Hacemos un cuento?

los invitados admiraban la suculencia y variedad de los manjares preparados para la ocasión, la suntuosa decoración de la mesa destinada al banquete, los preciosos y coloridos tapices colgados con sus reflejos marinos que iluminaban las salas. Al pisar las alfombras se sentía una suavidad y esponjosidad increíble. Parecía que les habían transportado a un mundo imaginario donde todo era lujo, brillos y suavidad. Como si aquello hubiera salido de un cuento como este que os estoy contando ahora. Irrealidad absoluta.

El emperador iba espléndidamente vestido pero tuvo que volver a pagar por lo que ya había sido suyo por no haber atendido a una simple hoja de instrucciones.

Sin embargo, al paje le vino de fábula porque su vida cambió por completo. Justo al acabar la cena le fue propuesto un cargo en el palacio cosa que el paje rechazó porque lo que hacía le gustaba, ganaba lo suficiente para vivir y se sentía bien consigo mismo, que era lo mejor de todo. Encima ya conocía de sobra la estupidez de los mandatarios por lo que les dijo amablemente, "No, gracias."
El paje dejó el palacio Real, donde reinaba la estupidez y la ambición. Se dedicó con empeño en la empresa en que había embarcado junto con el científico y llegó el día en que tuvieron un desfile de sus ropas y atuendos en el Palacio Real.
La gente estaba impresionada y todo el mundo quería trajes tan espectaculares como los que se exhibían. Al paje, vestido con dignidad y elegancia no le reconocieron pues además en él, el influjo de la ropa le repercutió en su personalidad, en su estado de ánimo, y se daba unos aires de gran señorío. Nadie podía pensar que era la misma persona que estavo al cuidado del emperador y a sus desplantes diarios.

Los vestidos tenían dos versiones, unos para gente adinerada, con los que hacían verdadero negocio; y otros, para la gente común que empezó a coger mucha fama por lo bien que iban vestidos. Tanto que venían de otras ciudades a comprar sus ropajes.
Con el tiempo también fueron llamados a otras ciudades a instalar fábricas de características similares pero sin perder sus patentes.

La corte también decidió cambiar las alfombras y los tapices con esos mismos tejidos tan sorprendentes ya que el negocio los había enriquecido a todos.
Cuando ya tuvieron listos los trajes que habían encargado el emperador tuvo a gala invitar a su corte a una gran cena con muchos invitados.
Al llegar allí...
El segundo mandatario lucía su blusón, dado que éste era invisible a los ojos de la gente, pero a el le proporcionaba un bienestar, que guardaba celosamente.
Un día llegaron rumores a la Corte; qué el primer mandatario, se había a poderado ilegalmente de unos restos de tejidos, pertenecientes al Rey. También se rumoreaba que una empresa de dudosa identidad había fabricado unos tejidos similares a los utilizados por él rey,
Todos en la Corte, quisieron participar en la compra de tan esplendidas telas.
El Rey, siendo ajeno a lo que se hacia en el reino, quiso dar una cena de gala, para lucir sus vestiduras. Pero lo que él no sabía era qué todos sus súbditos irían vestidos con tan esplendidos tejidos....
Además el paje era el único que tenía la hoja de instrucciones, que bien pudo aprender el emperador, pero lo rechazó.
Así, el científico pudo tener un mejor conocimiento de la tela, sabiendo cual era funcionamiento, sus características, lo que se podría hacer con ella y lo que era especialmente perjudicial para la tela.
Era primordial tener unos trajes que te protegieran de los peligros, en vez de provocarlos, y estar expuestos a sufrir percances innecesarios.
Una vez que tuvo los estudios necesarios ... (ver texto completo)
La tela del emperador tenía una característica especial que él mismo no quiso saber. Era transparente pero contenía unos preciosos reflejos que simulaban los rayos del sol sobre los mares. Lo que pasa es que quien se ciñera esos ropajes realmente iba desnudo. Pues este tejido estaba ideado para llevar otro vestido debajo pero de una tela que todavía no había sido descubierta.

Si era el rey quien se lo ponía, la gente jamás le diría el fallo de la tela. Iría desnudo y la hipocresía de sus allegados permitirían silenciar lo evidente.

Él científico estudió el percal a conciencia y dio con la solución acertada.
Tiñó las telas especiales del rey de unos preciosos colores. Químicamente tenían que ser también especiales, y tras muchos ensayos dio con los elementos apropiados para realzar la belleza de la tela de mil y un reflejos marinos.
Tanto el paje como el científico quedaron entusiasmados por el maravilloso descubrimiento que acababan de realizar.

Lo más fácil fue encontrar financiación para su invento, y muchas personas adineradas vieron el negocio redondo que redoblaría sus capitales.
Además el paje era el único que tenía la hoja de instrucciones, que bien pudo aprender el emperador, pero lo rechazó.
Así, el científico pudo tener un mejor conocimiento de la tela, sabiendo cual era funcionamiento, sus características, lo que se podría hacer con ella y lo que era especialmente perjudicial para la tela.
Era primordial tener unos trajes que te protegieran de los peligros, en vez de provocarlos, y estar expuestos a sufrir percances innecesarios.
Una vez que tuvo los estudios necesarios creyeron conveniente darle una rentabilidad y crearon su propia industria textil en la que emplearon a mucha gente.
En el reino había un cientifico, que investigaba todo lo que le daban, el paje le llevó un resto de la tela, del traje del Rey, y el blusón del segundo mandatario.
El paje que fué quién trajo de oriente las telas, era el único que sabía el poder del tejido. Quiso darles una lección a todos, y así con la ayuda del cientifico pudo fabricar nuevos tejidos con tan especial tela...
Justo era lo que había querido explicarle su paje, pero no le dejó.
El manual de instrucciones decía que "El hábito no hace al monje". Que el traje no le iba a aportar nada que no tuviera el mismo.
Solo que nunca se enteraría porque tenía una corte de aduladores que le festejaban continuamente mientras se burlaban a sus espaldas y se aprovechaban de todas sus riquezas con verdadera desvergüenza.
El segundo mandatario del reino era quien usurpaba el poder del rey y quien mandaba realmente.
Y la culpa de todo aquel desguisado era de él mismo por despreciar y apartar de su lado a quien realmente le quería, le aconsejaba con sabiduría y sentido común.
Porque este emperador, de sentido común andaba muy mermado. Se pavoneaba de su excelencia envuelta en halagos improcedentes que se creía a pies juntillos porque quería, pero no era así en absoluto.
Y mientras vivía el engaño de su vida, otros disfrutaban de sus propiedades plenamente, en incluso de sus afectos mas queridos. Y él no se enteraba de nada en medio de si anodina vida.
Lo que ignoraba el rey es que la tela no era de uso exclusivo, un trozo había quedado en poder del segundo mandatario del reino, que apresuró a confeccionarse un hermoso blusón, con el que hacía las delicias de las damas, unido a su innegable encanto personal... encanto que el rey no tenía a pesar de sus caros y vistosos ropajes.....
Justo era lo que había querido explicarle su paje, pero no le dejó.
El manual de instrucciones decía que "El hábito no hace al monje". Que el traje no le iba a aportar nada que no tuviera el mismo.
Solo que nunca se enteraría porque tenía una corte de aduladores que le festejaban continuamente mientras se burlaban a sus espaldas y se aprovechaban de todas sus riquezas con verdadera desvergüenza.
El segundo mandatario del reino era quien usurpaba el poder del rey y quien mandaba realmente.
Lo que ignoraba el rey es que la tela no era de uso exclusivo, un trozo había quedado en poder del segundo mandatario del reino, que apresuró a confeccionarse un hermoso blusón, con el que hacía las delicias de las damas, unido a su innegable encanto personal... encanto que el rey no tenía a pesar de sus caros y vistosos ropajes.....
¿Pero qué se habrá creído, que un traje le va a solucionar sus problemas? Estos emperadores... deberían saber tantas cosas acerca de los nuevos trajes y de los nuevos percales inteligentes.
Pero le dejaré sin su "hoja de instrucciones o manual" para el uso del atuendo. Él lo ha querido así.

No sabe que los trajes son en realidad como electrodomésticos, televisores, ordenadores, cadenas musicales... Con garantía en caso que no funcionen, que no cumplan los requisitos mínimos de satisfacción de acuerdo con los tiempos que corren.
Pero mira si serán modernos los nuevos tiempos que hasta mis pensamientos están en antena, cuanto mas no va estar un mandatario, que no está al loro porque no quiere, no porque no haya querido ponerle en sobre aviso. Él se lo pierde, pues. Ahora dirán que soy mañico, pues que digan lo que quieran que paso de quien lo diga, pues.
¡QUÉ FANTÁSTICO TRAJE!

Había un barullo en la corte real por la nueva tela traída del Oriente. Era una tela especial, transparente y de una realeza asombrosa. Nada más y nada menos dejaba reflejar el fondo humano, una vez que se ciñera su percal sobre el cuerpo.
El modelo debía ser exclusivo y nadie mas que el propio emperador podría disfrutarlo.
-Majestad, si me permite tendría que hacerle una aclaración.

-No ahora no. Que no tengo tiempo ni paciencia para ver mi nuevo atuendo festivo.
-Pero majestad, es que...

-A ver que venga el paje con el traje que estoy impaciente porque me digáis cómo me sienta.

-Pero es que alteza, el traje...

El emperador cerró la puerta y le dejó con las palabras para él mismo y sus propios pensamientos.
¡QUÉ FANTÁSTICO TRAJE!

Había un barullo en la corte real por la nueva tela traída del Oriente. Era una tela especial, transparente y de una realeza asombrosa. Nada más y nada menos dejaba reflejar el fondo humano, una vez que se ciñera su percal sobre el cuerpo.
El modelo debía ser exclusivo y nadie mas que el propio emperador podría disfrutarlo.
-Majestad, si me permite tendría que hacerle una aclaración.

-No ahora no. Que no tengo tiempo ni paciencia para ver mi nuevo atuendo festivo.
Pues fijaos que no me acordaba que yo misma lo había finalizado. Así que lo empiezo en un momento.
Ortiga, tu misma has desencadenado todo lo que a continuación de voy a decir. Por ser tan egoísta la verdad es que ya no vas a tener mas criada. Celinda lo ha sabido todo y no ha parado hasta dar con el paradero de sus verdaderos padres. Ahora está pasando las vacaciones de Semana Santa con ellos y no volverá a poner los pies en tu casa. Tómatelo con calma y no te lleves mal rato ni nos lo hagas pasar a todos porque esta vez nada podrás contra la resolución de la niña. Tu lo has querido así y por eso todo se te vuelve ahora en tu contra. Acepta la decisión de la que nunca trataste como hija, humillándola en cuanto podías.
Ella lo ha puesto todo en conocimiento de las autoridades y no podrás verla porque ella así lo ha decidido.
Yo seguiré costeándole los estudios como hasta ahora y la veré siempre que quiera. Ella, cree que la decisión de llevarla a un internado fue lo más acertado de todo lo que tramaste contra ella y gracias a eso descubrió su verdadera identidad.
Doña Ortiga no daba crédito a lo que estaba oyendo. Estaba tan acelerada que le dio un soponcio pero cuando se recobró el conocimiento, Celia le dijo:
-Adiós y por favor no nos molestes porque nada podrás hacer. Y limpia un poco la casa que esto parece una pocilga.
Celia se montó en el taxi y se fue para siempre de aquel lugar.

FIN
Celinda, estaba muy feliz, junto a sus verdaderos padres, y estos estaban igualmente de felices, al poder estar con su hija.
Entonces los padres de Celinda, le contaron la verdadera historia del cuento.
La Sra. Ortiga, la raptó de pequeña, y prometió que la mataría si iban a buscarla, y a cambio, si la dejaban con ella, la niña podría tener contacto con su tía abuela Celia, acambio de costear todos los gastos.
Los padres querían tanto a su hijita, que accedieron al chantaje, de la Sra. Ortiga. Era tanto lo que la querian, que prefirieron vivir sin el amor de du hija; pero lo preferían así, y saber que su hija estaba viva.
La abuelita Celia, recibío una carta de su sobrino, donde se lo explicaba todo, y cuando llegó a su casa, la sra. Ortiga, a pedirle, que la niña volviera del internado, la abuelita le dijo...