Opinión, repasando columnas


Venga no digas chorradas que estás muy visto caradura.
Otros son la prensa que leemos
VIDAS EJEMPLARES.

Al menos no mientan.

«No habrá impunidad», dice Sánchez cuando ya la está habiendo.

Actualizado: 19/10/2019 13:00h.

Al mediodía de ayer, exactamente cuando el ministro Marlaska aseguraba que «se puede visitar Barcelona con total normalidad», el emblemático templo de la Sagrada Familia cerraba sus puertas por temor al vandalismo separatista. ¿Dónde está la «normalidad»? Desde Bruselas, Sánchez advertía en tono solemne: «No habrá espacios para la impunidad». Lo hacía mientras la AP-7, arteria que une España y Francia, estaba cerrada en La Junquera, con colas de 30 kilómetros, porque un grupo de alegres CDR perfectamente impunes tuvieron a bien cortar el paso a miles de vehículos. En el Prat, 58 vuelos se quedaron en tierra. La Seat mandó a sus 3.500 empleados a casa. Uno de los supermercados Mercadona que decidieron abrir fue invadido por la turba y los piquetes forzaban el cierre de comercios. A partir de las cinco de la tarde comenzó la violencia desatada en Barcelona, con imágenes propias del Beirut de los malos tiempos, colofón de una «huelga política» que nuestra legalidad no admite. Las llamas subían al cielo tras las furgonetas de la Policía Nacional. Los radicales intentaron asaltar la Jefatura Superior y lanzaron bolas de acero a los agentes. ¿Dónde está la «normalidad», señor ministro? ¿Cuál es esa «impunidad» que usted no tolera, señor presidente, cuando la violencia lleva cinco días rampando impune? El mandatario que soporta Cataluña incluso cortó personalmente una autopista y no ha pasado nada. Por favor, al menos no nos mientan.

La imagen que transmite España desde el lunes es la de un país de riesgo, lo que pagaremos con mermas en el turismo, la inversión foránea y el prestigio internacional. Además Barcelona se está convirtiendo en imán para anarquistas antisistema de toda Europa y puede comenzar un peligroso efecto contagio (ayer ya hubo incidentes en el País Vasco). Se ha tolerado que una minoría de separatistas violentos, espoleada por el propio Torra, haya secuestrado la vida pública de una comunidad puntera. No ha habido previsión gubernamental ante un desafío anunciado. ¿Qué dice Sánchez mientras la guerrilla urbana destroza Barcelona? Pues que el Gobierno lo tiene todo previsto, pero que «la sociedad no entendería» que se tomasen ya medidas de emergencia (léase la Ley de Seguridad o el 155). Falso. Lo que la sociedad no entiende es que su Gobierno haga el avestruz mientras el orden público se hace añicos en la segunda ciudad de España.

Sánchez, maniobrero hasta el final, no olvida que dentro de 22 días hay elecciones. Está sopesando si intervenir en serio en Cataluña le puede aportar o restar votos. Probablemente en unos días tomará las medidas que hoy dilata y entonces se investirá en ropajes de patriota. Pero puede que el público haya despertado: se está desinflando en los sondeos.

Muchos españoles se sienten abandonados, muy en especial nuestros queridos compatriotas catalanes, y ayer, digamos la verdad, echamos de menos un gesto al respecto de nuestro magnífico Rey. A las nueve de la noche, mientras las calles seguían ardiendo, comparecía Marlaska para minimizar la huelga ilegal y las manifestaciones salvajes. Este es el No Gobierno que tenemos.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
ENFOQUE.

La victoria del capitalismo.

Fracasa la huelga política.

Salvador Sostres.

Actualizado: 19/10/2019 00:24h.

Tras la «huelga de país» del 3 de octubre de 2017, tuvo que salir el Rey a recordarnos las bases de la convivencia y de nuestro ordenamiento constitucional. Tras la jornada de ayer sólo tuvieron que salir los antidisturbios y el camión de la basura. Mis amigos independentistas se negaban a creerlo, pero siempre les dije que acabarían así. Señorita, tenga la bondad: hágame un gintónic, tráigame la cuenta y llame a la Guardia Civil.

De una huelga de la que el mundo entero estuvo pendiente, el independentismo ha pasado en dos años a una huelga masivamente ignorada dentro y fuera de casa, con la gran mayoría de comercios abiertos en una Barcelona que por fin plantó cara a los que quieren arruinarla, y a unas manifestaciones que todo el mundo sabe que no pueden conducir a nada. No fue una huelga, fue una Diada. Almorzamos en Coure, pletórico de concuerrencia y de pecorino trufado.. Y Via Veneto, Gresca, Nairod, Nobu, La Lonja, Yashima o Rías de Galicia también abrieron. Todos abrieron. El comercio fue la victoria del capitalismo sobre la barbarie.

No fue una revuelta: fue el folclore folclorizado, turba amontonada. Fue lo de siempre pero con la vergüenza de la violencia y con una asistencia muy mermada: la Guardia Urbana habló de medio millón, exageradísimo dato, pero que en cualquier caso ni llegó la mitad de las anteriores Diadas. Entre los convocantes destacaba el asesino Carles Sastre. Fundó Terra Lliure y segó la vida de José María Bultó colocándole una bomba en el pecho. Buena gente de verdad. Som gent de pau.

El independentismo celebró ayer su primer funeral, reducido ya a un problema de orden público. Sólo estuvieron pendientes de ellos los antidisturbios y las imágenes que resumieron su jornada fueron las de las capuchas y los contenedores incendiados. A nadie le importaron las marchas y hasta sus medios orgánicos se centraron en retransmitir los altercados. Puigdemont desde Waterloo -Tsunami- y Torra desde San Jaime -los CDR- han puesto la violencia en el corazón de la estrategia independentista y las cargas de la Policía fueron la esperanza de una ciudad que quiere vivir en paz y ser libre. Ayer se impuso la Barcelona decente y las sonrisas ardieron en las hogueras. Y mientras en Asturias nuestra Princesa confirmaba la dinastía, y el Destino, con su padre al lado, lleno de orgullo; los hijos de la burguesía catalana, con su cara tapada y sus piedras, certificaban la derrota no sólo del «procés» sino de una sociedad arrogante, frívola, estéril y que ha de entender qué es la libertad antes de reclamarla.

Salvador Sostres.

Articulista de Opinión.
EL BURLADERO.

Cuando no hay amparo.

¿Dónde están los políticos?, se preguntan algunos. ¿Dónde están los que deben gestionar la salida a esta absurda locura?

Actualizado: 18/10/2019 07:37h.

Los catalanes tienen serios problemas; los suficientes como para estar preocupados. Una turba hiperventilada que considera que la calle es suya y a la que desde los poderes locales se le ha hecho creer que es así, goza de una libertad de movimientos absolutamente inaudita. Cierto es que, en esta ocasión, los policías autonómicos están echando el resto, cosa que no hicieron dos años atrás, pero ello no impide que se quemen vehículos, se prendan fuegos, se corten carreteras o se saboteen infraestructuras, todo ello ante la mirada complaciente de quienes mandan los operativos de seguridad. El problema al que vengo a referirme y que debe crear perplejidad en buena parte de los catalanes que quedan adscritos a la sensatez es el que tiene que ver con la contradicción surrealista que vive el antaño reino de la modernidad y el progreso industrializado: el mismo presidente gestor de la vida administrativa catalana es el que corta las carreteras o el que insta a las masas a que boicoteen los accesos al segundo aeropuerto del país o a que impidan la salida de los trenes destino a ninguna parte, mientras los alegres muchachos lobotomizados por la educación del odio queman neumáticos, levantan barricadas y disparan cohetes a los helicópteros que sobrevuelan las algaradas. Hay algo que falla, y los catalanes no suelen ser gente acostumbrada a que las estructuras elementales que generan el beneficio diario se pongan en peligro por acción de sus propios gestores. Los ciudadanos de Cataluña empiezan a tener miedo, todos; incluidos los pasteleros acomodaticios que siempre encuentran una excusa para justificar a los más rupturistas y que en esa comunidad son legión. Las circunstancias más extremas, las que presumían que nunca podían concurrir en la tierra de la sensatez pastueña elevada a característica programática, están haciendo tambalear ese convencimiento tan septentrional de que, en aquella esquina, no estaba contemplada la autodestrucción.

Está ocurriendo. Cataluña se aboca a una sorprendente muerte lenta a la que se llega por el amedrantamiento de aquellos que alimentan la sangre de la comunidad a través de la inversión, propia o ajena. Los jubilados no quieren vacacionar con el Imserso, los congresistas prefieren cambiar el lugar de celebración por cualquier otro, los turistas dudan si acercarse a Barcelona, las empresas salen en goteo lento pero continuado y los propagandistas de las innegables bellezas de la comunidad empiezan a dudar de la conveniencia de difundirlas. La que, teóricamente, era Revolución de las Sonrisas se ha transformado en una cohorte de violentos anarcoides que no dudan en hacer la vida imposible a sus propios conciudadanos, a los que parecen odiar y a los que, a los hechos me remito, culpan de todos los supuestos males que aquejan a la vaporosa y absurda idea de la independencia. En Cataluña empieza a cundir la sensación de abandono de una buena parte de la población que, incluso, puede empezar a darse cuenta de que clase de gente es en la que ha confiado. No digamos si esa parte de la ciudadanía es la que no comparte ni por asomo las tesis independentistas: cuando les acosa el poder maléfico establecido, tanto en la calle como en las oficinas, miran hacia quienes pueden salvarles de su infierno y ¿a quien encuentran?: a Sánchez.

Encuentran a un sujeto que tal vez no le quita importancia a lo que ocurre, pero que lo parece. Y a un ministro del Interior que dice que todo pasará gracias a la colaboración de las policías. Se dan de bruces con un presidente que le debe mucho a gente nacionalista, independentista y extremista como para mostrar una firmeza que sea algo más que una colección de interesados gestos electoralistas. ¿Dónde están los políticos?, se preguntan algunos. ¿Dónde están los que deben gestionar la salida a esta absurda locura?

Carlos Herrera.

Articulista de Opinión.
EL CONTRAPUNTO.

Manicomio catalán.

El loco mayor, Torra, blindado por la cobardía de Sánchez, apoya la insurrección abandonando a su suerte a los catalanes de bien.

Isabel San Sebastián.

Actualizado: 17/10/2019 00:19h.

Cataluña se asemeja cada día más a la película «Asylum: el experimento», ambientada en una institución psiquiátrica donde los locos han tomado el control, mantienen encerrados a los auténticos profesionales y gestionan el establecimiento a golpe de terror, bajo la dirección del doctor Lamb (magistralmente interpretado por Ben Kingsley), que aparenta ser un eminente psiquiatra cuando en realidad padece una demencia peligrosa. El parecido entre Joaquín Torra y Lamb/Kingsley es tan extraordinario que merecería un guión adaptado a la Generalitat.

El mal que aflige a la mitad de la sociedad catalana no es una locura al uso, sino una mezcla perversa de supremacismo, odio, empecinamiento y ceguera política, cuyos efectos resultan tan devastadores como la peor de las patologías descritas en los tratados de medicina. Al igual que ocurre con éstas, existen distintos grados de afectación. Los casos más leves se traducen en la convicción de ser personas distintas y mejores que el resto de los españoles. Los más graves llegan a provocar conductas extraordinariamente violentas, como las manifestadas estos días en las calles de Barcelona y otras ciudades, con agresiones a miembros de las fuerzas de seguridad o a mujeres «culpables» de ondear la bandera rojigualda aborrecida por esos sujetos, cortes de vías de comunicación, bloqueo del aeropuerto, incendio de locales y mobiliario urbano e incluso la preparación de atentados terroristas, felizmente abortada por la Guardia Civil. Entre medias se sitúan los especímenes que en la película encarnan los ayudantes del doctor Lamb y en Cataluña ocupan puestos tan decisivos como los rectorados de las universidades públicas, desde donde secundan las algaradas estudiantiles al urgir a los pocos profesores responsables que aún conservan su puesto a desconvocar exámenes y apoyar de ese modo la huelga, privando de sus derechos a los alumnos deseosos de continuar con sus estudios; la televisión autonómica, dedicada las 24 horas del día a ensalzar y jalear cualquier iniciativa independentista, empezando por las más opuestas a la legalidad y la convivencia; la dirección de las prisiones locales, que ensayaron recientemente lo que se disponen a hacer con los sediciosos condenados, al soltar al corrupto Pujol mucho antes de cumplir su pena, o la gestión de los presupuestos, repartidos a manos llenas entre los múltiples colectivos que agrupan al resto de locos.

Capítulo especial merece el perturbado mayor, el «president» al mando de este manicomio donde quienes deberían estar a buen recaudo son los que imponen su autoridad a los cuerdos, exhibiendo un comportamiento que en cualquier situación de normalidad democrática le llevaría a ser apartado del poder y posiblemente recluido, ya fuese en una cárcel o en un centro para trastornados. Ahí está Torra/Lamb, el usurpador, apoyando con entusiasmo los llamamientos a la insurrección que denomina con desvergüenza «protestas pacíficas». Ahí está, tan campante, amenazando con perseverar en los delitos cometidos por su predecesor, huido de la Justicia. Ahí está, en su torre de marfil blindada por la cobardía de Sánchez, abandonando a su suerte a los catalanes de bien, deseosos de vivir en paz en una comunidad sujeta al imperio de la ley y el orden. Ahí está, atrincherado en la impunidad que le brinda un Gobierno rehén de sus socios separatistas, creando el marco perfecto para que Cataluña se hunda en la ruina.

Claro que acaso los locos seamos nosotros por creer en la Constitución y el Estado de Derecho. ¿No acaba de sentenciar el Supremo que el golpe de 2017 fue solo una ensoñación? Tal vez toda esta sinrazón sea también una pesadilla... O tal vez no.

Isabel San Sebastián.

Articulista de Opinión.
¡A Salamanca pesado!, ¿tu hablas de educación?, ¡anda y sal corriendo don limpio!
Ya salió el sucio.
Dondeee3eeeeerr?
Va a se que no.
No he dicha nada respecto al tiempo o formulas de trato.
Mi educación, respeto y nulo conocimiento de tu persona me impiden gastar bromas de este tipo.
¡A Salamanca pesado!, ¿tu hablas de educación?, ¡anda y sal corriendo don limpio!
¿A las primeras de cambio?, no hombre no, ya llevamos mucho tiempo tratándonos, unas veces de usted y otras de tu, te veo muy desmemoriado, a mi también me puedes mandar a Salamanca y ya de paso veo a los amigos de la universidad.
Va a se que no.
No he dicha nada respecto al tiempo o formulas de trato.
Mi educación, respeto y nulo conocimiento de tu persona me impiden gastar bromas de este tipo.
¿A las primeras de cambio?, no hombre no, ya llevamos mucho tiempo tratándonos, unas veces de usted y otras de tu, te veo muy desmemoriado, a mi también me puedes mandar a Salamanca y ya de paso veo a los amigos de la universidad.
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! Oh! a Matacan...
a la Escuela Superior del Vuelo
y/o Vuelos sin Visivilidad.
Nunca he visto aquí que, ningún forero a las primeras de cambio te haya mandado a ti a estudiar a parte alguna.

No trates a los demás como a ti no te gustaría ser tratado.
¿A las primeras de cambio?, no hombre no, ya llevamos mucho tiempo tratándonos, unas veces de usted y otras de tu, te veo muy desmemoriado, a mi también me puedes mandar a Salamanca y ya de paso veo a los amigos de la universidad.
Agel. No es verdad que los políticos actuales sen peores que los de antes. Son las circunstancias del momento y nada mas. La ciudadanía quiere acuerdos y por ello se les tilda de incapaces. El votante debe saber que un SOE socialdemócrata tiene que tener grandes dificultades para llegar a un pacto con un partido compuesto por muchos grupos que van a lo suyo. Que los votos de Podemos solamente sirven para la investidura y que para gobernar necesitan los votos independentistas, que se supone conseguirían con facilidad, siempre y cuando Podemos siga apostando por el derecho a decidir. Que Podemos no está dispuesto a negociar un programa de gobierno en el que les implique en la gobernanza en toda su extensión. Ellos quieren estar en misa y repicando. Estar en el gobierno, ir a sacar sus cosa prometidas y en el resto hacer oposición.
En contra de lo que tanto han repetido las derechas. (Sanchez con tal de ser presidente de gobierno pactará lo que sea y con quien sea) y que como si estaríais por el pienso habéis repetido insistentemente en este foro, se ha demostrado que ha sido que no.
No estaria demas que EMPRESARIO Y OTROS entonaríais un piadoso mea culpa.
¿Mandarte a Salamanca a estudiar es un insulto?, ¡anda ya!, te contesto por educación, ¿sabes lo que es eso?
Nunca he visto aquí que, ningún forero a las primeras de cambio te haya mandado a ti a estudiar a parte alguna.

No trates a los demás como a ti no te gustaría ser tratado.
Te he hecho una pregunta a tu aseveración. Si quieres y sabes la respondes, cosa que por tu argumento insultante dudo, y si no no insultes.
¿Mandarte a Salamanca a estudiar es un insulto?, ¡anda ya!, te contesto por educación, ¿sabes lo que es eso?
OLIMPIO. No tenemos políticos que den la talla. NINGUNO y ahí también radica parte del mal.
Ni políticos, ni comunicadores.

Que informen sin calentar la el ambiente.