Columnistas y Tertulianos

Francisco Muro.

Cuando la Justicia funciona.

Francisco Muro, 16 de febrero de 2017.

La Justicia que tenemos está tan necesitada de reformas y de medios como de ese gran Pacto que ponga fin a la utilización partidista de uno de los poderes del Estado. Queda mucho por hacer para que deje de ser tan lenta y para que las sentencias se cumplan en su totalidad y no, como sucede en algunos órdenes jurisdiccionales, sólo al sesenta por ciento. La Justicia lenta y la Justicia que no se cumple no ... (ver texto completo)
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Francisco Muro.

Cuando la Justicia funciona.

Francisco Muro, 16 de febrero de 2017.

La Justicia que tenemos está tan necesitada de reformas y de medios como de ese gran Pacto que ponga fin a la utilización partidista de uno de los poderes del Estado. Queda mucho por hacer para que deje de ser tan lenta y para que las sentencias se cumplan en su totalidad y no, como sucede en algunos órdenes jurisdiccionales, sólo al sesenta por ciento. La Justicia lenta y la Justicia que no se cumple no son Justicia. Son otra cosa. Pero en la Justicia real, la que aplican los jueces, en su inmensa mayoría independientes, hay, de vez en cuando buenas noticias que deberían hacernos pensar que, con todos los problemas, la Justicia funciona y que muchas veces, los ciudadanos son bastante iguales ante la ley.

Los cabecillas de Gürtel ya están en la cárcel con prisión provisional comunicada sin fianza y hay otros políticos que en las próximas horas cambiarán su casa por el hotel penitenciario en el que la Justicia ha dicho que deben estar. Al mismo tiempo, el ex presidente de la Comisión Nacional del Mercado de Valores, el ex gobernador del Banco de España y otros muy altos directivos del banco central están siendo investigados por el juez por la salida a bolsa de Bankia y han dejado sus cargos. Es cierto que el corporativismo ha rebrotado -nunca dejó de estar presente en aquella exclusiva casa-, que la Comisión Ejecutiva ha mostrado su apoyo a los que el juez pone bajo sospecha y que hasta se han recogido firmas de apoyo para los funcionarios investigados. Pero la Justicia no se detiene y sigue su marcha. Lenta, ya lo he dicho antes, pero con consecuencias. Aunque debe funcionar la presunción de inocencia hasta que el juez diga otra cosa, durante mucho tiempo los que debían ser responsables ignoraron las señales de alarma y de alerta que venían de dentro y de fuera y miraron para otro lado. Aunque como dicen algunos, actuaron "según la ley y por la estabilidad financiera", no por ello dejan de ser responsables del daño causado a muchos accionistas y a todos los ciudadanos que hemos tenido que pagar esos errores. Y, sobre todo, lo son de no haber cumplido con rigor la vigilancia debida y haber permitido que unos pocos estafaran a todos. La Justicia decidirá. Por otro lado, está el asunto catalán. El Tribunal Constitucional ha anulado el plan del ilegal referéndum soberanista y ha abierto la vía penal contra la presidenta del Parlament y otros cuatro miembros de la mesa de la cámara, al margen de las actuaciones judiciales ya emprendidas contra Más, Homs y compañía. Las amenazas a la fiscal jefe de Barcelona, las afirmaciones de la consellera de Presidencia Neus Munté de que "ninguna resolución de ningún tribunal alterará nuestra voluntad" y, lo que es más grave, la del presidente Puigdemont de que "la democracia española está enferma" son graves e irresponsables, pero no van a frenar a la Justicia. Y esa, repito, es una buena noticia. El respeto a la ley es fundamental en un Estado de Derecho. Y si se la saltan los que deben velar que todos los ciudadanos la cumplan, no hay otro final que enfrentarse con la Justicia.
Julia Navarro.

El futuro de Errejón.

Julia Navarro, 16 de febrero de 2017.

¡Que estrés! Parece que la política española está paralizada a la espera de que Pablo Iglesias decida que futuro le depara a Iñigo Errejón.

Y es que ahora mismo todo son especulaciones sobre que van a decidir Iglesias y los suyos en el próximo Comité Ciudadano que se va a celebrar el sábado. Los hay que auguran que Errejón será relevado como portavoz en el Congreso, otros de que además se va a suprimir la secretaria política, los de más allá intuyen que no le queda ya mucho recorrido político dentro de Podemos, que Iglesias lo va a laminar, e incluso hay quienes auguran que más pronto que tarde saldrá de filas podemitas.

A mi me parece que aún siendo verdad que Errejón perdió en Vista Alegre y que Pablo Iglesias tiene la sartén, todas las sartenes podemitas, por el mango, no es menos cierto que casi un cuarenta por ciento voto a favor de las tesis errejonistas. Es decir que Podemos no es tan uniforme como parece. La prueba es que en el famoso Comité Ciudadano Iglesias cuenta con 37 puestos pero Errejón con 23 lo que tampoco es moco de pavo y le supone un margen suficiente para seguir haciendo política dentro de Podemos. Otra cosa es Pablo Iglesias haya consolidado absolutamente su liderazgo y que mayoritariamente en Podemos le avalen como líder. Esto es indiscutible y le confiere un poder extraordinario. La cuestión es como va a gestionar Iglesias ese apoyo casi incondicional que ha recibido y si además de haber entendido el supuesto mensaje de "unidad y humildad" entiende que Podemos no es uniforme y sí una organización tan compleja como plural. Y su primera prueba del algodón será precisamente que le va a deparar a Iñigo Errejón.

Desde luego a Errejón se le ha puesto cara de funeral y me parece a mi que con lo listo que parece debería de haber previsto que era casi imposible que pudiera derrotar a Pablo Iglesias en Vista Alegre.

Iglesias tiene algo de lo que Errejón carece y es ese toque carismático que tienen algunos políticos independientemente de la bondad, o desastre, de sus ideas.

Ahora a esperar si el número 1 de Podemos manda al furgón de cola al que hasta ahora ha sido su número 2. La solución el sábado.
AGUSTÍN. Todo lo relacionado con PODEMOS, si Errejón cree que ya está todo definido, se equivoca. Pablo irá por él con todas las consecuencias. " Al enemigo ni agua".

Un saludo.
Fermín Bocos.

Vuelve la pinza.

Fermín Bocos, 14 de febrero de 2017.

De la calle vienen y la calle añoran. A juzgar por la victoria de las tesis de Pablo Iglesias (60%) sobre las defendidas por Iñigo Errejón (38%), Podemos está y seguirá en el Congreso, pero al grueso de sus militantes y a buena parte de sus diputados el Parlamento les viene grande. O, según se mire, pequeño. Los seguidores de Pablo Iglesias parecen sentir nostalgia de las acampadas del 15M y de las asambleas de la Facultad de Políticas. Solo así se explica el triunfo de los documentos que abogan por la confrontación con el sistema (Iglesias) frente a los que postulaban la transformación del sistema desde dentro de las instituciones (Errejón).

La victoria de Pablo Iglesias -cantada desde el primer momento puesto que era el único candidato relevante a ocupar la secretaría general- confirma que Podemos más que un partido, sigue siendo un movimiento. Utópico en algunos de sus objetivos, ingenuo en muchos de sus enunciados y confuso en orden a los medios que propone para acceder al poder. Para "asaltar los cielos", por decirlo cediendo a la retórica de Pablo Iglesias. El triunfo de sus postulados permite pronosticar una etapa de confrontación dentro y fuera del Parlamento. Confrontación que le vendrá muy bien a Mariano Rajoy, recién reelegido líder del PP.

Su antagonismo de manual con Iglesias nos deparará grandes mañanas de titulares los miércoles en las sesiones de control al Gobierno. Se retroalimentan. Sin decirlo abiertamente, comparten objetivo: debilitar, erosionar, laminar y si la cosa les saliera bien, acabar con el PSOE. O dejarlo reducido a una expresión testimonial, como el PASOK en Grecia. Estamos ante Versión 2:0 de la "pinza" de Julio Anguita, el padre putativo de Podemos.

La vida nos enseña que cuando una puerta se cierra suele quedar abierta una ventana. Tarea del PSOE sería aprovechar la polarización de la vida política española entre Podemos y el PP para recuperar el centro izquierda y comparecer ante la opinión ciudadana como un partido de gobierno. Un partido capaz de actuar como valedor de los excluidos por la crisis y de las clases medias maltratadas por las reformas laborales y fiscales introducidas por el PP en la pasada legislatura. Para ello, en primer lugar, deberían decidir cuanto antes qué quieren ser y a quien confían el timón de la nave. No lo tienen fácil.
Antonio Casado.

Todo el poder para el jefe.

Antonio Casado, 14 de febrero de 2017.

En Vistalegre II (segundo conclave general de Podemos) barrió la apuesta por la radicalidad encabezada por Pablo Manuel Iglesias. Mala noticia para los desheredados, la gente, las capas sociales más desprotegidas, los parias de la tierra, los de abajo.

Ganó la apuesta por la calle y no por las instituciones. Y ganó la doctrina de todo el poder para el jefe. Todo eso complace a la militancia (155.000 papeletas, algo más del 33% de las bases). Pero no está claro que complazca a los votantes (más de cinco millones de ciudadanos), porque viene a ratificar el confinamiento político y parlamentario de Podemos.

Por tanto, buena noticia para los de arriba, pues deja a Podemos en la irrelevancia, sin poder influir en la agenda institucional de las decisiones que afectan a los ciudadanos. Según los ganadores de Vistalegre II, lo prioritario es seguir dando miedo a los de arriba y no calentar el sillón en el Parlamento. Además, reclaman plenos poderes para que el secretario general pueda combatir a la "triple alianza" (PP-PSOE-Ciudadanos) con todos los medios al alcance de un partido "coral, femenino y fraterno".

No parece esa una buena fábrica de decisiones encaminadas a inquietar a los poderosos y favorecer a las capas más vulnerables de la sociedad. Tampoco parece ser la mejor forma de integrar al 37% de los simpatizantes de Podemos que votaron por las tesis de Iñigo Errejón.

Una de esas tesis era precisamente la de que no se trata tanto de cantar las cuarenta a los poderosos sino de "enseñarles el camino de salida". Tesis rendida ante el empuje de los seguidores de Iglesias, cuya reciente victoria les permite apelar al principio de la obediencia debida, en línea con la doctrina Monedero, que hace unos días, cuando las espadas aun estaban en alto entre el numero uno y el numero dos, reñía a Errejón y a Tania Sánchez de esta guisa: "Joder, tío, o sea, Pablo no es vuestro colega, es vuestro secretario general".

Insisto: todo el poder para el jefe, como en el PP, como en la CEDA de Gil Robles, bajo el doble principio de unidad de criterio y dependencia jerárquica, como en la Fiscalía, como en el Ejército. Nada nuevo entre quienes se reclaman de la nueva política.

En esas circunstancias el futuro político de Errejon está en el aire. Antes era el número dos de Iglesias, pero ahora se ha convertido en el jefe de filas de una corriente interna de Podemos. Así que quedamos a la espera de saber hasta qué punto se dará por aludido Iglesias en el mandato de unidad y humildad salido de Vistalegre II, mientas el perdedor reclama también un mandato de pluralidad. Iglesias le ha tenido una mano, pero nadie sabe si en la otra lleva o no lleva el piolet.
Alfonso Rojo.

La purga de Pablito.

Alfonso Rojo, 14 de febrero de 2017.

Hasta ahora teníamos ‘la purga de Benito', como sinónimo de brebaje de charlatán al que se atribuyen efectos milagrosos, pero ya podemos ir incorporando al refranero español ‘la purga de Pablito', porque catarsis va a haber y draconiana.

Anda el personal periodístico distraído, pendiente de los matices y tratando de interpretar las palabras de Pablo Iglesias, tras su arrollador triunfo en el festival cómico-taurino de Vistalegre II, pero que nadie se llame a engaño.

Cuando dice que Errejón tiene que estar en ‘primera línea', a lo que se refiere en realidad es a un lugar destacado en el compacto pelotón de los que serán ‘fusilados'.

La política es una máquina de picar carne y en ninguna formación, se llame PP, PSOE, Ciudadanos o lo que sea, sobrevive el disidente que planta cara al mandamás y pierde la batalla.

La particularidad de los podemitas es que, fieles a sus referencias ideológicas, ejecutarán la depuración con meticulosidad estajanovista y vesania siberiana. Seguro que alguno de ustedes recuerda aquello de ‘con la facción no se discute, a la facción se la combate', que voceaba el rojerío universitario allá por los años setenta. Pues eso.

Alguno de los vencidos, sobre todo si se pone muy manso y esconde el rabo entre las piernas, sobrevivirá a la limpieza. Quizá la cuchilla no se abata sobre el pescuezo de Miguel Urban y los ‘anticapitalistas', pero a Errejón lo van a meter en un rincón antes de hacerlo fosfatina.

El proceso exige dejarlo mudo, por lo que estoy casi seguro de que no seguirá mucho tiempo como portavoz en el Congreso y que colocarán en su puesto a alguna de las vestales rojas que rodean al Coletas. Y no caben quejas, porque los errejonistas hubieran hecho lo mismo con los pablistas, de haber ganado la partida. Como se dice en la política norteamericana, quien no soporte el calor, que no se meta en la cocina.

No va a haber rupturas, entre otras razones porque una acendrada tradición española es acudir raudo en auxilio del vencedor. Lo que ya no está tan claro es que la victoria de Iglesias sea buena para Podemos.

No había diferencias de fondo, ni discrepancias ideológicas, pero visto desde el exterior se ha impuesto el comunismo más rancio y el populismo más extremo. Eso, la apuesta de Iglesias por la agitación callejera y la brocha gorda antisistema en detrimento de la acción parlamentaria y el debate, solo benefician al PP de Rajoy. Y al PSOE, si alguna vez es capaz de encontrar un líder y sentar cabeza.

Alfonso Rojo.
Fernando Jauregui.

Mariano y Pablo, condenados, claro está, a no entenderse.

Fernando Jauregui, 13 de febrero de 2017.

Los dos, Mariano Rajoy y Pablo Iglesias, salieron reforzados de sus respectivos congresos; bueno, en realidad, Mariano Rajoy no necesitaba grandes refuerzos. Iglesias sí tenía que demostrar que 'las bases' estaban tras él y no apoyando a Iñigo Errejón. Los dos pidieron 'unidad' e Iglesias, además, 'humildad', cualidad que, como le ocurre a Rajoy con el 'diálogo', que también pidió en su discurso de clausura, no es su fuerte. Pero ahí están ambos, brillando en sus respectivos, paralelos, incapaces de acercarse, universos; y es una lástima -o una suerte, quién lo sabe-- que, en determinados asuntos, por ejemplo en la defensa de la unidad territorial, ese entendimiento sea imposible. Pero ahí están ambos, reinando en sus respectivos ámbitos: Rajoy no tiene rivales en el centro-derecha ni en el centro-centro. Sospecho que, hoy por hoy, Iglesias tampoco lo tiene en un PSOE que ha salido este fin de semana, merced al acto-mítin protagonizado por Susana Díaz en Madrid el sábado, aún más dividido de lo que ya lo estaba.

Rajoy e Iglesias están, desde luego, condenados -bendecidos, dirán ellos-- a no entenderse. Sus proyectos, sus lenguajes, sus actitudes ante la vida, se hallan a mucha mayor distancia de los siete kilómetros que los periodistas hubimos de recorrer varias veces entre viernes y domingo para poder vislumbrar presencialmente algo de los dos congresos, el del PP y la segunda Asamblea de Vistalegre, que Iglesias quiso, a mi juicio equivocándose, que coincidiera con el cónclave de los 'populares'.

Confieso que no esperaba ninguna sorpresa surgida de la 'previsibilidad' que caracteriza a Mariano Rajoy;. No la hubo, excepto en un punto: en su discurso habló larga y claramente sobre Cataluña, el gran tema intencionadamente olvidado por unos y por otros, porque ni unos, ni otros, ni los de más allá, parecen tener claras las soluciones, aparte del 'no pasarán', interpretado de manera diferente desde cada lado de la barrera, por supuesto. Tampoco, lo confieso, me sorprendió demasiado la victoria, dicen que aplastante pero no tanto en realidad, de Pablo Iglesias sobre un Iñigo Errejón al que los partidos 'convencionales' presentaban como el 'mal menor' para que los cambios se hagan con sordina y con prudencia.

Pero la democracia interna, que sin duda ha brillado bastante en estas Asamblea de Podemos, ha querido el 'mal mayor'. A ver ahora cómo gestiona Iglesias su victoria, a ver si es cierto que tiende la mano al vencido, que modera sus ambiciones y sus excesos verbales, a ver si finalmente asume que vive en las instituciones, entre ellas el Parlamento, mucho más que en la calle. En principio, no me parece que el 'errejonismo' vaya a ejercer una gran influencia en él ni en los más duros de los suyos, comenzando por su 'número dos' y compañera, Irene Montero, que encandiló a los asambleístas con su verbo 'a lo Pasionaria'. Y, por otro lado, a ver cómo gestiona el PSOE del futuro esta victoria de un Pablo Iglesias mucho más proclive a entenderse con los sectores más 'duros' de la izquierda que con lo que representa, por ejemplo, la actual gestora socialista.

Y, lo que es mucho más importante: a ver cómo gestiona Rajoy ese "tenemos Rajoy para diez años" que más de uno, por ejemplo el presidente gallego Núñez Feijoo, salió casi gritando del congreso 'popular'. No me dio la impresión de que, más allá de atreverse a hablar de Cataluña -aunque sin aportar pasos concretos para la solución del principal conflicto que los españoles tienen ahora planteado--, Rajoy vaya a dejarse embriagar precisamente por el afán reformista. No: está claro que, como le va bien, y está convencido de que con él le va bien así también a España, no piensa en grandes cambios, ni en la secretaría general del PP ni en casi nada. Así que adiós, hasta el próximo congreso... aunque él, usted y yo sabemos que van a pasar muchas cosas hasta entonces. En la izquierda y en la derecha.
Ignacio Camacho.

Otro acicate para Susana Díaz: rescatar a su partido del peligro de Sánchez.

Ignacio Camacho / ABC, 12 de febrero de 2017.

CUATRO meses de campaña serían un exceso en un país con treinta millones de votantes; en un partido de 180.000 afiliados constituyen sencillamente una locura insoportable.

Esa es la razón por la que Susana Díaz está aplazando su candidatura al liderazgo del PSOE: quiere acortar al máximo la batalla de desgaste. En realidad se trata de una dilación virtual porque se va a presentar y todo el mundo lo sabe; sólo le sirve para eludir durante un tiempo no demasiado largo un cuerpo a cuerpo que acabará resultando desagradable.

Pero se va a postular, salvo que medie una catástrofe. Y si antes la estimulaban el deseo o la ambición de proyectarse a escala nacional, ahora tiene un motivo extra que le sirve de acicate: rescatar a su partido del peligro de Pedro Sánchez.

Para Díaz, como para la mayoría de los barones que dieron el golpe antisanchista de octubre, el ex secretario general representa la mayor amenaza actual para la supervivencia de la organización.

Lo consideran un cuerpo extraño, ajeno a la cultura del partido, un advenedizo sin más motivación que el desquite y dispuesto a cualquier cosa con tal de reivindicarse.

Le creen -con motivos- fascinado por la estrategia populista y envuelto en un mesianismo sobrevenido que lo ha transformado en un intruso, en un outsider.

Por eso lo derrocaron, persuadidos de que el daño sería mayor cuanto más tardasen. Sus dos años de mandato, trufados de conflictos internos y de derrotas electorales que no parecían hacer mella en su suficiencia, sembraron en la nomenclatura socialista la convicción de que su líder la arrastraba al desastre.

La presidenta andaluza es la cabeza de ese movimiento defensivo, de patriotismo de partido, que surge de la tradición dinástica del PSOE. Dirigentes territoriales, personalidades de la vieja guardia gonzalista, exministros y alcaldes. Hasta los restos del zapaterismo se han alineado en la coalición contra Sánchez.

Lo que les une no es el rechazo a pactar con Podemos -alianza inevitable para regresar al poder a corto plazo-, sino a converger con los populistas en un proceso autodestructivo que acabaría liquidando a la socialdemocracia. Y sobre todo, los sindica la preservación del modelo piramidal y representativo, que ven en riesgo bajo el proyecto de una nueva legitimidad asamblearia.

Sin Sánchez en la carrera, acaso Díaz habría calibrado más sus propias opciones, pero ahora se siente al frente de una responsabilidad. El mitin de ayer en Madrid retrató a una candidata decidida a ganar.

Frente a los baños de militancia radicalizada de su rival, los susanistas exhibieron músculo municipal para expresar su dominio de la estructura orgánica. El mensaje que quieren enviar es el de que son el PSOE institucional contra el perdedor de elecciones. El PSOE que gobierna frente al que fracasa. El PSOE que puede repartir cargos contra el que sólo busca la revancha.
Alfonso Rojo.

¿A la tercera, la vencida?

Alfonso Rojo, 12 de febrero de 2017.

Déjense de pamplinas. El único personaje relevante del festival de Vistalegre no ha estado en el ruedo ni en los tendidos de la plaza. Ni siquiera en la enfermería, donde ingresarán bastantes progres después de la paliza de este fin de semana.

El tipo clave en la 2ª Asamblea Estatal de Podemos no es Pablo Iglesias. Tampoco Errejón o el pelma de Monedero. Le saca una cuarta a todos ellos, no está afiliado a la organización morada y a estas horas anda por Sudáfrica, tratando de que le saquen fotos en Robben Island, la cárcel dónde permaneció 18 años preso Nelson Mandela.

Se llama Pedro Sánchez y su triunfo en las primarias del PSOE del próximo mes de mayo es lo único que podría revitalizar a Podemos y volver a colocar a los morados como elemento clave del escenario político español.

Desde el punto de vista ideológico, Iglesias y Errejón no representan opciones distintas. Lo de estos dos es simple lucha de poder, navajeo feroz por los puestos, trufado de divergencias tácticas y cegadora vanidad.

La bronca podemita nos viene de cine a los periodistas, porque esa mezcla de ‘machos alfa', coletas, coplillas, profesores trileros, ideas de bombero, compañeras, señoritas y novias despechadas, da al espectáculo un toque ‘Sálvame' que garantiza sin esfuerzos la audiencia, pero lo que ocurre en Vistalegre o puede emerger de allí no es trascendental.

El cambio de verdad, lo que alteraría dramáticamente el panorama, es que Sánchez, empujado por esa militancia que se pone cachonda cada vez que escucha la palabra ‘Franco' y no se ha enterado todavía de dónde sale el dinero público, se aupara a la secretaria general.

Hace justo un año, aunque los listos del PP todavía no parecen conscientes, Pablo Iglesias tuvo en su mano jubilar a Mariano Rajoy, meter a Pedro Sánchez en La Moncloa para cuatro años, convertirse en líder único de la oposición y poner patas arriba España.

Le perdió la soberbia y optó por llevarnos a nuevas elecciones, convencido de que Podemos le pegaba el ‘sorpasso' al PSOE y él terminaría de presidente del Gobierno, Irene Montero dirigiría el CNI y Monedero mandaría en RTVE.

Hace menos de seis meses, cuando Sánchez se aprestaba a cerrar un Gobierno Frankenstein con podemitas, independentistas y el sursum corda para presentarlo como hecho consumado a su partido, fue el Comité Federal dominado por los Fernández y el sector sensato, quien echó abajo el desquiciado plan.

No se asusten, pero puede haber una tercera y que en junio estemos ya en campaña para nuevas elecciones generales.

Alfonso Rojo.
Fernando Jauregui.

Marian Beitia... ¿qué?

Fernando Jauregui, 09 de febrero de 2017.

Lejos de mi ánimo la falta de respeto a las minorías. Y más lejos aún cualquier vestigio de desprecio a formaciones minoritarias, sean de izquierda o de derecha. Pero que en la encuesta del CIS aparecida este martes una señora llamada Marian Beitialarrangoitia ocupe un índice de popularidad y aceptación superior al del presidente del Gobierno -que nunca sale muy favorecido en estas fotografías demoscópicas, claro--, muy superior a la de Pablo Iglesias -que se ha convertido en el farolillo rojo de estos sondeos, él reflexionará por qué- y casi igual que la de Albert Rivera, me resulta preocupante. Porque, salvo excepciones muy honrosas, usted, lo mismo que yo hasta que me puse a buscar el nombre en Wikipedia, probablemente no tenía la menor idea de quién era esa señora, que resulta que es diputada en el Congreso por Bildu y fue, hace seis años, alcaldesa de Hernani.

Bueno, pues sucede que, según la encuesta del CIS, dos mil quinientas respuestas en total en toda España, recolectadas entre el 2 y el 12 de enero pasados, la señora Beitia... de la que los cronistas parlamentarios tampoco guardamos eterna memoria, la verdad, disfruta de un bastante alto índice de popularidad entre los españoles. Aunque ya se sabe que ningún político, excepto Joan Baldoví y Xavier Doménech, de quienes, sin duda, usted, amable lector, tampoco tendrá en su cabeza sus brillantes trayectorias políticas, es verdaderamente querido y admirado en España. O eso es lo que dice la encuesta.

Bueno, lo que obviamente quiero decir es que seguramente el método empleado por los técnicos -competentísimos, no me cabe duda, ni tengo derecho ni, acaso, conocimientos, para poner su profesionalidad en tela de juicio- del Centro de Investigaciones Sociológicas a la hora de elaborar, con nuestro dinero, esta encuesta, puede ser mejorable. O muy mejorable. Comenzando por el enunciado de esta lista de popularidad de nuestros políticos, y conste que nada tengo ni contra Baldoví, a quien sí conozco y goza de mis simpatías, ni contra Doménech, a quien ocasionalmente, y lamentablemente poco, también he tratado. Claro que tampoco tomo partido contra los que están a la cola de la tabla, como Rajoy, porque gobernar desgasta, e Iglesias, que se mete en todos los fregados a su alcance, sin duda por voluntad propia y para mayor gozo de su ego.

Lo primero que se me ocurre en relación con esta encuesta del CIS, que tanto ha gustado en el PSOE, que experimenta una muy ligera subida, y tanto ha disgustado en el PP, que registra una ligera bajada dentro de su liderazgo, es que ha sido realizada en el peor momento. Porque lo que ocurre entre el 2 y el 12 de enero es que la mayoría de los españoles vive en un ambiente vacacional, alejado del seguimiento de la actualidad y centrado, en cambio, en la familia y la gastronomía propia de la época. Turrón, champán, niños fuera del colegio y visita de encuestador/a son cosas que casan poco y mal. Y, así, por ejemplo, la encuesta deja fuera de la consideración de los consultados el anuncio de Pedro Sánchez de que volverá a concurrir a la secretaría general del PSOE, que perdió. Ni contempla el último clima precongresual entre 'errejonistas' y 'pablistas' (por Errejón, por cierto, la encuesta parece que no pregunta. Ni por Sánchez. Eso es oficialismo y lo demás son gaitas).

En fin, que me parece que, al margen de que los resultados coincidan genéricamente con otros trabajos demoscópicos, la encuesta no vale. Y seguramente nos ha costado un pastón. No soy un experto, pero sigo estas cosas desde hace tiempo, y ello me autoriza a afirmar, digo yo, que los trabajos del CIS podían hacerse más flexibles en el tiempo -nunca en vacaciones y con el Parlamento cerrado- y mejor organizados en las preguntas. Y entonces, tal vez, Marian Beitialarrangoitia, señora sin duda meritísima, o no esté en la tabla o figure donde debe estar con toda lógica, es decir, por ahí, perdida entre los ignotos. Porque no es justo que, por ejemplo, yo hoy tenga que estar hablando de ella, con la cantidad de personajes maléficos a los que tendría que estar criticando.
Fermín Bocos.

Guerra civil en Podemos.

Fermín Bocos, 08 de febrero de 2017.

Revueltas bajan las aguas de Podemos. En la estela de tantos partidos de izquierdas como en el mundo han sido, se cumple en ellos el "fatum" de la división. La tentación cainita. Con aires ya de guerra abierta entre facciones y descalificaciones personales subidas de tono. La eterna disputa por el poder. Por ganar posiciones o por retenerlas. Así que pasaron de la calle a la moqueta del Congreso y los ayuntamientos, la fraternidad de los primeros días dio paso a las ambiciones personales. Hay amistades de años que han quedado arruinadas. Lo advirtió Cioran cuando escribió que la primera preocupación de quien se adueña del poder es hacer desaparecer a sus amigos y a quienes han recorrido a su lado el mismo camino.

El nombre de Pablo Iglesias está en boca de todos, pero ha cedido en el corazón de muchos. El de Iñigo Errejón recibe puñaladas de pícaro de emboscados en el anonimato de las redes. Todo destila el aroma acre de las purgas en ciernes. A Errejón, Iglesias le había ofrecido ser el candidato de Podemos a la alcaldía de Madrid en las elecciones del 2019 sustituyendo a Manuela Carmena. Algunos de los fundadores del movimiento (Carolina Bescansa, Nacho Alvarez) han dado un paso a un lado. Otros (Luis Alegre) han denunciado con palabras de dureza extrema a la camarilla que según su decir tiene secuestrado al jefe a quien hasta ahora nadie discutía.

Podemos, que en la campaña de las pasadas elecciones eligió un corazón como expresión de fraternidad, se ha transformado en foso de gladiadores. Nadie habla bien de nadie. Lo que uno de ellos ha descrito como la "máquina del fango" funciona a tope pero esta vez la hormigonera no procede de medios de comunicación hostiles. Esta vez vomita desde dentro y hacia dentro del partido.

El mal rollo entre dirigentes lo impregna todo. Hasta tal punto que alguno de ellos (Antonio Montiel), líder de Podemos en Valencia, ha llegado a comparar a Pablo Iglesias nada menos que con Franco y Sadam Hussein. Leída, negro sobre blanco, tamaña barbaridad, Montiel ha rectificado, pero el daño está hecho y describe la tensión de vísperas que precede al congreso. Un Vistalegre II que va camino de ser Vistatriste I.
Victor Entrialgo de Castro.

El juicio de Mas que echábamos de menos.

Victor Entrialgo de Castro, 07 de febrero de 2017.

Todos los déspotas se han escondido siempre detras de sus súbditos cuando han tenido que dar cuenta de sus propios actos.

Ante semejante circo y coacción instituvionalizada llegando casi una hora despues el Tribunal debió suspender hasta el dia siguiente y asi hasta ir despejando la coacción.

Arturo el cínico prevaricó y desobedeció. El responsable, ha dicho, fui yo, pero los culpables son los voluntarios. Menudo mártir de chichimoni.

Eso ha dicho Mas tratrando de disfrazarlo y aparentando otra cosa. Prevaricó y desobedeció, de eso no hay duda.

Evidentemente sabia de la prohibición. Y ordenó abrir los colegios y todo lo demás, con lo que costó. Lo sabia y además la ignorancia de la ley no excusa de su cumplimiento.

Para algunos, a quienes debiera sonrojar, la justicia es ver quien tiene más amigos palmeros o más empleados que deben el puesto a tu dedo, que te acompañen al juzgado.

Los acusados se han refugiado cobardemente en los voluntarios a quienes por lo visto nadie aleccionó y que, espontáneamente y sin intervención alguna de funcionarios de la Generalitat, como han declarado en el juicio, se levantaron un dia y fueron hasta Omnium Cultural a por pitos y a por flautas. 6 millones para la consulta en pitos y 7000 millones, para pedirle a España flautas.

A Mas y sus Consejeras, Rigau y Ortega se les ha visto en el juicio con la sonrisa congelada aunque, con todo ese cúmulo de coacción organizada parece evidente que los juicios de las altas Autoridades de las Comunidades autónomas no debieran ser competencia de los Tribunales Superiores de Justicia de las mismas, sino de la Audiencia Nacional o del Tribunal Supremo.

Llegar tarde, aducir que el Tribunal Constitucional no le advirtió de las consecuencias o de que la ley se cumple, o negar que hubiese ánimo de desobedecer, es de un cinismo que no cabe en Cataluña y traspasa los límites de la tomadura de pelo a toda la Nación.

Los acusados se mostraron ayer incómodos y aunque frente al desafio de entonces ayer dijeron que no sabian que la ley se tiene que cumplir, no las tienen todas consigo.

Teresa Freixes Presidenta de Concordia Civica lo ha expuesto muy bien. Esta gente pretende apoyarse en la democracia para violar la ley, cuando ambas están intrinsecamente relacionadas.

Y tampoco se puede hablar victimistamente de judicialización política porque en todos los paises EEUU hoy o Alemania y Baviera antes de ayer, cuando existen conflictos politicos se sustancian en los Tribunales.

¿Donde si no se va a acudir cuando un Presidente autonómico se salta flagrantemente la ley ignorando la historia, las consecuencias previsibles y las imprevisibles de su desafio y de sus actos?
Alfonso Rojo.

Periodismo y periodista: Lo que el viento se llevó.

Alfonso Rojo, 07 de febrero de 2017.

Esto se esta acabando. Siempre hará falta gente con curiosidad, una pizca de sensibilidad, empuje y talento narrativo que vaya a los sitios, contemple de cerca los desastres que perpetran otros seres humanos y lo cuente, pero el periodismo tal como lo vivió mi generación y aparece en las películas agoniza.

Lo digo con dolor, porque echando la vista atrás no puedo imaginar una vida más divertida, palpitante y hasta rejuvenecedora que la que yo he disfrutado durante tres décadas, pero huele fatal.

Hasta el pasado 8 de noviembre había quien se aferraba a la ilusión de que atravesábamos una crisis y que volverían los buenos tiempos, pero el triunfo de Donald Trump en las elecciones presidenciales de EEUU, elimina toda esperanza.
Hasta hace escasamente 10 años, los periodistas éramos imprescindibles para que funcionase la democracia. Teníamos acceso privilegiado a las fuentes de información, servíamos de imprescindible contrapeso al poder y controlábamos la distribución de noticias.

Ya no. Para empezar, vivimos en un planeta inundado de información, en el que las fuentes -partidos políticos, empresas, personalidades, científicos y hasta famosillos- han descubierto que pueden llegar directamente al público sin necesidad de utilizar como intermediario al periodista.
Con la ayuda de una tecnología, cada día más barata y sencilla de manejar, cualquiera, con dos dedos de frente y un mínimo sentido gramatical, puede recabar información, jerarquizarla y transmitirla de forma efectiva a grandes masas de público, sin necesidad de tener detrás una empresa periodística.

A eso se suma que la gente lee cada día de forma más superficial, soporta peor textos que superen en extensión el tiempo que un ciudadano sano pasa sentado en el cuarto de baño, se nutre esencialmente de titulares o de mensajes de 140 caracteres y tiene delante una oferta tan variada y enorme, que no va a pagar por lo que puede obtener gratis y moviendo un dedo.

El periodista no decide ya lo que es publicable y lo que no. Lo mismo pasa con las empresas, cuyo papel como guardabarreras de la información se ha erosionado tanto, que apenas se nota.

Ahora, un listo con un ordenador y conexión de fibra óptica a Internet, puede poner patas arriba a un presidente, como le hizo el impulsor del Drudge Report a Bill Clinton a cuenta de la becaria Lewinsky y un pelirrojo osado y bravucón con cuenta de Twitter puede saltarse a la torera los editoriales del New York Times, el informativo de las 7 de la CBS y hasta la portada del Washington Post como ha hecho Trump.

Para echarse a llorar.

Alfonso Rojo.
Apuleyo Soto.

Listas y listos.

Apuleyo Soto, 06 de febrero de 2017.

¡Qué batiburrillo
de listos y listas
en todas las listas
de eleccionalistas, ... (ver texto completo)
Muy bien por Apuleyo Soto.
Saludos.