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Mensajes de Manuel Lara Lemus

Mensajes de una gran madre enviados por Manuel Lara Lemus:

Va a hacer pronto un año que se abrió este tema en el foro y es penoso comprobar que algo tan importante en nuestras vidas como nuestra madre solo ha interesado a 29 personas de las que visitamos y utilizamos esta forma de comunicarnos. Como además algunos nos repetimos hay que pensar que a unas 20 personas les interesa el tema de su madre. Si fuera de Garzón, de ZP, de Aznar, o del Madrid, otro gallo nos cantaría.
Estamos insensibilizados, puteados, cabreados, arruinados, asustados, y muchas desgracias más, pero de ninguna de ellas nuestra madre tiene la culpa, al contrario una madre siempre quiere y procura dar a sus hijos lo mejor de ella, lo mejor que pueda.
Hoy es el día de la madres, para mi el día de mi madre es todos los días del año, todos los días de mi vida, y desde aquí mando mi felicitación sincera y entrañable para todas las madres del mundo que están y tambien y en espedial para las que no están. Felicidades madre.
Manuel, ya que quieres que sé escriba a "una gran madre", yo creo que mejor ensalzar a todas esa madres de izquierdas de la posguerra, que tuvieron que sacar a sus hijos adelante con sueldos miseros que no daban para susistir con lo mas elemental. Y que decir de las que tenían sus maridos muertos o en las cárceles, tenían encima que trabajar o servir a los ganadores, esas madres son las que se merecén todo el reconocimiento, gracias a su trabajo, España fué despuntado día a día.
El colmo de la politización sería establecer que hay unas madres de izquierdas que merecen ser ensalzadas y otra que por ser de derechas no merecen tanto. Mira una madre es una madre por encima de todos los condicionamientos políticos y merece de sus hijos la máxima consideración, amor y respeto. Otra cosa muy distinta es lo que cada madre haya tenido que sufrir o que pasar para sacar adelante a sus hijos. Aquí estamos hablando de madres, no de guerras, y aquella maldita guerra que jamás debió existir, lo que hay que hacer es olvidarla, y cada uno de nosotros poner a nuestra madre en el más alto pedestal.
Qué tiene que ver el que, por la causa que sea, no se haya escrito en este hilo
con Sálvame, etc, etc...
Si somos de izquierda y nos gusta Rahola o Sopena ya hemos perdido valores?
Quiero muchísimo a mi madre, pero... posiblemente no me de la gana contarlo públicamente y sí decírselo a ella constantemente
Mire yo me alegro mucho que Vd. sea de izquierdas, opción política que me parece muy digna y muy aceptable, lo que yo criticaba del programa, y de esos contertulios, es que parece que los buenos son unos y los malos son los otros. Y aquí me refiero tanto a los de izquierdas como a los de derechas. Sobre todo lo que yo criticaba es que progaramas como estos nos aparten de cosas mucho más nobles, más dignas y más loables, como son el amor, la familia, el respeto, la tolerancia y la persona. Y si esa persona es la madre, nuestra madre, eso no tiene perdón de Dios. Hay una frase, ignoro de quien, que viene a solucionar esa pequeña discrepancia entre Vd. y yo:"Ni todos los de derechas son malos, ni todos los de izquierdas son buenos. Y después de esto pelillos a la mar amigo.
Parece mentira que un tema dedicado a la madre, en este foro, haya obtenido en 2 meses el comentario de 3 personas y un total de 8 comentarios.
Si nosotros somos incapaces de manifestar públicamnete nuestros sentimientos hacia ese ser maravilloso que es una madre, nuestra madre, la madre de cualquiera, es que yo creo que hemos perdido el rumbo y vamos totalmente a la deriva.
Eso sí nos dedicamos a ver Sálvame, en Telecinco, ese programa donde los valores que se ensalzan son: el insulto, la descalificación, el cotilleo, el enfrentamiento, la zancadilla, el airear los trapos sucios y los defectos de la gente. O la Noria donde el presentador, María Antonia, Sopena, y Pilar Raola se encargan de decirnos lo malos que son unos y lo buenos que son ellos, entonces es que lo que nos pasa es que merecemos ser hijos de nuestra madre. Creo que en este pais tenemos que empezar a recuperar los valores perdidos y sobre todo el amor a los demás, incluido ese tan maravilloso el amor a nuestra madre.
En su juventud era menuda, muy graciosa, algo atractiva, y derramaba sonrisa y alegría por todas partes, a pesar de no haber sido muy afortunada en su infancia, pues quedó huérfana con doce años. Pronto tuvo que convertirse en ama de casa para atender a su padre y a un hermano mayor que ella, que formaban el resto de la unidad familiar, pues una hermana mayor que tenia se había casado.

La suya era una casa de labor, había bestias en la cuadra, había aperos de labranza, había cabras para la leche, pollos, gallinas y conejos en el corral. Había mucho trabajo allí para una niña de 13 o 14 años, pero ella, que además era limpia como los chorros del oro, todo aquello lo sacó adelante como si fuera una mujer hecha y derecha y una ama de casa experimentada.

Tanto trabajo, tanto esfuerzo, a tan temprana edad, llegó a dañar su columna vertebral de manera que su diminuta figura empezó a perder verticalidad y fue convirtiéndose en una mujer, un poco corcovada, aun antes de sus veinte años. Pero jamás esto fue motivo para que ella dejase de trabajar, incesantemente, ni manifestase el más mínimo dolor o limitación, en su condición física.

Se casó en plena guerra civil, en aquellos difíciles momentos, su marido en el frente, tuvo que empezar a llevar por delante la casa de su padre, y la suya propia y aumentó su responsabilidad y su trabajo y esto hizo de ella una mujer totalmente entregada a su casa, sus hijos, pues tuvo dos hijo e hija, su esposo y su padre. Ella tenía una única diversión ver a sus hijos atendidos, cuidados y vestidos con esmero. Ver que a su marido y a su padre tampoco les faltase nada, y ver su casa limpia, ordenada, y dentro de su escaso nivel económico, perfectamente administrada.

En aquellos tiempos del 1940 a 1950, en mi pueblo no existían las conducciones de agua, había que ir al río o a la fuente cada vez que uno necesitaba agua, bien con cubos o con cántaros, según fuese agua para lavar o agua para beber. Para hacer el gazpacho, esta había que traerla en botijote la fuente, al mediodía, porque la de la fuente era fresquísima y entonces no existían los frigoríficos. Como no había tampoco lavadoras, nuestra buena mujer lavaba muy temprano en el río, yo diría que le amanecía muchos días en el río, pues así cuando llegaba la hora de levantar, lavar, vestir, peinar, hacer el desayuno, en la lumbre, y preparar a sus hijos para ir a la escuela, ella ya había terminado la colada..

Toda la familia, esposo hijos y padre, trataban de animarla para asistir a alguna fiesta, algún pequeño viaje, todo inútil, porque ella manifestaba que se encontraba muy a gusto en su casa además se sentía obligada a atender a su padre, pues siempre las dos familias vivieron en el domicilio del abuelo materno. Pero en verdad yo creo que a ella le pasaba es que sin darse cuenta se había aislado del resto del mundo y había fabricado su propio mundo: su familia, su casa y su hogar.

No voy a defender la postura de esta abnegada madre de los 50, como ejemplo de feminismo. Se que las madres de hoy dirán que aquella mujer sufrió un machismo

implacable pero lo que si era cierto es que la inmensa mayoría de las mujeres de aquella época, en mayor o menor grado, Vivian así, que la extrema dedicación, y particular actuación de la protagonista de esta historia era excesiva, de acuerdo, pero pregunto yo: ¿Era loable?, ¿Era plausible?, ¿Era correcto?.....

Esta madre no solo crió a sus hijos de la forma tan generosa que les cuento, crió también a sus nietos y también a algún biznieto, y con todos ellos lo hizo, con el mismo amor, con la misma entrega y con la misma bondad.

- Mamà por qué no nos haces el domingo un arroz
No te preocupes hijo que el domingo, si Dios quiere, lo tendrás. Y el domingo ella en el corral, con la lumbre de leña, pasando calor, en contra de todos los que trataban de convencerla de que el arroz también estaba bueno haciéndolo en la cocina, hacia el mejor arroz del mundo porque era un arroz hecho con fuego, sin prisa, y con mucho amor.

-Abuelita queremos “rosetas,” (palomitas de maíz). Esto en invierno a las once de la noche. No os preocupéis que ahora mismo os hago unas con sal y otras con azúcar.

Jamás esta santa Sra. Tuvo un mal gesto para sus hijos, o nietos, jamás tuvo malas palabras para los suyos, ni para nadie.

A mi me contaron algunos vecinos que en aquellos malos tiempos de la posguerra, en los años del hambre y la miseria, dentro de sus posibilidades, esta pequeña pero gran señora
alivió en más de una ocasión sus necesidades.

Ahora es muy mayor, ya no puede mover esas piernas que tanto subieron y bajaron por aquel caserón, desde el corral al granero pasando por la cuadra, la despensa, la cocinilla, el salón, la terraza, las salas la cámara. Ya no se puede mover, pero vive todavía en su casa paterna, la única casa que ha conocido en toda su vida, y tiene el cuidado y la paz que merece porque al lado de ella está su hija, que la asiste y vive con ella en su misma casa, y muy cerca también está su hijo, ambos pendientes para que nada le falte a esa madre tan maravillosa que Dios les dio.

Ahora estuvo muy malita su hijo, se quedó una noche a su lado, se acercó a ella y estaba fría, tenía un sudor frío. Él le pasaba la mano por aquella cara, casi descompuesta que tanto y tanto amor, había sabido transmitirle e inculcarle y le parecía, aún, la madre más guapa, más buena y más grande del mundo, y pidió a Dios que la dejara aquí, todavía un poquito más.

Y parece que Dios se lo concedió, porque su madre se recuperó, su madre sigue viviendo y él sigue disfrutando de su presencia.

¡Ah!, se me olvidaba decirles lo afortunado que me siento yo, porque esa mujer es mi madre. Publicado en le periódico Martos Actualidad el 15 de Agosto de 1999.
Hoy ya no esta conmigo pero yo la sigo queriendo y recordando como cuendo estab a mi lado. Es una pena comprobar que desde Enero de este año nadie ha mandado hasta hoy un mensaje a su madre. Parece que se nos ha olvidado que madres no hay más que una. M. Lara