Amantes del teatro y la lectura


Monólogos de Segismundo de LA VIDA ES SUEÑ0)
Apurar, cielos, pretendo,
ya que me tratáis así,
qué delito cometí
contra vosotros naciendo;
aunque si nací, ya entiendo
qué delito he cometido;
bastante causa ha tenido
vuestra justicia y rigor,
pues el delito mayor
del hombre es haber nacido.
Sólo quisiera saber,
para apurar mis desvelos
(dejando a una parte, cielos,
el delito de nacer),
¿qué más os pude ofender
para castigarme más?
¿No nacieron los demás?
Pues si los demás nacieron,
¿qué privilegios tuvieron
que yo no gocé jamás?
Nace el ave, y con las galas
que le dan belleza suma,
apenas es flor de pluma,
o ramillete con alas,
cuando las etéreas salas
corta con velocidad,
negándose a la piedad
del nido que deja en calma;
¿y teniendo yo más alma,
tengo menos libertad?
Nace el bruto, y con la piel
que dibujan muchas bellas,
apenas signo es de estrellas
(gracias al docto pincel,
cuando atrevido y cruel
la humana necesidad
le enseña a tener crueldad,
monstruo de su laberinto;
¿Y yo, con mejor instinto,
tengo menos libertad?
Nace el pez, que no respira,
aborto de ovas y lamas,
y apenas bajel de escamas
sobre las ondas se mira,
cuando a todas partes gira
midiendo la inmensidad
de tanta capacidad
como le da el centro frío;
y yo, ¿con más albedrío,
tengo menos libertad?
Nace el arroyo, culebra
que entre flores se desata,
y apenas, sierpe de plata,
entre las flores se quiebra,
cuando, músico, celebra
de las flores la piedad
que le da la majestad
del campo abierto a su huida;
¿y yo, teniendo más vida,
tengo menos libertad?
En llegando a esta pasión,
un volcán, un Etna hecho
quisiera arrancar del pecho
pedazos del corazón:
¿qué ley, justicia o razón
negar a los hombres sabe
privilegio tan süave,
excepción tan principal,
que Dios le ha dado a un cristal,
a un pez, a un bruto y a un ave?
* * *
pues reprimamos
esta fiera condición,
esta furia, esta ambición,
por si alguna vez soñamos;
y si hacemos, pues estamos
en mundo tan singular,
que el vivir sólo es soñar;
y la experiencia me enseña
que el hombre que vive, sueña
lo que es, hasta despertar.
Sueña el rey que es rey, y vive
en este engaño, mandando,
disponiendo y gobernando;
y este aplauso, que recibe
prestado, en el viento escribe;
y en cenizas le convierte
la muerte (¡desdicha fuerte!);
¿que hay quien intente reinar
viendo que ha de despertar
en el sueño de la muerte?
Sueña el rico en su riqueza,
que más cuidados le ofrece;
sueña el pobre que padece
su miseria y su pobreza;
sueña el que a medrar empieza,
sueña el que afana y pretende,
sueña el que agravia y ofende,
y en el mundo, en conclusión,
todos sueñan lo que son,
aunque ninguno lo entiende.
Yo sueño que estoy aquí
de estas prisiones cargado,
y soñé que en otro estado
más lisonjero me vi.
¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño;
que toda la vida es sueño,
Y los sueños, sueños son.

¡De calderón de la Canoa.!
"Hipogrifo violento,
que corriste parejas con el viento,
¿dónde, rayo sin llama,
pájaro sin matiz, pez sin escama,
y bruto sin instinto
natural, al confuso laberinto
de esas desnudas peñas
te desbocas, te arrastras y despeñas?"

(La vida es sueño-Jornada I- Escena I)
Calderón
DE LA MITOLOGIA GRIEGA.
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Poseidón
Olimpo.-

Posidón, era uno de los doce Olímpicos en la antigua religión y mito griego. Era el dios del mar y otras aguas; de los terremotos; y de los caballos. En la edad de bronce preolímpica en Grecia, era venerado como la deidad principal de Pilos y Tebas.

Poseidón era el protector de los navegantes, y de muchas ciudades y colonias helenas. En la Iliada de Homero, Poseidón apoya a los griegos contra los troyanos en la guerra de Troya. En la Odisea, durante el viaje marino desde Troya a Ítaca, el héroe griego Odiseo provoca la ira de Poseidón al cegar a su hijo, el cíclope Polifemo, castigándole con tormentas, la pérdida completa de su barco y compañeros y un retraso de diez años. Poseidón también es el tema de un himno homérico. En Timeo y Critias de Platón, la isla de la Atlántida era el dominio de Poseidón. Su equivalente romano era Neptuno.

Es el hijo de Crono y Rea. Está casado con Anfítrite, y con ella engendró a Tritón, Bentesícime, Rodo (según otras fuentes hija del dios y Halia) y Cimopolea. Es el dios del mar y las profundidades de la tierra, tiene la función de provocar tempestades y terremotos. Es más conocido con el nombre griego de Poseidon, aunque su nombre en latín es Neptuno (de ahí el tridente de Neptuno, arma principal de el Dios). Algunos de sus hijos son cíclopes, y entre ellos se destaca Polifemo. Es hermano del Dios Olímpico Zeus (Dios del Rayo y el Cielo) y del Dios Hades
(Dios del Inframundo).
Pluto (comedia)

Pluto (Πλοῦτος) es una comedia escrita hacia el 380 a. C. por el autor griego Aristófanes. La obra está protagonizada por Pluto, el dios griego de la riqueza, y como la mayoría de sus obras, es una sátira política de la Atenas de la época que incluye un maestro estúpido, un esclavo insubordinado y muchos ataques a la moral de entonces.

La obra está protagonizada por Cremilo, un anciano ciudadano ateniense, y su esclavo Cario. Cremilo se ve a sí mismo y a su familia como virtuosos pero pobres. Está preocupado por ello y pide consejo a un oráculo. La obra comienza justo después de haber recibido el consejo de seguir al primer hombre con el que se encuentre y convencerle de que le acompañe a su casa. Este hombre resulta ser el dios Pluto.

La primera parte de la obra examina cómo la riqueza no es repartida entre los virtuosos, ni necesariamente entre los no virtuosos, sino que distribuida aleatoriamente. Cremilo está convencido de que si se restituyera la vista a Pluto, estos errores podrían rectificarse y el mundo sería un lugar mejor.

La segunda parte presenta a la diosa Penia personificación de la Pobreza y Necesidad, quien refuta el razonamiento de Cremilo de que es mejor ser rico, argumentando que sin pobreza no habría esclavos (pues todos ellos podrían comprar su libertad) ni tampoco comidas o bienes lujosos (pues nadie trabajaría si todos fueran ricos).

Finalmente, se muestra a Pluto con su vista sanada. Pluto da riquezas a algunos y se las quita a los que ve que no son virtuosos. Esto hace que surjan comentarios rencorosos y clamores de injusticia por parte de los que han perdido sus riquezas.

La obra se habría representado ante los dirigentes atenienses de la época. Casi todos ellos habrían sido ricos, y muchos no habrían sido virtuosos. Aristófanes guarda deliberadamente para ellos sus más mordaces ataques.

EN LA WIKI......
@CarpetaniaM

+100 años del estreno de la primera obra de teatro de Federico García Lorca, el´maleficio de la mariposa, en el teatro Eslava de Madrid.
Tal Día Como Hoy, 28 de marzo de 1844, se estrenó Don/Juan/Tenorio/ de José Zorrilla, en el Teatro de la > Cruz de Madrid <
Detalle a Tirso de Molina en Madrid.
Tirso de Molina

Tirso de Molina nació en Madrid en 1584 y falleció en 1648. Se lo conoce por haber sido uno de los más prestigiosos dramaturgos españoles del Siglo de Oro.
En su obra puede notarse una fuerte devoción a las pautas marcadas por Lope de Vega pero con un mayor compromiso con el detalle. Mostrando exquisitas presentaciones de las mentes de los protagonistas e indagando en las cuestiones más personales, sobre todo, en la descripción de los personajes femeninos (cosa poco presente en el resto de dramaturgos españoles, por cierto).
En lo que respecta a su vida privada, son pocos los datos que se tienen. Tan sólo se conoce que vivió durante muchos años en diversos monasterios, que en 1616 viajó a Santo Domingo y que, cuando regresó unos años más tarde, fue condenado a prisión por escribir comedias profanas. Cuando salió comenzó a trabajar para la corte y se convirtió en un autor fecundo.
Entre sus obras se conocen más de 300 comedias, numerosos autos sacramentales tales como "El colmenero divino" y "El laberinto de Creta", algunas comedias bíblicas y hagiográficas como "La Santa Juana" y "La dama del Olivar".
Divinas palabras.-

Centro Dramático Nacional - Ministerio del ramo...
› En gira
Divinas palabras, subtitulada Tragicomedia de aldea, es el exponente más moderno, el engranaje más perfecto y el cénit en el que el teatro español alcanza.

"Si podeis verla cuando la representen en vuestra localidad o en otra,
no os arrepentireis aunque os sea cara la entrada"
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Carpetano:

¡Celebramos el amor a la literatura y a la gastronomía!

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EL AMOR DE PRIMOS:
J. Pérez Moltalbán)

EN la ciudad de Avila, edificio que en grandezas y antigüedad no debe nada a cuantos se alistan en la jurisdicción de España, nació Laura de padres nobles (porque como las armas suelen dar principio a la nobleza, y en aquella ciudad ha florecido tanto la milicia, tuvieron sus pasados ocasiones bastantes para ilustrar con su propia sangre la que había de proceder en sus descendientes). Eran moderadamente ricos, y amaban a Laura con extremo, por ser única ... (ver texto completo)
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Continuamos con los PRIMOS AMANTES...
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“Para seguir relato en Foro Común:"

Pero aprovechandose de su buen juicio, le respondió con
la mayor blandura que pudo, advirtiéndole los daños que suelen traer consigo las repentinas resoluciones, que parecía temeridad dar un hombre palabra que no estaba en sus manos el cumplirla, pues aunque Laura tenía tan de su parte la obediencia, muchas veces no puede una mujer conformarse con lo que contradice el cielo, y pues era ella la que había de hacer vida con él, lo mejor era darle parte, saber su pensamiento, entender su gusto, y prevenirla del aumento que se le seguía.
Decía esto Lisardo con animo de fiar en la dilación el remedio de la desdicha que le aguardaba. No le desagradó a su tío el parecer, y así se resolvió a declararse con Laura, aunque haciendo de manera que en el proponer y el ejecutar no se gastase mas de un tiempo. Quedó Lisardo tan confuso, que le parecía qua cuanto había oído era ilusion de su descuido o sueño de su fantasía: fuese a casa batallando con sus pcnsamietos, y rccibiole Laura con los brazos, pero estaba de suerte que no le agradó el favor, por parecerle que tenía algo de despedida; solían hablarse por el aposento de una criada, la cual en viendo a sus señores dar dormidos, avisaba a los dos amantes, y se gozaban hasta llegaba el día, sin que Lisardo tomase en sus amores mas licencia de la que le permitía una voluntad honesta y un amor desinteresado. Dijo Lisardo a su prima que aquella noche quería verse con ella, y cuando lo hizo pensando que ya la tenía perdida, y considerandola en otros brazos, sin poder hablarla, porque el dolor no se lo consentía, la empezó a decir con infinitas lagrimas la determinacion de sus padres, y antes que él acabase, le salió ella al camino y dijo todo lo que sabía. Sintiéronlo entrambos justamente, porque es un tormento sin piedad dividir dos almas que nacieron para un 1azo. Pero corrida Laura de haber dudado lo que era imposible a su voluntarl, consoló a Lisardo, y le aseguró que primero se dejaría quitar aquella triste vida que consentirlo. Despidiéronse los dos llevando el dolor mas templado; llegó la mañana, y sus padres la llamaron, porque casi toda la noche se habían entretenido en dar trazas contra la voluntad de la pobre Laura. Empezaron a obligarla, diciendo el cuidado y solicitud que tenían de darla estado; dijéronla también que la tenían casada con Octavio, hombre que la merecía por muchas causas. Oyolo Laura, y procuró desviarlos de aquel intento diciendo que por ningún marido se aventuraría a dejarlos; fuera de que su edad era muy poca, y quería servirlos y gozar de su juventud, sin tener que contentar a un hombre que no conocía, y sin entregarse a tantos desvelos como siguen al matrimonio, donde los cuidados de los hijos, el amor del esposo y el gobierno de una casa la habían de obligar a no gozarlos como quisiera, porque en casandose una mujer, aun con sus mismos padres es ingrata, y mas si el marido sale a gusto. Bien quisiera decirles la principal ocasión que la movía, pero temía que atribuyesen a liviandad lo que había sido fuerza de inclinación, y temía también que les enojase su resolucion y le quitasen de los ojos a Lisardo. En fin, lo dispuso con tal ingenio, que sus padres la dejaron por entonces, y ella quedó satisfecha de su amor y pagada de lo bien que se había defendido. Contóselo a su primo, el cual pagó en abrazos la honrada resistencia; pero apenas se había levantado el viejo, cuando vieron entrar al padre de Octavio quejoso y determinado, diciendo que su hijo estaba loco, y se temía de su desesperacion su muerte, Disculpa tenía Octavio, que amaba donde no le admitían, y parecíale demasiado rigor del cielo que para un hombre rico hubiese imposibles; tuvo por cierto el padre de Laura que el haberse excusado ella sería vergüenza de su recato, no verdad de su disgusto, y fiado en la obediencia y virtud de su hija, le dio palabra de que al otro día habían de quedar hechas las escrituras. Erró como ambicioso, pues no hay ley que obligue a obedecer en las cosas que tiene peligro el gusto. ¡Oh codicia indigna del corazón de un hombre noble, qué de disgustos has causado! Bien te llama Séneca enfermedad fuerte y peligrosa, que no tiene remedio ni admite yerbas para curarse. Yo quisiera saber qué pretende un padre necio que dispone de la voluntad que ignora. ¿Acaso esta potencia del albedrío sufre violencias? ¿Hay ingenio que basta para obligar a que parezca bien lo que se aborrece? ¿Por ventura las inclinaciones sujétanse a mas dueños que al cielo y a quien las ejercita? Y cuando no hubiera otra información, ¿no bastaba mirar que el mismo Dios, con ser absoluto dueño de todo, parece que en el albedrío del hombre se limitó el poder, pues nunca le fuerza, aunque siempre le inclina? Volvió pues el desconsiderado padre a tratar con mayor fuerza destas cosas, y Laura volvió a defenderse con palabras y razones, que el amor suele enseñar retórica. Túvose fuerte, y su padre se mostró algo enojado, aunque lo procuró desmentir, por no disgustar a quien habia menester. Pareciole que sería mejor camino hablar a Lisardo, que como discreto y que podía tanto con Laura, sería facil alcanzarlo de su terrible condición; lIamole aparte y contole la necedad de su prima, aunque era tal, que a Lisardo le parecía de perlas. Rogole que la fuese a ver y riñese, trazandolo de modo, que no hubiese menester usar de otras diligencias y rigores, porque a todo estaba dispuesto. Prometiole Lisardo hacer cuanto pudiese por reducirla, mas no se contentó con esta promesa, sino que quiso dos cosas: la primera, que lo pusiese luego a ejecución, y la segunda, que él mismo lo había de oír para ver el cuidado que ponía en sus cosas y el intento que tenía Laura; y para esto imaginó un engaño discreto, aunque peligroso, y fue hacer que una criada la llamase diciendo que su primo la quería hablar, y él se escondiera detras de las cortinas de una cama para oírlos y salir de sus dudas. Replicó Lisardo como corrido de que hiciese dél tan poca confianza; pero el viejo porfió como tal, y sin escuchar respuesta envió a llamar a Laura, la cual vino bien ajena de aquel engaño, y Lisardo empezó a volverse loco, viéndose tan confuso, que no hallaba salida conveniente a su amor y a sus obligaciones. Con el silencio se hacía sospechoso; con la obediencia se daba la muerte; dar a entender su voluntad era perder a Laura; pues decirla que diese la mano a otro dueño ¿quién lo pudiera acabar consigo queriendo bien y sabiendo sentir? Quisiera avisar a su prima con alguna seña hurtarda, y no era posible, porque su padre le estaba notando las acciones. Espantose Laura de aquella novedad, y ofendida de su silencio, le iba a decir algunas injurias, que entre amantes suelen pasar por requiebros, y Lisardo, mirando lo que podía resultar, la estorbó.
EL AMOR DE PRIMOS:
J. Pérez Moltalbán)

EN la ciudad de Avila, edificio que en grandezas y antigüedad no debe nada a cuantos se alistan en la jurisdicción de España, nació Laura de padres nobles (porque como las armas suelen dar principio a la nobleza, y en aquella ciudad ha florecido tanto la milicia, tuvieron sus pasados ocasiones bastantes para ilustrar con su propia sangre la que había de proceder en sus descendientes). Eran moderadamente ricos, y amaban a Laura con extremo, por ser única prenda suya, y porque sus muchas partes mereciau cualquier afecto. Tenía una hermosura tan honesta, que a un mismo tiempo se dejaba querer con la belleza, y se hacía respetar con la compostura. Era tan bien entendida, que pudiera preciarse de fea, a no desmentirla las perfecciones de su cara. Mirabanla muchos con intento de merecerla por esposa, unos fiados en su fortuna, otros en su gallardía, y algunos en su riqueza; que si hay confianza discreta, esta pudiera tener el primer lugar en la disculpa; pero Laura ofendíase de escuchar alabanzas suyas, si se encaminaban a que reconociese alguna voluntad. No le sonaban bien conversaciones de casamiento, que no es poco milagro en mujer hermosa y que tenia cumplidos diez y seis años. Aumentabanse con su resistencia los extremos de sus amantes; que el desdén nacido del recato, y mas en la que ha de ser mujer propia, en lugar de entibiar el deseo, pone espuelas a la voluntad. No era de las doncellas que al caer el sol dejan la almohadilla, visitan la ventana, y a media noche aguardan la música, y reciben el papel, que suele ser el primer escalón de su deshonra. Laura ni escuchaba ni apetecía, pero ¿qué mucho si tenía en el alma quien se lo estorbase? Laura amaba, Laura estaba perdida, y Laura era principal; que basta para no admitir nuevos empleos, habiendo puesto los ojos en quien la merecía. Tenía su padre un hermano recién viudo, que de muy rico pasó al extremo de la necesidad, y para dar a entender su pobreza, baste decir que casó con mujer gastadora, que era noble y hacia fianzas. Viose tan alcanzado, que con una licencia para las Indias desamparó su casa, pensando mejorase en donde no le conociesen. Y para hacerla mejor dejó un hijo que tenía, llamado Lisardo, encomendado a su hermano, el cual le recibió como a sangre tan suya, haciendo cuenta que le había dado el cielo un hijo para que después de dar estado a Laura quedase en su compañía y le consolase en los trabajos que suelen seguir a la senectud. Teudría Lisardo cuando se ausentó su padre la misma edad que Laura y era hermoso, bien criado, de ingenio vivo, y tan gracioso en las travesuras, que ya su tío apenas le diferenciaba en el amor que tenía a su hija, con la cual se crió en igualdad de hermanos y con amor de primos. Queríanse los dos con aquella voluntad que permite la inocencia y no hacia Laura cosa sin gusto de Lisardo, ni Lisardo tenía pensamiento que no comunicase con ella, y en los dos parecía que se ensayaba la voluntad para mayores finezas. Dejó de ser niúa Laura, y Lisardo empezó a descubrir su divino ingenio, aventajandose a todos, así en las bizarrías de caballero como en las acciones de entendido. Era galan y brioso, y tan cortés y bien hablado, que se hacía querer aun de los mismos que le envidiaban. Amaba a su prima mas de lo que pedía su cordura; mirabala ya con otros ojos, atrevíansele los deseos, dabale voces la voluntad, y finalmente, la pasion iba creciendo al paso de los años. Laura también, por otra parte, se dejaba llevar de su natural inclinación, vivía con esperanza de gozarle, aunque tenía miedo a su padre, porque era viejo y estaba cerca de codicioso, y sobre todo tenía un amigo y el mas poderoso de aquella tierra, el cual procuraba que un hijo suyo gozase la hermosura de Laura, porque era su amor tan demasiado, que se recelaba algún peligro en su salud. Su padre hacía buena cara a esta pretensión, porque Octavío, que este era el nombre del enfermo amante, era hombre de conocida nobleza. Y cuando le faltara esta calidad, se pudiera suplir facilmente con dos mil ducados de renta. Temía Laura no le venciese a su padre el oro, que es peligroso su poder, y tiene particular imperio en todos. Decía ella que harto rico era quien no deseaba riquezas y se contentaba con su fortuna; pero estas filosofías no hallan acogida en las personas que con los muchos años se han olvidado de amar. A Laura la movía la voluntad. y a su padre le desvelaba la ambición. A ella quitaban el sueño cuidados de Lisardo, y a él le inquietaba el verse con mayores aumentos. Oíale hablar muchas veces en su remedio, si se llama con este nombre quitar a una mujer el gusto, y aunque no se lo decía a Lisardo, por no darle pesadumbre, en viéndose a solas lloraba como amante. En efecto, despuéss de pasados algunos días, se determinó el viejo en darla a Octavio, que para ella fuera mas apacible a un sepulcro, y viendo en su sobrino tantas muestras de prudente, quiso primero aconsejarse con su entendimiento, y una vez que estaban los dos en el campo, sin mas testigos que los arboles y el agua, le dijo desta suerte:

Bien sabes, Lisardo, la grande voluntad que me debes, pues, ya que no eres mi hijo en la naturaleza, yo he sido tu padre en la crianza; en mi casa quedaste de pocos años, y en ella has vivido con el respeto y regalo que todos saben, pues nadie te juzga sino por hijo propio, y sabe el cielo que me tengo por dichoso en esta irnaginacion, porque todos conocen tu ingenio, alaban tu virtud, y estiman tu persona. Dígote todo esto para que adviertas lo mucho que me ha obligado tu cordura, pues no me he querido fiar de mis años, y me dejo aconsejar de tu discrecion; siéntome viejo y con achaques, esperando por puntos el último término de mis días; desvélame el ver sin estado a tu prima, y quisiera que no me hallara la muerte en tiempo que fuera forzoso dejarla sin dueño, y muriera con escrúpulo de no haberla remediado pudiendo. No tengo tan sobrada hacienda que pueda descuidarme con seguridad de su ventura: el dote que tiene es moderado, si bien su mucha virtud es bastante crédito de su remedio; pero en este tiempo anda tan poco valida, que suele ser en un casamiento lo rastrero que se pregunta.

Así discurria el padre de Laura, y Lisardo escuchaba la tragedia lastimosa de su voluntad, sin poder responderle como quisiera; retiró algunas lagrimas que había llamado el sentimiento, y calló algunos suspiros, guardandolo todo para que en mejor ocasíon Laura lo vinicse a saber, y los dos se ayudasen a llorar: disimuló cuanto pudo, y luego su tío o su homicida prosiguió diciendo:

Has de saber pues que ha muchos dias que Octavio quiere a Laura, esto con tanto extremo, que su mismo padre con ruegos y regalos me alienta para que se efectúe: tiene la riqueza que sabes, y hagole pocas ventajas en la nobleza; no quisiera perder esta ocasión, porque no tengo de hallar otra tan a propósito. Yo pienso hacer mañana las escrituras, que bien tengo entendido de la obediencia de Laura que no tiene mas gusto que mi albedrío, ni mas ley en su pecho que mi voluntad; pero primero he querido comunicarlo contigo, porque aunque sé que acierto, por lo menos tendré mas seguridad de mi elección.

Tan lastimado escuchaba Lisardo a su tío, que apenas tenía aliento para apelar de su sentencia. Quisiera dar voces y llamar al cielo, que es el último alivio que tiene un desdichado, pero no le dejaba ni su obligación ni su desdicha; víase morir, y sin poder quejarse, pues le cerraba la boca el mismo que le ofendía en el alma. Pero aprovechandose de su buen juicio, le respondió con

la mayor blandura que pudo, advirtiéndole los daños que suelen traer consigo las repentinas resoluciones, que parecía temeridad dar un hombre palabra que no estaba en sus manos el cumplirla, pues aunque Laura tenía tan de su parte la obediencia, muchas veces no puede una mujer conformarse con lo que contradice el cielo, y pues era ella la que había de hacer vida con él, lo mejor era darle parte, saber su pensamiento, entender su gusto, y prevenirla del aumento que se le seguía
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*Seguiremos por falta de espcio en Foro común.......
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Dirección: Luna Paredes.

Dramaturgia: Carlos Jiménez.
Los Martes MILAGRO. ARTE FACTOR.

Elenco: Amaranta García y Elisa Marinas

Teatro Fernán Gómez — con Elisa Marinas, Luna Paredes y Amaranta Garcia Morillas.
¡LOA... ¡Al aniversario de Lope de Vega.

La Loa es un subgénero del teatro breve cultivado en el Siglo de Oro español..... Escribieron *Loas* Lope de Vega (ya desde fines del siglo XVI), Luis Vélez de Guevara, Pedro Calderón de la Barca y Sor Juana Inés de la Cruz.