No lo tengo, ni sé quién lo tiene, creo que nadíe....

Amigos del Foro: Como os veo un tanto dubitativos y no acertáis a darme una fórmula breve y concisa-más allá de cualquier descalificación- para reconocer a los fachos y a su supuesto fascismo, he estado revolviendo viejos papelotes y encontré esto de nadie menos que D. Miguel de Unamuno que os copio para vuestra información y solaz.:

"Pasa por la plaza una muchachita acompañada de un familiar, cuando un zángano mocetón se divierte en hacerle una mamola. El familir se vuelve a reprenderlo, el mocetón se insolenta, el otro arrecia en la reprensión. Y entonces, ante el grupo que se arremolina ¿qué se le ocurre al zángano? pues ponerse a gritar "fascista, fascista". Y con eso basta para que el reprensor tenga que escabullirse, no fuera que le aporreen lo bárbaros"

Tengo para mí que muchas de las veces que a alguien se le cuelga el sambenito de "fascista"es que le pasó algo parecido al personaje de la historia unamunesca
Es que todas l pasiones ciegan, pero la pasion política encima, hace sordo e impide escuchar al otro. Hasta la próxima. Baldomero Sánchez Villar.

P. S.: eserpo qu valoreis mi esfuerzo para escribiros en el castellano de allá, y no digo "esapñol" porque tambin son españoles el catalan, el gallego, el euskara y hasta "la mia llengua cantabra". Vale
Y hast "la mia llengua cántabra". Vale.

UNAMUNO Y LOS FASCISTAS

El día de la Fiesta de la Raza, en 1936, se celebró una gran ceremonia en el paraninfo de la Universidad de Salamanca. Estaba presente el obispo de Salamanca, se encontraba allí el gobernador civil, Asistía la señora de Franco. Y también el general Millán Astray. En la presidencia estaba Unamuno, rector de la Universidad. Después de las formalidades iniciales, Millán Astray atacó violentamente a Cataluña y a las provincias vascas, describiéndolas como “cánceres en el cuerpo de la nación. El fascismo, que es el sanador de España, sabrá como exterminarlas, cortando en la carne viva, como un decidido cirujano libre de falsos sentimentalismos”. Desde el fondo del paraninfo, una voz gritó el lema de Millán Astray: “Viva la muerte”. Millán Astray dio a continuación los habituales gritos excitadores del pueblo: “ ¡España!”, gritó. Automáticamente, cierto número de personas contestaron: “Una “. “ ¡España!”, volvió a gritar Millán Astray. “ ¡Grande!”, replicó su auditorio, todavía algo remiso. Y al grito final de “ ¡España!” de Millán Astray, contestaron sus seguidores “ ¡Libre!”. Algunos falangistas, con sus camisas azules, saludaron con el saludo fascista al inevitable retrato sepia de Franco que colgaba de la pared sobre la silla presidencial. Todos los ojos estaban fijos en Unamuno, que se levantó lentamente y dijo: “Estáis esperando mis palabras. Me conocéis bien, y sabéis que soy incapaz de permanecer en silencio. A veces, quedarse callado equivale a mentir. Porque el silencio puede ser interpretado como aquiescencia. Quiero hacer algunos comentarios al discurso – por llamarlo de algún modo – del general Millán Astray que se encuentra entre nosotros. Dejaré de lado la ofensa personal que supone su repentina explosión contra vascos y catalanes. Yo mismo, como sabéis, nací en Bilbao. El obispo – y aquí Unamuno señaló al tembloroso prelado que se encontraba a su lado – lo quiera o no lo quiera, es catalán, nacido en Barcelona”. Se detuvo. En la sala se había extendido un temeroso silencio. Jamás se había pronunciado discurso similar en la España nacionalista. ¿Qué iría a decir a continuación el rector? “Pero ahora – continuó Unanumo – acabo de oír el necrófilo e insensato grito, “Viva la muerte”. Y yo, que he pasado mi vida componiendo paradojas que excitaban la ira de algunos que no las comprendían, he de deciros, como experto en la materia, que esta ridícula paradoja me parece repelente. El general Millán Astray es un inválido. No es preciso que digamos esto con un tono más bajo. Es un inválido de guerra. También lo fue Cervantes. Pero desgraciadamente en España hay actualmente demasiados mutilados. Y, si Dios no nos ayuda, pronto habrá muchísimos más. Me atormenta el pensar que el general Millán Astray pudiera dictar las normas de la psicología de la masa. Un mutilado que carezca de la grandeza espiritual de Cervantes, es de esperar que encuentre un terrible alivio viendo como se multiplican los mutilados a su alrededor.” En este momento, Millán Astray no se pudo detener por más tiempo, y gritó: “ ¡Abajo la inteligencia!” ¡Viva la muerte!”, clamoreado por los falangistas. Pero Unamuno continuó: “Este es el templo de la inteligencia. Y yo soy su sumo sacerdote. Estáis profanando su sagrado recinto. Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta. Pero no convenceréis. Para convencer hay que persuadir. Y para persuadir necesitaréis algo que os falta: razón y derecho en la lucha. Me parece inútil el pediros que penséis en España. He dicho.” Siguió una larga pausa. Luego con un valiente gesto, el catedrático de derecho canónico salió a un lado de Unamuno y la señora de Franco al otro. Pero esta fue la última clase de Unamuno. En adelante, el rector permaneció arrestado en su domicilio. Sin duda hubiera sido encarcelado, si los nacionalistas no hubieran temido las consecuencias de tal hecho. Unamuno moría con el corazón roto de pena el último día de 1936.”

Esto es HISTORIA REAL!

Hola Antonia;

Te escribo a través de este mensaje por si llega el aviso de respuesta.

Nos gustaría que nos dijeses como te encuentras de salud, sí te estas recuperando adecuadamente. Cuando tú te encuentres con ánimos, nos escribes unas letras. Te deseo una pronta recuperación.

saludos lú.

lu conoces el mail de antonia? Espero como tu que este ya restablecida. Salut

No lo tengo, ni sé quién lo tiene, creo que nadíe.

saludos