En efecto, una de ellas pasó la carretera de lado a...

Miguel del Pino.

Lo que no debes hacer si te cruzas con una víbora.

En España hay tres especies de víboras, todas ellas son venenosas, pero ninguna de ellas podría matar a un hombre.

2018-09-09.

Hay tres especies y seis subespecies de víboras en la Península Ibérica. Su mala fama puede justificarse ya que todas ellas son venenosas, pero en la realidad hay que temerlas muy poco.

Nuestras tres víboras ibéricas están protegidas por ley, por lo que debemos dejarlas en paz en el improbable caso de que nos tropecemos con un ejemplar de cualquiera de sus especies: las víboras no atacan al hombre y los escasísimos accidentes que se les pueden achacar realmente se deben a la desgracia de haberlas pisado o sorprendido al levantar una piedra.

Ninguna víbora persigue a un ser humano ni a nuestras mascotas: son reptiles de vida perezosa que se alimentan sólo unas cuantas veces al año y que pasan buena parte del día tomando el sol para activar su metabolismo sin meterse con nadie que no pertenezca a la corte de sus pequeñas presas, formadas en general por roedores.

Por añadidura; si se produce una mordedura accidental, ninguna de las tres especies de víboras ibéricas tiene una ponzoña suficientemente tóxica como para matar a una persona, y hay un margen de tiempo de varias horas para acudir al médico o al menos a una farmacia, aunque la mordedura se produzca en el medio rural y lejos de una población.

"Si te pica un alicante busca un cura que te cante"
Este dicho, muy popular en Extremadura, y otros similares repartidos por toda la geografía española, contribuye a alimentar las leyendas del supuesto peligro mortal de nuestras víboras. "Alicante" es el nombre común que se adjudica a una de nuestras especies, la Vipera latastei, repartida por el centro y sur de España, y que es precisamente la menos venenosa de ellas.

Digamos que las víboras no "pican", sino muerden: lo hacen con dos colmillos acanalados que se encuentran en posición delantera en la cavidad bucal y que conectan con las glándulas venenosas, que no son sino glándulas salivares modificadas.

Por la posición adelantada de los dientes venenosos estos ofidios se denominan proteroglifos, es decir, con colmillos ponzoñosos delanteros. Otras serpientes ibéricas, como la gran culebra bastarda Malpolon monpessulanum también tienen veneno, pero no presentan mordedura peligrosa al ser inoculado con los dientes traseros (son llamados ofidios opistoglifos), e inyectan a la presa en el momento en que pasa por la faringe al ser engullida.

Las serpientes venenosas causan al año varios millones de víctimas entre la población humana de los países tropicales, en los que viven las especies verdaderamente letales. Tenemos suerte de que las especies de nuestra latitud mediterránea, y en concreto las ibéricas, no posean ponzoñas tan peligrosas, a pesar de los dichos y refranes como el que encabeza estos párrafos.

Repaso a la sistemática
Las tres especies de víboras ibéricas son las siguientes:

Víbora cantábrica. (Vipera seoanei). Como su nombre indica se distribuye por la Cornisa Cantábrica española, mide de cincuenta a sesenta centímetros y es muy moderadamente agresiva.

Víbora Áspid. (Vipera aspis). Se encuentra en la zona pirenaica desde donde se extiende a Cataluña, La Rioja, Álava y Norte de Castilla y León. Es la más venenosa de las tres y también la de mayor tamaño.

Víbora de Lataste ("Alicante"). Se extiende por todo el Centro y Sur de la Península. Es característico su "hocico", labio superior levantado. Que justifica su denominación común de "Víbora hocicuda". Es la especie menos venenosa a pesar de su mala fama.

Cómo reconocer una verdadera víbora
Todas las serpientes ibéricas que no pertenezcan a una de estas tres especies son culebras, y todas son inofensivas, aunque algunas puedan producir molestas mordeduras, como las culebra de escalera (Elaphe escalaris), muy agresivas aunque afortunadamente no tienen veneno.

Al describir los rasgos que diferencian a las víboras de las inofensivas culebras hay que ser extremadamente prudente ya que algunos de los signos empleados de manera clásica en tales descripciones pueden ser muy variables de unas poblaciones a otras: el famoso dibujo en zigzag de la parte dorsal suele estar emborronado en algunos individuos melánicos, que se presentan pardos o negros sin apenas diseño. El áspid es la especie con mayor variabilidad de color.

La pupila es mejor signo distintivo: en las víboras es vertical ("de gato") mientras en las culebras es redonda, pero no conviene fijarse demasiado en estos detalles cuando encontremos una serpiente, antes bien hay que evitar tocarla o aproximarse demasiado.

Qué hacer en un encuentro con una víbora
La primera regla es no caer en el pánico: la víbora no nos va a perseguir ni a atacar si la dejamos tranquila y nos alejamos lentamente sin perderla de vista. Si una posible víbora ha entrado en nuestro jardín lo mejor será avisar a la Policía sin perder la tranquilidad.

Precauciones elementales que ya hemos indicado al tratar sobre otros animales ponzoñosos, como los escorpiones, son tan sencillas como no caminar por el monte sin calzado protector adecuado, no levantar piedras con la mano ni acostarse bruscamente en el suelo sin comprobar que éste se encuentra despejado.

Existen sueros antiofidio que pueden aliviar los efectos de una mordedura cuando la persona afectada acude a un centro médico. No es recomendable tratar de succionar el veneno, dejemos estas cosas para las películas de Tarzán, si se nos permite la broma en un tema tan serio. A lo sumo un torniquete no muy apretado puede retrasar la difusión de la ponzoña mientras acudimos al médico.

Hagamos una excepción importante: cualquier tipo de ponzoña animal puede ser muy peligrosa si afecta a personas alérgicas, pero no por ello hay que caer en el pánico cuando alguien es mordido por una víbora. Si se trata de un compañero de excursión vamos a tranquilizarlo y a acompañarlo al centro asistencial, evitando que haga esfuerzos y procurando que no se enfríe

Aunque parezca paradójico, digamos que es lamentable que muchas poblaciones de víboras estén desapareciendo en los últimos años: los atropellos en carretera tienen buena parte de culpa de esta decadencia que beneficia a los roedores, sus verdaderas presas habituales.

Nuestras víboras ibéricas tienen parientes mucho más peligrosos en otras latitudes, como las famosas serpientes de cascabel americanas. La familia de los Vipéridos cuenta con dos subfamilias, los Viperinos, que incluye a nuestras especies y los Crotalinos, a la que pertenecen las serpientes de cascabel, éstas felizmente muy lejanas.

Miguel del Pino Luengo es biólogo y catedrático de Ciencias Naturales.

TRIANA. Un buen artículo donde puedes sacar buenas conclusiones que resumidas, muy bien por el autor, deja pasar las víboras, culebras, no te metas con ellas. He visto muchas víboras y dos de ellas eran negras. Una en Cangas del Narcea y la otra en la provincia de Alicante.

Ángel, efectivamente el artículo deja claro que hay que dejarla tranquilitas, no tocarlas y pasar de ellas, con un poco de cuidado que tengamos la sangre no llegará al río.

En efecto, una de ellas pasó la carretera de lado a lado, a 3 metros de donde estábamos. Nos paramos, pasó y hasta hoy.