Opinión, repasando columnas


El socialismo democrático ha muerto.

Sánchez se lleva al PSOE al socialismo totalitario, elúnico posible.

Hermann Tertsch.

Actualizado:

16/10/2018 03:44h.

Sánchez se lleva al PSOE al socialismo totalitario, elúnico posible

SI no fuera por la brutal amenaza que supone para la libertad, la seguridad y el bienestar de los españoles, tendría hasta cierta gracia ese fenómeno políticamente rocambolesco de un gobierno chavista en Madrid que lleva la contraria a todos y a todo lo que sucede en Europa. Que pretende utilizar estos tiempos de confusión para lanzar a dichos españoles por un túnel del tiempo y del horror hacia una febril realidad con retórica y práctica de socialismo caribeño. En la que todos los días hay que hacer culto al resentimiento y a la agitación contra las «fuerzas reaccionarias», «las derechas» y «el fascismo». No solo oímos ya todos los días mensajes que parecen de otros tiempos que se creían acabados tras la caída del muro de Berlín, que proceden unas veces de socialistas, otras veces de comunistas de Podemos, pero nunca son desautorizados. También sorprende una proliferación sin precedentes de ademanes autoritarios y obscenamente sectarios en el jefe del Gobierno como en sus ministros. Que son alarmantes en sus abiertas manifestaciones de desprecio hacia las opiniones discrepantes y hacia quienes demandan al Gobierno explicaciones por sus acciones y conductas. Demandas que, por supuesto, jamás son atendidas y mucho menos satisfechas.

Hay quienes dicen que Pedro Sánchez, aunque agrio y autoritario, no cree en monsergas revolucionarias y solo utiliza esa radicalización. Temo que la alianza de intereses es más profunda y perfecto «el maridaje» entre la ambición y falta de escrúpulos de Sánchez, las intención totalitarias de sus socios comunistas y las expectativas para golpistas separatistas. Sánchez es un regalo providencial para los enemigos de la Corona, de la Constitución y de España, y como tal lo van a tratar, aunque le repliquen o pongan condiciones.

Puede que Sánchez tenga razón. Que el PSOE tenía que dejarse arrastrar a ese proyecto personal radical. Es posible que fuera de esta radicalización el PSOE ya hubiera avanzado mucho en el proceso general europeo que condena a la socialdemocracia tradicional a la extinción. El socialismo democrático se muere. Desapareció hace mucho el PSI en Italia, el PSF vende sus locales en toda Francia y es muy posible que estemos asistiendo ya a la agonía final del padre de la socialdemocracia europea que es el partido socialdemócrata alemán, el SPD. El domingo, el SPD cayó por primera vez por debajo del 10% en un estado federado alemán. En los sondeos para toda Alemania está en el 16% y cayendo.

El partido socialdemócrata de masas ya ha desaparecido. Porque la política socialdemócrata está ya firmemente en manos del centrismo burgués y la democracia cristiana. Quienes quieren medrar o luchar por proyectos socialistas han de volver a las vías revolucionarias, que son las que se habían entregado a los comunistas, inicialmente con la creación de la III Internacional pero de forma radical y definitiva en Bad Godesberg en 1959. El socialismo democrático se hunde en la irrelevancia de todos los países donde una derecha real le presenta la batalla ideológica. Que comienza a ser en toda Europa. El fenómeno se adelantó en países con experiencias totalitarias recientes. En Polonia, la alternativa al poder conservador es liberal. En Hungría, es otra derecha. En Austria, el histórico SPÖ nunca estuvo tan lejos del poder, y en Alemania, Los Verdes y la derecha se meriendan al SPD. Así las cosas, la huida del PSOE con Sánchez al regazo ideológico del chavismo de Podemos puede no ser mero fruto de una constelación maldita de factores inducida por la determinación irresponsable y la falta de escrúpulos de un obseso de sí mismo. Sino ganas de sobrevivir, muerto el socialismo democrático, en el totalitario que, la experiencia lo confirma, siempre es capaz de renovarse.

Hermann Tertsch.

Articulista de Opinión.
Prohibido discrepar.

Eso es lo que ha venido decir Margarita, juez, para más señas.

Luis Ventoso.

Actualizado:

15/10/2018 04:24h.

Margarita Robles, de 61 años, encarna las puertas giratorias. Ora nos juzga como magistrada del Supremo, ora nos gobierna -o desgobierna- como secretaria de Estado, ministra o lo que se tercie para seguir en la palestra sin ganarlo en las urnas. Margarita vive su ideología socialista con vehemencia y acoge con ceño fruncido toda visión discrepante del progresismo obligatorio. Sus filias ideológicas son totalmente legítimas, por supuesto. Pero igual de legítimo parece el temer que quien exuda sectarismo podría resultar parcial cuando retorne al juzgado y le caiga un acusado pepero.

Comentan los sanchólogos que desde el circo de los misiles saudíes (aquellos que sabían matar correctamente, en memorable explicación de Celaá), mediaba cierto frío entre el presidente que levita y Margarita. Tal vez para congraciarse con el líder, la ministra ha salido a darlo todo en defensa de Sánchez tras su doble disgusto en la Fiesta Nacional. Como es sabido, primero fue abucheado por el público, que le demandó elecciones y llegó a llamarlo «okupa», ante el hecho cierto de que ocupa el poder tras haber sido vapuleado en dos comicios consecutivos. Sánchez respondió a los pitos a su estilo, gustándose, con paseíllo de pasarela y forzadísima sonrisa. Y de allí a Palacio, donde llegó su sonado lapsus -o no tan lapsus- de protocolo. Los Sánchez consideraron que les tocaba situarse al nivel de los Reyes... hasta que un encargado de protocolo los colocó en su lugar, recibiendo miradas láser de Sánchez y Gómez, el presidente no votado y la primera dama, cuyo afán de protagonismo contrasta con la razonable discreción de su predecesora.

Tras tan aciaga jornada en el frente narcisista, Margarita salió rauda a declarar que abuchear a su jefe supone «una falta de respeto». La frase es discutible, pero aceptable. Lo que ya resulta inadmisible es que añadió que los ciudadanos que pidieron elecciones a voces «no tienen cabida» en «una España plural y democrática». Late ahí un desagradable soniquete autoritario, y además es una sandez, pues no podría ser «plural y democrática» una España donde se privase a millones de ciudadanos que desean elecciones de la posibilidad de decírselo en alto a Sánchez. En las grandes democracias, los mandatarios asumen como parte del oficio el riesgo de los pitos. Hasta el héroe Churchill hubo de tragarse los abucheos de su pueblo cuando en 1945 acudió a las carreras caninas de Walthamston. La piel de melocotón de Margarita solo refleja un talante autoritario, que evoca el despotismo ilustrado. Sorprende que la ministra de Defensa se apreste a condenar a pacíficos ciudadanos que exigen elecciones, pero que no tenga críticas tan enérgicas para los socios separatistas de su jefe, que han censurado al Rey, que se jactan de que trabajan metódicamente para destruir España y que han prometido desoír las sentencias del Supremo sobre los golpistas.

Lo democrático, Margarita, es cumplir las promesas (y Sánchez prometió elecciones), no aliarse con los peores enemigos de nuestro país y nuestras leyes y permitir que elijamos en las urnas a nuestros gobernantes.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
La ruta del tripartito.

El acuerdo presupuestario es el embrión de un compromiso para estirar la legislatura con la ayuda del nacionalismo.

Ignacio Camacho.

Actualizado:

14/10/2018 04:09h.

Lo que han firmado esta semana el PSOE y Podemos se asemeja más a un pacto de legislatura que a un simple compromiso sobre los presupuestos. Acaso sea también, y así lo ha expresado Pablo Iglesias, el embrión de una futura coalición de Gobierno. Pero sobre todo constituye la constatación de que ambas formaciones están de acuerdo en prolongar este mandato hasta su límite de tiempo, o en todo caso hasta el otoño de 2019 cuando menos. La razón es que Iglesias pretende extender el actual statu quo hasta las elecciones de mayo en las autonomías y los ayuntamientos para obtener en ellos cuotas de poder concreto. El líder de la extrema izquierda ya ha entendido que su partido no puede ser sólo la expresión de la rabia y del descontento; necesita posiciones institucionales desde las que manejar, como los socialistas, recursos, cargos y dinero: en suma, tocar pelo. Estancado en su propósito de asaltar el cielo entero, parece conformarse pragmáticamente con la mitad o con un tercio.

Por su parte, el presidente obtiene en el trato la masa crítica que engorde sus raquíticos 85 escaños. A partir de ahora los proyectos gubernamentales parten de un bloque de 155 diputados, y de la realidad de que Podemos renuncia a su estrategia del sorpasso, o del zarpazo, obteniendo importantes parcelas de influencia a cambio. Pero la estabilidad -en el sentido matemático porque no es posible llamar estable a programa de radicalismo tan acentuado- le queda aún a 21 votos de distancia y esos están en manos del nacionalismo catalán y vasco. Al PNV no es difícil engatusarlo cebando partidas de gasto; el problema son los separatistas más hiperventilados, y en concreto los de la facción del PDECat que continúa rindiendo obediencia al prófugo de Waterloo. La prioridad de esta gente es el desafío al Estado, un asunto demasiado borrascoso incluso para el Sánchez más temerario. Ayer mismo, Torra se echó literalmente al monte -el Puigsacalm, por más señas- para simbolizar su estado de ánimo.

Así las cosas, la nueva alianza frentepopulista se ha puesto a trabajar con ERC en la construcción de un futuro doble tripartito, en España y en Cataluña, que Junqueras muñe desde una prisión convertida en centro de peregrinación de políticos. El diseño de aquella cena en Can Roures -verano de 2017- se perfila a medio plazo como una adaptación del modelo centrífugo del zapaterismo. El gran obstáculo es la causa del procés, pendiente de juicio y de unas eventuales condenas que sólo podría aliviar un indulto subrepticiamente prometido. Pero esa medida de gracia requiere como condición necesaria que la nueva liga de poder continúe en ejercicio, de manera que el tráfico de mutuos intereses cierre el círculo. Si ese quid pro quo fragua, Sánchez habrá roto el bloque constitucional de modo definitivo y celebrará el 40 aniversario de la Carta Magna aliado con sus principales enemigos.

Ignacio Camacho.

Articulista de Opinión.
Contra la Corona.

Hemos vivido el más grave ataque a la Monarquía desde su reinstauración en 1975, hecho con el tácito entendimiento del Gobierno del Reino de España.

Ramón Pérez-Maura.

Actualizado:

13/10/2018 04:02h.

Desengáñese. Lo del analfabetismo funcional del presidente en Palacio es lo de menos. Su perfidia hacia la Corona ha ido mucho más lejos esta semana, haciéndola víctima de su doble juego. Los hechos son conocidos: mientras el pasado jueves se firmaba un acuerdo entre los secretarios generales del PSOE y Podemos en el Palacio de la Moncloa que garantiza la ruina de nuestra economía, ese mismo socio de Podemos pedía en el Parlamento de Cataluña la abolición de la Monarquía. Nada menos. Es decir, arrasar con el sistema político que ha dado a España el mayor progreso y estabilidad de los últimos dos siglos, en los que hemos tenido, al menos, cuatro guerras civiles. Un sistema que se ha fundado en la concesión, la tolerancia y el respeto por la discrepancia. Pues nada, al hoyo con ello.

El Gobierno del doctor Sánchez emitió por la tarde un comunicado al respecto, más o menos contrario, en el que hablaba de la inexplicable participación en aquella iniciativa del que había sido su socio en la firma matinal del proyecto de presupuestos. Era una forma de maquillar la realidad. Podemos y su facción catalana, En Comú-Podem, no se limitó a participar en la iniciativa. Podemos la encabezó después de no haber apoyado esta misma semana una iniciativa semejante de los independentistas catalanes por razones políticas colaterales. Y a su barco se han subido ERC y PDECat. Es conmovedor que después de esa actuación de sus socios, el Gobierno haya hecho una encendida defensa genérica de las instituciones para defender en el mismo paquete, y de la forma menos explícita posible, la Monarquía. Pero no es nada creíble.

En el mismo día en que ocurría eso en Cataluña, y siguiendo la vía habitual de meter de tapadillo en una ley cosas que nada tienen que ver con lo que allí se discute, el acuerdo presupuestario entre el doctor Sánchez y el doctor Iglesias hacía una mención específica a la modificación de los artículos del Código Penal que regulan los delitos de ofensa a los sentimientos religiosos e injurias a la Corona. Es decir, da un paso en la misma dirección que buscan los socios a los que necesita para aprobar sus presupuestos y mantenerse en el poder. Porque, que no haya lugar a equívocos: a Sánchez le importa mucho más seguir él en el poder que el que la Corona siga ordenando nuestra vida constitucional. Sánchez no moverá nunca un dedo por el Rey. Si ha hecho lo que ha hecho por llegar al poder, arrasando con las formas que tanto progreso y bienestar han dado a España en los últimos cuarenta años, ¿por qué iba a permitir que el deseo de sus socios por acabar con la Monarquía fuese un impedimento para que él siga presidiendo el Gobierno? En esa línea estamos. Y acabar con los delitos de injurias a la Corona es una forma de fomentar su debilitación.

La propia naturaleza de una Monarquía constitucional y parlamentaria hace de esa institución un instrumento de poder sólo dotado de auctoritas, sin prácticamente ninguna potestas. Tiene autoridad moral, pero carece de poder ejecutivo. Cabría pensar que poder agredir verbalmente a quien encarna una institución política sin que pueda defenderse es algo que sólo haría un cobarde, porque equivale a pegar a quien tiene las manos atadas a la espalda. Pero habrá que reconocer que conviene ir dándose cuenta de con quién nos estamos jugando nuestra democracia. Ésta no es una batalla entre caballeros.

Esta semana hemos vivido el más grave ataque a la Monarquía desde su reinstauración en 1975. Y la gravedad no radica tanto en la iniciativa de partidos como Podemos o Esquerra Republicana, que también. Lo más grave es que se hace con el tácito entendimiento del Gobierno del Reino de España.

Ramón Pérez-Maura.

Articulista de Opinión.
Alianza por España.

Casado y Rivera deben sacrificar conveniencias partidistas para arrebatar el poder a los sediciosos y sus cómplices.

Isabel San Sebastián.

Actualizado:

11/10/2018 08:28h.

La situación de nuestro país ha superado con creces el umbral de la gravedad. Peligra la unidad de la nación y peligra la democracia. No exagero. La economía vuelve a mostrar síntomas que preludian recesión, lo cual debería acaparar portadas, pero las demás variables resultan tan inquietantes que hacen palidecer el déficit disparado, la nueva vuelta de tuerca fiscal, la certeza de que el sistema de pensiones no será sostenible a medio plazo y hasta las cifras de empleo menguantes. Esas pésimas noticias quedan relegadas a un segundo plano ante la certeza de que está en juego algo mucho más importante: España.

El presidente Pedro Sánchez, rehén de separatistas declarados, acumula méritos para pasar a la historia como un traidor a todo aquello que juró honrar, empezando por su patria. Llegó a la poltrona a lomos de los golpistas catalanes y ahora le faltan agallas para pararles los pies. Asiste impávido a sus abusos, pidiendo «lealtad» a las fuerzas constitucionalistas, como si la lealtad consistiera en respaldar los gestos de impotencia de un jefe de Gobierno carente de convicción y de fuerza. Cede a las exigencias de los mismos populistas a quienes descalificaba cuando competía con ellos por el electorado de extrema izquierda, hasta el punto de servir en bandeja a Pablo Iglesias la posibilidad de alardear, con fundamento, de ser el verdadero vicepresidente en la sombra. Ignora con desvergüenza al Senado, la Cámara Alta de nuestro sistema parlamentario, por miedo a las preguntas relativas a su tesis doctoral de la señorita Pepis, y se permite la chulería de aducir que «quiere prestigiar a las instituciones». Varios miembros de su Ejecutivo, empezando por él mismo, han sido pillados en mentiras flagrantes y/o asuntos turbios, aunque se agarran a la cartera como el percebe a la roca. ¿De qué modo, si no, podrían enchufar a discreción amiguetes en RTVE, Correos, Marca España y tantos otros pesebres dotados de presupuesto con el cual ir rascando votos?

Ante este estado de cosas la oposición democrática está obligada a entenderse, al menos en lo esencial: la defensa de la Carta Magna. Nuestra ley electoral prima descaradamente a los partidos nacionalistas, devenidos en independentistas, lo que obliga a cualquier servidor del Estado de Derecho a emprender cuanto antes su reforma, en el empeño de restablecer unas reglas justas. Es perentorio imponer a las formaciones que concurran a las elecciones generales la obtención de un mínimo de representación a escala nacional, so pena de quedarse fuera del Congreso. Un corte del tres o el cinco por ciento del voto popular, que prive a los separatistas del arbitrio que detentan actualmente sobre los asuntos que nos conciernen a todos, presentándose únicamente en sus respectivos territorios con programas basados en la defensa de sus intereses y la ruptura nuestra nación. Es necesario igualmente modificar la proporcionalidad del sufragio, con el fin de corregir el castigo que sufren los grandes núcleos urbanos, así como avanzar hacia un modelo de circunscripciones unipersonales que otorgue al ciudadano un control mucho mayor sobre sus representantes electos. Lo más urgente, sin embargo, es arrebatar a los sediciosos y sus cómplices el poder que ejercen actualmente contra nosotros. Para lo cual es preciso que Casado y Rivera sean capaces de tejer una alianza susceptible de ganar holgadamente los próximos comicios, con el compromiso ineludible de poner en marcha esas reformas. ¿Cómo? Estudiando juntos la compleja matemática electoral y sacrificando conveniencias partidistas en beneficio de la causa. Retirando candidatos allá donde su presencia pueda beneficiar a terceros. Poniendo a España por delante de su ambición.

Isabel San Sebastián.

Articulista de Opinión.
"Se va ha enterar lo que vale un peine" cuando > VOS < implante "EL PROGRAMA PARA TODA ESPAÑA"

y LE diga EN EL ÚLTIMO PUNTO: "Recuerda nuestro peso en Europa y en el mundo.

Cordialmente.
En rebeldía.

El presidente ha dado la consigna de arrollar si es necesario las formas esenciales del procedimiento democrático.

Ignacio Camacho.

Actualizado:

10/10/2018 06:47h.

El presidente del Gobierno bonito, decente y digno se ha declarado en rebeldía frente al Parlamento. Así, con un par, porque él lo vale, porque el Senado, donde no tiene mayoría -tampoco la tiene en el Congreso pero se la prestan los nacionalistas y se la alquila Podemos-, no le parece una Cámara con la relevancia suficiente para merecer su respeto. Porque no está dispuesto a que la oposición lo ponga en el aprieto de tener que explicar su doctorado fulero. Con el mismo desprecio con que se muestra alérgico a la prensa que no le manifiesta vasallaje ni acatamiento. Con idéntico desahogo al que utiliza para gobernar por decreto. Con la compacta desfachatez con que evita reconocer sus mentiras, sus contradicciones y sus gatuperios o dispone de aviones y helicópteros oficiales para acudir a una boda o a un concierto. Inmune al sonrojo, refractario al complejo, decidido a resistir de cualquier manera y a cualquier precio. Blindado en el doble rasero que la izquierda se aplica a sí misma por sentirse en el bando correcto.

Hay que admitir que este Gabinete tiene un morro admirable, un fantástico descaro. No pasa semana sin que algún ministro salga retratado en episodios ominosos o pillado in fraganti en un engaño. Cuando no ocultan propiedades entre bastidores societarios aparecen en abierta francachela con policías de turbio pasado. El propio Sánchez ha quedado ante la opinión pública como autor de una tesis impresentable y repleta de calcos que avergüenza al ámbito universitario. Los independentistas lo chulean a sabiendas de que nadie les va a parar los pies ni a poner un reparo. Los dirigentes de la extrema izquierda blasonan, con razón, de la influencia que ejercen en este mandato. Los proyectos se enredan en rectificaciones y cambios y hasta los gestos propagandísticos han dejado de tener impacto. Pero la maquinaria gubernamental no sólo permanece impávida ante el caos, sino que ha señalado como culpable a la tradicional conspiración de villanos: la derecha, el periodismo y las cloacas del Estado. Y ha decretado la consigna de pasar por encima de todo obstáculo, arrollando si fuese necesario -que lo es- las formalidades esenciales del procedimiento democrático. Sin remordimiento, sin excusas, sin mala conciencia, sin embarazo. Con máximo desparpajo, con la frente alta y el mentón afilado. Ni un paso atrás: prohibido el fracaso. Quienes se sienten llamados a una misión redentora, a un destino mesiánico, no se van a detener a rendir cuentas en esa asamblea inútil que es el Senado.

El problema es que actúan así porque pueden hacerlo. Porque no existe un paradigma moral ciudadano capaz de ejercer el imprescindible contrapeso y porque la reclamada regeneración de la política no era más que una ramplona excusa de la vieja polaridad entre «nosotros» y «ellos». Un vulgar pretexto consentido para asaltar el poder sin miramientos.

Ignacio Camacho.

Articulista de Opinión.
El elefante sigue ahí.

Es innegable que Sánchez hizo trampas en su tesis y en su libro.

Luis Ventoso.

Actualizado:

08/10/2018 16:34h.

El elefante sigue en la habitación, aunque la verdad oficial establezca que el paquidermo no existe. El elefante es grande, barrita e incordia al eventual ocupante del poder; aunque los medios «progresistas» y los de querencia pesebrista se hayan plegado a la presión gubernamental e impongan un telón de olvido sobre el corpulento mamífero proboscidio.

Sánchez, único dirigente del orbe que cada cinco frases se llama a sí mismo «presidente», continúa enmarañado en la red de embustes que tejió alrededor de su tesis doctoral. Los estrategas monclovitas contaban con que ABC, el periódico que reveló los plagios el pasado 13 de septiembre, «acabará aburriéndose del tema». Lo que unido al toque de corneta ordenando silencio a los suyos bastaría para pasar página. Pero el elefante, ay, sigue siendo enorme y resulta imposible no verlo.

El primer reflejo de Sánchez cuando asomó la amenaza fantasma de su tesis fue mentir y amenazar a la bancada de Ciudadanos con un «os vais a enterar», insólito en un gobernante democrático. Rivera le había preguntado por qué no estaba a disposición del público su trabajo de doctor cum laude. Sánchez, muy irritado, respondió que sí lo estaba, que se hallaba «colgado» en internet. Al responder así mintió en el Parlamento, pues 52 horas después el Gobierno anunció que por fin subía la tesis, haciendo obvia la falsedad del jefe del Ejecutivo.

El día de la publicación de la exclusiva de este periódico, Sánchez madrugó para subir un tuit amenazando con represalias en tribunales. Posteriormente remitió un escrito de rectificación, que por ley es obligado recoger. Sin embargo no ha consumado su amenaza de pleito. ¿Por qué? Pues porque el cúmulo de pruebas de sus corta y pegas y chapuzas en su tesis y libro es tal que ir a tribunales solo le serviría para amplificar su engaño. Está probado que en la tesis hay textos de otros autores que no son referenciados según las normas académicas. Está probado que plagió de documentos oficiales e incurrió también en autoplagios, refritando artículos suyos previos, práctica vetada en una tesis. Está probado que las citas están plagadas de errores, algunos tan risibles como hablar del autor Voir M. Granovetter, cuando «voir» es su copia chapucera del verbo «ver» escrito en francés (tal autor pasa así a tener Ver como nombre de pila). Está probado que el libro que publicó con el material de la tesis plagia una conferencia y documentos oficiales (según destapó un periódico afín al propio Sánchez, quien despachó el engaño con un simple «se corregirá»). Por último, sigue pendiente una respuesta del Gobierno ante una gravísima acusación de la compañía alemana PlagScam, que sostiene que Moncloa manipuló su programa de software antiplagio para dar solo un 0,96% de copia en la tesis, cuando la firma germana asegura que el resultado correcto es un 21%. Parafraseando el célebre micro cuento de Monterroso: Cuando Sánchez se despertó, el elefante seguía allí.

Cerramos con una gran cita: En Alemania, «personas con responsabilidades ministeriales y a las que les han descubierto que han plagiado una tesis, lo que han hecho es dimitir» (Doctor Pedro Sánchez Pérez-Castejón, 1 de junio de 2018 en el Congreso).

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
Hartos de agravios.

Cámbiese la ley electoral para que el llanto del nacionalismo vasco y catalán no logre tapar la voz de la España que clama en vano.

Isabel San Sebastián.

Actualizado:

08/10/2018 03:48h.

Es bien sabido que aquí «el que no llora no mama», pero no es menos cierto que el lamento permanente acaba colmando el cántaro. Y el de la paciencia de los españoles está a punto de reventar. Estamos hartos de victimismo nacionalista. Hartos de protestas tan ruidosas como infundadas. Hartos del monotema catalán, tan cansino como el vasco. Hartos de que nos ofendan quienes deberían agradecer los privilegios de los que gozan. Hartos de mentiras. Hartos de exigencias. Hartos de amenazas.

Asturias sufre la despoblación de comarcas enteras, a falta de trabajo, inversiones, futuro y esperanza, a la vez que asiste impotente al deterioro prácticamente irreversible de un patimonio histórico-artístico de incalculable valor, ignorado o despreciado por los sucesivos gobiernos que han regido la nación. Las dos Castillas padecen problemas muy parecidos: envejecen, se vacían y ven cómo se desmoronan los vestigios de un pasado decisivo en el devenir de España, que no despierta interés alguno en la autoridad competente. A la Rioja no solo no llega el AVE, sino que para viajar a Logroño desde Madrid es preciso hacer transbordo en Zaragoza, ya que si se quiere obtener plaza en el único tren directo diario que parte de la capital, siempre abarrotado de pasajeros, es preciso reservarla con semanas de antelación. Idéntica o similar deficiencia sufren Teruel, Cáceres, Badajoz, Jaen y otras muchas cabeceras de provincia, mientras Barcelona, Tarragona, Lérida y Gerona están comunicadas entre sí, con Madrid y con el corredor Mediterráneo en magníficos caballos de acero que galopan a velocidad vertiginosa. A Murcia, la huerta de Europa, cuyos cultivos baten marcas de calidad y rentabilidad, no llega una gota de agua procedente del río Ebro, que da nombre a la Península. También Valencia y Alicante pasan sed, mientras millares de hectolitros del líquido elemento acaban cada año en el mar, porque así lo decidió el presidente Zapatero al liquidar el Plan Hidrológico Nacional en el empeño de satisfacer a sus socios de la barretina. Andalucía soporta cifras inaceptables de paro y pobreza a las que es preciso sumar, últimamente, las graves dificultades derivadas de la llegada masiva de inmigrantes procedentes del norte de África. Entre tanto, el País Vasco se beneficia de un sistema fiscal descaradamente injusto, merced al cual la financiación destinada a sanidad, educación y demás servicios sociales alcanza 4.200 euros por habitante, equivalentes a más del doble de la media nacional, apenas superior a los 2.000.

Llenaría diez columnas como ésta enumerando la interminable lista de agravios que podrían esgrimir, cargados de razón, los residentes en distintos lugares de nuestra geografía castigados con respecto a vascos y catalanes. La Constitución les reconoce iguales derechos y libertades, que a la hora de la verdad quedan en papel mojado. La realidad es que en España hay ciudadanos de primera, de segunda y hasta de tercera, dependiendo de donde les haya tocado nacer o donde vivan. Y por si esta discriminación de origen no resultara suficientemente indignante, desde hace lustros la atención del Ejecutivo, del Legislativo y de los medios de comunicación se concentra precisamente en las dos comunidades autónomas beneficiarias de mayores ventajas. Aquellas cuyos dirigentes han hecho de la queja constante su único argumentario político y del chantaje su estrategia. ¡Ya está bien! Cámbiese de una vez la ley electoral a fin de que, por mucho que lloren, sus votos valgan lo mismo que los del resto de los españoles y sus voces no logren tapar la de la España que clama en vano ser recordada por los que mandan.

Isabel San Sebastián.

Articulista de Opinión.
Sánchez Castejón, agencia de colocación.

Un maestro de escuela, a la empresa estatal de uranio, y una ingeniero de montes, al astillero público. El sanchismo es una extraña fábrica de enchufes.

Álvaro Martínez.

Actualizado:

07/10/2018 04:19h.

Constatado que el «Gobierno bonito» ya va tirando para adefesio, con dos ministros dimitidos y con el presidente y otros tres cogidos en los mismo renuncios mentirosos que hicieron perder la cartera a los cesantes Iglesias y Montón, este batallón quiere detenerse y resaltar al menos una innegable cualidad del sanchismo. Cuesta encontrarla, pero rebuscando con conmiseración habremos de concluir que Sánchez sabe cuidar de su gente, tanto que ha salpimentado el segundo y el tercer anillo de poder de su mandato de una legión afines que han ocupado puestos en empresas públicas cuyo cometido les es absolutamente ajeno. El CIS, los Paradores... hay decenas de ejemplos pero detengámonos en dos.

Enusa es una sociedad mercantil estatal cuyo principal cometido es el diseño, fabricación y abastecimiento de combustible nuclear para las centrales atómicas nacionales y extranjeras. Hasta que llegó Sánchez dirigía la compañía José Luis González Martínez, ingeniero industrial con especialidad en Técnicas Energéticas; diplomado en dirección empresarial y alta dirección e ingeniero de métodos en la multinacional 3M. Empezó a trabajar en Enusa en 1975 donde ha desempeñado, entre otros, los cargos de director de la fábrica de Juzbado y de la división de uranio. También formó parte de la Empresa Para la Gestión de Residuos Industriales, S. A., fue miembro del comité ejecutivo del Uranium Institute, presidente de la Sociedad Nuclear Española y del comité consultivo de la Agencia de Suministro del Euratom, vicepresidente del Foro de la Industria Nuclear y presidente de la World Nuclear Association. Y lo conocen bien en el Standing Advisory Group on Nuclear Energy en el IAEA y en el comité asesor para la información y participación pública del Consejo de Seguridad Nuclear... Y paremos porque aún hay más.

Parece que José Luis González sabe algo de cómo gestionar el uranio, aunque para Sánchez no lo suficiente, pues fue llegar a La Moncloa y sacarle de Enusa para poner allí a José Vicente Berlanga Arona, licenciado en Filosofía y maestro, además de asesor del PSOE valenciano. Eso sí, en su currículum académico y profesional no encuentras nada, absolutamente nada, relacionado con el uranio o con cualquier mínimo residuo de sapiencia nuclear así le pases diez veces un contador Geiger.

Al mismo tiempo que González salía de allí lo hacía también el presidente de Navantia, Esteban García Villasánchez, hecho en la ingeniería naval con una experiencia de 27 años en el astillero público, forjado pues en la casa desde abajo, incluso «tocando chapa», un experto sin matices en la construcción de buques que con anterioridad había dirigido la dirección de programas e industrial de la compañía y el astillero de Ferrol-Fene, del que asimismo fue director de reparaciones. Bajo su presidencia se firmó la construcción de corbetas para Arabia Saudí, el próximo oxígeno de la compañía y de miles de familias de Cádiz, Ferrol y Cartagena. Algo sabía García de construir barcos y de venderlos… pero no los suficiente pues Sánchez colocó en su lugar a Susana Sarriá, ingeniera de Montes y especialista en prevención de incendios y tratamiento de aguas... «Y los barcos navegan sobre el agua, ¿o no?» habrá pensando el doctor Sánchez.

Álvaro Martínez.

Redactor jefe.
Todos fachas menos mamá.

La supremacía cultural izquierdista pierde su arma capital: el miedo.

Hermann Tertsch.

Actualizado:

05/10/2018 03:40h.

Con ese título, «Alles faschos ausser Mutti», se ríe el historiador y politólogo Jan Gerber de toda la patulea de políticos y periodistas de izquierdas y derechas que llaman fascista, facha y nazi a todo el que no piensa como ellos. Dice que esa manía de llamar nazi y fascista a todos los demás lleva a la izquierda a analizar la realidad sobre premisas falsas y por tanto la indice permanentemente al error y a la derrota. Y eso que Jan Gerber es un historiador marxista cuyos seguidores son precisamente quiene smás cultivan esa extendida costumbre. Porque no vayan a creer Ustedes que es exclusivamente española. Está muy extendida por el continente y la utilizan por supuesto los comunistas, que inventaron el hábito y ya en los años veinte del siglo pasado llamaban «socialfascistas» a sus hermanos socialistas que no quisieron entrar en la III Internacional. Hoy lo utiliza hasta la canciller Angela Merkel que se ha ido tanto hacia la izquierda que ya tiene a su derecha a media Alemania.

Ahora se alarma porque esa mitad no le da ya un voto de derechas a un partido, el suyo, la CDU, que se dice de derechas pero después solo hace política de izquierdas. En cuanto ha surgido un partido de derechas han comenzado a peregrinar hacia el mismo. Ese partido es el Alternativa por Alemania al que por supuesto Merkel llama nazi y facha como lo hacen todos los medios de comunicación alemanes que tienen una homogeneidad que recuerda a tiempos peores. No, no se han vuelto nazis de golpe el 18% de los alemanes que ya están decididos a votar a la AfD que ya es el segundo partido más votado, se acerca a la CDU que sigue cayendo y ha dejado atrás al histórico SPD que agoniza. Tampoco es nazi ni lo fue nunca el Partido Popular Suizo (SVP) que lleva ya años en el poder con éxito y sentido común. Si leyeron la prensa española cuando el SVP se convirtió en el partido más votado era Suiza creerían que Heinrich Himmler había asumido el poder en Berna. Era mentira. Como tantas cosas. Lo mismo ha pasado en Austria con el FPÖ y hasta con el canciller Sebastian Kurz al que llaman ultraderechista por aliarse con el FPÖ y formar el gobierno de más apoyo popular y más éxito en mucho tiempo. Hay hastío en toda Europa ante esos insultos y amenazas ya de la Comisión Europea, políticos izquierdistas, gobiernos con prepotentes en Berlín o París o la prensa europea uniformada en la corrección política.

Desaparece ese miedo a ser calificado de ultraderechista porque se ha dejado de aceptar el mantra socialdemócrata. Las mentiras son evidentes. Las cartas están boca arriba. Tiene guasa que hubiera esta angustiosa necesidad por desmentir que se es ultraderechista en un continente en el que queda gente orgullosa de ser comunista, miembros de una secta responsable de más de cien millones de muertos. En España es especialmente grotesco, con el ultraderechista tachado de malvado y el ultraizquierdista en todas las televisiones a dar clases de civismo y moral. Pues también en España, en esta sociedad realmente cobarde que es la nuestra, se dan cuenta muchos de que para ser realmente libre en el pensar, hablar y escribir hay que perder el miedo a que te llamen facha o franquista. Ha sido la mordaza más eficaz para implantar una permanente supremacía de la mentira desde hace muchas décadas. Pero toca a su fin. Por eso están del los nervios tantísimos farsantes y beneficiarios de los privilegios de la supremacía cultural y mediática izquierdista en España. Porque se les acaba el chollo.

Hermann Tertsch.

Articulista de Opinión.
¿Qué esperaba el doctor Sánchez?

El presidente contrajo deudas imposibles de saldar y ahora el socio a quien vendió su alma exige el pago de la factura.

Isabel San Sebastián.

Actualizado:

04/10/2018 05:41h.

Tal vez pensara que su cara bonita y sus aires de galán de teleserie bastarían para cautivar a los separatistas. Conociendo al personaje, es seguro que se dejó llevar por la vanidad hasta el extremo de confundir sus deseos con la cruda realidad tantas veces constatada. El sacrosanto «diálogo» al que ya se encomendaba su alter ego, Zapatero, sería la fórmula milagrosa que resolvería por sí sola los problemas cada vez más graves que amenazan la convivencia entre catalanes y la unidad de la nación española. En su voz, los tributos de apaciguamiento ofrendados en vano por cuantos jefes de Gobierno pasaron por La Moncloa obrarían el prodigio de satisfacer la insaciable voracidad del independentismo y poner fin a su desafío. Él marcaría la diferencia merced a sus dotes de seducción y a la superioridad moral de la que se siente imbuido… ¡Pues no!

Ni la percha, ni el apellido «socialista», ni la palabrería hueca, ni las humillaciones soportadas con paciencia digna de mejor causa, ni tampoco ese doctorado tan sospechoso como clandestino han librado al actual presidente de chocar contra la misma pared de fanatismo con la que se toparon sus predecesores. Ese muro de piedra granítica no se sortea con promesas vanas, sobornos u ofertas de «diálogo» inconcretas, sino que se blinda o se quiebra. Blindarlo supone ceder al chantaje de quienes lo han levantado y violentar la Constitución permitiendo la celebración de un referéndum de autodeterminación. Quebrarlo obliga al Ejecutivo a honrar su deber de cumplir y hacer cumplir la ley, con todas las consecuencias. Es decir, cortando de cuajo los suministros a quienes utilizan los resortes del poder autonómico para traspasar una y otra vez el marco legal vigente en beneficio de sus pretensiones, a costa de pisotear a la mitad de catalanes leales a la democracia. Claro que cortar los suministros a quienes te han aupado hasta la poltrona significa correr el riego de que te echen de ella a patadas, que es exactamente el escenario al que hoy se enfrenta el «doctor» Sánchez.

Nunca debió haber alcanzado el alto despacho que ocupa. Nunca debió haber aceptado el apoyo de independentistas, golpistas, filoetarras y populistas empeñados en romper España. Nunca debió haber aspirado a una posición incompatible con los escuálidos 84 escaños conseguidos por el PSOE en las elecciones generales. Nunca debió haberse escudado en la lucha contra la corrupción cuando su casa estaba hasta arriba de basura. Pero lo hizo. Quiso volar muy por encima de lo que le permitían sus alas, contrajo deudas imposibles de saldar y ahora el socio a quien vendió su alma exige el pago de la factura. También éste, Quim Torra, está cogido por el pescuezo. Los «sacudidores de árboles» a quienes animó a «apretar» le tomaron la palabra y aprietan con violencia en la calle, exigiendo que se cumpla lo pactado; que se proclame la independencia de forma unilateral y salga el sol por Antequera, aunque él acabe procesado.

Tanto Torra como Sánchez tienen lo que merecen. Han alimentado a un monstruo que ahora empieza a devorarlos. Quienes no merecemos lo que tenemos somos los españoles gobernados por un líder pusilánime, tutelado por separatistas, y los catalanes oprimidos por una Generalitat que respalda sin pudor el golpe perpetrado el 1-O. Lo que merecemos nosotros es la oportunidad de hablar libremente en las urnas y poner a cada cual en su sitio. Al frente del Gobierno, a un leal servidor de España. A los rebeldes, en la cárcel.

Isabel San Sebastián.

Articulista de Opinión.
Ángel, el diálogo hay que practicarlo con la gente que de verdad quiere solucionar los problemas, pero el señor Torra y sus compinches NO quiere saber nada de diálogo, el gobierno se agarra a un clavo ardiendo para no dejar la "poltrona", ellos quieren seguir a cualquier precio y así lo único que van a conseguir es enfadar a la mayoría de españoles que estamos hasta el mismísimo gorro de estos cafres.
Ya no Ángel.

Saben que no tendrán independencia por la via unilateral, como saben que irían a la cárcel si se meten en el jardín del pasado año.

Estos no quieren solucionar el rpblema de la independencia aunque saben que lo único que recibirán será lo que tienen autogobierno y a esperar, se cansarán y volverán al porcentaje que tenían hace 7 años; o pasarán las lineas rojas, irán a la cárcel habrá cosas que nadie quiere y se quedarán sin independizar. Todo salvo que los que hasta hace un año estaban juntos en este tema, sigan cada uno por un lado. Ya sabemos "a río revuelto...

Saludos Ángel
Cargas policiales.

Vivimos días apasionantes y peligrosísimos. Atención al conseller que ordenó esas cargas.

José María Carrascal.

Actualizado:

03/10/2018 14:50h.

La diferencia entre el 1-O de 2017 y el de 2018 es que la Policía Nacional hizo las cargas del primero, para impedir un referéndum ilegal, y en el segundo cargaron los Mossos, para impedir el asalto al Parlament. Pero los golpes fueron los mismos e incluso diría que los Mossos repartieron estopa con más ganas que sus colegas nacionales. ¿Va la Generalitat a distribuir fotos de tales zurriagazos mundo adelante como hicieron el 1-O? No creo. Puigdemont echa la culpa a «infiltrados», mientras Elsa Artadi niega que «hubiera violencia», cuando volaron barricadas, cortes de autopistas y se paralizó el AVE, inocente que es la chica. Aunque el papel más patético es el de Torra: el de bombero pirómano, alentando por la mañana a los radicales a «apretar» y encontrándose por la noche con que pedían su dimisión por haber permitido las cargas de los Mossos, lo que le obligó a retirarse con el rabo entre las piernas. Suele ocurrir a los demagogos: enfrentados a las consecuencias de su irresponsabilidad, escurren el bulto. Lanzaron adolescentes a la pelea -si se fijan, apenas hubo adultos en estos disturbios-, con ellos a cubierto. Cobardía 110 por cien.

Pero si lo de Torra es esquizofrénico, lo de Sánchez es fúnebre. Todos sus gestos a los independentistas no sirven de nada. Ante lo que no le queda más remedio que utilizar la argucia favorita de la izquierda: echar la culpa de sus fracasos a la derecha. En este caso, acusarla de acoso, que le impide gobernar. Cuando el fracaso del gobierno Sánchez es haberse aliado a dos fuerzas que buscan desestabilizar España: los antisistema, y los secesionistas. Éste es su problema (y el nuestro). Como el conflicto es viejo, conocemos sus vericuetos y trampas. Y una de las cosas que sabemos con absoluta certeza es que a los nacionalistas no se les convence con halagos ni concesiones. Al revés: quieren más, al estar convencidos de pertenecerles, aunque sean ilegales. De ahí que todo el dinero y regalos que Sánchez haga a Puigdemont y Torra, mientras no les dé el «derecho a la autodeterminación», que no está en sus manos, y no ponga en libertad a los políticos presos, que le crearía un conflicto con el poder judicial, serán inútiles, incluso agravará el asunto, como estamos viendo. Insistir en la «vía política» cuando enfrente tienes alguien que entiende por política pedirlo todo sin ceder nada es ingenuidad o estulticia. Como no creo que Pedro Sánchez sea un ingenuo, todo indica que se ha atado al sillón presidencial hasta que los secesionistas entiendan que deben esperar al día en que él pueda darles lo que buscan. En otro caso, se encontrarán con alguien más duro en la Moncloa. Lo malo es que Torra y Cía. se han montado en un tigre, el nacionalismo, del que, como intenten descabalgar, les devora. Vivimos días apasionantes y peligrosísimos. Atención al conseller que ordenó esas cargas. Que caiga o se mantenga puede decirnos si el secesionismo ha elegido el camino largo o corto. Porque renunciar a la secesión, nunca.

José María Carrascal.

Articulista de Opinión.
Pedro el resistente.

Todo le resbala a este profesional de la política, que estará en el sillón hasta que lo echen.

Paco Robles.

Actualizado:

03/10/2018 14:31h.

Hubo un Pedro I de Castilla al que unos llamaban el Cruel, y otros, el Justiciero. Cuestión de perspectiva, como dice doña Rosa en el café que sigue regentando en La colmena, la obra maestra de Cela. Esa perspectiva es la que les falla a muchos cuando analizan la labor del actual –ojo a la ironía, porque puede caer de un momento a otro– presidente del Gobierno. Pedro I de Moncloa es un político que ha demostrado una cualidad en su vida profesional: otra vez la ironía, porque la política es una profesión para este doctor en Copiaypegalogía. Pedro Sánchez se define por su capacidad para cumplir el mandato de don Camilo a rajatabla. El que resiste, gana. Y tanto que gana. Desde el congreso de su partido, hasta la Presidencia del Gobierno que le otorgó el Congreso de los Diputados sin necesidad de ganar las elecciones. Como si fuera uno de esos aprobados de despacho que se inventó la Logse para maquillar el fracaso escolar. Exactamente igual.

Da lo mismo que sus ministros dimitan porque no llegan al listón de honradez que les impuso un tipo que ha conseguido el doctorado a la remanguillé. Da igual que el país vuelva a sentir la zozobra de la crisis económica por la inseguridad jurídica y normativa que propicia este Gobierno de ocurrencias que no va más allá de los viajes y las puestas en escena. ¿O no es eso lo que pasó en La Moncloa cuando celebraron el final del terrorismo el pasado lunes, vulgo antier? Sánchez no ha terminado con esta lacra, pero se apunta el tanto con un acto, que es lo suyo. Marketing. Mercadotecnia. Merchandising. Venta de humo.

Todo le resbala a este profesional de la política que estará en el sillón hasta que lo echen. Primero le dobló el brazo al aparato de su propio partido. Susana Díaz perdió el pulso y Sánchez salió victorioso y reforzado por las bases que aspiran a lo mismo que él ha conseguido: vivir del presupuesto, como lúcidamente denominó a esta clase política el añorado Félix Bayón. Por eso no se irá por la puerta grande quien entró por la gatera del pacto de perdedores. Sánchez, que es hijo del caciquismo de la Restauración aunque él no lo sepa, es consciente de que las elecciones se ganan después de conseguir el poder. Esa carambola ya la ha realizado en su primera fase. Ha conseguido firmar en el BOE sin el aval de las urnas. Desde el poder se ganan los comicios más fácilmente. Eso lo sabían Cánovas y Sagasta. Y lo sabe Sánchez.

Pedro I el Resistente o el Desahogao. Que cada uno le adjudique el adjetivo que más le cuadre. Desahogao, sin la de intervocálica del participio, le cuadra como uno de esos aviones o helicópteros que utiliza para irse de concierto o de viaje promocional. El desahogo es lo suyo. Nada de cargos de conciencia, ni de pedir perdón por haber llegado sin las credenciales de los votos. Todo lo contrario. Arrogancia suma de quien se cree un líder internacional cuando no pasa del raspado cum laude. Al final lo echarán los mismos que lo pusieron ahí, pero entonces ya se habrá ganado la pensión vitalicia. Que es de lo que se trata.

Paco Robles.