¿Dios existe? Si...

¿Dios existe? Si
... ¿Y el demonio?
también

Se ha dicho con razón que en nuestro tiempo la mayor victoria del demonio es haber conseguido que no se crea en su existencia. La mejor manera de hacerle el juego al diablo es precisamente ésta, ignorarlo, silenciar su existencia y su acción, o incluso negarlas. ¡Qué más puede desear el enemigo que pasar inadvertido, poder actuar sin que sus víctimas conozcan siquiera su existencia y su acción!

Por eso se dice que el demonio ataca a los buenos –viene descrita su acción en todas las «vidas de santos»–, y tienta a lo bueno, pues «entre las muchas astucias que el demonio usa para engañar a los espirituales, la más ordinaria es engañarlos bajo especie de bien, y no bajo especie de mal, porque sabe que el mal conocido apenas lo tomarán»

«Cuando él habla la mentira, habla de lo suyo propio, porque él es mentiroso y padre de la mentira» (Jn 8,44). Todo en él es engaño, mentira, falsedad; por eso en la vida espiritual – ¿qué va a hacer, si no?– intenta engañar y falsificar todo.

Muchos cristianos hoy lo ignoran –es una pena–, pero el demonio lo sabe perfectamente. Y por eso en «los últimos tiempos» acrecienta más y más sus ataques contra la Iglesia y contra el mundo. «El diablo ha bajado a vosotros con gran furor, pues sabe que le queda poco tiempo» (Ap. 12,12)