DESDE MI ATALYA...

DESDE MI ATALYA
Los que somos muy mayores vemos las cosas de forma distinta a los más jóvenes porque nuestra experiencia de vida hace que las veamos desde un prisma mas lejano, más primitivo, y eso da muchos más matices y más argumentos a nuestra apreciación.
Recuerdo yo mis primeros contactos con la telefonía, eran los años 1950 y mi padre, como teníamos un negocio, puso el teléfono. Era el número 20 de Fuensanta y carecía de números, tenía una manivela que tenias que accionar cada vez que quisieras llamar por teléfono. Esto te ponía en contacto con la CENTRALITA y en ella una operadora te ponía en contacto con el número con el que querías hablar.
La centralita que estaba instalada en la calle Príncipe Felipe, a la altura de lo que es hoy la Caja Rural, estaba regentada por Dolorcícas, que era la madre de África, Engelíllo y de Marcial, y en ella había un panel con un montón de agujeros e igual número de cables y clavijas que eran los que la operadora de turno utilizaba para conectar tu teléfono con el número que tú querías hablar.
Recuerdo que Dolorcicas era una mujer mayor, muy delgada, y con una voz muy timbrada y muy característica, que salía siempre de forma lenta y pausada a recoger la llamada desde el interior de su vivienda donde ella compaginaba su puesto de operadora con las labores de su casa y la atención de sus hijos..
Después a los teléfonos le incorporaron un disco numerado del 0 al 9 y esto hacía que tú pudieras marcar directamente el número que, querías haciendo girar aquel disco con el dedo, y posteriormente el disco se sustituyó por un pequeño panel con los números fijos que tu ibas pulsando para llamar.
Aquí fue cuando ya desaparecieron las centralitas porque ya no se necesitaban intermediarios para poder hablar por teléfono.
Esto era hace unos 60 años y como se lo explico yo esto a mis nietos que algunos ya tienen su móvil en el bolsillo, que no solo pueden hablar directamente con quien quieran sino que tienen juegos, radio, televisión, fotos, vídeos, internet, calculadora, linterna, y hasta un GPS que les permiten ir a cualquier sitio de la ciudad, bien andando o en coche indicándole todo el camino que deben seguir.
Otra cosa que también ha cambiado y mucho es la forma y el tamaño de los teléfonos entonces eran unos armatostes muy gruesos y pesados pendían de un cable y que nunca se podían desconectar, después se inventaron los inalámbricos y por último el móvil.
Ahora son diminutos, planos y muy finos, de todo tipo de colores, con sonidos que van desde un pasodoble hasta un vals, incluso van vestidos y protegidos por esas fundas multicolores que los hacen más sofisticados y más atractivos. Quién le iba a decir a Dolorcicas donde iban a llegar sus compañeros de trabajo. Pues sabéis lo que os digo que aquello no era tan perfecto y tan útil pero también temía su encanto.