Entrando en Pozuelo, ...

Entrando en Pozuelo,
desde Aravaca

Leyendo a carmen me he acordado de lo que puse más arriba, sobre las/os primeras/os maestras/os que tuve y voy a empezar con este fragmento, ya que como dije no cabe todo en un solo post.
Es todo verídico y real, no hay fantasía novelesca -y menos novelera- en el escrito, tan solo he tratado de escribirlo medianamente literario, cuidándome de que no lleve faltas ortográficas. No sé si lo habré conseguido.

ME ACUERDO DE...: Y TENÍA TRES AÑOS

*La vez que mi padre me llevó a la huerta donde había estado trabajando, para ver a sus antiguos compañeros. Las veces que se lo referí a mi madre y a mi padre, ya de mayor, me decían que era imposible que me acordara siendo tan pequeño, hasta que les di los detalles y se convencieron.

*La primera vez que fui al colegio, a la clase de párvulos, todo contento pues me parecía que ya era muy mayor y porque llevaba un babi nuevecito blanco con rayas azul clarito cruzadas, formando cuadritos y con mi nombre bordado, por mi madre, en el bolsillo del pecho.

*Cuando vi a mis dos "señoritas" -así se las llamaba entonces-, una alta y gruesa, la otra baja y delgada y que cuando las vi, se me quitaron las ganas de ir al colegio.
La alta y gruesa, que parecía más joven, pero no lo era, llevaba: una rebeca de punto marrón abrochada por tan sólo dos botones, no recuerdo cuantos la faltaban; una falda azul marino de tubo,-bastante tiempo más tarde supe que se llamaba así- con forma de saco y dada de sí, en extremo, a la altura del sitio de sentarse; unos zapatos, o botas cortas, ortopédicos, -después supe que etc., etc., etc., color marrón tirando a rojo, muy sucios, y torcidos hacia afuera y con los tacones bastante gastados por el efecto de ser coja, - lo que pude comprobar en cuanto se movió-.
El que fuera coja no me causó impresión, puesto que mi madre era coja desde la guerra civil “la del 36”, cuando cayó una bomba en la casa donde vivía y la metralla la destrozó una rodilla, tenía la pierna rígida y no torcía el zapato. Llevaba también, la “seño”, unas medias, muy tupidas, de color..., ¿como diría?..., ¿carne sucia?, o..., es igual, que iban desde los zapatos a la parte de abajo de las rodillas sujetas por unas ligas negras, que se dejaban ver en algunos tramos, en rededor de las piernas; una blusa, no recuerdo de qué color, pero sí recuerdo que tenía tal cantidad de "lámparas" (léase manchas) que quizás por eso no recuerdo el color. Tenía la cara mofletuda, con una curva insinuante de barbilla en su parte inferior y con algún pelillo por aquí, otro por allá, que, como vi más tarde, y en sus "momentos trascendentales", se los arrancaba haciendo pinzas con las uñas, tentándose la cara con las yemas de los dedos, pues, ¡ERA CIEGA!
Pero ¿era ciega de verdad?, esto nos lo preguntábamos pues para mirarte de frente ladeaba la cabeza a un lado, no recuerdo cuál, -"cáchis" con la memoria-; tenía dos ojos, eso sí, pero opacos y uno de distinto color que el otro, uno blanco y el otro con el iris azul con manchas grises y la pupila blanquecina; el pelo entre color marrón y pelirrojo y veteado de tonos grisáceos, parecía una fregona mal puesta (despeinada) sobre la cabeza, pues llevaba una pinza en todo lo alto que asemejaba ser el sitio para empalmar el mango. De vez en cuando comía un trozo de pan.
La baja y delgada, que parecía más vieja, por conforme vestía, iba de negro. Llevaba una rebeca de punto, con algo que parecían lunares, pero no lo eran; un vestido entero, y..., tampoco eran lunares; medias, que al igual que su hermana, y lo eran, -aunque no se pareciesen, eran como dos gotas de agua pero, eso sí, de un charco, todo depende de que una tenga más barro que otra- las llevaba por debajo de las rodillas sujetas por dos ligas ¡cielos blancas! y que igualmente hacían los guiños del Guadiana. Lo de negro, fue la primera impresión, puesto que es el que predominaba, pero con poca atención, pues saltaban a la vista, enseguida vi que tenía tantas "lámparas", o más, que su hermana; amarillas, blancuzcas, marrones y quizás negras, pero con el fondo negro no recuerdo si las había, o no las vi, -"cachis" con la memoria...-; la cara, bueno, típica, o tópica de bruja de cuento, -esto lo averigüé más tarde cuando comencé a leer cuentos-, tenía la barbilla picuda con un pelillo acá, otro allá, y que al igual que la hermana tenía sus "momentos trascendentales", el labio inferior, bueno y el superior, hundidos para dentro de la boca, como si se los estuviese mordiendo, pero no, no tenía dientes; tenía una ligerilla pelusa a modo de incipiente bigote, bueno incipiente, incipiente..., aquello tenía ya tantos años como ella, y tenía un ¿"lunarcillo"? con varios pelos, un poco más largos, en la comisura de los labios; unos ojillos almendrados o avellanados, no recuerdo bien, -"cáchis" con la…-, pero sí que eran pequeños, y que veían muy bien, ¿cómo no, si tenían que ver por las dos?; la frente estrecha surcada de arrugas, - que parecía un trozo de pana gruesa pegado-, y ¡ggff! una berruga del tamaño de un garbanzo, -esto sí lo supe en el acto pues en casa se comía cocido todos los días y yo había aprendido a limpiarlos incluso, así que como para no conocerlos; y tapando todo esto, más unas orejas que a mí se me hacían muy grandes, -sería por aquello de "para oírte mejoooor"-, una melena lánguida, grisácea, colgante y despreocupada, o desatendida, separada en el centro por una línea que parecía trazada por alguien con un pulso incapaz de enhebrar una aguja. Cuando más me asombré fue cuando la vi masticar el agua, sí, sí, masticar, pero ¿cómo si no tenía dientes?, más tarde mi madre me dijo que sería por eso por no tener dientes, Yo, me quedé (¿?).
Pasaban huevos por agua en un cazo que ponían en la estufa de clase y haciéndoles un agujero mojaban pan o los sorbían, -esto lo veía por primera vez- y ¡CLARO, DATE! ya sabía de donde provenían las "lámparas amarillas y blancas, por lo menos, las otras, sobre todo las de las medias y los zapatos lo supe más tarde.