Opinión, repasando columnas


Estos son los graves problemas de trabajo, educación y pensiones que tienen los Zaragozanos.
Ayuntamiento de Zaragoza
Y semejante político, merece llevarse todos los meses 9.000.- euros.
Santisteve monta cursos para que niños de 12 años aprendan a “masturbarse” y “dar placer a sus parejas”
El futuro era Franco.

Mientras nos distraen con el difunto, el sistema de pensiones semeja cada vez más una estafa piramidal en la que nos va la jubilación.

Isabel San Sebastián.

Actualizado:

21/02/2019 00:29h.

No se trataba de la Educación, ni de la revolución tecnológica, ni tampoco de la investigación, anclada desde antaño en el unamuniano «que inventen ellos». No se referían a salir de la irrelevancia internacional o al menos a consolidar un crecimiento económico que, por primera vez en lustros, nos había situado a la cabeza de la Unión Europea. No. El «futuro» del que nos hablaban murió hace cuarenta y cuatro años en su cama. El «futuro» al que era menester mirar con ilusión lleva enterrado cuatro décadas, durante las cuales España ha experimentado una evolución prodigiosa que algunos ansían revertir cuanto antes. El «futuro» era Francisco Franco. Un fantasma sin el cual no parecen saber vivir.

El protagonista de esta campaña será el espectro del dictador, cuyos restos mortales componen el estandarte del PSOE. La exhumación de esos huesos se ha convertido en el único triunfo tangible al que aún puede aspirar Pedro Sánchez, toda vez que ha fracasado en cada una de las metas que se marcó a sí mismo al presentar su moción de censura contra Rajoy. Ni ha frenado a los golpistas catalanes (antes al contrario, están más envalentonados que nunca), ni ha tumbado la reforma laboral (afortunadamente para los trabajadores), ni ha erradicado la corrupción y las corruptelas (ostenta el récord absoluto de estrechos colaboradores titulares de sociedades destinadas únicamente a pagar menos impuestos), ni mucho menos ha hecho gala de más «decencia» (por emplear su expresión) que su predecesor. De hecho, no recuerdo a un presidente de Gobierno pillado en más flagrantes mentiras en solo ocho meses de mandato.

De todas las promesas hechas con la fatua solemnidad que le caracteriza, la de expulsar a Franco del Valle de los Caídos es la única que tal vez pueda cumplir antes de que las urnas dicten su veredicto. Y a juzgar por el énfasis que ponen en ella sus televisiones amigas, es de suponer que lo hará. Cuando el general haya sido desalojado de su actual sepulcro, si es que finalmente así es, acaso nos sea dado devolverle al feliz olvido en el que estaba antes de que el revanchismo lo sacara de su sueño... o no. Porque una «resurrección» de semejante calado produce efectos en cadena de magnitud incalculable, que tienen nombre y también siglas.

En todo caso, mientras nos distraen a placer con el insigne difunto, el sistema de pensiones semeja cada vez más una estafa piramidal en la que nos va la jubilación. Y por más que para Sánchez el futuro sea Franco, para una gran mayoría de españoles el suyo y el de sus hijos pesa más en la preocupación, ya que se trata de un porvenir sombrío donde los haya. Más de cien mil millones de déficit arrastra a día de hoy ese mecanismo obsoleto, enfrentado a la demografía, que únicamente subsiste a base de voluntarismo y créditos. No hay partido político que se atreva a ponerle el cascabel al gato, hasta el punto de que incluso las tibias reformas introducidas en su momento por el PP con el fin prolongar unos años su sostenibilidad han sido rechazados por la izquierda «progresista», cuyo modelo económico consiste en garantizar «derechos sociales» subiendo impuestos a «los ricos». O sea, la gallina que acaba en ruina. El Pacto de Toledo ha encallado y todo sigue como estaba, abocado a la quiebra... pero Franco será exhumado del valle de los Caídos. O no.

Isabel San Sebastián.

Articulista de Opinión.
Sánchez tiene la campaña hecha.

Cada día que pasa es un día más que sumar al desgaste. Eso ha llegado a entenderlo Sánchez, incluso a pesar de Tezanos.

Carlos Herrera.

Actualizado:

15/02/2019 08:24h.

Aestas horas de la mañana sigue medio país haciendo cábalas acerca del llamativo cambio de criterio que ha llevado a Pedro Sánchez a considerar razonable la convocatoria de elecciones, esas que, de no producirse alguna sorpresa llamativa, quedarían convocadas cuando este ejemplar de ABC haya sido leído por varios ojos. Es decir, a eso del mediodía.

Sánchez afirmó repetidamente que él estaría en el Gobierno y en el Falcon, contra viento y marea, hasta que resultase agotado el tiempo de la legislatura presente. Daba por hecho que sería capaz de ver aprobados sus Presupuestos, pero de no ser eso así, se avendría a gobernar con los de su antecesor mediante los retoques pertinentes que permiten los reales decretos. Nada ni nadie le iba a levantar el cargo al que había llegado después de mucha resistencia y no menos audacia. Es verdad que él le había dicho a Rajoy que no aprobar presupuestos obliga a convocar elecciones, pero eso fue antes de ser presidente del Gobierno, y, por lo tanto, era otro plano de la realidad. Como si fueran dos personas diferentes. ¿Qué ha ocurrido ahora para que considere que es preceptivo llamar a rebato a los españoles aunque sea el Domingo de Ramos?: ha encontrado el discurso adecuado y el momento oportuno, ni más ni menos.

Cada día que pasa es un día más que sumar al desgaste. Eso ha llegado a entenderlo Sánchez, incluso a pesar de Tezanos. Su compañero de aventuras, Podemos, está con las carnes abiertas, con el líder cambiando pañales y con la militancia mirando a Errejón, que es un lagarto al que pronto devorará el PSOE. Quiero decir, que ahí puede meter la cuchara. Puede presentarse ante los españoles como el Hombre Al Que Odian Los Extremos: miradme aquí, en estas manos, donde mi esfuerzo por dialogar ha dejado huella. Miradme aquí, en el centro de dos fuerzas letales, reaccionarias, enemigas del progreso de la España social, a la que yo iba a devolver lo que le ha quitado la crisis y la voracidad de la derecha. Esa España de pensionistas, parados, asalariados, dependientes, estudiantes, gente a la busca de una oportunidad que el poder no sabe darle. Miradme, mirad cómo me han dicho que no los derechones de la plaza de Colón y los insolidarios independentistas catalanes. Las derechas que coquetean con el fascio pueden ganar, ved lo que pasó en Andalucía, y a ellas hay que hacer frente: nos os durmáis el día de las urnas. Los soberanistas no están interesados en progresar hasta la situación en la que reequilibremos esta España centralista: solo quieren tensionar el Estado y hablar de procesos inconstitucionales que yo no estoy dispuesto a abordar. Con la Constitución todo, sin la Constitución nada y tal y tal.

Sánchez sabe que puede seguir hasta octubre, incluso que puede seguir hasta 2020, pero no ignora que con 191 escaños en contra no hay quien viva, con lo que lo mejor será reinventarse. Nadie dice que no se pueda dar el caso en el que se reanude el pacto de la moción de censura: con Podemos y esa panda puede sumar un nuevo escenario, pero esta vez de cuatro años en los que habrá de todo, relatores, mediadores, dineros, competencias y promesas de referéndums medio camuflados. Pero el momento para que eso pueda salir adelante es ahora. A ellos, a los indepes de los cojones que le han dejado tirado, pobrecito, también les conviene el momento. Su discurso está hecho: hemos sido fieles a nuestros presos políticos y a Cataluña, a la que han negado su derecho a decidir, y así jamás apoyaremos a un Gobierno español. En el fondo ambas partes tienen la campaña hecha.

Además, tengo entendido que el lunes o así presenta su libro. Qué mejor comienzo de una campaña electoral.

Carlos Herrera.

Articulista de Opinión.
Fin del chantaje.

Hoy es probable que Sánchez se acuerde del escorpión y la rana mientras decide la fecha a su cita ineludible con las urnas.

Isabel San Sebastián.

Actualizado:

14/02/2019 00:02h.

Ayer fue un día decisivo en dos frentes informativos íntimamente ligados entre sí: el del Gobierno rehén de Pedro Sánchez y el del juicio contra la intentona golpista que se celebra en el Tribunal Supremo. Ayer empezó a despejarse un horizonte político marcado desde hace años por la extorsión del separatismo catalán y vasco, envalentonado desde la moción de censura hasta límites insoportables para cualquier demócrata. Ayer la Fiscalía General del Estado honró su condición de Ministerio Público y defendió con brillantez la Constitución alevosamente agredida por los imputados, sin desviarse un ápice del marco jurídico vigente y de los argumentos que brindan la ley y la verdad desnudas. Ayer el Congreso de los Diputados rechazó los Presupuestos Generales de un presidente indigno de liderar esta Nación, encumbrado hasta el poder con el apoyo retribuido de los enemigos de España. Ayer empezamos a ver luz al final de un túnel oscuro de sumisión al chantaje.

La solidez de los alegatos desplegados por los fiscales Javier Zaragoza y Fidel Cadena confirmó que el Ejecutivo había pinchado en hueso al intentar a la desesperada forzarles a cambiar de postura con el fin de conseguir el sí de Ezquerra y PDECat a las cuentas gubernamentales. Las presiones funcionaron con la Abogacía del Estado, obediente a las consignas, pero no con esos dos veteranos representantes de la acusación pública. Ellos se han mantenido firmes en el delito de rebelión, uno de los más graves que contempla el Código Penal, y ayer demostraron una enorme solvencia profesional en el barrido meticuloso de la hojarasca propagandística esparcida la víspera por las defensas con el propósito de embarrar el juicio presentándolo como una persecución a la ideología de los procesados. Primero Zaragoza y después Cadena, a cuál con más elocuencia, fueron desmontando uno a uno los pretendidos razonamientos (todos de carácter político, ninguno jurídico) empleados por esos abogados para hacernos creer que los acusados son víctimas de un Estado opresor que castiga su modo de pensar. Agitprop barato, de uso común en los medios de comunicación afines a su causa y en los mítines callejeros, que un órgano como el Supremo no podía dejar pasar. Aún falta mucho proceso antes de que se dicte sentencia, pero ayer quedó muy claro que la Justicia va a cumplir con su deber de actuar como lo que es: un pilar del Estado de Derecho independiente de los demás. El baluarte mejor armado de cuantos se han enfrentado a esos ladrones empeñados en robarnos la soberanía.

Mientras tanto, en el Congreso donde reside la representación de esa propiedad, el presidente más débil que ha conocido nuestra democracia sufría un fracaso estrepitoso al ser tumbados sus presupuestos por la mayoría de la Cámara. Había aceptado la infamia a cambio de la poltrona, sin comprender que el respaldo del separatismo resulta, por definición, impagable. No hay precio asumible en términos constitucionales que satisfaga sus demandas. Son y siempre han sido socios desleales a España y, por consiguiente, a quien la gobierna. De haber cumplido su palabra de convocar elecciones al poco de acceder a La Moncloa, es probable que las hubiese ganado, aprovechando el tirón de esa victoria inesperada. Prefirió unir su suerte a la de un Podemos en plena descomposición y unos nacionalistas echados al monte de la ruptura, a quienes sabe Dios qué promesas hizo creyendo poder engañarlos.

Hoy es probable que Sánchez se acuerde del escorpión y la rana mientras decide la fecha de su cita ineludible con las urnas.

Isabel San Sebastián.

Articulista de Opinión.
La efigie y el cobarde.

La foto del día, esa imagen que de nuevo casi vale más que mil palabras, narra también la entrada de Quim Torra a la sala de vistas del Tribunal Supremo lanzando un saludo a los integrantes del banquillo.

Álvaro Martínez.

Actualizado:

13/02/2019 09:16h.

<<Les pido que sean fuertes, tener ánimo y confianza porque deben estar orgullosos del ejemplo que están dando...». Ese fue el mensaje que el forajido de Waterloo les dedicó, desde Berlín, a los procesados que ayer comenzaron a ser juzgados por el Tribunal Supremo como presuntos culpables de gravísimos delitos contra el Estado. Algo más que vergüenza ajena da el impresentable desahogo de Puigdemont, que lejos de poder presentarse como ejemplo de resistencia [no ha leído aún el libro que le han escrito a Sánchez], su figura ha entrado con fuerza en la enciclopedia de los grandes cobardes del siglo, de aquellos que salen corriendo cuando el incendio que han provocado amenaza con chamuscarles el tafanario.

La foto del día, esa imagen que de nuevo casi vale más que mil palabras, narra también la entrada de Quim Torra a la sala de vistas del Tribunal Supremo lanzando un saludo a los integrantes del banquillo, la mayoría de los cuales se vuelven al escuchar su voz. Casi todos menos Junqueras, que convertido en una efigie se niega a atender al aliento que le manda Torra, pues sabe bien que hoy por hoy el president no es nada más que ese señor de mofletes sonrosados que aparece en las imágenes al lado del Puigdemont, allá en Flandes, asintiendo a las palabras como un figurante sin frase, porque en esa facción de la banda del lazo quien manda, manda, y ese sigue siendo Puigdemont.

Que Junqueras no quiere ver a Torra ni en pintura es sabido desde hace tiempo. No lo soporta. Es lo que ocurre cuando uno se convierte en asistente de un cobarde, el deshonroso precio que se paga al ponerse del lado de quien dejó tirados a sus consejeros, sin avisar tan siquiera a su vicepresidente de que iba a salir corriendo por el oscuro túnel del deshonor. «No creo en los mártires» fue la única razón que Puigdemont alcanzó a balbucir, nervioso, cuando se le preguntó el pasado septiembre por qué no da la cara en España, pues su huida es la que seguramente ha alargado la prisión preventiva del resto.

Cuando anteanoche los doce presos cogían su bandeja de la cena en el comedor de Soto o de Alcalá Meco, Puigdemont se despachaba un sabroso menú en Berlín, donde acudió a dar un premio (al que han terminado por renunciar los premiados al ver el perfil del personaje) y donde soltó un discursito innoble erigiéndose en «la voz» de los procesados. ¿La voz? Junqueras se juega 25 años de cárcel; él cuando terminó la cena quizá le dijo a Matamala: «Hablando de todo un poco, Jami, ¿con quién juega el Gerona el domingo?».

Álvaro Martínez.

Redactor jefe.
Elecciones municipales de España de 1931.

Las elecciones municipales del 12 de abril de 1931 tuvieron lugar en esta fecha y determinaron el advenimiento de la Segunda República Española.
¿14 de Abril día de la República?

Genial.
¿Quééeeeeeé?
¿14 de Abril día de la República?

Genial.
La siniestra alianza.

Sánchez es un inmenso peligro para toda la Nación.

Hermann Tertsch.

Actualizado:

12/02/2019 08:15h.

Pedro Sánchez hace saber que, si no le aprueban los presupuestos los separatistas catalanes, habrá elecciones el 14 de abril, una fecha que sirve para evocar aquellas municipales de 1931 que acabaron en un desordenado golpe de Estado que derribó a la monarquía. De golpe en golpe. Porque en abril aun estará España pendiente del juicio a los imputados por rebelión al proclamar una república en una región española y que comienza hoy ante el Tribunal Supremo. En una paradoja tan inaudita como peligrosa, los golpistas juzgados son hoy aliados objetivos de este Gobierno. Es peligroso para la Judicatura, que ha sido sometida a inauditos acosos y presiones por cómplices de los imputados sin que el Gobierno haya hecho nada por impedirlo. Por el contrario, han sido muchas -y alguna de ella obscena- las maniobras del Gobierno para favorecer a unos enemigos del Estado que se reafirman en sus objetivos como irredentos partidarios de la destrucción de España.

El juicio al golpismo tendrá enorme repercusión en un escenario político líquido y en el ánimo de la sociedad española. Algunos lo comparan con el juicio del 23-F. El golpe de Estado actual, el que se mantiene por la comunión de intereses de los golpistas con Sánchez, es mucho más peligroso. Aquél sólo quería reconducir la política nacional frente al terrorismo, el actual ataca la existencia misma de España como nación soberana. Es más pertinente relacionar el golpe de Estado actual con el 11-M y sus bombas de inmensa eficacia para hacer descarrilar la política constitucional española. Con la evidencia de que el 11-M creó las condiciones para que la política de alianzas de izquierdas y separatismo que desde Zapatero nos llevan al actual Frente Popular que se plasmó en la moción de censura.

¿Convocará elecciones Sánchez? ¿Va a cumplir con lo que algo de sentido del honor le habría conminado a hacer hace ya meses? Nadie lo sabe. Su problemática personalidad lo hace imprevisible. Él, Sánchez «y mi persona», como decía en Bilbao, tiene una pulsión profunda por alardear de su poder. Peor, por ejercerlo con absoluta arbitrariedad y sin escrúpulo. No hay razón para creerle ya nada porque es evidente su permanente voluntad de engaño. El pasado viernes, la maquinaria de intoxicación de medios audivisuales al servicio de la izquierda y los separatistas lanzó una campaña masiva para convencer a los españoles de que Sánchez había roto la negociación con los golpistas. Y que ya no era necesario acudir a la manifestación. Es grande la potencia de fuego de esa artillería mediática que gracias a entreguismo, indolencia y cobardía de la derecha está en manos de la izquierda y los separatismos.

Es grotesco ver cómo grandes bancos y corporaciones participan en medios dedicados a favorecer a unas fuerzas que quieren destruir España e imponer una demencial política económica que llevaría al país a la ruina por una senda que acaba en esas escenas de miseria, desolación y niños agonizantes que llegan de Venezuela. Dirán que es un disparate comparar a España con Venezuela. Es lo que decían los venezolanos cuando se comparaba a Venezuela con Cuba hace quince años. Si los españoles no hacen frente a este peligro, pueden quedarse sin bienestar, sin libertad y sin patria. Porque el proyecto de cambio de régimen, división territorial y fin de la monarquía está ahí. En esa alianza de Sánchez con comunistas de Podemos y separatistas antiespañoles que es la mayor amenaza para España desde Stalin. La reacción nacional que volvió a mostrarse el domingo en Madrid habrá de intensificarse hasta ganar el pulso a Sánchez. Para forzar elecciones y ganárselas a esa siniestra alianza dirigida por un caudillo sin freno moral alguno.

Hermann Tertsch.

Articulista de Opinión.
Ay, Cipriano.

A veces España parece un país inventado para que James Rhodes suelte sus ocurrencias a la manera de Dick Solomon en «Cosas de marcianos»

Rosa Belmonte.

Actualizado:

12/02/2019 08:22h.

Cuando preguntabas a Nati Mistral sobre Manuela Carmena te decía que lo primero que tenía que hacer era peinarse (también que Pedro Sánchez le parecía un peluquero de señoras). Con esa obsesión capilar, es una pena que Nati no conociera a James Rhodes, versión masculina de «Despeinada», la canción de Palito Ortega. Podía haberla acompañado al piano mientras ella cantaba «Ay, Cipriano». De todos los análisis sobre la manifestación del domingo en Madrid, el del británico no tiene competencia: «Mucha gente con banderas en el metro hoy de camino a la manifestación. 90% blancos, mayores de 55 años y aparentemente ricos (el uniforme del barrio Salamanca). ¿No son exactamente las mismas personas que nos metieron en este maldito desastre en primer lugar?». ¿Pero qué dice? Vale, luego reconoció que fue una generalización innecesaria. También contestó a otro: «Tío, amo España». Si no lo dudamos. Aquí tenemos las casas más limpias y las habichuelas las tomamos en un plato hondo como guiso. El hombre hasta se sorprende de que nos demos los buenos días en los consultorios médicos. Y ser mayor de 55 años no es malo. Las papeleras y todo el mobiliario urbano están a salvo aunque se echen a la calle, a no ser que venga de Vigo el viejo que raya coches y mete palillos en las cerraduras. Pero alguien que considera necesario señalar que el 90% de las personas que veía en Madrid eran blancas no debe de haberse coscado mucho de España. No sé si se habrá dado cuenta también de que el 90% de los españoles tiene persianas.

De Gaulle bromeaba con que Bélgica era un país inventado por los ingleses para fastidiar a los franceses. España a veces parece un país inventado para que James Rhodes diga sus ocurrencias a la manera de Dick Solomon (John Lithgow) en «Cosas de marcianos». Sobre la raza o sobre las meriendas (no de negros). A Carol Thatcher la echaron de la BBC después de comparar (tras la grabación de un programa) al tenista Gael Monfils con un «golliwog», tradicional muñeco negro de trapo. Es clavado. Eso aquí no habría pasado. Al menos hace años. En «Es peligroso casarse a los 60», Adriana Ozores se echa un novio negro y cuando se lo presenta a su padre, Paco Martínez Soria, este le saluda con un «Tanto negr… tanto gusto». Martínez Soria es nuestro Spencer Tracy de «Adivina quién viene esta noche».

Los españoles no vimos muchos negros juntos hasta que pusieron «Raíces» en televisión. Antes la cosa estaba desperdigada. Un poco Donna Hightower, un poco Phil Trim, un poco Barullo, el de Los Chiripitifláuticos (que luego Santiago Segura utilizó de adulto en «Torrente, el brazo tonto de la ley»). Yo el primer negro con el que hablé en mi vida fue un niño de la Operación Plus Ultra. No recuerdo qué heroicidad había llevado a cabo, pero me firmó un autógrafo.

En nuestra tele tampoco ha habido muchos negros. Francine Gálvez. Desirée Ndjambo. José Legrá en «Tutti Fruti», donde tenía que leer un texto lleno de trampas. Casi la misma proporción que había en la manifestación. Vi algunos negros. Desde luego, no el 10%. Pero varios. Ahora en la tele tenemos a Alfonso Arús. En su programa se ha desvelado que algunos seguidores del Cádiz se subieron en los autobuses que habían puesto los partidos políticos de derechas para ir a la manifestación, pero lo hicieron para ir a ver a su equipo, que jugaba con el Alcorcón. Encima se llevaron la alegría de la victoria (1-2). Un gol de Machís en el minuto 90 en una remontada de locos. James Rhodes tiene que entender también al pueblo gaditano para seguir conociendo España.

Rosa Belmonte.

Articulista de Opinión.
La columna de Luis VENTOSO. acertada como casi siempre, (según mi criterio, claro)
Ni con agua caliente.

Pierda toda esperanza quien crea que Sánchez reaccionará.

Luis Ventoso.

Actualizado:

11/02/2019 08:28h.

Fue una manifestación inmensa. A la que la televisión pública española dedicó una cobertura desganada, de rutina, que contrasta con sus alardes y despliegues en las Diadas separatistas. En la TVE de Rosa María no hubo imágenes aéreas para ver cómo se extendía la concentración por todas las calles adyacentes, atestadas. Tampoco organizaron telediarios en directo desde la plaza, como hacen presto cuando desfila el separatismo catalán. Pero en la web de ABC pueden verse los vídeos aéreos con la verdad completa. Un mar de gente, que iba mucho más allá del lleno de plaza de Colón. Además, la manifestación resultó cívica y templada, sin atisbo de los peligrosísimos ultras cacareados por los medios sanchecistas.

La marcha por la unidad de España y en demanda de elecciones logró el éxito previsto. Pero pierda toda esperanza quien crea que Sánchez reaccionará. Ni con agua caliente. Ni con fórceps. Ni con una grúa buldócer tirando de él se logrará desatornillarlo de La Moncloa, porque el poder por el poder es su primera y única meta.

Ha comenzado la tercera parte de «Manual de resistencia». En la primera, escrita por un negro (una secretaria de Estado), Sánchez ha contado cómo logró volver a mandar en Ferraz después de ser desalojado por González ante sus planes de aliarse con los separatistas y su empecinado «no es no», que mantenía al país bloqueado. «Manual de Resistencia 2» deberá contar cómo Sánchez vendió a España pactando en secreto con los golpistas de octubre de 2017 a fin de echar al PP del Gobierno. Ejecutó esa maniobra al tiempo que visitaba a Rajoy en La Moncloa y le prometía en público lealtad total contra los independentistas.

«Manual de resistencia 3» comenzó ayer y se puede resumir así: Sánchez intentará seguir hasta 2020, caiga quien caiga, cueste lo que cueste y con rostro de hormigón. Para entender este enroque no basta la política, han de añadirse factores psicológicos e intereses personales. Haber llegado a la presidencia desborda las expectativas iniciales de un personaje cuyo único cargo previo había sido el de concejal. Su ego se ha desmandado. Entra en éxtasis cada vez que habla de sí mismo en tercera persona llamándose «Presidente». El poder además resulta útil. Un buen empleo para tu mujer, y muchos contactos. La posibilidad de ir labrándote una agenda para colocarte bien el día de mañana, de ahí esa ronda constante de viajes sufragados por nuestros impuestos. Sánchez continuará aunque le tumben sus presupuestos, pues sabe que siguiendo con los de Rajoy evita el rejón de la UE. Sánchez aguantará hasta el límite, y cuando lleguen los comicios veremos su última metamorfosis: se envolverá en la bandera española y él mismo aplicará un enérgico 155 para llegar con opciones a las urnas.

Recién acabada la manifestación, Sánchez ofreció ayer un pequeño mitin en Santander. Allí aseguró que respetaba la marcha de Madrid, para acto seguido llamar «desleales» a los miles de españoles que protestaron contra él. Una cosa y su contraria en una sola frase. La mentira como herramienta aceptable. Ese es el peor legado de una etapa oprobiosa.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
Tal para cual.

Aliarse con el secesionismo es como montarse en un tigre: o vas adonde él quiera o te devora si intentas descabalgar.

José María Carrascal.

Actualizado:

10/02/2019 01:22h.

Pedro Sánchez y los independentistas catalanes hacen el amor como los puercoespines, con muchísimo cuidado, procurando no hacerse daño. De ahí que al portazo dado por el presidente al «diálogo» que sostenían hayan seguido declaraciones apesadumbradas por ambas partes, como si les doliese el distanciamiento e hicieran votos para aparearse de nuevo. Lo que pone de manifiesto su doblez, vaciedad y cobardía, de Sánchez sobre todo. En vez de reconocer que se equivocó desde el principio en el manejo de la cuestión catalana, hasta estallarle en las manos la lista de sus demandas, la inmensa mayoría anticonstitucionales y la presencia de un «relator» que diera fe a unas negociaciones tan turbias que intentó ocultar hasta que ellos las hicieron públicas. No es que estén libres de culpa, al pedirle lo que no puede darles, el derecho a la autodeterminación y la absolución de sus líderes procesados. Pero el principal culpable es él, sabiendo que aliarse con el secesionismo es como montarse en un tigre: o vas adonde él quiera llevarte o te devora si intentas descabalgar. Su cortedad de miras le impidió ver que tenía la mejor carta para obligarles a apoyar sus presupuestos: si se los tumbaban, iban a enfrentarse a los menos dispuestos a complacerles, al ir ellos también de farol. Suele ocurrir en las partidas entre tahúres: empeñados en engañarse mutuamente, pierden ambos. Pues, aunque Sánchez ha perdido poder, prestigio, influencia, los separatistas tampoco han ganado: al quedarse sin el interlocutor más próximo a sus tesis.

La partida va a depender en buena parte de la manifestación que se celebra hoy en Madrid. Si es lo bastante multitudinaria para crear tan pánico en el independentismo catalán que vea las orejas al lobo, no descarten que, en el último minuto, el próximo miércoles, decida apoyar los presupuestos de Sánchez, como mal menor. Pero sería una victoria pírrica, una victoria que conduciría a una derrota aún mayor, al demostrar que Sánchez e independentistas mantienen su alianza por encima de sus discrepancias, alianza que no augura nada bueno para la integridad de España. Si se le une la puesta en marcha de unos presupuestos que la mayoría de los expertos coinciden en vaticinar traerán más paro y más déficit, las elecciones regionales, municipales y europeas de mayo pueden traer un auténtico debacle de esa extraña alianza de extrema izquierda y extrema derecha, que el nacionalismo personifica, la tensión seguirá creciendo según se aproxima la fecha la megatómbola electoral de mayo, incluidas unas generales.

Con un hombre al frente del país que ha demostrado de sobra su capacidad para hacer una cosa y la contraria sin pestañear, según convenga a sus intereses personales. Puede, en fin, volver tanto al «diálogo» con los secesionistas, como a la declaración del artículo 155, pero ya indefinidamente. A fin de cuentas, las bofetadas se las llevará siempre su vicepresidenta, que para eso la ha nombrado y ella acepta con resignado progresismo. ¡Para que digan que en la izquierda las cosas no funcionan!

José María Carrascal.

Articulista de Opinión.
Fachas en Colón.

Estaremos en espíritu hasta los que no vamos a poder presentarnos a esa lista de diana para despertar a España.

Antonio Burgos.

Actualizado:

10/02/2019. 01:02h.

Los rompepatrias, que los hay a manojitos con tal de permanecer en el poder o de proclamar su independencia, dicen que los que estaremos hoy en la plaza de Colón de Madrid somos unos fachas. Cómo seremos de fachas, que en Colón estaremos, en espíritu y de corazón, hasta los que no vamos a poder presentarnos a esa lista de diana para despertar a España. Y a mucha honra.

Si defender la Constitución de 1978, garantía de nuestra democracia y nuestras libertades, y los logros de concordia de la Transición es ser facha, yo quiero ser facha y estar hoy en Colón.

Si proclamar con todo orgullo que España es una Monarquía Constitucional y que nuestro Rey es Don Felipe VI, que Dios guarde, es ser facha, yo quiero ser facha y estar hoy en Colón.

Si emocionarse al ver tremolar el rojo y el gualda de las banderas nacionales como única enseña, «Banderita tú eres roja», con los colores del «vino de Jerez y el vinillo de Rioja» es ser facha, yo quiero ser facha y estar hoy en Colón.

Si proclamar, con la Constitución, «la indisoluble unidad de la nación española, patria común e indivisible de todos los españoles», donde nadie es más que nadie y donde todos los habitantes de todas las regiones debemos tener los mismos derechos es ser facha, yo quiero ser facha y estar hoy en Colón.

Si creer firmemente que España no se negocia, sino que se defiende, y que muchos menos aquí hacen falta relatores que nos cuenten el cuento de la buena pipa de los golpistas separatistas es ser facha, yo quiero ser facha y estar hoy en Colón.

Si desear que sean convocadas cuanto antes elecciones, como prometieron los que presentaron la moción de censura contra Rajoy, y estar convencido de que los peligros inminentes que acechan a la Patria no tienen más solución que la urgente colocación de urnas es ser facha, yo quiero ser facha y estar hoy en Colón.

Si pensar que España está desgraciadamente gobernada por un Felón de toda felonía, mucho más que Fernando VII, y se está de acuerdo con todos los otros calificativos que, con toda valentía, le dedicó Casado es ser facha, yo quiero ser facha y estar hoy en Colón.

Si estar convencido de que con 84 diputados y un rebujito de todos los que quieren romper a España no puede permanecer ni un minuto más en La Moncloa este Gobierno que aparece, aunque no lo sea en Derecho, como usurpador del poder es ser facha, yo quiero ser facha y estar hoy en Colón.

Si creer que la Justicia debe ser preservada de todo tipo de presiones, en el principio de la separación de poderes, para que pueda juzgar con total independencia a los que perpetraron un referéndum como rebelión contra el propio Estado de las Autonomías que a algunos se les queda corto y que a otros les parece excesivo es ser facha, yo quiero ser facha y estar hoy en Colón.

Si entender que los padres deben tener derecho a exigir que sus hijos puedan estudiar en español y si según la Constitución «el castellano es la lengua oficial del Estado» y «todos los españoles tienen el deber de conocerla y el derecho de usarla» es ser facha, yo quiero ser facha y estar hoy en Colón.

Si gritar «Por España, todo por España», como al abdicar dijo Don Juan, Conde de Barcelona a su hijo Don Juan Carlos I es ser facha, yo quiero ser facha y estar hoy en Colón.

Si emocionarse cuando ahora, al final del acto, suena la Marcha Real y se acuerda uno de la letra de Pemán, «alzad la frente, hijos del pueblo español», es ser facha, yo quiero ser facha y estar hoy en Colón.

Antonio Burgos.

Articulista de Opinión.
Un peligro público.

Sánchez no tiene amigos, sólo cómplices, tan desleales como él, y subordinados, dispuestos a sacrificarse por él, lo que quiere decir, no muy inteligentes.

José María Carrascal.

Actualizado:

08/02/2019. 08:08h.

Por el camino que vamos, antes de mayo quienes van a salir a la calle contra Sánchez no van a ser los seguidores del PP, Ciudadanos y Vox, sino los del PSOE. Anteponiendo su agenda personal no ya a la del país, sino a la de su propio partido, este hombre representa un peligro para un socialismo que lleva en sus siglas el adjetivo de español y se alía con fuerzas que, por una razón u otra, quieren acabar con lo que España ha representado a lo largo de su historia. Si lo hizo para mantenerse en el poder, al que esas fuerzas le auparon, o porque siempre ha comulgado con ellas, es objeto de controversia. Conociéndole como ya le conocemos, doy más crédito a su ambición personal, ya que todo indica que los principios le importan un bledo. Él es pedrosanchista y subordina todo a su gloria y beneficio, de ahí que cambie de criterio según las circunstancias. No es la mejor forma de gobernar, pues la ambición desmesurada son arenas movedizas en las que te entierras sin darte cuenta.

Quiero decir que su gobernanza es una fuga constante sorteando obstáculos, sin importarle lo que arrolla a su paso. Como todos los arribistas, vive día a día, sobrevive mejor, lo que considera ya un triunfo. No tiene amigos, sólo cómplices, tan desleales como él, y subordinados, dispuestos a sacrificarse por él, lo que quiere decir, no muy inteligentes. Lo que tampoco significa que él lo sea. Lo demuestra que no aprende de los tropiezos que sufre. Lo de Andalucía, donde buena parte del voto socialista se quedó en casa el día de las últimas elecciones, pese a saber que eso significaba ceder el poder que llevaban 36 años detentando, era una lección inequívoca, Todo, por su connivencia con los separatistas. Pero ha seguido adelante en ese camino, cometiendo errores cada vez mayores, como negociar de igual a igual con quienes se han sublevado contra el Estado. Luego, admitir 21 demandas a cual más anticonstitucional, que ha mantenido secretas hasta que ellos las han hecho públicas, mostrando el poco respeto que le tienen, y, además, un «relator», mediador, notario o mamporrero entre ambos, que eleva el problema catalán al rango de conflicto entre dos naciones.

Como es imposible que no supiese la reacción que iba a producir en su partido, se saca de la manga un libro donde cuenta cómo consiguió superar la defenestración que sufrió hace poco y cómo logró superarla. El título lo dice todo: «Manual de resistencia». Esperemos que no sea un «corta y pega» como su tesis doctoral, aunque de este hombre puede esperarse cualquier cosa. Aunque lo veo, más que nada, como una advertencia a aquellos correligionarios que alberguen la idea de relevarle de nuevo. «Yo no me rindo ni olvido -viene a decirles-. Yo aguanto y, al final, gano». Por lo pronto, se ha ganado los calificativos más duros de la oposición en democracia. Parece no importarle. Con contar con independentistas y antisistema, le basta. Lo malo es que son tan poco de fiar como él.

José María Carrascal.

Articulista de Opinión.

PD: EL DOCTOR PARECE SER QUE HA DEBIDO LEER ESTE ARTÍCULO Y HA DADO MARCHA ATRÁS. ESO SÍ, DE MOMENTO, YA VEREMOS QUE NOS ESTÁ PREPARANDO A ESCONDIDAS.