Foro Común


Mensajes de La Poesía enviados por C.A.F.E.:

Y pensar que después de que yo me muera
aún surgirán mañanas luminosas,
que bajo un cielo azul, la primavera
indiferente a mi mansión postrera
encarnara en seda de las rosas.

Y pensar que, desnuda, azul, lasciva,
sobre mis huesos danzará la vida
y que habrá nuevos cielos de escarlata
bañados por la luz del sol poniente,
y noches llenas de esa luz de plata
que inundaba mi vieja serenata
cuando aún cantaba a Dios, bajo mi frente.

Y pensar que no puedo en mi egoísmo
llevarme al Sol ni al Cielo en mi mortaja;
que he de marchar yo sólo hacia el abismo,
y que la luna brillara lo mismo
y ya no la veré desde mi caja.
¿HISTORIA DE UNA VILLA?

La tradición nos ha legado un episodio legendario de una valiente mujer que supo enfrentarse con su destino y morir después de haber dado muerte a su enemigo moro. En memoria de este suceso, hay colocada una cruz a la vera del caminoque penosamente sube desde el valle a nuestra villa.

Negaba ya sus fulgores
a los escondidos valles
el sol, corriendo a occidente
en una apacible tarde
de la alegre primavera
de esas cuyo influjo hace
llegar a nuestros sentidos
con fuerza más penetrante
las aromas de las flores
la música de las aves,
los mormullos de las fuentes
y los rumores del aire cuando, dejando de Luque
los seguros baluartes,
un grupo de caballeros
salió alegre a solazarse
por las amenas orillas
de floridos olivares,
hasta llegar a una fuenter
que a corta distancia nace.

Isabel iba con ellos,
sin que ninguno pensase
en peligros, cosa propia
de mujeres y cobardes.
Sentaronse descuidados
a la cristalina márgen
de la fuente, cuando atonitos
vieron que en rápido avance
se les acecaba un grupo
de osados jinetes árabes.
Embargó el peligro en ellos
todo generoso arranque
y huyendo cobardemente
sin esperar nadie a nadie
perseguidos por los moros
que les iban al al alcance
lograron los caballeros
llegar a Luque y salvarse.
Cansada, Isabel, y sola,
impedida de su traje,
se ocultó entre unas peñas;
pasó la taifa adelante
sin verla, cuando el erraje
de un caballo, le dió aviso
de que los riesgos del lance
aún duraban para ella,
y a poco vio acercarse
al sitio donde se hallaba
un moro de mal talante
que, al verla, refrenó el bruto
y desnunando el alfanje
de dos tajos, ambos pechos,
entre torrentes de sangre
cortó a la infeliz cristiana
con ferocidad salvaje.
Intentó, de un tercer golpe,
el hombre el cuello cortarle,
y ella, burlando el intento
saltó ligera, y ganándole
la lanza, la undio con furia
en el pecho del árabe
que, como un rayo abatido
a sus pies rodó cadáver.
Tomó la rienda al caballo
y caminó desangrándose,
hasta llegar al castillo
donde entró, ya vacilante
y a poco, cayendo en tierra
libre de su humana cárcel
a las regiones empíreas
voló el alma de la mártir.
Así murió la Roldana;
y la tradición añade
que los menguados amigos
que en el peligroso trance
la abandonaron, sintieron,
de por vida, las tenaces
garras del remordimiento
en su conciencia clavarse.
La historia dice sus nombres
más bueno será callarse,
que a castigar tales hechos
es el silencio bastante.

Un echo real.