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HACE MÁS DE TREINTA AÑOS, ME HABLARON DE LA RESERVA...

HACE MÁS DE TREINTA AÑOS, ME HABLARON DE LA RESERVA SORIANA
Fueron palabras agudas que se quedaron flotando, fueron signos de locuras que hoy los vamos recordando. Aquel soriano pensando en las gestas inmigrantes, me habló que venían llegando otros tiempos más rasantes. Con ritmo de penitencia me comento sus palabras, diciendo que la reserva eran cosas del mañana. Mirando sus estadísticas de población inmigrante, comentó que en poco años, habría campos aislantes. Pensando quede en la noche al escuchar sus palabras, hoy comprendo que su broche, no me hablaba de murallas. Me habló de pueblos desiertos, con casas medio arruinadas, y me dijo que los muertos no dejan tierras amadas. Despoblación de sorianos con sus tierras olvidadas, será reserva de hermanos con ilusiones truncadas. Puede que pasen los días, podrán pasar muchos años, más en las noches tan frías se sufren los malos daños. La mirada al horizonte, en los caminos más largos, atrás quedaran los montes con sus momentos amargos. Un grito que fue presagio del futuro turbulento, alguien puso en su diario lo triste de aquel invento. Soria teme ser Reserva de una Castilla vaciada, donde apenas se conserva su agricultura labrada. Hoy que contemplo al destino en esas tierras amadas, siento que sigue el mal signo de sus casas arruinadas. La Reserva de sorianos que parece cosa extraña, se viene sintiendo al día su despoblación humana. Pueblos que quedan desiertos, con carreteras heladas, de vez en cuando los muertos se notan en las pisadas. Despoblación a raudales, entre brisas heladoras, con sus formas naturales que quieren marcar las horas. Reserva de muchos pinos, entre luces que te asombran, el Duero marca sus signos y tiene bonitas sombras. La Reserva va llegando, ahora si se ve su hora, la gente vive clamando y a los gobiernos implora. Mirando intensas llanuras, sin ver la presencia humana, y comprendes amarguras que siguen la senda vana. Soria se ve resistiendo sin sonidos de campanas, y a veces viene sintiendo el frescor de las mañanas. Cuando sientes esos ecos de soledades amargas, hay pueblos que sin ser presos no ven sus vidas tan largas. Pueblos que buscan la vida de ciudades bien llevadas, y hoy ven su ruta elegida y sus gentes encantadas. Despoblados con conciencia de ser tierra abandonada, hoy no nos sirve la ciencia al ver tu senda olvidada. El Burgo guarda silencio, entre sus grandes murallas, y no puede poner precio a ganar ciertas batallas. Soledades que se funden en las tristes madrugadas, dicen que no se confunden viendo las casas cerradas. Ahora pienso en el soriano que me hablo de encrucijada, me comentó que el humano tiene su meta marcada.
G X Cantalapiedra…