Foro Común


Mensajes de Columnistas y Tertulianos enviados por Triana:

IÑAKI GABILONDO.

Buenos días, buenos días a todos, ¿de verdad que es esto lo que hemos votado? debieron preguntarse muchos españoles al ver de qué forma se constituian en algunos municipios, Los pactos han dado lugar a combinaciones inesperadas, aunque eso sí irreprochablemente democráticas, y han engrosado las filas de los que creemos que convendría estudiar la fórmula de una segunda vuelta, pero sobre todo, han servido para confirmar que PP Ciudadanos y Vox las tres carabelas de Colón navegan ... (ver texto completo)
¡Ay, Iñaki, Iñaki, quien te ha visto y quien te vio!, si tu amigo Segismundo levantara la cabeza!, creo que volvería a "plancharla".................. ..........
VIDAS EJEMPLARES.

El cabreo de Doña Manuela.

Lo sano sería que gobernase el ganador, sí. Pero siempre.

Luis Ventoso.

Actualizado:

17/06/2019 00:08h.

Manuela Carmena encarnó en su pobre etapa como alcaldesa lo que podríamos definir como sectarismo de modales exquisitos, o intransigencia en guante de seda. Nunca perdió el amable tono de una abuela bien educada y de posibles. Pero en la práctica se dejó mangonear por una tropa de extremistas que le llevaba el día a día, con radicales como su concejala Rommy Arce, cuyas majaderías desbordaban hasta los estrafalarios parámetros podemitas. Doña Manuela y su equipazo no supieron hacer ni lo elemental (limpiar las calles y ejecutar el presupuesto). La exalcaldesa también falló en lo trascendente: carecía de una visión para Madrid y lo iba disimulando con ocurrencias, eslóganes progres huecos («welcome refugees», para luego no atenderlos y emplumárselos a Cáritas) y obras menores (ensanchar unas aceras no supone proeza alguna). Su lucha contra la contaminación fue chapucera: tras molestar a todos el aire sigue como siempre, sucio. Madrid va como un tiro, merced al empuje de su sociedad civil y empresas, la fiscalidad baja del PP y el pinchazo de Barcelona por la autolesión separatista. Pero Carmena no supo aprovechar esa ola con ideas nuevas. Le parecía más urgente molestar a los católicos con un anticlericalismo obsoleto que mejorar la imagen internacional de una magnífica urbe, atraer más capital o lanzar proyectos urbanísticos ambiciosos. Todo eran sermones, micro-rencores dogmáticos y mucha pose LGTBI.

Hace cuatro años, Sánchez decidió apoyar en los ayuntamientos a candidatos derrotados del populismo neocomunista, a pesar de su incompetencia y planteamientos frikis. En Madrid ganó las municipales Aguirre, pero fue entronizada Carmena, y a ella le pareció estupendo. Ahora que le han devuelto la jugada, Doña Manuela olvida el talante guay y luce un notorio cabreo: mal tono, incluso con comentarios faltones a su sucesor, Almeida. En su adiós, la exregidora exigió que se «cuide la democracia», aludiendo a que debe gobernar el más votado. Estamos de acuerdo. Debería ser así. Pero siempre. No solo cuando conviene a Podemos y PSOE. La constitución de los ayuntamientos ha evidenciado que urge reformar la ley electoral con una doble vuelta, aunque nunca se hará, porque los partidos prefieren este zafio chalaneo. Ha habido situaciones sonrojantes a cargo de todas las siglas. En Melilla será presidente un tío de Ciudadanos con un solo escaño. En Orense ha habido un cambalache inaudito entre el PP de la diputación de los Baltar, hereditaria y caciquil, y su máximo crítico, un excéntrico que se inventó un partido, al que han hecho alcalde a cambio de conservar el poder provincial. En Jerez de los Caballeros gobernará un señor de Podemos que quedó último con un concejal... Picaresca por doquier. Toca cuidar la democracia, en efecto, porque el minifundismo de la Nueva Política la está convirtiendo en un zoco de pillos, empezando por Sánchez, que decía airado que Rajoy no podía gobernar con 123 diputados y ahora que él tiene los mismos demanda sentido de Estado a los demás para que apoyen su victoria histórica. Una coña.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
VIDAS EJEMPLARES.

Dos y dos son siete.

Con su visión renovadora están dejando obsoleto a Pitágoras.

Luis Ventoso.

Actualizado:

14/06/2019 00:29h.

No paran de inventar. Lo cual es admirable en un país que flaquea en I+D. Nunca se debe infravalorar la capacidad de la Nueva Política para modernizar prácticas vetustas (que por lo demás funcionaban estupendamente). En la era del casposo bipartidismo y las soporíferas mayorías estables, ya felizmente superada, los mandatarios eran elegidos para cuatro años. Qué ordinariez. Por fortuna, Rivera se ha percatado de que eso de gobernar toda una legislatura es más antiguo que la cinta en la calva de Mark Knopfler. Así que acaba de inventar los Mandatos de Quita y Pon. PSOE y Ciudadanos se repartirán con el nuevo método las Alcaldías de Albacete y Ciudad Real («dos añitos pa ti, dos pal menda»). Ambas partes sacian sus egos, aunque sea a costa de tratar como borregos a los votantes, cuyas preferencias electorales son burladas en el zoco del mercadeo partidista.

Cs demanda que la fórmula del Quita y Pon se aplique también en la Alcaldía de Madrid: dos años para Almeida, el del PP, dos para Villacís. La exigencia la presentó ayer Miguel Gutiérrez, ese miembro de la ejecutiva de Cs de porte pícnico, barbado y cabal. El señor Gutiérrez explicó muy serio que es de justicia que ambos turnen en la Alcaldía, dado que en las elecciones se registró un «empate técnico». Tal vez Malú y los muy iniciados entiendan esta forma de hacer las cuentas, pero el viejo Pitágoras debe estar flipando. Almeida logró cuatro concejales más que Villacís y un 5% más de votos. La Nueva Matemática de la Nueva Política lo llama «empate técnico». El público no parece muy convencido. Ayer, en una encuesta en la web de ABC, el 82% de los lectores condenaban la idea. La Nueva Matemática alberga más sorpresas. En Castilla y León, Cs ha puesto como condición para apoyar al PP que acepte el límite de ocho años de mandato, una medida de higiene democrática que el naranjismo considera crucial. Casualmente, Rivera lleva trece como presidente de su partido.

Cuando nació en Cataluña en 2006, Ciudadanos supuso un magnífico revulsivo contra el rodillo nacionalista. Prestaron un importante servicio. Tras su salto a la política estatal, sus llamadas al juego limpio resultaban atractivas y muy necesarias en un momento que el PP salía a gamberrada por semana. El problema es que el escenario va mudando. El PP ha endurecido su postura contra el separatismo y ha aseado su cocina, lo que priva al riverismo de parte de su originalidad. Ciudadanos atraviesa el complicado tránsito desde la frescura juvenil a la madurez. La coletilla escapista del «no somos ni de derechas ni de izquierdas» ya empieza a dar el cante. Las constantes fluctuaciones pueden degenerar en un partido bisagra, de mucha labia y poco crédito. A nadie le gusta dejar de ser el único divo de su compañía, pero a medio plazo el gran servicio de Rivera a España sería construir con Casado un partido único de centro-derecha. Porque las taifas se apellidan «Sánchez para rato», con los conocidos efectos secundarios (ayer ya empezó a gestarse Frankenstein 2, un nuevo Gobierno sostenido por ERC, que se cobrará un carísimo peaje).

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
CON PERMISO.

Atacar la independencia.

¿Para qué crear instituciones independientes si sus recomendaciones no gustan?

María Jesús Pérez.

Actualizado:

13/06/2019 00:20h.

Atacar la independencia de las instituciones está de moda. No hace ni una semana, el Gobierno se ponía de uñas con el Banco de España porque osó cuestionar la subida de sopetón de un 22% del SMI -en vigor desde principios de año-, en lugar de hacerlo de forma paulatina como estaba pactado entre el Ejecutivo de Rajoy, empresarios y sindicatos para ir viendo sus efectos sobre el mercado laboral. Piensa el supervisor español que, aunque aún es pronto para medir el impacto, algo se está notando ya. Y no es precisamente para bien.

También está siendo estos días objeto de críticas otra de nuestras instituciones independientes. De las más jóvenes. La Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (Airef), que nació para velar por la sostenibilidad de las finanzas públicas como vía para asegurar el crecimiento económico y el bienestar de la sociedad española a medio y largo plazo. Y, desde entonces (2014), ha construido una reputación de objetividad, independencia y transparencia en sus trabajos de los que adolecíamos desde hace tiempo. Unos informes independientes que en la mayoría de las ocasiones levantan más que ampollas. Y no solo en el seno del Gobierno, de este y del anterior. También entre directivos o representantes de los trabajadores de empresas según qué sector cuestione.

Entre las últimas «ocurrencias» de la Airef, dos que han dolido a más de uno. La primera, un informe que critica el apabullante gasto farmacéutico, y, el segundo, otro en el que diseña un plan de ahorro de costes en la Sociedad Estatal Correos y Telégrafos. En el primero de ellos, la institución calcula un ahorro acumulado de algo más de mil millones con una batería de recomendaciones para reformar el sistema en profundidad para ganar en eficiencia, pero también en equidad y justicia. «El estudio de la Airef sobre gasto en recetas se centra en la reducción de costes a corto plazo y deja de lado el valor y el ahorro que aporta la inversión pública en medicamentos», lamentaron desde la patronal Farmaindustria. Y es que cuando a uno le tocan los márgenes...

Y el segundo, de ayer mismo, un estudio que examina el desembolso destinado a Correos -compañía estatal por cierto con unas pérdidas de más de 200 millones anuales pero con unas previsiones sin parangón de mejorar condiciones a sus trabajadores bajo la presidencia del exjefe de gabinete de Sánchez- en el que recomienda ahorro masivo de costes, con reducción de oficinas y puntos de entrega. Sugerencias que han encontrado una fuerte oposición desde la compañía y sus sindicatos.

Más que curioso me resulta pues que la deseada independencia cuando uno está en la oposición siente tan mal cuando uno pasa a estar al frente del país, y máxime cuando me viene a la memoria uno de los retos de la ministra Calviño: la creación de una autoridad macroprudencial que advierta de los desequilibrios de la economía. ¿Para qué? ¿Alertará de deficiencias incluso cuando no sea del agrado del Ejecutivo? Yo, lo dudo.

María Jesús Pérez.

Redactora jefe.
VIDAS EJEMPLARES.

Silencios abrasivos.

No se escucha una queja sobre los regímenes más represivos del orbe.

Luis Ventoso.

Actualizado:

12/06/2019 00:04h.

La semana está resultando amena en las mecas de las libertades y derechos humanos. En la amable Rusia putiniana, oasis de buenas prácticas democráticas, el jueves fue detenido el periodista Iván Golunov, de 36 años. Se había distinguido por sus denuncias de la corrupción y tocaba aplicarle un correctivo edificante. Los medios libres y la poca oposición que perviven acusan a la Policía de haber colocado coca y drogas sintéticas en la mochila del reportero, a fin de justificar su detención. Ya enjaulado, le aplicaron un repaso y el sábado hubo de ser hospitalizado. Curiosamente, el conspicuo drogota no acaba de dar positivo en ningún análisis. Tres periódicos osados han salido en defensa del arrestado, titulando a toda plana: «Somos Iván Golunov». Uno de los supuestos corruptos denunciados por el reportero es el coronel que dirigió el operativo de su detención. Ayer por fin lo soltaron. Detenido por nada.

En Irán, edén de las libertades para el que labora Iglesias a través de su tele en España, el régimen ha clausurado 547 restaurantes y cafeterías y ha detenido a once propietarios. Era necesario. En esos establecimientos se contravenía la ley islámica, con «música no permitida» y «alentando el libertinaje». También se han decomisado 559 coches por circular con la música alta. Los paternales ayatolás protegen a la gente de bien.

La admirada Arabia Saudí es hoy un referente mundial en buenas prácticas jurídicas y respeto a la libertad de expresión, como acreditó con el caso Khashoggi. Allí se enfrenta a una posible pena de muerte -espadazo en el cuello- un chaval chií de 18 años, que cometió el imperdonable delito de que a los diez participó en manifestaciones al calor de la fallida Primavera Árabe.

China será pronto la primera potencia. Si su sistema político se extiende por el planeta, la humanidad lo va a pasar bomba. Los chinos pretenden introducir su tecnología 5G en las redes de las administraciones occidentales, pero bloquean a Google y Facebook en su país, acusándolos de dar pábulo a la disidencia. Están explorando la tecnología de identificación facial para controlar a sus ciudadanos. Mantienen a un millón de musulmanes iugures en campos de reeducación, donde a buen seguro la gozan. La semana pasada se cumplieron los 30 años de la matanza de Tiananmen, tapada por un telón de silencio, y en Hong Kong acaban de manifestarse casi un millón de ciudadanos, espantados por una reforma que permitirá juzgarlos en la China continental y finiquitar sus libertades.

Pero, afortunadamente, el progresismo obligatorio, siempre perspicaz, ya ha detectado los dos problemones de la humanidad: Trump e Israel. Contra ellos batallan con denuedo eminencias como Bernie Sanders, Ocasio-Cortez, Albertito Garzón, Chomsky, la crema de Hollywood, nuestra tele al rojo vivo y las 37 facciones cabreadas entre sí de Desunidas Pinchamos. Por su parte, el populismo nacionalista añade a la pérfida UE como tercer pilar del eje del mal. No vemos el día de mudarnos a Irán, China o Rusia, de huir de esta abyecta Europa, líder mundial en recepción de collejas del actual Vaticano.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
La moto de Sánchez
El «gran triunfo electoral» se empieza a ver como lo que es: una victoria pelada.

Luis Ventoso.

Actualizado:

11/06/2019 08:48h.

La memoria de la humanidad guarda el recuerdo de gestas legendarias, que siempre se estudiarán con admiración. El 1 de octubre de 331 a. C., en una llanura no lejos de Mosul, Alejandro Magno ofreció la mayor exhibición de su genio y derrotó al rey persa Darío III en la batalla de Gaugamela. En octubre del 52 a. C., Julio César venció en Alesia a un jefe bárbaro con nombre de tebeo de Astérix, Vercingétorix, y se consagró como el gran talento militar capaz de doblar la mano de los irreductibles galos. El 7 de octubre de 1571, la flota comandada por Juan de Austria se impuso al turco en Lepanto, tal vez la batalla naval más tremenda de la historia. El 18 de junio de 1815, un general inglés de maneras cautas, Wellington, le dio boleto a Napoleón en Waterloo.

En tiempos recientes solo se ha producido un triunfo de genio estratégico equiparable a los referidos. Se trata de la victoria de Sánchez Pérez-Castejón el 28 de abril de este año. Tal es la conclusión a la que llegaron tras los comicios fuentes tan ponderadas como la TVE de Rosa María Mateo, la tele número 6 y ciertos chiringuitos digitales al rojo vivo, que estallaron en una trompetería eufórica por los resultados del PSOE. Los observadores neutrales, que no son tan sagaces como los politólogos del «progresismo» obligatorio, lo único que constataban es el hecho empírico de que Sánchez se había quedado en 123 escaños pelados. Exactamente la misma victoria anémica que obtuvo Rajoy en 2015, y con la que sudó tinta (hasta el punto de que hubo que repetir las elecciones, debido al enfático «no es no, ¿qué parte del “no” no entiende?» del por entonces líder de la oposición, un tal Sánchez, que advertía de sol a sol que con un triunfo tan rácano en modo alguno estaba Mariano legitimado para gobernar).

Pasado solo un mes y medio desde los comicios, la mayor gesta política que vieron los tiempos empieza a achicarse y a contemplarse como lo que realmente es: una achuchada victoria, con la que Sánchez gobernará de prestado y a lo Simeone (partido a partido y haciendo bastantes faltas). Ayer su hombre de guardia, Ábalos, lo vino a confesar al amenazar con nuevas elecciones. Su órdago es un farol, pues de repetirse los comicios probablemente el perjudicado sería el propio Sánchez, debido a que se produciría un reagrupamiento del voto de derechas, dilapidado en tres el pasado 28-A. Pero aún así, las palabras del escudero de Sánchez apuntan a una verdad: si Iglesias se pone estupendo y no se apea de su exigencia de ministerios, si el PP y Cs se mantienen en el no y si los conservadores navarros son toreados por el PSN y se enojan, Sánchez va a ser un presidente en el alambre. Paseará en el Falcon, se hará selfis por doquier y seguirá batiéndose gallardamente con el espectro de Franco. Pero gobernará más bien poco. O nada. Su eficaz factoría marketiniana no despeja la ecuación que importa: ¿Cómo se las apañará para sacar adelante los Presupuestos? ¿O acaso se llegaría a la aberración de indultos por apoyos?

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
«Objetivo Sánchez»: Abolir a todos los «Pepito Grillo»

Vuelta al nepotismo más recalcitrante a costa de minar la reputación de quien ose cuestionar decisiones o ideas del Gobierno.

María Jesús Pérez.

Actualizado:

06/06/2019 00:24h.

Al presidente Sánchez no le gusta nada que le cuestionen. Y quien ose toserle, tendrá los días contados. O eso, dicen, parece que será su objetivo. El último en su punto de mira, Pablo Hernández de Cos, por sus críticos informes sobre las políticas de empleo y de economía del Ejecutivo socialista. Y es que desde que el gobernador del Banco de España aterrizara en el cargo -curiosamente, casi a la par que Pedro Sánchez lograra el suyo, allá por junio de 2018-, la institución ha vuelto por sus fueros, aquellos tiempos en los que la independencia, rigurosidad y profesionalidad eran marca de la casa. Lo lógico, en cualquier caso. Una reputación tristemente cuestionada desde que estallara la crisis global financiera, pero debilitada aún más si cabe por la propia crisis doméstica y su torpeza en cómo afrontarla.

El caso es que a nadie se le escapa ya que las comparecencias de Hernández de Cos ante el Congreso han devuelto al órgano supervisor un tono severo y nada complaciente ni con el Gobierno ni con el discurso dominante superficial y tópico del que parecíamos «disfrutar» desde hace ya mucho tiempo. Su informe sobre el extraño Presupuesto 2019 o sobre el efecto del Salario Mínimo Interprofesional -que ha desatado finalmente la ira del Ejecutivo español esta misma semana, con la exigencia de perdon inmediato-, o, también, el del futuro de las pensiones, han devuelto al Banco de España el carácter de «Pepito Grillo» que tanto echábamos de menos.

Pues bien, al gobernador le pasa algo similar que al famoso personaje de Walt Disney, ataviado como un elegante señor, de sombrero y chaqué, que osaba susurrar al oído de Pinocho las veleidades del buen camino, sin conseguir buenos resultados la mayoría de las veces, por no decir en ninguna, como podría ser el caso que nos ocupa. Porque a Sánchez le sobra tener esa especie de conciencia externa. Y menos si esta tiene un perfil profesional y sin sesgo partidista. Él tiene la suya, y con esa le basta. O estás con él, o contra él. Y si decides la segunda opción, lo mismo te quedas sin silla. Y la del gobernador es golosa para un Gobierno que no necesita verbos sueltos que le enmienden la plana ante Bruselas, mientras la ministra de la cuestión, Nadia Calviño, hace malabarismos para mantener medio contentos a los señores de negro.

¿Se avecina pues el tan esperado baile de sillas en instituciones y empresas vía minar reputaciones? Al más puro estilo Correos. Ya se habla por ahí no solo de la del gobernador del Banco de España, algo dicen también de la de la Comisión Nacional del Mercado de Valores y de alguna que otra gran empresa de sector clave. Vuelta pues a ese nepotismo recalcitrante del que tanto acusaba el propio Sánchez a su antecesor. En su ADN primará el silencio de los corderos.

María Jesús Pérez.

Redactora jefe.
VIVIMOS COMO SUIZOS.

¿Y ahora qué?

Ramón Espinar parece Recio queriendo quitar a Enrique Pastor de la presidencia en «La que se avecina»

Rosa Belmonte.

Actualizado:

04/06/2019 00:09h.

Cualquiera se toma más en serio a Leticia Sabater que a Ramón Espinar. Supongo que Pablo Iglesias e Irene Montero, a los que quiere derribar, también. Espinar ganó unas elecciones por el control de Podemos en Madrid contra Rita Maestre, la que habla como si el abecedario fuera de gominola. Dimitió de sus cargos cuando Pablo Iglesias decidió oponerse a Errejón al fugarse este a Gretna Green con Carmena. Espinar ha propuesto una Asamblea Ciudadana, un Vistalegre, para refundar Podemos y que haya un relevo en la dirección. Espinar siempre ha sido objeto de chufla. Ya fuera por una Coca-Cola o por una mariscada. Se ha ganado sus galones. Mi frase favorita: «Pertenezco a una generación en la que los ingresos han oscilado dependiendo del trabajo que tenías». Una generación a la que pasan cosas extraordinarias, vaya. Pero a la vista del personal que dirige Podemos, lo mismo resulta que Ramón Espinar es el Kevin Spacey de «Sospechosos habituales», aunque parezca Recio queriendo quitar a Enrique Pastor de la presidencia en «La que se avecina».

Y claro que otros partidos están llenos de zotes, aunque gasten mejor fama. Espinar no parece menos listo que José María Lassalle. Recordemos cuando era secretario de Estado de Cultura y le hicieron un reportaje en EPS en su calidad de señor que trotaba: «Entrar en la Casa de Campo todavía de noche y encontrarme allí con el amanecer es toda una experiencia estética e íntima. El sol, tan bajo, alfombraba mis pasos, y en medio del silencio yo me escuchaba a mí mismo: oía mis pulsaciones, notaba la progresión del sudor, sentía que mi cuerpo y mi mente se sintonizaban plenamente. Hay algo místico en esas emociones. He acabado de correr con la sensación de que ya había hecho el día». He tenido que copiarlo entero porque soy incapaz de eliminar algo de semejante cursilería. Ahora es de esos sectarios centristas que andan contra Vox. Como Luis Garicano, la lumbrera económica de Ciudadanos, que también anda contra el PP. La ejecutiva de Ciudadanos aprobó ayer por unanimidad no negociar con Vox, tener al PP como socio preferente y no descartar acuerdos excepcionales con el PSOE allí donde no puedan llegar a acuerdos con el PP. A Ciudadanos sólo le ha faltado llamar «completo perdedor» a Vox, como Trump al alcalde de Londres. De estos hay que estar pendiente. De Espinar, no. Sigue sirviendo para la diversión, aunque al final resultara Kevin Spacey.

El último libro de Juan A. Ríos Carratalá es una fuente inacabable y divertidísima de españolidad. En «Un franquismo con franquistas» (Renacimiento), uno de los capítulos tiene como título «Don Francisco, censor residente de RTVE». Don Francisco Ortiz Muñoz. El gran censor. El suegro de Gunilla. Por supuesto, estaba en contra de «Historia de la frivolidad» (1967), que tuvo que emitirse tras la despedida y cierre, sin aviso, para que pudiera participar en certámenes internacionales (si no se había emitido no podía concursar). Fue una operación de Adolfo Suárez y Juan José Rosón para mostrar la buena televisión española en el extranjero. Cuando ganó el premio UNDA del Vaticano, Chicho Ibáñez Serrador fue a ver don Francisco: « ¿Y ahora qué?». «Allá ellos», contestó el censor. Los de Ciudadanos poniendo vetos a Vox son como don Francisco, el censor. Juan Abreu ha explicado muy bien que lo de Vox no es un asunto ideológico sino psicológico. Que se ha creado una manada moral y quien se atreve a retarla es enemigo. Lo que no sé es si vamos a acabar diciendo « ¿Ahora qué?» o «Allá ellos». Que al final Espinar va a ser el listo.

Rosa Belmonte.

Articulista de Opinión.
NA RAYA EN EL AGUA.

La coalición republicana.

Los adversarios de la Constitución no le han perdonado al Rey su papel en el fracaso del golpe contra el Estado.

Ignacio Camacho.

Actualizado:

03/06/2019 00:31h.

Hay una mala noticia para los republicanos, y es que la monarquía parlamentaria mantiene el prestigio intacto cinco años después de la abdicación del Rey Juan Carlos, cuyo diseño político y legal fue el último gran éxito del bipartidismo dinástico. La Corona se ha consolidado resistiendo dos pruebas cardinales como la prisión de Urdangarín y el golpe separatista contra la integridad del Estado; sólo una institución muy sólida podría absorber sin tambalearse esa clase de impactos. Felipe VI ha levantado cortafuegos de transparencia para mantener la ejemplaridad a salvo y ha afrontado una crisis política descomunal jugándose el liderazgo, como su padre, cuando el resto de autoridades de la nación amenazaba con entrar en colapso. En aquel discurso de octubre asentó la legitimidad de ejercicio y se ganó la estima de la mayoría de los ciudadanos, aunque los enemigos de la Constitución no se lo hayan perdonado.

Porque también hay una mala noticia para los monárquicos, y es que los partidos rupturistas tienen la abolición fijada en el entrecejo. El independentismo catalán, el vasco, legatario de ETA, y el conglomerado poscomunista de Podemos alientan un programa destituyente, de cambio radical de modelo, en el que la Jefatura de Estado constituye un objetivo directo. Esa coalición anticonstitucionalista goza de elocuente peso específico en el Congreso, como pudo verse cuando sus diputados convirtieron el acto de jura en un inaceptable esperpento. Hoy no podría abordarse una operación como la del relevo en el Trono sin grave riesgo de sabotaje del consenso. Y la cuestión se vuelve especialmente delicada ante el hecho de que los adversarios del sistema han sido, y con alta probabilidad volverán a ser, los socios preferentes del Gobierno encargado de hacer respetar las reglas del juego.

Porque de eso se trata. De que una parte de la izquierda -incluido el PSOE, al menos en significativa proporción de su militancia- y casi todo el nacionalismo sienten una sobrevenida nostalgia republicana y consideran la destrucción de la Corona como elemento clave -lo es- de su ofensiva global contra la Carta Magna. Saben lo que atacan: el Rey se ha revelado como el más firme garante de la unidad de España y de su vigente estructura de convivencia democrática. Por eso resulta como poco inquietante el papel de relevancia que el sanchismo viene concediendo a quienes profesan hostilidad declarada a una legalidad que consideran fruto de una imposición autoritaria.

Lo que se ventila en el próximo mandato no es quién va a ostentar el poder desde el Consejo de Ministros, sino su voluntad de sostener el ordenamiento político y jurídico. Es decir, las bases del pacto de libertades compartidas que cuestiona el nacionalpopulismo y del que la monarquía constituye bastante más que un símbolo. La correlación de fuerzas en la investidura dará algunas pistas en ese sentido.

Ignacio Camacho.

Articulista de Opinión.
HORIZONTE.

Con distintas varas de medir.

Una legislatura después, a la vista está lo que queda del poder de Podemos. No es lo mismo predicar que dar trigo

Ramón Pérez-Maura.

Actualizado:

31/05/2019 00:03h.

Resulta extremadamente fácil hacer política cuando no se tienen responsabilidades de Gobierno ni perspectiva próxima de tenerlas. Así llegó el repentino auge de Podemos hace un lustro cuando irrumpieron en las elecciones europeas de 2014 con cinco escaños y un año más tarde conquistaban las alcaldías de Madrid, Barcelona, Zaragoza y La Coruña, entre otras muchas. Una legislatura después, a la vista está lo que ha quedado de aquel poder. No es lo mismo predicar que dar trigo. Ahora el partido en auge en las elecciones generales de hace un mes ha sido Ciudadanos, que también se ha mantenido limpio de polvo y paja hasta el pasado mes de diciembre en Andalucía -aunque amparando las corruptelas del PSOE allí hasta que resultó evidente que aquello ya era insostenible.

Los resultados del pasado domingo han generado un nuevo escenario en el que Ciudadanos está obligado a pactar. Es decir, a mojarse. Y Albert Rivera huye de compromisos así. El panorama es muy sencillo: o te alineas en el bloque de la derecha o juegas a ambos bandos, lo que implica que no puedes pretender llegar a liderar ninguno.

El primer hecho relevante ha surgido de Barcelona, donde el candidato de Ciudadanos, Manuel Valls, ha anunciado su disposición a apoyar a la podemita Ada Colau para que sea la próxima alcaldesa. Es evidente que Valls tiene vida propia -no sólo en política- y no es un militante de Ciudadanos, pero ese fue el candidato que Ciudadanos ofreció a los suyos. Y lo hizo con lógica, porque es un histórico miembro del Partido Socialista Francés y las raíces de Ciudadanos están en ese ámbito ideológico. Su presente, quién sabe dónde está.

Desde Madrid la dirección del partido ha salido rápidamente a contradecirle, pero es el candidato que Rivera puso libremente y por el que pidió a sus muchos votantes barceloneses que sufragaran -quizá por eso lo hicieron muchos menos de lo previsto-. Ahora tiene que hacer frente a sus contradicciones.

Cuando se conoció el resultado de Andalucía, Ciudadanos dijo que ellos sólo iban a pactar con el PP, no con Vox. La mano izquierda de Teodoro García Egea y Juan Manuel Moreno Bonilla, logró convencer a Vox para que apoyase sin retribución. Vox acababa de llegar a un parlamento y era injustificable que su voto impidiese el cambio tras cuarenta años de socialismo en Andalucía.

Pero en mayo de 2019 hemos entrado en otra fase. Vox es hoy un partido ampliamente implantado como lo era Podemos hace cuatro años. Y como el anticonstitucional partido de izquierda entonces, hoy aspira a tener cuotas de poder. Con la enorme diferencia respecto a Podemos de que son un partido plenamente constitucional que aspira a reformar aspectos de la Carta Magna que no comparte -no a quemar la Constitución como desea Podemos-.

Así las cosas, es muy grave que el candidato de Ciudadanos en Barcelona respalde a la candidata de Podemos mientras en Madrid y el resto de España escuchamos decir a Rivera que ellos sólo negocian con el PP y que después Vox puede sumarse a lo acordado. Yo entiendo perfectamente a Rocío Monasterio cuando declaraba ayer a Juan Pablo Colmenarejo en Onda Madrid que el modelo andaluz está ya superado. Una misma vara de medir, por favor. No puede ser legítimo pactar con un partido que quiere derribar nuestro sistema e ilegítimo hacerlo con uno que quiere reformarlo (y del que discrepo ampliamente).

Ramón Pérez-Maura.

Articulista de Opinión.
VIDAS EJEMPLARES.

Y les dio igual.

Desolador que 7,4 millonesde votantes perdonasen el fraude de la tesis.

Luis Ventoso.

Actualizado:

29/05/2019 23:53h.

En junio de 2016, Boris Johnson, líder de la campaña pro-Brexit, recorrió Inglaterra con un gran bus rojo que lucía un lema pintado con letras enormes: «Enviamos 350 millones de libras a la UE cada semana. En lugar de eso, los destinaremos a la sanidad pública. Vota Leave. Recuperemos el control». Boris ganó el referéndum, pero con el tiempo varios estudios independientes han probado que su promesa era falsa. La trola no quedó impune. Acaba de comenzar un juicio contra él, acusado de «mala conducta» por engañar al público a sabiendas en la campaña. La denuncia fue promovida por un particular y los tribunales la han aceptado. Aunque a raíz del desbarre del Brexit los ingleses parecen haber perdido el compás, su democracia sigue resultando admirable en comparación a otras. En el Reino Unido lisa y llanamente no se tolera que un político mienta y engañe al pueblo.

La Asociación de la Prensa de Madrid, la más importante del gremio, acaba de elegir «periodista del año 2018» a Javier Chicote, de ABC. La razón es que el 13 de septiembre de 2018, Chicote reveló en este periódico que la tesis doctoral de Pedro Sánchez, sobresaliente cum laude en 2012 por la Universidad Camilo José Cela, incurría en plagios e incumplía las más elementales exigencias académicas. En los corrillos ya circulaba que la tesis no era trigo limpio, pero nadie lograba verla. Chicote se hizo con ella y antes de publicar una línea se pasó meses inmerso en el exhaustivo trabajo comparativo que reveló los plagios (luego destapó también que el tribunal presentaba irregularidades). Andando el tiempo, se ha demostrado incluso que para defender a Sánchez la oficina de prensa de La Moncloa emitió un comunicado mendaz aludiendo a supuestos test de plagios superados, que en realidad no existieron.

La reacción del doctor Sánchez ante la exclusiva fue lamentable. A las ocho de la mañana del día de su publicación lanzó vía Twitter un insólito mensaje amenazando a este periódico, propio de un autócrata. Amenazó con demandas, que por supuesto jamás ha presentado, pues carece de defensa posible. Los medios de su cuerda salieron en tromba a denigrar a ABC e iniciaron una campañita para desprestigiarlo. A pregunta de Rivera en el Congreso, Sánchez mintió de nuevo y aseguró que la tesis estaba disponible en internet, pero al día siguiente el Gobierno anunció que por fin la colgaba, delatando así al presidente. Por último, en sus días de oposición, Sánchez había puesto como ejemplo de moral a Alemania, señalando que allí los plagiarios dimiten.

Ahora la profesión periodística hace examen de conciencia y reconoce el valor del trabajo de Chicote. ABC y su periodista, doctor en Periodismo por la Complutense, dijeron siempre la verdad y revelaron algo irrefutable: Sánchez incurrió en plagios e hizo trampas en su tesis doctoral, lo cual debería haberle costado el puesto. Por eso deja un poso de tristeza que sabiendo todo eso, 7,4 millones de españoles hayan antepuesto sus fijaciones ideológicas a la verdad y hayan votado a un político que debería llevar meses en su casa. No. La democracia española aún no es la inglesa.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
UNA RAYA EN EL AGUA.

Nudillos.

Sánchez nunca tendrá a Iglesias en actitud más genuflexa. Más que pedir, mendiga; más que ofrecerse, se entrega.

Ignacio Camacho.

Actualizado:

29/05/2019 00:23h.

Contra la lógica a menudo falible de las apariencias, las elecciones del domingo han situado a Sánchez en las mejores circunstancias para acceder a la súplica de Pablo Iglesias. Nunca lo tendrá en actitud más dócil ni en posición más genuflexa, tan dispuesto a dejarse apretar las tuercas aunque acaso haya perdido tras el batacazo la oportunidad de recabar para sí mismo una cartera. La entrada en el Gabinete, siquiera mediante persona interpuesta, es ya para el líder de Podemos un asunto de mera supervivencia, mientras que para el presidente se trataría apenas de un guiño poco trascendente a su izquierda, una forma de garantizarse sumisión a cambio de la cesión en alquiler de una pequeña parcela. No tanto por tener, como decía Lyndon Johnson con rudeza, al indio dentro de la tienda meando para afuera, sino por aprovechar la ocasión de neutralizarlo por el procedimiento de resolverle su mayor problema.

A principios de siglo, cuando el entonces portavoz de IU en Andalucía, Antonio Romero, reclamaba un sitio en el Gobierno de Manuel Chaves, éste se burló de sus pretensiones en un debate. «Se le van a romper los nudillos de tanto llamar a la puerta», le dijo con sonrisa de vinagre. El acuerdo lo acabó firmando Griñán doce años más tarde: dio tres consejerías a los comunistas y con mano suave los convirtió en socios obsequiosos y leales. Iglesias sabe que sin poder tangible no irá a ninguna parte y no siente el menor reparo en aporrear el portón de La Moncloa de un modo sonrojante; debe de tener sus puños chorreando sangre. Más que pedir, mendiga; más que ofrecerse, le entrega a Sánchez una capitulación en regla que puede proporcionarle la base barata de un mandato estable.

Aceptar ese apoyo supondría para el presidente asegurarse durante toda la legislatura el respaldo de 165 diputados. Aún le faltarían otros once y en cada ley o decreto tendría que buscarlos, pero no es lo mismo que negociar los 53 necesarios si opta por gobernar con sus 123 escaños. Claro que podría tenderle la mano a Ciudadanos pero ese trato moderado y razonable está mutuamente descartado debido a diferencias esenciales sobre el proyecto político, el conflicto catalán y el modelo de Estado.

Así que por su propia debilidad, este Podemos en saldo, necesitado de rescate, es para él un aliado perfecto y el que probablemente acabe escogiendo: el único que promete colaboración incondicional a cambio de un par, incluso de un solo Ministerio. Tal vez en los próximos días salte también la posibilidad de incorporar a un tercero: en el PNV puede abrirse el debate sobre una hipotética solicitud de entrada en el Gobierno para ocupar algún departamento estratégico como Industria o Fomento. Al final, las coaliciones políticas se rigen por los mismos principios de la economía y del comercio: la relación entre oferta y demanda o el beneficio como diferencia entre coste y precio.

Ignacio Camacho.

Articulista de Opinión.
Carmena a la guardería.

Si Sánchez, el doctor fake, el socialista fake, el fake amigo de Rubalcaba es el futuro, ¡qué suerte ser ya cosa del pasado!

Gabriel Albiac.

Actualizado:

27/05/2019 02:13h.

Reivindica Sloterdijk, en su ensayo En el mismo barco, el tópico de Bismarck: la política como arte de lo posible. Porque pedir lo imposible es lo propio de los niños. La política es arte de adultos. No de Carmena. Adulto, Pedro Sánchez lo es. Adulto y deleznable: o sea, político. Que el más deleznable de esa especie triunfe, debería movernos a reflexión. Da un fiel retrato terminal de la política hoy. Y advierte de un crepúsculo de la democracia. De su extinción, tal vez.

Digo que es el más deleznable. No el más lerdo. Comparado con Zapatero, Sánchez sería candidato al Nobel. Deleznable -RAE: «inconsistente»-, en la medida en que Sánchez carece de entidad alguna. Y aun de identidad. Es pura adecuación a lo que le conviene. Dirá «A», si «A» le trae beneficio. Y «no A», si «no A» le es rentable. El Doctor Sánchez carece de principios y de convicciones. Todo le vale, siempre que sea para beneficio del Doctor Sánchez. En esa exacta medida radica su modernidad. Sánchez aspira a enterrar aquellos tiempos, en los que al político español le convenía revestir un discreto barniz ético. Si Sánchez, el doctor fake, el socialista fake, el fake amigo de Rubalcaba es el futuro, ¡qué suerte ser ya cosa del pasado!

No es un fenómeno español. La mutación de los partidos en agencias publicitarias ha borrado aquel principio de la presencia ciudadana en las cosas del Estado, sobre el cual nacieron las sociedades burguesas. No, ni es exacto llamar democracia a los regímenes en los que vivimos, ni es exacto llamar libertad al margen de actuación que en ellos se nos concede. Vivimos en Estados oligárquicos benévolos: esto es, en máquinas herméticamente blindadas a cualquier intervención externa, que cambiaron la brutal represión por la simpática condescendencia. Sale más barato y es más eficaz.

Tras las elecciones municipales y autonómicas de ayer -las europeas son un divertimento para dar sueldo a los amigos-, España queda sólo parcialmente en manos del clan Sánchez. Hablo, no de partido. Hablo de clan. Por elemental rigor analítico. El clan Sánchez es tanto o más enemigo del viejo PSOE cuanto lo es de todos cuantos podamos estorbar su avance. Todos, en estos días, hemos oído a no pocos de nuestros amigos o conocidos de la primera generación socialista declararse dispuestos a votar a cualquiera que no fuera candidato de Sánchez. Y candidata modélica de Sánchez era la Manuela Carmena cuyo número dos estaba llamado a ser el baloncestista Pepu: tierna alianza de infantes y adolescentes. No es «la derecha» lo que aspiran a destruir Sánchez, Podemos e independentistas: es un régimen constitucional adulto, el del 78. Todo él. Nación incluida. PSOE incluido. Sin hipótesis de alternativa.

Madrid era la clave del asalto final. Este Madrid, que Carmena hibridó entre jardín de infancia y basurero, entre utopía pueril y delincuencia consentida. Se estampó contra Madrid. Se estampó Gabilondo. Esta madrugada se enquistaba Sánchez. ¿Carmena? Carmena a la guardería..

Gabriel Albiac.

Articulista de Opinión.
No molestéis a Oriol.

Sánchez ordena a Batet enredar, en lugar de aplicar una norma clarísima.

Luis Ventoso.

Actualizado:

24/05/2019 00:36h.

Un viejo chascarrillo, que me temo que no deja de albergar cierta verdad, reza que los periodistas somos capaces de hablar durante un minuto con gran solvencia sobre cualquier asunto, pero incapaces de disertar más de tres con profundidad. Lo comento para asumir que en comparación a Meritxell Batet, flamante presidenta del Congreso, soy un zoquete en cuestiones jurídicas. Ella estudió Derecho y ha sido profesora de Constitucional en una universidad de prestigio, la Pompeu Fabra. Además lleva años como diputada y ha sido ministra, por lo que trabajar con leyes y reglamentos constituye su dieta diaria. Pero sin llegar a la altura de Meritxell, siendo un simple gacetillero, me ha llevado unos ocho minutos concluir que los presos golpistas que han sido elegidos diputados deberían haber sido suspendidos nada más tomar posesión de sus actas.

El capítulo 4 del reglamento del Congreso, en su artículo 21.2, establece taxativamente que perderá su condición de diputado quien «se hallare en situación de prisión preventiva y mientras dure esta». ¿Están el cerebro golpista Junqueras y sus compañeros elegidos diputados en prisión preventiva? Parece que sí. Pues ahí concluye el debate. No hay nada que discutir. No hay nada que consultar. Solo toca cumplir las normas. Pero además, por si no bastase lo anterior, la Ley de Enjuiciamiento Criminal, en su artículo 384 bis, señala que los procesados por rebelión y en prisión provisional verán «suspendido el ejercicio de cargo público mientras estén en la cárcel».

Lo entendería un Teletubbie. Sin embargo, ¿qué ha hecho Meritxell, la eminente jurista, al verse en la tesitura de aplicar las normas a los aliados que llevaron a su jefe a La Moncloa? Pues ponerse de canto, enredar, tratar de dilatar la decisión y, sobre todo, escenificar que el PSOE ha puesto trabas para evitar la suspensión inmediata. ¿Por qué? Pues porque el domingo hay elecciones y mostrarse expeditivo con los separatistas podría restar algún voto a Sánchez en Cataluña. Además, en cierto modo el actual presidente es rehén de Junqueras, quien sabe -y podría contar- cómo fueron realmente las negociaciones PSOE-ERC para echar a Rajoy (¿o es que alguien se cree que no hubo una trama previa entre bambalinas de socialistas y separatistas?). Así que Sánchez ha obligado a Meritxell a hacer el ridículo, enviando la patata caliente al Supremo. Jugada torpona, porque el maestro Marchena, que es muy largo y les da unas vueltas a todos en sapiencia y señorío, les ha devuelto el centro envenenado con dos simples párrafos que sonrojan al Gobierno y vienen a decirle a la gran Meritxell, profe de Derecho Constitucional, que al parecer ni se sabe la Constitución.

En resumen, lo habitual: Sánchez embadurnando el prestigio de las instituciones con prácticas marrulleras al servicio de sus intereses particulares. Pero da igual. Ninguna televisión lo denunciará a las claras y el domingo volverá a ganar los comicios, merced a la absurda partición en tres de sus adversarios. En la práctica, el invento de Abascal se puede traducir en ocho años con Sánchez.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
VIDAS EJEMPLARES.

El país más tonto del mundo.

No lo somos, pero a veces nos esforzamos en parecerlo.

Luis Ventoso.

Actualizado:

21/05/2019 07:25h.

Tras su máscara mansurrona y sus cínicas buenas palabras hacia los españoles, Oriol Junqueras, de 50 años e historiador de formación, es hoy el mayor enemigo de España, pues se trata del auténtico cerebro del único movimiento que amenaza la existencia de la nación española. Cuando Puigdemont dudaba, él fue quien presionó a favor de la declaración de la Declaración Unilateral de Independencia, aprobada el 27 octubre de 2017, en hecho insólito e hiriente para millones de españoles (incluidos más de la mitad de los catalanes). Por su plan golpista, está siendo juzgado bajo acusación de rebelión, malversación y sedición.

Junqueras vive su credo independentista como una fe religiosa. Ha contado que abrazó la causa con solo ocho años. En 2006, sembrando lo que luego germinaría, fue cofundador de una plataforma en pro de la autodeterminación y el referéndum. Desde 2010 inició una ronda de arengas por pueblos y ciudades para predicar que Cataluña sufría un robo sistemático del Estado español. Su tono queda bien resumido en estas palabras de marzo de 2013 en Sant Andreu: «Ya sé que hay gente que dice: “Ya está Junqueras diciendo que la culpa es del Gobierno español”. Ya, pero es que es así. El año pasado nos jodieron 13.000 millones. Pero es que Junqueras siempre dice que es culpa del Gobierno español. Claro, pero es que nos jodieron 13.000 millones. Pero es que ya lo ha dicho. Ya, ya, pero es que nos los jodieron, y con 13.000 millones no habría ningún recorte en Cataluña, ni uno». Sus cifras eran falsas. Como su aserto de que Canadá, Alemania y Estados Unidos publican cada año balanzas fiscales internas. O como su promesa de que la UE aceptaría encantada a una Cataluña independiente. O como su vaticinio de que con la independencia la economía catalana se dispararía (la realidad es que se han fugado cerca de 6.000 empresas desde el golpe de 2017). En resumen: un fanático de una causa supremacista, que opera como un mentiroso compulsivo y tiene como meta destrozar España.

¿Y cómo nos defendemos de este adversario? Pues siento decirlo, pero a veces España parece el país más tonto del mundo, aunque no lo sea. Según nuestro ordenamiento, los presos golpistas tenían derecho a presentarse a las elecciones y ser elegidos. Es cierto. Pero se podía haber evitado perfectamente que ayer convirtiesen la recogida de sus actas en un acto de propaganda. Llegaron incluso a grabar vídeos promocionales. Y tenemos un país tan dadivoso con quienes vienen a por nosotros que no solo se toleró, sino que la televisión pública española se pasó el día reproduciendo esas soflamas. El reglamento del Congreso establece claramente en su artículo 21 que todo diputado en prisión preventiva «será suspendido de sus derechos y deberes parlamentarios». No caben dudas. Hoy mismo deberían ser apartados. Sin embargo habrá consultas superfluas, dudas, melindres... El país más tonto del mundo -que no lo es, pero que a veces lo parece- jamás perdona la ocasión de hacer carantoñas «progresistas» a quienes trabajan a destajo para liquidar la nación más antigua de Europa.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
UNA RAYA EN EL AGUA.

Pacifistas.

No es posible una sociedad sana en un clima de impunidad moral putrefacta que normaliza los homenajes a los canallas.

Ignacio Camacho.

Actualizado:

20/05/2019 00:38h.

Sólo la Justicia podrá establecer si Josu Ternera participó personalmente en algún atentado de ETA o dio la orden de cometer crímenes sanguinarios como los de Hipercor o la casa-cuartel de Zaragoza. Lo que no está sometido a discusión es su responsabilidad como dirigente de la banda armada durante muchos años -algunos de ellos en incomprensible comisión de servicio en instituciones democráticas-, ni su condición de líder de los terroristas vascos hasta el momento mismo de su detención la semana pasada. Tampoco admite duda que el enaltecimiento, apología o justificación del terrorismo constituye un delito tipificado en el Código Penal vigente junto con el de menosprecio o humillación a las víctimas y sus familiares. Alguien debería explicar, por tanto, la razón por la que ni la Audiencia Nacional ha prohibido ni la Fiscalía ha denunciado el homenaje que los paisanos del pistolero recién arrestado le tributaron este sábado en su pueblo natal de Miravalles ante la inaceptable tolerancia de la justicia y de las autoridades.

Serían pacifistas. Como Otegui. Gente apacible que celebraba la contribución de Ternera, ese «héroe de la retirada» según el socialista Eguiguren, a la «normalización» de Euskadi. Alguna razón tienen porque allí se ha convertido en normal que los asesinos que salen de la cárcel -la mayoría sin muestra alguna de arrepentimiento- sean recibidos en sus localidades de origen como si fuesen prisioneros de guerra recién liberados. Porque esa venturosa tranquilidad social que ahora se respira en las pujantes capitales vascas contrasta con la atmósfera opresiva, propia de la novela de Aramburu, que continúa imperando en las comarcas de hegemonía abertzale. Porque muchos antiguos (?) etarras ocupan cargos públicos o figuran en las candidaturas electorales. Y porque la historia del fin de ETA la están contando sus legatarios políticos como si tratara de una especie de empate. Quién podría negarles la «normalidad» de ese desenlace cuando los diputados de Bildu votaron la moción de censura -y aún están dispuestos a repetir en la próxima investidura- para hacer presidente del Gobierno a Pedro Sánchez.

El día del apresamiento de Urruticoetxea, muchos ciudadanos españoles sintieron ante este panorama un inevitable pellizco de suspicacia sobre la posibilidad de que el jefe terrorista, enfermo de cáncer, protagonice en el futuro otro caso Bolinaga. Puede que ni siquiera llegue a plantearse la cuestión si, dada su edad y sus expectativa de vida, cumple los ocho años de condena que tiene pendientes en Francia. Por eso es importante que la memoria, el dolor y la dignidad de las víctimas, que simbolizan a toda una nación agredida, queden a salvo de humillantes tergiversaciones en el relato de la infamia. No es posible una sociedad sana en un clima de impunidad moral putrefacta que concede honores patrióticos a un manojo de canallas.

Ignacio Camacho.

Articulista de Opinión.
¡Cuanta tirria te tiene alguna!, ¡ay, ¡ay mi triana. Al que no le gustes ya saben......................... ....
Los pasos perdidos.

Emana una cierta melancolía de quienes un día mandaron mucho y ya no.

Luis Ventoso.

Actualizado:

11/05/2019 23:52h.

Mi columnista favorito no se ocupa de tormentas en vasos de agua. Las redes sociales le resbalan. Tampoco ejerce de tertuliano. Ni siquiera escribe en medio alguno porque se murió en 1592, a los 59 años, por unas anginas traidoras. Mi columnista favorito era culto, elegante y sereno, a pesar de que lo martirizaban las piedras del riñón. Pero a veces soltaba algún capón que sentaría bien a nuestra dicharachera clase política: «Nadie está libre de decir estupideces. Lo malo es decirlas con énfasis». También dejó sagaces definiciones irónicas: «El mejor matrimonio sería aquel de una mujer ciega con un marido sordo». E incluso una condena protoliberal de la cansina subcultura de la queja que padecemos: «A nadie le va mal durante mucho tiempo sin que él mismo tenga la culpa».

Michel Eyquem de Montaigne descendía de prósperos judíos sefardíes y nació en un castillo de la Aquitania, uno de esos paraísos europeos a los que uno se mudaría mañana (de ser libre y de posibles). Su padre lo sometió a un excéntrico experimento pedagógico. Hasta los tres años lo hizo vivir en una cabaña de labriegos, para que mamase la vida de los humildes, y luego lo obligó a que latín y griego fuesen sus idiomas cotidianos. Estudió leyes, trabajó en tribunales y se convirtió en cortesano influyente en el círculo de Carlos IX, que lo ensalzó con altos honores. Pero hete aquí que el último día de febrero de 1571, fecha de su 38 cumpleaños, Montaigne renuncia al gran teatro del mundo y a todos los oropeles del poder. «Cansado de la servidumbre de la corte y los empleos públicos», decide encerrarse en la torre circular de su castillo para dedicarse a leer y a escribir sobre su yo. ¿Qué ha pasado? ¿Por qué deja la droga del poder?

Ocho años antes, la peste se había llevado a su mejor amigo, Étienne de la Boétie, al que probablemente Montaigne amaba más que a su mujer, madre de sus seis hijos. Repara entonces Michel en una certeza terrible, que todos conocemos, pero que enterramos bajo una losa de amnesia para seguir viviendo: «Todos los días van hacia la muerte. El último, la alcanza». Montaigne se impone un nuevo orden de prioridades. «La principal ocupación de mi vida es pasarla lo mejor posible». Sabe que es «más soportable estar siempre solo que no poder estarlo nunca», así que se enclaustra en su torre, dedicado a responder por escrito a una pregunta: « ¿Qué sé yo?». La contestación son sus «Ensayos», libro inagotable.

Hacer lo que hizo Montaigne, soltar el poder con alegría y sin mirar atrás, es tan arduo que casi semeja antinatural. Salón de los Pasos Perdidos en el adiós a Rubalcaba. Personas que antaño lo podían todo transitan envueltas en una melancolía tenue, inaprensible, pero real. El teléfono suena poco. La embriagadora sensación que el mundo depende de ti se ha esfumado. Nuevos actores te convierten en una sombra respetable, pero irrelevante. Montaigne les ofrece su consuelo: «La verdadera libertad consiste en el absoluto dominio de uno mismo». Pascal lo dice aún más claro: «Todas las desgracias del hombre derivan de no saber estar tranquilo y solo en una habitación». Amén.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
Si Tezanos acierta...

El CIS vendría a ratificar lo sabido: la derecha no ganará mientras no se una.

Luis Ventoso.

Actualizado:

10/05/2019 00:14h.

Ahora mismo, Tezanos luce un empate en su casillero: no dio una en las andaluzas y lo clavó en las generales del mes pasado. Su reciente acierto invita a conceder un poquito más de crédito a sus sondeos, aun siendo militante del PSOE. La encuesta que presentó ayer sobre las europeas, autonómicas y municipales presenta un defecto de base, y es que el trabajo de campo se llevó a cabo antes de los comicios del 28 de abril, cuyo resultado favorable a Sánchez puede provocar una corrección del voto el próximo día 26. Pero aún así cabe extraer unas conclusiones:

-La primera y más relevante es archiconocida (aunque todavía no asumida por quienes la han provocado): la derecha seguirá perdiendo frente al PSOE mientras se presente quebrada en tres. No hay mejor regalo para Sánchez que Vox, del mismo modo que no hubo mejor obsequio para Mariano y Soraya que un Podemos vigoroso pescando en los caladeros del PSOE (por eso la vicepresidenta facilitó un modelo televisivo donde los podemitas camparon de sol a sol por los platós y se dieron a conocer). Las europeas son un ejemplo de libro de la automutilación de la derecha: si no existiese Vox, el PP rondaría el triunfo. Y si en lugar de la sopa de letras PP-Cs-Vox se presentase un único partido que aglutinase las opciones liberal-conservadoras, golearían al PSOE. ¿Dónde gana la derecha? En Navarra. El único lugar, ¡oh casualidad!, donde se presenta unida.

-La segunda conclusión del CIS, si acierta, es que la proclama de Rivera de que ahora él es el líder de la oposición se tornaría un tanto psicodélica. Ciudadanos ha quedado de tercero en las generales, puesto que repetirá en las europeas, según el CIS. Tampoco ganará ni gobernará en ninguna comunidad. Además pincha en Madrid, donde Villacís y Aguado serían terceros, y fracasaría también con su original apuesta por Valls. Cuesta entender cómo un partido que ha quedado de tercero en las generales, y que carece de poder autonómico y municipal, es la nueva referencia de la oposición por delante de otro más votado y que todavía gobierna en dos grandes comunidades, Andalucía y Galicia. Pero sin duda tiene razón Rivera y es mi particular empanada lo que me impide captar su visión.

-La tercera conclusión, si se confirman estos augurios, es que el sillón de Casado en Génova comenzaría a tambalearse. Cierto que el examen le ha llegado demasiado pronto y que paga la irrupción de Vox. Pero después de haberse dejado en las generales la mitad de los escaños de su partido, perder ahora Madrid -del PP desde 1995-, Murcia y La Rioja, y no conquistar ninguna comunidad nueva, probablemente pondría a Feijóo y Ana Pastor a calentar por la banda. Aunque, por supuesto, Tezanos podría pinchar y darse resultados más benignos para Cs y PP.

Conclusión que nadie quiere todavía asumir: PP y Cs deberían ir pensando en fundirse en un único partido. Sin esa visión a largo plazo y sin esa generosidad habrá socialismo, filonacionalismo y fiscalidad atosigante hasta que otra crisis económica nos tumbe en el diván, la angustia y la bancarrota.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
EL CONTRAPUNTO.

Cumplir lo prometido.

Oponerse a los desatinos de Sánchez es faena suficiente para que Casado y Rivera unan fuerzas en vez de seguir tirándose los trastos a la cabeza.

Isabel San Sebastián.

Actualizado:

09/05/2019 00:08h.

La política española se ha envilecido de tal manera con el transcurso de los años que nadie otorga valor alguno a la palabra de un candidato. Es más, se da por hecho que las promesas formuladas en campaña son papel mojado y se entiende que, en la práctica, la ética y los principios han de retroceder ante el interés económico. Esa concepción utilitarista de la cosa pública, especialmente acentuada en el centro derecha, es la que ha prevalecido en el PP durante varios lustros, y a ella se debe la fragmentación de ese espacio en tres partidos y el consiguiente descalabro de las siglas que aglutinaban en exclusiva a esos votantes. Cuando una formación pierde sus referencias ideológicas y se convierte en una mera máquina de conseguir o conservar el poder, está empezando a morir. Que es exactamente lo que le ocurría al PP hasta que Pablo Casado se hizo cargo de los mandos. Sus posaderas son las que recibieron el pasado 28-A la patada de los electores decididos a emigrar mucho antes de que él asumiera el liderazgo, pero el grueso de la responsabilidad no es suya. Y se equivocará gravemente si confunde «centro» con «relativismo» y trata de recuperar sufragios regresando a las andadas consistentes en asumir mansamente la dictadura de lo políticamente correcto impuesta por la izquierda en todo aquello que no atañe al presupuesto, desde la mal llamada «memoria histórica» hasta la concepción «discutida y discutible» de la Nación, sin olvidar el apaciguamiento estéril ante el desafío secesionista.

Casado concurrió a las elecciones generales con un programa concreto al que debe atenerse, so pena de perder la menguante credibilidad que aun conserva. Idéntico imperativo pesa sobre Albert Rivera, salvo que opte por el suicidio. Porque suicidio sería atender los llamamientos que se le formulan desde ambos lados del espectro para que acuda al rescate de Sánchez y alcance con él algún acuerdo destinado a impedir el arbitraje de Podemos y los separatistas sobre el gobierno de nuestro país. Los mismos que le llamaban «veleta», despreciando la vocación de bisagra con la que nació Ciudadanos, ahora le suplican que diga «digo» donde dijo Diego a fin de evitar la catástrofe. Sucede, no obstante, que muchos de los jóvenes (y no tan jóvenes) que escogieron la papeleta naranja lo hicieron, precisamente, porque otorgan valor a la palabra dada y desconfían de quien la traicionó en el pasado. ¿Ingenuos? Sí. ¿Ilusos? Probablemente. ¿Irresponsables? No. La democracia asigna al pueblo la potestad de colocar a cada político en una determinada posición, cuya responsabilidad es la que le compete.

Los españoles decidieron libremente situar en el Ejecutivo al actual presidente en funciones y en la oposición a los cabezas de cartel de PP y Cs, cuyo compromiso de no pactar con el socialista era igualmente firme. Si cualquiera de ellos rompiera ese compromiso, por activa o por pasiva, estaría cometiendo una deslealtad imperdonable, que sus votantes le harían pagar muy cara. Su obligación por tanto es ejercer la labor a la que están llamados y dejar al vencedor lidiar con su victoria. Tiene 123 diputados y a Iglesias, Junqueras y Ortuzar deseosos de «ayudarle» a cambio de ciertos favores, como colocar en la presidencia del Senado a quien propone celebrar un referéndum de autodeterminación en Cataluña de aquí a diez años: Miquel Iceta. Oponerse a semejantes desatinos es faena suficiente para que Casado y Rivera se arremanguen y unan fuerzas en vez de seguir tirándose los trastos a la cabeza.

Isabel San Sebastián.

Articulista de Opinión.
El arte de beber.

En la Feria de Sevilla no se bebe por beber, sino por vivir.

Antonio Burgos.

Actualizado:

08/05/2019 00:31h.

Amuchos, especialmente a los cronistas taurinos, les ha sorprendido mucho que este año la Feria de Abril de Sevilla se celebre en mayo. Por una sola vez y sin que sirva de precedente, por culpa de la tardía Luna del Parasceve que ha hecho que, por no salir de los toros, este año la Feria de Sevilla casi se pise con los carteles de San Isidro. Por poco en vez de en el Real tenemos que celebrar la Feria de Sevilla en la Pradera del santo. No me sorprende esto de que los almanaques de las fiestas parezcan que se han vuelto locos. En Alemania no uno, sino todos los años, la Fiesta de la Cerveza de Múnich que conocemos como Oktoberfest se celebra no en octubre, sino... en septiembre. ¿Por qué Oktoberfest en septiembre? Pues por la misma razón por la que este año, en Sevilla, la Feria de Abril se celebra en mayo. Y no andan descaminadas las dos fiestas, que para mí debían hermanarse con su correspondiente ceremonia y sus receptivos viajes (de gañote) de los políticos a las dos correspondientes capitales. Algún parecido hay entre ambas. Las hermana la cerveza. A mi nieta Ana Burgos Hornemann, que vive desde muy pequeña en Múnich y les encantan las cosas de Sevilla, le pregunté cómo era eso de la Feria de la Cerveza. Aparte de decirme que todo cuesta carísimo, me dijo:

-La Oktoberfest es como la Feria de Sevilla, pero con unas casetas mucho más grandes y con unas mesas larguísimas, sentados todos juntos, donde los alemanes se ponen a beber unas jarras de cerveza grandísimas y, cuando están ya completamente borrachos, se suben en esas mesas y se ponen a bailar y a pegar saltos.

Leo las estadísticas de consumo etílico de este año de la mayera fiesta abrileña y compruebo que quizá la verdadera Feria de la Cerveza sea la Sevilla, no la de Múnich. En la del presente año de desgracia (de la victoria de Sánchez) de 2019 se van a consumir más de un millón de litros de cerveza y millón y medio de manzanilla de Sanlúcar y de fino de Jerez. Sólo una firma sanluqueña, Barbadillo, prevé vender medio millón de botellas. ¿Y saben lo más bonito de todo? Que aunque nos bebamos en la Feria auténticas piscinas olímpicas de cerveza, de rebujito, de fino o de manzanilla, aquí no se ve a un solo sevillano borracho bailando encima de las mesas, como en Múnich.

-Claro, como no hay mesas largas...

No, porque existe el arte de beber. El beber no es un fin, sino un pretexto para la conversación, para el sano ejercicio de la amistad o el insano del despelleje del prójimo. En la Feria de Sevilla no se bebe por beber, sino por vivir. Por convivir, copa en mano, caña de cerveza en mano. Sí, la copa en la caseta de Feria tiene mucho de diálogo platónico con una Cruzcampo helada por delante; mucho de «convivium» romano con una caña de manzanilla fresca y transparente, tan clara que parece agua y nos hace recordar la definición de Pemán: «La manzanilla es el fino de Jerez vestido de marinerito».

Hago el elogio etílico de la Feria de Sevilla acordándome de aquella máxima del Marqués de las Cabriolas, título nobiliario completamente falso que se inventó para su caseta de la Peña Er 77, y que quizá sea la causa última del elevado consumo que cifran las estadísticas: «Bebe a gusto y orvía los disgustos». Se sabe beber. En la Feria de Sevilla no se ven borrachos tirados por la calle, durmiendo la tajá en los jardines públicos, como en tantas otras fiestas españolas. Ni siquiera existe el borracho de los toros, el tío que llega más que puestecito a la plaza y te da la tarde. No se ven tajás como un mulo. Se ve lo más bonito que tiene el medio vino: la papa muy simpática. ¿Es la Feria de Sevilla un millón de papas muy simpáticas? Pues quizá. Pero sin malajadas.

Antonio Burgos.

Articulista de Opinión.
LA VIOLENCIA DEL «PROCÉS»

Los Jordis y el 7º de Caballería.

Álvaro Martínez.

Actualizado:

06/05/2019 23:52h.

Ni con el Séptimo de Caballería podrían haber entrado los Mossos en la Consejería de Economía de la Generalitat aquel 20 de septiembre en que comenzó la fase violenta del «procés», que culminaría con la declaración de independencia también por las bravas. Así lo declaró ayer el jefe de los antidisturbios de la Policía autonómica en el Tribunal Supremo, donde, visto su relato, parece que le hubiera llevado como testigo la Fiscalía y no las defensas. Lanzamiento de botellas, insultos, hostilidad, intransigencia de uno de los Jordis (Sànchez) que andaba allí «altivo y prepotente» dirigiendo el cotarro, en contacto con la autoridad. «Largaos de aquí, esto que estáis haciendo no es lo que hemos acordado», le dijo Sànchez, ese Gandhi de todo cien, que amenazó al mando policial con llamar a Puigdemont, ya ves tú qué primo de Zumosol.

El testimonio del agente revela por tanto que el golpe empezó antes de la declaración de independencia y sobre todo que los Jordis, por ejemplo, se habían erigido en poder callejero, con hilo directo con los cabecillas de la Generalitat. Realmente mandaban en ese embrión de la república, fingiendo eso sí el mismo pacifismo impostado que ahora tratan de llevar al Supremo, pintando aquella jornada de furia como una pacífica reunión de budistas en trance meditativo, con meriendilla incluida para matar el hambre, en medio de un ambiente parecido al de un cumpleaños infantil en una piscina de bolas.

Pues no, según el jefe de los antidisturbio de los Mossos «hubo lanzamiento de botellas y objetos, la presión de los ciudadanos hacía que el cordón venza, la gente empieza a abuchearnos. Cuando impactó una botella me salí del cordón y le dije a mi superior que no podíamos acceder. Los de las primeras filas daban golpes y empujones...». Ya no hay más preguntas, señoría. Un alto mando de los Mossos ha corroborado el testimonio de los guardias civiles sobre aquel asedio del 20-S que terminó con la secretaria judicial evacuada por la azotea para eludir a la turba. Era el mosso de ayer testigo de las defensas pero ha terminado por aportar el grano de arena que le faltaba a la Fiscalía para apuntalar que en el «procés» hubo episodios de rebelión violenta, con la masa lanzada como ariete, una herramienta más de los rebeldes, para impedir el cumplimiento de la ley.

Dijo ayer el agente que ni con el Séptimo de Caballería habrían entrado... No, era imposible con la tribu «indepe» haciendo el indio y los Jordi, con mando en plaza, disfrazados de Toro Sentado encima del Patrol de la Guardia Civil.

Álvaro Martínez.

Redactor jefe.
Mi razonamiento diempre es lógico. Dime tú qué parte de èl falla ya sabes premisas verdaderas de las que se saca una conclusión. Esa es la lógica.
No sirven las divagaciones.
Saludos
Que sí, que sí, que manzanas traigo y brevas vendo.
Què quieres decir? Te informo de que si Sànchez no gobierna es porque no ha pactado.
De verdad Rosalí, no hay mayor demostración de una verdad que esta. Todo lo demás son habladurías y muy malas intenciones. "Los hechos son los que cuentan y ahí estàn" "El movimiento se demuestra andando"
Es muy fácil de deducir
si la ideología no nos contamina.
Saludos.
Precisamente es la que te ocurre a ti que la ideología te contamina y mucho.
Pues no Rosali. Ventoso no se merece que alabes su resumen, como siempre Ventoso ha hecho gala de su simplonería partidista que le caracteriza, yo diría que es su seña de identidad.
Te mando todo el discurso de Sánchez para que tú misma puedas comprobarlo.
Simplonería partidista la que tu dejas en este foro, ¡siempre estás con la misma cantinela! ¿pero cuando te darás cuenta? ¿quien eres tu para decirle a los demás foreros lo que tienen que alabar, o no tienen que alabar?
VIDAS EJEMPLARES.

Tarde, muy tarde.

Gestos de dignidad como el de Delgado ayer contradicen la ejecutoria de su jefe.

Luis Ventoso.

Actualizado:

06/05/2019 00:07h.

La ministra de Justicia, Dolores Delgado, tuvo ayer el gesto de dignidad de abandonar un acto de homenaje de la Generalitat en Mauthausen (Austria) cuando una directora general del Gobierno catalán inició sin venir a cuento el pertinaz mitin-queja sobre «los presos políticos» separatistas. Se rendía homenaje a las víctimas de los nazis que murieron en aquel aterrador presidio, conocido en su día precisamente como «el campo de los españoles», por la fuerte presencia de deportados republicanos derrotados en la Guerra Civil, esclavizados en la cantera del complejo. En total se calcula que 9.300 españoles fueron llevados a los campos de concentración de Hitler, en los que murieron unos 5.500 (4.000 de ellos en Mauthausen). Este domingo se los recordó con varios homenajes allí y Delgado se sumó con naturalidad al de la Generalitat. Fue entonces cuando la directora general de Memoria Democrática del Gobierno catalán, ataviada con el preceptivo lazo amarillo en su pechera y haciendo gala del paletismo más cerril, incurrió en una hiriente comparación subliminal entre los exterminados por los nazis y los que ella llamó «presos políticos». Delgado se dio la vuelta y se marchó, gesto que la honra y nos reconforta.

El problema es que el rapto de dignidad que tuvo ayer la ministra contrasta clamorosamente con la ejecutoria de su jefe, que una y otra vez ha tolerado silente que los dirigentes separatistas ofendan al conjunto de los españoles y al jefe de Estado. Sánchez no se plantó ni dijo nada cuando Torra despreció a Felipe VI en reiterados actos en Cataluña. Tampoco cuando el presidente catalán se presentó en La Moncloa con el lazo amarillo, que simboliza la causa golpista y la animadversión hacia España y su legalidad. No hubo dignidad alguna cuando negoció en secreto concesiones humillantes a un tipo al que solo meses antes comparaba con Le Pen. No hubo dignidad para un hacer solo comentario desfavorable cuando Iglesias se fue a la cárcel para negociar con Junqueras los presupuestos, porque por entonces venía bien no ser tan digno con tal de atornillarse al poder. Tampoco hubo dignidad para reaccionar cuando la policía autonómica catalana, a las órdenes de Torra, dio barra libre a los CDR para cortar la autopista que vertebra todo el Mediterráneo español y da salida a Francia. Ni la hay para responder desde el Gobierno de España cuando una energúmena xenófoba que fue presidenta del Parlamento catalán llama «cerdos» a los representantes PP y Ciudadanos, como acaba de suceder. Ni fue digna, ni diligente, la ministra de Justicia a la hora de defender a Llarena de las presiones del separatismo, que incluyen reiterados actos vandálicos en su domicilio; o cuando el Gobierno forzó que la abogacía del Estado rebajase su acusación a los presos golpistas, porque por entonces sus partidos sostenían a Sánchez y convenía hacer «gestos».

El detalle de dignidad del Gobierno de Sánchez ante los mayores enemigos de España llega con retraso y durará lo que tarde en necesitar sus votos en el Congreso.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
Pues la verdad es que sí.
¿España es de izquierdas?

Sin la gran idea de partirse en tres, la derecha habría goleado al PSOE.

Luis Ventoso.

Actualizado:

30/04/2019 00:09h.

Emana de las televisiones «progresistas», que son todas menos una, un sentimiento de dicha exultante ante los resultados electorales. Tertulianos y presentadores saludan el triunfo de Sánchez como una gesta digna de Aníbal, que ratifica que «España es sociológicamente de izquierdas». El conservadurismo, explican, ha recibido un repaso y se disuelve como un azucarillo en una sociedad abrumadoramente progresista. Ayer hasta vimos la insólita estampa de una periodista de un medio liberal iniciando en plena tertulia de TVE una compungida autocrítica por haber cuestionado a Sánchez. Dado el monopolio del izquierdismo en el hábitat televisivo -una anomalía respecto a otros países-, lo probable es que haya cuajado la tesis de que estas elecciones prueban que España es de izquierdas. ¿Es cierto?

Empecemos con la «enorme» gesta de Sánchez. En efecto, ha ganado bien y merece gobernar. Pero se ha quedado a 53 escaños de la mayoría absoluta, con 14 diputados y un 4,4% menos de votos que Rajoy en los anteriores comicios. Sin embargo, la idea que se enfatizó entonces fue de que el triunfo del PP con 137 diputados había sido pírrico y que sudaría para gobernar (como así fue).

Vamos ahora con la «mayoría sociológica de la izquierda». Es falsa. Descontando el voto nacionalista, derecha e izquierda están empatadas: cada una de esas formas de entender la vida obtuvo once millones de votos. Entonces, ¿por qué nos gobernará la izquierda? Pues porque una de las dos opciones decidió inmolarse compitiendo partida en tres. El viejo Fraga señalaba como su gran logro el haber reunido a toda derecha bajo un único paraguas, donde se cobijaban desde los democristianos centristas hasta personas de posiciones drásticas. Huelga decir que tenía razón. Si en lugar de la sopa de letras PP-Cs-Vox se hubiese presentado un partido único, la suma de los votos desperdigados el domingo habría arrojado una mayoría absoluta de 177 diputados. Superaría al PSOE en 69 escaños (sin embargo, por separado se quedaron en 149 y entronizaron a Sánchez). Vox, con su populismo de modales hirsutos, solo ha conseguido lo previsto: dar oxígeno al PSOE, porque ha provocado una sangría en el PP que no ha traído ventaja práctica alguna para los españoles de ideas conservadoras. Los expertos en comportamientos electorales se aburrieron de advertirlo. Pero cuando los desahogos mandan sobre las neuronas se desprecia a los especialistas tachándolos de «cobardes».

Por último, resulta asombroso -o más bien intolerable- que una vez que Sánchez ha ganado casi se exija a quienes lo han criticado que pidan perdón y callen a partir de ahora. La democracia va precisamente de confrontar puntos de vista y discrepar con plena libertad. Vienen tiempos duros para el pensamiento abierto, porque la apisonadora del pensamiento único se ha puesto en marcha. Pero la solución me temo que no pasa por Abascal y su caballo, sino por construir un conservadurismo moderno, integrador, optimista, compasivo y capaz de empatizar con las mujeres, que en su mayoría son alérgicas al extremismo y no lo votan.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
Tres y sin tele.

Es utópico querer ganar dividiendo tu voto en un trío y con la televisión en contra.

Luis Ventoso.

Actualizado:

29/04/2019 00:33h.

Como casi siempre, el PSOE vuelve a ser el primer partido de España, país que con el minifundio multipartidista actual seguirá estancado en una difícil gobernabilidad. Unas conclusiones:

1.-Los españoles, la enorme mayoría social que conforma este país, no dedican su tiempo de ocio a leer la «Crítica de la razón pura» de Kant y a repasar la filmografía selecta de Ingmar Bergman. Lo que hacen es ver la televisión. Como media, cada día consagran a ella más de tres horas. A pesar del auge de internet, la televisión sigue siendo la gran muñidora a la hora de decantar las decisiones electorales de los ciudadanos. La prensa fija la agenda del debate, pero es la tele la que alzaprima a unos actores u otros, y a una ideología u otra. Y en España, por la espectacular miopía de los gobiernos de Aznar y Rajoy, no existe una sola televisión fuerte de pensamiento conservador. Es casi imposible ganar unas elecciones con toda la televisión en contra (salvo en un caso de emergencia nacional, como la crisis que llevó a Rajoy al poder en 2011). Lo primero que hizo Sánchez al llegar al Gobierno fue hacerse con el control de TVE y ponerla a remar a su favor.

2.-Por si la televisión en contra no supusiese suficiente hándicap, el voto conservador concurrió además dividido en tres marcas. Sánchez se benefició de una de las máximas clásicas de Napoleón («Divide y vencerás») y recogió la cosecha de esa fractura. PP, CS y Vox suman 11 millones de votos, lo mismo que PSOE y Podemos. Pero la derecha obtiene 19 escaños menos. Es el peaje de la gran idea de dividirse en tres. Reunificar a la derecha es una tarea urgente (ya vemos para lo que ha servido el calentón visceral de Vox).

3.-Se ha dicho mil veces y es cierto: las elecciones se ganan en el centro. El PP se asustó con Vox y jugó a parecerse a ellos con unos énfasis que no le han rentado electoralmente. Casado equivocó su estrategia -y las caras estelares de sus listas- y ha perdido más de la mitad de los escaños respecto al resultado de Rajoy en 2016. Se ha dejado 71 diputados, pero Vox le restó finalmente 24 y Cs ha crecido en 25. Es decir, descontando la crecida de Rivera y Abascal, el PP ha perdido 22 diputados. El joven dirigente del PP es una persona honorable y es cierto que lleva muy poco, pero un descalabro así debería invitarle a meditar sobre si debe continuar al frente de un partido que ha laminado y que ahora está solo un punto porcentual por encima de Ciudadanos. En una democracia anglosajona daría paso a otro liderazgo. Feijóo y Ana Pastor son hoy las mejores opciones para reflotar al PP.

4.-Sánchez ha sido el más votado y debe gobernar. Lo que él hizo -gobernar no habiendo vencido- es algo que nunca debió haber sucedido y que debe desterrarse de nuestra democracia. Pero su resultado es corto, no suma con Podemos y necesitará de nuevo a nacionalistas y separatistas. Lo mejor para los intereses de España sería que Rivera rectificase -ya lo ha hecho muchas veces- y se formase un Gobierno de PSOE y Ciudadanos, sin ataduras con la extrema izquierda y los nacionalistas.

España inicia otro ciclo PSOE, por la torpeza de dividir la derecha en tres. (PD: Un poco de autocrítica: Tezanos tenía razón, lo clavó).

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
Marchena para qué.

La hipótesis no descartada del indulto a los golpistas ofende el celo con que Marchena preserva la dignidad de la Justicia.

Ignacio Camacho.

Actualizado:

27/04/2019 01:09h.

La misma semana en que Pedro Sánchez se negaba, por dos veces consecutivas, a descartar un eventual indulto a los golpistas catalanes, el juez Manuel Marchena proseguía su trabajo de juzgarlos. A diferencia de otros tribunales que han suspendido juicios a políticos durante las campañas electorales, la Sala Penal prefirió seguir adelante para demostrar su independencia jurisdiccional y para evitar que la vista se prolongue más allá del verano. Ha sido una pena que las últimas sesiones quedaran algo fuera de plano, alejadas del foco mediático, porque de nuevo en ellas se ha revelado la tajante, imperturbable autoridad del magistrado. La forma en que allanó la jactancia de un mozo de escuadra engallado merecía haber ocupado los minutos estelares de los telediarios. El testigo, un agitador separatista con mucho éxito en las redes sociales, pretendía chulear a los fiscales y letrados con la misma fanfarronería tuitera que se gasta ante sus parroquianos. A Marchena le bastó una frase para recordarle dónde y ante quién estaba declarando. El tipo se quedó seco, bajó los humos y cambió el tono rápido; encogió su altanería y contestó el resto de las preguntas francamente acojonado. Algo parecido sucedió otro día con ciertos políticos que trataron de impartir sesgadas lecciones de derecho constitucional a los togados. Delante de este tribunal, la displicencia, el engreimiento, la oblicuidad ideológica o el descaro doctrinario tienen un recorrido muy corto y un margen de tolerancia muy escaso. El presidente no está, desde el principio, dispuesto a permitir ninguna concesión al espectáculo. En estos días de obscena frivolidad propagandística, de grosero cambalache institucional y de exhibicionismo sectario, su seriedad y su firmeza trasladan la consoladora certidumbre de que al menos en el solemne salón de las Salesas queda en pie un resto de la dignidad del Estado.

Ese sentido de la responsabilidad, del elemental respeto que las instituciones se deben a sí mismas, resalta por contraste frente a la lamentable autodegradación de una política en la que el jefe del Gobierno es incapaz de comprometerse a no modificar con sus decisiones el veredicto de la Justicia. La simple posibilidad de utilizar prerrogativas de poder para revocar una probable condena convierte el imperio de la ley en una mercadería. Y eso es lo que hizo Sánchez: dejar abierta la puerta de una ignominia para captar simpatías entre los votantes independentistas. Burlarse del decoro y de la integridad con que los jueces defienden su función efectiva. Decirle a Marchena y sus colegas que la última palabra sobre el proceso no la dictará la razón jurídica y que su escrupulosa rectitud, el celo con que conducen la vista, puede quedar reducido a un mero ejercicio de honestidad corporativa. Que la defensa del Estado de Derecho, en suma, está a expensas del juego de minorías y mayorías.

Ignacio Camacho.

Articulista de Opinión.
CAMBIO DE GUARDIA.

Votar sin ilusiones.

En la inestabilidad, la ocasión para proclamar la independencia de Cataluña es óptima.

Gabriel Albiac.

Actualizado:

25/04/2019 00:23h.

En 1940, Winston Churchill podía comparecer ante el votante británico como un curtido reaccionario. Pero la alternativa a Winston Churchill se llamaba Adolf Hitler, protector progresista de la paz europea. Y en nada cambiaban eso, ni los ensueños pacifistas, ni las plegarias demagógicas. Sin aquel testarudo conservador en el 10 de Downing Street, del Reino Unido -y, por extensión, de Europa- no hubiera quedado nada.

Pasado ya nuestro minuto de opereta, transitado con paciencia el estruendo hortera del circo televisivo a doble vuelta, llega en España la hora de las cosas adustas -y adultas, perdón, señora Montero-, la hora de una seriedad que nada tiene que ver con los escénicos candidatos: un candidato es cualquier cosa menos una cosa seria. Y sí tiene que ver, todo, con lo que se juega cada uno de cuantos en las urnas depositarán -o no- la tenue dinamita de su papeleta. Una campaña electoral es, para los partidos que a ella concurren, exhibición rentable. Para los desvalidos ciudadanos es supervivencia.

Esforcémonos por hacer, pues, un balance glacial de lo que está en juego. Una cautela de higiene moral exige que ese ejercicio se haga al margen de personales preferencias; que sólo el cálculo de coste y beneficio para la nación -o sea, para cada ciudadano- determine una decisión en la cual no se juegan ni nuestros sueños, ni nuestras leyendas, ni nuestros afectos, ni nuestras mitologías. Se juega, en rigor, sólo el grado de dureza que habremos de soportar durante los cuatro años que vienen. Si es que ese plazo de cuatro años se cumple: tengo mis dudas.

La política, pasadas las rabietas infantiles de una nación o de un hombre, es administración serena de las determinaciones lógicas. Lo que es lo mismo: cálculo sin ilusión de los males menores. Enseñaba Freud que la ilusión es una forma menor del delirio. En política, sus costes son letales. Votemos, pues -o no votemos-, desilusionadamente. Con el mismo criterio con el que seleccionamos un tomate en el supermercado: con atención sólo al precio y a que no esté podrido. La representación política no es una épica. La democracia no es un heroico asalto al cielo. Representación y democracia son recursos institucionales para ir viviendo lo menos mal posible. Que ya es mucho.

Balance, pues. 1) El país está dividido por la mitad en votos: su oscilación a un lado u otro deriva de aleatorios avatares ligados a una mala ley electoral y a anécdotas imprevisibles. 2) Bascule hacia quien bascule el mínimo resto que va a decidir, la inestabilidad institucional está garantizada. 3) De esa inestabilidad sólo se saldrá con una nueva ley electoral que imponga un sistema de doble vuelta: ningún partido lo quiere. 4) En la inestabilidad, la ocasión para proclamar la independencia de Cataluña es óptima.

¿Vale la pena jugar en tales condiciones? No es función de un analista dar consejos. El voto toca decidirlo a cada uno, es un acto innegociablemente solitario. Y esa decisión, si es fruto de un elector racional, será la de un adulto que nada salvífico espera de sus gobernantes. Y que sí tomará en cuenta hasta qué punto algunos gobernantes pueden ser catastróficos.

No, no era Winston Churchill, en 1940, una figura seductora. Pero la alternativa se llamaba Adolf Hitler. No, no es la historia del PP nada que pueda exaltar el entusiasmo de nadie. Pero la alternativa se llama Pablo Iglesias. Y un gobierno a la venezolana con Sánchez. Que cada cual apueste como se lo exija la lógica. No el afecto.

Gabriel Albiac.

Articulista de Opinión.
En cancha amiga.

El formato ayudó a Sánchez, escamoteando el debate catalán hasta la medianoche.

Luis Ventoso.

Actualizado:

24/04/2019 00:28h.

El refrán sostiene que «segundas partes nunca fueron buenas». Pero no es necesariamente cierto. Ahí está «El Padrino 2», donde Coppola tentó un doble salto mortal, cruzando historias y tiempos, y salió airoso filmando la que para muchos es la mejor entrega de su trilogía. Esta vez no cayó esa suerte. El formato elegido -periodistas de parte preguntando a los candidatos- sesgó el debate y lo convirtió a ratos en un correcalles (por no hablar de la árbitra de filias al rojo vivo, que planteó varias preguntas que eran directamente salvavidas lanzados al rescate de un atribulado Sánchez). La manipulación de la velada llegó al extremo de que a las doce menos cuarto de la noche, con parte del público ya rumbo a la cama, todavía no se había tocado la mayor amenaza que soporta España, el desafío separatista. Era el punto débil de Sánchez, por lo que tocaba escamotearlo todo lo posible. Nuestra democracia es de tal calidad que el libro de memorias del presidente ha sido editado por la compañía que organizó el debate electoral.

El nivel fue de nuevo flojo en lo que hace a hablar de los problemas de los españoles y sus soluciones. Un ejemplo de esa inanidad llegó cuando se les preguntó sobre cómo hacer viable el sistema de pensiones. Iglesias: «Las pensiones tienen que ver con la calidad del empleo». Una perogrullada. Y acto seguido, su plan: gastar sin control ni cerebro. Sánchez: «Tenemos que hacer sostenible nuestro sistema público de pensiones» (gracias, pero hasta ahí ya llegamos). ¿El plan de Sánchez? Poner por escrito en la Constitución que las pensiones están blindadas, como si la letra constitucional crease por si sola una realidad contable. Rivera: «Me comprometo a ser el presidente de las familias y los contratos de calidad». Más allá de su gesticulación efectista y huera, eso es todo lo que acertó a decir sobre el problemón de su sostenibilidad. Casado: « ¿Cómo se crea empleo? Bajando impuestos», magra respuesta también.

¿Ganadores y perdedores? Sánchez, un dialéctico flojo, que por su egotismo sufre al verse cuestionado y se enfurruña, sale vivo. Aunque recibió un repasillo, Casado y Rivera no lograron un movimiento de jaque mate. Rivera, ganador el primer día, sobreactuó en exceso, rondando la descortesía con sus interrupciones marrulleras y muchas de sus propuestas sonaron a respuestas de catálogo. Iglesias se presentó en plan ponderado Dalai Lama, y con el gallinero que allí había, a ratos hasta daba el pego. Iglesias echó más de un capote a Sánchez, porque sabe que si Pedro no flota Pablo naufraga. Casado probablemente ganó el debate. Se tomó el cafelín que le faltó el primer día y anduvo más vivaz; además resultó el más articulado en sus propuestas. ¿La humorada de la noche? Sánchez llamando mentirosos a los demás.

Conclusión tras el doble maratón: los dos debates no van a cambiar el panorama electoral y el elefante ausente seguía caminando por el fondo de una habitación a la que se le negó la entrada, Vox (el lunes en La Coruña se quedaron casi dos mil personas sin poder acudir a su mitin en la ciudad, abarrotado). Puede pasar de todo. La cara de Sánchez no era precisamente la de creerse a Tezanos.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
No es mentira si lo crees.

La desfachatez de Iglesias leyendo la Constitución equivale a que Trump nos lea el «New York Times» para informarnos.

Rosa Belmonte.

Actualizado:

23/04/2019 04:11h.

En sus memorias, «Am I too loud?», el pianista Gerald Moore se sorprendía de los horarios españoles. También decía que, por suerte, en sus conciertos veraniegos, Victoria de los Ángeles, a la que acompañaba, imponía horarios europeos. Así, en lugar de actuar a las once de la noche lo hacían a las ocho y media. La televisión española todavía es peor. Y hasta hay que agradecer que los debates empiecen a las diez y no a la hora en que lo hacen los programas del prime time. El de ayer empezó a las diez, y cien minutos por delante de tostón. ¿Debate? Monólogos sucesivos con alguna interrupción. «Cójanse la cartera si Iglesias gobierna con Sánchez», dijo Rivera. Como Bette Davis en «Eva al desnudo» y su abróchense los cinturones. O cuando Sánchez exclamó ofendidísimo que a ver si decían alguna verdad (Casado le había restregado, entre otros, datos del paro) y Rivera le soltó: «Usted con su tesis doctoral también puede decir la verdad». Y antes del debate, dos horas de turra por parte de TVE. Qué gran error que Telecinco no haya empezado ayer u hoy sus Pantoaventuras. Íbamos a ver lo que interesa a la gente.

Lo más chistoso de la noche fue Pablo Iglesias con esa Constitución que blande como un misal. Como el primo Collins de «Orgullo y prejuicio». Leyéndonosla cada cierto tiempo. Su desfachatez es adorable. Como si Donald Trump nos leyera el «New York Times» para informarnos. Lo más increíble, que Pablo Casado no contestara a Sánchez cuando este le recriminó lo que dicen sus candidatos sobre el consentimiento y el sí es sí, el no es no y todas esas vainas. ¿Es que Casado se avergüenza de la hereje Cayetana Álvarez de Toledo? ¿Él tampoco es capaz de entender lo obvio? Por lo menos al hablar de pensiones, que es lo que prefirió en el bloque social, dejó en evidencia a Sánchez. Toda esa moderación de Casado quizá es fruto de la vehemencia de Cayetana Álvarez de Toledo. Ay, no, no vayamos a parecer agresivos, que luego dicen que no nos diferenciamos de Vox. ¿Y cuál es el resultado? Que Rivera te gana. Que Rivera habla con viveza y pasión. Que interrumpe cuando debe. Que su fogosidad tranquila está por encima del robot Sánchez, del primo Collins y del discreto Casado. Salvo en lo sobreactuado del minuto final. Pero no, que llegó el bloque de política territorial y Cataluña. Parece que Casado estaba reservándose y se crece. Pero el cambio de tono es evidente. Con Cataluña, Rivera no se queda atrás hablando a Sánchez de los indultos, de que pacta con Torra, con Rufián, con Puigdemont. «Yo quiero un Gobierno sin separatistas» (Rivera).

Pedro Sánchez se empeñaba en recordar la corrupción del PP. Eso es lo que lo llevó al Gobierno, pero ya no es el tema de estas elecciones. Casado ha pasado la mopa, como esa señora por el plató antes de empezar el debate. Se empeñaba también en las mentiras de los demás. «Llevan diez meses mintiendo las dos derechas». Cuenta el Mr. Belvedere de «Fotogramas» que en 1988 Robert Mitchum y Anthony Quinn coincidieron en TV3 para unas entrevistas. Mitchum pidió no cruzarse con Quinn en ningún momento. «Si lo veo, le rompo la cara. Aunque no explicó por qué. Carmen Calvo, además de sus asentimientos, ha estado muy preocupada por cómo se trata a su jefe. Por si alguien le rompía su cara bonita. Por la educación de los chicos. «Por nosotros no habrá ni insultos ni mentiras», había avisado. Ya. Pero como diría el George Constanza de «Seinfeld», no es mentira si tú lo crees. A las 23.14 horas, Santiago Abascal tuiteó «Encuentra las diferencias» y la foto de cuatro loros iguales.

Rosa Belmonte.

Articulista de Opinión.
Paz, amor y pachuli.

Sánchez se presentará hoy como un serenísimo Siddharta.

Luis Ventoso.

Actualizado:

22/04/2019 00:52h.

Llega la primera sesión del debate, en cancha amiga para el PSOE, la TVE de Rosa María Ferraz. En víspera de la contienda, Sánchez ha recibido el espaldarazo de Otegui, el jefe de Bildu, quien ha adelantado que lo apoyará para parar al «trifachito». El jueves salió de la cárcel David Pla, último jefe de ETA, una banda terrorista que descerrajaba tiros en la nuca a perfectos inocentes, o los despanzurraba con bombas bajo sus coches. Lo primero que hizo Pla al verse libre fue enarbolar una bandera de Bildu. También el PNV anuncia su respaldo al PSOE, pero siempre que se reconozca la «soberanía nacional vasca» y se establezca «un nuevo modelo territorial» (es decir, siempre que Sánchez abra la puerta a la partición de España). El candidato socialista cuenta además con el apoyo de los presos que en 2017 impulsaron un golpe de Estado en Cataluña para intentar proclamar una república. Con tales simpatías, lo normal sería que Sánchez tuviese ya perdidas las elecciones. Pero estamos en España. El respetable está muy atareado con las cañitas, el fútbol y «Sálvame» como para pensar en serio en su país.

Hoy toca baile de disfraces. Con rostro de titanio, Sánchez, el socio de Bildu que va meter mano a nuestra cartera para crujirnos a impuestos, comparecerá transmutado en un estadista de centro, del que emanarán efluvios de paz, amor y pachuli. Hablará despacito, gustándose, con voz queda y buscando la complicidad con el votante mediante un tono santurrón, con apelaciones huecas a la justicia social y críticas contritas a la «extrema derecha» de PP, Cs y Vox (el tipo que ha gobernado sostenido por Junqueras, Puigdemont y los comunistas).

¿Le funcionará la metamorfosis exprés? Depende de la habilidad de Pablo Casado. La próxima mayoría de gobierno solo podrá articularse alrededor de PSOE o PP, por eso lo crucial esta noche es esa liza mano a mano. Casado debe evitar dispersarse en todo lo que no sea Sánchez, un presidente que en sus nueve meses ha disparado el gasto público y lastrado el empleo, que ha asaltado las instituciones de todos para hacerse propaganda, que tiene un concepto elástico de la verdad y que promete más autogobierno para los nacionalistas, cuando en realidad España necesita más Estado. Casado no debe perder el tiempo con Iglesias, un secundario. Para anularlo, basta recordar que el valladar de «la gente» se chotea de sus votantes desde su chaletazo-casta. El meollo es Sánchez. Para aspirar a ganar las elecciones, el aspirante conservador deberá ser más sucinto y directo de lo que acostumbra e intentar dejar claras en la mente del público dos ideas básicas: con Sánchez la unidad de tu país peligra y tu economía personal y la de tus hijos, también. Si te acuestas con Sánchez, te levantarás encamado con Puigdemont, Junqueras, Otegui e Iglesias. Si votas a Sánchez, no te quejes del agobio fiscal.

Casado, cuyo partido ha hecho una campaña discreta, dispone de dos bolas extra, que decidirán si España avanza por una senda de normalidad o inicia un experimento que podría llevarla a una irreversible argentinización (o algo peor: dejar de existir).

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
«Sánchez es un “no” a España»

Albert Rivera confía en la victoria y mantiene firme su portazo al PSOE: «O Gobierna el bloque de la moción de censura o lo hacemos nosotros con el PP. No hay más opciones»

Isabel San Sebastián.

Madrid.

Actualizado:

21/04/2019 02:52h.

No resulta fácil representar a la España constitucional en Cataluña, pero para eso exactamente nació Ciudadanos y tan bien dio la batalla que ganó las últimas autonómicas, aunque el bloque independentista le arrebatara el gobierno local. No está de moda reivindicar el centro político en esta España polarizada entre populismos extremos, pero en esa centralidad liberal es donde se sitúan ellos.

No era necesario que se cerraran puertas de futuro diciendo de antemano «no es no» a un pacto postelectoral con el PSOE, donde muchos los cortejan y dan por hecho el matrimonio de conveniencia, pero Albert Rivera y su ejecutiva se pronunciaron de forma inequívoca y no se han movido un ápice: «Sánchez es un peligro para España, que es la causa de estas elecciones. Lo que se dirime en las urnas es un «sí» o un «no» a España. Y Sánchez es un «no» a España porque es un «sí» a Podemos y a los separatistas. Si Otegi y Junqueras apuestan por él, los que queremos a España tenemos que echar del poder a Sánchez, que lleva escrito en la frente un indulto a los golpistas».

Su negativa a cualquier posible acuerdo con el Partido Socialista es tan firme como irrevocable. Por interés (sabe que romper esa promesa sería un suicidio político) y por principios. De ahí que reaccione airado cuando menciono las presiones que sufrirá, llegado el caso, por parte del mundo empresarial, ante el temor al desastre que traería otro Frankenstein.

«Quienquiera hacer de lobby para presionarnos, que se presente a las elecciones. ¡Ponlo! Los escaños de Ciudadanos son de los ciudadanos que votan.» ¿Y un socialismo sin Sánchez? «Quien no quiera a Sánchez en el PSOE, que mande al PSOE a la oposición. Con Sánchez en la Moncloa ese partido no va a cambiar, y él tiene ya amarrado el gobierno con los separatistas. Ha roto con el constitucionalismo. Por eso solo hay dos opciones: o gobierna ese bloque (el de la moción de censura) o lo hacemos nosotros con el PP. Esa fue nuestra apuesta en Andalucía y fuimos el partido que más creció».

No incluye a Vox en la ecuación, sabedor de que su aliado natural es el PP de Pablo Casado, a quien sigue tendiendo la mano, seguro de poder salvar en un gobierno constitucionalista las «pequeñas diferencias» (sic) que les separan. El líder de la formación naranja se ha encerrado este fin de semana a preparar los debates televisados, que a última hora ha tenido que aceptar el candidato socialista ante el plante conjunto de sus adversarios. «A Sánchez se le ha visto el plumero y ha hecho el ridículo», sentencia Rivera.

«Cuando Rajoy no quería debates, todos pedíamos legítimamente que los hubiera, como en cualquier democracia, y ahora el que más los reclamaba intenta negarse y manipular». Lo cierto es que debates habrá, lunes y martes, y serán determinantes para inclinar la voluntad de ese cuarenta por ciento de indecisos en cuyas manos reside el único escrutinio válido.

«Confiar en la victoria»
Inquiero qué puede hacer su partido para vencer a las encuestas que auguran un triunfo holgado de la izquierda, y la respuesta salta como impulsada por un resorte: «Lo primero, no tirar la toalla y confiar en la victoria. Nosotros confiamos en la victoria en Cataluña y ganamos a los separatistas, a pesar de la maldita ley electoral. Confiamos en dar la vuelta a la tortilla en Andalucía, y se la dimos en la recta final, y se la vamos a dar el 28 de abril. Todo depende de la movilización».

En el acto al que acudía en Madrid la mañana del Viernes Santo le esperaban un centenar de urbanitas acompañados de sus mascotas, para escuchar sus propuestas en materia de animales. Protección sin prohibición, como en tantas otras esferas. Y es que el programa de Ciudadanos no se dirige a «la gente» ni a cualquier otro colectivo amorfo, sino a personas.

Es un programa innovador, de fomento del emprendimiento y defensa de las libertades. Acaso por eso, cuando traslado a su líder la pregunta de una mujer de 32 años indecisa, que le pide una razón para votarle a él y no a Casado, contesta, tras una breve reflexión: «Porque Casado quiere volver al pasado y al bipartidismo, cuando hay tantas reformas por impulsar. Yo no he oído a Casado en la ejecutiva del PP quejarse de nada de lo que hizo Rajoy. Casado es un hombre de partido y yo soy un hombre de la sociedad civil que cree en la necesidad de reformar la educación, la justicia, con el fin de garantizar su independencia, la administración pública… Casado y el PP arrastran los pies y necesitamos a alguien que tire del carro sin complejos, ni pereza, ni mochilas».

Y pese a todo, es mucho más lo que les une de lo que les distancia: tanto ellos como sus compañeros de siglas sufren similares insultos, acoso y agresiones en el País Vasco y Cataluña, feudos del independentismo que combaten con igual fuerza; coinciden en la necesidad de aplicar el 155 cuanto antes, si Torra persiste en el desacato a la Constitución; los dos propugnan bajar impuestos, eliminando el de sucesiones en toda España, y, por si todo eso no bastara, se necesitan mutuamente. Si quieren tener opción a gobernar, habrán de hacerlo juntos, entendiéndose. Solo cabe esperar que sumen, porque la alternativa es aterradora.
UNA RAYA EN EL AGUA.

Que pasen.

En democracia, los debates no son un privilegio graciable, sino un derecho. Y no de los políticos sino del pueblo.

Ignacio Camacho.

Actualizado:

12/04/2019 00:12h.

El defecto más sectario del debate político es el doble rasero, y sin embargo el que mejor perdonamos los ciudadanos porque es el más nuestro, el que con más exactitud refleja nuestras pasiones y sentimientos. Qué denuestos habría pronunciado la izquierda, por ejemplo, si en 2015 Rajoy se hubiese negado a celebrar un debate con Sánchez para protegerse de su adversario más directo. En realidad el condicional sobra: lo pusieron de vuelta y media sólo por amagar con hacerlo. Como, en ausencia de una ley que los regule, esta clase de encuentros dependen de que el César de turno suba o baje el dedo, ahora es el mismo Sánchez el que rechaza debatir con el jefe de la oposición para no comprometer su cómodo primer puesto. Habrá debate, pero de todos los candidatos revueltos; a la medida del presidente y de su deseo de mostrarse víctima de una embestida conjunta por el flanco derecho. Así lo ha decidido sin que nadie de los suyos ponga el grito en el cielo; al revés, sus medios de confianza aplauden con las orejas el clamoroso ninguneo y se deshacen en elogios de su talento estratégico. Ventajas de ver la vida desde el lado correcto.

Siendo costumbre arraigada en todos los partidos la de medir sus actos y los de los demás con un criterio distinto, en el PSOE sanchista se trata de un hábito que alcanza rasgos paroxísticos. Todo su quehacer propagandístico, desde la ocupación por decreto de la televisión pública hasta el uso electoralista del CIS o del Consejo de Ministros, constituye una flagrante contradicción de todo lo dicho hasta el momento en que la moción de censura entronizó al «Gobierno bonito». Carmen Calvo lo resumió en aquel fantástico concepto disociativo según el cual entre el Sánchez opositor y el Sánchez presidente no existía ningún nexo de continuidad que justificase un compromiso. La simple entrada en La Moncloa disolvía cualquier preexistente vínculo y dejaba al líder con las manos libres para presentar una enmienda a la totalidad contra sí mismo. El poder es un salvoconducto mediante el cual todo está permitido: revocar promesas, mentir sobre una tesis doctoral, colocar a los amigos o declarar secreto el uso de aviones oficiales como transporte turístico. Y, por supuesto, decidir cómo, cuándo, dónde y quiénes pueden discutir con el Ungido, una prerrogativa graciable que administra en su propio beneficio como un señor feudal de horca y cuchillo. Agradecidos deberían de estar los elegidos de que les conceda un cara a cara entre cinco. Haced que pasen, los pobrecitos.

Y pasarán, qué remedio, tal vez hasta contentos de servir de atrezo en la función que el Gran Timonel ha diseñado a su conveniencia y provecho. Olvidando que en democracia, con éste o con otro Gobierno, los debates no son un privilegio, ni un favor, ni un regalo, ni una recompensa, sino un derecho; y no de los políticos sino de sus electores, del pueblo.

Ignacio Camacho.

Articulista de Opinión.
EL CONTRAPUNTO.

Tezanos, sin pudor.

Tómense ustedes el CIS a beneficio de inventario. Tiene tanta fiabilidad como echar una moneda al aire.

Isabel San Sebastián.

Actualizado:

11/04/2019 00:36h.

Con un cuarenta por ciento de españoles todavía indecisos, cualquier encuesta de intención de voto es un mero brindis al sol. Si tenemos en cuenta, además, que en esta ocasión participan en la carrera cinco formaciones con implantación nacional y que nuestro sistema electoral asigna los últimos escaños de cada circunscripción en base a un complejo recuento de restos basado en muy pocas papeletas, atribuir un número concreto de diputados a los distintos partidos en liza constituye una temeridad, incluso recurriendo al socorrido refugio de escudarse en horquillas amplias. Resumiendo; ni siquiera desde la honesta búsqueda de la realidad demoscópica puede realizarse a día de hoy un diagnóstico fiable de lo que nos depararán las urnas, puesto que todo está en el aire y se decidirá en el último momento. Pero es que el último CIS de Tezanos riza el rizo de la desvergüenza. Insulta nuestra inteligencia. Es tan burdo en la manipulación que, de no haberse financiado con dinero de nuestros bolsillos, provocaría casi más risa que indignación.

En justicia, el presidente del Centro de Investigaciones (tergiversaciones) Sociológicas, asesor de Pedro Sánchez durante su travesía del desierto y arquitecto de la campaña que culminó con su regreso triunfal al timón de mando socialista, debería haber dimitido tras el fracaso estrepitoso de su pronóstico para Andalucía. Su macroencuesta previa a las últimas autonómicas atribuía entre 45 y 47 asientos al PSOE, que obtuvo finalmente 33. Daba entre 20 y 22 al PP, que alcanzó los 26. Regalaba 3 de más a Adelante Andalucía, la marca local de Podemos, que se quedó en 17, y restaba nada menos que 11 o 12 a Vox, a quien auguraba entre 0 y 1. Únicamente acertó el resultado de Ciudadanos, no sabemos si por puro azar o porque no le interesaba trastocar la verdadera expectativa de dicho grupo. Más bien me inclino a pensar lo segundo, porque no resulta verosímil que, disponiendo de los medios con los que cuenta el CIS, un estudio suyo pueda equivocarse de forma tan clamorosa y que el responsable de semejante patinazo se vaya de rositas, sin ni siquiera una reconvención pública por parte de quien lo nombró. ¿O sería que fue colocado allí precisamente con ese propósito y el presunto error no fue tal, sino una zancadilla destinada a confundir y tumbar a la rebelde Susana Díaz, insumisa a la autoridad de Sánchez?

Lo seguro es que los datos conocidos este martes tienen tanta credibilidad como los citados y probablemente una intencionalidad semejante. La elaborada «cocina» aplicada a la muestra de 16.000 entrevistas pretende claramente desincentivar el voto al PP y a Ciudadanos, azuzando el miedo a «la derechona» representada por Vox y al «trifachito» que, según la terminología sanchista, resultaría de una alianza que lo desalojaría a él del poder. El PSOE, en cambio, aparece como único referente útil de la izquierda. Tan descarado es el guiso que, cuando se va a la letra pequeña, aparecen perlas como estas: el partido más aborrecido por los electores, pásmense ustedes, no es Bildu, las Cup o ERC, sino Foro Asturias, seguido de UPN. ¿Y el más querido, el que menos rechazo suscita? El PNV. Sí, sí, han leído bien, ni PP, ni PSOE ni siquiera el animalista Pacma; la creación supremacista del racista de Sabino Arana.

Si estamos ante un caso de incompetencia manifiesta, nos sale demasiado caro. Si es la instrumentalización de un organismo público a beneficio de parte, la cosa es mucho más grave. Sea como fuere, tómense ustedes el CIS a beneficio de inventario. Tiene tanta fiabilidad como echar una moneda al aire.

Isabel San Sebastián.

Articulista de Opinión.
Careta nueva.

Este Sánchez patriótico es como AC/DC tocando Chopin.

Luis Ventoso.

Actualizado:

08/04/2019 11:40h.

En junio de 2017 faltaban solo tres meses para el intento de golpe de Estado en Cataluña. Los dirigentes separatistas ya habían hecho público con alharacas su calendario de leyes de independencia y habían anunciado un referéndum ilegal. Conocedor como todo el país de ese envite frontal, Sánchez pronunció el 18 de junio su discurso de clausura del 39 Congreso Federal del PSOE. ¿Y qué dijo? ¿Qué propuso el dirigente del partido apellidado «Español» ante la amenaza de golpe de Junqueras y Puigdemont? Pues su respuesta fue enfatizar que España es «una nación de naciones», exigir que se reconociese «la identidad nacional de Cataluña dentro de la Constitución», presentar la Carta Magna del 78 como una antigualla que urgía reformar y poner a parir al PP y al Gobierno de Rajoy por su inmovilismo y falta de diálogo. Es decir, la receta de Sánchez para parar a los golpistas consistía en darles más autogobierno, aflojar los hilvanes constitucionales que mantienen al Estado unido y establecer que Rajoy era tan culpable del golpe como Puigdemont y Junqueras.

Los separatistas, convencidos de que España era una momia soñolienta que no actuaría, fueron cumpliendo paso a paso su programa de ruptura (perfectamente organizado desde el Gobierno catalán y sufragado con dinero público, como hoy sabemos). Dado que el 155 era un paso inédito, Rajoy intentó sumar a PSOE y Ciudadanos. Sánchez remoloneó todo lo que pudo, planteó pegas y solo accedió cuando llegó el aldabonazo del explícito discurso del Rey, que dijo en alto lo obvio: ningún Estado del mundo puede tolerar que autoridades públicas vulneren su Constitución. Sánchez se vio forzado a aceptar el 155, pero impuso su versión más liviana, dejando incluso fuera de control a una televisión pública que es el mayor ariete de propaganda sediciosa.

El siguiente paso de Sánchez fue negociar entre bambalinas un acuerdo con los nacionalistas vascos, los insurrectos catalanes y Bildu para derribar al «inmovilista» Rajoy. Consumada la maniobra, abrió una «operación diálogo» con Torra, que consistió en dejarle hacer, adularlo con gestos tan inadmisibles como recibirlo en La Moncloa con el lazo amarillo pro golpista en la solapa, o tolerar silente sus desplantes y vetos reiterados al jefe del Estado. Por último, Sánchez aceptó un documento secreto de Torra con 21 puntos, que ocultó a los españoles y que incluía una negociación con observadores, como si se tratase de un proceso de descolonización. Ese plan se truncó solo porque Torra lo sacó a luz jactándose de ello y los españoles salieron a la calle en Colón a denunciar la traición del presidente, que se vio forzado a recular, perdiendo así el favor de sus socios separatistas, única razón por la que hay elecciones. Por último, Iceta acaba de revelar que los socialistas concederán un referéndum de independencia en cuanto se alcance una mayoría pro separatista en Cataluña. Sánchez todavía no ha desautorizado expresamente a Iceta.

Ayer, en un mitin en Zaragoza, Sánchez se presentó en tono enérgico como un valladar contra la ruptura de España. Lo que equivale a AC/DC proclamando que lo suyo es Chopin. Un choteo.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
No tan mal.

España tiene sus problemas, pero otros países merecen más regañinas.

Luis Ventoso.

Actualizado:

01/04/2019 00:24h.

Amuchos católicos españoles, admiradores del Papa actual, su valentía, la franqueza de su discurso y su inquebrantable compromiso evangélico con los pobres, les han sorprendido sus enigmáticas declaraciones en el vuelo Roma-Rabat. Preguntado por una periodista española sobre cuándo visitará nuestro país, Francisco respondió que «cuando haya paz». Lo cierto es que el cabeza de la Iglesia ya ha viajado a potencias cristianas como Emiratos Árabes, Corea del Sur, Turquía, Sri Lanka, Birmania y este fin de semana, a Marruecos. También ha estado en las vecinas Francia y Portugal. Y en Irlanda, Polonia, Grecia, Suecia, Rumanía, Bulgaria... Pero España, país que guste o no convirtió el catolicismo en religión universal, nunca acaba de encontrar hueco en la agenda. En general, y tal y como se volvió a percibir anoche en una singular entrevista televisiva, el tono hacia España suele ser de reconvención. Y bien está, pues ciertamente podemos mejorar en muchos aspectos. Sin embargo, tal vez al Papa no le estén facilitando una fotografía bien enfocada de lo que hoy es España.

El país que no encuentra la paz resulta que es uno de los más seguros del mundo, con una tasa de delitos que está 17 puntos por debajo de la media de la UE. En cuanto a homicidios y asesinatos, han caído un 30% respecto a hace tres décadas. Hoy la cifra media es de 0,7 muertes violentas por cien mil habitantes. En el oasis de Maduro son 57 muertos; en México, 16,3; en Rusia, 11; en Argentina, 6,5.

Otro reproche que se le suele hacer a España -y a toda la UE- es su dureza de corazón ante la ola de inmigrantes y refugiados. Todo es mejorable, pero jamás se reconoce el esfuerzo que en los últimos años ha hecho nuestro país. En España, un Estado medio de 46,5 millones de habitantes, viven 769.000 marroquíes registrados, 673.000 rumanos y una gran comunidad latinoamericana. En la actualidad hay dos millones de musulmanes. Los casos de acoso y violencia contra el extranjero son muy bajos en relación a otras naciones y la integración, bastante ejemplar (y quien no lo crea que se dé una vuelta por el Molenbeek bruselense, el Este de Londres o los suburbios de París).

Existen más ejemplos de la buena entraña moral del pueblo español, líder mundial en donación y trasplante de órganos. Cuando en 2011 se registró el pavoroso terremoto de Haití, España fue el tercer país en donaciones. Cuando en 2015 tembló Nepal, los que más dinero enviamos en las primeras 24 horas fuimos nosotros. Según las encuestas de Eurostat, dentro de la UE somos los que más apoyamos la ayuda al desarrollo, junto a alemanes y portugueses. Por último, el país que no encuentra la paz ha dado un salto de gigante económico respecto a la generación de mis padres; y debe resultar bastante agradable, porque el año pasado recibió 82 millones de turistas, encantados con la cordialidad de la gente, la tranquilidad, el buen humor y el gusto por vivir imperantes.

Tenemos que mejorar, sí. Pero un poco de simpatía activa también ayuda...

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
Los que aguantan.

¿Está en la izquierda el sostén del catolicismo español?

Luis Ventoso.

Actualizado:

26/03/2019 13:07h.

Es tan obvio que recordarlo resulta perugrollesco: España es uno de los grandes países católicos del mundo. Lo es hoy, con un 68,5% de su población que se declara como tal, y lo ha sido a lo largo de la historia, desangrándose incluso en los campos de batalla de medio mundo en defensa de la ortodoxia de Roma. La Iglesia católica es hoy universal porque hubo un imperio, el español, que la propagó por todo el planeta. Tal fue la importancia de la fe religiosa en la aventura de la conquista que esta se hizo siempre en nombre del catolicismo. Si a Isabel y Fernando los recordamos con el sobrenombre de los Reyes Católicos no fue porque defendiesen el credo budista o mahometano. Merced a su fe, la Corona española se negó a que los indios fuesen esclavizados y la Escuela de Salamanca definió a los indígenas como lo que son, personas con plenos derechos, convirtiéndose así nuestros teólogos en formidables precursores de los actuales derechos humanos. Tal es el extraordinario nudo entre España y el catolicismo.

Un pequeño -o gran- milagro español es la preservación de los lazos familiares. Durante lo más crudo de la crisis esa malla de afectos operó como un colchón de mutua ayuda, que palió las lesiones de ERES y despidos crueles. Quien viva un tiempo en el Reino Unido, o en los países nórdicos, observará con sorpresa la frialdad en las relaciones entre padres e hijos, o nietos y abuelos. A ojos españoles ese desapego resulta extraño y desolador, porque aquí la familia todavía constituye una realidad ancha y vibrante. Sin duda la preservación del catolicismo tiene mucho que ver con el fenómeno familiar, porque es en su seno donde se transmite. La fe católica nos ha moldeado como sociedad, está en la médula de nuestra cultura y mantiene una obra social discreta y constante, que no se pone medallas, pero que siempre está ahí: Cáritas.

Por supuesto los católicos españoles viven en el mundo y no se ponen vendas en los ojos. Saben que hay clérigos buenos, malos y regulares. Se abochornan y exigen reparaciones cuando surgen vergüenzas tan lacerantes como los abusos. Pero lo que no hacen los creyentes es confundir una parte con el todo y utilizar las páginas oscuras del clero, que las hay, para levantar un alegato acusador que en realidad aspira a la condena total de la Iglesia. Quien sí hace eso es la actual izquierda política y mediática española, que ridiculiza con falsa comicidad nuestras tradiciones religiosas (en contra de lo que se piensa, insultar a bocajarro nada tiene que ver con el humor); que arremete contra la enseñanza concertada por su matriz católica; que presenta el hecho cristiano como algo rancio, machista y retrógrado. La izquierda mediática y política nunca va a defender la causa de la vida, un principio irrenunciable del cristianismo. Las televisiones al rojo vivo se sitúan exactamente en las antípodas de la Iglesia y todo lo que predica y representa. Por eso muchos católicos piensan con tristeza, o pensamos, que alguien no está asesorando muy bien al Papa cuando elige a qué medios españoles concede entrevistas.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
Trapero, juguete roto.

Trapero apostó: mejor juguete roto que cadáver. Va a ser dura la vida lejos del mito.

Gabriel Albiac.

Actualizado:

18/03/2019 08:43h.

Después de la derrota, quedan sólo cadáveres y juguetes rotos. Y uno debe elegir en cuál de las dos pilas de despojos ser arrumbado. El mayor Trapero ha elegido: cachivache tronchado. Y puede que los suyos acaben por hacer de él un muerto en vida. Están en ello. No hay piedad para el vencido. No la hay, sobre todo, que venga de aquellos mismos que fueron sus camaradas en la batalla mal dada. Porque una batalla que se libró mal sólo puede ser rescatada con sacrificios humanos: la plebe descuartiza a los caudillos que no supieron llevarla a la victoria.

El 1 de octubre de 2017 tuvo lugar en Cataluña un golpe de Estado. Con todos sus atributos: el primero, la proclamación de una nación nueva, bajo el código de un Estado nuevo que cerraba su proceso constituyente. De manual. Pero no hay golpe de Estado si no hay armas. Y profesionales cualificados en el uso eficaz de ellas.

El golpe de Estado estaba milimetrado en Cataluña. Tiempo, lo había habido más que suficiente: en rigor, la independencia viene preparándose desde Pujol, al abrigo de ciertas ambigüedades léxicas de la Constitución del 78 que han permitido a la Generalidad funcionar como un Estado paralelo. Lo de los años que vinieron tras el apaño entre Maragall y Zapatero, fue el remate de las últimas condiciones institucionales para que esa región española pudiera proclamar su independencia sin más que pulsar el interruptor de desconexión.

Se requería sólo la garantía del después. Que era lo que falló en 1934, cuando el Ejército de la República apisonó el golpe de Estado de Companys en menos de veinticuatro horas. Se requería, esta vez, la puesta a punto de un ejército catalán lo bastante eficiente para garantizar algo elementalísimo: la protección plena del gobierno, el control de los medios de comunicación, la defensa hermética de las fronteras. No es necesaria para eso una tropa enorme. Ni aviación, ni armada, ni apenas artillería. Basta con una disciplinadísima unidad de élite. Pequeña, pero bien preparada y de fidelidad inquebrantable. Sin necesidad de armamento pesado, pero sí de lo más sofisticado en armas ligeras. Una fuerza ágil de intervención rápida. Asentada sobre territorio amigo y población reclutable. Y, por supuesto, dispuesta a dar la vida por patria y dirigentes. Tal era la mitología que el ajedrez del golpe asignaba a los Mozos.

Trapero era la clave de ese envite. Como todo en un golpe, la jerarquía de los hombres en armas debía ser inexorable. Y su cabeza suprema, revestida de la solemnidad legendaria sin la cual los padres de la patria son calderilla. Fue inventado el «héroe Trapero». Tal vez él mismo creyó serlo. Luego vino la derrota. Y el horizonte verosímil de largos años de cárcel: la muerte en vida. Y Trapero apostó: mejor juguete roto que cadáver. Y cantó: «Teníamos un dispositivo para detener al presidente Puigdemont y a sus consejeros». O sea: «Soy de fiar. Trabajaré para quien me pague. Perdonadme». Sólo escombros: va a ser dura la vida lejos del mito.

Gabriel Albiac.

Articulista de Opinión.
La candidata.

Ha cumplido su pena, pero carece de la ejemplaridad necesaria.

Luis Ventoso.

Actualizado:

06/03/2019 00:47h.

La noticia publicada por ABC el fin de semana llamaba la atención: Podemos elige como candidata a la alcaldía de Ávila a una mujer que en 1985, cuando tenía 23 años, fue condenada a 29 de cárcel como cómplice de un asesinato. Mi primer reflejo fue el natural: otra provocación estúpida y gratuita del populismo comunista. Pero como no me gusta pensar con las tripas, lo debatí un poco conmigo mismo y con mi mujer, de cuyo péndulo moral me fío más. Tras sopesarlo, mi conclusión es esta: Pilar Baeza Maeso tiene todo el derecho a presentarse a las elecciones, pues legalmente nada se lo impide. Pero carece de la ejemplaridad necesaria que se le presupone a quien opta a un cargo público, por lo que no debería haberlo hecho.

La joven Pilar era hija del dueño de una armería de Leganés, donde vivía. Un día le cuenta a su novio que ha sido violada por un conocido de ambos, Manuel López, de 24 años. Pilar convence a su pareja para que vengue la afrenta matando al supuesto violador. La chica roba una escopeta de la armería paterna y se la facilita a su novio, quien junto a un amigo embauca a López para llevarlo a un descampado. Allí le pegan cuatro tiros a bocajarro. Acto seguido ocultan el cuerpo en un pozo. Los padres denuncian la desaparición de su hijo. Finalmente los investigadores desentrañan la madeja y acaban encontrando el cadáver, ya semidescompuesto. Pilar es condenada a 29 años como cómplice e instigadora, de los que cumple solo siete en la cárcel de mujeres de Brieva (Ávila). Al salir se afinca en la ciudad amurallada, donde logra rehacer su vida y hoy posee un negocio. En 2012, se convierte en una cabecilla local de las protestas por las preferentes, en las que perdió un dinero heredado. De allí pasa a Podemos.

En algunos grandes países, la norma es que nada importa tu vida anterior si has saldado tus cuentas con la Justicia. A priori es un planteamiento razonable, que entronca también con la prédica católica de perdón absoluto. Sin embargo hay dos cuestiones que invitan a pensar que Pilar Baeza dista de ser una persona ejemplar, merecedora de un cargo. En primer lugar, se tomó la justicia por su mano, negando a la víctima la presunción de inocencia. Nunca se ha probado la violación, solo tenemos su versión. Si la pauta universal de conducta fuese la de Pilar, imperarían la Ley del Talión y la de la selva. Otro punto oscuro es que el hermano del asesinado ha revelado que en los días de búsqueda, Pilar se presentaba en casa de los padres de la víctima y sabiendo que estaba muerto, pues ella lo había organizado, se interesaba cínicamente por el caso. Eso destapa una entraña terrible, y no es eximente que tuviese 23 años, pues a esa edad la conciencia ya está formada.

«Hace muchísimo tiempo que cumplí con la Justicia», alega Pilar. Y es cierto (aunque solo pagó un cuarto de la pena). Estoy viviendo un linchamiento moral por ser mujer», añade. Y es falso. Pilar ha rehecho su vida, y está bien que así sea. Pero privó a Manuel de la oportunidad de hacer lo propio (si es que realmente cometió un crimen). Por eso yo no la votaría como alcaldesa ni ahora, ni en dos vidas.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
Deuda, «llorar» y no echar gota.

«Ríe y el mundo reirá contigo; llora y el mundo, dándote la espalda, te dejará llorar» (Charles Chaplin)

María Jesús Pérez.

Actualizado:

28/02/2019 01:14h.

Nuevo tirón de orejas de la Comisión Europea al Gobierno de Pedro Sánchez. Y van... En realidad yo ya he perdido la cuenta, y total ¡para lo que me va a servir! Porque si al presidente no le preocupa, ¡apaga y vámonos! De hecho, por un oído le entra y por el otro le sale. Quizás el Doctor Okupa pensará en aquel dicho tan poco decoroso, y sí grosero, de «para lo que me queda en el convento...», en fin, acábenlo ustedes. Ayer Bruselas avisó de nuevo de que España sigue siendo vulnerable a la alta deuda pública y privada en un contexto de desempleo elevado. El mensaje, muy clarito: mientras no arreglemos el problema del alto endeudamiento del país siempre estaremos en el punto de mira y seremos propensos a volver a caer en desgracia.

Cierto es también que el anterior inquilino de La Moncloa, Mariano Rajoy, al final de su mandato no logró aprobar la asignatura de la deuda, ya que, una vez pasado el testigo al nuevo presidente, apenas había registrado alguna leve reducción en los tres últimos años, al alimón con la recuperación. Echando la vista atrás, en 2011, los populares recibían una deuda sobre el PIB del 69,50% (734.530 millones de euros) que no dejaría de incrementarse en los años siguientes hasta tocar techo en 2014 con una deuda del 100% del PIB (más de un billón de euros). Produciéndose desde entonces un descenso leve hasta cerrar el ejercicio de 2017, último año completo para Rajoy al frente del país, en el entorno del 98% del PIB (1,14 billones de euros) y una deuda per cápita de 24.583 euros frente a los 15.881 euros de hace siete años. Se antojaba pues urgente que el nuevo Gobierno -desde junio de 2018-, continuase con el esfuerzo de reducirla para evitar disgustos futuros.

Pues no. Sánchez desde el minuto uno propuso lo mismo que Zapatero. Subir todos los impuestos para poder despilfarrar a sus anchas con promesas sociales que deben hacerse, sí, pero cuando se pueda y deba. La receta socialista de siempre vamos. Y encima en un contexto internacional que no ayudaba nada a empezar con el derroche -Brexit, guerra comercial, tipos con previsión de revertir la tendencia y, sobre todo, el impacto que pueda tener la desaceleración económica de nuestros vecinos europeos-, sin pensar en colchones futuros por si acaso.

Sánchez recibió también un país saneado, que ingresaba 50.000 millones más de recaudación que en 2011, y en vez de ahorrar, bajar el déficit y amortizar deuda, lanzó brindis al sol con más gasto, aumentando el déficit y subiendo impuestos. Y, para colmo de males, a golpe de decretos. Hoy la deuda del país -herencia para nuestros hijos no lo duden- sigue en el entorno del 97%.

Ahora en plena carrera electoralista, el presidente se compromete a más gasto social para acaparar votos: al menos 2.300 millones. ¿De dónde lo sacará? No sé ya si reír o llorar. Como dijo Charles Chaplin «Ríe y el mundo reirá contigo; llora y el mundo, dándote la espalda, te dejará llorar».

María Jesús Pérez.

Redactora jefe.
La huelga feminista mañana en Malasaña.

«El espacio virtual, al igual que el espacio público debe ser nuestro». Lo han leído bien. No deben ser de todos, deben ser suyos.

Ramón Pérez-Maura.

Actualizado:

27/02/2019 01:03h.

Créanselo o no, las hojas volanderas siguen existiendo. Ha caído en mis manos una convocando a una huelga feminista en Malasaña el 8 de marzo. Es una joya del despropósito, la mentira y la falta de respeto hacia los congéneres de las convocantes. Aunque quizá debiera decir los convocantes, porque en este tipo de idiotez siempre hay un hombre.

La cosa promete desde el principio donde se anuncian -en un recuadro- las «Acciones 8-M Malasaña Hacia la Huelga Feminista 2019» (sic). Se anuncia la primera para el 28 de marzo a las 17.30 en la plaza del 2 de mayo. «Es carnaval. Trae tu delantal y participa con él en el desfile. Decoraremos delantales y pintaremos colgadores reivindicativos.» Sospecho que el convocante se había fumado algo para resaltar su feminismo y se le fue el detalle de que el 28 de marzo no hay carnaval en Madrid porque sus fechas son del 1 al 6 de marzo. O sea, que los delantales los van a decorar mañana, 28 de febrero. Delantales y colgadores, que según el DRAE son el «utensilio para colgar algo, especialmente ropa». O sea, una percha. Yo les aconsejo que no se molesten en pintar perchas porque lucen muy poco en una manifestación.

Manifiestan que el suyo es un «movimiento transfronterizo y transcultural» -y algún otro trans que no mencionan, también- que «planta cara al orden patriarcal, racista, colonizador, capitalista y depredador del medio ambiente». ¿Puede alguien explicarme qué tiene que ver el machismo con el racismo, el capitalismo o el medio ambiente? Me consuela saber que el racismo de las boers surafricanas, el capitalismo ejercido por mujeres o mi amiga la presidenta del Real Club de Monteros están excluidos de ser denunciados por esos «crímenes» sólo por ser mujeres quienes lo practican.

El panfleto reivindica que «el espacio virtual, al igual que el espacio público debe ser nuestro». Lo han leído bien. No deben ser de todos, deben ser suyos. Reivindican que «ninguna mujer tenga que migrar forzada por la políticas coloniales, neoliberales y racistas del Norte Global que producen situaciones económicas, bélicas, sociales y ambientales insostenibles». Como si el ataque terrorista que vencieron las tropas españolas en Mali el domingo fuera resultado de Occidente y no del islamismo yihadista. Como si los miles de inmigrantes que intentan alcanzar nuestras costas no fueran víctimas de los tiranos que les tienen sometidos a regímenes esclavistas y anti liberales.

No quieren que las mujeres cuiden de los necesitados, niños o ancianos. Quieren una huelga de consumo en la que «no tenga cabida la explotación laboral ni la destrucción del planeta» -tampoco entiendo qué tiene eso que ver con el feminismo. Debe de ser que a los hombres sí se les puede explotar y sólo nosotros queremos detruir el mundo. Piden huelga educativa para informar sobre «la situación de las mujeres estudiantes: cuestionamiento, humillación, invisibilización, acoso en las aulas, etc» ¿En qué punto del planeta viven estas feministas? ¿De verdad pueden sostener que eso ocurre en la Universidad española? Y reivindican una huelga laboral de las mujeres porque «así hacemos visible el vacío que queda cuando desaparecemos físicamente de estos lugares de trabajo». Debe de ser que cuando desaparecemos los hombres no se nota nuestra ausencia. En fin, las ilustraciones del panfleto ensalzan el lesbianismo y piden que «se nos garantice que todas podamos abortar en los servicios públicos de salud». Menos mal que no dicen «todas y todos».

Ramón Pérez-Maura.

Articulista de Opinión.
Y España traga.

No pasa día sin una ofensa del separatismo catalán.

Luis Ventoso.

Actualizado:

26/02/2019 01:08h.

Viernes pasado. Me entra un correo de una tal Miriam Santamaría Brichs. Asunto: «Queixa formal del President Carles Puigdemont». Al abrir el mensaje, resulta ser una nota de protesta porque Tajani, el presidente del Parlamento Europeo, no ha permitido que Puigdemont, un presunto delincuente a la fuga, intervenga en la Cámara de Estrasburgo. Me fijo en la dirección de correo de la remitente: gencat. cat. Es decir, quien ha mandado la nota lo hace en nombre del Gobierno de la comunidad autónoma de Cataluña. Indago un poco. Resulta que la señora Santamaría Brichs, la firmante del correo, es una exmeteoróloga televisiva, que ha sido contratada por el Departament de la Presidència del Ejecutivo catalán y que ahora por lo visto cuida la agenda de Puigdemont. Conclusión: una Administración pública sostenida por los impuestos de todos los españoles -pues la Generalitat estaba en quiebra y fue rescatada por el Estado- se encarga de las relaciones públicas de un prófugo de la Justicia. Y España traga.

Domingo por la mañana. Sánchez, instalado en los años treinta del siglo XX, se sube al Falcon y se va a Colliure (Francia) a homenajear al exilio republicano ¡de hace ochenta años! Una vez allí, resulta que el paladín del «diálogo» con los separatistas es increpado por manifestantes con esteladas, que lo insultan llamándolo «fascista» y «sinvergüenza», entre gritos de « ¡fuera, fuera!». Sánchez continúa ufano con su acto y da un discurso entre banderas republicanas. Sobre el aquelarre que la han montado los separatistas, ni una queja. Resumen: el presidente de España admite sin inmutarse que unos fanáticos xenófobos lo insulten en Francia y rinde homenaje allí a una República que fue un enorme fracaso, rodeado además de símbolos anticonstitucionales. Y España traga.

Domingo por la tarde, el Rey acude a Barcelona para apoyar con su presencia y prestigio la importante feria internacional del móvil. Pero es desairado por la alcaldesa de la ciudad y por el presidente catalán, que ni siquiera salen a darle la bienvenida. El Jefe de Estado humillado de nuevo en una región española. Y España traga.

Ayer. El Jefe del Estado vuelve al Congreso Mundial del Móvil, esta vez con Sánchez. Cuando llegan al pabellón de España, Torra, que por cargo institucional es el máximo representante del Estado en Cataluña, los deja plantados y se larga, en otra muestra de pésima educación, chulería paleta y nulo respeto al protocolo. Y España traga (y por supuesto Sánchez, que en ese chapucero libro de memorias que le han escrito se jacta de su complicidad con el Rey, no osa a afear su conducta a los separatistas ni a defender a Felipe VI ante el desprecio de la autoridades locales).

Y así se va escribiendo la intrahistoria de un país que ha dejado de respetarse y tolera silente el insulto diario de los sediciosos separatistas. Ahí, y no en otro sitio, anidan ciertas sorpresas demoscópicas.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
Sánchez, feliz.

No hay mejor regalo para el PSOE que la derecha fragmentada.

Luis Ventoso.

Actualizado:

25/02/2019. 00:11h.

El formidable Manuel Fraga, el unificador del conservadurismo español, gastaba un temperamento volcánico. Siendo un gacetillero pipiolo, acudí con un querido compañero a entrevistarlo en el Palacio de Rajoy, frente a la catedral compostelana, donde tenía su despacho de presidente de la Xunta en la era previa a la suntuosa hipertrofia autonómica. Pasado un rato de agradable interrogatorio, le pregunté si iba a presentarse una vez más a las elecciones gallegas. La pregunta lo indignó: «Lo saben hasta los niños de escuela. Lo sabe un tonto de baba. ¡Nooo!», bramó el viejo león, dando la entrevista por concluida. Huelga decir que sí se presentó.

Aquel hombre torrencial y peculiar, que lo mismo era capaz de dejarte seco con un exabrupto que de emocionarse hasta las lágrimas, fue el autor de un gran logro político, que contribuyó durante décadas a la estabilidad del país: la unificación de todo el conservadurismo bajo una única marca. Allí cabían desde el centrismo de corazón social hasta la derecha más firme. Hoy la obra de Fraga ha sido desmontada. El voto conservador se divide en tres partidos, lo que contribuye a acercar al poder a una izquierda sin sentido de Estado y que hoy encabeza Sánchez, paradigma del oportunista poliédrico.

El PP se ha ido desinflando por sus dos flancos. A babor se le escurren votantes hacia Ciudadanos, hartos de corrupción y deseosos de un conservadurismo más moderno. Por estribor la fuga es a Vox, que engancha a quienes desean máxima contundencia frente al nacionalismo y creen que el Estado autonómico fue un error. Según la encuesta que hoy publica ABC, el flamante y joven líder del PP no está logrando parar esa sangría, ni por el costado izquierdo ni por el derecho. El 28 de abril, Casado obtendría 40 diputados menos que Rajoy en junio de 2017. Pero además la división del voto conservador en tres marcas será una alfombra roja para Sánchez, porque la suma de PP, Cs y Vox no alcanza la mayoría absoluta. Por el contrario, Sánchez, que sería el más votado y subiría 37 escaños ante el desplome de Podemos, sí podría armar otro Gobierno zombi con separatistas y comunistas.

La disyuntiva de Casado es endiablada. Si vira al centro, engorda a Vox. Y si emula a Vox, engorda a Ciudadanos. Para regatear ese dilema ha comenzado a apelar al voto útil, lo cual es razonable, pues tal estrategia ha funcionado otras veces. Pero al final las elecciones se ganan proyectando una idea-fuerza muy clara que una alrededor de ella a una gran mayoría social. González en 1982, con «el cambio». Aznar en 1996, prometiendo acabar con la corrupción felipista y liberalizar el país. Rajoy con su oferta de rescatar a España de la quiebra zapaterista, que le valió su mayoría absoluta de 2011. Trump en 2016, con su eslogan de atender a la América olvidada y hacerla grande otra vez. Macron con su plan de poner en hora el reloj de Francia, que le dio la victoria en 2017. ¿Cuál es la idea nítida de Casado para distinguirse de los dos partidos que beben en su caladero? Esa es la pregunta que tendrá que responder de aquí a abril, so pena de despeñarse (él y España).

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
Del esperpento.

Sánchez nos condujo devuelta a los espejos cóncavosdel callejón del Gato.

Luis Ventoso.

Actualizado:

22/02/2019 00:40h.

Qué pena que un talento para la sátira como el del divino Valle-Inclán ya no habite entre nosotros. Qué lástima que la crónica política esté hoy en manos de gacetilleros que no llegamos a la suela del zapato al creador del esperpento, genio literario que supo ver que a veces la realidad española se torna tan grotesca que solo puede retratarse con la imagen distorsionada que nos devuelven los espejos cóncavos del callejón del Gato.

El Valle más esperpéntico revivió ayer en su esplendor con la presentación del libro de Sánchez, obra no escrita por su autor, como es norma en él, y absolutamente insólita: ningún presidente en ejercicio se vincula a una editorial, y menos si ésta posee un grupo mediático, pues pasa a tener vínculos con la misma que comprometen su independencia. Pero esto es España, patria del esperpento, donde los escrúpulos democráticos ya no importan un carajo. En plena precampaña, la televisión pública le ha dedicado a Sánchez un doble botafumeiro: el martes, entrevista de cámara en TVE; ayer, emisión en directo de la presentación de su libro.

La jornada prometía desde el inicio. A la izquierda del no autor del «Manual de Resistencia», el simpático alpinista Calleja, al que una vez Sánchez invitó a dormir en su casa para que lo emitiese en su programa y hacerse el guay (el resultado es conocido: toña épica en las urnas y los míticos 84 escaños). A la izquierda, directamente rescatada del circo de Gran Hermano y también teñida de rubio, la veterana Mercedes Milá. En el público, los ministros, que les iba en el sueldo, y el Padre Ángel (en Madrid si haces un acto y no te viene el Padre Ángel debes hacértelo mirar, porque no se pierde una). El desarrollo de la charla discurrió entre el asombro y la vergüenza ajena. Pasmo al ver que Sánchez, hasta ayer socio de separatistas y comunistas y ahora templado centrista, se lanzaba con rostro de hormigón a elogiar a Rajoy por su «enorme sentido de Estado». Sonrojo al ver a Milá planteando la siguiente pregunta a «mi persona»: «Tú que eres un gran patriota, ¿por qué aguantas que te llamen traidor?». Una cuestión que Sánchez escuchó con el tolerante pesar de un beatífico santón hindú. Luego, ya en calor, el show tomó sesgo «Sálvame». Críticas de Milá a Rivera, que parece que «está despistado con esto de que anda con la Malú». Una expresión sexista de libro. Pero Gandhi Sánchez, mirando al techo contrito, se limitó a responder apesadumbrado: «En política hay demasiado cortoplacismo». Interesante frase en un tipo que muda de principios cada tres meses, que apuñaló a Rajoy tras prometerle en La Moncloa lealtad contra el separatismo, que pone verdes a sus compañeros en su libro, que imposta que es amigo del Rey y lo manipula como herramienta de marketing para su causa.

Al principio me sonreía. Luego se me agrió un poco la mueca. Es desasosegante que hayamos tenido que soportar a este presidente, la tómbola que lo rodea y el festival de gas de sus ocho meses. Si lo que se lleva es esto, habría sido mejor tener directamente en La Moncloa a Jorge Javier.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
TRIANA. Pues sí, nos metió un mitin de aúpa. Lo mismo que Pablo Casado.

Ahora bien, si para anunciar unas elecciones cargas contra tu contrario, mal vamos.

Un saludo.
Ángel, 25 minutos de reloj para decir lo que le hubiera bastado con 1, bueno toda la prensa lo comenta, ha dado su primer mitin, ahora toca esperar y ver que va sucediendo, ya sabemos que en esta España nuestra cualquier cosa puede suceder.

Un saludo.
Derrotado y mitinero.

Pedro Sánchez dio la sensación de estar desesperado, dolido, justificándose y reprochando a la oposición que haga oposición.

Juan Fernández-Miranda.

Madrid.

Actualizado:

15/02/2019 11:19h.

Menudo mitin. Pedro Sánchez ha convertido la sala de prensa del Palacio de La Moncloa en el escenario del primer acto de campaña electoral. Con 5 minutos de intervención y una ronda de preguntas a todos los periodistas convocados habría suido suficiente. Es más, con tres palabras bastaba: 28 de abril. Todo lo demás es verborrea, partidismo y lecturas interesadas de una realidad que tiene poco que ver con el país que gobierna. Más de 20 minutos para justificarse: con doctrina, con media verdades y con mentiras.

Acorralado. Sánchez dio la sensación de estar desesperado, dolido, justificándose, reprochando a la oposición que haga oposición, culpando a los demás de no dejarle gobernar y lo más importante: obviando que sólo tiene 84 escaños, ésa es su principal debilidad: no ha sido capaz siquiera de aprobar unos Presupuestos. ¿Existe mayor fracaso de un gobernante? A pesar de todo, tras esa cínica retórica de la política con mayúsculas está un presidente agotado. El mensaje sonó a despedida. «Espero que nos sigamos viendo durante mucho tiempo», ha concluido.

Sánchez ha contado su verdad, la del secretario general del PSOE, y ha obviado que es presidente del Gobierno de todos los españoles. Pero esto no es novedad: en su ejecutoria como presidente nunca se ha elevado por encima del debate política. Tal vez por estrategia, tal vez por incapacidad, lo cierto es que han sido ocho meses y medio de confrontación con los constitucionalistas y acercamiento a los independentistas, de abuso del decreto como fórmula de Gobierno y de desprecio a la transparencia.

En su intervención inicial apenas ha mencionado Cataluña, y ha disparado doctrina electoral a cascoporro: la bandera de la lucha contra la desigualdad, como si el Gobierno anterior no hubiese creado varios millones de empleos; y diálogo con todos, cuando se ha dedicado a estigmatizar a sus rivales como «las tres derechas», o la derecha «trifálica» como dijo la deslenguada ministra de Justicia, y a apoyarse.

Juan Fernández-Miranda.

Redactor jefe.
«Fachas»

Un alto burgués que insulta a las personas de Colón.

Luis Ventoso.

Actualizado:

15/02/2019 00:30h.

Los anglosajones denominan «self made man» a quien con malas cartas en el inicio de su vida acaba logrando considerables éxitos. Aunque lo que nos pone en España es que el Estado se ocupe hasta de atarnos los zapatos, personalmente siento enorme admiración por quienes han conseguido progresar por puro mérito, sin el empujón inicial de una cuna propicia. Resulta fascinante recordar que algunos inmigrantes europeos, que desembarcaron en la aduana neoyorquina de la isla de Ellis con solo una maleta de cartón, acabaron triunfando en el nuevo mundo. Si me soltasen a mí allí en tales circunstancias no rascaría bola.

José Blanco López, de 57 años, es un ejemplo de «self made man». Partiendo de unos orígenes humildes en una parroquia extraviada de los montes verdes de Lugo, ha logrado pasar de Pepiño a Don José merced a su inteligencia, habilidad y laboriosidad. El niño Pepe era hijo de Jesús, que se fue de su aldea a Lugo y acabó de peón en Obras Públicas, y de Erundina, costurera. Chaval espabilado y locuaz, ingresó enseguida en el PSOE. Sus padres hicieron el esfuerzo de enviarlo a Santiago a estudiar Derecho. No funcionó. Plantó enseguida la carrera para sumergirse en política. No se puede decir que resultase una apuesta errada. Blanco no ha tenido nómina en la empresa privada, pero ha sabido buscarse la vida. A los 27 ya era senador. Intentó convertirse en alcalde de su pueblo, Palas de Rei, pero cayó derrotado. Da igual, del Senado saltó al Congreso, donde trabó amistad con un tal Zapatero. El resto ya lo saben. Blanco fue el cerebro electoral del contador de nubes de León, que lo hizo número dos del partido y más tarde ministro de Fomento (cargo en el que Pepe se desempeñó bien, sobre todo en comparación a su predecesora, la tremenda Magdalena). Caído Zapatero, ha continuado enganchado a la más opípara nómina pública como eurodiputado.

Al parecer, don José es hombre de profundas convicciones socialistas. ¿Qué hace entonces con la pasta gansa que le aporta la política? ¿La dona a la Internacional Socialista, Amnistía Internacional y Greenpeace? No parece. Lo que hizo fue comprarse dos finas propiedades inmobiliarias y enviar a sus hijos a uno de los colegios más caros y exclusivos de Madrid. Esta semana, de visita en un juzgado de Madrid, ha insultado a las personas que se manifestaron en Colón contra Sánchez tachándolos de «fachas». Don Pepe, católico practicante, un altoburgués que gana un sueldazo y posee un par de viviendas (más la casa paterna de Palas), vive en realidad muchísimo mejor que la mayoría de las personas que se acercaron a Colón. En la práctica, nada lo separa de aquellas familias: le gusta la estabilidad económica, cree en los valores cristianos y envía a sus hijos a la mejor educación privada que encuentra. Entonces, ¿por qué los insulta? ¿A qué viene el latiguillo de «fachas»? Pues a que el PSOE está hueco, sin ideas, y disfraza su vacuidad con rancios e insufribles tics sectarios.

Pepe tiene mérito. Sin acabar siquiera la carrera ha volado alto y se ha forrado. Si fuese un poco congruente con su vida real, mañana llamaría a Génova y se daría de alta.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.