Foro Común


Mensajes de Columnistas y Tertulianos enviados por Triana:

EDITORIAL ABC.

Sobran las mentiras, sobra Simón.

La vacunación es una pifia, y la operación de marketing político diseñada por Pedro Sánchez para adueñarse de cada dosis que fuera inyectada está fallando por su lentitud.

ABC.

Actualizado: 13/01/2021 07:29h.

La excepcionalidad de la tormenta Filomena y la necesaria atención mediática que requiere no puede dejar en un segundo plano la gravedad recobrada por la pandemia en las últimas semanas, sobre todo a raíz del relajamiento colectivo vivido en Navidad. Los datos de contagio del pasado fin de semana son los más alarmantes desde que se conoció el Covid-19 y su letalidad vuelve a niveles muy preocupantes. Ante esto, ya no sirven de nada los mantras del Gobierno anunciando sistemáticamente que «vienen semanas muy duras». Ese mensaje es caduco y la ciudadanía ha relativizado las advertencias, porque hace muchos meses que La Moncloa, y su portavoz para la pandemia, Simón, dejaron de ser creíbles. Las alertas sobre la indolencia del Ministerio de Sanidad ante la tercera ola, y ante los avisos de que las medidas de «cogobernanza» autonómica no estaban siendo eficaces, no han servido de nada. El Gobierno, Salvador Illa -más en mentalidad de candidato en Cataluña que de ministro de Sanidad-, y Fernando Simón -que se ha llegado a creer su propio personaje mediático- se han demostrado perfectamente inútiles. Y las consecuencias son demoledoras 11 meses después. Se comprometieron a que no habría 17 navidades, una por autonomía, y exactamente eso es lo que hubo. Se comprometieron a coordinar la cogobernanza, y han declinado cualquier responsabilidad. Se comprometieron a legislar, y lo han hecho en todos los ámbitos -educación, poder judicial, eutanasia, memoria histórica…- excepto en el sanitario.

La vacunación es una pifia, y la operación de marketing político diseñada por Pedro Sánchez para adueñarse de cada dosis que fuera inyectada está fallando por su lentitud. No se han utilizado más que la mitad de las dosis llegadas a España, y al ritmo de las 400.000 empleadas en dos semanas, será imposible que en junio esté vacunado el 70 por ciento de la población. Pero para Fernando Simón, lo importante es relativizar. Ni una alusión a los 75.000 muertos más allá de crear una falsa euforia y una ilusión óptica con el proceso de vacunación, como si fuera el santo grial del sanchismo. Sánchez anunció un «plan nacional» con 13.000 puntos de vacunación y prácticamente ninguno está activo por la prioridad de vacunar antes a ancianos de residencias y sanitarios. Pero ni siquiera de eso Simón tiene un mapa mental hecho. Solo hay un «plan autonómico», absolutamente desigual por comunidades, y un portavoz de la crisis que ya ni siquiera ejerce como técnico en pandemias, sino como un actor con un guión contradictorio y falaz. La izquierda idealizó a Simón, y ahora hasta se permite infravalorar la seriedad de la cepa británica del virus aventurando que va a ser inocua en España. De sus palabras y mentiras, de sus divagaciones y ocultaciones, la hemeroteca goza de desgraciados ejemplos. Simón, que ha conseguido llevar su afán de protagonismo a un punto casi patológico, presume de no improvisar y siempre termina culpando al ciudadano de cualquier abuso, exceso o error porque Sanidad cree ser infalible.

Es cierto que muchos ciudadanos han asumido la «nueva normalidad» con imprudencia. Hemos creído que basta llevar una mascarilla, y no se entiende aún que el virus tiene vida propia. Que evoluciona y es traicionero. Pero el Gobierno no está utilizando ese estado de alarma que Sánchez tildó de «indispensable» durante seis meses. Ni para la prevención, ni para la vacunación, ni para sancionar a quienes incumplen, ni para garantizar restricciones o aislamientos. El ciudadano tiene mucho que rectificar, pero el Gobierno es el responsable de que eso no ocurra sacudiéndose culpas y frivolizando con la tragedia.
EDITORIALES.

EDITORIALES/TRIBUNAS.

OKDIARIO. 24/12/2020 06:50.

OKDIARIO ha podido confirmar que el mensaje navideño del Rey Felipe VI no hará mención concreta a la necesidad de regular la futura ley de la Corona, tal como le venía reclamando el Gobierno socialcomunista. El discurso sí que contendrá referencias a la voluntad del jefe del Estado de mantener en lo más alto el nivel de las exigencias éticas de las instituciones, lo que significa que el Monarca no se plegará a los designios de La Moncloa. El discurso del Rey ya ha sido grabado. OKDIARIO se ha manifestado editorialmente sobre lo inconveniente que resulta que el Gobierno invada el ámbito de competencias del Rey, entre la que se encuentran, por supuesto, la de dirigirse a los españoles en los términos que estime conveniente.

Parece que Felipe VI ha querido preservar ese ámbito competencial y marcado distancias con los requerimientos del Gobierno. Nadie mejor que él sabe cómo articular un discurso que este año año será escrutado de manera distinta en virtud de los casos que rodean al Rey emérito. Y nadie como él sabe lo que procede decirle a los españoles.

El problema de fondo es que el Gobierno ha pretendido tutelar la figura del jefe del Estado y someterle a una presión de todo punto improcedente. Esa presión añadida no es la mejor manera de resolver la compleja situación derivada de los casos en los que se ha visto envuelto Juan Carlos. Si como aseguró Pedro Sánchez, su Gobierno está comprometido a preservar la estabilidad de la institución monárquica -se supone que no lo diría por Podemos-, instar al jefe del Estado a introducir en su mensaje una alusión directa a la necesidad de regular la futura ley de la Corona supone una intolerable intromisión que el Rey no puede aceptar.

A la espera de conocer el mensaje de Felipe VI, lo que sobra en esta hora es convertir al Rey en un instrumento al servicio de los intereses políticos del Gobierno. Pedro Sánchez no es quién para decirle al jefe del Estado lo que tiene o no tiene que decir.
TRIANA. Lo más curioso de Diego Cañamero es el "papelón" que hizo saliendo con unos cuantos jornaleros de Andalucía en señal de manifestación y protesta. Pues bien, es diputado Y SE ACABARON LAS MANIFESTACIONES. Ya, ya, ya...
Ángel, Diego Cañamero un "paleto" en todos los sentidos, ¡pobre diablo!
LA TRIBUNA.

La izquierda mercenaria se pasa a la Internacional Nacionalista.

La izquierda española está desquiciada ideológicamente y cree que España es un invento de Franco, por lo que todo el que quiera cargársela se convierte en progresista.

Guillermo Díaz -18 diciembre, 2020 01:50.

Desde mi escaño en el Congreso de los Diputados puedo ver pequeños detalles que suelen escapar a la crónica parlamentaria porque suceden fuera de la tribuna de oradores.

En una ocasión, el diputado de Podemos Diego Cañamero, que dice representar a los jornaleros andaluces, regaló tras su intervención un manojo de espárragos a la entonces presidenta del Congreso Ana Pastor. Posteriormente, el autoproclamado portavoz del campo andaluz se dirigió a su escaño. Su discurso había reivindicado las ayudas a los jornaleros y la dignidad del trabajo en los extensos olivares de Andalucía. El camino a su escaño pasaba cerca de los de ERC. Del suyo se levantó Joan Tardá, portavoz de los independentistas catalanes por aquel entonces, que abrazó al jornalero.

Las filas de Podemos, muy emocionadas con el gesto, aumentaron el volumen de sus aplausos. Pensaban que el abrazo era solidario. Pero eso es porque no saben nada.

El abrazo era de despedida. De mala conciencia, si me aprietan. El abrazo de alguien que basa toda su acción política en denigrar al abrazado. En demostrar que el abrazado es un lastre para el progreso de Cataluña. El abrazo de un independentista a un representante de los jornaleros andaluces. Esos que a ojos del nacionalismo catalán cobran un PER que pagan los catalanes (sic) por no dar un palo al agua.

Pero eso no importaba.

Iglesias no sabe que ERC hunde sus raíces en el racismo decimonónico y que en los años 30 tuvo contactos con el fascismo de Mussolini

El posmodernismo y el relativismo de Podemos admite perfectamente que alguien se diga de izquierdas y quiera al mismo tiempo la secesión –promovida desde su origen por la burguesía catalana– porque ve al nacionalismo como algo exótico: "Es su cultura". Además, el nacionalismo "luchó contra Franco y a favor de la República".

Y esto, a pesar de que los nacionalistas intentaron cargarse la República cada vez que pudieron. Y esto, a pesar de que los postulados de ERC hunden sus raíces en el racismo decimonónico. Y esto a pesar de que en los años 30, ERC tuvo incluso contactos con el fascismo de Mussolini.

Eso no lo cuenta Hessel y por lo tanto no lo saben Iglesias ni el PSOE. Este PSOE que no lee a sus mayores. Se dicen herederos de Indalecio Prieto, pero ignoran lo que este le dijo a Azaña sobre Companys: "Está loco. Pero loco de encerrar en un manicomio". Así lo recoge Azaña en sus diarios.

También denuncia Azaña las traiciones permanentes de los nacionalistas. En especial, las de Esquerra. Pero eso al PSOE también le da igual. La memoria está al servicio del presente, ya lo dijo Adriana Lastra. Su orden de silencio a todo el socialismo se extiende hasta la fundación de un partido cuya longevidad solo le sirve a Lastra para plasmarla en un pin de su solapa.

Otro episodio frecuente es el de los aplausos podemitas al PNV. Es difícil ser más de derechas que el PNV. Sólo Vox puede equipararse a los nacionalistas vascos. Iglesias se deshace con Aitor Esteban. Le mira embelesado durante muchas de sus intervenciones.

En el PNV miran a Podemos cuando estos les aplauden como alguien observa a un mono al que ha lanzado un cacahuete.

Iglesias no sabe el desprecio que despierta en un partido profundamente católico y que hunde sus raíces en los conventos jesuitas. Tampoco vio los gestos de Esteban cuando en un alarde pseudoculto –casi un género en el líder de Podemos– Iglesias quiso relacionar la Cruz de Borgoña, la Union Jack y los gudaris.

La Cruz de Borgoña era el símbolo que usaban los requetés, que no se llevaron precisamente bien con los gudaris del PNV. Esteban lo puso a caldo. Pero Iglesias pensó que Esteban se equivocaba. ¿Quién es profesor de Políticas en la Complutense, Esteban o él? ¡Además, la historia es relativa! Lo sabe cualquier posmoderno.

Sobre la facción del PNV que se fue con Franco hablaremos otro día. Y sobre el acuerdo con los italianos para entregar Santander sin resistencia –algo similar ocurrió en Bilbao y parece que con conversaciones igualmente– a cambio de un buen trato por parte de los de Franco, el conocido como Pacto de Santoña, también.

En el PNV miran a Podemos cuando estos les aplauden como alguien observa a un mono al que ha lanzado un cacahuete.

¡Pero es que el PSOE también está embelesado con el PNV! Ahí están los Diarios de Sesiones. Es impresionante ver cómo los incluyen en la mayoría progresista de la investidura y los excluyen del bloque de la derecha.

Que el PNV no sea derecha para el PSOE se debe a un ejercicio de alquimia difícil de comprender. ¿Dejan de ser derecha porque han votado sí a Sánchez? ¿Porque apoyan los Presupuestos a cambio de privilegios territoriales, algo muy igualitario e izquierdista? ¿O sencillamente porque abogan por la ruptura de España?

La izquierda española está desquiciada ideológicamente. Creen que España es un invento de la derecha, de Francisco Franco, por lo que todo el que quiera cargársela es progresista. Esto cabe en otro pin de la solapa de Lastra.

Marx ha sido enmendado. La izquierda ha pasado de la Internacional Socialista a la Internacional Nacionalista.

El día que Vox quiera ser de la mayoría progresista sólo tiene que cambiar una parte de su programa: defender exactamente lo mismo que defienden hoy, pero para un ámbito territorial diferente al español. Que se hagan nacionalistas mesetarios. Desde ese momento, Iglesias los considerará comuneros agraviados por Carlos V. Abrazables. Y Sánchez negociará y aprobará con ellos los Presupuestos.

¡Pero si hasta ven a Feijóo como un centrista por ser nacionalista gallego!

Marx escribió que "la nacionalidad del trabajador no es francesa, inglesa o alemana; es el trabajo, la esclavitud en libertad, el tráfico de sí mismo. Su gobierno no es francés, ni inglés, ni alemán; es el capital. El aire que se respira no es el aire francés, ni el inglés, ni el alemán; es el aire de las fábricas".

Pero Marx ha sido enmendado. Si estas frases sentaban las bases para la Internacional Socialista, los que se dicen sus herederos y que priman el suelo sobre la clase social, la lengua sobre la igualdad de oportunidades y el regionalismo sobre la comunidad global, han cambiado de organización. Se han ido a la Internacional Nacionalista.

En una traición de clase sin precedentes, la izquierda española es identitaria antes que solidaria. Usa las lenguas como muros y defiende el privilegio territorial en detrimento de la igualdad. La izquierda española quita títulos nobiliarios por un lado para crear una nobleza nueva. Un nuevo feudalismo donde el derecho de pernada sea sustituido por la pleitesía étnico-lingüística.

Hoy, gran parte de la izquierda mercenaria ha abandonado la defensa de los derechos de los más débiles primando los territorios con el único objetivo de gobernar y ocupar sillones. Hoy, la izquierda pone el acento en la diferencia, y la igualdad vuelve a estar en peligro. No por el caciquismo decimonónico. No por las oligarquías ancestrales, sino por culpa de la mayor corrupción moral que conoce nuestro país: el nacionalismo y sus peajes.

*** Guillermo Díaz es diputado de Ciudadanos por Málaga, abogado y escritor.
Luis del Val.

"En primer lugar quiero ponerme las orejas de burro, muy merecidas, porque, ayer, adjudiqué la tontería contemporánea de que si se bajaba algo el IVA a nuestras arruinadas empresas turísticas, podrían obtener beneficios a doña Yolanda Díaz, ministra de Trabajo, cuando el susto morrocotudo de que unas empresas que están cerrando puedan sostenerse y ya, lo que faltaba, obtener beneficios fue de la ministra de Industria y Turismo, doña Reyes Maroto, a quien no quiero restar méritos ... (ver texto completo)
Aplaudimos, ¡plas, ¡plas, ¡plas, ¡plas, ¡plas!
EDITORIAL ABC.

La izquierda se desespera con Madrid.

Para el PSOE, la extrema izquierda y el separatismo la fortaleza del centro-derecha en Madrid es inasumible porque constituye un muro a su objetivo de cambiar el modelo de Estado.

ABC.

Actualizado: 30/11/2020 07:46h.

La izquierda ha desatado una guerra sin cuartel contra el modelo político que el Partido Popular viene aplicando en Madrid. Es una guerra política en la que a la izquierda le vale todo con tal de acosar y derribar no solo los gobiernos autonómico y municipal de la derecha, sino el valor político que representan semejantes polos de poder en manos del PP. Los populares gobiernan en la Comunidad Autónoma de Madrid desde hace veinticinco años, cuando Alberto Ruiz-Gallardón logró la primera mayoría absoluta. Tras las elecciones de 2015 y 2019, el PP ha necesitado el apoyo de Ciudadanos, en ambos casos, y de Vox, en las últimas. Sin embargo, se ha mantenido constante una línea de gobierno basada en el crecimiento económico, la expansión de las clases medias, la atracción de empresas y talento y el contrapunto a la insolidaridad endémica de los gobiernos nacionalistas de otras comunidades. No han faltado las sombras, principalmente asociadas a casos de corrupción en personas vinculadas al PP. El Gobierno municipal de la capital ha sido también un bastión del PP desde 1991 hasta 2015, recuperado en 2019, tras la fracasada experiencia de Manuela Carmena, gracias a un pacto de gobierno con Cs.

Para el PSOE, la extrema izquierda y el separatismo catalán esta fortaleza del centro-derecha en Madrid es inasumible porque constituye un muro de contención a su objetivo de cambiar el modelo de Estado y vaciar la Constitución. El clima de libertad que impera en Madrid es gracias a uno y a otra. Contra el Gobierno de Díaz Ayuso se ha utilizado desde una vacua polémica por su alojamiento durante la pandemia a echarle en cara los fallecidos por Covid-19 en las residencias. Visto que la presidenta ha resistido firmemente este acoso, al que ha respondido con una evolución favorable de la pandemia, el PSOE ha activado un plan de devastación fiscal de Madrid, lanzando por delante a su nueva vanguardia para la dirección del Estado: los proetarras de Bildu, la extrema izquierda de Podemos y los separatistas catalanes. Cuando un partido como el PSOE, que se califica de Estado, tiene que recurrir a estos aliados es que su desesperación está descontrolada.

La izquierda ha convertido a Madrid, en efecto, en la denominación de origen de un modelo político que enmienda la plana de todos sus prejuicios. Actividad económica alta con una fiscalidad baja; servicios públicos eficaces, aunque mejorables; estabilidad política sin extremismos; apertura social sin localismos nacionalistas ni lucha de clases. Turismo, cultura, empresa y educación tienen en Madrid una proyección al más alto nivel, sin ignorar los problemas de cohesión social y desigualdades que se generan en toda región que vive con dinamismo su desarrollo. Frente al crecimiento de las clases medias madrileñas -indiscutible en los municipios del sur de la capital- y sus aspiraciones de mayor calidad y nivel de vida, la izquierda no tiene propuestas y demuestra no conocer al electorado de Madrid. Las izquierdas se empeñan en describir Madrid como lo que no es y, por eso, los ciudadanos de esta comunidad no confían en ellas.

El tándem formado por el alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, y la presidenta del Gobierno autonómico, Isabel Díaz Ayuso, gana enteros cada vez que el PSOE y sus socios exhiben contra ellos su visceralidad. El último regalo de la izquierda al PP madrileño es sacar a Gabriel Rufián a denunciar el «paraíso fiscal» madrileño. Lo hace el portavoz de un partido que tiene a su líder, Oriol Junqueras, condenado por malversar el dinero de los catalanes. Muy mal tiene que estar el PSOE para convertir a Rufián en su punta de lanza contra Madrid.
Luis del Val sobre los socialistas históricos:

"Como la Radio es un medio de servicio público, quisiera llamar la atención de los amigos, compañeros y conocidos de Adriana Lastra para que procuren, por todos los medios, que ella no se entere de que el Premio Nobel Mario Vargas Llosa, sigue escribiendo a los 84 años; que el gran pintor, Antonio López, continúa pintando con la misma edad; o que uno de los cardiólogos más famosos del mundo, Valentín Fuster, cumplirá 78 años dentro de un par de meses, ... (ver texto completo)
¡Genial!
Luis del Val.

"Encuentro al ministro Ábalos tan satisfecho en la misión de explicar lo inexplicable, tan orgulloso de su misión de recadero para poner perfume a la fetidez que tengo que volver al lenguaje cervantino, quevedesco, ese que el pueblo entiende, y a ese verbo paradójico que sirve para describir el placer más intenso y la molestia más profunda. Y se lo digo, con humilde tono de súplica, en siete palabras: “Por favor, señor Ábalos, no nos joda”.

Es legal que ustedes pacten con Bildu. ... (ver texto completo)
¡Plas, ¡plas, ¡plas, ¡plas, ¡plas, ¡plas.................
TRIANA. Entre otras cosa dice Bildu que viene a Madrid a cambiar el régimen. ¿Cuál? ¿Un nuevo comunismo? ¿Aniquilar la democracia que tenemos en España? ¿Derribar la monarquía parlamentaria?
¡JOOOO! TRIANA, menudo panorama.
Ángel, los socialcomunistas les encanta todo lo que está haciendo este puñetero Gobierno, ¡menudo panorama!

Un saludo.
Ni directora, ni codirectora, ni gaitas.

OKDIARIO. 14/11/2020 06:46.

La Universidad Complutense recurrió a una argucia para, ante la imposibilidad de nombrar directora de una cátedra extraordinaria a Begoña Gómez, esposa del presidente del Gobierno, retorcer el reglamento para hacerla codirectora. OKDIARIO denunció que no podía ser directora, dado que no tenía vinculación laboral con la universidad y, por supuesto, carecía de méritos para ostentar dicho cargo, pues no es ni titulada, algo que sí se exige a los futuros alumnos. La Complutense ha recurrido a una «excepcionalidad» contemplada en el reglamento, pero que sólo es posible aplicar en casos muy concretos y fundamentados, para colocarla en el puesto.

Veamos: el reglamento señala que «el/la director/a de la cátedra será un/a profesor/a o personal de administración y servicios con vinculación permanente de la UCM nombrado/a por el rector a propuesta de la Comisión Mixta de Seguimiento». Y añade que «la dirección deberá recaer en un miembro del personal docente e investigador o personal de la administración o servicios cuya actividad guarde relación con el ámbito de la actividad» y «preferentemente, responderá a un perfil de prestigio profesional, técnico y científico reconocido en el ámbito temático del objeto de la colaboración». Conclusión: Begoña Gómez no puede ser directora.

Tampoco codirectora, porque el reglamento exige que un codirector tenga «vinculación laboral» con la UCM. Este cargo se reserva en el caso de que sea un profesional de reconocida trayectoria el que sea designado como director efectivo. No hay que ser muy sagaz para concluir que el puesto de codirectora tampoco encaja en el perfil de Begoña Gómez, ya que este puesto está reservado a un docente con contrato universitario. La Universidad, en consecuencia, vuelve a hacer una interpretación libre y muy retorcida para «colocar» a la mujer de Sánchez al frente de una de sus titulaciones. Tendría guasa que para hacerla directora efectiva colocara de codirector a alguien que cumpliera los requisitos. Es decir, que quien ostenta méritos fuera el segundo de quien no ostenta -como Begoña Gómez- ninguno.

Lo que tiene que hacer la Complutense es aceptar de una vez que lo pretende es una arbitrariedad descomunal: Begoña Gómez no puede ser directora ni codirectora y todo lo que está haciendo es un ejercicio de nepotismo evidente.
DITORIALES-TRIBUNAS.

Cuando la «cualificación» es ser la mujer del presidente.

OKDIARIO. 13/11/2020 06:50.

OKDIARIO desveló que Begoña Gómez, esposa de Pedro Sánchez, sería la directora de una cátedra extraordinaria de la Universidad Complutense, pese a carecer de cualificación y titulación -algo exigible a los alumnos-. La noticia provocó indignación en amplios sectores académicos, que denunciaron el nepotismo y el trato de favor de la universidad pública. La polvareda desatada ha llevado a la Complutense a modificar su página web. Donde antes daban por hecho que Begoña Gómez era la «directora de la cátedra», ahora se afirma que «es posible que sea la nueva codirectora».

La rectificación viene después de OKDIARIO se hiciera eco de las quejas de la comunidad universitaria, pues el reglamento de la Complutense y su normas internas determinan que «el/la director/a de la cátedra será un/a profesor/a o personal de administración y servicios con vinculación permanente de la UCM nombrado/a por el rector a propuesta de la Comisión Mixta de Seguimiento». Y añade: «la dirección deberá recaer en un miembro del personal docente e investigador o personal de la administración o servicios cuya actividad guarde relación con el ámbito de la actividad» y «preferentemente, responderá a un perfil de prestigio, profesional, técnico y científico reconocido en el ámbito temático del objeto de la colaboración».

Con el reglamento en la mano resulta obvio que Begoña Gómez no podía ser directora -como afirmó en principio la universidad-, de modo que la Complutense ha recurrido a una triquiñuela y se abraza a una interpretación del reglamento igualmente polémica. En el mismo se afirma que el rector «excepcionalmente y por causas justificadas» puede designar director «a alguien sin vinculación laboral con la Universidad». En este caso, se indica, «se designará a un co-director/a con vinculación laboral con la UCM que estará sometido al mismo régimen que el/la director/a».

En cualquier caso, lo que parece evidente es que la Complutense ha otorgado un trato de favor a la mujer del presidente del Gobierno. Su «cualificación» es esa: ser la esposa de Pedro Sánchez. Nepotismo universitario.
Sí, los tienes en el Gobierno, está OTEGUI EL TERRORISTA DE ETA.
Ajo y agua para los asesinos ETARRAS y sus compinches.
EDITORIAL ABC.

La «izquierdita» cobarde.

Hay una «izquierdita cobarde» que vocifera un día, pero después sigue a lo suyo, como si una decisión como la de pactar con Bildu no fuese un latigazo en la conciencia de muchos socialistas indignados.

Actualizado: 12/11/2020 21:29h.

El Gobierno ha salvado con comodidad el primer trámite para la aprobación de los presupuestos con el apoyo expreso de sus socios independentistas, con la incorporación de Bildu como partido «para la dirección del Estado», e inexplicablemente con Ciudadanos. La ministra María Jesús Montero lo celebró como si las cuentas públicas ya estuviesen oficialmente en vigor, y como si no produjese una convulsión política el blanqueamiento definitivo que ha hecho el PSOE de Arnaldo Otegui, un terrorista que jamás se arrepintió de sus delitos. La votación no solo supuso una victoria parlamentaria de Sánchez que le aclara el panorama de legislatura. También fue una renuncia a la dignidad de unas siglas con 140 años de historia, las del PSOE, que ha permitido a Bildu jactarse de «ir a Madrid a tumbar definitivamente el régimen».

Esta amenazante declaración de intenciones no sería mucho más que un eslogan político redactado sobre décadas de sangre y muerte si no fuera por la legitimidad que Sánchez le ha concedido. Por eso conviene desmentir esa mitología según la cual el PSOE es un partido sometido a un permanente debate interno con contrapesos frente a cualquier abuso de su secretario general. El PSOE ha dejado de existir como tal para ser sustituido por una opaca estructura endogámica en La Moncloa. El partido es una comparsa y Pablo Iglesias influye más en él de lo que puedan hacerlo cualquiera de sus «barones», sus cuadros medios o su militancia. El PSOE ha sido sometido por Sánchez, se ha desactivado su Comité Federal y en su dirección no figura nadie que se atreva a alzar la voz. Todo se basa en un ordeno y mando orgánico que ha convertido cualquier atisbo de crítica en una purga.

Es cierto que de vez en vez asoman voces de «barones» críticos. Ha ocurrido ahora, incluso con vehemencia, con Fernández Vara, García-Page, Lambán y, a última hora, por una desaparecida Susana Díaz, que ya hace meses se rindió como azote «oficial» de Sánchez. El mensaje común es que abominan de Bildu, incluso con «vómitos». Sin embargo, todo es un ejercicio retórico para tranquilizar su conciencia y seguir digiriendo sin mayores aspavientos la imposición del presidente. De ello vienen alertando antiguos dirigentes socialistas que solo reciben el desprecio de ser llamados «glorias caducas» o «jarrones chinos». Pero son los propios «barones» quienes han renunciado a ser útiles a un partido al que Sánchez acalla a capricho. No comparten su doctrina ni que haya faltado a su palabra de no pactar «jamás» con los subalternos de ETA, pero lo asumen, y eso no es una cuestión de resignación, sino de cinismo político.

Hay, en definitiva, una «izquierdita cobarde» que vocifera un día, pero después sigue a lo suyo como si una decisión como la de pactar con Bildu no fuese un latigazo en la conciencia de muchos socialistas asqueados, o en la memoria de tantos militantes asesinados que cayeron solamente por tener al PSOE como una seña de identidad digna y valiente. Otegui ha ascendido de «hombre de paz» para Rodríguez Zapatero a «hombre de Estado» para Sánchez. Cuando Díaz, Lambán y el resto de «sufridores» del sanchismo amagan sin dar, o alegan que no comparten nada con Bildu, conviene decir la verdad. No es cierto. Representan a un partido que empieza a compartir con Otegui la gobernabilidad de España, y en la medida en que no afronten ningún tipo de sacrificio personal o político, solo serán unas marionetas irrelevantes. Como socialistas, deberían dejar de hablar de Bildu y hablar de Sánchez, que es quien se entrega a Bildu.
Si, claro que sí. TÚ
No, no, yo NO.
Yo creo que hoy día nadie necesita beber de ninguna fuente. Hay medios suficientes para tener tus propias ideas y para analizar las cosas sin intermediarios. Eso sería lo ideal para cualquier sociedad. Estamos mal acostumbrados y nos dejamos adoctrinar demasiado por los adeptos a nuestras ideologías.
Para muestra un botón.
Este INDA es un señor con dos pares.
Y además bien puestos.

Ángel, un saludo.
EDITORIAL ABC.

La pandemia con democracia.

A la falta de liderazgo nacional, que, más que nunca, correspondería al Gobierno, no debe sumarse la desactivación de los mecanismos de control constitucional al poder político.

ABC.

Actualizado: 09/11/2020 00:19h.

La evolución de la pandemia de la Covid-19 en España está demostrando que el Gobierno somete sus reacciones a criterios políticos. Sus decisiones sobre medidas sanitarias, restricciones de movimientos, competencias autonómicas, imposición y prórroga del estado de alarma y, en general, mensajes a los ciudadanos generan más problemas que soluciones. El caso de la Comunidad de Madrid es paradigmático. Después de concentrar en su presidenta, Isabel Díaz Ayuso, toda la crítica política y técnica imaginable, el Gobierno se ha visto desautorizado por la eficacia de las medidas tomadas por el Ejecutivo madrileño. El estado de alarma hecho a la medida contra Díaz Ayuso y del puente de El Pilar, además de constituir una anomalía constitucional y una represalia por el revés judicial que sufrió el ministro de Sanidad, no ha aportado nada a la reducción de las cifras de la pandemia en Madrid. Los confinamientos por áreas básicas de salud se han revelado más útiles para mitigar la difusión del virus que los cierres del territorio autonómico. Esto no quiere decir que la situación en Madrid sea buena. Es mejor que hace unas semanas y mejor que en la mayoría del resto de las comunidades, pero sigue siendo muy grave.

En todo caso, el Gobierno ha vuelto a engancharse a Madrid, esta vez para eludir el debate sobre el confinamiento domiciliario que le han planteado varios gobiernos autonómicos. Ahora, la buena marcha de los datos en Madrid y, en menor medida, en Cataluña, permite a Sánchez mantenerse refugiado en la delegación de competencias a las comunidades prevista para el actual estado de alarma. Sin embargo, el decreto vigente prevé restricciones de movilidad, pero no confinamientos de los ciudadanos en sus domicilios. Es esta una medida extrema, con una carga económica evidente, pero también psicológica, porque no todos los ciudadanos pueden confinarse en condiciones adecuadas. El recuerdo del confinamiento general de marzo aún duele.

El Gobierno debería asumir este debate y darle una solución jurídica y política. El actual estado de alarma es un fraude constitucional, porque se halla en una prórroga de seis de meses desde hoy mismo. Si hubiera que confinar en domicilios, o el Gobierno aprueba un nuevo decreto de estado de alarma, derogando el actual, o lleva al Congreso una propuesta de modificación del vigente. La primera opción supondría la imposición de un confinamiento domiciliario sin control parlamentario hasta que se debatiera su prórroga. La segunda opción obligaría al Gobierno a pedir del Congreso la aprobación de las nuevas medidas. Es hora de exigir un verdadero control parlamentario y constitucional sobre las restricciones a las libertades individuales. Obligar a los ciudadanos a estar recluidos en sus casas es una medida excepcional en un Estado de Derecho y democrático. La dramática novedad de la pandemia en marzo pasado hizo que la sociedad mirara a otro lado ante medidas de limitación de derechos de constitucionalidad más que dudosas. En esta segunda oleada del virus, no se puede reaccionar igual. Por eso, es preocupante comprobar que el TC está llegando tarde a su cita con los derechos de los españoles a saber cuáles son los límites del estado de alarma y de los poderes del Gobierno.

El Parlamento y el TC no pueden ser partícipes de esta acumulación de decisiones políticas sobre las que se ha construido un sistema de imposiciones al ciudadano, sin una certeza clara sobre su constitucionalidad. A la falta de liderazgo, que correspondería al Gobierno, no debe sumarse la desactivación de los mecanismos de control constitucional al poder político. Este es el riesgo actual de España, el de una pandemia sin democracia.
OPINIÓN.

EDITORIALESTRIBUNAS.

Inda: «Ahora será Franquito Sánchez quien decide desde Moncloa qué noticias son verdaderas y cuáles fake»

OKDIARIO. 05/11/2020 22:15.

Una nueva maniobra de Pedro Sánchez para manejar a los medios a su antojo ha sido la creación de un comité de expertos que decidirá qué noticias son o no ‘fake news’. Eduardo Inda retrata los dejes del presidente del Gobierno socialcomunista con esta y otras medidas.

«Cuando un servidor bautizó a Pedro Sánchez como Franquito, hará tres o cuatro meses, lo hizo medio broma, medio en serio porque empezábamos a vislumbrar los tics autoritarios del personaje», comienza Inda. A continuación, explica tan llamativa comparación: «De momento no se puede comparar a Pedro Sánchez con Franco por una elemental razón: el primero ha sido elegido democráticamente y el segundo, obviamente, no; el segundo nos tuvo 40 años bajo su bota».

Sin embargo, Inda encuentra motivos más que suficientes para asemejar los tics autoritarios de Sánchez con otros personajes. «No es menos cierto que en la historia de la Humanidad ha habido terribles dictadores que salieron inicialmente de las urnas. El caso más conocido en nuestro tiempo es el de Hugo Chávez, que ganó las elecciones venezolanas del año 98 y luego, poco a poco, progresivamente instauró en su nación una terrible dictadura que encarcela o asesina opositores; que asesina a los ciudadanos que se manifiestan libremente por las calles; que roba como si no hubiera un mañana; que expropia cuando le da la realísima gana y que, además de todo eso, pues se constituye, al igual que la de Nicolás Maduro, en una de las grandes fortunas de Iberoamérica porque son, uno era y otro es, un gran ladrón. Y, además de todo eso, los dos son narcotraficantes, lo afirma la DEA estadounidense».

«El último conejo que se ha sacado de la chistera Franquito en esta deriva autocrática es la constitución en Moncloa de un organismo para luchar contra la desinformación, para decidir qué es verdad o qué es mentira; qué noticia es cierta y cuál es una ‘fake news’; qué es verdadero o qué es falso», explica Eduardo Inda tras conocerse la formación de esta especie de ‘comisión de la verdad’ monclovita.

Inda da una clave más: «Este organismo inconstitucional, que no ha pasado siquiera por el Parlamento, lo dirigen dos franquitos de Franquito: su jefe de Gabinete, Iván Redondo, y su director de Comunicación, Miguel Ángel Oliver».

Estos tres personajes «quieren ver a los periodistas críticos, a los Carlos Herrera de turno, Ana Rosa Quintana, Federico Jiménez Losantos, a Vicente Vallés o a un servidor. Nos quieren ver como yo me mostré en otro vídeo hace unos meses, exactamente así [Eduardo Inda se pone dos esparadrapos rojos en la boca] amordazados de rojo socialista».

Eduardo Inda tiene claro lo que «los tres franquitos» pueden hacer con la mordaza: «Se la pueden meter donde les quepa. Porque para silenciarnos tendrán que encarcelarnos, desterrarnos o quién sabe si hacernos algo peor». «La verdad –continúa Inda– es que es sencillamente delirante que quienes lanzan bulos todos los días sin parar, quienes se inventaron un comité de expertos que les ayudaba en la lucha contra el Covid –un comité de expertos que no existía–; quienes se inventaron informes de universidades extranjeras que avalaban su gestión; quienes dicen que hay 30.000 muertos por el Covid, cuando en realidad ya pasan de 60.000, son quienes nos van a decir a los ciudadanos españoles qué es verdad o qué es mentira. ¡Anda, no me jodas!».
Amando de Miguel.

La dictadura progresista.

2020-11-02.

Dice el Diccionario que alarma es “inquietud causada por la aparición de un peligro o la amenaza de un suceso no deseado”. Yo añadiría “un suceso próximo, inmediato”. Es un estado que suele surgir de modo imprevisto, al dar un aviso de peligro o de precaución por parte de las autoridades. Lo que resulta un tanto azorante, en nuestro caso, es que el estado de alarma lo haya establecido el Gobierno para seis meses. Cabe sospechar que, ante un plazo tan largo, las conductas de precaución se relajarán con el transcurso de los días. Lo peor es la cuestión de principio: decretar el estado de alarma para seis meses presume un poder arbitrario, despótico. Es el signo aciago de que entramos en una dictadura progresista.

Es claro que la declaración del estado de alarma funciona como un subterfugio para recortar ciertos derechos de los pobres ciudadanos. No es por atentar contra la libertad, sino para reafirmar el poder en una dirección autoritaria, que a los mandamases proporciona un gran placer. La medida estrella que se asocia con el estado de alarma es el toque de queda.

El toque de queda es la “prohibición militar de circular por las calles durante determinadas horas de la noche, que se establece en tiempos de guerra o de desorden”. Su aplicación por la autoridad civil y con ocasión de la pandemia que padecemos en estos tiempos no deja de ser una mixtificación. Solo de forma analógica e interesada la pandemia puede considerarse como una guerra o un desorden.

Lo más probable y menos deseable es que, con una situación de alarma tan prolongada, más el ucase del toque de queda, las prohibiciones no se cumplirán del todo. En ese caso, los pobres ciudadanos, así, in genere, serán tachados de irresponsables. Lo que supone eximir de culpa a las autoridades, por no haber gestionado como Dios manda la crisis sanitaria. Que es lo que se trataba de demostrar.

Las previsiones de reducción drástica de los movimientos de las personas no se cumplirán, por una potísima razón. Es así de clara: no hay policía suficiente para controlar toda esa ingente movilidad. Además, hay que contar con el natural cansancio de la gente (sobre todo, los jóvenes), harta de confinamientos y de restricciones de todo tipo.

Me temo que la iniciativa del toque de queda durante la noche y otras medidas similares sirven solo para tranquilizar a la población, lógicamente amedrentada. De esa forma, parece que las autoridades hacen algo para contener la epidemia. El problema es que, después de tantas medidas de control de la enfermedad, su efecto no ha sido el esperado, lo que hace que aumente la frustración. Lo lógico será, pues, esperar nuevas medidas profilácticas o preventivas más caprichosas. Se me ocurren: guantes de látex obligatorios para toda la población, clausura de los centros de enseñanza, reducción tajante de los transportes públicos, cierre de las residencias de ancianos. No quiero seguir dando ideas.

La raíz del problema está en el menguado conocimiento que tiene la comunidad científica sobre el famoso virus de China. Es algo que no se reconoce públicamente, al partir de la consideración de que nos encontramos en la era científica. La misma nesciencia se podría atribuir a los gobernantes, al ignorar las medidas necesarias para paliar la hecatombe económica que se nos ha echado encima. Solo a un tonto o a un malvado se le ocurre que la solución pueda ser la del aumentar el gasto público de forma desaforada. En ello estamos.
VIDAS EJEMPLARES.

Al menos no presuma.

Lo mínimo que podía hacer Sánchez es reconocer que se equivocó.

Luis Ventoso.

Actualizado: 26/10/2020 08:23h.

Con la mirada beatífica y la voz queda y pretendidamente empática de las grandes ocasiones, nuestro presidente compareció para empaquetarnos un «estado de alarma» de seis meses, que incluye desde ya un toque de queda de once de la noche a seis de la mañana. Por supuesto aseguró que la medida, que anulará libertades fundamentales, atiende a lo que le recomiendan «los científicos y los técnicos». Además, presumió de lo bien que manejó España la primera ola. Felicitó al pueblo español por su «disciplina social y resistencia», cuando la verdad es que hemos sido los reyes de la jarana. Se jactó de cómo está gestionando la segunda ola, alardeando de sus iniciativas. Nos explicó que su Gobierno «siempre ha defendido» la necesidad del «mecanismo constitucional del estado de alarma», y finalmente, respondió a algunas preguntas (o mejor dicho, no las respondió, pues en vez de contestar a lo que le plantean los periodistas se dedica a ignorar las cuestiones y divagar en largos parlamentos escapistas).
Aunque el reto sanitario, económico y social del Covid-19 es realmente tremendo, lo mínimo que podía hacer Sánchez es pedir disculpas por sus reiterados errores en la lucha contra la epidemia, donde ha ido dando palos de ciego con el método prueba-error y donde ha llegado tarde por dos veces. La historia que no quiere contar está ahí:

En enero, el Gobierno ya sabía que había un problemón en ciernes (así lo reconoció Simón en su spot publicitario con Calleja por Baleares). Pero hizo el avestruz hasta el 14 de marzo, cuando como ahora pasó de no hacer nada a imponer un drástico estado de alarma, uno de los más duros del mundo. Con esa gran idea se encerró a la población a cal y canto por tres meses y se provocó el mayor desplome del PIB de la OCDE. Pero a finales de junio, Sánchez da al virus por derrotado. El 4 de julio nos anima a disfrutar de la «nueva normalidad» y le empaqueta el embolado a las comunidades, y en agosto se marcha a tomar el sol a Canarias y Doñana. El Gobierno no vuelve a aparecer en la crisis sanitaria hasta mediados de septiembre, cuando a modo de cortina de humo que tape sus miserias emprende una guerra doctrinaria contra la Comunidad de Madrid. Hace diez días, el gran Simón - ¿qué hace todavía ahí si no da una?- todavía nos decía que «da la sensación de que podemos estar en la fase de estabilización previa a un posible descenso». Pero ayer: «estado de alarma» al canto hasta el 9 de mayo. ¿En nombre de qué ciencia? No sabemos. El anterior «comité científico» resultó que no existía y del nuevo, si es que lo hay, no conocemos un solo nombre. El Gobierno de Sánchez e Iglesias ha dado un recital de improvisación y cortoplacismo. Ha confundido la gestión con la propaganda y ha llevado a España a presentar por dos veces uno de los peores registros del planeta. Por favor, al menos tenga el decoro de no restregarnos desde la televisión lo bien que lo hace.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
OPINIÓN.

EDITORIALES-TRIBUNAS.

Inda: «Que Iglesias te ensalce compulsivamente es para hacértelo mirar, ¿no crees Casado?»

OKDIARIO. 23/10/2020 06:50.

El resultado de la moción de censura de Vox contra Pedro Sánchez estaba cantado. Lo que ha descolocado a la mayoría ha sido la reacción del PP contra el partido de Santiago Abascal. Además de dar un ‘no’ rotundo a Vox, Pablo Casado ha roto todos los puentes que le podían unir a la formación de Abascal. Eduardo Inda le da un consejo al líder de los ‘populares’: «La verdad es que si yo fuera tú y Pablo Iglesias dijera de mí que soy un tipo brillante, que hago discursos inteligentes, que desde el punto de vista intelectual soy un ser respetable –viniendo de quien viene, de un tipo iletrado–, yo la verdad es que tendría dos alternativas vitales. La primera pasaría por quitarme la vida. La segunda sería irme al frenopático más cercano con la mayor celeridad posible».

Iglesias, como recuerda Inda, no ha sido el único que ha elogiado a Casado. «Si además de todo eso, escuchase a la licenciada en primero de COU Adriana Lastra llenarme de alabanzas, una persona que se dedica sistemáticamente a linchar al PP y a todo lo que huela a derecha o centroderecha o a políticas liberales, no me lo pensaría dos veces, me lo pensaría 72», apostilla Eduardo Inda. Tampoco hay que olvidar que gran parte de la prensa de izquierdas también se ha deshecho en elogios hacia Pablo Casado. «Y si encima, llego a casa por la noche, abro ElDiario. es, el diario socialpodemita de Ignacio Escolar, y le leo pidiendo un aplauso para mí, la verdad es que no sabría donde meterme o me lo haría mirar».

Inda concluye recordándole a Casado que «con la moción de censura ha demostrado dos cosas: que esto no era el viaje al centro y que el camino a la tontuna es mucho más rápido de lo que algunos pensábamos».
EDITORIALES.

EDITORIALES/TRIBUNAS.

OKDIARIO-20/10/2020 06:50.

En vísperas de la moción de censura presentada por VOX, el PP todavía no tiene decidido cuál será el sentido de su voto. O si Pablo Casado lo tiene, no ha tenido a bien comunicarlo. No parece razonable que el presidente del Partido Popular mantenga la incógnita hasta el último momento, porque lo que está trasladando con la demora es una sensación de inseguridad que acrecienta la sospecha de que el movimiento de la formación de Abascal ha sumido al principal partido de la oposición en una encrucijada de la que le está costando salir. La moción de censura de VOX parece más orientada a debilitar al PP que a Pedro Sánchez, que por razones de aritmética parlamentaria, saldrá indemne e, incluso, reforzado. Razón de más para que el PP hubiera articulado una estrategia sensata y razonable. Si lo que pretendía el partido de Abascal era comprometer al PP, por ahora -a expensas de conocer cuál será el sentido del voto de los populares- lo ha conseguido.

Con una izquierda echada literalmente al monte, con un Gobierno socialcomunista conjurado en una estrategia de demolición institucional sin precedentes, resulta sintomático que quién pueda sufrir más las consecuencias de la moción de censura sea Pablo Casado. El presidente del PP recibirá reproches sea cuál sea el sentido de su voto, pero más allá de las críticas lo que no parece políticamente sensato y estratégicamente coherente es que los populares rechazaran la moción de censura alinéandose con el PSOE y Podemos en el voto contrario. Un «no» del PP sería incomprensible para una gran mayoría de sus votantes.

Si de lo que se trata ahora es de minimizar el daño de su voto -triste consuelo-, una abstención -dado que es descartable que Casado secunde la moción de VOX- sería la opción menos mala. Ese el problema del Partido Popular: que haga lo que haga en la moción, saldrá perjudicado. La moción de censura de VOX no debilita al Gobierno socialcomunista, sino al centro derecha. Triste paradoja.

Casado tiene que mojarse y el PP no puede votar con el PSOE y Podemos
VIDAS EJEMPLARES.

¿Y si Manolito tuviese razón?

Homenaje liberal al presunto malo de las tiras de Mafalda.

Luis Ventoso.

Actualizado: 19/10/2020 07:43h.

El altivo Napoleón despreciaba a los ingleses con esta frase: «Inglaterra es una nación de tenderos». Pero tal vez el insulto albergaba un elogio involuntario. Los tenderos son gente responsable, no pueden permitirse gilipolleces, porque arriesgan su propio dinero, no el del Estado. Si las cuentas no cuadran ponen en jaque su medio de vida. Han de ser prudentes en el acopio de mercancía. Educados y atentos con su clientela, para que vuelva. Ingeniosos para intentar incrementar la demanda con nuevas ofertas. Al final, resulta que construir un país de tenderos, una nación volcada en la iniciativa personal y el comercio, no parece ninguna mala idea, sino un pacífico modo de multiplicar la riqueza.

Veo por casa un libro de tiras de Mafalda. Lo ojeo un rato como homenaje al gran Quino, muerto en días pasados. Según voy avanzando, me sorprende llegar a una conclusión opuesta a la que sentía de chaval ante estas mismas viñetas. Mafalda, la heroína, me resulta una pelmaza importante. Sin embargo - ¡horror!-, poco a poco voy notando que con quien sintonizo es con el teórico malo, con el tarugo de la pandilla, el cachazudo Manolito Goreiro, con su pelo pincho, su cabeza cuadrada, su americana de tendero y su lápiz perenne para echar cuentas.
Mafalda es una niña de buen corazón y clase media, que ella denigra como «clase medioestúpida». Idealista y de mirada utópica, cree que el mundo va fatal y se muestra como una pesimista patológica, anclada en la queja permanente. Detesta la sopa, el alimento que permite sacar adelante a la prole en familias de economías ajustadas. De mayor aspira a convertirse en traductora en la sede de la ONU y contribuir así a la paz mundial.

De toda la pandi mafaldiana, el único que curra es Manolito, volcado en la tienda de su padre, un emigrante gallego que ha conseguido montar el Almacén Don Manolo. El niño es tosco, rudo, aunque no mala gente; mediocre en el colegio, salvo con los números, donde se convierte en un hacha. Manolito ayuda en la tienda familiar y constantemente piensa en fórmulas publicitarias para atraer mayor clientela. Le gusta la sopa, por supuesto, y de mayor aspira a ser dueño de una enorme cadena de supermercados y volverse tan rico como Rockefeller. Ante los sermones igualitarios de Mafalda, Manolito replica: «Todos somos iguales, sí, solo que algunos arriesgamos un capital». Mafalda intenta ablandar su corazón, abrirlo al sentimentalismo progresista: «Vos, que siempre andás dale que dale con el almacén de papá, la plata y los negocios. Escucha esto: “El dinero no da la felicidad”». Manolito responde compungido: «Sí, ya lo sé». Pero acto seguido añade con sonrisa exultante: «Pero lo que me entusiasma es la maña que se da para imitarla».

Si en la España de hoy hiciésemos una encuesta de popularidad no habría duda: Mafalda golearía a Manolito. Tal vez por eso nos gobiernan Podemos y el PSOE. Pero con muchos manolitos un país sale adelante. Con la queja diletante y las soluciones quiméricas, no lo sé...

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
POSTALES.

El arte de la mentira.

Sobre el juez que llevó el caso prefiero que opinen sus colegas, que ya lo están haciendo.

José María Carrascal.

Actualizado: 16/10/2020 00:14h.

Hay dos formas de mentir: contar lo contrario de lo ocurrido y contar sólo una parte de ello, colateral, ocultando lo importante. La izquierda ha usado profusamente ambas, al creerse en la posesión de la verdad y de la ética, lo que convierte en verdadero cualquier cosa que diga. Sin que las innumerables veces que la realidad la desmiente de un tortazo lograra que renunciase a tal práctica. El mero hecho de que se considere defensora de la libertad y de los pobres cuando crea miseria y opresión donde quiera que se implante es la mejor prueba. No respeta ni a sus fundadores. Marx dijo que la revolución proletaria no podía ocurrir sin haber tenido la burguesa, y miren por dónde, el país donde primero se implantó, Rusia, no tenía burgueses, sino aristocracia y siervos. Y lo peor es que así sigue un siglo más tarde.
Otro ejemplo sublime de la mentira como arma favorita de la izquierda lo tuvimos con el caso Gürtel y su principal consecuencia, la caída del Gobierno Rajoy. Que Francisco Correa había montado un tinglado con el tesorero del PP para financiar actos electorales y otras actividades de éste era sabido desde que aparecieron sus famosos papeles. Lo que sirvió para acusar al PP de financiación irregular, de llevar una caja B y de ser Rajoy uno de los beneficiados. Añádanle que el magistrado de la Audiencia Nacional que llevaba el caso lo asumió como prueba para condenar al partido y se montase una moción de censura que acabó con su presidencia. Pero el Tribunal Supremo, al revisar el proceso, ha hecho importantes correcciones. Las buscarán en vano en la brigada mediática del actual Gobierno, que se limita a decir que el Supremo certifica que el PP se lucró con la trama corrupta de Gürtel. Cuando en la sentencia hay mucho más. De entrada, ve «excesiva la alusión a la caja B del PP». De haber devuelto el dinero ingresado en su cuenta, 245.000 euros (una insignificancia frente al malversado en los ERE andaluces) se habría acabado el caso. En cuanto a Rajoy, ni siquiera aparece en él. Lo que no impidió que perdiera el puesto. Así se las gastan quienes quieren controlar la Justicia. El expresidente se lo ha tomado con su famosa cachaza. «Una reparación moral», dijo. Fue sin duda una de esas granujadas al por mayor que montó uno de los listos que abundan en nuestro país con el tesorero de un partido y su esposa como principales beneficiados, utilizado por sus rivales políticos para descabalgarles. Todos ellos han visto reducidas mínimamente sus penas. Sobre el juez que llevó el caso prefiero que opinen sus colegas, aunque ya están opinando, al apartarle de otras causas relacionadas. En cuanto al principal beneficiado, el actual presidente, le tocó contar el chiste del del día, al llamar al PP «partido antisistema». Cuando los tiene sentados a su lado, gobierna y negocia con ellos. Lo que indica que, a sus muchas carencias, hay que añadir la del sentido del ridículo.

José María Carrascal.

Articulista de Opinión.
LA TERCERA.

¿Y si hubieran ganado los otros?

«Me atrevo a asegurar dos cosas; que no tendríamos una Monarquía constitucional y que aquella España se parecería poco a la actual, pudiendo ser incluso “las Españas” de las que hablan algunos de nuestros políticos, sin entrar en detalles, el presidente entre ellos. Lo que significaría que no habíamos aprendido de nuestros errores. Como hoy»

José María Carrascal.

Actualizado: 15/10/2020 04:09h.

Ya que la ficción histórica está de moda, en el supuesto de que toda historia no sea ficción dado su fuerte contenido emocional y subjetivo, me extraña que no se haya escrito la del triunfo de los perdedores de nuestra guerra civil. Lo atribuyo a que no era fácil de contar, y las buenas plumas entre ellos prefirieron no ensuciarlas. Pero ya que vuelve a debatirse, me ha parecido interesante imaginarla, a ver si de una vez nos aclaramos. Excuso decir que admito toda clase críticas a esta versión inversa, sin ningunas pretensiones eruditas.

Para imaginar lo que hubiera ocurrido de haber ganado la República, hay que precisar en qué momento se produjo esa victoria. Si fue un triunfo rápido sobre los sublevados, estaríamos ante un pronunciamiento decimonónico, como el de Sanjurjo en 1931, aplastado de inmediato, al conocer el Gobierno la trama. Pero lo del 36 fue muy distinto: las tropas sublevadas se plantaron en pocos días en la sierra madrileña, tal como el «director» del golpe, el general Mola, había planeado. Mientras otras fuerzas eran aerotransportadas de Tetuán a Sevilla. Aquello iba en serio y cerraba toda posibilidad de compromiso, como Mola desde Burgos advirtió al presidente del Gobierno, Martínez Barrio, cuando le llamó el 19 de julio para llegar a un pacto. «En estos momentos, le contestó el general, veo en la calle una multitud pidiendo reconstruir España. Supongo que usted verá lo mismo en Madrid. Si hiciéramos lo que me propone esas multitudes nos fusilarían a los dos. Y harían bien». Aquello sólo podía acabar con un vencedor y un vencido.
De haber ganado el bando republicano, la represión hubiera sido tanta o más que en la España franquista. Basta ver lo ocurrido en aquella zona durante la guerra, donde todo sospechoso de ser de derechas se convirtió en enemigo, merecedor por lo menos de ser detenido e interrogado, como ocurrió a la inversa en la zona nacional e idéntica oleada de exilados. Los que hubieran podido escapar.

Ya que la Segunda Guerra Mundial se desencadenó poco después, la primera gran incógnita es si la España republicana se hubiera unido a Francia e Inglaterra contra Alemania, que había apoyado a los sublevados. No lo creo, por más que las apariencias lo indiquen. No lo creo porque ni a Stalin le interesaba echarse enfrente otro enemigo, aunque debilísimo tras una guerra civil, ni a Hitler le convenía, tras haber firmado con él un pacto y concentrado toda su fuerza en la rendición de Inglaterra machacada desde el aire. La segunda gran incógnita es si perdida la batalla aérea y no yendo demasiado bien el pacto con Moscú, las tropas alemanas que arrollaron Francia se hubieran detenido en los Pirineos y no siguieran su marcha hasta Gibraltar, colonia británica y una de las llaves del Mediterráneo, al tiempo que neutralizaban Portugal, uno de los peones de Inglaterra en Europa. Eso es ya más difícil de adivinar, pero si no lo hizo tras prometerle Franco que tomaría el Peñón, con apoyo alemán desde luego, y enviaría una división al frente ruso, resulta difícil imaginar que no diera la orden con un gobierno del Frente Popular en Madrid. Aunque puede pensarse que poca ayuda podía recibir de aquella España hecha trizas e incluso pudiera iniciar una guerra de guerrillas contra los «invasores» alemanes, como lo hizo contra las tropas de Napoleón. Les dejo a ustedes decidir lo que hubiera podido pasar.

Otra de las grandes incógnitas es cuál hubiera sido el lugar de desembarco aliado para iniciar el «segundo frente», tras haber dado la vuelta la gran guerra. La amplia costa ibérica atlántica resultaba tentadora, teniendo en cuenta que los alemanes no habían tenido tiempo, materiales, ni hombres para convertirla en un bastión defensivo como el que habían montado en la costa frente a Inglaterra. Sin duda las bajas en cualquier playa española o portuguesa hubiesen sido infinitamente menores que en Normandía. Pero había dos graves inconvenientes: que el traslado de las tropas y material para tal operación requería mucho más tiempo, con lo que el efecto sorpresa se eliminaba, y que esas tropas y ese material tenía que atravesar uno o dos países antes de llegar a la frontera alemana, que era el verdadero objetivo. Por no hablar de la resistencia que pudieran encontrar, más en España que en Portugal. Por lo que puede suponerse que los estrategas norteamericanos se inclinasen por el lugar elegido para el real Día D: la costa francesa frente a la británica, en el Canal de la Mancha.

Pero sigamos imaginando que la República hubiese ganado la guerra y las tropas de Hitler la hubiesen ocupado. La primera consecuencia de un desembarco aliado en la Península Ibérica hubiese sido la caída del régimen pro-Eje y la reinstauración republicana. Los procesos a los «colaboracionistas» iban a ser tan abundantes como duros en sus sentencias, pero no creo que España se convirtiese en un estado «satélite» de Moscú, como ocurrió en Europa oriental. Primero, porque eran tropas aliadas, norteamericanas especialmente, las ocupantes, no rusas. Luego, porque Stalin tenía bastante con digerir aquella media Europa, para jugársela tan lejos de sus fronteras. Pienso que su política se parecería a la adoptada en Italia y Francia, donde aconsejó a los líderes comunistas hacer un partido lo más fuerte posible, de forma que pudiera controlar hasta cierto punto cualquier gobierno que tuviese. Claro que no sabemos si esos líderes le obedecerían. Pero pienso que sí, pues están acostumbrados. Y el resto lo harían los exilados en Moscú que regresarían.

Un factor importantísimo sería que España estaría incluida en el Plan Marshall, con todos los beneficios que representó para Europa Occidental. Mucho más difícil me resulta imaginar cómo iba a organizarse. Puede darse por seguro que Cataluña exigiría el estatuto concedido por la República, reforzado, como los vascos el suyo, y Galicia el a punto de aprobarse en julio de 1936. ¿Cómo iban a reaccionar la demás regiones, Castilla la Vieja, León, Castilla la Nueva, Andalucía, Aragón, Valencia, Extremadura, con tantos o más títulos históricos? ¿Cómo iban a resolverse las disputas territoriales y las reivindicaciones de las que habían venido siendo provincias, como La Rioja, Murcia o Santander? Si fue difícil trazar el mapa autonómico durante la Transición, cuando la guerra civil quedaba lejos y los deseos de consenso eran grandes, en 1944, con las heridas aún abiertas, reivindicaciones de todo tipo por todas partes y un país asolado por dos contiendas, semejaría un polvorín. No creo, sin embargo, que llegásemos tan lejos como en la Primera República, en la que hubo declaraciones de guerra entre territorios vecinos, aunque sí roces más o menos grandes. Pero me atrevo a asegurar dos cosas; que no tendríamos una Monarquía constitucional y que aquella España se parecería poco a la actual, pudiendo ser incluso «las Españas» de las que hablan algunos de nuestros políticos, sin entrar en detalles, el presidente entre ellos. Lo que significaría que no habíamos aprendido de nuestros errores. Como hoy.
VIDAS EJEMPLARES.

Ni en lo básico.

¿A dónde va una nación cuyos partidos discrepan hasta al definirla?

Luis Ventoso.

Actualizado: 13/10/2020 08:33h.

Varios hermanos heredan de sus ancestros una parcela hermosa y de ilustre pasado, con una gran villa familiar para el disfrute de todos, cuyos muros contemplan siglos de historia. La mayoría de la familia aboga por proteger la propiedad, por cuidar esa casa exenta y cómoda y que todos puedan compartirla en armonía y solidaridad (la España constitucional del 78). Pero un hermano dice que no, que él prefiere que en lugar de esa sólida villa llena de historia se levanten en la parcela varias casitas de madera, una por hermano, para marcar distancias subrayando los perfiles autónomos y diferenciados de cada cual. En vez de una villa, tendremos «una villa de villas» (la España federal del PSOE). Un tercer hermano, el más joven e inconformista, protesta airado. Nada de casas. Lo que hay que hacer es derribar esa herencia retógrada de nuestros padres, demoler la vivienda y levantar un camping donde cada uno pueda «autodeterminarse» del resto (la república plurinacional de Podemos). Por último, dos de los hermanos inician una campaña pregonando que los demás les roban y que ellos son superiores al resto de familia, por lo que exigen aislarse de los demás levantando una cerca electrificada que salvaguarde los dos rincones de terreno que les corresponden (los nacionalistas catalanes y vascos). Toda vez que los hermanos parecen incapaces de alcanzar un acuerdo, la propiedad languidece.
La metáfora viene a la cabeza observando a nuestros políticos en la ceremonia de la Fiesta Nacional en el Palacio Real (los presidentes vasco y catalán por supuesto ni acudieron, despreciando, como siempre, al resto de sus compatriotas). En una estupenda entrevista de Esteban Villarejo en ABC, la ministra de Defensa, Margarita Robles, un oasis en un Gobierno adolescente, respondía así a la pregunta de qué es la nación española: «Es la patria de todos los españoles, una nación de muchísimo pasado, un pasado muy glorioso, muy heroico, y con un gran presente». Si se le hiciese la misma pregunta a Sánchez, el presidente del Consejo de Ministros donde ella se sienta, la respuesta sería que «España es una nación de naciones, un país complejo y plural» (lo cuál es tan absurdo como decir que Pontevedra no es una provincia, sino «una compleja provincia de provincias»). Desde su Declaración de Granada de 2013, la doctrina oficial del PSOE sostiene que «es necesaria y urgente una amplia reforma constitucional del modelo de estado». Pero al tiempo se proclaman un partido constitucionalista (¿defensores de una Carta Magna que según ellos ya no sirve?). El otro partido del Gobierno, Podemos, y el vicepresidente Iglesias, han prometido la Constitución, por tanto están obligados a respetarla y también a defender la figura del Rey, pues España es constitucionalmente «una monarquía parlamentaria». Pero Iglesias propone «un proceso constituyente» para cargarse aquello que debe defender por razón de cargo y crear «una república plurinacional y solidaria», donde por supuesto cabrá el derecho de autodeterminación, que permitirá liquidar el país.

¿A dónde va una nación donde sus partidos no están de acuerdo ni a la hora de definirla? Pues si no hay un giro, a largo plazo, al carajo.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
VIDAS EJEMPLARES.

El virus político.

La pelea del Gobierno con Madrid, execrable con lo que tenemos encima.

Luis Ventoso.

Actualizado: 01/10/2020 23:29h.

Aunque autocitarse resulta petulante, pido venia. El lunes 21 de septiembre, Sánchez se reunió con Ayuso, llamando solemnemente a aparcar partidismos y brindando todo su apoyo a Madrid. Al día siguiente, titulé un artículo: « ¿Compraría un coche usado a Sánchez?». Mi vaticinio era que «tras dos años de sanchismo fiarse de su palabra supone un canto a la ilusión más naif». Y así ha sido. Hoy sabemos que Sánchez vendió mercancía averiada a Ayuso. Solo cuatro días después de ofrecerle su leal colaboración, lanzaba a Illa a una agresiva rueda de prensa exprés para contraprogramar otra de la Comunidad. Al tiempo, el PSOE instigaba una manifestación contra Ayuso. Y por supuesto, los medios afines al Gobierno intensificaban su tesonera campaña contra Madrid, que jamás existió cuando el virus zarandeaba con crudeza Aragón, el País Vasco o el cinturón de Barcelona. Madrid es la cortina de humo para tapar la calamitosa gestión del Gobierno ante la primera ola y su aberrante inhibición en la segunda. Como ha señalado el científico Mariano Barbacid, no haber visto venir el problema en febrero puede resultar disculpable, «pero la segunda ola no tiene justificación posible». Sánchez pasó de enjaularnos a animarnos a «disfrutar de la nueva normalidad», porque «hemos derrotado al virus». Después traspasó el reto a las comunidades y se largó de veraneo.
La situación de Madrid es complicada. No puede escamotearse que el 43,6% de los nuevos casos en España ocurren en la comunidad. Pero en lugar de abordar la crisis con criterios técnicos y una inversión económica de choque en test y rastreos, todo ha degenerado en una refriega política para salir bien en la foto. A poco que se aplique el sentido común, el debate se torna absurdo. El Gobierno prohíbe que los vecinos de Madrid capital y otros ocho municipios madrileños salgan de sus poblaciones. Pero solo dentro de la metrópoli viven 3,3 millones de personas. Aun habiendo caído el uso del transporte público, casi 30 millones de madrileños utilizan el metro cada mes y otros 20 millones, el autobús. La mascarilla ayuda, sí, pero no garantiza protección absoluta. Y en las horas punta se torna utópica la distancia social. Es decir: mientras Illa ordena sus confinamientos, en la capital la población seguirá mezclándose en masa -y contagiándose- en metro, trenes y autobuses, porque la vida no puede parar.

Absurdo también que el Gobierno, que se pasó cuatro meses recalcando que sin estado de alarma no podía limitar la movilidad ni imponer su mando a las comunidades, cambie ahora de criterio y tome las riendas de Madrid sin cauce jurídico para ello (Casado se aburrió de proponerle a Sánchez vías legales intermedias que lo permitían, pero las despreció).

Retorno a Barbacid: «Abordar esto no es tan difícil. Solo hay que contratar más médicos, con contratos mínimamente decentes, y hacer más pruebas PCR. Ojalá pudiésemos curar el cáncer con algo tan simple». Pero no es la hora de la ciencia. Es la del vocerío partidista, aún a costa de dar el rejón a la economía.

(PD: chirriante paradoja que quienes vienen a ofrecer soluciones sean Illa y Simón, récord mundial de letalidad y contagios de sanitarios con su inolvidable gestión de la primera ola).

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
EL RECUADRO.

A Navarra, ni tocarla.

Cifras peores que las de Madrid son las de Pamplona y Navarra toda.

Antonio Burgos.

Actualizado: 29/09/2020 23:44h.

Claro, con tanto hablar de la Memoria Histórica, están reproduciendo la toma de Madrid en el 36. Sólo falta que por Unión Radio Madrid salga Isabel Díaz Ayuso: « ¡No pasarán los confinamientos totales que quiere imponer Illa!». Illa, por su parte, avanza por las tapias de la Casa de Campo y la Universitaria y lanza su ataque: «Deben tomarse medidas mucho más duras, tienen que dejarse ayudar, porque vamos tarde.» Tengo clara una cosa en la batalla de Madrid: no perdonan a la derecha liberal que les arrebatara la capital de España y la Comunidad de Madrid. Se agarran a todos los clavos ardiendo para echar al final toda la culpa a Isabel Díaz Ayuso de la falta de autoridad en materia sanitaria del Gobierno, verán cómo está al caer la acusación formal, con cifras.
Cifras que peores que las de Madrid son las de Pamplona y Navarra toda. Pero a Navarra, ni tocarla. Mira como Illa no ha dicho una sola palabra de que deban tomarse medidas más duras en la comunidad foral. Hay muchos votos favorables al presupuesto implicados en esa medida. Como también en un momento dado tuvo Cataluña peores cifras que las actuales de Madrid y Sánchez ni pensó en meter la cuchara en la «cogobernanza» e imponer confinamientos y duras medidas contra la política sanitaria seguida por los que le darán los votos en la aprobación de los presupuestos.

Y de Andalucía, ni te cuento. No son capaces de asfixiar económicamente a Navarra y a Cataluña como a Andalucía, que es lo que le están haciendo, porque tampoco perdonan, como a Madrid, que les arrebatara el poder. Con no mandar dinero... En la batalla de Madrid hay mucho de venganza más que preocupación por la salud y por las iniciativas para remontar una economía que está por los mismísimos suelos y que augura un otoño de absoluta ruina. Quieren a toda costa vengarse de Madrid, con el pretexto de las cifras de contagiados y de hospitalizados, por no ser territorio autonómico propio, a la órdenes de Sánchez y de sus socios podemitas. De ahí el incalificable cambio que vimos en la Puerta del Sol: de la Fiesta de la Banderita de un Sánchez que ofrecía toda ayuda a Isabel Díaz Ayuso a un Salvador Illa que reproduce con amenazas y presiones la carga de los mamelucos contra un poder que no tienen.

Es tan deprimente todo, que una aconsejable medida de salud mental es apagar el telediario, sea de la cadena que fuere. O verlo con un bote de antidepresivos al lado. Los dobles juegos y las dobles varas de medir te causan tal desolación, que te da vergüenza comprobar cómo ni Sánchez ni el Gobierno como tal desautorizan a los ministros que atacan a Don Felipe VI y a la Corona. Que vaya maldita coincidencia, que el bicho que nos ha cambiado la vida se llame corona... virus. ¿No podía ser «tricolorvirus», que les gustaría más a los que vetan y cercan al Rey, y lo quieren sólo como jarrón chino en La Zarzuela? A mí como español me da vergüenza que el Gobierno tenga que autorizar al Rey que se pueda entrevistar en La Toja con el presidente de Portugal o inaugurar allí mismo el II Foro La Toja-Vínculo Atlántico. Una cosa es el cumplimiento de la Constitución y otra enseñar las entretelas de la toma de La Zarzuela como pretenden, al modo de la toma de Madrid.

¿Y los Ejércitos? Venga a vejar y marginar a las Fuerzas Armadas, pero cuando están al borde de la desesperación, recurren al Ejército. No quieren tropas auxiliares, sino tropas ancilares: criadas, mano de obra barata cuando hay que fumigar las residencias de mayores, o enterrar a los muertos en el Palacio de Hielo, o rastrear la trazabilidad de los brotes, o montar carpas. Han convertido a los Ejércitos en mano de obra barata. Ya digo, apaguen el telediario, si no quieren coger una depresión de caballo...

Antonio Burgos.

Articulista de Opinión.
VIDAS EJEMPLARES.

El elefante ya pisa la alfombra.

Con un Gobierno de republicanos que desprecian el modelo de la Transición, al final...

Luis Ventoso.

Actualizado: 26/09/2020.

En las monarquías parlamentarias de las grandes democracias las relaciones de los reyes con los jefes de Gobierno se mantienen siempre dentro de la corrección institucional. Pero con el tiempo acaba trascendiendo que el monarca siente mayor afinidad personal por unos gobernantes que por otros. Por ejemplo, siempre se ha contado que a Isabel II le agradaba el premier laborista de la era beatle, Harold Wilson, pero se le atragantaban los despachos con Margaret Thatcher, más envarada. En España es sabido que Juan Carlos I alcanzó su mayor afinidad con González y que no acabó de congeniar con Aznar. Pero esas sintonías o lejanías emocionales nunca pueden comprometer el rol constitucional que corresponde a cada una de las partes, perfectamente reglado. Y ese elemental acuerdo, base de las democracias parlamentarias, está siendo saboteado en España por Sánchez y su Gobierno. Hasta ahora este problema era como un elefante escondido bajo la alfombra de la habitación. Aunque conocido, se prefería no mirar. Pero ayer el elefante comenzó a danzar sobre la alfombra y se evidenció una fisura institucional. El Rey transmitió a Lesmes, el jefe de los jueces, su pesar por el veto del Gobierno a su presencia en Barcelona. Acto seguido, dos miembros de la rama podemita del Ejecutivo, Iglesias y Garzón, acusaron a Felipe VI de «maniobrar contra el Gobierno democráticamente elegido e incumplir la Constitución».
El trato de Sánchez hacia el Rey no ha resultado normal. Nunca un presidente había usurpado con tal facundia labores de representación que corresponden al Jefe del Estado -véase el ninguneo en la Cumbre del Clima- y nunca lo había tratado con tal displicencia (véase el modo en que desdeña los despachos con él). Ha habido fallos protocolarios, tendentes a situar al presidente por encima del Rey. Sánchez envió a Felipe VI a Cuba, a 7.000 kilómetros, mientras anunciaba su coalición de Gobierno con Podemos. Minimizó la figura del Rey en la crisis del coronavirus, hasta el punto de que el Jefe del Estado hubo de promover una gira junto a la Reina por todas las comunidades (demostrando unos reflejos de cercanía y humanidad de los que ha carecido el presidente). Por último, el Gobierno presionó para forzar a Felipe VI a aceptar lo que en la práctica está siendo un exilio de su padre.

Pero el asunto que realmente envenena la relación es otro. El hito del reinado de Felipe VI ha sido su oportuno discurso del 3 de octubre de 2017, cuando atendiendo al anhelo de la mayoría de los españoles llamó a reponer el orden constitucional en Cataluña. Pero Sánchez se mantiene en el poder con el apoyo de los partidos antiespañoles y anticonstitucionales que promovieron el golpe que el Rey llamó a frenar. Esa incongruencia insalvable entre Felipe VI y su presidente tenía que acabar aflorando. Y ha sucedido. La solución pasaría porque Sánchez reconsidere su comportamiento y cumpla sus rotundas promesas del mes pasado en defensa de la monarquía parlamentaria y la Constitución. Pero la palabra de este presidente vale lo que vale...

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
La vanidad de Irene.

Agustín Pery.

Actualizado: 23/09/2020 11:10h.

Cuando paseo por el casco viejo de Pamplona con mi mascarilla con la bandera de España impresa en el lateral sorteo algunas miradas inquisitoriales y no pocos murmullos de desaprobación. No soy ni el más arrojado ni el más provocador. En mi caso, puede más mi ansia de citarme con el mejor frito de pimiento que un paladar pueda probar y saberme criado en democrática libertad que los consejos de algún buen familiar, «ten cuidado, que te van a romper la cara». Ya les digo, pesa más la glotonería y la aspiración a dormir con la conciencia tranquila que el posible temor a que me redecoren el careto.

Algo así debe ocurrir con la ministra Irene Montero y su vanidad. Asume la princesa de la gente que ella puede posar y explayarse en «Vanity Fair». Que en política verbo y actos no vayan de la mano no es pecado, sino virtud. Que progrese de la popular «Diez Minutos» a la elitista «Vanitiy Fair» es simplemente la constatación de que ella sí ha tocado el cielo del papel couché. Vanity es una revista bien diseñada, mejor ilustrada y de textos pensados y elaborados, cosa de agradecer en tiempos de premura. Digamos que lo suyo es la ebanistería periodística. Su publicidad, también. Irene comparte páginas con anuncios para billeteras de esas que antes detesta (ba). Ahora no.
Yo, que por consejo marital empiezo a ver el lado bueno de las cosas, creo que su exhibicionismo revistil no merece condenarla en la hoguera de las vanidades sino celebrarlo con suspiros de esperanza. Irene se ha caído del caballo y, gracias sean dadas, ha descubierto que siempre es mejor aspirar a igualar por arriba antes que por abajo. La dinastía de Galapagar lo ha conseguido. Chalet burgués y sueldo de los de esa clase abyecta que tanto le quita (ba) el sueño.

Bienvenida sea pues al liberalismo, al capitalismo feroz. Ya nos vas entendiendo. No somos tan malos, te acogemos y te hacemos partícipes de nuestro anhelo: más como tú, anda, que será señal de que las cosas van bien y así lograremos mantener lo mucho malo que se nos viene encima con vuestra economía ficción.

Constatado que es clase media alta, solo queda suplicarle más hondura en las respuestas. Sé que es difícil para alguien formada en la política pancartera pero, oye, visto lo mucho que ha progresado en otros aspectos, me da que puede lograrlo.

No será en «Vanity Fair», lamentablemente. Irene, «la de la gente», concede generosa algunos halagos a personajes tan alejados (hasta ahora) de su yo obrero como la Reina o Ana Botín. Con ese puntito, o puntazo soberbio, tan suyo agradece a Doña Letizia que «llevara bien preparada la reunión» que mantuvieron. Y se artilla para los cañonazos por sus pecaditos burgueses. Nada de perroflautismo chic, ni hippismo cumbayá. Aturdida aún por el trompazo, descubierta la luz del escaparate como Saulo revivido, la Irene 4.0 ha descubierto que «la moda no es siempre impostura, también es una forma de expresar cómo eres… Como si ser progresista implicara pasar penurias. Precisamente lo que la izquierda defiende es un reparto más justo. El acceso a la belleza es un derecho».

Albricias, todo cabe en el catecismo laico de la izquierda del siglo XXI. ¿Impostada, artificial y pija la moda? Pues depende, ¿de qué o quién? Pues de Irene, coño. Así con todo. ¿Chaletarro con piscina y jardín? Motivos de seguridad. No les quedó otra. «Dimos ese paso para proteger a nuestra familia. Y lo ocurrido en los últimos dos años nos ha dado la razón. Mucha gente ha dado su vida por defender la libertad y la justicia social, por tanto, no vamos de víctimas (pero, oye, si cuela, cuela) aunque no nos parece un buen precedente democrático». Vamos que sí, que el griterío faltón y el bocinazo a orillas de tu casa es lo mismo que pegarle un tiro en una tapia guerracivilista.

Como no toda va a ser impostura en la ministra de Igualdad, nos da una de oro y otra de latón. Hay cloacas policiales, amor libre, la sensibilidad de Pablo al tomarse tres meses de baja paternal y la confidencia de que en cuestiones de alcoba Irene es conservadora. Pero ojo, no nos lo dice «como virtud. Soy consciente de que soy así y no es una de mis prioridades de transformación…»

Proletarios del mundo, respirad aliviados. Los capitalistas irredentos nos tendremos que conformar y celebrar que Irene, «la vanidosa», hoy es algo más nuestra que vuestra. Lo dicho, igualar por arriba. Gracias «Vanity Fair», gracias por ser nuestro escudo social.

Agustín Pery.

Director Adjunto.
VIDAS EJEMPLARES.

La tentación del pasteleo.

Algo se rompería en nuestro estado de derecho si el Supremo exculpase a Torra.

Luis Ventoso.

Actualizado: 20/09/2020 23:45h.

Los derechos y libertades que hoy disfrutamos son fruto de una larguísima y emocionante lucha jurídica que atraviesa siglos. La Constitución estadounidense de 1787, que inspiró democracias por todo el planeta, tal vez no habría existido de no ser por lo que ocurrió en un lejanísimo 15 de junio de 1215 en un prado a orillas del Támesis, en Runnymede, 32 kilómetros al oeste de Londres. Metafóricamente, aquel día un grupo de nobles sublevados cogieron por una oreja al Rey Juan I de Inglaterra, el villano de las pelis de Robin Hood, y lo obligaron a firmar la «Magna Carta Libertatum». El monarca Juan sin Tierra había crujido a impuestos a los grandes señores para financiar sus escaramuzas en Francia. Algunos de ellos se alzaron contra sus abusos y tomaron Londres. Medroso de perder su corona, el Rey acabó rubricando la Carta Magna. El documento, del que solo se conservan como tesoros cuatro de sus trece copias originales, es considerado un remoto antecesor de los derechos humanos y la seguridad jurídica (como lo fueron también los trabajos de la Escuela de Salamanca española en el Renacimiento). La frase de la Carta Magna que cambió el mundo es brevísima: «Nadie está por encima de la ley». Con una coletilla clave: ni siquiera el Rey. Su cláusula 39 nos asombra por su modernidad, y más viniendo de unos tipos que ni siquiera conocían el cepillo de dientes. Allí se establece que ningún hombre libre puede ser detenido, encarcelado o privado de sus bienes, «sino es en virtud de sentencia judicial de sus pares y con arreglo a la ley del reino».
El respeto de todos a unas normas idénticas para todos mejoró el mundo y es una semilla de nuestra civilización. Pero en el siglo XXI hay personas que todavía no lo entienden. Algunas incluso ocupan cargos públicos en democracias avanzadas. En las elecciones generales de abril de 2019, el presidente de Cataluña, Quim Torra, desobedeció reiteradamente la orden de la Junta Electoral Central de retirar de la fachada de la Generalitat una pancarta a favor de la «libertad» de aquellos que él y sus seguidores llaman «presos políticos». La Junta Electoral consideró que la proclama burlaba la obligada «neutralidad de los espacios públicos» en los periodos electorales. Pero Torra, que alardea de que las leyes españolas no rigen para él, desobedeció a sabiendas y con un exhibicionismo jactancioso. El resultado es que el Tribunal Superior catalán lo condenó a año y medio de inhabilitación y multa de 30.000 euros, pena que ahora debe ser ratificada -o no- por el Supremo.

Si el Supremo sorprendiese absolviendo a Torra resultaría una bendición para Sánchez de cara a sus enjuagues con el separatismo para aprobar los presupuestos y conservar el poder. Además, una sentencia exculpatoria probablemente sería celebrada por una mayoría de catalanes. Pero si los jueces del Supremo ceden a la tentación del palanganeo político, algo se quebrará en el Estado de Derecho español. Ya no seremos iguales ante la ley, sino que habrá exenciones a la carta según convenga al político de turno. Y eso no es más que la senda de la arbitrariedad, preludio de la ruina jurídica y moral de los países.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
TRIANA. Eso es. Nazismo y comunismo. Los dos males de nuestra historia, porque, ¿Cuál de los dos fue el bueno?, ¿y malo? Porque los dos se distinguieron cada uno con sus ideas.

Un saludo.
Ángel, efectivamente así es, lo peor de la historia.

Un saludo.
EDITORIALES.

EDITORIALES-TRIBUNAS.

Sánchez prende la mecha e Iglesias incendia las calles.

OKDIARIO-19/09/2020 06:50.

Tras las medidas restrictivas adoptadas por la Comunidad de Madrid en ocho municipios y seis distritos de la capital de España para intentar frenar la pandemia -se verán afectadas 850.000 personas de 37 zonas con más de 1.000 contagios por cada 100.000 habitantes-, Podemos busca desesperadamente un estallido social utilizando el falaz argumento de que el Gobierno de Isabel Díaz Ayuso ha condenado a las localidades y barrios obreros, víctimas del «apartheid para los pobres» de un Ejecutivo que les ha abandonado a su suerte. Es la estrategia de la extrema izquierda: agitar e incendiar las calles de las zonas afectadas sirviéndose del mantra de que la gestión del PP les ha condenado a una suerte de gueto por razones de clase. El sectarismo de Podemos es repugnante, pero forma parte del manual clásico de la extrema izquierda: aprovechar las restricciones decretadas por Díaz Ayuso para instrumentalizar la crisis sanitaria y desenterrar la lucha de clases.

Obsérvese que Podemos cumple el papel de brazo ejecutor, mientras que el PSOE se erige inductor de una estrategia en la que el socialcomunismo gobernante se reparte los cometidos a seguir. Pedro Sánchez abandona a su suerte a la Comunidad de Madrid, le niega el pan y la sal y trata de mover la silla de Isabel Díaz Ayuso amagando con una moción de censura que sirve de calvo de cultivo para generar un clima de tensión social extremo. Sánchez prende la mecha e Iglesias incendia las calles a través de la movilización de las asociaciones y colectivos afines. Eso es lo que ha ocurrido y lo que va a ocurrir con carácter inmediato.

Sánchez se erige en salvador de Madrid, acude a la Puerta del Sol a reunirse con Ayuso, a la que tratará de forzar a que solicite el estado de alarma, mientras Pablo Iglesias atiza las calles. Todo está perfectamente diseñado: el socialcomunismo se ha lanzado políticamente al cuello de Díaz Ayuso y no soltará a su presa hasta que no consiga su objetivo de hacerse con el poder en la Comunidad de Madrid.

R. 2º.
HORIZONTE.

Cuando la memoria histórica no les vale.

Somos el único país del mundo libre en el que hubo una guerra de la que se prohíbe todo recuerdo a los vencedores.

Ramón Pérez-Maura.

Actualizado: 17/09/2020 23:46h.

Conocemos ya por qué doña Carmen Calvo se ha molestado en hacer una nueva ley de la «memoria democrática» en lugar de la ley de la «memoria histórica» que padecíamos. Hace hoy un año el Parlamento Europeo debatió una moción sobre «la importancia de la memoria histórica europea para el futuro de Europa». En el texto aprobado veinticuatro horas después se dicen cosas que no podían ser del agrado de Pablo Iglesias ni de los miembros del Gobierno del que forma parte, con Pedro Sánchez y Carmen Calvo a la cabeza.

Era aquella una durísima -y justísima- moción contra el nazismo y el comunismo, dos males de nuestra historia de los que es imprescindible que nuestros jóvenes sean conscientes de la gravedad que tuvieron, las vidas que costaron y el infinito sufrimiento que supusieron para los que los padecieron. Lo que pasa es que este Gobierno siempre se olvida de denunciar algo que se recoge en esa moción del Parlamento Europeo: que «tras la derrota del régimen nazi y el fin de la Segunda Guerra Mundial, algunos países europeos pudieron reconstruirse y acometer un proceso de reconciliación, pero otros siguieron sometidos a dictaduras, a veces bajo la ocupación o la influencia directa de la Unión Soviética, durante medio siglo, y continuaron privados de libertad, soberanía, dignidad, derechos humanos y desarrollo socieconómico» y también que «mientras que los crímenes del régimen nazi fueron evaluados y castigados gracias a los juicios de Nüremberg, sigue existiendo la necesidad urgente de sensibilizar sobre los crímenes perpetrados por el estalinismo y otras dictaduras, evaluarlos moral y jurídicamente y llevar a cabo investigaciones judiciales al respecto». Vaya por Dios. El Parlamento Europeo pidiendo memoria histórica con los crímenes del comunismo. Urge cambiar los términos… Así que inventaron la nueva «memoria democrática».
Estos días se han glosado muchas perlas de ese proyecto de ley sectario y, como es lógico por su nombre, antidemocrático. Contempla la posibilidad de conceder la nacionalidad española a todos los supervivientes entre los combatientes de las Brigadas Internacionales. Porque ya se sabe que esos eran buenos y los del bando contrario eran malos. Entre los buenos a los que este proyecto de ley daría la nacionalidad española está László Rajk, un alma cándida que fue comisario de la XIII Brigada Internacional Rákosi, miembro del Partido Comunista Húngaro, ministro del Interior, jefe del AVO -el KGB húngaro- que organizó juicios «ejemplarizantes» contra 1.500 grupos de religiosos y patriotas húngaros. Gente indeseable. También merecería ser español Ernö Gerö, que era conocido como el «carnicero de Barcelona». Era miembro de las Brigadas Internacionales. Solo que él tenía afición a matar trotskistas -nadie es perfecto- antes de volver a Hungría y ser en 1956 el hombre más poderoso del país como segundo secretario del Partido Comunista. Otro camarada de Pablo Iglesias.

No me cansaré de repetir mi pregunta ¿por qué somos el único país del mundo libre en el que hubo una guerra de la que está prohibido todo recuerdo a los vencedores? Ni estatuas, ni calles, ni memoriales. E, increíblemente, cada vez hay más recuerdos de los perdedores, aunque fueran personajes de segunda fila. Que alguien me diga otro país en el que pase lo mismo. Y sí, en los Estados Unidos del maldito Trump están quitando las estatuas del general Robert E. Lee y otros compañeros de armas. Es decir, las de los perdedores -con perdón.

Ramón Pérez-Maura.

Articulista de Opinión.

GUARDAR
EL CONTRAPUNTO.

Gobierno bajo sospecha.

En España la corrupción se mide por la ley del embudo: lo ancho para la izquierda, lo estrecho para la derecha.

Isabel San Sebastián.

Actualizado: 14/09/2020 00:25h.

La corrupción es un mal endémico en España. Un mal crónico, arraigado hasta lo más hondo, que afecta a todas las formaciones sin excepción, con mayor incidencia, como es lógico, en las que más presupuesto administran o han administrado. Todo lo que toca la política es susceptible de contaminarse y de hecho se contamina: desde el mundo financiero hasta la Justicia, sin olvidar los medios de comunicación, tanto más sospechosos de connivencia cuanta más ayuda pública hayan recibido, ya sea en forma de inyecciones monetarias, de licencias o de favores destinados a enjugar sus deudas.

La corrupción no tiene ideología. Para nuestra desgracia, aquí hace ya muchos años que los partidos se convirtieron en máquinas de alcanzar o conservar el poder, lo que condena al ciudadano rehén de esa realidad a taparse la nariz y votar la opción menos lesiva para el interés general o el suyo propio. Hay que ser muy sectario o estar muy mal informado para pensar otra cosa, se lo aseguro. En ese contexto, el sentido común debería llevar a los periodistas independientes a denunciar con mayor urgencia y alharaca los casos relativos a quien está a los mandos de la nación, aunque solo fuera para impedir que empleara los resortes del Estado para seguir delinquiendo impunemente. Pues bien, si echamos un vistazo a nuestro panorama mediático, llegamos a la conclusión de que o escasean los periodistas independientes, o abundan inquietantemente los medios comprados, o andamos tan sobrados de sectarismo como faltos de dignidad y decencia democrática.
En este preciso momento, tres son los grandes escándalos políticos que investigan los tribunales. Uno viene de muy atrás y afecta al pozo negro que fue durante lustros el Gobierno de la Generalitat, con la familia Pujol en pleno imputada por sus lucrativos manejos. De esa investigación poco o nada se cuenta. Aparentemente, no interesa. Otro se refiere nada menos que al vicepresidente del Gobierno y su partido, Podemos, implicados en varios presuntos delitos a cuál más grave: financiación ilegal, cobro de comisiones y sobresueldos ilícitos, denuncia falsa con fines electoralistas, destrucción de material informático y coacciones a un testigo clave en esas causas, entre otros. Hablamos del número dos del Ejecutivo y de la ministra de Igualdad, Irene Montero, señalada por ese testigo, José Manuel Calvente, en sus declaraciones ante el juez. Algunos periódicos, como ABC o Libertad Digital, están siguiendo el asunto de cerca. Son la excepción a la regla. Las televisiones pasan de puntillas sobre el caso, cuando lo mencionan, mientras dedican largas horas a desmenuzar el conocido como «Kitchen», referido a la posible utilización de medios policiales y fondos reservados por parte del PP, cuando estaba en el gobierno, para tratar de borrar el rastro de fechorías pasadas. Lejos de mí la intención de restar gravedad a este turbio asunto que investiga la Audiencia Nacional. Quien la haya hecho, que la pague. Para eso están los tribunales y las cárceles. En lo que respecta a la responsabilidad política, no obstante, las elecciones ya sentenciaron y enviaron al PP a la oposición. ¿Por qué deleitarse entonces hurgando en esa llaga? Porque aquí la corrupción se mide con distinto rasero según afecte a la derecha o a la izquierda. Rige la ley del embudo: lo estrecho para la diestra, lo ancho para la siniestra. Y así el dedo acusador apunta hacia Rajoy, Cospedal o Casado, mientras Iglesias y su señora disfrutan del despacho oficial.

Isabel San Sebastián.

Articulista de Opinión.
ENFOQUE.

La patraña.

Calvente acusa a Iglesias.

Hughes.

Actualizado: 10/09/2020 22:44h.

La actualidad del caso Kitchen deparó estos días la mejor frase de Pablo Casado, cuando para desentenderse del asunto dijo eso de «Yo era diputado por Ávila» (el político brilla ahora cuanto más se acerca a Pedro Sánchez, Mozart de la desenvoltura cínica). Ávila no podrá esgrimirla Pablo Iglesias, quien según el testimonio de José Manuel Calvente, exabogado del partido, mintió al juez y organizó el caso Dina como una «patraña». Vender la idea de un partido perseguido por las «cloacas» es muy del gusto de sus parroquianos, ciegos a las evidencias que sugieren un, digamos, «doping» sistémico a Podemos todos estos años.

La idea de montaje de la que habla Calvente no es despreciable. Incluso la figura de Pablo Iglesias, a la vez azote de cloacas y príncipe del Deep State, parece formar parte de una orquestación mayor que nos distrae de otra cosa. Lo suyo sería una mentira dentro de una patraña dentro de una farsa. Mirando la tarjeta SIM (meses llevamos) no miramos otras cosas.
Instalado en el sistema de partidos, Podemos abjura de la Transición pero se aprovecha de ella y difunde una idea demagógica de «democracia» como sistema igualitario, ofreciendo libertades y derechos que sólo el Estado puede conceder y hacer efectivos mediante una intervención creciente en la sociedad y la economía. Al hacerlo, encadena moral y presupuestariamente al ciudadano. Sería la aportación de Podemos, junto al antifranquismo retrospectivo (continuidad sentimental Frap-Antifa), motor ideológico al servicio del PSOE, con el que comparte proyecto de memoria histórica y leyes ideológicas que el consenso extiende a casi todo el arco político (n-1) pese a la moderada contrariedad de los intelectuales orgánicos centristas (deploran los efectos pero apoyan la causa). Con esto se eleva una nueva legislación, instrumento para el arrinconamiento del otro entendido como enemigo, punto de apoyo para la palanca de la política. La memoria histórica, el odio, o la violencia de género conforman un edificio jurídico alternativo a la Constitución, en parte como lo que se apunta en EE. UU, cuya última legislación, instrumentos y jurisprudencia en desarrollo de los derechos civiles configura un enfoque a veces contradictorio con el entendimiento clásico de su Constitución.

Según Calvente, el caso Dina se pensó para distraernos. A fe que lo está consiguiendo.

Hughes.

Articulista de Opinión
ENFOQUE.

Inés del alma... de cántaro.

Sánchez humilla a Arrimadas.

Álvaro Martínez.

Actualizado: 09/09/2020 22:21h.

Desde que saliera tan contenta de La Moncloa por acercar a Ciudadanos a una negociación para que Sánchez saque adelante sus presupuestos -donde también picotearán proetarras y separatistas-, Inés Arrimadas no deja de recibir coscorrones por parte del presidente del Gobierno. Son elípticos algunos de esos capones pero otros llevan incluso su nombre y apellido y surgen hasta en la conversación de Sánchez con un tercero. Ocurrió ayer en el Congreso cuando, contestando a Rufián, el líder socialista decidió arrearle un pescozón a Arrimadas, llevándola de la Carrera de San Jerónimo a la foto de Colón, que ya ha quedado en la izquierda como el gran pecado original del partido anaranjado. Podía haberse ido por las ramas (disciplina donde tiene un doctorado sin necesidad de copiar) pero prefirió la humillación en directo de la dirigente que se ha avenido a pactar con él y que tras todos esos desplantes hirientes e innecesarios muestra la claudicación de Cs ante el frente izquierdista. Parece rendida y la excusa de la «gravísima situación» que vive España es demasiado débil como para deglutirla sin rechistar. Así los quiere Sánchez, comiendo de su mano, hocicando ante el aclamado líder que va a salvar al país, convertidos en un peoncillo obediente más de la estrategia de conseguir que en España no haya oposición, solo sanchismo.
No fue el de ayer el único bofetón. Casi no había llegado Arrimadas a su casa tras reunirse con él en La Moncloa cuando Sánchez anunciaba un acuerdo con Torra para reactivar con urgencia la llamada «mesa de diálogo» con los separatistas catalanes. Con la cara ya como un tomate de tantas bofetadas políticas recibidas, anteayer tuvo Arrimadas que escuchar al presidente del Gobierno proclamar que «lamenta profundamente» la muerte en prisión de un terrorista perteneciente a una banda de asesinos con casi 900 muertos a su cargo. ¿Qué más le hace falta para desconfiar de Sánchez?

Se estrena estos días en las plataformas digitales la serie «Inés del alma mía», basada en una novela que narra la historia de la primera española llegada a Chile tras la conquista de aquella tierra austral. Arrimadas está en su derecho de llevar el partido que preside hacia donde considere más oportuno, puede creerse incluso el beneficio general que a los españoles puede procurar su estrategia. Pero quizá debiera pedirle a Sánchez un poco de respeto, que al menos no persista en humillarla en público (qué no dirá de ella en privado) pues en la cabeza de los españoles ya rueda la próxima serie de éxito: «Inés, alma de cántaro»

Álvaro Martínez.

Redactor jefe.
UNA RAYA EN EL AGUA.

Cooptación y veto.

La autonomía de la Justicia es el dique institucional de esta legislatura. Y soporta más presión política que nunca.

Ignacio Camacho.

Actualizado: 08/09/2020 23:22h.

Incumplir el mandato de renovación de los órganos constitucionales es un acto de obstruccionismo, si no de desacato o desobediencia, impropio de un partido de Estado. Lo que significa que, en términos weberianos de ética de la responsabilidad, Pablo Casado está en la obligación de acceder a renovarlos, sobre todo esa cúpula del poder judicial que lleva caducada dos años. Su negativa, argumentada sobre pretextos débiles y circunstanciales, es inaceptable en abstracto y en la práctica incurre en el mismo vicio que tantas veces ha reprochado a Sánchez: el filibusterismo pragmático, la subordinación a intereses tácticos de los deberes institucionales implícitos en el ejercicio del liderazgo.

Sin embargo, y pese a la endeblez de sus excusas, el bloqueo aplicado por el Partido Popular es la única herramienta autodefensiva de que dispone en esta legislatura que el presidente ha trufado de anomalías legales y maniobras turbias. Sin salir del ámbito de la Justicia, el nombramiento de una ministra como fiscal general es un gesto que contamina la independencia de poderes y la desafía con arrogancia impúdica. Y Podemos, el socio gubernamental, no se ha recatado nunca de cuestionar las sentencias de la magistratura y de acusar a los jueces de conspirar contra el resultado de las urnas. Es el Ejecutivo el que ha embarrado el terreno con toda clase de artimañas sucias, y en esas condiciones no puede aspirar a un pacto que necesita de una mínima base de lealtades mutuas. Se le nota demasiado el interés por someter con premura al estamento que con mayor autonomía se resiste a su proyecto de ocupación absoluta de la sociedad civil y de la función pública.
Para la mayoría de los ciudadanos, por otro lado, el sistema de elección del CGPJ responde a una fórmula de reparto obsceno, una cooptación partidista que ni siquiera se molesta en disimular la crudeza del procedimiento. Casi todos los partidos -incluido recientemente el PP, aunque durante años se ha prestado sin problemas al juego- llevan en sus programas la reforma de ese método que menoscaba la apariencia de imparcialidad de los nombramientos para plazas vacantes en las Audiencias o el Supremo. Cualquier pacto debería estar condicionado a ese objetivo estratégico que ahora mismo no forma en absoluto parte de los planes de un Gobierno obsesionado con allanar cualquier impedimento a su modelo de desvío constitucional encubierto.

El derecho de veto es un arma de doble filo que Casado debe manejar con tiento porque es obvio que está dilatando adrede el proceso y saboteando un imperativo específico del Parlamento. Pero también constituye su mejor baza para evidenciar el concepto arbitrario, selectivo y ventajista que Sánchez tiene del consenso. Y alguna vez alguien le tendrá que demostrar que la democracia es un sistema de contrapesos y que en política los acuerdos tienen siempre un precio.

Ignacio Camacho.

Articulista de Opinión.
VIDAS EJEMPLARES.

Profetas del «no»

No existe avance empresarial o a favor del progreso sin su repudio.

Luis Ventoso.

Actualizado: 04/09/2020 22:56h.

La crisis de 2008 zurró a España con especial virulencia, porque aquí pincharon a la par dos burbujas: una inmobiliaria y otra financiera. La parte gangrenada del sistema financiero no era la banca privada, sino las cajas de ahorros, sepulcros blanqueados, donde los políticos tenían mano para meter la cuchara y donde algunos de sus primeros ejecutivos se creyeron que eran suyas y a veces se comportaron como caciques locales de laxo rigor técnico. La banca es la savia que vivifica la economía. Si su flujo se colapsa, los países se van al carajo. Así que hubo que acometer una cirugía de emergencia en forma de fusiones y rescates con dinero público (el mayor, el de Bankia, la antigua Caja Madrid, que necesitó una transfusión en 2012 de 22.400 millones). Parafraseando al viejo Guerra, podríamos decir que a la banca española «no la conoce ni la madre que la parió» respecto a cómo era antes de la crisis. Si en 2008 había 55 entidades financieras en España, hoy quedan 12. Las cajas han desaparecido, salvo excepciones testimoniales.
Todos esos movimientos empresariales y reformas no se hacen por capricho, sino para sobrevivir en el mercado. Ahora los bancos atraviesan otro momento de tensión. La larga etapa de tipos de interés por los suelos, que va a continuar, ha acogotado su negocio y el Covid ha llegado como un rejón para un sector que ya venía sufriendo. Los beneficios se han desplomado, por la parálisis económica y por la necesidad de provisionar reservas a modo de cortafuegos. Las acciones se arrastran anémicas. Por ejemplo, en lo que va de año CaixaBank había perdido un 37% de su valor bursátil y Bankia, un 47%. Ahora las dos entidades anuncian su intención de fusionarse, operación que tiene lógica económica y es acorde a lo que vienen recomendando el BCE y el Banco de España. Crearán un coloso que hermana a Cataluña y Madrid y que con 650.000 millones en activos será el mayor banco doméstico español. El principal accionista será la Fundación La Caixa, con un 30%, y el Estado, que tiene un 61,8% de la actual Bankia, conservará un 14% en el gigante.

Tras conocerse la noticia, champán en el Ibex. La acción de CaixaBank se disparó un 12% y la de Bankia, un 32%. Los mercados aplauden y los políticos lo ven bien o con neutralidad. Solo hay una excepción: Podemos, el partido antiprogreso, incapaz de secundar una sola iniciativa u operación empresarial que ayude al país a avanzar (y ante el tsunami que viene es crucial contar con bancos capaces de aguantar el tirón). La fusión les parece «una noticia preocupante», una «oligopolización del sector financiero». Lo que recomiendan es que sea la génesis de un gran banco público, tal vez inspirándose en lo bien que lo hicieron las cajas politizadas.

¿Qué opina Pablo Iglesias de esta importantísima operación empresarial en un sector vital para un país? No se sabe. El vicepresidente-florero está ocupado con su pendiente y su moño nuevos y tuiteando que el CIS debe preguntar por la Monarquía, «porque es probable que se demuestre que no tiene futuro y que en España crece una mayoría social republicana». Populismo adolescente colocado más allá de su umbral de competencia. El mundo real les queda grande.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
VIDAS EJEMPLARES.

La soledad de la Generación Limbo.

Los políticos ignoran a unos graduados que van de cabeza al paro.

Luis Ventoso.

Actualizado: 31/08/2020 06:30h.

Joven, mejor formado que sus padres... y perfectamente desempleado. El fenómeno ocurre en todos los países. Los recién licenciados que buscan un empleo se están topando con el muro infranqueable de una crisis imprevista y severísima. Van de cabeza al paro. Les resulta imposible iniciar sus vidas tal y como preveían. Miles de graduados españoles han retornado al hogar paterno y languidecen sin saber qué hacer. Por muy buenos que sean sus expedientes académicos, por mucho máster y muchos idiomas que esgriman, apenas acceden a entrevistas laborales. Con el desplome de la demanda, las empresas tienen tal losa encima que piensan más en despedir que en contratar. Se habla ya de la «Generación Limbo», una promoción de jóvenes que corre el riesgo de perderse, al encontrar cegadas todas las puertas del mercado. La larguísima crisis de 2008 machacó en su día a los que hoy tienen entre 32 y 41 años. El drama puede repetirse ahora de manera todavía más cruda.
En España todo se agrava, porque la situación laboral de los chavales ya resultaba deprimente antes del coronavirus. La tasa de paro era muy alta y la mayoría de quienes lograban encontrar un empleo eran víctimas de una epidemia de bajos salarios, que dados los precios de los alquileres en las grandes capitales les impedía iniciar un proyecto vital autónomo. Pero las cifras actuales son ya de pura vergüenza: España sufre la mayor tasa de paro juvenil de la UE, con un 40,8% de los menores de 25 años sin trabajo, frente al 16,8% de media comunitaria.

Un titular así supone una emergencia nacional, pues el buen futuro del país dependerá de esos jóvenes que están viendo taponado el arranque de sus vidas. Entre nuestros vecinos este problema forma parte del debate público y político. Francia lanzó en julio un plan de choque de 6.500 millones para ayudar a encontrar empleo a los licenciados que se dan de bruces con el Covid. Lo mismo en el Reino Unido, donde el Gobierno pagará a las empresas durante seis meses el salario de los jóvenes de 16 a 24 años que contraten. ¿Y aquí? Pues aquí seguimos con un debate político onanista. Si se fijan, nuestros dirigentes dedican el grueso de sus declaraciones a parlotear sobre cuitas partidistas, y no a los problemas concretos de las personas. Desde hace más de dos años no tenemos ni Presupuestos Generales, el mínimo de todo país civilizado. Nuestro Gobierno, el de una nación puntera del primer mundo, es incapaz de contar los muertos por la epidemia e incluso se ha desentendido de la crisis sanitaria, que ahora considera asunto autonómico. La distancia entre lo que se dice y lo que se hace resulta abismal (ahí está la gamberrada del cacareado «ingreso mínimo vital», donde el Ejecutivo solo ha sido capaz de aprobar el 0,57% del aluvión de solicitudes recibidas). Pero el público se enreda con la espuma de los días -las provocaciones de Iglesias, las ondas del cayetanazo, la brocha gorda de Abascal, la charlatanería hueca de Sánchez- y no exige respuestas ante los retos sustanciales.

Tenemos empantanada en el sofá de sus padres a una generación de jóvenes españoles, totalmente olvidados por una clase política que cree que gobernar es tuitear, salir en la tele y atornillarse al sillón como sea.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
LIBERALIDADES.

Ministros prescindibles.

Tú miras a Castells, el de Universidades y ya ves lo que hay. O sea, lo que no hay.

Juan Carlos Girauta.

Actualizado: 29/08/2020 10:17h.

La ministra de Educación, sin ir más lejos, no sirve para nada. No es por la persona: parece que Celaá sí hizo algunas cosas siendo consejera vasca del ramo. No sirve para nada porque su ministerio se hace el muerto, no quiere existir.

El nombre del departamento es agradecido; nunca nada tan inútil se ha designado con palabras más impresionantes. Las oye cualquiera y se cree que está ante algo gordo. Cualquiera que no sea español, o que no conozca la estafa del Estado autonómico: talar lo común y regar de privilegios los terruños acotados. Flores del mal.

Tú miras a Castells, el de Universidades, que tampoco da un palo al agua, y ya ves lo que hay. O sea, lo que no hay, porque el hombre, demostrando la coherencia del verdadero intelectual comprometido, ha desaparecido del mapa. Hace bien. El tiempo es oro, e ir para nada es tontería, que diría Mota. No se me ocurre modo más ejemplar de mantener a través del tiempo ese sentido de compromiso a la francesa, de cuño sartreano.
Castells sostiene que el mayo del 68 empezó en su clase, no donde estudiaba sino donde enseñaba como jovencísimo profesor. Bueno. Aquel trastorno es el receptáculo donde fueron a caer las ideas de un par de generaciones de marxistas notables, premiados todos por azotar al sistema que los idolatró. En el receptáculo se mezclaron bien esas ideas, se calentaron a fuego lento y salió un narcótico cuyos efectos perduran. Si Castells, antes de huir, se enseñaba en los salones con improbables camisetas, era para recordarnos su papel en aquel rito.

Nada parecido mueve a Celaá. O debería decir que nada parecido la inmoviliza. A ella no la verán con una camiseta de Humana. Está convencida de que lo adecuado es aquietarse. Así se mantiene fiel a la consejera que fue. Las cosas serias, para el terruño. Ahí es donde se proponen políticas, se trabaja, se obtienen resultados. No en el Gobierno central, donde procede convertirse en estatua. No hablar para que no te hagan trabajar, como aquellos hombres involucionados de Macedonio Fernández que fascinaban a Borges.

Insté una decena de veces a Celaá (y a su antecesor pepero) a detener dos atentados contra la libertad y la igualdad: el adoctrinamiento en la escuela catalana (y otros territorios donde florece el odio) y el incumplimiento de las sentencias del TC en materia de lenguas vehiculares. Los sucesivos ministros de Educación se encogen, callan, remiten -cual funcionarios de ventanilla- a las excusas de gobiernacos que usan la escuela para la construcción nacional. Con todo, el ministerio sigue contando con la Alta Inspección. ¿Qué hará con ella? Por no molestar a los nacionalistas, la tiene desnutrida, pálida y sin fuerzas.

Para gestionar la vuelta a los colegios en plena pandemia, asunto que debería quitarle el sueño, recomienda Celaá el uso de las bicicletas, que, como todo el mundo sabe, son para el verano. Para eso, mejor no ir. Como Castells.

Juan Carlos Girauta.
LA ALBERCA.

Sánchez hace un Messi.

Un verdadero líder nunca se quita del medio cuando vienen los problemas.

Alberto García Reyes.

Actualizado: 26/08/2020 23:56h.

Será cosa de la contaminación atmosférica porque no es normal esta crisis de liderazgo. Estamos respirando aires de cobardía. Sánchez y Messi se han quitado del medio a la vez justo cuando huele a chamusquina. Pero nadie puede huir de su esencia. Qué buena aquella frase de Walter Matthau en «Primera plana»: «No se pueden quitar las manchas a un leopardo ni enganchar un caballo de carreras a un carro de basura». Cuando llegan los problemas de verdad se le ven las costuras a todo el mundo. Ningún líder desaparece durante una crisis. Aunque hay una diferencia sustancial entre Messi y Sánchez. Se llama talento. El presidente juega a todo o nada, como si en el campo fuera Leo, pero sin saber que la pelota es redonda. O se le da el balón a él todo el tiempo o que se lo queden los presidentes autonómicos. El juego de equipo, el diálogo, la corresponsabilidad, la gestión conjunta, la empatía, la lealtad institucional y todos esos valores que están en la dimensión del estadismo y no del partidismo no tienen cabida en la política sanchista, que se ha atrevido incluso a incurrir en una histórica dejación de funciones por mero cálculo electoral. Ahora le conviene que se vea la gestión de otros para defender la suya. Sublime revelación de mediocridad. Hay dos tipos de jugadores malos: los chupones y los que no quieren el balón. Si a Sánchez no le dejan regatear, patadón y tentetieso.
Olvidemos los datos de la primera ola y el maquillaje del número de muertos. Venga, aceptemos el pretexto de que esto nos cogió desprevenidos, sin apenas conocimiento del comportamiento del virus y sin medios para combatirlo. Vamos a ser generosos y evitaremos comparar nuestros resultados con los de los países vecinos. Pero la dejadez veraniega del Gobierno no tiene perdón de Dios. No se puede consentir que con seis meses de ventaja estemos ahora improvisando la vuelta a los colegios. La ministra de Educación se ha ido y el de Universidades no ha venido. Hasta se duda de su existencia. Hay quien dice que la cartera la recogió un holograma. Por supuesto que las competencias educativas están transferidas a las comunidades, igual que las sanitarias, pero España no es un estado federal aunque Sánchez lo pregone. Por eso hay un Ministerio de Educación y otro de Sanidad. ¿O los pagamos sólo para que los políticos coloquen a su gente? Después del ridículo de marzo nos ha cogido el toro otra vez. Y además se ha revelado otra mentira insoportable de la progresía: la conciliación familiar. Un Gobierno que dice luchar tanto por la igualdad, ¿por qué no tiene ya preparado un protocolo de vuelta a las clases para que las familias puedan organizarse con tiempo? Quizá el aborregamiento es más urgente. Y aunque no se pueden quitar las manchas a un leopardo, nadie podrá reprocharle a Sánchez el burofax que ha mandado a las autonomías para que se queden con la crisis. Messi es un ídolo y ha hecho lo mismo porque no se puede enganchar un caballo de carreras a un carro de basura.

Alberto García Reyes.

Articulista de Opinión.
ENFOQUE.

Tiembla Belén Esteban.

Montero, del chalé a la prensa rosa.

Álvaro Martínez.

Actualizado: 25/08/2020 11:08h.

Lo primero fue comprarse el chalé, abandonando aquel compromiso hecho a la carrera de que siempre viviría en el pisito de 60 metros en Vallecas heredado de su tía abuela Rosalía. Ocho minutos tardó Iglesias, como quien dice, en mudarse donde «el rollo de los políticos que viven en chalés y se aíslan». Lo segundo era colocarse en el Gobierno. En un suspiro, apenas nueve minutos después, ya estaba allí. Había que pisar moqueta, sentir el mullido tacto del poder en los pies cuando se quitase los zapatos tras la toma del Palacio de Invierno. «Qué alegrón, Irene, qué alegrón». España ya era finalmente una democracia hecha y derecha (con perdón) pues su entrada en La Moncloa, ese tótem, significaba que el pueblo avanzaba imparable hacia la tierra prometida tras desbrozar la política de casta, corrupción y cloacas del Estado. «Cómo huele a libertad aquí en Galapagar, verdad Irene. ¿Hueles, querida, ese aroma a república? Se acabó la oligarquía, un mojón para los poderosos. Esta dacha nuestra de Galapagar, fruto de mi sacrificio y trabajo estajanovista en la Tuerka y La Sexta, significa mucho más que un chaletón con piscina, casita de invitado en el jardín y una veintena de guardias civiles en la puerta... Es el triunfo definitivo del pueblo, Irene, un pueblo empoderado y resilente que grita ¡mueran las cadenas y viva la igualdad! Y por eso tú también vas a ser ministra, Irene, que luego dicen que soy un machista por mandar al gallinero a la exnovias o desear públicamente que azoten a una periodista hasta que sangre. Falacias de los fachas».
Y lo siguiente ha sido la portada del «Diez minutos». Ocho páginas presentando Irene a «papá Pablo», entregado a las tareas compartidas del hogar porque «no solemos salir, nos gusta más estar en nuestra casa (el mencionado chaletón serrano), con nuestros amigos, ya que al ser Pablo tan conocido, preferimos la intimidad de casa». Preguntas sobre Don Juan Carlos o sobre un posible referéndum sobre la Monarquía, y ni una sobre el hecho de que toda la cúpula económica de su partido esté empitonada en los tribunales por presunta corrupción. Tampoco sobre el asuntillo ese en el que tan «hogareño» ser anda coqueteando con el banquillo en el «caso Dina». Ni una. Nada. Solo hogar dulce hogar, loa al padrazo de España y su lucha por los derechos y la redistribución de la riqueza... que ya entran 150.000 euros al año por la puerta.

Montero, en portada de la prensa rosa. Tiembla Belén Esteban, ha nacido la verdadera princesa del pueblo. Es decir, de Galapagar.

Álvaro Martínez.

Redactor jefe.
VIDAS EJEMPLARES.

Jueces y virus.

Demasiado divismo y mucha pegatina de partido en la frente.

Luis Ventoso.

Actualizado: 23/08/2020 23:49h.

En un periódico en el que trabajé se custodiaba como oro en paño en la sección de Opinión un folio ya amarillento, guardado en una de aquellas carpetas de antaño, de cartón azul con gomas. Cuando un jefe de la sección se jubilaba, o era enviado a otro destino, entregaba a su sucesor el preciado documento y le explicaba todas sus claves con secretismo, prolijo detalle y algo de coña marinera. ¿Y qué contenía aquel papel? Pues ni más ni menos que la relación de plomos ávidos por publicar artículos en el periódico. Espontáneos de escritura ramplona, pero convencidos de ser un cruce entre Larra, Indro Montanelli y Tom Wolfe, a los que había que poner coto.

Alfonso Villagómez Cebrián, orensano de la quinta de 1961, pertenece a la esforzada estirpe de los grafómanos, como saben los jefes de Opinión de todos los diarios gallegos. Escribe más columnas que muchos periodistas profesionales y su contumaz firma ha asomado por más de media docena de diarios. El pasado julio, iniciaba así en «La Región» su artículo sobre el descalabro de la izquierda en los comicios gallegos: «Todavía reponiéndome del mal resultado del PSdG en las elecciones del 12-J, quiero dirigirme a todos y todas los militantes socialistas para agradecerles su valentía, trabajo y tesón». Quién escribe en ese tono de mandatario del PSOE, como si fuese Sánchez dirigiéndose a los suyos, es un juez en ejercicio. Para más señas, el mismo que esta semana ha tumbado las medidas restrictivas que había adoptado la Comunidad de Madrid contra la crecida de lo contagios (prohibir fumar si no hay una distancia mínima de dos metros y limitar el ocio nocturno). El magistrado Villagómez, que ha montado este jaleo estando de paso en el juzgado número 2 como sustituto, ha declarado las restricciones «nulas de pleno derecho». Razona que las órdenes administrativas de una comunidad autónoma no pueden limitar derechos fundamentales y que se basaron en una orden ministerial que no aparecía recogida en el BOE.
Tal vez el magistrado Villagómez tenga razón. O tal vez no. El problema es que otros de sus colegas ha opinado exactamente lo contrario y han dado por válidas medidas calcadas a las que él tumba. En España tenemos un problema con los jueces. Muchos llevan en la frente la pegatina de un partido político y retuercen las leyes para plegarlas a sus apriorismos ideológicos. Pero además, a varios les gusta más un micro, o un vídeo en YouTube, que la Play a mi sobrino Iñiguito. Los desborda un afán de protagonismo desmedido, que casa mal con la discreción que debe ir aparejada a la altísima tarea que ejercen: ni más ni menos que decidir sobre nuestras vidas administrando justicia.

Jueces portas y políticos que no hacen su trabajo. Parece claro que Sánchez no se ha cuidado de sacar adelante las sencillas reformas legales que permitirían al Gobierno tomar medidas de prevención obligatorias y comunes para todo el país sin necesidad de llegar al extremo del estado de alarma (había cauce jurídico sobrado). Pero también es verdad que rechina al sentido común ver a jueces francotiradores disparando cada uno a su aire sobre lo que al final es un problema sanitario que azota a todo el país. Consolémonos pensando que alguno mientras escribe sentencias al menos no redacta artículos...

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
LA ALBERCA.

Las cosas no van bien.

Simón ha hecho una confesión subliminal de gran valor: no es sólo el virus el que va mal.

Alberto García Reyes.

Actualizado: 21/08/2020 23:27h.

La revelación de Fernando Simón es una apostasía velada. «Las cosas no van bien». Ese sustantivo indeterminado permite concretar en una sola frase la sarta de despropósitos que estamos viviendo. Podría parecer que habla del virus y eso bastaría: somos de nuevo el país europeo con más contagios por cada cien mil habitantes en las últimas dos semanas y el presidente sigue de vacaciones en Doñana. Nos aproximamos a los 400.000 positivos oficiales y acumulamos el once por ciento de los enfermos de todo el continente a pesar de que nuestra población no llega al ocho por ciento del total. Los médicos claman por la confección de una estrategia despolitizada, meramente técnica, porque la pandemia se ha descontrolado y el temor a una segunda ola tan letal como la primera es cada vez mayor. Y los confinamientos puntuales empiezan a dejar de ser noticia. Sí, efectivamente, «las cosas no van bien». Los datos no engañan. Pero el sujeto de la frase, «las cosas», es tan rico semánticamente que se puede interpretar como una confesión subliminal del doctor sobre el descalabro de España en todos sus frentes. A lo mejor la historia de los contagiados en la mancebía de Alcázar de San Juan simboliza este despiporre. Corremos el riesgo de morir, pero no podemos admitirlo si queremos conservar la vergüenza intacta. A lo sumo, podemos seguir la filosofía de Rafael de Paula que ahora trata de copiar Simón. Un periodista le preguntó una tarde de toros: «Viene usted muy elegante, ¿no, don Rafael?». Y él contestó: «No es elegante, señor, es una cosa de las cosas».
En una cosa de las cosas cabe todo. No vamos bien, por ejemplo, en la organización de la vuelta a las clases. La ministra Celáa ha desaparecido para que el marrón se lo coman las taifas, cada una a su bola y todas con los sindicatos en armas allá donde gobierna la derecha. Y a dos semanas de que abran otra vez los colegios, no hay un solo español, viva donde viva, que sepa todavía con precisión qué tendrá que hacer con sus hijos, a lo que hay que sumar la insurgencia de esos padres sobreprotectores que anuncian pellas. Es decir, ninguna familia de este país tiene certeza de cómo se va organizar mañana mismo. Y la marea continúa subiendo: el pago de los Erte sigue siendo un choteo, 300.000 negocios permanecen cerrados, el turismo sufre las órdenes internacionales de guardar cuarentena a los que hayan pasado por España, el Gobierno pretende quedarse con los ahorros de todos los ayuntamientos a través de una expropiación bananera, sólo se ha gestionado el uno por ciento de las peticiones de la tan cacareada Renta Mínima Vital, huele a despidos masivos tras el verano, soportamos la mayor caída del PIB de Europa, siguen aumentando las colas de los bancos de alimentos, tenemos una tasa de paro tercermundista, proliferan las milicias vecinales contra los okupas porque las administraciones no actúan y la generación que supuestamente tiene que rescatarnos corre el riesgo de perder otro curso.

Las cosas no van bien, claro que no. Porque mientras los peores gestores de la historia nos hunden en la miseria y nos entretienen con un acoso «fake» al vicepresidente, con el derribo del pacto constitucional a martillazos contra la Monarquía, con un manoseo de la Justicia que permite a un condenado de los ERE charlar amigablemente en la playa con el ministro del ramo o con sus concesiones a los sediciosos catalanes, el PP está ocupado en sus luchas internas. La brillantez oratoria de Cayetana frente a su soberbia. El giro a la centralidad de la ultraderecha. Este es el debate que nos han colocado mientras Simón suelta por lo bajini, con aire paulista, el reconocimiento de una debacle: no se trata del virus, señores, eso sólo es «una cosa de las cosas».

Alberto García Reyes.

Articulista de Opinión.
VIDAS EJEMPLARES.

Bares y colegios.

Debemos ser el único país donde han abierto antes los primeros que los segundos.

Luis Ventoso.

Actualizado: 19/08/2020 22:49h.

Los padres están flipados. Los chavales, también. Faltan 19 días para que empiece el curso, amenazado por la segunda ola del Covid, y el Gobierno continúa en la inopia, porque si no tocas los problemas no te queman. Los esotéricos ministros Castells y Celaá traspasaron el embolado a las comunidades y enfilaron la hamaca. Siguen así el ejemplo de Mi Persona, el providencial presidente Sánchez, que ha pasado de endilgarnos 17 chapas televisivas de más de una hora sobre su excepcional gestión contra el coronavirus a lavarse las manos y dejar que los presidentes regionales panden con la resaca de su deficiente labor (de nuevo líderes europeos en contagios).

Todos los gobiernos europeos se han tomado como una prioridad la vuelta al colegio. En primer lugar, porque formar a las nuevas generaciones es crucial para el buen futuro de los países. Pero también porque si los chavales no van a clase se les crea un enorme problema de intendencia a los padres, que en muchos casos no tienen con quien dejarlos. En España habrá 17 modelos de retorno a las aulas, aunque el hipertrofiado gabinete de Sánchez cuenta con tres ministerios para darlo todo en el tema educativo. Conforman la tripleta de ensueño la tan amable como evanescente ministra Celaá; el sonriente ministro cosmonauta, allá en su nube; y el prestigioso catedrático y delirante político Manuel Castells, que no ofrece una rueda de prensa desde hace tres meses y que no sé sabe bien qué hace («el curso comenzará según lo previsto si el mundo no se viene abajo», fue una de sus ufológicas explicaciones sobre el retorno a la universidad). Ninguno de los tres parece preocupado por las dudas que atenazan a las familias. El Ministerio de Educación lo último -y único- que hizo fue presentar el 22 de junio, en los días felices de la «nueva normalidad», una guía de prácticas saludables para la vuelta al colegio (rechazada por seis comunidades). Además anunció una reunión de Sánchez con los presidentes autonómicos para preparar el curso, de la que nada se ha vuelto a saber. España debe ser el único país del mundo donde han abierto antes los bares que las escuelas. El diagnóstico es conocido: un Gobierno logorreico, que se empacha de palabrería huera del manual «progresista», pero que después no resuelve. España ha sufrido a muchos ministros de pereza prodigiosa (es legendario uno de Rajoy que recibió a su sucesor diciéndole: «Tú ya sabes, sobre todo no hagas nada»). Pero nunca hubo tantos de la estirpe escapista como hoy.
Un ejercicio de Memoria Histórica. Como ejemplo de estafa de un Gobierno a «la gente», sería bonito grabar una placa y colgarla en la fachada del Congreso sobre lo ocurrido con el «ingreso mínimo vital». La propaganda oficial anunció que beneficiaría a 850.000 hogares, 2,3 millones de personas. Se puede solicitar desde el 13 de junio, ha habido 700.000 peticiones y el Gobierno solo ha aprobado 3.366 (menos del 1%). Son muy flojos, desconocen los rudimentos de la Administración, mienten con desparpajo y no trabajan. Pero si quieren seguimos hablando de Cayetana y de que al bueno de Iglesias Turrión, el de los escraches como «jarabe democrático», le han hecho una pintada en Asturias...

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
VIDAS EJEMPLARES.

El cayetanazo, lío innecesario.

Mala idea que el PP se pelee en su cocina con lo que tiene España encima.

Luis Ventoso.

Actualizado: 18/08/2020 23:16h.

Stefan Zweig explica que en el verano de 1914, en la semana previa al inicio de la catastrófica Primera Guerra Mundial, los cafés y jardines de Europa seguían abarrotados de personas felices, que disfrutaban de la vida con olímpica indiferencia ante lo que se les venía encima. Resulta muy duro confrontar los desafíos futuros. Es humano guarecerse en la evasión, como ocurre en España en este agosto: apuramos unos días de ocio resistiéndonos a mirar a lo que viene. En otoño las vidas de los españoles se verán centrifugadas por un temporal económico tremebundo. Tras el parche de los ERTE, los empresarios ajustarán sus plantillas conforme al desplome de la demanda que ha provocado la epidemia. El resultado será una ola de despidos, que dejará a muchísimos hogares tiritando. Este es el problema medular de España hoy: una crisis de caballo. El PP debería llevar ya tres meses convirtiendo la economía en el asunto principalísimo de su discurso, amén de haber buscado una figura referencial en esa materia clave, de la que hoy carece.
España padece una doble crisis, sanitaria y económica, que por desgracia su Gobierno ha gestionado con una torpeza lesiva (a veces casi inexplicable, como con la decisión de Sánchez de inhibirse cuando comenzó esta segunda ola de la epidemia). Ante unos datos económicos pavorosos y con los contagios desatados, todo el debate público y mediático debería estar centrado en evaluar al Ejecutivo. Pero llevamos quince días hablando del Rey Juan Carlos y ahora ha saltado un segundo asunto: el cayetanazo, las peleas en la cocina del PP.

Hace cinco siglos, el fundador de los jesuitas escribía su Quinta Regla: «En tiempo de desolación nunca hacer mudanza, mas estar firme y constante en los propósitos y determinación en que estabas en el día antecedente a tal desolación». Pero Casado, que estudió con los maristas, no ha seguido el consejo jesuítico. Ha desviado la atención de lo importante con un lío que si se mira con desapego atiende más a un mal rollito interno que a motivos trascendentales (pues el PP será más o menos el mismo con o sin Cayetana y Casado acabará siendo presidente siempre que no cometa graves errores, porque la debacle económica alejará a los votantes de la izquierda y llevará el balón a su bota).

Cayetana es una buena dialéctica, una persona inteligente y preparada y tiene dos ideas claras que el PP debería atender: la necesidad de confrontar a los nacionalismos y que el principal partido de centro-derecha ha de contar con neuronas para promover una alternativa filosófica al progresismo. Pero Cayetana es también una persona altiva, no muy leal a las siglas donde todavía está -tras su plantón a Rajoy alardeaba de que votaba a Rivera- y no empatiza con la mayoría silenciosa de electores (véase su batacazo en las generales de abril de 2019 como cabeza del PP en Cataluña, el partido cayó allí de seis escaños a uno y perdió 264.000 votos). Pero degradarla por celos de machos alfa es una distracción evitable, que beneficia más a Sánchez que a Casado. Lo innecesario es enemigo de lo útil. Y además surgirá una pregunta obvia e insidiosa: si hace un año la promocionaste porque te parecía buenísima, ¿ahora por qué la echas?

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
UNA RAYA EN EL AGUA.

Fin de fiesta.

No caben diversiones multitudinarias en una emergencia donde cada día se rifan estancias en UCI de varias semanas.

Ignacio Camacho.

Actualizado: 14/08/2020 22:29h.

Por aclarar las cosas: no existe un derecho a la diversión. Ni a fumar en público. Decimos que tenemos derecho a fumar o a divertirnos como enunciados coloquiales de una libertad individual que sí está juridificada, aunque sólo rige hasta donde colisiona con la de los demás. Existen derechos reconocidos y reglados a la propiedad, a la educación, al honor, a la cultura, al voto, al trabajo, a la participación política, a la vivienda, a la salud, a la libre expresión y circulación, y aun así pueden ser suspendidos o limitados por razones excepcionales de fuerza mayor y con refrendo de una mayoría parlamentaria, como sucedió durante el estado de alarma. Pero las copas, el botellón, el baile o el pitillo en la terraza no forman parte de ese catálogo, y menos cuando pueden suponer un perjuicio a terceros como ocurre de hecho en numerosos locales y fiestas propias del habitual ocio veraniego.
El problema sobre el que quizá no se ha insistido lo suficiente es que no estamos en una situación habitual sino en una emergencia sanitaria. Y que cada día se rifan estancias gratuitas en la UCI de dos o tres semanas. Las medidas restrictivas decretadas por el Gobierno -en realidad acordadas, porque son las autonomías las que las han reclamado y las que han de aplicarlas- sólo pecan de llegar acaso demasiado tarde para surtir eficacia. Pero por una vez, y a rastras de las circunstancias, se ha producido una coordinación institucional imperiosamente necesaria. Por supuesto que se trata de decisiones antipáticas que conllevan un perjuicio para ciertos sectores de negocio condenados a bajar la persiana; el mismo trastorno que han sufrido antes otras muchas actividades comerciales e industriales de mayor necesidad e impacto en la vida cotidiana. Lo que ha faltado es pedagogía del deber para explicar a la población, sobre todo a la más joven, que la llamada nueva normalidad era una metáfora porque no volveremos a una existencia normal hasta que la epidemia esté controlada. Y no lo está por mucho que tras el severo confinamiento se abriese una ventana de ficticia esperanza.

Habrá más medidas, con mayor o menor acierto, y afectarán a materias y asuntos más serios. A la enseñanza por ejemplo -que sí es un derecho-, donde la disfunción autonómica, la confrontación partidista y el absentismo del Ministerio van a convertir en un desbarajuste la vuelta al colegio. Está muy dicho que nos han tocado los peores dirigentes en el peor momento: sectarios, adanistas, ineptos. Pero el fracaso colectivo está garantizado sin remedio si la irresponsabilidad social se suma a la incompetencia del Gobierno.

Nos jugamos algo mucho más importante que las discotecas o el tabaco. Durante el largo encierro, entre la tragedia y el caos, aprendimos -el que no lo supiera- que no había liderazgo. El desastre definitivo se producirá si demostramos que tampoco hay ciudadanos.

Ignacio Camacho.

Articulista de Opinión.
Pues eso digo yo también.