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¿Qué es el apalancamiento financiero?

Blsa/mania.

Llegar a triplicar la inversión es posible con esta herramienta, pero ojo, también es capaz de reportar pérdidas e incluso la insolvencia.

El apalancamiento financiero no se trata de demostrar la frase de Arquímides -'dadme un punto de apoyo y moveré el mundo'- ni tampoco reventar la puerta de la empresa porque se nos han olvidado las llaves. Es una operativa muy arriesgada que consiste en pedir prestado un dinero para realizar una inversión y no es apta para particulares con aversión al riesgo.
De esta forma, el inversor utiliza el endeudamiento para financiar una operación de compra. Es decir, en vez de comprar con dinero o fondos propios se pide un crédito para financiar parte de esta operación. Tiene una ventaja muy jugosa y un dramático inconveniente. Y es que, si la operación se realiza con éxito, la rentabilidad se multiplica, pero tiene un fuerte inconveniente, que es llegar a la insolvencia.

Como ejemplo, un futuro inversor gasta 100.000 euros en acciones. Pasado un tiempo, las acciones se revalorizan y valen ahora 150.000 euros, por lo que si el dinero es de fondos propios el inversor habrá obtenido una rentabilidad del 50%.
En cambio, con el apalancamiento financiero, el inversor solo aporta como capital propio 20.000 euros y pide prestado otros 80.000 a un tipo de interés del 8%. Las acciones, pasado un tiempo, se revalorizan y valen ahora 150.000 euros. La rentabilidad ahora varía con respecto al primer caso. Ya que el propietario tiene que devolver el préstamo: 80.000 euros más 6.400 euros en intereses, un total de 86.400 euros, por lo que le queda un beneficio de 63.600 euros. No obstante, el inversor solo ha aportado 20.000 euros de fondos propios, por lo que la rentabilidad alcanza el 218%. La rentabilidad con esta operativa triplica la inversión, si esta es exitosa.

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En caso contrario, que el valor de las acciones pasado un tiempo sea de 90.000 euros en vez de los 150.000 euros anteriores. En el primer caso, que el capital sea íntegramente de fondos propios, el inversor perdería el 10% de su inversión. No obstante, calculamos la bajada con el apalancamiento es brutal, ya que solo se recuperan 90.000 (valor de las acciones) - 86.400 euros (el dinero que hay que devolver) por lo que el inversor tiene en su mano 3.600 euros, de los 20.000 que tenía en el inicio, es decir, un 82% menos. Por lo que el apalancamiento también multiplica las pérdidas. En este escenario, el inversor puede considerarse un tipo con suerte, ya que en caso de que las acciones hubieran bajado a 70.000 euros, el inversor no tendría dinero para devolver el préstamo, por lo que se declararía insolvente y se le ejecutarían los avales dados a la entidad financiera o a quien le haya prestado el dinero.
El apalancamiento utilizado en estos ejemplos es de 1:4, es decir, consigo que me presten cuatro euros por cada euro que aporte. Pese a ser una operación arriesgada para los particulares, no son pocos especuladores de Bolsa quienes utilizan este método para multiplicar las ganancias. Además, si se sabe utilizar bien, es una herramienta muy ventajosa a la hora de invertir, ya que se necesita menos capital y por tanto da más oportunidad de entrada al inversor.
Un claro ejemplo de apalancamiento masivo se dio en la crisis de 1929. Los particulares utilizaban esta herramienta de forma cotidiana porque la Bolsa nunca caía, hasta que se produjo el crash. No solo los particulares perdieron miles de millones, sino también los bancos, ya que no se les devolvía el dinero prestado.

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