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Mensajes de Historia de la Iglesia romana enviados por Clara:

IGLESIA CATÓLICA
La Iglesia puso a su nombre 3.722 propiedades en Cataluña sin probar su titularidad
El Govern publica la lista de bienes inmatriculados, a diferencia del Gobierno

CAMILO S. BAQUERO
Barcelona - 23 JUL 2020 - 13:24 CEST
El Govern presenta en Sant Vicenç de Castellet (Barcelona) el listado de inmatriculaciones de la Iglesia.

Entre 1946 y 2015, sin necesidad de probar la titularidad, la Iglesia católica puso a su nombre en Cataluña 3.722 inmuebles. La Generalitat publicó ayer un mapa interactivo en el cual se pueden consultar esos bienes y anunció la puesta en marcha de una oficina de mediación para dirimir conflictos de propiedad entre los obispados (que consideran que todo se ha hecho acorde a la ley), Ayuntamientos o incluso particulares. El Ejecutivo catalán deja en evidencia al Gobierno, que desde 2017 no cumple con el mandato parlamentario de publicitar su registro.

“Esto no va de señalar a nadie, sino de buscar soluciones. La publicación del listado no es en contra de alguien, es a favor de la transparencia”, defendió ayer la consejera catalana de Justicia, Ester Capella, en una rueda de prensa conjunta con el vicepresident Pere Aragonès y realizada precisamente en uno de esos sitios conflictivos: la casa del campanario de Sant Pere de Vallhonesta, en Sant Vicenç de Castellet (Barcelona). Una ermita inmatriculada por la Iglesia pero que es un espacio muy usado por los vecinos y cuidado por un grupo excursionista de la población.

El mapa recoge los datos de los registros de la propiedad en Cataluña, aunque no especifica la fecha exacta de inscripción. Capella explicó que la mitad de las propiedades son centros de culto. El resto, sin embargo, es muy variado y con alto potencial de conflictos con Ayuntamientos o particulares: hay plazas, equipamientos deportivos o terrenos rústicos, por ejemplo. “La voluntad es la de resolver problemas y poner soluciones a través de la mediación”, defendió Aragonès.

En virtud de una ley franquista, la Iglesia inscribió a su nombre en los registros de la propiedad decenas de miles de bienes inmuebles en toda España. Esa norma, de 1946, permitía que con solo la firma de un obispo se pudiera registrar por primera vez (o inmatricular) la propiedad de un inmueble sin necesidad de certificar de alguna manera la propiedad.

Este privilegio estuvo en vigor hasta 2015. Dos años después, el PSOE presentó una proposición no de ley que instaba al Gobierno, entonces presidido por Mariano Rajoy, a elaborar un listado de todos esos bienes. Ciudadanos y el PP votaron en contra. En 2018, el Colegio de Registradores entregó la relación de bienes, que consta de más de 30.000 inmatriculaciones. Ya en manos del PSOE, el Gobierno se ha negado a hacer pública la lista e incluso ha recurrido a los tribunales cuando el Consejo de Transparencia le ha instado a entregar la información. El contencioso sigue abierto en un juzgado de Madrid.

La Conferencia Episcopal Tarraconense mostró su incomodidad con la iniciativa del Govern a través de un vídeo. El responsable de Patrimonio, el arzobispo Joan Enric Vives defendió que la Iglesia “no se ha apropiado indebidamente de ninguna propiedad” y que siempre se ha actuado acorde a “la ley vigente”. Cree que “si hubiera algún error” no sería necesario recurrir a la mediación. “Es muy injusto que se trate así a la Iglesia, que ha trabajado mucho por el patrimonio”, añadió el prelado.

Vista de la catedral de Alcalá de Henares desde la plaza de los Santos Niños, estos monumentos se solían situar en las zonas altas de las ciudad, lugares estratégicos y en torno a ellas se generaba la vida de la ciudad.
El secreto mejor guardado de la Iglesia (y el Estado)
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Santa María del Mar pertenece a su parroquia
La iglesia de Santa María del Mar, construida entre 1329 y 1383 y la mayor joya del Gótico catalán que se puede ver en Barcelona, es propiedad de la parroquia con el mismo nombre. Se trata de una de las 3.722 propiedades que la Iglesia ha inmatriculado desde 1943 y que figura en la lista hecha pública ayer por la Generalitat.

El Gobierno catalán ha habilitado un mapa interactivo en el cual se puede filtrar el contenido por ubicación pero también por tipología: un total de 1.855 inmuebles son espacios dedicados al culto, sobre todo templos; 1.518 son catalogados como terrenos, si bien en su mayoría son fincas rústicas. Finalmente, 349 son edificios y viviendas, principalmente rectorías.

Unió de Pagesos y la Asociación Catalana de Micropueblos han sido las dos entidades más beligerantes a la hora de poner en evidencia inmatriculaciones abusivas. La provincia de Lleida registra el 58% de los registros hechos por las autoridades eclesiásticas, seguida de Barcelona (19%), Girona (13%) y Tarragona (10%). El municipio con más propiedades a nombre de la Iglesia es Pont de Suert (Lleida), con 82.
CON LA IGLESIA HEMOS TOPADO.

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La familia y el Arzobispado de Madrid han mantenido un litigio durante más de un año

MANUEL VIEJO
Miraflores de la Sierra 23 FEB 2020 - 15:37 CET
Un enviado de Dios en la Tierra llegó a un acuerdo con la señora Mercedes González el día de los enamorados de 1995. Sucedió a 49 kilómetros de la Puerta del Sol, en Miraflores de la Sierra, un pueblo de 6.000 vecinos fundado por ganaderos segovianos allá por el siglo XIII. Muy cerquita de su Iglesia empedrada, un templo consagrado a la Asunción de Nuestra Señora, la vecina Mercedes heredó una casa blanca de tres plantas con un patio exterior de tres metros cuadrados.

Antonio Ruiz, el cura de los noventa, se llevaba muy bien con Mercedes porque, aparte de que era una ama de casa de misa diaria, vivían pared con pared. Número ocho, casa sacerdotal. Número seis, hogar de Mercedes y sus tres hijas. Un día de 1995 el cura pensó en reformar la casa sacerdotal. Antes, eso sí, avisó a su vecina Mercedes de la idea que tenía: “Vamos a levantar cuatro plantas en forma de C dejando a tu patio exterior aislado y encajonado. No obstante, podrás seguir accediendo a él a través de una puerta que haremos porque el patio es tuyo”. Los dos estamparon en un folio escrito a máquina las firmas de conformidad. Hasta ahora, que se ha enterado el Arzobispado de Madrid y ha metido mano en el asunto.

“Mi madre era una mujer muy católica y les consistió todo. ¿Ingenua? Quizá. Por eso este patio está como está”, cuenta Marta Ramírez, de 58 años, observando hacia arriba la gigantesca mole de ladrillo de 10 metros de altura de la casa sacerdotal. “A mí y a mis hermanas nos pareció una estupidez que mi madre permitiera la obra, pero, al fin y al cabo, cada uno hace lo que quiere con su casa. La cuestión es que en el acuerdo que firmaron queda claro que el patio sigue siendo nuestro”.

La señora Mercedes murió en 1999 a los 74 años de una insuficiencia cardíaca. Su familia creció. La casa quedó deshabitada. Un día de 2015 decidieron alquilar el hogar de su infancia a una familia del pueblo. Dos años después, sonó el teléfono: “Mira, Marta, queremos comprar vuestra casa, que nos gusta”. La venta estaba en marcha.

A la izquierda y de ladrillo, la reforma de la casa sacerdotal. A la derecha y de blanco, la casa primigenia.
A la izquierda y de ladrillo, la reforma de la casa sacerdotal. A la derecha y de blanco, la casa primigenia. SANTI BURGOS
La burocracia española en estos asuntos es muy dilatada y pedregosa. Una mañana de 2017 Marta Ramírez y su hermana Mercedes fueron al catastro, el DNI de las casas, para comprobar que todo estaba en orden. “ ¡Me dijeron que el patio no estaba!”, recuerda. Ella interpretó que aquello tenía que ser un error. “Como está prácticamente cubierto por la obra de la casa sacerdotal, lo mismo creen que no existe”, pensó. Y como tenía guardado en un cajón el documento del sacerdote Antonio junto a la firma de su madre, razonó que todo esto quedaría en un pequeño bache administrativo. Pues no.

En julio de 2018 le pidieron en el Registro de la Propiedad el “documento de conformidad del colindante”: un papel donde conste que la Iglesia sabía que el patio era de Mercedes. Si el patio no estaba registrado, ahora había que demostrar que esto era suyo. Por si acaso y como Antonio ya no ejercía como cura en el pueblo, Marta acudió a Andrés Esteban, el nuevo párroco de Miraflores de la Sierra, que ya sabía la historia del dichoso patio: “Sí, sí, no te preocupes. Yo te firmo el documento de nuevo porque conozco la historia”, contestó. Y de nuevo se fueron al catastro. Pero nada. Que no. “Con esto no vale, necesitamos una firma jurídica que dé validez”. Es decir, del Arzobispado.

Con la Iglesia toparon. Los contactos con el Arzobispado son, todavía, más lentos que con la Administración. La tenacidad de las hermanas Ramírez ante un caso que consideran “injusto” y de un “aprovechamiento ilícito” les llevó una mañana de 2019 a la calle Bailén de Madrid, la casa del Arzobispo de Madrid, Carlos Osoro. Según su versión, el encargado del departamento de Patrimonio y Obras les diijo: “ ¿Qué más os da el patio? Os quedáis con la servidumbre de paso y ya está”. O dicho a su manera: “Vamos, que se quedan con lo nuestro”.

No es un caso nuevo. La Iglesia española puso a su nombre durante décadas casas rectorales, viñedos, olivares, solares, pisos que pertenecían a los pueblos y que nunca se registraron, como este dichoso patio de Miraflores. Una voracidad inmobiliaria amparada por los artículos 206 y 304 de la Ley y el Reglamento Hipotecario de 1946. El punto final de este privilegió llegó, casualidad o no, en la Semana Santa de 2015.

El Gobierno de Rajoy aprobó ese año una la ley que, ya sí, impide a la Iglesia inmatricular bienes: inscribirlos a su nombre por primera vez en el Registro de la Propiedad. Un hecho que permitía a los obispos emitir certificaciones de dominio como si fueran funcionarios públicos. Según los datos del Colegio de Registradores, la Iglesia inscribió como propios 30.000 bienes en casi dos décadas. Por registrar, registraron hasta la mezquita de Córdoba en 2006.

La familia llevaba más de un año esperando una respuesta de Arzobispado y ahora, tras alertar a la prensa del caso, ha dado marcha atrás y ha acelerado el proceso: “Nunca se ha negado la titularidad del patio”, cuenta un portavoz de la Iglesia. “Hay un error catastral y queremos subsanarlo”.

La abogada de las Ramírez y el encargado del Arzobispado en temas jurídicos y obras se han cruzado varios e-mails y varias llamadas desde hace más un año. Uno: “Nosotros tenemos pendiente también la formalización de la obra de la casa sacerdotal que hicimos”. Dos: “Ya os contestaremos”. Tres: “Tenemos que hablar con el notario”. La situación ha llegado a un punto en que cuando todo estaba listo para firmar los representantes del Arzobispado, no se presentaron. “La persona que iba a hacerlo estaba de baja”, dicen fuentes del Arzobispado. Pero tampoco enviaron a otra. Ni avisaron. Este miércoles, ya sí, la Iglesia reconoció que el patio es de la familia. “Buena fe no ha habido. Esto es evidente”, dicen las Ramírez.

— ¿Son católicas?

— Nos bautizaron.