Columnistas y Tertulianos


ENFOQUE.

Falta Otegui en las barricadas.

Torra, en el piquete coactivo.

Álvaro Martínez.

Actualizado: 16/10/2019 23:59h.

El presidente de una comunidad autónoma, tercera autoridad del Estado en ese territorio, cortando una autovía en insurrecta desobediencia. A su lado y como ejemplo de lo que le espera, Ibarretxe, el sujeto político que trató de meter al Estado en el mismo problema años atrás, hoy reciclado en próspero conferenciante por medio mundo (a tanto la pieza) a cuenta de su estrepitoso fracaso, que de algo hay que vivir. A su vera, por tanto, Ibarretxe, pero bien podría ir junto al «president» el miembro de la célula terrorista del CDR que andaba con los explosivos y que declaró que Torra estaba al tanto de las actividades del «comando», que incluían el asalto al Parlament y otras acciones violentas como respuesta a la decisión del Tribunal Supremo. Porque si este elemento no puede ir escoltando a Torra es solo porque el juez le envió a la cárcel junto a otro seis compinches por delitos relacionados con el terrorismo. Para compensar esta triste ausencia, quizá en breve veamos a Arnaldo Otegui en una de esas movilizaciones tan pacíficas que terminan con centenares de heridos, lanzamiento masivo de piedras y lo que se tenga a mano contra los Mossos y la Policía, con las calles sembradas de barricadas de fuego y ya de paso, quema de comercios y apaleamiento de los ciudadanos que, en una eterna espera a los bomberos que no llegan, tratan de apagar el fuego que los amenaza. Con Otegui hablamos de una auténtica autoridad en materia de violencia, probada en varias sentencias judiciales que le han llevado a la cárcel por secuestrar o intentar reconstruir una ETA moribunda que, para entonces, había asesinado a casi 900 personas. Un tipo que en una algarada sabe de lo que habla. Encaja como un guante en el movimiento.

Copiando el discurso de Torra, la muy indignada grey «indepe» lloriquea estos días porque «a Junqueras le han caído 13 años de cárcel por votar; a Forcadell, 11 por permitir un debate en el Parlament, y a los Jordis, 9 por convocar una manifestación». Así andan las cabezas... Más de uno les ha recordado a quienes resumen la sentencia del «procés» con ese simplismo bobalicón que es como decir que a Tejero le cayeron 30 años por estropear la escayola del techo del Congreso. Ya saben, lo del tonto, el dedo y la Luna. Lo de siempre.

Álvaro Martínez.

Redactor jefe.
EN PRIMERA FILA.

Que corran a Estrasburgo.

El Supremo ha sido tan pulcro que la Corte Europea no podrá decir sino que Junqueras y su cuadrilla están bien condenados.

Ana I. Sánchez.

Actualizado:

14/10/2019 23:50h.

Decía Winston Churchill que un pesimista encuentra la dificultad en cada oportunidad, pero que un optimista ve la oportunidad en cada dificultad. La sentencia del procés, tal y como ha sido redactada por el Supremo, enfrenta la posibilidad de que se incumpla al no establecer ningún plazo mínimo de condena pese a estar en manos de la Generalitat catalana. En un estado de Derecho es evidente que la Justicia tiene que hacer cumplir sus sentencias y ésa es la dificultad de este caso. Pero ese mismo redactado encierra también la clave para cortocircuitar la internacionalización que busca el independentismo. Y esa es la gran oportunidad que brinda el fallo.

La amenaza de que los sediciosos acudieran al Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha estado presente desde el primer día del juicio. De hecho, nadie entendería que no lo hicieran ya que vienen denunciado la vulneración de sus derechos con persistencia. Tendrán que pasar, eso sí, por el Tribunal Constitucional primero. Pero con el texto de la sentencia en la mano pueden ir haciendo el pino a Estrasburgo si quieren porque difícilmente la Corte Europea va a estimar su recurso. Manuel Marchena y los otros seis magistrados se han cuidado muy mucho de no dejar resquicios a esta vía a lo largo de una sentencia que no se podría haber redactado de manera más pulcra con el Código Penal delante. Así que en lugar de un varapalo lo más probable es que la democracia española se anote el éxito de que un tribunal internacional sentencie que Oriol Junqueras y su cuadrilla están bien condenados. Y eso quizás no sería posible con una sentencia que hubiera ido más lejos. Recibir un fallo de Estrasburgo contrario a los intereses independentistas sería muy importante para España porque abortaría la campaña de internacionalización lanzada por el independentismo. A ver qué argumentarían, por ejemplo, aquellos 52 diputados galos preocupados por la vulneración de los derechos fundamentales en España. Sin la baza del apoyo exterior, el secesionismo sabe que la unilateralidad es vía muerta.

Hay otras consecuencias políticas de una sentencia que, como ya sabíamos, no gusta a todo el mundo. Oriol Junqueras y Jordi Cuixart llamaron ayer a la «reincidencia». Permítanme una sonrisa jocosa. ¿Están diciendo que cuando salgan de la cárcel organizarán otro procés unilateral? Con lo que han gimoteado por estar en prisión no hay quién se lo crea. ¿Están llamando acaso a Joaquim Torra, Roger Torrent o Gabriel Rufián a seguir sus pasos? Silbarán y mirarán hacia otro lado porque no están dispuestos a acabar en Lledoners, por muchos privilegios que haya conseguido Junqueras, que ayer, móvil en mano, telefoneaba a sus amigos desde la cárcel y cerraba visitas para hoy. Dos concesiones negadas a los presos comunes.

Una vez que la unilateralidad se ha convertido en sinónimo de prisión, faltarán los voluntarios que quieran pasar una temporada en la cárcel. La prueba es que con todos sus cacareos y palabrerías, ni Torra ni Torrent se han atrevido a hacer nada que pueda meterles entre rejas. Llaman a apretar y movilizarse pero que sean otros los que corten las carreteras. Da igual que la condena haya sido de 13 años o que hubiera sido 18: viven muy bien de la política y ninguno quiere perder ese tren ni siquiera por un día. Verborreas aparte, son conscientes de que no les queda otra que reconectar independentismo y legalidad... después, eso sí, de una época de algaradas.

Ana I. Sánchez.

Corresponsal.
Mucho más perturba ella y nos tenemos que aguantar.

OKDIARIO07/09/2019.00:10.

A la vicepresidenta del Parlamento balear, la muy podemita Gloria de Santiago, le "perturba" la imagen del Rey en su despacho y para dejar constancia gráfica de su "perturbación" ha realizado un vídeo casero para inmortalizar el momento. El malestar que a la dirigente de Podemos le provoca el retrato de Felipe VI no es nada comparado con la "perturbación" que su comportamiento provoca a la inmensa mayoría de los españoles, hartos del sectarismo ideológico de una formación que va destilando odio a los cuatro vientos y no hay día que no monte el numerito.

Con independencia de la perturbación que la figura del Estado genera en los dirigentes populistas, no estaría de más que Gloria Santiago se pusiera a trabajar en lugar de dedicarse a grabar los interiores de su despacho. La pagamos el sueldo todos los españoles y no es mucho pedir que deje de rodar documentales.

De un tiempo a esta parte, a los podemitas les ha dado por las artes escénicas. Un día graban un vídeo en el que insultan a la presidenta madrileña llamándola "caracoño" en una nauseabunda expresión del más rancio machismo, y otro les da por tomar imágenes de su despacho para dejar constancia de lo mucho que les molesta el Rey.

Si había dudas de lo que podía aportar Podemos a las instituciones del Estado ya se han despejado todas: nada bueno. Y prueba de ello es que la vicepresidenta del Parlamento balear, la muy progresista Gloria Santiago, no ha aportado otra cosa que sectarismo ideológico. Y para demostrarlo ha tenido la brillante idea de inmortalizar el momento en el que se detiene con su cámara ante la imagen del Rey y expresa públicamente su malestar por la fotografía del Monarca.

Puede estar segura la podemita Gloria Santiago que para la inmensa mayoría de españoles quien molesta, y mucho, es ella.

PD: ¡VAYA TROPA, PUFFFFFFFFFF!
Satán y la diputada.

¿Pueden Iglesias y Montero cuestionar el derecho de sus amos a tratarlos como siervos?

Gabriel Albiac.

Actualizado:

05/09/2019 00:02h.

No, negarse a estrechar la mano de las diputadas españolas no fue, por parte de la delegación iraní anteayer, un gesto de desprecio hacia seres inferiores. Fue barrera profiláctica: la mano femenina contagia. Porque el cuerpo de la mujer es el de un animal contaminado, que sólo la omnipotencia de Alá puede lavar para exclusivo disfrute del esposo. Sin eso, la mancha que su animalidad imprime al creyente es indeleble. Es la marca del diablo, que la Sunna codifica: «Un hombre, una mujer y Satán en medio de los dos».

Nadie tiene derecho a fingirse sorprendido. El islam será muchas cosas; desagradables algunas. Pero no es ambiguo. Y la condición de la mujer, que tanto el Corán como la Sunna fijan, no es la de una más o menos despreciable inferioridad de género, por hablar con los tópicos occidentales. No es inferioridad; es impureza. Y emponzoña.

Una política española puede comparecer ante las autoridades vaticanas con una porción generosa de su anatomía al descubierto. Podrá juzgarse más o menos inelegante, pero nada sucede digno de ser reseñado. Cualquiera de los venerables varones musulmanes que visitaron anteayer el parlamento español hubiera, por el contrario, quedado espiritualmente corrompido por el apretón de manos de la más recatada de nuestras parlamentarias. No era un capricho ocioso lo que estaba en juego. Era la salvación eterna y el paraíso con su cupo de huríes, al que sólo la varonil pureza da derecho pleno.

La doctrina coránica sobre la mujer admite pocas dudas. Corán, sura 33, versículo 59: « ¡Oh, profeta, di a tus esposas, a tus hijas, a las mujeres de los creyentes, que echen sobre ellas grandes velos; son el medio seguro para que sean reconocidas y para huir de toda ofensa». Corán, sura 4, versículo 34: «Los hombres tienen autoridad sobre las mujeres, en virtud de la preferencia que Dios les ha concedido sobre ellas… Las mujeres virtuosas son piadosas: preservan en secreto lo que Dios preserva. Amonestadlas si teméis su infidelidad, encerradlas en habitaciones separadas y golpeadlas».

Nadie tiene por qué inmiscuirse en las creencias ajenas. Por ridículas que nos parezcan. Por ofensivas o bárbaras que efectivamente sean. Y nadie -absolutamente nadie- tiene derecho tampoco a imponer sus ridículas, u ofensivas, o bárbaras creencias a quienes no están por ley divina y humana sometidos -ni sometidas, sobre todo- a ellas. Es un aporético dilema que la diplomacia internacional da por resuelto desde hace muchísimo tiempo. Mediante la aplicación de una convención sencilla: en los casos de conflicto de protocolos, prima el del país visitado; y a él se han de ajustar automáticamente las liturgias de los diplomáticos visitantes.

Si la comparecencia es en Teherán, las viajeras, por alto que sea su rango, habrán de conformarse a las normas que se les impongan allí; o bien, quedarse en casa y evitar el sofocón. Si es en Madrid, los visitantes, por alto que sea su rango, habrán de contaminarse con las perversas prácticas igualitarias de estos lares; o bien, quedarse en las purezas musulmanas de sus hogares y salvar su alma. Que cada cual elija.

Si es que puede elegir, por supuesto. Porque en el parlamento de la carrera de San Jerónimo hay un par de casos bastante peculiares. Dos cónyuges que, además del sueldo de diputado, cobran salario de la televisión iraní, a cuyo servicio trabajan. ¿Pueden Iglesias y Montero cuestionar el derecho de sus amos a tratarlos como siervos? Eso es sólo cosa suya. Pero nada sale gratis.

Gabriel Albiac.

Articulista de Opinión.
El triunfo de la mentira.

«Pero ¿cómo se puede gobernar desde la mentira? ¿Cómo se puede decir una cosa y hacer la contraria, como están haciendo tantos gobiernos, el nuestro entre ellos, sin que la gente se indigne? ¿Es que todos estamos envueltos en esa gran conspiración? No me atrevería a decir tanto, pero que algo hay de ello, seguro»

José María Carrascal.

Actualizado:

03/09/2019 02:43h.

¿Qué fue de la exhumación de Franco? ¿Qué se hizo de la convocatoria de elecciones tras la censura a Rajoy? ¿Dónde está el gobierno progresista con Podemos? Los ministros y bandas de música en el recibimiento de los inmigrantes del Aquarius, ¿fueron verduras de las eras?

Podrían hacerse unas coplas, no tan bellas como las de Manrique a la muerte de su padre, pero sí tan ciertas, a la muerte de la verdad en la política, con el agravante de alevosía, pues se ha bautizado la mentira con el nombre de posverdad, invento de Gramsci, que revolucionó el marxismo al sostener que la revolución debe empezar por el idioma, el leninismo lo llevó a la práctica con la consigna «una mentira repetida un millón de veces se convierte en verdad» y Ernesto Laclau lo predicó con éxito en España. Fue como la Unión Soviética se convirtió en paraíso del proletariado, el castrismo, en bandera del progreso y el sandinismo, en faro de las libertades. Y como la inmensa mayoría de la intelectualidad europea sucumbió a tal falacia, cerrando los ojos a la realidad, única forma de mantenerse en la mentira.

Creímos que el desplome del muro berlinés y el descubrimiento de la miseria que ocultaba, junto a la violación de todo tipo de derechos humanos, bastaban para acabar con tal patraña, pero estamos comprobando que no es así, que en pleno siglo XXI sigue habiendo vendedores de paraísos y apóstoles de la utopía, no en los países donde gobiernan desde luego, porque se encargan de impedir que sus súbditos, que saben lo que ofrecen o, más exactamente, lo que no ofrecen, se rebelen, sino en las democracias, donde hay todavía quien les escucha y apoya. ¿Es que los humanos, junto a cualidades magníficas que nos han llevado a dominar la naturaleza y explorar desde el interior del átomo hasta el universo más allá de nuestra galaxia, tenemos también un impulso negativo que nos lleva a la destrucción de lo que más amamos, es decir, de nosotros mismos, como han cantado tantas veces los poetas y han propiciado a menudo políticos y científicos? Es hora de que la última generación, tan hábil en informática, tan audaz en experimentos, investigue si existe un gen del suicidio. Los historiadores lo han intentado, buscando por qué perecen unas civilizaciones y otras sobreviven. Pero la historia es un instrumento demasiado rudo (o demasiado manipulable) para descubrir un fenómeno tan complejo.

Lo innegable es que estamos en otra era, con nuevos problemas, que intentamos resolver con viejas fórmulas, lo que nos devuelve a situaciones anteriores (son significativos los paralelismos que se hacen con la República de Weimar alemana y la II República española), que sólo pueden servir como «ejemplos negativos», para evitar que se repitan, no como solución de los problemas actuales, al ser las circunstancias completamente distintas. Si es verdad que «el que no tiene en cuenta la historia está condenada a repetirla», no menos lo es que «la historia se repite, primero como tragedia, luego como comedia». Aunque también ocurre a la inversa: primero como comedia, luego como tragedia, piensen en el Napoleón emperador y en el de Santa Elena.

Que el mundo, y Europa especialmente, no son los de 1919, salta a la vista. Ni los de los años treinta del siglo pasado. La globalización ha convertido los problemas locales en mundiales y la informática ha acelerado la historia a la velocidad de la luz. Pero los problemas siguen siendo los mismos, sólo que multiplicados. Las invasiones bárbaras ya no son a caballo con la espada desenvainada, sino en cayucos con las manos en alto. El temor a perder la identidad ha resucitado un racismo distinto en las formas, pero igual en el fondo y la carrera armamentística sólo ha cambiado a peor: las últimas armas son mucho más letales que las anteriores. Sabiendo todos que otra guerra mundial acabaría con buena parte de la vida en el planeta. Mientras los intentos de lograr un gobierno no ya mundial, sino uno europeo, americano, asiático, y no digamos africano, son más inútiles que nunca. Junto al racismo han resurgido el nacionalismo y el populismo, causantes de la inmensa mayoría de las guerras y de las crisis económicas. Mientras retroceden la democracia y el liberalismo. Junto a ello resurge la añoranza de los «hombres fuertes». ¿Está todo ello relacionado? Posiblemente. El miedo es otro de los grandes motores no sólo de la conducta humana sino también de la historia. A veces, para bien, la mayoría, para mal.

Junto al miedo, irrumpe el individualismo, con niveles de paroxismo narcisista, (ahí tienen los selfies), causando verdaderos estragos, al distanciarnos unos de otros. La formación de sociedades cada vez mayores en busca de progreso -familia, tribu, nación, Estado, comunidad internacional- se ha revertido. En vez de hacia la ciudadanía del mundo, retrocedemos hacia la aldea. Por este camino pronto buscaremos refugio en la comunidad de vecinos.

Pero lo más grave es el deterioro de unos valores que se creían inmutables. El de la verdad a la cabeza. El refranero, ese resumen de la sabiduría popular, está lleno de advertencias al respecto, empezando por «la mentira tiene las patas muy cortas». Hoy, la mentira está a la orden del día, desde el Boletín Oficial al certificado de los productos. Oscar Wilde escribió un entremés delicioso, como todos los suyos y tan equívoco como el que más, titulado, «La decadencia de la mentira» donde demostraba justo lo contrario: que la mentira empezaba a inundarlo todo, de ahí que hasta «la naturaleza imite al arte». Mientras Camba escribía: «Los concejales mienten como el buey muge y la gallina cacarea». Hoy escribiría: «Los políticos mienten por obligación. Se lo piden sus electores».

Pero ¿cómo se puede gobernar desde la mentira? ¿Cómo se puede decir una cosa y hacer la contraria, como están haciendo tantos gobiernos, el nuestro entre ellos, sin que la gente se indigne? ¿Es que todos estamos envueltos en esa gran conspiración? No me atrevería a decir tanto, pero que algo hay de ello, seguro. ¿Acaso los británicos no se creyeron que saliendo de Europa iban a vivir mejor? ¿Por qué los argentinos siguen creyendo en el peronismo? ¿Es que los españoles nos creemos que las 300 medidas que Pedro Sánchez anuncia para ser reelegido va a cumplirlas? Imagino que algunos le creerán. Serán seguramente quienes esperan sacar provecho de ellas. Quien parece no creerle es Pablo Iglesias, que le exige participar en su gobierno para investirlo. Pero la desconfianza es mutua. La frase más sonora del debate sobre el Open Arms la lanzó como una pedrada el portavoz socialista Rafael Simancas a los podemitas: «Ustedes no son de fiar». «Y ustedes, menos» les responden a diario los morados. La verdad se ha licuado en la política como en los platos de la cocina moderna y el pensamiento se ha gasificado tras el meneo que le han dado neomarxistas y marrulleros.

¿Cómo va a acabar todo esto? Pues no bien. El famoso dicho «puedes engañar a uno una vez...» tiene la apostilla «pero no a la realidad». La realidad acaba siempre por imponerse sobre la impostura, hoy mal llamada posverdad.
Sumandos.

La reagrupación del centro-derecha sólo llegará, aunque tarde, desde abajo. La harán los votantes a fuerza de fracasos.

Ignacio Camacho.

Actualizado:

02/09/2019 02:35h.

España Suma, el proyecto de coalición electoral del centro-derecha que propone el PP, es una idea sensata y útil con un defecto importante: que por el momento resulta inviable. No sólo porque no esté madura sino porque una porción significativa de ese espectro politico-ideológico no parece dispuesta a integrarse en una alianza que contradice sus líneas estratégicas actuales. La prioridad esencial de Ciudadanos consiste en superar a los populares y no va a renunciar a esa aspiración mientras la considere a su alcance. En el mismo PP tampoco existe un consenso unánime, y es difícil que Vox renuncie tan pronto a medir en solitario sus propias posibilidades. El recorrido de la operación, pues, se ciñe apenas a la eventual incorporación, como en Navarra, de algunas pequeñas fuerzas regionales, y eso en el supuesto, aún por contrastar, de que la repetición electoral vaya a celebrarse. Objetivamente se trata de una propuesta interesante: la agregación de conservadores, centristas y liberales podría alcanzar una masa crítica cercana a la mayoría necesaria para desalojar a Pedro Sánchez. Pero requiere un período de sazón, algunos ensayos parciales y un liderazgo claro que todavía a Casado no le reconoce casi nadie. Quizá se necesite una legislatura de rodaje... u otra derrota que convenza a los votantes de que una derecha fragmentada no va a llegar a ninguna parte.

En realidad, a los tres partidos se les nota -acaso al Popular algo menos- que en el fondo desean que la izquierda acabe por formar Gobierno. Rivera está ansioso de sacudirse la presión para que impida el acceso al poder de Podemos, y Abascal espera que el mandato frentepopulista le dé oportunidades de lucimiento. A Casado también le convendría un cierto margen de consolidación, para la que hasta ahora no ha tenido tiempo. En ese sentido, el de España Suma es un movimiento que le permite dar la imagen de encabezar un sector política aunque no socialmente disperso; el mensaje subliminal es que el PP sigue siendo el motor -el núcleo irradiador, que diría Errejón- de ese segmento mientras dure la travesía del desierto. Se trata de mantener la iniciativa, de dominar el relato o como se le diga a eso: de presentarse ante la opinión pública como primer referente interno del amplio bloque que abarca desde el conservadurismo radical al centro. Ganar, lo que se dice ganar, es otro proceso que tal vez hoy quede bastante lejos.

A lo más que podría llegar el invento, si hubiese comicios en otoño, sería a las candidaturas únicas para el Senado, que no estaría mal como primer paso. La convergencia completa, si alguna vez se produce, no va a venir desde arriba sino de abajo: la tendrán que hacer los electores por su cuenta, concentrando el sufragio en una decantación natural por convicción, por necesidad o por hartazgo. Y para eso antes se tendrán que cansar de recolectar fracasos.

Ignacio Camacho.

Articulista de Opinión.
CON PERMISO.

Del «baby boom» a «abuelo boom»

La reforma no deben sufrirla con todo su peso aquellos que han sostenido las pensiones durante generaciones.

María Jesús Pérez.

Actualizado:

29/08/2019 04:26h.

La generación «baby-boom» es el grupo demográfico más numeroso en los países occidentales y en Japón. Estados Unidos, por ejemplo, tiene 78 millones de nacidos en los años que conforman ese colectivo de población, mientras que en España, esa cifra es algo superior a los 14 millones de personas. El término «baby-boom» se ha traducido al español como «explosión de natalidad» para denominar a la generación nacida después de la Segunda Guerra Mundial, un periodo comprendido entre 1946 y 1964 en términos internacionales. En España, sin embargo, se identifica con un periodo similar tras la Guerra Civil. Aunque esta finalizó en 1939, las cifras de natalidad de la preguerra no se recuperaron en nuestro país hasta los años cuarenta, se intensificó en los años cincuenta y se prolongó hasta 1974, tras lo cual la natalidad entró en declive. Este fenómeno de mayor natalidad se situó en España entre 1956 y 1974 -lustro arriba, lustro abajo, según qué estudio- pero estuvo acompañado de una fuerte emigración, por lo que tiene características muy diferentes a EE. UU. y al resto de Europa.

En España, ser un «boomer» es algo diferente a serlo si se hubiese nacido en algún otro país de la Eurozona. Con la crisis que nos sacudió sobre todo entre 2011 y 2013, muchos de esos niños del «baby-boom» español pasaron a ser los «parados-boom». Para muchos ¡la generación de pobres más ilustrados de la historia! Una pérdida de talento que aún hoy es un problemón. Por primera vez en su historia, España registró entonces más gente mayor de 65 años que menores de 14 años. A partir de ahí, empezaron los verdaderos problemas de futuro para esta generación, porque, digo yo, también tendrán derecho a jubilarse, ¿no?

Y es que la viabilidad del sistema de pensiones de aquí a veinte años, que es el tiempo que según los técnicos del BCE nos resta para tener la hucha en menos cero bajo cero -en mi opinión, mucho tiempo me parece-, es un hecho constatable. Urge una reforma de verdad. Nada de pan para hoy y hambre para mañana. Pensada para sostener en el tiempo un nuevo sistema y con la realidad de la pirámide poblacional española de fondo, que es un drama de nacimientos, los futuros trabajadores que coticen.

Está claro que los hijos del «baby boom» español son al final los verdaderos agentes que están ya tensionando el sistema de pensiones cuando lleguen a la jubilación. Ahora bien, ¿no creen que sería injusto que les penalizaran doblemente, retrasando su edad de jubilación y rebajándoles la pensión? Porque sería injusto que una generación numerosa, que ha sostenido el sistema durante años y ha hecho incluso que tenga superávit, pague ahora el doble que el resto de generaciones. Los futuros «abuelos boomers» tienen derecho a que nuestros políticos y agentes sociales se dejen de parches y se pongan manos a la obra. Es de justicia. El sistema ha de tener memoria.

María Jesús Pérez.

Redactora jefe.
O sí, quien sabe.......................... ...
Federico Jiménez Losantos.

Ni "migrantes" ni "náufragos": inmigrantes ilegales traídos por negreros.

Dicen los clásicos orientales, más clásicos por más antiguos, que el que nombra una cosa, la crea para poseerla. Ahora, que hasta el concejal más lerdo habla de "relato", como si nunca hubiera existido "propaganda", son los medios de comunicación, el eslabón más débil de la inteligencia occidental, los que bautizan o rebautizan las cosas como si hasta entonces no existieran o no las hubiera nombrado nadie. Por eso, lo primero que hay que hacer ante un fenómeno mediático y político es ver los términos en que nos cuenta el fenómeno, y si hace falta, romperle la crisma en el sentido literal del término, que es desposeerlo de la fe de bautismo mediático. Y los dos últimos casos, a cuenta del "Open Arms", son "migrante" y "náufrago".

Migran las aves, las personas emigran o inmigran
Cuando se organizó la caravana de ilegales en Centroamérica para entrar ilegalmente en los Estados Unidos atravesando México fue la primera vez en que se generalizó la palabra "migrante" para referirse a lo que antiguamente se llamaban "espaldas mojadas", "carne de coyote" o, simplemente, lo que eran: inmigrantes ilegales. Migrantes lo son las aves y otras especies que, siguiendo su instinto, vuelan de una zona cálida a otra fría o viceversa cubriendo trayectos de miles de kilómetros. Doñana es el notario de esa actividad viajera entre Europa y África. Entre nosotros, las cigüeñas y las golondrinas han sido las aves migrantes más frecuentadas por los poetas: "Volverán las oscuras golondrinas", dijo Bécquer; "… y augura que vendrán los liberales /cual torna la cigüeña al campanario", añadió Antonio Machado, contra el turno de partidos en la Restauración.

Lo que los progres americanos, tan creativos como nefastos, por lo contagiosos, querían decir al llamar "migrantes" a los ilegales en los USA es que no podían hacer más que lo que hacían, que eran víctimas de algo que no podían dominar, como el instinto viajero de las aves, y no cabía pedir cuentas legales por ese delito. Doblemente falso: eran emigrantes de su país de origen y aspiraban a ser inmigrantes, aunque ilegales, en otro. Y lo hacían, en su inmensa mayoría, buscando mejor nivel de vida para ellos y para sus hijos. Noble actitud, si no fuera necesario controlar la población que disfruta de los servicios sociales de un país, porque, si no han sido parte de su creación y lo son de su financiación, lo destruirían.

Y si eso es cierto en Norteamérica, que estaba casi vacía cuando la descubrieron los españoles y se ha ido llenando con inmigrantes, más lo es en Europa Occidental, donde a la presión de la Oriental, empobrecida por el comunismo, se añadió, por culpa de Merkel y otros demagogos, una enorme avalancha de refugiados y delincuentes, que de todo había, casi siempre musulmanes y provenientes de Medio Oriente a través de Turquía. Unos venían huyendo de la guerra de Siria, en la que la UE no quiso entrar. Otros, por la trata de personas, negocio más rentable que el de la cocaína.

Y los ideólogos anticapitalistas, que desde la caída del Muro buscan siempre algo a lo que agarrarse para deslegitimar esta sociedad en que tan ricamente viven, y que tienen en la casta mediática un socio incondicional, descubrieron en los negreros del Mediterráneo, una vez que Turquía, por mucho dinero de la UE, dejó de ser puerto franco, una mina de propaganda antisistema. Creíamos que con el "Aquarius" lo habíamos visto todo, pero lo del "Open Arms" con TVE incorporada a la mafia de la trata de personas en calidad de flotador, que no salvavidas, lo ha superado con creces.

Un pájaro nada migrante, Oscar Camps, ha buscado deliberadamente destruir la imagen y la política de control de fronteras del ministro del Interior italiano, Salvini, que cumple con su obligación. Un fiscaletto ha ayudado a Camps y su banda a deteriorar aún más la legalidad europea, declarando "náufragos" a esos "migrantes" que no son ni una cosa ni la otra. Quizás también a que Salvini gane las elecciones, contra los medios y los lelos, que en Italia, la víctima de la demagogia de Merkel, son menos.

La aristocracia moral europea: Bildu y compañía
La aristocracia moral de Occidente está indignada. Ayer, en Biarritz, el hijo del terrorista Ternera, el terrorista Otegui y la forajida Rovira, al frente de la contracumbre del G7, condenaron severamente lo que pasa en el Mediterráneo. Yo también, pero por lo contrario: creo que el Open Arms debería ser desguazado; Oscar Camps, juzgado por colaboración con la mafia negrera; Rosa María Mateo, por colaborar con Camps; y así hasta el Presidente en funciones electorales, Doctor Cumfraude, que ha utilizado un buque de guerra para instalar a quince ilegales en España. Al delito político de vulnerar la frontera le ha añadido el económico del derroche. Pero todo viene por llamar "migrantes" y no inmigrantes ilegales a esos delincuentes. Sánchez puede gastar nuestro dinero y enlodar a la Armada porque cumple una "misión humanitaria", la de rescatar a pobres náufragos hambrientos. Sólo que no son pobres, porque pagan 3.000 euros por llegar a Europa por barca ilegal o por barco humanitario coordinado con la naviera negrera.

Y tampoco son náufragos
Un profesor de Derecho Marítimo, J. M. Ruiz Soroa, explicaba ayer en El Mundo, para que lo entendiera el fiscaletto, que no había náufragos en el Open Arms ni en otros barcos que objetiva y subjetivamente (de ahí sus insultos a Salvini y luego a Carmen Calvo y su empeño en desembarcar en Italia y no en el puerto más cercano: Túnez) colaboran con los negreros. "Náufragos de conveniencia", los llama Ruiz Soroa porque la obligación de auxiliar al que está en peligro en el mar no puede aplicarse en este caso, y menos todavía cuando Camps se negó a desembarcar en Túnez. No son "náufragos" porque no han sufrido ningún accidente. Reclamarlo así es un clarísimo fraude de Ley. Por no hablar del empeño en delinquir llevando a un país europeo inmigrantes ilegales –Soroa dice "migrantes", ha picado- cuya premeditación delictiva les llevó a pagar previamente su transporte. Nada hay involuntario en eso que llaman drama, cuando es simple delito.

Lo intolerable es que, contra la orden de la Autoridad Marítima, el Open Arms se ha empeñado en delinquir. Y la UE –no sólo Italia- no puede acostumbrarse a este tipo de actividad delictiva. Porque, como dice Soroa, "El caso termina y los desatados sentimientos de simpatía descansan. Pero lo que quedará es que habrá náufragos de conveniencia (y algunos morirán por ello) mientras tengan la esperanza confirmada de que habrá unos rescatadores esperándoles ahí fuera. Un bucle mortífero insostenible que por algún lado hay que cortar."

Sólo Vox ha estado en su sitio
El zascandileo de Sánchez no puede sorprender. Podemos está con el Ternerita, Otegui y la forajida Rovira por Skype, es decir, con el delito. Lo que no entiendo es la actitud de PP y Ciudadanos, que sólo han pedido que Sánchez se explique, pero no que se cumpla la Ley, en toda la UE, que incluye a España, el segundo país tras Italia más expuesto a esos pájaros nada migrantes que colaboran descaradamente con los negreros. Sólo Vox ha hecho lo que se supone que debe hacer un partido que defiende el Estado de Derecho: atacar a los delincuentes en los medios –pocos- que le hacen eco y llevarlos a los tribunales. Por lo visto, asociar el nombre de un partido al de Salvini es más peligroso que los delitos que combate. ¿Por interés electoral? ¿Y por qué actúan los partidos que colaboran con su pasividad en la actividad de los negreros y sus ayudantes? Ni siquiera por electoralismo, sino por simple pánico mediático. No acaban de entender PP y Cs que los españoles estamos hartos de sentimentalismo tercermundista, de tan sucia complicidad con los amigos de la nueva trata de negros, del blanqueo progre de la trata. Si sólo lo ha entendido Vox, mejor para Vox.
«La chica del 17» y la banda del lazo.

Álvaro Martínez.

Actualizado:

19/08/2019 23:49h.

La autodenominada Asamblea Nacional Catalana ha emprendido una campaña publicitaria para desprestigiar a España. Es la enésima. De aquí a la Diada septembrina de este año, y de cara a la sentencia del Tribunal Supremo a los golpistas del «procés», va a intentar la ANC inundar Europa de carteles y pasquines hablando mal de España y diciendo mentiras, su gran especialidad, como que la autodeterminación es un derecho. Como ya publicó ABC el 27 de julio, ya ha «decorado» Roma con la patraña y hará lo mismo en Berlín, París y otras grandes capitales. Más dinero. Con la ANC cabe preguntarse lo que a «La chica del 17» del cuplé: « ¿De dónde saca pa tanto como destaca?». Porque visto el derroche a manos llenas, lo de las cuotas y las cuestaciones no termina de colar, que ya son muchos. No cuadra, por ejemplo, que Diplocat (el entramado «diplomático» de la Generalitat) le pagase a Elisenda Paluzie, presidenta de la mencionada ANV, los viajes para dar tres conferencias en Japón. Probablemente Paluzie no llegó a pagar de su bolsillo o del de la ANC ni el taxi que la llevó al aeropuerto, porque del dinero público de todos los catalanes salieron sus pasajes de avión, sus comidas, sus dietas, el alquiler de las salas en las universidades niponas donde profirió su monserga, los intérpretes del japonés al inglés y viceversa (al menos se ahorró el de catalán, todo un detalle) y hasta lo que se pagó a los ponentes japoneses. Todo lo pagó la Generalitat. La oposición ha preguntado en el Parlament por este despilfarro.

Más oscura aún es la financiación de la llamada Casa de la República Independiente de Puigdemont, es decir, la guarida de Waterloo, cuyo alquiler cuesta cuatro mil euros al mes, a lo que hay que sumar la rumbosa vida de viajes y restoranes que lleva el huído. Cómo será la cosa que ha tenido que poner a trabajar de senador a Matamala, su presunto mecenas, para que se lleve un sueldo público apañadete.

No cuela tampoco el cuento de los patriotas desinteresados, como esa empresa de publicidad que se vanagloria de haber perdonado 80.000 euros a la Generalitat por publicidad digital del referéndum ilegal de 2017... y después ha ganado varias adjudicaciones de contratos en los dos años siguientes por valor de más de 8,2 millones. Les va a salir caro tanto patriota a los catalanes, porque al final, y si no al tiempo, serán los que paguen esta fiesta.

Álvaro Martínez.

Redactor Jefe.
VIDAS EJEMPLARES.

Pollos sin cabeza.

La principal estrategia es la improvisación marketiniana.

Luis Ventoso.

Actualizado:

18/08/2019 23:47h.

Los futboleros recordarán a John Benjamin Toshack, bon vivant amigo del golf que entrenó a la Real, el Madrid y el Dépor. El galés, de 70 años, aún anda dando tumbos por los banquillos, últimamente en un remoto equipo iraní. Como tantos cantamañanas inteligentes, Toshack tenía su coña. Con su español macarrónico resultaba una mina dando titulares. Un día explicó así sus dudas sobre la alineación: «Los lunes siempre pienso en cambiar a diez. Los martes, a siete u ocho. Los jueves, a cuatro. El viernes, a dos. Y el sábado ya pienso que deben jugar los mismos cabrones». Le gustaban los futbolistas resolutivos: «Un delantero sin gol es como un pub sin cerveza». Y cuando los suyos se dispersaban les arreaba duro: «Mis jugadores se han comportado como pollos sin cabeza».

Sirva lo de los pollos sin cabeza para resumir la errática estrategia de Sánchez ante el complejísimo problema migratorio. El 17 de junio del año pasado, solo quince días después de haber sido investido sin haber ganado las elecciones, organizó con máxima trompetería la llegada a Valencia de los 629 inmigrantes del Aquarius. «Es nuestra obligación ofrecer a esas 600 personas un puerto seguro. Cumplimos con los compromisos internacionales en materia de crisis humanitarias», alardeó. La decisión fue saludada por los medios afectos como una gran lección progresista al desalmado Gobierno anterior y a una Europa sin entrañas. Seiscientos periodistas de 138 medios en el puerto. Hasta allá viajaron dos ministros y la vicepresidenta Calvo, que coordinó un dispositivo de 2.300 personas, con mil voluntarios de Cruz Roja, 356 policías nacionales, cien guardias civiles, 450 traductores, 150 sanitarios (y el Padre Ángel, por supuesto). Este periódico se atrevió a advertir de un posible «efecto llamada» y recibió los vituperios del «establishment» buenista. Pero así fue, y Sánchez hubo de plegarse a la realidad y mudar su estrategia.

Olvidando la tradición de elegir Marruecos para la primera visita presidencial, Sánchez había preferido una fotito glamurosa con Macron en París. Pero pronto hubo de retomar la «realpolitik» del viejo Mariano: pagar a Marruecos para que controlase el flujo de pateras, como de hecho está haciendo. También cortó de cuajo las acogidas de buques de las oenegés.

Ante el Open Arms, con más de un centenar de personas dando vueltas por el Mediterráneo en una situación lacerante, el Gobierno ha hecho todo lo contrario que con el Aquarius. Del Ejecutivo más solidario pasamos a uno con corazón de piedra. «No puede ser que España sea el único puerto seguro del Mediterráneo», refunfuñaba Ábalos el pasado día 5 rechazando el barco. Sánchez, acantonado en sus vacaciones marismeñas, ni siquiera se ponía al teléfono cuando lo llamaban los dirigentes de Open Arms. Por fin ayer, en un gesto vía Twitter, el magno estadista ofrece primero el puerto de Algeciras y luego el de Mahón... sabedor de que el barco tal vez sea incapaz de completar esa singladura dada la crisis que vive a bordo.

Ni plan ni método, como de costumbre. Al igual que la UE, que se resiste a asumir que mientras Libia siga siendo un Estado fallido no habrá solución posible.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
VIDAS EJEMPLARES.

Buscando ultras desesperadamente.

Enternecedor el denuedo con que se busca la maldad de «las tres derechas»

Luis Ventoso

Actualizado:

15/08/2019 23:52h.

Alarma. ¡Paren las rotativas!, como se voceaba antaño en los viejos periódicos Gutenberg. ¡Escándalo y pánico en la Comunidad de Madrid! Isabel Ayuso gobernará aceptando los acuerdos que ha firmado «con la ultraderecha». Uff, qué horror. Titulares estremecidos en la prensa sanchista. Sudores fríos entre el progresismo de guardia en agosto. Adriana Lastra, número dos del PSOE -lo que acredita su buen momento intelectual-, siempre amiga de las opiniones matizadas, arde en justa indignación ante la barbaridad fachosa de Ayuso de bajar los impuestos: «Cualquier día acabará defendiendo el terraplanismo, o a los antivacunas», le reprocha enfurruñada. Adriana, que fuma en pipa, no quiere perder su precioso tiempo en analizar las propuestas de Ayuso: «No voy a comentar cada tontería que diga la presidenta de Madrid», zanja la pensadora asturiana en un rapto de dignidad.

Como el progresismo obligatorio siempre tiene la razón, a mi no me cabe duda de que Ayuso ha firmado unos acuerdos tremebundos, prietos de postulados propios del peor Mussolini. Así que consulto la prensa oficialista para conocer las medidas concretas de «ultraderecha» a las que ha sucumbido la flamante presidenta de Madrid. Ahí van:

-Los centros educativos públicos de la Comunidad tendrán que informar a los padres sobre qué temáticas van a abordar en los talleres y charlas en los que participan sus hijos. Sin duda necesito con urgencia el curso intensivo de Reeducación en el Espíritu Progresista, porque no pillo la maldad de la medida. De hecho me parece de lo más razonable y un ejemplo de transparencia a la escandinava.

-Hay que combatir al machismo, pero no a los hombres. Sigo un poco espeso. Esta frase, al parecer digna de Himmler, también me resulta razonable.

-Promover la natalidad y crear una consejería de Familia. Por lo visto otro zarpazo súper facha. Pero -y ya lo siento- también me parece positivo en un país con un pavoroso problema demográfico y donde se están desatendiendo a las familias y a las clases medias mientras se centra el foco en las minorías.

-Las Fuerzas de Seguridad tendrán acceso a los datos de la Administración sobre los inmigrantes en situación irregular. Si están de manera ilegal en España, ¿no debe la Policía poder acceder a la información sobre su situación? ¿Cuál es el problema?

-Destinar ayudas al desarrollo, a luchar contra la despoblación. Otro terrible imperativo ultra de Vox, que en realidad viene a ser lo mismo que les dijo Sánchez la semana pasada a los representantes de la España vacía en sus rondas de propaganda.

Este es el terrible «programa ultraderecha» al que se ha plegado Ayuso. Pero el mantra funcionará, porque en este alegre país nadie se toma la molestia de leerse la letra pequeña.

Luis Ventoso.

Director Adjunto.
Este Luis Ventos, o no sabe por donde le da el viento o es un bellaco mentiroso. Que Sanchez echó a Rajoy, cierto. Que lo logró gracias a los votos de los separatistas. Cierto. Que los separatistas lo hicieron como se ha visto a cambio se nada, simplemente lo hicieron por pura lógica. Que el PNV fue el que inclinó la balanza, al recibir del SOE lo mismo que le había ofrecido el PP CON QUIEN TENÍA CERRADO TRATO. Pero el SOE le convenía mas, dado que el PP por estos lares cae francamente mal. Que pactar ... (ver texto completo)
Jua jua jua.
HORIZONTE.

Vaciar la Corona de contenido.

Si corresponde al Rey conceder un título, ¿cómo puede corresponder a Sánchez o a las Cortes retirarlo?

Ramón Pérez-Maura.

Actualizado:

09/08/2019 05:26h.

Pedro Sánchez empieza a dar demasiados signos de ninguneo a la Corona. Quizá no sean gestos muy ostentosos ni se aprecie una aparente gravedad en ellos. Pero demuestran el nulo respeto que siente el doctor Sánchez por la institución de la Monarquía. Es decir, su deseo de no respetar la Constitución vigente. Porque la Monarquía Constitucional es la forma de Estado que nos hemos dado los españoles por medio del referendo que validó nuestra Carta Magna en 1978. Cambiar el Título II para suprimir la Corona es algo difícil de hacer porque los españoles le otorgaron una especial protección en el texto que se votó por mayoría aplastante. Pero vaciar la figura del Rey de contenidos es algo más difícil de impedir.

Habrá quien crea que los reiterados desplantes horarios de Sánchez al Rey no tienen importancia, pero tienen muchísima. Porque es una forma de decir que el que prima es Sánchez, no el Rey. El retraso del pasado miércoles, llegando 50 minutos tarde, ya supera todo lo admisible. Moncloa explicó malamente que se le habían complicado las reuniones de la mañana en la Presidencia del Gobierno, donde recibía a colectivos de industria y turismo a las 9,30. Cuando uno da prioridad a esos colectivos sobre la figura del Monarca, está demostrando con hechos el valor que da a la figura del Rey. Por no hablar de la inexistente educación del doctor Sánchez. Y eso no es culpa de que su tesis fuese plagiada. Eso es porque en su casa no lo educaron. Y la buena educación no es una cuestión de clase social, ni de nivel económico. Las personas mejor educadas que he conocido suelen ser las más modestas. Y cuando crees que el mundo gira en torno a tu persona, la buena educación desaparece porque el número uno eres tú. Y el Rey, como mucho, puede aspirar a ir detrás de ti.

En las últimas horas hemos tenido otro ejemplo de injerencia en las competencias del Rey. La nueva ofensiva contra el Ducado de Franco es también un ataque a las competencias del Monarca. Porque ése fue un título concedido por el Rey Juan Carlos I. Si corresponde al Rey conceder un título ¿cómo puede corresponder a Sánchez o a las Cortes retirarlo? A lo largo de nuestra historia la pérdida de títulos por sus legítimos poseedores se ha dado en muy pocas ocasiones. La última fue la que realizó el propio Rey Felipe VI cuando decidió retirar la dignidad de duquesa de Palma de Mallorca a la Infanta Cristina por razones sobradamente conocidas.

Puestos a sacar la guadaña, Sánchez quiere acabar con todos los títulos concedidos en el Reino de España durante el mandato del general Franco. Que debe de ser algo que tenía a los españoles clamando por ello y yo no me había enterado. Un título se concede para reconocer una aportación relevante a la patria: intelectual, artística, económica, deportiva… pero Sánchez va a hacer tabla rasa y acabar con todos al margen de qué fuera lo bueno que hicieron. Porque ya se sabe que si Franco reconocía algo, tenía que ser malo. Creó en 1948 el Ducado de Calvo Sotelo para reivindicar la figura del asesinado el 13 de julio de 1936. Pues para Sánchez bien muerto estuvo. Creó en 1955 el Condado de Fenosa para reconocer el desarrollo que posibilitó la acción de Pedro Barrié de la Maza, pero mejor hubiera sido la vida de las aldeas gallegas sin tendido eléctrico. Y, en fin, en 1952 creó el Marquesado de Ramón y Cajal para reconocer a título póstumo al premio Nobel, muerto en 1934, pero ahora Sánchez ha descubierto que don Santiago era un valeroso falangista.

Además de sectarios, iletrados.

Ramón Pérez-Maura.

Articulista de Opinión.
RONDA DE CONTACTOS SECTORIALES.

Sánchez, en el calendario Pirelli.

Jesús Lillo.

Actualizado:

06/08/2019 23:42h.

Todavía no está claro qué mes del año ilustrará Rosalía en el calendario Pirelli, para el que ha posado como parte de su febril proceso de diversificación comercial. En las fotografías realizadas por Paolo Roversi, la postcantaora catalana va vestida de entretiempo, pero nunca se sabe dónde puede acabar una cuando se quita el chándal. Abril, octubre, marzo... Quién sabe. Agosto está pillado, el de este año y, al paso que vamos, también el del que viene. La chica de agosto es Pedro Sánchez, que posa como Rosalía para un calendario cuyas páginas llegan hasta septiembre y en el que todo es pose. Todo es Pirelli.

El estilismo de la imagen que aparece sobre estas líneas da cuenta del tono casual con que Pedro Sánchez afronta su ronda de contactos con los colectivos de lo que se ha venido en llamar sociedad civil, que no es otra cosa que gente en bermudas y con bambas. Pasan los días y caen las hojas del almanaque, encuadernado en canutillo y concebido como un folioscopio que aparenta movimiento. Es una mera ilusión óptica. Como cuando la tesis doctoral, Sánchez no hace nada. Se limita a posar. Todo es Pirelli.

Si la elaboración de aquel programa electoral con que el PSOE concurrió a las elecciones del pasado abril fue el resultado de un supuesto trabajo de campo, respuesta inequívoca a las inquietudes y demandas de la sociedad a la que se dirigía su candidato -Cataluña no entraba en aquel pasquín, de lo bien hecho que estaba-, algo ha debido de fallar para que solo tres meses después de aquella magna tormenta de ideas el secretario general socialista tenga que reunirse con pobladores de la España vacía, estudiantes de veraneo, ecologistas en reposo o, mañana mismo, ganaderos y gente de campo para hacerse una idea de lo que va el país. Aunque selectivo y sectario, el trajín es tal que hasta la Guardia Civil ha pedido la vez para salir un día de estos en lo que viene a ser el remake del «Si yo fuera presidente» de García Tola, programa donde hace más de treinta años y entre canciones de Sabina se dejaba retratar la España menos conocida y más quejica. Ahora es Rosalía la que canta y Sánchez el que recibe. Vamos a mejor. Tenemos a un presidente que considera que el centro consiste en sentarse en medio con un montón de gente dispuesta a ponerse a los lados. La chica de agosto muestra sus atractivos. Hasta septiembre todo es Pirelli.

Jesús Lillo.

Redactor.