Columnistas y Tertulianos

LUIS HERRERO.

El ejército de Pancho Villa Luis Herrero.

Ni Ciudadanos puede ver al PSOE, ni el PSOE tiene ganas de ayudar a Rajoy, ni Rajoy se fía de Rivera. Unos a otros se miran de reojo para ver quién llega con ventaja a la pole de la carrera que empieza el 2 de octubre.

Actualizado: 23/09/2017 04:13h.

Cuando Rajoy habló por teléfono con Sánchez y Rivera el martes por la tarde ya sabía lo que iba a pasar en las horas siguientes. El rumor de que se iban a producir al menos diez detenciones sonadas comenzó a abrirse paso por las galerías de los susurros confidenciales del Madrid chismoso. Poco antes, el grupo parlamentario socialista había decidido franquearle el paso a la proposición de Ciudadanos que reclamaba el apoyo del Congreso a la actuación del gobierno contra el 1-O. Faltaba por concretar si votarían a favor o se abstendrían. En ambos casos la proposición saldría adelante.

La voz de alarma llegó a la hora de la merienda. « ¿De verdad vamos a respaldar las medidas anti referéndum del PP sabiendo el lío que se puede montar mañana por la mañana?», preguntaron asustados los gerifaltes del PSC. Iceta habló con Sánchez. No tardaron en ponerse de acuerdo: lo más prudente era marcar distancias «por lo que pudiera pasar». ¿Pero cómo deshacer el acuerdo alcanzado en el grupo parlamentario sin quedar ante la opinión pública como Cagancho en Almagro? Albert Rivera, sin saberlo, salió entonces en su ayuda.

Durante el debate de la propuesta socialista para constituir la comisión territorial sobre el estado autonómico, el líder de Ciudadanos estuvo especialmente borde. «No participaremos en ese pasteleo -dijo-. No compartiremos mesa con el PDeCat. Nosotros dialogamos con demócratas, no con golpistas. Quien quiera una nación de naciones, que vote al PSOE». José Luis Ábalos, en plan virgen ofendida, llamó a Martínez Maíllo y le dijo que sintiéndolo mucho no podían apoyar la iniciativa del grupo que les estaba inflando las narices. «Si ellos ridiculizan nuestras propuestas, ¿por qué vamos nosotros a apoyar las suyas?», le dijo. La coartada, desde ese momento, quedó establecida.

Los esfuerzos del Gobierno por mediar en el conflicto resultaron inútiles. Margarita Robles presentó una enmienda al texto de la proposición de Ciudadanos, reclamando la inclusión de una referencia explícita a la necesidad de buscar «una solución pactada», con la absoluta certeza de que Juan Carlos Girauta la mandaría cortésmente a hacer puñetas. Y acertó de lleno. Desde ese momento, la versión oficial se ciñó a que las negociaciones entre ambos portavoces habían fracasado. Era una verdad incompleta. Lo cierto es que en Ferraz había cundido el pánico a lo que pudiera pasar en la calle cuando los independentistas salieran a protestar por los efectos de la operación policial que estaba a punto de ponerse en marcha.

La maquinaria del agitprop estaba preparada. Tardá se iba a quedar en Barcelona, dejando plantado al Gobierno en la sesión de control, para arengar a las masas en la vía pública tan pronto como se supiera que el Estado represor había comenzado a ordenar detenciones políticas. Rufián, entretanto, se encargaría de capitanear en el Congreso la espantada de los diputados de ERC. «Saque sus sucias manos de las instituciones catalanas», le dijo a Rajoy antes de embocar la flauta de Hamelín y poner en fila india a los independentistas prófugos. En realidad, Rufián ya había anticipado doce horas antes sus intenciones. «Tengo ganas de abandonar el Congreso -dijo el martes por la tarde-. La imagen de los diputados republicanos saliendo de la cámara baja será potentísima a nivel internacional».

Y, a lo que se ve, Pedro Sánchez no andaba lejos de darle la razón. El pánico a la calle y al eco exterior del factor tumultuario se apoderó de él durante varias horas. Las suficientes para que quedara más claro que el agua que no habrá política mancomunada de los partidos que defienden la ley cuando se disipe la bruma. Si esta semana algo ha quedado claro es que no hay verdadera unidad entre los constitucionalistas. Son el ejército de Pancho Villa. Ni Ciudadanos puede ver al PSOE, ni el PSOE tiene ganas de ayudar a Rajoy, ni Rajoy se fía de Rivera. Unos a otros se miran de reojo para ver quién llega con ventaja a la pole de la carrera que empieza el 2 de octubre.

En estas condiciones, pincho de tortilla y caña a que el fracaso del referéndum no significará la derrota de los independentistas. Tras el traspié en la batalla, la guerra continúa.
SALVADOR SOSTRES - DIARIO DE LA CUENTA ATRÁS.

Vencidos, sí.

Actualizado: 22/09/2017 08:33h.

Este proceso sólo me ha costado un amigo pero hace días que me cuesta mantener conversaciones tranquilas sobre lo que está sucediendo porque la Ley en Cataluña no tiene ningún prestigio, la idea de que no puede haber democracia sin amparo legal ha perdido cualquier batalla mediática y el independentismo cree que toda oposición a su voluntad es fascismo.

Si cantan victoria por ser dos mil en la calle el día que les han desmontado el operativo del referendo, si pretenden en serio que los Estados civilizados se solidaricen con el populismo rebelde de quien actúa contra sus propio sistema de garantías y si toman como referencia lo que opina la prensa internacional -ese gran concepto- en lugar de la posición expresada con toda claridad por los Estados vertebrados y la Unión Europea es imposible establecer ninguna conexión racional que permita ningún tipo de diálogo público o privado.

Tanta épica de lo estomacal contra tanta razón sin relato: mis amigos independentistas están convencidos de que ganarán, yo pienso que la abrumadora visita de la realidad les aplastará y todos juntos y revoloteados vivimos enredados en la asfixiante telaraña autorreferencial y monotemática que no nos permite avanzar.

Este proceso necesita vencedores y vencidos. Vencidos, sí, derrotados. Y lo digo pensando también en el Estado, porque si el día 1 el presidente Puigdemont puede salir a decir -siendo verdad- que como mínimo 2 millones de catalanes han votado en los preceptivos colegios electorales, España perderá a Cataluña como los peces que mordieron el anzuelo -Sabina lo canta- y no merecen el mar.
LUIS VENTOSO.

«Escándalo democrático»

Lo es, sí, pero en sentido contrario al que ellos dicen.

Actualizado: 21/09/2017 07:38h.

A la vista de indicios palmarios de delito, un juez de Barcelona ordenó ayer a primera hora de la mañana varias redadas para desmantelar la logística del referéndum ilegal que pretende organizar el Gobierno insurrecto de la Generalitat. La Guardia Civil, pues por desgracia parece que los Mossos ya no son fiables a la hora de velar por nuestra legalidad, actuó en consecuencia. Los agentes registraron almacenes en polígonos industriales, hallando en uno de ellos nueve millones de papeletas listas para la consulta. También se personaron en las oficinas de cuatro consejerías del Gobierno catalán, toda vez que desde ellas se estaba tramando la inteligencia y plan de acción del referéndum. En la operación hubo una docena de detenciones, como tantas veces en cualquier país democrático del mundo cuando se está combatiendo un delito grave (o a veces no tan grave).

La reacción del orbe independentista fue iracunda. El tono general de su crítica se resume en una frase de Ada Colau. A su juicio, la actuación del juzgado de Barcelona supone "un escándalo democrático". No. Lo que sí constituye un escándalo democrático es aprobar dos leyes con métodos golpistas y un procedimiento exprés para establecer una presunta nueva legalidad catalana, que deroga la del Estado, desoyendo además las advertencias de los juristas de la propia Cámara y pateando el Estatuto de Cataluña. Escándalo democrático es utilizar las oficinas del Gobierno catalán, desde donde debe atenderse a todos los catalanes, del primero al último, para ponerlas al servicio de un proyecto separatista que ni si quiera cuenta con el apoyo mayoritario de la población. Escándalo democrático es estafar al pueblo catalán, invocando supuestas normas internacionales que justificarían la autodeterminación, cuando en realidad solo rigen en situaciones coloniales; o fabular asegurando que una Cataluña independiente seguiría en la UE, algo que la organización ha negado hasta el hartazgo; o mentir con la facundia impúdica y reincidente de Junqueras, quien anteayer aseguró que la intervención de las cuentas de la Generalitat había quedado en suspenso por orden del Supremo, falacia que el alto tribunal negó en minutos.

Escándalo democrático es intentar romper un país del primer mundo, donde se disfruta de un régimen de libertades, sin respetar los cauces legales de ese Estado, algo que ni en sus peores sueños se les habría ocurrido a los independentistas quebequeses y escoceses, que actuaron siempre observando escrupulosamente los marcos constitucionales de Canadá y el Reino Unido. Escándalo democrático —y tufo nazi— es señalar a los concejales discrepantes con pasquines con sus fotos, cercar sus hogares, sumir en la angustia a sus hijos y familiares; acosar a directores de instituto y bedeles; o usar el dinero público de todos para comprar a la prensa local.

Por último, escándalo democrático sería que el Estado español se inhibiese y no actuase para defender los derechos y libertades de todos los españoles, poniendo coto de una vez, como se comenzó a hacer ayer, a lo que en realidad no es más que el mayor abuso golpista que ha sufrido este país desde el bochorno de Tejero.

Luis Ventoso.
ISABEL SAN SEBASTIÁN.

No es la unidad, es la convicción.

Lo que colocó a ETA contra las cuerdas no fue la unión de #los partidos sino la determinación de Aznar.

Actualizado: 19/09/2017 05:46h.

Parece aceptarse como dogma de fe que para derrotar el intento de golpe sedicioso alentado desde la Generalitat de Cataluña el único requisito indispensable es mantener la unidad de los demócratas. A título probatorio de esta afirmación se cita el caso del terrorismo etarra, presuntamente vencido mediante esa estrategia. Y en aras de conseguir ese bálsamo de fierabrás, se sacrifican los principios y se diluyen las respuestas. Pues bien, ni es cierta la premisa ni tampoco la conclusión. Lo único que ha logrado esa falsa unión de partidos rivales, mucho más preocupados de conservar o incrementar sus votos que de preservar la integridad de España, ha sido descafeinar la política que habría debido hacer el Gobierno y dar alas a los golpistas. Parafraseando a Churchill, queríais unidad a cambio de firmeza y ahora tenéis división e imagen de debilidad. Un terreno de juego perfecto para los separatistas, que ni dudan de la legitimidad de su causa, ni vacilan en romper en dos la sociedad catalana, ni tampoco temen represalia alguna.

Lo que colocó a la banda terrorista contra las cuerdas y habría acabado con su derrota incondicional, de no haberse sentado Zapatero a negociar con ella ignominiosas concesiones, no fue la unidad sino la determinación del Ejecutivo de Aznar. ETA fue infiltrada hasta introducir a un “topo” como conductor del cabecilla Kantauri, perseguida por la Guardia Civil a ambos lados de los Pirineos, privada de oxígeno político y financiero al ser ilegalizada Batasuna junto a los demás tentáculos de la bestia, y desacreditada ante la opinión pública mediante campañas de movilización ciudadana protagonizadas por asociaciones cívicas, como la AVT, fuertemente respaldadas desde los poderes públicos, que llegaron a cambiar radicalmente la percepción de la ciudadanía. La unidad vino después, cuando el PSOE se dio cuenta de que o se unía a ese carro victorioso o se quedaba atrás. Además, aquello nunca pasó de ser un espejismo, toda vez que mientras firmaba el Pacto Por las Libertades y Contra el Terrorismo el partido el puño y la rosa ya lo estaba traicionando en conversaciones secretas destinadas a fraguar el acuerdo que dio en llamarse “de paz”, tramado a espaldas del PP. Hoy sucede lo mismo.

Con el fin de proteger esa sacrosanta unidad de acción, que no deja de ser ficticia, el Gobierno ha renunciado a aplicar en Cataluña el artículo 155 de la Constitución, previsto en nuestro ordenamiento jurídico precisamente para hacer frente a situaciones como la actual. Ha renunciado a hacer valer la Ley de Seguridad Nacional e incluso la de Estabilidad Presupuestaria, pese a la abrumadora acumulación de razones que la gestión de Puigdemont le brindaba. Ha maniatado al Tribunal Constitucional, obligado a dictar sentencias unánimes y por consiguiente aguadas por la necesidad de consenso. ¿Y todo eso para qué? Para ver cómo los secesionistas se ríen de todos nosotros, jaleados por las huestes podemitas, bajo la mirada condescendiente de un Pedro Sánchez equidistante entre defensores de la democracia y golpistas, aferrado a la demagogia hueca del “diálogo” y la “reforma”. O sea, para nada.

Mariano Rajoy está solo, como siempre ha estado. Solo con sus convicciones. Suya es la responsabilidad de actuar, pues suyo es el poder de actuación que le han dado los electores. De su lado están la Ley, la comunidad internacional, los intereses generales, la historia, el sentido común y hasta las encuestas, pese a lo cual dice no querer hacer aquello a lo que está obligado: Honrar el juramento que formuló al aceptar el cargo de presidente. Después, que cada palo aguante su vela.

Isabel San Sebastián.
CURRI VALENZUELA - CHISPAS.

Gasolina para el PP.

Los dirigentes populares saben de sobra, sin necesidad de encargar ninguna encuesta, que la dura actitud de Rajoy frente al desafío independentista les beneficia en las urnas.

Actualizado: 17/09/2017 03:58h.

Esos votantes del PP que dudaban de que Mariano Rajoy tuviera las agallas de enfrentarse al nacionalismo con todas sus fuerzas, que son muchos, están inundando la sede de Génova con mensajes de ánimo y felicitación. Y los populares catalanes, hasta hace poco ninguneados por el Gobierno, respiran aliviados porque la cúpula de su partido cuenta con ellos en estos momentos dramáticos.

En el PP no quieren oír hablar de sacar rédito electoral de su posición de firmeza frente a los desvaríos nacionalistas porque, dicen, no es el momento de la política partidista. Pero sus dirigentes saben de sobra, sin necesidad de encargar ninguna encuesta, que la dura actitud de Rajoy les beneficia; el Gobierno lleva la iniciativa y la comunicación del frente común creado entre PP, PSOE y Ciudadanos y atrás han quedado, al menos de momento, las iniciativas de Pedro Sánchez para acercarse a Pablo Iglesias o de Albert Rivera para impedir que Rajoy vuelva a ser candidato.

Entre los populares catalanes existe también la creencia de que pueden recoger más votos de los ciudadanos de esa comunidad hastiados de los excesos nacionalistas cuando se convoquen las próximas elecciones, que puede que sea pronto. En su dirección regional se atribuye el retroceso sufrido en las últimas a la tibieza con la que el Gobierno de Rajoy reaccionó ante el amago de referéndum del 9-N, cuando aún contaba con mayoría absoluta.

En los últimos tres años los responsables del PP catalán no han cesado de advertir a Madrid de que los nacionalistas iban a ir a por todas y por tanto había que tomarse muy en serio su escalada hacia la independencia. La respuesta del Ejecutivo ha sido, hasta hace muy poco, la de aplicar oídos sordos. La vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría confió la interlocución con la Generalitat al delegado del Gobierno nombrado por ella, Enric Millo, y marginó al PP, cuyos dirigentes se enteraban de los detalles de sus gestiones por los medios de comunicación. Hasta la figura de su presidente, Xavier García Albiol, que sustituyó a Alicia Sánchez Camacho el pasado mes de marzo, estaba siendo cuestionada para impulsar su sustitución por la ministra de Sanidad, Dolores Montserrat.

Ya no más. Rajoy, que tenía que haber acudido a Salou el viernes para hablar ante la escuela de verano del PP nacional, cambió su destino a última hora para pronunciar su discurso ante la junta directiva regional en Barcelona, con un público compuesto por todos los concejales y diputados regionales. Lo hizo para mostrar su apoyo a unos militantes que lo están pasando mal estos días, en muchos casos amenazados por sus vecinos. Para satisfacción de estos, aunque sea tarde y en tan penosas circunstancias, el presidente de su partido les ha dado la razón.
HOLA AMIGOS, PARECE QUE ESTA TODO UN POCO ALBOROTADO, YO HACE TIEMPO QUE NOESCRIBO POR AQUI.... PERO ME ESTAIS ANIMANDO..

SALUDOS PARA TODOS y hasta pronto
EL ASTROLABIO.

Bieito Rubido.

NAVEGANDO EN TIEMPOS REVUELTOS.

16 septiembre, 2017 218 Palabras.

DESPERTAR AL OSO.

La teoría según la cual, si una parte de España se quiere marchar, el Estado no puede hacer nada es una de las mayores demostraciones de la simpleza política que caracteriza a nuestro tiempo presente. Los secesionistas y la extrema izquierda, incluida Ada Colau -la de lágrima fácil y corazón de piedra-, mantienen que el Estado no es sustancial en todo esto y no se percatan de que tanto la Constitución como el propio Estado en sí mismos son una unidad. Por eso los nacionalistas ignoran que, después de muchos años soportando su deslealtad, han despertado a un oso dormido que, una vez en acción, es capaz de desplegar enorme fortaleza. Ese gigante es el poder real y eficaz del Estado. Por eso el Gobierno va a dejar de transferir fondos, como en su día adelantó ABC; las nóminas de los funcionarios las abonará la Hacienda española -porque poner el dinero ya lo hacía-, la Guardia Civil hará caso a jueces y fiscales, y la gran mayoría silenciosa de los catalanes mirará para otro lado, porque comprenden lo que ayer dijo Rajoy en Cataluña: «Nos van a obligar a lo que no queremos». Pues ya está: al final, despertaron al oso.
ISABEL SAN SEBASTIÁN.

Carmena y Colau salvan la poltrona Isabel San Sebastián.

Las marcas de Podemos representan el papel del perfecto cobarde en la tragedia catalana.

15/09/2017.

Afirma Manuela Carmena, flamante alcaldesa de Madrid, que el referéndum secesionista convocado por el ejecutivo autonómico catalán no es ilegal, ya que ningún tribunal ha sentenciado expresamente que lo sea. ¿Ignorancia o desfachatez? Considerando la profesión desempeñada por la regidora hasta su jubilación, me inclino por la segunda opción, toda vez que doña Manuela ejerció de jueza y no puede desconocer la Ley Orgánica 2/1980, de 18 de enero, que establece en su artículo 2: «1. La autorización para la convocatoria de consultas populares por vía de referéndum en cualquiera de sus modalidades es competencia exclusiva del Estado. 2. La autorización será acordada por el Gobierno, a propuesta de su presidente, salvo en el caso en que esté reservada por la Constitución al Congreso de los Diputados. 3. Corresponde al Rey convocar a referéndum, mediante Real Decreto acordado en Consejo de Ministros y refrendado por su presidente». Para cualquiera que sepa leer, la ilegalidad de la consulta soberanista objeto de disputa resulta patente a la luz del ordenamiento jurídico, con carácter previo a un eventual pronunciamiento judicial, por más que ciertos togados confundan el poder que les otorga la Carta Magna con el correspondiente al Legislativo. La señora Carmena sabe, por tanto, o debería saber, que la pretensión de Puigdemont y sus adláteres entra de lleno en el terreno de lo delictivo y que ceder locales municipales para la celebración de un acto destinado a promover ese delito coloca al Ayuntamiento en un terreno cercano al de la complicidad. De ahí que un juez de instrucción madrileño haya prohibido la cesión y obligado a los organizadores de la fiesta pro-golpista a buscar ubicación en otra parte y pagársela de su bolsillo. Nuestra alcaldesa acata, pero discrepa, como hace su correligionaria Colau.

Y es que ante este desafío del separatismo a la nación, la democracia, la convivencia, la ley y la lógica, hay quien opta por secundar el golpe y arrostrar las consecuencias que puedan derivarse de esa conducta (inhabilitación, multa e incluso quién sabe si cárcel, en caso de que esta vez el Estado, por mano de la Fiscalía y el Ministerio del Interior, se ponga firme y cumpla de con su obligación de hacerse respetar); hay quien se opone a la intentona y utiliza todos los medios políticos y jurídicos a su alcance para impedir la consumación del delito (PP, Ciudadanos, gobierno de España y PSOE, este último con la boca chica, no sabemos hasta cuándo); y luego están los mediopensionistas que «ni chicha ni limoná». O sea, Podemos y sus marcas blancas. Ellos se dicen orgullosos de ser españoles (Pablo Iglesias dixit), pero respaldan con entusiasmo a quienes quieren romper España. Se llenan la boca de la palabra «democracia», pero desprecian las reglas del juego que dan sentido al vocablo. Se manifiestan junto a los golpistas, suscribiendo su pretensión de robarnos la soberanía, pero les falta valor para jugarse el puesto desobedeciendo al Tribunal Constitucional que prohíbe colocar las urnas. Ellos nadan y guardan la ropa. Representan en esta tragedia el papel del perfecto cobarde.

Manuela Carmena no cederá el local municipal prometido a los patrocinadores del referéndum ilegal y Ada Colau no facilitará las instalaciones del Consistorio barcelonés para la celebración del mismo, aunque una y otra dicen apoyar el presunto derecho de los independentistas a decidir unilateralmente el destino de Cataluña y de España. Los votos y la poltrona pesan más que las convicciones. El coche oficial prevalece sobre la ideología. La coherencia sale muy cara cuando hay algo que arriesgar y Madrid o Barcelona bien valen una incongruencia.

Isabel San Sebastián.
JOSÉ MARÍA CARRASCAL.

Dispararse en el pie José María Carrascal.

Se votará aquí y allá, sin garantía alguna, de forma que, en vez de referéndum, tendremos una paparruchada.

Actualizado: 15/09/2017 08:47h.

Entre los muchos errores que los secesionistas catalanes han cometido hay uno que nunca les agradeceremos bastante los españoles: que hayan conseguido unir al PP y al PSOE. Entre Sánchez y Rajoy hay no sólo diferencias políticas abismales, sino también animosidad personal, que por parte del líder socialista llega a aversión, inquina, malquerencia, debida, supongo, a que todos sus intentos por desbancarle –que han sido muchos y variados– fueron en vano. Es, por tanto, imaginable el tremendo esfuerzo que ha tenido que hacer para respaldar al presidente del Gobierno en un caso que se juega nada menos que el futuro de España. Pero la miopía, el descaro, la desfachatez y cinismo de los independentistas no dejaban margen al principal líder de la oposición: el menor signo de complicidad con ellos acabaría con todas sus posibilidades de gobernar España algún día. Así que no ha tenido más remedio que apoyar a Rajoy, con condicionamientos, sí, pero apoyarle. A Rajoy le basta para cargar contra los secesionistas con toda la autoridad que le concede el gobierno del Estado. Que es mucha, como estamos viendo, sobre todo cuando el poder judicial se ha decidido a actuar contra quienes intentan dinamitar el orden constitucional y en algunos frentes ya han hecho. Que Puigdemont y su equipo estén demostrando ser tan malos estrategas como grandes embusteros viene también en ayuda de Rajoy. ¿Quién puede fiarse de quien asegura que una Cataluña independiente seguirá en la Unión Europea y tendrá una economía floreciente, cuando ni siquiera tendrá para pagar las nóminas y pensiones? Esto no es sembrar el miedo. Es mostrar la realidad.

Los próximos días van a ser tan tensos como decisivos. Los secesionistas van a echar mano de todas las artimañas para que se vote el 1-O aunque sea de forma testimonial. El gobierno del Estado va a utilizar todos los recursos de este para impedirlo que, como digo, son muchos. El resultado es fácil de predecir: se votará aquí y allá, sin garantía alguna, de forma que, en vez de referéndum, tendremos una paparruchada. Pero ellos le concederán el rango de gran muestra de la voluntad del pueblo catalán. Y le concederán crédito los que esperan sacar algún provecho de ello, empezando por los que tienen causas pendientes con la Justicia y terminando los que esperan ser ministros o embajadores de la república catalana. Pero el resto, ni caso. Mejor dicho: con cierto cabreo, pues si algo nuevo ha emergido de este desafío es una hosquedad hacia los catalanes por parte del resto de los españoles que, por lo general, los admiraban. Pero verse insultados por ellos –"me dan lástima los españoles", Joaquim Forn, consejero de Interior–, acusados de robarles y verles transgredir todas las leyes y normas democráticas les ha hecho perder el prestigio que tenían incluso entre sus admiradores. Les queda una oportunidad de recobrarla, pero sólo si reconocen el inmenso error que han cometido. Visto su proceder, sin embargo, me temo que no van a aprovecharla.
DAVID GISTAU - ACOTACIONES DE UN OYENTE.

El papelón de Rufián.

Con su fotocopiadora, terminó de parecerse al Pijoaparte de Marsé que intentaba integrarse entre marxistas-rococós con una «filipina» para imprimir pasquines.

Actualizado: 14/09/2017 03:29h.

En el parlamento de San Jerónimo, un hombre que paseaba una fotocopiadora, igual que Nerval una langosta, acusó ayer a los demás de hacer el ridículo. El efecto cómico fue inmediato y aquellos que reían se perdieron la «punch-line»: Rufián dijo que su papeleta es para consumo propio –como su papelón-, sólo faltó ahí el efecto de sonido del platillo. Hace tiempo que este cronista decidió no ser cómplice del «show» de Rufián ni contribuir a fortalecer ese personaje con el que ha encontrado un hueco en Madrid, cumpliendo así el sueño provincial de los maletillas tremendistas y de los chistosos del Pasapoga. Despacharemos sin más a ese Rufián cuyas antologías de chistes se venderán en gasolineras y que, con su fotocopiadora, terminó de parecerse al Pijoaparte de Marsé que intentaba integrarse entre marxistas-rococós con una «filipina» para imprimir pasquines. Todo cuanto Rufián hace y dice es tan grotesco que la vicepresidenta le hace un favor cuando se pone trascendente y emplea con él axiomas democráticos tan solemnes como el juramento de Escarlata de no volver a pasar hambre. La bancada lo aplaude mucho, la paliza que se lleva Rufián es evidente. Pero es un poco como si Churchill hubiera pronunciado el «We Will Never Surrender» refiriéndose, no a la inminencia de la Luftwaffe, sino del circo de los hermanos Tonetti.

En ese sentido, mucho más solvente en términos políticos lo es Domènech, quien mantuvo con SSS un buen duelo acerca de legalidad y pretextos para eximirse uno de su cumplimiento. Las pocas reacciones de un gobierno reticente bastan a Domenech para trazar el retrato de un Estado represor que todo lo patrulla. Se va a poner morado de victimismo como apliquen el 155.

Me interesó comprobar que Margarita Robles necesitaba disculparse ante Mariano Rajoy antes de hacer oposición, que es por lo que cobra. El Godzilla independentista ha provocado tal zafarrancho de alarma y tales necesidades de apoyar al gobierno en la emergencia que hasta para hacer reproches sociales o laborales hay que pedir perdón. La pregunta de Robles era legítima, por supuesto, cómo no va a poder inquirir una portavoz socialdemócrata sobre la calidad del empleo en España o sobre lo que le dé la gana sin temor a pasar por ello por traidora en una encrucijada de la patria que tiene a todos en la almena, derramando sobre el enemigo pucheros con artículos constitucionales hirvientes. Lo que ocurre es que Robles aún tiene que aprender el oficio parlamentario. No puede desperdiciar un turno de réplica entero con una sola frase/tuit que ella cree demoledora –«Debe usted pasar de lo teórico a lo práctico»-, porque entonces Rajoy la sepulta con datos sobre empleo creado –es decir, sobre resultados prácticos- sin que ella pueda ya ni recuperar ese minuto largo que se dejó sin usar. Rajoy lo tiene fácil en cuestiones oratorias. Fíjense cómo lo aprietan, que con Rivera estuvo un rato compartiendo educadísimas intenciones reformistas con la Constitución para cuando escampe el golpismo. Era como ver a dos decoradores de interiores hablando del gotelé durante un terremoto con el cual el edificio se cae a cachos.
SALVADOR SOSTRES - DIARIO DE LA CUENTA ATRÁSS.

El pueblo moral.

«Un ejército amarillo de riñonera y bocadillo nos recordó el peligro de la turba cuando se junta»

Actualizado: 13/09/2017 03:22h.

Estrenamos ayer temporada en Via Veneto, que desde que atiende en agosto en Cap Roig retrasa su rentrée hasta pasada la Diada. Los ricos horrorizados por la invasión comarcal que sufrió el lunes Barcelona. En la ciudad los conceptos son más etéreos, tal como en la alta cocina los platos no suelen tener la forma del animal del que proceden. La morfología es obscena, brutal, rural, precivilizada. La desobediencia puede ser romántica cuando se celebra en las sobremesas de los grandes restaurantes. La gesta de los pueblos que quieren ser libres. «Es la hora de los coraceros», gritaba el emperador, tal vez en Borodino.

Pero luego llega el pueblo, la desobediencia con su forma, con su autocar. La épica pisoteándonos los parterres de la Diagonal. La libertad en camiseta. Una Barcelona que por pijería o por dejadez pudo simpatizar con el secesionismo regresó con estupor al orden cuando el lunes vio de qué estaba hecho. Un ejército amarillo de riñonera y bocadillo nos recordó el peligro de la turba cuando se junta. No hay ética sin estética y no al revés. En la ciudad los conceptos son la gimnasia del cerebro y es culto jugar con ellos como si fueran pompas de jabón. Hasta que desembarcan las hordas con su piel durísima del interior, con su tormenta que hace días que no ha visto el sol.

La Barcelona que importa tuvo el lunes su contacto con la rugosidad precosmética que está a punto de abrazar. Dieta rica en legumbres, generosa porosidad. Lo que fue coquetería se volvió cavidad y las exaltaciones se tradujeron en pliegues y humedad. Las oscuras miradas de los que todavía temen al lobo anunciaban un nuevo paradigma, una nueva tonalidad. Bermuda, mochila y sandalia son una unidad de destino en lo universal. Forma de todo, espíritu de nada. Democracia asilvestrada. Los ricos de pueblo pagan siempre en efectivo: ni Hacienda -y en eso son admirables- les ha podido domesticar. Es la fiesta de los instintos, de una sensualidad sin metáfora y a los esfínteres relajados les llaman naturalidad. La independencia de Cataluña tiene textura de algarroba y sabe a hiel de jabalí. El lunes bajó a Barcelona con sus botas y su fertilizante. Todavía huele a oveja en mi ciudad.

El independentismo tiene en el pueblo su forma de concretarse y en el pueblo toma cuerpo y por lo tanto moralidad. Por este orden y con esta irreversibilidad. El lunes lo vimos desfilar por las calles de la ciudad, nosotros que tan preocupados estábamos por los tanques que España nos pudiera mandar.

Salvador Sostres.
ANTONIO BURGOS.

Sedición anunciada.

HOY, que es la Diada de Cataluña, será el segundo ensayo general de golpe de Estado con vestuario de banderas de la estrella solitaria (que no son precisamente las de Texas, más bien las de Cuba). Ya hubo otro ensayo general, el primero, con la llamada manifestación antiterrorista que se convirtió en un colectivo ultraje independentista contra el Rey, la Constitución, la Unidad de España y los símbolos patrios. Esto del mal llamado «problema catalán» va por fascículos, y es completamente previsible. Aunque sea un topicazo tirar del título de García Márquez, me atrevo a decir que desde hace muchos años, desde el Clan Pujol en el poder a esta parte, es la crónica de una sedición anunciada... sin que le hayamos puesto coto como se lo puso, y en un santiamén, la II República cuando fue proclamado el «Estat Catalá». No, no es que yo quiera que la Legión entre por la Diagonal con el cordero por delante. Me conformo, como muchos españoles, con que hace muchos años se hubieran aplicado las leyes que la Generalidad y su Gobierno se saltan a la torera paradójicamente, porque ellos mismos han prohibido las corridas.

Esta sedición anunciada que celebrará su segundo ensayo general de golpe de Estado hasta tiene sus símbolos. El último, la señora Martínez. En esas sesiones pesadas, pesadas, pesadas del Parlamento Catalán para aprobar el «adiós, mi España querida» sin necesidad de dar el cante por Juanito Valderrama, ha habido un símbolo indudable: la señora Martínez, a la que por sus canas presento mis respetos. La señora Martínez (apellido catalanísimo, por cierto) es como esas jubiladas que se pasan las mañanas sentadas en un banco del parque echando de comer miguitas de pan a las palomas y los gorriones. Sólo que ella se dedica a alimentar la sedición catalana y en vez de echar miguitas, recoge de muy malas maneras, rayanas en el ultraje, las banderas de España que dejan sobre sus escaños, junto con la catalana autonómica de las barras sin estrella, el Bloque Constitucional que no está por la labor del golpe de Estado, cuando abandona el Parlamento Catalán para que ellos se lo guisen y se lo coman.

La señora Martínez quita las banderas de España y no passsa nada. Queman esa misma bandera de todos en la plaza pública, así como el retrato del Rey, y no passsa nada. Se pronuncia contra la sedición el Tribunal Constitucional y no passsa nada. En las Vascongadas tienen el deporte popular de arrastrar piedras y cortar troncos, ¿no? Bueno, pues en Cataluña el deporte popular es saltarse a la torera las sentencias del Constitucional. Como su mismo nombre indica, si lo pronuncia un charnego procedente de Andalucía de los que con fervor de neoconversos son ahora más separatistas y más independentistas que la leche que mamaron en Jaén: «Tribuná Constitucio... ná».

En Cataluña hay un perjurio colectivo al que el resto de España asiste impasible; algo así como los habitantes de Florida esperan la llegada del huracán. Como si se tratara no de una sedición en toda regla, sino de una catástrofe natural inevitable. Los que han jurado o prometido cumplir y hacer cumplir la Constitución son los primeros que se la saltan a la torera. De hecho, ellos mismo han aplicado el famoso artículo 155 de la Constitución. La autonomía catalana, entendida según dice la Constitución de 1978, no existe ya, la han derogado ellos. Existen los ensayos generales de la sedición independentista, y sus pasos previos que nadie impide. El Constitucional los puede acusar de lo que quiera, que a ellos les trae sin cuidado. Ellos, a lo suyo, contra el Estado, siendo ellos el Estado en Cataluña. Consigno con dolor que hay una España que no creerá en nada, ni en el propio Estado, hasta que vea que a Puigdemont lo meten detenido en un coche tal como cogieron por el cogote y empujaron a Rodrigo Rato.

Antonio Burgos.
ARTÍCULO EN LA RAZÓN.

Alfonso Ussía hace picadillo a la "albóngida burra" podemita que retiró una bandera española.

"No toleramos que la bandera sea despreciada, vejada, humillada y pisoteada por nadie. Ni por un energúmeno, ni por una albóndiga inculta y reconcorosa"

Manuel Trujillo, 09 de septiembre de 2017.

Extrañaba que el siempre patriota de Alfonso Ussía no hiciera referencia a la mamarracha y facinerosa podemita de Ángels Martínez, esa diputada del Parlamento catalán que no tuvo mejor ocurrencia que quitar de la bancada constitucionalista una bandera española durante el pleno del 6 de septiembre de 2017.

Este 9 de septiembre de 2017, el columnista de La Razón sacude a base de bien a la avinagrada parlamentaria a la que tacha de "rencorosa, inculta, burra y albóndiga".

El texto de la contraportada arranca así:

En la apoteosis del caos que se había adueñado del gamberro Parlamento de Cataluña, los representantes del PP, PSC y Ciudadanos abandonaron el recinto. Los del PP desplegaron sobre sus escaños banderas de España y Señeras limpias, sin triángulos ni estrellas castristas. Entonces apareció la afanosa albóndiga. Ascendió con notorio esfuerzo por las escaleras y retiró de los escaños que no representan a su partido estalinista -Podemos-, las banderas de España. Se tomó muchas confianzas la presumible mujer. Hasta Pablo Iglesias, que ha reconocido su aversión y asco hacia la Bandera de todos, recomendó a la albóndiga de su partido que se disculpara por su acción. Pero ella rechazó la recomendación con una lección histórica: «He retirado las banderas de España porque fueron impuestas por las armas. Y he dejado las catalanas en su sitio». Es decir, que retiró la consecuencia y mantuvo el origen.
Añade que:

También recordó a la bandera republicana, con ese morado que sus creadores confundieron con el carmesí de Castilla, que es el color que impera -por poner un ejemplo de sencillo entendimiento y fácil comprobación-, en el guión del Rey Felipe VI. Esa bandera efímera y causante de tantos desencuentros fue un invento desagradable de la Segunda República, porque la primera se limitó a cambiar la Corona Real por la Mural del escudo, manteniendo los colores históricos. Pero la albóndiga es bastante burra o ha leído poco.
Le recuerda a esta "albóndiga" la historia de la enseña española:

La Bandera de España fue diseñada por Carlos III para su Armada en 1785. Previamente, se usaba la bandera blanca con la Cruz de Borgoña aspeada. Los ingleses lucían en sus barcos el pabellón blanco con la cruz roja completa, formando cuahacia tro cuarteles. Y los franceses la blanca con las flores de lis azules. Para evitar confusiones en la mar con vientos calmos, Carlos III, inspirándose en los colores de la Señera del Reino de Aragón, que era la misma Señera del Principado de Cataluña, el Condado de Barcelona y el Señorío de Balaguer -títulos que corresponden a los Reyes de España-, encomendó a don Antonio Valdés la composición del nuevo pabellón de la Armada. Y en 1785, los buques de guerra españoles la adoptaron como suya, y en 1786, los barcos de España que navegaban en el Atlántico, el Caribe y el Pacífico de nuestras Américas, los mares del sur y el índico de Filipinas. Pocos años más tarde, se estableció como Bandera Nacional, sin necesidad de imponerla por las armas. Originada en la Señera del Reino de Aragón, nuestra Bandera ha cumplido 232 años de vida y vigencia, mientras que la otra, la que la albóndiga dice amar y respetar, fue trapo resentido durante 8 años, y sólo - durante la Guerra-, representó a una parte de España en los tres de la confrontación. En la España republicana, a partir de 1934, año en el que se produjo el Golpe de Estado contra la República por el Frente Popular, la bandera que se respetaba y prevalecía sobre el resto fue la roja con la hoz y el martillo de la Unión Soviética.
Y comienza el festival de palos a la zote podemita:

La asnal grosería de la presumible mujer de Podemos se puede curar con una tarde dedicada a la lectura. Simultáneamente, la agresora de iglesias católicas Rita Maestre, la pija superpija del Ayuntamiento de Madrid, ha manifestado que la Jura de la Bandera equivale a retroceder la España rancia y retrógrada. Desear la muerte a los católicos como en 1936, es una muestra, al contrario, de modernismo y progresía.

La Jura de Bandera no es un acto simbólico, aunque el símbolo fundamental sea el protagonista. Se jura o se promete lealtad, fidelidad y pleno compromiso de defender la Bandera al precio de la misma muerte. Los hay que han jurado su lealtad a la Bandera como un mero trámite. Pero la mayoría de los que la hemos besado, en nuestro Servicio Militar o en los actos de Jura para civiles, lo hicimos a conciencia. No juramos lealtad al escudo, sino a la Bandera. No existe la Jura de Escudo. Y no toleramos que sea despreciada, vejada, humillada y pisoteada por nadie. Ni por un energúmeno, ni por una albóndiga inculta y reconcorosa.
Y concluye:

En momentos de tribulación, nuestra Bandera nos protege porque se sabe protegida por quienes juramos defenderla. Su origen es la Señera. Y a cuento viene recordar las palabras de uno de los grandes héroes de nuestra Historia, el vasco pasaitarra don Blas de Lezo Olavarrieta, el medio hombre, el vencedor ante la imponente escuadra al mando del Almirante Vernon en Cartagena de Indias, el tuerto, manco y cojo que combatió en el sitio de Barcelona por su Rey Felipe V contra los partidarios del Archiduque Carlos en la guerra de Sucesión, guerra monárquica y española. Dijo don Blas: "Una nación no se pierde porque unos la ataquen, sino porque quienes la aman no la defienden".

También le conviene a la albóndiga asnal leer un poco de aquella guerra, de Felipe V, del duque de Berwick, del Archiduque Carlos, y de aquel gran monárquico español que fue el abogado catalán Rafael Casanova. Cuidadito con nuestra Bandera, burra Martínez.
CARLOS HERRERA.

El cataluñazo recurrente.

La inmensa mayoría no está por salir a la calle con azadones y bombitas.

Actualizado: 08/09/2017 10:33h.

Lo que no se resuelve, vuelve. Antes o después, pero vuelve. Y el mal llamado problema catalán personificado en una parte no mayoritaria de su población lleva sin resolverse desde la noche oscura. Bien fuera algún levantamiento en la Primera República, el oportunismo de Maciá en el advenimiento de la Segunda, el pronunciamiento de Companys a cuenta de la inclusión de la CEDA en el Gobierno Lerroux o ahora el aprovechamiento por parte de los dementes independentistas de la crisis de este decenio, siempre ha parecido que masas oceánicas del pueblo catalán se han personado a las puertas de la historia a defender sus libertades. Y, discúlpenme, no ha sido así. Si el conocido como pueblo catalán, en el caso de ser y comportarse como un todo homogéneo, unidireccionado, testarudo y constante, hubiera maniobrado valientemente camino de la búsqueda de su destino independiente, lo habría logrado hace siglos. Cuando lo ha intentado, tan sólo ha asomado la nariz en forma de asonada bravucona. En esta ocasión, la multiplicación de panes y peces de la sociedad de la información ha hecho que el ruido sobrepase, con mucho, las propias nueces.

En Cataluña siempre ha existido, cansa ya recordarlo, una quinta parte de población partidaria de ser independiente de todo lo que se dependa, especialmente de «España»: con motivo del derrumbe de estructuras que la crisis ciclópea de hogaño ha producido, un veinte por ciento añadido se ha sumado a la proporción histórica. La enseñanza continuada de odio a «El Estado» y la eficaz consigna de «España Nos Roba» ha obrado el milagro: nuevas generaciones creen que todos sus males habrán de desaparecer cuando sean una unidad de destino en lo universal. Concurre en este caso una dificultad que no se produjo en los anteriores y que consiste en que, ahora, la leche derramada es mucho más difícil volver a meterla en la botella, ya que la vida está televisada, radiada y multiplicada en cada uno de sus minutos. Cuando Maciá, la cosa se medio arregló con el Estatuto de Autonomía; cuando Companys, con un par de cañones del general Batet; pero ahora las soluciones han de venir de la mano de la ley, evidentemente, pero también de una política imaginativa que resuelva la crisis y que alargue lo máximo posible el tiempo que resta hasta el próximo «cataluñazo». ¿Cuál es esa política? Seguramente la única que se puede hacer desde la decencia, mantener firmeza en los principios de justicia e igualdad, una didáctica cual minerva práctica y un esfuerzo por tratar de entender inteligentemente las causas originarias del paso dado por el segundo quinto lote de ciudadanos. Casi nada.

Coincido con Ignacio Camacho en que la independencia se consigue mediante la voluntad heroica, hasta la sangre, de la totalidad de los individuos. No la regalan y, generalmente, requiere su pequeña o gran guerra de independencia. Esfuerzo que solo está dispuesto a realizar una parte muy pequeña de la sociedad levantisca, y ni siquiera ese tanto por ciento que se llena la boca de bravuconadas, levanta el puño, canta la Internacional y se dedica a pintarrajear autobuses o fachadas. La independencia no se despacha a granel, y de no creerlo observen ustedes el panorama de aquellos colectivos que han logrado separarse de sus matrices en el mapa internacional. En Cataluña, la inmensa mayoría no está por salir a la calle con azadones y bombitas a deshacerse del yugo español.

La xenofobia independentista es un mal que corresponde a una generación educada para ello; ergo habrá que reconvertir las enseñanzas de quienes han dispuesto a una masa bizcochable a odiar a sus congéneres peninsulares. Que, por cierto, no les han hecho nada para merecer ese odio. Es lo primero a resolver ya que es lo primero que siempre vuelve. Trabajo hercúleo.
EL ASTROLABIO.

Bieito Rubido.

NAVEGANDO EN TIEMPOS REVUELTOS.

Bieito Rubido en Sin categoría 8 septiembre, 2017. 178 Palabras.

RESPUESTA EXCEPCIONAL.

Sorprende la estulticia con la que reaccionan algunos de los golpistas catalanes ante la actitud del legítimo y democrático Gobierno de España. Parecen no comprender que ante un desafío excepcional, la sociedad solo puede responder de manera extraordinaria. Bastante prudente y comedido está siendo el presidente Rajoy. Si escuchara otras voces, podría estar ahogando económicamente a la Generalitat, ya que la fuerza del Estado es mucho mayor de lo que los sediciosos creen. Por ejemplo, el Gobierno central auxilia con 28 millones de euros cada día al Ejecutivo de Puigdemont. Ante el dislate del golpe de esta semana, con el pisoteo a todas las legalidades, bien se podría tomar la excepcional medida de dejar de socorrer económicamente a quienes están dispuestos a perpetrar semejante delito. No olvidemos que el déficit de la Generalitat es la suma de los mandatos de Pujol, Maragall, Montilla, Mas y Puigdemont. No hemos sido el resto de los españoles quienes mal administramos uno de los territorios con mayor autogobierno de toda Europa.