Columnistas y Tertulianos


El lamento del cobarde.

A Puigdemont la dignidad le importa tan poco como que el resto de los protagonistas del golpe lleven un año privados de la libertad que él goza en Bélgica.

Álvaro Martínez.

Actualizado:

17/10/2018 04:50h.

<<Si aún le queda algo de dignidad debería volver a Cataluña y encerrarse en la cárcel». Acostumbrado a esas entrevistas de alfombra que frecuentemente le hace TV3 (la tele del régimen) y a que le toquen las palmas los flamencos belgas, Puigdemont se quedó estupefacto cuando hace unos días un periodista de allí le puso ante el espejo en el que se suelen mirar los cobardes. Se cumple estos días un año del comienzo del encarcelamiento de la banda del lazo, que seguramente sigue en prisión preventiva por su evidente riesgo de fuga si tenemos en cuenta que cinco integrantes del grupo criminal salieron corriendo y se pusieron fuera de la ley al grito de «tonto el último». No es el magistrado Pablo Llarena quien se emperra en que sigan en la cárcel a la espera de juicio, son el propio Puigdemont y el resto de los forajidos los que con su infame huida impiden a cualquier mente sensata plantearse tan siquiera la libertad provisional de Junqueras, los Jordis y los otros procesados por rebelarse contra el Estado, un delito de extrema gravedad, que no les persigue la justicia por, ya que hablamos de cobardes, robar tres gallinas.

Pero a Puigdemont la dignidad le importa tan poco como que el resto de los protagonistas del golpe lleven un año privados de la libertad que él goza en Bélgica, que no se pierde un partido del Gerona Fútbol Club en la peña «Aquí un valiente» que ha montado en Bruselas con el empresario Matamala. Cómo disfrutan los dos con los goles de Stuani, pichichi de la Liga... Su cobardía, no obstante, comenzó mucho antes de aquel 30 de octubre, empezó al no informar a sus consejeros («El lunes, todos a trabajar», les había dicho el viernes anterior) de su plan de fuga, planeado meses antes y que incluyó episodios tan vergonzosos como meterse en el maletero del coche. Porque un cobarde no se improvisa, un cobarde nace.

El huido conmemoraba ayer el encarcelamiento de los Jordis con otro impresentable mensaje en las redes sociales, lleno de esa palabrería enfática que es alpiste de fanáticos, paparruchas muy parecidas a las que emitió en marzo cuando cumplieron cien días en la cárcel. Ni entonces les dijo la verdad a los suyos pues concluyó aquel aliento con un «nos veremos pronto en casa». Ayer ya no se molestó ni en mentirles y quizá al terminar el tuit de rigor sobre la «imparable represión» y el resto de las pamplinas preguntó al servicio, allí en Waterloo, « ¿con quién jugamos esta jornada, con la Real Sociedad?». Sabido es que no hay nada más efímero que el lamento de un cobarde.

Álvaro Martínez.

Redactor jefe.
Gobernar para ir gobernando.

Sánchez e Iglesias intentan dar el pego con medidas efectistas, pero solo buscan más votantes.

Ana I. Sánchez.

Actualizado:

16/10/2018 03:44h.

En los días previos a la moción de censura, José Luis Ábalos y Santos Cerdán citaron a los portavoces de la oposición en un hotel cercano al antiguo estadio Vicente Calderón para negociar el desahucio de Rajoy. El hoy ministro de Fomento explicaba, con cara de funeral, que el PSOE había planteado la moción porque tras la sentencia del caso Gürtel no se entendería que no lo hiciera y preguntaba a sus interlocutores qué querían a cambio de su apoyo. Cuando estos le preguntaban cuál era el objetivo del nuevo Ejecutivo, él contestaba lacónicamente «gobernar para ir gobernando». Sin más meta. Sin ningún proyecto. Es la máxima más hueca con la que ningún partido ha llegado a La Moncloa.

Desde aquel día, ese «gobernar para ir gobernando» guía los pasos del nuevo Ejecutivo. Desde la exhumación de Franco sin consenso hasta el acogimiento del Aquarius a bombo y platillo. Medidas cortoplacistas solo para consolidarse en las próximas elecciones y seguir gobernando. La última, los nuevos Presupuestos. Una lluvia de millones que no se dirige a atajar el grave problema que sobrevuela nuestro país: el riesgo de desaparecer como pueblo. Y no por la crisis catalana, sino por el déficit de natalidad. El mismo día que Sánchez e Iglesias firmaban el acuerdo para las nuevas cuentas, el INE publicó un dato estremecedor: España perderá casi el 7% de su población nativa durante los próximos 15 años. Con esa progresión, el 43 % de la población será extranjera en tan solo 50 años. Un dato que, de paso, vuelve aún más absurda la lucha del independentismo: en una generación la mayoría que vivirá en Cataluña no será ni española, ni catalana. Será inmigrante.

En esa máxima de «gobernar para ir gobernando» no entra, por supuesto, ningún análisis sobre cómo atajar lo que Alejandro Macarrón, autor de libros como «El suicidio demográfico de España» califica de «emergencia nacional». Sánchez e Iglesias han intentado dar el pego con medidas efectistas que no buscan resolver el problema sino más votantes. La primera, la subida a capón del salario mínimo. Una decisión cuyos efectos serán inciertos si llega a aprobarse. Incluso Julio Anguita sospecha que muchas empresas intentarán eludir una alza tan fuerte rebajando las horas de trabajo en los contratos e imponiendo horas extra impagadas. La equiparación de los permisos de paternidad y maternidad -segundo reclamo- es un gran avance para la corresponsabilidad, pero no tiene efectos sobre la natalidad. En EE. UU. no existe la baja remunerada por hijo y la tasa de nacimientos es mayor (1,84) que en España (1,31). Y por si no había quedado clara la indiferencia que despierta este grave problema al dúo Sánchez e Iglesias, cuando pueden bajar el IVA a una gama de productos eligen la higiene femenina en lugar de los pañales. Qué lejos queda el famoso proverbio que ha guiado durante años a China: «La generación anterior planta árboles y la posterior se cobija a su sombra». Hoy en España, solo se gobierna para ir gobernando.

Ana I. Sánchez.

Redactora.
MIENTRAS DORMIAS
Twitter el Español
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Y esto se hizo viral:
Por mucho que RTVE haya cambiado de rostros en los últimos meses, hay cosas que conservan una reconfortante familiaridad. Beatriz Pérez de Aranda, presentadora del Canal 24 horas, es una de ellas. Y la creadora de uno de los más grandiosos lapsus de la televisión ("corrió como un pepino") llegan las elecciones regionales alemanas en las que votan "los bárbaros".
El «okupa»

¿Envió Sánchez a Zapatero a suplicar al terrorista Otegi apoyo a sus presupuestos? Es altamente probable.

Isabel San Sebastián.

Actualizado:

15/10/2018 04:24h.

Cuentan que en tiempos de Alfonso XIII, durante una cena en Palacio, un invitado extranjero, ajeno a nuestras costumbres, se bebió el contenido del aguamaniles que le habían colocado en la mesa para que se enjuagara los dedos. La estupefacción de los demás comensales fue tan manifiesta que el protagonista del error se sintió terriblemente embarazado, hasta que el propio monarca acudió en su auxilio e hizo lo propio, obligando al resto de invitados a engullir el agua destinada al lavado de manos. Algo parecido ha hecho su bisnieto hace un par de días, al ordenar a los funcionarios de su Casa emitir un comunicado que intenta salvar al matrimonio formado por Pedro Sánchez y Begoña Gómez del espantoso ridículo en el que incurrieron durante la ceremonia del besamanos, colocándose junto a los anfitriones como si fuesen ellos quienes recibiesen. El gesto caballeresco de Don Felipe muestra su buena crianza, aunque no exime al presidente de la vergüenza derivada de sus graves carencias en materia de educación, preparación indispensable para ejercer el cargo, capacidad de aprendizaje y, sobre todo, humildad.

Lo ocurrido en la recepción del 12 de Octubre, más allá de la anécdota, resulta por ello simbólico de la orfanzad política en la que nos hallamos los ciudadanos de esta gran nación. A juzgar por la sonrisa crispada y la incomodidad que evidenció el jefe del Ejecutivo durante el resto de la mañana, esa metedura de pata no fue, en mi opinión, ni deliberada ni mucho menos premeditada. No perseguía cuestionar la autoridad o la legitimidad del Rey, por más que quien gobierna en la sombra, Pablo Iglesias, ansíe destruir ese pilar fundamental de nuestra democracia que es la Corona, con el fin de instaurar sobre los escombros resultantes el régimen chavista que lo encumbraría indefinidamente en el poder. Es probable que Sánchez se encontrara más a gusto en una república bolivariana que en la Monarquía parlamentaria que disfrutamos en España, pero en esta ocasión su actuación fue simplemente un acto fallido que refleja, eso sí, su profunda vacuidad, únicamente comparable a la vanidad de la que hace gala. Que lo expulsara de esa gloria efímera un simple responsable de protocolo debió de ofender su orgullo hasta extremos indescriptibles. Porque, desde su punto de vista, nadie es más merecedor de reverencia que él, Pedro I el Guapo. ¿Quién si no?

Sánchez no es un «okupa» en La Moncloa, por más que se lo parezca a una gran cantidad de españoles que no dudaron en decírselo alto y claro a la cara en la calle. Está donde está con todas las bendiciones de la ley. Cosa distinta es que reúna los requisitos mínimos exigibles a un presidente de gobierno o haya construido una mayoría sobre la cual auparse decentemente hasta el despacho, lo que a todas luces no es el caso. Ejerce el cargo con tanto derecho como deshonor. Cada día resulta más claro.

Hemos sabido, gracias a una información de El Correo, que Zapatero se reunió recientemente con el terrorista Arnaldo Otegi en el mismo caserío donde se urdió la traición a las víctimas de ETA. ¿Lo envió su alter ego monclovita en busca de apoyo a sus presupuestos? Es altamente probable. Después de hincar la rodilla y abrir la cartera ante el PNV, siguiendo la senda claudicante de su predecesor; de negociar el respaldo de separatistas catalanes acusados por la Justicia de rebelión; de aceptar la firma del caudillo de Podemos en un documento oficial del Gobierno de España, a modo de plácet... ¿A quién sorprendería saber que suplica el voto de Bildu? ¡No se puede caer más bajo!

Isabel San Sebastián.

Articulista de Opinión.
MARI. Dicen que las comparaciones son odiosas, yo creo que no, las comparaciones están en todas partes, ¿qué sería de nosotros si no pudiésemos comparar?

¿Más categoría? En todo. Yo tampoco conozco a ninguno de los dos, pero me quedo con el Rey.

Referéndum: Monarquía versus República. Creo que ganaría el Rey de calle.
Es Indudable que esa frase de las comparaciones se deja para ámbito más cercano.

La política es comparable y todo lo público, estaría bueno.
¿Dudas.....................?
¿De qué seguiríamos con la Monarquía Parlamentaria? NINGUNA DUDA
¿Dudas.....................?
Pues seguramente tratar de crear un escenario que sea propicio para un cambio de la Constitución, después votación para República o Monarquía, todo ello democráticamente.

¿El rey tiene mas categoría que Pablo Iglesias? Pues no lo sé, yo no conozco a ninguno de los dos, no sabría decirlo, no sé a que categoría te refieres, si personal, si académica, no sé.
MARI. Dicen que las comparaciones son odiosas, yo creo que no, las comparaciones están en todas partes, ¿qué sería de nosotros si no pudiésemos comparar?

¿Más categoría? En todo. Yo tampoco conozco a ninguno de los dos, pero me quedo con el Rey.

Referéndum: Monarquía versus República. Creo que ganaría el Rey de calle.
TRIANA. Dado el caso de que las próximas elecciones Pablo Iglesias, por esas carambolas que siempre hay en cualquier orden institucional, llegara a ser Presidente del Gobierno, ¿QUÉ HARÍA CON EL REY? ¿Echarlo de casa? El Rey tiene mucha más categoría que Pablo Iglesias en todos los sentidos.
Ángel, esperemos que eso nunca suceda, lo digo por lo de llegar a Presidente de Gobierno el señor Iglesias, ¡Dios nos coja confesados!, para mi el señor Pablo tiene más bien poca categoría.
TRIANA. Dado el caso de que las próximas elecciones Pablo Iglesias, por esas carambolas que siempre hay en cualquier orden institucional, llegara a ser Presidente del Gobierno, ¿QUÉ HARÍA CON EL REY? ¿Echarlo de casa? El Rey tiene mucha más categoría que Pablo Iglesias en todos los sentidos.
Pues seguramente tratar de crear un escenario que sea propicio para un cambio de la Constitución, después votación para República o Monarquía, todo ello democráticamente.

¿El rey tiene mas categoría que Pablo Iglesias? Pues no lo sé, yo no conozco a ninguno de los dos, no sabría decirlo, no sé a que categoría te refieres, si personal, si académica, no sé.
TRIANA. Dado el caso de que las próximas elecciones Pablo Iglesias, por esas carambolas que siempre hay en cualquier orden institucional, llegara a ser Presidente del Gobierno, ¿QUÉ HARÍA CON EL REY? ¿Echarlo de casa? El Rey tiene mucha más categoría que Pablo Iglesias en todos los sentidos.
Sánchez y Gómez en el trono.

Lo cierto es que el presidente no está apoyando al jefe del Estado.

Luis Ventoso.

Actualizado:

13/10/2018 04:01h.

Faltar a la verdad es relativamente sencillo, sobre todo si entrenas tanto como nuestro eventual presidente del Gobierno. Más complicado es engañar con la mirada y el lenguaje corporal. Muchas veces los ojos y los gestos denotan mejor lo que pensamos que nuestras palabras. En su etapa en la oposición, Sánchez había acudido tres veces a la recepción palaciega por la Fiesta Nacional. El acto se abre con los numerosos invitados pasando frente al trono, donde los Reyes los saludan uno a uno dándoles la mano. Es de suponer que en sus tres visitas previas, Sánchez repararía en que Rajoy y su mujer, Viri, no estaban plantados junto a los soberanos como una suerte de monarcas bis. Pero Sánchez y su esposa, Begoña Gómez, se colocaron ayer a la par de los Reyes, provocando una escena embarazosa, que obligó al protocolo de la Casa del Rey a sacarlos de allí (la cara de Sánchez, que desde que ocupa La Moncloa levita, era un poema cuando se le indicó que aquel no era el lugar que le correspondía).

Puede ser que Sánchez y Gómez se equivocasen inocentemente. O puede que no. Pero lo que sí es indudable es que el actual presidente del Gobierno no se está distinguiendo por su apoyo a la figura del Rey, sino por todo lo contrario. El pasado jueves ocurrió en España algo gravísimo: el Parlamento de una región española censuró al jefe del Estado y exigió la abolición de la Monarquía. Es evidente que un desafuero así debería haber activado de inmediato el Artículo 155. Pero Sánchez remolonea, porque necesita los votos de esos mismos separatistas para mantenerse y para sacar adelante sus presupuestos propagandísticos. Intenta restarle hierro a un ataque inadmisible al Rey y a nuestros principios constitucionales y se resiste a actuar. ¿Un casualidad? No lo parece. ¿Quién promovió la moción contra el Rey? El partido de Colau, que es la franquicia catalana de Iglesias. ¿Y qué hacía Sánchez en el día en que se perpetraba en el Parlament ese ataque a la Corona? Pues firmaba su proyecto de presupuestos al dictado de su socio Iglesias, que está inmerso en una campaña activa contra la Monarquía.

En España están en marcha maniobras muy serias, que aspiran a minar el corazón de nuestra democracia y sus instituciones. Sánchez pasa por ser el cooperador de esas operaciones, pero tal vez sea incluso algo más. El jueves -y no se ha destacado todo lo debido-, Sánchez e Iglesias, por ejemplo, introdujeron en la letra pequeña de su plan de presupuestos una reforma legal que da barra libre para injuriar al Rey.

Felipe VI, el jefe del Estado, es hoy un garante referencial de nuestra Constitución, nuestros derechos y nuestras libertades. Y eso para algunos supone simplemente un estorbo. Hay narcisistas compulsivos que se equivocan en el protocolo (o no). Pero en lo que no se equivocan es en su estudiado desapego hacia el Rey y todo lo que representa. Vivimos un momento peligroso, el peor para nuestra democracia desde 1981, y debemos defender nuestras libertades de una manera activa y vigilante. Porque las damos por hechas, pero tal vez no lo sean.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
«Lola», «Balta» y «Pepe» en la alcantarilla.

Toda España ha escuchado a la entonces fiscal jalear la estrategia de «Pepe», cuando cualquier miembro de la Audiencia Nacional hubiera salido directo al despacho para redactar una querella contra él.

Álvaro Martínez.

Actualizado:

11/10/2018 09:05h.

Solo su condición de escudo humano de un Pedro Sánchez en constante huida, que no la pone fuera del Gobierno porque también él ha sido cogido en colosales mentiras, solo eso evita que Dolores Delgado (conocida como la «Lola» en la «peña Rianxo») esté fuera del Ministerio de Justicia. Ya ha sido reprobada por el Senado y el Congreso ha pedido su dimisión, incluso su gestión ha sido criticada por las asociaciones de jueces y fiscales, las progres y las conservadoras, porque hablamos de una calamidad política de difícil parangón y mira que España tiene dónde elegir.

Delgado ha cambiado hasta cinco veces de versión de aquella comida de la «peña Rianxo» en la que ella y Garzón («Balta», para los peñistas) le reían las gracias al entonces comisario Villarejo («Pepe», para «Lola» y «Balta», según se escucha en la grabación) mientras este iba narrando la comisión de delitos graves, como montar un puticlub para extorsionar a políticos y empresarios. Toda España ha podido escuchar al entonces juez y la entonces fiscal jalear la estrategia de «Pepe», cuando cualquier miembro de la Audiencia Nacional hubiera salido de la «peña Rianxo» directo al despacho para comenzar a redactar una querella contra él.

Ayer, en el Congreso, aquel «Pepe» ya volvía a ser Villarejo, lo peor de la «mafia policial», de cuya extorsión se aprovechan la «derecha, la extrema derecha y la extrema extrema derecha», que la idea del Gobierno socialista es ir añadiendo extremos a su derecha según se descompone el gabinete y los ministros vayan quedando en evidencia, hasta que al final en España no haya más que «fachas».

Y se extendió Delgado hablando de las «cloacas del Estado» y de un «presunto delincuente» que intenta «chantajear al Estado» porque, al igual que Sánchez, ella es el Estado. No explicó, claro, por qué le tomó tanta afición a almorzar en las alcantarillas, ni por qué el guardián de esas cloacas, por entonces «Pepe», fue condecorado ese mismo 2009 por Rodríguez Zapatero con una medalla pensionada. Para rematar las excusas, el origen de esta cacería de la que se siente víctima, Delgado vino a decir que se la critica por ser «mujer»... ¡Lo que faltaba! Ella hablando de discriminación cuando en aquel almuerzo de la «peña Rianxo» dijo preferir un «tribunal de tíos, de tías no quiero», llamaba «maricón» a Grande-Marlaska y venía a poner de pederastas a un grupo de jueces y fiscales españoles de viaje por Colombia. Pero ojo, que lo que pasa es que vienen los «fachas».

Álvaro Martínez.

Redactor jefe.
Los Presupuestos por el tejado.

Las casas altas con cimientos poco sólidos, las primeras en derrumbarse.

María Jesús Pérez.

Actualizado:

11/10/2018 08:21h.

En dirección contraria. Y a toda pastilla. Cual kamikaze en plena autopista. Así se mueve este Gobierno socialista que nos ha tocado en suerte que, desde que asaltara el poder el pasado mes de junio, le ha dado por ir a contracorriente e incumplir todas las normas de circulación de las vías democráticas. Lo último, y que parece haber pasado desapercibido, es saltarse a la torera la obligación por ley de las fases de creación de los Presupuestos Generales del Estado (PGE): su preparación, su discusión y aprobación, y su ejecución. Pero se ha pasado de largo. Desde el kilómetro cero. Desde el momento en el que ha decidido no presentar el pasado 1 de octubre, en sede parlamentaria, un proyecto de presupuestos para 2019 para que sean debatidos, se puedan presentar enmiendas para su modificación -después de que el resto de formaciones los sometan a un examen detallado-, y finalmente, sean aprobados. Pedro Sánchez peca de una falta de lealtad democrática absoluta.

La Constitución es clara cuando afirma que «el Gobierno deberá presentar los PGE ante el Congreso al menos tres meses antes de la expiración de los del año anterior». Algo que ya ocurrió precisamente el año pasado cuando el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, prefirió no someterse a ese debate y prorrogar los presupuestos de 2017 evitándose una derrota parlamentaria. Una vez más Sánchez decide copiar aquello que se hizo mal en el pasado más reciente y que, precisamente, él mismo criticó desde la oposición. Madurez política en estado puro.

Con su plan, La Moncloa no solo ha decidido saltarse el mandato constitucional con la excusa de no contar con los apoyos suficientes para sacar las cuentas adelante (inciso: el artículo 134.3 de la Carta Magna mandata al Gobierno a presentar un plan económico cada año, al margen de las posibilidades de éxito parlamentario), es que ha decidido por su cuenta y riesgo, con la espada de Damocles podemita que pende sobre su cabeza, elaborar unas cuentas sobre los cimientos del gasto público para después, sobre ellos, construir los impuestos. Osea que primero pacta con sus socios de Gobierno el volumen de gasto y, después, piensa en la cantidad de tributos que va a necesitar para cubirlo, eso sí, sangrando al contribuyente, como es costumbre en épocas social-demócratas (¿demócratas?). Lo contrario de lo que hay que hacer, Doctor Sánchez, de manual de primero de Economía.

Los PGE gestionan la economía, no el gasto. Un gasto, para más inri, para mantener una coalición parlamentaria que de otra manera no podría ni existir. Algo que no justifica de ninguna de las maneras la batería de aumento de impuestos que se nos avecina, que acabará ralentizando el crecimiento económico, la creación de empleo, y el consumo. De cajón. Se avecina lo peor. Cuando las casas muy elevadas no cuentan con cimientos sólidos terminan por derrumbarse a poco que las inclemencias del tiempo se endurezcan y, señores, vienen curvas.

María Jesús Pérez.

Redactora jefe.
Doctor Prestigio.

¿Prestigiar el Senado? Pero si no hace un mes que trató de inutilizar la Cámara Alta, capando sus funciones constitucionales, y así aprobar de tapadillo una ley que no podía sacar adelante.

Álvaro Martínez.

Actualizado:

10/10/2018 14:30h.

<<Ha habido algún fallo en una reseña que va a ser subsanado, si a partir de ahí el Partido Popular quiere que yo comparezca ante el Senado, compareceré». Era un 20 de septiembre cuando Pedro Sánchez se comprometió a explicar el plagio de manual (nada de fallo en la reseña) de su tesis, pero tan confortablemente instalado en la mentira parece el sanchismo que la palabra dada hace apenas veinte días no vale nada. Ayer se parapetó detrás del «prestigio que merecen las instituciones» para dar plantón a los senadores que han reclamado su presencia en la Cámara Alta con el fin de que aporte algo de luz en su oscuro trabajo doctoral, que al final fue una faena por colleras en la que intervinieron, sin saberlo, multitud de autores.

Es difícil encontrar un ejemplo que iguale la desfachatez, el desahogo y el escapismo (ríete tú de Harry Houdini) en los que ayer se guareció el líder socialista, que empieza a deslizarse por una peligrosa deriva psicopatológica que le lleva a creerse él mismo el Estado, una especie de Rey Sol, pero del barrio de Tetuán, invulnerable y al que nada se le puede reprochar, ni siquiera los plagios descubiertos o las mentiras pregonadas porque eso supone una agresión al sistema democrático y no sé cuantas pamplinas más. ¿Prestigiar el Senado? Pero si no hace un mes el propio Sánchez trató de inutilizar la Cámara Alta, capando sus funciones constitucionales, y así aprobar de tapadillo una ley que no podía sacar adelante haciendo trampas en el Congreso. Hay triles más finos todos los días en la estación de Atocha y los domingos en el Rastro...

Huye el presidente del Gobierno de su palabra como alma que lleva el diablo, perseguido por sus mentiras pasadas y recientes, de esa completísima colección de embustes que ha almacenado en un mandato, todavía corto, que comenzó precisamente mintiendo, cuando en la censura a Rajoy se comprometió a convocar elecciones cuanto antes. No lo va a hacer, así le dimitan otros dos ministros (ayer el Congreso le pidió el cese de la de Justicia), tenga que prorrogar esos presupuestos tan «antisociales» del PP o seguir en manos de lo que le exijan populistas, separatistas o proetarras, porque de este selecto grupo de demócratas depende que el Doctor Prestigio siga en La Moncloa y montando en el Falcon con las gafas de sol puestas para irse a un concierto a Castellón con su señora... que eso sí que da prestigio y lustre a España.

Álvaro Martínez.

Redactor jefe.