La Poesía


Saludos a todos los de Galleguillos. un Melgarejo.
EPIGRAMA.-

Trajes de moda y muy finos
tiene Juana la elegante,
pero nada es semejante,
al pañolón de merinos.
Gil, que celebrarlo oyó,
dijo con tono sincero:
pues, señores, el carnero
que da la lana, soy yo.
"Palomita en la playa" (recopilado por María Elena Walsh)

A la orilla del mar
canta una paloma.
Dulcemente canta,
tristemente llora,
dulcemente canta
la blanca paloma.

Se van los pichones ... (ver texto completo)
La palomita en la playa es un cuento, poema, noticia o fabula?
EL CONDE SISEBUTO

A cuatro leguas de Pinto
y a treinta de Marmolejo,
existe un castillo viejo
que edificó Chindasvinto.

Perteneció a un gran señor
algo feudal y algo bruto;
se llamaba Sisebuto,
y su esposa, Leonor,

y Cunegunda, su hermana,
y su madre, Berenguela,
y una prima de su abuela
atendía por Mariana.

Y su cuñado, Vitelio,
y Cleopatra, su tía,
y su nieta, Rosalía,
y el hijo mayor, Rogelio.

Era una noche de invierno,
noche cruda y tenebrosa,
noche sombría, espantosa,
noche atroz, noche de infierno,

noche fría, noche helada,
noche triste, noche oscura,
noche llena de amargura,
noche infausta, noche airada.

En un gótico salón
dormitaba Sisebuto,
y un lebrel seco y enjuto
roncaba en el portalón.

Con quejido lastimero
el viento fuera silbaba,
e imponente se escuchaba
el ruido del aguacero.

Cabalgando en un corcel
de color verde botella,
raudo como una centella
llega al castillo un doncel.

Empapada trae la ropa
por efecto de las aguas,
¡como no lleva paraguas
viene el pobre hecho una sopa!

Salta el foso, llega al muro,
la poterna está cerrada.
- ¡Me ha dado mico mi amada!
-exclama-. ¡Vaya un apuro!

De pronto, algo que resbala
siente sobre su cabeza,
extiende el brazo, y tropieza
¡con la cuerda de una escala!

- ¡Ah!... -dice con fiero acento.
- ¡Ah!.. -vuelve a decir gozoso.
- ¡Ah!.. -repite venturoso.
- ¡Ah!.. -otra vez, y así, hasta ciento.

Trepa que trepa que trepa,
sube que sube que sube,
en brazos cae de un querube,
la hija del conde, la Pepa.

Por Joaquín Abate Diáz
YO TENÍA UN BELLO SUEÑO
Siento un dolor en mi pecho
que no puedo descifrarlo,
es agudo y muy punzante
y nada puede calmarlo.

Viendo las calles desiertas
y los negocios cerrados,
mil preguntas sin respuestas
me tienen desorientado.

¿Hasta cuando va a durar
esta incesante agonía?
¿Cuándo vamos a mirar
la vida con alegría?

Yo no quiero ni pensar
que esto dure demasiado,
y que perdamos la fe
por estar desesperados.

Yo era feliz en un mundo
cuando el sol aún relucía,
ahora solo veo sombras
que crecen de noche y día.

Yo tenía un bello sueño
y ahora ya no tengo nada,
mis ojos están tan tristes
como una estrella apagada.

¿Quién puede vivir sin sueños?
¿Qué duende los ha robado?
tal vez la culpa fue mía
pues brillaban demasiado.

Hoy mis sueños son suspiros
llenos de melancolía,
que amargan mis largas noches
y enflaquecen mi alegría.
Protegeré con mi vida
el tesoro más preciado,
sin dejar que la esperanza
me la robe algún malvado.
Bonita fábula.
Verdad.
Del Siglo XVII
*^*^**^*^*^*^*

Tenéis, señora, en la graciosa boca
tan bella y soberana compostura,
que es de mi alma la mayor cordura
vivir por ella rematada y loca.
¡Mil veces dichosísimo quien toca
lugar tan bello y goza su dulzura!,
pues a mí la paciencia y la cordura
con sólo contemplarlo se me apoca;
y es esto en tanto extremo, que, aunque el hombre
que en una cosa honesta, santa o bella
pone la boca tiene infame nombre,
vuestra boca me obliga a apetecella...
"Palomita en la playa" (recopilado por María Elena Walsh)

A la orilla del mar
canta una paloma.
Dulcemente canta,
tristemente llora,
dulcemente canta
la blanca paloma.

Se van los pichones ... (ver texto completo)
Cuántos versos tiene
BESARSE MUJER

Besarse, mujer

Besarse, mujer,
al sol, es besarnos
en toda la vida.

Ascienden los labios
eléctricamente
vibrantes los rayos,
con todo el fulgor
de un sol entre cuatro.

Besarse a la luna,
mujer, es besarnos
en toda la muerte.

Descienden los labios
con toda la luna
pidiendo su ocaso,
gastada y helada
y en cuatro pedazos.

>>>>>>>>Hoy es el 110 aniversario del nacimiento de Miguel Hernández y la clase política recordará la efeméride, por una vez, por todo lo alto: un homenaje se celebra este viernes en el claustro del Palacio del Temple de València y contará con la asistencia del ministro de Cultura y Deporte, José Manuel Rodríguez Uribes; del president de la Generalitat Valenciana, Ximo Puig; del presidente de les Corts, Enric Morera; del alcalde de València, Joan Ribó; del presidente de la Diputación de Valencia, Toni Gaspar; y de familiares del poeta y representantes del mundo de la cultura y sociedad valenciana, que leerán algunos de sus poemas. Todo aderezado con una actuación de un cuarteto de cuerda de la Orquesta Sinfónica de la Banda Primitiva de Llíria.

Recordar al poeta oriolano más internacional… y su compromiso político republicano, que ya se deja ver en sus versos y por el murió, o mejor dicho, sentenciaron a muerte en la cárcel donde contrajo la tuberculosis fatal.

Diría que es de los pocos poetas que cuentan con una caminata que recorre su vida, obra y muerte a pie y que se celebra año tras año. Es más, cuenta con centenares de adeptos. Lo llaman la Senda del Poeta y arranca muy cerca de su casa natal en Orihuela y en tres días concluye frente a su tumba, en el cementerio de Alicante. Este año, la pandemia ha obligado a cancelarla por primera vez.

Este 2020 se ha hablado -y mucho- de Miguel Hernández, en febrero, por unos versos suyos que iban a dar significado a la figura de unos robles de bronce, con las raíces arrancadas, en el memorial del Cementerio de La Almudena para las víctimas de la represión franquista: “ (…) porque soy como el árbol talado, que retoño: porque aún tengo la vida”.

El equipo de gobierno de José Luis Martínez-Almeida (PP) decidió que acabara siendo un espacio “resignificado” para homenajear a “todos”. Como si tras la Guerra Civil, en ese breve periodo de 36 años, hubieran sido todos los represaliados por el gobierno franquista.

Aún hay más. Con esos versos de Miguel Hernández que, de momento, no avivarán la memoria, también se ha intentado tergiversar el recuerdo del poeta de Orihuela. Almeida dijo que se estaban “equivocando” los que estaban utilizando al poeta “como ariete” y “los que quieren politizar su figura”.

No está de más recordar al alcalde de Madrid que la figura de Miguel Hernández está politizada en el momento en el que él mismo se posicionó del lado de la República española en el frente, escribiendo artículos en publicaciones como Al Ataque o La Voz del Combatiente. También participó en el Congreso de Escritores Antifascistas que se celebró en 1937 en València.

La Guerra Civil le pilló joven. Sus versos emanaban alegatos a favor de la justicia social y denuncias contra el abuso de poder y la explotación de las clases bajas, como se puede leer en Vientos del pueblo. Acabó ejerciendo de comisario político y luchó en el frente con el carnet de militante del Partido Comunista. Siempre le indignaron los manjares opulentos a los que le invitaban personajes incluso de su misma ideología, mientras la mayoría de la población intentaba sobrevivir a duras penas. Solo unos pocos detalles que muestran claramente su militancia.<<<<<<<<<<<
EL SUDOR (M. Hernández)

En el mar halla el agua su paraíso ansiado
y el sudor su horizonte, su fragor, su plumaje.
El sudor es un árbol desbordante y salado,
un voraz oleaje.

Llega desde la edad del mundo más remota
a ofrecer a la tierra su copa sacudida,
a sustentar la sed y la sal gota a gota,
a iluminar la vida.

Hijo del movimiento, primo del sol, hermano
de la lágrima, deja rodando por las eras,
del abril al octubre, del invierno al verano,
áureas enredaderas.

Cuando los campesinos van por la madrugada
a favor de la esteva removiendo el reposo,
se visten una blusa silenciosa y dorada
de sudor silencioso.

Vestidura de oro de los trabajadores,
adorno de las manos como de las pupilas.
Por la atmósfera esparce sus fecundos olores
una lluvia de axilas.

El sabor de la tierra se enriquece y madura:
caen los copos del llanto laborioso y oliente,
maná de los varones y de la agricultura,
bebida de mi frente.

Los que no habéis sudado jamás, los que andáis yertos
en el ocio sin brazos, sin música, sin poros,
no usaréis la corona de los poros abiertos
ni el poder de los toros.

Viviréis maloliendo, moriréis apagados:
la encendida hermosura reside en los talones
de los cuerpos que mueven sus miembros trabajados
como constelaciones.

Entregad al trabajo, compañeros, las frentes:
que el sudor, con su espada de sabrosos cristales,
con sus lentos diluvios, os hará transparentes,
venturosos, iguales.
NO QUISO SER. (M. Hernandez)
No quiso ser

No conoció el encuentro
del hombre y la mujer.
El amoroso vello
no pudo florecer.

Detuvo sus sentidos
negándose a saber
y descendieron diáfanos
ante el amanecer.

Vio turbio su mañana
y se quedó en su ayer.

No quiso ser.
PARA LA LIBERTAD (Miguel Hernández)

Para la libertad, sangro, lucho, pervivo.

Para la libertad, mis ojos y mis manos,
como un árbol carnal, generoso y cautivo,
doy a los cirujanos.

Para la libertad siento más corazones
que arenas en mi pecho. Dan espumas mis venas
y entro en los hospitales y entro en los algodones
como en las azucenas.

Porque donde unas cuencas vacías amanezcan,
ella pondrá dos piedras de futura mirada
y hará que nuevos brazos y nuevas piernas crezcan
en la carne talada.

Retoñarán aladas de savia sin otoño,
reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida.

Porque soy como el árbol talado, que retoño
y aún tengo la vida.
EL NIÑO YUNTERO
Carne de yugo, ha nacido
más humillado que bello,
con el cuello perseguido
por el yugo para el cuello.

Nace, como la herramienta,
a los golpes destinado,
de una tierra descontenta
y un insatisfecho arado.

Entre estiércol puro y vivo
de vacas, trae a la vida
un alma color de olivo
vieja ya y encallecida.

Empieza a vivir, y empieza
a morir de punta a punta
levantando la corteza
de su madre con la yunta.

Empieza a sentir, y siente
la vida como una guerra
y a dar fatigosamente
en los huesos de la tierra.

Contar sus años no sabe,
y ya sabe que el sudor
es una corona grave
de sal para el labrador.

Trabaja, y mientras trabaja
masculinamente serio,
se unge de lluvia y se alhaja
de carne de cementerio.

A fuerza de golpes, fuerte,
y a fuerza de sol, bruñido,
con una ambición de muerte
despedaza un pan reñido.

Cada nuevo día es
más raíz, menos criatura,
que escucha bajo sus pies
la voz de la sepultura.

Y como raíz se hunde
en la tierra lentamente
para que la tierra inunde
de paz y panes su frente.

Me duele este niño hambriento
como una grandiosa espina,
y su vivir ceniciento
revuelve mi alma de encina.

Lo veo arar los rastrojos,
y devorar un mendrugo,
y declarar con los ojos
que por qué es carne de yugo.

Me da su arado en el pecho,
y su vida en la garganta,
y sufro viendo el barbecho
tan grande bajo su planta.

¿Quién salvará a este chiquillo
menor que un grano de avena?
¿De dónde saldrá el martillo
verdugo de esta cadena?

Que salga del corazón
de los hombres jornaleros,
que antes de ser hombres son
y han sido niños yunteros.
SENTENCIA DE OÑA SOBRE CUÁL HABÍA DE BEBER.-
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Apolo aquel favor del asno mira
y la justicia del lebrel entiende,
vistos que a tantos en el asno ofende
y que el perro la razón le tira.
De sentenciar la causa se retira
y remitirla a un asesor pretende
hasta que ve que el cónclave se enciende
y que se van oyendo voces de ira.
El perro ha de beber, repiten estos:
otros al asno ayudan por el cabo
ya casi de la cólera beodos.
Apolo que los ve tan descompuestos
hablando a medias con la boca y rabo
alza la pierna y dice: ¡beban todos!