Columnistas y Tertulianos

CURRI VALENZUELA.

Veinte años de socialismo andaluz en el banquillo.

10/12/2017.

Manuel Chaves, José Antonio Griñán, Magdalena Alvarez, Gaspar Zarrias… Veinte años de socialismo andaluz se van a sentar en el banquillo en un juicio que puede dar al traste con la hegemonía de un partido en la comunidad autónoma más poblada de España, que ostenta el record de haber sido la única que no ha cambiado el color de sus gobernantes en los cuarenta años de democracia. Todo un régimen.

Susana Díaz, que nunca ha roto con sus antecesores aunque últimamente trata de no coincidir con ninguno de ellos en público, se juega la pérdida de ese inmenso poder. El calendario no ayuda: el macrojuicio va a alargarse al menos durante un año y su sentencia podría coincidirá con las próximas elecciones municipales y las autonómicas de Andalucía. Un factor que puede llevar a su presidenta a adelantar esta cita con las urnas si, como todos sospechan, la retransmisión de sus sesiones consigue algo que hasta ahora los socialistas han logrado impedir: que los andaluces comprendan la magnitud de la trama criminal que repartió 855 millones de euros en Expedientes de Regulación de Empleo otorgados sin apenas control, en muchos casos para beneficiar a su clientela, en bastantes para hacer ricos a enchufados que ni siquiera habían trabajado en las empresas que se beneficiaron de esas ayudas.

El juicio comenzará después de Reyes, tras los preliminares de esta semana, y a partir de enero habrá noticias diarias de los pormenores de esa trama cuyas cifras la convierten en el caso de corrupción mas importante de la historia de este país: 227 imputados, 22 ex altos cargos de la Junta, dos presidentes autonómicos, media docena de consejeros que tendrán que declarar sin esos medios de comunicación andaluces, en especial Canal Sur, tan reacios a contar lo que perjudica a su Gobierno.

Sus consecuencias políticas finales son por ahora imprevisibles, pero se puede aventurar que al PP andaluz, que ejerce la acusación popular, se le abre una nueva oportunidad de hacerse con el poder, y al PP nacional le viene de perlas que al fin se detallen los pormenores del escándalo de los ERES cuyas cifras ganan por goleada a las del caso Gürtel que también anda ya en fase judicial; que a Ciudadanos se le volverá a recordar su falta de coherencia por apoyar al gobierno heredero de esa monumental corrupción y que Pedro Sánchez y la actual dirección del PSOE no van a llorar si Susana Díaz sale, como parece que puede salir, perdiendo.

Curri Valenzuela.
Flatulencias.

Imaginemos a un preso cubano quejándose de que la carne le llega muy hecha.

David Gistau.

09/12/2017.

En la sociedad en la que emulsionó Ferrán Adriá, cuyos popes intelectuales se niegan a comer pochas y en general de cuchara porque lo consideran una afrenta a la civilización, las penalidades gastronómicas de Rull y Turull —«De Profundis»— tienen que haber supuesto una auténtica conmoción. Hamburguesas demasiado hechas, cocidos flatulentos... No esperábamos torturas semejantes en las sentinas del franquismo. Con pavor, albergamos la sospecha de que el vino puede haberles llegado a la mesa con la temperatura inadecuada. Esto termina en La Haya con la confirmación del cliché folclórico de la España fascista. Tenían razón: el Estado estaba dispuesto a hacerles cualquier cosa.

Ahora, menudos combatientes del maquis, menudos guerrilleros del independentismo que hasta la vida en la balacera iban a dar, éstos que sucumben a un cocido en menos tiempo que los revolucionarios de antaño a la aplicación de descargas eléctricas en los testículos. Flatulenta, dice Rull, el burgués con tarjeta de crédito oficial que debía de cruzarse con Sostres en esos restaurantes con pretensiones desde los cuales tanto ha sido despreciada La Meseta y que, de echarse al monte, tendría que haberse llevado tarteras con selecciones de «Tickets», esfericidad de la falsa aceituna incluida, para evitar las exigencias flatulentas de las raciones de supervivencia en el vivac. Un Maidán, iban a hacer. Las balas, iban a desafiar. ¡Pero si pueden con ellos los garbanzos! Que se los echan a los costumbristas madrileños y por el culo les salen renglones galdosianos.

Las quejas de Rull, cuya reseña en Tripadvisor de la cocina de Estremera ansío leer, constituye un resumen perfecto del contenido irracional y autolesivo de la aventura independentista. Estos funcionarios burgueses a los que el pujolismo y la coartada de sofisticación de Cataluña dejaron la barriga acostumbrada a los manjares ingrávidos y que se decían dispuestos al sacrificio sin haber calibrado jamás la posibilidad de que la lucha heroica produjera pedos. Imaginemos a Mandela, una vez excarcelado, quejándose de la escasa calidad de la comida en Robben. Imaginemos a un preso cubano quejándose de que la carne le llega muy hecha. Imaginemos en ese trance a los verdaderos presos políticos que sufrieron condenadas largas, de dos décadas, y salieron de allí con aplomo, sin lamentos, con la entereza de hombres a quienes los pedos les huelen por la mañana como el napalm al coronel Kilgore. Pero a qué señoritos de ping-pong y almax hemos concedido el prestigio de «hostis publacae». Pero esto qué es. Ni por los comederos cuartelarios han pasado, toda la vida chasqueando los dedos para que venga el «maître».

Entérese Rull de cómo se come en el maquis con la anécdota de otro cocido, el maragato, cuyos vuelcos están invertidos porque los guerrilleros, temiendo la llegada intempestiva de tropas francesas, preferían comer primero lo más sustancioso. El Empecinado quejándose junto a la hoguera de gases. Acabáramos.
Esto de las encuestas es una pérdida de tiempo, esto si que es vender la piel del oso antes de matarlo, a mi me gustaría que pudiera gobernar C, s, porque se lo están currando, y porque supondría un cambio sobre lo que ya conocemos.
También que Rivera al ser catalan conocerá bastante su problemática, pero tanto vaticinio sólo sirve para poner nerviosos a unos y otros. A los naranjas les deseo les vaya muy bien.
Rosalí, totalmente de acuerdo con su mensaje, también me gustaría que a Ciudadanos le fuese bien y pudiese gobernar, y como bien dice, las encuestas es una pérdida de tiempo, ya lo hemos visto otras veces.

Un saludo.
Rivera puede lanzar al PP en brazos del PSOE.

Casi la mitad de quienes votaron a Xavier Albiol hace dos años lo harán ahora por Inés Arrimadas.

Curri Valenzuela

Madrid.

Actualizado:
... (ver texto completo)
Esto de las encuestas es una pérdida de tiempo, esto si que es vender la piel del oso antes de matarlo, a mi me gustaría que pudiera gobernar C, s, porque se lo están currando, y porque supondría un cambio sobre lo que ya conocemos.
También que Rivera al ser catalan conocerá bastante su problemática, pero tanto vaticinio sólo sirve para poner nerviosos a unos y otros. A los naranjas les deseo les vaya muy bien.
Rivera puede lanzar al PP en brazos del PSOE.

Casi la mitad de quienes votaron a Xavier Albiol hace dos años lo harán ahora por Inés Arrimadas.

Curri Valenzuela

Madrid.

Actualizado:

06/12/2017 08:25h.

Los votos que los catalanes emitan el próximo día 21 no solo servirán para elegir a su gobierno. Aunque les pese a esa mitad que quiere desenchufarse de España, su comportamiento va a influir en la duración de la legislatura de Mariano Rajoy y en las próximas elecciones a celebrar en el resto del país. Una perspectiva que asusta al PP por el crecimiento de Ciudadanos no solo en Cataluña y que puede abrir la puerta a un entendimiento con el PSOE a nivel nacional.

Casi la mitad de quienes votaron a Xavier Albiol hace dos años lo harán ahora por Inés Arrimadas, concluía la encuesta del CIS publicada esta semana. Ya en 2015 se produjo el sorpasso: Ciudadanos subió de 9 a 25 diputados mientras el PP bajó de 19 a 11. Desde entonces los estudios de opinión han ido reflejando el aumento de esa tendencia mientras el Gobierno de Rajoy dejaba a los de Rivera la iniciativa de hacer una oposición frontal al independentismo. Hoy está claro que buena parte d el voto útil contra quienes quieren marcharse de España se ha ido a Ciudadanos.

El PP nacional se refugia en el argumento de que Albiol es un candidato mucho más flojo que Arrimadas, como si no le hubieran elegido ellos a dedo. Ahora le llueven las críticas de los suyos en voz baja y los lamentos de no haber apostado por la ministra de Sanidad, Dolors Montserrat. El Gobierno continúa quitando importancia al auge de Rivera con el argumento de que es muy fácil mantener posturas intransigentes cuando no se tiene que gobernar. Pero en ambos lugares se reconoce que Ciudadanos está subiendo en las encuestas de ámbito nacional. Mucho. Y eso les asusta.

Suponiendo que la encuesta del CIS se convierta en realidad el día 21, que ya es mucho suponer, Rajoy tendrá que celebrar esa noche la derrota del process, pero sin duda lo hará de mala gana al presenciar como el tándem Rivera-Arrimadas proclama su gran victoria y, acto seguido, reclama su derecho a gobernar. Es por eso, oído al parche, por lo que en el PP ya se está especulando con la posibilidad de que les convenga más una Generalitat presidida por Miquel Iceta. Lo acaba de apuntar la presidenta del PSOE, Macarena Navarro, en unas declaraciones que han pasado desapercibidas: que los socialistas podrían negociar su apoyo a los Presupuestos de Rajoy en un acuerdo de «yo en Cataluña, tu en Madrid» que quitaría a los dos grandes la pesadilla del crecimiento de Rivera.

Curri Valenzuela.

Articulista de Opinión.
Mr. Bean en Bruselas.

Puigdemont es un tipo a caballo entre lo cómico y lo patético, causante de una catástrofe.

Isabel San Sebastián.

Actualizado:

30/11/2017 13:58h.

Si no hubieran provocado una catástrofe social, económica y política de consecuencias gravísimas, las andanzas del golpista catalán huido serían dignas de una película protagonizada por Mr. Bean. Porque a Groucho Marx no llega el exalcalde de Gerona. A Carles Puigdemont le faltan clase, ingenio, inteligencia y profundidad para aproximarse al genial Julius Henry, el más brillante de los magistrales hermanos. Lo de nuestro turista en Bruselas se sitúa en la órbita del personaje que interpreta en la pantalla Rowan Atkinson con el pelo engominado, sonrisas babeantes y una mirada tan iluminada como la del «president» a la fuga. Un tipo un tanto ridículo, a caballo entre lo cómico y lo patético, cuya conducta errática acaba provocando situaciones que escapan a todo control. La perfecta encarnación del friki. Solo que en este caso no se trata de un actor interpretando un guion cinematográfico con el propósito de hacernos reír, sino de un presunto delincuente escapado de la Justicia y determinado a reincidir. Un gestor acusado nada menos que de malversación de caudales públicos, prevaricación, sedición y rebelión, a quien demasiados medios de comunicación españoles otorgan honores de gran dirigente. ¡Lo nunca visto!

Raro es el informativo de televisión que no abre desde hace semanas con la última ocurrencia proferida por el fugitivo más perseguido de cuantos transitan por la Unión Europea. A semejanza de esos «famosos» que arrastran consigo una legión de paparazzi ávidos por captar una imagen suya, Puigdemont administra cuidadosamente sus apariciones con el fin de proporcionar alimento constante a los periodistas dispuestos a beberse sus palabras. Lo mismo da que sea una entrevista publicada por una gacetilla local que declaraciones obtenidas por alguno de los que siguen sus pasos, micrófono en mano, desde que salió del país escondido en la parte trasera de un coche, como un vulgar ladrón, camino de ese refugio en el que elude afrontar las consecuencias de sus actos. Algo de lo cual, por cierto, no le hemos oído hablar. Tampoco de cuánto nos cuesta a los contribuyentes pagarle directa o indirectamente la estancia en Bélgica, la protección de la que allí disfruta o la costosísima asistencia jurídica de un abogado conocido por defender a terroristas de ETA. A este golpista tan cobarde como para darse a la fuga le place utilizar su «fama» para seguir haciendo propaganda separatista y acusar al legítimo Gobierno de España de perpetrar el delito del que se le acusa a él. Ni un minuto de autocrítica sobre la tremenda factura que por culpa de su locura está pagando Cataluña en términos de caída del PIB y la inversión, aumento del paro, marcha de empresas, frenazo en el consumo, división de familias y grupos de amigos, etcétera. Ni una disculpa a quienes le creyeron cuando aseguraba que la secesión no solo sería posible, sino que traería consigo incontables ventajas para los catalanes. Ni un átomo de humildad. Ni el más mínimo realismo. Solo autobombo, victimismo, engaño y campaña. Una campaña electoral basada en seguir mintiendo con total impunidad.

Otros protagonistas de esa declaración unilateral de independencia ahora negada («un invento patentado por el Estado español», dice la republicana Marta Rovira, empeñada en contagiarnos la amnesia que al parecer padece) han tenido al menos el coraje de quedarse e ingresar en prisión, tal como juraron estar dispuestos a hacer por amor a «la patria». Han sido coherentes. Mr. Bean-Puigdemont ha preferido ponerse a salvo, junto a varios de sus cómplices, sin por ello renunciar a vendernos su burra coja. Lo que no alcanzo a comprender es que haya quien se la compre.

Isabel San Sebastián.

Articulista de Opinión.
ABC y la doble moral de los separatistas.

El director de opinión Jaime González responde a la denuncia del Govern por «usar a menores con fines políticos»

Jaime González.

Actualizado:

29/11/2017 15:03h.

Reconozco que el escrito que tengo entre las manos –remitido con fecha de 2 de octubre de 2017 por la Dirección General de Atención a la Infancia y la Adolescencia de la Generalitat de Cataluña– ha conseguido agitar mis demonios interiores. Todos llevamos dentro un diablo que, en determinadas ocasiones, te pincha la barriga con el tridente para que pierdas la formas y caigas en la provocación.

Pero esta vez, no. Con honda satisfacción siento comunicarle a doña Georgina Oliva i Peña, a la sazón directora general de Atenció a la Infància i l’Adolescència del Departament de Treball, Afers Socials i Famílies de la Generalitat, que he conseguido domeñar a mi particular Belcebú y, en consecuencia, procedo a dar respuesta a su misiva con la misma elegancia con la que ella tuvo a bien denunciar a ABC ante la Fiscalía de Menores por la instrumentalización de niños y adolescentes con "fines políticos" y la utilización de imágenes de menores "acompañadas de expresiones vejatorias o manifestaciones que pueden incitar al odio", con motivo del "referéndum de autodeterminación de Cataluña del pasado 1 de octubre".

Como no es cosa de perderse en disquisiciones jurídicas, sino de entrar directamente en materia, me va a permitir doña Georgina que la corrija sin más ánimo que el de llamar a las cosas por su nombre. El pasado 1 de octubre no hubo en Cataluña ningún referéndum de autodeterminación, porque la ley autonómica que daba cobertura a eso que llama "referéndum" fue suspendida cautelarmente por el TC el 7 de septiembre y declarada nula por unanimidad el pasado 17 de octubre. Siento de veras tener que puntualizarla, pero ya que justifica su denuncia en la vulneración de los artículos 35.3 y 36 de la ley catalana 14/2010 del 27 de mayo, me veo en la obligación de recordarle que la que fue su consejera y se supone que la nombró a usted en el cargo, Dolors Bassa, permanece ingresada en la prisión de mujeres de Alcalá 1 por los presuntos delitos de rebelión o sedición y malversación de caudales públicos. O sea, por vulnerar –presuntamente– el orden constitucional y saltarse, de cabo a rabo, el ordenamiento jurídico. Comprenderá que si apela a la ley y nos acusa de utilizar "imágenes de niños y de acompañarlas de expresiones vejatorias o manifestaciones que pueden incitar al odio", haga mención a la situación procesal de su exjefa y le recuerde que fue la propia Fiscalía de Menores la que, el pasado 26 de septiembre, les responsabilizó a ustedes de la seguridad y vigilancia de los alumnos catalanes el 1-O.

Para terminar, doña Georgina, me va permitir que le exponga una duda: si su obligación es defender los derechos de los niños catalanes, ¿por qué su Departamento no denunció jamás ante la Fiscalía de Menores el sistemático plan de manipulación y adoctrinamiento ideológico llevado a cabo en los colegios públicos catalanes? Lástima que no se empleara usted con la misma diligencia con la que ha denunciado a ABC, aunque comprendo que estuviera ocupada con el "referéndum de autodeterminación de Cataluña del pasado 1 de octubre".

Desconozco si sigue al frente de la Dirección General de Atención a la Infancia y la Adolescencia de la Generalitat de Cataluña. Si no es así, lo celebro. Y si continúa en sus funciones, Dios nos coja confesados.

Jaime González.

Jefe de sección.
ANÁLISIS.

Reforma y ciencia ficción.

En realidad, PSOE y PP huyen de una reforma agravada de la Carta Magna como del agua caliente. Demasiados problemas.

Manuel Marín.

Actualizado:

28/11/2017 03:23h.

La apertura de un debate político y social para reformar la Constitución ha sido la pragmática coartada hallada por el PSOE para avalar al Gobierno en la aplicación del artículo 155 de la Constitución en Cataluña. El socialismo apoyaba así, in extremis y forzado por las circunstancias, una iniciativa que aborrecía, pero le servía como argumento para justificarse y tranquilizar su conciencia. El debate está abierto, pero de forma ficticia.

José Luis Ábalos ha admitido en ABC que no habrá reforma de la Carta Magna en esta legislatura, por más que el PSOE trate de mantenerla viva como panacea para todos los males de España. En su fuero interno Mariano Rajoy sabe que no habrá acuerdo, entre otros motivos porque es impensable que, matices semánticos aparte, vaya a promover la conversión de España en la «nación de naciones» que pretende Pedro Sánchez. El 155 está siendo mano de santo en Cataluña. Tanto como el Código Penal. El Estado federal es, en cierto modo, la quimera que el PSOE ha empleado durante décadas como bálsamo para mantener una ficción hoy reformulada en «estado plurinacional». No lo habrá, al menos con Rajoy en la presidencia del Gobierno.

En realidad, PSOE y PP huyen de una reforma agravada de la Carta Magna como del agua caliente. Demasiados problemas. Pero es cierto que hay reformas profundas en agenda habladas entre PP y PSOE. La relación entre autonomías, la regulación de un marco financiero estable a futuro, y los criterios de solidaridad contra los agravios son manifiestamente mejorables. Están a tiempo de afrontarlo…, aunque sea por la vía alternativa de modificar leyes orgánicas. Para lo demás, la esencia de nuestra Constitución de 1978, pese a ser perfectible, seguirá siendo la garantía de nuestro sistema democrático.

Manuel Marín.

Adjunto al Director.
Lo que vamos a decidir.

Salvador Sostres.

Actualizado:

26/11/2017 02:30h.

El apestado de Bruselas le negó ayer legitimidad a lo que llamó «el tripartito del 155», cuando él mismo lo legitimó huyendo como un forajido a Bruselas en lugar de hacerse fuerte en la Generalitat como el presidente de la república independiente que acababa de proclamar.

También lleva unos días preguntándole al presidente Rajoy si aceptará el resultado de las elecciones de diciembre –en el sentido plebiscitario que, por mucho que los independentistas quieran darle, no tienen– cuando él y Esquerra serán los primeros que no van a aceptarlo, como demostraron aquellos días de octubre en que no tuvieron ni el valor, ni la fuerza ni el mínimo respeto a sus votantes para concretar la independencia por miedo a la reacción lógica, democrática y previsible de un Estado ante la rebeldía y cualquier amenaza a su integridad.

Importa muy poco si el conjunto de partidos independentistas ganan o pierden el 21 de diciembre, porque ellos mismos se han derrotado asumiendo el artículo 155, renunciando a la unilateralidad y a la imprescindible violencia que se requiere para derrotar y romper un Estado.

El independentismo se ha creído tanto su propaganda de las sonrisas, de la separación a coste cero, del concepto de la radicalidad democrática bajo el que pretendían dar carta de legalidad a su referendo y, sobre todo, de que España no tiene en Europa prestigio ni aliados, que cuando no ha tenido más remedio que aterrizar en la realidad se ha dado cuenta de que se había llevado a la boca más comida de la que podía masticar.

La independencia de Cataluña no estará en juego ni en cuestión el día 21: primero porque España ha demostrado que es suficientemente sólida y fuerte para mantener su integridad, y segundo porque los secesionistas han demostrado que no están a la altura, ni física ni moral, de su propósito.

Lo que los catalanes vamos a decidir, y no es menor, es si queremos continuar instalados en la inacción y el caos con un Govern incompetente, tramposo y sectario o si queremos pasar página, volver a la prosperidad y recordar que amar a Cataluña no consiste en odiar a España sino en dejar de decir tonterías, entender lo que nos hace felices y ponernos de una vez a trabajar.

Salvador Sostres.

Articulista de Opinión.
Muy acertado Gistau, hace falta, un equipo con ideas que busque la equidad, no perpetuar las desigualdades que siempre favorecen a los mismos, pero a ver quien le pone el cascabel al gato, si unos están cansados y otros no quieren enfadar a los nacionalistas, difícil lo veo, pero para eso se les paga que pongan a trabajar las neuronas.
Normalidad.

El ataque independentista es una oportunidad para reformular ciertas condiciones de convivencia.

David Gistau.

Actualizado:

25/11/2017.

Albert Rivera parece ser el único portavoz político incapaz de comprender que, a partir del 155, fue decretado un regreso a la mediocre normalidad y al juego tradicional de pesos y contrapesos, de coacciones y concesiones. El 78 en su esplendor cabildero, la posición dominante del nacionalismo, el perpetuo abrazo de Vergara que se dan tecnócratas con una mentalidad tan saturada de cálculos de trienios que no queda espacio en ellas para la audacia o el sentido de la responsabilidad con el porvenir, con todo cuanto puede ocurrir más allá de la fecha de caducidad personal. El ecosistema natural de Mariano Rajoy, el hombre normal, previsible, el señor de Pontevedra que siempre preferirá una componenda a «vivir en el lío». Igual que Foxá decía que jamás perdonaría a los comunistas que lo hubieran obligado a ser falangista, se diría que lo único que Rajoy nunca perdonará a los independentistas es que lo hayan obligado a ser un político que no deseaba ser: el que toma decisiones tan difíciles como un 155 -por más que sea el más suave de los posibles-, ajenas a las convenciones de los mercachifles de Estado. Por eso, a raíz del Cupo, Rajoy ha regresado gozoso al posibilismo habitual donde esperaba un personaje reconocible, el PNV, inmune a las fiebres del destino manifiesto que raptaron a aquel otro interlocutor habitual de cuando el pujolismo.

La duda por resolver ahora es la siguiente. Rajoy tiene razón si España anhela ser la misma que antes de la crisis independentista. Si hay tal alivio por evitar las grandes emociones que el electorado de Rajoy comparte con él su voluntad de olvidar cuanto antes las gamberradas indepes y de regresar a un diálogo nacional en el que se acepta el predominio nacionalista, su capacidad de extorsión y de influencia en el gobierno nacional. La verdadera casta, la del Majestic y el Cupo, aquella de la cual sólo nos ponían a salvo los breves periodos de mayoría absoluta socialista o popular. Esta restauración de la normalidad conllevaría por tanto un regreso al perfil bajo y a la naturaleza discreta, aguada, neofranquista, vigilada como desde una torreta por la socialdemocracia, de la condición española.

Si Rivera tiene razón, el electorado de Rajoy está hasta las pelotas de coacciones nacionalistas y no desea aceptar sin más un retorno a las rutinas del 78. Al revés, considera que el ataque independentista es una oportunidad para reformular ciertas condiciones de convivencia, para cancelar unos cuantos complejos de culpa posfranquistas, para adjudicar al nacionalismo la verdadera naturaleza supremacista y regresiva que siempre mantuvo oculta por los salvoconductos progresistas, en definitiva, para no volver a comprar de forma grosera a tigres del Maestrazgo la estabilidad nacional. Si la España que conserva las banderas en los balcones busca un político que opere estos cambios, que consagre el advenimiento nacional de los últimos meses, ahí tiene para pensárselo a Rajoy y el Cupo.

David Gistau.

Articulista de Opinión.
Las nancys beatas.

Se escudan en la Religión para disculpar sus comportamientos.

Carlos Herrera.

Actualizado:

24/11/2017 18:32h.

Menos mal que el lider de los encarcelados se declara católico apostólico. Posiblemente no romano: antes montserratino, que ya sabemos que es un universo paralelo que exige un anclaje mucho mas comprometido pero menos universal. Si eres montserratino -en el estricto sentido que la comunidad monacal le ha dado al hecho religioso- sabes que el diálogo del Hombre con Dios está algo mediatizado por el servicio del rezo a la proliferación del hecho independentista. Independentista de lo que sea, pero preferiblemente de esa España que lleva exhibiendo razones imperialistas desde... pongamos que Ordoño II, que es una de las figuras de la Plaza de Oriente de Madrid en la que más reparan los paseantes de las mañanas de domingo. Cuando Oriol el Santo se plantó ante la juez le explicó que su Fe católica le impedía actuar con violencia y que toda esa acusación no tenía sentido alguno; cosa que no sé si acabó de creer la juez. Estas Nancys Beatas que se escudan en la Religión para disculpar sus comportamientos invitan, de momento, a un cierto interés antropológico por la cuestión. Junqueras no considera violencia que se malcríe a los chavales de su comunidad con consignas indecentes y xenófobas; muchos sí. Junqueras no considera violencia que se acose vecinalmente a quienes exhiben símbolos no relacionados con el independentismo, sean banderas españolas o señeras catalanas sin la estrellita dichosa; muchos sí. Junqueras no considera violencia que se amenace a jueces y fiscales de manera que un buen número de ellos pida su traslado fuera de Cataluña; muchos sí. Junqueras no considera violencia que se apalice a dos señoritas con la camiseta de la selección española o que se acose a los guardias civiles que van a recolectar documentos por orden de un juez a la Consejería que dirigía o que se le diga a una candidata opositora que se vaya a su ciudad natal. Y así hasta la nausea. Es evidente que no se trata de terrorismo al estilo vasco, pero muchos sí que consideran que no pocas cabras locas del independentismo están a un paso de convertir su creencia en una forma de lucha callejera. La aplicación sorprendentemente balsámica del 155 ha servido para instaurar una suerte de tregua sorda en la que los gudaris montserrratinos se están mordiendo el labio sin disimular demasiado su rabia contenida. Están a la espera de una señal, pero conociendo a las Beatas, la señal no llegará antes de las elecciones, ya que hay que demostrar que el ejército civil y religioso de Cataluña sabe moderar sus acometidas de rabia.

Añado algo más: las beatas no mienten. Y estos le mienten hasta el médico. Andan disimulando, abjurando y diciendo que se lo han pensado mejor, y conteniendo una furia que apenas pueden sujetar bajo su birrete. Harán lo posible para concurrir en campaña electoral y se desdirán de todas las barbaridades que hicieron y dijeron. Mentirán y los suyos entenderán sigilosamente que lo hacen para librarse del yugo carcelario con tal de que todo vuelva a ser como era en su día, cuando campaban por medios y enteros expandiendo la palabra indepe y dando a entender que no habría fuerza divina ni humana que parase a aquél pueblo arrollador decidido a cumplir con su destino y a llegar a la Tierra Prometida.

Las beatas de rezo diario y carcelario no saben qué hacer para volver a los días del becerrro de oro independentista. El tiempo que ellos consumen en el monte carcelario tiene desalentados a quienes esperan al pie de las prisiones sin saber por donde tirar. El Supremo puede que los libere en breve -o no- y los deje a los pies de las urnas de verdad. Será el momento de la Verdad tan deseada, vistan de novicio o de corista.

Carlos Herrera.

Articulista de Opinión.
La mutación de Sánchez.

De la fabricación de una imagen muy derechizada de Ciudadanos Sánchez sí confía en recuperar parte del voto progresista moderado.

Manuel Marín.

Madrid.

Actualizado:

24/11/2017 03:36h.

Pedro Sánchez privó ayer al constitucionalismo de una baza relevante al rechazar que el PSC pueda apoyar la investidura de Inés Arrimadas en el caso de que los votos de Ciudadanos, PSC y PP fueran suficientes para convertirla en presidenta de la Generalitat. De hecho, Sánchez ve plausible una repetición de las elecciones catalanas en primavera porque será muy complejo resolver el previsible bloqueo de una aritmética parlamentaria endiablada.

Sánchez está mutando. Su «no es no» al PP se está convirtiendo con los meses en un argumento arcaico y obsoleto que, con motivo de la aplicación del artículo 155 de la Constitución, él está sustituyendo por conversaciones privadas y constructivas con Mariano Rajoy, y por el deseo de afrontar reformas estructurales conjuntas con el PP en la convicción de que ello «suavizará» la imagen del PSOE en su verdadero objetivo de recuperar votos del centro que ahora ocupa Albert Rivera. Sánchez es consciente de que el desgaste de Pablo Iglesias –no tanto de la marca Podemos- es progresivo, y de que ya está rentabilizando una imagen de moderación que le ha permitido recuperar votantes fugados en su día a la extrema izquierda. De los abstencionistas decepcionados con Iglesias poco podrá obtener el PSOE en las elecciones generales, pero de la fabricación de una imagen muy derechizada de Ciudadanos Sánchez sí confía en recuperar parte del voto progresista moderado.

En este tablero táctico, Sánchez se ve cómodo y las encuestas van confirmando su objetivo de garantizar al PSOE una base anclada en torno al 24 por ciento de los votantes. Sin embargo, el PSOE y el PSC cometen un error cerrando drásticamente cualquier opción, por hipotética y remota que sea, de facilitar un Gobierno constitucionalista en Cataluña. No es fácil medir el impacto que pueda tener para el PSOE un veto a un supuesto Gobierno presidido por Ciudadanos en Cataluña, solo por el hecho de plantar cara a Albert Rivera en el resto de España. Es una cuestión de tacticismo legítimo y de oportunismo político. Pero si dependiese del PSC provocar un bloqueo institucional de Cataluña hasta primavera y la repetición forzada de unos comicios que diesen bazas a un independentismo refundado, la marca PSOE podría resentirse.

El PSC no pactará ningún Gobierno con el independentismo. Tampoco con Ciudadanos y el PP…, de modo que si Miquel Iceta fuese el fiel de la balanza, está dispuesto a convertir el 21-D en un proceso inocuo. No sería solo una oportunidad perdida. Sería también un inmenso error político incompatible con la mutación que Sánchez dice estar experimentando.

Manuel Marín.

Adjunto al Director.
Técnica de un golpe de Estado.

El relato de la revuelta de octubre lo ha escrito la jueza Lamela. Una estrategia coral urdida por una trama compleja.

Ignacio Camacho.

Actualizado:

23/11/2017 09:48h.

El gran relato sobre la trama de la rebelión secesionista lo ha escrito la jueza Carmen Lamela en su informe al Tribunal Supremo. En sólo veinte folios bien documentados, la magistrada de la Audiencia explica lo que Curzio Malaparte llamaría la técnica de un golpe de o contra el Estado. Una organización ramificada, «compleja y heterogénea», unida en el propósito de la secesión con una precisa coordinación interna. Un ajustado reparto de papeles diseñado con minuciosa sincronización de la estrategia. Un «concurso de voluntades» aglutinadas para cumplir la estricta planificación del designio unilateral de la independencia.

Es la existencia de ese plan articulado la que aconseja unificar en un solo tribunal la investigación, según el criterio de la jueza que ha mandado a prisión a los Jordis y a Oriol Junqueras. Porque de su análisis documental se desprende una actuación combinada de numerosos elementos concomitantes al servicio de una finalidad idéntica. Lo que describe es una conspiración de ruptura institucional, una revolución coral proyectada para su ejecución acompasada como la partitura de una orquesta. Sólo desde esa perspectiva de conjunto puede entenderse la estructura de una empresa que cometió, a juicio de Lamela, diversos delitos concurrentes: sedición, malversación de caudales públicos, prevaricación y desobediencia.

La atribución de papeles resulta esencial en el desarrollo del proceso. Los líderes de la Generalitat y del Parlamento como autores intelectuales del proyecto, creadores de una legalidad paralela, ejecutores administrativos y proveedores del dinero. Las asociaciones civiles, ANC y Omnium, como agentes de desestabilización social encargados de la agitación de masas, de las redes de propaganda y de la extensión de un clima de rechazo antiespañol para favorecer el levantamiento. Y los Mozos de Escuadra como factor de intimidación, espionaje (sic) a las fuerzas de seguridad nacionales y protección del referéndum; 17.000 efectivos armados actuando con la disciplina de un ejército. Cada brazo de la trama con sus jefes: Puigdemont, Forcadell, Junqueras, los consejeros de su Gobierno, los dos Jordis y el mayor Trapero.

Ése es el plano de la insurrección, el guión del motín y la nomenclatura del movimiento. La prosa judicial detalla la hoja de ruta de las leyes inconstitucionales, la consulta ilegal, la asonada callejera y la declaración parlamentaria que proclamaba la república y el Estado nuevo. La clave de comprensión es la de que los presuntos quebrantamientos de la ley obedecían a un objetivo común y formaban parte de un sistema conexo; de ahí que la instructora solicita que sea una sola instancia la que entienda sobre ellos. Veinte folios de descripción de situaciones y hechos más otros nueve de antecedentes investigativos y relación de documentos. Ahí está todo: la revuelta de octubre contada para escépticos.

Ignacio Camacho.

Articulista de Opinión.
Algo no tan vulgar.

El independentismo, aunque no tiene ya nada que ofrecer y todo lo que toca lo cubre de cenizas, ha sido para cientos de miles de catalanes, más que una ideología, un modo de tener por fin una vida interesante.

Salvador Sostres.

Actualizado:

22/11/2017 02:36h.

Através de personas de su máxima confianza, Junqueras mandó preguntar la semana pasada a Fiscalía qué declaración de mínimos podrían tomar como válida para liberarle. No ha dicho todo lo que se le sugirió pero ha aceptado de palabra lo que políticamente asumió presentándose a las elecciones de diciembre. En el fondo, ¿qué otra cosa es la legalidad establecida por el artículo 155? Con su declaración intenta a la vez quedar en libertad y no arruinar su carrera política, porque cuando ya creía que tenía a los convergentes a punto de la extinción, el exilio de Puigdemont les ha hecho resurgir y a pesar de que las encuestas publicadas en los últimos días todavía le dan a ERC unos 14 escaños de ventaja, el partido maneja unos sondeos no tan halagüeños y Puigdemont está convencido de que van a ganar.

Además, la propaganda del «presidente legítimo» con que Puigdemont pretende recuperar el cargo aunque no acabe de ser la primera fuerza, es otra trampa de la que Junqueras tendrá dificultades para escapar.

Por ello, y tras comprobar cómo los propios independentistas se han burlado de la rendición de Forcadell, los más estrechos colaboradores del líder republicano, curtidos en toda clase de batallas que llevaron hasta las últimas consecuencias, le aconsejaron la semana pasada que no saliera de Estremera hasta pasadas las elecciones para no regalarle a Puigdemont la exclusiva de la épica del represaliado. Pero entre sus virtudes no se encuentran ni la valentía ni la capacidad de sacrificio y su esposa le ha exigido que haga lo imposible por volver a casa.

El independentismo, aunque no tiene ya nada que ofrecer y todo lo que toca lo cubre de cenizas, ha sido para cientos de miles de catalanes, más que una ideología, un modo de tener por fin una vida interesante, el único momento de su anodina existencia en que su yo inane e indistinguible ha encontrado una posibilidad de redención en el proyecto colectivo. Admitir la derrota les condenaría a reconocer el fracaso de la que tal vez haya sido la última oportunidad que tuvieron de hacer de sus días algo no tan vulgar y, en este contexto de extravío y desesperación, cualquier moderación parece una traición y sólo lo más grotesco ayuda a disimular la decepción. Que Puigdemont parezca un héroe y no el chiflado que todo se lo cargó certifica que la derrota del catalanismo político forma trágicamente parte de su condición.

Salvador Sostres.

Articulista de Opinión.