Foro Común


Mensajes de Escritos "literarios" originales y propios de cada forero enviados por Carmen García García:

AÑORANZAS de CIRUELOS, LUZÓN Y MARANCHÓN

Añoro gratas risas cantarinas,
entretenida música en mi mente,
al ritmo de un pasado que me acoge
en felices recuerdos de mi infancia.

Pinto trazos con tizas de colores
de un calendario verde en la pizarra,
y números y letras amarillas
que dibujan la calma esta mañana.

Chirrían fuertes goznes de un columpio
ganado por la fuerza de la prisa
que me empuja veloz hacia el asiento,
en vuelo libre, al trote de Pegaso.

Por los aires descubro mi pasado
en letras aprendidas a deshora
cuando el juego acaba en el silencio
de una plaza bañada de nostalgia.

Agujereo hojas verdes con púas
afiladas de un majuelo, que graba
a contraluz sus nervios al pespunte,
eternos, bordados en mi memoria.

Carmen García
Precioso todo: el poema, la foto y tu fortaleza.
Un fuerte abrazo
Carmen guapa, mi próximo relato te lo voy a dedicar y será sobre el LAGO DE SANABRIA; UF, ¡QUE YUYO!
Hola Noemí:
me encanta que me lo dediques, visité El lago de Sanabria y me quedé pasmada. No por el Lago y el paisaje, realmente hermosos y dignos de ser contemplados con mucho tiempo; sino por la historias que encierran. Ahora comprendo, cómo la melancolía se arremolina en el fondo, cómo surge tanta tristeza... ¡Ay tantas almas y almitas ahí en las profundidades!
Besos y cuídate
¡AY, AY, AY...... CIU quejándose de lo pequeño que era su pueblo!, Mucho más grande que el mío, de verdad.

Yo también recuerdo esos juegos infantiles, pero de todos, de todos, el juego de LOS ALFILERES. Pues resulta que escondíamos en el puño un determinado número de alfileres y decíamos: AL MEMBRUÑO, ABRE EL PUÑO.... y la contraria debía adivinar; sí acertaba todo para élla y si no, pagaba la diferencia. Los alfileres los guardábamos en aquellos pequeños frascos de penicilina con tapón de goma.

Otro ... (ver texto completo)
Queridas amigas:
no podéis imaginar lo útiles que me siguen siendo los juegos infantiles que aprendí en mi preciosa plaza. Mi tacita querida. Y siempre, esto no es de ahora.

No tenéis ni idea de lo que ha sido convivir con las harpías.

Todo el rato disfrazándome de niña para jugar con mis niños, pues las harpías no querían que sus hijos se mezclasen con los míos.
Si solo tenías uno, y encima eras de fuera, decían para sí, jódete y baila. O ten más hijos.

Pues no, a mi me era mucho más fácil volverme niña y enseñarles todos los juegos que aprendí cuando salía a la plaza y todo invitaba al juego, al sueño, a otros mundos desconocidos, en los que las harpías nos perseguían por todas partes. Y nunca consiguieron darnos alcance, ni a mi, ni a mis amigas. Teníamos bancos que hacían de casas.
Y las harpías nos envidiaban porque ellas no eran, ni tan hábiles, ni tan listas, ni tan rápidas, ni tenían tantas amigas como nosotras.

Ayer, después de tanto tiempo, volví a verlas; pero sólo por simple curiosidad volví sobre mis pasos, a ver que tramaban esa vez.
Si les preguntas, nunca saben nada, son extraterrestes camufladas. Lo más habitual en ellas es que las oigas decir que no se enteran de nada, que cuánto tiempo hace que no ven el cartel de anuncios, etc..

-Lo siento, majas, pero he vuelto sobre mis pasos y no me voy a ir sin saber qué se cuece aquí.

- ¿A quien esperáis?- Muda, sorprendentemente muda como si la extraterrestre fuera yo.

-Que te he dicho que a quien esperáis, pero parece que no me has oído. - Y ella se sienta en un banco y se ve que no está por la labor de decirme nada. Mira estúpidamente hacia otro lado y se queda más ancha que larga.

Pero otra sí dice, porque quiere saber, y sabe que si ella no habla, yo tampoco. Es más lista y está picada de curiosidad en saber porqué me he borrado de algún sitio. Y sí, yo soy distinta, no tengo pelos en la lengua, no me gusta crear falsos entendidos. Yo tan clara como el agua de la fuente que visitaba de niña, por placer. Y ningún inconveniente en responder a nada ni a nadie.

Y cuando lo supe, les dije, que lo paséis bien, que a mi me espera el campo y la naturaleza, que me da vida. Ya, al fin de cuentas mis hijos crecieron, todo lo sanos que podía esperar, y la verdad, como amigas, prefiero a las cabras del monte o a las ovejas de los llanos. Porque son animales, pero no harpías. Y así os va.

Un paseo formidable de mas de hora y media que llegas a casa con ganas de meren dar, pero también sano. Membrillo y queso de Burgos. Más, es que no se puede pedir en el país de las harpías.

Saludos
Alguien turbó mi paz esa mañana,
un rudo golpe en mi vida cristalina.
Alguien, y estalló el llanto en nuestro pueblo.
Hizo trizas su voz y su palabra,
irrumpió con un sonido hiriente
y me dejó pasmada en la ventana.

Por mas que las vecinas me apartaran,
no quise dejar de ver un ser desesperado.
Alguien se llevó la paz de nuestra plaza.
Si un día me encuentro con su sombra,
es seguro que lo rompo en mil pedazos.

Trozo a trozo volvió a ser de nuevo
un ser apacible, soñador y bueno.
Pero ya no pude nunca tener su imagen de antes
que rodó calle abajo desde un barranco insondable.
Si un día vuelve a mi ese fantoche, ese fantasma
que agazapado, entre las sombras aguardaba...

Ese día, lo cojo por el cuello y lo tiro plaza abajo
a pegar todos los cristales rotos que rodaron por la plaza.
Se rompió mi mundo soñoliento y me expulsó de mi pequeño paraíso.
Bastaba la risa, el llanto, la voz de la campana, el silencio
de la noche y la luz de la mañana.
No pedía mas mi pueblo, solo que lo acompañara.

Carmen García
Noemí y María:

Me quedo con lo de la ventana. Teníamos una ventana que daba a la plaza en Ciruelos del Pinar, y en Madrid, todo el día con la luz eléctrica. ¡Qué tristeza! Y encima no estaban las voces de mis amigos y amigas; y solo el bullicio de la gente que venía a comprar, porque mis tíos eran tenderos.
Cuando nos íbamos, nuestra casa volvía a ser una trastienda nada mas. Y sin embargo, en el pueblo, la casa esperaba siempre a que se abriesen los cuarteles en marzo.
¡Cómo no voy a querer yo a los pueblos, si un día me dieron la vida!
Hola:
ha resultado lo que me temía: más de lo mismo. Esto hay que dejarlo caer por decantación. El agua se va y quedan los pedruscos.
¡Qué le vamos a hacer si los cantamañanas nunca mueren! Vosotros: hombre y mujeres de buena voluntad, a hacer lo que mejor os parezca, que vuestro criterio siempre será justo. Y pasad del resto, que no os perturben. A mal tiempo, buena cara.

Saludos