de arrimarse siempre al sol que más calienta. De hecho, Lozano comenzó su carrera política en Unión Progreso y Democracia, aquel UPyD de Rosa Díez, partido por el que fue diputada durante cuatro años y en el que dejó duras críticas al PSOE. Un ejemplo: «Les voy a explicar lo que es la antipolítica, señores del PSOE y del PP. La que han hecho ustedes al permitir las prácticas corruptas de cargos públicos, la impunidad de los acusados, cuando han usado las instituciones públicas para colocar a sus amigos». Cuando empezó a apagarse el tímido empuje del partido magenta se mudó Irene al socialismo de Sánchez, no sin antes perder unas elecciones internas para presidir UPyD, donde fue derrotada con claridad por Andrés Herzog, hoy retirado de la política. Perdió, y a los pocos meses, fichaba por la lista del PSOE.

Ahora, además de escribirle los libros al presidente del Gobierno, la secretaria de Estado de la España Global asume las competencias del Comisionado para la Marca España, que durante seis años ejerció Carlos Espinosa de los Monteros sin cobrar un solo euro por el cometido. Ni uno. Es pronto para ver la eficacia de la gestión de Lozano en la proyección y buen nombre de España en el exterior. Por lo pronto, parece más centrada, a medias con Tezanos, en la propaganda de Sánchez, redactándole un libro que firma él desde La Moncloa. Resuenan ahora, como un clamor olvidado, aquellas palabras con las que, en vibrante discurso, Lozano acusaba a los socialistas de «usar las instituciones públicas para colocar a sus amigos». ¡Ole mi «negra»!

Álvaro Martínez.

Redactor jefe.
Genocidio en Pedralbes.

Si Sánchez admite que es preciso un «relator» externo, está llamándose a sí mismo genocida. Por extensión, nos lo llama a todos.

Gabriel Albiac.

Actualizado: 07/02/2019 00:13h.

De esto alza acta un «relator»: «Tenía 14 años. No sé cómo perdí a mi familia. Lo que sé es que, allá donde se encuentren, tendrán más paz que la que yo tendré nunca. El dolor y la tristeza no pueden alcanzarlos… Hombres, mujeres, niños y viejos eran golpeados a machetazos y bastonazos. Unos perecían, los otros avanzábamos sobre sus cuerpos mutilados en descomposición. Fui golpeada con machete y bastón, y seguí corriendo. Fui violada y apaleada, y seguí corriendo. Vosotros diréis que fui valiente y animosa. Y sí, miré a la muerte cara a cara y pagué un precio atroz por sobrevivir. De algún modo, tuve suerte: no vi matar a mi familia. Y ni siquiera sé si fueron torturados… Los bebés eran utilizados como dianas en los campos de tiro». Ruanda, abril-julio de 1994.

Hasta la noche del martes pasado, tú ponías «relator» en Google y aparecía un nombre: René Degni Ségui. Y una institución: la ONU. Y una misión: el último genocidio del siglo XX. Y unas cifras: entre 800.000 y 1.200.000 tutsis asesinados en el intervalo de tres meses y diez días. Y un país devastado: Ruanda. A partir de la noche de anteayer, esas entradas de Google se entreveran con los nombres de Joaquín Torra y Pedro Sánchez. En lo que es, sin duda, la mayor vergüenza para un político español desde el año 1978.

Al aceptar la figura del «relator», el presidente del Gobierno español admite la sospecha más horrible que pueda caer sobre un país en el mundo moderno. Si está justificado introducir un observador externo -ya veremos con qué rango y de qué nacionalidad- en la relación entre el aparato ejecutivo del Estado y los altos funcionarios de una de sus administraciones locales, es que la verosimilitud de un genocidio ha sido contemplada. Sólo en ese caso se justifica que el acta notarial de tal encuentro recaiga, no sobre la administración nacional que lo regula, sino sobre una «parte neutral», que opere como garantía de que el más débil no sea exterminado.

La figura del «relator» funciona, en las lógicas de la ONU, como designación de un específico experto independiente que el Consejo de Derechos Humanos designaría para presentar informe formal de las violaciones contra esos derechos humanos en un país concreto. Sus testimonios pueden -deben- servir de base al inicio de los procedimientos por genocidio, crímenes contra la humanidad o crímenes de guerra ante los tribunales internacionales. Así sucedió con los dosieres de René Degni Ségui en Ruanda, que llevaron a la condena del presidente Jean Kambanda. Cuesta trabajo pensar que Torra pretenda hacer lo mismo con Pedro Sánchez. Pero sería lo lógico. En su lógica.

En condiciones de normalidad jurídica, dos personas que se reúnen para negociar pueden reclamar la presencia de un notario. En el caso de una Administración y un subordinado suyo, el Estado dispone de cierta función específica: la del Notario Mayor del Reino. Que coincide en la persona del ministro de Justicia. Torra puede juzgar un mentiroso a Sánchez. Y a la inversa. Ambos están en su derecho de mutuamente despreciarse. Y es sensato que pongan al notario general del reino por testigo. Para eso existen las instituciones. Cuando existen.

Pero, si Sánchez admite que es preciso un «relator» externo, está cediendo el criterio de verdad a Torra y está llamándose a sí mismo genocida. Por extensión, nos lo llama a todos. Es la mayor vileza que haya cometido un político español en lo que va de democracia. Torra gana. A cambio, Sánchez mantiene domicilio en La Moncloa.

Gabriel Albiac.

Articulista de Opinión.
Sánchez, al límite.

Constitucionalmente, el presidente del Gobierno no puede abrir diálogo bilateral y con mediadores con una región.

Luis Ventoso.

Actualizado:

06/02/2019 08:56h.

Afinales de mayo, Sánchez ganó una moción de censura y se convirtió en presidente, con solo 84 escaños y aliado con los separatistas que habían dado un golpe solo siete meses antes. Su pretexto fue que la condena de unos alcaldes menores del PP en el caso Gürtel salpicaba a Rajoy de tal manera que no podía continuar en su cargo (esta semana han entrado en la cárcel por robar del erario dos excargos del gobierno del socialista extremeño Vara, pero supuesto no ha dimitido nadie). Sánchez anunció durante la moción que el suyo sería un Gobierno de transición para convocar pronto elecciones (hoy es evidente que mintió). También afirmó que su objetivo era «recuperar la normalidad política e institucional y regenerar la vida democrática». Tampoco ahí ha cumplido. De hecho su gobernanza se caracteriza por una sucesión de malas prácticas, que degradan la vida pública, como tomar TVE o el CIS. La última es la publicación de un libro de su autoría, dedicado al autoelogio. Algo inaudito, que ningún presidente en ejercicio hace, pues al establecer una relación contractual con una editorial -en este caso un importante grupo mediático- deja de ser neutral en lo que hace a sus relaciones con los medios.

Todo lo dicho es lamentable. Pero ayer ocurrió algo aún más grave. En una nueva rendición para que los separatistas le validen sus presupuestos y seguir en La Moncloa, ha aceptado la exigencia de Torra de que haya mediadores -«relatores»- en sus conversaciones con la Generalitat. Como si España fuese una república tercermundista envuelta en una guerra civil, o un territorio en proceso de descolonización. En diciembre, Sánchez solicitó una entrevista con Torra -cuando este acababa de llamar a la vía bélica eslovena- y el día 21 se entrevistó con él en Barcelona. Torra le entregó un documento con 21 exigencias que Sánchez ocultó a los ciudadanos. De hecho, engañó a los españoles e hizo un balance positivo del encuentro, porque se abría «un espacio para el diálogo». Dos días después, Torra reveló que le había entregado por escrito sus exigencias, que Sánchez jamás hizo público, a pesar de la reiterada petición de la oposición y de ABC. Ayer el líder separatista divulgó por fin esas demandas. Entre otras, la autodeterminación, renuncia al 155, el fin de la «vía judicial» y mediadores internacionales (concedidos ya por el Gobierno).

¿Puede un presidente de España abrir una negociación con observadores con el Gobierno de una comunidad autónoma que demanda la «autodeterminación», una figura que no contempla nuestra Constitución? ¿No está Sánchez violando de manera flagrante sus obligaciones constitucionales, de las cuales la primera es proteger la integridad y unidad de la nación? ¿Puede el Estado abrir una mesa bilateral con una comunidad autónoma, cuyo poder deriva del propio Estado? ¿No supone eso un absurdo constitucional, algo así como el Estado negociando consigo mismo? En su afán ególatra por aferrarse al cargo, Sánchez ha ido demasiado lejos. Si pasa de las palabras a los hechos y finalmente abre esa mesa podría incurrir en un delito.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
Otra torpeza que saldrá cara.

A las puertas del juicio por el «procés» lo mínimo que puede pedirse al Gobierno es que no regale bazas al independentismo.

Ana I. Sánchez.

Actualizado:

05/02/2019 09:13h.

La impericia del Gobierno en el manejo de la crisis catalana está alcanzando cotas realmente sorprendentes. La secretaria de Estado de España Global, Irene Lozano, fue elegida con un único cometido: mejorar la percepción de nuestro país en el extranjero. A las puertas del juicio del «procés» su único propósito debería ser divulgar que España es una gran democracia que respeta la ley, la separación de poderes y en la que no existen presos políticos. Es decir, desmontar las mentiras del independentismo y restarle toda credibilidad en el plano internacional. Sin embargo, se ha estrenado en la BBC haciendo todo lo contrario, brindando un argumento al secesionismo. Lozano ha concedido una entrevista en la que afirma que los líderes separatistas cometieron delitos penales, saltándose la presunción de inocencia ante un escaparate que observan millones de personas. A una semana del juicio, lo mínimo que puede pedirse a los miembros del Gobierno es que sepan diferenciar entre lo que piensan -ellos y casi toda España- y las declaraciones que pueden realizar con carácter oficial para no dar bazas al independentismo. Recuerden la respuesta de Julio César a las matronas del patriarcado tras su divorcio de Pompeya: «La mujer del César no solo debe ser honrada, sino parecerlo». España es ya una sólida democracia pero la crisis catalana le obliga a reflejarlo, porque la partida contra los independentistas no solo se gana con los juzgados, sino también en la imagen. En defensa de Lozano cabe decir que las entrevistas en inglés pueden generar malas pasadas para quien no domina el idioma y que las respuestas sobre temas jurídicos son difíciles de ajustar en otra lengua. Pero si éste es el caso de Lozano, no debería haber cometido la imprudencia de conceder la conversación. Y menos sin haberse preparado con antelación la respuesta a un tema que cualquiera se hubiera imaginado que sería objeto de pregunta. España no puede cometer impericias como ésa: el independentismo no descansa y no dudará en utilizarlas.

La torpeza de Lozano es la última pero no la más grave cometida por el Gobierno socialista, cuya gestión de la crisis catalana empieza a dar para preguntarse si no debería especificarse la negligencia política dentro del catálogo de imprudencias castigables por la ley. Por depuración de responsabilidades, pero también por prevención de conductas temerarias. ¿O no es una imprudencia cruzarse de brazos mientras el presidente de una autonomía alienta a seguir la vía eslovena contra el Estado? ¿O mirar hacia otro lado mientras los mossos que cargan contra los CDR son acosados? ¿O permitir que un movimiento político como el independentista divida una sociedad inventando embustes y mentiras con impunidad? No se trata de maniatar la acción política, sino de evitar su uso de manera temeraria. Las conductas negligentes de quienes juegan a ser líderes no deberían salir gratis.

Ana I. Sánchez.

Redactora.
Retrospectiva de un fracaso.

Un secretario de Estado y dos ayudantes trabajando en despachos prestados: ése fue el contingente de desembarco.

Ignacio Camacho.

Actualizado:

04/02/2019 08:58h.

Aunque sólo sea por aprender del pasado, en vísperas del juicio de la insurrección separatista parece inevitable repetir la pregunta de si pudo existir algún modo de detener aquel conflicto dramático. La respuesta es que sí, por más que la afirmación se bifurque según la perspectiva del caso. La más benévola atribuye a Puigdemont la responsabilidad final del impacto por no haber convocado elecciones cuando en pleno choque institucional tuvo la decisión en su mano. La menos complaciente para el Estado señala a un Gobierno de España estupefacto, preso de la parálisis por su falta de liderazgo. Un Gabinete pasmado que nunca creyó que el procés fuese capaz de avanzar hasta el último paso, que dejó a los independentistas más margen del que ellos mismos habían soñado y que incluso a la hora ineludible del 155 lo aplicó en su mínima expresión, con un talante encogido y timorato. A esas alturas, de todas formas, la sublevación ya se había consumado y para que el desafío no quedase impune sólo quedaba la Justicia como ultima ratio.

En la excelente entrevista que Sostres le hizo ayer en ABC a Roberto Bermúdez de Castro, el hombre encargado de gestionar la intervención de la autonomía catalana destilaba una suerte de amargo desencanto. Por un lado, el alivio de haberse encontrado, en vez de una feroz resistencia civil, un ambiente balsámico; por el otro el resquemor de saber que Rajoy y su vicepresidenta habían delegado ese crucial cometido en un simple secretario de Estado. Él y otras dos personas instaladas en despachos prestados: ése fue el contingente de desembarco. El enviado gubernamental concluye que no hay un artículo 155 más duro o más blando, sino más corto o más largo. Y el marianismo optó por el de juguete, el que le causaba menos embarazo.

Pero en ese momento ya era tarde para casi todo, porque el golpe estaba ejecutado aunque sin otro destino que el fracaso. Hubo un punto de inflexión, en cambio, en que fue posible desactivarlo: cuando el Parlament aprobó en septiembre las leyes de desconexión que suponían la ruptura con la Constitución y su marco. Era el paso previo al referéndum que el marianismo pudo impedir de haberse conducido con el convencimiento necesario. Le faltaba consenso, sí, pero un presidente con suficiente energía moral y audacia política habría forzado a la oposición a dárselo. No sucedió y ya no cabe otra que lamentar el destrozo causado. No sólo en Cataluña; todo lo que ocurrió después en la política española, incluida la moción de censura, tiene su origen en aquellos días de colapso.

Desde entonces sólo dos instituciones, la Corona y los tribunales, han funcionado. La primera cumplió su papel en medio de un vacío de poder que amenazaba caos. A los segundos les llega ahora el tiempo de completar su trabajo. Que no es el de reparar agravios, sino el de establecer y pasar al cobro la factura de los daños.

Ignacio Camacho.

Articulista de Opinión.
Tezanos se viene arriba.

Pero no son bromas, se trata de subversiones descaradas de la democracia.

Luis Ventoso.

Actualizado:

01/02/2019 01:03h.

José Félix Tezanos, de 72 años, es sociólogo y militante desde siempre del PSOE. En un abuso contra la higiene democrática elemental, Sánchez lo sacó de la Ejecutiva de su partido para enchufarlo sin transición alguna al frente del CIS. Allí Tezanos se ha aplicado con énfasis y sin pudor a aquello que le encomendaron: convertir el centro demoscópico del Estado, pagado por nuestros impuestos, en un aparato de propaganda para sacarle lustre a Sánchez. Para ello tomó dos decisiones: convertir en mensuales los sondeos de intención de voto y manipularlos con un descaro inédito.

Siempre ha habido algo de cocina en el CIS. Pero los guisos de Tezanos directamente atufan a pucherazo. Sus desmanes han sido objeto de duras críticas de los medios, de sus colegas sociólogos y de los partidos de la oposición. Sin embargo el veterano aparattchick socialista no solo no se corrige, sino que va a más. Ayer, rozando ya el chiste, remarcó el primer puesto de Sánchez con un escaño más respecto al sondeo de diciembre y restó cuatro al PP. Según Master Chef, el partido de Casado ya se hunde en el cuarto puesto. En el último mes se han acumulado varios ridículos y rectificaciones de Sánchez, que además mercadeó en secreto con Torra y ni así ha logrado apoyo para sus presupuestos. Además, Podemos se está yendo al garete, desangrado por los facazos internos. Mas hete aquí que en la bola mágica de Tezanos el único que retrocede es el PP, y lo hace justamente cuando acaba de firmar la proeza política de desalojar al PSOE de la Junta de Andalucía, poniendo fin a su hegemonía histórica.

El alegre mundo de Tezanos no es algo anecdótico. Que se manipulen los sondeos pagados por el Estado para favorecer al partido que gobierna supone un escándalo democrático, que en Alemania o el Reino Unido no se dejaría pasar. Que el Banco de España denuncie claramente que el Gobierno ha manipulado las cuentas en sus presupuestos y que los números no cuadran, porque se han inflado los ingresos, pues lo mismo: otro abuso gravísimo. Que el presidente de la tesis trucada siga sin explicarse y sin corregir el libro donde también plagió es una gamberrada democrática, como tomar al asalto la televisión pública. Y queda, por supuesto la más grave de todas las tropelías: gobernar sostenido por los separatistas y por el partido heredero de ETA mientras se pone divino con Vox.

Tezanos acomete sus pillerías demoscópicas con tal brocha gorda que empezamos a tomárnoslo de chufla, como un personaje pintoresco en una política despendolada. Un error. Su caso supone un síntoma más de que el presidente que proclamó que venía a regenerar nuestra democracia la está mancillando como nunca.

(P. D.: si la mitad de lo que augura el gran Tezanos fuese cierto, Sánchez, convocaría elecciones hoy mismo. Pero se atornillará hasta el 2020, caiga quien caiga, con las cuentas de Rajoy y con el parlamento paralizado. ¿Por qué? Respondo con otra pregunta: ¿Conoce usted a alguien en su círculo próximo que diga que le gusta Sánchez?).

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
El gran circo.

Jamás os fieis, queridas hijas, ni de las bondadosas abuelitas ni de los dulces polluelos.

Gabriel Albiac.

Actualizado:

31/01/2019 01:31h.

Recuerdo el cómic. Hace de eso no sé cuántas glaciaciones. Yo era joven; o aún peor. Sobre la pantalla, una pulcra abuelita -era su nombre en los Looney Tunes, Abuelita, Granny, su único nombre- le arreaba de bolsazos a un malvado gato negro, que era, en realidad, el pobre «pringao» al cual está permitido siempre moler a bofetadas para mayor regocijo del respetable. En un rincón discreto, un dulce polluelo de canario, ojigrándico y cabezón, se despepitaba furtivamente de la risa: «Creo haber visto a un lindo gatito», repetía con gesto adorable, mientras el lindo gatito no fenecía porque a los pobres dibujos animados no les está permitido ese alivio. Era divertidísimo. Cuando tuve hijas en edad, se lo propuse como aprendizaje de la única verdad moral irrefutable: los buenos son los malos. Porque para mala, mala, la inocente abuelita. Jamás os fieis, queridas hijas, ni de las bondadosas abuelitas ni de los dulces polluelos.

Lo que no podía imaginar yo era que, un día, iba a haber alguien lo bastante perverso como para hacer que el cómic transitara tal cual a la realidad política. En el fondo, sigo siendo un ingenuo: haber leído a Guy Debord a los 18, hubiera debido enseñarme que no hay dibujo animado que pueda alcanzar las cotas de delirio a las cuales se abalanza la política contemporánea. En 2015, un partido político -o una asociación, o una barra brava peronista, o una alegre pandi, o lo que sea- apostó por materializar a Granny en carne y hueso, proponiendo como candidata a alcaldesa de Madrid a aquella tierna aporreadora del cómic de la Warner, simpática abuelita que repartiría estopa a los malos malísimos. Y la cosa tuvo éxito. En tan sólo cuatro años, Manuela Carmena aporreó Madrid. Y lo dejó más malherido de lo que dejaban los bolsazos de Granny al pardillo de Sylvester. El coro de los polluelos se lo pasaba en grande y, de paso, promocionaba a la familia. Se llama nueva política: no hay más representación que la de los televisores.

Después de eso, la lección fue aprendida. Éste es el nivel intelectual de nuestro electorado: tomémoslo como modelo. En 2019, el PSOE apuesta como alcalde de Madrid, no por un monigotito de la Warner. Apuesta por un baloncestista de éxito. Al espectáculo infantil sucede el espectáculo adolescente. Queda por saber cuál de los dos se acerca más a la edad mental de los votantes. Se admiten apuestas. La coreografía de los concejales socialistas haciendo la ola en los plenos municipales estará, en todo caso, a la altura de las rosquillas de Carmena. Seguro. Ha llegado el momento de plantearnos la pregunta decisiva: ¿para cuándo Belén Esteban

presidenta? Arrasaría. No creo que nadie tenga la menor duda: la política es hoy una prótesis menor de los televisores.

En la España de los años treinta, ocupaban escaño en el Parlamento sujetos que se llamaban Miguel de Unamuno, Julián Besteiro, José Ortega y Gasset, Manuel Azaña, Ramiro de Maeztu…: las mejores cabezas de la España contemporánea, las mejores cabezas de la Europa de su tiempo. Comparen eso con los Iglesias, Garzones, Monteros, Sanchezes, Rufianes… Y si logran contener el llanto es que son ustedes más duros que Sonny Liston.

Y nadie piense que este gran circo es cosa sólo de la subespecie política. 2018, Feria del Libro en Madrid, kilométricas colas ante una caseta. Pregunto a un amigo librero. « ¡Ah, sí, es una influencer!». « ¿Y en qué influencia?». «En maquillaje». «No se hable más, entonces. Es el futuro». Supongo que será ya ministra de algo.

Gabriel Albiac.

Articulista de Opinión.
Nunca se fue..................
El mitin de los Goya.

No pienso perderme los Goya porque no sé contra quién será este año el habitual mitin.

Antonio Burgos.

Actualizado:

30/01/2019 01:37h.

En España hay ritualmente grandes mítines: el de cierre de campaña del PSOE, el del PP en Madrid y, si cae, algo en Vista Alegre de Podemos. Estos mítines los organizan los partidos y los pagan ellos, aunque sea con nuestro dinero a través de las subvenciones. Pero hay un mitin anual que, como suele decirse en Tertulianés, «tiene otro formato». Y es tan ritual como los que acabo de citar. Me refiero al mitin de la entrega de los premios Goya, donde todo el que se tiene por un genio del cine, al recoger su estatuilla si lo galardonan, se siente en la obligación de largar fiesta contra lo que se lleve ese año en la izquierda. Por no hablar de los propios presentadores de la gala, que interpretan un guión que tiene mucho de argumentario del día, como los que reciben los dirigentes de los partidos para que no se metan en contraflecha y sigan el canto llano de lo que hay que decir contra el adversario.

Los mítines de entrega de los premios Goya son ya tan antiguos como el hilo negro. Empezaron cuando a algún genio de la propaganda, en la que la izquierda española es de Oscar al mejor guión, se le ocurrió convertir la ceremonia de la entrega en un mitin contra Aznar, entonces presidente, y contra la guerra de Irak, de la que todavía Zapatero no había retirado a nuestras tropas en menos de horas veinticuatro nada más ser investido. Aunque en la invitación a la gala ponía, supongo, que la etiqueta era esmoquin para los caballeros y traje largo para las señoras, lo que fue obligatorio en verdad fue la pegatina del «No a la guerra», que todo el mundo lució y que TVE llevó en directo a todos los hogares españoles.

Este año la entrega de los premios Goya sale de Madrid y la ceremonia de los que se ponen la camiseta negra en vez del esmoquin (porque es más progre) se celebrará en Sevilla. Donde hay una partida importante de catetos contentísimos con que los premios Goya (sin premio) vengan a su tierra. Hasta han puesto a la Torre del Oro al servicio de los Goya, como pantalla para una proyección con el título de los premios e iluminándola de rojo. Color más adecuado no han podido hallar. Los Goya, como la Academia de Cine que los otorga, como el subvencionadísimo cinematógrafo nacional que casi nadie ve, está en manos de la izquierda. Y hasta hemos exportado el modelo Goya a Estados Unidos, donde la entrega de los Oscar también suele convertirse en un mitin contra algo derechoso. Hasta el punto de que oí el otro día que un actor nominado este año para un Oscar lo tenía muy difícil, porque había hecho campaña a favor de Trump.

No sé cuánto nos cuesta cada año que por TVE una serie de engreídos que se creen genios del cine celebren su habitual mitin contra lo que le interese en ese momento al PSOE, a IU o a Podemos, en cuyas estribaciones andar suelen. Debe de ser una cifra bastante superior a los ridículos 65.000 euros que los Presupuestos del Estado consignan para la Tauromaquia. De otra forma no me explico que anden ya poniendo los paños calientes de que los Goya van dejar en Sevilla un lucro de cinco millones de euros, ni uno más ni uno menos: ya lo saben con toda exactitud, como los coches que van a moverse en la próxima Operación Salida de las vacaciones de Semana Santa. No pienso perderme los premios Goya porque no sé contra quién será este año el habitual mitin político en que se convierten. Contra el PP y Rajoy ya no, porque está en el Gobierno el PSOE y a lo mejor hasta Sánchez coge el Falcon y viene a Sevilla, codo con codo con sus huestes. Contra el PSOE, desde luego que no será. ¿Será contra los taxistas que tienen «acolapsado» Madrid ante la dejación del Gobierno? Lo dudo. No sé si se admiten apuestas, pero me pongo lo que sea a que este año la gala de los Goya será un horterísimo y pretencioso mitin contra Vox.

Antonio Burgos.

Articulista de Opinión.
Cutre, muy cutre.

Fue mezquino defender a Sánchez hablando de Rajoy y alcohol.

Luis Ventoso.

Actualizado:

29/01/2019 01:12h.

EL 5 de enero, en plenas vacaciones navideñas, la vicepresidenta Carmen Calvo descansaba en casa, en su ciudad natal de Cabra (Córdoba), cuando un urgente asunto de Estado irrumpió en su asueto. Al instante, en pantuflas y desde su sofá doméstico, trasladó a la Fiscalía una gravísima ofensa contra Sánchez, a su juicio susceptible de delito. Durante un par de horas, el PP - ¡horror!- había subido a su cuenta de Twitter un chiste macabro sobre el presidente progresista de todas y todos, obra de un cómico sevillano que simulaba leer la siguiente carta a los Reyes: «Queridos Reyes Magos: Mi cantante preferida era Amy Winehouse, y te la llevaste. Mi actor favorito era Robin Williams, y te lo llevaste. Mi humorista favorito era Chiquito, y también te lo llevaste. Solo te escribo para decirte que mi presidente favorito es... Sánchez».

El PP borró el tuit enseguida y pidió disculpas. El chiste, malillo y más viejo que el gramófono, se había hecho antes a costa de otros políticos, como Zapatero, Rajoy o Macri, que lógicamente ni se fijaron. Pero Sánchez levita sobre un pedestal labrado en ego y postureo, así que esta vez el chiste pasó a constituir un ataque delictivo contra el honor de El Presidente (por cierto, ese mismo Sánchez, cuando era otra persona, que diría Celaá, había salido a defender al rapero Valtonyc tras su condena por recomendar una bomba de nitroglicerina en un bus del PP).

En España el «ofensómetro» se calibra de manera distinta según la faltada provenga de derecha o izquierda. Ayer, la portavoz adjunta del PSOE en el Congreso, la ibicenca Sofía Hernanz, participaba en un debate en la Cámara sobre la adicción de Sánchez al Falcon, el helicóptero y a conocer el mundo a costa de nuestros impuestos. Ante las críticas del PP, la diputada socialista defendió a su jefe alegando que Sánchez viaja lo mismo que Rajoy, pero «sin el avituallamiento extra de vino y whisky». El comentario resulta de una vileza notable, pues sin prueba ni necesidad alguna siembra la especie de que el anterior del Gobierno tenía problemas con el morapio. Imaginemos que un destacado diputado del PP hubiese acusado a Carmen Calvo, o a su predecesora De la Vega, de atizarle al whisky en los vuelos oficiales. Twitter ardería de ira justiciera y feminista. Los tertulianos se estremecerían de estupor.

Lo que se debatía ayer en el Congreso era otra cosa: un presidente que utilizó el avión oficial para pegarse una fiestuqui con su mujer en un concierto de rock, y que programa viajes estériles al exterior para darse pote mientras desatiende la agenda interna. Un escapista que para evitar una comparecencia en el Senado sobre sus tratos secretos con Torra se largó a Davos dos días (a informar al capital global de que gracias a él España creará este año 120.000 empleos menos). Un personaje que vuela en helicóptero oficial a la boda de su cuñado y se niega a informar del coste.

Pero para el coro de un Gobierno que no existe -véase el taxi- el problema radica en si Rajoy se tomaba un vino en el avión, algo que no sé si hacía, pero que nada tendría de extraordinario. Y que le pregunten a Churchill, un estadista a la altura incluso del mismísimo Sánchez.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
Era muy fácil.

Nuevo regate de Sánchez en lugar de romper ya con Maduro.

Luis Ventoso.

Actualizado:

27/01/2019 00:13h.

Sánchez, ese valiente que se bate a brazo partido contra el espectro de Franco, muerto hace 43 años, es incapaz de cortar rápido y rotundamente con la atrabiliaria y cruel dictadura de Nicolás Maduro. Ayer recurrió a otro rebuscado regate dialéctico para evitar reconocer al presidente provisional Juan Guaidó y romper así toda amarra con Maduro, cabeza visible de una narco dictadura que ha destrozado Venezuela. Sánchez, el supuesto líder «progresista» para «todas y todos», el rey del Falcon, el pensador que acude a Davos a arreglar el mundo -pero que se niega a explicar en el Senado sus cambalaches secretos con Torra-, resulta que no se atreve a condenar con claridad y energía a un tirano excéntrico e incompetente. No osa a desmarcarse de un sátrapa que usurpa la presidencia tras unas elecciones-pucherazo en las que solo concurrió él, que se ha inventado un Parlamento a su medida tras perder la mayoría en el legítimo.

A pesar de algunos tics antiespañoles, nuestro país conserva un importante ascendente en Hispanoamérica. Además, esta crisis la sentimos como propia, y más cuando una creciente colonia de venezolanos nos han elegido como tierra de refugio (es la comunidad de inmigrantes que más crece en España y aquí viven los padres de Guaidó y Leopoldo López). Así que Sánchez lo tenía fácil cuando compareció ayer en La Moncloa para fijar su posición. Bastaba con que dijese algo así: «Nicolás Maduro gobierna Venezuela de manera dictatorial e ilegal tras haber vulnerado la legalidad constitucional de su país. Además, su tiranía ha sumido a su país en el desabastecimiento, la híper inflación y la miseria y ha provocado el éxodo del 10% de la población. Por todo ello, España se ve obligada a condenar a un régimen que ha acabado con las libertades en Venezuela y reconoce como nuevo mandatario a Juan Guaidó, legítimo presidente provisional de conformidad con la Constitución vigente en su país, esa que Maduro ha incumplido. Por último, como país de referencia en la UE para las relaciones con Hispanoamérica, recomendamos a nuestros socios europeos que reconozcan también al presidente provisional Guaidó, que debe convocar unas elecciones libres e inmediatas». Así de sencillo y honorable, tal y como le pedía Felipe González. Pero no pudo ser. Maduro es un dictador... de izquierdas, y además se trata del padrino de Podemos, el socio de Sánchez. Toca caminar de puntillas.

Pedir a Maduro que convoque elecciones, como hizo Sánchez ayer, equivale a darle cuartelillo, pues supone asumir que tiene derecho a seguir dirigiendo Venezuela. Es notable que Sánchez no repare en que el argumento que otorga legitimidad a Guaidó es el mismo que le permite a él presidir España. Ninguno de los dos ha ganado su presidencia en las urnas, pero ambos la ostentan porque así lo prevén los arreglos constitucionales de sus países para determinadas circunstancias.

Venezuela necesita unas elecciones, ciertamente. Y España también, y con urgencia, porque no es justo seguir bajo el capricho de un prestidigitador de ideario de goma, principios multiusos y verdades elásticas.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
Madrastra patria.

El amparo de España se echa de menos cuando tantos venezolanos demócratas se están jugando literalmente el pellejo.

Ignacio Camacho.

Actualizado:

25/01/2019 00:57h.

Si ha habido un golpe de Estado reciente en Venezuela fue el que organizó Maduro para atornillarse en la presidencia. Mandó a un Parlamento ya disuelto nombrar un Tribunal Supremo de su cuerda, suprimió el referéndum que iba a revocarlo y por último, como la oposición controlaba por amplia mayoría la asamblea, se inventó una cámara constituyente paralela. Todo en los últimos años ha sido un despropósito, incluidas las elecciones presidenciales que ganó por práctica incomparecencia, dado que los partidos adversarios habían sido dados de baja en una criba previa. Al menos Chávez siempre procuró una cierta formalidad democrática para mantener las apariencias. Su sucesor no se ha molestado en disimular la conversión del régimen autoritario en una tiranía bananera, con presos políticos, brigadas de presión callejera y éxodo masivo de una población desesperada ante la galopante pobreza. Los mediadores internacionales, excepto Zapatero -él sabrá por qué-, se han cansado de malgastar fuerzas en un simulacro de negociación sin voluntad de avenencia. El país vive hace tiempo en un conflicto civil que sólo de milagro no se ha convertido en guerra abierta. Y el Gobierno ha abierto bases a Rusia para tratar de amedrentar a Trump y a la siempre pusilánime Unión Europea.

La autoproclama del opositor Guaidó, líder de la única mayoría legítima, es como poco extraña porque todo es irregular en este marco, un caos en el que el tardochavismo ha convertido su propia Constitución en papel mojado. Pero las principales naciones libres del continente le han dado su respaldo y la UE se lo acabará expresando cuando se sacuda su rutinario apocamiento diplomático. España, de la que se espera una natural posición de referencia en asuntos latinoamericanos, puede hacer al respecto dos cosas: impulsar desde su autoridad moral y política un proceso de transición con elecciones libres o cruzarse de brazos, que es lo que hasta el momento ha hecho Sánchez mirando de reojo a sus socios bolivarianos. Al presidente debe de producirle urticaria que Rivera y Casado coincidan con la opinión de un Felipe González al que es imposible escuchar sin sentir nostalgia de su liderazgo.

El Gobierno bonito tiene una oportunidad de demostrar si sabe desenvolverse en problemas feos, aunque para ello tenga que desmarcarse de sus aliados de Podemos, últimos mercenarios del chavismo irredento. La cuestión esencial no consiste tanto en reconocer a Guaidó, si bien se debería empezar por eso, como en aislar a Maduro para quitarle cualquier esperanza de amparo europeo y otorgársela en cambio a los venezolanos demócratas que se juegan literalmente el pellejo. Eso es exactamente lo que han hecho sus colegas argentinos, ecuatorianos, brasileños, estadounidenses, colombianos, canadienses o chilenos. A la madre patria se la está echando de menos: una cosa es la prudencia y otra el mamoneo.

Ignacio Camacho.

Articulista de Opinión.
La purga.

Pablo Iglesias cuestionó suavemente a Nicolás Maduro, Errejón entonó su oda a las tres comidas caraqueñas.

Gabriel Albiac.

Actualizado:

24/01/2019 00:48h.

No viene de la tradición marxista; es una consigna acuñada por Ferdinand Lassalle, socialista prusiano al cual Karl Marx detestaba. Derechos de autor aparte, se ha convertido en dogma político: «el partido se fortalece depurándose». Mao lo tomó de Lenin, que sí conocía su origen. De dónde lo haya recuperado Podemos, me parece menos claro. Tal vez, de ese hábito de liquidarse en familia que define a la mafia peronista. Tal vez, de la facundia con que los Castro borraron a sus colegas de Sierra Maestra. O de la metódica limpia con que Chávez y Maduro se quitaron de en medio a sus primeros compañeros de armas. Tal vez. Yo, sin embargo, conociendo la exhibida debilidad de Errejón e Iglesias por el teorizador del Estado hitleriano, Carl Schmitt, tiendo a pensar que la purga que rueda sobre Podemos es más bien una versión de bolsillo e incruenta de aquella Noche de los Cuchillos Largos en el curso de la cual la primera generación del nazismo -la de las SA de Röhm- fue ajusticiada in situ por la segunda generación: la Sección de Seguridad de las SS, al mando de Reinhard Heydrich.

La creación de Podemos remite a una necesidad estrictamente venezolana. Consumada su toma total del poder, tras la suma de incompetencias de unos opositores que, habiéndolo apresado, acabaron por reponerlo en la plenitud de su presidencia, Hugo Chávez necesitaba poner en juego una estrategia poliédrica. Para la represión interna, no era seguro recurrir a Policía y Ejército venezolanos: el golpe fallido dejaba en evidencia lo hondo de las fracturas de sus fuerzas armadas. El recurso estaba, sin embargo, al alcance de la mano: Cuba poseía la más alta competencia represiva de todo el subcontinente latinoamericano. Venezuela disponía del petróleo que escaseaba en Cuba. El intercambio fue lógico y sumamente beneficioso para ambas partes. En Cuba se puso un alivio al colapso energético. En Venezuela, la policía política y los servicios de inteligencia militar cubanos engranaron un bien disciplinado ejército paralelo, sobre el eje de la Guardia Nacional Bolivariana y las milicias civiles armadas por el chavismo.

En el exterior, la diplomacia venezolana necesitaba introducir cuñas dentro de aquellos Estados a los que veía como territorio no rendido a sus pretensiones. Fueron los años de las invitaciones, las becas y los contratos a un sector del joven profesorado universitario español, al cual la inteligencia chavista juzgaba susceptible de ser guiado al culto del Caudillo, para dar nuevas texturas a las más cursis retóricas de Evita Perón y Fidel Castro. Todo, bajo el paraguas de aquel Simón Bolívar al cual la izquierda europea de su siglo juzgaba un espadón indeseable. De Venezuela y de la amiga República Islámica de Irán vinieron los apoyos materiales que permitirían a los entonces aún amigos complutenses proyectarse -es verosímil que eso creyeran- al «asalto del cielo».

Muerto Chávez, un colosal incompetente llamado Maduro se las apañó para arramblar con su herencia. Y empezaron las purgas bolivarianas. La escabechina se trasladó a España: Iglesias cuestionó suavemente a Maduro, Errejón entonó su oda a las tres comidas caraqueñas. Los venezolanos siguieron malviviendo, a la espera del próximo golpe de Estado. Y, en su versión de bolsillo e incruenta, a la espera de los sucesivos golpes de partido, siguió Podemos. ¿Entre derechos iguales, entre el derecho madurista de Errejón y el chavista de Iglesias, quién decide? La fuerza. Por supuesto. En Madrid como en Caracas.

Gabriel Albiac.

Articulista de Opinión.
Unos, 67 € menos; otros, 93 € más.

Cuando se prima a una región descaradamente otras lo pagan.

Luis Ventoso.

Actualizado:

23/01/2019.

Como norma general, las opiniones politológicas de los actores conviene cogerlas con pinzas, porque se puede ser un portentoso intérprete y un perfecto gañán. Pero reconozcamos que Carmen Maura ha estado sembrada en su somero análisis del proyecto de presupuestos de Sánchez. La actriz, madrileña de Chamberí de ilustre familia, goza de la libertad de decir lo que le place, lujo propio de quienes están ya de vuelta. Carmen peina 73 años, vive alejada en Francia, su talento es reconocido en toda Europa y le importa un bledo que la crujan en nuestras redes sociales por aventar su verdad. Su valoración de los presupuestos de Sánchez, diseñados para comprar el apoyo de los separatistas y seguir durmiendo en La Moncloa, resume el sentir de millones de españoles: «Cada vez que veo que para conquistar a los catalanes les están dando dinero me pone negra, porque no es precisamente la comunidad que más lo necesita. Si acaso es la comunidad que más gasta en tonterías».

Con su verbo coloquial y desenvuelto, la actriz está apuntando una realidad: el dinero público es finito y si se prima descaradamente a una región, otras lo pagan. Existe un dato que resume a la perfección lo que ha hecho Sánchez (y no lo digo porque yo sea gallego, que también): en su proyecto de presupuestos, cada catalán recibe 93 euros más de inversión respecto al ejercicio anterior, mientras que cada vecino de Galicia se queda con 67 euros menos. Esta flagrante discriminación presenta grandes problemas. De entrada, se da de bruces con lo que se supone que es la izquierda, pues no fomenta la igualdad, sino todo lo contrario: prima al más rico en detrimento del rezagado. En segundo lugar vulnera el principio de solidaridad interterritorial, consustancial a todo Estado. Si se aplicase el criterio de Sánchez (otorgar más inversiones a quien tiene más población y aporta más al PIB), los de Barcelona serían alzaprimados frente a los de Tarragona, con muchas mejores calles y servicios, pues el peso de ambas ciudades no es comparable; o los del barrio de Salamanca recibirán más que los de Vallecas. Por último, la decisión de Sánchez crea un pésimo precedente: si eres desleal con el Estado y lo pones en jaque, si no te preocupas por cuadrar tus cuentas y llevas a tu comunidad a la bancarrota, y si te pasas el día insultado desde tu Gobierno autonómico al resto de los Españoles, entonces el Ejecutivo central te dará un 52% más de inversión. Pero si eres leal al Estado, como los gallegos; si cuadras bien tus cuentas, como la Xunta de Feijoó, y si no das la murga con el victimismo separatista, el Gobierno central te laminará las inversiones un 20%, como le ha sucedido a Galicia.

España necesita elecciones. Se requiere un estadista que sitúe el interés general por encima del de su ombligo; en vez de un oportunista que diseña las cuentas públicas disparando con pólvora del rey y con la única meta de salvar un puesto que no ganó en las urnas.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
Ni por decreto.

Álvaro Martínez.

Actualizado:

23/01/2019 01:19h.

La prueba de que España tiene un Ejecutivo enclenque, incapaz de gobernar con la solvencia y acierto que merecen los españoles, es que un partido menguante (según todas las encuestas) y sumido en la crisis más profunda que haya conocido en su corta y populista vida, Podemos, acaba de propinarle una severa derrota parlamentaria a cuenta del tope a los precios del alquiler. Es como si un tipo que crees tu amigo y que ahora mismo no tiene ni media «guantá» te mete un palizón y regresas a casa sin entender por dónde te han venido las tortas. Pues por aquí vinieron...

Sánchez se las prometía muy felices gobernando por decreto, sabedor de que con los socios que eligió para que le llevaran La Moncloa (un batiburrillo al que solo une su odio al PP y las ganas de deshacer España) le iba resultar muy difícil sacar ley alguna en el Congreso. El problema de gobernar por decreto, que es lo que hacen los malos dirigentes porque eso tiene más que ver más con «mandar» que con «gobernar», es que luego esos decretos hay que convalidarlos en las Cortes y que en esa votación se vuelve a depender de los socios elegidos, que siguen siendo la misma tropa. Cuando no sean los de Podemos quienes te muelan las costillas sin quitarse tan siquiera la goma de la coleta, serán los separatistas o los proetarras, que hay tantos a pasar la factura del viaje a La Moncloa del doctor que ya hacen fila sus acreedores en la carrera de San Jerónimo, como aquellos que en el avión de «Aterriza como puedas» aguardaban en el pasillo a apalizar a aquella pasajera débil e histérica.

Porque lejos de ser «bonito», el gabinete ministerial de Sánchez es lo que se conoce como «un hombre al agua», un equipo de presuntos expertos a la deriva, al albur de que cinco diputados filoterroristas o de la banda del lazo te manden humillado al rincón de pensar recordándote tu menesterosidad política al grito de «sin mí no eres nada». Y si no, serán los del PNV quienes pasen al cobro, que ya le han rascado la transferencia de Prisiones al País Vasco para 2020 («Euskal presoak etxera», recuerden) y a los que a Sánchez solo le falta bailarles un aurresku. Un Gobierno, en fin, incapaz, insólitamente presumido y con tendencia a la molicie, que ahí tenemos al ministro de Fomento que, tras sacudirse el problemón del taxi como si no fuera con él, no se trabajó el apoyo de sus socios al decreto del alquiler. Ni por derecho, ni por decreto.

Álvaro Martínez.

Redactor jefe.
Irene y el sector público.

Pablo Iglesias, la mano que mece las cunas, debe de ser el primer líder carismático de baja por paternidad.

Rosa Belmonte.

Actualizado:

22/01/2019 00:55h.

La felicidad debería ocupar un escaño en el Congreso. Amárrame los pavos con un lazo rosa. He leído varias veces la entrevista a Irene Montero en el Fashion & Arts y no doy con esa frase de la entradilla. Sí con esto: «Desde Podemos pensamos que las emociones tienen que entrar con protagonismo en el ámbito de lo político, y el deseo de una vida feliz tiene que ser el centro de la política. Eso también es feminismo. Cuando nos ponemos a pensar cómo hay que organizar la sociedad, que en eso debería consistir la política, la base de la vida común es el deseo de vivir bien, felices, y de que eso sea para todos y para todas». Pero mujer, ya sabemos que el populismo lo que hace es colocar al pueblo como sujeto político apostando por una estrategia de comunicación donde un líder carismático (creo que nunca hubo uno de baja por paternidad) tira de la emoción. Aunque a veces se pase. Anda que la carta a Errejón de la mano que mece las cunas… Oye, y que dice Montero que el permiso de maternidad y paternidad «tendría que ser de dos años para cubrir todo el periodo de desarrollo inicial de los niños, que la mujer tenga un año y el padre otro». Perder de vista a Pablo Iglesias un año entero no estaría mal, pero si no podemos permitirnos la subida del salario mínimo no sé cómo íbamos a pagar esos dos años. La entrevistadora le pregunta si nuestro sistema podría soportarlo y contesta: «También nos dijeron que no se podía hacer una moción de censura para echar al PP y se pudo». ¿Esto qué es? ¿El teléfono averiado?

Pero mi parte favorita de la entrevista es la de millennials descubren la maternidad. Dice esto: «Muchas veces [ella y su novio] hemos reflexionado que los hijos son los primeros seres a los que quieres sin conocerlos. Los quieres sin saber cómo son, ni cómo van a ser, y eso solo pasa con ellos. Los padres y las madres amamos incondicionalmente a nuestros hijos y esas es una de las bases. Pero lo más importante para los niños tan pequeñitos, bueno, para todos los seres humanos a lo largo de nuestra vida, es el amor». Bueno, cuando eran novios, Tania Sánchez y Pablo Iglesias reflexionaban sobre House of Cards. Sobre si era creíble que el protagonista se encargara en persona de asesinar a sus enemigos. Pablo creía que no y Tania que sí.

No sé si Irene Montero tiene opinión sobre ese asunto. Sí la tiene sobre la huelga de taxis. «Que quede claro: Ahora Podemos está con el sector público del taxi y frente a los buitres que quieren precarizar el empleo y llevarse el dinero de los españoles a paraísos fiscales. La función de un buen gobernante es defender al sector público. Fuerza en esta pelea», escribió en Twitter. No sé, un servicio público no es el sector público. Porque si no, también lo sería Mediaset o cualquier televisión privada por ser concesiones administrativas. Me fascinan algunas de las respuestas dadas a Montero. Alguien que dice que el taxi no es básico en la vida, que es un transporte caro, que existen los autobuses y los metros. Me he acordado de que teniendo 18 años y al volver a casa de madrugada desde Radio Universidad iba a coger un taxi (claro) para volver a mi casa y me ofrecí a llevar a una compañera porque me quedaba de camino. La tía va y me dice: «Mis principios me impiden coger un taxi». Mis principios me impedían (y me impiden) que me atraquen, violen o den un susto caminando por la calle a las tantas. El descampadismo (tengo derecho a ir por un descampado y sentirme segura) no es de ahora. Ni el adanismo. Ni la cursilería. Pero qué bien se les da a los de Podemos.

Rosa Belmonte.

Articulista de Opinión.
La pandi a tortas.

Y resultó que eran humanos (e incluso demasiado)

Luis Ventoso.

Actualizado:

18/01/2019 00:55h.

Thomas Hobbes hizo suya en el XVII la cita clásica de Plauto: «El hombre es un lobo para el hombre». Los hobbesianos tendemos a darle la razón. Las personas no meamos agua de colonia. Somos mundanas, concupiscentes, falibles. Tendemos a velar por el bienestar de nuestro ombligo. Los liberales han entendido al ser humano mejor que las utopías comunistas, porque se conforman con aceptarlo tal cual es, movido por las pulsiones del propio beneficio y el orgullo (aunque existan maravillosas almas altruistas). En cambio el socialismo sueña despierto con una humanidad angelical, que en nombre del supremo ideal igualitario asumirá el reparto de bienes con una sonrisa de oreja a oreja. Los liberales saben que no es así, que al privar a los ciudadanos del incentivo de ir a más, la prosperidad de la nación queda acogotada.

El 17 de enero de 2014, tal día como ayer, se produjo la puesta de largo en el Palacio de Vistalegre del flamante partido Unidos Podemos (que hoy ya no puede ni está unido). Unos treintañeros henchidos de soberbia se jactaron de que había nacido una nueva forma de hacer política, solidaria, ejemplar, joven, sin mácula. Desde los conciertos de Viva la Gente no se había visto tal desparrame de almíbar sobre un escenario. «Somos un grito de alegría, porque somos mayoría», clamaba el joven Lenin de coleta y camisa arremangada.

Luego los padres fundadores se hicieron una foto, exultantes y abrazados: Luis Alegre, Carolina Bescansa, Monedero, Tania González, Iglesias y Errejón. Hoy ves aquella imagen y te viene a la mente el «Diez negritos» de Agatha Christie: todos han ido cayendo, hasta que solo ha quedado Iglesias (con su nueva mujer, a la que ha nombrado su lugarteniente). Al filósofo Alegre lo purgaron en Vistalegre 2. Monedero, honrando su apellido, se vio forzado a abandonar la escena por pícaro fiscal. Tania González está olvidada y ganando dinero como eurodiputada. Bescansa protestó por el pasteleo con los separatistas y fue oportunamente laminada. Y Errejón, ay, le devuelve ahora la puñalada a Iglesias y se va de ganchete con la taimada Abuelita Paz (que ella solita, con su plácida sonrisa, se ha cargado a Podemos en Madrid, roto ya en tres marcas: el carmenismo, el Podemos de Iglesias y los Anticapitalistas).

El partido implosiona justo en su quinto aniversario. Está en caída libre en los sondeos y es una jaula de grillos, a bofetada limpia en las comunidades. Los ángeles eran humanos. Odiaban y se apuñalaban por un carguito. El austero líder supremo chocheaba por el confort burgués y se compró un chaletazo. La apuesta por el modelo bolivariano se percibe hoy como lo que siempre fue: una chaladura. Hacían pillerías fiscales. Mercadeaban con pisos sociales. Cuando tocaron poder en los ayuntamientos impartieron un recital de incompetencia y sectarismo. Alguno, como el admirado Errejón, hasta hurtó una beca (por un importe veinte veces superior a los dos botes de crema de Cifuentes). Pero nunca se fue a casa y hasta imparte lecciones morales.

Podemos naufraga. Bueno para España, su democracia y su futuro. Al final resultó que el más serio del clan casi era el bebé de Bescansa, que por lo menos estaba callado en el Congreso.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
Fuese y no hubo nada.

Jesús Lillo.

Actualizado:

17/01/2019 00:02h.

Susana Díaz trató ayer de quitarle importancia a lo que, pese a su formalismo parlamentario, fue el último acto político de un régimen de secano que se ha perpetuado durante casi cuatro décadas, un endemismo sin par en Europa y cuyo final exigía altura de miras, conciencia histórica e incluso cierta dosis de mitología y folclore, como en una clausura olímpica. Las manifestaciones parafeministas del pasado martes aún tenían la épica que a bordo de un autobús y bocadillo en mano, carretera y manta, ha cultivado el socialismo andaluz desde finales del siglo pasado para institucionalizar su contrarrevuelta. De lo ocurrido ayer en el Parlamento regional, en cambio, nadie podrá pintar un cuadro como el que imaginó Pradilla de la rendición de Granada, esa fiesta regional de Andalucía que pretende Vox, partido cuyo nombre no sale de la boca de la última presidenta de la Andalucía clásica. En su lugar dice y repite «Fuerza Política de Extrema Derecha», más aséptico. De la misma manera que hay cordones sanitarios, existen enjuagues bucales.

«Aquí estaré yo», anuncia Susana Díaz, funcionara sistémica cuya supervivencia parlamentaria parece garantizada en los próximos meses, pero cuya permanencia política depende ahora de una militancia descolocada, sin nada que echarse a la boca e históricamente dócil a un poder que ya no tiene la expresidenta. De aquí en adelante, lo que diga Pedro Sánchez, doctor cum laude en la especialidad de esperar sentado.

«Con mi secretario general puedo tener discrepancias específicas, pero no orgánicas», asegura ahora la diputada Díaz, suave como la seda y flexible como un traje canastero. En lo orgánico, como Sánchez, la expresidenta trata de normalizar la peor situación posible, que en su caso es personal y que intenta relativizar en su nuevo destino corporativo de jefa de la oposición. Como si nada hubiera pasado en Andalucía o, hace año y medio, en Madrid. Frescura nunca le ha faltado a quien reivindica su proyecto de memoria histórica para que los niños andaluces «conozcan de dónde venimos» -se refiere a la guerra de hace casi un siglo, a Lorca y a la madre de Machado, Ana se llamaba- sin enterarse de ese pasado imperfecto que se llamó Andalucía. Hasta el nombre, y no solo la fiesta regional, habría que cambiarle, como a ese partido cuyas siglas lava Susana con colutorio.

Jesús Lillo.

Redactor.
El de las manos dice «no»

Álvaro Martínez.

Actualizado:

15/01/2019 03:43h.

Era cuando Franco iba a salir de inmediato del Valle de los Caídos; cuando Marlaska iba a quitar las cortantes concertinas de las vallas de Ceuta y Melilla que puso Rubalcaba, «porque el control de las fronteras debe estar ligado a la dignidad humana»; cuando se iban a terminar las «ilegales devoluciones en caliente del PP» y cuando La Moncloa difundía una imagen de las manos de Sánchez que marcaban «la determinación del Gobierno». ¿Recuerdan?...

Por entonces era cuando el recién llegado al poder comenzaba a subirse en el Falcon de la Fuerza Aérea, para ya no bajarse, y montaba un formidable despliegue propagandístico para recibir al buque Aquarius, con más de 600 inmigrantes a bordo. Movilizó entonces un dispositivo sin precedentes con más de 2.300 personas de los servicios asistencial, jurídico, de seguridad y de emergencia, con decenas de intérpretes en lenguas africanas, con mil kits de primera necesidad, con ropa, con reservas en albergues, con trescientas camas desmontables y con quince toneladas de comida. Hubo permisos especiales de estancia, de 45 días, para tramitar las peticiones de asilo, y allí apareció el ministro de Fomento, José Luis Ábalos, a supervisar el festival solidario y retratarse dando la mano a los de la Cruz Roja en el puerto de Valencia. Sánchez iba a arreglar el mundo... y el año terminó con récord mundial de pateras.

Seis meses después se constata que aquello no pasó de ser un ejercicio de propaganda buenista, sin contar con los socios europeos. Fomento ha ordenado a la Capitanía Marítima de Barcelona que bloquee la salida de la ONG Open Arms, dispuesta a seguir trayendo inmigrantes. Ayer, su responsable se fotografiaba en el puente del barco hojeando, con cara larga, el escrito que prohíbe su próxima travesía. Acusa al Gobierno de Sánchez, aquel de las manos determinantes, de «dejar morir a la gente en el mar» y de «hacer lo mismo que hace Salvini» en Italia. Todo ello después de que Fomento incluyera a Open Arms en el dispositivo de Salvamento Marítimo. Ahora Ábalos, el de la foto en el puerto de Valencia, acusa a la ONG de incumplir ocho convenios internacionales con su manera de actuar.

Y entre tanto, las concertinas siguen en las vallas y cada vez que se tercia se echa mano de un vetusto acuerdo con Marruecos para devolver en caliente a los inmigrantes que entran de manera irregular. Y Franco sigue en Cuelgamuros, claro.

Álvaro Martínez.

Redactor jefe.
¿Franco?

Ningún problema de España pasa por la tumba del Valle de los Caídos.

Luis Ventoso.

Actualizado:

11/01/2019 00:33h.

Era para agosto. Pero se resiste. Ha caído Lopetegui, han terminado las temporadas de «OT», «Gran Hermano» y «MasterChef», se ha muerto Aretha Franklin y los chinos han hollado la cara oculta de la Luna. Han sucedido un porrón de cosas. Pero Franco ahí sigue, como metáfora surrealista de la incompetencia de Sánchez, incapaz de cumplir el primero y casi único de sus anuncios programáticos, pues resultó que en España había leyes y derechos familiares. Incluso el Vaticano zurdo de Francisco ha ido toreando al Gobierno con largas cambiadas. Lo cual tampoco resulta muy difícil, pues la vicepresidenta Calvo es faena fácil para una diplomacia tan sutil y astuta como la vaticana, la más legendaria del orbe.

Cuando se murió Franco, hace 43 años, yo tenía once y gastaba flequillo beatle. Mi recuerdo más nítido de aquello es que el autobús que nos llevaba al cole se dio la vuelta y el propio chófer nos anunció que teníamos una semana de vacaciones, con gran alboroto de aplausos y vítores de la chavalada. Sánchez tenía entonces tres años. Poca huella pudo dejar el franquismo en su memoria. Al igual que Sánchez, he pasado toda la vida adulta disfrutando de la formidable democracia del Rey Juan Carlos, Fernández-Miranda y Suárez. Lo siento, pero Franco nunca ha formado parte de mi existencia ni de mis preocupaciones (tampoco Azaña y Negrín, ni el autogiro de De la Cierva, el submarino de Peral o las comedias de Echegaray). La Transición fue un acuerdo para perdonarse y ponerse a trabajar por el futuro. Luces largas y mucho optimismo. Así de bien funcionó. Resulta desconcertante, absurdo, que la revisión de la historia se acometa cuando nada del franquismo pervive en nuestra sociedad y en nuestra política, salvo el énfasis «progresista» en una vendetta imposible contra un mundo ya extinto, con la que intentan camuflar su inanidad programática (en especial en economía).

Mientras Sánchez da la murga con Franco, las preocupaciones reales de muchos españoles son otras. La primera y más elemental, porque es la base de todo: ¿Dentro veinte años seguirá existiendo nuestro país como tal, o degenerará en una suerte de Confederación Ibérica de taifas debido a la lacerante carencia de patriotismo de la izquierda española? Hay más: ¿Cómo se van a pagar nuestras pensiones en un país con una deuda pública de casi el cien por cien del PIB? ¿Qué futuro le aguarda a un país con una pirámide demográfica tan pavorosa? ¿Continuará el magnífico proyecto europeo, que es nuestro único modo de competir en el mundo, o sucumbiremos al simplismo del populismo autárquico? ¿Qué va a pasar con nuestros empleos ante la gran disrupción tecnológica, que ha empezado ya y que en unos años liquidará, por ejemplo, todos los puestos de trabajo relacionados con el volante? ¿Qué vamos a hacer para mejorar nuestra educación y ser más competitivos (y no creo que la solución sea la de la gran Celaá: trabajar menos)? ¿Lograremos integrar a los inmigrantes? ¿Cómo será una sociedad orwelliana, donde los más ricos podrán programar hijos más inteligentes y sanos que los pobres? Ninguna de esas incógnitas pasa por el Valle de los Caídos.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
Y el PP con el ku kus klam
Saludos
Clara te comunico que hago una captura del mensaje y lo remito al departamento de DELITOS TELEMÁTICOS DE LA POLICÍA NACIONAL por si constituyera un ilícito penal.
Rosa «Maria Mateu»

Más que un servicio público, la nueva RTVE es un servicio al sanchismo y su estrategia.

Álvaro Martínez.

Actualizado:

10/01/2019 00:59h.

Rosa María Mateo es la administradora provisional de RTVE. Pero al paso que va la burra en el concurso de méritos organizado en las Cortes es como si la expresentadora, una histórica del ente que ya salía en la tele cuando era en blanco y negro y había carta de ajuste, hubiera llegado para quedarse. Al menos eso parece con las decisiones que están guiando su mandato, como la purga masiva de profesionales, colaboradores y directivos presuntamente no afines a la causa progresista, a los nuevos tiempos en los que, al parecer, con el sanchismo iba «a desaparecer la manipulación informativa de la época del PP». Aunque al tercer telediario de la era Mateo lo que comenzó a desaparecer fue la audiencia: la cadena pública perdió el pasado verano el liderazgo en los informativos que mantenía desde mediados de 2016. Ya no se ven lacitos naranjas contra «la manipulación» y como esto siga así lo que desaparecerán serán los televidentes, igual que desaparecieron de pantalla casi un centenar de despedidos, postergados, arrinconados, degradados o el personal al que se le ha mandado a «hacer pasillos», que es como históricamente en TVE se ha mandado a hacer puñetas a los profesionales caídos en desgracia.

Más que un servicio público, la nueva RTVE es un servicio al sanchismo y su estrategia. Mateo, decidida a echar una mano en la «distensión» en Cataluña, anunció que tiene intención de cuadruplicar las horas que la tele estatal emitirá en catalán, en las desconexiones de la programación nacional, de tal forma que el castellano toma el rumbo que lo mantiene a la deriva en TV3, la cadena del régimen «indepe», donde en vez de lazos naranjas hay lazos amarillos y donde los presentadores te hablan en catalán aunque no entiendas esa lengua. Debates en catalán, informativos en catalán, un magazine en catalán, documentales en catalán, retransmisiones en catalán, películas dobladas al catalán y hasta una serie en catalán, anunció ayer la que ya es conocida como Rosa Maria (así, sin tilde) Mateu, todo en catalán. El resultado será el previsible, que la audiencia de RTVE en Cataluña bajará porque los castellano-hablantes de esa comunidad se irán a una cadena privada donde hablen la lengua que ellos utilizan, esa que la Constitución dice que es de todos los españoles, incluidos los catalanes.

Álvaro Martínez.

Redactor jefe.
COLUMNA.

Por qué gana la nueva derecha.

Los partidos tradicionales han menospreciado el cultivo de las virtudes cristianas o patrióticas.

VÍCTOR LAPUENTE.

8 ENE 2019 - 08:22.

¿Por qué, cuando el capitalismo pasa sus horas más bajas, la izquierda se desinfla? ¿Cómo es posible que, en Europa, exvotantes socialistas voten a la derecha populista, o que, en EE UU, los condados más pobres y contaminados, y, por tanto, que más se beneficiarían de una vigorosa acción de gobierno, opten masivamente por el Tea Party y Trump?

A mi juicio, el secreto del éxito de la nueva derecha es que antepone lo moral a lo material. Los políticos progresistas siguen operando con una mentalidad materialista o marxista, centrada en la explotación económica. Y, sin duda, la globalización y la automatización han precarizado muchos puestos de trabajo. Urge mejorar la capacidad de negociación y los salarios de trabajadores que encadenan míseros contratos temporales. Pero muchos ciudadanos sienten que, con la inestabilidad laboral, no están perdiendo solo bienestar, sino también identidad, el orgullo de formar parte de una idea que les trascienda: su comunidad, su profesión o su fábrica.

La nueva derecha no es marxista, sino weberiana. A diferencia de Marx, Weber creía que el motor del mundo no son los recursos materiales, sino las ideas. Siguiendo esta lógica, la derecha radical no ansía llenar las carencias materiales, sino los huecos existenciales de los votantes.

Vende un nacional-cristianismo excluyente, una ideología simple y peligrosa, pero trascendente. Una meta que supera al individuo. La derecha convencional, desatada de la moral democristiana por neoliberales y Berlusconis varios, abandonó hace tiempo la promoción de valores trascendentes entregándose al materialismo más rampante. Y la izquierda convencional ha dejado de lado su ancestral patriotismo, el ideal de folkhemmet (el hogar del pueblo) sobre el que los socialdemócratas nórdicos edificaron su mensaje de integración social durante décadas. La izquierda es ahora alérgica a la patria. Ya no pide respeto a los símbolos nacionales ni sacrificios, como el servicio militar o civil, que formaban parte del progresismo europeo.

Los partidos tradicionales han menospreciado el cultivo de las virtudes cristianas o patrióticas. Los populismos, nacionalistas o independentistas, se han aprovechado, ofreciendo una versión deformada del cristianismo y el patriotismo. Pero, por incomparecencia del resto de partidos, los votantes ya no tienen otros ideales de trascendencia más inclusivos.

@VictorLapuente.
Me voy a la piltra, hasta mañana si Dios quiere y no pasa nada.

Buenas noches.
Bromas y bromazos.

El PP no debió retuitear el chiste faltón, pero el Gobierno lo ha sacado de quicio.

Luis Ventoso.

Actualizado:

06/01/2019 00:53h.

El humor es uno de los atributos de la inteligencia y en el mundo anglosajón constituye una tarjeta de presentación obligada, el aceite que engrasa las relaciones públicas. En Estados Unidos o Inglaterra resulta improbable que una alocución ante un auditorio arranque sin un guiño humorístico del orador. El sentido del humor sigue vigente en la Cámara de los Comunes, incluso en estas horas irascibles de la locomía del Brexit. Antaño, personajes como Churchill destacaron por sus invectivas envueltas en el animus iocandi. «Winston, estás borracho. Es más, diría que desagradablemente borracho», le espetó en 1946 en el Parlamento la corpulenta diputada laborista Bessie Braddock. Sir Winston replicó así: «Bessie, querida, eres fea. Es más, desagradablemente fea. Pero mañana yo estaré sobrio y tú seguirás siendo fea». Huelga decir que el chascarrillo no pasaría el corte en nuestros días de atosigante corrección política. Hoy Quevedo no podría escribir ni una línea.

En el parlamentarismo y la vida pública española siempre había imperado un agudo sentido del humor. Hasta Franco recurría alguna vez a la ironía burlona («haga como yo, no se meta en política»). Los líderes de la transición eran dados al alivio de los juegos de palabras, los chistes, las anécdotas. Hoy, en cambio, padecemos a la clase política más enfurruñada de nuestra historia. El humor parece proscrito en el Congreso y en las entrevistas (hasta Rajoy, poseedor en privado de una formidable retranca, apenas la sacaba a pasear). Políticos como Rivera se muestran tan forzadamente solemnes que viéndolos a veces piensas que si sonríen les va a doler la cara. Otro tanto sucede con Sánchez, alérgico al buen humor.

Ayer un humorista sevillano grabó en vídeo un chiste viejo, malillo y macabro, que todas las navidades se repite aquí o allá con diversos personajes (el año pasado le había tocado a Rajoy y en Argentina lo han hecho con Macri): «Queridos Reyes Magos, mi cantante preferida era Amy Winehouse, y te la llevaste. Mi actor favorito era Robin Williams, y te lo llevaste. Mi humorista favorito era Chiquito, y también te lo llevaste. Solo te escribo esta carta para decirte que mi presidente favorito es Pedro Sánchez». Un operario torpón del PP lo encontró graciosete y lo subió a las redes sociales oficiales del partido. Al cabo de hora y pico, alguien con más cabeza y jefatura ordenó retirarlo y pedir disculpas. Pero el Gobierno aprovechó raudo la metedura de pata para sobreactuar, con la vicepresidenta Calvo pidiendo desde su casa de Córdoba que la Fiscalía investigase la acción del PP. Hipocresía, una vez más. Sánchez defendió el pasado mayo al rapero Valtonyc cuando fue condenado por sus ofensas, entre ellas, recetar una explosión con nitroglicerina en un bus del PP. Este Gobierno, que presa del culto al líder se rasga las vestiduras ante un chiste malo, es el mismo que tolera impasible todo tipo de salvajadas en las redes sociales catalanas, o el que ha apoyado que se despenalicen las injurias al Rey. El chiste más zafío del día fue en realidad la hipérbole de Calvo con la Fiscalía.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
Entre el pedrismo y el pedrochismo.

Hay personajes en nuestro país que dan una cierta pereza.

Luis Ventoso.

Actualizado:

04/01/2019 01:23h.

Siendo España un país extraordinario, un oasis de buen vivir no reconocido como se debería por sus habitantes, también es verdad que existen situaciones y personajes que dan bastante pereza. Hemos pasado las navidades entre los pequeños ridículos del pedrismo y los del pedrochismo. Ambos personajes tratan de de endilgarnos como modernos unos comportamientos de modé, que en realidad rezuman bastante caspilla.

Salvo el engreído Macron, que hasta dispone de una partida presupuestaria para maquillaje y peluquería, hoy la mayoría de los mandatarios europeos se pagan sus vacaciones y se comportan en ellas como personas privadas (con la excepción de la presencia de la obligada escolta de seguridad). May suele irse con su marido a caminar por los Alpes, en viajes particulares sin alardes. Lo mismo hace Merkel, que en verano acostumbra a elegir algún hotel de la Costa Amalfitana. El presidente de Irlanda se acaba de subir a un avión de bajo coste de Ryanair y ha venido a Canarias a despedir el año al sol, como un turista norteño normal. En ese contexto de proximidad al ciudadano resultan rancios los gustos de nuestro Sánchez, adicto al avión oficial, a los palacios de Estado y a ocultar al contribuyente el precio de su súbita afición al lujo costeado por los impuestos ajenos. Sánchez ha adoptado todos los tics del nuevo rico. Intenta disfrutar al máximo de un boato que está descubriendo y que teme que no le dure. Repasando su agenda internacional, tan hiperactiva como magra en resultados, a veces cunde la sensación de que le estamos pagando una segunda luna de miel (¿qué aporta exactamente su mujer en todos esos viajes oficiales más allá de contribuir a la colección de selfies de la familia Sánchez-Gómez?). Una persona que ha ordenado trasladar obras del Palacio Real a la mansión de Estado de Lanzarote para sentirse a gusto en unas cortas vacaciones revela que se le ha subido el pavo, y de una manera que contrasta poderosamente con sus homilías igualitarias para todas y todos.

Y del pedrismo, al pedrochismo. «Eres muy grande. Vanguardia sobre las reglas preestablecidas», escribe en las redes sociales el cocinero michelín Muñoz para ensalzar el heroico hecho de que su mujer, la presentadora Pedroche, dio las campanadas de Fin de Año ataviada con un bikini de flores. Nada más facilón, camp -y anti feminista- que buscar fama enseñando un poco de cacha. El márketing carnal es tan antiguo que han pasado ya cuarenta años desde que una voluntariosa vedete, Susana Estrada, esgrimió teta en un acto público junto a Tierno Galván para buscar su cuarto de hora de gloria. El mordaz alcalde, que observaba el alarde con terno cruzado y mirada picarona, se limitó a darle un irónico consejo de salud: «No vaya usted a enfriarse».

El pedrismo y el pedrochismo comparten mucha fachada, mucho chafardeo y poca sustancia. Mentalidad Instagram para días de usar y tirar.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
La diligencia.

La España vacía tiene mucho que ver con la asimetría de equipamiento surgida de una política sin proyecto estratégico.

Ignacio Camacho.

Actualizado:

03/01/2019 00:24h.

Ese tren extremeño es una burla hiriente, vejatoria, contra la cohesión de España. Y hasta contra las leyes de la física mecánica, porque apenas hay diferencias entre cuando está parado y cuando anda. El modelo de desarrollo a dos velocidades que quiso impedir la estructura autonómica, ahora tan denostada, aún rige en buena parte de la organización ferroviaria. Existe un AVE rutilante, prototipo tecnológico de nación avanzada, que convive con vetustos trenes del siglo pasado, si no del anterior, en muchos trayectos de media distancia. Una ciudad de un cuarto de millón de habitantes como Granada ha estado tres años sometida por pura incompetencia a una incomunicación sádica. El despliegue de la red puntera, que es un acierto incuestionable, sólo tiene sentido combinado con un sistema racional de escala mediana. El contraste chirriante entre regiones modernas y atrasadas proyecta una idea de desigualdad discriminatoria que genera entre la población preterida una amarga sensación de desconfianza. El esfuerzo de equilibrio territorial que propició el ingreso en la Europa comunitaria se ha descompensado en los últimos años de forma clara. Hay un país hiperconectado, con ferrocarriles rápidos, aeropuertos de última generación y banda ancha, y otro sumido en la soledad y el aislamiento de las viejas sociedades agrarias. La llamada «España vacía» tiene mucho que ver con esa asimetría de equipamiento generada por una política sin previsión estratégica y atenta sólo al relumbrón y la propaganda.

El caso de Extremadura es el paradigma de esa dualidad dramática. La modernización de su ferrocarril quedó supeditada al AVE a Lisboa, una idea de vertebración transnacional tan brillante como necesaria. Pero Portugal canceló su parte del proyecto y la comunidad se quedó descolgada, o más bien colgada de un transporte primario, lento, infradotado, impropio de la civilidad contemporánea. Una suerte de diligencia desvencijada, pero no como la de John Ford sino como aquella en que Groucho aprovechaba el traqueteo para saltar sobre el regazo de las damas. Entre la nada y el todo, ha salido nada; nadie se ha ocupado de sustituir la fallida alta velocidad por una línea de prestaciones sensatas. La utilidad social de la inversión ha sido desestimada en un cálculo cínico de rentabilidades inmediatas. Y como los extremeños no formulan delirios victimistas ni reclamaciones identitarias, como los gobierna un tipo razonable como Fernández Vara, como no fomentan la desafección ni cuestionan la unidad de la patria, continúan atrapados en un bucle de abulia insolidaria que da la razón a quienes piensan que en este país sólo progresan los que saben convertir su problema en una causa. Y si tardan, como el otro día, ocho horas de Badajoz a Madrid, les piden una disculpa de protocolo sin darles siquiera las gracias por aguantarse las ganas de armar una asonada.

Ignacio Camacho.

Articulista de Opinión.
La picadora.

A algunos les vendría bien el «memento mori» de los romanos.

Luis Ventoso.

Actualizado:

02/01/2019 09:06h.

Cada año, personas que eran parte del paisaje se van para no volver. Cualquier repaso somero de la lista de caídos siempre impresiona un poco. En 2018 bajaron el telón tres reinas de la canción (la del soul, Aretha Franklin; la gran diva de la ópera Caballé y la penúltima señora de la canción española, Dolores Pradera). También se acabaron las viñetas de Forges, las películas de Bertolucci, el viejo Nuevo Periodismo de Tom Wolfe y las elaboradas novelas de Philip Roth. Murió un expresidente de EE. UU., Bush padre, y Stephen Hawking, que llevaba décadas driblando a la parca con gracia y valor, esta vez no lo logró.

Pero al margen de las físicas, que son las únicas graves, porque no tienen enmienda, están también las pequeñas muertes civiles: personas en puestos de relumbrón que súbitamente pasan a ser ciudadanos de a pie. De repente cotizan por lo que personalmente valen, sin el plus del cargo, y el móvil enmudece. Si viajamos a la España política de finales de 2017 y la comparamos con la de este arranque de 2019 queda patente lo frágil de la posición de todo político, aunque algunos creen levitar. A finales de 2017, Rajoy parecía consolidado tras parar el golpe catalán con el 155. Soraya seguía siendo la mujer con más poder de España y se jactaba de controlar todos los engranajes de la Administración (y a bastantes periodistas). Cospedal, sobrecargada de tareas, compatibilizaba el PP con un ministerio, como si el mundo no pudiese rodar sin ella. Cifuentes vivía su particular cuento de la lechera y confundiendo ambición con talento hasta se veía sucediendo al viejo Mariano. Susana Díaz seguía siendo un contrapeso importante en el PSOE y una carta de futuro. Carolina Bescansa intentaba lanzarle un pulso a Iglesias, ignorando que en los partidos leninistas solo cabe un Lenin, que siempre gana (y purga). Puigdemont soñaba con seguir dirigiendo Cataluña a la fuga y por guasap. Junqueras se creía el Moisés del separatismo, el que trola a trola llevaría al pueblo elegido a la tierra prometida republicana. Anna Gabriel, cupera intrépida y desaliñada, aparecía como perejil de cada esperpento del Parlament. Hoy todos están fuera de juego.

Como antídoto contra el mal de ego, los antiguos romanos recomendaban a sus héroes y líderes el lema «memento mori», recuerda que morirás. Los generales victoriosos entraban en Roma con un siervo a sus espaldas susurrándoles esta salmodia: « ¡Mira hacia atrás y recuerda que solo eres un hombre!». La taquicardia digital ha acelerado los tiempos políticos, a veces hasta la histeria. El kilo de líder caduca más rápido que las latas de bonito. Unos jamás han aprendido a aterrizar en la normalidad después de tocar púrpura (véase a Aznar, todavía reconcomido por dejar el poder hace dos décadas). Otros supieron entender que pasó el día y pasó la romería (el flemático Rajoy). Alguno, todavía en ejercicio, piensa que con ÉL ha arrancado una nueva era y ordena engalanar palacios canarios de reyes para pasar unas simples mini vacaciones navideñas. Será de los que sufran al volver a coger un taxi. Y vista la cascada de éxitos, no lo hará tarde...

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
TRIANA. En este artículo periodístico menciona la calidad de la educación. La cuadratura del círculo. Esa es la batalla que hay que ganar: Enseñanza y educación. Por supuesto, la despoblación de pueblos españoles. Vamos hacia atrás. Si no paramos la despoblación condenamos a su destrucción. Mi pueblo que hace años bullía con una población alegre, dudo mucho que a las tres de la madrugada ande alguien por las calles, claro está, no hay gente. Y ahora que no nos lee nadie te diré que cuando a mi pueblo, ... (ver texto completo)
Ángel, totalmente de acuerdo con lo que dices, enseñanza y educación DOS cosas muy importantes que al paso que vamos no se donde llegará, igualmente un grave problema es la despoblación de pueblos cada día queda menos gente y todos "arrean" hacia la capital pero nadie se preocupa de ello, como dice el articulista solo se discute de Cataluña y los independentistas.

ÁNGEL QUE TENGAS UN ¡FELIZ AÑO NUEVO! Y QUE PARA EL PRÓXIMO 2019 SIGAMOS PARTICIPANDO EN ESTE FORO.
Un simple deseo para 2019.

Una minoría no puede seguir amargando la vida de una inmensa mayoría.

Luis Ventoso.

Actualizado:

31/12/2018. 10:25h.

La Nochevieja es tiempo de buenos propósitos y anhelos para el año entrante. Ahí va uno muy simple para nuestro país: una minoría no puede seguir amargándole la vida a una inmensa mayoría.

Desde hace cinco años estamos dilapidando enormes energías en un desafío que en realidad está sobredimensionado. España, una próspera nación del primer mundo de 47 millones de habitantes, se encuentra cortocircuitada por la pataleta egoísta y retrógrada de 2,5 millones y pico de catalanes y unos 600.000 vascos. Es decir: poco más de tres millones de personas, obcecadas en que son superiores a sus vecinos, están marcando día tras día la agenda política de los 44 millones de españoles restantes, que tienen que soportar una cantinela victimista que no se corresponde con la realidad de esas regiones, una monserga de mentiras y lamentos que a estas alturas resulta absolutamente insufrible.

La situación no es inocua, hace mucho daño al país. No se trata tan solo del desgaste psicológico de soportar el insulto diario de quienes caricaturizan a España como un lugar oscuro y tardofranquista, donde las libertades son reprimidas e impera un casticismo cejijunto y atrasado. El problema añadido es que esas ofensas castigan nuestra prosperidad. La campaña separatista está dañando la imagen exterior de España (en parte por la parsimonia de nuestra diplomacia). Un país fabuloso, seguro y avanzado, lleno de gente trabajadora y bien preparada, está perdiendo atractivo a ojos del capital global y de los grandes actores políticos mundiales. La minoría separatista ha logrado transmitir la idea de que somos un destino complicado, donde todo puede acabar mal. Esa campaña detrae inversiones (la primera máxima del dinero es que es miedoso) y consume energías que deberían destinarse a mejores fines.

En España no hay un debate político profundo sobre la calidad de la educación, cuando es la herramienta que va a marcar el futuro del país. En España no se aborda el pavoroso problema demográfico, ni el de la deuda pública, ni el de la despoblación acusada de todo el Noroeste o el perenne retraso del Sur. En España no nos preparamos para las inminentes amenazas y oportunidades que suscitará la inteligencia artificial. En España no se habla de la devaluación salarial y de la penosa productividad laboral que tenemos. En España ya no se discute de nada que no sea Cataluña (y de cuando en vez algún globo sonda hiriente del PNV y Bildu). En España contamos con un presidente cuya primera máxima es lisonjear a los separatistas para que lo mantengan un mes más en el poder. Por su parte, la oposición se ve forzada a dedicar toda su atención a vigilar a ese gobernante oportunista para que no incurra en graves deslealtades. En España Tardá y Torra salen en TVE más que el Rey. En España existe un hartazgo enorme, profundísimo, que el próximo año se va a visualizar en espectaculares revolcones en las urnas, porque el país de los 47 millones necesita decir basta y dejar de ser maniatado por una minoría de tres.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
TRIANA. Buen artículo de Ignacio Camacho. Desde luego, tenemos una España que pega cada bandazo que hace temblar las instituciones democráticas.

Un saludo.
Ángel, así lo veo yo también, ya sabemos todos que los políticos son capaces de cualquier cosa por conseguir estar en el poder, esto ha sido siempre así y seguirá lo mismo, al fin y al cabo todo es una pura rutina, cada uno va lo lo suyo y los demás se arrima al sol que más calienta.

Un saludo y buena mañana.
Orejeras.

Para estigmatizar los pactos con Vox con un mínimo crédito, el Gobierno tiene que mirarse antes en el espejo.

Ignacio Camacho.

Actualizado:

27/12/2018 02:40h.

En Andalucía, y tal vez pronto en España entera, el PSOE va a tener un serio problema para satanizar los pactos del centro-derecha con Vox mientras el Gobierno tiende puentes a toda clase de fuerzas enemigas de la Constitución, de la Corona, de la integridad territorial y hasta del sistema. Ese doble rasero es demasiado tosco para cualquiera que no enjuicie la política con lo que Vargas Llosa llamó un sectarismo de orejeras. Podrá funcionar entre los más irreductibles como primario argumento de autodefensa pero no alcanza para armar nada parecido a una estrategia. Incluso es difícil que los propios barones socialistas se lo crean porque ellos han sido los primeros en denunciar las peligrosas alianzas de su líder, aunque lo hayan hecho con la boca pequeña. Se saben presos de la evidencia de que su partido está en el poder por una componenda con la extrema izquierda, los separatistas catalanes y los herederos de ETA. Esa circunstancia resta todo crédito a sus quejas. Y no van a encontrar en Vox una propuesta más radical que las del bloque en que el presidente apoya su voluntad de permanencia.

Nadie puede, por ejemplo, acusar a la nueva formación derechista de xenófoba sin soslayar que entre los dirigentes públicos actuales no hay ninguno más xenófobo que Torra, al que Sánchez, tras compararlo con Le Pen, acaba de extender una alfombra. Nadie tiene derecho a anatematizar la intención de acabar con la España autonómica mientras los socios preferentes del Gabinete reclamen con naturalidad la autodeterminación de las regiones españolas. Nadie está en condiciones de reclamar el aislamiento de una facción incómoda al tiempo que predica el diálogo con otras que se han saltado las más elementales normas. El bando constitucionalista se ha encogido porque los socialdemócratas lo han abandonado de manera poco decorosa y ese desplazamiento voluntario provoca un clima político de tensiones antagónicas. Fue una decisión deliberada y lo que no vale ahora es culpar sólo al adversario de haber quebrado la concordia.

Claro que sería mucho mejor recuperar el consenso, ampliar los espacios de la moderación, de la responsabilidad y del mutuo respeto, frenar el creciente auge de los discursos extremos. Pero ése es un esfuerzo que requiere predicar con el ejemplo, cerrar el paso a los populismos inflamados, devolver el eje del debate a una posición ecléctica de centro en la que siempre se ha reconocido la mayoría del pueblo. Es decir, justo lo contrario de lo que este presidente está haciendo al buscar el respaldo de los secesionistas y de Podemos. La aparición de Vox no es más que una consecuencia previsible de ese modelo: una respuesta drástica, de hartazgo y de contrapeso, a esa escalada intencional de enfrentamiento. Y para estigmatizarla con una cierta autoridad moral, con una mínima ecuanimidad de criterio, hay que mirarse antes en el espejo.

Ignacio Camacho.

Articulista de Opinión.
Más impostura.

Prohibido decir «Navidad», o destacar el deber constitucional del Ejército.

Luis Ventoso.

Actualizado:

26/12/2018.

ES admirable el servicio que presta la Unidad Militar de Emergencias ante incendios forestales y todo tipo de catástrofes. Salvan muchas vidas y todos les estamos agradecidos por su esfuerzo, con frecuencia heroico. También nos congratula la labor que desempeñan los militares españoles en relevantes y arriesgadas misiones de paz en el extranjero. Sin embargo, nuestra nación no se dotó de un Ejército para apagar fuegos en los montes, ni para contribuir a la pacificación de otros países u organizar vistosos desfiles. En su artículo 8, la Constitución establece de manera clara y sucinta cuál es la razón de ser medular de nuestras Fuerzas Armadas, que no es otra que «garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional».

Por eso todo sonó a impostura en la videoconferencia de Sánchez con los militares españoles, empezando por felicitarles la Navidad negándose a emplear esa palabra y terminando porque se trata de un presidente sostenido por partidos que atacan la integridad territorial de España y su Constitución. El término Navidad está proscrito en la jerga progresista de Sánchez, que con los ejércitos optó por los eufemismos «estos días» o «en estas fiestas» para no decir Navidad, Pascua o Nochebuena (quién sabe, tal vez esto de la Navidad sea el enésimo invento del siempre revoltoso Franco...). Es perfectamente respetable que Sánchez sea ateo, por supuesto. Pero un presidente de España no puede permitirse censurar la palabra «Navidad» porque a él no le guste, dado que gobierna un país mayoritariamente católico (casi el 70%). Huelga decir que si Sánchez estuviese dirigiéndose a la población musulmana con motivo del Ramadán no tendría problema alguno para repetir ese término hasta el empalago.

La deslealtad de Sánchez ha llegado al extremo de que nos ha ocultado que en su reunión con Torra, el pasado jueves, el mandatario catalán le entregó un documento con 21 exigencias, entre ellas, la autodeterminación -léase independencia- y la petición de mediadores internacionales para impulsarla. Los españoles teníamos derecho a que nuestro Gobierno, que habla profusamente de lo divino y lo humano, nos informase de que se le plantearon demandas inconstitucionales. Pero solo lo hemos sabido porque Torra lo cantó ayer.

En 2014, Sánchez abogó por suprimir el Ministerio de Defensa, como recuerdan las inclementes hemerotecas. Es cierto que Carmen Calvo, portento emergente de la metafísica, ya ha dejado claro que el Sánchez candidato y el Sánchez presidente son dos Sáncheces diferentes. Pero incluso así, resulta un poco hipócrita que busque una foto navideña con un estamento del que renegaba hace solo cuatro años (aunque bienvenida sea la rectificación). En la videoconferencia, Sánchez elogió las misiones de paz y se felicitó de la incorporación de la mujer al Ejército. Pero soslayó lo crucial: los militares están ahí para defender la nación, su unidad y su Constitución. La videoconferencia se convirtió en juegos florales para no hablar del incómodo elefante invisible que deambulaba por la habitación: un presidente rehén del separatismo para perdurar en el poder.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
La memoria histórica del Rey.

Me pareció Don Felipe tan solo como están en Cataluña los que defienden la Constitución.

Antonio Burgos.

Actualizado:

26/12/2018 00:29h.

Malos tiempos corren cuando la proclamación de lo obvio se convierte en noticia y, a veces, en acto heroico. Los que corren en España. No sé ustedes, pero yo le vi ese convencimiento al Rey en su mensaje de Navidad. ¿Por qué se tuvo que morder la lengua, en la prudencia que es hábito del oficio, y no pronunciar la palabra «Cataluña»? No, por el gesto. Hasta por las nieves del tiempo que vemos cómo van plateando su sien y sobre todo su barba. Me conmovió esta Nochebuena el Rey con su mensaje por lo que, al hilo de sus palabras, se traslucía: su soledad. Ya estas cosas tan obvias sólo las dice el Rey; los partidos las callan por políticamente incorrectas o por pasteleo interesado para que quienes no las tienen en cuenta los sigan manteniendo en el poder... en el poder ir de vacaciones de gañote a Doñana y luego al palacio de La Mareta de Lanzarote. (Ir allí en estas fechas precisamente es una desfachatez: profanar el lugar donde murió tras una Nochevieja la abuela de nuestro Rey, la Condesa de Barcelona.)

Aparte de que las rojas flores de Pascua me hicieron pensar en una maceta igual que a modo de cortafuegos fue colocada urgentemente en cierto rincón del Palacio de Pedralbes (otro sitio real profanado), me pareció que Don Felipe, en su mensaje, estaba tan solo como lo están en Cataluña los que defienden la concordia de la Constitución. Y se le notaba que estaba dando amparo a esos españoles de Cataluña que defienden la Constitución en tierra extraña. Que ya hay que rizar el rizo de las incoherencias y de los absurdos que sea poco menos que un acto heroico la defensa de la Constitución en un territorio del Reino de España. Oyendo al Rey vi la carga de profundidad de sus palabras para los que, por jóvenes, no han reconocido las fatiguitas que le costó a su augusto padre renunciar a todos los poderes absolutos de la dictadura y «marchar juntos y yo el primero por la senda de la Constitución», para devolver la soberanía al pueblo y restaurar, con la Monarquía, la libertad y la democracia. Oyendo al Rey me acordé del niñato que va en las manifestaciones de tonto de la bandera republicana y dice:

-Yo no acepto la Constitución del 78 porque no la voté, y pido un referéndum sobre la Monarquía.

Diré como el mozo de escuadra constitucionalista ya famoso con su frase sobre la República: «Naturalmente que no la votaste, idiota». Como los actuales norteamericanos no votaron la Constitución de los Estados Unidos. Eso sí que fue la memoria histórica de Don Felipe. El recital de memoria histórica de la buena, de la chachi piruli, no de la de «el rencor y el resentimiento», la revancha y las dos varas de medir, de su mensaje. Recordó algo absolutamente revolucionario y que conviene que las nuevas generaciones sepan: que no podemos cargarnos el espíritu de reconciliación y concordia que supuso la Constitución de 1978, a la que conmemoraba, como cuarentona que es ya. Me quedo con tres pasajes de esta heroica proclamación de lo obvio, mordiéndose como estaba la lengua para no decir «Cataluña». Primero: «La convivencia es incompatible con el rencor y el resentimiento, porque estas actitudes forman parte de nuestra peor historia y no debemos permitir que renazcan». Segundo: «La convivencia exige el respeto a nuestra Constitución; que no es una realidad inerte, sino una realidad viva que ampara, protege y tutela nuestros derechos y libertades». Tercero: «La convivencia es el mayor patrimonio que tenemos los españoles. La obra más valiosa de nuestra democracia y el mejor legado que podemos confiar a las generaciones más jóvenes; y, por ello, debemos evitar que se deteriore o se erosione; debemos defenderla, cuidarla, protegerla; y hacerlo con responsabilidad y convicción». ¡Toma ya memoria histórica de los collons, idiota!

Antonio Burgos.

Articulista de Opinión.
Fiabilidad cero.

¿Dejaría usted su seguridad en manos del alegre populismo?

Luis Ventoso.

Actualizado:

24/12/2018 00:49h.

Tal y como advierte el seco, sabio y veterano Clint Eastwood en una de sus películas, en el mundo real hay lobos y ovejas, y las ovejas necesitan pastores que las protejan de los lobos. El aeropuerto londinense de Gatwick ha estado dos días cerrado porque se cree que alguien -todavía no se sabe quién- hizo volar un dron, o varios, en la ruta de despegue y aterrizaje de los aviones. La incidencia dejó en tierra a 140.000 viajeros a las puertas de la Navidad. No es un caso totalmente nuevo. En otros aeropuertos europeos se han dado situaciones de riesgo, con artefactos dirigidos a control remoto que han pasado muy cerca del fuselaje de algún avión y que podrían haber provocado un gravísimo accidente. Las Fuerzas de Seguridad británicas ya estudian la instalación de un sistema de defensa de patente israelí que interrumpe la conexión entre el dron y su operador.

No hay que ser ningún experto en lucha antiterrorista para llegar a una conclusión evidente: en manos de terroristas, los drones pueden constituir un arma temible. E intentarán utilizarlos, porque son relativamente baratos y porque a día de hoy las inmediaciones de algunos aeropuertos distan de estar bien protegidas. Hay lobos, y si no queremos sufrir atentados de una escala nueva y terrible harán falta pastores. El ataque en Estrasburgo de un tirador que juró fidelidad a Daesh nos ha recordado de forma dramática que su amenaza sigue viva (y más cuando Trump se va a retirar sin haber acabado de erradicar la milicia yihadista). «The Sunday Times» publicó ayer un reportaje de investigación advirtiendo que Al Qaida tampoco duerme, que tras el repliegue por la muerte de Bin Laden se está reorganizando para retomar los atentados de eco planetario.

Pero la batalla por nuestra seguridad no solo se libra en el mundo físico. Internet es tan real como vida y ahí se suceden los robos de datos, los jaqueos, los cíber-robos... Y no se trata tan solo de criminales particulares. China y Rusia son muy activas contra los intereses occidentales en este frente virtual. La injerencia rusa llegó hasta las propias elecciones estadounidenses. El Departamento de Justicia de EE. UU. acaba de acusar a piratas chinos de ataques contra la Nasa, la Marina norteamericana y numerosas empresas. La UE también ha sufrido penetraciones reiteradas en sus redes y está todavía muy mal protegida.

Pues bien, de todos estos riesgos reales, que pueden poner en jaque en cualquier momento nuestras vidas, jamás escucharán hablar a tardo adolescentes como Iglesias, a su mujer y número dos, Irene Montero; Garzón, Tardà, Rufián, los plomos nacionalistas de guardia y los abajo firmantes. Por su parte, los cerebros ministeriales de Sánchez están más preocupados por la terrible amenaza que suponen las corridas de toros, la caza y los restos de Franco. ¿Dejaría usted la seguridad de su familia en manos de Iglesias e Irene Montero? ¿Encargaría la defensa de España en el ciberespacio a Albertito Garzón?

Ayer el Departamento de Estado de EE. UU. advirtió sobre riesgo de atentado en las Ramblas estas navidades. ¿Alguien en su sano juicio encargaría el dispositivo antiterrorista a un tipo del perfil de Torra?

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
Afrentas y secretos.

Sánchez bate récords en humillar a España y a los españoles.

Hermann Tertsch.

Actualizado:

21/12/2018 01:39h.

La mayoría de los españoles saben que Pedro Sánchez ha ido a Barcelona a escenificar la humillación de España que la Generalidad golpista añora desde hace años. Y que solo lo hace para poder prolongar su sistemático abuso de poder y beneficiarse personal y familiarmente de su posición, con obsceno desprecio a la opinión pública española y en ausencia del mínimo decoro. El inverosímil jefe de gobierno por obra y gracia de todos los extremistas, golpistas, separatistas y comunistas del Parlamento, aparte de la impagable ayuda de Mariano Rajoy, tiene tanta osadía como falta de escrúpulos y vergüenza. Es inmune al pudor ante el escándalo que generan sus actos inapropiados e impertinentes en la sociedad española. Con su señora y su vicepresidenta, pisotea las formas y el fondo, el protocolo, el buen gusto y las buenas costumbres como las reglas más elementales de la cortesía.

Pero la agresividad de su desprecio va mucho más allá. Ha declarado secreto de Estado el sueldo que percibe su mujer por una tarea fantasmal en el Instituto de Empresa. Es secreto el coste de su viaje en helicóptero a la boda de su cuñado. Es secreto el coste de su inaudito vuelo en Falcon a su juerga playera en un concierto en Castellón. Es secreto de Estado todo aquello que perpetra en flagrante abuso para beneficio privado. No se sabe cuánto costarán al contribuyente estas jornadas vergonzosas de humillación nacional ante delincuentes reincidentes. Sánchez les regala esta batalla en su guerra contra la unidad de España, contra la Constitución y la Monarquía, contra el orden público, la seguridad de los barceloneses y el futuro de todos los españoles.

Pero por muchos miles de policías que acumularan ayer y hoy en Barcelona no costará lo que va a suponer el restablecimiento de la ley en Cataluña y el resto de España, que tendrá que acometerse cuando Sánchez y sus ninfas ultras hayan sido desalojadas por el pueblo español de los cargos y despachos que nunca debieron tener. Las autoridades golpistas en la Generalidad sabían que podían esperarlo todo de un hombre que no respeta nada de lo que juró defender, al que traiciona y deja en inferioridad permanente su ansiosa obsesión por mantenerse en un poder ya totalmente precario y deslegitimado.

Pero la infinita afrenta a la dignidad nacional que perpetra entre ayer y hoy Sánchez en Barcelona es al menos escandalosamente pública e insoslayable. Hace unos días, el jefe de gobierno cometió otra agresión gravísima contra los intereses de España e hipotecó innecesariamente a la nación al firmar en Marraquech un Pacto Migratorio de la ONU cuyo único objetivo real es desarmar a los estados occidentales frente a una inmigración ilegal desde los países pobres. Una inmigración ilegal que inmuniza y promociona de mil diferentes maneras. Sánchez lo firmó sin un minuto de debate en el Parlamento. Son decenas los gobiernos que en defensa de su soberanía y de la seguridad de sus ciudadanos han rechazado de plano este Pacto Migratorio disparatado, desde los tres grandes EE. UU., China y Rusia a Austria, Hungría, Italia, Suiza y muchos otros occidentales. El doctor Sánchez ha firmado sin consultar un pacto que compromete gravemente a España. Muy de acuerdo con las directrices de George Soros, ese especulador financiero que vuelca sus multimillonarios beneficios en la manipulación globalista, promoción del multiculturalismo para dinamitar las naciones europeas y desestabilización de las democracias que se resistan a sus pretensiones. Soros fue la primera visita extranjera que recibió Sánchez al llegar a La Moncloa. Lo hizo en secreto. El contenido de su encuentro sigue siendo tan secreto como el salario de la señora «africanista» en el Instituto de Empresa.

Hermann Tertsch.

Articulista de Opinión.
¿Es Barcelona o es Kandahar?

«Apretad, hacéis bien en apretar», dijo Torra un día a los CDR. Y dicho y hecho, desde entonces no han parado.

Álvaro Martínez.

Actualizado:

20/12/2018 01:22h.

asi 1.300 antidisturbios desplegados; 200 guardias civiles repartidos también por sedes estatales e infraestructuras básicas en Cataluña; siete itinerarios de evacuación por si hay que sacar de allí, a la carrera, a los ministros y varios anillos de seguridad para protegerlos de los CDR de Torra cuando habiten el edificio de La Lonja… Ahí es donde ha ido a parar la estrategia de diálogo abierta por Sánchez con los separatistas catalanes, ese vendaval de sonrisas con el que el llamado «Gobierno bonito» iba a terminar con la crisis en Cataluña porque, a su juicio, parte de la culpa de que se haya llegado a este punto la tenía aquel malvado Mariano y su presunta mano dura. Menos mal que con la llegada del estadista de Tetuán a La Moncloa, con cajas y cajas de ibuprofeno, la cosa se iba a desinflamar (Borrell dixit) y España recuperaría la política «decente».

Pues parece que no. Los datos del despliegue policial previsto para que el Gobierno de España se pueda reunir con seguridad en una ciudad de España invitan a la depresión. Más parecen las medidas que uno intuye en cualquier reunión del Ejecutivo afgano en Kandahar, con los talibanes merodeando amenazantes por la zona y anunciando que van a reventar el evento. Pero no, esto va a ocurrir en Barcelona, donde la banda del lazo ha organizado una jornada de furia «indepe» que incluye un detallado plan para paralizar la capital catalana y dejarla aislada, con distintos actos de sabotaje a las comunicaciones por carretera o ferroviarias en las órdenes de «combate».

«Apretad, hacéis bien en apretar», dijo Torra un día a los CDR. Y dicho y hecho, desde entonces no han parado. Amenazantes, han bordado el papel de matoncetes del «procés», esa especie de guardia de corps de aquella republiquita interrumpida que fundó Puigdemont. Ayer, cuando Arrimadas le pedía explicaciones de la violencia desplegada por estas brigadas que mañana amenazan con tomar la calle, Torra se puso hecho una hidra, sulfurado, al grito de « ¡mentira, mentira!», incapaz de ver la realidad, su cochambrosa obra política que hace que hoy no sepamos bien si estamos en Barcelona o en Kandahar, en manos de talibanes con barretina.

Unos 1.300 antidisturbios, ¡1.300!, para que el Gobierno de España pueda reunirse en España, cuando el número mágico es el 155. Lo está bordando el doctor con sus sonrisas. [españa]

Álvaro Martínez.

Redactor jefe.
El sitio de los golpistas.

Atentar contra la unidad de España, como hizo la cúpula de la Generalitat, ha de ser normalizado como inocente atavismo de un pueblo que en días de fiesta sabe disfrutar a lo grande para contárselo al mundo.

Jesús Lillo.

Actualizado:

19/12/2018. 01:28h.

Lo que pasa en Cataluña se queda en Cataluña. No es el eslogan del tráiler de «Resacón en Lloret de Mar», sino el argumento de la defensa de los imputados por el golpe separatista para quitarse de en medio al Tribunal Supremo y trasladar el juicio a Barcelona. Según su versión, aquello no pasó de ser una cosa de andar por casa, una muestra de localismo que entre tractores, pantallas gigantes y alcaldes engorilados se queda en el folclore de cada uno, en una desinhibida exhibición de cultura regional, como el que quema un contenedor para hacerse unos calçots. Ante el juez Manuel Marchena y durante la vista de los artículos de previo pronunciamiento celebrada ayer en el Supremo, los letrados de los cabecillas del procés trataron ayer de quitarle importancia geográfica a la insurrección del año pasado. Lo dicen quienes desde el primer momento planificaron su golpe al Estado como una campaña de alcance global, maquinada desde y para el extranjero a través de las redes sociales, con un sistema de voto habilitado en las delegaciones exteriores de Cataluña y amplificada por un lobby de pago y por los observadores internacionales que se sumaron a una función que desde el primer momento fue subtitulada para conocimiento y estremecimiento internacional. Ayer mismo ficharon a Ai Weiwei, muy de la tierra, como Yoko Ono, otra musa local que se apuntó al bombardeo y la tómbola. Karmele nunca estuvo sola.

A las duras y las maduras, las obsesiones identitarias del nacionalismo se manifiestan a través de un movimiento de sístole y diástole cuya fase expansiva sirve para exagerar cualquier hecho diferencial y cuyo estadio contractivo permite limitar las consecuencias de sus actividades ilícitas al ámbito doméstico. Practican y financian el victimismo universal con balcones a la calle e internet, pero luego reculan y aseguran que sus charlotadas no tienen recorrido más allá de las fronteras regionales que aparecen en sus manuales de estudio.

Atentar contra la unidad de España, como hizo la cúpula de la Generalitat, ha de ser normalizado como inocente atavismo de un pueblo que en días de fiesta sabe disfrutar a lo grande para contárselo al mundo. Incluso el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, donde los golpistas quieren ser evaluados, le viene grande a lo que no pasó de ser la astracanada otoñal de cuatro cierrabares. En un buen juzgado de paz se suelen ventilar estas cosas de verbena y desfase, pero son precisamente las fronteras que tanto inquietan y afligen al nacionalismo las que van a determinar que finalmente se sienten en el banquillo del Supremo, el mismo tribunal que, a las malas y las bravas, con tractores y alcaldes en vez de abogados, quisieron quitarse de en medio y para siempre.

Jesús Lillo.

Redactor.
Esa tropa.

Se ha colado en política gente que directamente no da la talla.

Luis Ventoso.

Actualizado:

17/12/2018 01:36h.

Nn la resaca de la crisis muchas personas votaron espoleadas por un reflejo primario de rabia: «Ahora se van a enterar». Convirtieron su voto en un arma arrojadiza para propinarle una patada al sistema. La devaluación de los salarios, la crecida del paro, la lamentable concatenación de escándalos de corrupción del PP y la prédica constante de las televisiones al rojo vivo propiciaron un voto protesta al partido neocomunista Podemos y sus franquicias regionales. En realidad esas opciones no ganaron las elecciones. Pero el sectario cordón sanitario del PSOE contra el PP brindó el poder de algunos ayuntamientos a las fuerzas populistas antisistema. El resultado es que están ocupando cargos públicos muchas personas que simplemente no saben hacer la o con un canuto. Epítome de tan aparatosa incompetencia es la alcaldía de Madrid, ocupada por una amable señora «progresista» de buena burguesía, que en la práctica no ha hecho más que ensanchar unas aceras y molestar a los conductores con un plan de peatonalización que en realidad no ha llegado a implantar. Hasta septiembre, último dato conocido, Carmena solo había logrado ejecutar el 18,4% del presupuesto, la herramienta que mide la acción de un gobierno. Sobredosis de cháchara buenista y paupérrima cosecha. Eso sí, sonríe mucho y envuelve sus disparates dialécticos en un cordial soniquete abuelil que le da votos.

A nuestra izquierda nacionalista y antisistema le falla el casting. Han introducido en la vida pública a personas que no están cualificadas para sus cargos. Lídia Senra, de 60 años, es una sindicalista gallega que lleva viviendo de la cosa pública desde que tenía 26. Durante 18 años estuvo al frente de un sindicato nacionalista de agricultores. Cuando le se acabó la canonjía, tuvo la astucia de recolocarse como eurodiputada de la marca populista-nacionalista Marea. Lleva cuatro años embolsándose los 7.000 euros mensuales de un eurodiputado, salario que dadas sus capacidades jamás rondaría en la economía abierta. Pues bien, a esta persona se le ha metido entre ceja y ceja organizar en Galicia un coloquio contra las vacunas. El disparate era tan notorio que el ayuntamiento socialista de Vigo le negó sus instalaciones. Pero acabó celebrando el acto en una cafetería. Allí, rodeada de otras eminencias de la izquierda nacionalista, desaconsejaron las vacunas contra el papiloma de cuello de útero (cáncer que mata en Galicia a cincuenta mujeres cada año) y rechazaron las mamografías, que a su juicio son inútiles y atienden «a la presión de las aseguradoras». Ya metidas en faena, una radióloga que lidera la Asociación Galega para la Defensa de la Sanidad Pública se despachó diciendo que quien controla la sanidad gallega es ¡Amancio Ortega! Tal sarta de estupideces simboliza un problema extendido: con nuestros votos hemos metido en las instituciones a resentidos e iluminados carentes de preparación, cuyo móvil principal es la envidia y el odio al progreso. Tras cuatro años padeciéndolos, la próxima vez los votantes podrían reparar en que conviene votar con el cerebro, no con las tripas.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
El jefe de la ciénaga.

Álvaro Martínez.

Actualizado:

13/12/2018 01:14h.

Solo hace unos días, Fredi Bentanachs, uno de los fundadores del grupo terrorista Terra Lliure llamaba a tomar el Parlamento de Cataluña el próximo día 21 para hacer efectiva la república catalana del forajido de Waterloo. A finales de los setenta, el tal Bentanachs fue instruido por ETA en el manejo de armas y explosivos y una vez «formado» se puso a la tarea del terror en Cataluña. Gustaba entonces de fotografiarse portando fusiles y proyectiles para crearse una leyenda gráfica de guerrillero que no se corresponde con la inutilidad manifiesta como terrorista y ladrón, que el «patriota» también le daba por entonces a los atracos cual chorizo embutido en el traje de salvapatrias. A las primeras de cambio salió corriendo, acobardadito, pero fue detenido y condenado a cuatro años de cárcel. Ahora, con 62, vuelve a la lucha «indepe» como cabecilla de los CDR y se retrata, como ese «Mocito feliz» que busca hacerse fotos con los famosos, con Quim Torra, Anna Gabriel o Pep Guardiola, ese separatismo en chándal.

La arenga para la toma del Parlament de tal Bentanachs coincide con las andanzas de los CDR ocupando por la fuerza las calles y los peajes, como matoncetes mafiosos; con las tenebrosas procesiones de antorchas y la simbología golpista en el espacio público; con el acoso amenazante a jueces y políticos constitucionalistas; con los enfrentamientos con los Mossos y, como remate, con la inauguración de la «vía eslovena» por parte de Quim Torra, esa que pasa por conseguir la independencia con muertos.

En este contexto, ayer Torra lloriqueaba ofendido, como un niño al que le han quitado el bocadillo en el recreo, porque se esté creando «un relato ficticio de violencia y descontrol en Cataluña». Volvemos a la teoría del oasis, ese ubérrimo y placentero palmeral donde históricamente el nacionalismo catalán se tumba a admirarse, donde todo es pacífico, beatífico y muy superior en valores y desarrollo a esos toscos españolazos, aquellos que Torra describía como «bestias carroñeras» en sus espeluznantes relatos.

Pero resulta que ese presunto «oasis catalán» es solo una ilusión óptica, un espejismo etnicista, porque en realidad aquello tiene ahora más pinta de ciénaga enfangada de odio donde la paz la administran sujetos como el tal Bentanachs, o los Jordis organizando la revuelta encima del Patrol de la Guardia Civil (donde salta también un reportero de TV3 como si estuviera celebrando un gol del Barça), con un presidente racista que ya habla de muertos.

Álvaro Martínez.

Redactor jefe.
Iñaki Gabilondo. Hoy por hoy

¿Está sirviendo para algo la política de distensión? ¿Serviría para algo una política distinta de mano dura? He aquí una disyuntiva diabólica alrededor de la cual se va a desarrollar el pleno monográfico sobre Cataluña que empieza dentro de unos minutos. Qué difícil es acertar. Cuando Pedro Sánchez decidió celebrar un Consejo de Ministros en Barcelona el día 21 perseguía tener un gesto en favor de la distensión y de la concordia como dijo la ministra Meritxell Batet. ... (ver texto completo)
Triana pasa de ti y no te hace caso, tu eres un caso aparte te pasa lo mismo que a Rufián que no hay por donde cogeros, y otra cosa, para maquiavélica ya estás tu morena clara.
TRIANA. Más de la mitad de la población inglesa suspira por volver a la Comunidad Europea.
Ángel, es lo que tiene votar sin saber la que se les podía venir encima, ahora ya es tarde..........., que apechuguen con lo votado.

Un saludo.
Theresa en«La cabina»

Álvaro Martínez.

Actualizado:

12/12/2018 01:07h.

Fue una premonición. Llegaba Theresa May a la Cancillería en Berlín, a convencer a Angela Merkel de que le preste auxilio de urgencia para otro acuerdo del Brexit, y se bloqueó la puerta del coche. Que no abría y que no abría, que no podía salir. Cuando algo no está de Dios, no está de Dios... Fueron apenas unos segundos pero ese bloqueo, con Angela esperando en la puerta de la Kanzleramt, sintetizaba el angustioso y oclusivo momento político de la premier británica, hoy por hoy un cadáver político que a la desesperada intenta tomar algo de oxígeno para que el óbito no sea tan desastroso como el resultado de aquella carga de la brigada ligera en Balaclava, «por el Valle de la Muerte cabalgaron los seiscientos», llena de cantos patrióticos y, sobre todo, de derrota.

Tras suspender en el Parlamento británico la votación del acuerdo que alcanzó con los Veintisiete hace un par de semanas, May emprendió una turbo-gira de urgencia por Bruselas, La Haya y Berlín para que la Comisión, la Presidencia de turno y la otrora maquinista de la locomotora continental (hoy también casi una ilustre prejubilada) se avinieran a renegociar las condiciones de la salida de Reino Unido. Tres noes en uno, como tres soles y como era previsible. Fracaso total, modelo «ahí te las apañes, querida Theresa». Era lógico pues tras año y medio de tira y afloja, de negociaciones a cara de perro, de «queremos esto y esto», de «ni por asomo», de «pues Brexit duro», de «pues allá vosotros», de «a que no te atreves», de « ¿y la frontera de Irlanda?», de « ¡uy Irlanda!, quita quita vaya lío...», la UE no se iba a avenir a pactar unas nuevas condiciones para el adiós, sobre todo porque los socios nunca vieron bien la marcha. Hasta la Justicia británica ya le ha dicho que puede frenar el Brexit cuando quiera. Pero ¿quién se atreve tras tan formidable culebrón? ¿quién ata esa mosca por el rabo?

Ayer, encerrada en su coche, Theresa May recordaba a López Vázquez en aquella cabina de Mercero, que ni los «bomberos» de última hora la pudieron sacar de allí, atrapada en la ratonera que le dejó tendida David Cameron aquel día que Gran Bretaña aprendió -la letra con sangre entra- que los referéndum los carga el diablo cuando un pueblo no está seguro de que lo que se vota es bueno para la gran mayoría.

Álvaro Martínez.

Redactor jefe.
Pudimos.

¿En qué mejora la vida «de la gente» que Iglesias se ponga una chapa republicana el día que acude el Rey al Congreso?

Ana I. Sánchez.

Actualizado:

11/12/2018 02:19h.

Con el miedo en el cuerpo tras comprobar en Andalucía que Podemos ya no es capaz de atraer al votante socialista descontento, Pablo Iglesias vuelve a reaccionar a lo soviet: con una nueva purga. Su lista de candidatos a diputados en las próximas elecciones deja fuera a cerca de dos tercios del actual grupo de Podemos en el Congreso. Unos por errejonistas, alguno por bescansero. La mayoría por no ser del séquito del líder. Todos ellos saben que no repetirán en el escaño -algunos ni siquiera querían hacerlo- e Iglesias, por tanto, pierde toda autoridad sobre ellos. Cualquier escuela de dirección calificaría este movimiento de suicidio. Y más si tiene lugar a las puertas del mayor reto que Podemos tiene por delante: unas nuevas elecciones en las que la desmovilización de las bases progresistas jugará un papel crucial. ¿Acaso el trabajador que sabe que va a ser despedido mantiene una luna de miel con la dirección que le va a cesar? Si en vez de un empleado son dos tercios del equipo quienes se encuentran en esta tesitura, no será de extrañar que los problemas internos empiecen a aflorar en el grupo parlamentario de Podemos en las próximas semanas. Pero seguro que todo será culpa de Vox.

Decía el sabio Aristóteles que «los gobiernos terminan muriendo por la exageración de su principio». Un dogma que hoy parece un vaticinio para Podemos. En solo cuatro años la formación morada ha conseguido destrozar sus sueños de trascendencia suprema y caminar hacia la absoluta intrascendencia por la hipérbole de su discurso. ¿Quién habla hoy de Podemos como actor, no ya decisivo, sino simplemente creciente dentro de la política española? La rapidez con que el interés ha virado hacia Vox -el nuevo partido del voto hartazgo- demuestra -parafraseando al checo Milan Kundera- la insoportable levedad de la formación morada. La mimetización de su mensaje y sus prácticas con el viejo comunismo ha terminado por convertir en inverosímil su oferta de cambio a ojos de sus propios votantes. ¿En qué mejora la vida «de la gente» que Iglesias se coloque una chapa republicana el día que acude el Rey al Congreso? ¿En qué beneficia al país que Podemos se relacione con los demás partidos a través de comunicados y huya del diálogo cara a cara? El trampolín de Podemos no fue la radicalidad sino la movilización popular a través de la transversalidad y sus votantes rechinan hoy los dientes ante tanta impostura. En España no solo no hay ánimo de extrema izquierda, sino que se masca un cambio de ciclo en el que la mayoría se desplaza hacia posiciones conservadoras. Y las elecciones andaluzas son probablemente anticipatorias del croquis que traerán las generales. Pero con una diferencia: la desmovilización del votante morado probablemente seguirá creciendo entre tanta superchería y será mayor que la del socialista. A Iglesias y su séquito solo les quedará un brindis posible: «Pudimos».

Ana I. Sánchez.

Redactora.