PSOE, Partido Socialista Obrero Español

Muro

Bildu engorda el álbum de la vergüenza de Sánchez.

OKDIARIO. 17/12/2019 06:50.

Adriana Lastra recibe hoy a los representantes de Bildu -su portavoz en la Cámara Baja, Mertxe Aizprurua; el portavoz adjunto, Oskar Matute, y su portavoz en el Senado, Gorka Elejabarrieta- dentro de la ronda de contactos para la investidura. El PSOE se reúne con los herederos de ETA bajo la coartada de que lo hará con todas las fuerzas parlamentarias, una impostura que trata de esconder que la permanencia de Pedro Sánchez en La Moncloa depende del apoyo de los enemigos declarados de la Constitución, un hecho insólito en una democracia parlamentaria.

Bildu es una excrecencia del sistema, pero Pedro Sánchez ha decidido unir su futuro político al de golpistas y proetarras. No ha salido en los últimos días un reproche de boca del presidente en funciones a los enemigos de España, pero sí a las formaciones constitucionalistas, una muestra, trágica pero reveladora, de la siniestra estrategia que está siguiendo el candidato socialista para seguir en el poder. Con la abstención de Bildu, el PSN gobierna en Navarra, laboratorio de pruebas de lo que está por venir y prueba del nueve de la deslealtad del socialismo con España y los españoles.

El encuentro de hoy provoca grima, porque es la expresión misma del proceso de involución democrático que se deriva de la táctica de Pedro Sánchez: arrinconar a las fuerzas constitucionalistas por la vía de la retroalimentación del socialismo, el golpismo y la izquierda comunista, un triángulo mortal para los intereses nacionales. La foto de un dirigente del PSOE con los representantes de Bildu es políticamente obscena, una humillación para las víctimas del terrorismo -entre ellas no pocos socialistas-, traicionadas por la ambición personal de un dirigente capaz de romper con la España constitucional para seguir gobernando.

Es la foto de la vergüenza, una más, dentro de un proceso denigrante. Es la foto que retrata al PSOE de Sánchez, un caso insólito de indecencia política