Solo les ha faltado decir que la culpa de todo la tiene...

VIERNES, 04/09/2020 | ACTUALIZADA 05/09/2020 - 18:30
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No sabemos lo que durará ni lo profundo y doloroso que será. Ignoramos los meses que tardará en llegar la vacuna que permita acabar con el coronavirus y el coste sanitario, económico, social y de vidas humanas que habremos de pagar hasta que podamos dejar atrás esta pesadilla. Desconocemos si nos aguardan sucesivas oleadas de covid-19 y si estas traerán consigo nuevas curvas de fallecimientos y confinamientos o podremos afrontarlas con las herramientas de prevención que hemos incorporado a nuestras rutinas diarias.

No sabemos cómo funcionarán los colegios, si serán eficaces las fórmulas que se han anunciado o los escolares tendrán que seguir el curso desde casa y a través de una pantalla. Ignoramos si las oficinas serán seguras con las medidas sanitarias adoptadas o los rebrotes obligarán de nuevo a teletrabajar a quienes aún no hayan perdido el empleo. Desconocemos si los negocios que tuvieron que bajar la persiana hace seis meses podrán abrir o deberán permanecer cerrados, y si el sistema de salud aguantará un nuevo envite del virus o volveremos a la situación de la pasada primavera. ¿Cuándo retomaremos ese proyecto profesional que tuvimos que dejar en suspenso por la pandemia? ¿Cuándo podremos ir por la calle sin mascarilla ni miedo? No sabemos. A ciencia cierta, nadie sabe.

Sensación de inseguridad extrema
En el arranque del nuevo curso, el horizonte se presenta tan plagado de incógnitas que resulta imposible encontrar un ámbito de la vida donde no reine la incertidumbre. Esta palabra ya venía siendo un rasgo identitario de nuestro tiempo, regido por patrones laborales, familiares y personales mucho más inciertos que los de generaciones anteriores, pero la crisis del coronavirus ha elevado esa sensación de vulnerabilidad hasta cotas nunca vistas en el último siglo, pues capilariza todos los estratos de la sociedad y afecta a todas las facetas de la vida.

La crisis del covid ha elevado la sensación de vulnerabilidad hasta cotas nunca vistas en el último siglo
Sometidos a la inseguridad más extrema, se echa más en falta que nunca poder contar con un puñado de certezas a las que agarrarse, pero el covid ha mandado a la papelera todos los protocolos que conocíamos para la gestión de escenarios inciertos. En estas condiciones, el estudio de la condición humana y de los grupos sociales debería servir para identificar claves que permitan abordar, o al menos a conllevar, este tiempo complejo que nos aguarda hasta el hallazgo de la vacuna. De la filosofía, la psicología, la sociología, la economía y el pensamiento político se demandan pistas para encarar los meses venideros y vislumbrar las consecuencias que acarreará esta experiencia. ¿Vivir tanto tiempo sin la referencia de un futuro cierto nos va a cambiar como sociedad?

Fecha de caducidad
No hay nada que agudice más una sensación de desasosiego que no saber cuándo acabará, pero el coronavirus viaja por el mundo portando una buena noticia en su interior: tiene fecha de caducidad, aunque hoy no la conozcamos. He aquí la primera certidumbre en esta niebla de incertidumbre, la que ofrece la memoria de todas las plagas padecidas por la Humanidad a lo largo de la historia. “Sin embargo, el primer error que suelen cometer las personas expuestas a cuadros de estrés prolongado es pensar que esa pesadilla es para siempre. Esto activa una cadena de trampas mentales que paralizan e impiden gestionar cualquier situación”, advierte la psicóloga Laura Rojas Marcos.

"Pensar que la pesadilla es para siempre activa trampas mentales que impiden gestionar las situaciones", afirma la psicóloga Laura Rojas Marcos
Toca, pues, repetirnos cada mañana que todo esto pasará algún día, aunque hoy ignoremos la fecha. Solo así será posible hacer frente al tiempo que falta hasta que llegue ese ese momento, un tiempo especial, confuso y extraño, en el que tendremos que vivir de forma diferente a como vivíamos en el pasado y deberemos decir no, al menos de momento, a muchos de los planes que nos habíamos trazado.

Estrategias
Y es aquí donde suele brotar la otra gran fuente de sufrimiento que conlleva la incertidumbre. “El covid nos está obligando a todos a hacer renuncios, pero esto solo lo afrontan bien quienes están entrenados en tolerar la frustración”, señala la psicóloga, que se atreve con una recomendación de orden práctico: “Hagamos el esfuerzo de distinguir lo que hay de necesario en nuestras vidas de lo que no lo es y anotemos todo lo que tenemos: el dinero del que disponemos, el trabajo que podemos hacer, las personas con las que contamos... Esos son los recursos que nos permitirán montar una estrategia para encarar este tiempo incierto que tenemos por delante”.

Solo les ha faltado decir que la culpa de todo la tiene la DERECHA, ¡anda, anímate y dilo tú!