Opinión, repasando columnas


Sánchez y sus siniestros amigos.

Al final pasará lo que tiene que pasar para evitar males mucho mayores.

Hermann Tertsch.

Actualizado:

21/08/2018 09:07h.

El presidente Pedro Sánchez ha estado muy ocupado en Doñana en estas largas vacaciones que se pega. No ha tenido tiempo ni para acercarse un rato a la Línea de la Concepción y Algeciras, donde se vive una situación tan trágica como alarmante. Entre el narcotráfico y la invasión africana, aquella zona de España parece el ensayo de creación de una zona liberada. O secuestrada, según quieran. Por dejación. Dejada de la mano de Dios con las leyes y la Constitución abolidas por la fuerza de los hechos. Es decir como en Cataluña. Con la clara diferencia en descargo de los narcotraficantes en la Línea que estos no quieren destruir, sojuzgar ni atropellar a nadie. Los delincuentes de las fuerabordas podrían ser referente moral para esos otros que son más de yate y destruyen con ahínco la posibilidad de la paz en Cataluña. Mucho han logrado. Se tardará toda una posguerra en revertirlo. Incluso si la guerra dura solo minutos.

No sabemos cuándo termina Sánchez esas vacaciones de niño rico. Habrá que suponer que su ocio será en general secreto de Estado. Sánchez decretó ya como secreto de Estado todo lo concerniente a su vuelo en Falcon de las FFAA a la juerga playera de Castellón con su mujer y no se sabe quién más. No vaya nadie a pensar que este alarde hortera a costa del erario es más propio de Baby Doc o Nicolás Maduro que del jefe del Gobierno del Reino de España. Secreto era también el encuentro con un personaje siniestro, George Soros. Vendría a darle consejos, esperemos que no órdenes. Tiene guasa que la primera visita internacional de un socialista radical en La Moncloa sea la del mayor especulador financiero conocido por usar sus ganancias para intentar doblegar a gobiernos democráticos. Este enemigo de la Nación que ayudó al golpe de estado en Cataluña fue recibido por Sánchez con la obsequiosidad y premura del subordinado.

Tantos años se permitió que se adoctrinara a los catalanes en que es deseable romper España y posible hacerlo sin costo. Sin acritud, daño ni gasto. Ahora toca lo más duro, devolver a tantos de golpe a la realidad de la que fueron enajenados. Dejar claro que les han mentido. Que destruir España, que ha costado infinito esfuerzo y sangre construir, en muchos siglos de sacrificios comunes, inmensas gestas, paces y mil guerras, costaría infinito dolor y también sangre. Que deben reconciliarse con la realidad y que todo esfuerzo contrario es un inútil disparate. Unos mozos traidores pueden ayudar a violar la ley y a ofender al Rey, pero no pueden arrancar a España parte de ella misma. Este Gobierno no tiene solución ya que debe existencia y dependencia y obediencia a los enemigos del Estado. Pero llegará la suspensión de la autonomía y, quizás, el estado de excepción. Al final pasará lo que tiene que pasar para evitar males mucho mayores. Para defender la existencia de España. Y la Constitución, esa que jamás ha defendido este Gobierno salvo para amenazar grotescamente a cinco militares que jamás la han cuestionado. Torra arenga a «atacar al Estado español» pero al Gobierno las amenazas directas de la Generalidad a los españoles no le importan. Juega con fuego. Su política de hechos consumados que dejan al Estado inerme fuerzan a toda la España que no se resigna a reaccionar con urgencia. Y el Gobierno se puede y debe encontrar este otoño con los españoles en la calle. Porque quien amenaza a la Constitución y a la Nación no es ningún militar, no son «las derechas» que grotescamente quiere el Gobierno criminalizar, sino el ejecutivo de Sánchez y sus siniestros amigos.

Hermann Tertsch.

Articulista de Opinión.
Ni pidiéndolo las víctimas.

Politización del 17-A.

Hughes.

Actualizado:

17/08/2018 04:00h.

Imaginen que por vínculos profesionales o personales fueran ustedes invitados al homenaje a unas personas fallecidas y que la asistencia a ese acto les obligara a coincidir con alguien a quien no desean ver, con quien mantienen un fuerte desacuerdo o de quien conservan un agravio durante mucho tiempo. Quizás surgiera la tentación inicial de escabullirse, pero sobre ella se elevarían algunas rigurosas voces íntimas: el sentido del deber, la obligación de corresponder a la persona u organismo que nos invitara y, sobre todo, la memoria de las personas fallecidas.

La fuerza de esas tres razones juntas (el vínculo personal o sentido del deber, la correspondencia a la invitación y la memoria de los muertos) es tan grande que ¿qué puede justificar desatenderla?

¿Qué tipo de inquina o desacuerdo con un tercero podría hacernos incumplir ese conjunto de obligaciones? Debería de tratarse de una querella más fuerte que todo lo mencionado.

¿Y cómo habría de ser, además, si la causa de la muerte fuera especial: el terror, con su amenaza explícita de nuevos atentados? La razón para no acudir tendría que ser una aversión delirante. ¿Y qué cotas alcanzaría esa hostilidad para que no importara que representantes de las víctimas homenajeadas nos pidieran olvidar las rencillas y reivindicaciones personales, las «cuestiones políticas»?

Estaríamos ante una animadversión inimaginable, incalculable, enfermiza; las magnitudes de ese sentimiento y sus causas serían superiores a la solidaridad y conmoción que el terrorismo provoca. Quizás más que de razones podríamos hablar ya de sinrazón.

Y ese sentimiento de odio es lo que lleva a la CUP y a ANC, dos organizaciones de reducidísima capacidad democrática, a boicotear al Rey, es decir, al jefe del Estado, en el acto de hoy en Barcelona. Ese odio explica que durante el último año las muestras de dolor o indignación independentista con el 1-O hayan ocupado mucho más espacio doliente y reivindicativo que la carnicería del 17-A. El rencor patológico de estas fuerzas políticas se concreta en el Rey, que molesta no tanto por lo que tiene de monárquico como por lo que tiene de símbolo unitario.

Hughes.

Articulista de Opinión.
Víctimas del odio en Cataluña.

Los guionistas de la infamia han tenido que renunciar a convertir los actos del 17-A en un mitin antimonárquico y antiespañol.

Isabel San Sebastián.

Actualizado:

16/08/2018 03:59h.

Las cosas se nos han ido tanto de las manos en Cataluña que resulta necesario precisar a quien me refiero con este titular, porque el número de aludidos es enorme. La principal característica del fanatismo, sea cual sea su apellido, es que incita a sus adeptos a odiar a quienes no comparten doctrina. Y desgraciadamente el fanatismo es un mal que asola con virulencia esa querida región. Fanatismo islamista, fanatismo nacionalista, fanatismo populista... la antítesis del «seny» y la apertura de miras que caracterizaron a Cataluña hasta hace no mucho tiempo.

Víctimas del odio supremacista alimentado por el separatismo somos el conjunto de los españoles conscientes y orgullosos de serlo, empezando por los que residen en dicha comunidad autónoma y se niegan a doblegarse a los dictados independentistas. O sea, los millones de ciudadanos que nos escandalizamos hasta la náusea, hace ahora un año, al contemplar el obsceno espectáculo de manipulación orquestado por los dirigentes de la Generalitat con el fin de convertir una manifestación de solidaridad con las víctimas de un atentado en un acto de exaltación soberanista. El grado de vileza requerido para llevar a cabo tan infame utilización del terrorismo es tan elevado que no existían precendentes, ni siquiera en el larguísimo historial de barbarie etarra y posterior «cosecha de nueces» peneuvista. Nunca la instrumentalización de una masacre con fines políticos fue tan burda y produjo tal repulsión. Tanta, que hasta los propios guionistas de la infamia han tenido que dar marcha atrás y renunciar a su intención inicial de transformar la conmemoración del primer aniversario de esa matanza yihadista en un mitin antimonárquico y antiespañol. Semejante bumerán les habría reventado la cara. Por eso, y no por un sentido del pudor que les es ajeno, los cabecillas del movimiento independentista anuncian su disposición a respetar el luto de una nación unida contra la brutalidad islamista y abstenerse de aprovechar la ocasión para llevar agua a su molino. Está por ver si la conveniencia les lleva a mantener una compostura que la mínima decencia exigible a un cargo público no fue capaz de garantizar en su momento.

Mañana, en Barcelona, si todo va como debe ir, España entera, representada por el Rey de todos, honrará la memoria de las únicas víctimas merecedoras de protagonismo en un día tan tristemente señalado; esto es, las que murieron asesinadas por los terroristas, los heridos y, por supuesto, todas las que perdieron a un ser querido a manos de esos criminales envenenados de odio al «infiel». Ellas son nuestras víctimas inocentes. Equiparar su situación a la de los familiares de los asesinos, como se hizo en los días siguientes al de los atentados, obedeciendo a la dictadura de lo políticamente correcto llevado al extremo, no solo es profundamente injusto, sino que constituye una traición a su memoria. Hay un momento y un lugar para cada duelo y desde luego el de los hijos de los asesinados no puede concidir con el de los padres de los asesinos. Va contra natura.

Queda mucho por investigar de esa jornada aciaga y sus prolegómenos. Múltiples indicios llevan a pensar que, si la policía autonómica hubiese actuado con más profesionalidad y menos sectarismo, contando con los cuerpos y fuerzas de seguridad nacionales, tal vez se habría podido evitar la catástrofe. Pero tiempo habrá para realizar esa tarea, si es que el Gobierno se atreve a cumplir con su ineludible deber de esclarecer lo ocurrido. Mañana es el día de las víctimas. Nuestras víctimas. Los inocentes abatidos por el odio fanático del yihadismo.

Isabel San Sebastián.

Articulista de Opinión.
Tibidabo.

La forma preferida del diablo es la comodidad.

Salvador Sostres.

Actualizado:

14/08/2018 08:19h.

Le he dicho a mi hija que subiríamos andando al Tibidabo y le he contado cómo Cristo fue tentado por el diablo, y que a ello debe el nombre la montaña. Para los que no vivimos de nuestro cuerpo, no es cualquier cosa subir andando desde Doctor Fleming al parque de atracciones; y para una niña de seis años resulta una gesta de las que un padre no se cansa de recitar durante los meses siguientes. Me gusta cómo Maria transforma las dificultades en retos, cómo se crece cuando le cuesta y lo bien que se siente en nuestras conversaciones de adulto.

Sobre el «tibidabo» del diablo a Jesús, le he explicado que casi nunca el demonio se nos presenta con cuernos y tridente y que su mayor astucia -Baudelaire lo dice- es hacernos creer que no existe. Le he dicho que mientras durara el ascenso también a ella se le aparecería bajo la forma de tener ganas de quejarse, de abandonar, de pensar que no merece la pena continuar intentándolo. La forma preferida del diablo es la comodidad y aunque su destino final siempre es el mal, su estación intermedia más conocida y superpoblada es la mediocridad.

No se ha quejado ni una vez aunque hemos salido a las tres y media bajo el sol inclemente de agosto. La ola de calor ya pasó pero estábamos a 30 grados. Le he contado también que el templo que preside la montaña es expiatorio: que lo pagaron los fieles de Barcelona cuando se enteraron de que en su lugar querían construir un casino y un lupanar; y que así quisieron dejar constancia de su fe y pedir perdón por sus pecados.

«Claro» -me ha respondido ella, y ahí es cuando he decidido escribir el artículo- «no seremos nunca perfectos, pero podremos siempre mejorar». Y tras un silencio elegante como si fuera consciente de la hermosa frase que acababa de pronunciar, me ha confesado: «yo también estoy mejorando esforzándome por subir al Tibidabo».

Justo antes de llegar al parque hemos pasado por delante del hotel La Florida y pensado que yo también podía mejorar. Le he dicho que ya tendríamos tiempo para las atracciones, le he comprado un biquini en la tienda del hall y se ha bañado como una princesa en la piscina, con magníficas vistas sobre la ciudad. Desde que Ada Colau ha convertido el Tibidabo en una metáfora venezolana de la decrepitud y la decadencia, hasta una niña de seis años prefiere la piscina en calma de un hotel de cinco estrellas a la deprimente sordidez en que el populismo de la izquierda convierte cualquier diversión de la Humanidad.

Hemos tomado un helado, he podido escribir esta columna, hemos escuchado la voz sinuosa del demonio y hemos sabido mantenernos en la Luz. De fondo, y en la esencia de la aventura, el deseo muy de niña de que su padre esté orgullosa de ella, y el orgullo, muy de hombre, de que tu hija se abra paso entre las tinieblas de lo fácil para alargar los dedos hasta tocar la cara de Dios.

Lenta la noche ha ido cayendo sobre la piscina de La Florida. He mirado al Cristo sobre la basílica y me ha parecido que sonreía.

Salvador Sostres.

Articulista de Opinión.
ESTO ES LO QUE HE SACADO DE LA PRENSA.

EL POLÍTICO IRRECONOCIBLE.

El drástico cambio físico del socialista Antonio Miguel Carmona.

El político, habitual en los debates televisivos, apareció en 'Espejo Público' para hablar sobre el día Internacional de la Mujer y la huelga del 8-M. En el plató se le vio visiblemente desmejorado y con algunos kilos menos.

12 marzo, 2018.
... (ver texto completo)
TRIANA. En efecto, así vi yo a Carmona la última vez. A mí me caía muy bien.
ESTO ES LO QUE HE SACADO DE LA PRENSA.

EL POLÍTICO IRRECONOCIBLE.

El drástico cambio físico del socialista Antonio Miguel Carmona.

El político, habitual en los debates televisivos, apareció en 'Espejo Público' para hablar sobre el día Internacional de la Mujer y la huelga del 8-M. En el plató se le vio visiblemente desmejorado y con algunos kilos menos.

12 marzo, 2018.

Edurne Pujol.

Antonio Miguel Carmona (55 años) ha vivido un profundo cambio físico. El dirigente socialista hizo su última aparición pública en el programa Espejo Público, allí se le pudo ver frente a las cámaras y comprobar así la gran transformación física que ha vivido.

El político del Partido Socialista se sentó en el plató y lo hizo con varios kilos menos y un nuevo look. El cambio físico del político es uno de los más categóricos que se han visto en los últimos días en la televisión.

El político fue uno de los invitados en el día especial de la mujer de este 8 de marzo en el que Susanna Griso (48) no presentó el programa, en su lugar estuvo Albert Castillón, quien moderó el debate en el que participaba Carmona.

El socialista se presentó en el programa visiblemente cambiado, con bastantes kilos menos y un gesto deteriorado por el paso del tiempo. El político, que comenzó su carrera mediática con participando en los debates de índole política, se ha convertido en un asiduo frente a las cámaras. El cambio de peso quizás no le ha sentado del todo bien y le hace ver algo más deteriorado.

La cara de Antonio Miguel Carmona, más perfilada por la ausencia de kilos, también ha notado el cambio causado por un nuevo corte de pelo. Antes lo lucía más largo, con la raya a un lado y perfectamente peinado. Su melena siempre iba peinada con esmero hacia un lado. Pocas imágenes públicas hay del político con el pelo revuelto.

Durante su intervención en el debate se pudo ver cómo ya no sigue esta premisa. Se presentó algo más desaliñado y levemente desmelenado aunque con el pelo corto. El político aparece ahora con sus gafas de ver, accesorio que antes no solía lucir y ahora sí.

Carmona se ha mostrado muy activo en redes sociales y medios, apoyando la huelga feminista. Así lo hizo en el programa donde lucía el lazo morado a favor de la movilización del 8-M.
TRIANA. Todos o casi todos hacen lo mismo. Colocan a sus amigos, no a los que más saben. Me pregunto. ¿por dónde andará Carmona?
Ángel, hace tiempo que no se nada de Carmona, voy a echar un vistazo para ver que ha sido de el.
EDITORIAL ABC.

Sánchez, agencia de colocación S. L.

El líder socialista ha tardado muy poco tiempo en superar con creces la conducta cesarista, endogámica y de nepotismo que censuraba a los líderes de los demás partidos.

ABC.

Actualizado:
... (ver texto completo)
TRIANA. Todos o casi todos hacen lo mismo. Colocan a sus amigos, no a los que más saben. Me pregunto. ¿por dónde andará Carmona?
EDITORIAL ABC.

Sánchez, agencia de colocación S. L.

El líder socialista ha tardado muy poco tiempo en superar con creces la conducta cesarista, endogámica y de nepotismo que censuraba a los líderes de los demás partidos.

ABC.

Actualizado:

12/08/2018 10:54h.

EL Gobierno de Pedro Sánchez se ha convertido en una rutilante agencia de colocación de personas que le fueron fieles cuando su partido lo defenestró, de amigos que han accedido a los escalones intermedios de la Administración y, muy especialmente, de miembros de la dirección federal de su partido. De hecho, más de la mitad de su Ejecutiva ha accedido tras la moción de censura a cargos públicos de relevancia con sustanciosos salarios para una legislatura que, según comprometió Sánchez en el Congreso, sería corta porque su objetivo era convocar elecciones. Pero es evidente que, salvo catástrofe política para Sánchez, no será así. Incluso, miembros del Gobierno han desmentido a su propia portavoz, Isabel Celáa, tras haber admitido que, sin techo de gasto y sin presupuestos generales, Sánchez manejaba la opción de convocar comicios.

El enchufismo benefactor de simpatizantes de Sánchez ha llamado la atención porque La Moncloa ha elevado de una forma innecesaria la dotación económica para la creación de puestos de confianza y asesorías, como ningún otro Gobierno lo había hecho antes en democracia. Además, muchos de los nuevos altos cargos no tienen ninguna experiencia de gestión de recursos públicos si nos atenemos a sus propios currículos profesionales. Más aún, desde comienzos de junio, la actividad del partido como tal se ha convertido en un erial, toda vez que Sánchez ha preferido premiar a quienes le acompañaron durante su travesía del desierto hasta que recuperó la secretaría general del PSOE. Las direcciones de Correos, Paradores, el CIS, las embajadas «políticas» de relevancia, Red Eléctrica y la Sepi, Renfe, delegaciones del Gobierno y un innumerable núcleo de cargos públicos han sido copados, y en casos concretos muy significativos, por personas cuya cualificación para su gestión ha sido puesta en duda por la oposición.

A Sánchez, las exigencias ciudadanas de una Administración que no esté innecesariamente sobredimensionada parecen importarle poco. Tampoco las graves consecuencias de engordar el déficit público, o gastar a manos llenas la caja del Estado. De hecho, el PSOE ya ha anunciado el diseño de una nueva política basada en el incremento de impuestos que volverá a penalizar a la clase media con tal de mantener una gestión económica expansiva, simular que actúa fiscalmente contra las élites, y repetir sin cesar que será el presidente que acabe con la austeridad y los recortes.

Pero a la hora de la verdad La Moncloa no ha dejado sin colocar a personas con las que Sánchez cree tener deudas morales o de agradecimiento personal. Sánchez ha tardado muy poco tiempo en superar con creces la conducta cesarista, endogámica y de nepotismo que censuraba a los líderes de los demás partidos, dejando tras de sí una estela de agravios, venganzas y favoritismo que empieza a ser cuestionada ya hasta en sectores del PSOE.

ABC.
La choza del pueblo.

Resulta que al final el Movimiento al Socialismo de Morales en Bolivia era subirse a un piso alto para ver al personal desde arriba.

Juan Pablo Colmenarejo.

Actualizado:

11/08/2018 02:34h.

Resulta que al final el Movimiento al Socialismo de Morales en Bolivia era subirse a un piso alto para ver al personal desde arriba. Es decir, todos somos iguales pero unos más que otros siguiendo la directriz del Napoleón de Orwell en Rebelión en la Granja. Por mucho que se empeñe la portavoz del Gobierno boliviano, Gisela López, la «Evosuite presidencial» no es una «necesidad del pueblo» sino un gustazo que se ha dado el líder bolivariano quedándose más ancho que largo. La choza será del pueblo pero sin el pueblo porque el despotismo necesita lustre y mucho cuarto de baño, sauna, masaje y jacuzzi. ¡Qué no falte de nada! En este mundo global, el piso 24 del complejo presidencial de Morales sobresale por su poderío y dotación. Por encima de los mil metros cuadrados de vivienda solo hay una sala de embarque para el helipuerto que adorna la torre de Evo.

Además, el presidente no tiene más que bajar otro nivel desde su dormitorio para ocupar el despacho que por supuesto llena otra planta e incluye lo que los diseñadores del espacio llaman un «estar íntimo». Debe ser que en el piso de arriba no hay suficientes metros de intimidad. Queda claro que Morales es un hombre dedicado a su país las 24 horas del día y que por ello se ha construido una complejo presidencial de 40 millones de dólares dejando a un lado cualquier revolución pendiente. Que te lleven en helicóptero al masaje, en tu casa, es un acto de justicia para quien ha decidido quedarse con el trigo después de predicar.

Poco importa que haya hospitales sin medicamentos, como denuncia la oposición, si el jacuzzi tiene el agua a la temperatura correcta y hace cosquillas en las plantas de los pies. La torre del orgullo de Morales sobresale en La Paz. Solo los mil metros de Evosuite equivalen a 17 viviendas sociales de 60 metros que reparte su Gobierno. Esa es la vara de medir con la que están echando cuentas los bolivianos. Se trata de igualar por abajo para que la nada esté bien repartida entre los demás mientras por arriba se contempla el altiplano. El socialismo real siempre genera una élite que guarda con celo sus prebendas aunque en algunas ocasiones construyen el edificio tan alto que es imposible ocultar la arrogancia del inquilino. Por lo tanto, la revolución era la del lujo. Volviendo a Orwell, lo más difícil es darse cuenta de lo que uno tiene delante de las narices. Pues eso, #la choza para el pueblo pero sin #el pueblo.

Juan Pablo Colmenarejo.

Articulista de Opinión.
Hay que gobernarlo.

Da igual lo que diga Pablo Casado, cualquier palabra suya basta para señalarlo como un político de extrema derecha.

Rosa Belmonte.

Actualizado:

31/07/2018 08:25h.

Hablaba el otro día con un amigo de expresiones de toda la vida que ahora nos afearían mandándonos a la isla del Diablo. O a la Fuerteventura de Unamuno. Aunque el exilio de hoy es peor. Carril de sentido único con ceporros mirándote la limpieza de sangre. Lo nuestro era un poco como lo que llevó al concejal Zapata al ostracismo municipal, pero sin chistes burros por escrito. La que más me gustó de sus expresiones (de las de mi amigo) fue «pesa más que un negro muerto». Yo las tenía asquerosas, pero con esas no se despiertan los ofendiditos (por ejemplo, una que sólo he escuchado a la madre de una amiga para expresar de cualquier comida que le gustaba mucho: «Me lo comería en la cabeza de un tiñoso»). Según Pablo Casado «no es posible que haya papeles para todos, no es posible que España pueda absorber millones de africanos que quieren venir a Europa». Una obviedad que no olvida las tragedias humanitarias y cotidianas. «Y como no es posible, tenemos que empezar a decirlo aunque sea políticamente incorrecto». Hombre, políticamente incorrecto es decir hoy de algo que «pesa más que un negro muerto». Que no es por el negro, que ya sería suficiente para los que quitan nigger de Huckleberry Finn, es por el negro muerto (las tragedias cotidianas). Pero lo que plantea Pablo Casado tiene que ver más con que el dinero público sea finito, con que la gente quiera tener pensiones, una sanidad pública decente, cobrar el paro, que hagan y mantengan carreteras, que les pongan un AVE en su ciudad. Cosas así de extravagantes.

Y lo de empezar a decirlo… Celestino Corbacho, ministro de Trabajo del Gobierno de Zapatero, ya lo hizo en 2008: «No estoy a favor de los papeles para todos… [La inmigración] es un fenómeno rápido y masivo y no es neutro. Hay que gobernarlo. Cuando usted entra en un país de libertades y derechos, no sólo goza de esas ventajas, tiene también las misma obligaciones que los demás. Lo que este país tiene lo han conquistado sus habitantes con sus esfuerzo y su sudor, sea un parque, sea lo que sea. Un país, un barrio, una escalera nunca pueden gobernarse con las normas del último que llega». Anda que si Casado llega a marcarse esta parrafada. Bastante con lo que ha dicho. Que si es Trump, que si es Salvini, que si es Orbán...

Al presentar La sociedad multiétnica, Giovanni Sartori atacaba el tercermundismo falsario que unía a la izquierda tradicional con una iglesia llena de absurdo entusiasmo misionero. A saber qué habría dicho Sartori de Salvini. Y Oriana Fallaci. Pero da igual si se trata de inmigración o de cualquier otra cosa. Si Casado habla de ideología de género está en contra de los derechos de las mujeres. Abre la boca y le pasa como en aquella parodia de La escobilla nacional cuando Yolanda Ramos hacía de Belén Esteban y Carlos Latre, de Jaime Peñafiel. El original provenía de un «Deluxe» en el que a Peñafiel se le ocurrió debatir con Belén (bueno, pensemos en otro verbo). Salió escaldado porque casi no le dejó hablar. Ella saltaba dijera lo que dijera. En la parodia, Peñafiel pronunciaba cosas como «lípidos activos» y Belén/Yolanda se tiraba como una loba a refutarle. Cualquier cosa que Pablo Casado, la gran esperanza facha, diga son «lípidos activos» que lo retratan con un político de extrema derecha. Y no hay nada más lógico que lo que decía Celestino Corbacho, que el problema de la inmigración había que gobernarlo. Otra cita de autoridad es el tuitero @lapuntitanamas: «Raquel Mosquera no puede acabar ella sola con todo el problema de la inmigración africana».

Rosa Belmonte.

Articulista de Opinión.
Conciertos y concertinas.

A Sánchez le conviene dejarse de conciertos de verano y ocuparse más de las concertinas de julio.

Carlos Herrera.

Actualizado:

27/07/2018 08:38h.

Toda llamada a la prudencia en aspectos que tengan que ver con la inmigración ilegal despiertan, se quiera o no, sospechas hipersensibles en los insufribles ámbitos de la corrección política. Cuando el Gobierno de España sobreactuó con cálculo político en el caso del barco Aquarius, algunos advirtieron del efecto perverso que ello podía crear en las difíciles fronteras españolas, bien las de Ceuta o Melilla, bien las meramente marítimas. España, en aquel momento, guste más o guste menos, envió un mensaje y éste fue tomado en cuenta por quienes organizan adecuadamente los mecanismos de entrada a la Unión Europea. Si Italia se cierra, siempre nos quedará España. Y así ha sido.

En torno a 600 inmigrantes ilegales han asaltado la frontera de Ceuta con cizallas, palos, excrementos y cal viva y han conseguido el objetivo, la prueba de la yincana: cruzar la frontera en el convencimiento de que ello garantiza ser atendido, alimentado y distribuido por el territorio nacional o europeo. El que consigue pasar obtiene el premio. El que no, que trate de repetir con más éxito. Si al gesto con el Aquarius se le suman las primeras palabras, nada más llegar al cargo, del ministro de Interior Grande Marlaska asegurando que se estudiaba retirar las concertinas para ser más humanos y tal y tal, la frase de « ¡todos a España!». Fue probablemente la más pronunciada en círculos ligados a la inmigración ilegal. Si uno pronuncia esa frase taaaan correcta y humana, taaaan cool y progresista, inmediatamente tiene que compensarla con importante aumento de efectivos y medios para reforzar la seguridad de las fronteras. Un país que no muestra objetiva preocupación y ocupación en asegurar la inviolabilidad de sus límites es un país de churrete. Si quitas las concertinas, o aún peor, si dices que las vas a quitar y no facilitas más armamento a quienes, no lo olvidemos, garantizan la seguridad de las fronteras, les estas poniendo a los pies de los caballos.

Ningún país medianamente serio puede permitir que 600 individuos invadan sus límites utilizando la violencia. La Guardia Civil o la Policía Nacional debe estar debidamente asistidas para cumplir su misión y debidamente respaldadas ante la posibilidad de que un juez majadero, como ha ocurrido, inicie una causa general contra ellos por su actuación en la defensa de los límites fronterizos. Asaltar fronteras de un país soberano o agredir a sus autoridades policiales no merece que sean tratados con abracitos por su heroicidad y la dichosa prueba superada. O inmediatamente se les devuelve o el mensaje queda debidamente grabado: haya o no haya alarma política y social, España es el objetivo de una oleada incontenible de inmigración ilegal ante la que las autoridades españolas y europeas no saben qué hacer, los segundos porque creen que es un problema español y los primeros porque tienen miedo a salir mal en la foto. Que tomen nota: el rey de los progres, Rodríguez Zapatero, empezó diciendo aquello de que la tierra es del viento y acabó instalando las concertinas, independientemente de que ello hiciera que Elena Valenciano se fuera a llorar, impresionada, a la sombra de un ciruelo. El nuevo progre de guardia, Pedro Sánchez, acompañado de su ministro de Interior, celebra su particular ceremonia del sol y le entran, de momento, 600 tíos a palos por Ceuta y miles en pateras por todo el perímetro andaluz sin que sepan qué dedo mover ya que toda medida contundente es vista con recelo en el universo que pueblan.

A Sánchez le conviene dejarse de conciertos de verano y ocuparse más de las concertinas de julio. Trabájese mejor Marruecos, dote debidamente a las fuerzas de seguridad y transmita los mensajes correctos a los que asaltan fronteras ante la complicidad política de muchos irresponsables. De lo contrario nos esperan muchos dolores de cabeza.

Carlos Herrera

Articulista de Opinión.
La cruda realidad de Sánchez.

Al presidente le espera un suplicio lento, entre el chantaje político y la humillación parlamentaria.

Isabel San Sebastián.

Actualizado:

26/07/2018 16:39h.

El presidente del Gobierno empieza a percibir la oscuridad del pozo en el que se halla inmerso. Duerme en La Moncloa, sí, cumpliendo con ello un viejo anhelo, aunque es probable que ni siquiera le dé tiempo a terminar de redecorar la casa. Ejercer alguna clase de poder con 84 diputados resulta misión imposible, especialmente cuando sus socios oscilan entre la extrema izquierda populista y el supremacismo separatista, sin olvidar a los amigos de ETA. Ha tardado unas semanas en darse cuenta de su verdadera situación, pero es de suponer que a estas alturas será consciente de lo que le espera: un suplicio lento, entre el chantaje político y la humillación parlamentaria, hasta verse abocado a convocar elecciones anticipadas como única salida al deterioro de su partido y la parálisis de su país.

Hay quien piensa que le es indiferente ese horizonte marcado por la coacción permanente de quienes lo encumbraron. Que, asegurada la magnífica pensión vitalicia aparejada a la ocupación del sillón, lo que suceda con el socialismo, con España e incluso con su propio nombre no es algo que le quite el sueño. Yo tiendo a pensar que le importa, aunque solo sea por la altivez que desprende en cada gesto y cada pose; por la arrogancia con la que comete indecencias de manual como utilizar un avión militar para asistir junto a su mujer a un concierto en Benicásim. ¡Claro que le importa! Sobre todo porque es probable que haya llegado a creerse la versión de su corte de aduladores y piense que debe el cargo a su valía, su astucia y su genialidad, en lugar de comprender que está donde está únicamente porque a quienes votaron con él la moción de censura de Rajoy les convenía un líder del Ejecutivo débil, cautivo de su respaldo y rehén de sus exigencias. Si se tiene en tan alta estima, percibirá cada votación perdida en el Congreso como una muestra de ingratitud intolerable amén de una oportunidad desaprovechada y una ofensa personal imperdonable. Le dolerá. ¿Cómo no va a dolerle? Sánchez se considera plenamente merecedor de su posición actual, a pesar de haber obtenido los peores resultados electorales en toda la historia del PSOE. Quemar tanta vanidad en la hoguera de su minoría absoluta no ha de resultar nada fácil.

El candidato a ostentar el récord de menor permanencia en el despacho presidencial pensaba que bastarían su figura, su talante dialogante y su bandera progresista para meter en vereda constitucional a los independentistas catalanes ¿verdad? Pues no señor. A las huestes del lazo amarillo acaudilladas por Puigdemont les importa un comino el color del inquilino monclovita. No buscan conversar con él, sino obligarle a claudicar, someterle. Y si no lo consiguen, porque no está en su mano darles lo que piden, acabarán dejándole caer en el momento más oportuno para sus intereses secesionistas. Los podemitas de Pablo Iglesias tampoco le acompañan por amor. Pretenden arrancarle concesiones impagables en términos presupuestarios, que luego se encargarán de rentabilizar en las urnas atribuyéndose el mérito en las tertulias televisivas. ¡Y Sánchez que creyó en la lealtad del escorpión...! Para terminar de completar su catálogo de desgracias, el PP ha salido del letargo ideológico en que lo tenía sumido el marianismo, eligiendo a un presidente sin complejos que se dispone a plantar cara con fuerza desde su mayoría absoluta en el Senado, y Ciudadanos no ceja en su empeño de reclamar que nos permitan votar.

Esa es la realidad, la cruda realidad a la que se enfrenta Pedro Sánchez.

Isabel San Sebastián.

Articulista de Opinión.
¿Ese Sr podía esperar que el Banco Santander, bueno ningún Banco diga otra cosa? ¿Dice que son empresas? Unas empresas muy especiales, ahora se està quedando con el Banco Popular por 4 € y con algún Banco más anteriormentr. Europa les provee de todos los fondos que necesiten por nada, sin intereses nosotros hemos puesto de nuestro bolsillo más de 40 000 millones de €, ya vale ¿no?
No tengo ahora más tiempo.
Saludos.
CLARA. ¿Dónde hemos puesto más de 40 000 millones de euros? ¿QUIÉN LOS HA PUESTO?
¿Ese Sr podía esperar que el Banco Santander, bueno ningún Banco diga otra cosa? ¿Dice que son empresas? Unas empresas muy especiales, ahora se està quedando con el Banco Popular por 4 € y con algún Banco más anteriormentr. Europa les provee de todos los fondos que necesiten por nada, sin intereses nosotros hemos puesto de nuestro bolsillo más de 40 000 millones de €, ya vale ¿no?
No tengo ahora más tiempo.
Saludos.