Columnistas y Tertulianos


Es lo mejor que podemos hacer, o sea, ¿ustedes que creen?
Deja el rebaño.
¿Cual? el tuyo.
Deja el rebaño.
Dirás que tú no "insultas"?
Adoctrinado y pelota tu.
Es la verdad, eso no es ningún insulto, lo demuestras todos los días del año.
¿Y? ¿que problema tienes tu con la los artículos de estos periodistas?, estás muy adoctrinado, a parte de ser un un pelota.
Dirás que tú no "insultas"?
Adoctrinado y pelota tu.
Me lo dices a mí? O te has visto en algún espejo.

Después dices lo que dices a quien no se mete contigo, y no dices nada a quienes habría que decir algo.
¿Qué dices?
Me lo dices a mí? O te has visto en algún espejo.

Después dices lo que dices a quien no se mete contigo, y no dices nada a quienes habría que decir algo.
Que descubrimiento ha hecho para él el señor Camacho. No se cree las respuestas de Sánchez pero las pregunta. Hay de to en el mundo
Sí, sobre todo mucho adoctrinado.
Que descubrimiento ha hecho para él el señor Camacho. No se cree las respuestas de Sánchez pero las pregunta. Hay de to en el mundo
UNA RAYA EN EL AGUA.

El intermediario fantasma.

Para contrarrestar a González, Zapatero zascandilea como alcahuete de influencias a favor de Sánchez… o de Iglesias.

Ignacio Camacho.

Actualizado: 29/06/2020 00:28h.

Pedirle a Sánchez que explique algo es un ejercicio de melancolía que implica además otro de ingenuidad: el de estar dispuesto a creerlo. Pero siquiera por autorrespeto debería aclarar si Rodríguez Zapatero está efectuando gestiones de algún tipo en nombre del Gobierno. Desde hace unas semanas el ex presidente va por ahí manteniendo contactos de supuesta mediación con sectores diversos, desde empresarios al PP o al separatismo catalán, y prodigando en los medios declaraciones en las que se atribuye el padrinazgo del pacto con Podemos. Un trajín que a simple vista parece el contrapeso de la implicación de Felipe González a favor de un acuerdo de amplio espectro que encauce la recuperación del país por la vía del consenso. Ya no se trata sólo de Venezuela, obvio punto común entre los intereses de ZP y de Pablo Iglesias, sino de un juego de aprendices de brujo, de un zascandileo de influencias -muy propio del personaje- para que la coalición gubernamental corteje a los independentistas y mantenga su programa de izquierdas. Y como nadie lo desautoriza es difícil saber si el gran diletante se mueve por su cuenta o si la Moncloa lo usa como alcahuete de conveniencia para retomar una agenda que ha quedado en suspenso por la pandemia.
Hubo un tiempo, no muy lejano, en que dirigentes y votantes del PSOE abominaron del hombre de la sonrisa de Gioconda tras su gran descalabro. Paradójicamente atribuían el fracaso al casi único acto de responsabilidad de su mandato, que fue el tardío ajuste al que se vio obligado para enmendar una desquiciada deriva de déficit y gasto. Sin embargo Sánchez, sin admitirlo nunca explícitamente, se ha revelado como un discípulo dispuesto a continuar su trabajo de revisión encubierta de las bases constitucionales y su estrategia de aislamiento del centro-derecha mediante un «cordón sanitario» que lo estigmatice como heredero de Franco. La aparición de Podemos, una destilación zapaterista, ha reforzado ese marco que reniega del felipismo pragmático en pos de una nueva legitimidad de corte republicano y es lógico que su autor intelectual atisbe en el actual proyecto la continuación de su plan frustrado. Lo que para buena parte de la sociedad española ha sido el peor período del régimen democrático, principio y tal vez causa de los males contemporáneos, se ha convertido en el modelo de un proceso de refundación del Estado «enriquecido» con un liderazgo cesáreo y un toque de populismo bolivariano. Sería extraño que el padre de ese designio no sintiera orgullo de reivindicarlo.

Pero el sucesor nos debe una explicación como presidente nuestro que es, que diría aquel personaje de Berlanga, sobre el papel de Zapatero como muñidor de alianzas. Y el interesado debe otra sobre la índole exacta de sus relaciones con Caracas. Más que nada para disipar cualquier sospecha verosímil de que ambas funciones estén relacionadas.

Ignacio Camacho.

Articulista de Opinión.
VIDAS EJEMPLARES.

Pablo y su carcoma.

El coche oficial y las bravatas camuflan que es un personaje ya a la baja.

Luis Ventoso.

Actualizado: 27/06/2020.
... (ver texto completo)
A la gente se la engaña un vez dos incluso tres (a la de tres va la vencida)
pero cuatro ya es mas dificil aunque la gente no sepamos de politica se termina
por ver el juego que se llevan entremanos no solo es el chalet es que no se le ve
codeandose con nadie, yo recuerdo en tiempos pasados (aunque muchos digan malo)
los ministros se acercaban aun siendo con las tripas negras a los desastres
¿digame una residencia que halla visitado o un hospital? para tirarse de barriga y pedir cargos el primero
luego echar balones fuera ya yo no era, no soy, yo en esto no me meto, echarle la mierda a otro eso si.
manuel
Eres tú quien cuelga las opiniones de otros, que hablan de lo que tú quieres
¿Y? ¿que problema tienes tu con la los artículos de estos periodistas?, estás muy adoctrinado, a parte de ser un un pelota.
¡Que obsesión tienes con la derecha, te pasa lo mismo que a Clara, se os ha metido por el ojo la derecha y siempre estáis con la misma matraca.
Eres tú quien cuelga las opiniones de otros, que hablan de lo que tú quieres
VIDAS EJEMPLARES.

Pablo y su carcoma.

El coche oficial y las bravatas camuflan que es un personaje ya a la baja.

Luis Ventoso.

Actualizado: 27/06/2020.

Se trata de un fenómeno que se repite en la historia y que podríamos denominar «El efecto final del Imperio romano». Un país -o un partido, o una empresa, o un líder- arrastra contradicciones y problemas tan severos que en realidad la corrosión interna es enorme, hasta el punto de que el ocaso resulta inevitable. Pero en lugar de ver la realidad que tenemos ante nuestras narices, los observadores coetáneos somos rehenes del espejismo de una imagen anterior, la de una aureola de gloria, y no vemos venir el batacazo. Cuando a comienzos del 395 muere el emperador Teodosio I el Grande, ningún ciudadano romano habría dicho que el Imperio ya albergaba la carcoma de su próximo resquebrajamiento. Pero así era. En sus estupendas memorias -y vaya mi gratitud permanente a mi amigo Varela, que me las regaló-, Stefan Zweig describe de primera mano el grato ambiente de ligereza que imperaba a comienzos de junio de 1914 en los bulevares europeos y las terrazas de los cafés. Nadie se habría creído que a finales del mes siguiente comenzaría la espantosa I Guerra Mundial.
Ningún politólogo español predijo tras las elecciones de abril del año pasado que Rivera arrastraba tantas contradicciones que estaba políticamente acabado. Solo seis meses antes de su retirada de la vida pública, muchos «expertos» todavía lo veían como el inminente líder de la oposición. Nadie acertó a percibir que el gigante eléctrico Enron era un sepulcro blanqueado, de contabilidad trucada, que quebraría en 2001, llevándose consigo a la auditora Arthur Andersen.

El 7 de diciembre de 2015, David Bowie se presentó perfectamente atildado y con una sonrisa de oreja a oreja al estreno de su musical «Lazarus», en una sala del Off Broadway neoyorquino. Lo que no sabía el público es que aquel artista triunfante que les saludaba desde el escenario apenas podía sostenerse en pie. En cuanto cayó el telón salió por una puerta trasera sujetado por su mujer y el director de la función. El cáncer de hígado que lo consumía se lo llevó solo 34 días después.

Con Pablo Iglesias estamos ante el «Efecto final del Imperio romano». El coche oficial, sus bravatas y su eficacia como sofista teatral sostienen una fachada de falso vigor político, cuando la verdad es que ya enfila su ocaso. En 2015, Podemos obtuvo 65 diputados. En noviembre del año pasado, 33. Podemos ha perdido su poder municipal, no pinta nada en los gobiernos autonómicos y va en moto hacia abajo en las urnas. Moralmente, todo su discurso por «la gente» y contra «la casta» quedó arruinado cuando en un desliz de nuevo rico se compró un magnífico chalé serrano, incurriendo en lo que antes criticaba a otros políticos. Por último, lo embadurna el caso del pin telefónico abrasado de su excolaboradora Dina Bousselham. El vicepresidente social -a veces alegremente social-, ha pasado de pintarse como víctima de «las cloacas del Estado» a ser el posible armadanzas de la cloaca. Lo explicó perfectamente ayer en estas páginas Carlos Herrera.

La debilidad de Sánchez lo mantiene por ahora ahí. Pero no nos engañemos: Iglesias ya es un disco rayado y demodé.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
Que manera de sembrar lo que solo la derecha de este país quiere.
¡Que obsesión tienes con la derecha, te pasa lo mismo que a Clara, se os ha metido por el ojo la derecha y siempre estáis con la misma matraca.