EN ESPAÑA SOBRA ORO Y FALTAN TEJAS...

EN ESPAÑA SOBRA ORO Y FALTAN TEJAS
Estando las obras del impresionante monasterio de El Escorial en marcha, Felipe II se acercaba hasta allí de vez en cuando, en aquel tiempo era un viejecito, para revisar y “dirigir” la marcha de aquella extraordinaria y ambiciosa obra que se pensó como una conmemoración de la batalla de San Quintín en la que los franceses fueron derrotados por las tropas españolas. Esto hacía que Felipe II disfrutara tanto de aquel edificio desde antes de que existiera.
En uno de estos viajes le acompañó el embajador francés, no sé si por voluntad propia, o porque su cargo le obligaba el propio rey español. El caso es que estando allí arriba, en la sierra madrileña, el embajador comentó ante la gran cantidad de tejas que se acumulaban al pie de la obra para ser colocadas: “Mucho me temo, señor, que para coronar vuestra obra sobren tejas y falte oro”. Sin duda un comentario con cierta mala intención, dada la pésima situación de las arcas del Imperio Español. Pero hacer este tipo de apuntes delante de un personaje como Felipe II, que estaba rebosante de poder hasta la coronilla, no podía ser aceptado sin ningunas consecuencias.
Felipe II no replicó en el momento al francés, pero ordenó que se colocasen algunas tejas de “oro” en la parte oriental del monasterio de tal forma que brillaran notablemente con el sol. Hecho esto, se volvió a llevar al embajador francés de visita, supongo que esta vez más obligado aún que la anterior, y le enseñó aquel pequeño detalle, apostillando: “Como podéis comprobar, señor embajador, sucedió al revés de lo que vos augurabais”.
Nos faltaron tejas pero nos sobró oro.
Ambos sabían que aquello no era del todo cierto, porque lo que brillaba en el tejado no eran ladrillos de oro, sino de latón,, pero el rey tenía que quedar siempre por encima de todos y de todo, de una u otra manera.
Esta es la historia y en ella se demuestra lo importantes que nosotros éramos entonces en el mundo.