Historia de cantaores e interpretes del flamenco y copla

Hola Mari, sé que le gusta el flamenco y la literatura....

muy bonito recordar algunas letras del cante. saludos

DOMINGO NAVARRO ¿Dónde puedo adquirir su libro "Penal de inocentes"?

En el ciclo de flamenco de este año, ha estado Antonio de Patrocinio (hijo) un excelente guitarrista, busque, si lo desea, a este guitarrista en internet, también a ATONIO CARRIÓN, son los dos muy buenos.

Saludos.

Hola Mari, sé que le gusta el flamenco y la literatura. Yo a veces he escrito algunas cosillas. Ese escrito de abajo va en contra de algunas personas que sin tener una chispa de música en sus venas, detestan el cante flamenco "flamenco" porque creen que es solo gritar; son personas que no perciben bien...
ESPERO QUE LE GUSTE

El arte del flamenco, puesto de ejemplo, para definir claramente el hecho de “gustar”
Algo largo y penetrante, pero filosófico y bien aclaradito, para que entre bien en toda mente.

El término “Gustar” es una expresión vulgar con la que definimos aquellas sensaciones que de una forma o de otra resultan agradables a nuestra vida y forma de sentir. Estas sensaciones comprenden dos clases de sentimientos, uno que podríamos llamar corporal y otro psíquico. El primero transmite sus sensaciones mediante el contacto directo con la materia corporal, como pueden ser, por ejemplo, la sensación que experimenta el paladar al saborear un dulce, o bien el roce suave que perciben las huellas dactilares al acariciar un mantel de delicada seda. El segundo en cambio es mucho más complejo, y aunque en parte es también corporal, es transmitido a través de unos valores psíquicos propios del alma, como es por ejemplo, la admiración que se siente al contemplar la atractividad de un paisaje majestuoso o escuchar el afable sonido de una bella pieza de música.
Aunque el hecho de gustar puede sufrir una mutación, en el primero de los casos basta una especie de comprobante para percibir que algo gusta realmente. En los años de juventud, sin embargo, casi todos hicimos una gran experiencia al probar por primera vez una comida o bebida extraña. Muy típico y común fue el momento crucial en que muchos de nosotros hubimos probado por primera vez un trago de cerveza y comprobado que nos sabía muy amarga. Al momento notamos que esta bebida no era de nuestro agrado. Pero luego después volvimos a probar una y otra vez... hasta que con el tiempo, como muy bien se suele decir, le cogimos el gusto. El tiempo que transcurrió entre el primer sorbo de cerveza amargo hasta el momento de beberla con satisfacción e incluso con gran deseo, fue un tiempo de transición más o menos largo que podríamos llamar “periodo de adaptación del gusto”.
En el segundo caso la atestiguación de que algo gusta no queda justificada solamente con un simple comprobante, como es el hecho de chupar un dulce o saborear un trago de cerveza. Para ello no es necesario tampoco un periodo de adaptación de corto o largo plazo, sino más bien un sabio enjuiciamiento que examina ciertos valores a través de los que se concibe el hecho de gustar. Es decir, que por extraño que parecca, se necesita un estudio o preparación que analice debidamente el “gusto hacia algo”. Un ejemplo muy claro que confirma esta afirmación lo hubimos experimentado con nuestra afición a la literatura, a la música y a otras muchas artes y actividades. La primera de ellas quizás pudimos haberla emprendido leyendo apasionadamente las famosas novelas del oeste de Marcial Lafuente Estefanía y en otros casos las no menos famosas de Corín Tellado o algo por el estilo. Luego después nuestra afición progresó cualitativamente, llevándonos a leer una lectura de mucha más relevancia y envergadura, llegándo tal vez a aborrecer lo que hasta entonces habíamos leido. Esta transmutación ocurrió una vez que el gusto se hubo formado.
Dentro de este complejo laberinto en cuanto al hecho de que algo guste o no guste, existen otros muchos proverbios como el de „tener mal o buen gusto“; „tener el gusto sin educar“; „ser de gusto muy refinado“, etc., derivados todos ellos de la manera de apreciar y valorar las cosas y de la facultad de sentir. Uno de estos proverbios, el más significativo quizás, es el de „ser algo para gustar de verdad“ Este criterio, (y con él voy al grano de lo que quiero plasmar en este escrito en cuanto al hecho de gustar), ha quedado bien reflejado mediante un acontecimiento relacionado con un gran arte cultural que tenemos en España y que pese a la gran estimación que goza en todo el mundo, aún hay nativos (dicho por ellos mismos) que lo encuentran tedioso e incluso lo detestan. El ejemplo que sigue a continuación demuestra sin embargo, que esta postura es totalmente falsa e inexperta, ya que no puede ser detestable lo que lleva el designio de gustar y que es capaz de encandilar y causar emoción. Lo que sí es verdad es que no se poseen los conocimientos y fantasía necesarios para descubrir y percibir otros valores adversos a la mentalidad musical a que se está acostumbrado. Por otra parte cabe también la posibilidad de que dicho aborrecimiento no se deba en absoluto al hecho de no gustar, sino a otras cuestiones de tipo rechazante, lo que refleja por sí solo tal enjuiciamiento.
El flamenco: cante, baile, toque (guitarra), palmas, y otros componentes..., se conocía hasta hace poco tiempo como un folclore procedente de Andalucía. Gracias al genio de muchos artistas y a la belleza que encierra su arte, el flamenco ha adquirido caracter internacional, ello además en tiempo recórd. Hoy día apenas hay un lugar en el mundo donde no se conocca el flamenco. En Japón, según datos verídicos, existen más tablaos de flamenco que en toda España. Con esta determinación sobran palabras para definir si el flamenco tiene o no el „gusanillo“ capaz de gustar.
Yo, vivo en Alemania, y cuando llegué aquí, allá en Agosto de 1965, lo único que se conocía del flamenco por estas tierras era el nombre, confundido a veces con el del idioma belga. La aportación de muchos artistas, también la película "Carmen" de Carlos Saura; la belleza indiscutible de la guitarra flamenca, representada de forma singular por Paco de Lucia y otros muchos guitarristas flamencos, juntamente con otros artistas del mundo del cante y del baile, llenaron posteriormente este país de aficionados al baile flamenco y a la guitarra flamenca. Apenas había una población en la que no existiera una escuela donde aprender a bailar flamenco. Düsseldorf, adonde yo iba a aprender compás, (una clase regida por una alemana que se enamoró del flamenco y estuvo bastantes años en Sevilla para aprender a bailar), era un hervidero en cuanto a aficionados al baile flamenco, sobre todo de mujeres. Escuelas las había por doquier, incluso aquí en la pequeña localidad de Viersen, dirigida por una sevillana que en su empeño por perfeccionarse tomaba clases de vez en cuando del ya fallecido El Farruco y posteriormente de Farruquito. Una de las expresiones más bonitas que he oido del „arte, la fascinación y la fuerza que ejerce el flamenco“, la hizo precisamente un alemán, profesor de guitarra clásica y muy aficionado al flamenco; extendiendo el brazo derecho y apretando enérgicamente el puño dijo:
Er, packt dich! (¡Él, te engancha!)
Un otro alemán, también profesor de guitarra, en contestación a mi pregunta del "por qué" había tanto aficionado a la guitarra flamenca y tan poco a la guitarra
clásica, siendo esta igualmente de una música preciosa, dijo simplemente: ¡porque la guitarra flamenca vive!
Aunque mi experiencia vivida en este aspecto es bastante modesta, podría estampar aquí el nombre de infinidad de aficionados a la guitarra flamenca, alemanes, holandeses, ingleses, iraníes, incluso mujeres, que vivían y viven el mundo del flamenco con una pasión asombradora. Estos contactos con el mundo y personas del flamenco no solo me han dado una gran alegría, sino una inmensa persuasión del embrujo que encierra su arte. Todo ello debido en gran parte a personas y artistas como Paco de Lucía que dedicaron su vida al flamenco y lo llevaron a una alta cima.

¿Quien ha visto y escuchado a dos japonesas, tocando cada cual una guitarra y cantando a la vez unos tientos?

Con fecha, Noviembre 2010, el flamenco fue declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad. Domingo Navarro
Respuestas ya existentes para el anterior mensaje:
Estupendo escrito Domingo, efectivamente estoy de acuerdo, el flamenco engancha, el flamenco se siente o no se siente, y el mejor síntoma es el que toda "la sangre se pone de pie" como dice la canción o la de "la carne se te pone de gallina", cuando oyes unos tientos, una zambra, una soleá, ante un cantaor que transmite y a veces aunque no se sea un gran entendido, y apenas se diferencien los distintos palos hay "algo" que te produce esas sensaciones, difíciles de explicar pero sumamente intensas. En Zamora hay una gran afición y es raro el mes que no hay un evento de ese tipo.

Saludos.