Columnistas y Tertulianos

EDITORIAL ABC.

Cómplices del separatismo.

Colau, Podemos y demás compañía puede que anhelaran una España blandita y temerosa ante la embestida separatista, pero se han equivocado de nación, de Estado y de Rey.

ABC.

Actualizado:

18/10/2017 03:31h.

El carácter anticonstitucional del proceso separatista es un polo de atracción para la extrema izquierda, que confluye con los independentistas en el propósito común de reventar la Constitución de 1978 y, con ella, el consenso de la Transición y la concordia nacional. La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, es el exponente más claro de esa identificación en objetivos, quizá no tanto en medios, sobre la que se asienta esta coalición de oportunistas contra la democracia española. Colau no sólo apoyó y participó en el referéndum ilegal del 1-O, sino que encabezó las protestas contra la actuación de la Guardia Civil y la Policía Nacional con un discurso agresivo e injurioso que no tenía nada que envidiar al más conspicuo de los separatistas. Ayer, con motivo del ingreso en prisión provisional de los dirigentes de Òmnium Cultural y la ANC, Colau sumó el Ayuntamiento de Barcelona a las protestas contra la decisión judicial, que calificó en las redes sociales como desproporcionada. No fue la única. Además de los habituales mensajes antisistema de Podemos, siempre cerca de los matones de Alsasua, del agresor Bódalo o del aprendiz de terrorista «Alfon», también algunos dirigentes del socialismo catalán criticaron por desproporcionado el encarcelamiento provisional de Jordi Sànchez y Jordi Cuixart. Está claro que el apoyo a la aplicación del artículo 155 de la Constitución es la máxima concesión -y veremos con qué límites- que los socialistas van a hacer al Gobierno.

Con estos mimbres, el separatismo puede construir de manera relativamente fácil y eficaz sus mensajes propagandísticos. La extrema izquierda se identifica con el propósito destructivo del proceso separatista catalán y una parte del socialismo español no consigue liberarse de ciertos prejuicios contra la vigencia del Estado de Derecho. La responsabilidad de Pedro Sánchez, por tanto, no se limita sólo a prestar su respaldo a la acción del Gobierno de Mariano Rajoy, sino también a liderar una izquierda -más allá del PSOE- leal a la Constitución y a la aplicación de la ley. Aunque sea obvio, hay que recordarlo: el ingreso en prisión de Sànchez y Cuixart no es un capricho de una juez de la Audiencia Nacional, sino la consecuencia de la intervención de ambos dirigentes separatistas en actos claramente violentos e intimidatorios contra agentes de la Guardia Civil. Quizá no esperaban los separatistas ni sus palmeros de la extrema izquierda que el Estado se pusiera en marcha como debe hacerlo un Estado de Derecho, aplicando la ley y neutralizando las amenazas a la convivencia. Colau, Podemos y demás compañía puede que anhelaran una España blandita y temerosa ante la embestida separatista, pero se han equivocado de nación, de Estado y de Rey.
Bieito Rubido. en Sin categoría 7 octubre, 2017 207 Palabras.

LAS RAZONABLES DUDAS.

Seguramente el Gobierno de España posee un nivel de información sobre el conflicto catalán que no poseemos los demás. Por ejemplo, que los sediciosos no dan marcha atrás. El empeño por declarar la independencia y perpetrar el golpe de Estado no ha sido desmentido en ningún lugar ni momento. Ni siquiera la catarata de abandonos empresariales, que evidencian el empobrecimiento espectacular que una hipotética Cataluña independiente sufriría, conmueve lo más mínimo la fibra de la racionalidad de quienes están delinquiendo desde hace días, sin que nada les ocurra. Parece que el Gobierno de España se quiere cargar de razones para dar el paso de suspender temporalmente la autonomía catalana. Como hizo en su día Tony Blair con Irlanda del Norte, tras desplegar 45.000 soldados en un territorio más pequeño que Tarragona. A Blair no le tembló el pulso ni le importó la opinión pública internacional. Los corresponsales extranjeros no votaban en Londres, ni siquiera sus lectores. A La Moncloa le preocupa la opinión pública internacional y no la española, la que le vota. Es comprensible el dilema: cuanto más esperas, más dudas.
SALVADOR SOSTRES.

Cuatro amaneceres.

Se puede ser independentista, monárquico, republicano y hasta vegetariano. España es un país libre y con cauces para que cada idea pueda ser expresada y vehiculada.

Actualizado: 06/10/2017 07:19h.

El independentismo está demostrando estos días lo peligroso que puede llegar a ser el amor sin talento, sin inteligencia y con el instinto de supervivencia atrofiado por esa mezcla tan letal de arrogancia, fanatismo y vanidad. Escribir la crónica de la minuciosa demolición de Cataluña nos está dejando tan insólitamente estupefactos que va a tener que pasar un tiempo hasta para poder llorar. Los que quieren liberarnos de lo que nos roba España nos han robado el Banco Sabadell y La Caixa, además de otras tantas empresas que también se están marchando. Y eso por no hablar de la convivencia y del derecho a poder ir tranquilo por tu ciudad.

Hay otra Cataluña, o eso quiero creer, que es mejor. Pero para realmente serlo tendrá que demostrarlo. Es cierto que pagamos impuestos para no tener que ser héroes pero de vez en cuando la vida nos pone ante el vértigo de decir quién somos y qué hacemos. Y si la parte de los catalanes que aprecia su bienestar, su progreso y su libertad no se levanta para defenderse, merecerá perder todo lo que tiene, que es muchísimo. Tanto, que la generación inmediatamente anterior a la nuestra no se atrevió ni a soñarlo. Somos responsables de nuestro destino personal y colectivo. Es inútil buscar culpables y excusas. Si la Cataluña que es mejor no lo demuestra, no podrá hacerse la estrecha o la indignada ante la dureza que se suele necesitar para sofocar los procesos revolucionarios. Quizá no habríamos llegado tan lejos si nos hubiéramos tomado más en serio nuestra condición de ciudadanos libres y por lo tanto responsables.

Se puede ser independentista, monárquico, republicano y hasta vegetariano. España es un país libre y con cauces para que cada idea pueda ser expresada y vehiculada. Pero no podemos olvidar nuestro imperio de prestaciones y comodidades, la extraordinaria bonanza que nos rodea y que nos permite llevar unas vidas apacibles, seguras y con fundadas esperanzas; no podemos olvidar nuestro pacto fundamental de justicia y libertad que nos reúne en La Civilización y nos aleja de la barbarie: porque esto es lo más íntimo, valioso y extraordinario que poseemos, porque esto es lo que esencialmente somos y cualquier llamamiento a ponerlo en riesgo o a directamente destruirlo tiene que ser considerado contrario a los intereses de la Humanidad y abrumadoramente combatido.

De aquí al lunes nos quedan a todos los catalanes, independentistas o no, cuatro amaneceres para levantarnos y recordar qué bien vivimos.
«Rajoy tiene que mover ficha ya»; por Mayte Alcaraz.

COLUMNISTAS ABC.

Actualizado: 05/10/2017 08:03h.

Mariano Rajoy tiene que mover ficha ya. El Rey hizo el martes lo que toca: garantizar a los españoles la estabilidad institucional que temían perdida. Pero el que está sentado ante el tablero es el presidente del Ejecutivo, el que «ejecuta» las políticas ordinarias y las extraordinarias es él, incluso aunque sea en soledad y sin el refrendo de otros grupos. Y estamos ante una circunstancia extraordinaria: el golpe de Estado dado por un puñado de gobernantes sediciosos sin bajarse del coche oficial. El reloj sigue corriendo mientras las terminales independentista continúan marcando su plan, sin valor jurídico pero con un alcance propagandístico inquietante. Por eso Mariano Rajoy tiene que aplicar ya el artículo 155 de manera gradual, como le han aconsejado, para medir las consecuencias. La inconcreción de este precepto constitucional del que nadie había oído hablar y todos creemos ser hoy sus mejores exegetas permite todo y nada. Es decir, Rajoy sentará jurisprudencia sobre este artículo que habilita al Gobierno para restituir la legalidad y atender el interés general en aquella Comunidad donde se vulnera la Constitución. El que no diga cómo se ha de hacer otorga a los servicios jurídicos del Estado la posibilidad de elegir el mejor mecanismo.

El presidente tiene por delante una baraja de cartas con las que jugar que van desde el naipe que permite retirar el mando a los Mossos hasta el que le mandata a disolver el Parlament o el que le faculta a convocar elecciones anticipadas. Lo más importante es determinar quién sería el encargado por Rajoy de ostentar el Gobierno de la Generalitat temporalmente, mientras Carles Puigdemont y Orio Junqueras sustancian sus causas con la Justicia, que cada vez son más y de mayor castigo penal. Ahí es donde Rajoy se debate pues pretende que esa figura concite el apoyo tanto de Ciudadanos como del PSOE. Pero ni siquiera para seleccionar a ese «hombre bueno» hay mucho tiempo ya.

Ya ha pasado el momento para el discurso de la «proporcionalidad» de la respuesta. O quizá no, porque una respuesta proporcional al golpe de Estado tiene que ser la aplicación del artículo constitucional que otorga más poderes al Ejecutivo para restituir la legalidad. Quizá lo que toca es eso, precisamente, reponder con proporcinalidad a la afrenta ilegítima de los separatistas. Esperar a que el lunes el Parlament secuestrado por los secesionistas declare la pretendida independencia ahondaría en la frustración de la mayor parte de los ciudadanos que han asistido con preocupación a la política de acción-reacción que no ha resuelto nada. La sociedad catalana y el conjunto de la española se está moviendo como lo demuestra la manifestación convocada para el próximo domingo en Barcelona por Sociedad Civil Catalana. El Gobierno cometería un grave error, que comprometeria de forma grave a su presidente, si fuera el único que no caminara hacia la defensa efectiva del Estado de Derecho y la defensa de sus ciudadanos.

Mayte Alcaraz.
DAVID GISTAU.

Palabra de Rey.

Actualizado: 04/10/2017 08:19h.

Hay Rey. Y es un alivio. El único al que pueden aferrarse los españoles que, últimamente, han sido vapuleados por varias cosas. Por el fracaso de sus dirigentes. Por la constatación de la retirada administrativa y sentimental de España en Cataluña. Por los guardias expulsados de sus hoteles por muchedumbres por las que arriesgarían en servicio sus vidas. Por el relato propagandístico, homologado en el extranjero, que convirtió el apego a nuestra ley y a nuestra identidad en un turbio ejercicio de represores de pueblos bellos, de robots dictatoriales extraviados en los peores meandros de la condición política: siempre gravita una leyenda negra, siempre hay españoles dispuestos a cualquier traición para que los eximan de ella. Por la inmensa soledad, la inmensa soledad de los catalanes no independentistas que tenían todos los motivos para sentirse abandonados a su suerte, fuera de la jurisdicción española, la administrativa y la sentimental, como cabritillas atadas a un poste en la inminencia de una totalidad nacionalista cuyos escraches preludian la acción del odio cuando se siente impune y se procuró coartadas de superioridad moral.

Pero hay Rey. El Rey habló a ésos a los que el Gobierno desamparó. Lo hizo sin remilgos en el diagnóstico de las traiciones, sin introducir - ¡a estas alturas!- imposibles clichés dialogantes. Lo hizo como alguien que se cree lo que representa en términos históricos y, sí, otra vez, también sentimentales. En su 23-F, el Rey dio la vuelta a la fea percepción mortificada en que nos dejó atascados el 1-O y devolvió razones inspiradoras para el sentido de pertenencia. Basta ver a quién enojó ayer para comprender que contribuyó a desbaratar en parte la inercia del asalto del 78 que se volvió vertiginosa el domingo. No hay presidente pero hay Rey. Y lo hay hasta el punto de que, entre otras cosas, el Rey mostró ayer su disposición a cargar el con el peso de todas las decisiones que el presidente inexistente no se atreve a tomar: con ese desgaste que aterra a quien sólo piensa en una reelección. Este Rey que jamás creyó que debería pasar pruebas comparables a las de su padre parece ser lo único que hay entre los enanos de la política.
RAMÓN PÉREZ-MAURA.

¿844? NO: 4.

La violación de la ley ha dejado de ser causa que justique el uso de la fuerza para garantizar que se cumpla.

Actualizado: 03/10/2017 07:45h.

Días como el pasado domingo son fecundos en desinformación. Y una de las más llamativas y que mayor éxito cosechó fue la de la Generalidad fijando en 844 el número de heridos. Sorprende que un Gobierno que el pasado 17 de agosto sufrió uno de los ataques terroristas más graves que ha padecido España en su Historia diera entonces la información de los heridos, concentrados casi todos en una misma calle de Barcelona, con una lentitud exasperante. Y en cambio, este domingo, para recontar las supuestas heridas padecidas por quienes estaban violando la ley y agrediendo a la Policía a la que impedían hacer su trabajo, cogieron tal carrerilla que llegaron a 844 antes de que terminara el día. Y describo lo sucedido de esta manera porque yo estaba en el incidente más grave de todos, el del Instituto Ramón Llull, en el que se dispararon una veintena de pelotas de goma y yo vi la agresión a la Policía, que tuvo que defenderse. Después de ver esa estadística publicada por medios de comunicación del mundo entero, la Generalidad aclaró ayer que de los supuestos 844 habían pasado la noche en el hospital... 4. Tampoco aclararon que uno de ellos había sufrido un infarto de miocardio y había sido atendido por la Policía Nacional. Total, para qué. Todo es bueno para el convento. Y la violación de la ley ha dejado de ser causa que justifique el uso de la fuerza para garantizar que se cumpla.

Del recuento, para qué hablar. Los ejemplos de urnas en las que se votaba reiteradamente son infinitos. Así se explica que en la localidad gerundense de Palol de Rebardit, de 470 habitantes, el sí sumara 1.002 votos. Un detalle menor que no va a frenar la declaración unilateral. Conviene ahora que el Gobierno explique por qué se creyó que el cumplimiento de la Ley iba a servir para frenar a quien proclamaba que la iba a ignorar. Antes del fin de la semana nos vamos a encontrar (ojalá me equivoque) con una proclamación de independencia. ¿Espera el Gobierno que quien haga eso se amilane ante las iniciativas de los tribunales? Más probable será ver la próxima semana a todos los miembros del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña puestos en la linde de la comunidad por los Mozos de Escuadra, comandados por el propio Trapero. Que para eso sí van a ser capaces sus chicos de hacer algo más que «levantar acta».

Y después de que todos los españoles creyéramos entender al portavoz del Gobierno el pasado viernes que Puigdemont y Junqueras habían dejado de ser interlocutores válidos, el domingo, una vez consumado el delito, Rajoy vuelve a hablar de diálogo. ¿Con quién? ¿Va el Estado soberano a negociar con delincuentes traidores? Hay una mayoría de catalanes que era fácil ver en las calles de Barcelona el pasado domingo que está completamente al margen de esta patochada. Y si Puigdemont y su Gobierno no están en la cárcel antes de que se proclame la independencia esos catalanes se sentirán abandonados. Y tendrán que cambiar de bando. Para sobrevivir.

Ramón Pérez-Maura.
Palo Alto.

GRACIANO PALOMO.

El peluche envenenado que manda en la revolución.

Junqueras va de espadachín del editor subvencionado pero se trata solo de una estratagema; allí todo el mundo sabe que es el que mueve todos los hilos.

30.09.2017.

Las cosas están así. Mientras la señora Colau pide a la UE que intervenga en Cataluña, los periodistas acreditados en Barcelona denuncian acoso, presión y falta de libertad por parte de la Generalitat. Casi al mismo tiempo, las máquinas infernales del ruso Putin interfieren a favor de Pugidemont y sus cuates; Joan Manuel Serrat es linchado en redes por “facha”, mientras el hombre de paz, Arnaldo Otegi, se convierte en el héroe ensangrentado de los secesionistas. Nada que no sea estelado con fiereza puede pervivir hoy con garantías por los pueblos y plazas de Cataluña.
Quizá la persona que haya desenmascarado con más rigor, precisión y justeza la mascarada independentista sea Josep Borrell, quizá por ser catalán; quizá por ser europeo y quizá y también por haber leído. Califica a Pugidemont de “mártir 'low cost' y apunta directamente al falso historiador Oriol Junqueras como la mano que mece la cuna, esto es, el amo de la barraca.

El “jesuita” Junqueras es el comandante en jefe de la rebelión encubierto. Va de espadachín del editor subvencionado pero se trata solo de una estratagema; allí todo el mundo sabe que es el que mueve todos los hilos. La referencia básica del quilombo. Prueba de ello es que el núcleo duro del invento estaba instalado al lado de su despacho y fue detenido. Curiosamente mientras sus segundos estaban siendo registrados, él ni apareció por su despacho en una actitud típicamente “jesuítica”.
Su cinismo es el que le ha encaramado hasta el título de jefe de la revolución catalana. Utilizó un programa de La Sexta para inocular mentira tras mentira –eso sí, con entrañable papada beatífica– en el resto de España porque sabe que la reacción que puede recibir de 47 millones de españoles puede ser histórica, ya que hace referencia constante a su condición de historiador. Él fue el primero que dijo que físicamente los catalanes se parecen más a los franceses que al resto de los españoles…¡Como si el fuera precisamente Alain Delon!
Dicen por Cataluña que Junqueras, una vez consumado el intento de ser el primer presidente de la república catalana, aspira a convertirse en el abad de Montserrat. Es posible. Sería la mejor forma de seguir conspirando y comiendo la sopa boba.
Cristina Losada.

Carme Forcadell y el antifranquismo robado.

Dejen de utilizar el antifranquismo para sus fines espurios. Dejen de hurtárselo a los que lucharon. Dejen de ofender. Saquen de ahí sus manos.

Vi a Carme Forcadell, el otro día, de mitin en mitin. La misma que como presidenta del Parlamento catalán se encargó de que se atropellara a la oposición y se violara la legalidad democrática. En una de aquellas arengas, le oí llamar a la lucha. Le oí decir que esa lucha era la misma que la lucha contra el franquismo. Que era exactamente igual. Que la situación era como entonces y que como entonces, cuando el franquismo, había que salir a luchar.

Sé que lo hacen de continuo. Sé que los nacionalistas catalanes equiparan desde hace tiempo su empresa separatista con la lucha contra la dictadura de Franco. Sé que dicen que las actuaciones en defensa del Estado de Derecho son un ataque franquista. Sé todo esto, pero no lo puedo evitar: me hierve la sangre. Me hirvió al ver que Forcadell usurpaba el antifranquismo para arengar contra la democracia. Me hierve, entre otras cosas, porque yo estuve en la lucha contra el franquismo y ella, no.

Ese robo del antifranquismo que perpetran los nacionalistas catalanes se ha ido preparando con la fabricación de una leyenda. De un mito. El mito de que en Cataluña, y cuando los nacionalistas dicen "Cataluña" quieren decir los nacionalistas, hubo una resistencia a la dictadura sin parangón en el resto de España. El mito de que hubo allí, y contra ellos, una represión de la dictadura incomparable a la que padecieron otros lugares de España.

Asombra que una distorsión tan gruesa haya podido tener tanto recorrido. Pero lo ha tenido. Para no ir más atrás y salir del planeta indepe, ahí estaba, en una reciente carta al Times del hispanista John Elliot, por lo demás muy contraria a los separatistas, esta frase: "Cataluña padeció durante largo tiempo bajo el régimen dictatorial del general Franco". Cataluña y Extremadura y Andalucía y Galicia y Valencia y Castilla y el resto. Y Madrid. ¿Por qué de la lista de lugares que padecieron se excluye siempre a Madrid, que fue la que resistió hasta el final el embate de las tropas franquistas durante los tres años de guerra?

Como en todas partes, en Cataluña hubo partidarios del golpe del 36. Hubo intelectuales catalanes que se adhirieron. El político conservador y catalanista Francesc Cambó, líder de la Lliga, no sólo se adhirió: contribuyó financieramente. Los carlistas catalanes combatieron en el Tercio de Montserrat. ¿Cómo no iba a haber catalanes partidarios del régimen de Franco después? Claro que los hubo. Como en el resto de España. No hay exclusividad en nada. Y si vamos a la represión franquista que más les importa a los nacionalistas, la de la lengua, que fue prácticamente la única que les importó, tampoco afectó en exclusiva a Cataluña. Pasó lo mismo en otras regiones bilingües.

Para los últimos años de la dictadura, recurro a mi memoria histórica. Lo que encuentro es que no recuerdo. No recuerdo que Cataluña fuera un foco de mayor resistencia activa que Madrid. Barcelona y Madrid, las dos grandes urbes, ambas con universidades importantes y grandes fábricas, eran obviamente los centros de las actividades de los oponentes. Eran los lugares donde había más de todo, desde estudiantes dispuestos a enrolarse en militancias clandestinas, asambleas y carreras con los grises, a trabajadores dispuestos a hacer huelgas. De ahí el protagonismo de las dos ciudades en la lucha contra la dictadura, aunque compartido con otras. De ahí que resulte sorprendente que del podio nacionalista del antifranquismo desaparezca siempre la capital española. Y que muchos acepten esa exclusión.

Por si mi memoria fallara, tengo la de Tarradellas. El presidente de la Generalitat, que estuvo en el exilio hasta la muerte de Franco, daba una idea de la amplitud de la represión franquista en Cataluña durante una entrevista que le hizo Iván Tubau en agosto de 1982:

–Hay personas que usted tuvo en su gobierno cuando era presidente y que habían pasado años en la cárcel durante el franquismo.
– ¿Quién?

–El Guti [Antonio Gutiérrez Díaz, dirigente del PSUC], sin ir más lejos.
–Sí, sí, de acuerdo. Lo aprecio y lo quiero mucho. Hay otro que también pasó dos años en la cárcel: Pujol. Dos. No sé si llegarían a media docena. Pero en este país hay seis millones de habitantes. Lo que pasa es que la gente de este país no quiere saber la verdad, quiere que la sigan engañando.

Seguramente hubo más de media docena. Pero ¿cuántos nacionalistas? Bueno, que hagan una lista, a ver. Aunque yo sospecho que el historial político de la propia Forcadell es representativo. Que los que hoy se reclaman sucesores de la lucha antifranquista para atacar a la democracia española no estuvieron en esa lucha cuando Franco estaba vivo. Por eso, miren: dejen de utilizar el antifranquismo para sus fines espurios. Dejen de hurtárselo a los que lucharon. Dejen de ofender. Saquen de ahí sus manos.
España.

Carlos Herrera: «A los matones de la CUP les falta buscar por las calles a quien no vaya a votar»

El periodista critica las acciones que llevan a cabo los independentistas para celebrar un referéndum ilegal.

ABC. ES - @abc es Madrid.

Actualizado: 27/09/2017 10:21h.

Los llamamientos de los independentistas para ocupar colegios electorales para llevar a cabo el referéndum ilegal antes de que lleguen los Mossos han ocupado un espacio en el editorial de Carlos Herrera de este miércoles en «Herrera en Cope». El periodista ha explicado que la CUP ha organizado el comité de defensa del referéndum, que lo ha comparado con «el comité de defensa del 'castrismo' de Cuba que lo inventó Fidel Castro para controlar los barrios, los bloques, etc». «A los matones de la CUP les falta buscar por las calles a quien no vaya a votar», ha dicho Herrera.

La organización por parte de los independentistas del referéndum ilegal suspendido por el Tribunal Constitucional requiere de medidas que se están llevando a cabo para impedirlo. Este martes, el fiscal superior de Cataluña, José María Romero de Tejada, ordenó a los Mossos el precinto antes del día 30 de los colegios y el desalojo de las personas que hubiera en su interior. Sin embargo, los independentistas pretenden que no llegue ese momento: «Dicen los de la CUP, "si lo ocupamos nosotros ya no nos echan". "Y si no nos echan pues ponemos nosotros una urna". "Traemos una urna del supermercado, ponemos a tres tíos y que haya mucha gente en la puerta como que parezca que quiere votar toda Cataluña". Esa es la victoria. No hay observadores ni nada. Y decir que han votado 7 millones de personas. Incluso que un millón haya votado que no, para que disimule», ha expuesto Herrera.

También sobre el viaje de Mariano Rajoy a Estados Unidos y su visita a Donald Trump ha hablado Carlos Herrera. «Al final Trump lo que dejó fue una frase al problema que tiene España de insurrección, de rebelión si me apuran, de golpe al Estado dado desde las instituciones y también desde la calle. Ayer dijo Trump, "España es un gran país y tiene que estar unido, sería una tontería que Cataluña no formara parte de España". Esto no es improvisado. Estaba todo estudiado».
ÁLVARO MARTÍNEZ.

Trapero, pues adiós.

El major de los Mossos se orienta bien y no acude porque en su cabeza y en la de sus superiores políticos ya funcionan todos como máxima autoridad en Cataluña.

Actualizado: 26/09/2017.

El jefe de los Mossos no acudió ayer a la primera reunión para coordinar, bajo el mando de la Guardia Civil, la respuesta policial al referéndum ilegal del 1-O. Mandó a un subordinado, porque a estas alturas Josep Lluís Trapero ya es uno de los tótem que se alzan en el centro de la sardana separatista, casi de la misma talla que Pep, el exjugador de la selección española que apoya mediáticamente el golpe desde Mánchester; o que el abad de Montserrat, que consiente que la homilía de la misa de la Merced en el monasterio se convierta en un mitin contra la "represión del Estado español" y el resto de las paparruchas de las que se alimenta la secesión.

Trapero no acude a la reunión, pero no porque no encuentre la puerta de la Delegación del Gobierno, igual que se le pasaron las 120 bombonas de butano en la casa-okupa de Alcanar habitada por marroquíes con antecedentes penales. Trapero se orienta bien y no acude porque en su cabeza y en la de sus superiores políticos ya funcionan todos como máxima autoridad en Cataluña, igual que el chamberilero Raül Romeva se cree ministro de Exteriores de la fantasmagórica república y hasta se ha editado tarjetas de visita con semejantes ínfulas, como quien lo hacía en aquellas máquinas del metro que le permitían a uno titularse catedrático o director general de lo que fuera.

Al mayor de los Mossos hasta le han sacado camisetas-homenaje con sus desplantes a los no adictos al movimiento separatista. Toda una línea de moda (la camisetilla también es un tótem gracias a la CUP) con las que dos "indepes" espabilados se están haciendo de oro estampando el rostro de Trapero y su frase más célebre, "Bueno, pues molt bé, pues adiós", con que despidió al reportero holandés que se fue de la rueda de prensa porque no entendía el catalán. Trapero es el orden en la Cataluña de Puigdemont, esa arcadia sectaria y excluyente donde no caben (al menos) la mitad de los catalanes, todos los que no se adhieran al pensamiento único.

No esperen nunca a Trapero en la Delegación del Gobierno, espérenle en cualquier reunión de independentistas tocando la guitarra a un coro compuesto por Puigdemont, Laporta, la presidenta de la empresa bisutera del simpático osito y otros destacados juglares de la cruzada. El mayor de los Mossos ya es parte de la banda sonora del separatismo. Igual que aquel "José Luis y su guitarra" arrasó en la España de los sesenta, Josep Lluís y la suya son número uno en todas las listas independientes.

Álvaro Martínez.
LUIS HERRERO.

El ejército de Pancho Villa Luis Herrero.

Ni Ciudadanos puede ver al PSOE, ni el PSOE tiene ganas de ayudar a Rajoy, ni Rajoy se fía de Rivera. Unos a otros se miran de reojo para ver quién llega con ventaja a la pole de la carrera que empieza el 2 de octubre.

Actualizado: 23/09/2017 04:13h.

Cuando Rajoy habló por teléfono con Sánchez y Rivera el martes por la tarde ya sabía lo que iba a pasar en las horas siguientes. El rumor de que se iban a producir al menos diez detenciones sonadas comenzó a abrirse paso por las galerías de los susurros confidenciales del Madrid chismoso. Poco antes, el grupo parlamentario socialista había decidido franquearle el paso a la proposición de Ciudadanos que reclamaba el apoyo del Congreso a la actuación del gobierno contra el 1-O. Faltaba por concretar si votarían a favor o se abstendrían. En ambos casos la proposición saldría adelante.

La voz de alarma llegó a la hora de la merienda. « ¿De verdad vamos a respaldar las medidas anti referéndum del PP sabiendo el lío que se puede montar mañana por la mañana?», preguntaron asustados los gerifaltes del PSC. Iceta habló con Sánchez. No tardaron en ponerse de acuerdo: lo más prudente era marcar distancias «por lo que pudiera pasar». ¿Pero cómo deshacer el acuerdo alcanzado en el grupo parlamentario sin quedar ante la opinión pública como Cagancho en Almagro? Albert Rivera, sin saberlo, salió entonces en su ayuda.

Durante el debate de la propuesta socialista para constituir la comisión territorial sobre el estado autonómico, el líder de Ciudadanos estuvo especialmente borde. «No participaremos en ese pasteleo -dijo-. No compartiremos mesa con el PDeCat. Nosotros dialogamos con demócratas, no con golpistas. Quien quiera una nación de naciones, que vote al PSOE». José Luis Ábalos, en plan virgen ofendida, llamó a Martínez Maíllo y le dijo que sintiéndolo mucho no podían apoyar la iniciativa del grupo que les estaba inflando las narices. «Si ellos ridiculizan nuestras propuestas, ¿por qué vamos nosotros a apoyar las suyas?», le dijo. La coartada, desde ese momento, quedó establecida.

Los esfuerzos del Gobierno por mediar en el conflicto resultaron inútiles. Margarita Robles presentó una enmienda al texto de la proposición de Ciudadanos, reclamando la inclusión de una referencia explícita a la necesidad de buscar «una solución pactada», con la absoluta certeza de que Juan Carlos Girauta la mandaría cortésmente a hacer puñetas. Y acertó de lleno. Desde ese momento, la versión oficial se ciñó a que las negociaciones entre ambos portavoces habían fracasado. Era una verdad incompleta. Lo cierto es que en Ferraz había cundido el pánico a lo que pudiera pasar en la calle cuando los independentistas salieran a protestar por los efectos de la operación policial que estaba a punto de ponerse en marcha.

La maquinaria del agitprop estaba preparada. Tardá se iba a quedar en Barcelona, dejando plantado al Gobierno en la sesión de control, para arengar a las masas en la vía pública tan pronto como se supiera que el Estado represor había comenzado a ordenar detenciones políticas. Rufián, entretanto, se encargaría de capitanear en el Congreso la espantada de los diputados de ERC. «Saque sus sucias manos de las instituciones catalanas», le dijo a Rajoy antes de embocar la flauta de Hamelín y poner en fila india a los independentistas prófugos. En realidad, Rufián ya había anticipado doce horas antes sus intenciones. «Tengo ganas de abandonar el Congreso -dijo el martes por la tarde-. La imagen de los diputados republicanos saliendo de la cámara baja será potentísima a nivel internacional».

Y, a lo que se ve, Pedro Sánchez no andaba lejos de darle la razón. El pánico a la calle y al eco exterior del factor tumultuario se apoderó de él durante varias horas. Las suficientes para que quedara más claro que el agua que no habrá política mancomunada de los partidos que defienden la ley cuando se disipe la bruma. Si esta semana algo ha quedado claro es que no hay verdadera unidad entre los constitucionalistas. Son el ejército de Pancho Villa. Ni Ciudadanos puede ver al PSOE, ni el PSOE tiene ganas de ayudar a Rajoy, ni Rajoy se fía de Rivera. Unos a otros se miran de reojo para ver quién llega con ventaja a la pole de la carrera que empieza el 2 de octubre.

En estas condiciones, pincho de tortilla y caña a que el fracaso del referéndum no significará la derrota de los independentistas. Tras el traspié en la batalla, la guerra continúa.
SALVADOR SOSTRES - DIARIO DE LA CUENTA ATRÁS.

Vencidos, sí.

Actualizado: 22/09/2017 08:33h.

Este proceso sólo me ha costado un amigo pero hace días que me cuesta mantener conversaciones tranquilas sobre lo que está sucediendo porque la Ley en Cataluña no tiene ningún prestigio, la idea de que no puede haber democracia sin amparo legal ha perdido cualquier batalla mediática y el independentismo cree que toda oposición a su voluntad es fascismo.

Si cantan victoria por ser dos mil en la calle el día que les han desmontado el operativo del referendo, si pretenden en serio que los Estados civilizados se solidaricen con el populismo rebelde de quien actúa contra sus propio sistema de garantías y si toman como referencia lo que opina la prensa internacional -ese gran concepto- en lugar de la posición expresada con toda claridad por los Estados vertebrados y la Unión Europea es imposible establecer ninguna conexión racional que permita ningún tipo de diálogo público o privado.

Tanta épica de lo estomacal contra tanta razón sin relato: mis amigos independentistas están convencidos de que ganarán, yo pienso que la abrumadora visita de la realidad les aplastará y todos juntos y revoloteados vivimos enredados en la asfixiante telaraña autorreferencial y monotemática que no nos permite avanzar.

Este proceso necesita vencedores y vencidos. Vencidos, sí, derrotados. Y lo digo pensando también en el Estado, porque si el día 1 el presidente Puigdemont puede salir a decir -siendo verdad- que como mínimo 2 millones de catalanes han votado en los preceptivos colegios electorales, España perderá a Cataluña como los peces que mordieron el anzuelo -Sabina lo canta- y no merecen el mar.
LUIS VENTOSO.

«Escándalo democrático»

Lo es, sí, pero en sentido contrario al que ellos dicen.

Actualizado: 21/09/2017 07:38h.

A la vista de indicios palmarios de delito, un juez de Barcelona ordenó ayer a primera hora de la mañana varias redadas para desmantelar la logística del referéndum ilegal que pretende organizar el Gobierno insurrecto de la Generalitat. La Guardia Civil, pues por desgracia parece que los Mossos ya no son fiables a la hora de velar por nuestra legalidad, actuó en consecuencia. Los agentes registraron almacenes en polígonos industriales, hallando en uno de ellos nueve millones de papeletas listas para la consulta. También se personaron en las oficinas de cuatro consejerías del Gobierno catalán, toda vez que desde ellas se estaba tramando la inteligencia y plan de acción del referéndum. En la operación hubo una docena de detenciones, como tantas veces en cualquier país democrático del mundo cuando se está combatiendo un delito grave (o a veces no tan grave).

La reacción del orbe independentista fue iracunda. El tono general de su crítica se resume en una frase de Ada Colau. A su juicio, la actuación del juzgado de Barcelona supone "un escándalo democrático". No. Lo que sí constituye un escándalo democrático es aprobar dos leyes con métodos golpistas y un procedimiento exprés para establecer una presunta nueva legalidad catalana, que deroga la del Estado, desoyendo además las advertencias de los juristas de la propia Cámara y pateando el Estatuto de Cataluña. Escándalo democrático es utilizar las oficinas del Gobierno catalán, desde donde debe atenderse a todos los catalanes, del primero al último, para ponerlas al servicio de un proyecto separatista que ni si quiera cuenta con el apoyo mayoritario de la población. Escándalo democrático es estafar al pueblo catalán, invocando supuestas normas internacionales que justificarían la autodeterminación, cuando en realidad solo rigen en situaciones coloniales; o fabular asegurando que una Cataluña independiente seguiría en la UE, algo que la organización ha negado hasta el hartazgo; o mentir con la facundia impúdica y reincidente de Junqueras, quien anteayer aseguró que la intervención de las cuentas de la Generalitat había quedado en suspenso por orden del Supremo, falacia que el alto tribunal negó en minutos.

Escándalo democrático es intentar romper un país del primer mundo, donde se disfruta de un régimen de libertades, sin respetar los cauces legales de ese Estado, algo que ni en sus peores sueños se les habría ocurrido a los independentistas quebequeses y escoceses, que actuaron siempre observando escrupulosamente los marcos constitucionales de Canadá y el Reino Unido. Escándalo democrático —y tufo nazi— es señalar a los concejales discrepantes con pasquines con sus fotos, cercar sus hogares, sumir en la angustia a sus hijos y familiares; acosar a directores de instituto y bedeles; o usar el dinero público de todos para comprar a la prensa local.

Por último, escándalo democrático sería que el Estado español se inhibiese y no actuase para defender los derechos y libertades de todos los españoles, poniendo coto de una vez, como se comenzó a hacer ayer, a lo que en realidad no es más que el mayor abuso golpista que ha sufrido este país desde el bochorno de Tejero.

Luis Ventoso.
ISABEL SAN SEBASTIÁN.

No es la unidad, es la convicción.

Lo que colocó a ETA contra las cuerdas no fue la unión de #los partidos sino la determinación de Aznar.

Actualizado: 19/09/2017 05:46h.

Parece aceptarse como dogma de fe que para derrotar el intento de golpe sedicioso alentado desde la Generalitat de Cataluña el único requisito indispensable es mantener la unidad de los demócratas. A título probatorio de esta afirmación se cita el caso del terrorismo etarra, presuntamente vencido mediante esa estrategia. Y en aras de conseguir ese bálsamo de fierabrás, se sacrifican los principios y se diluyen las respuestas. Pues bien, ni es cierta la premisa ni tampoco la conclusión. Lo único que ha logrado esa falsa unión de partidos rivales, mucho más preocupados de conservar o incrementar sus votos que de preservar la integridad de España, ha sido descafeinar la política que habría debido hacer el Gobierno y dar alas a los golpistas. Parafraseando a Churchill, queríais unidad a cambio de firmeza y ahora tenéis división e imagen de debilidad. Un terreno de juego perfecto para los separatistas, que ni dudan de la legitimidad de su causa, ni vacilan en romper en dos la sociedad catalana, ni tampoco temen represalia alguna.

Lo que colocó a la banda terrorista contra las cuerdas y habría acabado con su derrota incondicional, de no haberse sentado Zapatero a negociar con ella ignominiosas concesiones, no fue la unidad sino la determinación del Ejecutivo de Aznar. ETA fue infiltrada hasta introducir a un “topo” como conductor del cabecilla Kantauri, perseguida por la Guardia Civil a ambos lados de los Pirineos, privada de oxígeno político y financiero al ser ilegalizada Batasuna junto a los demás tentáculos de la bestia, y desacreditada ante la opinión pública mediante campañas de movilización ciudadana protagonizadas por asociaciones cívicas, como la AVT, fuertemente respaldadas desde los poderes públicos, que llegaron a cambiar radicalmente la percepción de la ciudadanía. La unidad vino después, cuando el PSOE se dio cuenta de que o se unía a ese carro victorioso o se quedaba atrás. Además, aquello nunca pasó de ser un espejismo, toda vez que mientras firmaba el Pacto Por las Libertades y Contra el Terrorismo el partido el puño y la rosa ya lo estaba traicionando en conversaciones secretas destinadas a fraguar el acuerdo que dio en llamarse “de paz”, tramado a espaldas del PP. Hoy sucede lo mismo.

Con el fin de proteger esa sacrosanta unidad de acción, que no deja de ser ficticia, el Gobierno ha renunciado a aplicar en Cataluña el artículo 155 de la Constitución, previsto en nuestro ordenamiento jurídico precisamente para hacer frente a situaciones como la actual. Ha renunciado a hacer valer la Ley de Seguridad Nacional e incluso la de Estabilidad Presupuestaria, pese a la abrumadora acumulación de razones que la gestión de Puigdemont le brindaba. Ha maniatado al Tribunal Constitucional, obligado a dictar sentencias unánimes y por consiguiente aguadas por la necesidad de consenso. ¿Y todo eso para qué? Para ver cómo los secesionistas se ríen de todos nosotros, jaleados por las huestes podemitas, bajo la mirada condescendiente de un Pedro Sánchez equidistante entre defensores de la democracia y golpistas, aferrado a la demagogia hueca del “diálogo” y la “reforma”. O sea, para nada.

Mariano Rajoy está solo, como siempre ha estado. Solo con sus convicciones. Suya es la responsabilidad de actuar, pues suyo es el poder de actuación que le han dado los electores. De su lado están la Ley, la comunidad internacional, los intereses generales, la historia, el sentido común y hasta las encuestas, pese a lo cual dice no querer hacer aquello a lo que está obligado: Honrar el juramento que formuló al aceptar el cargo de presidente. Después, que cada palo aguante su vela.

Isabel San Sebastián.
CURRI VALENZUELA - CHISPAS.

Gasolina para el PP.

Los dirigentes populares saben de sobra, sin necesidad de encargar ninguna encuesta, que la dura actitud de Rajoy frente al desafío independentista les beneficia en las urnas.

Actualizado: 17/09/2017 03:58h.

Esos votantes del PP que dudaban de que Mariano Rajoy tuviera las agallas de enfrentarse al nacionalismo con todas sus fuerzas, que son muchos, están inundando la sede de Génova con mensajes de ánimo y felicitación. Y los populares catalanes, hasta hace poco ninguneados por el Gobierno, respiran aliviados porque la cúpula de su partido cuenta con ellos en estos momentos dramáticos.

En el PP no quieren oír hablar de sacar rédito electoral de su posición de firmeza frente a los desvaríos nacionalistas porque, dicen, no es el momento de la política partidista. Pero sus dirigentes saben de sobra, sin necesidad de encargar ninguna encuesta, que la dura actitud de Rajoy les beneficia; el Gobierno lleva la iniciativa y la comunicación del frente común creado entre PP, PSOE y Ciudadanos y atrás han quedado, al menos de momento, las iniciativas de Pedro Sánchez para acercarse a Pablo Iglesias o de Albert Rivera para impedir que Rajoy vuelva a ser candidato.

Entre los populares catalanes existe también la creencia de que pueden recoger más votos de los ciudadanos de esa comunidad hastiados de los excesos nacionalistas cuando se convoquen las próximas elecciones, que puede que sea pronto. En su dirección regional se atribuye el retroceso sufrido en las últimas a la tibieza con la que el Gobierno de Rajoy reaccionó ante el amago de referéndum del 9-N, cuando aún contaba con mayoría absoluta.

En los últimos tres años los responsables del PP catalán no han cesado de advertir a Madrid de que los nacionalistas iban a ir a por todas y por tanto había que tomarse muy en serio su escalada hacia la independencia. La respuesta del Ejecutivo ha sido, hasta hace muy poco, la de aplicar oídos sordos. La vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría confió la interlocución con la Generalitat al delegado del Gobierno nombrado por ella, Enric Millo, y marginó al PP, cuyos dirigentes se enteraban de los detalles de sus gestiones por los medios de comunicación. Hasta la figura de su presidente, Xavier García Albiol, que sustituyó a Alicia Sánchez Camacho el pasado mes de marzo, estaba siendo cuestionada para impulsar su sustitución por la ministra de Sanidad, Dolores Montserrat.

Ya no más. Rajoy, que tenía que haber acudido a Salou el viernes para hablar ante la escuela de verano del PP nacional, cambió su destino a última hora para pronunciar su discurso ante la junta directiva regional en Barcelona, con un público compuesto por todos los concejales y diputados regionales. Lo hizo para mostrar su apoyo a unos militantes que lo están pasando mal estos días, en muchos casos amenazados por sus vecinos. Para satisfacción de estos, aunque sea tarde y en tan penosas circunstancias, el presidente de su partido les ha dado la razón.