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LE LLEVARON AL HOSPITAL...

LE LLEVARON AL HOSPITAL
Aquella tarde el sol empezaba a esconderse, y una ambulancia esperaba en la puerta de aquel hombre, amigo mío, sin tardar demasiado, le bajaron de su casa, y pronto le acomodaron en el interior del vehículo. La sirena de dicha ambulancia sonaba, para abrirse camino por aquel Madrid difícil en circulación. Más su presencia en el hospital, fue bastante rápida, enseguida le buscaron en Urgencias una sala para ser revisado, de sus dolores y demás asuntos. En cuestión de dos horas, se encontraba en una U, V, I, donde los cables y la mascarilla de oxigeno, le tapaban casi la cara, incluso una botella del gota a gota de suero, él podía divisar desde su posición, casi del todo sedado, y sin apenas fuerza para poder hablar, en aquellos momentos que él pensaba que se le marchaba la vida, aunque le quedaba esa esperanza, que quizá tuviera esa suerte de poder seguir vivo y con salud. Todo en aquella habitación de plásticos rodeada, con aparatos sobre las dos partes superiores, eran un conflicto para mí amigo enfermo. Aquella noche debió de ser muy dura para él, todo su futuro veía que se acababa, de vez en cuando un enfermero o enfermera, se acercaban para ver cómo aquella cantidad de relojes de control, les miraban para ver su funcionamiento. A la mañana siguiente, dos familiares suyos, pudieron verle durante diez minutos, que a él le parecieron demasiado poco, ya que apenas se dio cuenta de su presencia, durante aquel día, no dejaba de pensar donde se encontraba, y al llegar la noche, dejo a su cuerpo expandido, cómo sí le tuviera que llegar la muerte, pensaba no merece la pena estar así vivo, ni tampoco sí cada equis días, tengo que pasar por aquí, para poder sobrevivir a este calvario, Pensó sí pudiera tomarme algún medicamento, para terminar está vida, lo haría, pero no tenía fuerza ni para ponerse en pie, era un hombre sin fortaleza en aquellos momentos, y su cuerpo era cómo un muñeco en manos de los sanitarios, que hacían con él lo que les parecía o les mandaban, todo era triste y sin pocas esperanzas, intento rezar cómo de niño le enseñaron, para poder apartar de aquel lugar, todas las malas intenciones que se le cruzaban, su mente no dejaba de funcionar, aunque su cuerpo parecía de trapo, y sus instintos le llevaban a un callejón sin salida. Fueron varios días con sus noches, los que mí amigo paso, en aquel lugar del hospital, Luego días después recibió el alta, y volvió de nuevo a su hogar, donde cada noche, se le presentaba aquella dura realidad, de la U, V, I. Su cuerpo en la cama le dejaba distendido, y cada noche esperando, que la Madre Naturaleza se le llevara con ella, siempre pensando que su vida ya tenía poco sentido, el estar aquí medicinándose, y ser una persona, que no podía valerse por el mismo. Cada noche esperaba a que le llegase el final del camino, para que pudiera descansar sin trabas. No quería vivir de esa manera, y aunque su familia le animaban, él no escuchaba sus palabras, yo le visite, y me conto, sus experiencias, la verdad que es muy difícil convencer, a una persona que no quiere vivir su propia vida, y que sus escaleras son tan empinadas, que es muy duro el continuar la vida de esa manera, el me habló de la placidez y el descanso, que se siente cuando entregas tu conciencia y moral, a la Madre Naturaleza, y te confiesas con la mente a tu pasado, y quieres marcharte de este mundo sin dejar cuentas pendientes. Todas estas explicaciones eran para él, cómo un convencimiento de que existía otro mundo más razonable y humano, y que sí te daban allí un sitio, podrías estar demasiado contento. Todas aquellas palabras me dejaron confundido, no estaba loco mí amigo, ni tampoco deliraba, era la misma vida, la que le había puesto en un desfiladero sin salida, y así sucedió, días más tarde fallecía en su propia cama. Ojala haya logrado su paraíso.
G X Cantalapiedra.